lunes, 21 de noviembre de 2016

"¿Viva Trump, muerto el TPP?" (Luciana Ghiotto y Evelin Heidel)

¿Viva Trump, muerto el TPP?

 

¿Viva Trump, muerto el TPP?

Por Luciana Ghiotto y Evelin Heidel*
Notas.org.ar

La victoria de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos pone en duda el camino que seguirá el Tratado Transpacífico (TPP). Dos de sus principales promesas de campaña fueron “revisar el NAFTA” y “rechazar el TPP”, que le atrajeron un caudal de votos muy importantes. Pero, ¿está realmente muerto el proyecto detrás de este acuerdo de libre comercio?
Algunos análisis apresurados del recientemente electo Donald Trump ya han dado por muerto al Tratado Transpacífico (TPP). Sin embargo, la situación requiere un análisis más complejo. Aunque su campaña fue una sucesión de expresiones de racismo y xenofobia mezclada con un alto nivel de groserías y actos fallidos, lo cierto es que no se sabe de qué forma reaccionará una vez que sea investido con la faja presidencial de la primera potencia mundial.
Uno de los ejes fundamentales de la campaña de Trump fue la crítica acérrima a los Tratados de Libre Comercio (TLC) que firmó Estados Unidos en los últimos veinte años, con foco especialmente sobre el firmado con México y Canadá en 1994 (NAFTA, por su sigla en inglés). Trump caracterizó a los TLC como los causantes de la pérdida de empleos en el país. De acuerdo con datos oficiales de Washington, entre 1997 y 2013, EE.UU. perdió 5,4 millones de empleos manufactureros, a la vez que cerraron cerca de 82 mil fábricas.
En efecto, producto del aval jurídico que los TLC otorgan a las inversiones en el exterior, en los últimos treinta años las empresas norteamericanas relocalizaron su producción hacia el sudeste asiático y China. De este modo, evitaron los costos de los “altos” salarios norteamericanos. El desempleo creciente en EE.UU., no resuelto por las políticas librecambistas de los gobiernos demócratas, fue uno de los factores explicativos de la victoria de Trump.
Entonces, ganó Trump, ¿murió el TPP? Las señales indican la necesidad de manejarse con mayor cautela y, sobre todo, tener en cuenta que un tratado comercial es mucho más que su letra.
Un primer punto para la reflexión se basa en la experiencia acumulada. Cuando fracasó el ALCA hace once años, se frenó un proyecto de liberalización comercial que incluía a 34 países del continente. Rápidamente proliferaron diversos mini-ALCAs bilaterales de EE.UU. con países como Chile, Perú, Colombia, y varios centroamericanos y caribeños (el acuerdo conocido como DR-CAFTA). Mientras tanto, proyectos de liberalización similares proliferaron con la Unión Europea, China, Corea del Sur, Japón y Singapur, entre otros. El fracaso de un acuerdo en particular no implica su deceso como proyecto para garantizar la acumulación capitalista.
En segundo lugar, el TPP garantizaba un avance sustancial de los derechos de las corporaciones. Otorga mayores derechos de propiedad a las grandes farmacéuticas, a las empresas de servicios informáticos de Silicon Valley y abre los mercados para empresas tradicionalmente gestionadas con monopolios estatales, como el handling aeroportuario o los servicios de correo postales. Las grandes empresas de estos sectores son un eje fundamental del conglomerado industrial norteamericano. Aún cuando muchas de ellas fabriquen sus productos en el exterior, son quienes tienen un interés estratégico en que el TPP se firme. Son, en última instancia, los conglomerados industriales a los que Trump también deberá responder.
Sin Japón y sin EE.UU. no hay TPP. Técnicamente las disposiciones legales del tratado sostienen que debe ser ratificado por al menos seis miembros que sumen el 85% del Producto Bruto Interno del bloque para entrar en vigor. Esto abre dos escenarios.
El primero sería que frente a la no ratificación en Washington., el resto (o al menos varios) de los países ratifiquen el acuerdo y generen presión hacia el interior de EE.UU., para destrabar allí su aprobación o al menos forzar una renegociación que les permita mantener una posición comercial privilegiada con la potencia del norte, lo cual marcaría un escenario novedoso en las negociaciones comerciales.
Un segundo escenario estaría marcado por una profundización del bilateralismo, pero esta vez no desde el Norte hacia el Sur, sino Sur-Sur, cruzando el Pacífico, tal como fue inicialmente pensado el Tratado hasta la incorporación de Estados Unidos (Brunei, Chile, Singapur y Nueva Zelanda). Esto convertiría a la Alianza del Pacífico en una plataforma de negociaciones con los países del Foro de Cooperación Asia-Pacífico o la Unión Económica Euroasiática. Sin EE.UU., la firma de acuerdos seguiría, con el formato TPP, pero orientando su brújula hacia el centro neurálgico de las cadenas de valor globales.
Esto apunta directamente a uno de los aspectos más importantes de este tratado: el TPP logró consolidarse como el nuevo modelo de tratado comercial. En parte, porque algunas de sus cláusulas ya fueron aceptadas previamente en otros tratados (por ejemplo, muchas de las previsiones sobre propiedad intelectual ya estaban presentes en el TLC Estados Unidos – Chile). Así como la Organización Mundial de Comercio (OMC) en la década de los ‘90 fijó la agenda de liberalización, el TPP es el borrador principal de cualquier estrategia comercial del futuro.
Por último, el abandono de este proyecto no implica que la potencia no avance con otros tratados que se encuentran actualmente en negociación, como el Acuerdo en comercio de servicios (TISA, por sus siglas en inglés). ¿Qué diferencia al TISA del TPP tras la elección de Trump? El republicano puso el dedo sobre la pérdida de empleos manufactureros en el territorio norteamericano, pero si las empresas de servicios de la misma bandera acaparan mercados en el exterior, en su competencia con las europeas, eso beneficia a EE.UU. en términos de acceso a mercados y de recaudación impositiva. Esto implica que Washington puede mandar al freezer al TPP, pero continuar con su agenda de liberalización comercial.
Hasta que Trump no asuma, todos los análisis (incluido este) pueden ser considerados futurología. Pero hay algo seguro: el proyecto de liberalización comercial excede desde hace por lo menos dos décadas a las decisiones soberanas de los Estados y de sus respectivos representantes. La presión corporativa para convertir al mundo en una enorme factoría global y garantizarse ganancias superlativas en cualquier circunstancia es la esencia que sustancia y mueve las letras del TPP. Ese proyecto está lejos de estar muerto y Trump está lejos de ser uno de sus principales combatientes. La batalla contra el TPP no terminó, sólo cambió de forma.

@LulaVillaElisa y @scannopolis
*Integrantes de la Asamblea Argentina Mejor sin TLC

Bye Bye TPP! Acuerdo Trans Pacífico, al carajo

Donald Trump anunció que su gobierno iniciará de inmediato la retirada del Acuerdo Trans Pacífico

La Nación
A través de un video informativo, el electo presidente de EE.UU., reveló los primeros pasos que dará en su nueva función



El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump , informó hoy que pretende, ya en el "primer día" de su gobierno, el 20 de enero, iniciar los pasos para retirar al país del Acuerdo Trans Pacífico (TPP, en inglés) para concentrarse en acuerdos bilaterales.
En un mensaje a los estadounidenses divulgado en un video, de poco más de dos minutos de duración, Trump dijo que ese acuerdo comercial es "un potencial desastre" para Estados Unidos, y que pretende negociar acuerdos bilaterales "justos".
Trump dijo que había solicitado al equipo responsable por la transición de poder que "desarrolle una lista de acciones ejecutivas que podré tomar el primer día (de gobierno) para restablecer las leyes y recuperar los trabajos. Ya era hora".
Entre las medidas que pretende adoptar ya en el primer día de su gobierno se incluye una directiva al departamento de Trabajo para que investigue los "abusos de los programas de visa, que recortan los empleos para los estadounidenses".
Esta investigación había sido una de sus promesas de campaña, cuando también se había comprometido a aplicar mano dura contra la inmigración, incluyendo la expulsión de los millones de inmigrantes en situación irregular en el país.
El paquete de medidas para aplicar desde el primer día de gobierno incluye un llamado a adoptar un plan de protección de la infraestructura estadounidense "contra ciberataques y toda otra forma de ataques".
Como parte de su promesa de "drenar el pantano" que para él representa Washington, adelantó que impondrá una veda de cinco años a ex funcionarios oficiales antes que puedan actuar como lobistas.
Sin ofrecer mayores detalles, Trump apenas añadió que "el equipo de transición está actuando muy eficazmente, sin sobresaltos".

Agencia AFP

"¿Qué hay de nuevo, Donald?" (Alejandro Frenkel)

¿Qué hay de nuevo, Donald?

 

¿Qué hay de nuevo, Donald?

Nueva Sociedad
Noviembre 2016 
 
Como en ningún otro momento de la historia reciente de Estados Unidos, el triunfo de Donald Trump ha despertado un inusitado interés sobre el futuro de la política exterior norteamericana. Las polémicas promesas del millonario neoyorquino y la indignación generalizada de la opinión pública occidental abren una serie de interrogantes, pero ¿cuán rupturista puede llegar a ser la política exterior del nuevo presidente y cuál puede ser su impacto en América Latina?

Existen cuatro grandes tradiciones de política exterior en Estados Unidos. Cada una de ellas está asociada con prominentes figuras históricas de la política norteamericana. Así, la tradición jeffersoniana debe su nombre al ex presidente (1801-1809) Thomas Jefferson; la hamiltoniana, al ex secretario del tesoro Alexander Hamilton; la wilsoniana, a quien ocupara la Casa Blanca durante la primera guerra mundial, Woodrow Wilson; y la corriente jacksoniana sería así bautizada por la política externa del ex presidente (1829-1837) Andrew Jackson. En líneas generales, estas tradiciones se estructuran sobre determinados ejes e ideas-fuerza: cuál es el lugar ocupa Estados Unidos en el mundo; más intervencionismo o más aislacionismo; mayor peso de los factores ideacionales o de los materiales; o el predominio de una visión universalista o una más particularista.
La tradición jeffersoniana, por ejemplo, se basa en la idea de la excepcionalidad de Estados Unidos en el sistema internacional, tanto por sus valores republicanos como por no estar rodeados de vecinos en permanente conflicto (cabe destacar que durante la presidencia de Jefferson en Europa primaban las monarquías y el balance de poder). En base a este singularismo, la política exterior se caracteriza por una renuencia a inmiscuirse en asuntos externos y en regiones más allá del entorno inmediato. Especialmente, si el sostenimiento de un aparato militar y diplomático que intervenga permanentemente en el resto del mundo implica que el Estado federal aumente los impuestos y las injerencias sobre los derechos individuales de los ciudadanos.
La tradición iniciada por Woodrow Wilson, por otro lado, parte de la idea de que Estados Unidos sí debe desempeñar un rol activo en el mundo, impulsado y expandiendo determinados principios considerados universales, como la libertad, la democracia y el libre mercado. Sin embargo, no debe hacerlo solo, sino en compañía del resto de las naciones a través de la creación de instituciones multilaterales. La corriente hamiltoniana comparte con la wilsoniana algunos preceptos, como la necesidad de una activa intervención del país del norte en el resto del planeta y la creación de instituciones colectivas de carácter internacional. No obstante, el foco en este caso no está puesto en expandir determinados valores e ideas, sino más bien en consolidar el poderío económico de Estados Unidos. En este sentido, la democracia es concebida más un medio que un fin y la capacidad militar es menos importante que la supremacía comercial y económica.
La corriente jacksoniana, por último, se basa en una retórica más nacionalista, que proclama la autosuficiencia americana respecto del entorno internacional y, al igual que la corriente jeffersoniana, desconfía de la injerencia del Estado y las elites sobre el ámbito individual de los ciudadanos. En este sentido, si bien no se considera necesaria la intervención permanente de Estados Unidos en el resto del mundo, el país debe mantenerse fuerte y preparado –especialmente en términos militares- por si acaso tuviera que responder a una agresión.
En la mayoría de los casos, las políticas exteriores de los distintos gobiernos norteamericanos combinaron características e ideas de distintas tradiciones. Por nombrar algunos ejemplos recientes, George W. Bush articuló una visión jacksoniana –expresado en su desdeño por el multilateralismo y la enérgica reacción belicista a los ataques del 11-S- con la idea wilsoniana de expandir la democracia en tanto principio universal. En los gobiernos de Bill Clinton y Barack Obama, por caso, puede encontrarse el espíritu wilsoniano de promover la democracia global y las instituciones multilaterales así como la idea hamiltoniana de priorizar el factor económico, promoviendo el libre comercio (aun así, ninguno de ellos quitaría relevancia al poder militar como medio para garantizar los intereses norteamericanos).
Dicho lo anterior, cabe preguntarse si el recientemente electo presidente, Donald J. Trump, responde a algunas de estas tradiciones de política exterior norteamericana y, en caso que así sea, con cuál de ellas se encuadraría mejor. A priori resulta difícil lograr una clasificación certera. Por dos razones. En primer lugar, la obvia, porque la administración Trump todavía no comenzó. Si bien durante la campaña electoral las definiciones de política exterior son una constante –más aun en esta elección, en donde el protagonismo que tuvieron los temas internacionales solo se compara con las épocas más álgidas de la guerra fría- en la política estadounidense también es común encontrar una distancia entre las promesas y las realidades (el gobierno de Obama es un buen ejemplo de ello). Vinculado a esto último, el segundo factor que nubla el panorama es el eclecticismo de las propuestas del magante inmobiliario, tanto durante la primaria republicana como en la etapa de la contienda directa con Hillary Clinton. Por citar solo un ejemplo, Trump comenzó su campaña denunciando a los lobbies del famoso complejo industrial-militar y luego afirmaría que Estados Unidos debe seguir teniendo el ejército más poderoso del mundo.
No obstante, a efectos de aventurar una respuesta, si tuviéramos que encasillar a Trump la tradición jacksoniana sería la que probablemente encuadre mejor con sus ideas de política exterior. En efecto, Trump viene postulando la necesidad de priorizar el mercado interno norteamericano y desarticular los acuerdos de libre comercio como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) o el Tratado Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), así como dejar de involucrarse en conflictos internacionales «innecesarios». El slogan «America First», tan mencionado durante su campaña, se emparenta con la idea de un Estados Unidos menos intervencionista en lo político-militar y más proteccionista en lo económico. En esta línea, el ahora presidente electo sostuvo en un mitín de campaña que bajo su gobierno «vamos a dejar de tratar de construir democracias extranjeras, derrocar regímenes e intervenir imprudentemente en situaciones donde no tenemos derecho de estar»1. Sus críticas a la invasión a Irak y a la permanente injerencia norteamericana en Medio Oriente son también ejemplos de la actitud refractaria a una política exterior intervencionista y universalista. «La guerra de Irak inició la desestabilización de Oriente Medio, dio inicio al Estado Islámico, a lo de Libia, a lo de Siria», declararía Trump2.
Ahora bien, contrariamente a una idea de omnipresencia en todo el orbe, las posturas aislacionistas parten de una sensación de debilidad por parte de Estados Unidos. El diagnóstico general es que Washington no tiene la capacidad de proyectar su poder hacia todas las zonas del planeta con igual intensidad; o que el costo de hacerlo es demasiado alto a mediano y largo plazo. «No importa de qué país estemos hablando, cualquiera le gana a Estados Unidos», sentenciaría Trump en 20153. La situación desfavorable demanda, inexorablemente, un reordenamiento de las prioridades y los focos de acción. Las declaraciones de Trump dirigidas a retirar su apoyo a la OTAN –y, por extensión, a Europa- tienen como trasfondo esta sensación de inferioridad que, en este caso, se traduce en una iniciativa que se remonta a las épocas de la guerra fría: dejar de tutelar la seguridad de quienes tienen más posibilidades de arreglárselas solos y concentrarse sobre los enemigos más inmediatos. En la cosmovisión trumpeana, estos son fundamentalmente el Estado Islámico y China. La diferencia es que mientras que al primero se lo combate con la fuerza, con Beijing la disputa es principalmente económica y comercial.
A su vez, esta sensación de declive viene acompañada de una retórica de restablecimiento de un poderío perdido. De allí la idea mítica del «Make America great again» [Hagamos América grande otra vez]. Una idea que, vale decirlo, no es nueva sino que estuvo presente en varios pasajes de la era bipolar. Sobre todo en aquellos momentos en los que, según se creía, la balanza se inclinaba a favor de la Unión Soviética. Así fue a principios de la década de 1960, cuando John F. Kennedy lanzó su candidatura presidencial bajo el lema «Let’s get America moving again» [Pongamos a América nuevamente en movimiento] o a mediados de los ochenta, cuando Ronald Reagan utilizó el slogan «It’s morning in America again» [En América, vuelve a amanecer] en su campaña para la reelección.
Lo particular de este limitante a tener que elegir los frentes de batalla es que podría llevar a Washington a impulsar mayores consensos con otras potencias. En este caso no sería necesariamente bajo esquemas de instituciones multilaterales sino producto de un arreglo entre «grandes». No por nada Trump viene sosteniendo casi sin contradicciones la necesidad de sentarse a negociar con Vladimir Putin a efectos de consensuar una política común que ayude a recomponer el tablero en Medio Oriente. Un acercamiento entre las dos mayores potencias militares del mundo sin dudas que sería una novedad y hasta podría desencadenar en lo que el politólogo Julio Burdman denominó como «una pax ruso-norteamericana»4.
No obstante, si bien el eventual repliegue estadounidense augura expectativas también hay que tener en cuenta los potenciales riesgos. En efecto, la sensación de debilidad puede dar lugar, bajo circunstancias excepcionales, a una reacción desmedida en aras de restablecer la fortaleza y la supremacía norteamericana. El ideal jacskoniano se puede retratar con la metáfora de un cowboy con pocas pulgas que prefiere mantenerse en su granja, siempre y cuando no se metan con él. Ahora bien, en caso que suceda, la respuesta será por medio de la fuerza y, si es necesario, sin la ayuda de nadie. El gobierno de George W. Bush sea tal vez el mejor ejemplo: su actitud aislacionista y crítica del multilateralismo se tradujo, luego de los atentados a las torres gemelas, en la implementación de la doctrina de la guerra preventiva y la moralización absolutista de la política exterior entre «buenos» y «malos».
En el caso particular de América Latina, la principal incertidumbre que despierta la nueva gestión republicana está en la concreción y los alcances que puedan tener algunas de las iniciativas enfatizadas por Trump durante la campaña. Más allá de las polémicas medidas anti inmigratorias, una eventual implementación de políticas proteccionistas en materia económica afectarían sensiblemente la estrategia externa de la mayoría de los países de la región, cuyo modelo de inserción internacional se basa en la atracción de capitales internacionales y la liberalización del comercio. Si en la década anterior fueron los países latinoamericanos quienes profesaban una alternativa al paradigma globalista liberal –basado en el libre comercio, la gobernanza trasnacional y las cadenas globales de valor- el escenario actual parece haberse invertido: los pilares del orden liberal están siendo cascoteados desde los centros de poder occidental y son los países latinoamericanos quienes reivindican los beneficios de la globalización y el recetario de políticas neoliberales. Este tablero invertido obligará a muchos gobiernos de la región a recalcular su política exterior.
De igual forma, si bajan las tensiones entre Washington y Moscú, y Estados Unidos reorienta todos sus cañones hacia China, las disputas entre las dos mayores potencias económicas pueden recrudecer en otras partes del globo, especialmente sobre América Latina. Por caso, el aparente knock-out al TPP que sobrevino a la victoria de Trump puede alentar a que sea China quien impulse un megacuerdo de libre comercio de similares características. De hecho, el gigante asiático ya cuenta con tratados de libre comercio con Chile y Perú y otros países, como Argentina y Uruguay, manifestaron su deseo de seguir la misma vía, ya sea en el marco del Mercosur o de manera bilateral.
En tercer lugar, si Trump termina por cumplir su promesa de renegociar el TLCAN, es esperable que esto también repercuta sobre el tablero regional al sur del Río Bravo. En efecto, si Estados Unidos cierra el grifo de las importaciones puede empujar a México a reorientar su política externa en materia comercial y económica e intentar ocupar espacios en el mercado latinoamericano. Esto sería un retroceso para las aspiraciones de un alicaído Brasil, quien durante la pasada década se dedicó a construir una proto-hegemonía regional en torno al espacio sudamericano. En un nuevo escenario, México podría aspirar a ocupar, al menos parte, el lugar de Brasil como el gigante regional, sobre todo en lo que tiene que ver con la internacionalización de sus empresas más competitivas. Si, además, México comienza a pisar más fuerte en América Latina es factible que el regionalismo aperturista y monocomercial que encarna hoy la Alianza del Pacífico se reposicione todavía más entre los países latinoamericanos.
Por último, habrá que seguir de cerca los movimientos del nuevo gobierno respecto del acuerdo sobre cambio climático firmado recientemente en París, muy criticado por el Partido Republicano en general. Un retroceso en esta materia afectaría especialmente a los países de América Central y el Caribe, tradicionalmente azotados por desastres naturales.
En definitiva, en un año donde los grandes sucesos internacionales parecen estar atravesados por la nostalgia de volver a un pasado idealizado, si no se producen acontecimientos que puedan afectar sensiblemente al «orgullo americano», la llegada de Trump no solo puede resultar una buena noticia para quienes añoran un sistema internacional más estable, sino también para quienes condenan el intervencionismo norteamericano en los países de la periferia. En caso contrario, nos encontraremos –una vez más- con la cara más impúdica, cruda y violenta del poder imperial.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Morgenfeld: "Trump y América latina", en el programa "Televisión Pública Noticias Internacional"



Leandro Morgenfeld entrevistado sobre "Donald Trump y América latina", en el programa "Televisión Pública Noticias Internacional", con Hinde Pomeraniec, Jorge Elías, José Natanson, Raúl Dellatorre y Natasha Niebieskikwiat; por el canal "TV Pública" - 19/11/2016

sábado, 19 de noviembre de 2016

"Veremos si Donald Trump le factura a Mauricio Macri el explícito apoyo a Hillary"

"Veremos si Donald Trump le factura a Mauricio Macri el explícito apoyo a Hillary"


"Veremos si Donald Trump le factura a Mauricio Macri el explícito apoyo a Hillary"


Buenos Aires, 19 noviembre (Especial para NA, por Darío Brenman) 

Al presidente Mauricio Macri "no le será tan simple", en materia de "costos políticos internos", impulsar una nueva relación bilateral con los Estados Unidos y "alinearse" con el presidente electo Donald Trump, advirtió un especialista en relaciones internacionales. 

Leandro Morgenfeld remarcó, en este sentido, que aún está por verse si Trump "le factura" a Macri el "explícito apoyo" del gobierno argentino a la candidatura presidencial de la demócrata Hillary Clinton, que finalmente perdió frente al postulante republicano el 8 de noviembre pasado.
"Trump genera rechazo en América Latina, por su discurso y propuestas xenófobas, así que a Macri no le será tan simple, en palabras de costos políticos internos, alinearse con el empresario neoyorquino", sostuvo el especialista en una entrevista con NA, y agregó: "Veremos luego si Donald le factura a Mauricio el explícito apoyo a Hillary". 

Morgenfeld es profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), co-coordinador del Grupo CLACSO (*) "Estudios sobre Estados Unidos" y autor de varios libros sobre relaciones bilaterales con el país norteamericano. 

A continuación, un resumen de la charla con la agencia Noticias Argentinas, en la que también habló de la canciller Susana Malcorra, de Venezuela, Cuba y México: 

DB - ¿En qué medida el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos afecta las relaciones con Argentina? 

LM - La victoria del magnate complica los planes de Macri, que apostó públicamente por la candidata demócrata. No solo porque ya venía cultivando relaciones de alineamiento con (Barack) Obama, sino porque la posición pro-acuerdos de libre comercio de (Hillary) Clinton era convergente con la política exterior que impulsa el actual gobierno argentino.
Además, Trump genera rechazo en América Latina, por su discurso y propuestas xenófobas, así que a Macri no le será tan simple, en palabras de costos políticos internos, alinearse con el empresario neoyorquino. Veremos luego si Donald le factura a Mauricio el explícito apoyo a Hillary. 

- ¿A su criterio la canciller Malcorra debería o podría renunciar por su diagnóstico electoral desacertado? 

- Malcorra acumula críticas de diversos sectores. A su fallida carrera por la Secretaría General de la ONU, se le suma el bochornoso Acuerdo con Gran Bretaña y ahora el varias veces explícito apoyo a Clinton. Pero lo más grave es que el cambio de contexto internacional a partir del triunfo de Trump echa por la borda con el núcleo de la política exterior de Cambiemos.
Abren la economía e impulsan tratados de libre comercio cuando hay un repliegue proteccionista en las potencias. Apuestan al crédito externo cuando va a tender a encarecerse el acceso al dinero y dan concesiones para atraer inversiones, cuando los capitales se van a refugiar en los países centrales ante tanta incertidumbre global.
Es factible que Malcorra deje su cargo si hay renovación de gabinete en diciembre. 

- En su segundo mandato, Obama avanzó en sus relaciones diplomáticas con Cuba, ¿qué puede suceder con esos acuerdos ahora tras el cambio de gobierno en Estados Unidos?

- Para captar el voto anticastrista de Florida (estado clave para ganar las elecciones), Trump modificó su posición y criticó duramente la política de distensión con Cuba, prometiendo que daría marcha atrás. No creo que haya condiciones para romper las relaciones diplomáticas que fueron restablecidas el año pasado, pero sí va a hacerse más lento el levantamiento del bloque económico, financiero y comercial que aplasta a la isla hace décadas y que repudia el mundo entero.
Lo mismo con la Cárcel de Guantánamo. Obama prometió cerrarla en 2009 y no lo hizo, aunque disminuyó el número de presos. Trump avala la tortura, así que no lo veo preocupado por las críticas internacionales a la violación de los derechos humanos en esa y otras cárceles que tiene Estados Unidos fuera de su territorio. 

- En Colombia existe un proceso de paz con las FARC que tuvo el apoyo de toda la comunidad internacional. A su criterio, ¿el nuevo gobierno de Estados Unidos va seguir apoyando esa iniciativa que debe ser refrendada en diciembre? 

- El 12 de noviembre se anunció un nuevo acuerdo. Veremos si Trump mantiene la línea de Obama, que finalmente aceptó la negociación con las FARC, o promueve a los halcones del Pentágono y la CIA, cercanos a (el expresidente colombiano Álvaro) Uribe, que boicoteó el anterior acuerdo. Es una incógnita qué posición tendrá Trump. 

- Venezuela transita un momento crítico, ¿es posible que la nueva administración norteamericana intervenga  militarmente ese país como lo hizo con Manuel Noriega en Panamá?

- Una intervención abierta en Venezuela generaría una guerra civil de consecuencias impredecibles. Venezuela no es Panamá. Hay una alta organización popular que sigue respaldando al presidente chavista (Nicolás Maduro), más allá de la crisis económica. La mala experiencia tras la intervención en Libia, Irak y Siria, tan criticadas por Trump, creo que le harían consideran otras opciones. Además, su política de distensión con Rusia puede implicar algún tipo de acuerdo con Venezuela, cuyo gobierno tiene buenas relaciones con (el presidente ruso, Vladimir) Putin.

- Bolivia y Ecuador son los únicos países de la región que tienen una postura más independiente, se podría ser. ¿Es posible que se generen procesos desestabilizadores tanto interno como externo en esos países?

- Estados Unidos nunca deja de operar para debilitar o voltear a los gobiernos no alienados, ya sean los bolivarianos o también los de Brasil o Argentina. En cada momento lo hace con distintas tácticas. Van a seguir promoviendo gobiernos neoliberales y alineados con la agenda de Washington y tratando de debilitar organismos como la UNASUR y la CELAC, y a los países del ALBA. Pero Estados Unidos sabe que su injerencia, si es abierta, genera rechazo y puede ser contraproducente con sus intereses, como cuando (George W.) Bush apoyó el golpe contra (Hugo) Chávez en abril de 2002. Por eso las formas de desestabilización son más complejas y sutiles que las de las décadas de 1960 y 1970. 

- La relación entre Estados Unidos y México pasa por un momento delicado, ¿qué percibe que puede suceder ahora que los republicanos están en el Poder de la mano de Trump?

- Hay mucha bronca e incertidumbre en México. Si cumple con lo que prometió en campaña, no solo habrá problemas con los mexicanos, sino con todos los latinoamericanos. Y los hispanos son 55 millones en Estados Unidos, con lo cual habrá tensiones sociales crecientes. Con ese tema están jugando con fuego. En México está resurgiendo un sentimiento anti imperialista, de rechazo a la xenofobia y a la actitud patoteril de Trump. 

(*) - CLACSO es el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Análisis del triunfo de Trump y qué consecuencias tendrá para Nuestra América (Canal Metro)



Participación como invitado en "Asuntos Públicos" (Canal Metro), el 17 de noviembre de 2016, con Mabel Thwaites Rey, Silvia Naishtat y Pablo Maas

"LOS DESAFÍOS DE AMÉRICA LATINA TRAS EL TERREMOTO TRUMP" (Morgenfeld, Megafón)




Leandro Morgenfeld
MEGAFÓN Nº 10/5 - Noviembre 2016

El inesperado triunfo de Trump provocó un terremoto al interior de Estados Unidos y también en el mundo entero. En Nuestra América crece la incertidumbre. Mientras la mayoría de los analistas elucubran sobre cómo será su política hacia la región, en este artículo nos enfocaremos en cuáles son los desafíos, para los pueblos y gobiernos latinoamericanos, a partir del arribo a la Casa Blanca del magnate misógino y racista.
Con Trump la región se verá afectada fuertemente por una serie de iniciativas: endurecimiento de la política migratoria, límites al envío de remesas, deportaciones masivas (el presidente electo prometió expulsar inmediatamente hasta 3 millones de indocumentados con antecedentes penales), revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), freno a la política de distensión con Cuba. Al mismo tiempo, se estima que, si aplica un aumento de las tarifas aduaneras, se dificultará el acceso al mercado estadounidense, central para algunos países de la región (el 19% de las importaciones estadounidenses son latinoamericanas, mayormente de México). Hay incertidumbre sobre qué pasará con el incipiente diálogo político en Venezuela y cómo se posicionará la Casa Blanca frente al nuevo acuerdo de paz entre Santos y las FARC. Los cambios ya empezaron: Obama no insistirá con la ratificación parlamentaria del Acuerdo Transpacífico (TPP). Ese mega tratado de libre comercio, una suerte de reedición del ALCA para contener el avance chino, había sido firmado por tres países de la región –México, Perú y Chile- y se preveía que podían sumarse Colombia y Argentina. La mayoría lo da por muerto, dado que fue uno de los permanentes blancos de ataque de Trump durante toda la campaña. 

Más allá de las especulaciones sobre si cumplirá o no lo que prometió, lo que está claro es que el nuevo presidente no abandonará las dos estrategias estadounidenses desde la enunciación de la Doctrina Monroe (1823): alejar a las potencias extra hemisféricas de lo que consideran su exclusiva área de influencia (el despectivamente llamado patio trasero) y fomentar la fragmentación latinoamericana para evitar que proliferen organismos en los que no interviene Estados Unidos, como la UNASUR, la CELAC o el ALBA. O sea, podrán cambiar las tácticas, pero Trump va a intentar mantener la hegemonía estadounidense en el continente americano.

Ahora bien, su triunfo plantea cambios geopolíticos, económicos, militares e ideológicos a escala global. Ante este novedoso (y profundamente inestable) escenario internacional, se presentan diversos desafíos para los pueblos y gobiernos de Nuestra América.

En primer lugar, con un líder como Trump, crecerán las protestas y grietas internas (movimientos como Black Lives Matter, Not My President o las iniciativas de universidades y ciudades que invocan el sanctuary status, para resistir las deportaciones de indocumentados) y se dificultará la proyección de Estados Unidos como “faro” o guía de las democracias de Occidente. Esta crisis de legitimidad del sistema político estadounidense es una oportunidad excepcional para China, Rusia y la India para avanzar en la construcción de un mundo más multipolar. América Latina debería abandonar la orientación subordinada a Washington, que vienen desplegando presidentes derechistas como Peña Nieto, Temer o Macri, y diversificar los vínculos externos, en función del resurgimiento de otros polos de poder mundial.

La única forma de hacerlo en forma no dependiente es recuperando la coordinación y cooperación política en torno a organismos latinoamericanos y avanzando hacia una integración alternativa. Las guerras de monedas y comerciales que se avizoran, a partir del repliegue neoproteccionista que prometió Trump en la campaña, obligan a pensar estrategias económicas que potencien los mercados internos y regionales, a contramano de las lógicas de libre mercado que impulsa la Alianza del Pacífico. O sea, el “modelo” aperturista de Perú y Chile, que tanto alabaron gobiernos neoliberales como el de Macri, deberá ser abandonado.

El encarecimiento del crédito externo, a partir de una esperable suba de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, obliga a los países latinoamericanos a abandonar las políticas de endeudamiento externo y desplegar estrategias que reviertan la desigualdad y dependencia que se profundizaron a partir de la aplicación acrítica de la globalización neoliberal que impusieron desde los centros del capital trasnacional. Como ya no vendrán las inversiones extranjeras que añoran los gobiernos neoliberales, es contraproducente otorgar concesiones para “seducir” a los mercados.

Es esperable que el racismo de Trump y su menosprecio por los hispanos incremente el rechazo al gobierno de Estados Unidos. Las derechas vernáculas, que históricamente atacaron a los procesos populares de la región, denigrándolos frente a la democracia modelo estadounidense, hoy están desorientadas: el arcaico sistema electoral permitió que gane un candidato que sacó 600.000 votos menos que su rival. Apenas votó el 56% del padrón. A Trump, en consecuencia, lo eligió sólo el 25% de los 231 millones de estadounidenses que podían sufragar (y un porcentaje menor, si sumamos a los indocumentados que carecen de derechos electorales). La legitimidad del nuevo gobierno está desafiada por miles de manifestantes que se lanzaron a las calles apenas horas después de conocerse el resultado de los comicios. En la vereda de enfrente, los supremacistas blancos están eufóricos: el Ku Klux Klan va a marchar el 3 de diciembre en Carolina del Norte para celebrar el triunfo de Trump. Se avizoran fuertes conflictos sociales, en un contexto de agudización de las tensiones raciales.

Ante el descrédito que genera el showman neoyorkino, Nuestra América debe avanzar con una agenda propia: oponerse a los Tratados de Libre Comercio contrarios a los intereses de las mayorías populares, evitar la injerencia de las potencias en los asuntos internos de los países de la región -luego de varios procesos destituyentes y golpes de nuevo tipo (Honduras, Paraguay, Brasil), rechazar la militarización y exigir el retiro de las bases estadounidenses, avanzar con el proceso de paz en Colombia, reclamar el fin del bloqueo a Cuba, evitar un golpe en Venezuela, bregar por un sistema internacional más multipolar y democrático, construir instituciones financieras regionales (como el malogrado Banco del Sur) y retomar la senda de la integración alternativa con un horizonte poscapitalista. En definitiva, descartar las estrategias aperturistas y subordinadas a Estados Unidos que impulsan los gobiernos neoliberales. El fracaso de las socialdemocracias europeas y del Partido Demócrata en Estados Unidos (con un discurso ligeramente más progresista, asumieron las políticas de ajuste neoliberal, permitiéndole a movimientos xenófobos y racistas canalizar a su favor el descontento y hartazgo social) tiene que ser una lección para las fuerzas progresistas, populares y de izquierda de Nuestra América. O se avanza con una crítica radical y se construyen alternativas, o la impugnación a la globalización neoliberal será aprovechada por los líderes neofascistas. 

El mundo está en un momento de inflexión. Nuestra América aparece como desplazada en la agenda de la política exterior de Trump. Qué mejor que aprovechar esta circunstancia para potenciar una vía alternativa, que cuestione la creciente desigualdad y dependencia que produce el capitalismo y avance hacia una integración fuera de la órbita y el control de Estados Unidos.

@leandromorgen

TRUMP Y AMÉRICA LATINA (MEGAFÓN)

Trump y América Latina




MEGAFÓN Nº 10 - Noviembre 2016 (CLACSO)




Con el triunfo de Donald Trump se abre un sinnúmero de interrogantes con respecto a América Latina y el Caribe. ¿Qué se puede esperar de la relación del nuevo gobierno estadounidense y los gobiernos progresistas de la región? ¿Cuál será su política hacia Cuba? ¿Con qué gobiernos "aliados" privilegiará su interlocución para asuntos hemisféricos? ¿Mantendrá en la práctica la política anti inmigrantes que anticipó en su discurso? ¿Retrocederá en los tratados de libre comercio vigentes y en proceso de negociación?
Megafón, una iniciativa del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) para debatir la coyuntura regional y global, indaga algunos de estos temas con expertos de nuestros países, e integrantes de sus centros miembro y grupos de trabajo. 

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MEGAFÓN
La batalla de las ideas

N* 10 | Noviembre 2016
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Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales |
Conselho Latino-americano de Ciências Sociais

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TRUMP Y AMÉRICA LATINA
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Con el triunfo de Donald Trump se abre un sinnúmero de interrogantes con respecto a América Latina y el Caribe. ¿Qué se puede esperar de la relación del nuevo gobierno estadounidense y los gobiernos progresistas de la región? ¿Cuál será su política hacia Cuba? ¿Con qué gobiernos "aliados" privilegiará su interlocución para asuntos hemisféricos? ¿Mantendrá en la práctica la política anti inmigrantes que anticipó en su discurso? ¿Retrocederá en los tratados de libre comercio vigentes y en proceso de negociación?

Megafón, una iniciativa del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) para debatir la coyuntura regional y global, indaga algunos de estos temas con expertos de nuestros países, e integrantes de sus centros miembro y grupos de trabajo.
• EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP: PARADOJAS Y PELIGROS DE LOS TIEMPOS QUE CORREN. SIGNIFICADOS PARA AMÉRICA LATINA
Cecilia Nahón

Ganó Trump. El establishment norteamericano sigue en estado de shock e intenta domar al impensado Presidente electo a través de la vieja guardia republicana. Mientras, miles de manifestantes ocupan las calles de sus ciudades para expresar su miedo y rechazo al resurgimiento de la violencia racial, la xenofobia y las nostalgias supremacistas.
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• TRUMP EN AMÉRICA LATINA. SIN GRANDES CAMBIOS
Oscar Ugarteche

Es difícil desde América Latina calibrar las diferencias de Trump con sus antecesores. Pasando de lo más agresivo a lo menos hacemos un breve recuento de invasiones y golpes de Estado en nuestra región.
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• TRUMP PROMUEVE EL AMERICANISMO Y CHINA EL LIBRE COMERCIO
Consuelo Silva Flores

Tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos, se han emitido múltiples opiniones respecto a la victoria de Donald Trump y los posibles efectos que provocaría la implementación de su plan de gobierno, especialmente con respecto a América Latina.
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• EL PLAN TRUMP Y SUS IMPACTOS EN MÉXICO
Casandra Castorena Sánchez

Aunque el enfoque y la agenda de política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe históricamente se han caracterizado por la “promoción de la seguridad, la democracia, la prosperidad y el desarrollo”…
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• LOS DESAFÍOS DE AMÉRICA LATINA TRAS EL TERREMOTO TRUMP
Leandro Morgenfeld

El inesperado triunfo de Trump provocó un terremoto al interior de Estados Unidos y también en el mundo entero. En Nuestra América crece la incertidumbre. Mientras la mayoría de los analistas elucubran sobre cómo será su política hacia la región...
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• AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE ANTE EL FUTURO GOBIERNO ESTADOUNIDENSE
Darío Salinas

En un crispado contexto de polarización, de visibles grietas en la conducta de la propia clase dominante, el triunfo electoral del candidato más derechista de la derecha en las recientes elecciones constituye en sí mismo un gran desafío para la región latinoamericana.
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• ¡ADELANTE EL REALITY SHOW!
Ana Niria Albo

Tras un post mío en Facebook, la mañana siguiente a las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, una amiga, en un tono bastante catatónico en el que pedía explicaciones al absurdo vivido, me decía: “No te puedo explicar. Estoy destrozada. Tengo vergüenza”. No pude evitar recordar la cara de varios de los que esperaban los resultados en el salón...
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• Cecilia Nahón:
“En EEUU hay un fuerte cuestionamiento del status quo por parte de los ciudadanos”

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• Leandro Morgenfeld:
"Ni Clinton ni Trump van a cambiar la política externa hacia América Latina”

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• Juan Manuel Karg:
"Trump le pega a los principales aliados de EEUU en escala global"

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• Max Friedman:
"En EEUU un lobbista gana más que un senador"

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• Marco A. Gandásegui, hijo:
"EEUU y la nueva correlación de fuerzas internacional"

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• Documental de Martín Granovsky:
ALCARAJO - 10 AÑOS
www.clacso.org.ar/megafon/megafon10.php
+ registros audiovisuales en clacso.tv
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+ SOBRE ESTADOS UNIDOS Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
• Estados Unidos y la nueva correlación de fuerzas internacional
Marco A. Gandásegui, hijo. [Coordinador]
www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/buscar_libro_detalle.php?id_libro=111
0&campo=titulo&texto=estados unidos

• Estados Unidos más allá de la crisis
Dídimo Castillo Fernández. Marco A. Gandásegui, hijo. [Coordinadores]www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/buscar_libro_detalle.php?id_libro
=752&campo=titulo&texto=estados unidos

• Estados Unidos: la crisis sistémica y las nuevascondiciones de legitimación
Marco A. Gandásegui, hijo. Dídimo Castillo Fernández. [Coordinadores]www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/buscar_libro_detalle.php?id_libro
=530&campo=autor&texto=castillo

• América Latina: Crisis del posneoliberalismo y ascenso de la nueva derecha
Francisco López Segrera. [Autor]
www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?id_libro=1175&pageNum_rs
_libros=0&totalRows_rs_libros=1125&orden=nro_orden


"Los avatares de la globalización y el triunfo de Trump" (Eduardo Lucita)

Por Eduardo Lucita* 

La llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. es resultado de un mundo que estaba cambiando a paso acelerado. La globalización ya no será lo que fue y tampoco es posible un regreso al pasado.
Dos semanas después del triunfo de Donald Trump en las presidenciales estadounidenses la conmoción que provocara no ha desaparecido. Analistas de todo tipo arriesgan hipótesis, hacen pronósticos, elucubran posibilidades, todo en un mar de desconcierto e incertezas. No es que el electo presidente de los Estados Unidos vaya a cambiar el mundo sino que su ascenso es resultado de un mundo que ya estaba cambiando.

Mundo equivocado
El título de aquel formidable cuento del recordado Roberto Fontanarrosa, “El mundo ha vivido equivocado”, pareciera ser útil para comprender la situación internacional actual. Porque esta situación forjada a lo largo de más de tres décadas en que se elogiaba y estimulaba la globalización neoliberal, es exactamente inversa a esa sociedad mundial “uniforme, armónica y cooperativa” que habían prometido los gurúes de la globalización y que en no pocos sectores despertara esperanzas.
Como respuesta a la crisis mundial de inicios de los setenta el capital emprendió a escala mundial un proceso de reestructuración de sus fuerzas productivas y comerciales, que incluyó la deslocalización de empresas hacia países y regiones sin mayor tradición obrera y sindical, lo que provocó una fuerte desindustrialización en los países centrales con las consecuencias sociales previsibles. El resultado más general ha sido exactamente lo contrario a lo prometido: una sociedad fragmentada y multiforme.
Mientras la tasa de rentabilidad del capital alcanzaba niveles desconocidos el promedio mundial de los salarios reales de los trabajadores caía -en Europa y EE.UU. se mantienen estancados desde los años noventa- y la desocupación global crecía. La riqueza se concentraba y en todos los países se consolidaban niveles de pobreza elevados, a la par que la xenofobia y el racismo recuperaban protagonismo. Las migraciones por hambre y por guerra, el terror fundamentalista, completan el cuadro.

Ascenso y declive
Los debates conceptuales que darían origen al neoliberalismo comenzaron a enunciarse en los años cincuenta del siglo pasado como respuesta al ascenso del keynesianismo pero fue con la crisis mundial de inicios de los setenta -fin a la época dorada de la posguerra (1945-1975)- que se abrió un nuevo período. Fue a la vez una crisis clásica de caída de la tasa media de ganancia y una crisis de la gobernabilidad imperial que tuvo su máxima expresión en la derrota en Vietnam. Esta doble crisis permite comprender por qué fue tan fuerte la ofensiva neoliberal a partir de los años ochenta.
En 1979 la apertura de la economía china se considera como el inicio de la fase de la mundialización capitalista que llamamos globalización. En 1989-1991 la caída del Muro de Berlín y de la URSS puso fin al enfrentamiento este-oeste y dio un nuevo impulso a la fase globalizadora que se consolidó en 2001 con el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC). La caída de Lehman Brothers y el desenvolvimiento de la crisis mundial iniciada en 2007-2009 -rápidamente contagiada a Europa- constituyen un momento bisagra. Desde entonces la globalización inició su declive.
En 2015 el acuerdo entre el Consejo de Seguridad de la ONU e Irán y la apertura de las relaciones entre EE.UU. y Cuba buscaron abrir nuevos espacios de acumulación y de comercio que, junto con los grandes acuerdos de libre comercio, el transpacífico y el transatlántico, intentaban dar nuevos aires a la globalización. Sin embargo todos los indicadores, como lo he señalado en un artículo anterior: debilidad del crecimiento mundial, reducción persistente de los intercambios comerciales, fuerte caída de la tasa de inversiones, pérdida de espacio de los BRICS, ya daban muestra de que los pilares de la globalización: crecimiento de las multinacionales, libertad de comercio, libre flujo de capitales -contrapartida del debilitamiento de los Estados nacionales- estaba tocando sus límites.

Los perdedores
Es en este contexto que debe comprenderse el triunfo de Donald Trump, como emergente de una época. Son los perdedores de la globalización que se expresan por derecha (trumpismo en EE.UU.; diversas tendencias xenófobas y racistas en Europa continental; partidarios de abandonar la Unión Europea en Inglaterra), o por izquierda (Occupy Wall Street en EE.UU.; el corbynismo en Inglaterra; 15M-Podemos en España, e incluso los orígenes de Syriza en Grecia) se expresan políticamente por fuera de los marcos de la política tradicional. Todos rechazan la globalización como resultado de la ausencia de esa sociedad futurista prometida. Son los que no ven otro futuro que no sea el agravamiento de las condiciones del presente.
A Trump lo votaron los trabajadores blancos desplazados por la relocalización de empresas y la tecnología, también capas medias del campo y la ciudad atravesados por la crisis, pero también un buen porcentaje de latinos, de afroamericanos y de mujeres, a pesar de su xenofobia, su racismo y su sexismo. Tal vez no han sido solo cuestiones económicas las que decidieron el voto sino también culturales, muy arraigadas históricamente, que muestran un corte generacional entre los jóvenes y las generaciones mayores -por lo general menos cultas y educadas- que reaccionan en defensa de valores tradicionales que ven peligrar por el ascenso del multiculturalismo, la igualdad de género, la diversidad… Esto también se percibe en Europa.

Del dicho al hecho
La principal orientación de los planteos de Donald Trump tiene como objetivo reposicionar a los EE.UU. en el centro del poder mundial. Un regreso al sueño americano de posguerra, por eso el eje de su campaña ha sido “primero América”. Renegociar el Nafta y posponer los megatratados de libre comercio, replantear la discusión con China por fuera de la OMC, relanzar las inversiones con obras públicas generadoras de empleo y rehabilitar la producción carbonífera entre otras, una reforma impositiva que rebaje impuestos a los ricos y estimule a las multinacionales a ingresar al país la enorme masa de ganancias retenidas en el exterior.
Pero por ahora son todas hipótesis, lo único seguro es el avance reaccionario cultural y facistoide, así como el ataque a las minorías y a los trabajadores, aún los que lo votaron. Para el resto deberá lidiar con el capital financiero, con las corporaciones, con su propio partido y con la oposición. Su nacionalismo imperialista y su proteccionismo pueden alterar las relaciones internacionales y alentar disputas interimperialistas e incluso debilitar las alianzas en las que se asienta su dominación global.
La globalización ya no será lo que fue, tampoco es posible un regreso al pasado. Un régimen está terminando, en su reemplazo está la disputa por el futuro.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

Detrás de la noticia: Entre esperanzas y realidad



Detrás de la noticia: Entre esperanzas y realidad

RT
La dura actitud de Donald Trump hacia algunos países de América Latina arroja dudas sobre el futuro de las relaciones de EE. UU. con la región vecina, aunque hay quien opina que no sufrirán un cambio radical. Las advertencias del nuevo líder de EE. UU. de privar a la OTAN del apoyo de Washington sembraron el pánico entre sus aliados. Obama, por su parte, está seguro de que el bloque no se debilitará. En América Latina reflexionan sobre el posible impacto en sus vidas de la presidencia de Trump.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Morgenfeld: “En EEUU hay un consenso bipartidista para controlar a América Latina”

Morgenfeld: “En EEUU hay un consenso bipartidista para controlar a América Latina”

 

Morgenfeld: “En EEUU hay un consenso bipartidista para controlar a América Latina”

Notas.org.ar

Leandro Morgenfeld es docente e investigador del CONICET, especialista en la relación entre Estados Unidos y América Latina. Entrevistado por Notas analizó algunos de los puntos centrales de la agenda de Washington para América Latina y qué podría llegar a cambiar -o no- con la asunción de Donald Trump como presidente.

- La estrategia de Estados Unidos para América Latina en la última etapa -que Bush inició, Obama desarrolló y Hillary en parte diseñó- fue la de golpes institucionales, injerencia a través de ONGs, intento de aislamiento del ALBA vía Alianza del Pacífico, entre otras cosas. ¿Cambiará la política exterior al modificarse el partido de gobierno? ¿Qué peso tiene las corporaciones militar y de inteligencia en las decisiones?

– Hay un consenso bipartidista en mantener el control en lo que consideran su patio trasero, en mantener alejadas a las potencias extra hemisféricas (hoy China y Rusia) y en fomentar la fragmentación de los 33 países de América Latina y el Caribe, debilitando cualquier organismo propio, como la UNASUR, la CELAC, el ALBA o el MERCOSUR. Cualquiera sea el presidente, busca reforzar el rol de la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington.
Lo que puede haber en un cambio de tácticas. Bush era más agresivo, Obama se mostraba como más diplomático. Pero ambos compartían los mismos objetivos estratégicos. Trump va a seguir esa misma línea, pero hay que ver con qué modalidades. Como se concentrará en las disputas comerciales con China, en rediscutir la alianza con Europa y en definir cómo va a intervenir en Medio Oriente y el norte de África, es de esperar que el foco no esté puesto en Nuestra América. Pero Estados Unidos nunca deja de mirar, presionar e intervenir en una región que es estratégica para su pretensión de mantenerse como potencia global. Además, es una región rica en recursos naturales estratégicos y muy disputados y un mercado importante para los exportadores estadounidenses.
Por otro lado, Estados Unidos despliega una enorme red de bases militares en la región, e interviene económica, política, militar, cultural e ideológicamente en Nuestra América, e intentará seguir haciéndolo.

- México, por obvios motivos de cercanía y de histórica injerencia de EEUU, además de por cuestiones migratorias y económicas, es un país importante para Washington tanto en términos políticos como en materia comercial. ¿Cómo se desarrollarán estas relaciones en el nuevo gobierno?

– El país azteca sufrió un temblor desde que se conoció el triunfo de Trump por tres motivos. Primero, el magnate basó su campaña en la promesa de la deportación masiva de hispanos -muchos de ellos mexicanos- y en la ampliación del muro fronterizo, que ya existe. Eso implicaría que millones de emigrados sean llevados nuevamente a México, provocando una presión social explosiva.
Segundo, Trump prometió renegociar el NAFTA y subir tarifas a las importaciones provenientes de México, con lo cual habría una fuerte caída del comercio bilateral. El NAFTA ahondó la dependencia de ese país latinoamericano, pero su cancelación traería una fuerte crisis económica.
Tercero, si a esto se le suma la limitación del envío de remesas de hispanos a sus países de orígenes, esto provocaría una carestía de dólares en economías en las que no abundan las divisas. Con Trump, va a crecer el sentimiento anti-yanqui de ese país que se siempre se lamentó de estar “tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. El neoliberal Peña Nieto ya sufrió en carne propia el desprecio popular, al haber invitado al candidato Trump, luego de que éste se pasó buena parte de su campaña humillando a los mexicanos.

- Respecto de Cuba y la apertura que en los últimos años se llevó delante, ¿qué análisis podés hacer de la política de Trump a futuro? ¿Cómo jugaron los cubanos de Miami para el importante triunfo en Florida?

– Trump había sido uno de los únicos precandidatos republicanos en apoyar la política de distensión con Cuba, anunciada por Obama en diciembre de 2014. En los últimos meses, para capturar el voto de los cubanoamericanos anticastristas de Florida, cambió de posición, criticó el deshielo y prometió dar marcha atrás. Más allá de que esto es improbable -el propio Trump es parte de la burguesía estadounidense que presiona hace años para levantar el bloqueo, en función de hacer negocios en Cuba-, con la mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso, es probable que ese camino sea más lento y dificultoso, que se demore mucho más en levantar el criminal bloqueo económica, comercial y financiero y cerrar la cárcel de Guantánamo. Trump logró capturar ese voto ultraconservador de Florida, lo cual le permitió arrebatarle a Clinton el principal de los swing states, que repartía 29 electores.

- Argentina, de la mano del gobierno de Obama y la campaña de Hillary venía teniendo un papel central en el reacomodamiento del continente. ¿Se equivocaron Macri, Malcorra y Lousteau al hablar a favor de la demócrata? ¿Cómo queda posicionada la Argentina respecto de Trump?

– Presidente, canciller y embajador cometieron un error diplomático al haber explicitado en varias oportunidades el apoyo a Clinton, en una elección con final abierto. Creo que fue parte de la sobreactuación en materia del vínculo con Estados Unidos, en la reedición macrista de las “relaciones carnales” de los años noventa.
Más allá de este desliz, que puede costarles el puesto a Lousteau y Malcorra, lo más grave es la política exterior de Cambiemos, cuya estrategia se ve duramente golpeada a partir del triunfo de Trump. Apostaron a los Tratados de Libre Comercio y a una política aperturista, cuando en los países centrales crece el rechazo a la globalización neoliberal y hay un repliegue proteccionista. Tomaron muchísima deuda y concedieron todo, apostando al crédito barato, cuando se espera que el alza de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal encarezca el dinero y complique los vencimientos de 2017. Apostaron a la “lluvia de inversiones”, cuando la inestabilidad e incertidumbre globales que disparó la llegada de Trump van a provocar una sequía de inversiones.
Además, apostaron a alinearse con Estados Unidos, cuando es previsible que ahora se potencie una mayor multipolaridad. En síntesis, el gobierno va a tener que recalcular su política exterior, en un contexto mundial complejísimo.

- América Latina no fue uno de los grandes ejes de la campaña electoral, lo que no impidió que Trump se posicionara en ocasiones sobre algunos temas centrales como la coyuntura de Venezuela. ¿Qué se puede esperar de la estrategia del Departamento de Estado en relación al gobierno de Maduro?                        

– El discurso de Trump en materia exterior fue muy contradictorio. Es cierto que hizo planteos de corte “aislacionista”, con lo cual se supone que no va a promover una guerra civil en Venezuela, con final incierto. Fue muy crítico de los desastres que promovió Hillary Clinton como Secretaria de Estado en Irak, Libia y Siria, por lo que no es esperable que promueva un desenlace sangriento en el país caribeño, más allá de que alienta a la oposición anti-chavista. Si efectivamente Trump avanza en un entendimiento con Putin, aliado de Maduro, quizás uno de los efectos pueda ser un acuerdo para no forzar las tensiones en Venezuela.
Pero, así como ocurre con el proceso de paz en Colombia, hay mucha incertidumbre sobre cómo desplegará sus relaciones interamericanas. Es de esperar que, por su xenofobia y sus declaraciones anti-latinos (el domingo pasado ratificó su voluntad de expulsar inmediatamente entre 2 y 3 millones de indocumentados) genere mucho rechazo en Nuestra América. Quizás, esto sirva para reimpulsar la cooperación y coordinación política latinoamericana, e impulsar nuevamente una integración alternativa, no subordinada a Washington.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Invitaciones para pensar el triunfo de Trump y el impacto en Argentina


- Jueves 17/11, 20 hs, en "Asuntos Públicos" (Canal Metro): Entrevista a Morgenfeld, con Mabel Thwaites Rey, Pablo Maas y Silvia Naishtat
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 - Sábado 19/11, 12.30 hs, entrevista a Morgenfeld en Noticiero Internacional de la Televisión Pública, con Hinde Pomeraniec, José Natanson, Raúl Dellatorre, Jorge Elías y Natasha Niebieskiwiat.

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- Viernes 18/11, entrevista Morgenfeld en "Detrás de la Noticias", por RT en español, con Eva Gollinger. 

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Investigación. El 22/11/2016

Organiza el Área de Relaciones Internacionales FLACSO
Seminario: “Elecciones en EEUU:  el interrogante Trump y los escenarios para la Argentina y la región”, a cargo de Marcelo Falak.
Marcelo Falak. Jefe de Internacionales de Ámbito Financiero. Licenciado en Ciencia Política (UBA). Con diploma superior en Relaciones Internacionales (FLACSO) y maestría en Historia en la UTDT (tesis en trámite).
Modera: Juliana Peixoto.
Martes 22 de noviembre a las 11.30 horas,  aula 6.
FLACSO Argentina.
Tucumán 1966, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
-La actividad libre y gratuita-
Por razones organizativas les solicitamos confirmar su participación a arearrii@flacso.org.ar

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Jueves 17 de noviembre, 18.00 horas
El impacto de las elecciones de Estados Unidos en América Latina
Sesión académica a cargo de Wolf Grabendorff, Luis Ayerbe y Tullo Vigevani, organizada conjuntamente por el CARI y la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES)
Wolf Grabendorff   Politólogo alemán, consultor internacional, especializado en relaciones internacionales y temas de seguridad en América Latina. Actualmente profesor invitado en la Universidad Andina Simón Bolívar, Ecuador. Trabajó para la Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP). Fue corresponsal para América Latina de la ARD, TV pública alemana, en Buenos Aires. Fundador y director del Instituto de Relaciones Europeo-Latinoamericanas (IRELA), Madrid, y representante en Colombia y Ecuador de la Friedrich-Ebert-Stiftung, y director de su Programa de Cooperación en Seguridad Regional en Santiago de Chile. Profesor visitante en varias Universidades de Estados Unidos y Europa
Luis Ayerbe   Profesor del Departamento de Economía de la Universidad Estadual Paulista (UNESP) y del Programa de Postgrado en Relaciones Internacionales de la UNESP, UNICAMP (Universidad Estadual de Campinas) y PUC/SP (Pontificia Universidad Católica de San Pablo). Fue Visiting Scholar en las universidades de Harvard y Autónoma de Barcelona. Actualmente coordina el Instituto de Estudios Económicos e Internacionales (IEEI-UNESP), es miembro del Consejo Académico del Instituto Nacional de Estudios sobre los Estados Unidos (INEU) y es Miembro Asociado del Centro de Estudios de Cultura Contemporánea (CEDEC)
Tullo Vigevani   Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Estadual Paulista (UNESP), Investigador del Centro de Estudios de Cultura Contemporánea (CEDEC) y del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Estudios sobre Estados Unidos (INCT-INEU). Ha realizado publicaciones sobre temas de integración regional, comercio internacional y política exterior de Brasil en Estados Unidos, Argentina, China, Brasil y otros países

Moderador: Andrés Serbin

CARI / Uruguay 1037, piso 1°, C1016ACA Buenos Aires, Argentina / Teléfono (0054) 11-4811-0071 al 74 / Fax (0054) 11-4815-4742
 
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Invitamos a la mesa de discusión "Argentina en el mundo", en el marco de las actividades A (casi) un año del gobierno de Macri.


En esta oportunidad contaremos con la presencia de:
- Jorge Arguello
- Elsa Llenderrozas
- Carolina Mera
- Marta Panaia
- Fernando Pedrosa

La cita es el jueves 17 de noviembre a las 11hs. Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Santiago del Estero 1029, CABA.
Aula SG 303

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Viernes 18/11, sale número especial de Megafón-CLACSO, decidado a analizar el triunfo de Trump y sus diferentes consecuencias
 


martes, 15 de noviembre de 2016

Argentina: victoria de Trump, negativa a planes de inversión extranjera (entrevista Telesur)



Telesur
Publicado el 14 nov. 2016

Analistas y expertos explican qué sucederá con la economía argentina y de Latinoamérica en general luego que el próximo 20 de enero Donald Trump asuma como nuevo presidente de Estados Unidos. Consideran que la llegada de Trump a la Casa Blanca genera incertidumbre ya que la impulsora de acuerdos de libre comercio era Hillary Clinton. teleSUR http://multimedia.telesurtv.net/v/arg...


lunes, 14 de noviembre de 2016

Universidades de Estados Unidos albergarán a posibles deportados (Morgenfeld, Página/12)

inmigrantes

 

Universidades de Estados Unidos albergarán a posibles deportados

Página/12

Leandro Morgenfeld, experto en política norteamericana, destacó la respuesta democrática de municipios y universidades ante la política xenófoba del flamante presidente.



El historiador Leandro Morgenfeld es investigador del Conicet y especialista en política norteamericana. En su columna habitual en la AM750, Morgenfeld contó que hay municipios y universidades que se están preparando para dar refugio a los inmigrantes. Esto luego de que el presidente electo Donald Trump confirmó su decisión de deportar a tres millones de inmigrantes. “Hay ciudades enteras y universidades que se están convirtiendo en ‘santuarios’”, informó.


Fuente: AM 750

“Por ejemplo, en la Universidad de Wisconsin -uno de los epicentros de la lucha de los años sesenta- los docentes están peticionando para que los extranjeros no sean enviados a sus países de nacimiento, muchos de ellos son estudiantes universitarios”, agregó el académico.
El discurso de Trump “tiene un componente xenófobo peligrosísimo”, opinó Morgenfeld, que también señaló la “hipocresía” de quienes se asombran por los dichos de Trump y no tienen en cuenta que Obama deportó a 2, 8 millones de inmigrantes durante su gobierno. “Es record en toda la historia”. Si se suman los gobiernos de Obama y de Bush hijo, se deportaron 5 millones de inmigrantes.
“Trump había prometido deportar a los 11 millones en un año y medio, pero no lo va a hacer porque son funcionales para tirar a la baja los salarios”, explicó.