sábado, 7 de marzo de 2026

Leandro Morgenfeld en especial de C5N sobre la Guerra en Medio Oriente

 

 

Las claves para entender el conflicto en Medio Oriente a una semana del inicio de la guerra

Durante siete días ininterrumpidos de hostilidades, ya hay más de 13 países involucrados, más de 1.100 civiles muertos y una crisis internacional por la suba del petróleo. Cómo seguirá la tensión en la región.

Este sábado se cumplió una semana del inicio de la guerra en Medio Oriente, después de que Estados Unidos e Israel realizaron un ataque conjunto sobre Irán. Durante estos siete días, Washington y Tel Aviv lanzaron 6.400 misiles contra Teherán, que respondió con bombardeos a bases de los países que comenzaron las hostilidades. Además, agredió a los aliados de Occidente en el Golfo Pérsico atacando diferentes refinerías de petróleo, aeropuertos y hoteles. La tensión en la región no hace otra cosa que aumentar, con más de 1.100 personas muertas -la gran mayoría civiles, como las alumnas de una escuela en la República Islámica-, un aumento del precio de los barriles del crudo que impactan en la economía internacional y 13 países involucrados en el conflicto: varios analistas sostienen que se trata de una "nueva guerra mundial".

Durante un especial sobre la guerra en Medio Oriente conducido por el periodista especializado el política internacional Gabriel Michi, por la pantalla de C5N, el analista internacional Leandro Morgenfeld dijo: "Ya hay una guerra mundial, pero no es igual ni a la Primera ni a la Segunda del Siglo XX". "Estamos frente a una guerra mundial híbrida y fragmentada", agregó.

"Es una guerra híbrida porque no es solamente una guerra convencional, como la de Rusia y Ucrania. Es una guerra que tiene una dimensión económica, comercial, tecnológica, de inteligencia, ideológica, de comunicación; y fragmentada porque se va dando de a pedacitos", explicó Morgenfeld.

"Lo que hay de fondo es lo que dijo Donald Trump en el discurso de hoy en Miami: esto es un combate entre Estados Unidos, que quiere seguir siendo la única potencia, que está en claro declive porque no le puede competir a China, y otros emergentes que están disputando ese mundo unipolar y están queriendo construir un sistema multipolar. Ahí están Rusia e India", sostuvo el analista internacional.

Para Morgenfeld, la manera que tiene Trump de llevar adelante este objetivo es "diciéndoles a sus aliados, Europa, Canadá y Japón, que contribuyan más en el presupuesto militar. Por otro lado, con Israel, con quien está iniciando esta guerra, asesinando al jefe espiritual de una parte de los musulmanes", dijo el analista internacional sobre la muerte del líder supremo Ali Khamenei.

Cuál es el impacto económico de la guerra en Medio Oriente

Un punto clave de la guerra en Medio Oriente es el aspecto económico. Desde el inicio del conflicto, el barril de petróleo crudo superó los u$s95. Este mismo incremento también lo tuvo el gas natural licuado (GNL). Ambos son insumos básicos para las industrias de todo el mundo. Días atrás, Qatar, que produce el 20% de GNL mundial, alertó que el barril de crudo puede llegar a los u$s150 y que estas hostilidades van a impactar en las arcas de todo el mundo.

La principal razón es que Irán decidió bloquear el estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave para las exportaciones de petróleo y GNL que se encuentra entre los golfos Pérsico y de Omán. Por este lugar pasa el 20% del petróleo mundial y el 35% del petróleo mundial comercializado por mar. Además, la República Islámica bombardeó varias refinerías de los países aliados de Estados Unidos, como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait y Qatar entre otros.

Ante este contexto, Qatar anunció días atrás que por razones de "fuerza mayor" tuvo que detener sus compromisos contractuales y paralizó totalmente sus exportaciones de GNL.

Por lo pronto, se está cumpliendo parcialmente uno de los principales objetivos de Estados Unidos para iniciar esta guerra en Medio Oriente: debilitar a China. Con el cierre del estrecho de Ormuz, la potencia oriental tiene complicaciones para importar los 5 millones barriles de petróleo anuales. De todos modos, la nación gobernada por Xi Jinping tiene su propia producción energética.

Cuáles son los principales escenarios de combate en la guerra de Medio Oriente

De acuerdo con datos recopilados por el medio norteamericano The Economist, entre el 28 de febrero y el 6 de marzo de 2026 se registraron 207 ataques conjuntos en Teherán y otros 233 en otras provincias del país. También hubo 145 bombardeos en el sur del Líbano, donde opera la organización política con brazo armado Hezbolá, uno de los grupos proxy de la República Islámica y de los principales enemigos de Israel.

Por su parte, la República Islámica respondió con más de 40 ataques contra Israel que lograron penetrar la "Cortina de Hierro" y golpearon Tel Aviv. Además, Irán lanzó misiles contra los aliados de Occidente en la región, como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Omán, Qatar, Bahréin, Qatar, Kuwait, Irak, Siria y Egipto. Varios de estos bombardeos fueron dirigidos a refinerías de petróleo, aeropuertos y hoteles.

A más de siete días del inicio de la guerra en Medio Oriente, la Agencia de Noticias de Derechos Humanos (HRANA) documentó la muerte de 1.114 civiles iraníes desde el comienzo del conflicto, incluidos 183 menores. En este sentido, uno de los hechos más graves sucedió en la escuela primaria Shajareh Tayebeh, ubicada en la provincia iraní de Minab, en donde un bombardeo asesinó a 168 personas. Entre ellas, 150 eran niñas alumnas de esta institución educativa. Ante esta situación, la organización Human Rights Watch acusó a Estados Unidos e Israel de haber cometido un crimen de guerra.

Cómo seguirá el planeta después de esta "nueva guerra mundial" que comenzó en Medio Oriente

El especial realizado por C5N sobre la guerra en Medio Oriente, conducido por el periodista especializado en política internacional Gabriel Michi, también contó con la participación de diferentes analistas que brindaron su mirada sobre qué podrá pasar en el futuro, a partir de este conflicto que implica al mundo entero. Por lo pronto, ya hay 13 países implicados directamente y Europa, tras el empuje de Francia, ya envió buques militares para liberar el estrecho de Ormuz.

"En la nieve de la guerra, uno nunca sabe qué puede pasar. Es complicado que Estados Unidos invada en el terreno, aunque puede exterminar infraestructura. ¿Qué harán China y Rusia? Es un mundo que está cambiando y Estados Unidos no se enfrenta a un bloque claro. Ahora, enfrente hay un mosaico de países en el que nadie representa a todos. Aunque derrotara a Irán, quedan un montón de países que tienen una rivalidad histórica con Occidente", dijo Oscar Laborde, exembajador argentino en Venezuela y expresidente del Parlasur.

"La muerte de Ali Khamenei no implica el fin del sistema. Este conflicto no es territorial; es naval y aéreo. La inteligencia israelí y norteamericana creían que rápidamente la población iraní iba a movilizarse y derogar el régimen. Eso no pasó. Irán no sostiene una retaliación de los ataques que sufre con la misma periodicidad que al principio, pero lo sigue manteniendo. Donald Trump no respeta el derecho internacional, pero Irán tampoco porque está tirando bombas de racimo. Esto no es un paseo: es una situación trágica, compleja y de la cual no vimos lo peor", aseguró Rafael Bielsa, excanciller argentino.

Por último, como análisis final, el analista internacional Leandro Morgenfeld dijo que "en la definición de esta guerra se va a resolver si va a ser derrotado el régimen iraní o es el principio del fin del gobierno de Trump".

viernes, 27 de febrero de 2026

Argentina ratificó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea: ¿qué hay detrás?

El senado argentino ratificó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Foto: @SenadoArgentina

Argentina ratificó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea: ¿qué hay detrás?

El Senado del país sudamericano aprobó la incorporación definitiva al tratado comercial entre ambos bloques. Cómo impactará en la economía local, las diferencias con Brasil y la demora europea.

 

Con 69 votos a favor, 3 en contra y 3 abstenciones, el Senado argentino ratificó el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Fue el segundo país sudamericano en hacerlo, después de Uruguay.

A diferencia de otras leyes que se están debatiendo en el Congreso (reforma laboral, ley de glaciares, baja de la edad de punibilidad), esta decisión contó con un respaldo más homogéneo de los distintos bloques políticos.

Desde el oficialismo de Javier Milei, pasando por los aliados del PRO y la Unión Cívica Radical, hasta la amplia mayoría del peronismo. Un fenómeno que ya se pudo observar el pasado 12 de febrero cuando tuvo su media sanción en la Cámara de Diputados con 203 votos a favor, 42 en contra y cuatro abstenciones.

Argentina llega así al final de un extenso recorrido que compite por ser la negociación más larga del mundo, ya que comenzó formalmente en 1999. Su extensión en el tiempo se debe, entre otras cosas, a la cantidad de países involucrados y las tensiones que generó a ambos lados del Atlántico, que no han sido completamente saldadas y que podrían convertirse en trabas judiciales en el futuro.

La otra cara de la moneda es la industria sudamericana, incapaz de competir con las grandes compañías europeas

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

En el caso europeo, las reservas fueron planteadas por el sector productivo rural, cuyo principal defensor a nivel continental ha sido el gobierno de Francia. Estos temen la llegada masiva de las materias primas sudamericanas y cuestionaron los estándares de producción del Mercosur que consideran como “competencia desleal”.

Precisamente, esto último fue incorporado parcialmente a la última versión del acuerdo, firmado en Asunción, la capital de Paraguay, el pasado 17 de enero. Allí se estableció que la producción agropecuaria debe cumplir determinados requisitos y parámetros que impone la UE.

La otra cara de la moneda es la industria sudamericana, incapaz de competir con las grandes compañías europeas. Durante los años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), fue Argentina quién puso esta cuestión sobre la mesa, exigiendo protecciones para sus empresas y planteando que se trataba de una “línea roja”. Pero su sucesor, Mauricio Macri, dio por tierra con estos reclamos liberando el camino para el acuerdo.

Matar a la industria

De acuerdo a los datos oficiales, desde que Javier Milei llegó a la presidencia cerraron 21.938 empresas y se perdieron más de 290.000 puestos de trabajo en Argentina. La política económica del gobierno, con una apertura indiscriminada de importaciones, inflación sostenida y salarios en retroceso, generó un combo explosivo.

A pesar de lo que sostienen sus defensores, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no hace más que profundizar este deterioro de la matriz productiva, empujando a una reprimarización de la economía.

“Hay sectores que van a ser afectados desde el primer día en que entre en vigencia este acuerdo”, advirtió en diálogo con Diario Red la doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, Luciana Ghiotto. La especialista puso como ejemplo al sector lácteo: “Tenés una cantidad de productos que van a poder entrar al país con arancel cero y te estás enfrentando a mega corporaciones del lado europeo que pueden saturar tu mercado”.

El director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, Jorge Giraudo, señalaba meses atrás que Argentina exporta el 50% de su producción a Brasil. Mercado que ahora tendrá que disputarse con las firmas europeas

Ghiotto, que investiga este acuerdo hace años y es profesora de Economía Política Internacional en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), recordó que “esto ya pasó en Colombia” cuando ese país firmó un acuerdo con el bloque europeo. “Gigantes de la industria láctea como Danone inundaron el mercado colombiano, lo cual generó una competencia muy fuerte para los pequeños agricultores y tamberos”, historizó.

Pero el impacto no solo se observará internamente, sino también en la relación con los países vecinos. El director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, Jorge Giraudo, señalaba meses atrás que Argentina exporta el 50% de su producción a Brasil. Mercado que ahora tendrá que disputarse con las firmas europeas.

Los impulsores del proyecto plantean que existen algunas protecciones y medidas que contemplan la situación de cada región. Por ejemplo, en el caso de la industria automotriz, la reducción de aranceles se dará progresivamente en un plazo de 15 años. Para Ghiotto esto no modifica sustancialmente el escenario de una industria que “hoy está fuertemente protegida con el arancel externo común que, a pesar de que se fue reduciendo los últimos años, todavía mantiene un rol importante en la en la protección del sector automotriz”.

“Es un acuerdo lesivo para la Argentina porque es absolutamente asimétrico”, coincidió el doctor en Historia, Leandro Morgenfeld. Las diferencias están a la vista: mientras la UE tiene un PBI de 19 billones de dólares, el Mercosur cuenta con un producto de aproximadamente 2,7 billones, de los cuales el 75% corresponde a un sólo país: Brasil. Esta desigualdad no la genera el acuerdo, pero no propone nada para compensarla.

El especialista enfatizó que “como los otros Tratados de Libre Comercio que se negociaron, es un acuerdo que implica mucho más que solamente una liberalización comercial y va a profundizar el proceso de desindustrialización en la Argentina”.

El peso económico de Brasil y su carácter de potencia regional le permitieron entablar el diálogo desde un lugar de mayor capacidad que sus socios sudamericanos

Brasil saca ventaja

Desde hace varios años que en el Mercosur, el principal dinamizador de las negociaciones es Brasil. Su peso económico y su carácter de potencia regional le permitieron entablar el diálogo desde un lugar de mayor capacidad que sus socios sudamericanos.

En los últimos años, obligó a rediscutir los puntos a los que se había arribado en 2019 cuando gobernaba el país Jair Bolsonaro. De la mano de Lula Da Silva logró modificar, por ejemplo, el capítulo que establecía que los Estados debían abrir sus compras públicas a empresas europeas. Brasilia garantizó la autonomía en esa área para poder privilegiar a compañías nacionales.

“Puso una cantidad de excepciones importantes para Brasil que lo deja en una posición diferente a la de Argentina”, analizó Ghiotto. Y agregó que al lograr estas excepciones pudo “moderar los impactos negativos del acuerdo”. Buenos Aires “no negoció”, sostuvo la investigadora y subrayó que Milei tuvo “una posición completamente pasiva al dejar que Brasil obtenga excepciones, pero no para todo el Mercosur, solo para ellos”.

El presidente argentino simplemente “mantuvo la posición que había planteado Macri: Argentina abre todo, Argentina no tiene restricciones, Argentina no pide nada en la negociación”, completó Ghiotto.

Para Morgenfeld “es un avance más en la política aperturista comercial general” del gobierno y recordó que hace algunas semanas se anunció también un acuerdo comercial con Estados Unidos. El autor del libro ‘Nuestra América frente a la Doctrina Monroe: 200 años de disputas’, señaló que el tratado con la Unión Europea “no entra en colisión con la política de subordinación estratégica a Washington”. “Va en línea con la política de aperturismo bobo que plantea el gobierno argentino”, disparó.

Bruselas entiende este acuerdo como una necesidad para sostener una relativa autonomía frente a otras potencias globales

La Unión Europea se demora

Los líderes políticos de Bruselas entienden este acuerdo como una necesidad para sostener una relativa autonomía frente a otras potencias globales y de las cuales depende considerablemente en materia energética (Rusia), de seguridad (Estados Unidos) y tecnología (China). No obstante, las diferencias internas del bloque han planteado algunas dudas sobre el devenir del tratado con el Mercosur.

Para intentar sortear estos inconvenientes se hizo una división del texto. Por un lado el Acuerdo de Asociación que incluye aspectos políticos y de cooperación; y por el otro el Acuerdo Interino de Comercio. Este último solo necesita la aprobación del Parlamento Europeo y no debe pasar por el Poder Legislativo de cada uno de los 27 Estados miembros.

Sin embargo, en una ajustada votación (334 a 324) el órgano legislativo del bloque decidió solicitar al Tribunal de Justicia de la UE que analice la compatibilidad de ambos textos con la legislación continental. El fallo, se estima, podría demorar entre 12 y 18 meses.

Mientras tanto, Argentina abre sus mercados, liquida su industria y espera.

Desafíos del siglo XXI desde el Sur americano


 

 

Desafíos del siglo XXI desde el Sur americano

febrero 26 3:00 pm 5:00 pm

viernes, 23 de enero de 2026

Jueves 5/2, 19hs: Conversatorio sobre geopolítica con Leandro Morgenfeld y Gabriel Merino

 


 

En un momento clave de disputas globales y redefiniciones del poder mundial, nos encontramos para pensar Nuestra América frente a los grandes actores del escenario internacional.
Junto a Leandro Morgenfeld y Gabriel Merino, abrimos el debate a partir de la presentación de tres libros fundamentales para entender el presente:
📘 Nuestra América, Estados Unidos y China
📕 Nuestra América frente a la doctrina Monroe
📗 China en el desorden mundial
Editorial Batalla de ideas y Clacso

Un encuentro para discutir el rol de América Latina, las tensiones entre Estados Unidos y China, y los desafíos geopolíticos que atraviesan nuestra región en su etapa más crucial.
🗓 Jueves 5 de febrero
🕖 19 hs
📍 Badaraco Libros – Av. Entre Ríos 921 CABA
🎟 Actividad gratuita con inscripción previa

martes, 13 de enero de 2026

El mundo según Trump. Entrevista a Leandro Morgenfeld

 

Voces | TABLERO GLOBAL

El mundo según Trump


El historiador Leandro Morgenfeld analiza la agresiva política internacional de Estados Unidos que intenta sostener una hegemonía en decadencia. El rol de Europa, Rusia y China y el escenario en Latinoamérica.

Diego Pietrafesa

Tiene el mundo en un puño. ¿Lo tiene? No hay nadie que lo detenga. ¿Nadie? Su arrojo demuestra la grandeza de su país. ¿Grandeza? Para Leandro Morgenfeld, historiador, profesor de la UBA, investigador del Conicet y coordinador de estudios sobre Estados Unidos de Clacso, corresponde refutar a la hegemonía mediática en su discurso unívoco: Donald Trump es el amo, resolvió todo en Caracas en 47 segundos, se queda con el petróleo, listo, ganó. Ni tanto, ni tan poco.

–¿Cómo evaluás a Trump como líder político?
–Él internamente arrancó mucho más fuerte que hace ocho años, porque ahora sí ganó el voto popular, controla ambas Cámaras, logró purgar y controlar a buena parte del Partido Republicano y además controla la Corte Suprema dado que en el mandato anterior metió tres jueces ultraconservadoras rompiendo el histórico equilibrio del máximo tribunal. Esta Corte lo avaló durante todo el año pasado a que pueda ser candidato presidencial a pesar de todas las condenas que tenía.

La paradoja es que gobierna un Estados Unidos mucho más débil que hace ocho años, porque últimamente (sobre todo desde la pandemia) se profundizó el proceso que llamamos de transición hegemónica, es decir, declive relativo de Estados Unidos, que ya no puede ejercer su hegemonía como al principio de la posGuerra Fría, desde los años 90, desde la caída del Muro de Berlín.

–Declive que el propio Trump admitió.
–Claro, lo dice cuando asume el 20 de enero del año pasado, «Vengo a frenar el declive de Estados Unidos». El problema es si Trump va a revertir o acelerar ese declive.  Mi hipótesis es que lo va a profundizar. La guerra comercial que lanzó en abril contra casi todos los países del mundo, en particular contra China; la política de pelearse con sus propios aliados y humillarlos, caso Europa, caso Canadá; la política de destrozar el sistema del multilateralismo unipolar que construyó Estados Unidos y otros después de haber ganado la Segunda Guerra Mundial; el desprecio a las Naciones Unidas; el desconocimiento de instancias multilaterales como la Corte Penal Internacional; el desdén hacia espacios que construyó Estados Unidos como el G-20; son señales en ese sentido. Estados Unidos va perdiendo posiciones en todos los órdenes y por ahora solo mantiene la supremacía desde el punto de vista militar.

–¿Sobre esa supremacía regresa a la Doctrina Monroe, la de una «América para los americanos»?
–«El hemisferio es nuestro», acaba de decir Trump en referencia al continente americano. Ya lo había planteado hace un mes, al presentar la última estrategia de seguridad nacional. El secretario de Guerra incluso publicó una caricatura de hace más de 100 años que cuestionaba el imperialismo norteamericano y aparecía el Tío Sam con un garrote poniendo un pie sobre todo el continente, por las más de 30 intervenciones militares de entonces contra países, sobre todo de Centroamérica y del Caribe. Bueno, ese Tío Sam aparece ahora con la cara de Trump diciendo «desde Groenlandia hasta Alaska es todo para nosotros». Es una política hacia lo que ellos llaman, despectivamente, el patio trasero, que tiene muy pocas zanahorias y mucho garrote.

La agresión militar a Venezuela, el secuestro de un presidente en funciones, el bombardeo por primera vez en la historia en un país sudamericano, son acciones que configuran un salto en la Doctrina Monroe. Dicen que «ahora vamos a ir por Petro (presidente de Colombia), ahora vamos a ir por Claudia Sheinbaum, porque México está gobernado por los cárteles narco, y la próxima que va a caer es Cuba». Y dicen más; que se van a apropiar de Groenlandia sin importarle lo que diga Europa, lo que opine Dinamarca, «para nuestra seguridad nacional la tenemos que controlar y va a ser nuestra, por las buenas o por las malas. La compramos, como en su momento compramos Alaska, o la ocupamos por la fuerza, como le sacamos la mitad del territorio a México».

–Hablando de Europa, ¿parecen más espectadores que protagonistas?
–Europa está en una situación muy complicada, lo que viene haciendo en los últimos años es resignar cualquier relevancia geopolítica y subordinarse absolutamente a Estados Unidos. Esto tiene un costo enorme para el Viejo Continente, creo que si se levantara de la tumba Charles de Gaulle (expresidente de Francia) se revolcaría y volvería a morirse porque hoy no tenemos ningún liderazgo en Europa que plantee, aunque sea, mantener las formas de cierta autonomía estratégica. Trump está logrando imponer a Europa todo lo que quiere, después de haber apoyado la política de cambio de gobierno en el 2014 en Ucrania, haber empujado a un conflicto entre Rusia y Ucrania, haberle bombardeado el gasoducto Nord Stream 2, que le proveía de gas barato a Alemania por parte de Rusia; está obligando a Europa a que adquiera hidrocarburos americanos a precios muchísimo más caros, ahora le obligó a los países europeos a aumentar el presupuesto militar al 5% del PIB, lo que va a generar un desastre económico en muchos de esos territorios.

Foto: gentileza Morgenfeld

–¿Qué contrapeso pueden aportar China y Rusia?
–Antes de morir, Henry Kissinger (exsecretario de Estado de EE.UU.) le dijo a Trump «vos ahora tenés que entenderte con la Rusia de Putin porque nuestro enemigo estratégico es China». En eso acuerdan todos en la clase dominante norteamericana, con distintas estrategias: una fue la estrategia globalista de Barack Obama, los megaacuerdos de libre comercio para que China esté, si se quiere, dentro del campo capitalista, pero con las reglas que impone Estados Unidos. Esto no lo pudo hacer Trump en la primera presidencia porque tenía un Gobierno mucho más heterogéneo y porque los sectores rusófilos de la clase dominante norteamericana eran muy fuertes. Intenta ahora negociar con Vladimir Putin (presidente ruso) para tratar de provocar una separación, una fractura entre Rusia y China, pero tiene un problema: las sanciones brutales de 2022 contra Rusia por parte de Estados Unidos. Europa y sus aliados no solo no hicieron colapsar la economía rusa, sino que empujaron todavía más a una alianza estratégica que tienen hoy Rusia y China. Es más, el aumento de aranceles brutales contra la India, ahora uno de los principales compradores de petróleo a Rusia, hicieron que la India, que siempre tuvo conflictos con China y que tenía un juego propio, se abroquele. Entonces, hace pocos meses, en la vigésima quinta Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, que se hizo en China, se reunieron justamente los líderes de Rusia, de la India, de China, además de Turquía, Irán y otros países, y ratificaron la voluntad inquebrantable de la alianza de estos países.

–Hay otro mundo detrás de lo que Occidente llama «el Mundo».
–Hay una transición acelerada hacia un mundo más multipolar. Hay un proceso de construcción de otro mundo, de relaciones políticas, económicas, diplomáticas, financieras, monetarias, que no dependen del dólar, que no dependen de los sistemas bancarios que controla Estados Unidos, e incluso que pueda eventualmente superar las sanciones que ponga Estados Unidos o los bloqueos comerciales como los que sufrió Rusia o como los que le impuso a Venezuela en los últimos meses.

–¿Cuál es tu visión acerca del escenario en Latinoamérica?
–Obviamente cuando hay una ofensiva tan fuerte y cuando hay incapacidad o dificultad para una respuesta conjunta fuerte, como fue el «No al ALCA» en 2005, se generan muchísimas dudas. Eso sí; si bien las condiciones políticas hay que construirlas hoy, 20 años después del «No al ALCA» en Mar del Plata, las condiciones a nivel global, estructurales, para que América Latina tenga una política propia, una política de inserción internacional más diversificada y deje de ser el patio trasero de Estados Unidos y pase a ser un polo emergente en este nuevo mundo más multipolar, son mucho mayores que hace 20 años. Además, no hay que pasarse de rosca en pensar que porque tenemos a Milei, a Nayib Bukele (presidente de El Salvador, a Daniel Noboa (presidente de Ecuador), ahora ganó José Antonio Kast en Chile o Santiago Peña en Paraguay, la ultraderecha gobierna todos los países de la región. Tres de las economías más grandes, Brasil, México y Colombia, tienen Gobiernos de izquierda, Gobiernos progresistas dentro del campo nacional popular y hay otros, muchos otros Gobiernos. América Latina sigue siendo una región en disputa. Los desafíos son enormes. Creo que si entre los pueblos, los Gobiernos de la región, las organizaciones sociales y políticas, no frenamos esta avanzada imperialista desembozada de Estados Unidos con Trump, América Latina va a tener que resignarse a ser una región cada vez más periférica, cada vez más desigual, un patio trasero de Estados Unidos, sin ninguna relevancia geopolítica a nivel global y con sociedades que expulsen cada vez más millones de personas que tratarán de migrar hacia los grandes centros mundiales para escapar de condiciones de vida cada vez más penosas.

jueves, 8 de enero de 2026

Leandro Morgenfeld analiza todas las novedades de la avanzada de EEUU, en Crónica Anunciada (Futurock)




 

Leandro Morgenfeld analiza todas las novedades de la avanzada de EEUU y los cambios geopolíticos que sacuden el mundo, en Crónica Anunciada (Futurock), 8 de enero 2026. 

miércoles, 7 de enero de 2026

martes, 6 de enero de 2026

Leandro Morgenfeld: "Trump está impulsando un proceso de demolición del orden mundial": las claves del quiebre global tras la captura de Maduro

 


"Trump está impulsando un proceso de demolición del orden mundial": las claves del quiebre global tras la captura de Maduro
 

Por Marcos Príncipi, C5N, 6 de enero de 2026

El historiador, profesor de la UBA e investigador del Conicet Leandro Morgenfeld analizó el impacto global del operativo estadounidense en Venezuela, el avance del unilateralismo de Trump, la crisis del derecho internacional y las consecuencias para América Latina y la Argentina en un mundo en transición.


La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, mediante un operativo militar sin declaración de guerra ni aval del Congreso norteamericano, que incluyó un fuerte bombardeo en Caracas y provocó la muerte de más de 80 personas, aceleró una crisis que ya atravesaba al sistema internacional. Para Leandro Morgenfeld, historiador, profesor de la UBA e investigador del Conicet, el hecho no puede leerse como un episodio aislado, sino como un salto cualitativo en el proceso de demolición del orden global construido tras la Segunda Guerra Mundial.

Según explica, en su segundo mandato Donald Trump profundiza una política exterior basada en el unilateralismo, el desconocimiento de los organismos multilaterales y la primacía del poder militar como herramienta para frenar el declive relativo de Estados Unidos frente al ascenso de China y un mundo cada vez más multipolar. En ese marco, Venezuela vuelve a ocupar un lugar central por su peso energético, su experiencia política autónoma y su articulación con otros polos de poder global.

En diálogo con C5N, Morgenfeld, autor de libros como "Bienvenido Mr. President: de Roosevelt a Trump, las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina" y coordinador de "Nuestra América, Estados Unidos y China", analizó las reacciones internacionales, las tensiones internas en Estados Unidos, el impacto regional del conflicto y los riesgos que enfrenta la Argentina con un alineamiento automático con Washington.
Captura

Periodista- ¿La captura de Nicolás Maduro marca un punto de quiebre en el orden internacional vigente?

Morgenfeld - El orden internacional está en crisis. En su segundo mandato, Trump impulsa un proceso de demolición del sistema multilateral: se retiró de organismos de Naciones Unidas, les quitó financiamiento, hostiga y deslegitima instituciones internacionales y abandonó la Organización Mundial del Comercio. Todo forma parte de una estrategia que busca reemplazar el multilateralismo por una unipolaridad unilateral, donde Estados Unidos negocia bilateralmente según su conveniencia.

En ese contexto, secuestrar a un presidente en funciones mediante el bombardeo de la capital de otro país, sin declaración de guerra y sin autorización del Congreso, representa un punto de inflexión. Es un paso más en la crisis del orden mundial y, al mismo tiempo, pone en jaque a Estados Unidos, porque erosiona su legitimidad y su propio liderazgo global.

P- ¿Cuáles son los rasgos centrales del nuevo orden que se está configurando?

M- Estamos atravesando una transición. Tras la Guerra Fría, Estados Unidos ejerció una hegemonía unipolar junto a aliados subordinados como la Unión Europea y Japón. En el siglo XXI, y sobre todo en los últimos años, se observa un declive relativo de Estados Unidos y un desplazamiento del eje del poder hacia el Pacífico, con China como actor central.

Washington intenta frenar o ralentizar esa transición hacia un mundo multipolar. Perdió peso económico, comercial, financiero, monetario y tecnológico, pero mantiene una clara primacía militar, y la está utilizando como herramienta principal. Por eso apela al unilateralismo: el sistema multilateral ya no le resulta funcional.

Aunque Trump se presenta como el “presidente de la paz”, en su segundo mandato ya bombardeó siete países. Su política exterior, conducida por Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth, combina el mayor presupuesto militar de la historia con una estrategia de “más palos y menos zanahorias”, especialmente en América Latina. El secuestro de Maduro y el bombardeo de Caracas, precedidos por ataques a embarcaciones y buques petroleros, constituyen un salto cualitativo en ese proceso.

P- ¿Cómo reaccionó la comunidad internacional ante el operativo?

M- Hubo un repudio mayoritario, aunque con distintos niveles de intensidad. Las condenas más fuertes provinieron de Rusia y China, pero también de países latinoamericanos como Colombia, México, Brasil, Chile y Uruguay, y de España en Europa.

En contraste, los gobiernos de ultraderecha evitaron condenar esta violación flagrante de la soberanía venezolana y del principio de no intervención, pilares del sistema interamericano y del derecho internacional, consagrados en el artículo 2 de la Carta de la ONU. A mediano plazo, este tipo de acciones puede tener efectos muy adversos para Estados Unidos, porque socava su legitimidad global. Esto no lo dice solo el mundo: lo sostiene buena parte de la oposición dentro de Estados Unidos.

P- ¿Puede leerse esta acción como una maniobra de Trump para recomponer liderazgo interno?

M- Trump intenta mostrarse como el mejor presidente de la historia, pero enfrenta un escenario interno muy adverso. En su primer año de gobierno registra los índices de aprobación más bajos desde 2017. Tiene problemas económicos, con inflación impulsada en parte por la guerra comercial lanzada en abril de 2025, y sufrió derrotas electorales significativas.

Perdió la alcaldía de Nueva York, la ciudad más grande y rica del país, y el Partido Republicano cayó en Miami, Virginia, Nueva Jersey y otros distritos. Esta tendencia podría llevarlo a perder las elecciones de medio término en 2026 y el control del Congreso. Además, hubo protestas masivas durante todo el año pasado, incluyendo una movilización histórica con siete millones de personas en más de 3.000 ciudades.

Trump necesita equilibrar a su base: por un lado, el sector duro encabezado por Marco Rubio en Florida, profundamente hostil al chavismo y a los gobiernos no alineados; por otro, sectores que rechazan las intervenciones militares. Aunque niega estar en guerra, bombardear un país y detener a su presidente implica una guerra de facto, sin autorización del Congreso, lo que ya le generó múltiples cuestionamientos legales y políticos.

P- ¿Por qué Venezuela vuelve a ser un escenario clave para Estados Unidos?

M- Durante gran parte del siglo XX, empresas estadounidenses controlaron el petróleo venezolano, clave para el abastecimiento energético de Estados Unidos. Eso cambió con la llegada de Hugo Chávez hace más de 25 años. Si bien compañías como Chevron siguieron operando, el chavismo cuestionó la idea de América Latina como “patio trasero”.

Venezuela fue central en el rechazo al ALCA en 2005 y en proyectos de integración autónoma como el ALBA y la CELAC, un espacio regional sin Estados Unidos ni Canadá. Además, fortaleció vínculos con potencias emergentes como China, Rusia e Irán. Por eso, más allá del petróleo, derrotar al chavismo es una prioridad estratégica para Washington desde hace años, algo que hasta ahora no había logrado.

P- ¿Qué peso tiene el petróleo venezolano en la disputa global por los recursos?

M- Venezuela posee las mayores reservas de petróleo convencional del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita. La mayoría de los conflictos militares del siglo XX y XXI están ligados al control de recursos estratégicos, en particular los hidrocarburos.

Hoy gran parte del petróleo venezolano se dirige a países considerados adversarios por Estados Unidos, como China e Irán. Washington busca que sus empresas vuelvan a controlar ese flujo energético, lo que explica el renovado interés estratégico sobre Venezuela.

P- ¿Estamos ante una reedición explícita de la Doctrina Monroe?

M- Absolutamente. Estados Unidos reivindica de forma explícita la Doctrina Monroe. En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el 4 de diciembre hablan del “corolario Trump” de esa doctrina, una versión abiertamente injerencista y paternalista.

Es la versión más radical de toda la historia: plantean quedarse con Groenlandia, convertir a Canadá en el estado 51, rebautizar el Golfo de México y desconocer luchas históricas como la soberanía panameña sobre su canal. Cualquier gobierno no alineado, como Venezuela o Colombia, queda bajo amenaza de políticas de cambio de régimen.

P- ¿Qué escenario se abre para América Latina?

M- Es temprano para definirlo. Si Trump logra transformar a Venezuela en una neocolonia e influir en procesos electorales clave, la región quedará más fragmentada, subordinada y periférica, con más desigualdad y pobreza.

Pero si esta acción genera una reacción de gobiernos, partidos y movimientos sociales que rechacen el rol de patio trasero y apuesten a una estrategia común en un mundo multipolar, América Latina podría recuperar márgenes de autonomía, como ocurrió a comienzos del siglo XXI.

P- ¿Hasta dónde están dispuestos a involucrarse Rusia y China?

No habrá una intervención militar. China no actúa de ese modo y Rusia tiene otras prioridades, como Ucrania. Sí repudiaron con fuerza la acción estadounidense y mantienen vínculos económicos y de cooperación con Venezuela.

Habrá que observar cómo se reconfigura la correlación de fuerzas dentro de Venezuela y qué reacciones se producen en los próximos meses para evaluar el alcance real de esa relación.

P- ¿Qué implica este escenario para la Argentina con un gobierno alineado con Trump?

M- La posición del gobierno argentino va a quedar en la historia como una de las más vergonzosas de la diplomacia nacional. Rompe con una larguísima tradición de neutralidad y de defensa del principio de no intervención, desde la Doctrina Drago hasta la Doctrina Calvo.

El alineamiento acrítico con Trump deja a la Argentina subordinada y aislada, votando en soledad en Naciones Unidas y perdiendo apoyos históricos, incluso para la causa Malvinas. Es un camino de entrega de soberanía, recursos y capacidades estratégicas. Si no se revierte, la Argentina corre el riesgo de convertirse en un actor periférico y menor, incluso dentro de su propia región.


Morgenfeld en Minuto1 por C5N desmontando la operación del Cartel de los Soles con la que pretendieron justificar el ataque a Venezuela

 

 

Morgenfeld en Minuto1 por C5N desmontando la operación del Cartel de los Soles con la que pretendieron justificar el ataque a Venezuela, 6 de enero de 2026

lunes, 5 de enero de 2026

Mesa analítica sobre el ataque a Venezuela #BatallaCultural

 

Mesa analítica sobre el ataque a Venezuela #BatallaCultural

El Destape, 5 de enero de 2026 

 

CONFLICTO EN VENEZUELA, EL ANÁLISIS | LEANDRO MORGENFELD EN CRONICA ANUNCIADA

 


CONFLICTO EN VENEZUELA, EL ANÁLISIS | LEANDRO MORGENFELD EN CRONICA ANUNCIADA, Futurock, 5 de enero de 2026


10 puntos sobre el ataque contra Venezuela y América latina

 


10 puntos sobre el ataque contra Venezuela y América latina

Diez claves para comprender el alcance del ataque estadounidense a Venezuela, los escenarios en disputa y los desafíos que enfrenta la región ante una ofensiva imperial para reinstalar, sin eufemismos, la lógica del patio trasero.

El ataque militar lanzado por la administración de Donald Trump contra la República Bolivariana de Venezuela, coronado con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, luego de meses de asedio, constituye una violación flagrante del derecho internacional y un retroceso histórico. Se trata de una agresión ilegal que vulnera la Carta de las Naciones Unidas —en particular la prohibición del uso de la fuerza y el principio de solución pacífica de controversias—, desconoce los compromisos asumidos en el marco de la OEA y pisotea principios largamente defendidos en América Latina y el Caribe, como la no intervención y el respeto irrestricto a la soberanía de los Estados nacionales.

La Casa Blanca intentó presentar el operativo como una acción quirúrgica, ordenada, indolora y ya consumada. Sin embargo, más allá del impacto inicial y del despliegue mediático, estamos ante un proceso político y militar abierto, inestable y profundamente disputado. La historia latinoamericana enseña que los golpes y las intervenciones no se definen en el primer acto: se dirimen en la resistencia popular, en la cohesión de las fuerzas internas, en la correlación de fuerzas a nivel internacional (incluidas las reacciones diplomáticas de los distintos actores) y en la capacidad de los pueblos para convertir la indignación en acción política sostenida que modifique la correlación de fuerzas tras el embate inicial.

Este artículo propone diez claves para comprender el alcance del ataque, los escenarios en disputa y los desafíos que enfrenta Nuestra América ante una ofensiva imperial que busca reinstalar, sin eufemismos, la lógica del patio trasero, reivindicando sin pruritos la bicentenaria doctrina Monroe.

1. Condenar sin ambigüedades la agresión imperialista

Lo primero y principal es condenar de manera firme, clara y sin vacilaciones la agresión imperialista de Estados Unidos contra Venezuela y, por extensión, contra Nuestra América. Se trata del ataque más grave contra la región desde la invasión a Panamá en 1989. No hay atenuantes posibles: no es una «operación de seguridad», ni una «misión humanitaria», ni un episodio aislado. Es una acción de fuerza que busca disciplinar a un país soberano y enviar un mensaje intimidatorio al conjunto de la región. La discusión sobre el gobierno chavista, sobre las elecciones de 2024 y demás cuestiones son en este momento secundarias. Todas las fuerzas democráticas, del campo nacional popular progresista y de izquierda deben condenar esta brutal agresión.

Toda relativización —en nombre de diferencias políticas con el proceso venezolano, del pragmatismo, de supuestas «excepciones» o de cálculos coyunturales— debilita la defensa de principios que son, a la vez, jurídicos y políticos. La condena debe ser inequívoca porque lo que está en juego no es la simpatía o antipatía por un gobierno determinado, sino la vigencia de reglas básicas de convivencia internacional que protegen especialmente a los países periféricos ante una agresión militar imperial como la consumada por Estados Unidos, que recuerda a las peores intervenciones de hace un siglo.

2. Un proceso abierto, no un hecho consumado

Pese a que Trump intentó instalar, en su conferencia de prensa del 3 de enero, la idea de que la situación estaba definida (habló de «transición» para no usar el término «cambio de régimen», que irrita a buena parte de su movimiento MAGA), la realidad muestra un escenario en pleno desarrollo. La experiencia del golpe de Estado de abril de 2002 contra Hugo Chávez es el antecedente interesante, aunque el contexto es sin dudas bien distinto: una acción que pareció triunfante durante horas (Bush se apuró a reconocer diplomáticamente como nuevo presidente al empresario Pedro Carmona), pero que fue revertida por la movilización popular, la lealtad al chavismo de las fuerzas armadas y la presión regional. Dos días después de ser secuestrado en helicóptero el líder bolivariano volvía a reasumir el poder en el Palacio de Miraflores

Hoy, como entonces, el desenlace no está escrito. La intervención abre una fase de confrontación política, diplomática y social que puede prolongarse en el tiempo. El intento de imponer un nuevo orden por la fuerza suele generar resistencias inesperadas y costos crecientes para el agresor, tanto en Venezuela, como en Estados Unidos y en el resto de la región y el mundo.

3. Guerra psicológica, operaciones y cohesión interna

Desde el primer momento se multiplicaron y difundieron distintas hipótesis, especulaciones y versiones sobre la operación, las supuestas complicidades internas y las traiciones dentro del chavismo (Maduro fue capturado por una infiltración de la CIA, negoció entregarse o fue traicionado por los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello). Aunque todavía es temprano para conocer realmente qué sucedió, por estas horas pareciera ser que parte de esa avalancha informativa responde menos a datos verificables que a una posible estrategia deliberada de guerra psicológica destinada a sembrar desconfianza, fragmentar liderazgos y quebrar la moral de la militancia y la dirigencia chavista.

La asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina, con respaldo explícito de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y con reconocimientos diplomáticos iniciales de otros países (Brasil), indica que el núcleo del poder estatal venezolano mantiene cohesión. Al menos por ahora. Esa cohesión es, históricamente, el principal obstáculo para los planes de desestabilización externa. Hoy Trump volvió a amenazar al gobierno venezolano: a hacen lo que él quiere o terminarán peor que Nicolás Maduro, tras una segunda incursión militar, declaró.

4. El Corolario Trump y la Doctrina Monroe recargada

Trump inauguró una nueva fase del denominado Corolario Trump de la Doctrina Monroe, presentado formalmente en la Estrategia de Seguridad Nacional del 4 de diciembre de 2025. Allí se reivindica sin rodeos la noción de (cinco) áreas de influencia y el derecho de Estados Unidos a actuar unilateralmente en su «vecindario estratégico». El Hemisferio Occidental, como llaman al continente americano, debe quedar bajo su control. En el marco de la Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada en curso, el declive relativo de Estados Unidos hace que sea más agresivo y peligroso en América: Groenlania Canadá, México, el Canal de Panamá, Cuba, Colombia y hasta Brasil, declaran sin disimulo desde la Casa Blanca, deben quedar bajo control de Estados Unidos o con gobiernos totalmente alineados, como el de Milei, Bukele o Noboa.

Sin embargo, como ha señalado Gabriel Merino, reconocer una estrategia de esferas de influencia no implica aceptar la tesis simplista de un reparto del mundo ya acordado con Vladimir Putin y/o Xi Jinping. Según esta tesis, el «acuerdo» implicaría darle Ucrania a Rusia, Taiwán a China y que Venezuela y el resto de América Latina sean el patio trasero, una suerte de protectorado, estadounidense. El sistema internacional es hoy mucho más conflictivo, fragmentado y competitivo. Washington pretende reafirmar su primacía en el hemisferio occidental precisamente porque la percibe amenazada (China, por ejemplo, es primer o segundo socio comercial de todos los países latinoamericanos, y un prestamista e inversor cada vez más importante).

5. El petróleo como objetivo explícito

Trump fue absolutamente sincero en algo en la conferencia de este sábado: el objetivo central de la incursión militar es quedarse con el petróleo venezolano, que controló por décadas hasta la llegada del chavismo. El país caribeño tiene la mayor reserva mundial comprobada de cruso. Ya no se apela al ropaje discursivo de la «defensa de la democracia», a los «valores republicanos» o a los «derechos humanos». La excusa del narcotráfico resulta particularmente hipócrita cuando el propio Trump acaba de indultar hace pocas semanas al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en 2024 en la justicia estadounidense a 45 años de cárcel por vínculos con el narco.

Esta franqueza brutal desnuda la lógica extractivista y depredadora que subyace a la intervención: garantizar el control de recursos estratégicos en un contexto de creciente competencia global. Pero le genera un grave problema de legitimidad interna y externa a su acción militar y, como sabemos, ninguna hegemonía se sostiene sólo en base a la coerción, sino que requiere consenso.

6. Rechazo internacional y fisuras en el consenso occidental

La acción militar recibió rechazos explícitos, de distintos tonos, de numerosos gobiernos: China, Rusia, Irán, Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay, España, Cuba, Honduras, Guatemala, entre muchos otros. Aunque las posiciones no son idénticas ni equivalentes, el dato central es la ausencia de un consenso internacional que legitime la intervención. Hay pedidos de acción urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Incluso dentro del llamado «Occidente ampliado» emergen fisuras que limitan la capacidad de Washington para construir una coalición estable y duradera. De no lograr estabilizar rápidamente la situación en Venezuela Trump puede complicar la relación con sus aliados-vasallos del Occidente Geopolítico.

7. Oposición interna en Estados Unidos

La ofensiva contra Venezuela no ocurre en un vacío doméstico. Hubo movilizaciones de rechazo en ciudades como Nueva York y pronunciamientos críticos desde sectores de la oposición, incluyendo figuras como Zohran Mamdani, flamante alcalde de la ciudad donde confinaron a Nicolás Maduro, y organizaciones como Democratic Socialists of America, además de miembros del congreso, sindicatos, activistas y medios de comunicación.

La aprobación de Trump viene cayendo a sus mínimos niveles desde que asumió su primer mandado en 2017 y en un contexto de dificultades económicas, derrotas electorales en 2025 y la proximidad de las elecciones de medio término de 2026, en las que podría perder el control de una o ambas cámaras del Congreso. La aventura exterior puede convertirse en un búmeran político si el plan de Marco Rubio —hoy hombre fuerte de su gabinete y principal candidato a sucedar a Trump, junto al vice J. D. Vance— no triunfa.

8. Nuestra América en disputa

La región atraviesa una disputa intensa. Como explicamos en el libro Nuestra América, Estados Unidos y China. Transición geopolítica del sistema mundial (Merino y Morgenfeld, CLACO y Batalla de ideas, 2025), es una región clave para las aspiraciones geopolíticas de Washington. Trump recurre cada vez más al garrote que a la zanahoria, pero (todavía) no controla a los gobiernos de los principales países de la región (México, Brasil y Colombia). Una incursión fallida en Venezuela podría debilitar su estrategia hemisférica y comprometer a figuras clave como Marco Rubio, Secretario de Estado, Consejero de Seguridad Nacional y administrador de la USAID.

Lejos de consolidar un liderazgo indiscutido de las ultraderechas pro estadounidense, que Milei pretende acaudillar, la agresión puede acelerar procesos de coordinación autónoma entre países que rechazan la lógica de la subordinación.

9. Dos caminos para la región

Nuestra América enfrenta una disyuntiva histórica: resignarse al rol de patio trasero de Estados Unidos (el plan de Marco Rubio, con sus alfiles Bukele, Noboa, Peña, Milei y Kast) o avanzar hacia la construcción de un polo emergente con voz propia en un mundo cada vez más multipolar (la estrategia de Lula a través del grupo BRICS+). Este segundo camino no es sencillo ni lineal, pero es el único compatible con la soberanía, el desarrollo y la justicia social.

La crisis actual puede funcionar como catalizador de definiciones estratégicas largamente postergadas. Por eso, en la definición del actual ataque militar está en juego mucho más que el futuro de Venezuela.

10. El rol urgente de la movilización popular

Los pueblos y sus organizaciones sociales y políticas deben pasar a la acción. Frente a las actitudes claudicantes o de sumisión neocolonial de gobiernos como los de Javier Milei, Nayib Bukele o Daniel Noboa, e incluso de algunos gobiernos no alineados, la respuesta desde abajo no puede ser el silencio, la resignación o el mero declaracionismo.

Las correlaciones de fuerza no están dadas ni son fijas. Depende de la acción política. Las numerosas convocatorias que se vienen multiplicando desde el sábado en toda la región, y en el mundo, dan cuenta del rechazo a la agresión imperial de Estados Unidos, que debe seguir creciendo. Es importante tener presente el ejemplo de las masivas movilizaciones globales contra la invasión a Irak en 2003. La historia demuestra que ningún imperialismo es invencible cuando los pueblos deciden ponerse de pie y defender su dignidad. En esta hora tan dramática para los pueblos latinoamericanos, la unidad para rechazar la agresión militar es necesaria para evitar una mayor periferialización y desintegración de Nuestra América.

 


Entrevista a Leandro Morgenfeld en AM530 sobre el ataque de Trump a Venezuela

 


Entrevista a Leandro Morgenfeld en AM530 sobre el ataque de Trump a Venezuela, Radio AM530, 5 de enero de 2026

TRUMP EN VENEZUELA: Reivindicar la DOCTRINA MONROE | LEANDRO MORGENFELD en RADIO CON VOS


 

Trump en Venezuela: Reivindicar la DOCTRINA MONROE

Leandro Morgenfeld en Radio con Vos, 5 de enero de 2026

 

 

viernes, 2 de enero de 2026

América Latina 2025: el péndulo a la derecha y el acecho de Trump

 

El presidente Trump se reunió con el presidente Milei en Washington el 22 de febrero de 2025. 

América Latina 2025: el péndulo a la derecha y el acecho de Trump

El triunfo de la agenda securitaria y la intervención de Donald Trump ha marcado el año en América Latina.
Gerardo Szalkowicz (El Salto diario) Buenos Aires (Argentina) 31 dic 2025 06:00Desde que el llamado “ciclo progresista” comenzó a agotarse más o menos por 2015, América Latina vive una etapa de volatilidad e inestabilidad en sus gobiernos, sin una hegemonía clara de ningún campo político. En este marco de oscilación permanente (salvo excepciones como México o El Salvador), el 2025 cierra con el péndulo balanceado hacia la derecha, con cuatro elecciones presidenciales ganadas por las fuerzas conservadoras. Un año marcado a fuego por la ofensiva recolonizadora de Trump y la intervención militar directa en la región después de 36 años.

Los votos y las botas

El año electoral latinoamericano arrancó en Ecuador, donde el 13 de abril se anunció la reelección de Daniel Noboa 11 puntos arriba de Luisa González, la candidata del correísmo.

Apalancado por la prensa hegemónica y el poder económico, Noboa, hijo del empresario más rico del país, logró validar su gestión militarista neoliberal pese sus magros resultados frente al crimen organizado, que en pocos años transformó al país en el más inseguro de la región. El proceso tuvo infinidad de irregularidades y abusos de poder por parte del presidente, pero la oposición careció de fuerza social para sostener las denuncias de fraude.

Las urnas en Bolivia marcaron la partida de defunción formal del “proceso de cambio” iniciado en 2006 con la irrupción del primer presidente indígena

La deriva autoritaria de Noboa encontró un freno en la consulta popular de noviembre, cuando el pueblo ecuatoriano rechazó sus cuatro propuestas, entre ellas la de restablecer las bases militares estadounidenses.

Las urnas en Bolivia marcaron la partida de defunción formal del “proceso de cambio” iniciado en 2006 con la irrupción del primer presidente indígena. La guerra fratricida entre Evo Morales y su sucesor Luis Arce decantó en la autodestrucción del proyecto que más había avanzado en el ecosistema del progresismo latinoamericano en este siglo.

Con el MAS fracturado en varios pedazos, una prolongada crisis económica y Evo proscripto llamando a la abstención, la mesa quedó servida para el regreso de las élites. El 19 de octubre, Rodrigo Paz Pereira, calificado como de centro-derecha, le ganó el balotaje al referente de la ultraderecha Jorge ‘Tuto’ Quiroga proponiendo un “capitalismo para todos”. El hijo del exmandatario Jaime Paz Zamora debutó en la presidencia recomponiendo las relaciones con EEUU y quitando los subsidios a los combustibles, lo que generó las primeras protestas que auguran un nuevo ciclo de conflictividad social.

La corriente de ultraderecha logró sumar otro sillón presidencial el 14 de diciembre en Chile, con la aplastante victoria en segunda vuelta de

La otra clave fue la gran decepción que significó el gobierno de Gabriel Boric, que no aplicó ninguna reforma estructural ni supo estar a la altura de las expectativas generadas tras el estallido social de 2019.

El año electoral cerró en Honduras con el escrutinio más polémico. El CNE eligió el 24 de diciembre para anunciar, 24 días después de los comicios, el triunfo de Nasry ‘Tito’ Asfura apenas 26 mil votos por sobre Salvador Nasralla. El eterno conteo de votos estuvo marcado por interrupciones, fallas en el sistema y denuncias de inconsistencias en miles de actas.

Nasralla denunció “una grave traición a la voluntad popular y un “asesinato a la democracia”, mientras que la candidata oficialista, Rixi Moncada, coincidió en que “la proclama del ‘presidente electo’ es un fraude y una imposición extranjera”. Incluso uno de los integrantes del CNE, Marlon Ochoa, apuntó contra sus colegas y alertó: “EEUU y las élites aliadas del crimen organizado quieren un presidente que responda a sus intereses, no importa que surja de un golpe de estado electoral”.

La injerencia explícita de Trump jugó también en las urnas argentinas, donde el espaldarazo previo a Javier Milei fue determinante para la victoria de su partido en la elección de medio término

Todas las miradas apuntan al Norte. “El único verdadero amigo de la libertad en Honduras es 'Tito' Asfura. Podemos trabajar juntos para luchar contra los narcocomunistas”, había dicho Trump días antes de la votación y amenazó con recortar la ayuda al país. Acto seguido, indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (del partido de Asfura), condenado en EEUU a 45 años por narcotráfico.

Al margen del controversial desenlace, abre muchas preguntas el duro revés del progresista partido Libre, que quedó en tercer lugar, más de 20 puntos abajo, tras cuatro años en el gobierno con Xiomara Castro.

La injerencia explícita de Trump jugó también en las urnas argentinas, donde el espaldarazo previo a Javier Milei fue determinante para la victoria de su partido en la elección de medio término.

Claves del repunte derechista

“Estamos en un cuadro de gran inestabilidad política, donde los oficialismos de cualquier signo tienen mucha dificultad para mantenerse en sucesivos gobiernos, salvo algunos casos a contracorriente como México o El Salvador”, señala el periodista y analista internacional Marco Teruggi.

Más allá de particularidades locales, parece haber un punto neurálgico en la dinámica regional: el auge del crimen organizado y su metástasis hacia el sur del continente. Un tópico en el que las derechas se mueven como pez en el agua, al menos en lo discursivo, y en el que los progresismos carecen de horizontes propositivos.

Teruggi destaca que “las derechas han logrado conectar e imponer una serie de agendas de tipo securitarias, de tipo económicas o de tipo anti migrantes, de marcos de interpretación conservadores”. Y agrega otro factor de relevancia: “Y han tenido mayor capacidad de unidad política, han logrado un campo sumamente articulado”. De la mano de este último punto, aparece el dilema de la renovación de liderazgos, con tensiones internas que resultaron traumáticas (Bolivia, Ecuador, Argentina) o el caso de Brasil donde Lula volverá a presentarse a sus 80 años.


Sobre estos límites, Teruggi menciona también “la incapacidad de llevar adelante las agendas prometidas. Ante una derecha mucho más avasallante, mucho más segura hacia dónde quiere ir, las desuniones, las frustraciones y las desilusiones son algunas claves de las derrotas del progresismo”.

Tal vez el signo de época más preocupante sea que, mientras las derechas se radicalizan y expresan la rebeldía al status quo, los progresismos aparecen a la defensiva, como fuerzas administradoras del orden. Álvaro García Linera habla de “una huelga de ideas, una parálisis cognitiva”. Y lo llama “progresismo desteñido”.

En tiempos de tanta insatisfacción con la democracia, esa falta de audacia, de creatividad, de proyecto de futuro que despierte entusiasmo en las grandes mayorías, junto a fracasos en la gestión, terminaron abriendo paso a personajes neofascistas como Milei o Kast.

A la reconquista del “patio trasero”

Si bien nunca cesó la injerencia estadounidense en la política latinoamericana, el 2025 fue el año del regreso de “la diplomacia de las cañoneras”, de la intervención militar directa 36 años después de la invasión a Panamá. 

Ocho buques de guerra, dos destructores, un submarino nuclear, decenas de aviones de combate, bombarderos B-52, unos 8.000 marines y el Gerald Ford, el portaaviones más grande del mundo; un cuarto de la flota naval de la principal potencia militar desplegadas en las aguas del Caribe, cerca de las costas venezolanas.

Con el pretexto de combatir al narcotráfico, en los últimos meses EEUU bombardeó 29 lanchas (también en el Pacífico) y asesinó extrajudicialmente a 104 personas, sin presentar ni una prueba, sin ningún proceso judicial, violando completamente el derecho internacional. En las últimas semanas desnudó uno de sus verdaderos objetivos con el bloqueo al petróleo venezolano y el secuestro de buques cargueros.

A principios de diciembre, la Casa Blanca blanqueó con palabras lo que venía mostrando en los hechos. Presentó la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 con un título elocuente: El Corolario Trump de la Doctrina Monroe (presidente estadounidense que en 1823 básicamente planteó que el continente americano les pertenecía). Con la prepotencia de un emperador, Trump se atribuye, sin eufemismos, el dominio total de la región: “Tras años de abandono, EEUU reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y proteger nuestro territorio nacional pero también para tener acceso a zonas geográficas clave en toda la región”. 

“La presión extrema [de EEUU] busca alinear políticamente al continente y frenar el avance de China, que es primero y segundo socio comercial de casi todos los países de América Latina”

Leandro Morgenfeld, historiador y especialista en la política exterior estadounidense, explica que en ese documento “EEUU reconoce que ya no tiene las capacidades que supo tener tras la posguerra fría de ser el hegemón y el gendarme planetario, y plantea una suerte de vuelta a áreas de influencia donde el hemisferio occidental es su zona de despliegue privilegiada”.

La estrategia es nítida: en un contexto global de transición hegemónica hacia un orden multipolar, EEUU decide replegarse en lo que siempre consideró su “patio trasero”. Morgenfeld señala que “este ataque contra todos los gobiernos no alineados tiene mucho más de garrote que de zanahoria. Una presión extrema que busca alinear políticamente al continente y frenar el avance de China, que es primero y segundo socio comercial de casi todos los países de América Latina”.

El texto de la Casa Blanca lo admite explícitamente: “Negaremos a los competidores no-hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.

La mira principal apunta al cambio de régimen en Venezuela, por tener la primera reserva de crudo mundial (Trump llegó al delirio de decir que el petróleo venezolano le pertenece a EEUU) y por ser el gran aliado de sus enemigos. Pero el objetivo es el control de los recursos naturales de toda la región. A México lo amenazó con invadir militarmente con la excusa de los cárteles y cambió el nombre del Golfo de México; a Gustavo Petro lo incluyó con Maduro en su lista fantasiosa de líderes narco y puso a Colombia también bajo posible ataque; a Brasil le quiso subir los aranceles al 50%, pero la cintura diplomática de Lula logró revertir la extorsión. Justamente los gobiernos que menos se subordinan a sus designios.

“Lo que vemos es una militarización de la política exterior, una vuelta a lo que fue la aplicación de ‘el gran garrote’ con Roosevelt a principios del siglo XX”

Claro que también tiene su ejército de vasallos, con Milei, Noboa y Bukele a la cabeza. Y varias islas caribeñas (como Dominicana o Puerto Rico) que utiliza como bases militares. “Lo que vemos es una militarización de la política exterior, una vuelta a lo que fue la aplicación de ‘el gran garrote’ con Roosevelt a principios del siglo XX, la idea de la automanifestación de EEUU de intervenir en cualquier país para defender sus intereses”, asegura Morgenfeld.

La ofensiva recolonizadora de Trump avanza mientras siguen paralizados los procesos de integración latinoamericana y los pocos líderes que se le plantan lo hacen de forma aislada. Las elecciones en Brasil y Colombia en 2026 serán determinantes para amortiguar el proyecto trumpista de dominación total de la región. Lo que está en juego es, ni más ni menos, que la soberanía de América Latina y el Caribe.