martes, 6 de octubre de 2026

"Elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos: vitales para América Latina". Por Leandro Morgenfeld

 

Elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos: vitales para América Latina

Una derrota de Trump en el Congreso puede abrir una grieta en su ofensiva sobre América Latina.

Pocas veces unas elecciones de medio término en Estados Unidos fueron tan trascendentes para América Latina como las que ocurrirán el martes 3 de noviembre. Aunque el pasado 22 de septiembre Trump haya declarado ante las Naciones Unidas que su nombre no iba a figurar en la papeleta, durante los últimos meses se encargó de presentarlas como un virtual referéndum sobre su figura y sus políticas. En pleno asedio sobre la región, en el marco de la Doctrina Donroe, la pérdida del control trumpista de una o ambas cámaras será un cimbronazo con múltiples consecuencias, tanto en Washington como en el resto del continente. ¿Qué escenarios se abren en las próximas semanas?

El martes 22 de septiembre, en la apertura de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Donald Trump habló durante casi cincuenta minutos. Buena parte de su discurso estuvo dedicada a América Latina y el Caribe. Reivindicó la operación militar de enero que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, celebró el acuerdo petrolero firmado en agosto con las autoridades venezolanas, acusó a México de ser “el epicentro de la violencia de los cárteles” y le exigió “recuperar el control de su territorio”. Sobre Cuba fue todavía más lejos: la definió como “un Estado fallido” que “acabará cayendo”, lo que motivó que la delegación cubana abandonara el recinto. “De ser necesario, usaremos nuestro poderío militar inigualable para defender nuestros intereses”, amenazó.

Sin embargo, la frase que más circuló fue otra. Al referirse a la guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero y todavía sin resolución, Trump sostuvo que Teherán estaba esperando el resultado de las elecciones legislativas para negociar, y remató: “Lo que no entienden es que yo no soy candidato”. Es formalmente cierto, pero contradice todo lo que el propio Trump hizo a lo largo de este año.

“Hagan de cuenta que estoy en la boleta”

Ya el 6 de enero, ante el bloque republicano de la Cámara de Representantes reunido en el rebautizado Trump-Kennedy Center, había lanzado una advertencia que recogió la agencia Reuters: “Si no ganamos las elecciones de medio término, van a encontrar una razón para hacerme un impeachment“. A fines de junio anunció algo sin antecedentes en la historia política estadounidense: una convención partidaria de medio término en Dallas, concebida como un gran acto de reafirmación de su liderazgo. Y a fines de agosto, en un acto en Myrtle Beach, Carolina del Sur, fue todavía más explícito: “Lo que realmente quiero que hagan es que hagan de cuenta, por favor, que estoy en la boleta. Solo vengan a votar”.

Trump nacionalizó la elección y la convirtió en un plebiscito sobre su segundo mandato. Su base se moviliza cuando él está en juego. El problema es que, a un mes de la votación, ese plebiscito lo está perdiendo. Al menos eso indican casi todas las encuestas.

Un plebiscito cuesta arriba

Los números son elocuentes. Según la encuesta Reuters/Ipsos realizada entre el 17 y el 20 de septiembre, la aprobación de Trump cayó al 32%, el nivel más bajo de toda su carrera política e inferior a cualquier registro de Joe Biden (2021-2025). Apenas el 17% aprueba su manejo del costo de vida, que es el tema que los estadounidenses señalan como decisivo a la hora de votar, y el respaldo entre los propios republicanos bajó del 82% al 73% en una sola semana. La causa inmediata es la guerra contra Irán, que disparó los precios de la gasolina y el gasoil.

Esa impopularidad se traslada a la intención de voto. En el promedio que elabora el reconocido estadístico y analista Nate Silver, ajustado por votantes probables, los demócratas aventajan a los republicanos por 9,6 puntos en la pregunta genérica sobre qué partido votarán para la Cámara de Representantes. Sus candidatos lideran, aunque por márgenes estrechos, en los seis estados que probablemente definan el Senado: Texas, Maine, Ohio, Iowa, Michigan y Alaska. Es un clima comparable al de la “ola azul” de 2018, durante el primer mandato de Trump.

Hay, sin embargo, dos reparos. El primero es aritmético: los republicanos defienden en el Senado una mayoría actual de 53 a 47 y los demócratas necesitan ganar cuatro bancas netas para controlarlo, ya que el vicepresidente J. D. Vance desempata si quedan 50 a 50. El segundo es institucional. Por presión de la Casa Blanca, desde el año pasado nueve estados redibujaron sus distritos electorales (el famoso gerrymandering) y, tras el fallo de la Corte Suprema en Louisiana v. Callais, que prácticamente vació de contenido la Ley de Derecho al Voto, otros estados del Sur se sumaron a la ofensiva. La respuesta demócrata en California, con la Proposición 50, compensó parcialmente la maniobra texana, pero el saldo neto favorece a los republicanos por varias bancas. Aun así, el escenario más probable es que los demócratas recuperen la mayoría en la Cámara de Representantes. La gran incógnita es el Senado.

La Doctrina Donroe en su momento más agresivo

¿Por qué esta elección importa tanto en nuestra región? Porque llega en el momento más agresivo de la política de Washington hacia América Latina desde, al menos, la década de 1980. El propio Trump adoptó el término “Doctrina Donroe” tras la captura de Maduro, cuando proclamó que el dominio estadounidense en el hemisferio “nunca más será cuestionado”. Como analizamos en Tektónikos en julio, la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 formalizó el Corolario Trump de la Doctrina Monroe: negarles a los “competidores no hemisféricos” —fundamentalmente China— el acceso a activos estratégicos en el continente. Un grupo de exdiplomáticos convocado por la Universidad de Georgetown la describió como una estrategia apoyada en tres pilares: una coalición de gobiernos de derecha afines, una seguridad regional militarizada en nombre del combate al narcotráfico y el uso punitivo de los aranceles como instrumento de coerción política.

El blanco principal hoy es Cuba. Cortado el suministro de petróleo venezolano y sometida a un cerco que el senador demócrata Tim Kaine no duda en calificar de bloqueo militar, la isla sufre apagones generalizados y una crisis humanitaria de enormes proporciones. En marzo, Trump dijo esperar tener “el honor de tomar Cuba” de alguna forma. El 25 de septiembre, tres días después de su discurso en la ONU, la cadena CBS reveló un memorando interno de la Reserva del Ejército que pide identificar unidades de apoyo disponibles para el Comando Sur en un plazo de 90 a 120 días. El documento no nombra a Cuba, pero varios funcionarios admitieron que la planificación apunta a la isla. Llama la atención el calendario: ese plazo se cumple después de las elecciones.

Hasta ahora, el Congreso fue un espectador. Kaine y sus colegas Adam Schiff y Ruben Gallego presentaron resoluciones de poderes de guerra para impedir una acción militar no autorizada contra Cuba, pero la mayoría republicana las bloqueó con recursos de procedimiento. En mayo volvieron a insistir. El argumento de Kaine es contundente: si alguien le hiciera a Estados Unidos lo que Estados Unidos le está haciendo a Cuba, lo consideraría un acto de guerra. Con otra correlación de fuerzas en el Capitolio, esas resoluciones dejarían de ser meramente testimoniales. Por eso, entre otras razones, el resultado de noviembre importa mucho.

El Escudo de las Américas y la coartada del “narcoterrorismo”

La Doctrina Donroe tiene también su dispositivo multilateral, construido a la medida de Washington y por fuera de la OEA. El 7 de marzo, en su club de golf de Doral, en Miami, Trump firmó una proclamación que lanzó el Escudo de las Américas y creó la Coalición Anticárteles de las Américas. Lo acompañaron doce presidentes latinoamericanos y caribeños: Javier Milei, Rodrigo Paz, José Antonio Kast, Rodrigo Chaves, Luis Abinader, Daniel Noboa, Nayib Bukele, Nasry Asfura, Irfaan Ali, José Raúl Mulino, Santiago Peña y Kamla Persad-Bissessar. No estuvieron presentes México ni Colombia, y tampoco Brasil: tres de las cuatro mayores economías de la región quedaron afuera en ese singular lanzamiento.

La llamada Carta de Doral habilita el uso de fuerza militar letal contra los cárteles, establece protocolos de intercambio de inteligencia y de operaciones conjuntas entre los firmantes y designó a Kristi Noem como enviada especial para coordinar el despliegue. Lo novedoso es el desplazamiento hacia lo militar y la lógica de adhesión selectiva: no se convoca a todos, sino a los alineados. No es casual que la Cumbre de las Américas prevista para diciembre de 2025 en República Dominicana haya sido cancelada. Mientras tanto, el Escudo sigue sumando miembros: el Perú de Keiko Fujimori adhirió en agosto y Chile formalizó su incorporación el 22 de septiembre, lo que generó la protesta de los expresidentes Boric y Bachelet.

El narcotráfico cumple hoy la función que cumplió el comunismo durante la Guerra Fría y el terrorismo después del 11 de septiembre de 2001: una amenaza lo suficientemente difusa como para justificar casi cualquier cosa. En su nombre se bombardearon lanchas en el Caribe, se atacó Caracas y se planifica ahora sobre Cuba. Y en su nombre se asocia a los cárteles con Irán y con China, lo que deja al desnudo el verdadero objetivo. Como advierte un análisis del Centro de Investigaciones de Política Internacional, más allá del propósito declarado, la razón esencial que anima el Escudo es la contención de China en la región. En la sesión de Nueva York, flanqueado por Marco Rubio, Scott Bessent, Jamieson Greer y Stephen Miller, Trump les aseguró a sus socios latinoamericanos ultraderechistas que tienen “el respaldo de los Estados Unidos” y que eso los hace “mucho más fuertes”. Lo que no dijo es qué pasará con ese respaldo si él pierde el control del Congreso.

Brasil, la batalla decisiva

Si hay un país donde se juega el futuro inmediato de la Doctrina Donroe, ese es Brasil. Con Lula en el Planalto, la principal potencia sudamericana resistió los aranceles del 50% impuestos por Trump, profundizó su vínculo con China y se mantuvo al margen del Escudo de las Américas. Por eso Washington no oculta su preferencia por Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente inhabilitado por intento de golpe. En marzo, en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) de Texas, el propio Flávio les pidió a los Estados Unidos que presionaran a las instituciones brasileñas de cara a las elecciones de octubre, al tiempo que ofrecía las riquezas minerales de su país como “solución” para Washington. El 26 de mayo fue recibido en la Casa Blanca y, en ese mismo viaje, un asesor del Departamento de Estado para Brasil fue a verlo a su hotel.

El gobierno brasileño considera que la injerencia estadounidense ya está en curso y puede ampliarse de cara al balotaje. Según reconstruyó CNN Brasil, el Planalto identifica al menos cuatro frentes: la presión política directa de Trump y de Rubio, el impulso pago, desde el exterior, de perfiles en redes sociales favorables a Flávio, el presunto financiamiento a través de Rockbridge Network, un fondo cofundado en 2019 por el propio J. D. Vance, que el Partido de los Trabajadores denunció ante el Supremo Tribunal Federal, y los encuentros de funcionarios estadounidenses con influenciadores de la derecha brasileña. La campaña de Flávio lo niega. Pero un informe reservado de la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin), enviado a fines de agosto a la Presidencia, al Ministerio de Justicia y al Tribunal Superior Electoral, elevó el riesgo de interferencia de Estados Unidos a un “nivel de criticidad” y advirtió sobre una tendencia a la escalada de la presión sobre Brasil.

El libreto ya se ensayó. En Honduras, cuatro días antes de las elecciones del 30 de noviembre de 2025, Trump llamó a votar por Nasry Asfura y acusó a la candidata oficialista, Rixi Moncada, de ser aliada de Maduro; Moncada, que encabezaba las encuestas, terminó tercera. En Colombia, en junio de este año, Trump respaldó sin matices a Abelardo de la Espriella y tildó a Iván Cepeda de “marxista radical”. De la Espriella ganó el balotaje del 21 de junio por menos de un punto. Como en 1946, cuando el embajador Spruille Braden intervino abiertamente en la campaña electoral argentina para intentar evitar el triunfo de Perón, la injerencia ya ni siquiera se disimula: se exhibe.

Luego del sorpresivo triunfo de Bolsonaro por 47 a 45 % sobre Lula en la primera vuelta del 4 de octubre, la Casa Blanca se prepara para incrementar la presión, con la expectativa cada vez más cierta de sumar un aliado clave en su avance para controlar el continente. El balotaje, previsto para el 25 de octubre, se realizará apenas nueve días antes de las elecciones estadounidenses. Una victoria de Flávio le daría a Trump el trofeo que más desea en Sudamérica, justo en la antesala de sus propios comicios. Una reelección de Lula permitiría mantener la esperanza, en cambio, de construir un polo de autonomía en el corazón del continente.

Tres escenarios para el día después

Conviene no sobrestimar lo que puede cambiar un Congreso opositor. La política exterior sigue siendo, en el sistema estadounidense, un terreno en el que el Ejecutivo goza de enorme autonomía; Trump lo demostró al bombardear Caracas sin autorización legislativa. Una resolución de poderes de guerra aprobada por ambas cámaras sería vetada, y los demócratas no tendrán los dos tercios necesarios para superar el veto. Pero tampoco hay que subestimar el cimbronazo. Se abren, a grandes rasgos, tres escenarios.

El primero: los republicanos retienen ambas cámaras. Es hoy el menos probable, pero no puede descartarse, sobre todo por el efecto de la modificación de los distritos electorales y la posibilidad de un error en las encuestas. Trump lo leería como un aval plebiscitario a su agenda y tendría las manos libres para el último tramo de su mandato. Para América Latina, significaría luz verde para escalar contra Cuba y para intensificar la presión sobre México.

El segundo: los demócratas ganan la Cámara de Representantes y los republicanos conservan el Senado. La Cámara controla el presupuesto y la facultad de investigar: podría citar a Rubio, Hegseth y Bessent y auditar las operaciones en el Caribe y el salvataje a la Argentina. El propio Trump anticipó que sería sometido a un tercer juicio político. La historia ofrece un antecedente elocuente: tras las elecciones de medio término de 1982, la Cámara de mayoría demócrata aprobó la Enmienda Boland, que restringió el financiamiento de la administración Reagan a la contra nicaragüense y terminó desembocando, años después, en el escándalo Irán-Contras.

El tercero: una mayoría demócrata en ambas cámaras, el desenlace que hoy los mercados de predicciones consideran más probable. Además de las investigaciones, el Senado dejaría de ser un reaseguro para la Casa Blanca: controlaría la confirmación de embajadores y funcionarios. Trump entraría, en los hechos, en una etapa anticipada de “pato rengo”, con la sucesión de 2028 ya en disputa dentro del propio Partido Republicano.

En cualquiera de los dos últimos escenarios, el impacto en América Latina excedería lo institucional. Los gobiernos que apostaron todo a Trump —Milei, Bukele, Noboa, Kast, De la Espriella, Peña— perderían el aura de estar alineados con un poder incontestable. Y los que resisten la presión, como México y Brasil, ganarían margen de maniobra.

¿Y Milei?

Ningún gobierno de la región apostó tanto a una sola carta como el de Javier Milei. El 22 de septiembre, en la sesión extraordinaria del Escudo de las Américas en la ONU, en su decimoctavo viaje a Estados Unidos desde que asumió, escuchó a Trump jactarse: “Creo que voy nueve de nueve. Todos a los que he respaldado han ganado”. Y luego: “Tuvimos una gran victoria en Argentina”. La victoria a la que aludía es la de octubre de 2025, cuando el salvataje de 20.000 millones de dólares del Tesoro, que Trump condicionó públicamente al resultado electoral —”si él pierde, no vamos a ser generosos con Argentina”—, le permitió a Milei llegar a las legislativas sin una corrida cambiaria.

Ese auxilio tuvo contraprestaciones. En febrero de 2026, el canciller Pablo Quirno y el representante comercial Jamieson Greer firmaron el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos, que un trabajo del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata interpreta como la contraprestación política e institucional del rescate y como la cristalización de una inserción internacional asimétrica y extractiva. En el plano militar, el gobierno autorizó por decreto, sin pasar por el Congreso como exigen la Constitución y la Ley 25.880, el ingreso de tropas estadounidenses para los ejercicios Tridente, en 2025, y Daga Atlántica, este año. En septiembre, marines estadounidenses entrenaron en Ushuaia, donde Milei proyecta una base naval. La Argentina es, además, miembro fundador del Escudo de las Américas.

La relación, sin embargo, es cada vez más asimétrica. A fines de agosto, consultado por la prensa, Trump dijo que la postura estadounidense sobre Malvinas era “una de muchas” que estaba revisando. Londres respondió en el acto que la soberanía “reside en el Reino Unido”. Malvinas, para Washington, es apenas una ficha de negociación. Milei, que hizo del alineamiento automático su política exterior, no obtuvo nada concreto a cambio, salvo la incertidumbre.

¿Cómo puede impactar en su gobierno el resultado del 3 de noviembre? Por varias vías. La primera es financiera. Los demócratas cuestionaron el salvataje desde el primer día: presentaron un proyecto para impedir el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria en favor de la Argentina y, en febrero, la senadora Elizabeth Warren le exigió a Bessent que diera por terminado el acuerdo, denunciando que el Tesoro lo había dejado vigente pese a haberlo presentado como una ayuda de corto plazo. El Tesoro incluso se negó a hacer público el texto, alegando razones de seguridad nacional. Con mayoría demócrata en alguna de las cámaras, esos reclamos se convertirían en audiencias, citaciones y pedidos de documentos, y un nuevo rescate sería mucho más costoso en términos políticos.

La segunda vía es política. Milei construyó buena parte de su acumulación interna sobre una diplomacia de fotos con Trump. Un Trump debilitado, investigado y convertido en pato rengo devalúa ese capital simbólico. Milei eligió alinearse con una persona y una facción antes que con el Estado norteamericano. Las encuestas lo muestran encabezando la intención de voto para 2027, pero con una imagen partida al medio. El propio FMI advirtió que la incertidumbre política de cara a las presidenciales es uno de los principales riesgos del programa.

La tercera vía es más paradójica. Si Trump, acorralado en el frente interno, redobla la apuesta en el hemisferio, la Argentina puede quedar comprometida en aventuras que nada tienen que ver con sus intereses: una escalada sobre Cuba avalada por los socios del Escudo o nuevas presiones para cortar lazos con China. Y si, en cambio, los republicanos retienen el Congreso, Milei leerá el resultado como una confirmación de su apuesta y profundizará una subordinación que ya no tiene precedentes en nuestra historia, ni siquiera en tiempos de las relaciones carnales.

Una grieta en el muro

Como venimos sosteniendo, el Corolario Trump de la Doctrina Monroe expresa más la debilidad que la fortaleza de un imperio en declive relativo. El garrote reemplaza a la zanahoria porque la zanahoria escasea. Las elecciones del 3 de noviembre no decidirán el destino de América Latina: eso dependerá, en primer lugar, de la capacidad de los países de la región para reconstruir su coordinación política, hoy fragmentada, y para aprovechar los márgenes que abre un mundo cada vez más multipolar. Pero una derrota de Trump abriría una grieta en el muro de la Doctrina Donroe.

La historia de las relaciones interamericanas enseña que las fases de mayor coerción estadounidense suelen coincidir con los momentos de mayor articulación latinoamericanista. Lo que está por verse es si, esta vez, la región sabrá aprovechar esa grieta o si seguirá esperando que los cambios lleguen desde el Norte.

 

 

sábado, 3 de octubre de 2026

Elecciones en Brasil: cómo impactaría el triunfo de Lula o Bolsonaro en el escenario regional y mundial

Elecciones en Brasil: los votantes dirimen entre Lula o Bolsonaro. El resultado tendrá fuerte impacto en la región y el mundo. 

Elecciones en Brasil: cómo impactaría el triunfo de Lula o Bolsonaro en el escenario regional y mundial

Los candidatos representan proyectos políticos opuestos y un resultado favorable para uno u otro tendría consecuencias que exceden las fronteras del país. El historiador Leandro Morgenfeld analizó las posibles transformaciones para América Latina y el orden internacional ante cada uno de los desenlaces.

En diálogo con C5N, Leandro Morgenfeld, historiador, docente de la UBA e investigador del CONICET, analizó el escenario abierto por los comicios y recordó una frase de Richard Nixon: "'América Latina va donde va Brasil'. Sin duda, la definición de lo que pase en Brasil va a inclinar el mapa político regional", sostuvo.

Brasil es la principal economía de América Latina y, por tamaño territorial, población y capacidad comercial, ocupa un lugar central en cualquier discusión sobre integración sudamericana. Esa condición explica la importancia histórica del vínculo con Argentina y del Mercosur, pero también el interés de China, Estados Unidos y la Unión Europea sobre la orientación internacional que adopte el próximo gobierno.

Lula y Flávio Bolsonaro, las caras de la polarización.

Lula y Flávio Bolsonaro, las caras de la polarización.

Morgenfeld ubica la elección dentro de una disputa regional más amplia. "Estamos en un contexto en esta segunda presidencia de Trump de avance de los gobiernos de ultraderecha en la región, incluso la participación implícita de Estados Unidos en muchos procesos electorales", afirmó, antes de marcar una diferencia entre Brasil y México frente a Washington.

"Hoy, si bien hay muchos gobiernos de la región alineados con Trump, en los dos principales que son México y Brasil tienen gobiernos que plantean una política soberanista y no alineada con Trump, y por supuesto Brasil es el más importante de Sudamérica", explicó el historiador.

Lula, Bolsonaro y una nueva etapa para Brasil: qué pasará con México

Lula llega a esta elección después de haber gobernado Brasil durante dos mandatos consecutivos, entre 2003 y 2010, y de haber regresado al Palacio del Planalto en 2023. Su trayectoria estuvo atravesada por uno de los episodios más fuertes de la política brasileña reciente: permaneció 580 días preso, desde abril de 2018 hasta noviembre de 2019. En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló las condenas de la Operación Lava Jato al determinar que la Justicia Federal de Curitiba no era competente para juzgar esas causas.

El otro apellido central de la elección es Bolsonaro, aunque existe una diferencia fundamental: el candidato es Flávio, mientras que su padre, Jair, fue condenado en 2025 a 27 años y tres meses de prisión por delitos vinculados con la tentativa de golpe de Estado para impedir la asunción de Lula tras las elecciones de 2022.Para Morgenfeld, una victoria de Lula reforzaría el vínculo con el gobierno de México y el eje regional que, según su lectura, busca mayor autonomía frente a Estados Unidos. "Si Lula consigue la reelección, sin duda el eje que tiene con Claudia Sheinbaum va a verse fortalecido y va a tener un impacto regional muy importante", señaló.

Lula Da Silva va por la reelección en Brasil.

Lula Da Silva va por la reelección en Brasil.

En cambio, consideró que un triunfo de Flávio Bolsonaro modificaría ese equilibrio: "Si triunfa el hijo de Jair Bolsonaro, sin duda va a sumarse al escudo de las Américas y a pintar el continente de gobiernos de derecha y ultraderecha, y va a dejar muy aislado al gobierno de Sheinbaum".

Mercosur, China y Estados Unidos: qué está en juego

El resultado también tendrá consecuencias sobre el Mercosur, creado en 1991 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y sostenido desde entonces sobre una relación particularmente estrecha entre Buenos Aires y Brasilia. Para el analista, una continuidad de Lula ofrecería respaldo político a ese esquema de integración. "Sin duda, si gana Lula va a ser un espaldarazo para que el Mercosur siga siendo una opción para los países del Cono Sur", afirmó.

El docente vinculó esa discusión con la relación bilateral entre Argentina y Brasil y con las diferentes estrategias de inserción internacional. Recordó que Lula había impulsado en 2023 la incorporación de la Argentina a los BRICS, mientras que Javier Milei descartó ese ingreso al asumir la Presidencia. "Han planteado el eje Argentina-Brasil como un eje de articulación clave para empezar a pensar a América del Sur como un polo emergente en este mundo cada vez más multipolar", planteó.

Flávio Bolsonaro en campaña con su remera

Flávio Bolsonaro en campaña con su remera "Brasil sin miedo".

En el escenario contrario, el historiador advirtió que el bloque podría atravesar una etapa de mayor crisis: "Si en cambio gana Bolsonaro, yo creo que el Mercosur va a estar en su momento más débil". El planteo adquiere relevancia porque Brasil es el actor de mayor peso dentro del esquema regional y, además, mantiene una agenda comercial que excede ampliamente a sus vecinos.

China es actualmente el principal destino de las exportaciones brasileñas y también tiene un peso creciente en las importaciones, mientras Estados Unidos continúa siendo un socio comercial estratégico y la Unión Europea ocupa otro lugar central. En los primeros ocho meses de 2026, China concentró el 30,7% de las exportaciones brasileñas y el 26,4% de sus importaciones.

Por eso, el investigador también interpretó la elección como una discusión sobre el posicionamiento de Brasil frente a las grandes potencias. "Si gana Bolsonaro, va a tener una política absolutamente alineada con Estados Unidos", afirmó. Sobre una continuidad de Lula, en cambio, sostuvo: "Brasil está planteando una diversificación, sin romper con Estados Unidos, pero una diversificación de las relaciones no solo económicas, sino también políticas".

Esa estrategia "plantea un vínculo no solo con Estados Unidos y China, también con la Unión Europea, con India y con Rusia, con otros actores, polos emergentes en este mundo cada vez más multipolar", agregó Morgenfeld.

La religión y su relevancia en la captación de votos en los últimos años

La religión es otro componente de la disputa electoral. El Censo 2022 mostró que el 56,7% de los brasileños de 10 años o más se declaraban católicos y el 26,9% evangélicos, en un país donde el crecimiento de las iglesias evangélicas transformó su peso social y político durante las últimas décadas, a favor de los partidos más conservadores. Esa composición no determina por sí sola el voto, pero forma parte de las identidades que atraviesan la campaña.

La primera vuelta será este domingo y, si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos, habrá una segunda instancia el 25 de octubre. Morgenfeld consideró que una diferencia menor a cinco puntos entre los principales candidatos dejaría abierta esa definición: "Va a ser un escenario absolutamente abierto de cara a la segunda vuelta electoral".

En ese escenario, Brasil no solo definirá quién ocupará el Palacio del Planalto durante los próximos cuatro años: también pondrá en discusión el rumbo de la mayor potencia sudamericana frente al Mercosur, sus vecinos y las grandes potencias que disputan el dominio geopolítico del mundo.

 

 

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

Entrevista a Leandro Morgenfeld sobre Milei en EEUU, viaje 18, elogios a Trump y Netanyahu, críticas a Lula y papelón con Bloomberg

 

#LasPalabrasYLasCosas Entrevista con Leandro Morgenfeld 26-9-26

26 de septiembre, 2026 18:39


4 reproducciones

Marcos Cittadini entrevista al analista internacional Leandro Morgenfeld sobre el paso de Javier Milei en Nueva York y sus reuniones con funcionarios de Estados Unidos

martes, 8 de septiembre de 2026

Programa Interescuelas de Historia Mesa Nº 64: “Historia de las relaciones internacionales, de la integración regional y de la política exterior en América Latina, desde las independencias hasta la actualidad”

 


 


 

 

Mesa Nº 64: “Historia de las relaciones internacionales, de la integración regional y de la política exterior en América Latina, desde las independencias hasta la actualidad”

 

La mesa funcionará sólo el día Jueves 24/9


Jueves 8 a 12 hs.

 

Bloque 1: Entre las independencias y los Estados Nacionales. Las relaciones internacionales latinoamericanas en el siglo XIX

 

Giletta Carina FHUC-UNL – “Indicios de unidad desde los sectores subalternos: antecedentes en la coyuntura insurgente sudamericana de fines del siglo XVIII.”

 

Comenta: Julián Kan

 

Garese Juan Martín (IICS-UCA) – “Redes informativas y de inteligencia en la diplomacia norteamericana: una aproximación desde la correspondencia de Joel Robert Poinsett en Buenos Aires (1811)”

 

Comenta: Leandro Morgenfeld

 

Alberto Mariana (FHUC-UNL Universidad Nacional del Litoral) - "El seguro medio de consolidar la América, de hacerla respetable y de mantenerla tranquila, es la confederación” Una aproximación a los proyectos de unidad latinoamericana del siglo XIX desde la propuesta de Juan Egaña”.

 

Comenta Alejandro Simonoff

 

Kloster Mariano Ignacio UNMDP-CONICET – “El vínculo entre las Provincias Argentinas y Bolivia luego de Ayacucho (1825-1828)”.

 

Comenta: Leandro Morgenfeld

 

Bañuls Gabriel Hernán (UNMDP) – “La disputa por un ideal “americanista” entre rosistas y antirrosistas durante el Sitio de Montevideo

(1843-1851)”.

 

Comenta Julián Kan

 

Martín Manuel (ILH- FFyL–UBA) - “La historia, las armas y las letras: discusiones de la juventud porteña (1862-1870)”.

 

Comenta Julián Kan

 

Bloque 2: Política exterior argentina (siglos XX y XXI)

 

Rodas Vera Gabriel German (UNSJ-FFHA) – “Entre Moscú y Argentina: Leopoldo Bravo y las relaciones diplomáticas entre el peronismo y la URSS (1946–1953)”.

 

Comenta Alejandro Simonoff

 

Curci Lautaro Tomás CESPA/FCE/UBA, Gómez Teresita 6411253 CESPA/FCE/UBA – “El Comercio exterior bajo políticas desarrollistas (1958-1962)”

 

            Comenta Julián Kan

 

 

Jueves 14.30 a 19.30hs.

 

Bloque 2: Política exterior argentina (siglos XX y XXI) [continuación]

 

 

Pasos Lucrecia Cecilia (CERPI-IRI-UNLP) – “La política exterior del gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989): en torno a los derechos humanos, como sinónimo de una potencia moral”.

 

Comenta Julián Kan

 

Pasquariello Sebastian Fernando (UBA-FCE) – “Empresas españolas y poder blando en las relaciones hispano-argentinas de los años 90.”

           

Comenta: Alejandro Simonoff

 

Simonoff Alejandro Cesar (Idichs-UNLP) – “El globalismo soft y hard a la ofensiva conceptual para explicar la política exterior argentina”.

 

Comenta: Leandro Morgenfeld

 

Bloque 3: América Latina bajo la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional

 

Lucietto Franco Agustín (IPEHCS – UNCo – CONICET) – “Análisis comparado de la dimensión estratégica militar de la política exterior de Brasil, Chile y Perú durante la Distensión de la Guerra Fría (1962-1979)”.

 

Comenta: Alejandro Simonoff

 

Da Silva Carlos Alfredo (UNR) – “El intervencionismo estadounidense en el gobierno chileno de la Unidad Popular (1970-1973)”

 

Comenta Leandro Morgenfeld

 

Aguirre Guevara Emiliano Gabriel (FFyL-UBA / IRI-UNLP / AEN-CCC) – “La guerra como oportunidad. La búsqueda venezolana de complementariedad económica con Argentina”.

 

Comenta Julián Kan

 

Bloque 4:  Disputas geopolíticas recientes, transición hegemónica e integración regional

 

Kan Julián (UBA / IDEHESI-CONICET / UNSAM) – “¿En boxes? Historia y geopolítica actual del sector automotriz del MERCOSUR. Entre el acuerdo con la UE y el desembarco de las firmas chinas”.

 

Comenta Leandro Morgenfeld

 

Fernández Paula Daniela (UNILA) y Romero Fernando Gabriel (UNILA) – “China en América Central: relaciones en el marco de la disputa hegemónica”

 

Comenta Leandro Morgenfeld

 

Morgenfeld Leandro (UBA-IDEHESI-CONICET) – “Argentina ante el Corolario Trump de la doctrina Monroe: lecciones históricas y desafíos del presente”.

 

Comenta Alejandro Simonoff