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sábado, 30 de noviembre de 2019

El rol de la OEA en la ofensiva contra los gobiernos progresistas



Uruguay: Manini Ríos, un aliado de Lacalle Pou que genera alertas

30.11.2019

Por Telma Luzzani





El líder del partido ultraderechista Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, es uno de los socios más controvertidos del presidente electo Luis Lacalle Pou. Los medios uruguayos lo señalan como posible ministro de Salud. "La postura de Manini es contraria a los avances del Frente Amplio, como la regulación del aborto", dijo el analista Jorge Lanzaro.


Un día después de que el escrutinio definitivo diera como ganador del balotaje al candidato del Partido Nacional (PN), Luis Lacalle Pou, los medios uruguayos comenzaron a especular con los nombres del próximo gabinete de coalición. Guido Manini Ríos, el exjefe del Ejército y líder del ultraderechista Cabildo Abierto, suena como potencial ministro de Salud.
"Manini Ríos es una de las preocupaciones del nuevo gobierno. Queda abierta la pregunta de cuánto incidirán sus posturas y las de sus seguidores en la gestión de gobierno".

"Uruguay ha avanzado mucho en la regulación del aborto. La legislación ha bajado considerablemente las condiciones de riesgo de las mujeres. En temas de derechos y de la agenda democrática la cartera de Salud es muy importante. Y la postura de Manini Ríos es contraria a los avances del Frente Amplio", remarcó Jorge Lanzaro, doctor en Ciencia Política por la Universidad de París.



© REUTERS / ANDRES CUENCA OLAONDO


En tanto, el senador Jorge Larrañaga, quien promovió un polémico plebiscito en materia de seguridad, es señalado como el próximo ministro de Interior. "No hay que olvidar que el PN tiene una bancada parlamentaria del orden del 30 por ciento. La votación del PN no es la del balotaje. Dentro de esa bancada Lacalle tiene un liderazgo, pero está la presencia de Larrañaga, que representa al otro sector importante dentro del PN. Efectivamente ahí hay un juego de relaciones de poder, pero es difícil que Larrañaga pueda avanzar en el terreno que planteó. Su propuesta no fue acompañada por la ciudadanía, ni por la calle ni por otros sectores de la coalición de gobierno", dijo Lanzaro al respecto.


Por otra parte, el presidente electo ya adelantó cambios en materia de política exterior. De hecho, este viernes calificó de "vergüenza" la posición del gobierno saliente de Tabaré Vázquez en torno a Venezuela.
"Vamos a ver correcciones en las relaciones con los países. Pero si bien esta alternancia no es trivial, no creo que sea una alternancia radical o drástica en los distintos terrenos. Eso es porque las propuestas de los candidatos de oposición, de Lacalle y de Ernesto Talvi, probablemente el próximo ministro de Relaciones Exteriores, serán moderadas".

"Esta ha sido una elección en la que ha quedado muy bien plantada la civilización política uruguaya: por ser competitiva y porque el ganador no gana por mucho y el perdedor no pierde por mucho. La bancada del FA en el Congreso es importante", recordó el académico del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República.

El rol de la OEA en la ofensiva contra los gobiernos progresistas

El historiador Leandro Morgenfeld, autor de los libros Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina y Relaciones peligrosas: Argentina y Estados Unidos, analizó el papel que juegan la OEA y su actual secretario general, Luis Almagro, en la agitada actualidad latinoamericana.
"La gestión de Almagro hay que entenderla como parte de la ofensiva de EEUU contra los gobiernos progresistas. Fidel Castro, ya en los '60, habló de la OEA como un ministerio de Colonias de EEUU. Siempre ha actuado más de acuerdo a los intereses del Departamento de Estado que como un foro".

"Pero el papel de Almagro es lamentable. Fue el ariete contra el gobierno de Venezuela en los últimos meses, con varios intentos de desestabilización, uno muy fuerte a finales de abril. Esto termina de confirmarse con la crisis en Bolivia y el golpe de Estado contra Evo Morales", sostuvo.



© AP PHOTO / JUAN KARITA


Morgenfeld cuestionó que la OEA admitiera no tener listo el informe final sobre las elecciones en Bolivia, el mismo que desencadenó las protestas contra Morales y terminó con el golpe de Estado en su contra. "No es un organismo técnico. Almagro acusó al propio Evo Morales. Dijo que había un autogolpe por un fraude que la OEA no pudo demostrar. En Bolivia no hay un golpe blando o parlamentario, sino uno hecho y derecho, con los militares que obligan a renunciar al presidente y avalan a grupos de choque, y sin mayoría convocan a una reunión de diputados que autonombra a una presidenta sin legitimidad institucional, Jeanine Áñez. La OEA la reconoce. No solo avaló el golpe, sino que reconoció al gobierno de la autoproclamada presidenta", aseveró.

Por esta razón, el historiador afirmó que "hay que volver a poner en el eje de discusión el retomar la cooperación política regional".
"Fue muy burda toda esta operación en Bolivia, pero entendemos por qué apostaron por destruir la Unasur. Quebraron un organismo muy importante cuando en 2008 la Media Luna rica de Bolivia quiso dividir al país en dos. La Unasur pudo solucionar pacíficamente ese conflicto".

"Lo mismo con la rebelión policial de 2010 en Ecuador. Luego medió en el conflicto entre Venezuela y Colombia. EEUU y sus gobiernos aliados buscaron debilitar a los organismos como Unasur para reposicionar a la OEA, el organismo que defiende los intereses de EEUU con un leve barniza multilateral", dijo Morgenfeld.



© REUTERS / DAVID MERCADO

En el programa se informó a su vez acerca de la derogación del polémico decreto que eximía a los militares de responsabilidades penales durante la represión en Bolivia; la amenaza del ministro de Interior boliviano, Arturo Murillo, a una delegación argentina que viajó al país sudamericano en solidaridad con los manifestantes; el uso desproporcionado de la fuerza durante las protestas ocurridas en Ecuador en octubre, según un informe de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos; la muerte de al menos 50 personas en los últimas dos días en Irak en el marco de las movilizaciones antigubernamentales, lo que obligó al primer ministro Adel Abdul Mahdi a anunciar su renuncia; y la acusación del líder laborista británico Jeremy Corbyn contra el primer ministro Boris Johnson por la privatización del sistema de salud.

jueves, 28 de noviembre de 2019

AMÉRICA LATINA EM CONVULSÃO, por Leandro Morgenfeld

América Latina em convulsão

Região enfrenta os efeitos da era Trump em orquestradas crises de ordem política, econômica e social

TEXTO LEANDRO MORGENFELD, DE BUENOS AIRES
TRADUÇÃO EDUARDO CESAR MAIA
28 de Novembro de 2019
Protesto na Embaixada dos EUA, na Cidade do México, no dia 15 de novembro, contra a deposição de Evo Morales da Bolívia

Protesto na Embaixada dos EUA, na Cidade do México, no dia 15 de novembro, contra a deposição de Evo Morales da Bolívia
Foto Cristian Leyva/NurPhoto/AFP
[conteúdo exclusivo Continente Online]
Nas últimas semanas, nossa América vem atravessando uma onda de rebeliões populares e de instabilidade política, econômica e social. Às crises no Peru, Haiti e Equador, somaram-se o levante no Chile e os protestos da direita boliviana que não aceitou o triunfo eleitoral de Evo Morales, fato que levou, no dia 10 de novembro, a um golpe de Estado cívico-policial-militar que chocou toda a região. Poucos dias antes das eleições na Argentina, Bolsonaro ameaçou excluir seu principal sócio no Mercosul se Alberto Fernández vencesse o pleito, como terminou de fato acontecendo no dia 27 de outubro. No Brasil, o partido político que levou o ex-militar ao poder sofre uma profunda crise interna, enquanto cresce a incerteza política após a libertação de Lula. O continente sul-americano está convulsionado.

O fracasso das políticas neoliberais promovidas pelo Fundo Monetário Internacional (FMI), a fragilidade dos governos de direita e o protagonismo do povo, que recupera a memória histórica das rebeliões populares que mudaram o mapa político há 20 anos, mostram que a hegemonia neoconservadora não era robusta. É preciso olhar mais para as ruas e os movimentos populares, e não tanto para a “alta política” (ou não somente para ela), a fim de entender a correlação de forças.

Nesse contexto, a derrota de Macri – que mergulhou a Argentina em uma profunda crise econômica e social –, e a chegada de Fernández à Casa Rosada podem implicar em um reequilíbrio político no âmbito regional. Já como presidente eleito, ele escolheu o México para sua primeira excursão internacional e, na segunda-feira 4 de novembro, foi recebido por Andrés Manuel López Obrador, junto a quem promove um eixo progressista em torno do Grupo de Puebla
. Que impacto terá na América Latina a surpreendente virada política que acaba de ocorrer na Argentina? Como a região vai processar a crescente ingerência dos militares e a volta dos golpes de estado, como o que acaba de acontecer na Bolívia?

O GOLPISMO DO SÉCULO XXIA imagem de Jeanine Áñez, uma presidente autoproclamada por um congresso sem quórum, recebendo os atributos presidenciais por parte dos militares que derrocaram o mandatário constitucional, é clara: o que ocorreu na Bolívia foi um golpe. Um golpe classista, racista, patriarcal e colonial que não só destituiu Evo Morales, mas desestabiliza e põe em perigo toda a América Latina.

Mais do que nos determos em questões institucionais, legais, e numa conjuntura que muda o tempo todo, num processo ainda não encerrado – cresce a resistência popular –, devemos tentar entender o que há por trás. Estamos num momento crucial do processo de transição hegemônica, com um declínio norte-americano, mas sem que se vislumbre ainda, com claridade, como será a nova ordem global. A América Latina e o Caribe, no atual cenário de disputa geopolítica, geoeconômica e geoestratégica entre Estados Unidos, China, União Europeia e Rússia, compõem uma região fundamental para a pretensão norte-americana de seguir conservando sua primazia.

Por que Donald Trump, como admitiu no comunicado da Casa Branca da segunda-feira 11 de novembro, estava tão interessado na derrocada do governo boliviano? Nunca vão perdoar Evo pela nacionalização dos hidrocarbonetos, por sua contribuição na construção de uma integração regional alternativa, por sua mobilização, junto a Hugo Chávez, contra a Área de Livre Comércio das Américas (Alca) em Mar del Plata, em novembro de 2005, por ser o primeiro presidente de origem camponesa e sindical, e por ter expulso da Bolívia o DEA , a CIA, a USAID e até o embaixador de Estados Unidos, quando interferiu em assuntos internos.

Evo estava certo quando denunciou que os EUA estavam por trás de sua derrubada. O agora ex-conselheiro de Segurança Nacional, John Bolton, reivindicou há seis meses a Doutrina Monroe , quando endossou a tentativa de golpe de Juan Guaidó na Venezuela. Em dezembro do ano passado, sugeriu a existência de uma troika da tirania integrada pelos governos bolivarianos. Para Washington, é estratégico derrotar Evo, sufocar a revolução cubana através do bloqueio, promover uma guerra civil na Venezuela e recorrer a Daniel Ortega na Nicarágua. Conseguiram que seus aliados tirassem o PT do poder no Brasil. Agora tentarão avançar para desmantelar o novo eixo progressista Argentina-México e destronar qualquer um que questione a proeminência política, econômica, militar, cultural, diplomática e ideológica em seu quintal.

O CONTEXTO ARGENTINONa terça 12 de novembro, Alberto Fernández respondeu com palavras duras ao governo dos Estados Unidos, que horas antes havia aplaudido a ação dos militares que “sugeriram” a renúncia de Evo Morales: “Não estou de acordo com o que o Departamento de Estado dos Estados Unidos disse. Aqui não há exército vitorioso e não é verdade que a democracia tenha sido garantida. Pelo contrário, ela foi atacada. Em minha opinião, os Estados Unidos retrocederam décadas e voltaram ao pior dos anos de 1970, quando apoiaram intervenções militares contra governos eleitos democraticamente”. O presidente eleito da Argentina planeja uma política exterior diametralmente oposta à de Mauricio Macri, o qual está prestes a abandonar a Casa Rosada.

Macri é o primeiro presidente argentino a tentar e não conseguir sua reeleição. No dia 27 de outubro, perdeu no primeiro turno, em meio a uma profunda recessão econômica – em 2018, o Produto Interno Bruto argentino caiu 3,5% (e este ano cairá pelo menos mais três pontos), a pobreza terminará em 40% e a inflação em 60%, além de aumentar o desemprego, a miséria, a queda do consumo e da atividade industrial). Contudo, o triunfo de Alberto Fernández não somente expõe a catástrofe econômica e social causada pelo acordo com o FMI – por 57 milhões de dólares, o mais alto da história –, mas também os péssimos resultados obtidos pela forma com que se estabeleceu a inserção internacional da Argentina.


O presidente eleito na última eleição argentina, Alberto Fernández, posa ao lado das ativistas pró-aborto. Foto: Esteban Collazo/Alberto Fernandez Press Office/AFP

A política exterior da Alianza Cambiemos (coalização política de direita criada em 2015 e renomeada este ano de Juntos por el Cambio) – contra tudo o que o marketing da Casa Rosada buscava mostrar com o slogan reeditado “Voltamos ao mundo” – evidencia uma série de fracassos, mesmo em seus objetivos explícitos. Macri não conseguiu aumentar as exportações (não nos transformamos no “supermercado do mundo”) nem atrair capitais que não fossem meramente especulativos (a “chuva de investimentos” foi, na verdade, um longo período de seca). Após pagar o que demandavam os “fundos abutres” em 2016, houve uma escalada de endividamento, até que a corrida de 2018 obrigou a recorrer ao FMI, que outorgou o maior empréstimo de toda a história. Foi o primeiro presidente a provocar o default de sua própria dívida. Levando em conta os vencimentos dos próximos quatro anos e as sérias dificuldades para renegociar, após os mais de 180 bilhões de dólares tomados em empréstimo nos últimos três anos, o futuro argentino parece bastante obscuro. Hoje, a dívida pública ascende a quase 95% do PIB.

Macri, além disso, serviu à estratégia política da Casa Branca de fragmentar o máximo possível a região, seja ignorando a Comunidade de Estados Latino-Americanos e Caribenhos (Celac) – nunca participou em suas cúpulas de líderes, seja destruindo a Unasur (União de Nações Sul-Americanas) – a Argentina se retirou quando a Bolívia assumiu a presidência temporariamente, ou ainda transformando o Mercosul numa mera plataforma para a abertura comercial – cuja “conquista” máxima, o recém-anunciado acordo com a União Europeia, tampouco prosperará, após o veto recente no parlamento austríaco.

Macri endossou a política de Trump de perseguição à Venezuela – votou a favor de ativar o Tratado Interamericano de Assistência Recíproca (Tiar) contra Caracas; reforçou iniciativas alinhadas com Washington – como o Grupo de Lima ou o Prosur ; e foi útil ao reposicionamento da Organização dos Estados Americanos (OEA) como foro privilegiado, em detrimento das instâncias latino-americanas. Agora, negou-se a qualificar o que ocorreu na Bolívia como golpe de Estado, apesar das fortes críticas de quase todos os matizes políticos da Argentina, inclusive da União Cívica Radical (UCR), o centenário partido que é, aliás, seu sócio principal na Cambiemos.

Nas Nações Unidas, a Argentina aprofundou o alinhamento com os Estados Unidos. Em 2016, o governo de Macri coincidiu em 52% das votações com o de Obama, de forma similar ao Chile e ao Brasil (56%). Já em 2017, quando o chanceler Jorge Faurie substituiu Susana Malcorra, em 59% das vezes se alinhou a Trump, diferentemente de Santiago e Brasília, que caíram a 44%. Mais alinhados com Washington do que nossos vizinhos.

Sem brilho também foi sua última participação na Assembleia Geral das Nações Unidas, em setembro passado. Mesmo antes de viajar, já recebeu críticas, após a rejeição da ONU à reforma migratória que Macri promoveu por decreto em janeiro de 2017, afirmando que “não cumpre com os requisitos básicos da Convenção de Genebra”.

Em seu último discurso em Nova York, Macri não sugeriu a necessidade de uma saída pacífica para a crise venezuelana, que respeitasse os princípios de não-intervenção e de autodeterminação dos povos. Pelo contrário, alinhou-se aos Estados Unidos na reunião de chanceleres de países do Tiar, ao compartilhar a estratégia de asfixiar Caracas boicotando as negociações entre o chavismo e parte da oposição. Tampouco denunciou o desastre ambiental na Amazônia, para proteger seu sócio Bolsonaro, nem a crise humanitária que sofrem os imigrantes latino-americanos nos Estados Unidos, acossados por Trump. Insistiu em endurecer os ataques contra o Irã, em linha com os falcões de Washington.

ESTRATÉGIAS NORTE-AMERICANASO avanço das direitas na região, que se aprofundou após o triunfo eleitoral de Mauricio Macri em 2015, serviu ao objetivo dos Estados Unidos de derrotar qualquer projeto alternativo de coordenação e cooperação política fora do comando de Washington.

A Unasur serviu, em 2008, para frear a secessão promovida pela camada rica da população que se levantou contra Evo Morales na Bolívia, e, em 2010, para evitar que uma rebelião policial terminasse com o governo de Correa no Equador. Serviu ainda para encontrar uma solução pacífica ao conflito entre Colômbia e Venezuela. Em outras palavras: a Unasur atuou para dirimir os conflitos regionais sem a onipresença dos Estados Unidos através da OEA, cuja sede, não por coincidência, se encontra em Washington, a poucos metros da Casa Branca.

A gravidade da destruição desse organismo, decidida em 2018, quando a Bolívia assumiu a presidência pro tempore, é compreensível finalmente a partir dos acontecimentos que chocaram a região nestas semanas. Nossa América atravessa uma onda de rebeliões populares e de instabilidade política, econômica e social. Washington foi hábil: operou junto a seus aliados locais para paralisar a Celac e dinamitar a Unasur; promoveu, através de seus aliados-vassalos, a Aliança do Pacífico, durante o governo Obama; fez o mesmo com o Grupo de Lima para fustigar a Venezuela (do qual Alberto Fernández prometeu sair, apesar das pressões contínuas dos enviados do Departamento de Estado); e, finalmente, fomentou o Prosur, lançado por Piñera este ano e cujo futuro, após estas semanas, é claramente sombrio.

Por trás dessas iniciativas, o objetivo dos Estados Unidos é reposicionar a OEA, qualificada nos anos de 1960, por Fidel e por Che Guevara, como um “ministério de colônias” dos Estados Unidos. Seu atual secretário-geral, Luis Almagro, ocupa-se de atacar a Venezuela há anos. Recentemente, a pedido do governo dos Estados Unidos e de seus aliados, convocou uma reunião, não para repudiar o golpe cívico-policial-militar na Bolívia, mas para acusar Evo de ser responsável por um “autogolpe”. Nunca o cinismo ficou tão exposto.

A América Latina enfrenta grandes perigos na atualidade, no momento em que o declínio relativo dos EUA se traduz, paradoxalmente, como disse Evo Morales, “numa maior agressividade imperial”, com alguns elementos novos. No lugar das invasões militares diretas, como as que sofreram o Afeganistão e o Iraque em 2002 e 2003, os casos da Síria e Ucrânia mostram o funcionamento de novas estratégias e táticas, como as denominadas “guerras híbridas”.

Através de grupos paramilitares, guerra psicológica, corporações midiáticas, processos judiciais, pressões diplomáticas, penetrando nas forças de segurança e de defesa, manipulando organizações e movimentos sociais mediante uma rede de ONGs bem-financiadas, com golpes de mercado ou manipulando os processos eleitorais, os Estados Unidos seguem perseguindo os objetivos do século XX: controlar os territórios e suas populações para se apropriar de seus recursos e de seus mercados.

GRUPO DE PUEBLAO triunfo de Fernández, na Argentina, deu impulso ao Grupo de Puebla, que reuniu, em julho, mais de 30 líderes regionais com a ideia de promover uma série de agendas progressistas que tenham a ver com os problemas de distribuição de renda, o respeito à soberania de cada país e a resolução pacífica dos conflitos. Nos dias 8, 9 e 10 de novembro, realizou-se o segundo encontro desse grupo em Buenos Aires, que passou rapidamente de festejar a libertação de Lula a condenar o golpe na Bolívia. Na quarta, 13, Evo e Álvaro García Linera, asilados no México, anunciaram sua incorporação a este foro, no qual também participam outros ex-mandatários derrocados ou perseguidos, como Dilma, Lula, Correa ou Lugo.

Em um momento de ofensiva dos Estados Unidos, é importante que se estabeleça uma voz autônoma na região, que se recuperem princípios básicos no sistema interamericano, como o de não intervenção nos assuntos internos dos países, de solução pacífica das diferenças e de autodeterminação dos povos. A América Latina deve seguir sendo uma “zona de paz”.



Neste cenário, o Grupo de Puebla deve exercer um papel fundamental. Fernández falou nas horas posteriores ao golpe com os presidentes do México, do Peru e do Paraguai para negociar o asilo político de Evo Morales e evitar um magnicídio. Do México, Evo declarou: “O golpe de Estado foi uma conspiração política e econômica dos EUA. Condenamos à decisão de Trump de reconhecer o governo de fato, e autoproclamado pela direita com a cumplicidade da polícia e forças armadas”. Também afirmou que a OEA “não está a serviço dos povos latino-americanos, está a serviço do império norte-americano. Dever-se-ia mudar o nome e colocar Organização de Estados do Norte, e não da América.”

Vendo o papel de Luis Almagro na OEA – argumentou que Evo havia realizado um “autogolpe” – entende-se por que os aliados de Trump trabalharam para destruir a Unasur, que outrora permitiu que se resolvesse pacificamente, sem a onipresença norte-americana, conflitos na Bolívia, no Equador, na Venezuela e na Colômbia, que atualmente também enfrenta sua crise. Macri, Temer, Duque (Colômbia), Piñera e Lenin Moreno (Equador) foram cúmplices desse dano irreparável, ao se retirar da Unasur em 2018 e, agora, ao se negar a condenar o golpe cívico-policial-militar na Bolívia.

O continente está convulsionado e em disputa. Os Estados Unidos pretendem sustentar seu domínio, inclusive por meio de golpes. Os povos resistem. A integração latino-americana autônoma é mais necessária do que nunca. Uma grande incógnita é como se processará a relação entre Argentina e Brasil, levando em conta a péssima relação entre Bolsonaro e Fernández. O primeiro se envolveu na campanha eleitoral da Argentina, apoiando Macri e pedindo que não votassem no kirchnerismo. O agora eleito presidente argentino visitou Lula na prisão e participou da campanha internacional pela sua libertação. O presidente brasileiro não irá à posse de Fernández no dia 10 de dezembro, quando se espera a presença de Lula. Além de serem sócios comerciais estratégicos, é importante acompanhar de perto a evolução do vínculo Brasília-Buenos Aires. Enquanto isso, o futuro presidente da Argentina tenta recuperar uma perspectiva de coordenação e integração política latino-americana, abandonada por Brasília desde a concreção do golpe parlamentar contra Dilma Rousseff, há três anos.

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Extra:
Vá além lendo entrevista com o autor deste artigo AQUI.
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LEANDRO MORGENFELD é doutor em História na Argentina. Professor da Universidade de Buenos Aires (UBA). Investigador do Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) e cocoordenador do GT Clacso Estudos sobre os Estados Unidos. Autor de Bienvenido Mr. President – De Trump a Roosevelt: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina (Buenos Aires: Ed. Octubre). Dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com.

EDUARDO CESAR MAIA, crítico literário, mestre em Filosofia, doutor em Teoria da Literatura e professor da UFPE.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

"Se esperaba una reacción regional de rechazo a un golpe de Estado en Bolivia"


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November 12, 2019 

Entrevista con el historiador Leandro Morgenfeld (Docente UBA) sobre la interrupción del gobierno constitucional que encabezaba Evo Morales.
Entrevistado: Leandro Morgenfeld
Entrevistador en piso: Marcos Clavellino
Producción: Rosario Sandoval y Martín Madroñal

- escuchá la entrevista ACÁ




viernes, 20 de septiembre de 2019

Estados Unidos activó el TIAR contra Venezuela





Estados Unidos activó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para justificar una posible intervención militar en Venezuela. El especialista Leandro Morgenfeld dialogó con Barricada TV sobre sus orígenes y los peligros de agredir a un país soberano.

BARRICADA TV 32.1 TDA, 20 de septiembre de 2019


lunes, 12 de agosto de 2019

La derrota de Macri y la esperanza de Nuestra América

La derrota de Macri y la esperanza de Nuestra América

Donald Trump jugó en la elección argentina en forma abierta y descarada, contra todo uso y costumbre. Su intento por mantener el control del “patio trasero” fracasó ya que los vientos políticos regionales parecen estar cambiando.

Leandro Morgenfeld (Notas)

La derecha regional, subordinada acríticamente a Donald Trump, hace tres años que insiste con el fin de la “marea rosa”, con el giro político conservador definitivo de la región, luego del ciclo abierto por las rebeliones populares de principios de siglo y el NO al ALCA en Mar del Plata, que había habilitado una coordinación y cooperación política e integración regional inéditas en Nuestra América.
Sin embargo, esta lectura era sesgada, parcial, incompleta. Como dijo recientemente el analista internacional Juan Gabriel Tokatlian, a pesar del apoyo de Trump, los sectores más conservadores no lograron consolidar una “hegemonía robusta” en América Latina.
Es cierto que el triunfo electoral de Mauricio Macri, en noviembre de 2015, fue el inicio de un vuelco a la derecha. Pocos días después la oposición antichavista lograba un triunfo inusual en las elecciones legislativas en Venezuela, en febrero de 2016 Evo Morales perdía el referéndum para habilitar su reelección en Bolivia, Rafael Correa anunciaba que no iría por un nuevo mandato en Ecuador, se iniciaba el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff en Brasil y ganaba sorpresivamente el “No” en el plebiscito sobre los acuerdos de paz con las FARC en Colombia.
Pero ese diagnóstico ignoraba otros procesos con resultados contrarios. Los halcones de Washington no lograron en Venezuela consolidar un golpe de Estado ni una intervención militar al mando del Pentágono y la CIA; en Colombia, si bien el uribista Iván Duque ganó las elecciones el año pasado, la novedad fue que Gustavo Petro logró un resultado inédito en el ballotage, con una opción de centroizquierda que superó el 40% y que lo deja bien posicionado para el futuro; y en México, Andrés Manuel López Obrador quebró décadas de hegemonía del PRI y el PAN en una elección histórica que modificó la correlación de fuerzas regional.
Claro que la llegada al poder de Jair Bolsonaro implica una regresión brutal en Brasil y una subordinación a EE.UU. que casi no registra antecedentes históricos. Pero ese resultado electoral sólo fue posible porque el ilegítimo Michel Temer y el partido judicial, acaudillado por el juez Sergio Moro, encarcelaron y proscribieron escandalosamente al principal candidato, Lula, que encabezaba todas las encuestas. Su gobierno enfrenta el descrédito internacional, interminables tensiones internas y una situación económica crítica, que horada la base de apoyo que supo cosechar hace solo algunos meses.
Como dijo Álvaro García Linera en noviembre pasado, en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico de CLACSO, “tenemos un neoliberalismo fallido de corto aliento y un mundo incierto. Se ha agotado el combustible neoliberal, este es un neoliberalismo zombie”
Por eso la elección argentina era clave. Trump jugó en favor de la reelección de Macri en forma abierta y descarada, contra todo uso y costumbre.
A través del FMI, habilitó 57 mil millones de dólares para financiar una artificial estabilidad financiera con el objetivo de darle oxígeno a la Casa Rosada hasta octubre. En EE.UU. el poder Ejecutivo, el Congreso, Wall Street, los principales think tanks y las corporaciones periodísticas apoyaron explícitamente al candidato de Juntos por el Cambio, como no se veía desde 1946, cuando el embajador Braden disparó toda su artillería para intentar evitar el triunfo de Juan Domingo Perón. La Casa Blanca hasta convenció a Bolsonaro de que viajara en julio a Buenos Aires para inmiscuirse en la elección de la Argentina. Un papelón diplomático que traerá consecuencias. El secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, visitó la Argentina hace menos de un mes, para ratificar este respaldo, con la excusa de una cumbre antiterrorista.
Sin embargo, en estas elecciones quedó demostrado que con el apoyo del establishment financiero y político internacional no alcanza. La palmada en la espalda de los jefes de las potencias occidentales y de los burócratas del Fondo son indigeribles para un pueblo indómito como el argentino.
El caballito de batalla de Macri, “volvimos al mundo”, terminó siendo impotente frente al desplome económico y la catástrofe social. Casi un boomerang. Reforzó la correcta percepción de que Macri gobierna para el FMI, para los grandes bancos y los socios locales de las grandes corporaciones trasnacionales.
Su última jugada fue apostar por los tratados de libre comercio, como el alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea, desventajoso en todo sentido y ahora de improbable ratificación parlamentaria. En el país donde más se batalló para derrotar al ALCA, suponer que un acuerdo de este tipo podía rendirle frutos electorales muestra una vez más su miopía política.
El sorprendente resultado electoral en las elecciones del 11 de agosto abre una oportunidad histórica para recuperar la iniciativa regional de las fuerzas populares y democráticas: para lograr la libertad de Lula y el fin del autoritarismo en Brasil, para buscar una salida pacífica y negociada en Venezuela -pese al boicot de Trump-, para reclamar el fin del bloqueo a Cuba y para recuperar la UNASUR y la CELAC
Es que así como en 2015 el triunfo de Macri empoderó a las derechas regionales y puso en terapia intensiva a los organismos regionales como la UNASUR y la CELAC, su debacle electoral del domingo va a potenciar las posibilidades de una victoria en octubre de Evo Morales en Bolivia y del Frente Amplio en Uruguay.
Los vientos políticos parecen estar cambiando nuevamente. Como dijo Álvaro García Linera en noviembre pasado, en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico de CLACSO, “tenemos un neoliberalismo fallido de corto aliento y un mundo incierto. Se ha agotado el combustible neoliberal, este es un neoliberalismo zombie”.
Trump intenta reimponer la “doctrina Monroe” para retener el control de su “patio trasero” en un contexto de declinación hegemónica y ascenso de China. Macri venía siendo funcional a la histórica estrategia de EE.UU. de fragmentar a los países de la región para dominarlos más fácilmente: divide y reinarás.
El ahora derrotado presidente argentino apoyó la política estadounidense de restaurar el poder de la decadente Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, denunciada hace más de medio siglo por el Che Guevara como el “ministerio de colonias” de la Casa Blanca. El domingo a la noche, esa posición claudicante entró en crisis en Argentina.

El sorprendente resultado electoral en las elecciones del 11 de agosto abre una oportunidad histórica para recuperar la iniciativa regional de las fuerzas populares y democráticas: para lograr la libertad de Lula y el fin del autoritarismo en Brasil, para buscar una salida pacífica y negociada en Venezuela -pese al boicot de Trump-, para reclamar el fin del bloqueo a Cuba y para recuperar la UNASUR y la CELAC. Empezó otro capítulo en la histórica busqueda latinoamericana de construir la patria grande.


lunes, 23 de abril de 2018

La salida de la UNASUR. "Una decisión irracional". Por Nicolás Comini. Escriben también Carmona y Colombo Sierra

 
Opinión
Una decisión irracional
Desde su llegada al poder, la administración Macri prometió imprimirle pragmatismo a la política exterior y librarla de todo sesgo ideológico. Racionalidad, ante todo, para reinsertar inteligentemente al país en el mundo. Su salida de la Unasur termina de demostrar exactamente lo opuesto: la priorización de una estrategia de inserción regional y global marcadamente ideologizada y diagramada de forma endeble en ciertos aspectos.
Ahora bien, si la racionalidad implica una facultad pensante superior a la emoción y la voluntad, es posible admitir que el abandono del bloque es, como mínimo, emocional y basada en una fe inteligible al común de las personas. Es una decisión, que, incluso, contradice el núcleo central del discurso del oficialismo en al menos dos sentidos.
En primer orden, porque hecha por tierra la idea del ya mencionado pragmatismo. Esto sucede en un triple sentido. Por un lado, porque mientras la responsabilidad del estancamiento del bloque es achacada al deslegitimado eje bolivariano, nada parecería estar pasando en países como Brasil, Perú o Colombia. Todos los países del bloque son corresponsables de la actual situación. Por otro, porque una inserción racional y verdaderamente inteligente debería implicar intentar capitalizar la totalidad de la arquitectura regional al alcance de la mano, la cual abarca desde la OEA hasta la Celac, la Aladi, el Mercosur, la AP y, por supuesto, la Unsaur. Cada plataforma podría contribuir a potenciar la capacidad de Argentina de incidir en la definición de la agenda regional. Y, finalmente, porque incluso si lo hubiese intentado, Argentina podría haber utilizado a la Unasur para presionar al gobierno de Maduro ya que ha mantenido durante todo el año la presidencia. Sin embargo, se optó por inutilizarlo y enfocarse en el Grupo de Lima, espacio conformado, entre otros, por Honduras, cuyo presidente Juan Orlando Hernández Alvarado fue acusado por la OEA de haber ganado de forma fraudulenta las elecciones presidenciales del año paso.
En segundo lugar, porque atenta contra la credibilidad del discurso de los círculos concéntricos, según la cual, América Latina es el ámbito prioritario de proyección del país. En el marco de la próxima cumbre del G-20, el gobierno nacional ha promulgado una y otra vez la necesidad de imprimirle una mirada latinoamericana a la agenda del grupo. Esto significa trasladar las demandas de los demás países no miembros (solo participan del G-20 Argentina, Brasil y México) a la cumbre presidencial. ¿Cómo puede hacerse esto sin la existencia de mecanismos multilaterales regionales activos? ¿Qué representatividad puede tener un posicionamiento que solo involucre las miradas de los gobiernos amigos? Unasur podría haber sido un espacio ideal para recolectar las perspectivas de los países de América del Sur. Sin embargo, vuelve a quedar en claro que lo que importa es más la imagen que el contenido y que los títulos importan más que la sustancia. Lo que se busca es venderles una imagen latinoamericanizadora a los verdaderos socios prioritarios de esta estrategia de inserción: las grandes potencias extrarregionales, que, se sigue pensando, algún día incrementarán sus inversiones en el país y ampliarán la cartera de productos argentinos importados.
Dicho esto, puede concluirse que el mayor de los problemas ni siquiera está en los puntos anteriormente señalados. Lo inentendible del abandono de la Unasur radica, sobre todo, en las consecuencias. ¿Se habrá tenido en cuenta la enorme cantidad de proyectos y compromisos bilaterales y multilaterales que se encuentran en marcha en el seno del bloque? ¿Y que dentro de esa agenda hay instituciones formales que cuentan con presupuesto, infraestructura y trabajadores? ¿O que se pierde una instancia en la que se abordan problemáticas que no se tratan en ningún otro foro? Desde el Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa al Instituto de Salud o la propia Secretaría General.
Más allá de si esta implica (o no) una nueva forma de presión para lograr una designación de secretario general, lo cierto es que más que pragmatismo y desideologización, lo que parece primar es la emocionalidad de un discurso demagógico que no libra a Argentina de ningún peso real. Lo que evidencia, en cambio, son las dificultades para lidiar con la pluralidad en el campo de los hechos y la falta de recursos simbólicos para resolver problemas al interior de la región.  

* Doctor en Ciencias Sociales, UBA.

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Opinión
El golpismo llegó a la Unasur

La decisión de abandonar “temporalmente” la Unasur adoptada por Macri y otros cinco presidentes suramericanos constituye el más grave retroceso en el proceso de integración regional en las dos últimas décadas. En la Unasur se ha producido un golpe institucional llevado adelante por hombres que antes denostaban una supuesta ideologización en las instituciones de la integración y que ahora buscan destruirlas por motivaciones de naturaleza ideológica. El objetivo golpista no es cambiar una conducción sino destruir su institucionalidad mediante un típico golpe blando.
Unasur ha sido la más potente iniciativa regional por su impulso al desarrollo de los países miembros, sus políticas integradoras en infraestructura, salud, energía, defensa, etc., y la promoción de la ciudadanía suramericana. Ha jugado un importante papel en el mantenimiento de la paz en la región –como ocurrió en el conflicto entre Colombia y Venezuela en 2010 que evitó una guerra– y en la preservación de la democracia frente a los intentos golpistas en Bolivia en 2008 y Ecuador en 2010. Existen más que sobrados motivos para mantenerla vigente y potenciarla como instrumento en favor de la integración. La realidad es que sus objetores no necesitan de ese instrumento. Es evidente que trabajan por la desintegración.
El gran responsable de la desarticulación de la Unasur ha sido Mauricio Macri. Durante su presidencia pro tempore congeló su accionar institucional. No se registra ninguna iniciativa positiva durante su mandato. Ahora se intenta cuestionar la falta de funcionamiento institucional del bloque como justificativo de la retirada cuando la parálisis fue promovida por el propio Macri aprovechando el fin del mandato del último secretario general, el muy activo y comprometido Ernesto Samper. En reemplazo de la Unasur, Macri impulsó la creación de una suerte de anti-Unasur, el Grupo de Lima, club de amigos de la derecha regional encargado de hostilizar a los gobiernos populares y progresistas de la región.
El abandono de la Unasur da cuenta de la acción ideologizada e ideologizadora de los gobiernos neoliberales de la región y de la funcionalidad de ese club con la creación de condiciones de dependencia respecto de EUA y Europa. Desde su fundación, la Unasur fue ejemplo de convivencia plural y democrática con pleno respeto de las orientaciones ideológicas de gobiernos de diversos signos políticos, situación que se vio afectada tras la llegada al poder de Macri y Temer. Es así como con alta proactividad permitió la presencia y protagonismo articulado de presidentes y presidentas como Dilma Rousseff, Juan Manuel Santos, CFK y Sebastián Piñera, entre otros. Hoy, en lugar de una institucionalidad regional plural se está propiciando el modelo de “club de amigos” del neoliberalismo.
No resulta casual que gobiernos como los de Macri y Temer promuevan la desintegración al mismo tiempo que impulsan acciones xenófobas y discriminatorias hacia migrantes de países latinoamericanos y africanos. Tampoco es casual que lo hagan en el momento en que Evo Morales asume la presidencia pro tempore cuando buena parte del discurso y acción discriminatorios del gobierno de Macri ha estado dirigido al pueblo boliviano.
La decisión ha sido adoptada por el Poder Ejecutivo sin intervención del Congreso. Seguramente dirán desde el Gobierno que consideran innecesaria tal instancia por tratarse de una medida “temporal”, aunque todo indica que el objetivo es que la Unasur no exista más. Desde nuestro lugar en el Congreso instaremos al Gobierno a dar continuidad a la participación de la República Argentina en la Unasur y a abandonar las políticas desintegradoras y de confrontación en nuestra región. Como fuerza política de la oposición participaremos en todas las instancias en que seamos convocados por la actual presidencia pro tempore. Aunque quieran destruirla, la Unasur sobrevivirá por el compromiso de los gobiernos, organizaciones y parlamentos que creen en la integración y, sobre todo, estará viva en el sentimiento de hermandad de los pueblos de nuestra Patria Grande.

* Vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación.

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Opinión
 
Pobres en el Sur
 

Nuestro subcontinente comenzó hace dos siglos sus procesos de Independencia, seguidos, en la mayoría de los casos, de largas guerras civiles. Recién a fines del Siglo XIX comenzaron a funcionar repúblicas precarias e imperfectas. Tan así que en la época votaba en Argentina, en sufragios restringidos, menos del 10 por ciento de la población masculina. Brasil abolió la esclavitud en 1888, en el paso de Imperio a República, pero la mano de obra en agricultura y minería estuvo garantizada por millones de esclavos, bien entrado el Siglo XX, para citar sólo dos casos groseros. Por razonable que suene hoy lo conveniente de relaciones estrechas entre vecinos, América del Sur tuvo que transitar mucho tiempo hasta la maduración institucional y la paz, condiciones sine qua non para todo proceso integrador. Lo que nunca nos faltó, sí, fue protector. Partida la “madre” patria, apareció fuertemente el “tutor o encargado” en lenguaje escolar. Particularmente en la presencia del Imperio Británico y, más entrado el Siglo XX y, crecientemente hasta la actualidad, de los EE.UU.
Más allá de la voluntad “americanista” de varios estadistas de los dos siglos pasados –San Martín, Artigas y Bolívar o el pensamiento “Patria Grande”, de Ugarte y Rodó (opositor al utilitarismo anglosajón)– no es menor que todos los presidentes de América del Sur recién se encontraron en el año 2000. Reunión de IRSA, infraestructura regional, fundacional por presencias y ausencias. Sin mandatarios de América Central y del Norte (ya Canadá, EE.UU. y México habían conformado el Nafta) sumando a la banca de fomento y desarrollo regional, CAF y BID. Vemos que tomó mucho tiempo. Veamos hacia atrás y hacia adelante del 2000.
Antes hubo tragedias como el aniquilamiento del Paraguay (1864/70) por parte de la Triple Alianza, dada su osadía de desarrollo independiente. En el Pacífico, Chile, desalentado en su ilusión sobre la Patagonia, ya que el Estado argentino ocupó hasta Tierra del Fuego y se armó con artillería y vapores para una eventual guerra fronteriza, cambió de rumbo. Fue por el guano y el salitre (“commodities” de la época) de Antofagasta derrotando a Perú y Bolivia entre 1880 y 1883. Más que unidos, todos dominados y en guerra con el vecino. Siempre por recursos. Los entonces más pobres Bolivia y Paraguay se desangraron en la guerra del Chaco (1932/35), azuzados por la Standard Oil. Mas muerte y derrota para los pobres y pequeños.
Permanente presencia en todos estos enfrentamientos, y en las diferencias económicas posteriores, del “tutor o encargado” anglosajón aliado a dirigencias locales. A falta de firmar la libreta de la escuela, ayudaba a prosperar (por separado) a los inexpertos países de Sudamérica, ricos varios. Siempre ahí: grandes compañías de países centrales, comercio de armas, explotación de recursos, banca, transporte, servicios, etc. Bolsa de Londres, primero, Nueva York después y los paraísos fiscales hoy, donde sí llueven inversiones.
En 1951, el Gral. Perón vio que la sustitución de importaciones requería más mercado a fin de alcanzar, vía una Unión Aduanera con los vecinos, una economía de escala, indispensable para nuestra competitividad. Aparece el proyecto A.B.C., expuesto brillantemente por Perón en noviembre de 1953, en la Escuela de Guerra. El General marca la superpoblación y superindustrialización de entonces, que trae la lucha por el control de las materias primas y los recursos naturales frente a las economías centrales. De ahí que se imponga la unidad como defensa frente a la agudización de las tensiones. Argentina debe tomar la iniciativa para sumar a sus vecinos al proyecto de integración: con Brasil y Chile “conforman quizá actualmente la unidad económica más extraordinaria del mundo, sobre todo para el futuro, porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva”.
Palabras claras, defensa del barrio, mal final. Mas allá de la proximidad con Vargas e intentos hacia Chile, el intento ABC entre los primeros 50 y el 55 terminó, y mal. Nueva postergación. 1960 y 1980 inicio de los procesos Alalc y Aladi. Libre comercio e intercambio regional. Al volver las democracias, un hecho central: los dos grandes vecinos, Argentina y Brasil, depusieron sus hipótesis de conflicto, particularmente en materia nuclear y cotas en el Río Paraná con represas de ambos países. Fuerte paso integrador. En 1991 se conformó el Mercosur, sumando a Paraguay y Uruguay con el objetivo de un mercado común. Impronta de la época: preeminencia comercial y arancelaria. Fin de siglo con devaluación en Brasil y crisis grave en casa, con explosión en 2001.
Después de la fundacional Brasilia 2000, con la recuperación económico-social, volvió el sentimiento que “juntos nos defendemos mejor”. Llamémosle la década, tan denostada por el neoliberalismo, pero impulsada por Kirchner, Lula, Chávez, Evo, a favor de las mayorías con la inclusión de lo político y social en el proceso integrador. Y en 2008 apareció Unasur, que abandonamos la mitad de los países miembros, los de más peso específico, y cuya trayectoria de diez años hasta hace unos días tanto aportó.  Particularmente, porque en un mismo foro, mas político que comercial, convivieron el eje Buenos Aires-Brasilia del Atlántico con las realidades andinas y del Pacífico. Relación personal y frecuente de los propios Presidentes y sucesión eficiente del Grupo Río en solución pacífica de controversias en la región; desestabilización en Bolivia 2008, reacción por la instalación de bases militares de EE.UU. en Colombia en 2009, por citar sólo dos casos de velocidad de reflejos a nivel presidencial para enfrentar las crisis. El rol de Néstor Kirchner como secretario general aportó en esta línea de acción, interrumpida por su muerte en octubre de 2010. Hoy la sede de Unasur en Ecuador lleva su nombre.
Sufrimos a Canning y a Braden. Hoy Trump no va a la Cumbre de las Américas priorizando Siria. No era necesario molestarse, los cipayos que los reivindican se esmeran en sabotear la integración y hacerles los deberes. Tutor o encargado en piloto automático. Ya pasarán.

* Ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de la Cancillería argentina.