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sábado, 28 de diciembre de 2019

Reseña del libro "Geopolítica y economía mundial"


Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, enero 2020

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Merino, Gabriel y Narodowski, Patricio (coordinadores): Geopolítica y economía mundial. El ascenso de China, la Era Trump y América Latina, La Plata, IdIHCS-EDULP, 2019. 292 páginas

Por Leandro Morgenfeld


Este libro se centra en tres temas clave del proceso actual de transición hegemónica: el arrollador ascenso de China, el intento de Estados Unidos de conservar el dominio global y la posición de América Latina en este escenario de incertidumbre. Mediante una perspectiva multidisciplinaria que combina los análisis históricos, geopolíticos, económicos, sociológicos y geográficos, los 13 autores de este volumen actualizan los debates sobre conceptos nodales como hegemonía, imperio, centro-periferia, ciclos y gobiernos populares en nuestra región.
Con especial profundidad se analiza la grieta al interior de la clase dominante estadounidense, entre globalistas y americanistas, y cómo cambia la estrategia de proyección global de esa potencia a partir de la llegada de Trump a la Casa Blanca y del triunfo del Brexit en el referéndum de 2016, recientemente reforzado por la victoria electoral de Boris Johnson en el Reino Unido. Se refuerza en Occidente el eje angloamericano, en detrimento del capital financiero más trasnacionalizado, lo cual permite a China avanzar con proyectos estratégicos como la Ruta de la Seda.
En este escenario mundial sometido a tensiones en aumento, “América Latina juega un papel cada vez más relevante y puede convertirse en un territorio en disputa, consolidando un proceso de profundización periférica, especialmente con el giro neoliberal o a la ‘derecha’ que se produjo recientemente” (p. 47). La obra es una lectura fundamental para entender las fuerzas profundas que guían procesos complejos.  



jueves, 27 de junio de 2019

Geopolítica del siglo XXI: América Latina en disputa




Seminarios virtuales

Geopolítica del siglo XXI: América Latina en disputa


Seminario 1946

Cátedra: CLACSO


Coordinación: Leandro Morgenfeld y Marco A. Gandásegui, hijo (Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos, y Universidad de Buenos Aires, Argentina y Universidad de Panamá)


Inicio: 19/08/2019 | Inscripción: 04/02/2019 al 16/08/2019

Carga horaria: (12 semanas) 48 horas de trabajo con profesor y 120 horas de dedicación total.


INFORMES E INSCRIPCIÓN ACÁ

Presentación del curso:

El proceso de transición hegemónica, declinación estadounidense y ascenso de China plantea una serie de interrogantes geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos. Este seminario se estructurará en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan a América latina y el Caribe los cambios que se están generando en el sistema-mundo capitalista en el cual está inserta la región desde hace medio milenio? La disputa entre distintos polos de poder por América Latina y el Caribe condiciona a los Estados, los gobiernos, las democracias y los recientes procesos de coordinación y cooperación política e integración regional. La Administración Trump reivindica la Doctrina Monroe y se dispone a recuperar el terreno perdido en lo que despectivamente denominan su “patio trasero”, intentando morigerar la creciente presencia china y rusa y debilitar a organismos regionales como la UNASUR, la CELAC o el ALBA. ¿Cuáles son, para los Estados, los gobiernos y las democracias, los actuales desafíos para desplegar una inserción internacional y una política exterior latinoamericana más autónomas y menos alineadas con Washington?


martes, 12 de marzo de 2019

Invitación: Primer encuentro de reflexión sobre las Relaciones Internacionales "Construyendo comunidad: un balance de las RRII desde Argentina"




Invitamos a enviar trabajos sobre el eje "Agenda internacional contemporánea: Estados Unidos", para participar en el “Primer encuentro de reflexión sobre las Relaciones Internacionales” organizado por la Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales Argentina (AERIA - Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales Argentina) bajo la premisa de convocar a especialistas locales e internacionales a reflexionar sobre las principales agendas de trabajo sobre lo internacional y que permiten impulsar un diálogo entre académicos de diversas instituciones del país y de la región. 


Para enviar una propuesta de panel o artículo ir al siguiente formulario: https://docs.google.com/…/1FAIpQLSdAON1LQpUlzbGC4U…/viewform


Enviar también las propuestas sobre el eje Estados Unidos a leandromorgenfeld@hotmail.com



Primer encuentro de reflexión sobre las Relaciones Internacionales
"Construyendo comunidad: un balance de las RRII desde Argentina"

Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales Argentina (AERIA)

23 y 24 de mayo de 2019
Universidad Metropolitana (UMET)
Buenos Aires, Argentina

El campo de los Estudios Internacionales se encuentra en constante proceso de expansión y crecimiento. Especialmente en los últimos años, numerosos enfoques y perspectivas han nutrido los debates de la disciplina, ampliando de manera considerable su ámbito de incidencia. Nuevos actores, procesos y escenarios intervienen de manera interconectada desafiando las estructuras e instituciones establecidas presentando nuevos interrogantes a la manera de teorizar y analizar el mundo.
En este marco es que se plantea el “Primer encuentro de reflexión sobre las Relaciones Internacionales” de la Asociación de Estudios de Relaciones Internacionales Argentina (AERIA) bajo la premisa de convocar a especialistas locales e internacionales a reflexionar sobre las principales agendas de trabajo sobre lo internacional y que permiten impulsar un diálogo entre académicos de diversas instituciones del país y de la región. Partimos de la idea de que toda la disciplina se verá enriquecida y fortalecida en tanto el intercambio sea más fluido entre todos y todas los/as miembros de la comunidad académica.
Recepción de propuestas: 15 de abril
Recepción de artículos: 15 de mayo


Ejes temáticos
 Agenda internacional contemporánea: Brasil - Esteban Actis
 Agenda internacional contemporánea: China – Florencia Rubiolo / Juliana González Jáuregui
 Agenda internacional contemporánea: Estados Unidos – Leandro Morgenfeld
 Análisis de la política exterior – Cecilia Míguez /Alejandro Simonoff
 Cooperación Sur-Sur - Bernabé Malacalza / Carla Morasso
 Derecho Internacional – Juan Pablo Scarfi / Mauro Vega
 Economía política Internacional – Paola Baroni / Pablo Nemiña
 Feminismo, género y Relaciones Internacionales – Rocío Cerdá
 Historia de las Relaciones Económicas Internacionales - Agustina Rayes
 Medio ambiente y cambio climático – Pilar Bueno / Christopher Kiessling
 Metodología de las Relaciones Internacionales - Leandro Sánchez
 Movimientos sociales trasnacionales – María Inés Fernández Álvarez / Julián Kan (AC)
 Multilateralismo y gobernanza global – José Fernández Alonso / Alejandro Frenkel
 Recursos naturales estratégicos - Gustavo Lahoud / Ignacio Sabbatella / Hayley Stevenson
 Regionalismo – Juliana Peixoto / Daniela Perrotta (AC)
 Relaciones entre Argentina y el Gran Medio Oriente - Ariel González Levaggi
 Seguridad internacional – Julio Burdman (AC) / Mariela Cuadro
 Teoría de las Relaciones Internacionales - Bruno Dalponte
CONVOCATORIA
La convocatoria se realizará a través de dos vías:
 La primera vía será a través de los coordinadores de los ejes, quienes convocarán e identificarán los expositores/especialistas que trabajen la temática del eje que coordinan.
 La segunda vía será a través de una convocatoria abierta impulsada desde la asociación.
De todos los trabajos, artículos y ponencias recibidos, serán los coordinadores los encargados de seleccionar y organizar los trabajos en los diversos paneles.
TIPOS DE PROPUESTAS
Artículos
Los artículos pueden ser enviados tanto de manera individual como en el marco de una propuesta de panel a través del siguiente FORMULARIO. Las propuestas deben contar con título, resumen, tres palabras clave y el nombre del autor para poder ser enviadas. Los títulos no pueden tener más de 50 palabras y los resúmenes no deben exceder las 200 palabras.
Los documentos finales pueden ser ponencias de 4-5 páginas o, en el caso de querer ser incorporados en la compilación que se realizará posterior al encuentro deberán enviar el artículo en formato libre (máximo 20 páginas) una vez concluido el evento. Fecha límite de recepción de artículos para compilación: 1 de junio de 2019
Tenga en cuenta que si ha enviado un artículo en el marco de una propuesta de panel, no debe enviarlo de manera individual una segunda vez.
Paneles
Los paneles deben tener título, resumen y palabras clave, y deben incluir entre 4 y 6 artículos (completos con título, resumen, tres palabras clave y el nombre del autor) y por lo menos un moderador y/o comentarista. Los títulos no pueden tener más de 50 palabras y los resúmenes no deben exceder las 200 palabras.
Tenga en cuenta que los artículos enviados en las propuestas de panel no deberán ser enviados de manera independiente del mismo una segunda vez. Serán priorizados los paneles cuyos miembros provengan de distintas instituciones.

INSCRIPCIÓN
El envío de propuestas se realiza a través del FORMULARIO correspondiente. Una vez ingresado como tal, podrá cargar sus propuestas para que sean consideradas por los coordinadores de programa.
Asimismo, los académicos que participen con sus ponencias recibirán la membresía por un año a la Asociación, lo que les dará acceso a las actividades y servicios de la misma.
Una vez que reciba la confirmación de aceptación de su propuesta, podrá enviar la ponencia hasta el 15 de mayo a encuentrosaeria@gmail.com

COSTOS Inscripción

- Expositores: AR$ 300*
- Asistentes: AR$ 150*
- Estudiantes de grado: GRATIS
* Incluye la membresía a AERIA por un año

jueves, 27 de diciembre de 2018

Seminario "Geopolítica del siglo XXI: América Latina en disputa"






Se lanzan la Especialización y el Curso Internacional "Estado, Gobierno y Democracia", de CLACSO, dirigidos por Juan Carlos Monedero.

En ese marco, se dictará el seminario "Geopolítica del siglo XXI: América Latina en disputa"

Profesores coordinadores: Leandro Morgenfeld y Marco A. Gandásegui, hijo (Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos, y Universidad de Buenos Aires, Argentina y Universidad de Panamá, Panamá)
Resumen: El proceso de transición hegemónica, declinación estadounidense y ascenso de China plantea una serie de interrogantes geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos. Este seminario se estructurará en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan a América latina y el Caribe los cambios que se están generando en el sistema-mundo capitalista en el cual está inserta la región desde hace medio milenio? La disputa entre distintos polos de poder por América Latina y el Caribe condiciona a los Estados, los gobiernos, las democracias y los recientes procesos de coordinación y cooperación política e integración regional. La Administración Trump reivindica la Doctrina Monroe y se dispone a recuperar el terreno perdido en lo que despectivamente denominan su “patio trasero”, intentando morigerar la creciente presencia china y rusa y debilitar a organismos regionales como la UNASUR, la CELAC o el ALBA. ¿Cuáles son, para los Estados, los gobiernos y las democracias, los actuales desafíos para desplegar una inserción internacional y una política exterior latinoamericana más autónomas y menos alineadas con Washington?

Info e inscripciones: ACÁ

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Foro "Hegemonía Global en Disputa. El G20 y el (des)orden internacional". Miércoles 21/11, Centro Cultural San Martín

Foro

Hegemonía global en disputa

El G20 y el (des)orden internacional
Organiza: CLACSO
Con el apoyo de: Nodal | Economía Femini(s)ta | IADE
Cecilia Nahón [Coordinadores]
Leandro Morgenfeld [Coordinadores]


A diez años del colapso de Lehman Brothers y la primera reunión de Presidentes del G20, el mundo cruje bajo guerras comerciales, alarmante desigualdad, liderazgos neofascistas y una nueva burbuja financiera. La disputa hegemónica entre Estados Unidos y China profundiza la incertidumbre y la inestabilidad. ¿Qué hacer? Este foro reúne a lúcidos pensadores, activistas y líderes internacionales provenientes de la economía, la política, la filosofía, las relaciones internacionales y el movimiento feminista con un objetivo común: comprender el actual (des)orden internacional desde una perspectiva crítica y transformadora.

Se contará con traducción simultánea inglés-español


Programa de actividades
MIÉRCOLES 21 DE NOVIEMBRE
MI 21/11 » 10:30 a 11:00 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Bienvenida y Presentación del Foro


Palabras de apertura
Candelaria Botto
Economía Femini(s)ta, Argentina
Cecilia Nahón
Ex Embajadora de la Argentina en Estados Unidos - Argentina
Leandro Morgenfeld
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Pablo Gentili
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Argentina - Brasil
Pedro Brieger
Periodista, Argentina

MI 21/11 » 11:00 a 12:45 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Panel de Apertura: La Cumbre del G20 en Buenos Aires: Agendas y Debates


Modera
Diana Tussie
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Argentina


Panelistas
Aloizio Mercadante
Ex senador y candidato a vicepresidente de Brasil
Jorge Carrera
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Luciana Ghiotto
Universidad Nacional de San Martín, Argentina
Sandra Polaski
Ex Subdirectora General de Políticas, Organización Internacional del Trabajo, Estados Unidos
Vladimir Davydov
Instituto de Latinoamérica, Academia de Ciencias, Rusia

MI 21/11 » 12:45 a 14:00 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Pausa para almuerzo

MI 21/11 » 14:00 a 15:45 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Mesa Redonda: Tensiones geopolíticas. Trump, China y la crisis del multilateralismo


Modera
Juan Gabriel Tokatlian
Universidad Torcuato Di Tella, Argentina


Panelistas
Ana Esther Ceceña
Universidad Nacional Autónoma de México
Heather Boushey
Washington Center for Equitable Growth, Estados Unidos
Jorge Lara Castro
Ex canciller de la República del Paraguay


Participan
Celso Amorim
Ex Ministro de Asuntos Exteriores y Defensa, Brasil
Jorge Taiana
Diputado del Parlamento del Mercosur, Frente Para la Victoria, Argentina

MI 21/11 » 15:45 a 17:30 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Mesa Redonda: ¿Crisis de la globalización? Guerras comerciales, desregulación financiera, desigualdad y futuro del trabajo


Modera
Estefanía Pozzo
El Cronista, Argentina


Participan
Axel Kicillof
Diputado Nacional, Argentina
Mark Weisbrot
Center for Economic and Policy Research, Estados Unidos
Monica Esmeralda Bruckmann Maynetto
Universidade do Estado do Río de Janeiro, Brasil
Todd Tucker
Roosevelt Institute, Estados Unidos

MI 21/11 » 17:30 a 17:45 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Pausa para Café
MI 21/11 » 17:45 a 18:30 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Conferencia Magistral: Una mirada crítica sobre la hegemonía intelectual del neoliberalismo


Modera
Cecilia Nahón
Ex Embajadora de la Argentina en Estados Unidos - Argentina


Conferencista
Anwar Shaikh
New School of Social Research, Estados Unidos - Pakistán

MI 21/11 » 18:30 a 20:00 hs | Centro Cultural San Martín [Sala C]
Panel de Cierre: ¿Qué hacer? Hacia la construcción de una cooperación internacional alternativa


Modera
Leandro Morgenfeld
Universidad de Buenos Aires, Argentina


Panelistas
Cinzia Arruzza
New School for Social Research, Estados Unidos - Italia
David Choquehuanca
Ex Ministro de Relaciones Exteriores, Secretario General del Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Bolivia
Larry Cohen
Presidente del Directorio de Our Revolution, Estados Unidos
María Eugenia Rodriguez Palop
Universidad Carlos III de Madrid, España
Martín Guzmán
Universidad de Columbia, Estados Unidos - Argentina

lunes, 5 de noviembre de 2018

"Trumpismo, Fascismo del Siglo XXI, y Dictadura de la Clase Capitalista Transnacional". Por William I. Robinson


Por William I. Robinson (ALAINET)
Prólogo del libro Estados Unidos Contra el Mundo: Trump y la Nueva Geopolítica (Castorena, Gandásegui, y Morgenfeld, compiladores, Editorial Siglo XXI, 2018)






donald-trump.jpg
¿Quién puede negar que el capitalismo global enfrenta una crisis orgánica, la más grave desde los años 1930?  Su dimensión estructural es el problema insoluble de la sobre-acumulación y el estancamiento secular, no obstante, la reanudación del crecimiento en la economía global a partir del 2014.  Pero la crisis también entraña una dimensión política, la de la legitimidad o de la hegemonía, de tal manera que el sistema se acerca a una crisis general del dominio capitalista.

Este hecho pareciera contra-intuitiva ya que la clase capitalista transnacional y sus agentes políticos están actualmente en la ofensiva.  Si bien el Trumpismo ha tomado por asalto al sistema político norteamericano e inter-americano, el mismo responde a esta crisis del dominio capitalista.  El Trumpismo y el espectro del fascismo del siglo XXI deben verse como una respuesta reaccionaria – y de algún modo desesperada - a esta crisis.  Hemos de acordar que el fascismo, ya sea en su variante clásica del siglo XX o posibles variantes del siglo XXI, constituye una respuesta particular ultra-derechista a la crisis capitalista, tales como la de los años 1930 y la que se desató con el colapso financiero de 2008.

El fenómeno del Trumpismo, y más generalmente de la extensión de los movimientos del populismo derechista y neo-fascistas, deben entenderse en la perspectiva histórica de sendos ciclos de expansión seguido por crisis en el sistema capitalista mundial.  Este sistema experimentó un periodo de fuerte expansión y prosperidad a raíz de la Gran Depresión de los años 1930 y la Segunda Guerra Mundial, la llamada “época dorada” post-Guerra del capitalismo mundial.  Pero entró nuevamente en una crisis estructural en los años 1970, frente a la baja en la tasa de ganancia del capital y la llamada “estanflación” (estancamiento junto con inflación), la rebelión del Tercer Mundo a raíz de la descolonización, y la creciente fuerza de las clases trabajadoras y los movimientos anti-sistémicos alrededor del mundo, culminando en la “revolución mundial” de 1968.  Todo apuntaba en ese año hacia una crisis general de hegemonía.

Pero los grupos dominantes no se quedaron con los brazos cruzados.  Emprendieron una vasta reestructuración del sistema.  La emergente clase capitalista transnacional (CCT) se lanzó a la globalización capitalista para liberarse de las reservas y los encierros del estado-nación y en particular de la fuerza que las clases populares nacionalmente contenidas podían esgrimir a nivel del estado-nación, y de esta manera hacer retroceder el poder de estas clases y revertir la correlación de fuerzas sociales y clasistas a nivel mundial a favor del emergente capital transnacional.  Así entramos en la larga noche del neo-liberalismo.  Comenzando con los regímenes Reagan-Thatcher en la década de los 1980, el capitalismo mundial experimentó una profunda reestructuración y una nueva ola expansiva.  Impulsada por la nueva tecnología de la computarización y la informática, esta reestructuración entrañó el montaje de un sistema globalizado de producción y de finanza. 

La globalización facilitó un boom en la economía global en la última década del siglo XX en la medida que los ex-países socialistas se integraron al mercado global y el capital transnacional, liberado del estado-nación, emprendió una enorme ronda de despojos y de acumulación a nivel mundial.  En América Latina y a lo largo del antiguo Tercer Mundo, surgieron elites y grupos capitalistas transnacionalmente orientados que desplazaron a los grupos dominantes nacionalmente orientados y se integraron al bloque hegemónico del nuevo capitalismo global.  La CCT descargó los excedentes anteriormente acumulados y reanudó la generación de ganancias en el emergente sistema globalizado de producción y finanzas mediante la adquisición de los bienes privatizados, la extensión de las inversiones en la minería y la agro-industria a raíz del despojo de centenares de millones de personas en el campo y una nueva ola de expansión industrial facilitado por la revolución en la informática.

Las clases populares pasaron a la defensiva y la desorganización.  Pero el clamor de estas clases cobró fuerza para virajes del siglo mientras la economía global nuevamente entró en estancamiento, expresado en la crisis financiera asiática de 1997-99 y la recesión mundial de 2000-01.  A nivel estructural, la globalización vino a agravar espectacularmente el problema de la sobre-acumulación.  Intrínseco al sistema capitalista es la polarización de los ingresos, es decir, el enriquecimiento de un polo y el empobrecimiento del otro polo en la relación antagónica entre el capital y las clases subordinadas.  Esta tendencia ha sido contrarrestada históricamente por varias contra-tendencias, entre ellas, las luchas populares que obligan al capital a reducir la tasa de explotación y la intervención del Estado en el mercado para efectuar una redistribución en los ingresos por medio de las políticas impositivas, salariales, etcétera.

Pero al globalizarse, el capital transnacional sorteó las restricciones impuestas por el estado-nacion a su libertad de acumulación.  En resumidas cuentas, el mayor poder estructural alcanzado por la CCT le ha permitido socavar las políticas redistributivas e imponer un nuevo régimen laboral a la clase obrera global basado en la flexibilización y la precarización (proletarización bajo condiciones de inseguridad y precariedad permanente y sin el emparo del estado).  Los Estados ya no pueden captar y redistribuir los excedentes.  Se esfuman las palancas para contrarrestar la polarización a nivel nacional y en el sistema global.  El resultado ha sido un espiral sin precedente de desigualdades globales.  Los datos sobre estas desigualdades, recompilados y publicados cada año por Oxfam, ya son bien conocidos: solo el uno por ciento de la humanidad controla más del 50 por ciento de la riqueza del mundo, el 20 por ciento controla el 95 por ciento, el 80 por ciento, la gran masa de la humanidad, tiene que conformarse con apenas el 5 por ciento de esa riqueza.

Dadas estas extremas desigualdades, el mercado global no puede absorber la producción de la economía global.  La CCT no puede encontrar salidas para el excedente acumulado.  A nivel global, los grandes conglomerados del capital reportan niveles record de ganancia mientras las tasas de inversión decrecen. Se trata del capital ocioso – ¡pero el capital no puede quedarse ocioso! Tiene que buscar donde invertir y seguir acumulando.

En este sentido, la crisis capitalista consiste precisamente en que existen obstáculos a la acumulación de capital y por ende la tendencia hacia el estancamiento.  Estructuralmente se trata del agotamiento de nuevas oportunidades para invertir.

Es ante esta situación que el capital y sus agentes políticos y los Estados capitalistas buscan abrir nuevas oportunidades de acumulación típicamente por la violencia, ya sea directa o estructural.  Ejemplos de la violencia directa para abrir oportunidades de acumulación son la invasión a Iraq, la llamada “guerra contra las drogas” y la farsa de la “guerra contra el terrorismo”.  La violencia estructural consiste, por ejemplo, en las políticas neoliberales, la estrangulación por medio del endeudamiento, como en Grecia, etcétera.

No es de sorprenderse que la crisis desata fuertes conflictos sociales, políticos, ideológicos, y militares.  Es lo que estamos viviendo ahora.  La crisis estructural del capitalismo global es el telón de fondo de la peligrosa escalada de las tensiones internacionales y además es pieza clave para entender el fenómeno del Trumpismo.  Pero antes de pasar al análisis del Trumpismo y el espectro del fascismo del siglo XXI, hay be resaltar la segunda dimensión de la actual crisis, la de la legitimidad o de la hegemonía.

Los Estados enfrentan una contradicción entre la necesidad de promover la acumulación transnacional de capital en sus territorios, por un lado, y la necesidad de lograr la legitimidad política por el otro.  Esta contradicción, a cambio, expresa una contradicción más profunda, entre un proceso de globalización económica que se desenvuelve en el marco de un sistema de autoridad política basada en el sistema de estado-nación.  Los gobiernos alrededor del mundo experimentan crisis galopantes de legitimidad de cara a las desigualdades sin precedente y las penurias impuestas sobre las clases trabajadoras por la globalización capitalista.

Entra el Trumpismo

El Trumpismo y otros movimientos ultra-derechistas y neo-fascistas alrededor del mundo representan una respuesta ultra-derechista a la crisis del capitalismo global.  Constituyen intentos contradictorios de refundar la legitimidad del estado frente a las condiciones desestabilizantes de la globalización capitalista.  Las crisis de legitimidad generan políticas desconcertantes y contradictorias de gestión de crisis que aparenten ser esquizofrénicas en el sentido literal de elementos inconsistentes o en conflicto.   Esta gestión de crisis esquizofrénica nos ayuda a entender la naturaleza contradictoria de la dominación política en la época del capitalismo global, así como el resurgimiento de fuerzas ultra-derechistas y neo-fascistas y específicamente el caso de estudio del Trumpismo.

Contrario a lo que se piensa, Donald Trump es miembro de la CCT, ya que tiene fuertes inversiones alrededor del mundo.  Su “populismo” y discurso anti-globalización responden a la demagogia y la manipulación políticas en función de un proyecto de reconquistar la legitimidad del Estado y reconstruir un bloque hegemónico en Estados Unidos.  El Trumpismo no es un desvió sino la encarnación de la dictadura emergente de la CCT.  Para parafrasear el gran estratega militar prusiano Carl von Clausewitz, quien hizo la famosa declaración “la guerra es una extensión de la política por otros medios”, el Trumpismo, y en diversos grados los otros movimientos ultra-derechistas alrededor del mundo, constituyen la extensión de la globalización capitalista por otros medios, a saber, mediante un estado policiaco global que se expande y una movilización neo-fascista.

Más allá de la retórica, no hay en el absoluto nada populista del programa económico de Trump.  De hecho, el Trumpismo viene a intensificar el neo-liberalismo en Estados Unidos junto con un mayor papel del Estado para subsidiar la acumulación transnacional de capital frente al estancamiento.  El “Trumponomicos” abarca la desregulación – el virtual aplastamiento del Estado regulatorio – un mayor recorte del gasto social, un vasto programa de privatizaciones, la reforma impositiva a favor de los ricos y el capital y explícitamente en contra de los pobres y la clase obrera, y una escalada de medidas de persecución sindical:  en resumidas cuentas, el neo-liberalismo en esteroides.  La CCT está encantada con estas políticas neo-liberales y anti-obreras de Trump, pero desconcertada por su conducta impetuosa y su bufonería.

Así, el Trumpismo no es más que una intensificación dramática (en el sentido literal de drama, teatralidad) más que una desviación de la agenda derechista de la globalización capitalista represiva que se remonta a los gobiernos Reagan-Thatcher.  El Trumpismo y otras respuestas ultra-derechistas a la crisis del capitalismo global persiguen ahora crear un nuevo balance de fuerzas políticas de cara al desmoronamiento del efímero bloque histórico del capitalismo global.  Puede ser que estamos en las puertas del cesarismo tal como lo plantea Gramsci, en el cual una figura carismática aparece para resolver un empate inestable en el balance de las fuerzas políticas y sociales o en una coyuntura de ruptura hegemónica.

Si bien no se puede caracterizar Estados Unidos como fascista a estas alturas, Trump en si es un fascista y a partir de su elección a la presidencia, se convierte en la cabeza más visible de un proyecto neo-fascista en formación.  Los movimientos neo-fascistas en Estados Unidos han experimentado una rápida expansión desde el viraje del siglo en la sociedad civil, y también en el sistema político mediante el ala derecha del Partido Republicano.  Trump demostró ser la figura carismática capaz de galvanizar y envalentonar las diversas fuerzas neo-fascistas, desde los supremacistas blancos, los nacionalistas blancos, las milicias privadas, los neo-Nazi y Ku Klux Klan, los llamados “Guardianes del Juramento” (conformado por ex-militares y policías de la derecha), el Movimiento Patriótico, los fundamentalistas cristianos, y los grupos de vigilancia anti-inmigrante.  Alentado por la fanfarronea imperial de Trump, su retórica populista y nacionalista, su propensión al autoritarismo, y su discurso abiertamente racista, estos grupos han comenzado un proceso de polinización cruzada en un grado sin precedente en las últimas décadas.  Han logrado tener una presencia en la Casa Blanca de Trump y en los gobiernos estatales y locales alrededor del país.  Muchas de estas organizaciones han establecido unidades paramilitares en un proceso que a menudo entraña una cierta colaboración con las agencias represivas del Estado.

Más allá de estos grupos organizados, los proyectos del fascismo del siglo XXI buscan organizar una base de masas entre los sectores que anteriormente ocuparon una posición privilegiada o que gozaron de cierta estabilidad, tales como la aristocracia labor del considerado Primer Mundo y capas medias y profesionales en el antiguo Tercer Mundo, quienes ahora experimentan una mayor inseguridad e inestabilidad en sus condiciones laborales y de vida, el desconcierto y el espectro de la movilidad hacia abajo.  Estos sectores en Estados Unidos, en su mayoría blancos, tuvieron históricamente ciertos privilegios que ahora van perdiendo a pasos agigantados frente a la globalización capitalista.  El racismo y el discurso racista desde arriba persiguen canalizar a esos sectores hacia una conciencia racista y neo-fascista de su condición.

Al igual que su predecesor del siglo XX, este proyecto gira alrededor del mecanismo psico-social del desplazamiento del temor y ansiedad de las masas en momentos de aguda crisis capitalista hacia las comunidades designadas como chivos expiatorios, tales como los trabajadores inmigrantes, los musulmanes, y los refugiados en Estados Unidos y Europa, los musulmanes en la India, o los Palestinos en Israel.  Las fuerzas ultra-derechistas efectúan este mecanismo mediante un discurso de xenofobia, ideologías desconcertantes que abarcan la supremacía racial/cultural, un pasado mítico e idealizado, el milenarismo, y una cultura militarista y masculinista que normaliza y hasta glorifica la guerra, la violencia social, y la dominación.  En este sentido, la ideología del fascismo del siglo XXI descansa sobre la irracionalidad – la promesa de restaurar la seguridad y la estabilidad no es racional sino emotiva.  El discurso público del régimen de Trump del populismo y nacionalismo, como ya señalé, no guarda ninguna relación a sus verdaderas políticas.

El fascismo del siglo XXI y estado policiaco global entrañan una triangulación entre: las fuerzas ultra derechistas, autoritarias y neo-fascistas en la sociedad civil; el poder político reaccionario y represivo en el Estado; y el capital corporativo transnacional.  Respecto a este último, las fracciones de capital más propensas a un fascismo del siglo XXI parecen ser el capital financiero especulativo, el complejo militar-industrial-seguridad, y las industrias extractivistas – estas tres, a cambio, entrelazadas con el capital de alta-tecnología/digital.  Los complejos extractivistas y energéticos deben desalojar a las comunidades para poder apropiarse de sus recursos, lo que les hace propensos a los arreglos represivos y hasta neo-fascistas.  La acumulación de capital en el complejo militar-industrial-seguridad depende de la guerra sin fin y de los sistemas de control social y represión.  Y la acumulación financiera requiere de cada vez más endeudamiento y mayor austeridad, lo que es muy difícil, sino imposible, de imponer mediante los mecanismos consensuales.

Pero existe una contradicción fundamental en el proyecto neo-fascista en Estados Unidos.  El populismo y el nacionalismo de Trump no tiene sustancia material, es decir, su sustancia se limita a los simbólico.  He aquí el significado de su retórica fanática de “construir el muro” en la frontera Estados Unidos-México.  Dicho muro es simbólicamente indispensable para sostener una base social, dado que el Estado no tiene la capacidad de ofrecer a los potenciales adeptos un soborno material a cambio de su respaldo al proyecto Trumpista/neo-fascista.  Es decir, los sectores que forman la base social de Trump no reciben beneficios materiales a cambio de su apoyo.  Bajo estas condiciones, el “capital simbólico” – para evocar el termino introducido por el sociólogo francés Pierre Bourdieu - se vuelve urgente para reproducir la dominación material de la CCT y sus agentes.

Asimismo, las medidas proteccionistas y arancelarias de Trump no se dirigían a complacer a la CCT sino a apaciguar la intranquilidad de sectores de la clase obrera que conforman parte importante de su base social.  Los grupos gremiales de la CCT en Estados Unidos salieron en contra de los aranceles contra China y otros países.  Es más, los hermanos multi-millonarios Koch, ultra-conservadores magnates de negocios de hidrocarbonos y fervientes patrocinadores de Trump en su campaña electoral de 2016, cambiaron de posición cuando Trump promulgó sus planes proteccionistas.  En 2018 lanzaron una campaña en contra de las aranceles, gastando decenas de millones de dólares para derogarlas.  Sencillamente, la CCT no tiene ningún interés en el nacionalismo económico.

Existe en efecto una creciente reacción contra la globalización capitalista entre las clases populares y trabajadoras, los sectores nacionalmente-orientados de las elites, y los populistas de derecha.  Por un lado, la CCT y las elites transnacionales están bien dispuestas a respaldar las dimensiones represivas del neo-fascismo para controlar las revueltas de las clases populares.  La CCT ya está política- y materialmente comprometida con el estado policiaco global.  Pero por el otro lado, la CCT busca desesperadamente como combatir la reacción contra la globalización.  La CCT y sus agentes están a la deriva.  No tienen estrategia para calmar las aguas.  Esta realidad pone en relieve la naturaleza altamente conflictiva del capitalismo global y la incertidumbre respecto al rumbo de la globalización frente a las contradicciones explosivas y la amplia oposición que la misma genera.

¿Y América Latina?

Frente a la sobre-acumulación y el estancamiento, el gran reto ahora que enfrenta el sistema es: ¿dónde encontrar salidas para los excedentes acumulados?  En la actualidad, el sistema busca una nueva ronda expansiva y no le es fácil encontrarla.  Busca expandirse en: 1) guerras, conflictos y militarización; 2) una nueva ronda de despojos, tal como sucede ahora en América Latina; 3) un saqueo aún mayor de los Estados.  La crisis global es el telón de fondo para entender el entorno latinoamericano.  La CCT busca intensificar violenta expansión mercantil en América Latina y apropiarse de tierras y recursos, con la confabulación de la resurgente Derecha y extrema-Derecha latinoamericana.

El entorno latinoamericano debe ser analizado en el mismo contexto histórico y sistémico que hay que entender el surgimiento del Trumpismo.  En las últimas dos décadas se produjo una fuerte expansión del capitalismo global en la región, impulsado tanto por los gobiernos de la Derecha como por los de la Izquierda.  Esta expansión del sistema se ha dado en dos sentidos.  Primero es una expansión extensiva: la conquista del campo y la mercantilización por parte del capital transnacional y sus capas locales y la integración de lo que quedaba de los reductos autónomos.  En Honduras, por ejemplo, las comunidades Afro-hondureñas (Garífunas) e indígenas están envueltas en una lucha de vida y muerte contra los mega-proyectos, la agro-industria, y el turismo transnacional.  Igual en Guatemala, Colombia, Brasil, Ecuador, y otros países.  Segundo es una expansión intensiva: una profundización del neo-liberalismo.  Se viene convirtiendo en mercancía a los espacios que aún quedaba fuera de la lógica del mercado, conforme la lógica de la acumulación de capital – salud, educación, agua y otros servicios públicos, esferas de la cultura, y desenfrenada privatización del Estado.

La nueva oleada de intervención norteamericana propugnada por el gobierno de Trump persigue imponer en América Latina, como reflexión en un espejo, el mismo proceso Trumpista que se desarrolla en Estados Unidos.  Se acopla el renovado asalto de capital transnacional a los abundantes recursos de la región con la inclinación hacia regímenes de extrema Derecha, autoritarios y dictatoriales, como en Honduras, Brasil, Guatemala, etcétera, y en el caso de Colombia, ya impera el verdadero fascismo del siglo XXI.  Las políticas Trumpistas – desde la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte hasta la intensificada agresión contra Venezuela y el apoyo a los gobiernos de la extrema-Derecha – no es más que un instrumento de la CCT para forzar una mayor apertura e integración a los nuevos circuitos globalizados de acumulación en esta época del capitalismo digital y la hegemonía del capital financiero transnacional.

Hay que ver con franqueza como los límites de la Izquierda abrieron espacio para la Derecha.  Con algunas excepciones, la Izquierda en el Estado no emprendió transformaciones estructurales de las relaciones de propiedad y la estructura de clase.  Esta Izquierda persiguió un asistencialismo basado en captar y redistribuir los excedentes generados por la expansión de las exportaciones de materia prima en asociación con la CCT.  Los programas asistenciales dependieron de los caprichos del mercado global controlado por la CCT.  Cuando se desplomaron los precios de los commodities a partir de 2011 y en adelante, la Izquierda perdió las bases de su tímido proyecto.

Las luchas de masa contra el neo-liberalismo rompió la hegemonía neo-liberal hacia finales del siglo XX y la Izquierda llegó al poder levantando la bandera anti-neo-liberal.  Pero la Izquierda ahora ha perdido la hegemonía conquistada.  Dicha hegemonía está en disputa con el regreso de la Derecha revanchista.  Lo que queda de la Izquierda en el gobierno está enfrentando una escalada de agresión por parte de la CCT, la derecha internacional, y Estados Unidos.  Hay un evidente desfase entre movimientos sociales pujantes e Izquierda partidaria e institucional francamente menguante.  Solo la movilización desde abajo puede generar un contrapeso al control que ejerce desde arriba el capital transnacional y el mercado global sobre los Estados capitalistas latinoamericanos.

- William I. Robinson es Profesor de Sociología, Universidad de California-Santa Bárbara


miércoles, 31 de octubre de 2018

Trump confía en firmar un acuerdo con Xi Jinping en Buenos Aires, pero mientras amenaza con escalar la guerra comercial con China a un nuevo nivel, si no Pekín no cede


Trump confía todavía en concretar un "magnífico acuerdo" con Xi Jinping


Habrá una cumbre en Buenos Aires en noviembre




Trump cree en un diálogo “mano a mano” con su par chino

Con China es posible lograr un "magnífico" acuerdo comercial, aunque Beijing todavía no está listo para ello, declaró al canal de televisión Fox News el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien no obstante estaría preparando una nueva batería de aranceles sobre productos chinos, reveló Bloomberg.

"Pienso que firmaremos un magnífico acuerdo comercial con China, y este debe ser magnífico, ellos se aprovecharon de nosotros recibiendo 500.000 millones (de dólares) anuales, eso no volverá a ocurrir", señaló.

Según el mandatario, " China se ha aprovechado económicamente de nuestro país, y ya verán que ganaremos".

"Yo podría firmar el acuerdo incluso ahora mismo, pero ellos todavía no están listos", comentó el mandatario, que mientras tanto se prepara para anunciar aranceles a todas las importaciones desde China a inicios de diciembre si las conversaciones no llegan a buen término, informó la agencia Bloomberg.

De acuerdo con el reporte, aún no se ha tomado la decisión, pero se están realizando preparativos para una nueva lista de aranceles estadounidenses en caso de que el encuentro entre Trump y Xi no arroje resultados. Ambos se reunirán en el marco de la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) en Buenos Aires en noviembre.

Trump viene amenazando hace meses con imponer aranceles a las importaciones restantes de Estados Unidos desde China, que superan los u$s257.000 millones, si Beijing no cumple con sus reclamos de cambios radicales respecto al comercio, la transferencia de tecnología y las políticas de subsidios industriales.

Las rondas anteriores de aranceles se han centrado en el capital y los bienes intermedios de China, pero una ronda final afectaría duramente a los productos de consumo como teléfonos celulares, computadoras, ropa y calzado.

miércoles, 24 de octubre de 2018

América Latina, entre Estados Unidos y China

América Latina en la nueva bipolaridad emergente



América Latina en la nueva bipolaridad emergente

Nueva Sociedad

La conformación de una nueva bipolaridad entre Estados Unidos y China no resulta indiferente para América Latina. Estados Unidos muestra malestar ante el coqueteo y el beneplácito de los países de la región para con la expansión de la influencia china. Mientras tanto, el gigante asiático avanza en sus relaciones con América Latina a partir del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda. Dependiendo de cómo se estructure el vínculo bilateral entre China y Estados Unidos, el mundo podría dirigirse hacia una «bipolaridad flexible» o hacia una «bipolaridad rígida».
Octubre 2018

América Latina no necesita un nuevo poder imperial que solo busque beneficiar a su propia gente (…) China ofrece la apariencia de un camino atractivo para el desarrollo, pero esto en realidad implica a menudo el intercambio de ganancias a corto plazo por la dependencia a largo plazo
(Discurso del secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, el 1º de febrero de 2018, Universidad de Texas, Austin).
Los países de América Latina y el Caribe forman parte de la extensión natural de la Ruta de la Seda Marítima y son participantes indispensables de la cooperación internacional de la Franja y la Ruta
(Fragmento del documento final de la Segunda Reunión Ministerial CELAC-República Popular de China, 22 y 23 de enero de 2018, Santiago de Chile).
El reconocido académico chino Minxin Pei ha señalado que si la Guerra Fría terminó en diciembre de 1991 con la desintegración de la Unión Soviética, la era de la posguerra fría parece haber finalizado en noviembre de 2016 con el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Después de 25 años, el orden internacional regresa a su «normalidad» histórica en relación a que la potencia hegemónica vuelve a identificar como principal amenaza a su primacía global a otro Estado que cada día tiene mayores atributos de poder e influencia: China.
En esta línea argumentativa podemos enmarcar las reflexiones de importantes analistas de las relaciones internacionales. En un artículo reciente, Henry Kissingerseñaló que «tanto para Estados Unidos y China, así como para el resto del mundo, la coevolución de Washington y Pekín es la experiencia determinante del período actual». En consonancia, el periodista y editor de Financial Times, Martin Wolf, destacó que «la rivalidad entre China y Estados Unidos moldeará el siglo XXI». Por último, Walter Russell Mead indicó que Estados Unidos ha decidido empezar una «segunda Guerra Fría» al colocar todos sus esfuerzos en contener la influencia de China en el plano global, siendo el aspecto comercial la primera gran manifestación.
En tal sentido, es posible observar un bipolarismo emergente –con características particulares y diferentes respecto de aquel imperante durante la Guerra Fría– con las dos potencias mencionadas como centros de poder. Un dato insoslayable –y ciertamente explicativo de la bipolaridad– radica en el hecho de que ambos países son los únicos Estados en la actualidad del sistema internacional con capacidad de sostener y propagar proyectos estratégicos de alcance global. En la jerga de los internacionalistas, ambos países son los únicos capaces de proveer «bienes públicos»a escala planetaria. Washington y Beijing no solo tienen la voluntad política sino que además cuentan con los instrumentos necesarios para hacerlo, en tanto disponen de bancos multilaterales y estructuras de financiamiento, agencias gubernamentales de cooperación, empresas transnacionales múltiples y diversificadas, entre otros atributos de poder. En síntesis, hoy el mundo parece circunscrito al debate entre el atlantismo y la nueva Ruta de la Seda.
Desde este enfoque analítico, en un artículo recientemente publicado en la revista Foreign Affairs Latinoamérica señalamos los aspectos centrales de esta nueva bipolaridad al tiempo que reflexionamos sobre la dinámica y las implicancias que podrían derivarse de la misma dependiendo de cómo se estructure el vínculo bilateral entre China y Estados Unidos, oscilando y pudiendo devenir en una «bipolaridad flexible» o en una «bipolaridad rígida». Este último escenario es el que identificamos como el más problemático y desfavorable para los países de América Latina, postura que puede resumirse en dos razones: 1) en un contexto de tales características, aumentarían los niveles de aversión al riesgo y el mundo se tornaría más restrictivo, con una consecuente contracción en los flujos comerciales y de capital (tanto financieros como de inversión extranjera directa), precisamente lo contrario a lo que necesitan la mayoría de los países de la región; y 2) mientras mayor rigidez adquiera la bipolaridad menor será la posibilidad de construir agendas positivas con ambas potencias al mismo tiempo.
De este modo, la conformación de esta nueva bipolaridad no resulta indiferente para América Latina y ya comienza a mostrar algunos coletazos. El citado discurso de Rex Tillerson en la Universidad de Texas muestra el malestar norteamericano ante el coqueteo y beneplácito de los países de la región para con la expansión de la influencia china. El ex-secretario de Estado mostró una inusitada retórica, reconociendo a Estados Unidos y a China como «poderes imperiales», aunque identificando al país asiático como menos conveniente, en respuesta al grado de cooperación alcanzado en febrero de este año en la cumbre Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)-China, celebrada en Santiago de Chile.
A lo largo de 2018, dos aspectos merecen destacarse como notas salientes del devenir político de América Latina en el contexto analizado: 1) la fuerte retracción del diálogo interamericano evidenciado en la VIII Cumbre de las Américas celebrada en Lima –por primera vez sin la presencia del presidente de Estados Unidos–; y 2) la consolidación de la cooperación biregional sino-latinoamericana. Cabe destacar, asimismo, que la aproximación de la región con el gigante asiático no solo se da en el plano de la retórica sino que también discurre en el de las acciones.
En el propio «patio trasero» de EEUU, Panamá y China, quienes mantienen relaciones diplomáticas desde hace un año cuando el país centroamericano rompió relaciones con Taiwán, acaban de llegar a un acuerdo sobre el capítulo de propiedad intelectual en el marco de la tercera ronda de negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre ambos Estados. Es destacable que China sea el segundo usuario del Canal de Panamá después de Estados Unidos y que un consorcio chino opere los puertos en ambos extremos de la vía interoceánica.
En el cono sur, el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, viajó a Beijing en agosto pasado para suscribir un Memorándum de Entendimiento sobre Cooperación en el marco del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda (OBOR, por sus siglas en inglés). Uruguay se transformó en el primer país de América Latina en incorporarse oficialmente a esta iniciativa china.
Ante la innegable avanzada global de China, en los primeros días el senado estadounidense aprobó un paquete de 60.000 millones de dólares para proyectos de infraestructura en el exterior. El plan representa más del doble de los recursos disponibles hasta ahora y propone la creación de una nueva agencia gubernamental para su vehiculización e implementación, la U.S. International Development Finance Corp. El consenso bipartidista sobre la necesidad de no perder terreno ante el financiamiento chino en la infraestructura regional es total. Según el Boston University´s Global Development Policy Center, las instituciones financieras de China ya proveen más financiamiento al mundo en desarrollo que el Banco Mundial.
Si bien para América Latina la mayor disponibilidad de fondos para financiar el desarrollo puede ser una buena noticia, es esperable que en un contexto como el actual, signado por una bipolaridad que tiende hacia una mayor rigidez, la política de alianzas desplegada por las grandes potencias se torne más rigurosa. De este modo, se podría eliminar la posibilidad de alternar entre las potencias o, en el mejor de los casos, aumentarían los costos de hacerlo. El costo que habría que pagar por los acuerdos sería más alto y exigiría además definiciones estratégicas.
En el plano comercial, comienzan a verse indicios claros de esta dinámica. El nuevo acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (Usmca, por sus siglas en inglés) especifica que si uno de los miembros firma un acuerdo comercial con un país que no tiene «economía de mercado» (la Organización Mundial del Comercio todavía no reconoce a China como tal) los demás pueden abandonarlo en seis meses. El nuevo acuerdo le pone un freno a la carta mexicana de apostar a China para diversificar sus relaciones económicas. Por su parte, en la negociación que llevaron adelante las autoridades de Argentina y Brasil para evitar la imposición de aranceles al aluminio y el acero, habría existido el pedido, por parte de la administración Trump de presionar a China para que termine con su política de subsidios a la producción de dichos bienes.
La disputa global por mayores espacios de poder e influencia entre Estados Unidos y China también resulta evidente en la dimensión financiera. La región dejó de tener como prestamistas de última instancia ante episodios de vulnerabilidad externa únicamente a los tradicionales acreedores occidentales (Fondo Monetario Internacional, Club de París, banca privada internacional). En los últimos años, China comenzó a jugar lentamente su rol de gran acreedor internacional. El caso venezolano es paradigmático, dado que la deuda con China asciende a 23.000 de dólares por préstamos del gobierno dirigidos a la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Estados Unidos es consciente de que cualquier salida a la crisis del país caribeño deberá matizar los intereses del gobierno y la banca de China, quienes en términos concretos, se han trasformado en los nuevos dueños de la industria petrolera venezolana.
Por su parte, Argentina en el contexto de crisis económico-financiera que atraviesa actualmente, intentó jugar la «carta china» para la obtención de oxígeno financiero mediante la ampliación del swap vigente desde 2014, como complemento a la ayuda financiera dispensada por el FMI. Según trascendidos, el gobierno argentino esperaba lograr una ampliación del citado instrumento por una cifra de alrededor de 19.000 millones de dólares. No obstante, el acuerdo todavía no se ha firmado. Dado el firme apoyo que ha recibido Argentina desde Washington, vital para rubricar los dos acuerdos recientemente negociados con el FMI, es menester sospechar la reticencia norteamericana a que China amplíe su influencia en uno de los países más importantes de la región. En otras palabras, el fuerte apoyo estadounidense parece ser al mismo tiempo un elemento amortiguador del avance de China.
En conclusión, si se entiende el concepto de poder como la capacidad de un actor para ejercer influencia (moldear acontecimientos y resultados) y se ponderan sus recursos (duros y blandos) así como su capacidad y voluntad para ofrecer bienes públicos globales, resulta plausible la tesis de que somos testigos de la conformación de una nueva «bipolaridad». En los últimos meses se pudieron observar los primeros coletazos en América Latina de esta nueva dinámica del orden internacional.
La agenda internacional de la región se verá cada vez más condicionada por la «bipolaridad emergente», más aún si la misma aumenta en su grado de rigidez, producto de una mayor escalada en las tensiones entre Estados Unidos y China. Para los países latinoamericanos, que históricamente han debido adaptarse a un entorno internacional que le es dado y que poco han podido hacer para modificarlo, se vuelve indispensable contar con interpretaciones precisas del orden internacional y su dinámica, en pos de lograr maximizar oportunidades y reducir amenazas.