lunes, 11 de mayo de 2026

“Estamos en una guerra global que se va dando en pedacitos”

 

“Estamos en una guerra global que se va dando en pedacitos”

Leandro Morgenfeld es doctor en Historia y especialista en relaciones entre Argentina y Estados Unidos. Analiza el ataque a Irán como parte de un conflicto mundial híbrido y advierte sobre un escenario de desorden global.

Sus estudios, con énfasis en el vínculo entre Argentina y Estados Unidos y su impacto en las relaciones con otros países, convierten a Leandro Morgenfeld en un referente intelectual ineludible para opinar sobre el actual conflicto bélico con Irán. Es compilador, junto a Gabriel Merino, del libro Nuestra América, Estados Unidos y China. Transición geopolítica del sistema mundial, donde se desarrolla el concepto de guerra global, híbrida y fragmentada en el que puede enmarcarse la guerra que actualmente tiene en vilo al mundo.

–¿Cuáles son los objetivos últimos por los cuales Estados Unidos emprende la guerra contra Irán y qué intereses estratégicos están en juego más allá de recursos naturales como el petróleo?

–Trump se vio empujado por Netanyahu, que en febrero le vendió un plan con un supuesto éxito rápido y asegurado, al estilo, en algún sentido, de lo que pasó en Venezuela. El plan consistía en que el asesinato de Jamenei y otros líderes políticos de la República Islámica de Irán, sumado a la crisis económica forzada por las sanciones que viene sufriendo Irán y las fuertes protestas de enero, iba a forzar un levantamiento popular. Eso le iba a permitir a Estados Unidos e Israel derrotar al principal enemigo de Israel en la región y a los chiitas en general, y avanzar en los proyectos expansionistas de Israel con el control de Estados Unidos. Semanas después, la resistencia iraní desbarató ese plan.

La disputa de fondo es que Trump intentó revertir el declive económico relativo de Estados Unidos y volver a ser la potencia hegemónica subordinando a sus aliados –caso Europa, Japón, Corea del Sur o Canadá– y tratando de evitar que emerjan otros polos de poder como China, Rusia, India, los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. A su vez, intenta recuperar un liderazgo político en un contexto en el que viene cayendo en las encuestas y perdiendo elecciones en estados tradicionalmente republicanos como Texas, y aparece cada vez más cuestionado por la guerra y la inflación en Estados Unidos.

–¿Cuál es la relación de fuerzas real en el conflicto bélico?

–Lo que se ve a primera vista es un conflicto muy asimétrico desde el punto de vista militar. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia militar a nivel global, e Israel contra Irán también presenta una asimetría absoluta. Sin embargo, el gobierno iraní, incluso habiendo perdido algunos de sus principales líderes, se mostró sorprendentemente resistente al plantear una guerra asimétrica, una regionalización del conflicto y al avanzar con algo que siempre había sido una amenaza y su posible carta de triunfo: controlar y cerrar el estrecho de Ormuz de manera exitosa.

No está cerrado, pero Irán decidió que no pasen los buques petroleros de Estados Unidos, Israel y sus aliados, y deja pasar los de China, Irán y Rusia; negocia con otros países, cobra un peaje geopolítico y exporta más que antes. Ello le permitirá, en parte, financiar la reconstrucción de Irán si se logra avanzar con acuerdos de paz. A su vez, sostiene una capacidad de misiles que demuestra que Estados Unidos no es invencible desde el punto de vista militar. Incluso derribó el F-15, varios helicópteros y logró impactar sobre un portaaviones. Hace tiempo que, en un conflicto bélico, Estados Unidos no tenía tantas pérdidas militares.

–¿A qué te referís cuando hablás de guerra mundial, híbrida y fragmentada?

–A que estamos en una guerra global, solo que es una guerra mundial que se va dando en partes y que no es meramente convencional, tal como imaginábamos durante el siglo XX una tercera guerra mundial con el enfrentamiento entre dos grandes potencias. Es una guerra híbrida porque tiene varias dimensiones: económica, comercial, financiera, tecnológica, comunicacional e ideológico-cultural. Es fragmentada porque es una guerra que ya está ocurriendo desde hace varios años y en la que se enmarcan el conflicto de Medio Oriente, el conflicto entre Rusia, Ucrania y la OTAN, y el ataque contra Venezuela del 3 de enero, autoatribuyéndose Estados Unidos la potestad de bombardear la capital de un país sudamericano y raptar a su presidente en funciones.

Así como viene haciendo con el asedio contra Cuba y Panamá para el control del canal, la intención de anexar Groenlandia o el proyecto del Estado 51. Todo es parte de una guerra mundial híbrida y fragmentada en la que Estados Unidos pretende, con el poderío militar y financiero-monetario que aún conserva, revertir el proceso de declive productivo y tecnológico en el que China y otros actores ya son mucho más importantes a nivel global. Hoy el grupo BRICS representa, en términos de PBI, más que el G7. China sola tiene un PBI industrial mayor que la suma de Estados Unidos, Alemania, Japón y Corea del Sur. A su vez, es el principal socio comercial de más de 150 países, cuando hace treinta años esta primacía la tenía Estados Unidos.

–¿En qué posición queda América Latina?

–América Latina tiene dos opciones: la primera, alinearse con el polo de poder en declive en el mundo, que es Estados Unidos y sus aliados. Eso es lo que pretende Estados Unidos, que acaba de plantear el corolario Trump de la doctrina Monroe en diciembre de 2025: el hemisferio occidental como su única área de influencia. Milei, Bukele y Kast son muy funcionales a esa política de alineamiento total neocolonial con Estados Unidos.

La segunda opción es retomar estrategias de coordinación y cooperación política, avanzar con la integración regional y constituirse como un polo con voz propia en un mundo donde emergen actores que desafían a Estados Unidos: China, Rusia, India, Turquía, Brasil –a través de los BRICS– y Sudáfrica. Son cada vez más los actores con vínculos políticos, económicos, comerciales y financieros que plantean la necesidad de construir un nuevo orden multipolar. Estamos en un momento de caos sistémico, de desorden global, y urge que América Latina deje de pensarse como un sujeto pasivo y periférico, con la consecuente pérdida de capacidades económicas y políticas. En un mundo multipolar, debe tener una estrategia de desarrollo propia, necesariamente coordinada, para construir su voz.

–¿Qué consecuencias políticas, económicas y diplomáticas puede tener el conflicto en Argentina?

–Depende de cómo se resuelva. Si Estados Unidos logra controlar Medio Oriente sin oposición, podría frenar su declive hegemónico. Si, por el contrario, frente a las resistencias externas e internas, tiene que retroceder y aceptar que ya no puede ni siquiera abrir el estrecho de Ormuz ni garantizar la seguridad militar de sus aliados en la región, lo que se analiza es que este conflicto en particular, y esta segunda presidencia de Trump, no solo no van a “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, sino que pueden marcar el final de su poderío global y el cierre de una época.

En términos más cercanos, Milei está en una situación muy débil. Internamente, depende del apoyo de Trump, como se vio en las últimas elecciones legislativas. En el plano exterior, coloca al país en una situación de extrema vulnerabilidad al ubicarse como aliado incondicional y acrítico de Estados Unidos, en términos que no se vieron siquiera en las dictaduras, en las “relaciones carnales” de Menem o en el gobierno de Macri. Dice “estamos ganando” cuando no tiene ninguna capacidad militar para intervenir en un conflicto de estas características. Un debilitamiento mayor de Trump redundará en un debilitamiento de sus aliados en todo el mundo, y Milei puede resultar, en términos políticos y económicos, gravemente afectado.

martes, 5 de mayo de 2026

La nueva Meca del Oeste

 

Javier Milei recibe con honores a la Generala estadounidense Laura Richardson.

  La nueva Meca del Oeste

Frederic Schnatterer


A principios de abril de 2024, el himno de los Estados Unidos suena dos veces en territorio argentino. Ambas veces, interpretado por la orquesta de las Fuerzas Armadas: primero en un aeródromo y luego en una base naval en Ushuaia, Tierra del Fuego. El motivo es la visita de la entonces jefa del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Laura Richardson. La acompaña el presidente Milei, quien anuncia el plan de construir, en conjunto con EE.UU., una base naval en Tierra del Fuego. Y aprovecha la oportunidad para anunciar una “nueva doctrina de política exterior para la Argentina”.

Las “alianzas estratégicas”, explica el presidente durante la visita de la general, “no pueden estar simplemente basadas en intereses comerciales. Tienen que estar ancladas en una visión común del mundo”. Y sigue: “Argentina y Estados Unidos son naciones fundadas al calor de las mismas ideas... esto nos hace compartir un ADN cultural común. Una tradición que tiene en sus bases las ideas de la libertad, la defensa de la vida y la propiedad privada. Nuestra alianza con los Estados Unidos es una declaración de Argentina para el mundo”.

“¿Libertad para quién? La Argentina de Milei como laboratorio de la ultraderecha”, de Frederic Schnatterer.

En campaña, Milei había dejado claro cómo sería la política exterior en su presidencia. Con “comunistas” como los que gobiernan China, no haría negocios, exclamó altisonante. Además, iba a anular de inmediato la adhesión al bloque de países BRICS, acordada por el gobierno anterior. Cumplió su palabra.

Además de los Estados Unidos, Milei señala a Israel como el “socio natural” de Argentina. Sus primeros viajes al exterior lo llevaron, además de al Foro Económico Mundial en Davos, a esos dos países. Milei apoya incondicionalmente al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y a su gobierno ultraderechista. Anunció la intención de trasladar la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén, una acción que viola el derecho internacional. En 2024, cuando Argentina condenó el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba en la Asamblea General de la ONU, siguiendo su postura histórica, y votó en contra junto con casi todos los países, menos Estados Unidos e Israel, la canciller, Diana Mondino, fue echada esa misma noche.

Las posturas y medidas en política exterior de orientación ciegamente alineada con Occidente de la gestión argentina están guiadas por la ideología y a menudo van en contra de intereses económicos y de seguridad. Ante la Global Conference del neolioberal Instituto Milken en Los Ángeles, Milei argumentó en mayo de 2024 que la supuesta superioridad de Occidente, se basaba en que allí nació el capitalismo. En su discurso, llegó a la absurda afirmación, que Argentina podría convertirse en “el nuevo Meca de Occidente”.

El cambio de rumbo que le dio Milei a la política exterior de la Argentina debe entenderse en el marco de las crecientes tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y la República Popular China. Éstas se intensificaron con la llegada de Donald Trump a su segunda presidencia a principios de 2025. América Latina se ha convertido en uno de los escenarios centrales del conflicto por influencia y relaciones comerciales. Eso lo confirma la “Estrategia Nacional de Seguridad” de la Casa Blanca publicada a fines de 2025. El documento dice: “Tras años de negligencia, Estados Unidos volverá a reivindicar y aplicar la Doctrina Monroe para restablecer su supremacía en el hemisferio occidental.” La estrategia de seguridad está dirigida contra adversarios internacionales, a quienes se busca mantener alejados de la región. En ese sentido, la frase “todos los países deberían decidir si quieren vivir en un mundo soberano y con economías libres liderado por Estados Unidos, o en un mundo paralelo” hay que leerla como una amenaza.

Trump dejó en claro que no se trata de una amenaza vacía. En la noche del 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses atacaron Venezuela y, en una operación ilegal, secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. El objetivo fue, por un lado, demostrar poder en la región y, por otro, acceder a las vastas riquezas del país, incluidas las mayores reservas de petróleo comprobadas del mundo, además de desplazar a competidores internacionales como China y Rusia. Milei no tardó en ponerse del lado de Trump.

El historiador y experto en relaciones entre América Latina y Estados Unidos, Leandro Morgenfeld, atribuye la reformulación de la estrategia estadounidense a que “Estados Unidos entendió que no va a recuperar fácilmente su hegemonía global que ejercía a principios de la era posterior a la Guerra Fría.” Trump concluyó que “en algunas regiones del mundo, hay que negociar con otras potencias sobre las respectivas esferas de influencia”, mientras que “el reclamo de dominio exclusivo de Washington, con su política expansionista y agresiva en América Latina,” se mantiene.

Hoy, China es el principal adversario estratégico. La República Popular ha ampliado significativamente su influencia en América Latina en las últimas décadas, especialmente en inversiones directas y en el volumen de comercio. El objetivo de Washington es, por un lado, asegurar mercados para sus productos y, por otro, acceder a recursos estratégicos como cobre, litio y minerales raros. En julio de 2025, el entonces candidato a embajador en Buenos Aires, Peter Lamelas, afirmó que trabajaría para que “los recursos naturales de Argentina, su energía y minerales críticos, beneficien a ambas naciones.” Su tarea sería frenar la “influenza maligna de potencias enemigas en la región,” incluyendo a China.

La estrategia de seguridad de los EE.UU. afirma que estos recursos deberían ser explotados “junto con aliados regionales”: “Gobiernos, partidos políticos y movimientos que en gran medida coinciden con nuestros principios y nuestra estrategia”, deben de ser “premiados y alentados”. Sin duda, la administración de Milei forma parte de estos. Para asegurar su permanencia en el poder, la administración de Trump prometió ayudas por miles de millones de dólares a Milei antes de las elecciones de medio término en octubre de 2025. En una entrevista televisiva, el ministro de hacienda de EE.UU., Scott Bessent, explicó en ese momento que Washington apoyaba a Milei porque su gobierno estaba decidido a “expulsar a China de la Argentina”.

Antes de que Milei asumiera, la República Popular era el segundo socio comercial más importante de Argentina después de Brasil; en septiembre de 2025, China tomó el primer lugar. Esto se debe principalmente a la reducción de barreras comerciales bajo el gobierno ultraliberal; el déficit comercial argentino con China está subiendo. Desde un punto de vista económico, el apoyo de Trump a Milei resulta contradictorio. La relación comercial entre ambos países es sumamente asimétrica. Además, las economías de los dos países no son realmente complementarias. Ambos exportan productos similares como soja o petróleo, y por lo tanto compiten entre sí.

El apoyo de EE.UU. debe entenderse principalmente en clave política. Morgenfeld señala que “la Argentina es el único de los cinco países más grandes de América Latina en términos de PIB cuyo gobierno está completamente alineado con EE.UU.”. Dice: “Milei frena y socava los intentos de otros países latinoamericanos de coordinarse entre sí. Actúa como si operara bajo órdenes directas de Trump.” Mientras se busca debilitar a los gobiernos progresistas o al menos soberanos de la región, en América Latina se está formando un eje de países gobernados por la derecha.

Este eje se está fortaleciendo: en 2025, la derecha ganó elecciones importantes, a veces gracias a la intervención del gobierno de EE.UU. en la campaña. En Bolivia, el neoliberal Rodrigo Paz sucedió al Movimiento al Socialismo (MAS) de izquierda; en Honduras, el favorito de Trump, Nasry Asfura, ganó en medio de acusaciones de manipulación. En Chile, desde 2026, gobierna José Antonio Kast, simpatizante de Pinochet. Además, EE.UU. espera recuperar con Colombia y Brasil dos países más de la izquierda en 2026. Milei ha declarado que su objetivo es liderar un “bloque regional contra el cáncer socialista” con los gobiernos de derecha en América Latina.

El interés de Washington también es estratégico-militar. No solo exigen acceso privilegiado a recursos estratégicos, sino que también buscan desplazar a China en áreas tecnológicas, como la expansión de la red 5G. La administración en Buenos Aires está siendo presionada para abandonar colaboraciones científicas, como la estación espacial en Neuquén, en conjunto con China, o el radiotelescopio en San Juan. La construcción de una cuarta central nuclear, financiada en parte por China, ya fue detenida. Es posible que EE.UU. termine siendo accionista del sector nuclear argentino tras la privatización de Nucleoeléctrica Argentina.

“Además, es central la creciente presencia militar de EE.UU. en la región”, afirma Morgenfeld. Milei canceló las conversaciones iniciadas por el gobierno anterior con China sobre la compra de aviones de combate JF-17 y decidió comprar en Dinamarca aviones F-16, modelos más antiguos y a un precio mayor. En abril de 2024, Argentina solicitó ser socio global de la OTAN. En octubre del año siguiente, Milei autorizó por decreto la participación del ejército estadounidense en ejercicios militares en el país. Argentina resulta de gran interés por su acceso directo a la Antártida. La base militar conjunta en Ushuaia permitiría controlar el estratégico paso del Canal Beagle.


     

lunes, 4 de mayo de 2026

"La ofensiva imperial liderada por Trump y el declive hegemónico estadounidense que intenta revertir"

 


Salió el número 118 de la revista Foro Nacional por Colombia. Escribí el artículo "La ofensiva imperial liderada por Trump y el declive hegemónico estadounidense que intenta revertir".

Se puede leer completo el número 118 acá