viernes, 7 de diciembre de 2018

Lo que queda del G20: la alfombra roja de la sumisión

 

Lo que queda del G20: la alfombra roja de la sumisión

Por Vivian Palmbaum (Marcha)

A pocos días de finalizada la Cumbre del G20, consultamos con Leandro Morgenfeld  sobre los resultados que deja la firma del documento final, con sus éxitos y fracasos. El verdadero triunfo de haber podido llevar adelante la Semana de Accion Global Fuera G20-FMI,  contra todos los obstáculos y persecusiones.

Leandro Morgenfeld* es Doctor en Historia. Profesor UBA. Investigador Adjunto del CONICET. En la charla comenzó por desandar un poco el camino que instalan los medios masivos de comunicación y el sentido común sobre el éxito de los resultados de la Cumbre,  para decirnos que “los términos en que se plantea los resultados de la Cumbre,  en los medios de comunicación y el debate en general están errados, porque habría que pensar esperados por quien o exitoso o un fracaso para que”.

¿Cuál es tu evaluación de los resultados de la Cumbre?  

En términos generales el gobierno plantea un relato hegemónico en donde fue un enorme éxito el G20,  que se anotó un éxito extraordinario en su política exterior y que esto relanza a Macri de cara al 2019.
En realidad en términos de la discusión de la solución y resolución de las tensiones que en este momento hay en el sistema internacional, la Cumbre no dio respuestas. Es cierto que llegó a una declaración final, en todas las anteriores también, se temía que esta no tuviera declaración final firmada por todos los países, como el G7 en Canada o el Foro del Pacífico. Fue una declaración vaga y ambigua, su propio título “Construyendo consensos para un desarrollo sostenible”, habla de una declaración de deseos de tres cosas que están muy alejadas de la realidad.
En esta Cumbre se plasmaron los disensos, el desarrollo es cada vez más inequitativo y a nivel global, se profundizan las asimetrías entre países desarrollados y no desarrollados, y entre los más tienen y los que menos tienen en cada país, con su capitalismo que está exacerbando cada vez más las desigualdades sociales y un capitalismo absolutamente insostenible en términos medio ambientales. Así que esas tres cosas que se expresan en el título están absolutamente alejadas de la realidad. La declaración de 31 puntos es una mera expresión de deseos y que elude temas urgentes fundamentales y que no toma posición o lo hace en forma absolutamente lavada.
No se abordaron  temas como la regulación financiera y la reestructuración de las deudas soberanas, que se discutieron en cumbres anteriores, el tema de la crisis migratoria, el tema del calentamiento global, donde algunos países adhieren al Acuerdo de París y otros países como EE.UU. que ratificaron que salen del Acuerdo. Tampoco se abordó las distintas impugnaciones que hay al multilateralismo general, los asensos de los gobiernos fascistas o neofascistas o de ultraderecha,   las guerras que hoy hay en Siria o en Yemen, Turquía o Arabia Saudita. Todos estos temas fueron eludidos en el documento final, o sea que más bien a nivel  resultados, no terminó en un portazo de Donald Trump, hubo declaración final pero no más allá de eso. Segundo, la reunión entre Trump y Xi Jinping. El gobierno dice que fueron mediadores y en verdad la incidencia del gobierno para que se produzca esta reunión o para que no se produzca la reunión con Putín, es cero y no tiene nada que ver con algo que haya hecho o no haya hecho el gobierno argentino, y esta suerte de éxtasis de los mercados el dia lunes por la distensión temporaria entre China y EE.UU. ya el martes estalló cuando Trump  via twitter salió a amenazar con dar marcha atrás con la suspensión temporaria de las tarifas que iban a entrar en las importaciones chinas desde el 1º de enero y se desplomaron las bolsas en EEUU y otros países. O sea que en esa pugna geopolítica,  geoeconómica y geoestratégica entre EE.UU. y China va a seguir y la reunión del día sábado fue un capítulo más.

Argentina en el mundo: sometida
¿La Cumbre se puede considerar un éxito argentino?

Fue un éxito en términos políticos electorales para Macri que viene muy golpeado, de meses de un deterioro de su imagen política, según todas las encuestas, en medio de una enorme crisis económica y social.  Macri creía que esta Cumbre iba a coronar el ingreso exitoso de Argentina en el mundo, que el imaginó y propuso en 2015.
Hoy Argentina es una de las inflaciones más altas en el mundo, 45%, que devaluó 100% la moneda, con un nivel de recesión increíble, con la caída del PBI de un 2%, contra un presupuesto que decía que íbamos a crecer 3,5% y un proceso de aumento de la pobreza, caída de la actividad, recesión y rescate del FMI más alto de la historia con 57 mil millones de dólares.
Macri volvió con su mantra de que volvimos al mundo, dijo en la conferencia de prensa,  de cierre, una frase muy elocuente “los ojos del mundo ven como crecemos”, cuando la Argentina está en una recesión,  una cuestión que técnicamente  no es opinable, ya que lleva dos trimestres de recesión, según los propios números del gobierno. El año que viene va a ser todo un año de decrecimiento, caída de la actividad, esto está dicho por el Presupuesto, que dice que vamos a caer 0,5%, pero el FMI dice que vamos a caer 1,5% y la OCDE más todavía y la Argentina está en una depresión muy profunda que va a seguir los próximos meses.

Alfombra roja de sumisión

Macri dice “los ojos del mundo ven como Argentina está creciendo” o sea la desconexión con la realidad es absoluta. El éxito del G20, que no terminó en una ruptura del sistema multilateral, lo presentan como un éxito, dicen volvimos al mundo.  Hay que ver como y para que, si es para servir la mesa y hacerle la fiesta a los más poderosos, o sea para tomar acríticamente la agenda del G7 y ser un mero organizador de un evento,  donde se ratifiquen los lineamiento de políticas económicas funcionales a las grandes corporaciones de los países centrales,  o justamente plantear las temas de los países en desarrollo, coordinar políticas con América Latina, con los BRICS, con los países del sur global, es decir tratar de disminuir las asimetrías que padece Argentina y todos los países no centrales.
Si vos haces y festejas la agenda de los poderosos te van a aplaudir, te van a palmear la espalda y te van a decir que sos el presidente que va por el buen rumbo. Creo que el símbolo más claro es que Macri le extendió la alfombra a Cristine Lagarde, que fue la gran homenajeada,  que le agradeció a  a Macron, a Trump, justamente su apoyo para el acuerdo con el Fondo, y ya sabemos que eso para la Argentina es más ajuste. Para Macri fue exitoso en términos de legitimar el fuerte ajuste interno que está aplicando su gobierno con el convenio con el FMI y van a tratar de utilizarlo electoralmente de cara a las elecciones del año que viene, incluso para ratificar la política represiva, la doctrina Chocobar, con la que se había habilitado a las fuerzas de seguridad,  con la excusa del G20, a disparar directamente a cualquiera que luego se ratifica con el Protocolo de Bullrich que acabamos de conocer. O sea legitimar el ajuste hacia adentro y legitimar un proceso represivo ante las resistencias que está habiendo de esos ajustes. En términos del pueblo argentino, creo que fue un gran fracaso, una oportunidad perdida y una confirmación de una economía completamente dependiente.

¿Que lugar tuvieron la sociedad civil y las organizaciones populares?

No están representadas en la agenda del G20 que defiende la agenda del G7, los países más desarrollados, sobre todo de sus corporaciones. El G20 sumó a los Grupos de Afinidad, en los que supuestamente participa la sociedad civil, con grupos que participan según lo determina el país anfitrión,  con una participación de organizaciones alineadas con el gobierno, y en ese sentido es una falsa participación de la sociedad civil, sesgada, y por otra parte son no vinculantes. O sea hay una fachada democrática y no hay representación de las multiples organizaciones que si tienen planteos sobre cada uno de los tópicos que se discutieron en la Cumbre del G20 y sobre los problemas que plantean sobre el orden mundial y no se incorporó esto, ni siquiera en las discusiones.
La contracara donde si se puede plantear un éxito es en la Confluencia que en condiciones muy adversas logró plantear desde el lunes 26 hasta el viernes 30 desarrollar la Semana de Acción Global Contra el G20-FMI, con muchas actividades toda la semana y en ese marco el 28 y 29 se desarrolló la contra cumbre, Cumbre de los Pueblos, con foros temáticos, talleres, en la Facultad de Sociales de la UBA, el día miércoles y el jueves en la Plaza del Congreso, donde se hizo un acto público y Nora Cortiñas leyó el documento final y culminó con un festival artístico de cierre.

Apuesta del gobierno

Macri apostó a capitalizar internamente esta reunión. Esa colección de fotos de familia, el acto en el Colon, sus saludos protocolares con todos los mandatarios, sus reuniones bilaterales, tienen mas que ver con el usufructo interno que con resultados tangibles para la Argentina. Promesa de convenio de inversiones se podrían haber firmado sin necesidad del G20 y desde lo que se anuncia hasta la realidad hay un gran trecho, lo vimos con las famosas inversiones chinas que no se concretaron y lo vamos a ratificar con los grandes titulares que se vieron de intenciones que después hay que ver cuales de ellas se plasman en la realidad. Lo que efectivamente dejó es una factura, un costo, enorme para una Argentina que está con un ajuste, con un enorme costo interno para realizar este evento internacional.
Creo que hubo una Declaración Final  que se negoció frenéticamente durante días y se terminó acordando un rato antes  del 1º de diciembre,  pero no logró ocultar la crisis del orden multilateral y los disensos que hay sobre cual tiene que ser el rumbo de ese orden multilateral.


*Doctor en Historia. Profesor UBA. Investigador Adjunto del CONICET. Autor de Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina (Ed. Octubre, 2018) y co-editor de Estados Unidos contra el mundo. Trump y la nueva geopolítica (Siglo XXI-CLACSO, 2018). Dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com

jueves, 6 de diciembre de 2018

“Es necesario vincular cada vez más a las producciones académicas con los procesos de difusión y divulgación”



MADE IN ARGENTINA | ENTREVISTA AL ANALISTA INTERNACIONAL, LEANDRO MORGENFELD

El especialista en política internacional, Leandro Morgenfeld, destacó la importancia de la divulgación como complemento necesario de la producción académica a la hora de “intervenir en el debate público y proponer alternativas”.

Suplemento Universidad, Página/12

Leandro Morgenfeld, autor del libro Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: Las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina, publicado por editorial Octubre, dialogó con Universidad sobre el G20, el ordenamiento mundial actual y el aporte de la universidad en los procesos de integración.

Docente e Investigador Adjunto del CONICET, Morgenfeld realiza un recorrido por los últimos acontecimientos del concierto internacional de naciones, al tiempo que reflexiona sobre los nuevos vínculos entre los países centrales, haciendo eje en las tensiones entre Estados Unidos y China, y anticipando algunas hipótesis en relación a cómo irá avanzando este proceso de -según define- transición hegemónica.

Durante la última semana se realizó el G20 en nuestro país. ¿Cuál creés que es el eje de disputa entre las grandes potencias en la actualidad?

Son varios. Se vieron manifestadas diversas de las tensiones geopolíticas. La primera es entre el sector más globalista de las burguesías de los países centrales y los sectores más retrasados de esas burguesías, vinculados al mercado interno, que están en tensión entre un mundo que tiende a interconectarse más desde el punto de vista económico y la reacción proteccionista frente a los sectores que van quedando rezagados.

Además, esta cumbre del G20 estuvo atravesada por las tensiones entre Estados Unidos y China, una de cuyas sus manifestaciones es la disputa comercial, y la disputa entre Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea. La tercera tiene relación con el cambio climático, ya que mientras el documento señala la voluntad de mantener los objetivos del Acuerdo de París, Trump expresó su disconformidad y ratificó su salida del mismo, anunciada el año pasado.

Otros temas presentes fueron el proteccionismo versus el libre comercio, grandes crisis migratorias y la discusión sobre reforzar o no los organismos multilaterales. Al mismo tiempo, la crisis de Medio Oriente, el vínculo Estados Unidos y Rusia, la puja entre Turquía y Arabia Saudita a partir del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, la propia crisis de la Unión Europea, a partir del divorcio traumático con Gran Bretaña. Es decir, el mundo está atravesado por todas estas disputas y la más importante es la del nuevo G2, Estados Unidos y China, y cómo se va a asimilar la declinación relativa de Estados Unidos y el ascenso imparable de China.

Desde una mirada geopolítica, ¿cómo observás al mundo en la actualidad?

El mundo está atravesando un proceso de transición hegemónica. Es decir, la potencia indiscutida de la posguerra fría -que es Estados Unidos, que consolidó su poder en los últimos 25 años, después de la disolución de la Unión Soviética, con aliados subordinados como la Unión Europea y Japón, lo que era el G7- está siendo disputada por el ascenso de otros polos, por la transición del eje de poder de Occidente a Oriente y por las alianzas que está trazando China –con Rusia, la India y otros países-, que desde un punto de vista económico, de influencia política e incluso militar, está siguiéndole los pasos en forma acelerada a Estados Unidos. Hoy, todos los debates giran en torno a cómo se va a dirimir esa transición hegemónica, si a través de un proceso de acuerdo entre Washington y Pekín o de un enfrentamiento más abierto. Por supuesto, las dos cosas conviven. Son dos economías que están muy vinculadas una a otra. Por lo pronto, es de esperar que el enfrentamiento no se resuelva con guerras mundiales, como en todos los procesos de transición hegemónica anteriores, pero eso no quiere decir que no haya conflictos militares específicos o múltiples tensiones. La última manifestación es esta “guerra comercial” que empezó Estados Unidos para revertir el desbalance comercial que tiene con China. Y el último sábado en Buenos Aires vimos apenas un capítulo de distensión de ese conflicto comercial, pero que, sin dudas, no será el último, sino apenas un capítulo más de un proceso muy complejo, muy incierto y que tiene al mundo en vilo.

En este mundo en disputa entre Washinton y Pekin, la Argentina como anfitrión tomó la agenda de los países centrales.

Esa posición se dio con Estados Unidos pero también en equilibrio con China. En épocas de vacas flacas tiene que oscilar entre los dos polos. El problema es que no se hace para tener mayor autonomía sino a través de relaciones dependientes con los dos polos de poder.

En relación a décadas pasadas, ¿considerás que hubo cambios en los vínculos entre los países centrales?

Sí, en cada momento histórico los vínculos que se dan entre las potencias centrales son distintos. En este momento, cuando se da un proceso imparable de mundialización del capital, los enfrentamientos son más complejos porque, por ejemplo, hay muchos capitales de Estados Unidos, China y Europa que están vinculados, entrelazados. Hay muchísima inversión de Estados Unidos en China y de China en Estados Unidos, por ejemplo. Así que el enfrentamiento geopolítico ahora es más complejo que en la etapa del imperialismo clásico. El vínculo entre las principales potencias asume una forma distinta a la del periodo de entreguerras, cuando los capitales estaban más vinculados a su espacio de acumulación en cada Estado Nacional y eso derivaba en tensiones económicas, comerciales y monetarias, que llevaron a las dos guerras mundiales.

Desde la mirada académica, ¿creés que la universidad puede aportar para comprender las condiciones que presenta el escenario internacional?

La universidad tiene un rol clave para pensar y proponer alternativas que permitan estrategias de inserción internacional y de desarrollo que tengan que ver con superar la dependencia que tiene buena parte de la región, y en particular la Argentina. Es necesario vincular cada vez más a las producciones académicas con los procesos de difusión y divulgación. En mi rol como docente e investigador le doy también una importancia muy grande a que la difusión de aquello que producimos pueda tener incidencia en el debate público. Por eso, este último libro que publiqué, Bienvenido Mr. President, trata de hacer un aporte para pensar y construir un vínculo con Estados Unidos no subordinado, más autónomo y más coordinado con el resto de los países latinoamericanos. Su presentación y discusión a través de charlas y en los medios de comunicación es una apuesta a ampliar el debate sobre esta problemática más allá de los circuitos académicos, involucrando a activistas sociales, referentes políticos y comunicadores.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

"Recibiendo al patrón. Reacciones ante las visitas de presidentes de Estados Unidos". Por Leandro Morgenfeld

Por Leandro Morgenfeld

Anuario 17 Centro de Estudios Históricos Carlos S. A. Segreti, Córdoba, 2017


Resumen


Sólo seis presidentes de Estados Unidos visitaron la Argentina durante el ejercicio de su mandato: Roosevelt (1936), Eisenhower (1960), Bush (1990), Clinton (1997), Bush Jr. (2005) y Obama (2016). Cada una de estas visitas respondió a objetivos estratégicos y generó una singular respuesta en la Argentina, que estudiamos en función de determinar en qué medida condicionaron las políticas exteriores y en particular el vínculo con Estados Unidos. Si bien son varios los autores que han llamado la atención sobre la importancia de los factores internos en la adopción de determinada política exterior, son pocos los estudios específicos que desarrollan en profundidad dichos condicionantes. En general, cuando se abordan las variables internas, éstas quedan reducidas al accionar del poder ejecutivo y de la cancillería –actores centrales sin lugar a dudas- sin dar lugar a otras fuerzas sociales y políticas que también se expresan y tienen su injerencia. En este artículo, abordamos el contexto de la relación bilateral en el momento de cada visita, los objetivos de cada gobierno y las reacciones que suscitaron en la Argentina.

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La cumbre del G20 y el eje China-Rusia-India. Entrevista Morgenfeld (Sputnik)

La cumbre del G20 constató "disposición de todos a reforzar las instituciones internacionales"

EL PUNTO (Sputnik)


El principal resultado de la cumbre del G20 en Buenos Aires fue que las principales economías manifestaron su disposición a trabajar según normas y enfoques comunes, afirma la representante de Rusia ante los Veinte, Svetlana Lukash, que calificó el importante evento como uno de las más controvertidos.

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"Concordar la declaración final de la cumbre llevó seis días, es una situación sin precedentes. Hubo temas debatidos por los mismos mandatarios, cuyas decisiones ayudaron a llegar a un consenso y, finalmente, adoptar una declaración final", afirmó la funcionaria.




Estos fueron los países más beneficiados por el G20

La cumbre del G20, que se celebró del 30 de noviembre al 1 de diciembre en la capital argentina, culminó con la adopción de una declaración final que excluyó por primera vez manifestaciones expresas en favor de un sistema de comercio libre y abierto.

Se consensuó, una manifestación de apoyo al comercio y las inversiones como los verdaderos motores del crecimiento y de un desarrollo inclusivo, y una mención expresa a la necesidad de hacer reformas al sistema del comercio internacional y a las reglas de la Organización Mundial del Comercio.

Leandro Morgenfeld, doctor en Historia, compartió con nuestra emisora, su apreciación sobre los resultados de la Cumbre.

"Había temor que esta fuera la primera Cumbre G20, que no arribara a un documento final. Eso se evitó, hubo una declaración final, pero esta fue muy ambigua, muy vaga. El propio título 'Construyendo Consensos para el desarrrollo equitativo y sostenible' muestra tres pretensiones que están muy lejos de cumplirse".

Hay cada vez más asimetría entre los países desarrollados y los no desarrrollados. Cada vez más desigualdad económica entre ese 1% de la población a nivel global que acapara cada vez más riquezas y el restante 99%, afirmó el especialista.

"La Cumbre reflejó que estamos ante un mundo muy incierto desde el punto de vista global y ante incertidumbres de cómo se va a producir la transición hegemónica con la declinación de EEUU, el ascenso de China y el establecimiento de nuevas alianzas no justamente comandadas por Washington", destacó Morgenfeld.

En Rusia, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, denunció en la conferencia 'Diálogos en aras del futuro' que como nunca, se siente un déficit de enfoques constructivos para resolver los problemas globales que afectan a la gobernanza del mundo y su futuro.

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En otro orden, el ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigú, anunció para septiembre próximo la realización de los ejercicios estratégicos Tsentr-2019, relacionados con la carrera armamentista que se avecina por los planes de EEUU de salir del Tratado de Eliminación de Misiles de Corto y Medio Alcance (Tratado INF).

En esta edición también destacamos que el presidente de la Cámara de diputados de Rusia, la Duma de Estado, Viacheslav Volódin, propuso para el comienzo del diálogo con el Parlamento Europeo, crear un grupo de trabajo oficioso conjunto.

martes, 4 de diciembre de 2018

Reseña de Bienvenido Mr. President en Le Monde



Bienvenido Mr. President, destacado entre los Libros de Mes de Le Monde Edición Cono Sur, diciembre 2018.

Fragmento de la reseña escrita por Alfredo López Rita:

"La línea panamericanista estadounidense versus la universalista argentina; las intenciones norteamerianas en el Cono Sur y la perenne insitencia yanqui por consolidar una alianza económica y militar con nuestro país; las protestas que todas y cada una de las visitas presidenciales produjero, sin excepción, en lo que denota la variación de los modos de acción colectiva y no sólo una reacción "antiimperialista" aislada, además de simpáticas anécdotas y un vasto soporte teórico y erudito hacen de Bienvenido Mr. President un libro necesario"


Lo que el G20 nos dejó




Entrevista en Desafío 2018, por C5N, lunes 3 de diciembre de 2018.
Conduce Zloto. Columna de José Natanson. Opinan Juan Gabriel Tokatlian y Leandro Morgenfeld. 

lunes, 3 de diciembre de 2018

El desprecio de Donald Trump a nuestro país. Entrevista en #AltaData


Donald Trump le volvió a hacer un desplante en pleno G20 que expuso y dejó mal parado al presidente Mauricio Macri.
Sin embargo, el presidente de Estados Unidos ya despreció varias veces a Argentina y también tuvo otros desplantes para con Macri.
En #AltaData, un análisis profundo de la relación de Trumo con Argentina y con el presidente argentino, con la opinión del analista internacional .

#Alta Data, en El Destape
3 diciembre 2018

Algunas noticias de la emisión de hoy: 1) Se terminó el G20 y Macri llora. Volvió todo a la normalidad, pero ¿qué nos dejó el G20? 2) El desprecio de Donald Trump a nuestro país. Entrevista a Leandro Morgenfeld 3) La balanza comercial con los principales países que nos visitaron y el déficit comercial más grande de la historia. 4) Las armas de fuego llegaron para quedarse: Patricia Bullrich autorizó el "gatillo fácil".

Lo que nos dejó el G20 y la visita de Trump.

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Lo que nos dejó el G20 y la visita de Trump

AM750

Leandro Morgenfeld hace un balance de la Cumbre del G20. 

- escuchá el audio acá



“Lo que Macri obtiene de Trump es humillación y más humillación”




Leandro Morgenfeld: “Lo que Macri obtiene de Trump es humillación y más humillación”

Primereando entrevisto a Leandro Morgenfeld, autor del libro "Bienvenido Mr. President", en el contexto de la cumbre del G-20 realizado en Argentina.

Por Martín Piqué (Primereando)



Historiador, docente universitario e investigador del CONICET, Leandro Morgenfeld encontró un vacío y supo cómo llenarlo. A pesar de la importancia determinante que Estados Unidos tiene para la Argentina (sobre todo por su influencia global), el país del norte es sin embargo poco estudiado desde estas latitudes. Dicho de otro modo y de manera brutal: investigadores de la universidad y periodistas especializados no suelen ir mucho más allá de las referencias superficiales, obvias o genéricas a la hora de entender y problematizar la relación bilateral entre EEUU y la Argentina. El último libro de Morgenfeld –Bienvenido Mr. President, Editorial Octubre- viene a llenar ese vacío.
No parece casual que el recorrido histórico del vínculo entre Washington y Buenos Aires investigado por Morgenfeld haya coincidido con la llegada a la Casa Blanca de un presidente atípico, el empresario megamillonario Donald Trump. La asunción de un outsider como Trump es otra expresión del descontento con los efectos de la globalización neoliberal, un fenómeno que trasciende fronteras. El contexto es de incertidumbre.
La deslocalización de las empresas multinacionales, que pagan salarios más baratos en el Sudeste asiático, y la desindustrialización resultante de una fase del capitalismo caracterizada por la hegemonía del poder financiero, generan crisis sucesivas y malestar creciente entre los trabajadores.
Estos debates ganaron espacio en una ciudad de Buenos Aires militarizada como nunca. La cumbre de jefes de Estado del G-20 mostró estos problemas y puso de manifiesto la tensión por las guerras comerciales que protagonizan potencias como China y el propio EEUU. De todos estos temas habló Morgenfeld en esta entrevista con Primereando Las Noticias (PLN).

-En su intento por construir una mayoría electoral, la oposición al macrismo ensaya representar una propuesta más de centro desde el punto de vista político-ideológico. Pienso en la figura de Cristina, que en el Foro de CLACSO no casualmente se definió como una “yegua herbívora”. Esa frase, para el peronismo, es una forma de decir algo así como: ‘tengo capacidad de daño pero vengo con espíritu de pacificación’. Es una frase que remite a aquella de Perón sobre el “león herbívoro”. En paralelo, CFK se está reuniendo con comunicadores y periodistas asociados a un espectro político bastante distante, que en todos estos años claramente cargaron duro contra el kirchnerismo. Un par de ejemplos: Alejandro Fantino y Jorge Asís. Cristina recibe también sondeos por parte de empresarios. A través de Axel Kicillof, hombres de negocios transmiten que están interesados en conocer qué haría Cristina si volviera al gobierno en 2019. Por su parte, Cristina hace saber que no desconocería el acuerdo con el FMI sino que, en todo caso, lo renegociaría. Es en este marco que quiero preguntar por la relación bilateral de Argentina con Estados Unidos. Un vínculo que hoy está atravesado por las particularidades de Donald Trump. ¿Qué tipo de relación habría que encarar con EEUU en este contexto? Recordemos que EEUU ha sido el país clave para que el FMI siga asistiendo financieramente al país. Porque desde una lógica racional de riesgo crediticio la Argentina no estaría en condiciones de recibir la asistencia financiera que, sin embargo, sigue recibiendo. En definitiva, es obvio que Washington quiere incidir para ayudar al gobierno de Macri y tratar que continúe.

-En este punto lo de Macri es claro. Tiene una política exterior absolutamente alineada con EEUU. Las visitas de los presidentes norteamericanos a la Argentina suelen ser –por lo menos así yo lo cotejé en la historia de las visitas bilaterales a nuestro país- una especie de premio a alineamientos previos que hay. Eso no es casual. Así sucedió con (Arturo) Frondizi, que el año anterior había sido el primer presidente argentino que fue a Washington, como las dos visitas que tuvo (Carlos) Menem y la que tuvo Macri con (Barack) Obama en el 2016, fueron como una premiación a alineamientos previos. De hecho, Obama vino a la región, a Brasil, a Chile, en el 2011, y no vino explícitamente a la Argentina. En el caso de esta visita, dada la cumbre del G-20, es una visita multilateral pero Trump podría haber faltado, como faltó a la cumbre de las Américas este año en Lima. En definitiva, el gobierno argentino tiene claramente una posición de alineamiento en todos los órdenes con EEUU. En efecto, Macri tuvo en Trump un apoyo clave para destrabar el acuerdo con el FMI cuando tenía toda la macroeconomía funcionando mal. Es más, el acuerdo (con el FMI) lo firmó en junio, lo incumplió y a los dos meses tuvo que salir a pedir un nuevo rescate. Al mismo tiempo, si hacemos un balance de lo que pasó el viernes en el encuentro bilateral entre ambos, lo llamativo es que a Trump le encanta ‘sobrarlo’ –por decirlo de alguna manera- a Macri. Porque a Trump, evidentemente, le gusta ‘sobrar’ incluso a quienes defienden sus intereses en la región. Pasó el año pasado con una frase lapidaria que dijo Trump cuando se presentó junto a Macri en el Salón Oval y se juntaron brevemente con la prensa. Una periodista le preguntó por los limones que la Argentina quería exportar a EEUU y él contestó: “Ustedes me van a venir a hablar de limones y yo de Corea del Norte”. Trump tiene una capacidad maravillosa para generar, con pequeños gestos y frases, titulares importantes para la prensa mundial y al mismo tiempo incomodar a sus más cercanos aliados. Este viernes pasó algo así. Porque hizo dos o tres cosas muy significativas. Lo primero es que lo que iba a ser una visita de Estado terminó siendo una visita muy corta. Macri le ofreció, y además lo dijo públicamente, una cena de honor en la quinta de Olivos el día jueves. Pero al final el Departamento de Estado dijo que iba a acortar la visita de Trump y éste llegó recién a última hora del jueves. Y el encuentro bilateral fue muy acotado. Lo segundo es que, a un encuentro que estaba pautado como muy corto, Trump llegó 30 minutos tarde. Para la agenda que tenía Macri era una gran complicación. Al final, por el desperfecto que tuvo el avión de Ángela Merkel, a Macri no se le superpuso con la reunión pautada con ella. Igual Trump llegó 30 minutos tarde. Y no fue por un problema técnico, sino que se quedó tuiteando con el tema del escándalo que estalló esta semana en EEUU a partir de un cruce con su ex abogado Michael Cohen. Estos gestos, Trump los hace a propósito. Es una forma de decir: “esto, a mí, no me interesa”. Llegó a la reunión media hora tarde, con cara de muy mal humor y en los pocos segundos que estuvo frente a la prensa antes del encuentro bilateral lo único que hizo fue decir “este traductor simultáneo no anda”. Y lo tiró mientras hablaba Macri. Y entonces le dijo: “te entiendo a vos mejor que al traductor”, cuando sabemos que Trump no entiende una palabra de español. Lo tercero o cuarto que Trump le dijo a Macri, otra muestra de su capacidad para humillar a un presidente que le dio todo a cambio de nada, fue: “recuerdo nuestras épocas cuando eras joven y guapo”. Era una alusión a las andanzas viejas, de playboy digamos, aunque la palabra ‘playboy’ no la haya pronunciado, pero hacía referencia a eso. Y le dijo: “yo hacía negocios con tu papá y yo le decía que vos algún día…” Era una forma de, otra vez, ‘sobrarlo’. De tratarlo como ‘hijo de’. Y después fue a otra reunión, mucho más corta de lo esperado, y se fue raudamente. A los 45 minutos ya se había ido. Después Trump faltó a la reunión de 90 minutos que tenían a solas los mandatarios, luego de que Macri saludara a la mayor parte de los líderes extranjeros. El estadounidense llegó una hora y media más tarde, sólo para la ‘foto de familia’. Son todos gestos de desprecio por el G-20, pero también por el gobierno anfitrión, que hizo lo imposible para agasajarlo. Y una cosa más, todavía más grave: la vocera de Trump dijo que en la reunión bilateral que habían tenido Trump y Macri habían hablado de la acción económica predatoria de China. Una frase muy delicada. Sobre todo en tiempos en los que Macri, por la situación de debilidad económica de Argentina, tuvo que terminar arrojándose a los brazos de China en momentos en que el presidente chino, Xi Jinping, está haciendo una visita de Estado al país. Una visita que se extiende hasta el domingo y que es mucho más importante que la de Trump. De hecho, este domingo se va a firmar la ampliación del swap de monedas (acuerdo entre los Bancos Centrales de ambos países). También se van a firmar casi una cuarentena de acuerdos bilaterales. El propio canciller Jorge Faurie tuvo que salir a desmentir nada menos que a la vocera de Trump. Todo esto junto muestra el fracaso de la estrategia de Macri de fragmentar la región, Sudamérica, para alinearse incondicionalmente con Estados Unidos. Porque además de no obtener nada desde el punto de vista económico, lo que obtiene de parte de Trump es humillación y más humillación.




-Paro la pelota acá y recuerdo que EEUU fue clave para conseguir el segundo rescate financiero del FMI. En ese punto la intervención de EEUU fue decisiva. Además, en los últimos días se conoció un anuncio de que está en marcha un supuesto acuerdo para que EEUU realice inversiones en el área de la construcción en el marco de la Participación Público-Privada (PPP).

-Dos o tres cosas. Primero, lo del acuerdo con el FMI, nosotros ya lo sabíamos. Aunque el rescate del Fondo no sea directamente funcional a los intereses, por lo menos, de la mayoría de la población argentina. Claro que sí es funcional al esquema de Macri de salir a pedir un mega-endeudamiento cuando el sector privado dejó de prestarle o le presta a tasas que son inviables. Eso yo no lo pondría como un punto a favor, aunque es obviamente lo primero que rescató Macri en su discurso. Porque lo primero que hizo con Trump, al igual que con Christine Lagarde y como hizo con (Emmanuel) Macron, fue decirle: “Muchísimas gracias por haber habilitado este nuevo préstamo por parte del Fondo”. Y sobre lo de las inversiones estadounidenses, esperemos a ver lo que ocurre y a leer la letra chica. El martes pasado, los grandes diarios titulaban “inversiones por 20 mil millones de dólares”. Dos días después, esas inversiones ya habían bajado a 813 millones y la otra parte “se vería”. Además, no hubo comunicado conjunto para informar sobre esos anuncios. Es la primera vez que en una visita de este tipo no hay ni conferencia de prensa conjunta ni comunicado conjunto. Sólo los trascendidos. “Hablamos de Venezuela, hablamos de inversiones, hablamos del tema de China, hablamos de la compra de armamentos”. Eso sí es un dato porque lo dijo explícitamente la vocera de Trump. Dijo: “hablamos de venta de armamentos”. Y se sumó a último momento a la reunión, que fue con cuatro o cinco ministros por cada país, a la ministra Patricia Bullrich, quien inicialmente no iba a ser parte. Así que seguramente lo que vino a hacer Trump, como hace siempre y en todos lados, es lobby por el complejo militar-industrial de su país y por la exportación de armamento. Y sobre el tema de la carne, que desde algunos medios salieron a vender con el espíritu casi triunfalista de “ahora vamos a poder exportar carne a EEUU”, eso es algo que había ganado el gobierno anterior en el año 2015, después de demandar a Washington ante la OMC. Con la exportación de la carne se podrían sumar 100 millones de dólares al comercio bilateral a favor de Argentina. Los famosos limones que se destrabaron, este año, equivalieron a solamente exportaciones por 10 millones de dólares. Pero no olvidemos que perdimos 1200 millones por el biodiesel (Trump bloqueó el ingreso de biodiesel argentino imponiendo aranceles). Así que hay que leer más finamente lo que nos comunica el gobierno y los diarios afines al gobierno: desde el punto de vista económico no se está obteniendo nada a cambio de esta relación con EEUU. Es más, desde el punto de vista comercial tenemos un déficit enorme con EEUU, que el año pasado explicó el 37% de todo el déficit comercial –récord histórico de la Argentina- de 8471 millones de dólares. Ese es un primer balance de la visita de Trump a Buenos Aires. Por supuesto que en el gobierno argentino estaban temblando ante la posibilidad de que Trump ni viniera. Y finalmente vino. Temían también que Trump faltara a la ‘foto de familia’. Y fue. Me parece que hay una clara debilidad de la Argentina en toda la estrategia que puso en su relación con Estados Unidos. Y en cuanto a la estrategia de la oposición para la relación bilateral con EEUU, no sé si hay tanto para hilar fino con lo de Washington. Sobre esas consideraciones de plantearse como un “león herbívoro”, o de no confrontar con el FMI, que ratificó Axel Kicillof en una serie de reportajes, no me cabe a mí decir si me parece que es adecuado, útil o no. A mí me parece que todo lo que sea asimilarse y mostrarse como un ‘Macri-light’, como hace un sector del peronismo, va hacia una derrota. Y no serviría para cambiar la situación en que está la Argentina. Me parece incluso que la estrategia de retirarse de la escena, de que Cristina ni siquiera haya ido a la asunción de Andrés Manuel López Obrador en México, de retirar a las agrupaciones kirchneristas de la movilización contra el G-20, puede ser interpretada como parte de esa estrategia. Una estrategia de no radicalizar. Veremos.


-A Cristina, como presidenta, le tocó participar en el G-20 y nunca lo repudió como un espacio de discusión.

-Esa es la diferencia que yo tengo y lo hemos hablado muchas veces con Cecilia Nahón (ex embajadora argentina en EEUU), que fue ‘sherpa’ (colaborador personal de los presidentes para la realización de las cumbres) varias veces en el G-20. Hay un sector que cree que en el G-20, articulando con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y articulando con América Latina, se pudieron, por lo menos, dar algunas discusiones. Estamos de acuerdo todos en que no se modificó el sentido de las políticas del G-20 porque en las cosas que se llegaron a plantear después no se avanzó con ninguna. Hay un sector de la oposición, sí, que plantea que ya que Argentina está en el G-20 es un buen espacio para articular. Yo creo que no. Que el G-20 es un espacio absolutamente antidemocrático, con una sub-representación enorme de las regiones no desarrolladas. Como síntesis, el G-20 es una lavada de cara del G-7, que sigue imponiendo cuáles son los temas de la agenda. Por supuesto, participar en el G-20 podría ser una oportunidad para que, frente a todas las crisis que hay por arriba, se articularan alianzas en otros temas de agenda. Como se hizo en otro momento. Pero esto no es lo que está haciendo el gobierno de Macri. En general, lo que dice el kirchnerismo es que la política exterior de Macri y su estrategia ante el G-20 han sido oportunidades perdidas. Pasivamente, Macri decidió elegir temas que ni siquiera tocaran cuestiones que ya se venían planteando, como la regulación del sistema financiero u otros problemas que afectan a los países no desarrollados. Yo dudo de la viabilidad del G-20 como espacio para establecer otras reformas. Sí creo que habría que hacer una reivindicación del multilateralismo, pero en el marco de la ONU, del G-77 + China, u otras instancias, en las que la capacidad de acción de nuestro país podría ser más grande. O en las instituciones regionales. En esos ámbitos la injerencia de Argentina con estos debates podría ser mucho mayor. Por el contrario, no concuerdo con la idea de legitimar un grupo que es no representativo, absolutamente. Pero, bueno, es un matiz.

-En la relación de Argentina y EEUU, con Trump al gobierno, se percibe una paradoja que necesita ser pensada. Algunas políticas de Trump respecto de su propio país –como el intento por relocalizar las empresas norteamericanas que se habían trasladado al Sudeste asiático buscando salarios más baratos, o la presión y la protección para que no haya una invasión de productos chinos- expresan medidas que desde el punto de vista ideológico no son propias de un neoliberalismo plano y clásico. Al mismo tiempo que sucede esto, la Argentina le debe al actual gobierno estadounidense la nueva renegociación del acuerdo financiero con el FMI. Pareciera que aquella frase popular de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” se aplicara perfectamente a este momento de la relación con EEUU.

-Es un tema complejo. Creo que la gran impugnación que hay desde muchos países y desde muchos sectores a la globalización neoliberal es una enorme oportunidad porque permite resquebrajar un consenso ideológico y una hegemonía cultural que el neoliberalismo supo construir y consolidar en los últimos años. En este marco, lo que pasó en América Latina en la primera década del siglo XXI (por los gobiernos progresistas, populares y de izquierda) fue una excepción. En definitiva, cuando en los países centrales se impugna esa globalización neoliberal se abre una oportunidad que debe ser aprovechada. Pero, ojo, eso no nos tiene que llevar a confundirnos y caer en la reivindicación de los nacionalismos de las potencias centrales, porque esos nacionalismos tienen un contenido absolutamente distinto a los nacionalismos reformistas e industrialistas de los países no desarrollados. ¿A qué voy con esto? Asimilar una política proteccionista de Trump con lo que fueron los nacionalismos latinoamericanos o, si se quiere, los llamados ‘populismos’ de esta región –sacándole la connotación peyorativa de la palabra ‘populismos’, que a mí no me gusta- me parece un error garrafal. Porque sólo superficialmente son algo parecido. Lo que Trump está defendiendo son los intereses de ciertas corporaciones más retrasadas de la burguesía norteamericana –el complejo militar industrial, el complejo petrolero- que enfrentan a los sectores más globalizados de la burguesía norteamericana. Lo que uno tiene que decir, entonces, es no elegir entre esas dos cosas. Sobre todo cuando ese planteo viene de la mano de los sectores más retrasados desde el punto de vista de los derechos sociales. Lo podemos ver con Marine Le Pen, lo podemos ver con Jair Bolsonaro y lo podemos ver con Donald Trump. Y ni hablar con otros líderes de Europa del Este. Se habla de la supuesta existencia de dos caminos: o la globalización neoliberal que proponen Ángela Merkel, Emmanuel Macron y el propio Mauricio Macri, revestida de ‘defendamos el multilateralismo’, versus los nacionalismos o unilateralismos o los ‘populismos’, como llama la derecha mundial a los Trump, a los (Vladimir) Putin o a los cualquiera otros que no están a favor de la globalización neoliberal. Pero me parece que hay que salir de esa falsa dicotomía. Tenemos que enfrentar las dos cosas. ¿Por qué? En EEUU, por ejemplo, el movimiento popular y los sindicatos están enfrentando a Trump. Es lo que dice Nancy Fraser (intelectual nacida en la ciudad de Baltimore, EEUU, filósofa política ligada al feminismo pero también crítica de la focalización excesiva en cuestiones de género, una tendencia global que invisibiliza los efectos económicos y sociales del neoliberalismo) al asegurar que “se acabó el neoliberalismo progresista”. Por esa definición ella define a los sectores globalistas, básicamente el Partido Demócrata, que abrazaron algunas causas de las luchas de las minorías para legitimar la acción de darle todo el poder al capital financiero más trasnacionalizado de EEUU. Muchos obreros y muchos trabajadores votaron por igual a Bernie Sanders y a Donald Trump. Pero eso no nos tiene que llevar a confundir eso con una reivindicación del proteccionismo imperial de Trump. Sí se puede decir que “está cuestionada la globalización neoliberal” pero ante este escenario lo que corresponde es construir una perspectiva que, contra esos dos polos antinómicos, plantee una superación nacional/popular/de izquierda/latinoamericana/ progresista/feminista y todo lo que se quiera poner ahí. Porque, insisto: el contenido del proteccionismo de los países no centrales es muy distinto al de los países imperialistas. EEUU no es proteccionista recién con Trump. Fue siempre proteccionista. Fija subsidios agrícolas. (Barack) Obama tenía 100 mil millones de dólares por año, que los sigue teniendo ahora Trump, de subsidios a los productores agropecuarios. Que son los que no dejan que entre el biodiesel argentino, que no dejan que entre la carne, que no dejan entrar los limones. A la Argentina eso le pasó, en su relación con EEUU, en el siglo XIX, en el siglo XX y en el siglo XXI. Y lo mismo con la Unión Europea y con Japón. EEUU siempre fue proteccionista. Proteccionista hacia adentro y liberal hacia afuera. Volviendo a lo que está haciendo ahora Trump: en efecto, está intentando la relocalización de sectores industriales que, por la diferencia de salarios, migraron primero a México y después a China. Ese es un buen argumento para explicar por qué el capitalismo produce miseria no sólo en los EEUU sino en todo el mundo. Así que la alternativa de establecer proyectos distintos al de la globalización neoliberal está puesta sobre la mesa. Incluso a través de esa impugnación por derecha que expresan el Brexit, Trump, etcétera. Pero eso no quiere decir reivindicar. Porque sería reivindicar, a mi juicio, a la ultraderecha y los neofascismos. Este contexto mundial es una buena oportunidad para buscar alternativas, no para asimilar lo que plantean Trump y otros proyectos de este tipo. No creo que sea conveniente decir, cómo están haciendo algunos sectores del peronismo: “vean lo que está haciendo Trump, eso es lo que nosotros deberíamos hacer acá”. A lo (Guillermo) Moreno o a lo (Sergio) Massa. O a lo (Michel) Pichetto. Ese pensamiento me parece medio ramplón e incluso muy complicado en la construcción de una alternativa política. Porque eso va de la mano de la xenofobia contra los inmigrantes, va de la mano de aniquilar al movimiento de mujeres. Va de la mano de aplastar los derechos sociales de las diferencias, de los jóvenes, de las mujeres, de los científicos. Una cantidad de cosas que, si sucedieran, serían muy jodidas –antagónicas diría- para construir una alternativa superadora en nuestro país.

domingo, 2 de diciembre de 2018

"La victoria de los depredadores"



La victoria de los depredadores

Bush padre, muerto el viernes, construyó la primera etapa de las relaciones carnales con Menem. Trump y Macri van por la remake. Aquí se cuenta la historia desde 1989 hasta hoy. Las comparaciones. América latina entonces y ahora. La OSS y la CIA. El llamativo plan bilateral de Macri.

Por Martín Granovsky (Página/12)

Una Argentina parroquial desdeñó, en 1989, un dato clave de la biografía de George Herbert Walker Bush, que asumió ese año la presidencia y murió el viernes último a los 94 años mientras Donald Trump estaba en el G-20. Bush era el último presidente de los Estados Unidos que había combatido en la Segunda Guerra Mundial. Aviador naval, a los 20 años, en 1944, su Avenger fue atacado y él se eyectó sobre el Pacífico. “La cabina estaba llena de humo”, escribió en una carta a sus padres. Quedó vivo porque fue recogido por un submarino.

Para la generación nacida en los años 20, la guerra era un sello personal. Esa misma Argentina parroquial subestimó al embajador que envió el republicano Bush. Igual que su presidente, el demócrata conservador Terence Todman también había sido un combatiente de la Segunda Guerra. Solo que en la OSS, sigla en inglés de la Oficina de Servicios Estratégicos, el organismo de informaciones que fundó Franklin Delano Roosevelt y antecedió a la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos.

Cuando asumió Carlos Menem en julio de 1989, la interpretación habitual en medios políticos argentinos era que el principal objetivo de los Estados Unidos era quedarse con muchas empresas. Error: el tándem Bush-Todman pensaba en términos estratégicos. Buscaba alinear a la Argentina con Washington de modo estructural y definitivo. Lo consiguió por ejemplo en 1991, cuando Bush persuadió a Menem de que enviara naves al Golfo Pérsico en la guerra contra el Irak de Saddam Hussein. Lo remachó con el Plan Brady, por el cual los bancos extranjeros canjearon los títulos de la deuda externa por activos en las empresas que Menem fue privatizando a manos de operadoras europeas. Mientras tanto, la dupla Bush-Todman siempre tuvo en claro que el alineamiento estratégico entre la Argentina y los Estados Unidos chocaba con cualquier proyecto de integración regional sin la presencia norteamericana.

Como vicepresidente de Ronald Reagan entre 1981 y 1989, y aunque odiaba a Raúl Alfonsín porque lo consideraba un izquierdista, Bush fue clave en el apoyo al gobierno constitucional contra el levantamiento carapintada de 1987. Como presidente, después, confirmó que la estabilidad democrática argentina era útil para su país. En diciembre de 1990 no dudó en mantener una visita ya programada a la Argentina incluso en medio de otra sublevación. Y hasta durmió en la residencia diplomática de Libertador al 3500, a 20 cuadras del corazón de la insurgencia.

Ese mismo experimentado Bush, ex director de la CIA y primer embajador en China después de la normalización de relaciones, fue un combatiente contra los intentos de integración.

Influyó sobre Reagan para apoyar con armas y recursos a los contras antisandinistas.

Trató de disolver intentos como el Grupo Contadora (México, Venezuela, Colombia, Panamá) y el Grupo de Apoyo a Contadora (la Argentina, Uruguay, Brasil, Perú), que buscaban una salida pacífica y justa en América Central.

Con la ayuda del gobierno mexicano, logró dinamitar el Consenso de Cartagena, el proyecto argentino nacido en 1984 para unificar los reclamos de la Argentina, Brasil y México sobre la deuda externa. La potencia del trío quedó diluida con la incorporación de otros Estados. A veces lo que abunda daña.

En 1990, al año siguiente de la caída del Muro de Berlín, Bush presentó la Iniciativa para las Américas, para crear un área común “de Alaska a Tierra del Fuego”. Seguía un consejo del ex asesor dilecto de Richard Nixon, Henry Kissinger, abanderado del plan que buscaría después fundar un área de libre comercio de las Américas, el ALCA que no nació en 2005 en Mar del Plata por la bolilla negra de Néstor Kirchner, Lula, Tabaré Vázquez, Nicanor Duarte Frutos y Hugo Chávez.

Con Bush y Menem presidentes en simultáneo durante cuatro años, el Mercosur surgió en 1991 como un bloque desprovisto de una meta productiva común. Nada de administrar la integración industrial con Brasil: solo comercio. Y cuidado con hacer política en el resto del mundo.

Sin que le costara mucho, porque Menem apostó a lo que su canciller Guido Di Tella bautizó como “relaciones carnales”, que para ser honestos con la historia él explicaba como un modo de intercambiar cosas concretas por cosas concretas, Bush logró convivir con una América Latina y una Sudamérica desarticuladas. Bill Clinton aprovechó esa situación desde que asumió, en 1993. Con George Bush hijo desde 2001, y Torres Gemelas mediante, el lobo actuó con menos energía que antes en el vínculo con el bosque de sus vecinos del sur. Junto con la crisis del ultraliberalismo, la relativa ausencia de los Estados Unidos en Sudamérica fue una de las condiciones que permitieron de hecho el surgimiento de los gobiernos soberanistas e inclusivos de comienzos del siglo XXI.

Las necrológicas de Bush publicadas por The New York Times y The Washington Post, y también sus comentarios editoriales, presentan a un presidente finamente ocupado de tejer lazos con sus aliados y deshacer conflictos secundarios mientras desgastaba a la Unión Soviética. Un miembro del establishment clásico, teniente de la Marina y abogado de Yale que hizo fortuna con el petróleo. Siempre ubicado en sus expresiones. Ambos diarios parecen mostrarlo como la contracara de Donald Trump. Aunque Trump no haya mezquinado alabanzas. Decretó 30 días de bandera a media asta, recordó que fue el piloto más jóvenes de la historia norteamericana y lo presentó como “una gran vida americana, que combinó y personificó dos de las grandes virtudes de nuestra Nación: el espíritu emprendedor y el compromiso con la función pública”.

Las comparaciones personales siempre son difíciles. Y el mundo de 2018 no es el de 1989. Pero algunos objetivos son permanentes. Mientras pueden, como es lógico para sus intereses los Estados Unidos actúan de manera unilateral. Solo admiten un bloque cuando pueden comandarlo. O cuando ese bloque corona una realidad económica ya existente, como el Nafta que Trump acaba de relanzar justamente en el marco del G-20. Si alguien tiene dudas de cuáles son sus prioridades, que registre ese dato.

El negocio de Washington y Trump es el bilateralismo. Así aprovechan la formidable asimetría de poder con países como la Argentina. Lo llamativo es que también ésa es la postura estratégica de Mauricio Macri. La Argentina llegó a ser la anfitriona del G-20 con la menor densidad regional de la historia reciente. Macri y Michel Temer pulverizaron Unasur con la excusa de enfrentar a Venezuela. Lo mismo hicieron con el Mercosur, una marca que solo aparece en sus preocupaciones cuando los gobiernos de la Argentina y Brasil la relacionan con la Unión Europea y un acuerdo que no acaba de madurar. Si no, el Mercosur no existe.

Trump no se anduvo con vueltas. Antes de su reunión con Macri dijo a la prensa que hablarían “de muchas cosas buenas para la Argentina, para los Estados Unidos, incluyendo el comercio y la compra de armas”.

La página web de la Casa Blanca, más profesional y rigurosa que su mediocre copia argentina, publicó el viernes un texto con este título: “El presidente Donald Trump promueve la prosperidad regional y la seguridad”. En el caso de la Argentina se felicita de haberse asociado “para combatir el crimen organizado y el terrorismo”. En general, “expandir las relaciones comerciales con los vecinos es una parte clave del esfuerzo del gobierno para rechazar las prácticas desleales de comercio e inversión y proteger la seguridad económica de la región”.

“Una creciente inversión en la Argentina y en la región mejorará la solidez de nuestros socios frente a los préstamos depredadores”, dice el documento de Trump. Es obvia la referencia a China. En la retórica trumpista la palabra “predatory” siempre va asociada a Beijing. Es una suerte para Macri, que por voluntad propia y ayuda decisiva de Trump ató su suerte a otro monstruo depredador, el que encabeza Christine Lagarde.

"EL G20: acaba la tregua". Opinan Leandro Morgenfeld y Sergio Cesarin (Revista Proceso)


Revista Proceso (México)

BUENOS AIRES (proceso.com.mx).- Primero Donald Trump, a continuación Xi Jinping, estrechan protocolarmente la mano de Mauricio Macri en las imágenes que transmite una pantalla muda, ubicada en la cabecera de la sala de trabajo del Centro Internacional de Prensa, en la que ahora trajinan unos doscientos periodistas acreditados a la Cumbre de Líderes del G20. El presidente norteamericano y su par chino protagonizaron el 1 de diciembre el encuentro más importante de todos los que se celebraron en Buenos Aires. Allí se selló una tregua de 90 días, en las que no habrá imposición recíproca de nuevos aranceles. El compromiso no detiene la guerra comercial entre ambas potencias pero sí gana algo de tiempo.
El G20 en Argentina reunió a los mandatarios de las veinte mayores economías del planeta. El foro sirvió para ratificar la crisis que vive el multilateralismo, en un contexto de fragmentación e incertidumbre, signado por la disputa geopolítica y geoeconómica entre Estados Unidos y China, disputa que también involucra a la Unión Europea, Rusia y a otras regiones del mundo.
El documento final del G20 es el primero, desde que los presidentes comenzaron a reunirse en 2008, que no condena el proteccionismo. El texto destaca, además, la necesidad de reformar la Organización Mundial de Comercio (OMC). Estos logros diplomáticos de Donald Trump no pudieron repetirse en el plano medioambiental. Mientras que 19 países reafirmaron la implementación del Acuerdo de París para limitar el cambio climático, Estados Unidos reiteró su derecho a utilizar “todas las fuentes de energía” para asegurar el crecimiento. Por último, a través de la firma del T-MEC con Canadá y México, Trump logró incluir un freno a China en ese espacio económico.
“El triunfo de Trump hace dos años fue una manifestación de la crisis de la hegemonía de EU, que desde hace 30 o 40 años viene perdiendo peso económico a nivel mundial, y que después de un período donde intentó asentarse como gendarme planetario, hoy está en un claro proceso de declinación hegemónica”, dice a Apro el Doctor en Historia Económica Leandro Morgenfeld, durante una pausa de un debate realizado en la Universidad de Buenos Aires el 29 de noviembre, en el marco de la Cumbre de los Pueblos, el mayor evento de oposición social, política y académica a la concepción del mundo que impulsa el G20. “Lo que acá se discute es cómo va a ser el tránsito de un mundo con EU como única superpotencia a nivel global hacia un mundo con dos centros, ya que China viene creciendo a tasas muy altas desde hace cuatro décadas y hoy tiene una previsión de superar en cuanto al PBI a EU en los próximos años”, dice el autor de Bienvenido Mr. President (Ed. Octubre, 2018), en el que se reflejan las visitas de los mandatarios norteamericanos a Argentina.

En la actualidad las economías norteamericana y china están entrelazadas y muestran un enorme grado de interdependencia. China es el principal tenedor de bonos de EEUU y EEUU uno de los principales consumidores de las exportaciones chinas. Muchas empresas norteamericanas exportan a EU desde China. En EU hay también mucha inversión de capitales chinos.
“Lo que observamos es una puja entre China y EU, así como la puja que mantiene EU con Europa, que paulatinamente erosionan las prácticas y disciplinas de negociación surgidas al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y también los regímenes globales y el sistema de negociaciones comerciales multilaterales, como por ejemplo la OMC”, dice a Apro Sergio Cesarin, quien dirige el Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. “El efecto de esta erosión es fáctico, porque las cuestiones centrales no se resuelven en el seno de las instituciones de orden global, surgidas del orden institucionalista liberal del siglo pasado, pero a la vez hay un efecto simbólico, porque estas instituciones ya no parecen responder a las nuevas lógicas de poder”, sostiene.

Exigencias

Estados Unidos es la mayor potencia económica, tecnológica y militar del mundo. Pero su peso, en términos relativos, va en declive. Los últimos documentos de Defensa y Seguridad nacional elaborados en Washington ubican a China como el principal “adversario estratégico”. Durante una charla el 4 de octubre en el Hudson Institute, el vicepresidente norteamericano Mike Pence fue explícito: “Con su plan ‘Made in China 2025’, el Partido Comunista chino se prepara para controlar 90 por ciento de las industrias más avanzadas del mundo, incluyendo robótica, biotecnología e inteligencia artificial. Para ganar los más altos comandos de la economía del siglo XXI, Beijing puso a sus burócratas y empresarios a obtener la propiedad intelectual estadounidense, fundamento de nuestro liderazgo, por cualquier medio”.
“Uno de los problemas críticos en la competencia global y estratégica China-EU es la obtención por parte de China de nuevas tecnologías mediante la transferencia directa, la compra de licencias, las alianzas empresarias, las fusiones, las adquisiciones e incluso el espionaje industrial”, dice Sergio Cesarin. China comenzó a aplicar esta política de modernización tecnológica en agricultura, ciencia y tecnología, industria y defensa en 1978. Ha puesto las estrategias de innovación y adelanto tecnológico al tope de la agenda gubernamental hasta mediados de siglo.
“China no quiere ser mera depositaria o receptora de tecnología extranjera, por eso ha desarrollado capacidades endógenas que se traducen en mayor autonomía y competitividad. Un eficiente sistema político altamente centralizado como el chino gana así espacios de poder en el siglo XXI”, dice Sergio Cesarin. “¿Acaso EEUU no ha sido por décadas el principal receptor de miles de estudiantes chinos formados en sus mejores universidades, ingenieros chinos trabando en Sillicon Valley, o firmas tecnológicas americanas asociadas con firmas chinas que explotan mercados tecnológicos globales?”, se pregunta: “¿Qué esperaban, que China se quedara quieta? Opino que la estrategia de ‘contención tecnológica’ que los EE.UU desean aplicar contra China es como querer tapar el sol con las manos”, afirma.
El Premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz predice una guerra comercial prolongada, ya que Estados Unidos hace demandas a las que China no puede acceder, exigiéndole que renuncie a sus objetivos de convertirse en un país avanzado. “China podrá realizar ajustes en su sector externo y mejorar prácticas comerciales, podrá renunciar a la militarización de islas en el Mar del Sur o a avances en otras regiones del planeta, pero no abandonará la Estrategia 2025”, dice Sergio Cesarin.
Por lo pronto, EU dejará en suspenso por 90 días su decisión de elevar al 25 por ciento los aranceles para al menos la mitad de las importaciones provenientes de China, por un monto de 200 mil millones de dólares, que iba a regir a partir del 1 de enero próximo. Los aranceles que ambos países se aplican se mantendrán en el 10 por ciento. Las negociaciones proseguirán durante la tregua. En caso de falta de acuerdo, los gravámenes se elevarán al 25 por ciento.

Rispideces

Durante la cumbre del G20, Enrique Peña Nieto rubricó en nombre de México el tratado T-MEC con Canadá y Estados Unidos. “La negociación del nuevo acuerdo comercial buscó salvaguardar la visión de una América del Norte integrada, la convicción de que juntos somos más fuertes y competitivos”, dijo el entonces presidente mexicano, horas antes de despedirse del cargo. En su artículo 32, el tratado indica que sus miembros deberán abstenerse de entablar relaciones con economías que no son de mercado, en clara referencia a China.
En la cumbre de Buenos Aires se evidenció el distanciamiento entre Washington y Moscú. Debido a la escalada de la tensión entre Ucrania y Rusia en torno a Crimea, Trump canceló la reunión con su par ruso Vladimir Putin. Estados Unidos ha decidido además sanciones contra Rusia por su papel en Siria. Estados Unidos considera a Rusia –al igual que a China– como “adversario estratégico”. Moscú y Beijing, que por su parte muestran una larga historia de recelos, en los últimos años han firmado varios acuerdos de cooperación y en septiembre de 2018 realizaron una impresionante demostración militar conjunta en Stavropol.
“Antes que una alianza considero que lo que los une es una comunidad de intereses, en primer lugar, el recelo ante EU, a su proyección hegemónica en Asia del Pacífico, el aumento del gasto militar, el hecho de que la estrategia de Defensa estadounidense los defina como adversarios estratégicos”, explica Sergio Cesarin. “Para EU ambos representan sistemas autocráticos de poder frente al sistema liberal democrático occidental. China es percibida como agresiva en la militarización de islas en el Mar del Sur y Rusia por su anexión de Crimea”, señala. “China y Rusia cuentan con cibercapacidades para dañar el sistema productivo y tecnológico estadounidense así como influir en sus procesos políticos. China, y especialmente Rusia, rechazan la expansión de la OTAN hacia el este y así las mutuas sospechas se retroalimentan”, sostiene.
Las diferencias de Estados Unidos con la Unión Europea afectan a su vez el atlantismo. Las mieles de la relación que Alemania y Francia mantenían con líderes como Bill Clinton o Barack Obama, representantes de la fracción más globalista de la burguesía norteamericana, se han diluido bruscamente. A las presiones de Trump para que la UE eleve su presupuesto militar para financiar a la OTAN, la UE le ha contestado con el anuncio de la creación de un ejército propio. Particularmente Alemania y Francia temen además el anunciado aumento de los aranceles a sus vehículos en el mercado norteamericano.
China también actúa en medio de esta discordia. “Pese a las buenas relaciones históricas, la UE recela de China”, explica Sergio Cesarin. “Alemania y los Países Bajos figuran entre los principales socios comerciales de China. Europa occidental está unida a China por la conexión ferroviaria Shanghái–Madrid. Para China, Europa en su conjunto es central en su estrategia geoeconómica de proyección terrestre y marítima denominada Nueva Ruta de la Seda”, señala. “China espera que la UE la apoye en su puja comercial con EU. y la asume como un socio en un mundo multipolar. Europa desea mantener una intensa relación con China sin romper el ‘atlantismo’, estrategia que la debilitaría como actor global y ante Beijing”, explica. Asimismo, la UE recela de ciertas prácticas chinas como el dumping, las imposiciones sobre transferencia tecnológica, el no reconocimiento de derechos sobre propiedad intelectual y las malas praxis ambientales.
El G20 fue también escenario de la tensión entre Turquía y Arabia Saudita. El príncipe saudi Mohammed Bin Salmán, sospechado de haber promovido el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Estambul, gozó de la distante protección norteamericana. Por otra parte, Theresa May, primera ministra del Reino Unido, se reunió con Mauricio Macri el 1 de diciembre. Con antelación había reafirmado que el Brexit “no modificará” la política de Gran Bretaña hacia las Islas Malvinas. Descartó, de este modo, cualquier apertura a una negociación con Argentina por la soberanía. El gobierno argentino, por su parte, informó que durante el encuentro “no se tocó el tema Malvinas”.

Sin agenda propia

El sol calienta el asfalto de una Avenida 9 de Julio inusitadamente libre de automóviles. Son las cuatro de la tarde del 30 de noviembre. En la cabecera de la multitudinaria manifestación, tras una bandera que reza “Fuera G20 – Fuera FMI”, hay una anciana bajita de pañuelo blanco en la cabeza. “Estamos acá para repudiar la presencia del G20, del Fondo Monetario Internacional, de una política que hace este gobierno de hambre y represión aceptando lo que las instituciones estas vienen a recomendarnos”, dice a Apro Nora Cortiñas, 88 años, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. “No queremos recomendaciones económicas, queremos una Argentina libre, con vida digna para todos sus habitantes, sin represión, sin ajuste”, dice. Un centenar de metros más atrás, algunas jóvenes apelan al body painting, marchando con las banderas de varios de los países del G20 pintados en sus cuerpos y sus caras, en un potente llamado a una humanidad ausente en la mesa de las decisiones.
La manifestación atraviesa la ciudad hasta llegar a Plaza Congreso. Las calles adyacentes, al igual que muchos sectores de la ciudad, están vallados. Durante estos tres días no funciona el metro, ni los trenes, ni tampoco hay aviones. Buenos Aires luce repleta de retenes controlados por gendarmes con cascos de guerra y algunas armas largas, que restringen el paso y el tránsito vehicular.
Por lo pronto, América Latina llega al G20 desunida. El Presidente Macri ha sido un activo promotor de la desintegración regional, paralizando el Mercosur, la Unasur y la CELAC. La fragmentación regional genera mayor debilidad, dependencia y falta de autonomía. “No hay una agenda propia”, dice Leandro Morgenfeld: “Macri toma la agenda de los países del G7: más desregulación económica, más poder a los organismos financieros internacionales como el FMI, o como la OCDE o la OMC, y esa estrategia de fragmentación regional es muy funcional a los países centrales y sobre todo a EEUU”, explica. “Es más: Macri eligió la peor fecha posible para hacer la cumbre, el 1 de diciembre, día de la investidura del presidente López Obrador en México, un error garrafal desde el punto de vista diplomático”, dice. “Y Brasil llega con Temer, con una imagen menor al 5 por ciento, y que el 1 de enero le va a pasar el mando a Bolsonaro. Es decir que la región nunca estuvo tan mal representada en una cumbre del G20”.
El documento final del G20 revela las diferencias que persisten en torno de la agenda comercial y medioambiental a nivel global. Donald Trump ratificó su falta de compromiso en la lucha contra el cambio climático. La ausencia de una condena al proteccionismo y la inclusión de una “necesaria reforma de la Organización Mundial de Comercio” fueron triunfos del magnate neoyorquino. El tono que cobrará la puja entre los dos bloques económicos más importantes, que impacta en toda la economía del planeta, habrá de verse en los próximos 90 días.

"De Washington a Pekín". Por Leandro Morgenfeld (Anfibia)


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Ilustración: Juan Soto


Del G20 al G2 

De Washington a Pekín

Por Leandro Morgenfeld

Revista Anfibia


El G20 comenzó con Trump y su clásico desprecio a las cumbres -muy rendidor entre sus votantes- y terminó con los acuerdos de Xi Jinping y Macri. El gobierno, aliado acrítico de Estados Unidos desde 2016, pareció tomar nota del complejo proceso de transición hegemónica que va de Washington a Pekín. ¿Es posible jurar fidelidad a dos contendientes que se enfrentarán política y económicamente durante los próximos años?




La visita del imprevisible e iconoclasta presidente estadounidense era la más esperada y temida por la cancillería argentina de cara al G20. A sus ojos, la suerte de la cumbre dependía de su actitud. El Palacio San Martín no ahorró gestos hacia el inquilino de la Casa Blanca. Si con la ex canciller Susana Malcorra se cuidaban las formas para que el alineamiento con Washington no se asociara directamente a las relaciones carnales de los años noventa, con su sucesor, el experto en protocolo Jorge Faurie, ya no se disimula. Hace un mes se imaginó una visita de 3 o 4 días. Fueron menos, pero vino, para alivio de la diplomacia de Cambiemos.

El magnate norteamericano aprovechó cada gesto y oportunidad para, con el histrionismo que lo caracteriza, menospreciar la cumbre del G20 e incluso al presidente anfitrión. Repasemos. No sólo declinó la anunciada cena de gala en la Quinta de Olivos, originalmente programada para el día jueves. El viernes debía presentarse a las 6.55 en la Casa Rosada para un desayuno y reunión bilateral, pero lo hizo esperar media hora a Macri. Trump usó esa primera mañana argentina para tuitear con rabia contra el Fiscal Especial Robert Mueller, quien lo investiga por la “trama rusa”. En los pocos segundos que posaron frente a la prensa, no ocultó su malhumor por el aparato que le transmitía la traducción simultánea (lo arrojó al piso, fastidiado) y después apenas dijo un par de frases de ocasión, recordando lo apuesto que era Macri a principios de los ochenta y a su padre Franco. La reunión bilateral fue breve y, rompiendo una tradición, no hubo ni comunicado ni conferencia de prensa conjuntos (hasta Néstor Kirchner y George W. Bush la tuvieron en 2005 en Mar del Plata, en la bilateral que antecedió la Cumbre de las Américas en la que se sepultó al ALCA).

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Lo que sí hubo fue una polémica declaración de la vocera de Trump, Sarah Huckabee, que generó un roce bilateral de alto impacto. Afirmó que ambos mandatarios habían repudiado el accionar económico depredatorio de China. Faurie, para no enturbiar la visita de estado de Xi Jinping, tuvo que salir a desmentirla. El viernes al mediodía, Trump fue el único que faltó –salvo Angela Merkel, por el desperfecto de su avión- a la reunión a solas de los líderes (“El Retiro”), que es cuando discuten sin asesores sobre los temas más complejos y controvertidos. Luego de esos 90 minutos, por fin llegó a Costa Salguero. Allí regaló un meme: dejó a su “amigo Mauricio” parado, solo, sobre el escenario. Trump fue 100% Trump.


El G20 dejó pocas novedades vinculadas a la relación bilateral Argentina-Estados Unidos. Macri ratificó su agradecimiento por el apoyo en la negociación con el FMI. Trump prometió financiamiento a inversores estadounidenses interesados en Vaca Muerta y en obras de infraestructura, por unos 800 millones de dólares y a través de la OPIC, el demorado acceso de las carnes al mercado estadounidense (prometido a mediados de 2015, tras la demanda iniciada por la Argentina en la OMC) y abrió la posibilidad de estudiar las restricciones al biodiesel, que desde hace un año bloquearon exportaciones al país del norte por 1.400 millones de dólares. A cambio, Macri continuará con la subordinación económica, política, ideológica, cultural y militar a la agenda de Estados Unidos en la región, con el compromiso en aislar y agredir a Venezuela, seguir abonando a la fragmentación regional (Argentina se retiró de la UNASUR y ninguneó la CELAC, además de suspender a Venezuela del Mercosur) y profundizar la penetración de las fuerzas armadas y las agencias de inteligencias, que tienen en los ministros Oscar Aguad y Patricia Bullrich dos aliados incondicionales.

Trump y el G20 del disenso

Después de la Cumbre de Hamburgo, todos sabían que la suerte de la de Buenos Aires dependía en buena medida de que el presidente estadounidense no decidiera patear el tablero. Los antecedentes inmediatos invitaban al pesimismo. La Cumbre del G7 realizada en junio en Canadá había terminado con su retiro anticipado, enfrentamiento con el canadiense Trudeau por Twitter y retiro de la firma estadounidense de la declaración final. Trump ahondó la guerra comercial con China y se peleó con Macron en la reunión de París para conmemorar los cien años del fin de la Primera Guerra. La Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico terminó el domingo 18 de noviembre sin declaración final, por primera vez en 30 años.

¿A qué se debe el desprecio de Trump a estas cumbres de líderes? A que intenta conectar con el sentimiento antipolítico de muchos de sus votantes, que vislumbran que lo que allí se discute no resuelve ningunos de los problemas de sus vidas. No casualmente su (¿ex?) asesor Steve Bannon hoy está en Europa organizando una “internacional de ultraderecha”, cuyo último triunfo parece ser el de Jair Bolsonaro en Brasil.

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Ya en vuelo hacia Argentina, Trump anunció en un tuit que cancelaba la esperada reunión con Putin (la excusa fue la crisis Rusia-Ucrania, pero en realidad también influyó el avance en la investigación de la supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016, a partir de una explosiva declaración de Michal Cohen, ex abogado de Trump). La suerte de la cumbre pasó a depender, entonces, de la actitud que tendría frente a la declaración final en dos temas claves: cambio climático y proteccionismo comercial. Y, sobre todo, de la trascendente reunión con Xi Jinping, la primera desde la escalada de la “guerra comercial” –que es una de las manifestaciones de la disputa hegemónica entre Estados Unidos y China- que tiene al mundo en vilo.

Finalmente, el sábado a la tarde, y luego de acordar un lavado y escueto documento final, el gobierno argentino cantó victoria. En apenas cinco o seis páginas, y apelando a la mayor vaguedad posible, se eluden resolver las principales controversias, se propone la previsible reforma de la OMC (otra instancia multilateral en crisis, como lo mostró el fracaso de la Reunión Ministerial que se realizó en noviembre de 2017 en Buenos Aires), se explicitan los disensos en relación al cambio climático, confirmándose la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y se plantea un apoyo al FMI, como engranaje clave para garantizar la seguridad financiera. Irónicamente, el documento final se titula “Construyendo consenso para un desarrollo justo y sostenible”. Puro wishfull thinking: mera expresión de deseos para ocultar la crisis de este foro multilateral y su incapacidad de concebir alternativas para revertir las crecientes desigualdades sociales y la insustentabilidad del capitalismo desde el punto de vista medioambiental.

Del G20 al G2

El punto central de interés fue la reunión entre Trump y Xi Jinping del sábado por la tarde-noche, tras el cierre oficial del G20. Se temía lo peor: el mandatario estadounidense venía amenazando con evitar la esperada distensión. Trump actúa como Augusto Timoteo Vandor en los sesenta: golpear y negociar. Amenazó a China con elevar del 10 al 25% los aranceles a importaciones por 200.000 millones desde el próximo 1 de enero, pero finalmente abrió un compás de negociación y aplazó esta medida proteccionista mientras duren las negociaciones. Así opera Trump. No alcanza una reunión para resolver la disputa geopolítica, geoeconómica y geoestratégica que signará, al menos por los próximos años, el complejo proceso de transición hegemónica desde Washington a Pekín.


Hasta Macri pareció, por fin, tomar nota de esta reconfiguración del mapa de poder mundial. Pasó de intentar reeditar las relaciones carnales con Estados Unidos a un juego a dos puntas. Se ocupó de aclararlo en la conferencia de prensa del sábado: “Tenemos una excelente relación con Estados Unidos y también con China. Argentina no ve la presencia de China como una amenaza, sino como una oportunidad de desarrollo y trabajo para los argentinos”. Lejos de la definición ideológica que planteó cuando asumió hace tres años -recuperar las alianzas tradicionales con Estados Unidos y Europa Occidental, en detrimento de América Latina, los BRICS y los países del llamado “sur global”-, ahora reconoce que depende del financiamiento, las inversiones y las compras chinas. Un baño de realismo en épocas de vacas flacas.

El problema es que no hay una estrategia para aprovechar esta disputa hegemónica para profundizar la coordinación política con América Latina en función de ampliar los márgenes de maniobra y de autonomía. Al congraciarse con las potencias pensando que así se pueden obtener más beneficios, Macri termina siendo funcional a la estrategia imperial de fomentar la fragmentación regional.

Es difícil jurar fidelidad al mismo tiempo a ambos contendientes.

La Argentina for export 

“Los ojos del mundo ven nuestro crecimiento”, declaró Macri sin sonrojarse en el cierre del G20, en un país que está oficialmente en recesión, que se prepara para una fuerte caída del PBI y que corrió para ser rescatado por el FMI con 57.000 millones de dólares. Un crecimiento extraño: una inflación de 45%, una de las más altas del mundo, con el consecuente desplome del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, una deuda que crece exponencialmente y una moneda devaluada al 100%. Un horizonte dificil para los ojos del mundo.

“Volvimos al mundo”, insisten como un mantra, esperando que a fuerza de repetición se transforme en sentido común. Siempre estuvimos en el mundo. El tema es cómo. Una opción podría ser priorizar el vínculo con países con similar nivel de desarrollo, para plantear una agenda propia, hacer presión sobre las potencias en función de regular el sistema financiero, atacar las crecientes asimetrías de poder internacional y las desigualdades que generan recurrentes estallidos sociales (como el que ocurre ahora en Francia) y proteger los bienes comunes de la tierra evitando la profundización del saqueo y el extractivismo.

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Otra es la que despliega Macri, quien no casualmente se siente querido por los dueños del mundo. Mirado con ese lente, no le fue mal: tendió alfombras rojas, organizó galas y obtuvo fotos de alto impacto. Su asunción acrítica y pasiva de la agenda de los poderos es festejada, como no podría ser de otra manera. Y el gobierno intentará que la “patriada” del G20 que “unió y orgulleció a los argentinos” le permita al gobierno revertir temporalmente la caída de la imagen que acompaña mes a mes el deterioro económico y social.

Pero, más allá de esa pretensión, de la euforia auto-celebratoria del gobierno y del embelesamiento mediático con la capacidad argentina de organizar la fiesta para el poder mundial, otras tensiones recorrieron las calles, en la movilización de aquellos y aquellas que no cree que la función prioritaria de un gobierno sea organizar eventos. La Semana de Acción Global, la Cumbre de los Pueblos y la masiva marcha popular del viernes no solo criticó la agenda oficial del G20, sino que también permitió elaborar una serie de propuestas para avanzar en la construcción de una nueva cooperación internacional.

En Costa Salguero, en el teatro Colón, en las cumbres, en las bilaterales, en las calles. Siempre se está en el mundo. El tema es cómo y para qué.


Temas clave que influirán en la declaración final de la cumbre del G20

Temas clave que influirán en la declaración final de la cumbre del G20

RT en español

El historiador e investigador Leandro Morgenfeld ha resaltado que en esta edición del foro internacional las discordias entre los países miembros sobre diversos temas como la guerra comercial entre EE.UU. y China o la actitud hacia el cambio climático, afectarían la aprobación de una declaración conjunta extensa. 



                      

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El analista político, especializado en Estados Unidos, opinó sobre el vínculo entre los mandatarios.