lunes, 23 de mayo de 2016

Argentina mejor sin TLC: segunda reunión, 26 de mayo


Ahora: Convocan a repudiar la presencia del golpista Serra en Argentina

Resumen Latinoamericano/ 22 de Mayo 2016.-
Isabela Gaia: FRENTE ARGENTINO POR LA DEMOCRACIA EN BRASIL COMUNICADO Y CONVOCATORIA
El Frente Argentino por la Democracia en Brasil repudia el reconocimiento del gobierno ilegítimo de Michel Temer que realizó el presidente Mauricio Macri por intermedio de su canciller, Susana Malcorra, a escasos minutos de conocido el resultado de la votación por la admisibilidad del juicio político fraudulento contra Dilma Rousseff en el Senado brasileño. Denunciamos el golpe parlamentario, judicial y mediático del que ha sido víctima la presidenta legítima de la República Federativa del Brasil, organizado por los sectores más conservadores y concentrados de la sociedad brasileña, con el apoyo de poderosos actores de la geopolítica mundial.
Asimismo, repudiamos la visita del canciller José Serra a la República Argentina durante los días 22, 23 y 24 de mayo, que tiene por objeto sellar los pactos necesarios para legitimar el gobierno golpista en Brasil y, por otro lado, fortalecer políticamente a ambos gobiernos para imponer una serie de retrocesos en materia de integración y derechos económicos, sociales y culturales en toda nuestra región.
Convocamos a toda la ciudadanía a manifestarse en repudio a esta visita el día 23 de mayo, a partir de las 10 h, en Plaza San Martín, frente a la sede de la Cancillería, donde se celebrará una reunión entre José Serra y Susana Malcorra.
¡Macri y Malcorra legitiman un golpe en Brasil!
¡Fuera, Temer!
¡Por la recuperación inmediata del orden democrático brasileño!

domingo, 22 de mayo de 2016

Agenda actividades en LASA, CLACSO-OLA/The New School y Taller WOLA (NY, mayo 2016)





“Estados Unidos - América Latina. Diálogo de saberes”

COMISIÓN 1: RELACIONES ENTRE ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA
Miércoles 25 de Mayo (17:30 a 20:00 hs.) - 63 5th Ave, NY – U306
Jueves 26 de Mayo (9:00 a 13:00 hs.) – 66 West 12th Street, NY – A602
Coordinan: Casandra Castorena y Gabriel Puricelli.

Leandro Morgenfeld: “Obama y la reconquista del patio trasero”


2)   Panel LASALas relaciones hemisféricas en el siglo XXI: aproximaciones desde Argentina, Cuba, Estados Unidos y México”
Viernes 27/5: 9:45am - 11:15am (New York Hilton Midtown - Rhinelander Gallery South)
083 // INT - Panel - Friday, 9:45am - 11:15am, Rhinelander. Gallery South
Sponsor: Latin American Perspectives (LAP)
Session Organizer: Daniela C Castorena Sánchez, Universidad Nacional Autónoma de México
Chair: Jaime Zuluaga, Universidad Externado de Colombia

Las relaciones hemisféricas y su manifestación en las Cumbres de
las Américas del siglo XXI: Leandro A Morgenfeld, Universidad
de Buenos Aires.

Domingo 29/5: 17.30 hs en el Stand de CLACSO (Exhibit Hall)
Marco A. Gandásegui (Editor). Un libro del Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre EEUU
Participan: Ron Chilcote, Marco A. Gandásegui, Luis Suárez Salazar, Leandro Morgenfeld, Cassandra Castorena y Jaime Zuluaga N.

4)   Reunión editores y amigos de la revista Latin AmericanPerspectives
Domingo 29/5: 19.35 hs a 22.30 hs - Sheraton New York Times Square Hotel - Columbus Circle
Meeting of Editors and Friends of Latin American Perspectives
Editors, authors, and other friends of LAP will meet to discuss our work in the last year and the year ahead.  We are very pleased that CLACSO colleagues will join us at the meeting.

5)   Taller Washington Office on Latin America (WOLA) Las respuestas de Cuba, Estados Unidos y América Latina sobre el crimen organizado transnacional y otras amenazas de seguridad no tradicionales”
Martes 31/5 9 a 15 hs – The New School
Leandro Morgenfeld: “El Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) y los debates acerca de la construcción de una nueva doctrina de defensa”

Degradación del Mercosur e ingreso a la neoliberal Alianza del Pacífico: el objetivo de Macri es llevar a la Argentina al TPP

LA IDEA DE ARGENTINA COMO OBSERVADOR DE LA ALIANZA DEL PACIFICO

De la Patria Grande al amigo americano

En la Cancillería hay un expediente sobre ese tema, que también fue abordado en una reciente reunión de la Comisión del Mercosur en Diputados. Macri podría anunciarlo el 1º de julio, cuando vaya a la cena inaugural de la Cumbre de la Alianza en Chile.

Por Nora Veiras (Página/12)

Hace poco más de dos semanas, en una reunión rutinaria de la comisión del Mercosur en la Cámara de Diputados, el embajador de Perú, José Luis Néstor Pérez Sánchez-Cerro, sorprendió a sus interlocutores. Dio por hecho que la Argentina había iniciado el trámite para constituirse como país observador de la Alianza del Pacífico. En la Cancillería hay un expediente dando vueltas sobre el tema y se especula con que el presidente Mauricio Macri llevará ese regalo el 1º de julio a Chile, cuando asista a la cena inaugural de la Cumbre de la Alianza. La aceptación del convite de sus pares de México, Chile, Perú y Colombia será de por sí un gesto explícito en la redefinición de la política exterior argentina que tiene a los Estados Unidos como faro.
La semana pasada el secretario de Comercio, Miguel Braun, aseguró que “el país, a largo plazo, ingresará en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP)”. Lo aseguró en una charla en el Atlantic Council en Washington. “Estamos esperanzados en formar parte del Acuerdo tarde o temprano. Obviamente va a tomar tiempo”, reiteró y recordó que el Presidente quiere abrirse a “socios estratégicos” como los Estados Unidos con iniciativas como el TPP. El acercamiento a la Alianza del Pacífico es el paso obligado hacia ese objetivo estratégico que implica, de hecho, un impacto en la estructura fundacional del Mercosur, especialmente golpeado por la crisis política y económica de Brasil.

Soberanía cero

Durante cinco años, doce países (Estados Unidos, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, México, Perú y Chile) negociaron en el más absoluto secreto las condiciones para imponer el tratado de libre comercio que involucra a 1000 millones de habitantes que representan el 25 por ciento de las exportaciones globales y el 40 por ciento del Producto Bruto Interno Mundial. La eliminación de barreras arancelarias, la resignación de las jurisdicciones nacionales para dirimir litigios, la garantía supranacional para que las corporaciones trasnacionales concreten sus negocios, la extensión de las patentes exclusivas durante más de una década para la industria farmacéutica y la flexibilización de toda legislación laboral son algunas de las cláusulas que trascendieron al firmarse el acuerdo en octubre del año pasado.
El TPP surgió como continuación global del ALCA, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, que en 2005 fracasó en la Cumbre de Mar del Plata por la resistencia de los entonces presidentes Hugo Chávez, Lula Da Silva y Néstor Kirchner ante la mirada atónita de George Bush hijo. Es la nueva criatura de los Estados Unidos para contraponer el poder creciente de China y en su momento también el de los Brics, el bloque de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ahora en retroceso por las crisis en Rusia y Brasil.
La pertenencia al Mercosur implica una limitación para los deseos del gobierno de Cambiemos de integrarse a la Alianza del Pacífico como camino a suscribir el TPP. El Tratado de Asunción y la resolución 32/00, constitutiva del Mercosur impide que los países miembros de ese mercado común puedan negociar en forma individual acuerdos de libre comercio. Nada impide que puedan constituirse en observadores, como ya lo son Uruguay y Paraguay. La Argentina durante la gestión kirchnerista no evaluó esa alternativa porque implicaba una señal política hacia la política de libre comercio de los Estados Unidos.
El triunfo de la derecha en la Argentina y la suspensión de Dilma Rousseff en Brasil parecen haber puesto en tela de juicio las certezas preexistentes sobre construcción de bloques regionales. Mañana, la canciller argentina Susana Malcorra recibirá a su par brasileño José Serra, quien dijo que hay que fortalecer el Mercosur pero también “flexibilizarlo”. En línea con Malcorra, también pugnó por un acercamiento con la Alianza del Pacífico. Claro que la transición brasileña, en seis meses se decidirá la suerte final de Dilma, transformaría en temeraria una decisión estratégica de esa magnitud.

Uruguay hace punta

En reiteradas oportunidades Uruguay ha intentado modificar la estructura jurídica del Mercosur para abrirse camino hacia tratados de libre comercio. La semana pasada en Montevideo, durante una reunión informal de Coordinadores Nacionales del Mercosur, la presidencia pro témpore uruguaya presentó una propuesta para “flexibilizar” el bloque y permitir que los Estados miembros negocien unilateralmente tratados de libre comercio con países extrazona, sin el consenso ni la participación del resto de los socios.
El ex secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería hasta el 10 de diciembre pasado, Carlos Bianco, explicó en el Facebook Economía sin Corbata que la primera avanzada uruguaya se produjo en el 2006, “cuando se barajó la posibilidad de que Uruguay denuncie el Tratado de Asunción, deje de ser miembro pleno y se transforme en sólo un ‘Estado asociado’, con el objetivo de suscribir acuerdos comerciales con los Estados Unidos y otros países. En aquella ocasión, el presidente Tabaré Vázquez le solicitó a Lula –en su carácter de presidente pro témpore– la obtención de un waiver que lo habilitara. La iniciativa no prosperó por la oposición de Argentina y Brasil al más alto nivel”.
Después de que se reanudaron las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea, en 2013 Uruguay volvió a la carga y tampoco tuvo suerte. El tercer intento está en marcha. La próxima cumbre del Mercosur está prevista para el 7 de julio aunque pende de la evolución de la situación política de Brasil. Bianco estimó que “la pretendida ‘flexibilización’ del Mercosur no está exenta de grandes costos individuales para los países que lo integran y para el proceso de integración en su conjunto. De hecho, más que flexibilización, se trata de una mera “degradación” del Mercosur como bloque, que hoy en día es una Unión Aduanera ‘imperfecta’ pero que de aprobarse este proyecto, se transformaría en un mero Tratado de Libre Comercio”.
El 3 de mayo pasado Malcorra en su exposición ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado dijo que “hay que desideologizar la política exterior”, se inclinó porque la Argentina tenga “un rol de observador’ en la Alianza del Pacífico y consideró que “el Mercosur necesita un vínculo de salida hacia el Pacífico”. Apenas ganó el ballotagge, los primeros en saludar a Macri fueron los presidentes que integran la Alianza del Pacífico, el colombiano Juan Manuel Santos, el mexicano Enrique Peña Nieto y la chilena Michelle Bachelet, con quienes se encontrará el 1 de julio. Las señales de acercamiento con los Estados Unidos le allanan el camino para afianzar el vínculo con ese bloque. Las corporaciones trasnacionales de parabienes.

sábado, 21 de mayo de 2016

Novedad editorial: "Estados Unidos y la nueva correlación de fuerzas internacional" (CLACSO)

 
Estados Unidos y la nueva correlación de fuerzas internacional

Marco A. Gandásegui, hijo. [Coordinador]

Carlos Eduardo Martins. Marco A. Gandásegui, hijo. Gladys Cecilia Hernández Pedraza. Santiago Pérez Benítez. Claudio Katz. Dídimo Castillo Fernández. Fabio Grobart Sunshine. Casandra Castorena Sánchez. Ary Minella. Silvina María Romano. Jorge Hernández Martínez. Jaime Zuluaga Nieto. Darío Salinas Figueredo. Luis Armando Suárez Salazar. Leandro Morgenfeld. Laneydi Martínez Alfonso. [Autores de Capítulo]
....................................................................................
Colección Grupos de Trabajo.
ISBN 978-987-722-182-4
CLACSO.
Buenos Aires.
Mayo de 2016 


 - descargá acá gratis el libro completo en pdf-

Entender y estudiar qué han sido, qué son y en que pretenden transformar sus élites a los Estados Unidos, es un requisito fundamental no sólo para luchar contra las formas de dominación e intervención colonial que dicho país ha impuesto a América Latina durante el último siglo, sino también, para establecer alianzas y redes de solidaridad con los movimientos, grupos y organizaciones, con los intelectuales y activistas que, casi siempre enfrentando la persecución y en muy difíciles condiciones políticas, luchan día a día para hacer de los Estados Unidos una nación más justa, más democrática y que pueda pensarse y asumirse como parte de un proyecto de integración continental trasformador, soberano y solidario. Un diálogo recíproco, en el que nos alimentamos del aporte que la academia norteamericana puede y debe hacer sobre la realidad latinoamericana, pero también con la expectativa de que la academia norteamericana se alimente y fortalezca con los aportes que desde América Latina podemos hacer sobre los Estados Unidos. Por eso este libro es tan fundamental y necesario.
 
 
   

viernes, 20 de mayo de 2016

"La política exterior de Brasil tras el golpe de Temer"

Por CLARANANDA BARREIRA*
Cuadernos de Coyuntura 

Los intereses del gobierno de facto en torno al petróleo brasileño. El papel del nuevo canciller, Serra, con nexos con las petroleras norteamericanas. El peligro: que Brasil pase de articular la región y los emergentes a ser un ariete más en una estrategia planificada fuera de América Latina.
13245276_10208307563859975_3483808342235327363_nHoras después de que los senadores aprobaran el inicio del juicio político contra Dilma Rousseff, Michel Temer ofreció su primer discurso. Expresó algunas palabras de ocasión y describió su futuro gabinete, con el que pretende gobernar, en principio, los próximos 180 días. Son 22 hombres blancos los que acompañarán al flamante presidente; seis del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) -la misma cantidad que tuvo durante el último gabinete de Dilma- y siete acusados en la operación Lava Jato. Además, el Ministro de Justicia y Ciudadanía es nada menos que el ex Secretario de Seguridad de Geraldo Alckmin -gobernador de São Paulo-, que está acusado por actos de violencia en la Corte Interamericana de DDHH; y el de Agricultura, el principal exportador de soja del país, Blaito Maggi.
Una mención aparte merece el flamante ministro de Relaciones Exteriores, José Serra. Gobernador del Estado de São Paulo, fue dos veces candidato presidencial por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) -derrotado en ambas ocasiones por Lula–. Como Senador, fue el autor del proyecto de apertura del Presal, que permitía la incorporación de nuevas empresas extranjeras al proceso de exploración de petróleo. El plan rompe directamente con la noción nacional-desarrollista que el Partido de los Trabajadores (PT) pretendió darle a ese nuevo yacimiento.
Una mención aparte merece el flamante ministro de Relaciones Exteriores, José Serra (…) Como Senador, fue el autor del proyecto de apertura del Presal, que permitía la incorporación de nuevas empresas extranjeras al proceso de exploración de petróleo. El plan rompe directamente con la noción nacional-desarrollista que el Partido de los Trabajadores (PT) pretendió darle a ese nuevo yacimiento.
serra-661x351 

El Presal fue descubierto en 2010 y es uno de los hallazgos más importantes de la década. Hoy tiene una media de producción de 800 mil barriles por día. El proyecto de Serra, que exime a Petrobras como la única posible explotadora, se aprobó en el  Senado y ahora tiene que ser aprobado en la Cámara de Diputados. En una reciente licitación los ganadores fueron capitales brasileños (Petrobras), chinos (CNPC y CNOOC), anglo-holandeses (Shell) y franceses (Total). Ninguno de ellos estadounidense. Hoy, con Serra como canciller, es probable que no sólo se incorporen más capitales extranjeros, sino que fundamentalmente se articule con empresas norteamericanas (es conocido su vínculo con Chevron, divulgado por los cables filtrados de Wikileaks).
Hoy, con Serra como canciller, es probable que no sólo se incorporen más capitales extranjeros, sino que fundamentalmente articule con empresas norteamericanas (es conocido su vínculo con Chevron, divulgado por los cables filtrados de Wikileaks).
Con la realización del golpe blando, parlamentario y jurídico, la derecha brasileña presenta su propio proyecto de país. Éste se condensa en un documento que fue hecho público apenas después de la votación del pasado 17 de abril en la Cámara de Diputados. Se trata del programa de gobierno “Uma ponte para o Futuro”, aquel que postula las líneas estratégicas del gobierno de Temer. Este “programa de gobierno” fue construido a través del parlamento, antes del golpe, con un proyecto de ley complementario (PLC 30/2015), que libera la tercerización. Presenta, también, una enmienda constitucional (PEC 43/2015) que establece la autonomía del Banco Central y el Proyecto de Ley del Senado (PLS 555/2015), que instituye la “ley de responsabilidad de los Estados” y que puede inducir a la privatización de todas las empresas estatales.
Con la propuesta de las privatizaciones y las tercerizaciones, junto con la de la flexibilización de las leyes laborales, se crea una tríada de oportunidades para que las multinacionales se instalen en el país. Se afirma en el proyecto que con la apertura comercial se volverá más competitivo al sector productivo. Eso significaría exonerarlos de impuestos, disminuir el valor de la mano de obra y no valorizar el salario mínimo. Al mismo tiempo, queda claro que la quita de impuestos a las exportaciones pretende fortalecer a los agronegocios, planteando la reprimarización de la economía.
Con la propuesta de las privatizaciones y las tercerizaciones, junto con la de la flexibilización de las leyes laborales, se crea una tríada de oportunidades para que las multinacionales se instalen en el país. Se afirma en el texto, que con la apertura comercial se volverá más competitivo al sector productivo. Eso significaría exonerarlos de impuestos, disminuir el valor de la mano de obra y no valorizar el salario mínimo.
Brazil Political CrisisSobre comercio exterior, el documento afirma que concretará la inserción plena de la economía brasileña en el comercio internacional, buscando alianzas con Estados Unidos, la Unión Europea y Asia, “con o sin compañía del Mercosur”. A su vez, puntualiza las prioridades: “El estado debe cooperar con el sector privado en la apertura de mercados externos, buscando con sinceridad el mayor número posible de alianzas regionales que incluyan, además de la reducción de tarifas y la convergencia de normas, que están siendo discutidas y negociadas en Asia y el Atlántico Norte”.
Observando los trece años de gobierno del PT, es posible entender hacia dónde irá el gobierno de Michel Temer. Fue a partir del Mercosur que Hugo Chávez y Lula Da Silva comenzaron a pensar una nueva relación entre los países da América Latina, pues ahí se concentraba la mayoría de los gobiernos progresistas. Sin embargo, al margen de los avances del Mercosur, fue necesario un espacio más amplio que reuniese a los demás países. Así, se crearon primero la UNASUR y luego, la CELAC (Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños), una herramienta de diálogo de la región. En 2009 nacieron los BRICS, un gran articulador político, con una agenda propia en el convulsionado escenario internacional.
En cuanto al proyecto del nuevo gobierno de Temer, además del hecho no menor  que supone el golpe en Brasil para la democracia en toda la región, estas políticas alterarán el rol de Brasil en el mundo: pasará de articular bloques regionales a un simple comerciante, un ariete en una política exterior diseñada fuera de América Latina.

*Cientista social, Universidade do Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS)

jueves, 19 de mayo de 2016

Entrevista Morgenfeld sobre política exterior de Macri y TLC (Radio Atómika)

Logo Entrevista Leandro Morgenfeld - Investigador, docente e historiador

May 18, 2016 18:41
00:17 / 26:28
 
Leandro Morgenfeld es docente e historiador en la Universidad de Buenos Aires y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas . Publicó dos libros: "Relaciones Peligrosas. Argentina y Estados Unidos" y "Vecinos en conflicto", éste último fue declarado de interés cultural por la Cámara de Diputados de la Nación.



-  Escuchar acá el audio completo

La victoria de Obama en Argentina

President Barack Obama and Argentinian President Mauricio Macri visit the Parque de la Memoria to honor victim’s of Argentina’s Dirty War, in Buenos Aires, Argentina, March 24, 2016. (Stephen Crowley / The New York Times)

 

Obama's Victory Dance in Argentina

Thursday, 14 April 2016 00:00 By Michael Corcoran, Truthout | News Analysis 
 
President Obama and Argentine President Mauricio Macri visit the Parque de la Memoria to honor victim's of Argentina's dirty war, in Buenos Aires, Argentina, March 24, 2016. (Stephen Crowley / The New York Times)
US President Barack Obama recently went to Argentina to welcome its newly elected right-wing president, Mauricio Macri. Obama appeared to be in a celebratory mood -- while he was there he danced the tango. It made for a nice photo op. Media outlets in the United States loved the image, and praised "Argentina's reemergence" as a chance for the country to "rejoin the Western world."
While in Argentina, Obama was effusive in his praise of Macri; the two stood together touting this new alliance and the prospects for new trade deals and security agreements. Macri is replacing the populist, Bolivarian-style leader, Cristina Kirchner. This change instantly turns Argentina from one of the United States' most important foes in the region into an important ally. Obama must have been well aware that Macri, despite having been in power for just 114 days, has relentlessly engaged in what the Guardian described as a "rapid succession of controversial presidential decrees."

The election of Macri is an ominous sign that the return of US hegemony in the region is looming.

Macri's unsettling record includes gutting a historic media law protecting against monopolies, drawing the ire of Pope Francis by arresting the prominent human rights activist Milagro Sala, sneaking through Supreme Court justices and giving himself broad new powers by declaring a state of emergency. All of this was done within the first 100 days of his presidency, while the opposition-led Congress was away on recess. Still, Obama showered Macri with praise for his "contributions to the defense of human rights in the region."
There is a reason why Obama organized an official state visit so early in Macri's term. The new leader took control of the country from a Kirchner administration that was allied with the continent's other left-leaning "pink-tide" governments and therefore was at odds with US interests in the region. The change for the United States is not just getting a new ally and trade partner. According to Fairfield University Prof. Jennifer Adair, Obama has assessed this transition in Argentina as evidence that "the era of anti-Americanism had ended." As a result, Macri's victory is a potential "watershed moment" for US foreign policy in Latin America, Adair told Truthout.
For about 15 years, these left-wing governments had real success in escaping the clutches of neoliberalism and offering alternatives to the Washington Consensus, the view that "all countries should adopt" major tenets of neoliberalism: deregulation, trade liberalization and privatization, among others. The economic power of the United States has rarely been so fiercely resisted in recent years. But a significant rightward shift has since emerged -- and the election of Macri is an ominous sign that the return of US hegemony in the region is looming.
"They want the whole of South America back the way they used to have it," said economist Mark Weisbrot in an interview with CounterSpin. These geopolitical ambitions help explain Obama's unfortunate decision to offer Macri his support and enable his abuses of power.



Argentina's Media Wars

Perhaps no abuse is as discouraging as Macri's relentless attack on the country's foundation for a free and diverse media. Since taking office, Macri has gutted the country's historic 2009 media law -- officially called the Audiovisual Communication Services Law -- that protected the country from media monopolies. He has also dismissed the officials who enforced the media law and stopped the left-leaning cable channel teleSUR (a content partner of Truthout) from airing on public television.
On April 8, a hearing on the impact of Macri's dismantling of the law was held in front of the Inter-American Commission on Human Rights (IACHR). "It's important that the Inter-American Commission know about these modifications and can monitor the consequences that this type of measures will have," said Diego Morales, director of the Center for Legal and Social Studies' Litigation and Legal Defense Department, in an interview with Truthout. The IACHR is empowered to investigate the impacts of the change of the law, but its recommendations are advisory and nonbinding.
The hearing is just the latest clash over the law, which survived a judicial challenge in 2013, and was the result of massive social mobilization and struggle. The law has been hailed by Frank La Rue, the former UN special rapporteur on freedom of expression, as "an example for the entire continent." Reporters Without Borders was also supportive of the law, saying it would "reinforce freedom of information and the public debate, because it allows a broader spectrum of public opinion to express itself legally."
The law was crucial in Argentina where media consolidation was especially problematic. Argentina's largest media conglomerate, the Clarín Group, owned 158 licenses and had a 47 percent market share of cable television, according to the Financial Times. "They own newspapers, TV channels, ... cable operators, publishing houses, news channels, content production companies and internet companies, all nationwide," said Fernando Krakowiak, a journalist at the left-leaning newspaper Pagina/12, in an interview with Truthout. "Their political influence is overwhelming.
The new law reduced the number of stations and licenses a company could have, dictating that a single company could have no more than 24 cable television licenses and 10 free-to-air radio or television licenses. The law required anyone with more licenses than allowed to go through a divestment procedure, although Clarín's failed judicial challenge "frustrated the full implementation of the law," Krakowiak told Truthout.
He said he "agreed with the audiovisual media law," which is true of most of the nation's journalists, according to a 2011 poll from the Argentine Journalism Forum.

"Macri wants to take the media back to what it was in the 1990s. They want to limit the debate."

The momentum from Argentina had encouraged many of its neighbors to attempt similar reforms. "Latin America has made a breakthrough [from] the neoliberal model, which proposed the exclusion of the masses and concentrated economic and political power and resources in a few hands," said Martín Sabbatella, who was in charge of enforcing Argentina's media law, in a 2013 interview with the Guardian. "The media in Latin America were for years in the hands of a few powerful people. It's time to give a voice to invisible people."
Indeed, at the April 8 hearing, IACHR commissioner Francisco José Eguiguren Praeli said Argentina's law helped bring about media reform in Uruguay, which passed its own legislation in December 2014. Reporters Without Borders praised the reform in Uruguay as having even stronger safeguards and said it could "be a source for inspiration" for future improvements in media law.
But with Macri's decree, things have changed dramatically. In an interview with Truthout, Philip Kitzberger, a leading media scholar in Latin America, said the decree "completely lifted any limits on audience caps license numbers," and "eliminated any public service responsibility obligations" for radio and television.
"They can now be treated like any commodity that can be traded on the market," said Kitzberger, a professor at Torcuato di Tella University. "All of the changes will doubtlessly promote further concentration in the already concentrated media market."

Many of these tactics from Macri seemed to be aimed directly at the region's leftist governments. This is most clearly seen in Macri's announcement that he would pull teleSUR -- the cable network that was founded and sponsored in 2005 by most of the pink-tide countries, including Argentina -- off the air. Now, Macri is simultaneously empowering private media empires, like the Clarín Group, while attempting to remove the left-leaning teleSUR from the air.

"When the Clarín Group was covering Michael Jackson's funeral, we were covering the 2009 coup in Honduras," Patricia Villegas, the president of teleSUR, told Truthout. "Macri wants to take the media back to what it was in the 1990s, covering clothes and fashion and sports. They want to limit the debate. TeleSUR wants to cover news, opinion and a debate."
Villegas said the station is still airing in much of Argentina but has lost about 30 percent of its access to the region. Since the announcement, Argentines have held demonstrations and, according to Villegas, have been going to teleSUR's website in record numbers. "They want to see what teleSUR is covering," she said.

Kitzberger has long studied the use of media in the continent's politics, authoring a 2010 paper for the Journal of Politics in Latin America, in which he analyzed the role of "media activism on the part of leftist government in Latin America." In it he reaches this prescient conclusion: "The [politicization] of media and communication realities in the midst of these [political and economic] transitions will deeply affect the future shape and role of the media in Latin American democratic politics in unpredictable ways."
US Media Portray Media Empire as Victim
As the media wars were raging in Argentina, the dominant media in the United States portrayed the massive media conglomerate, the Clarín Group, as the poor victim of an overzealous socialist regime. "US news stories covering the Supreme Court's decision to uphold the media law tended to read like press releases for [the Clarín Group], leading with the consequences it will have on the monolithic media conglomerate," said Ramiro S. Fúnez, a Honduran journalist writing for the North American Congress on Latin American Affairs.
In 2013, The Washington Post's editorial board described the Clarín Group's flagship paper, Clarín, as being a "newspaper under siege," and decried the country's Supreme Court for upholding a law "aimed at destroying one of South America's most important media firms."
The Post seemed to portray the mere concept of media ownership restrictions as some kind of statist crackdown on the press. Yet, the restrictions made by Kirchner's law are nearly identical to the ownership restrictions introduced in 1996 in the United States under the Telecommunications Act, which prohibited any single network from controlling stations with a national audience of more than 35 percent of television households. The 35 percent rule was changed to 45 percent in 2003, but these restrictions do continue to exist in the United States. Using The Post's logic, Rupert Murdoch's News Corp. could be portrayed as a victim of draconian media laws, a laughable assertion to be sure.
But this sentiment was echoed many times over by other outlets, including The Wall Street Journal, Associated Press and the Miami Herald, whose columnist Roger Noriega chided the law as "an attack on independent media" that is "lifted from the playbook of leftist caudillos in Venezuela, Ecuador, Bolivia and elsewhere." Again, there was no mention of US media policy, which demonstrates the paper's doctrinal assumption that if something is done by someone outside of Washington's favor, it is an egregious assault on democracy, no matter what it actually is or who else does it.
Macri as a Media Darling
Of course, as fallacious as this coverage is, it is entirely predictable. The major US media outlets have been proven to have a deeply ingrained institutional bias against geopolitical foes of the United States, especially in countries like Venezuela, Honduras and Bolivia, whose leaders have challenged US hegemony. This is in stark contrast to the way they often cover -- or fail to cover -- the human rights abuses of US allies, including in Latin America.
The media trend certainly applies in the case of President Macri who has been warmly embraced by Western media. The aforementioned Washington Post editorial claimed that Macri gave "the country a chance to rejoin the Western world -- and dealt a blow to Latin America's already flagging socialist camp."
The "60 Minutes" feature on Macri was filled with unabashed adulation. "In a flash, Argentina has become pro-American," the show said as it introduced the United States to the man who would purportedly save Argentina from "a morass of debt, inflation and economic isolation." Showing Macri with his wife and daughter, Lesley Stahl gushed: "Watching them ... you can't help but think of the Kennedys and Camelot."

Stahl did not bother to mention the controversial arrest of Milagro Sala, which was carried out at the urging of Macri's ally, Gov. Gerardo Morales. Since then Macri's administration has dismissed efforts for her release and has ignored widespread concern and outrage expressed by Pope Francis, Amnesty International, the United Nations and the Center for Legal and Social Studies (though not a word from the White House). For that matter, The Washington Post and The Wall Street Journal also failed to cover the story at all. Sala did get one mention in The New York Times, but it was in an op-ed written by human rights advocates from Argentina, meaning the news department did not think her arrest warranted a single mention.
Why Macri Matters
It is no accident that the US press and government share such enthusiasm for Macri and such a shameful indifference to the victims of his undemocratic rule. In fact, in light of Macri's policies in favor of the corporate media in his country, it makes perfect sense. Just like the Clarín Group, the US media are owned and operated by the wealthiest people in the country -- the very same 1% that spends hundreds of millions of dollars funding campaigns for most of Congress and almost every presidential candidate, to say nothing of the money lost in the darkness of Citizens United that we may never see.
It is no wonder then why the interests of these wealthy elites are shared by US politicians and officials. This billionaire class has done very well in the last few decades as neoliberalism has ruled the global economy. After losing most of its grip on Latin America -- a region that has been dominated by US interests for many decades -- the prospects for opening the region back up to Western economic subjugation, harsh austerity measures and more "free trade" policies would be a major victory for Washington. It would neutralize the organized resistance to neoliberalism that provided, for a fleeting moment anyway, the hope for economic alternatives. Under this scenario, organizations that aim to challenge US power, however modestly, will weaken. The Union of South American Nations and the Bank of the South, for instance, have both included Argentina. Macri's election already hurts the organizations considerably.

The Bolivarian project is more than just a socialist nuisance. It is an open rebellion against US power.

Perhaps more importantly, stemming the left in Latin America would also serve to help the United States compete against its major geopolitical rivals, like China and Russia. In recent years Venezuela has engaged in numerous arms deals with Russia. Likewise, Venezuelan-Chinese relations increased radically during Hugo Chávez's presidency. According to the Venezuelan Trade Ministry, trade went from less than $500 million annually before 1999 to more than $7.5 billion when it peaked in 2009, making Venezuela China's second-largest trade partner, behind the United States. According to Venezuela Analysis, this relationship is a "crucial part of Venezuela's project for a 'multi-polar world order.'" That phrase refers to the belief that the "uncontested supremacy of the United States," as Dilip Hiro describes it, will not persist in the 21st century.
This is not an idea that advocates of US exceptionalism welcome. As Charles Krauthammer wrote in a 1991 essay in Foreign Affairs, "the center of world power is the unchallenged superpower, the United States, attended by its Western allies." In a 2002 follow-up, he doubled down, "unashamedly, for maintaining unipolarity, for sustaining America's unrivaled dominance for the foreseeable future." Now, more than 25 years after the Cold War's end, the debate rages on. Observers such as Russian President Vladimir Putin see a United States already on the decline: Putin has argued that the "myth about the uni-polar world fell apart once and for all in Iraq."
But many advocates of US exceptionalism, in the highest levels of government and academia, remain as steadfast as ever. These include President Obama, who in his 2012 State of the Union said, "Anyone who tells you that America is in decline, or that our influence has waned, doesn't know what they're talking about." The magazine Foreign Policy reported that Obama's words were influenced greatly by an essay in the New Republic by arch unilateralist Robert Kagan about the "myth of American decline." Kagan has since expanded this defense of unipolarity into a book called The World America Made.
In decline or not, since nation-states don't willingly cede their place as the center of world power, the Bolivarian project is more than just a socialist nuisance. It is an open rebellion against US power. This helps explain US policy in the region, from coups in Venezuela and Honduras (the latter with the complicity of Hillary Clinton, who may well attend the next state dinner in Latin America), to its current embrace of Macri, who just helped bring the second-largest country on the continent back under the US umbrella.
Under these circumstances it becomes entirely predictable, if unsettling, that the United States would favor its own geopolitical and economic power more than the rights and dignity of the nation's people. "Argentina was at the forefront. This election might be a landmark moment," Jennifer Adair said. "We could be seeing the ebbing of the pink tide [and] an alarming return to the right-wing austerity policies of the past ... It sort of feels like déjà vu.
"The Bad Old Days"
The past is a sensitive subject in Latin America. During his visit, Obama spoke about how the United States was complicit in the country's "dirty wars" of the 1970s, which was a nearly decade-long stretch of state terrorism that killed thousands of activists, unionists and students. Obama announced the US government would release classified documents from that time.
Releasing documents would not be an entirely empty gesture. Those documents should see the light of day. But the documents largely reveal what we already know to be true -- that the United States has a long and bloody history in Latin America. What is of far greater concern is the future.
Recent events, however, leave little room for hope that the United States will change its ways. This does not appear likely to change in the next presidency, especially as the region's organized resistance is weakening. As Robert Naiman wrote in a Truthout article describing Clinton's support for the Honduran coup regime, "There is a 200-year legacy of US military intervention and subversion in Latin America that didn't stop in January 2009. It's hard to have confidence that former Secretary Clinton will end this legacy as president when she used her power as secretary of state to turn the clock backwards."

The day Obama landed in Argentina, Gastón Chillier and Ernesto Semán published a New York Times op-ed titled "What Obama Should Know About Macri's Argentina." It is one of the few reports in the mainstream media that included pointed criticisms of Macri's tenure as president. They wrote:
A presidential visit to Argentina that neglects to notice how Mr. Macri's government is undermining human rights and democratic institutions -- and instead pours empty praise on his policies -- will rightly be read as a return to the bad old days.
The next day Obama was doing the tango. Hopefully, he can forgive those in Argentina who were in no mood to join him in the celebration.

miércoles, 18 de mayo de 2016

"El gobierno de Cambiemos ante los tratados de libre comercio", por Luciana Ghiotto


Cena con Obama

 

Gobierno de Cambiemos
Entre la desideologización y la ideología de las corporaciones


Por Luciana Ghiotto (FLACSO, UBA, UNMoreno)
Revista Bordes

El gobierno de Cambiemos ante los tratados de libre comercio

 

El gobierno de Cambiemos que asumió en diciembre de 2015 no sólo generó cambios en la política interior de la Argentina, sino que estableció una nueva agenda de negociaciones comerciales internacionales. En palabras de la Canciller Susana Malcorra, el objetivo es “desideologizar” la política exterior argentina, para que el país pueda establecer líneas de negociación “maduras” con el mundo que “sirvan a los intereses argentinos”. De este modo, el nuevo gobierno se plantea una relación abierta con el mundo, donde no existan “antinomias”, ni blancos y negros: no es necesario elegir entre Estados Unidos y China, cuando se puede tener una relación con ambos. El objetivo final es “volver al mundo”, para mostrar que la Argentina es un país confiable.

La pregunta que subyace a este discurso es: ¿confiable para quién? En primer lugar, confiable para el capital internacional en su forma de inversión extranjera. Una de las principales preocupaciones del gobierno Cambiemos es la atracción de capital extranjero que garantice la entrada de divisas frescas al país. De hecho, Macri prometió la llegada de 20.000 millones de dólares en inversiones extranjeras para el segundo semestre de 2016. No obstante esta promesa, parece no existir aún un plan coherente para dicha atracción de capitales, ya que el gobierno estaría oscilando actualmente en un péndulo de discusiones internas acerca de los modos de atracción de estos capitales, y qué tipo de inversiones deben ser. Por ejemplo, en febrero se creó la Agencia Nacional de Promoción de Inversiones y Comercio Internacional, conformada por Cancillería y el Ministerio de la Producción. Hasta el mes de mayo, esta Agencia no se encuentra operativa, y de hecho existen visiones encontradas en el seno del propio gobierno acerca de su utilidad y objetivos. Además, recién cinco meses después de asumido el gobierno se nombró a una secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, María Cristina Boldorini, quien está a cargo de la “ejecución y promoción de la política comercial en el exterior, (…) las negociaciones internacionales de naturaleza económica y comercial bilateral y multilateral, y (…) las relaciones con los organismos económicos y comerciales internacionales, regionales y subregionales”. Hasta el mes de febrero había sonado el nombre de Horacio Reyser Travers para ocupar ese cargo, quien fuera socio del mayor fondo de inversiones en América Latina, Southern Cross. Finalmente la elección de Boldorini, quien es diplomática de carrera, muestra un sesgo menos empresarial y más negociador de la Cancillería. Efectivamente, observando la amplia agenda planteada por el gobierno, se requerirá de mucha cintura política (y la toma de fuertes compromisos) para llegar a acuerdos. El escenario se plantea en una agenda tripartita de negociación comercial: 1) con la Unión Europea; 2) con los Estados Unidos; 3) con los países de la Alianza del Pacífico con el fin de sumarse al TPP (Trans-Pacific Partnership).
Analicemos estas agendas. Primero, las negociaciones con la Unión Europea comenzaron a fines de los años noventa, es decir que llevan cerca de 20 años. Mientras los países americanos negociaban el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el Mercosur intentaba garantizar el acceso a los mercados europeos, especialmente para sus productos agrícolas. El problema que sobrevino, tanto para las negociaciones del ALCA como para el flanco europeo, fue la crisis planteada al interior de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en su Ronda Ministerial de Cancún en 2003. Allí quedó en evidencia que el mundo estaba dividido en dos grandes grupos de acuerdo a una diferente forma de inserción en el capitalismo global, y con ello, en el comercio mundial: el sur productor y exportador de productos agrícolas, y el norte productor de manufacturas y bienes de capital, a la vez que exportador de capitales. El problema que subyacía (y aún subyace) es que la especialización comercial no es del todo “libre” como lo señala la teoría del libre comercio. Los países del norte, para garantizar su gobernabilidad interna, subsidian a sus sectores agrícolas con prácticas que el comercio internacional considera poco leales. Esta realidad marca que aún hoy la negociación Mercosur-Unión Europea no será tan simple, ya que el Mercosur pretende acceso a mercados del norte para su productos agrícolas, lo cual implicaría que los europeos reduzcan sustancialmente los subsidios a sus propios productores agrícolas[1]. El problema, entonces, es político, no meramente comercial.
Asimismo, la llegada a la Argentina del Presidente norteamericano Barack Obama dejó como corolario, además de numerosos acuerdos sobre seguridad y lucha contra el narcotráfico, un Acuerdo Marco en Materia de Comercio e Inversión, anunciado en conferencia de prensa. A partir de esto se conformó un grupo de trabajo que evaluará las posibilidades de liberalización del comercio bilateral a mediano plazo. Esto no implica necesariamente que se vaya a firmar un tratado comercial bilateral, pero sí muestra el interés del gobierno Macri de acercarse más al eje Estados Unidos, que hoy comanda las negociaciones del Trans-Pacific Partnership (TPP), acuerdo recientemente firmado (pero aún no ratificado) por Estados Unidos, Chile, Vietnam, Perú, Australia, Canadá, México, Nueva Zelanda, Japón, Brunei, Malasia y Singapur, todos países de la costa Pacífica. La intención de Washington es contrarrestar el peso creciente de China en el comercio global, especialmente la expansión de este gigante al avanzar en el cierre de un acuerdo comercial con los países del sudeste asiático (bloque ASEAN) más India, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur (acuerdo llamado Regional Comprehensive Economic Partnership). El presidente Obama lo manifestó recientemente: este acuerdo megarregional asiático conlleva un peligro para el empleo norteamericano. Por eso, tiene que ser EEUU y no China quien ponga el ritmo al comercio mundial.
En ese contexto, el gobierno de Macri ha sido claro: uno de los principales objetivos estratégicos es la incorporación al TPP. El problema que aparece es que, en este caso, Argentina asumiría una negociación bilateral. Recientemente, el Frente Amplio uruguayo se manifestó en contra de las negociaciones del TPP, al menos como modo de presionar al gobierno de su mismo color político para que no se sume a esa negociación. Entonces, la Argentina estaría sola, al menos por ahora, en las negociaciones con el bloque Pacífico. Pero, ¿qué sucede entonces con la pertenencia de Argentina al bloque del Mercosur? Las nuevas negociaciones comerciales del gobierno conllevarían la flexibilización de las pautas que hoy conforman el Mercosur, permitiendo a los miembros negociar acuerdos por fuera del bloque. Esto implica revisar la resolución 32/00 del Mercosur, que establece que los países miembros deben negociar en conjunto con terceros países o bloques. Tal flexibilización volvería virtualmente imposible la profundización de la integración económica regional vía Mercosur, con lo que el camino del “cortarse solo” haría que caiga sobre la Argentina parte del peso de la detención de la integración regional, que ya lleva un cuarto de siglo.

Relación de dependencia
Relación de dependencia
Asegurar mercados a cambio de compromisos extra-comerciales


El objetivo de la nueva política comercial argentina sería la diversificación de los mercados de exportación. En los últimos años, debido al crecimiento de los precios de las commodities, el mercado chino apareció como el principal comprador de la Argentina, especialmente de porotos de soja. Pero frente a una caída del precio de las commodities, el caudal recaudador del Estado se vio afectado, mostrando la fragilidad de un sistema basado en la exportación centrada en un solo país. Asimismo, la relación de dependencia establecida con China pone a la Argentina frente al desafío del mediano plazo: ¿qué sucedería si (y cuando) China desarrolla(e) su propia producción sojera, o si establece relaciones comerciales más duraderas con otros países competidores de la Argentina?
Efectivamente, la Argentina compite especialmente con otros dos países en la exportación de porotos de soja: Estados Unidos y Brasil. De hecho, la compra por parte de China de este producto se ha acrecentado con respecto a Brasil y ha caído con respecto al producto argentino. Esto refleja otro problema actual en la región latinoamericana: se genera una competencia entre los países por la colocación de sus producciones, principalmente de materias primas y commodities, a los mercados internacionales. Hoy, este es el resultado más visible de la política del libre comercio en la región: la acentuación de la competencia en lugar de la complementariedad[2]. Esto implica una “carrera hacia el fondo” (race-to-the-bottom), donde los países negocian con las potencias compradoras individualmente, de espaldas a sus otrora aliados políticos y económicos. Para lograr acceder a los mercados compradores, los países reducen sus aranceles de importación de bienes de consumo y flexibilizan legislaciones internas, a la vez que firman tratados con los principales compradores con el objetivo de garantizar un acceso preferencial a sus mercados.
La competencia establecida entre países que anteriormente fueran socios fue notoria con la adhesión de Ecuador al Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que ya habían firmado Colombia y Perú, todos miembros de la Comunidad Andina de Naciones. Ecuador, que había tenido fuertes críticas a la política del libre comercio en la época de la negociación del ALCA, aceptó entrar en el acuerdo a cambio de no perder acceso al mercado europeo, especialmente para su producto estrella: el banano[3], que compite en producción con los otros dos países. El 2014, año en que se terminaba su acceso preferencial al mercado europeo establecido en el Sistema General de Preferencias (SGP), fue cuando Ecuador firmó el acuerdo.
Esto muestra el uso político que ciertos países dan a los instrumentos del comercio internacional, incluso los más longevos como el Sistema General de Preferencias (SGP)[4]. Otrora pensado como un modo de asegurar el acceso de los países menos desarrollados a los mercados del norte, actualmente esta institución es utilizada como modo de chantaje por los países mejor ubicados en la estructura comercial global. Nuevamente, el caso de Ecuador nos da un indicio de esta práctica. En el año 2009 Ecuador se retiró del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre Inversiones (CIADI) y a partir del año 2013 emprendió la revisión de todo el andamiaje de protección de las inversiones extranjeras. Esto generó una rápida respuesta por parte de la Comisión Europea, que amenazó con el retiro de Ecuador del SGP si el país avanzaba en la denuncia de los tratados de inversión con los países europeos (que ya habían sido usados por empresas europeas para demandar al país en tribunales arbitrales internacionales, como las petroleras Perenco y Burlington). Esta respuesta resultó aleccionadora, ya que logró torcer el brazo a un gobierno díscolo en materia de política de apertura comercial.
Las implicancias de los TLC (o acerca de los derechos de las corporaciones)
Entonces, ¿qué implica en concreto la agenda de liberalización comercial planteada por el gobierno de Macri? En primer lugar, implica que la Argentina entraría en la lógica de los tratados comerciales que poco tienen de comercio, pero sí mucho de negocio empresarial. Los TLC no son meros acuerdos sobre aranceles, ya que incluyen además temáticas tan sensibles como la propiedad intelectual (patentes de medicamentos, semillas, software, etc.), los servicios (donde quedan incluidos salud y educación), las compras públicas, las telecomunicaciones, la agricultura, las inversiones y, como frutilla del postre, las cláusulas que otorgan la posibilidad a los inversores extranjeros de demandar al país en tribunales arbitrales extranjeros como el CIADI. Estos temas son conocidos como “los nuevos temas comerciales”, incluidos en la Ronda Uruguay en los años ochenta, y luego plasmados en las diferentes áreas de negociación de la OMC, siempre con el objetivo de avanzar en la liberalización progresiva.
Hagamos un paréntesis. Aquí hablamos de libre comercio, de liberalización. Pero, ¿qué significado tiene el término “libre” en este contexto? La progresiva libertad comercial es la aceleración de la crisis de la función reguladora de los Estados. Dicha función era parte esencial de los Estados de bienestar en la segunda posguerra, cuando la intervención estatal mantenía altos los aranceles para la importación, lo cual permitió la tendencia al pleno empleo, desarrollando el “compre nacional”, a la vez que la idea de una “burguesía nacional”. Pero parte de esta función fue puesta en crisis en los años sesenta, cuando estalló la insubordinación social, y cayó la tasa de ganancia de los capitalistas. El resultado fue la internacionalización de la economía, junto con la constitución de empresas-red (transnacionales) que relocalizan, a la vez que subcontratan, gran parte de su sistema productivo. De este modo, hablar hoy de liberalización del comercio significa en realidad hacer referencia a los movimientos que hacen las propias empresas a través de las fronteras[5], acrecentando su ganancia al ahorrar en el costo de la mano de obra mediante la relocalización. De este modo, hoy el “libre comercio” es sinónimo de una amplia agenda de acuerdos donde se le otorga todo el poder a las grandes corporaciones que tienen potencial para exportar capital, mientras se reconfiguran las funciones de los Estados.
En segundo lugar, la firma de TLC implica para la Argentina la profundización de las concesiones que el país ya viene otorgando a los inversores extranjeros en el paquete de 58 tratados bilaterales de inversión (TBI) firmados en los años noventa. Estos tratados son considerados por las corporaciones y sus agencias de lobby como la piedra basal para el otorgamiento de la “seguridad jurídica” que exigen para sus capitales. Pero las cláusulas de estos TBI son tan amplias que conllevan la posibilidad de una interpretación parcial e incluso tendenciosa por parte de los tribunales arbitrales que se constituyen para solucionar controversias vinculadas a la inversión (como el CIADI). Esta estructura de protección no fue modificada por los gobiernos kirchneristas, los cuales incluso aprovecharon este andamiaje para mostrar externamente una imagen de país que protege las inversiones extranjeras, en especial en el sector extractivo (petróleo, litio, oro, pulpa de celulosa, etc.)[6]. El gobierno de Cambiemos viene a profundizar esta estructura de protecciones, sin revisar siquiera las consecuencias que estos tratados han tenido. Por empezar, la presentación de más de 35 demandas contra el país en el CIADI por parte de empresas, especialmente europeas, después de la devaluación del peso en 2002. Sin una evaluación real del impacto que hasta ahora ha tenido la protección de las inversiones mediante los TBI (tipo de inversiones que llegaron, si se produjo transferencia de tecnología, qué impacto tuvieron sobre el empleo local, sobre el medioambiente, sobre las comunidades, etc.), la firma de TLC parece ser más bien “un acto de fe” en la benevolencia del mercado antes que una política orientada hacia el bienestar de la población y la protección del medioambiente.
En tercer lugar, los tres escenarios de TLC propuestos implican un cierre temporal de las discusiones sobre alternativas de integración regional. La victoria de Cambiemos en Argentina, y el reposicionamiento de los partidos de derecha en la región, ponen en jaque a los gobiernos “progresistas” y muestran los límites de sus propuestas de cambio-a-medias. Pero el problema más profundo que esta nueva oleada representa es la crisis terminal de un modo de expresión política del ciclo de luchas de fines de los noventa y principios de este siglo, ese que había dado nacimiento a los progresismos latinoamericanos. Esto no significa que hoy “volvamos a los noventa”, sino que se cristaliza la constitución de un escenario aún más crudo: la reconstrucción de los partidos abiertamente de derecha sobre el cadáver del sueño de otra integración posible, sobre las alternativas, aquellas plasmadas, aunque imperfectamente, en el proyecto ALBA y en la idea de un americanismo autónomo.
Asimismo, lo que la nueva agenda de política exterior muestra es que los términos de la discusión han cambiado. La crudeza de la concentración e internacionalización del capital de los últimos cuarenta años muestran que no se puede hoy aspirar a la constitución de nuevos Estados de bienestar que cierren las fronteras en pos del “compre nacional”, ya que la reconfiguración de la relación capital-trabajo del periodo neoliberal, claramente en favor del capital, ha sido profunda en todos los ámbitos sociales, no sólo el económico y político. Queda en las organizaciones sociales y políticas, así como en la academia, pensar las alternativas desde el nuevo contexto de apertura comercial, poniendo en el centro del análisis los peligros que este tipo de relación económica con el mundo pueden significar para la vida humana y el medio ambiente. La discusión entonces no puede reproducir ciegamente viejas fórmulas que tenían que ver con viejos pactos de gobernabilidad (o más crudamente, con la paz de clases). El nuevo contexto, las nuevas agendas, nos proponen la urgencia de pensar no desde la óptica de los Estados, sino desde la crítica de lo existente.

[1] Recientemente, 13 de los 28 países de la Unión Europea se manifestaron en contra de la apertura de la cuota de productos agrícolas para los países del Mercosur. Francia se ha convertido, nuevamente, en el portavoz de los paysannes en Europa.
[2] Por ejemplo, Chile, Perú, México y Colombia ya han firmado tratados de libre comercio bilaterales con países económicamente diversos como China, Corea del Sur, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea.
[3] En pocos años Ecuador pasó de tener un 33% del mercado europeo del banano, a un 27%. Esto fue debido a las desventajas arancelarias frente a la fruta de otros países como Colombia, Costa Rica y Perú que alcanzaron acuerdos comerciales.
[4] El Sistema General de Preferencias (SGP) nació en los años setenta, cuando la apertura y crecimiento del comercio mundial ya eran un hecho. En ese momento el GATT, precursor de la OMC, permitió que algunos países establecieran este sistema de preferencias que implicaba la exención del principio de Trato de Nación Más Favorecida del sistema multilateral para poder beneficiar especialmente a los países en desarrollo, siempre que ese trato fuera aplicado de modo no discriminatorio frente a terceros.
[5] Por ejemplo, en el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, México y Canadá, las importaciones de EE.UU. desde México crecieron un 229% entre 1993 y 2001, mientras que las exportaciones del primero hacia el segundo sólo crecieron un 144% en este período. Sin embargo, los números son engañosos. Una gran proporción de las exportaciones norteamericanas a México es de partes y componentes que son embarcados hacia México para su ensamblaje, nunca entran en la economía doméstica mexicana, pero regresan a EE.UU. para ser vendidos como bienes terminados. Estas exportaciones de turistas industriales representaban en 1999 más de un 60% de todas las exportaciones a México.
[6] Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner se presentaron en el Congreso de la Nación al menos cuatro proyectos de ley (desde diversas fuerzas políticas) para el retiro de la Argentina del CIADI y la denuncia de los TBI. Sin embargo, ninguno de estos fue siquiera tratado en comisión.