viernes, 19 de agosto de 2022

La visita del Secretario de Estado Alexander Haig en el marco de la frustrada mediación de Estados Unidos en el conflicto de Malvinas

Alexander Haig, secretario de Estado norteamericano y Leopoldo Galtieri, presidente de facto, en una de las dos visitas que hizo a la Argentina

Ciclos, Vol. XXIX, Nro. 58, 2022
ISSN 1851-3735, pp. 71-77

La visita del Secretario de Estado Alexander Haig en el marco de la frustrada mediación de Estados Unidos en el conflicto de Malvinas

Leandro Morgenfeld

 

Resumen

Cuatro décadas después de la Guerra de Malvinas, en el siguiente artículo se repasan las dimensiones geopolíticas del mismo, la errónea lectura internacional de la Junta Militar argentina y la posición del gobierno estadounidense encabezado por Reagan, quien priorizó su alianza con la primera ministra británica. La experiencia de la infructuosa apelación al TIAR en 1982 muestra que, para la Argentina, es necesario confluir con los países latinoamericanos y caribeños, además de otros actores del llamado Sur Global, para forzar al Reino Unido, a cumplir con las resoluciones de Naciones Unidas, que instan retomar las negociaciones bilaterales por la soberanía de las islas, para terminar con uno de los últimos enclaves coloniales que persisten en el siglo XXI.

 

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miércoles, 20 de julio de 2022

Boletín #7 Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América

 

Boletín #7 Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América


Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América
Año 4 – Número #7
La Cumbre de las Américas de Los Ángeles: entre las exclusiones y las resistencias
Julio 2022

Índice

Presentación. La Cumbre de las Américas de Los Ángeles: entre las exclusiones y las resistencias
Leandro Morgenfeld

La Crisis de la Cumbre. Estados Unidos y la lógica doméstica de su política exterior
Valeria L. Carbone

Estados Unidos – América Latina. Dominación imperialista y Cumbre de la ilegitimidad
Jorge Hernández Martínez

Nuestra América frente a Estados Unidos luego del traspié de Biden en Los Ángeles
Leandro Morgenfeld

Biden versus Cuba Contradictoria política migratoria y Cumbre de las exclusiones
Luis René Fernández Tabio

Salud, energías limpias, transformación digital y gobernabilidad democrática. Cuatro temas a debate en la Cumbre de las Américas. Visiones desde Cuba y proyecciones de EEUU
Lil María Pichs Hernández

As Estratégias do imperialismo dos Estados Unidos na Transição para um Mundo Multipolar
Carlos Eduardo Martins 

 

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sábado, 16 de julio de 2022

"Alberto, de cumbre en cumbre, en un mundo en disputa"

 

Alberto, de cumbre en cumbre, en un mundo en disputa

¿Cuál es la orientación de la política exterior argentina? ¿Qué tensiones existen al interior del Frente de Todos sobre la inserción internacional y las relaciones con el FMI? ¿Qué rol puede jugar en el actual escenario latinoamericano?
(Primera Línea, 16 de julio de 2022)
 
En junio y julio el presidente argentino subió la apuesta internacional. Al frente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), fue protagonista en la Cumbre de las Américas de los Ángeles, luego participó en la Cumbre presidencial del grupo BRICS -solicitó la incorporación de la Argentina como miembro pleno- y en la del G7 en Alemania, donde mantuvo una tensa reunión con Boris Johnson. Además, concretó una conversación virtual con el presidente de Ucrania, viajará a Asunción a la Cumbre del Mercosur y el 25 de julio tendrá su esperada bilateral con Joe Biden en la Casa Blanca. 

Para entender la inserción internacional y la política exterior argentina es necesario, en primer lugar, realizar un diagnóstico adecuado de la situación mundial. La pandemia aceleró el proceso de transformaciones geopolíticas que se iniciaron a principios de este siglo y se potenciaron a partir del crack de 2008, entre las que se destacan la crisis de la hegemonía estadounidense, el ascenso de Asia-Pacífico en general y China en particular, el debilitamiento de las instituciones multilaterales creadas luego de la Segunda Guerra y la agudización de las tensiones y desequilibrios económicos, financieros, monetarios, políticos, militares, tecnológicos, migratorios y medioambientales. Asistimos a una profunda transición en la estructura del poder global, en la que lo viejo no termina de morir y lo nuevo, un mundo más multipolar, todavía es incipiente. Por eso lo que prima actualmente es más bien el desorden mundial. La actual guerra en Ucrania, parte de la llamada Guerra Mundial Híbrida y Fragmentaria, no hizo sino acelerar las contradicciones y los cambios que venían produciéndose en los últimos años. 

A nivel continental, en junio se realizó la IX Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, signada por la polémica, a partir de que el gobierno de Biden, el anfitrión, decidió excluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua, lo que provocó la reacción de distintos presidentes latinoamericanos, muchos de los cuales finalmente no viajaron a EE.UU., para no convalidar esa política imperial e injerencista. Ante el portazo de 12 de los 35 mandatarios de la región, la asistencia de Alberto Fernández cobraba especial relevancia. Si se unía a Andrés Manuel López Obrador, Luis Arce y Xiomara Castro, quienes cumplieron su palabra y no participaron, el golpe a la Cumbre hubiera sido letal. En los días previos, el presidente argentino subió el tono de las críticas a Washington. Sin embargo, tras el llamado telefónico de Biden y la promesa de una visita a la Casa Blanca el próximo 25 de julio, anunció que asistiría, rompiendo en los hechos la sintonía diplomática que se venía cultivando con México desde la formación del Grupo de Puebla.

Si bien viajó a Los Ángeles, el tono del discurso de Fernández, como presidente pro témpore de la CELAC, fue extremadamente duro. Señaló que el país anfitrión no podía ejercer el derecho de admisión, pidió reemplazar a Luis Almagro en la Organización de Estados Americanos (OEA), por su apoyo al golpe de estado contra Evo Morales, y propuso que la dirección del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) volviera a manos de un latinoamericano. También planteó el reclamo por la soberanía de Malvinas: criticó que el logo de las Cumbre no las incluyera. Además, invitó a Biden a la Cumbre de la CELAC, que se realizará el 1 de diciembre en la Argentina, dando a entender que es necesario articular regionalmente para desde allí plantear en forma unificada un diálogo o negociación con EE.UU. 

Las múltiples ausencias, más los discursos críticos -especialmente el del canciller mexicano-, el escrache contra el golpista Luis Almagro -repudiado como “asesino”, “mentiroso” y “títere de Washington”-, la contra Cumbre de los Pueblos y la movilización callejera para repudiar las exclusiones, mostraron en Los Ángeles que EE.UU. ya no puede imponer su voluntad como antes. El problema es que tampoco se pudo desplegar en esa oportunidad una estrategia regional conjunta y recuperar la iniciativa. Veremos si en la reunión de la CELAC, ya con Gustavo Petro como nuevo presidente de Colombia y probablemente con Lula electo en Brasil, se reimpulsa el proyecto de la Patria Grande. 

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Justo antes de viajar a Alemania a la reunión del G7, Alberto, invitado por Xi Jinping, participó el viernes 24 de junio en forma virtual de la XIV Cumbre de Jefes de Estado del grupo BRICS, que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, en la que planteó la aspiración de la Argentina de ser incorporada como “miembro pleno” -unos días más tarde, el 7 de julio, el canciller chino le confirmó en Indonesia a Santiago Cafiero el apoyo del gigante asiático a la incorporación-. El presidente sostuvo que “ni el trigo ni los alimentos pueden convertirse en un arma de guerra” e hizo un llamado a “la paz urgente” porque “es urgente hacer un mundo más igualitario”. 

Sumarse a ese grupo, que ya representa al 42% de la población mundial y al 24% del producto bruto global implicaría un significativo cambio en la inserción internacional y en la ubicación argentina en el tablero geopolítico mundial. Sobre las aspiraciones de integrarse a este espacio, que se plantea como una alternativa al G7, Fernández sostuvo: “Nos entusiasma la perspectiva de coordinar políticas que potencien la agenda de los países del Sur global. (…) Los BRICS constituyen una plataforma con enormes capacidades para discutir e implementar una agenda de futuro que nos lleve hacia un tiempo mejor y más justo”.

Pocas horas más tarde, el mandatario argentino voló hacia Europa. En la cumbre del G7, cuyo tema central fue la guerra en Ucrania, intentó un delicado equilibrio entre lo que pretendían sus anfitriones y la necesidad de no tensar el vínculo con Moscú. Además, en Alemania tuvo algunas reuniones bilaterales importantes, entre la que se destacó la que mantuvo con Boris Johnson, marcada por el áspero debate por Malvinas. Como señala Claudio Mardones, “el paso de Fernández por el G7 fue fugaz, pero alcanzó para una bilateral con el inglés Boris Johnson, al que le enrostró el reclamo de soberanía de Malvinas. En materia económica el saldo fue el esperado, porque toda la comitiva, pero especialmente Fernández, recibieron consultas de los países europeos sobre la capacidad argentina para proveerles energía con el objetivo de sustituir la dependencia de Rusia. El tema tampoco fue ajeno para Biden, que volverá a hablar del tema el próximo 25 de julio, en la bilateral que mantendrán en el Salón Oval”.

Apenas volvió de Europa, Alberto concretó una comunicación telefónica de poco más de media hora con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, quien había pedido este gesto del presidente argentino en su participación virtual en la Cumbre del G7. La aproximación a las posiciones de EE.UU. fue festejada justamente el día anterior, en el Palacio Bosch, sede del embajador norteamericano, en la fiesta por los 246 años de la independencia de ese país, en la que Marc Stanley recibió la visita de Juan Manzur, en representación del gobierno nacional. 

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Esta suerte de delicado equilibrio, o zigzagueo diplomático argentino, que a veces parece contradictorio e incoherente, responde a varios factores. En materia internacional, y a diferencia del erróneo y sesgado análisis que caracterizó al gobierno de Macri, hay una correcta lectura de los cambios geopolíticos a nivel global, que explican la estrategia de diversificar los vínculos exteriores, sin alinearse acríticamente con EE.UU. y Europa. En materia interna, responde a dos cuestiones básicas. En primer lugar, a la necesidad de renegociar el acuerdo con el FMI que impulsó Martín Guzmán, dado que no van a poder cumplirse las metas pactadas. Para ello, se requiere el aval de Washington, y en esa dirección apuntarán las gestiones de Alberto en su visita a la Casa Blanca. En segundo lugar, a las diferencias notorias en el Frente de Todos. No solamente respecto al acuerdo que selló con el Fondo al ahora ex ministro de Economía -y, en consecuencia, al plan económico, con más ajuste-, sino también a la política exterior. Existe una línea más vinculada al establishment demócrata estadounidense, que encarnan el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, -quien estaría trabando el financiamiento chino de Atucha III por pedido de EE.UU.- y el embajador Jorge Argüello -gestor de la inminente reunión con Biden-, y una línea más autonomista, que se referencia en Carlos Raimundi, representante ante la OEA, el embajador en Moscú, Eduardo Zuain, el vicecanciller Pablo Tettamanti y la ex embajadora Alicia Castro, entre otros/as. 

Como en otros órdenes de su gobierno, Alberto Fernández emite señales contradictorias en materia de política exterior. El encuentro con Biden en Washington será una buena oportunidad para vislumbrar hacia dónde se encamina la política exterior del Frente de Todos. Si hacia una línea moderada, que busque congraciarse con la Administración demócrata y aplicar el ajuste que exige el Fondo, o bien avanzar a la necesaria unidad latinoamericana, para concretar proyectos que permitan colocar a América Latina en otro lugar, fundamentalmente en función de encarar reformas que permitan un desarrollo más autónomo y una mejor distribución del ingreso. 

Alberto tiene una retórica latinoamericanista y a favor de un mundo más multipolar. Pero, como ocurre con algunos de sus pares regionales, tiende a moderarse cada vez más y tampoco en materia de política exterior avanza más allá del plano discursivo. Como advierte con preocupación Massimo Modonesi, “los progresismos latinoamericanos han terminado de normalizarse, asimilarse y adecuarse al orden existente, defendiéndolo de las embestidas que, más por derecha que por izquierda, lo están amenazando”. A eso hay que sumarle la ofensiva de los gobiernos derechistas contra cualquier iniciativa regional. Esta semana, por ejemplo, se conoció que el uruguayo Luis Lacalle Pou avanzará en un acuerdo de libre comercio con China, dándole la espalda al Mercosur, mientras que Jair Bolsonaro anunció que no asistirá a la primera cumbre presidencial pospandemia de este organismo, que se realizará en Asunción. 

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Dado los enormes desafíos que enfrentan los países de la región, sumidos en una crisis económica y social alarmante, es necesario avanzar en forma urgente en proyectos concretos que mejoren las condiciones de vida de sus pueblos. El declive de EE.UU. y la crisis del orden mundial que condujo desde la segunda posguerra es una oportunidad para nuestra región. Como declaró Evo Morales el 12 de julio, durante su visita a la Argentina, “Estados Unidos ya no tiene la hegemonía en Latinoamérica. Ya no es una potencia económica, a lo sumo puede ser potencia militar. (…) Estados Unidos sólo vive de guerra. Esa doctrina inmoral, la doctrina Monroe de ‘América para los americanos’ va terminándose. Nosotros en cambio hemos propuesto ‘América Plurinación de los pueblos para los pueblos’”. 

Hay que tener cuidado porque el imperio puede volverse más agresivo ante su creciente debilidad económica. Las recientes declaraciones del ex asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, reconociendo su participación en la preparación de golpes de Estado en otros países, ponen de manifiesto que la doctrina Monroe sigue vigente. Contra los que niegan la vigencia del imperialismo, la realidad es que EE.UU. sigue apostando por los “cambios de régimen” y los golpes de Estado de nuevo tipo, como lo intentaron en Venezuela en 2019 y lo concretaron en Bolivia ese mismo año. 

Como presidente pro témpore de la CELAC, y en vistas de la Cumbre que organizará la Argentina en poco más de cuatro meses, es el momento de avanzar con la concreción de algunas iniciativas que se esbozaron en los últimos tiempos: discutir conjuntamente las condiciones para la explotación de sus estratégicos recursos naturales (la OPEP del litio, junto a una empresa estatal latinoamericana para explotarlo, algo de lo que habló Evo estos días en Buenos Aires), avanzar hacia una moneda común (una propuesta que Lula recuperó hace algunas semanas), plantear una investigación y una moratoria conjunta de la deuda externa (es decir, abandonar la rendición ante el FMI), avanzar hacia una política sanitaria soberana y empezar a negociar articuladamente, en el marco de la CELAC, con actores como EE.UU., la Unión Europea y China. 

Si Nuestra América no recupera rápidamente el camino de la integración, se seguirán profundizando las asimetrías, internas y externas. No hay que olvidar que sigue siendo la región más desigual del mundo. Los cambios cosméticos no alcanzan. El proyecto emancipador no puede tener una escala meramente nacional. Hay que avanzar en la construcción de la Patria Grande. Argentina, si abandona la línea errática de su política exterior, tiene un rol clave que jugar en ese estratégico y urgente proyecto continental.


  • Leandro Morgenfeld es profesor regular de la UBA, Investigador Independiente CONICET y co-coordinador del GT CLACSO Estudios sobre Estados Unidos. También es compilador de El legado de Trump en un mundo en crisis (SigloXXI, 2021) y dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com

jueves, 14 de julio de 2022

La confesión de Bolton: una confirmación a casi 200 años de la Doctrina Monroe

 

John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca - Sputnik Mundo, 1920, 14.07.2022

La confesión de Bolton: una confirmación a casi 200 años de la Doctrina Monroe

Los dichos del exasesor de EEUU John Bolton sobre su participación en golpes de Estado lo confirman como uno de los exponentes más claros de la Doctrina Monroe, dijo a Sputnik el historiador argentino Leandro Morgenfeld. El experto recordó que, además de Venezuela, pesan sobre los hombros de Bolton acciones en Honduras, Paraguay, Brasil y Bolivia.
Las confesiones del exasesor de Seguridad de EEUU, John Bolton, sobre sus participaciones en golpes de Estado en otros países "no sorprenden" pero sí ratifican que señalar el imperialismo estadounidense "no es anacrónico", dijo a Sputnik el historiador argentino Leandro Morgenfeld, especializado en las relaciones entre EEUU y América Latina a lo largo de los años.
"Bolton es uno de los halcones de la clase dominante de EEUU y durante muchísimas décadas fue uno de los ideólogos del intervencionismo en distintas partes del mundo", consignó Morgenfeld, recordando que uno de sus últimos cargos fue ser asesor del expresidente Donald Trump (2016-2020) en materia de Seguridad Nacional.
Una de las caras más recientes de Bolton es la de haber sido, apuntó el historiador, "el ideólogo de la política de 'cambio de régimen' en Venezuela, reconociendo a Juan Guaidó como presidente encargado". También es el rostro del intento de desestabilización contra el Gobierno de Nicolás Maduro de 2019, cuando "con la excusa de la ayuda humanitaria se buscó provocar una intervención desde Colombia, generando una crisis cuasi militar".
 
John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional de EEUU - Sputnik Mundo, 1920, 13.07.2022
La "tradición" belicista de Bolton lo llevó, incluso, a discrepar con Trump, que finalmente lo apartó del Gobierno en septiembre de 2019. "Cuando lo echó, Trump dijo que Bolton lo quería impulsar a intervenir en varias guerras, lo empujaba a una creciente hostilidad y llegó a decir que había que bombardear Irán, lo que habría provocado una escalada de consecuencias imprevisibles en Oriente Medio", analizó el historiador.
Desde su rol de historiador especializado en las relaciones internacionales de EEUU, Morgenfeld aclaró que la influencia de Washington en golpes de Estado en varios países del mundo y especialmente en América Latina es algo que está "hartamente documentado". Esas operaciones marcaron el siglo XX en países como Nicaragua, República Dominicana, Panamá y los golpes de Estado de países como Chile, Argentina, Uruguay o Brasil pero también se continuaron en el siglo XXI.
 
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y su homólogo estadounidense, Antony Blinken - Sputnik Mundo, 1920, 15.03.2022
Para Morgenfeld "no es nada sorprendente que Bolton tenga el cinismo o la sensación de impunidad para reconocer que planeó y tramó un golpe de Estado".
De hecho, el historiador remarcó que los dichos de Bolton "generarían un escándalo político en cualquier otro país".
"Debería ser citado por el Congreso para que rinda cuentas de esas declaraciones, debería citarlo la Justicia, pero sabemos que nada de eso va a ocurrir", previó el analista.
Según Morgenfeld, lo dicho por Bolton ya es conocido por "cualquiera que haya estudiado con seriedad la historia y la actualidad de las relaciones entre EEUU y América Latina". Sin embargo, el momento de sinceridad del exasesor de Trump puede ser útil para "poner en negro sobre blanco" la postura de EEUU frente a "aquellos que dicen que es anacrónico hablar de imperialismo, que dicen que se exagera la influencia de EEUU en la región".
El historiador remarcó que Washington continúa intentando influenciar a los países latinoamericanos desde lo económico pero también desde la penetración en los organismos de seguridad y las organizaciones no gubernamentales. En ese plan, tampoco ha dejado de lado "la vieja usanza" de golpes o incluso promoviendo el lawfare contra dirigentes políticos cuyas políticas no se alinean a sus intereses.
"Este reconocimiento de Bolton, que lo puede decir en una cadena como la CNN sin que le repregunten demasiado y sin generar escándalo en EEUU, pone en negro sobre blanco cuál es la forma de operar de EEUU en el resto del mundo y, sobre todo, en lo que ellos llaman su 'patio trasero'", sintetizó.
Para Morgenfeld, Bolton es, indudablemente, uno de los exponentes más explícitos de que la Doctrina Monrone, nacida en 1823 bajo el lema 'América para los americanos', sigue guiando la relación entre Washington y América Latina.
"Bolton es una de las expresiones de esa política agresiva, injerencista, de no respeto a la autodeterminación de los pueblos de América Latina", sintetizó.
 
 

viernes, 1 de julio de 2022

Jornadas Malvinas 40 años

 

Estimados/as Colegas de Universidades e Instituciones Académicas

 

Nos comunicamos con ustedes para compartirles el programa definitivo de las Jornadas Académicas de Investigación y Reflexión sobre Malvinas - 40 añosCon 35 Paneles Temáticos, 100 expositores y Conferencias Especiales, el evento se llevará a cabo de forma virtual los días 5, 6, 7 y 8 de julio de 9 a 20 hs. 

El acceso es libre pero requiere inscripción previa. 

La ceremonia de apertura estará a cargo del Embajador Guillermo Carmona, secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur de la Cancillería Argentina y autoridades nacionales y universitarias.Acto seguido, se realizará un homenaje al profesor Uriel Elrich, autor del libro “Malvinas: soberanía y vida cotidiana”.A continuación, brindará la Conferencia Inaugural el Dr. Jorge Battaglino, Rector de la Universidad Nacional de la Defensa.

Finalmente, la ceremonia de clausura tendrá como oradora a la Dra. Lourdes Puente Olivera, directora de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Católica Argentina.A continuación, dejamos a su disposición el formulario de inscripción

Al llenar los datos solicitados, el día anterior al inicio de las jornadas se les enviará vía mail los links destinados a cada uno de los días.

Les solicitamos especialmente hacer extensiva la invitación y el flyer a los colegas, alumnos/as y personas interesadas.Muchas gracias por su distinguida participación. Quedamos a su entera disposición para cualquier consulta. 

Saludos cordiales, 

 

Dr. Juan Pablo Laporte

Director GIPEA 

 

Lic. Mariel Zani Begoña

Coordinadora General GIPEA    

 

Lic. Agustín Polzella

Coordinador Jornadas Académicas de Investigación y Reflexión Malvinas 40 años


Formulario de Inscripción
Accede al programa completo

viernes, 24 de junio de 2022

Presentación del libro del Observatorio del Sur Global “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy”

 

Presentación del libro del Observatorio del Sur Global “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy”

Presentación del libro del Observatorio del Sur Global “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy”

Este Martes 28 de junio a las 18 hs, tendremos la presentación del libro del Observatorio del Sur Global “Pensar la Unidad Sudamericana Hoy” compilado de las ediciones de los Ciclos de Diálogos 2020-2021.

La actividad se desarrollará de forma presencial en el Salón San Martín del Rectorado de la Universidad de la Defensa Nacional, ubicado en Maipú 262, CABA

Contaremos con la participación de los siguientes invitados:

  • Nicolás Kreplak – Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires
  • Cecilia Nahón – Directora Ejecutiva Alterna por Argentina y el Cono Sur en el Banco Mundial
  • Alejandro Simonoff – Doctor en Relaciones Internacionales – Profesor de la Universidad Nacional de La Plata
  • María Cecilia Míguez – Profesora de la Universidad de Buenos Aires e Investigadora del CONICET (IDEHESI)

Presentan:

Federico Montero – Director del Observatorio del Sur Global
Mariana Vázquez – Coordinadora del Ciclo de Diálogos 2020-2021

LINK PARA CONFIRMAR ASISTENCIA
https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScGjZzlYDvj3lp8A5jpnjY67gk3Qc8csZizmw7dQ_wu07HJ_g/viewform

miércoles, 15 de junio de 2022

"Cumbre de las Américas: fracaso y oportunidad". Por Leandro Morgenfeld (Revita Jacobin)

 


Cumbre de las Américas: fracaso y oportunidad

El fracaso de la puesta en escena imperial en Los Ángeles abre grandes oportunidades para América Latina. Falta que las fuerzas políticas y sociales progresistas y de izquierda vuelvan a poner en el horizonte de sus luchas el proyecto de la Patria Grande.

Cuando asumió, en enero del año pasado, Biden imaginó que la IX Cumbre de las Américas sería el ámbito ideal para el relanzamiento de las relaciones con América Latina y el Caribe. El Hemisferio Occidental, como se refieren formalmente a su despreciado patio trasero, es fundamental para la proyección imperial estadounidense y para seguir sosteniendo su hegemonía global, debilitada por el ascenso de China y otros actores de peso, como Rusia y la India, que articulan en el grupo BRICS. Sin embargo, el cónclave de Los Ángeles resultó en un rotundo fracaso diplomático y político para la Casa Blanca. Nuestra América, en tanto, tiene una nueva oportunidad de relanzar la coordinación política regional y unificar una estrategia emancipatoria.

Como representante de la fracción globalista de la clase dominante, Biden está intentando infructuosamente revertir la crisis de hegemonía estadounidense. Procura recomponer el alicaído multilateralismo unipolar, a diferencia de Trump, que había promovido el unilateralismo unipolar desdeñando los ámbitos multilaterales como la ONU, la OEA o el G20.  Por eso el año pasado el demócrata declaró pomposamente que «Estados Unidos estaba de vuelta» (Trump, en cambio, faltó a último momento a la cumbre hemisférica de Lima, en 2018).

La IX Cumbre de las Américas, insinuaba Biden, sería el escenario perfecto para relanzar el vínculo con América Latina y el Caribe, así como lo había hecho Obama en la Cumbre de Trinidad y Tobago, en 2009, pocos meses después de llegar a la Casa Blanca, luego del traspié que había significado el «No al ALCA» en Mar del Plata cuatro años antes. Justamente el actual mandatario se jactaba de haber visitado 16 veces la región durante sus 8 años como vicepresidente (a diferencia de Trump, que no viajó al sur del Río Bravo en todo su mandato, salvo para la fugaz visita a Buenos Aires el 30 de noviembre de 2018 para asistir a la Cumbre presidencial del G20).

Sin embargo, la esperada reunión de Los Ángeles se concretó en un momento muy inoportuno para Estados Unidos, luego del bochornoso retiro de Afganistán en 2021, que implicó una humillación para el imperio tras dos décadas de ocupación de ese país (que se suma a la incapacidad de haber concretado la caída de los gobiernos de Venezuela y Siria, hostigados de todas las formas posibles).

A la crisis global que profundizó la pandemia se le suma ahora la guerra en Ucrania, luego de que Rusia reaccionara ante la creciente presión de la OTAN. Esta coyuntura disparó los problemas económicos internos en Estados Unidos (la mayor inflación en 40 años obligó a la Reserva Federal a subir las tasas de interés, alentando un enfriamiento de la economía, que en consecuencia podría entrar en recesión en 2023) y el acelerado deterioro de la imagen del gobierno demócrata, cuyo partido muy probablemente perderá en las elecciones de medio término de noviembre el hoy ajustado control del congreso.

Intentando un delicado equilibro entre necesidades internas y externas, Biden cedió a las presiones del senador republicano Marco Rubio, del senador demócrata Bob Martínez y el presidente del BID, el trumpista Mauricio Claver-Carone, y resolvió que solo invitaría a los líderes «elegidos democráticamente», excluyendo así a los mandatarios de Cuba (había vuelto a las Cumbres de las Américas en 2015), Venezuela (había sido excluida en la de Lima) y Nicaragua.

Mantener la política de Trump de asediar a la llamada «troika del mal» desató un vendaval político en el continente y signó la suerte de la cumbre. Además, Estados Unidos, en términos económicos, no tiene casi nada para ofrecer a la región, frente a una China que avanza implacablemente como socio comercial, prestamista e inversionista en todo el continente. Washington pretende que los países latinoamericanos se le subordinen en su disputa global con Pekín y Moscú, pero, a diferencia de lo que ocurrió en los años noventa del siglo XX, ya no tiene ni el proyecto (el ALCA o luego el Tratado TransPacífico) ni el peso económico que ostentaba hace algunos años.

Cuando el 2 de mayo el subsecretario de Estado Brian Nichols reiteró que los gobiernos que «no respetan la carta democrática» no serían invitados, se le plantó a Estados Unidos el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien tras visitar Cuba declaró que no viajaría a Los Ángeles si se imponían restricciones a la participación de países soberanos. Pronto lo secundaron los integrantes de la Comunidad del Caribe (CARICOM), el presidente boliviano Luis Arce y la presidenta hondureña Xiomara Castro.

A partir de ese momento, y frente a la posibilidad de que la cumbre no se realizara, la Administración Biden se vio obligada a realizar intensas gestiones diplomáticas, incluidos los viajes de la primera dama y del exsenador Chris Dodd, para evitar que el boicot la hiciera naufragar. Logró que Bolsonaro finalmente viajara —a cambio de una reunión bilateral con su par estadunidense— y comprometió la asistencia de Gabriel Boric y Alberto Fernández, quienes, si bien criticaron la decisión del Departamento de Estado, no se plegaron a AMLO. El 27 de mayo, en tanto, los mandatarios del ALBA (creada en 2004 como proyecto alternativo al ALCA) se reunieron en La Habana para repudiar las exclusiones y enviar un mensaje a Estados Unidos.

Ante la ausencia de muchos mandatarios de la región (finalmente solo terminaron asistiendo 23 de 35, resultando la edición de la Cumbre con más faltazos a nivel presidencial), la participación o no de Alberto Fernández cobraba especial relevancia. Si se unía a AMLO, a Luis Arce y a Xiomara Castro, quienes cumplieron su palabra y no fueron por las anacrónicas exclusiones, el golpe a la Cumbre hubiera sido letal (también faltaron, por otros motivos, los gobiernos derechistas de Guatemala y El Salvador, que eran fundamentales porque junto con México son claves para resolver la crisis migratoria que preocupa a la Casa Blanca).

En los días previos, el presidente argentino subió el tono de las críticas a Estados Unidos. Sin embargo, tras el llamado telefónico de Biden y la promesa de una visita a la Casa Blanca el próximo 25 de julio, anunció que asistiría a la Cumbre, rompiendo en los hechos la sintonía diplomática que se venía cultivando con México desde la formación del Grupo de Puebla y que fue importante, por ejemplo, para lograr la salida con vida de Evo Morales y Álvaro García Linera tras el golpe de Estado en Bolivia en 2019.

Si bien viajó a Los Ángeles, el tono del discurso de Alberto Fernández (ahora presidente pro témpore de la CELAC) fue extremadamente duro. Señaló que el país anfitrión no podía ejercer el derecho de admisión, pidió reemplazar a Luis Almagro en la OEA por su apoyo al golpe contra Evo («Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia») y reclamó que la dirección del BID debía volver a manos de un latinoamericano. También llevó el reclamo por la soberanía de Malvinas: criticó que el logo de las Cumbre no las incluyera. Además, invitó a Biden a la Cumbre de la CELAC que se realizará el 1º de diciembre en Buenos Aires, dando a entender que es necesario articular regionalmente para desde allí plantear unificadamente un diálogo o negociación con Estados Unidos.

Las múltiples ausencias, sumadas a los discursos críticos —especialmente el del canciller mexicano, quién sí viajó a Los Ángeles—, el escrache contra el golpista Luis Almagro el martes 7 de junio (repudiado como «asesino», «mentiroso» y «títere de Washington»), la realización de la contra Cumbre de los Pueblos y la movilización callejera en contra de las exclusiones, muestran que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad como antes.

El problema, de este lado, es la ausencia de una estrategia regional conjunta: falta recuperar la iniciativa. La UNASUR, convaleciente luego del retiro de los gobiernos derechistas alineados con Estados Unidos durante la llamada restauración conservadora, tanto como la CELAC, podrían ser un ámbito para empezar a avanzar hacia una mayor cooperación política e integración regional.

Nuestra América debe impulsar una estrategia multipolar multilateral y plantear un programa de mínima con algunos puntos clave en base a iniciativas que se esbozaron en los últimos tiempos: discutir conjuntamente las condiciones para la explotación de sus estratégicos recursos naturales (la «OPEP del litio», junto a una empresa estatal latinoamericana para explotarlo, sería un buen ejemplo), avanzar hacia una moneda común a partir de la reciente propuesta de Lula, plantear una investigación y una moratoria conjunta de la deuda externa, avanzar hacia una política sanitaria soberana —produciendo a nivel regional, por ejemplo, algunas de las vacunas cubanas contra el COVID— y, fundamentalmente, negociar conjuntamente con actores extrarregionales como Estados Unidos, la Unión Europea y China. Es la única forma de equilibrar mínimamente las enormes asimetrías con los países más desarrollados.

El viernes 10 de junio Biden cerraba el encuentro de presidentes con la firma de la «Declaración de Los Ángeles» y algunas limitadísimas promesas de ayuda económica para contener a los migrantes y ampliar a 20 000 los refugiados anuales que aceptará Estados Unidos. En realidad, hay una militarización de la problemática, ya que Estados Unidos pretende sumar a México y Colombia como aliados principales extra OTAN, o sea subordinarlos a la estrategia de Washington contra los otros polos de poder global. En el discurso oficial aparecieron las habituales apelaciones a la democracia, la seguridad hemisférica, el libre mercado, los derechos humanos y la inversión privada. Sin embargo, esta vez, Estados Unidos fracasó en imponer la doctrina Monroe de «América para los (norte)americanos», que el año que viene cumple exactamente 200 años.

Y no solo lo hizo a nivel gubernamental, sino que, por abajo, y en estrecha relación con las luchas que están haciendo retroceder a los gobiernos neoliberales desde 2018, crece la articulación de las resistencias. No solo se realizó la habitual contra Cumbre de los Pueblos en Los Ángeles. En Ciudad de México, la semana pasada, miles de académicos y activistas se reunieron en la Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales para pensar y debatir cómo construir ese otro mundo posible.

El mismo día que cerraba el cónclave de mandatarios en Estados Unidos, más de 100 000 personas colmaron el Zócalo de la capital azteca para escuchar al cubano Silvio Rodríguez, en el más que simbólico cierre del evento organizado por CLACSO. Como señaló allí Álvaro García Linera, en diálogo con La Jornada:

"Hay, de América Latina hacia Estados Unidos, pérdida de miedo y hasta falta de respeto ante el poderoso. Se ha desvanecido la idolatría y sumisión voluntaria de las élites políticas hacia lo norteamericano. Era una especie de cadena mental que te amarraba a mover tu cabeza siempre diciendo sí a lo que decía Estados Unidos. Ahora no lo oyes. Te vas. No vienes. Dices lo que quieras. Los otros nos desprecian y nosotros les hemos perdido el respeto. México ha liderado este divorcio".

El fracaso de la puesta en escena imperial en Los Ángeles abre grandes oportunidades para reimpulsar el multipolarismo y ampliar los márgenes de autonomía de Nuestra América, que bajo la dominación imperial sigue siendo la región más desigual del mundo, con más de 200 millones de pobres según Naciones Unidas. Falta, ahora, que las fuerzas políticas y sociales progresistas, de izquierda y nacional-populares vuelvan a poner en el horizonte de sus luchas el proyecto de la Patria Grande.

viernes, 3 de junio de 2022

"América Latina y crisis de la hegemonía estadounidense: disputas en el BID y y la Cumbre de las Américas", por Gabriel Merino y Leandro Morgenfeld

 

La crisis de la hegemonía estadounidense y el resquebrajamiento del mundo unipolar pusieron en jaque tanto al multilateralismo cristalizado en las instituciones internacionales de la posguerra, sostenidas sobre la tríada Estados Unidos, Europa occidental y Japón, como al multilateralismo globalista neoliberal que sobre dicha base se impuso con la caída del muro de Berlín y el disciplinamiento del llamado Sur Global. A partir del desarrollo de una situación multipolaridad relativa en el mapa del poder mundial y de la aceleración de tendencias contra-hegemónicas, emergió otro multilateralismo que está en relación con procesos institucionales y nuevas configuraciones relacionales, las cuales buscan redistribuir más equitativamente el poder y la riqueza mundial, poniendo en cuestión las jerarquías interestatales, la división internacional del trabajo existente y las instituciones internacionales dominantes. Por otro lado, en el seno del centro del poder mundial (en crisis) y como síntoma de su declive relativo y la puja de poder que ello suscita, a partir de 2001 resurgió con fuerza el unilateralismo, en primera instancia de la mano del neoconservadurismo y las primeras expresiones de lo que denominamos fuerzas «americanistas» y «nacionalistas». Con el triunfo de Donald Trump estas fuerzas dieron un salto cualitativo. En este marco, la presente investigación busca analizar en América Latina y el Caribe -en adelante América Latina- las estrategias principales de inserción internacional, los posicionamientos y pujas que se producen a partir de 2015 y la cuestión del multilateralismo, en relación con algunas estrategias de Estados Unidos en la región y a la creciente presencia de China. Focalizándonos en la disputa por la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y en las últimas Cumbres de las Américas, buscaremos comprender la denominada crisis del multilateralismo en la región.
Leer el artículo completo acá:
http://www.saber.ula.ve/handle/123456789/48042