viernes, 19 de enero de 2018

"Doce datos para entender a Trump, tras su primer año en la Casa Blanca". Por Cecilia Nahón y Leandro Morgenfeld (Revista Anfibia)



Por Cecilia Nahón y Leandro Morgenfeld

Anfibia 

Ilustración Sebastián Angresano

A un año de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Cecilia Nahón y Leandro Morgenfeld van más allá de sus excentricidades y analizan puntos clave de la administración republicana. El gabinete con más hombres blancos y millonarios de los últimos cinco presidentes de Estados Unidos y la profundización de las desigualdades en la sociedad norteamericana.



A un año de la asunción del POTUS 45, el libro “Fuego y furia” del periodista Michael Wolff sobre la perturbada trastienda de la Administración Trump bate récords de venta en Estados Unidos. También están en boga las interpretaciones “psicológicas” sobre el actual inquilino de la Casa Blanca, cuya salud mental, peligrosidad y/o aptitud para ocupar el Salón Oval son objeto de acaloradas disputas. No es para menos. El magnate neoyorkino empuña un gasto militar superior al de las siguientes ocho potencias juntas. Su triunfo fue un parteaguas en la historia estadounidense y global. Sin subestimar los rasgos extraordinarios de la personalidad de Donald J. Trump, proponemos en este ensayo una recorrida panorámica sobre 12 aspectos clave de sus primeros 12 meses en la Casa Blanca. En épocas de fake news y “hechos alternativos”, nuestro punto de partida son 12 datos (¡ciertos!) que consideramos ilustrativos de su gestión.

9.500 millones de dólares: La riqueza neta conjunta del gabinete de empresarios y banqueros millonarios nombrado por Trump, el más acaudalado, masculino y blanco de los últimos cinco presidentes de Estados Unidos. Junto a políticos ultra-conservadores y algunos outsiders, su primera línea ejecutiva se completó con una junta tripartita de militares condecorados en las posiciones estratégicas de seguridad nacional y defensa, perfil que mantuvo pese a la elevada rotación de su gabinete (producto de escándalos e investigaciones judiciales que forzaron a renunciar a sus más destacados colaboradores). Estos datos van a contramano de su afirmación de que el 20 de enero de 2017 será recordado como “el día en que el pueblo volvió a gobernar [la] Nación”. Si bien Trump rompió de cuajo con todas y cada una de las convenciones del establishment político de Washington, en su gobierno priman las continuidades por sobre las aparentes rupturas con el establishment empresarial, financiero y militar.

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38%: El actual nivel de aprobación de Trump, por lejos el registro más bajo en seis décadas para un Presidente de Estados Unidos a un año de iniciar su mandato. Una vez más, el “genio muy estable” bate récords históricos, pero no está solo: la sociedad estadounidense atraviesa una crisis de representación política sin precedentes en un escenario de fuerte radicalización. Ambos partidos están gravemente heridos, y desorientados. Más que una grieta, prima una fractura, o muchas fracturas. Tan sólo el 5% de los identificados con el Partido Demócrata aprueba la gestión de Trump. Una “resistencia” pujante y diversa se fortalece a lo largo del país (especialmente en las costas), mientras millones claman por el impeachment o se ilusionan con la llegada a la Casa Blanca de otra celebrity, pero negra y mujer: Oprah Winfrey. No es alocado: las elecciones recientes en Alabama, Nueva Jersey, Nueva York y Virginia consagraron a una ascendente camada de referentes territoriales de aquellos segmentos más denostados por el Presidente 45 (mujeres, trans, refugiados, latinos). Pero sería un grave error subestimar a Trump: contra todo pronóstico mantiene un sorprendente nivel de 82% de aprobación entre aquellos identificados con el Partido Republicano, a quienes evidentemente satisface su agenda belicosa, ultra-nacionalista y conservadora, junto a los masivos recortes de impuestos.

5,6: El promedio diario de afirmaciones falsas o engañosas emitidas por Trump en su primer año en la Oficina Oval. Apenas desembarcó en la Casa Blanca, la Administración Trump reafirmó su apego a la post-verdad cuando su entonces comunicadora estrella, Kellyanne Conway, defendió la afirmación oficial de que la investidura de Trump había sido la más concurrida de la historia (algo evidentemente falso), sosteniendo que el vocero presidencial Sean Spicer no había mentido, sino presentado “hechos alternativos”. Esta expresión orwelliana fue la marca de nacimiento del discurso trumpista. Desde entonces, la cobertura periodística es un campo minado por acusaciones cruzadas de fake news. Mientras la mayor parte de los medios chequean todas y cada una de las afirmaciones de Trump, y llevan bases de datos de sus mentiras, el billonario acusa a su vez de mentirosas a las vacas sagradas de la prensa norteamericana (CNN, New York Times, Washington Post), mientras comparte y consume obsesivamente las noticias celebratorias de su gobierno de la cadena Fox News. No hay lugar para los ingenuos. En un país fracturado políticamente, la prensa alimenta y a la vez se beneficia económicamente de la marcada radicalización de las pantallas televisivas.

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691.700 millones de dólares: El presupuesto militar que propuso Trump para el año fiscal 2018, 12% más alto que el anterior. Mientras acrecentó el gasto del Pentágono, su Administración avanzó en debilitar al Departamento de Estado. Según la American Foreign Service Association, que reúne a los diplomáticos estadounidenses, en los primeros 10 meses, el Departamento de Estado perdió el 60% de sus embajadores de carrera y más de 100 diplomáticos de primer nivel solicitaron bajas voluntarias. Más que reducir el intervencionismo a escala global, Trump pretende reinstalar el unilateralismo bajo una fuerte impronta militar, en detrimento de una conducción multilateral más colegiada. Una muestra cabal de este enfoque es el anuncio, cumpliendo una promesa de campaña, del retiro de Estados Unidos del Acuerdo climático de París, desentendiéndose de los compromisos de reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Otro ejemplo fue la decisión unilateral de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel o haber dispuesto, como hizo Reagan en 1984, la salida de Estados Unidos de la UNESCO. Como sus antecesores, sigue pregonando el excepcionalismo y la idea de que los estadounidenses son un pueblo elegido, diferentes al resto. Una novedad es la caracterización de Trump según la cual Estados Unidos venía siendo sistemáticamente abusado y estafado por los demás países en el escenario global, pretendiendo justificar con esta insólita victimización sus recurrentes atropellos a nivel bilateral y multilateral.

3: Las reuniones de Trump con el ex Secretario de Estado Henry Kissinger. La primera fue días después de su elección, y las otras dos ya como presidente, en mayo y octubre de 2017. Durante la campaña, Trump sugirió que propiciaría la distensión con Rusia, para enfrentar a China –su obsesión a lo largo de toda la contienda electoral-, intentando emular, aunque en sentido inverso, la estrategia geopolítica de Kissinger en los años setenta para profundizar la grieta entre Moscú y Pekín. Su lema, America First, significaría que no está más dispuesto a financiar los costes de ser el gendarme planetario, aunque sí a mantener el gran negocio de la venta de armas. Si en sus primeros 100 días en la Casa Blanca Barack Obama pidió autorización para vender armamento por 713 millones de dólares, en igual período Trump lo hizo por 6.000 millones. Pero si Europa y Japón quieren la protección militar estadounidense, argumenta Trump, deben pagar por ello –en concreto, les exige que aumenten significativamente sus presupuestos militares-. Esto implica una tensa renegociación del vínculo con sus aliados, lo cual generó muchos cortocircuitos con líderes de Europa y en la OTAN. Además, Trump reniega de las instancias multilaterales y aspira a mantener el alicaído liderazgo estadounidense a través de las negociaciones a nivel bilateral.

200.000: Los salvadoreños a quienes la Administración Trump podría deportar en los próximos 18 meses si concreta la amenaza de eliminar el programa que les brindaba cobertura legal. Son parte de los 11 millones de indocumentados –la mitad de ellos mexicanos- que enfrentan el actual endurecimiento de las políticas migratorias. Ya durante la campaña, Trump capitalizó el descontento social recurriendo a la xenofobia y a los ataques recurrentes contra las minorías, en particular a los que profesan el islamismo y a los inmigrantes hispanos. La vigencia del Programa DACA, del que dependen 800.000 dreamers, es utilizado cruelmente por Trump como prenda de negociación para presionar por los fondos para consumar su mayor obsesión y promesa: la construcción de un muro transfronterizo con México cuyo costo se estima en 18.000 millones de dólares. Cultor de la mano dura, Trump se jactó durante la campaña de ser el primer candidato presidencial en contar con el apoyo masivo de los guardias que custodian la frontera, una patrulla de 21.000 agentes en proceso de expansión desde el gobierno de George W. Bush y que ha sido peligrosamente empoderada tras la asunción de Trump.

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45%: El recorte del presupuesto del Departamento de Estado para “ayuda” en América Latina. Esta reducción va de la mano de una militarización de la política hacia la región, reflejada en las intensas gestiones para la venta de armamento y la mayor “cooperación” con las fuerzas armadas y de seguridad, bajo el paraguas de la supuesta lucha conjunta contra el narcotráfico y el terrorismo. La nueva orientación se cristaliza en la elección de un veterano de la CIA (Juan Cruz) como el Director de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo Nacional de Seguridad. La retórica hispanofóbica de Trump, junto a sus expresiones abiertamente injerencistas y agresivas contra Venezuela y Cuba, generan una dificultad adicional para reposicionar a Estados Unidos en la región, tal como venía haciendo Obama desde 2013. Una encuesta de Latinobarómetro de diciembre último mostró que los habitantes al Sur del Río Bravo calificaron la gestión de Trump con un magro 2,7 (de 0 a 10), la nota más baja desde que se realiza esta medición en 2005. Esta pésima reputación genera interrogantes sobre las dos visitas que debería realizar este año a nuestra región: a Lima en abril (VIII Conferencia Panamericana) y a Buenos Aires en noviembre (Cumbre Presidencial del G20).

83%: El porcentaje de los beneficios impositivos que se apropiará el 1% más rico de Estados Unidos hasta 2027, gracias a la reforma tributaria profundamente regresiva recientemente aprobada en el Congreso. Luego de sucesivos fracasos legislativos para derogar el Obamacare, la mayoría parlamentaria republicana (ningún legislador demócrata votó a favor) otorgó a Trump su más ansiado presente de Navidad: un masivo recorte de impuestos en favor de las corporaciones y los millonarios, que fue una de sus principales promesas de campaña. Junto con simplificaciones impositivas varias, el corazón de la mayor reforma impositiva en 30 años es la reducción permanente del impuesto a las sociedades del 35% al 21% y la duplicación del piso del impuesto a la herencia (que por supuesto ahorrará al clan Trump decenas de millones de dólares), aunque también incluye reducciones temporarias de impuestos a la clase media y trabajadora para endulzar sus efectos en el corto plazo. El credo conservador promete mayor crecimiento, aumento de la competitividad y derrame vía mayores empleos, pero las evidencias históricas y los análisis bipartidistas son concluyentes: una vez implementada plenamente (en 2027) la reforma implicará mayores impuestos para el 53% de los trabajadores, 13 millones de estadounidenses (más) sin seguro de salud, y un déficit fiscal adicional de entre 1,5 y 2 billones de dólares que los republicanos pretenden compensar con más ajuste en la seguridad social y los programas de salud Medicaid y Medicare.

24.719: El récord histórico que alcanzó a fines de 2017 el Índice Industrial Dow Jones de la bolsa de valores de Nueva York, luego de un raid alcista de 25% anual impulsado por la reforma impositiva y la desregulación financiera, laboral y ambiental en marcha bajo la Administración Trump. Estas súper ganancias explican el apoyo fáctico que el Presidente republicano mantiene entre los círculos financieros y empresariales (especialmente el complejo militar industrial), a pesar de su catarata de exabruptos y escándalos. También la bonanza en la economía real acompañó a Trump en su primer año de gestión (se estima una expansión del PIB de 2,3% para todo 2017), un resultado marcadamente superior a 2016 (1,5%), aunque por debajo de los dos años previos de Obama (con crecimientos de 2,6% y 2,9%, respectivamente, en 2014 y 2015). Con buenas perspectivas para 2018, la economía estadounidense aceleró su trayectoria de crecimiento previa en un contexto global de auge financiero, y mientras Trump celebra que “Las cosas van realmente bien para la economía”, crecen las voces de alerta por los riesgos de la nueva burbuja financiera que irradia desde Wall Street.

2.052.000: Los empleos creados en Estados Unidos en 2017, ensalzados por el Presidente Trump como supuesta prueba del cumplimiento de sus promesas de campaña (Jobs! Jobs! Jobs!). Si bien el desempleo descendió nuevamente el año pasado llegando al 4,1% (un nivel récord en 17 años), más que la anunciada revolución de empleos, el primer año de Trump exhibió continuidad con la recuperación sostenida, lenta y desigual vigente en el mercado laboral estadounidense desde 2010. En rigor, en 2017 se crearon 171 mil empleos promedio por mes, el menor valor desde 2010 y uno que esconde las profundas brechas territoriales, raciales y de género en materia de empleo y salarios en Estados Unidos (así como a los trabajadores “desalentados”). Trump sí puede vanagloriarse, en cambio, de la mayor creación de empleos industriales en su primer año en la Casa Blanca (184 mil) vis-à-vis los últimos dos años de Obama, pero tampoco corresponde entusiasmarse demasiado: entre 2011 y 2014 hubo varios años con registros similares que de todos modos languidecen frente a la pérdida de 5 millones de empleos manufactureros desde el 2000. Son estas brechas justamente las que generan que en la primera potencia mundial haya 44 millones de pobres y que se haya reducido la expectativa de vida por segundo año consecutivo. Es que, a pesar de la reducción del desempleo, los salarios promedio se mantienen prácticamente estancados, consolidando a Estados Unidos como la economía desarrollada más desigual del mundo. En la actualidad, el salario promedio de los 500 CEOs principales es 347 veces el salario promedio de los trabajadores, un ratio que era de 42 veces en 1980 y que probablemente se agudice por los efectos regresivos de la reforma impositiva.

550.000 millones de dólares: El déficit comercial de la economía estadounidense estimado para el año 2017, el más alto de los últimos cinco años. Luego de salirse de un portazo del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) en su primer día hábil en la Casa Blanca, Trump mantuvo una fuerte retórica proteccionista, de ataque a la OMC y de difamación de sus socios comerciales, pero en su primer año el déficit comercial se deterioró 11,6% (datos a Noviembre). No será sencillo para el magnate cumplir con sus atrevidas promesas de campaña, especialmente por el fuerte lobby de las corporaciones estadounidenses para frenar sus impulsos de guerra comercial. 2018 será la prueba de fuego del pilar comercial de America First, según cómo se resuelvan la negociación en marcha con México y Canadá por el Tratado de Libre Comercio, la amenaza de boicot de Estados Unidos al sistema de solución de controversias de la OMC, y las medidas anti-dumping hacia China. No obstante, según anticipa Joseph Stiglitz, más allá de las medidas proteccionistas, podría ser la macroeconomía bajo Trump (especialmente la reforma impositiva) la impulsora de mayor déficit comercial de la mano del mayor déficit fiscal.
 
6.100: El número de “crímenes de odio” en Estados Unidos según el último informe disponible (2016), un aumento de alrededor del 5% anual por segundo año consecutivo. Ya no caben dudas de que Trump incita al odio al interior de la clase trabajadora, inflamando las divisiones raciales, religiosas, étnicas, culturales y por orientación sexual. El Presidente 45 lanzó su candidatura llamando delincuentes y violadores a los mexicanos, y tan sólo hace unos días, ante representantes parlamentarios, parece haberse referido a Haití, El Salvador y los países de África como “de mierda”. Poco antes, legitimó la violencia racial de grupos supremacistas blancos en la ciudad de Charlottesville, Virginia; despreció a los ciudadanos de Puerto Rico; y respaldó al candidato republicano a Senador por Alabama (Roy Moore) aún luego de una miríada de acusaciones sexuales en su contra. En contraposición a este repugnante ascenso del odio y la misoginia, el “otro” Estados Unidos resiste, denuncia y se organiza, destacándose la potencia del movimiento de mujeres que luchan junto a los ecologistas, sindicatos, inmigrantes, afroamericanos, pueblos originarios y movimientos de derechos humanos en todo el país.

***

Más desigualdad, más multipolaridad. Una mirada de conjunto de los datos aquí expuestos desaconseja lecturas apresuradas o simplistas sobre el primer año del magnate anaranjado en la Casa Blanca. Si quizás su extravagante personalidad pueda ser elucidada por renombrados psicoanalistas, las características y consecuencias de su gobierno aún se están dirimiendo en un escenario cambiante, de pujas, marchas y contramarchas en el orden doméstico e internacional. Proponemos dos conclusiones, no obstante, de los 12 puntos aquí presentados.
En términos internos, la Presidencia de Trump se encamina furiosamente a provocar un nuevo salto olímpico en materia de desigualdad y fragmentación (económica, social, cultural) en la primera potencia mundial. Más allá de la retórica, las reformas estructurales en marcha (rebajas impositivas, ajustes en salud y educación, desregulación financiera y medioambiental, ofensiva contra los sindicatos e inmigrantes) impulsan una masiva transferencia de recursos desde los sectores trabajadores y medios hacia el 1% más rico del país. No es casual que Wall Street viva de fiesta aunque, como reconoce hasta el propio FMI, la sustentabilidad de dicha euforia sea debilitada por la impúdica desigualdad que incuba.

En términos internacionales, la política exterior unilateralista, militarista y agresiva en marcha generan una creciente inestabilidad e incertidumbre a nivel geopolítico que descoloca tanto a los aliados (notablemente a los países europeos) como a los adversarios (caso Corea del Norte). Contrario a lo que vislumbra Trump, este nuevo Estados Unidos en la órbita internacional fortalece a otras potencias emergentes como China y, en mucha menor medida, India, acortando el camino hacia la multipolaridad. Es, quizás, paradójico que la Presidencia de Donald J. Trump sea a la vez el resultado de, y el vehículo hacia, una mayor desigualdad y multipolaridad.

jueves, 18 de enero de 2018

Convocatoria: Revista "Huellas de los Estados Unidos" recibe artículos para evaluar hasta el 15 de febrero!


Trump ya eligió su representante en Argentina: el juez texano Edward Prado

Edward Prado fue nominado como embajador de Estados Unidos en el país
 
El hombre de Trump para la Argentina
 
Página/12
El elegido de Trump es un juez de Texas. Tiene 70 años y visitó la Argentina en dos oportunidades. Si pasa el filtro del Senado estadounidense, ocupará la sede diplomática vacante desde que Barack Obama dejó la Casa Blanca.
 
Prado en La Plata, en noviembre de 2016, cuando habló sobre juicio por jurados.
Prado en La Plata, en noviembre de 2016, cuando habló sobre juicio por jurados. 
Un juez de ascendencia latina es el hombre que Donald Trump designó para ser el embajador de los Estados Unidos en la Argentina. Edward Prado, de 70 años, nacido en San Antonio, Texas, será el reemplazante de Noah Mamet si el Senado norteamericano confirma su nominación.
Prado es juez Federal de la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito de Estados Unidos, donde George W. Bush lo puso en funciones en 2003. Los 19 años anteriores los pasó como juez de distrito en Texas. Así se cubre la vacancia de la embajada en Buenos Aires, desde que Noah Mamet dejara su cargo en enero de 2017, mientras Barack Obama le pasaba el mando a Trump. Y genera una vacante en la Corte que lo tiene como juez.
El nuevo embajador estuvo en Buenos Aires en julio de 2009, cuando lo invitó la Universidad de Buenos Aires en el marco de la carrera de Especialización en Administración de Justicia y la Maestría en Magistratura. Compartió un panel con el juez federal Julián Ercolini, entre otros, y explicó el procedimiento para llegar a ser juez en su país. Justamente, la UBA lo trajo con la colaboración de la embajada que ahora lo tendrá como ocupante.
Prado volvió a la Argentina en noviembre de 2016, en la misma semana que Trump vencía a Hillary Clinton. Estuvo en La Plata, donde visitó la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires. Prado dio una charla en el Instituto de Estudios Judiciales del máximo tribunal provincial, que giró sobre la experiencia en su país con juicios por jurados, una modalidad incorporada en forma reciente en territorio bonaerense.
De confirmarse el nombramiento, Prado no sería el primer embajador de origen latino en Buenos Aires. Antes estuvieron Raúl Castro (1977-1980), Lino Gutiérrez (2003-2006) y Vilma Martínez (2009-2013).

miércoles, 17 de enero de 2018

Argentina finalmente demandará a Estados Unidos en la OMC por las trabas al biodiesel. Entrevista al nuevo embajador en Washington

Fernando Oris de Roa, embajador argentino en Washington

 

Argentina presentará una demanda contra los EEUU en la OMC por el biodiesel

Lo adelantó el designado embajador Oris de Roa a Infobae. Dijo que es un gesto de "madurez en la relación" y que no interferirá en los vínculos bilaterales

A pocas horas de arribar a los Estados Unidos para recibir las cartas credenciales de Donald Trump y comenzar su trabajo como embajador argentino ante Washington, Fernando Oris de Roa adelantó a Infobae que la Argentina presentará ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) una demanda por la prohibición de importación de biodiesel. Pero para el designado embajador argentino esto no será un escollo en las relaciones bilaterales. "Se trata de madurez en la relación. Lo que molestan son los golpes de timón pero no los procesos establecidos", dijo.
Para reactivar los vínculos entre los Estados Unidos y la Argentina, Oris de Roa destacó que encarará una estrategia concreta: "Una inserción inteligente y activa no solo genera confianza sino respeto. Los empresarios norteamericanos observan nuestro comportamiento y ya han reaccionado favorablemente".
Oris de Roa cultivará un perfil austero en Washington al punto que no se establecerá en la antigua residencia de los embajadores argentinos sino en un departamento en el barrio de Georgetown. No será la única muestra diferencial. Lleva en sus manos la idea de establecer "una agenda activa que abra nuevos escenarios de intercambio casi inmediatamente". Al embajador argentino en Estados Unidos no le preocupan las diferencias de la balanza comercial negativa para la Argentina. "Nos preocupa más la calidad de los productos que se importan que el déficit en sí mismo", dijo a Infobae antes de partir el miércoles a Washington.

Mauricio Macri y Donald Trump podrían volver a reunirse en Davos (AFP)
Mauricio Macri y Donald Trump podrían volver a reunirse en Davos.
—¿Cuales son los objetivos que le pidió el Presidente para la embajada argentina ante los Estados Unidos y cómo hará para cumplirlos?

—El Presidente me ha comentado las tres prioridades que tiene su gobierno: la reducción del nivel de la pobreza, la creación de empleo y la reducción del déficit fiscal. Cualquier acción que directa o indirectamente, en el corto o en el mediano plazo ayude a cumplir con estas necesidades debe convertirse en una prioridad para la Embajada. El canciller [Jorge] Faurie comparte la misma visión.
—¿Cómo hará para tratar de reajustar la balanza comercial negativa que la Argentina tiene con Estados Unidos?
—La embajada trabaja al servicio de ministerios como el de Producción que ya tienen sólidas políticas que se relacionan con el déficit comercial. Aprovechando el clima favorable en las relaciones entre ambos países ampliaremos la agenda de trabajo todo lo posible y activaremos las negociaciones existentes. Una agenda activa abre nuevos escenarios de intercambio casi inmediatamente. Pero cabe notar que nos preocupa más la calidad de los productos que se importan que el déficit en sí mismo, es decir, no nos preocupa el desbalance si es producto de la importación de bienes de capital o por servicios y tecnología que se necesitan para el crecimiento de nuestra economía.
—¿La Argentina llevará el caso del biodiesel a la OMC para hacer el reclamo allí contra Estados Unidos?
—Sí, pero este camino no impide buscar un nuevo acuerdo entre las partes.
—¿No cree que el hecho de llevar el conflicto del biodiesel al plano de la OMC pueda generar un mal clima en las relaciones bilaterales?
—No, creo que ambos países entienden que se deben utilizar las alternativas disponibles. Se trata de madurez en la relación. Lo que molestan son los golpes de timón pero no los procesos establecidos.
—¿Cree que las relaciones personales de Trump y Macri pueden ayudar a mejorar las relaciones bilaterales?
—Sí, sin dudas.
—¿Cómo es posible generar mayor confianza en el empresariado norteamericano y generar más inversiones de Estados Unidos en Argentina?
—Nuestro regreso a la normalización en nuestra relación con el mundo ha sido el primer y fundamental paso dado por nuestro gobierno. Una inserción inteligente y activa no solo genera confianza sino respeto. Los empresarios norteamericanos observan nuestro comportamiento y ya han reaccionado favorablemente pero la continuidad en nuestras políticas públicas y la previsibilidad de nuestro comportamiento van a catapultar sus inversiones en el futuro cercano.
—¿Qué puede decir a aquellos dirigentes de la oposición que ven en la relación de Argentina y Estados Unidos un regreso a las relaciones carnales que tuvo el menemismo con Washington?
—Siempre va a existir una visión alternativa y diferente, es lo que fortalece a la democracia.
—¿Hay posibilidades de trabajar desde la diplomacia para que la Argentina ingrese al programa Visa Waiver (exención de visas) en lo inmediato?
—Claramente sí, pero se están analizando diversos sistemas de facilitación del flujo de viajeros entre ambos países. Es uno de los temas que debemos mantener activos ya que ayuda a acercar a ambas sociedades.
—¿Cree que el kirchnerismo dejó un estigma de desconfianza de Estados Unidos hacia Argentina que aún perdura?
—Me llevo mucho trabajo y me espera más aún, solo tengo tiempo para mirar hacia adelante.
—¿Hay posibilidades de trabajar por un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos?
—Argentina cree en acuerdos multilaterales de acuerdo a la política de inserción inteligente del presidente Macri.

domingo, 14 de enero de 2018

"La trampa de la OCDE". Por Leandro Morgenfeld (BAE)

La trampa de la OCDE

Por Leandro Morgenfeld (BAE)

Después del fracaso de la Ministerial de la OMC, la nueva gran apuesta de Macri es el ingreso de Argentina en la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico (OCDE). Esa intención responde a necesidades políticas y económicas de corto y largo plazo. Y es un equívoco y otra trampa de su política exterior. ¿Qué es la OCDE y cuáles son las condiciones y las consecuencias del ingreso en ese selecto club?

Desde que asumió, Macri insiste con la “vuelta al mundo”, que en sus términos es plegarse a las políticas que impulsan Estados Unidos y las potencias europeas, firmar megaacuerdos de libre comercio, subordinar la política económica a los dictados del FMI y aceptar las reglas que las corporaciones trasnacionales pretenden imponer en la OMC. Los objetivos explícitos de esta orientación son la atracción de inversiones, favorecer las exportaciones y el acceso al crédito externo. La tan mentada lluvia de inversiones no llega, el 2017 cerró con un déficit comercial récord (la apertura indiscriminada de la economía y el retraso cambiario provocaron una avalancha de importaciones). Hubo un espiral de endeudamiento externo, que financió más bien la fuga de capitales. La apuesta de Macri, luego de la falta de resultados de la Ministerial de la OMC realizada del 10 al 13 de diciembre y de la imposibilidad de anunciar allí el siempre postergado acuerdo económico entre el Mercosur y la Unión Europea, es apurar el ingreso de Argentina en la OCDE.

La OCDE

Organismo multilateral fundado en 1960, hoy está integrado por 35 países. Defiende políticas económicas ortodoxas. La intención de Macri de impulsar la membresía de Argentina tiene un cuádruple objetivo. Uno, sumar un galardón más -el ingreso en el club de los países ricos- que refuerce la idea de que ahora sí somos un “país normal”. “Reingresamos al mundo” titularán, si esto se concreta. Supuestamente así aumentará la confianza en el país y vendrían más inversiones. Dos, se intentará usufructuar esa noticia para su acumulación política interna (“otro éxito de la política exterior de Macri”). Tres, se utilizará para avanzar con reformas regresivas: achicamiento, ajuste y desregulación, no porque el Gobierno sea neoliberal, sino porque lo demanda la normativa de la OCDE (algo de esto ya ocurrió, cuando se quiso justificar la reforma previsional, amparándose en las críticas que realizó esta institución al actual sistema jubilatorio). Cuarto, y más importante, porque las reformas que consiga el Gobierno, si doblega la resistencia popular, serán más difíciles de revertir. Claro que, más allá de las intenciones de Macri, el proceso de ingreso en la OCDE será largo y lleno de obstáculos.

El fracaso de la política exterior: de la OMC al G20 

Hasta ahora, Macri puede mostrar pocos éxitos en cuanto a su política exterior, más allá del discurso autocelebratorio, acompañado por los principales medios de comunicación. Asume acríticamente la agenda que las corporaciones impulsan en ámbitos como la OMC, evita articular una política común con los demás países latinoamericanos -incluso en diciembre filtró a la prensa la voluntad de abandonar la Unasur-, promueve una apertura comercial que estimula la desindustrialización local, y alienta acuerdos de libre comercio, como el que están negociando la Unión Europea y el Mercosur, que profundizarían los desequilibrios. En enero viaja una vez más al Foro Económico de Davos y faltará nuevamente a la Cumbre presidencial de la CELAC.
Tras la XI conferencia ministerial de la OMC, la mirada del mundo volverá hacia Buenos Aires a fines de año, cuando se realice la cumbre presidencial del G20. Enfrentamos grandes desafíos. Tanto los promotores de la globalización neoliberal como los nuevos líderes xenófobos de las potencias centrales, defienden los intereses de las grandes corporaciones. Más “libre comercio” no equivale a más desarrollo, ni a menos pobreza ni a menor desigualdad. Las opciones que nos ofrecen los defensores de la OMC y los críticos como Trump son en realidad funcionales a distintas fracciones de las clases dominantes de los países centrales. Frente a ese escenario, la salida no es optar por esa falsa disyuntiva, ni limitarse a aceptar meras reformas cosméticas de la OMC, sino avanzar en la construcción de un orden social menos desigual y depredador.
Posiciones como las de Macri son un peligro para desarrollar una perspectiva de integración regional más autónoma. Parecen haberse consolidado en los últimos meses, pero enfrentan serios desafíos internos y también externos. Alinearse con alguien como Trump tiene un enorme costo para las derechas latinoamericanas. Trump es un líder neofascista que está siendo enfrentado por mujeres, inmigrantes, afroamericanos, latinos, musulmanes, estudiantes, ecologistas, sindicatos, organismos de derechos humanos y la izquierda en Estados Unidos. Propone más poder y presupuesto para las fuerzas armadas, rebaja de impuestos a los más ricos, ataca a los sindicatos y pretende horadar los derechos laborales y cualquier regulación medioambiental (el anuncio de su salida del Acuerdo de París, por ejemplo, le granjeó duras críticas dentro y fuera de Estados Unidos). Tiene una pésima imagen en el exterior. En estos primeros días del año tuvo que suspender la proyectada visita a Londres, ante la alternativa de tener que enfrentar masivas movilizaciones de repudio a su presencial, y se vio envuelto en un escándalo diplomático internacional al haber calificado a Haití, El Salvador y países africanos como “países de mierda”.
En marzo de 2016, en Argentina, se repudió la visita de Obama, que coincidió con el 40° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo. Hubo que soportar el enorme embelesamiento de la prensa hegemónica local para con la familia Obama: cubrieron sus actividades como si se tratara de una estrella internacional de rock. Con Trump, si viene a Buenos Aires el 30 de noviembre a la cumbre del G20, Macri la va a tener más complicada ya que la situación será distinta. Probablemente Trump deba enfrentar masivas movilizaciones de rechazo, como sufrió Bush Jr. en Mar del Plata en el 2005. Será, entonces, una prueba de fuego para la política exterior del gobierno de Cambiemos.

sábado, 13 de enero de 2018

Trump, un dolor de cabeza para Macri

Desde la asunción de Trump, hace un año, Macri buscó acercarse al magnate pero la decisión del Departamento de Comercio de Estados Unidos de cobrar aranceles prohibitivos produjo un cimbronazo en el gobierno argentino.


Mauricio Macri quiere mostrarse como el aliado predilecto de Estados Unidos en la región, pero las políticas de Trump complican su estrategia. El presidente argentino apuesta acríticamente a la profundización de la globalización neoliberal, a través de la firma de mega acuerdos de libre comercio y de la defensa de instituciones como la OMC, la OCDE, el Foro de Davos o el FMI, mientras que Trump profundiza el proteccionismo y complica las exportaciones argentinas al mercado estadounidense. Además, por el rechazo regional que provoca la figura de Trump, recibirlo en noviembre de este año en Buenos Aires va a generar un clima más adverso que el que enfrentó Obama en marzo 2016.
Desde la asunción de Trump, hace un año, Macri buscó acercarse al magnate, luego de haber apostado por el triunfo de Hillary Clinton en las elecciones de noviembre de 2016. Tras intensas gestiones, el presidente argentino fue recibido por su par estadounidense en Washington el 27 de abril del año pasado. Apenas logró promesas de concretar el ingreso de limones tucumanos al protegido mercado estadounidense.
Unos meses más tarde, el número dos de la Casa Blanca viajó hasta Buenos Aires. El 14 de agosto, un día después de las PASO, se produjo la visita del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en el marco de una gira que incluyó, además de la Argentina, Colombia, Chile y Panamá. El mandatario estadounidense llegó días después de la temeraria amenaza de Trump de una intervención militar en Venezuela. Tras el encuentro con Macri, en el que elogió la política económica que viene implementando, anunciaron un acuerdo para habilitar el todavía demorado ingreso de limones en Estados Unidos, pero a la vez para permitir la exportación de carne porcina hacia la Argentina, lo cual produjo quejas de los productores locales, que denunciaron el riesgo de perder hasta 35.000 puestos de trabajo.
Apenas una semana más tarde, el 22 de agosto, se conoció la decisión del Departamento de Comercio de Estados Unidos de cobrar aranceles prohibitivos (57% en promedio) a las importaciones de biodiesel provenientes de Argentina, ratificada en los primeros días de 2018. Esas ventas significaron en 2016 el 25% de las exportaciones al país del norte. Esta decisión produjo un cimbronazo en el gobierno argentino, quejas de múltiples productores y corporaciones agropecuarias y la muestra cabal del fracaso de la política de alineamiento, que hasta ahora no produjo ventajas económicas en el vínculo bilateral.
Esta decisión del Departamento de Comercio de aplicar elevados aranceles al biodiésel argentino, anunciada apenas una semana después de la visita del vicepresidente estadounidense, echa por tierra las expectativas de una mayor convergencia comercial bilateral. El gobierno argentino insiste en abrir la economía, pero no logra revertir el proteccionismo agrícola de Estados Unidos y Europa, con lo cual la balanza comercial arroja saldos negativos. El déficit comercial del 2017 fue récord. El 22 de diciembre se anunció el reingreso de la Argentina al Sistema Generalizado de Preferencias –programa de rebaja limitada de aranceles a países “en desarrollo” del que había sido suspendido nuestro país en 2012 por los conflictos con empresas estadounidenses ante el CIADI-, pero hay presiones para que Trump elimine directamente esos beneficios. La buena noticia fue opacada por la confirmación, el 4 de enero de 2018, de un arancel del 72% al biodiesel argentino por parte del Departamento de Comercio estadounidense, bloqueando exportaciones que proyectaban llegar a 1.500 millones de dólares este año.
Esto es apenas una muestra de la necesidad de converger con los demás países latinoamericanos para negociar con las potencias extra regionales desde una posición de mayor fortaleza. Negociando individualmente con una gran potencia, Argentina tiene todas las de perder. En cambio, hay ejemplos históricos de negociaciones exitosas cuando se alentó la convergencia con otros países similares. En la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) realizada en Cancún, en 2003, convergieron los países exportadores de bienes primarios y se pusieron de acuerdo para paralizar las negociaciones en tanto no se discutieran los subsidios agrícolas de Estados Unidos, Europa y Japón. La liberalización del comercio no puede abarcar solamente a la industria y los servicios. Algo similar ocurrió dos años después, cuando los países del Mercosur, más Venezuela, impidieron que avanzara el proyecto del ALCA.
Desgraciadamente, la estrategia de Macri parece ir en otro sentido. Asume acríticamente la agenda que las corporaciones impulsan en ámbitos como OMC, evita articular una política común con los demás países latinoamericanos –incluso en diciembre filtró a la prensa la voluntad de abandonar la UNASUR-, promueve una apertura comercial que estimula la desindustrialización local y alienta acuerdos de libre comercio, como el que están negociando la Unión Europea y el Mercosur, que profundizarían los desequilibrios.
Macri recibió nuevamente a Obama en octubre, a la OMC en diciembre y espera desplegar la alfombra roja a Trump en noviembre de este año, en la Cumbre presidencial del G20 en Buenos Aires, para mostrar que el gobierno argentino está comprometido con la globalización neoliberal y que aspira a ingresar a la OCDE y a adecuarse a los lineamientos del FMI.

* Profesor UBA. Investigador Adjunto del CONICET. Co-Coordinador del Grupo CLACSO “Estudios sobre EEUU”. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina; de Relaciones peligrosas y del sitio www.vecinosenconflicto.com Twitter: @leandromorgen

jueves, 11 de enero de 2018

Virulenta xenofobia de Trump: se refirió a países de América Latina y África como "países de mierda"

Donald Trump


Donald Trump, polémico: "¿Por qué tenemos a toda esta gente de estos países de mierda viniendo aquí?"

En una reunión con congresistas, el presidente se refirió así a los inmigrantes de El Salvador, Haití y países africanos

La NACIÓN

WASHINGTON (AP).- El presidente norteamericano, Donald Trump , se refiró hoy a El Salvador, Haití y países de África como "países de mierda" durante una reunión con congresistas en la Casa Blanca, reveló el diario The Washington Post.
Dos fuentes de la Casa Blaca que estuvieron presentes en la reunión le dijeron al The Washington Post que Trump luego sugirió que Estados Unidos debería atraer a más personas de países como Noruega, cuya primera ministra, Erna Solberg, se reunió con el mandatario estadounidense ayer.
Trump hizo la afirmación después de que el senador demócrata Richard Durbin le dijo al mandatario que, con la medida propuesta, se pondría fin a la lotería de visas. Durbin señaló que, a cambio, personas de países africanos que se han beneficiado de dicha lotería recibirían otra forma de acceso a visas.

Dos años de Macri, OMC, Cumbre del G20: entrevista a Cecilia Nahón en Telesur


Entrevista con Jorge Gestoso: Conversamos con Cecilia Nahón





"La entrevista" con Jorge Gestoso, es un espacio informativo y de opinión en el que el periodista conversará con personalidades de cara a las elecciones presidenciales en Estados Unidos y se abarcarán temas de actualidad.

- mirá la entrevista completa acá






lunes, 8 de enero de 2018

Buenos Aires dijo NO a la OMC - Reportajes



En el marco de las actividades contra la llegada de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a Buenos Aires, la CLATE realizó el lunes 11 de diciembre una charla-debate sobre “Los derechos laborales en el marco de la liberalización comercial”. El encuentro, organizado en conjunto con la Asociación de Abogados Laboralistas (AAL) de Argentina y la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Abogados Laboralistas (ALAL), contó con la presencia de abogados especialistas en el tema y dirigentes sindicales de distintos países de América Latina. Testimonios de: DANIEL DEVITA, Músico, quien interpretó el tema “NO OMC”, especialmente elaborado para esta jornada de acciones y movilizaciones en Buenos Aires. MATILDE ABIN, Secretaria de Administración y Finanzas Alterna de CLATE (COFE - Uruguay) JOSÉ OLVERA, representante del Sindicato de Trabajadores Universidad Autónoma de México - México JAVIER DIAZ, Dirigente COFE - Uruguay

domingo, 7 de enero de 2018

Dos artículos para entender el fracaso de la OMC en Buenos Aires

Regreso al futuro


Regreso al futuro

La conferencia ministerial de la OMC en Buenos Aires fue, para muchos, un verdadero fracaso. Además de las deportaciones a periodistas y activistas críticos realizadas por el gobierno argentino, se sumó un debate económico que no llegó a buen puerto. La conferencia colapsó. Y aquí se explican las razones.

Por Roberto Bissio (NUSO)


Un sólo país tuvo la culpa del fracaso de la conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Buenos Aires, a mediados de diciembre...pero no sabemos cuál.
Según el Trade Representative (ministro de Comercio) de los Estados Unidos, Robert Lighthizer, «un miembro de la OMC con una posición extrema eligió bloquear una breve Declaración Ministerial expresando nuestras visiones compartidas» Por su parte, un diplomático indio dijo que «desafortunadamente, la fuerte posición de un miembro contra la reforma de la agricultura, basada en los mandatos y reglas de la OMC, llevaron a un punto muerto...»
Si bien ninguno de los diplomáticos nombró al culpable, los 4000 delegados acreditados por 164 países a la conferencia ministerial tuvieron claro que Estados Unidos y la India se estaban culpando mutuamente por el colapso de la conferencia, un resultado calificado de horrendous por la Comisaria de Comercio de la Unión Europea, Cecilia Malmstrom.
«Somos 28 en la Union Europea, tenemos mucho peso» -agregó Malmstrom en conferencia de prensa el miércoles 13, último día de la conferencia. «Pero cuando otros grandes socios no están aquí para cooperar, no podemos llegar a un acuerdo. Esta es la triste verdad».
El fracaso era inevitable a esa altura porque el día anterior Lighthizer se había ido de Buenos Aires, después de rechazar las últimas propuestas de mediación y dejando en su lugar a una delegación de bajo nivel sin capacidad de hacer concesiones de último momento que al menos permitieran emitir una declaración final consensuada y un agradecimiento al país anfitrión.
El gobierno de Mauricio Macri no sólo no fue agradecido, sino que además ofreció al mundo la imagen poco simpáticas de un enorme despliegue de seguridad antimotines y un sistema de vallas metálicas en el centro de Buenos Aires que fue utilizado --junto con balas de goma y gases lacrimógenos-- para reprimir manifestaciones contrarias a las reformas tributaria y previsional del 14 de diciembre, cuando la mayoría de los diplomáticos comerciales estaba a camino del aeropuerto.
La expectativa de firmar durante la conferencia un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea se desvaneció también. Según algunos analistas, fue porque Brasil resiste las demandas europeas sobre propiedad intelectual, que elevarían los precios de los medicamentos. Según otros, aun si las últimas trabas se hubieran superado, Malmstrom sabe que los acuerdos comercionales interregionales ya son suficientemente impopulares como para, además, firmar uno en medio de un despliegue represivo y en momentos en que a varias ONGs europeas se les impidió la entrada al país, falsamente acusadas de preparar actos violentos y ser «más disruptivas que constructivas».
Pocos días después de la conferencia ministerial, la Unión Europea anunció la creación de un grupo asesor sobre acuerdos de comercio compuesto de expertos de 28 organizaciones. Entre ellas figura el sindicato del sector servicios UNI, una de las organizaciones que figuraba en la lista original de los declarados indeseables por el gobierno argentino.
En un intento por rescatar algún logro, Malcorra dijo en la conferencia de prensa final que «Buenos Aires va ser recordada como la conferencia de la pesca» y calificó de «resultado importante» la presentación de «una enorme cantidad de iniciativas de la OMC del siglo XXI».
La pesca fue el tema de una de las cuatro decisiones tomadas por los ministros, que en realidad sólo prometen «continuar negociando constructivamente» sobre los subsidios que contribuyen a la pesca excesiva, con miras a llegar a un acuerdo en 2019. Imposible no recordar aquí que en la décima conferencia ministerial, realizada en Nairobi en 2015, se había llegado a un decisión similar sobre agricultura, con la promesa de llegar a un acuerdo en Buenos Aires sobre el tema de los stocks públicos para garantizar la seguridad alimentaria. No obstante, no solo no se logró un acuerdo en Buenos Aires, sino que ni siquiera se acordó seguir negociando.
Las otras tres resoluciones ministeriales refieren a la creación de un grupo de trabajo sobre los países pequeños, y la renovación casi automática de dos moratorias. La primera exime del cobro de tarifas sobre bienes o servicios (como el software o la música y videos) transmitidos electrónicamente. La segunda permite a los países tomar medidas de salud pública, como el etiquetado mandatorio de productos peligrosos o las licencias obligatorias de medicamentos, sin que éstas resoluciones sean acusadas de violar las normas de propiedad intelectual.
Los «temas del siglo XXI» aludidos por Malcorra refieren a tres «nuevas iniciativas» plurilaterales sobre comercio electrónico (apoyada por 71 países), facilitación de inversiones (70 países) y pequeñas, medias y micro-empresas (Pymmes, apoyada por 87 países). A ellas se suma una Declaración sobre la Mujer y el Comercio, firmada por un centenar de países.
Unos doscientos grupos de mujeres de todo el mundo condenaron de inmediato esta última declaración, elaborada sin consultarlas, ya que «mejor acceso al crédito y al comercio transfronterizo para unas pocas no beneficiará a los derechos humanos de las mujeres en su conjunto». Las firmantes agregan que «incluso si los beneficios que la OMC depara al 1% más rico de la población mundial se dividieran por igual entre varones y mujeres, la mayoría de las mujeres del mundo no se beneficiaría». Consideran, además, que los grupos de estudio propuestos podrían servir para introducir «nuevos temas» en la agenda de la OMC «y agravar las desigualdades».
De manera similar, muchas asociaciones de pequeños y micro-empresarios condenaron la creación de un grupo informal de trabajo sobre Pymmes, así como la utilización de los pequeños y micro-empresarios como justificativo para introducir el comercio electrónico en las negociaciones de la OMC. Los Estados Unidos se sumaron a esta iniciativa, con la única condición de que no se la llame «plurilateral» ya que la Administración Trump no sólo está en contra del multilateralismo en sus políticas de «America Primero» sino que también veta al «plurilateralismo» por considerarlo asociado con la Administración Obama. Como si el nombre hiciera a la cosa, esta iniciativa es oficialmente llamada «de países afines» y no plurilateral.
«Las Pymmes son la carnada para atraer adhesiones», comentó Sally Burch, la experta anglo-ecuatoriana, directora de ALAI, detenida en el aeropuerto de Ezeiza y deportada pese a que la OMC la había acreditado oficialmente para asistir a la conferencia.
Burch sostiene que en realidad es el GAFA-A (el lobby conjunto de Google, Apple, Facebook, Amazon y, ahora, la empresa china Alibaba) quien impulsa este tema, en busca de un «libre flujo de datos» que permita la mercantilización de la información personal, la libre operación de estas empresas en un país sin tener presencia comercial en él (y por tanto fuera de su jurisdicción fiscal o penal) y la libertad de ofrecer servicios sin revelar sus algoritmos o sin obligación de utilizar software o expertise local.
Resulta irónico, en este contexto, la designación de Google, una de las mayores empresas del mundo, como «Campeón de la Pequeña Empresa» anunciada en conjunto por la OMC y la Cámara Internacional de Comercio durante el Foro Empresarial paralelo a la Conferencia.
Asimismo, en conferencia de prensa conjunta con el multimillonario chino, Jack Ma, dueño de Alibaba, y Rick Samans, directivo del Foro Económico Mundial, el director general de la OMC, Roberto Azevêdo, anunció que lanzará en Davos, en enero de 2018, una iniciativa común para impulsar el comercio electrónico.
Esto parece un «retorno al futuro» comentó Simon Evenett, profesor de comercio internacional y desarrollo económico en la Universidad de St Gallen, Suiza, parafraseando el título de los filmes de viaje en el tiempo. A su juicio, «la búsqueda de acuerdos plurilaterales en vez de multilaterales (o sea de algunos países, pero no de todos) se parece más a la Ronda de Tokyo del GATT, en la década de los '70 del siglo XX, que a una verdadera agenda del siglo XXI.
Los ministros africanos reclamaron unánimemente una solución a los temas pendientes del siglo XX antes de comenzar a tratar nuevos: la materialización del tratamiento especial y diferenciado para los países menos desarrollados, prevista en el Tratado de Marrakech que creó la OMC en 1994, pero nunca instrumentalizada; el fin de los subsidios agrícolas de los países ricos, que arruina a los productores africanos al volverlos incapaces de competir; y una solución permanente al tema de los stocks públicos de productos agrícolas. Este es un mecanismo que está autorizado a los países ricos (que ya tenían estos acopios cuando la OMC fue creada) pero está prohibido por las reglas de comercio a los países pbres que más lo necesitan para garantizar su seguridad alimentaria.
El «regreso al futuro» no sólo sería obviamente injusto, sino también ilegal, a juicio del veterano analista Chakravarthi Raghavan, quien ha seguido todas las negociaciones de la OMC desde el comienzo de la Ronda Uruguay en 1986.
Por un lado, al promover iniciativas conjuntas con entidades ajenas a la OMC (como Alibaba o el Foro Económico Mundial) o al utilizar recursos económicos de su organización para promover el interés de algunos miembros, en contra de la opinión explícita de otros, el director general estaría violentando las atribuciones que le asigna el artículo VI del estatuto de la OMC y la necesidad de autorización expresa de una Conferencia Ministerial o del Consejo General para proceder a cualquier actividad con implicancias presupuestales.
Más importante aún, sostiene Raghavan, «según el Tratado de Marrakesh no puede haber un acuerdo plurilateral, con derechos y obligaciones aplicables solo a sus firmantes, en áreas ya cubiertas por los acuerdos existentes del GATT (sobre aranceles) y del GATS (sobre comercio de servicios). Estas reglas deben cambiarse por consenso de todos los miembros o, de lo contrario, cualquier no firmante puede reclamar los mismos beneficios que quienes firmaron, en virtud de la cláusula de nación más favorecida, sin tener que sujetarse a obligaciones que no firmó.
Un acuerdo plurilateral en áreas nuevas, no cubiertas por acuerdos existentes, debería ser incluido en el Anexo IV de la OMC, para lo cual es necesario que sus firmantes requieran el consenso de una Conferencia Ministerial (donde puede ser vetado por cualquier país).
«Hay vida después de Buenos Aires» dijo Susana Maclorra, en un intento de transmitir optimismo. A juicio del ministro de comercio sudafricano Rob Davies, lo que habrá «es el momento de la verdad».


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Un liberalismo fuera de lugar

Lo que logró esta Conferencia Ministerial fue poner de manifiesto la gran crisis que enfrenta el multilateralismo y la imperiosa necesidad de cambio, aunque los nuevos liberales, que llegaron tarde a este debate, estén tratando de ignorarla.

Un liberalismo fuera de lugar / El fracaso de la cumbre de la OMC en Buenos Aires
Entre el 10 y el 13 de diciembre se llevó a cabo en Buenos Aires la XI Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Esta reunión de los máximos representantes de los países miembros (ministros de Relaciones Exteriores), que buscaba profundizar la gobernanza global que ejerce este organismo desde su creación en 1995, se realizó en un contexto mundial inédito para la organización.
No es que la controversia y el conflicto hayan sido temas ajenos al funcionamiento y los intentos de profundización del bloque. Sin embargo, en los últimos años se vino dando una reconfiguración adversa en el panorama mundial, no solo para el sistema multilateral de comercio, sino también para la gobernanza global en su conjunto. Además de lidiar con el conflicto interno dentro del bloque, la OMC se enfrenta ahora a un cuestionamiento mundial a la globalización y por consiguiente al multilateralismo, que es visto como su garante. Si bien estas voces existieron desde hace varias décadas en el Sur, lo novedoso es que se comenzaron a escuchar también en el Norte y están cobrando cada vez más fuerza.
Olas de globalización
Si bien, desde la academia ya se hablaba sobre globalización desde la década de 1980, el impacto del término en la sociedad y la política es más reciente. Por otro lado, si bien nos encontramos en un mundo más interconectado que nunca, actualmente vemos señales de un claro retroceso en este proceso que para unos es visto como su muerte, mientras que para otros, en una visión que compartimos en este artículo, se trata de un nuevo ciclo.
Siguiendo la escuela de historiadores económicos como Jeffrey Williamson, entendemos que el proceso de globalización contemporáneo comenzó a mediados del siglo XIX, y hasta el día de hoy se dieron tres olas, existiendo entre ellas etapas de retroceso, también llamadas de desglobalización. La primera ola se produjo entre 1870 y 1914. Su inicio se debió a la disminución en los costos de transporte –gracias a la tecnología–, pero también a la gran rebaja de barreras a los intercambios comerciales aplicada en un principio por Reino Unido y seguida por los demás países europeos. A pesar de que se observa un aumento en los flujos internacionales de capital y migración, la mayor parte de esta interconexión fue el aumento en los flujos de comercio de bienes.
El fin de esta etapa y el inicio de la primera ola de desglobalización se vinculó con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Terminada la contienda, varios países europeos y Estados Unidos erigieron nuevamente barreras al comercio para frenar los intercambios internacionales y promover las industrias nacionales. Esta situación fue agravada por la gran crisis financiera de 1929 y, como resulta evidente, continuó durante la Segunda Guerra Mundial.
Finalizada la Segunda Guerra, los países vencedores tuvieron varias reuniones en las que discutieron cómo iba a ser el nuevo orden mundial, con el objetivo principal de garantizar la paz. Además de la creación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –inédito para la gobernanza global–, la decisión más importante que tomaron fue crear un sistema económico internacional que tendiera a preservar la estabilidad económica y promover el desarrollo de los países, aportando así al objetivo de mantenimiento de la paz. Este sistema económico, creado a partir de las negociaciones de Bretton Woods, dio inicio a la gobernanza económica global actual y por ende moldeó la globalización en la que vivimos. Esta es la llamada segunda ola de globalización y que, a partir de la década de 1980, se convertiría en la tercera ola. La diferencia es que la segunda ola estuvo basada en el aumento exponencial de los flujos de comercio exterior, producto de la disminución de las barreras, mientras que la tercera surgió del aumento exponencial de los flujos internacionales de capital, basado en la liberalización y desregulación de capitales y sistemas financieros.
No hay que olvidar que fueron principalmente los economistas del Reino Unidos y Estados Unidos quienes diseñaron este esquema básicamente liberal y que el bloque soviético nunca llegó a ratificarlo en los acuerdos. Al final, lo que hizo este sistema económico fue institucionalizar el capitalismo a escala global. Hasta los años setentas, los países de Occidente aplicaron medidas económicas keynesianas. Posteriormente, con las varias crisis que sufrieron los países, un nuevo paradigma entró en la escena política: el neoliberalismo. Ya en los años 90, este modelo se volvió el mainstream de la política económica, junto a la implosión de la URSS, el «fin de la historia» y el Consenso de Washington.
Crisis de la globalización liberal
El orden internacional descrito, con el constante aumento de la tecnología (principalmente en comunicaciones y transporte) ha resultado en un proceso de globalización muy específico. Se habla de la «globalización liberal», concepto que hace referencia a la gran interconexión e interdependencia entre países, pero con una gobernanza global que privilegia al capital por encima del ser humano y la naturaleza. Esta gobernanza ha buscado ante todo la liberalización de los flujos económicos transfronterizos y la desregulación de las economías, pero, como señaló David Harvey, tuvo especial cuidado en aumentar la protección a los derechos de propiedad.
Si bien durante las épocas del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) la liberalización se fue tornando cada vez más conflictiva debido al dominio del paradigma neoliberal, durante los años 90 fue mucho más sencillo para EEUU y Europa avanzar en su agenda a escala mundial. No solo se introdujeron normas para el comercio, sino que, en un claro abuso de poder, los países más industrializados lograron incluir en la agenda temas que son una clara muestra de injerencia en la organización interna y que van más allá de la jurisdicción de la OMC. Además de la propiedad intelectual, progresivamente se fueron introduciendo los llamados nuevos temas y que seguían esta misma línea.
La Conferencia Ministerial de 1999, en Seattle, lo cambió todo. El hecho de que no se pudiera realizar debido a la resistencia de la sociedad civil, mostró a los gobiernos del mundo que la ciudadanía no estaba de acuerdo con el rumbo que se estaba dando a la globalización. Es así que, en 2001, en la Conferencia Ministerial llevada a cabo en Qatar, se lanza la Ronda de Negociaciones de Doha, también llamada la ronda del desarrollo porque nacía a partir de la supuesta voluntad de todos los países de cambiar las normas del bloque para, en lugar de buscar una liberalización y desregulación ciega, bregar por la promoción del desarrollo de los países. No obstante, la realidad fue muy distinta. Poco tardaron los países en desarrollo en darse cuenta de que los países desarrollados habían llevado una agenda que era más cercana a los beneficios de empresas transnacionales que a las promesas de reducir las desigualdades entre las naciones. Incluso teóricos del libre comercio como Jagdish Bhagwati afirmaban que los temas en la agenda ya nada tenían que ver con el libre comercio y que los países desarrollados estaban destruyendo la gobernanza económica global al querer introducir las exigencias de sus propias empresas.
Las siguientes Conferencias Ministeriales de la OMC solo corroboraron esta situación. La Ronda de Doha continuaba estancada y los países desarrollados proponían nuevos temas sin estar dispuestos en ceder en temas neurálgicos para los países en desarrollo, como por ejemplo la eliminación de los subsidios a la agricultura.
Con el paso de unos pocos años esta situación solo se agravó. Las distintas crisis económicas (Tailandia, México o Brasil por citar unas pocas) levantaron más críticas y cuestionamientos a la efectividad del modelo y esto logró trascender la arena comercial. Las políticas de ajuste estructural y la consiguiente liberalización tuvieron costos muy elevados y el crecimiento económico prometido en muchos casos nunca llegó. En esta coyuntura llega la gran crisis financiera de 2008 que sacudió al capitalismo desde sus cimientos. Ya no se trataba de países en desarrollo. Ya no se trataba de movimientos sociales rebeldes. Ya no se trataba de fuga de divisas de países del sur. «La revelación más extraordinaria y aleccionadora de la crisis fue que el sistema financiero del mundo moderno podría dejar de funcionar», escribió Alexander Nicoll Y esto no es algo menor, sino que contradecía la raíz del paradigma aplicado sobre la perfección de los mercados. En adición, como dice el economista Dani Rodrik, la gran importancia de esta crisis es que hizo que la opinión pública mundial experimente una reacción de aversión en contra de esta globalización a la que identificó como la gran culpable.
Debilitamiento del multilateralismo
En este escenario descrito, ¿dónde queda el multilateralismo y la gobernanza global? Para responder esta pregunta, lo importante es entender que esta aversión mundial a la globalización se traslada directamente a un aumento en el descontento con el multilateralismo y la gobernanza global existente, debido a que son vistos como sus promotores y sus garantes. Es decir, el proceso de globalización actual no siguió un piloto automático, sino que es el resultado de políticas específicas diseñadas por los Estados y que llegaron a constituirse en parte de esta gobernanza global que tenemos desde 1947.
A pesar de que la crisis del multilateralismo actual tiene varios factores que la explican, la crisis de la globalización liberal es la que está agudizando el desmantelamiento progresivo del orden mundial existente. Y en esto hay que ser claros: esta es una crisis de legitimidad del liberalismo. Si bien en la academia continúa el debate sobre los beneficios del libre comercio, el problema fue que la gobernanza global lo tomó como un dogma. Se entendía, tanto en el Sur como en el Norte, que la liberalización de los flujos económicos iba a traer una reacomodación de la base productiva de los países y que esto iba a tener, indefectiblemente, un efecto en la redistribución del ingreso y la riqueza. Sin embargo, se seguían estas políticas porque los organismos multilaterales aseguraban que el resultado iba a ser un mayor bienestar para todas las naciones del mundo.
Pero hoy es cada vez más común escuchar sobre la gran riqueza «del 1%» y el poder de las empresas transnacionales, ya no solo en ONG del Sur sino también en el Norte, tanto en la academia como entre la clase política. Así, aunque en el Sur existían voces contrarias desde hace décadas, evidenciamos que esta doble crisis descrita se ha profundizado en estos últimos años debido al impulso que ha cobrado el movimiento antiglobalización en los países desarrollados. Por paradójico que parezca, en el Norte son los partidos de derecha los que están promoviendo una mayor intervención estatal, incluyendo el cierre de fronteras tanto para flujos comerciales como de personas, mientras que los partidos de izquierda quedan ubicados como los promotores del mantenimiento del orden mundial vigente desde 1945 que, irónicamente, ha ido estableciendo reglas que privilegian a las empresas por encima de los individuos, al capital por encima del trabajador. Y el clivaje nacionalistas/cosmopolistas parece reemplazar en gran medida el de izquierda/derecha.
En cambio, dado que actualmente en los países desarrollados es la izquierda la principal defensora del mantenimiento del orden mundial, indefectiblemente se ha ido convirtiendo en la principal defensora de la globalización liberal. En un artículo con un título por demás sugerente –«¿Se ha vendido la izquierda?»– Christian Krell nos da unas pautas sobre esta contradicción. «En la década de 1990, la centroizquierda tomó la decisión consciente de aprovechar las oportunidades que ofrecía la nueva economía de la tercera vía. La lógica detrás de este cambio fue doble: en primer lugar, los socialdemócratas se dieron cuenta de que las fuerzas de la globalización y el capitalismo internacional eran imparables. En lugar de rechazar estas fuerzas, la izquierda tendría que adaptarse a ellas. En segundo lugar, se esperaba que el mercado libre impulsara la producción en la medida en que la prosperidad social y el empleo sean un hecho».
Solo en base a lo anterior entendemos los últimos acontecimientos en el Norte. Trump ha declarado que su credo es el americanismo y no el globalismo, y culpó a la globalización y a la inmigración del declive de la clase trabajadora estadounidense. En el otro lado del Atlántico, Gran Bretaña votó abandonar la Unión Europea y la recuperación de su soberanía para limitar el número de inmigrantes permitidos. En varios países europeos surgió una suerte de «nacional-liberalismo» promovido por fuerzas de extrema derecha.
XI Conferencia Ministerial de la OMC
Este es el contexto en el cual se realizó la XI Conferencia Ministerial de la OMC, en Buenos Aires, en diciembre de 2017. La gama de sectores críticos del proceso globalizador es muy variada, y va desde los militantes más globalifóbicos cuyo objetivo central es atacar la globalización como tal, hasta aquellos que creen en otro tipo de globalización. Estos sectores consideran que es necesario democratizar la globalización y darle gobernanza más allá de las políticas de los Estados nacionales.
Entonces, entendiendo que la globalización liberal está enfrentando un nivel de resistencia y descrédito nunca antes experimentado, el gran problema que existe en los organismos multilaterales es que no están encontrando la forma de adaptarse. Y esto explica gran parte del fracaso de la XI Conferencia Ministerial, que no llegó a aprobar ningún acuerdo. En lugar de buscar verdaderos cambios en la estructura, funcionamiento y paradigma de la OMC, los temas que se tenían en agenda buscaban profundizar el liberalismo y lo que es peor, en algunos casos se siguen descaradamente la agenda de las empresas transnacionales. Mientras varios países en desarrollo siguen esperando concluir la Ronda de Doha, el gran tema de la OMC para esta reunión fue el comercio electrónico (e-commerce), cuya agenda sigue la línea de la propiedad intelectual o la protección de inversiones: otorgar amplios derechos a las empresas y avanzar en el consiguiente retroceso del Estado. En otras palabras: más liberalización y desregulación.
Así, paradójicamente, el presidente Mauricio Macri, en su intento de mostrar a Argentina como un país con gran apertura al capital, organizó la máxima reunión de los miembros de la OMC en un tiempo en que son más los detractores que los promotores del liberalismo global. Mientras su gobierno buscaba desesperadamente tener un acuerdo firmado en esta conferencia, ya en noviembre la delegación estadounidense había bloqueado los intentos de lograr un borrador antes de la cita, siguiendo el discurso de Donald Trump, de que su país no recibe un trato justo por parte de la OMC.
Lo que sí logró esta Conferencia Ministerial fue poner de manifiesto la gran crisis que enfrenta el multilateralismo y la imperiosa necesidad de cambio, aunque los nuevos liberales, que llegaron tarde a este debate, estén tratando de ignorarla.



viernes, 5 de enero de 2018

Convocatoria! IV Jornadas de Estudios de América Latina y el Caribe “América Latina: entre el asedio neoliberal y los desafíos emancipatorios”



IV Jornadas de Estudios de América Latina y el Caribe América Latina: entre el asedio neoliberal y los desafíos emancipatorios”
 14, 15 y 16 de noviembre de 2018

IEALC |  Facultad de Ciencias Sociales | Universidad de Buenos Aires
Buenos Aires, Argentina

El IEALC invita a participar de las IV Jornadas de Estudios de América Latina y el Caribe. “América Latina: entre el asedio neoliberal y los desafíos emancipatorios”, a realizarse durante los días 14, 15 y 16 de noviembre de 2018 en la ciudad de Buenos Aires.
América Latina y el Caribe atraviesan hoy tiempos difíciles, en un mundo convulsionado por la crisis económica y los conflictos bélicos, con su secuela de millones de desplazados y de víctimas del terror y la violencia. El ciclo de impugnación al neoliberalismo, caracterizado por políticas sociales redistributivas y transformaciones democráticas, que se abrió al despuntar el Siglo XXI en distintos países de la región, los últimos años comenzó a sufrir un renovado asedio regresivo y represivo por parte de las derechas sociales y políticas. La llegada al gobierno -por la vía de golpes parlamentario-mediático-judiciales o elecciones- de fuerzas conservadoras y neoliberales ha abierto un escenario más complejo y menos promisorio para nuestros pueblos. En la actualidad, priman en la región democracias restringidas o de “baja intensidad”, cada vez más condicionadas por intereses corporativos vinculados a un patrón de acumulación expoliador y excluyente, en las que se busca impedir o revertir las conquistas populares, clausurar los esfuerzos de integración regional realizados desde comienzos de Siglo XXI y restaurar el alineamiento automático y subordinado a las potencias occidentales. Al mismo tiempo, las luchas populares se van desplegando en la región con la fuerza de la resistencia y también con propuestas de alternativas sociales y políticas que pujan por abrirse camino para enfrentar la ofensiva de disciplinamiento duro que impulsa el polo del capital a escala mundial.
En este contexto, fortalecer los lazos construidos desde los pueblos de la región y del sur global y crear nuevos vínculos de fraternidad son objetivos más actuales que nunca. Se renueva la urgencia de profundizar la apuesta de pensar América Latina y el Caribe como conjunto abigarrado y diverso, múltiple y a la vez unido por orígenes y destinos comunes, de pensarnos como región con su propia especificidad y desde aquí proyectar nuestra propia mirada del mundo e incidir de modo activo sobre el decurso global.
Convocamos a investigadores, académicos, estudiantes y estudiosos de todas las latitudes a participar de estas jornadas, que esperan contribuir a la indagación del presente, el pasado y el futuro de la región con perspectiva latinoamericanista, a partir de la multiplicidad de inquietudes y anhelos que atañen tanto a la realidad de cada una de nuestras naciones como a las dimensiones que proyectan lo común.
Los trabajos serán organizados en mesas articuladas en torno a los siguientes ejes temáticos: 
  1. Comunicación y medios
  2. Teoría política y pensamiento social latinoamericano y caribeño
  3. Geopolítica e integración regional
  4. Estado, sistema político y políticas públicas
  5. Conflictos y movimientos sociales
  6. Cultura, arte y política en América Latina
  7. Modelos de acumulación y desarrollo y extractivismos
  8. Género, diversidad sexual y feminismos populares
  9. Territorios, problemas urbanos y rurales
  10. Clases dominantes y ofensiva neoliberal en la región
  11. Derechos humanos y violencias sociales y políticas
  12. Relaciones del Trabajo en clave latinoamericana
  13. Sentidos y disputas por la educación. Gramáticas pedagógicas latinoamericanas
  14. Asia y América Latina
Indicaciones generales para los/as autores/as
Período de recepción de resúmenes: 2 de febrero de 2018 al 2 de mayo de 2018.
Extensión máxima de resúmenes: 3000 caracteres con espacios.
Se aceptarán resúmenes y ponencias en castellano y portugués.
Asimismo, serán admitidos y evaluados sólo los resúmenes que sean enviados a través de la plataforma. Enlace:
clacso.org.ar/jornadas_iealc_2018/presentacion_ponencias/formulario.php
–La aceptación de los resúmenes será comunicada a partir del 2 de junio de 2018.
Fecha límite para la recepción de ponencias: 30 de agosto de 2018.
Extensión máxima de ponencias: 40.000 caracteres con espacios, incluyendo notas al pie y referencias bibliográficas.
Formato: hoja A4; fuente Times New Roman; tamaño 12pts; interlineado 1,5pts; justificado sin sangrías; todos los márgenes a 3 cm; título en tamaño 14pts, centrado, en negrita; subtítulos en tamaño 12pts, cursiva, alienado a la izquierda.
Todos los archivos deberán contener: Nombre y apellido del/los/las autores/as, inscripción institucional, título de la ponencia y eje temático elegido.
 No serán aceptadas ponencias que no cumplan estos requisitos formales.
Correo electrónico de consulta: iealc.jornadas2018@gmail.com

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