lunes, 7 de noviembre de 2016

Novedades Elecciones EEUU (Columna Morgenfeld AM750)

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Novedades Elecciones EEUU (Columna Morgenfeld AM750)

November 07, 2016 08:05

Análisis de las últimas novedades de las Elecciones en EEUU, cuando faltan apenas horas para conocer al nuevo o nueva presidente estadounidense. 


- escuchá el audio de la columna acá -  




 

Entrevista sobre las Elecciones en Estados Unidos



Leandro Morgenfeld nos explicó todo sobre las elecciones en EEUU

Cadena Rio, FM 88.7 (La Plata)

Docente , Historiador y especialista en temas internacionales sobre la situación de las elecciones en Estados Unidos.

- "Donald Trump dijo que va a expulsar a los inmigrantes indocumentados"

-"Hillary Clinton es la candidata de los bancos, periódicos y establishment "
-"Donald Trump fue muy contradictorio en su candidatura"

-"Si gana Donald Trump puede haber un derrumbe de las bolsas de comercio"


-"El desafió de Hillary Clinton es que los jóvenes no voten a Donald Trump "


-"Donald Trump es el primer candidato abiertamente xenófobo"


domingo, 6 de noviembre de 2016

Elecciones EEUU: "Una campaña fea, irregular y escandalosa"


MAS DE 40 MILLONES YA VOTARON Y SE ESPERA QUE EL DOBLE LO HAGA EL MARTES; LEVE FAVORITISMO DE HILLARY

Una campaña fea, irregular y escandalosa

Página/12
Según las últimas encuestas, habrá suspenso hasta el final: si bien la ex secretaria de Estado es favorita y mantiene la ventaja que tuvo durante toda la carrera, en un sprint final su adversario logró colocarse dentro del margen de error.

Clinton y Trump, los dos candidatos menos populares de los que se tenga memoria.
 
“La elección más importante de tu vida”, tal como bautizaron los medios locales a los comicios presidenciales de este año en los Estados Unidos, está a solamente 48 horas. Tras una campaña irregular, donde Hillary Clinton (demócrata) y Donald Trump (republicano), los dos candidatos menos populares de los que se tenga memoria, se fueron pasando como una piedra caliente el protagonismo de escándalos mediáticos políticos y legales durante meses, se acerca la definición. Más de 40 millones de personas ya votaron anticipadamente y se espera que aproximadamente el doble lo haga el martes, antes de que se abran las urnas para el recuento. Según las últimas encuestas, habrá suspenso hasta el final: si bien la ex secretaria de Estado es favorita y mantiene la ventaja que tuvo durante toda la carrera, en un sprint final su adversario logró colocarse dentro del margen de error y puede dar un batacazo. A continuación las claves para entender lo que sucederá esta semana cuando el país más poderoso del mundo elija su próximo presidente:

- Los estados clave: Otra vez, cuando se cuenten los sufragios, los ojos del mundo estarán puestos sobre Florida. Ese estado, que hace 16 años le dio la presidencia al republicano George W. Bush por menos de 600 votos, nuevamente aparece como el más parejo en la previa. Hoy los encuestadores coinciden que los dos candidatos están en empate técnico y nadie se anima a arriesgar un ganador. Algo similar sucede en Carolina del Norte, otro distrito con final abierto y cuyo resultado, aunque sea por un puñado de boletas, puede definir la elección. Para Trump, se trata de dos batallas de vida o muerte, electoralmente hablando: una derrota en cualquiera de los dos lo deja virtualmente con las manos vacías. Para Clinton, aunque cuenta con más margen, perder estos distritos encendería una alarma y pondría el resto del escrutinio en máximo suspenso.

- El techo de Trump: Durante toda la campaña, el candidato republicano tuvo un techo de 45 puntos. Pocas encuestas (y ninguna de manera consistente) lo dieron arriba de ese nivel y cada vez que llegó a medir eso, algún escándalo lo hizo rebotar y volver a caer hasta 40 por ciento o menos de intención de voto. Hoy, se encuentra desde hace una semana merodeando nuevamente los 45 y necesita romper ese límite el día de la elección si quiere tener chances de ganar. Una buena performance que levante dos o tres puntos sobre sus pronósticos le permitiría ganar Florida y Carolina del Norte, asegurarse Ohio, Iowa, Arizona y Georgia (donde hoy está arriba, aunque no por mucho) y llevarse uno o dos estados de la “barrera” que hasta ahora protege la ventaja de Clinton.

- La barrera de Clinton: Incluso perdiendo Florida, Ohio, Carolina del Norte y Iowa a los demócratas les alcanzaría para una victoria pírrica en el colegio electoral, gracias a una serie de estados donde tuvieron ventaja en los sondeos durante prácticamente toda la campaña, y que constituyen su barrera ante los embates de Trump. Si Clinton gana Nevada, Colorado, Pennsylvania, New Hampshire, Michigan, Wisconsin, Virginia y New Mexico, será la primera mujer presidente de los Estados Unidos. Si los republicanos logran hacer una brecha en ese muro, el panorama para ella resultará mucho más complicado.

- Indecisos y terceros partidos: Aunque decayó en las últimas semanas (favoreciendo a Trump) la cantidad de gente que aún no decidió su voto o que planea votar por alguna opción fuera de las tradicionales es excepcionalmente alta este año y alcanza, según las encuestas, el 13 por ciento (cuatro veces más que en 2012), agregando un factor más de imprevisibilidad al resultado final. A todo esto se le agrega que la candidatura del independiente Evan McMullin, un ex agente de la CIA mormón que se postula como el salvador de los valores conservadores, mide muy bien en su estado natal, Utah. Si llega a dar la sorpresa y a ganar el distrito, patea el tablero del mapa electoral e incluso, en un escenario muy marginal, aunque posible, podría terminar siendo electo presidente ante un deadlock (o empate) entre los candidatos tradicionales.

- Las encuestas: En el año del Brexit y el No a la Paz en Colombia, los encuestadores están en el ojo de la tormenta. Si bien la cantidad y la calidad de los sondeos en los Estados Unidos son más altos que en la gran mayoría del resto de los países del mundo, las chances de un error generalizado persisten, agravadas por el número de indecisos. Eso abre el escenario a una victoria de Trump, pero también a que Clinton termine teniendo una elección mucho más holgada de lo que dicta la narrativa de la previa. Pase lo que pase, el miércoles el trabajo de las consultoras será escrutado con tanta severidad como el candidato ganador.

- El voto anticipado: Las leyes en la mayoría de los Estados permiten que se vote antes de la fecha de la elección. De hecho, más de 40 millones de personas lo hicieron hasta el viernes pasado, según cifras oficiales. Si bien esos votos no se cuentan hasta después del cierre de las urnas, los datos de participación, analizados en base a registros partidarios y datos demográficos, en algunos estados como Nevada son buenos para Clinton, mientras que en otros, como Carolina del Norte, parecen más favorables a Trump.

- El turnout: En un país donde el voto no es obligatorio, la participación de ciertos grupos demográficos puede definir la elección para un lado u otro. Un alto turnout de negros, latinos y jóvenes sería una gran noticia para los demócratas. Una baja participación de esos sectores agranda las chances de un triunfo republicano, al igual que una mayor cantidad de votos de hombres blancos adultos sin educación completa, el principal apoyo de Trump. En ese sentido, habrá que ver si la ventaja de Clinton en los recursos invertidos en el territorio y en avisos de TV le da los dividendos esperados.

- Las limitaciones al voto: En 2013, la Corte Suprema revirtió un fallo que obligaba a los distritos a consultar con el gobierno federal antes de imponer medidas locales que pudieran dificultar el acceso al voto. Este año, como consecuencia, en 14 estados habrá medidas restrictivas que, de diversas formas, podrían complicar el ejercicio del sufragio. En general los más perjudicados son grupos demográficos como población rural, negros y latinos. En caso de que el resultado sea muy parejo, esto podría estallar en una polémica de alcance nacional.

- El Congreso: Además de la Casa Blanca, en esta elección se decide la composición de ambas cámaras por los próximos dos años. El poder legislativo estuvo controlado por los republicanos en los últimos años, lo que limitó bastante el poder ejecutivo del presidente Barack Obama. Los demócratas necesitan hacer una muy buena elección para recuperar el senado y una extraordinaria para intentar tener mayoría en la cámara baja. Las apuestas en juego son altas, ya que en caso de que Hillary Clinton gane y tenga las dos cámaras en contra, algunos dirigentes republicanos ya amenazaron con hacerle un impeachment por los escándalos de su servidor de emails y de la Fundación que lleva su nombre.

- Las sorpresas: En una campaña plagada de sorpresas, denuncias cruzadas, filtraciones de documentos y operaciones, la posibilidad de una última vuelta de tuerca sobre la hora no puede descartarse, aunque el efecto que pueda tener queda mitigado por los votos ya emitidos. En 2004, por caso, un video de Osama Bin Laden difundido el fin de semana previo a la elección ayudó a que el presidente George W. Bush le gane una batalla pareja a su rival John Kerry. Incluso después de que vote el último ciudadano, todavía hay tiempo para un plot twist: en el sistema indirecto norteamericano los delegados no están obligados por ley a optar por el candidato por el que votó su estado, y en una elección cerrada, uno o más electores “infieles” pueden llegar a dar vuelta la balanza a último momento. No se trata de una especulación forzada: el viernes pasado, uno de los delegados demócratas por el estado de Washington ya anunció que no va a dar su voto a Hillary Clinton.

"Las grietas abiertas de Estados Unidos" (Cecilia Nahón)


Las grietas abiertas de Estados Unidos

Por Cecilia Nahón *
Página/12

En un mundo convulsionado y en reconfiguración geopolítica, este martes 8 de noviembre el pueblo estadounidense elegirá a su Presidente 45 en una elección histórica con resultado abierto. Un número récord de 200 millones de ciudadanos están registrados para votar. Con frecuencia, desde América Latina visualizamos a Estados Unidos como un todo monolítico y uniforme, como la “superpotencia” a secas, pero este atípico ciclo electoral ha dejado al desnudo las divisiones profundas que anidan en la primera economía mundial. No se trata de una “grieta”, sino de muchas grietas superpuestas: tensiones sociales, raciales y económicas, contradicciones y temores. Escasos momentos de buena política iluminaron una campaña dominada por la polarización, los ataques cruzados y los escándalos. Efectivamente, poco queda hoy del inspirador discurso de esperanza y optimismo con que el Presidente Obama hizo historia en 2008. Manipulada por el rating mediático, estamos observando una descarnada lucha por el poder en el marco de una crisis de representación política.
Sin duda, el elemento más sórdido de este proceso electoral ha sido el ascenso y la consolidación de Donald Trump como candidato del Partido Republicano. Sería ingenuo, o simplista, pensar que Trump es un fenómeno aislado, un “loco suelto”, una bala perdida. En términos internacionales, su candidatura se inscribe en el resurgimiento de las posiciones ultranacionalistas de derecha en los países desarrollados, particularmente en Europa, con una plataforma xenófoba y anti-Estado en un marco de creciente desigualdad. Trump representa la versión estadounidense de la “anti-política”, un mal que también aqueja hoy a nuestra América Latina. En Estados Unidos, Trump está cosechando la persistente radicalización de la base política republicana, corporizada en el Tea Party, y su estrategia obstruccionista en el Congreso de los Estados Unidos. Así, la imposibilidad de alcanzar acuerdos bipartidarios expandió la brecha que separa a Washington de las necesidades del pueblo que pretende representar.
¿Cómo explicar el vertiginoso ascenso de Donald Trump? Sin duda, Trump ha sido altamente efectivo en identificar y capitalizar la frustración y el enojo de segmentos del interior profundo de Estados Unidos que han visto sus condiciones de vida estancadas, o deterioradas, durante las últimas décadas, particularmente desde la irrupción de las políticas neoliberales más extremas y el avance de la desindustrialización. Las estadísticas son contundentes: en 1970 la admirada clase media norteamericana concentraba 62 por ciento del ingreso nacional pero hoy representa tan sólo 43 por ciento del PIB. Esta tendencia se agudizó con la crisis iniciada en 2008 en el corazón de Wall Street, en que 9,3 millones de familias perdieron su propiedad mientras se otorgaban rescates billonarios al sector financiero. La desigualdad se disparó a niveles alarmantes y, con ella, prosperaron el malestar y el hartazgo con el sistema. A diferencia de Europa, la economía norteamericana se recuperó y crece ininterrumpidamente (aunque a una tasa baja) desde 2010, pero este crecimiento no generó hasta ahora una mejora significativa en la distribución. De hecho, Estados Unidos distribuye mal la enorme riqueza que genera cada año.
El “sueño americano”, la movilidad ascendente, la certeza de que con esfuerzo y determinación en Estados Unidos todo es posible están hoy en duda para millones de norteamericanos. De hecho, según el Centro Pew, 81 por ciento de la base electoral de Trump considera que la vida para ellos es peor hoy que hace 50 años. Pero el caldo de cultivo donde abona Trump abarca más que la comprensible frustración por este “paraíso perdido”. Trump ha hecho empatía, también, con sectores nostálgicos de aquella época de supremacía cultural de los “varones blancos”. Conecta con sentimientos reaccionarios de quienes rechazan la mayor riqueza demográfica actual y los avances que, con marchas y contramarchas, han obtenido recientemente en materia de derechos e igualdad las minorías estadounidenses. El primer Presidente afroamericano, los progresos del colectivo LGBTI, las oleadas de trabajadores migrantes, la creciente pluralidad religiosa y el avance de la igualdad de género despertaron peligrosos demonios. Se respira resentimiento. Se respira sed de revancha. Se respira el odio de quienes claman por “recuperar su país”. La nostalgia por el pasado está manchada de racismo.
Donald Trump, celebridad mediática, empresario desfachatado, outsider de la política, con aires de super-hombre y delirios mesiánicos estaba llamado, hoy es fácil decirlo, a ser vocero de tanta nostalgia y enojo. El contenido encontró su forma, y arrastró al Partido Republicano a una crisis de identidad y valores sin precedentes. La dirigencia conservadora del partido no logra resolver el escarmiento de un candidato misógino, mentiroso e ignorante pero que colma con votantes los estadios. No es exagerado decir que su candidatura es un fraude. Su campaña es una colección de slogans y frases vacías. Porque Trump conecta con la ansiedad de millones de norteamericanos, inflamándolos y radicalizándolos, pero no propone una sola política consistente para cumplir con sus grandilocuentes promesas de campaña. El eje económico de su programa es reducir los impuestos a los ricos, bajo la (falsa) promesa de la teoría del derrame. También propone revocar el único programa de salud (Obamacare) que, con falencias, otorgó cobertura a más de 20 millones de personas. No explica en qué consiste su pseudo-proteccionismo y su crítica al “libre comercio”. Alimentado por el lobby de la Asociación Nacional del Rifle, rechaza regulaciones básicas para el uso de armas de fuego. Trump dice apoyar “la ley y el orden” y explota electoralmente el miedo al otro, al extranjero, al diferente. Replica la estrategia habitual de apalancarse sobre un conjunto de reclamos legítimos para avanzar con la vieja agenda de la derecha. No nos engañemos: es el candidato de la mano dura.
La luz en esta elección irradió de las bases jóvenes, trabajadoras y progresistas del partido demócrata, ubicadas en la otra orilla de la “grieta”. También cuestionaron el status-quo, pero desde la izquierda. La “revolución política” de Bernie Sanders se impuso sorpresivamente a Clinton en 22 de los 50 estados del país. Sanders colocó en el corazón de la campaña electoral la preocupación por la desigualdad, los tratados de “libre comercio” y el financiamiento empresarial sin límite de la política, solventando su propia campaña con millones de contribuciones de 27 dólares. Un dato sintetiza el fenómeno: más jóvenes menores de 30 años votaron a Sanders en las primarias que a Clinton y a Trump juntos. Algunos se entusiasman con que allí está el futuro de la política en Estados Unidos: retomando las luchas históricas por un país más igualitario que incluye y expande derechos en lugar de construir muros.
Hillary Clinton fue consagrada en la Convención Demócrata en Filadelfia como la primera candidata presidencial mujer de uno de los dos partidos mayoritarios. A pesar de las tensiones internas, el Partido Demócrata se encolumnó detrás de la ganadora de las primarias con la determinación unificadora de vencer a Trump. El partido concibió una plataforma de gobierno de claro corte progresista para su política doméstica. A diferencia de Trump, Clinton expuso sus propuestas detalladamente. Condicionada por Sanders y la base de su partido, la candidata prometió atacar de cuajo la desigualdad subiendo los impuestos a los ricos, aumentar significativamente el salario mínimo, instaurar la licencia por maternidad, regular el uso de las armas, resolver el problema de la deuda estudiantil, limitar la injerencia de los aportes privados en la política, y reemplear a los trabajadores expulsados por la robotización. Clinton sostiene, como acuñó Joseph Stiglitz, que es imperativo escribir “nuevas reglas” para la economía estadounidense: reglas justas que funcionen para todos y no para el 1 por ciento de arriba.
El Presidente Obama, actualmente con índices de aprobación superiores al 50 por ciento, denostó públicamente a Trump, respaldó sin titubeos a Clinton y la consideró la candidata más preparada de la historia para ocupar la oficina oval. No obstante, Clinton no logró despojarse de su karma: es percibida como una candidata poco confiable y poco transparente, que cambia sus posiciones según convenga. Buena parte del electorado duda sobre si cumpliría con sus promesas de campaña y la asocia con el doble estándar que ha desacreditado a Washington en un momento de avidez por los outsiders. Parte de la propia base demócrata critica sus decisiones de política exterior. A excepción de Trump, es la candidata presidencial que más rechazo genera entre los votantes en décadas. No está siendo sencillo para Hillary Clinton perforar el “techo de cristal” hacia la Casa Blanca.
El panorama expuesto muestra a las claras la envergadura de la crisis de representación política vigente en Estados Unidos. El cuestionamiento al status quo y a la influencia de los lobbies y las corporaciones en la política ya es inocultable. La identidad misma del país está a prueba este 8 de noviembre. Nosotros, como argentinos y sudamericanos, debemos saber que tanto Obama, Clinton o Trump seguirán impulsando en el mundo aquellos intereses acordes a su propia “estrategia de seguridad nacional”. No hay que buscar la salvación afuera. Nos corresponde a nosotros defender nuestros propios intereses como país, tendiendo puentes con el mundo desde una posición de soberanía y solidaridad regional.

* Profesora de American University, embajadora de Argentina en Estados Unidos (2013-2015).

sábado, 5 de noviembre de 2016

Entrevista sobre las Elecciones en EEUU, a tres días (Radio del Plata)

Logo #EleccionesEEUU2016 y consecuencias para Argentina (Entrevista Morgenfeld)

A tres días, análisis de las Elecciones en EEUU y consecuencias para América Latina y Argentina. 
En "La excepción a la regla", conducido por Pablo Iummato. 



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Julian Assange: "Hillary Clinton fue la figura clave en la destrucción del Estado de Libia". Video con la entrevista completa emitida hoy

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, y el fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

 

Assange: "Hillary Clinton fue la figura clave en la destrucción del Estado de Libia"

RT

En una entrevista exclusiva con el periodista australiano John Pilger, Julian Assange habló además de las razones del conflicto entre Hillary Clinton y el FBI, y reveló el poder real que se encuentra oculto detrás de la campaña presidencial demócrata.
 
En una entrevista exclusiva a Julian Assange realizada por el periodista australiano John Pilger (John Pilger Special) y emitida este sábado en su integridad por RT —por cortesía de Dartmouth Films—, el fundador de WikiLeaks asegura que la aspirante demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton "fue la figura clave en la destrucción del Estado de Libia".
Según Assange, los correos electrónicos de Clinton revelan un plan maestro, nacido meses antes de la intervención de Occidente en Libia en marzo de 2011, para convertirla en el tema principal de su mandato como secretaria de Estado y en un podio desde el cual pudiera cumplir sus sueños presidenciales.
"Libia […] fue la guerra de Hillary Clinton", recalca el fundador de WikiLeaks. Mientras el presidente de EE.UU., Barack Obama, se oponía, Clinton la "defendía". "Eso está documentado en sus correos electrónicos", subraya Assange.

"Libia fue la guerra de Hillary Clinton […] algo que ella utilizaría para presentar en las elecciones generales presidenciales".
Julian Assange.
Además, el programador australiano, que se encuentra refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde hace 4 años, hace hincapié en que la actual candidata demócrata percibió la destitución del entonces presidente libio Muamar el Gadafi y la destrucción del Estado libio como "algo que ella utilizaría para presentar en las elecciones generales presidenciales".
A consecuencia de la intervención norteamericana, alrededor de 40.000 personas perdieron la vida en Libia. "Llegaron los yihadistas, llegó el Estado Islámico", lo que desató la crisis europea de los refugiados y los inmigrantes, dice Assange.

"Hillary Clinton se resistió a la investigación del FBI"

En la entrevista, el fundador de WikiLeaks también se refiere a la difícil relación de Hillary Clinton con el FBI.  "Si analizamos la historia del FBI, vemos que siempre se ha desenvuelto como la policía política de EE.UU. Cuando obligó a renunciar al director de la CIA [David Petraeus en 2012] por un escándalo de relaciones extramatrimoniales, demostró que casi nadie era intocable. El FBI siempre ha intentado demostrar aquello de que 'nadie puede resistirse'", afirmó Assange.

El periodista australiano John Pilger forma parte de una protesta a favor de Julian Assange fuera de la embajada de Ecuador en Londres. 22 de junio de 2012.
El periodista australiano John Pilger forma parte de una protesta a favor de Julian Assange fuera de la embajada de Ecuador en Londres. 22 de junio de 2012. Neil HallReuters
"Pero Hillary Clinton se resistió abiertamente a la investigación del FBI. Esto los hizo ver débiles y originó un malestar en la oficina de los federales", señaló Assange. Según el fundador de WikiLeaks, esa cuestión dio paso a la reapertura de las investigaciones contra la candidata demócrata, anunciada recientemente por el director James B. Comey, y relacionadas además con el reciente escándalo sexual del exesposo de Huma Abedin, asesora de la candidata.
Aunque Clinton ha negado categóricamente que haya manejado información clasificada, varios altos funcionarios de la política estadounidense sostienen que la nueva evidencia demostraría que las cuentas de Clinton fueron 'hackeadas' por otros países.

Intereses ocultos

Según Julian Assange, los correos publicados por su organización demuestran en realidad un asunto mucho más importante que la simple irresponsabilidad en la utilización de un recurso técnico estatal. "Hay un trasfondo que está inmerso en todos estos correos. Una especie de 'pago por jugar', como dicen ellos, que refleja el enorme flujo de dinero que representa intereses de gobiernos, personas y corporaciones específicas", aseguró el periodista.
Assange cree que Clinton, en su carrera hacia la casa Blanca, está detrás de toda una organización manejada por varias entidades políticas y corporativas. Afirma que Clinton "es el punto central de las operaciones de un sistema manejado por grandes entidades bancarias como el Goldman Sachs, los mayores agentes de Wall Street, la inteligencia, el Departamento de Estado, los saudíes y más personas. Ella es el eje central encargado de interconectar a los elementos que gozan del poder real en EE.UU.".

"Ella es el eje central encargado de interconectar a los elementos que gozan del poder real en EE.UU.".
Julian Assange.
Los correos que publica WikiLeaks son, según su fundador, una muestra clara de todos estos vínculos de influencia. Assange asegura que más allá de una imagen de esperanza y de cambios proyectada por Barack Obama, su campaña presidencial de 2008 "en realidad estuvo muy pegada a los intereses de los bancos". "De hecho, en uno de los correos de Podesta publicados recientemente se puede observar cómo la mitad del equipo de Obama fue prácticamente designado por un representante de Citibank. Es increíble", sostiene Assange.

"Occidente mantiene prisioneros políticos. Es una realidad y no se trata solo de mí".
Julian Assange.

Prisioneros políticos

Durante la entrevista, Pilger se interesó por la permanencia de Assange en la embajada de Ecuador. "Mucha gente se pregunta: ¿por qué simplemente no sale de aquí y permite que lo extraditen a Suecia?" Según Assange, las Naciones Unidas han concluido que su detención en la embajada ecuatoriana en Londres es ilegítima y solicitó formalmente a Suecia que reconozca el asilo otorgado por Ecuador. "No, no lo haremos", fue la respuesta sueca según Assange, quien considera que esto lo convierte en un preso político de Occidente.
"Occidente mantiene prisioneros políticos. Es una realidad y no se trata solo de mí", aclara Assange. "Hablando del caso de Suecia, es un país en el que nunca he sido acusado de cometer crimen alguno, donde he sido declarado inocente, donde la mujer por sí misma ha declarado que fue presionada por la Policía, un caso en el que la ONU formalmente dice que todo esto es ilegal, donde Ecuador investigó y consideró que debe otorgarme el asilo. Todos estos son hechos concretos. ¿Pero cuál es el discurso oficial?", se cuestiona Assange.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Assange: Los países promotores del Estado Islámico patrocinan la Fundación Clinton

 

Assange: Los países promotores del Estado Islámico patrocinan la Fundación Clinton


Adelanto de RT de la entrevista que será emitida en una horas

En una entrevista exclusiva con el periodista australiano John Pilger,, Julian Assange, indicó que a Donald Trump "no se le permitirá ganar" las elecciones presidenciales de EE.UU.
En una entrevista exclusiva realizada por el periodista australiano John Pilger (John Pilger Special), que será emitida por RT —por cortesía de Dartmouth Films—, el fundador de WikiLeaksJulian Assange, ha confirmado que el movimiento terrorista del Estado Islámico ha sido creado "mayoritariamente" con el dinero de varios países de Oriente Medio que proporcionan recursos monetarios a la Fundación Clinton.
En este sentido, Assange señala que, según se desprende de un correo electrónico de la candidata demócrata, Hillary Clinton, enviado en 2014 a John Podesta, jefe de su campaña electoral, el EI es "financiado por los Gobiernos de Arabia Saudita y Catar", cuyo dinero es difundido "por todas partes, incluidas las instituciones mediáticas".
Además, el periodista australiano, que concedió la entrevista en la Embajada de Ecuador en Londres, donde se encuentra refugiado desde hace cuatro años, sostiene que al aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, "no se le permitirá ganar" las elecciones presidenciales de EE.UU. del 8 de noviembre, ya que "no tiene a ninguna élite de su parte".

El candidato republicano a la presidencia de EE.UU., Donald Trump, habla en un mitin de campaña en Eau Claire, Wisconsin, EE.UU., el 1 de noviembre de 2016.
 
El candidato republicano a la presidencia de EE.UU., Donald Trump, habla en un mitin de campaña en Eau Claire, Wisconsin, EE.UU., el 1 de noviembre de 2016.Carlo AllegriReuters
Según Assange, Trump solo tiene el apoyo de "los evangélicos",  mientras que los bancos, la Inteligencia, las compañías de armas, los medios de comunicación e incluso los mismos periodistas "están juntos detrás de Hillary Clinton".
Asimismo, el fundador de WikiLeaks ha negado categóricamente que los correos electrónicos del Partido Demócrata de EE.UU. y de Hillary Clinton, recibidos por su portal, fueran enviados por el Gobierno ruso. "Eso es falso, podemos decir que el Gobierno ruso no es la fuente", subraya.


"Las elecciones en EEUU, metáfora de la crisis global" (Hinde Pomeraniec)

Hillary Clinton y Donald Trump definen quien será el nuevo presidente de EE.UU.

 

Las elecciones en EEUU, metáfora de la crisis global


 PARA LA NACION 
 
Los sistemas políticos crujen y de la mano de los frustrados e insatisfechos emergen los nacionalismos más crudos y un personaje como Trump, que exhibe como estandartes el racismo y la ignorancia.

Seguramente Hillary Clinton no deja de maldecir aquel mail de 2009 en el que con cierto candor le preguntó a su antecesor en el Departamento de Estado Colin Powell cómo había hecho para sortear las extremas restricciones que pesaban sobre su intercambio de correspondencia cuando era funcionario. El republicano Powell, el mismo que le hizo creer al mundo sin sonrojarse que en Irak había armas de destrucción masiva, le respondió que cada vez que buscaba preservar la privacidad usaba una computadora personal desde la cual escribía y hasta negociaba con líderes extranjeros y también con políticos locales. Hoy la candidata demócrata sabe que haber escuchado ese consejo puede dejarla fuera de la Casa Blanca. En rigor, el menú completo que podría privarla de la presidencia el 8 de noviembre arrancó bastante antes, con el desgaste de su figura provocado a lo largo del tiempo por los escándalos sexuales de su marido, las cuentas poco claras de la fundación que lleva el apellido familiar y, sobre todo, la aparición inesperada de un adversario capaz de jugar con cartas que nunca antes se habían visto desplegadas en la alta escena política de EE.UU., al menos no con el descaro con el que Donald Trump las exhibe como estandartes: el racismo, la misoginia y la ignorancia.
No se recuerda una competencia entre dos candidatos presidenciales con tan mala imagen y tan poco entusiasmo en las propias bases. No se recuerda tampoco una campaña tan plagada de episodios escandalosos y decadentes: la carrera hacia la Casa Blanca por momentos se asemeja a un show del horror en el que aún cuesta imaginar un ganador y mucho menos inferir cómo será el día después de las elecciones. Las encuestas son un festival del riesgo al que se sigue recurriendo ya más como una forma del entretenimiento que como termómetro del voto: el vértigo en el cambio de opinión parece imposible de ser capturado. Hoy es imposible saber cómo van a influir en el electorado más voluble las noticias que volvieron a poner a Hillary en el centro negativo de la escena a partir de la insólita decisión del FBI de reabrir el caso de sus correos privados, luego de haberlo cerrado en julio por falta de mérito. Tal vez habría que haberlo previsto: cada vez que en estos meses Trump tropezó con los cordones de sus zapatos, inmediatamente surgió alguna historia que enfrentaba a Hillary con la posibilidad de un cuestionamiento por parte de la justicia.
La relación del apellido Clinton con la honestidad entró en conflicto hace años y Trump supo utilizar esta debilidad constitutiva de su adversaria como herramienta política de una manera más efectiva que la utilizada por Hillary para descalificarlo a él por machista y misógino. Pese a haber dicho una serie de mentiras comprobables durante toda la campaña, como la que aseguraba que el presidente Obama no había nacido en EE.UU., logró que la discusión pasara por una pelea entre la franqueza (representada por él y su honestidad brutal) y la mentira (encarnada en Hillary, una figura ambiciosa y maquiavélica, en la opinión de grandes mayorías).
Como esposa de un gobernador, como primera dama, como senadora o ministra de Exteriores, Hillary lleva demasiado tiempo en la gran foto y comenzó a quedarse sin recursos para contrarrestar esas acusaciones. A Hillary y a su gente ya no les alcanza con repetir el argumento del "complot de la derecha". Las palabras van perdiendo efecto y las nuevas tecnologías aceleran el desgaste. De hecho, si el affaire Lewinsky hubiera ocurrido en tiempos de redes sociales, difícilmente el entonces presidente podría haber resultado absuelto en un juicio político, por lo que hoy Hillary ni siquiera estaría en condiciones de seguir buscando la presidencia.
Si llegara a quedarse en el umbral del gobierno, la historia política de Hillary Clinton ingresaría en una suerte de dimensión trágica. Luego de perder la interna demócrata en 2008 a manos del carismático Barack Obama, todo parecía indicar que ni siquiera los estadounidenses más progresistas estaban aún preparados para votar a una mujer, y lo demostraban eligiendo a un hombre negro, con el peso que algo así tiene en una nación de sustrato racista, que recién les permitió votar a los miembros de la comunidad afroamericana en 1964. Si Hillary perdiera, ése también podría ser un ángulo posible de lectura: el país está más preparado para aceptar como gobernante a un outsider temerario, capaz de poner en riesgo todo un sistema y en vilo al mundo entero, antes que para darle crédito a una mujer que exhibe todos los méritos políticos para llegar al poder.
Hay quien va aún más lejos en esta dirección sexista, como el actor y comentarista político Bill Maher, que noches atrás dijo que el futuro político de Hillary "será definido por tres penes fuera de control". Maher hablaba de los genitales de Donald Trump, Bill Clinton y Anthony Weiner (el político demócrata esposo de Huma Abedin, la colaboradora más cercana de la candidata), un sexópata recientemente acusado de enviar mensajes y fotos porno a una menor de 15 años y protagonista del nuevo evento epistolar que acorrala a Hillary. En este marco de descontrol sexual también radica cierto espíritu maldito; se hace difícil entender que una de las políticas pioneras en reivindicar los temas de género pueda ver frustrados sus deseos de ser presidenta acechada por la lujuria de su marido y del esposo de su asistente, mientras quien puede vencerla es uno de los hombres más lascivos que haya conocido la política nunca jamás.
Los dos grandes sostenes de la cosmovisión contemporánea, la democracia y el capitalismo, hoy son puestos en cuestión en todo el mundo y las elecciones que se avecinan son la metáfora perfecta de esta crisis cuyas derivaciones aún desconocemos. Mientras los sistemas políticos crujen y un ejército de frustrados e insatisfechos muestra en todo el mundo su desconfianza hacia las elites tradicionales por izquierda y por derecha, emergen los nacionalismos más crudos y los personajes como Trump, que encarnan exabruptos del sistema.
Si Trump gana, el país que durante estas décadas se propuso conducir el horizonte democrático será presidido por un líder que insulta a los inmigrantes y que prometió levantar un muro en la frontera con México para que no sigan ingresando ilegales; un hombre que quiere prohibir la entrada de extranjeros que llegan desde aquellos países de Medio Oriente en los que hay organizaciones terroristas y que considera a las mujeres un objeto decorativo, eso siempre y cuando sean jóvenes y bonitas, ya que de lo contrario apenas les valen adjetivos como cerda, perra, animal desagradable, asquerosa, horrible y otras "bellezas" de mérito equivalente.
Si Hillary gana pese a todo, aún le quedará el tremendo desafío de enfrentar un universo de prejuicios de género en el poder. Si ganara Trump, el mundo ingresará en fase experimental y de riesgo. Cuando Trump decidió competir en la interna republicana, la reacción fue una carcajada ante lo que parecía una veleidad más del excéntrico millonario. Un analista llegó a decir que el hombre del pelo rojizo era como esos accidentes en la ruta que distraen a los conductores que, por un momento, dirigen hacia allí su mirada. El accidente, la distracción, se prolongó en el tiempo y va siendo hora de probar cómo suena pronunciar juntas dos palabras que jamás podían haberse asociado meses atrás: presidente Trump. Si pierde, habrá igualmente que revisar las condiciones que hicieron posible su aparición en la escena política. Nunca más apropiada esa frase tan gráfica en su ironía: Trump era un chiste y quedó.

Audio del programa "Al Sur del Río Bravo": analizamos las elecciones en EEUU y las consecuencias para Nuestra América

 

 

Al Sur del Río Bravo 03/11/16

FM Radionauta 106.3

Analizamos las elecciones en EEUU y su impacto en América Latina con el historiador e investigador Leandro Morgenfeld // Nos metimos a fondo en la situación de Haití con la visita de Beverly Keene, integrante de Diálogo2000-Jubileo Sur y del Comité de solidaridad con Haití // Lupita descubrió la trampa en los comicios estadounidenses en relación a los latinoamericanos // Celebramos el Día de Muertos // Repasamos la situación en Venezuela // Y más…


- escuchar el audio del program acá -

Opinamos en el Buenos Aires Herald: "Donald, Hillary and their potential impact on Argentina"


Buenos Aires Herald

In four days’ time, the world will be watching as the United States elects its new president — but how will the result affect this country?

With only four days until the US presidential election, the 10-point lead Democratic candidate Hillary Clinton once held over Republican nominee Donald Trump has evaporated into a neck-and-neck race in the polls. And while the uncertainty over the future direction of the country has started to alarm global partners, it also could mark a stark turning-point for US relations with Argentina and the Latin American region.
Long considered the backyard of the United States, with many controversial interventions overshadowing relations, interchanging Democratic and Republican administrations have many times offered similar foreign policies approaches toward Latin America, though with slight variations across party lines.
But this is no ordinary election. If Clinton is elected, experts believe it would represent mostly a continuation of current President Barack Obama’s policies toward the region — the reintroduction of diplomatic relations with Cuba, support for the Colombian peace process with FARC guerrillas and the promotion of further integration of trade accords — with the result being a more assertive foreign policy in Latin America.
However, if Trump is elected, the region could suddenly be facing an inward looking candidate who has made outwardly racist and xenophobic attacks against Hispanics and Mexicans and threatened to pull out of joint trade accords. Frankly, a man with a “my way or the highway” position on most issues, take it or leave it.

Implications for the region

While it’s difficult to predict what the future policy of either US administration would exactly entail, the Herald talked with a multitude of US-Latin American foreign policy experts and former high-level government officials from both the White House and Pink House in order to discover what a future Trump or Clinton administration could mean for the region.
“The fundamental difference between the two candidates is Trump would make the US more isolationist and Clinton would be a key player in building an international order — this will have real implications for Latin America,” Daniel Restrepo, the White House’s former Senior Adviser for Latin American Affairs for the Obama administration told the Herald.
Restrepo considered that Trump has a very simplistic view of business transactions and that his approach would have an immediate impact on the trade agreements between the regions. But at the same time, he stressed, it still wouldn’t be a cakewalk for a new Democratic administration in the south.
“The politics of trade will be difficult regardless, due to the current political climate where there is more scepticism of trade deals,” Restrepo said.
Since taking office last year, President Mauricio Macri has made a clear effort to cultivate a closer relationship with the United States, with the highlight being Obama’s visit to Argentina last March, marking a new friendship and closer relationship between the two countries. The Argentine head of state has even showed a willingness to join the Trans-Pacific Partnership, a trade deal promoted by the United States to lower tariff barriers to trade.
But the wave of protectionist fervour — not only in the United States, but also in other countries such as Britain, which recently left the European Union — has influenced the US election greatly. While Trump has consistently argued against trade agreements such as NAFTA (North American Trade Agreement), and the TPP (Trade Pacific Partnership), calling for a renegotiating of the trade deals.
Clinton — amid growing pressure from former rival for the Democratic nomination, Senator Bernie Sanders, and Senator Elizabeth Warren — has followed, withdrawing her support for the TPP.
Despite the political climate, the Director of Georgetown University’s Center for Latin American Studies Matthew Carnes is confident that if Clinton were elected she would continue expanding trade agreements with the region.
“Hillary would be a continuation of the Obama administration, committed to expanding trade connections with the region with a strong vision of the importance of trade in the hemisphere,” he explained.
In a Wikileaks document recently released from the so-called Podesta email files, it revealed that in Clinton’s infamous private speeches to Goldman Sachs, she had told the bank employees that she “dreamed of a hemispheric common market, with open trade and open borders,” a markedly different position from her more recent comments.
Trump, at the same time, has communicated a radically different approach to other areas, threatening to cut off funding to multilateral organizations such as NATO (North Atlantic Treaty Organization). It’s a policy which could potentially have a major effect on multilateral organizations which provides financial assistance to Latin American countries and Argentina, such as the OAS (Organization of American States), IMF (International Monetary Fund), and World Bank.
Yet Carnes is confident the US Congress would limit how much Trump could do.
“In the short term he could cut funding to these organizations, but at the end of the day he would have to work with Congress, and main-stream Republicans and Democrats would be against these policies,” explained Carnes.

Anti-Hispanic rhetoric

Another factor often highlighted by experts, one which could affect relations between the region’s relations with a future Trump administration, is the candidate’s controversial rhetoric against Hispanics and more specifically, Mexicans.
“His proposal to deport eight million Hispanic immigrants (from the US), to build a wall between the US and Mexico — this will create a feeling of rejection and anti-Americanism will grow in (wider) society,” historian Leandro Morgenfeld, an expert on US-Argentine foreign relations, told the Herald.
He recalled how after President George W. Bush had decided to invade Iraq 2003, the US was strongly criticised by several Latin American countries throughout the region. Two years later, this culminated in a huge protest during the Summit of Americas held in Mar del Plata, aimed at Bush and the US-sponsored FTAA (Free Trade Area of the Americas) agreement. The protest was led most vocally by former Venezuelan president Hugo Chávez, Bolivian President Evo Morales and famously, late former Argentine president Néstor Kirchner, who delivered an aggressive speech laced with criticism.
Carnes anticipated that any anti-Trump feeling that could emerge after the election would also mean Latin American countries would maybe be less likely to conduct business with the US.
“(Mexican President Enrique) Peña Nieto suffered after he invited him (Trump). There would be a desire not to negotiate with him because of this political aspect,” said Carnes, a Georgetown professor.
In an unprecedented move, both Foreign Minister Susana Malcorra and President Mauricio Macri have publicly demonstrated their preference for Clinton over Trump during the campaign. Malcorra, in particular, has voiced her “concerns” over the Republican candidate’s rhetoric and statements on the region. Macri, meanwhile, reportedly told Bill Clinton during the G20 conference in Hangzhou, China last August, that he expected to see him next year as the “first man.”
Malcorra though has backtracked a little. She admitted last Wednesday — after new polls showed the race for the White House tightening — that if Trump were to win, they would just have to “adapt.”
In an interview with the Herald, former Foreign minister Jorge Taiana preached caution too, saying it was difficult to predict what Trump’s Latin American policy would be exactly, despite his infamous statements.
“While he mentions Mexico, it doesn’t appear that Latin America is really on his radar. It will most likely be affected more by decisions he makes with other major countries such as Russia or China,” Taiana said.
The current president of the Mercosur regional bloc’s Parliament said that he believed that in spite of the Republican candidates’ words, he would be limited by the US establishment, Congress and so-called “special interests.”

Neo-conservative restoration

For former Argentine ambassador to the United States, Cecilia Nahón, a Clinton victory on November 8 would be like a third term for the Obama administration, in contrast to the ongoing “neo-conservative” restoration in Latin America.
“The doors would be more open to the United States to advance its interests in the region at the expense of Argentina and other countries,” she told the Herald.
The former ambassador, who is currently a professor at the Washington DC-based American university, explained that despite the differences posed by both administrations, the US would continue to follow a foreign policy dominated by its major corporations and industrial-military complex.
“This is why it’s an error to seek salvation or demons in US foreign policy — it is defined by their interests and it is our obligation as Argentines and Latin Americans to defend our own while agreeing to mutual benefitting agreements without sacrificing our identity and necessities,” she said.

@delcarril

jueves, 3 de noviembre de 2016

4 de noviembre: Jornada de movilizaciones en todo el continente por la democracia y contra el neoliberalismo


 

Movilizaciones en todo el continente por la democracia y contra el neoliberalismo

Notas.org.ar

Durante el 4 de noviembre, a once años de la derrota del ALCA, se desarrollará una “Jornada continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo” que tendrá importantes movilizaciones simultáneas en gran cantidad de países de América Latina. En Argentina, la movilización estará enmarcada en un día de lucha a nivel nacional impulsad por la CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma.
La movilización continental es convocada por la Central Sindical de las Américas (CSA), CLOC/Vía Campesina, Jubileo Sur, Amigos de la Tierra y ALBA Movimientos. Se espera la participación del presidente Evo Morales en la movilización que se realizará en Bolivia, mientras que la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, confirmó su asistencia a la convocatoria del PIT-CNT en Montevideo.
Hasta el momento, se han anunciado convocatorias y actividades en Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Cuba, El Salvador, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay.
ALBA Movimientos publicó un comunicado en el que informaron: “La Jornada será un espacio de articulación entre varios movimientos y organizaciones del continente, y tiene el propósito de movilizarnos para la defensa de la democracia, actualmente sometida a una fuerte presión por fuerzas conservadoras, y contra la ofensiva del neoliberalismo, que ha radicalizado su agenda, presionando por ampliar la militarización y los tratados de libre comercio, que profundizan nuestra dependencia y participación marginal en la economía global, socavando nuestros derechos y nuestra soberanía”.

El 4 de noviembre se cumplen once años de la derrota del proyecto del ALCA en la Cumbre de las Américas de 2005, en Mar del Plata, que fue considerada por las organizaciones convocadas como “la mayor victoria contra el neoliberalismo en el mundo”.
Las organizaciones convocan a realizar “actos públicos, manifestaciones, marchas, debates públicos, seminarios, paros” con base en “la lucha contra el libre comercio y las trasnacionales, la profundización de los procesos democráticos y la defensa de las soberanías y la integración desde los pueblos”.
La jornada viene preparándose desde noviembre del 2015, cuando la Confederación Sindical de las Américas (CSA) en alianza con movimientos sociales de todo el continente, conmemoraron el décimo aniversario de la derrota del ALCA en La Habana. Las diversas reuniones y actividades preparatorias que se realizaron desde entonces, como el listado de convocatorias para este nuevo aniversario, pueden verse en el blog Seguimos en lucha.
En Argentina, la convocatoria continental estará contemplada dentro de la jornada nacional de lucha convocada por la CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma anunciada por Hugo Yasky y Pablo Micheli el pasado 20 de octubre.
La movilización en este país estará signada por las exigencias de los sectores sociales y sindicales que vieron atacados el salario y el derecho al trabajo durante el casi un año de gestión del gobierno de Mauricio Macri. En ese marco, la exigencia central será la reapertura de paritarias y el freno a los despidos en el sector público y privado como así también el rechazo al bono de fin de año acordado entre Macri y la CGT.
Las centrales realizarán además un acto en Mar del Plata, donde el ALCA fue derrotado en el 2005. El secretario general de la CTA Autónoma de esa ciudad, Diego Lencinas, dijo que el objetivo de la convocatoria “es poder hacer una marcha que nosotros llamamos ‘Una marcha, todos los reclamos’, donde vamos a poder instalar de cara a la sociedad, en esta concentración la situación del femicidio, sobre todo, en Mar del Plata, donde ha golpeado fuertemente con el caso de Lucía”. Participan de esta convocatoria, además, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular(CTEP), Barrios de Pie, la Corriente Clasista Combativay organizaciones sociales y culturales.
Asimismo, organizaciones sociales de todo el país convocaron para este 4 de noviembre a las 9 de la mañana una concentración en la Ciudad de Buenos Aires, en reclamo por la crisis en la que se encuentran sumidas las economías regionales en el marco de la jornada nacional de protesta de los trabajadores.

"La derrota del ALCA fue una victoria histórica para los pueblos de Nuestra América" (adelanto libro)

La derrota del ALCA fue una victoria histórica para los pueblos de Nuestra América

 

La derrota del ALCA fue una victoria histórica para los pueblos de Nuestra América

 Por Leandro Morgenfeld

Notas.org.ar


Esta semana se publicó el libro El NO al ALCA diez años después. La Cumbre de Mar del Plata y la integración latinoamericana reciente, editado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, con prólogo de Jorge Taiana y textos de Julián Kan (además es el compilador), Luiz Alberto Moniz Bandeira, María Florencia Socoloff, Alberto Justo Soca, Lucila Agustina Rosso, Alfredo López Rita, Franco Agustín Lucietto y Leandro Morgenfeld. A continuación y como adelanto, les dejamos la introducción del capítulo escrito por este último, que analiza la geopolítica de la batalla de Mar del Plata.

***

En 2005 estaba prevista la entrada en vigencia del mayor proyecto estratégico de Estados Unidos para consolidar su hegemonía regional: el ALCA. Sin embargo, fue en Mar del Plata, sede de la IV Cumbre de las Américas, donde esa iniciativa fue enterrada para siempre.
El ALCA respondía a la necesidad de Estados Unidos de ejercer un dominio más acabado. Para lograr consolidar su amplio patio trasero, precisaba avanzar en el viejo proyecto de unión aduanera y, fundamentalmente, obturar cualquier proceso de integración alternativa como el Mercosur o el Pacto Andino. No es casual que el ALCA fuera lanzado en el marco del Consenso de Washington (1989) y cuando Brasil y Argentina, los gigantes del sur, estaban iniciando un proyecto de unión sudamericana. El ascenso de Hugo Chávez en Venezuela, su radicalización política y su insistencia en retomar el viejo proyecto de Bolívar, a partir de la propuesta de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), encendieron una luz de alarma en el gobierno estadounidense. Más aún cuando, en la XV Cumbre Iberoamericana (2005), se anunció la futura incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercosur. Como en los últimos dos siglos, la capacidad de Estados Unidos para establecer un dominio sobre América Latina dependía de que no se constituyera una integración regional independiente y autónoma de los mandatos de la potencia del norte. El ALCA hubiera sido un instrumento fundamental para abortar esa alternativa y para aislar a Venezuela y Cuba, consolidando la dependencia de los países latinoamericanos.
tapa-libro-no-al-alcaEste proyecto respondía también a la necesidad de Estados Unidos y sus capitales más concentrados de competir con los otros bloques económicos y/o políticos. Estados Unidos, con el ALCA, pretendía contrarrestar el proceso de conformación de bloques en Europa y Asia, estableciendo un área donde su hegemonía no se viera desafiada. Por su creciente déficit comercial y fiscal y por su excesivo endeudamiento, Estados Unidos necesitaba revertir ciertas tendencias económicas de los últimos años. Los sectores financieros, los grandes exportadores y las empresas estadounidenses más concentradas pretendían terminar de apropiarse de un área históricamente disputada con Europa, consolidando la supremacía del dólar y frenando el avance de nuevas potencias, como China, que venían posicionándose en la región.
El estancamiento en las negociaciones para establecer este tratado de libre comercio no se explica solamente a partir de las contradicciones entre diferentes grupos de interés al interior de cada uno de los países americanos y de la reticencia de Estados Unidos a recortar sus subsidios agropecuarios, sino también por la creciente oposición política en América Latina: cambio de signo de los gobiernos de distintos países latinoamericanos, sublevaciones populares, creciente movilización anti-ALCA (Foro Social Mundial, Alianza Social Continental, Cumbres de los Pueblos), y surgimiento de un proyecto de integración alternativa, en torno al ALBA, tomado como bandera por los movimientos sociales latinoamericanos. Cuando se estaban dificultando las negociaciones para liberalizar el comercio interamericano, Brasil impulsó la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), luego fue reemplazada por la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).
La derrota definitiva del ALCA se produjo en la IV Cumbre de las Américas, el 4 y 5 de noviembre de 2005. Allí se expresaron, en principio, dos bloques. Por un lado, los países que firmaron la propuesta de declaración apoyada por Estados Unidos, que planteaba avanzar para concretar este acuerdo de libre comercio. Por el otro, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, que se unieron para forzar una declaración final dividida (mientras que 29 países apoyaron la primera, 5 firmaron la segunda). Sin embargo, y pese al intento de diversos actores por presentar la postura de estos cinco países como un sólido bloque antiimperialista que defendía los intereses de las mayorías populares latinoamericanas, en realidad había diferencias entre las posturas de Venezuela y de los por entonces cuatro miembros plenos del Mercosur. Mientras que el país caribeño planteaba la necesidad de una abierta confrontación con Estados Unidos, tanto Brasil como Argentina, al igual que en la Organización Mundial del Comercio (OMC), pretendían en las negociaciones continentales presionar para que Estados Unidos (y a nivel global también Europa y Japón), disminuyeran los subsidios y protecciones a sus productores agropecuarios, logrando así una liberalización más radical del comercio internacional. Si se les exigía la apertura de sus mercados internos, planteaban los representantes brasileros y argentinos, era indispensable que hubiera una contraprestación: que se abrieran los mercados europeos y estadounidenses para las exportaciones -mayoritariamente primarias o agroindustriales- de estos países.
Después del traspié en Mar del Plata, Estados Unidos debió ajustar su estrategia y optó por avanzar con los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales, negociados en forma individual con los gobiernos afines. Quedó como tarea para un nuevo presidente, Obama, intentar reconstruir los lazos con la región. Pero América Latina pareció darse un nuevo objetivo: avanzar en la siempre postergada integración regional, por fuera del mandato y control de Washington.
Sin embargo, acechan hoy nuevos peligros. Avanza la Alianza del Pacífico y el Acuerdo Transpacífico (TPP), un resabio del ALCA impulsado por Estados Unidos y gobiernos aliados, con una impronta neoliberal. Por otra parte, la Unión Europea quiere arribar a un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y encuentra interlocutores en Brasil, Argentina y Uruguay, poniendo en peligro la propia viabilidad del bloque del sur. Asimismo, China negocia acuerdos económicos bilaterales con los países de la región, profundizando un esquema extractivista, que históricamente, ahondó la dependencia regional.

Leandro Morgenfeld* – @leandromorgen

* Docente UBA. Investigador del CONICET. Co-Coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”. Autor de El ALCA: a quién le interesa?, de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com

Morgenfeld: "Hillary Clinton va a tener una política más agresiva contra los países que no se alinean con Washington” (Télam)



Elecciones en Estados Unidos

Analistas debaten sobre la relación con la región si gana Trump o Hillary Clinton

Télam
Un investigador del Conicet y una doctora en Ciencias Políticas opinan sobre las elecciones en Estados Unidos y sus posibles consecuencias.


Analistas debaten sobre la relación con la región si gana Trump o Hillary Clinton

Las elecciones en Estados Unidos despiertan un especial interés por la gran influencia del país del norte en las distintas regiones del planeta y, en particular, en América Latina que viene teniendo un acercamiento en sus relaciones en los últimos años.

Leandro Morgenfeld, investigador del Conicet y autor de los libros “Relaciones peligrosas” y “Vecinos en conflicto”, opina que, teniendo en cuenta sus antecedentes en el Departamento de Estado, Hillary Clinton “va a tener una política más agresiva contra los países que no se alinean con Washington”.

Por su parte, Constanza Mazzina, quién es doctora en Ciencias Políticas e investigadora de la Fundación UADE, asegura que Clinton representaría una continuidad de la gestión de Obama y no buscará tener conflictos con la región, a diferencia de lo que podría generar Donald Trump.

"La obsesión por el libre comercio" (Federico Larsen)

tlc-América-latina

 

La obsesión por el libre comercio 

 
Por Federico Larsen

Nodal


Sólo en octubre, se anunciaron o firmaron media docena de TLC en América Latina
En los últimos meses la mayoría de los países de América Latina se han sumado a la tendencia global de anunciar, cerrar o sondear por Acuerdos Preferenciales de Comercio con otros países o regiones. Los mega-tratados como el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), el pacto comercial entre Canadá y la Unión Europea – conocido como CETA firmado hace pocos días, y el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP entre EEUU y la Unión Europea, a punto de hundirse definitivamente), han dado aún mayor impulso y notoriedad a este nuevo avance del libre comercio a nivel mundial. Y nuestro continente, en plena renovación política en sentido conservador, no se ha quedado atrás.
Solamente en los últimos seis meses, la sigla TLC (Tratado de Libre Comercio) ha aparecido explícita o implícitamente en toda reunión de organismo internacional o encuentro bilateral en que se vieron involucrados los mandatarios latinoamericanos, especialmente los del Mercosur. En primera fila, en ese sentido, estuvo el gobierno uruguayo. En oposición al perfil que el progresismo sudamericano le otorga al gobierno de Tabaré Vázquez, Montevideo cerró en octubre un TLC con Chile -que tiene la particularidad de haber sido negociado “vía Whatsapp”, según confesaron los asesores de ambos cancilleres-, y anunció su interés de hacer lo mismo con México, Colombia, Perú y China. Este último es seguramente el más polémico. En el Mercosur está vigente la Decisión Nº 32/2000 del Consejo Mercado Común (CMC), que obliga a los estados miembros “a negociar en forma conjunta acuerdos comerciales con terceros países o agrupaciones de países extrazona, en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”. Argentina y Brasil, en ese sentido, salieron a pedir cautela, sin descartar una posible negociación del bloque entero con el país asiático. No obstante, el palo en la rueda es Paraguay, único país del bloque que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwan, y que como respuesta al acercamiento chino-uruguayo, declaró su intención de dialogar por un acuerdo de libre comercio con la isla asiática -posibilidad que ya le había sido negada en 2004 por Brasil y Argentina-.
Al mismo tiempo, el Mercosur en su conjunto avanzó en el último mes en las negociaciones de un TLC con la Unión Europea. En septiembre, tras un nuevo encuentro entre las dos delegaciones en Bruselas, la Comisión Europea se declaró confiada en poder cerrar el tratado en 2018, y llamó a duplicar los esfuerzos en la nueva ronda de negociaciones prevista para marzo de 2017 en Buenos Aires. Argentina es justamente el otro país del Mercosur que más relaciones está tejiendo en ese sentido. Mauricio Macri viajó en junio a la Cumbre de los países de la Alianza del Pacífico como forma de acercar al Mercosur hacia una convergencia a futuro en el TPP logrado por los EEUU y del que son parte México, Perú y Chile. La visita de Peña Nieto a Buenos Aires en Julio vino a reforzar esa idea, además de anunciar que México aspira a lograr un TLC con Argentina -y no con el Mercosur, donde Brasil representa quizás un competidor directo más duro para los mexicanos-. Además de convertirse en un fuerte impulsor de la flexibilización del Mercosur, el gobierno argentino anunció hace pocas semanas su intención de negociar un TLC con EEUU. Si bien la canciller Malcorra debió, una vez más, salir a matizar el discurso de los funcionarios de su gobierno, la intención de abrir su economía a las dos principales potencias atlánticas estaba presente en el programa macrista desde el día cero del comienzo de su mandato. Paraguay, además de Taiwan, ya declaró a través de su viceministro de Relaciones Económicas e Integración, la intención de avanzar en acuerdos similares con Chile.
Y afuera del Mercosur las cosas no son muy distintas. Ecuador ya anunció para el 11 de noviembre la firma del TLC que negoció durante años con la Unión Europea, y que también afecta a Perú y Colombia. Los países centroamericanos cerraron en octubre la VII ronda de negociaciones para un TLC con Corea del Sur, y lo mismo hacen hoy Costa Rica y Guatemala por separado. Es decir, el libre comercio ha tenido en las últimas semanas un extraordinario crecimiento.
Los líderes del mundo reunidos en Hangzhou, China, en la cumbre del G20 de principios de septiembre ya lo habían anunciado. El proteccionismo, la cerrazón económica, va a ser el enemigo número uno de los países poderosos a nivel global. En su declaración final definieron a las barreras al comercio internacional como la principal medida para atrofiar el crecimiento de los países y la cooperación económica, en un momento donde la crisis, según ellos, obliga los gobiernos a una mayor apertura. Ahora bien, el problema que subyace a este tipo de acuerdos es justamente la falta de “libertad” a la que someten a los países periféricos y las duras obligaciones a los que los vinculan. Porque los Tratados de Libre Comercio van muchísimo más allá de la esfera comercial.
Hay acuerdo generalizado en sostener que los TLC deben cumplir con una serie de características: reducción o eliminación de los aranceles (o barreras pararancelarias) a la entrada de productos; libertad de competencia; incentivar prestaciones de servicios a las inversiones extranjeras; proteger la propiedad intelectual y determinar un mecanismo consensuado de resolución de controversias. Queda claro que semejante nivel de acuerdo traspasa lo económico para modificar ámbitos jurídicos y, especialmente, políticos. No se trata entonces, como el G20 o la Organización Mundial del Comercio esgrimen, de negociaciones técnicas comerciales que sólo favorecen a los consumidores de los países que suscriben el tratado, sino que también se ponen en juego las relaciones asimétricas de poder. Se trata de negociaciones que incluyen actores diferentes: los representantes estatales, las transnacionales y, en menor medida, los organismos internacionales. Ese es el verdadero triangulo del poder del libre comercio.
Para que las mercancías entren y salgan necesitan de un marco regulatorio claro, tratados de protección de inversiones, seguridad jurídica, es decir modificar la estructura legal de un estado en función de los intereses comerciales de otro, o de una empresa con particular peso en determinada rama de producción. Y si el estado en cuestión tiene menos poder de negociación que su par o, peor aún, que una empresa, es fácil adivinar hacia cuales intereses se abrirá ese estado.
Un ejemplo práctico podría encontrarse en lo que está sucediendo hoy en Argentina con su candidatura para integrar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se trata de un club muy selecto de 34 países -entre los cuales se encuentran Chile y México- que promueven la cooperación económica entre sí y con terceros. Desde agosto de este año el gobierno Macri puso en marcha 21 proyectos que modifican la actuación del ejecutivo en materias como la “transparencia”, la elaboración de estadísticas, los asuntos fiscales, la agricultora, y la ciencia, para cumplir con lo estándares del poderoso grupo de países. La intención de este tipo de organizaciones quedó clara hacia finales de los ’90, cuando la OCDE debió abandonar la negociación por el Acuerdo Multilateral de Inversiones, que pretendía anular la capacidad de los gobiernos estatales para limitar las inversiones extranjeras en los países miembros a partir de la firma de cláusulas comprendidas en este tipo de acuerdos.
Los TLC cumplen una función muy similar. La de adaptar la estructura económico-jurídica de los países en desarrollo a los estándares de países desarrollados y empresas transnacionales. Su aumento en la región, y en particular en el Mercosur, marca el camino de un nuevo patrón de integración, muy similar al de los primeros años del bloque del sur, basado en los acuerdos comerciales. Tampoco es casualidad que justo en esta etapa de reconfiguración del proyecto, los países fundadores hagan un bloque común contra Venezuela, único miembro que rechaza de lleno esta forma de integración comercial al mundo. Ante la falta de un proyecto político-social de integración, y la debilidad de los organismos y espacios existentes, en América Latina avanzamos lentamente hacia la adaptación a la moda del momento: los tratados binacionales y multilaterales de apertura comercial que nos dictan qué cambiar en nuestras pautas políticas y jurídicas.
Es justamente frente a eso que movimientos sociales, sindicatos, organizaciones ambientalistas, pueblos originarios y defensores de DDHH se organizan en cada país del continente y a nivel regional, para intentar poner en discusión esta tendencia a la cual los gobiernos latinoamericanos se están doblegando. El próximo 4 de noviembre se realizará una jornada continental de movilización para denunciar este tipo de mecanismos diplomáticos y políticos y proponer alternativas a la inserción subordinada de nuestros países al mercado global. Y al ver los anuncios que se repiten en nuestro continentes de nuevas exploraciones hacia este tipo de acuerdos, las plataformas ciudadanas generadas para su debate y puesta en cuestionamiento, tendrán una larguísima agenda en los próximos meses.

(*) Periodista y docente, conductor de L’Ombelico del Mondo, en Radionauta FM de La Plata y periodista internacional de Miradas al Sur y Notas, y medios internacionales.