sábado, 3 de noviembre de 2012

Elecciones en EEEUU: ¿Dónde se definen los resultados?

Elecciones en Estados Unidos

Por Benoît Bréville* (Le Monde Diplomatique)

Lejos de ser una disputa a nivel nacional, el escrutinio del próximo 6 de noviembre en Estados Unidos se resolverá en apenas un puñado de Estados: el resto, ya sean bastiones demócratas o republicanos, fueron abandonados por los candidatos.

odas las mañanas, a las 6, Russell Stanton se pone al volante de su camioneta y serpentea por los campos de los alrededores, con la esperanza de encontrar trabajo para el día. Cosechar duraznos, maní, maíz, lo que le pidan. En el calor húmedo de esta tarde de agosto, este hombre de unos cuarenta años sale cada tanto de su habitación climatizada para fumar un cigarrillo en el estacionamiento del motel.

Vive aquí, en Darien, Georgia, hace tres años: “Es más barato que alquilar un departamento. Tiene electricidad, cable, e incluso hay alguien que viene a limpiar la habitación todos los días”, se ríe, mirando a su hermana Jenna, la empleada de limpieza del establecimiento. Instalada con su marido y sus hijos en dos habitaciones contiguas, Jenna solo trabaja una o dos horas por día. “El motel no tiene muchos clientes, sobre todo residentes permanentes. En este momento hay un conductor de camión, su novia y una familia de indios. Mucha gente pasa por la esquina, pero prefieren detenerse al borde de la ruta”. Los candidatos a la Casa Blanca tampoco se toman la molestia de detenerse en Georgia: prefieren ir a Carolina del Norte o a Florida, donde se definirán los resultados de las próximas elecciones presidenciales.

Situado a pocos kilómetros de la Interestatal 95 que bordea la costa atlántica desde Florida hasta Canadá, este pueblo del sur de Estados Unidos, de apariencia pacífica, no tiene nada de destino turístico: apenas un amplio bulevar, una multitud de calles perpendiculares, estaciones de servicio, almacenes sin frutas ni verduras y, sobre todo, un sinnúmero de casas en venta. De las 1.090 viviendas que hay en el municipio, 292 están vacías. Sus 2.000 habitantes, que ya habían sido afectados por la crisis de la industria textil, ahora se llevaron la peor parte de la crisis de las subprime. En el condado de McIntosh, la tasa de desempleo supera el 10% y el ingreso anual promedio cayó 4.000 dólares entre 2007 y 2009, pasando de 25.739 a 21.771 dólares, antes de recuperarse ligeramente.
Los hermanos Stanton aterrizaron en el Fort King George Motel cuando les embargaron la casa familiar. “Vivía haciendo trabajos ocasionales, y mi madre debió dejar de trabajar. Las letras de cambio se volvieron demasiado caras, así que tuvimos que irnos. Me fui a Texas por un año para probar suerte y luego volví aquí”, dice el hermano mayor. Jenna y su pareja trataron de alquilar un departamento, pero enseguida se les hizo imposible pagar el alquiler y se mudaron al motel. La joven conserva un amargo recuerdo de este período: “En cuatro años, Obama no hizo nada por nosotros. Yo, que soy pobre, estoy a favor de los republicanos, porque a los demócratas no les importan los blancos pobres como yo”.

Hacia el final del mandato de Barack Obama, la polarización racial de la vida política es tan fuerte como siempre, especialmente en el sur. “Volvimos a la situación de hace cuarenta años, cuando solo los negros podían representar a los votantes negros, y los blancos a los votantes blancos” (1), opina Eric Mansfield, senador republicano de Carolina del Sur.

Por su parte, Louisiana, Alabama y Mississippi ya aplican esa regla al pie de la letra: sus representantes en el Congreso son o bien demócratas negros o bien republicanos blancos; el último demócrata blanco de Georgia podría perder su escaño en las elecciones legislativas de noviembre. “No es bueno para ninguna de las dos partes –se lamenta el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham–. Los republicanos tienen que entender que podemos seducir a nuestros votantes con candidatos surgidos de las minorías (…). Y los demócratas tienen que entender que el Partido Demócrata no puede perder el 75% del voto blanco” (2).

Para la derecha, esta división es consecuencia de las posiciones laxas de sus adversarios respecto de temas como el aborto o el matrimonio homosexual. “Hace unos años, muchos blancos todavía votaban por el Partido Demócrata. Pero el partido giró tanto hacia la izquierda que finalmente se sumaron al lado conservador”, explica Kevin Bennett, ingeniero retirado y militante republicano de Alabama.

Por su parte, los partidarios de Obama le echan la culpa a la redistribución de los distritos electorales que llevaron a cabo los gobernadores republicanos desde 2010: “Agrupan a los negros en un número limitado de distritos para dispersarlos mejor en los otros”, afirma Billy Mitchell, representante demócrata –negro– en la cámara baja de Georgia. En Carolina del Norte, por ejemplo, la mitad de los 2,2 millones de afroamericanos hoy se concentran en un quinto de los distritos electorales. En Texas, la proporción de blancos en la población total pasó del 52% al 45% entre 2000 y 2010; sin embargo, gracias a una astuta redistribución electoral, son mayoría en el 70% de los distritos del Congreso.


Una campaña demasiado discreta


En Darien, donde los negros son apenas menos numerosos que los blancos (44,2% contra 52,9%), la batalla será reñida. Sobre todo porque Stanton tiene la intención de engañar las estadísticas: “Voy a votar por Obama. Como no tengo hijos, no tengo derecho a Medicaid [el programa de asistencia para los pobres]. Si gana, quizás pueda tener un seguro de salud…”. Viniendo de un hombre que dice “adorar” al periodista de ultraderecha Rush Limbaugh “porque hace las preguntas correctas”, la afirmación puede parecer sorprendente. En cualquier caso, hace sonreír a su hermana: “Yo ya te lo dije la última vez [en 2008], pero seguís sin seguro”.

A pesar de las convicciones que muestran, los Stanton no están tan seguros de ir a votar el 6 de noviembre: todavía no se han inscripto en el padrón electoral, no saben la fecha del escrutinio ni el nombre del candidato republicano… Y la verdad es que ni aunque hubieran leído el Tribune & Georgian podrían haberlo aprendido. El día siguiente a la designación oficial de Willard Mitt Romney, el periódico local no dedicó ni una línea al acontecimiento; en cambio, prefirió hablar de una mujer de 59 años que fue detenida borracha en una calle en Woodbine, o de un treintañero sorprendido por la policía con una botella de cerveza abierta en la mano, caminando por las calles de St. Mary’s.

En esta pequeña ciudad, al igual que en el resto de Georgia, la campaña presidencial es particularmente discreta: no hay anuncios políticos en televisión, ni visitas puerta a puerta de militantes ni mítines de candidatos. Mientras que en muchos condados las pancartas electorales de los candidatos a sheriffs invaden las calles, las caras de Obama y Romney están ausentes del espacio público.

Y Georgia no es el único Estado del país ignorado por los aspirantes a la Casa Blanca. Desde junio de 2012, Romney y su compañero de fórmula, Paul Ryan, no han ido ni una sola vez a Maryland, Connecticut, Nebraska, Kansas, Maine ni Vermont, entre otros. Obama y Joseph Biden, por su parte, han evitado Arizona, Nuevo México, Oklahoma, Misisipi, Alabama, Montana, Idaho… “El Presidente solo viene a Georgia a recaudar fondos –dice Mitchell, un poco tímidamente–. Hacer campaña aquí no sirve para nada, porque es casi seguro que pierden. Entonces se les pide a los militantes que viajen a Carolina del Norte o a Florida, para ir puerta a puerta y organizar actos. También prescinden de las llamadas telefónicas en cualquier lugar de Estados Unidos”.

La misma historia se escucha en Carolina del Sur, donde Melissa Watson, profesora negra, miembro del Partido Demócrata, precisa: “El Presidente tiene recursos limitados. Mil millones de dólares es mucho dinero, pero sigue siendo una suma finita. Y sabemos que las posibilidades de ganar Carolina del Sur son muy escasas. (…) Él optó por concentrar su campaña en aquellos lugares donde la competencia es feroz. Sólo hay diez u once Estados realmente disputados”.


Un sistema de dos velocidades


Estos Estados son Ohio –visitado 21 veces por el dúo demócrata (y 22 por el tándem republicano)–, Iowa (respectivamente, 17 y 13), Florida, Carolina del Norte, Nevada… En estos lugares se difundió la casi totalidad de los 605.996 spots que contrataron los candidatos (o los grupos que los apoyan) entre el 10 de abril y el 4 de septiembre de 2012, para deleite de los dueños de la televisión: en un año, el precio de la publicidad de treinta segundos aumentó un 44% en Charlotte y un 34% en Las Vegas (3).

Al tiempo que favorece el bipartidismo, el modelo estadounidense de escrutinio (sufragio indirecto en una sola vuelta) produjo un sistema electoral de dos velocidades, donde un voto no tiene el mismo valor si se expresa en un “Estado seguro” (un safe state, o estado con alguno de los dos partidos asegurados) o en un “Estado oscilante” (o swing state, que navega de un bando al otro en cada elección y hace foco en los candidatos). El sur de Estados Unidos perteneció durante mucho tiempo a la primera categoría. Bastión demócrata durante casi un siglo (4), se pasó al bando republicano en la década de los setenta: antes de Obama, sólo Jimmy Carter y Bill Clinton –demócratas pero originarios del Sur– habían logrado imponerse en los Estados que alguna vez pertenecieron a la Confederación.

¿Cuál es la razón por la que, desde 2008, los demócratas decidieron hacer campaña en Carolina del Norte y no en Carolina del Sur, cuando ambos Estados parecen estar unidos por un destino electoral común? La respuesta está en el espacio: los nuevos barrios de Carolina del Norte, construidos hace diez o veinte años, contrastan con el paisaje rural de Carolina del Sur, que sigue viviendo –bastante mal– de sus industrias tradicionales (textil, automotriz, química) y del agro (tabaco, aves). En el “barrio” Old Stone Crossing, al este de Charlotte (Carolina del Norte), ni las calles deliberadamente sinuosas ni las “viejas piedras” de las casas logran enmascarar la moderna ostentación del lugar.

Este loteo, que surgió en medio de campos abandonados, carreteras y zonas comerciales, y que está unido al centro por un laberinto de autopistas, caminos de tierra y calles desiertas, apenas está iluminado por la noche: no ofrece ninguna tienda, ningún lugar público. Docenas de “barrios” de este tipo –Hampshire Hills, Highland Creek, Beverly Crest, McAlpine Woods, etc.–, más o menos ricos, han sido casi siempre creados ex nihilo. “Carolina del Norte es un campo de maíz cubierto por barrios”, explica un habitante de la región.

Durante la convención demócrata, que tuvo lugar precisamente en Charlotte a principios de septiembre, el ex gobernador Jim Hunt quiso mostrarse más positivo cuando habló de la evolución de su Estado: “Ustedes ya vieron los rascacielos y todo lo que Charlotte tiene para ofrecer –anunció a la multitud–. Tal vez sus hijos se hayan anotado en alguna de nuestras universidades. Estamos orgullosos porque todo eso lo hicimos nosotros en Carolina del Norte. Hace cincuenta años, era un Estado pobre, rural, segregado. Pero tuvimos un gobernador llamado Terry Sanford [1961-1965] (…). Él trabajó con los empresarios, los políticos y los docentes. El resultado es la economía floreciente y altamente calificada que hoy pueden ver aquí”.

En efecto, Carolina del Norte tiene 3 de las 30 mejores universidades estadounidenses, y alberga a 14 de las 500 empresas más importantes del país. Con este impulso, su población se duplicó desde 1990. Y fue esa explosión demográfica lo que llevó a Obama a tratar de disputarles este Estado a los republicanos: movilizados por un ejército de voluntarios, los recién llegados –muchos estudiantes, jóvenes, trabajadores calificados, minorías– votaron masivamente por él; así fue como en 2008 superó por muy poco a su rival, John McCain, apoyado por los blancos poco instruidos y la población rural. A nivel local, el contraste fue impresionante. En el condado de Mecklenburg, que alberga la vibrante ciudad de Charlotte y tiene apenas un 51% de blancos (sin incluir a hispanos), los ciudadanos votaron en un 62% por Obama; en el condado vecino de Gaston (75% de blancos e ingreso familiar promedio un 20% más bajo), apoyaron a John McCain en las mismas proporciones.


Fervor religioso en el Sur


Georgia –igual que Alabama, Carolina del Sur, Misisipi o Arkansas– es más parecida a Gaston que a Mecklenburg: los demócratas tienen pocas chances de imponerse allí. “Salvo por la ciudad de Atlanta, este es un Estado pobre, rural, religioso –analiza Mitchell para explicar las repetidas derrotas de su partido–. La gente es muy conservadora. Somos el corazón del ‘Bible Belt’ [‘cinturón bíblico’]”. El nombre es acertado: solo en Georgia, con sus diez millones de habitantes, hay un total de 12.292 iglesias (y 3,3 millones de miembros activos). Metodistas, bautistas, presbiterianos, pentecostales, episcopales: el visitante que recorra los pueblos del Estado posiblemente no vea un edificio público, pero sin duda se cruzará con decenas de edificios religiosos. Solo en Darien hay una docena. La mayoría de estas iglesias luchan contra el “pecado” –aborto, anticoncepción, homosexualidad, juegos de azar–, pero además desempeñan un papel importante en la vida social: reparten alimentos entre los pobres, cuidan a los ancianos, garantizan el apoyo escolar para niños, etc. Todo a precios bajos, gracias a la labor de los voluntarios y el dinero que donan los feligreses.

En el Sur, al fervor religioso a veces se le une la hostilidad contra el Estado. Y esa hostilidad se entrelaza con la política: predomina la idea de que las estructuras de caridad son más aptas que los poderes públicos para resolver los problemas sociales. “Para resolver los problemas sociales, es más eficaz el sector privado: hay un montón de gente tratando de aportar múltiples soluciones, y la mejor gana. Por definición, el Estado no puede actuar así: en cambio, diseña una estrategia única que luego impone a todos. (…) Nunca hubo tantos pobres en Estados Unidos como desde el comienzo de la ‘guerra contra la pobreza’ del presidente Johnson (7). Es claro que esa solución no funciona. ¡No podemos seguir aumentando el gasto público! (…) Como conservador, pienso que la Iglesia debe tener un papel preponderante en materia de ayuda social. La Iglesia puede acercarse a la persona necesitada, comprender sus necesidades, crear una interacción entre los que ayudan y los que son ayudados: les da responsabilidad a los individuos”, explica Matt Arnolds, delegado republicano de Carolina del Norte en la convención de Tampa.

A pocos metros de distancia, de traje azul marino, corbata roja y sonrisa fija, el diputado de la Cámara de Representantes de Georgia, Ed Rynders, es también un gran creyente en la idea de responsabilizar a los pobres. Explota cuando escucha las palabras “recibir asistencia social”: “¡Dependen de una asistencia social!”, insiste entonces, y luego repite el acostumbrado discurso sobre el pescado y la caña de pescar –más vale aprender a pescar que esperar que alguien te dé pescado todos los días– para justificar los beneficios de la caridad. “La única obligación moral del Estado es cuidar de aquellos que no pueden alimentarse por sus propios medios: los discapacitados, los enfermos mentales, los niños muy pequeños y los adultos muy viejos”. Al ayudar a los otros –los que “son responsables de sus acciones”–, el Estado “los empuja a no trabajar”: “La iglesia, la comunidad y los organismos de beneficencia son los que deben ocuparse”, concluye.

A ocho kilómetros del barrio de negocios de Tampa, Florida, encajada entre una estación de servicio y un mercadito, la First Church of God del barrio Downtown Tampa, una de las más pobres de la ciudad, vive la caridad a diario. Todos los miércoles, el pastor Larry Mobley y Linda Burcham, una feligresa muy activa, organizan la distribución de paquetes de alimentos. Este servicio funciona como una administración pública: entre las 11 y las 15, cientos de personas –negros, blancos, hispanos, jóvenes, viejos– retiran un ticket, llenan un formulario (nombre, dirección, número de personas en el hogar) y esperan en una sala moderna y climatizada, a veces varias horas. Cuando todos los paquetes se han distribuido, los que llegan tarde se van con las manos vacías. Los otros se habrán llevado a casa un jugo de fruta en cartón, pasteles, tomates, salchichas, pan: el fruto de la colecta semanal de diez voluntarios que, gracias a las donaciones de los miembros de la iglesia, compran en la tienda de la esquina productos vencidos a precios irrisorios.

Liana Kelley es habitué. Después de una vida cuidando a sus hijos, esta inmigrante cubana de 63 años se divorció de su marido, natural de Irlanda, hace tres años. Al encontrarse sin dinero, se trasladó a Downtown Tampa. “La asistencia social que recibía [377 dólares por mes] apenas me alcanzaba para pagar el alquiler, la electricidad y la televisión por cable –dice–. Así que me iba a la casa de empeños del barrio y vendía mis joyas y objetos de valor. Después de un tiempo, me ofrecieron trabajo.” Desde hace dieciocho meses, bajo el calor agobiante de Florida, la señora Kelley permanece de pie en la vereda del Busch Boulevard, con los brazos cubiertos por un paño para evitar las quemaduras del sol, agitando un cartel a la vista de los automovilistas: “Cash for Gold” (“Dólares por Oro”). Este trabajo de cartel humano le deja siete dólares por hora. “Me llaman cuando me necesitan y yo vengo. El problema es que a veces cae justo durante la distribución de alimentos. Entonces trabajo durante tres horas para ganar 21 dólares, pero me pierdo una caja que vale el doble”.

El próximo 6 de noviembre, la señora Kelley, aunque es cubana, votará por Obama. Quizás oyó al candidato republicano decir que ella y los millones de personas de su condición eran “demasiado dependientes” del Estado como para no votar a un demócrata.


1. Citado en Ari Berman, “How the GOP is resegregating the South”, The Nation, Nueva York, 31-1-12. En Estados Unidos, el censo de población obliga a los ciudadanos a manifestar su “raza” según categorías que pueden variar de un censo a otro. En 2010, los “negros” o “afroamericanos” designaban a “personas que tienen orígenes en uno o más grupos raciales negros de África” y los “blancos” –divididos entre blancos y blancos no hispanos– designaban a “personas cuyo origen está en los pueblos autóctonos de Europa, Medio Oriente o África del Norte”.
2. Citado por Jonathan Martin, “Obama’s problems in the South”, Politico, Washington, 2-8-12.
3. Amy Scatz y Suzanne Vranica “Swing-state stations are election winners”, The Wall Street Journal, 9-9-12.
4. Con algunas excepciones notables: los candidatos republicanos Hayes (1876), Harding (1920) y especialmente Hoover (1928), por ejemplo, los lograron ganar varios Estados del sur.

* De la redacción de Le Monde diplomatique, París. Enviado especial.

Jornadas: "El antiimperialismo en América Latina. Ideas, debates, problemas"






Universidad Nacional de San Martín
Escuela de Humanidades
Centro de Estudios Latinoamericanos (CEL)
Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Departamento de Historia

Invitan

Antiimperialismo en CEL

Una jornada para dar a conocer y poner en relación los avances de las investigaciones de estudiantes de posgrado y jóvenes investigadores que se encuentran trabajando sobre distintos aspectos del antiimperialismo latinoamericano.

Descargar Programa [Link]

5 de noviembre
17 a 21 hs.
Centro Cultural de la
Cooperación Floreal Gorini
Av. Corrientes 1543, Laks, 3er piso C.A.B.A.
Informes e Inscripción: cel@unsam.edu.ar
 

Fondos buitre amenazan ahora al buque Espora, en Ciudad del Cabo

Admiten que la corbeta Espora está en riesgo de un embargo

Por Natasha Niebieskikwiat (Clarín)

Lo aseguró la canciller sudafricana ante la prensa y junto a Timerman. El buque de guerra debió anclar en Ciudad del Cabo por una avería. Lo amenaza el mismo fondo buitre de la Fragata Libertad.
 

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El canciller no lo desconocía porque además hace semanas que hay avisos de ello. De hecho, en su visita a su par sudafricana, tenía en la agenda los fondos buitre y pedir ayuda diplomática que involucre a Pretoria y a otros países de la Organización Africana para que se libere la Fragata Libertad, retenida en Ghana. Además, el Gobierno apuesta a una difícil jugada: incluir esta denuncia y la de la militarización del Atlántico Sur por parte de Gran Bretaña en la zona de Malvinas, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde desde enero y por dos años ocupará una banca no permanente junto a aliados como Sudáfrica. Pero todos estos hechos previstos no impidieron que los dichos de la ministra de Asuntos Exteriores de Sudáfrica, Maite Nkoana-Mashabane, cayeran como una bomba.
En una rueda de prensa –en la funcionaria contestó preguntas–, confirmó que la corbeta Espora, varada en Ciudad del Cabo desde el 10 de octubre por una presunta avería, estaba en riesgo de ser embargada por el fondo de inversión NML . El mismo que logró la retención de la Fragata Libertad en el puerto de Tema, en Ghana. “Estamos al corriente. El Ministerio de Defensa ha sido informado y se le está dando la necesaria atención”, afirmó la ministra sudafricana ante los periodistas y junto con su homólogo argentino, Timerman. Como el equipo de prensa que viajó con el ministro a Pretoria asegura que no funcionan como vocero, nadie de la delegación argentina pudo responder a Clarín porqué sería el Ministerio de Defensa sudafricano el encargado de la Espora y no la Justicia de ese país, donde NML presentó su demanda.
Desde la semana pasada se sabe que el fondo de inversión ya contrató uno de los mejores equipos de abogados en Sudáfrica para emprender acciones legales que conduzcan a la retención de la Espora, que es sí o sí un buque de guerra que estaba actuando allí como tal. En el caso de la Fragata hay quienes sostienen márgenes difusos porque el buque es escuela, no va militarizado y se utiliza para otros propósitos al menos en este viaje que desembocó en su desventura.
Dos fuentes diplomáticas confiaron a Clarín que el fondo de Elliot Management, pertenenciente a uno de los principales sponsors de la campaña presidencial republicana, presentó pedidos de embargo contra los buques argentinos en varios países, y que el riesgo es múltiple . Para colmo, y debido a tensiones que mantiene la Argentina con ex aliados, no puede pedir demasiada ayuda. Por ejemplo, a España, que tiene una embajada de las más grandes en Ghana, donde operan el Santander y Repsol, a la que le fue confiscada YPF. Tampoco hay confianza con los países de la Unión Europea, críticos por la expropiación de la petrolera y también entre los que reclaman que el país pague sus deudas con el Club de París. Europa, además, presentó quejas ante la OMC por las trabas comerciales.
Timerman blanqueó hace una semana algunos datos que le reclamó ayer la oposición. Informó que el NML tuvo 28 intentos frustrados de embargos a bienes del Estado.
Por otro lado, la Fragata Libertad entra en una nueva etapa. El lunes el juez Richard Agyei Frimpong decidirá si concede a las autoridades portuarias un pedido para que la muevan del lugar que ocupa desde el 1° de octubre en el puerto de Tema, donde dijeron “molesta”. Y el viernes 9 el Gobierno debe defenderse y contestar al magistrado si paga o no fianza para liberarla (Ver a parte). Es la segunda audiencia desde que Frimpong hizo lugar al pedido de NML. En Buenos Aires los mensajes fueron claros. Desde la presidenta Cristina de Kirchner hasta su ministro de Economía, Hernán Lorenzino, y su vicepresidente, Amado Boudou. Ambos funcionarios sostuvieron que no les pagarán a los fondos buitre.
Entre tanto, los marinos de la Fragata que volvieron al país, deberán reincorporarse de sus licencias esta semana. Decenas de ellos deberían hacer el relevo en diciembre de quienes quedaron en Tema.

Reseña de Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica


Le Monde Diplomatique, N. 161, Noviembre 2012


Reseñamos
Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica, de Telma Luzzani (Buenos Aires, Editorial Debate, septiembre 2012)




"Cuando diversos analistas dan por cierta la inevitable declinación estadounidense frente al ascenso chino o la novedosa integración latinoamericana fuera de la órbita de Washington, Luzzani se ocupa de demostrar que el poder del Pentágono en la región sigue intacto. Con nuevas modalidades, Estados Unidos asienta su poder militar y geopolítico gracias a una extensa red de bases. (...)"


La invariable política exterior de EEUU hacia América Latina

La invariable política exterior de EE.UU. hacia América Latina

Por Hugo Moldiz (Telesur)
 
Nuestra América –aquella que de nuevo recorre los senderos de la emancipación- tiene más de una razón para mantenerse alerta ante la previsible y esperada continuidad de la contraofensiva de Estados Unidos, independientemente de quien gane las elecciones presidenciales en ese país el 6 de noviembre próximo.
El último debate presidencial entre el demócrata Barak Obama y el republicano Mitt Romney, del lunes 22, confirmó, a pesar de la diferencia de tonos entre ambos candidatos, que no habrá mayor variación de la política exterior de los Estados Unidos hacia el Oriente Próximo y América Latina.
La llamada de atención de Romney a Obama por su predisposición al diálogo con “las peores figuras del mundo” como el presidente Hugo Chávez, Fidel Castro y otros, en realidad está destinada a captar y/o consolidar el voto latino radicalmente anti-izquierdista que se concentra en algunos estados de ese país, particularmente en Miami, donde la mafia cubano-americana tiene virtualmente secuestrados a los políticos estadounidenses en función de una política que ha fracasado: el bloqueo a Cuba.
Contrastando el lenguaje belicoso y agresivo del candidato republicano con las palabras más moderadas del demócrata que lleva una pequeña ventaja nada irreversible en su campaña por la reelección, pero además colocando en el balance de situación las acciones u omisiones de Obama desde enero de 2009, la conclusión no puede ser menos que afirmar que la política exterior estadounidense seguirá siendo una amenaza real para los gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe.
El criterio de que un Obama reelecto se juegue en su último mandato por cumplir con sus propuestas de hace cuatro años, como el cierre de la base militar en Guantánamo, la flexibilización del bloqueo contra Cuba, un reencuentro con América Latina (reiterado incluso en la V Cumbre de las Américas en Trinidad Tobago de abril de 2009) y otros, hay que tomarlo con beneficio de inventario, pero al mismo tiempo asignarle una mínima posibilidad de materialización por la historia de los Estados Unidos en su relación de dominio/subordinación con los países de esta parte del mundo.
En los Estados Unidos hay una larga tradición de hacer política interna sobre la base de la “seguridad nacional”. La cultura política estadounidense se basa en el temor y la ignorancia de la inmensa mayoría de su población. A eso hay que añadir el creciente peso que tienen el Pentágono y los servicios secretos estadounidenses en la configuración de la política exterior y en la adopción de medidas de largo aliento. Para muestra un botón: hace pocos días se conoció, por medio del ex embajador del Reino Unido en Uzbekistan, Craig Muray, que el fondo de 87 millones de dólares constituido por la CIA para desestabilizar al presidente ecuatoriano Rafael Correa e impedir su reelección en febrero de 2013, se ha sido triplicado luego que el presidente venezolano Hugo Chávez saliera victorioso en las elecciones del domingo 7 de octubre.
El conocimiento de esa información no es una sorpresa, pues es sabido que Estados Unidos destina millones de dólares para sus campañas de subversión contra Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, en las que los medios de comunicación juegan un papel importante para construir matrices de opinión contrarias a los procesos políticos que viven esos países y sus líderes.
Entonces, valga ese dicho popular de que no todo es lo que parece. La mayor parte de las transnacionales de la información han señalado que América Latina apenas estuvo presente en el tercer debate presidencial e incluso la CNN ha enfatizado que “estuvo ausente”. Pero que los dos candidatos no hayan concentrado su intervención en esta parte del mundo, no quiere decir que no se tenga pensado mantener las medidas vigentes y adoptar otras en defensa de la seguridad interna de los Estados Unidos. Las acciones dicen más que las palabras.
Si bien la construcción de enemigos viejos y nuevos forma parte de la teoría y práctica de los dos únicos partidos reconocidos por el sistema electoral estadounidense, la tendencia se ha agravado en los últimos años debido a las serias dificultades que tienen los políticos estadounidenses para conquistar a una población agobiada en su mayoría por la combinación de la crisis mundial capitalista y la crisis específica de los Estados Unidos.
Por lo tanto, es muy claro que para los políticos y autoridades estadounidenses la recuperación de su hegemonía en la América Latina de hoy - laboratorio de luchas por la emancipación-, es una imperiosa necesidad y pasa por revertir la creciente tendencia latinoamericanista que está contagiado –al impulso de los países miembros del ALBA- a gobiernos progresistas y de derecha que buscan construir un espacio de mayor autonomía ante los Estados Unidos.
La creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que no hubiera sido posible durante más de dos décadas de neoliberalismo, representa un espacio político mucho más rico de lo que es la Organización de Estados Americanos (OEA), bastante desprestigiada por su papel funcional a los Estados Unidos, para pensar en otras maneras de integración comercial y económica. Ni hablar del aporte de UNASUR y MERCOSUR en su favorable papel de apoyo a la latinoamericanización.
Es bastante lo que ha perdido Estados Unidos en América Latina. Políticamente ha tenido que enfrentar una creciente ola contestaría de pueblos y gobiernos que le dicen cosas que nunca antes solía oírse. Una de ellas, la advertencia –formulada en Cartagena de Indias en abril de este año- de que no habrá otra Cumbre de las Américas si Cuba no está presente. Económicamente, el incremento de las relaciones comerciales intra-regionales y la apertura de otros mercados, como la China, cuya demanda de materias primas no cesa de aumentar, ha disminuido relativamente el peso específico de EE.UU. en el continente.
La necesidad de recuperar el espacio perdido conduce a la burguesía imperial a cerrar filas ante los que consideran sus enemigos principales. Ahí pueden variar los tonos e intensidades, pero no cambian los objetivos. No importa cuál sea el discurso empleado por republicanos y demócratas, el fondo es el mismo. Para Obama, “EE.UU. permanece como la nación indispensable”, para Romney “Latinoamérica es una oportunidad” y, apelando a la Doctrina Monroe que nunca dejaron de aplicar sostuvo: “nuestra misión en el mundo es hacer un planeta pacífico… Ese papel le cayó a América… no lo pedimos… América tiene una responsabilidad y un privilegio de defender la libertad y los principios fundamentales”.
¿Qué es lo que se anuncia entonces?
No hay que profundizar mucho para saber que, por ejemplo, Estados Unidos le seguirá dando las espaldas al mundo y al sentimiento latinoamericano en la demanda del cese inmediato del criminal bloqueo contra Cuba. Prisioneros de la mafia cubano-americana, pero además convencidos del credo religioso –bastante fuerte en esa sociedad conservadora- de que Puerto Rico y Cuba les pertenece, según se tradujo con claridad en el Destino Manifiesto redactado en la primera mitad del siglo XIX, es poco probable que la clase dominante estadounidense vaya a levantar esa criminal medida por su sola voluntad política, así la Casa Blanca siga habitada por el demócrata Obama. De hecho, el 13 de noviembre se da por descontado que Cuba reciba, por vigésima primera vez consecutiva el inmenso apoyo en las Naciones Unidas a su resolución que condena el bloqueo y pide su inmediato levantamiento.
Pero al viejo enemigo, que ha aportado autoridad política y moral al mantener invariable su conquistada soberanía y dignidad nacionales, se le suman los nuevos enemigos del siglo XXI. Las revoluciones venezolana, boliviana y ecuatoriana, a las que se añade la re-emergencia de la nicaragüense, concentran la atención de los estrategas del Pentágono, que virtualmente también tienen secuestrado al Departamento de Estado desde la década de los 80, sin que eso signifique que los titulares de la Casa Blanca sean unos angelitos.
La guerra permanente contra Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega se va a mantener. Es más, la crítica de Obama a Romney por tener una política exterior de los años 80, hay que llenarla del contenido que el candidato demócrata no se atrevió a hacer ante las pantallas de televisión, en parte porque esa política no ha sufrido la mayor variación estructural en el período de su administración.
El hilo conductor de esa política es la estrategia de la guerra de baja intensidad para América Latina, concebida por Reagan en los 80 y resignificada después por Clinton, los Bush y Obama a través del Plan Colombia, la Iniciativa Regional Andina, la Iniciativa Mérida y desde hace poco la Alianza Pacífico. Esto significa la combinación de medidas políticas, económicas, ideológico-culturales y militares conducentes a “revertir” los procesos revolucionarios haya donde hubiesen triunfado o a evitar la expansión de su ejemplo en otros países donde el poder político de las clases dominantes aliadas a Washington esté en peligro de ser conquistado por los nuevos enemigos.
Por eso no es un desliz la afirmación del candidato republicano de que Rusia es el principal enemigo de Estados Unidos o que hay que apostar por América Latina como una alternativa a China.
En realidad, ese punto de vista más que una confusión respecto del ex país socialista y de ser un halago para Latinoamérica, es el preaviso de la profundización de una estrategia que ya está en marcha en plena administración demócrata.
Parte sustantiva de esa estrategia es la llamada “Guerra Internacional contra las Drogas” que no solo que ha fracasado por su énfasis represivo en los países productores de coca y la tolerancia en los países consumidores, sino que ha servido en la mayor de las veces como pretexto de intervención política y militar de los Estados Unidos.
Obviamente de ese tema ambos candidatos prefirieron no opinar, lo que equivale a decir que existe una plena coincidencia de que esa concepción antidrogas seguirá vigente, a pesar de que un informe emitido por expresidentes de varios países de América Latina afectados por este flagelo (Bolivia, Colombia, Perú y México) y otros especialistas concluye, luego de un largo balance, que esa estrategia de cuatro décadas ha fracasado.
Vayamos por partes. Para los políticos estadounidenses la férrea oposición rusa y china a intervenir en Siria e Irán es algo que obstruye sus planes de recolonización de parte del África y Asia, pero además que configura un escenario geopolítico que no se esperaban a más de dos décadas del derrumbe de un mundo bipolar.
Por lo tanto, hay que ver América Latina, bastante rica en yacimientos hidrocarburíferos, mineralógicos y gasíferos, así como de reservorios de agua dulce, oxígeno y biodiversidad, como un territorio atractivo para un capitalismo estadounidense en crisis. Pero no solo para EE.UU. El capitalismo central requiere retornar, bajo el liderazgo de EE.UU., a ciertas formas de acumulación originaria (recursos extra-económicos de acumulación de capital) para encontrar una salida a la crisis multidimensional que no ha podido ser resuelta a pesar de los encuentros del G-20 en Londres, Seúl y Cannes.
Pero lo que se opone entre esos recursos naturales que Estados Unidos ve como suyos y los planes de demócratas o republicanos, son pueblos y gobiernos que en más de doce años han construido soberanías, dignidades y un tejido de voluntades con múltiples perspectivas emancipadoras.
Por tanto, como varias veces se ha señalado, América Latina es escenario de disputa intensa entre una tendencia emancipadora –la tercera desde la invasión europea- y la dominación, cuyas formas solo han cambiado de ropaje.

viernes, 2 de noviembre de 2012

"Argentina y Estados Unidos. Vicisitudes de una relación"

Le Monde Diplomatique, N. 161, Noviembre 2012

Dossier Elecciones: "Cambiará Estados Unidos?"

Las turbulencias a las que se encuentra sometida desde hace años la relación bilateral parecieron menguar tras la reelección de Cristina Kirchner. Sin embargo, no tardaron en reaparecer las diferencias económicas, políticas e ideológicas. Argentina y Estados Unidos
 
"Argentina y Estados Unidos. Vicisitudes de una relación", 
por Leandro Morgenfeld

Las expectativas que generó en la Casa Rosada la llegada al poder de Barack Obama en Estados Unidos, en enero de 2009, se diluyeron rápidamente: Washington amparó el golpe militar que depuso al presidente hondureño Manuel Zelaya, no cerró la cárcel en Guantánamo, mantuvo la IV Flota del Comando Sur en el Caribe, y aumentó la presencia militar en la región.



Obama es chavista? castrista? guevarista?

En la recta final, Romney vincula a Obama con Chávez, Fidel y el Che Guevara

La Nación
El republicano atacó a su rival en un video oficial en castellano; apunta a captar el decisivo voto hispano.
WASHINGTON.- En el marco de la desesperada batalla por el voto latino y los estados indecisos, el candidato republicano Mitt Romney lanzó su estocada final contra su rival demócrata. Su último y más sonado aviso para los hispanos asocia desvergonzadamente a Barack Obama con el presidente venezolano Hugo Chávez, con el líder cubano Fidel Castro y hasta con el Che Guevara.
"¿Quiénes apoyan a Barack Obama?", pregunta en español una voz femenina, mientras en apenas 30 segundos se suceden imágenes del mandatario venezolano y de la sexóloga cubana, sobrina de Fidel Castro, diciendo ambos que votarían por el mandatario demócrata.
"Y para colmo, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de Obama envió correos electrónicos para el mes de la hispanidad con la foto del Che Guevara", agrega el comercial en referencia a un polémico e-mail distribuido entre personal de la EPA en septiembre.
El anuncio de Romney fue publicado ayer en el sitio web oficial de la campaña republicana, aunque se viene emitiendo en el estado de Florida desde hace ya varios días.
No es la primera vez que Romney usa los nombres de Castro y Chávez en sus mensajes hacia el voto hispano. Ya a mediados de septiembre, en una entrevista con la cadena hispana Telemundo, afirmó que de llegar a la Casa Blanca se asegurará de que el "modelo Castro-Chávez" no se extienda por el resto de América Latina.
Cuando resta menos de una semana para la cita en las urnas, el anuncio supone sin embargo un giro de tuerca más en la campaña republicana en Florida. Es uno de los principales estado bisagra que podría decidir los comicios, y ahí, el electorado hispano, en buena parte de origen cubano -y muy anticastrista y antichavista-, podría resultar clave para inclinar la balanza electoral, ya que constituye el 16 por ciento de todos los habitantes con derecho al voto. Por ello, no es de extrañar que en cuanto la prensa local empezó a dar cuenta hoy del nuevo anuncio, la campaña demócrata se apresuró a denunciar lo que calificó como un gesto de "desesperación" del candidato republicano.
"Mitt Romney sigue haciendo exactamente lo que Hugo Chávez quiere, dándole a Chávez una atención que no merece y que lo empodera", replicó hoy el portavoz de campaña hispano Dan Restrepo, quien hasta hace pocos meses era además el máximo asesor de Obama en temas latinoamericanos. Restrepo acusó además a Romney de no ofrecer más que una "arrogancia peligrosa" frente al "liderazgo de Obama" que, afirmó, "ha restaurado la posición de Estados Unidos en América".



¿Hay realmente elecciones en Estados Unidos?


¿Hay realmente elecciones en Estados Unidos?

¿Hay realmente elecciones en Estados Unidos?


Por Leandro Morgenfeld* (www.marcha.org.ar)

El martes próximo termina en Estados Unidos el proceso electoral más costoso de la historia. Un show de la política al servicio de que (casi) nada cambie. Los temas relevantes son dejados de lado por una maquinaria política desmesurada. La ilusión de estar eligiendo.
Estados Unidos es la tierra del show, del entretenimiento. Y la política, claro, no es ajena a esa dimensión dominante de la cultura occidental. Desde el famoso debate entre Nixon y Kennedy, en las elecciones de 1960, la televisión se incorporó como un factor clave en la política, y en ella se destacan los debates presidenciales, ya un clásico cada cuatro años. Concebidos como un gran espectáculo con audiencias que alcanzaron en octubre los 60 millones de televidentes, tienen por objeto instalar la idea de que Estados Unidos es la mayor democracia de Occidente, en la que todos los candidatos se someten a las preguntas de los periodistas y ciudadanos (en el segundo de los tres debates, por ejemplo, el público estaba conformado 60 "indecisos", que tenían derecho a formular una pregunta).
Los grandes medios masivos de comunicación se encargan de reproducir y repetir hasta el hartazgo esa instancia limitada de lo político, al punto de analizar cada palabra, diseccionar cada gesto de los candidatos e inundarnos de encuestas sobre los aspectos más absurdos (hasta el color de las corbatas de los candidatos fue objeto de encuestas, debates y artículos). Pero en realidad este show de la política tiene por objeto legitimar un sistema restrictivo, en el que se refuerza el bipartidismo, se clausura la discusión de temas vitales y se ignoran a los demás candidatos, aquellos que no pertenecen a los Partidos Demócrata y Republicano. 
La hollywoodense puesta en escena no es gratis: el costo de las elecciones 2012 va a romper todos los récords. Según el Centro de Política Responsable, la factura será de 6.000 millones de dólares, un 20% más que la de las elecciones de 2008. Y eso a pesar de que Estados Unidos se encuentra inmerso en la peor crisis económica en décadas. La Campaña de Obama, que hace cuatro años había recaudado 760 millones, está vez espera superar los 1.000 millones. Esta tendencia se profundizó a partir de 2010, cuando la justicia de Estados Unidos levantó restricciones y límites para los aportantes privados, lo cual disparó el caudal de dinero volcado a los dos Partidos del régimen, a través de distintas fundaciones. Esta cifra es, por ejemplo, unas 75 veces superior a la de los gastos de la campaña presidencial de 2011 en España (80 millones de dólares). Sin embargo, tal derroche no es disimulado, sino que los asesores de ambos partidos, y la gran prensa, exhiben diariamente los datos sobre las recaudaciones de Barack Obama y Mitt Romney, potenciando la "carrera" por ver quién obtiene más fondos. Así, lo que en otros países es información reservada que los partidos políticos evitan divulgar, para eludir cuestionamientos sociales a los multimillonarios aparatos de campaña de los candidatos, en Estados Unidos el recaudar más se transforma en una virtud.
Son las grandes corporaciones estadounidenses las que aportan decenas de millones de dólares para lubricar la maquinaria del marketing político. Paul Singer, a cargo de un fondo especulativo que maneja 17.000 millones de dólares y uno de los buitres que impulsa acciones contra la Argentina (como el embargo de la Fragata Libertad), es un gran aportante a la campaña de Romney. Sheldon Adelson, dueño de la empresa de casinos Las Vegas Sands Corporation (y según Forbes la octava persona más rica de Estados Unidos, con 25.000 millones de dólares), aportó 70 millones a los republicanos, a través de grupos afines que según las nuevas leyes no están obligados a revelar sus fuentes de financiamiento.
Obama también recibe aportes de grandes empresarios, como Jeffrey Katzzenberg, productor de Hollywood que desembolsó 2,5 millones para su campaña, o el especulador George Soros, quien anunció en septiembre que donó un millón al candidato demócrata. Microsoft y Google son dos de los principales aportantes del demócrata. El poderosísimo banco Goldman Sachs, que recibió millonarios fondos estatales en los rescates de 2008, es uno de los principales financiadores tanto de Obama como de Romney. Tiene el triunfo garantizado.
Tamaño gasto de campaña y despliegue en los grandes medios, incluyendo los tres publicitados debates presidenciales, no implica que realmente se discutan los temas principales. O, si se los aborda, es siempre desde una perspectiva que impide ir más allá del consenso bipartidista. En esa línea, prácticamente no se debatieron las siguientes cuestiones: los alcances de la actual crisis capitalista que se disparó en 2008 a partir del derrumbe de las hipotecas subprime; el intervencionismo estadounidense (ambos candidatos reivindicaron el uso de drones -aviones no tripulados- para aniquilar ciudadanos extranjeros sin juicio previo y violando las soberanías de otros Estados); el militarismo impulsado por el Pentágono y el poderoso complejo militar-industrial; la violación de derechos y libertades individuales de los ciudadanos estadounidenses por parte de un inmenso aparato de inteligencia, que justifica su accionar en la defensa de la seguridad nacional; los derechos sindicales avasallados en Estados como Wisconsin; los derechos al aborto o al matrimonio igualitario, negados en buena parte del país. En definitiva, como señala el movimiento Occupy Wall Street, no se pone en tela de jucio el gobierno del 1% contra el 99% restante. Gane quien gane, sostienen los nuevos indignados estadounidenses, seguirá gobernando Wall Street.
Junto a millones de televidentes en todo el mundo, el martes próximo asistiremos al conteo de votos en Florida, Ohio, Virginia, Iowa y Colorado, para ver el minuto a minuto de una elección que promete ser infartante. Pero, en la mañana del 7 de noviembre y más allá del triunfo de Obama o Romney, sabremos que poco cambió, que asistimos más que nada un gran show. El consenso bipartidista en los temas esenciales no fue desafiado en estas (limitadas) elecciones.

* Docente UBA e ISEN. Investigador del CONICET. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas (Ed. Continente, 2011), de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos (Capital Intelectual, diciembre 2012) y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com