El mundo según Trump
El historiador Leandro Morgenfeld analiza la agresiva política internacional de Estados Unidos que intenta sostener una hegemonía en decadencia. El rol de Europa, Rusia y China y el escenario en Latinoamérica.
Revista Acción, 13 de enero de 2026
Tiene
el mundo en un puño. ¿Lo tiene? No hay nadie que lo detenga. ¿Nadie? Su
arrojo demuestra la grandeza de su país. ¿Grandeza? Para Leandro
Morgenfeld, historiador, profesor de la UBA, investigador del Conicet y
coordinador de estudios sobre Estados Unidos de Clacso, corresponde
refutar a la hegemonía mediática en su discurso unívoco: Donald Trump es
el amo, resolvió todo en Caracas en 47 segundos, se queda con el
petróleo, listo, ganó. Ni tanto, ni tan poco.
–¿Cómo evaluás a Trump como líder político?
–Él
internamente arrancó mucho más fuerte que hace ocho años, porque ahora
sí ganó el voto popular, controla ambas Cámaras, logró purgar y
controlar a buena parte del Partido Republicano y además controla la
Corte Suprema dado que en el mandato anterior metió tres jueces
ultraconservadoras rompiendo el histórico equilibrio del máximo
tribunal. Esta Corte lo avaló durante todo el año pasado a que pueda ser
candidato presidencial a pesar de todas las condenas que tenía.
La paradoja es que gobierna un Estados Unidos mucho más débil que hace ocho años, porque últimamente (sobre todo desde la pandemia) se profundizó el proceso que llamamos de transición hegemónica, es decir, declive relativo de Estados Unidos, que ya no puede ejercer su hegemonía como al principio de la posGuerra Fría, desde los años 90, desde la caída del Muro de Berlín.
«Estados Unidos va perdiendo posiciones en todos los órdenes y por ahora solo mantiene la supremacía desde el punto de vista militar.»
–Declive que el propio Trump admitió.
–Claro, lo
dice cuando asume el 20 de enero del año pasado, «Vengo a frenar el
declive de Estados Unidos». El problema es si Trump va a revertir o
acelerar ese declive. Mi hipótesis es que lo va a profundizar. La
guerra comercial que lanzó en abril contra casi todos los países del
mundo, en particular contra China; la política de pelearse con sus
propios aliados y humillarlos, caso Europa, caso Canadá; la política de
destrozar el sistema del multilateralismo unipolar que construyó Estados
Unidos y otros después de haber ganado la Segunda Guerra Mundial; el
desprecio a las Naciones Unidas; el desconocimiento de instancias
multilaterales como la Corte Penal Internacional; el desdén hacia
espacios que construyó Estados Unidos como el G-20; son señales en ese
sentido. Estados Unidos va perdiendo posiciones en todos los órdenes y
por ahora solo mantiene la supremacía desde el punto de vista militar.
–¿Sobre esa supremacía regresa a la Doctrina Monroe, la de una «América para los americanos»?
–«El
hemisferio es nuestro», acaba de decir Trump en referencia al
continente americano. Ya lo había planteado hace un mes, al presentar la
última estrategia de seguridad nacional. El secretario de Guerra
incluso publicó una caricatura de hace más de 100 años que cuestionaba
el imperialismo norteamericano y aparecía el Tío Sam con un
garrote poniendo un pie sobre todo el continente, por las más de 30
intervenciones militares de entonces contra países, sobre todo de
Centroamérica y del Caribe. Bueno, ese Tío Sam aparece ahora
con la cara de Trump diciendo «desde Groenlandia hasta Alaska es todo
para nosotros». Es una política hacia lo que ellos llaman,
despectivamente, el patio trasero, que tiene muy pocas zanahorias y
mucho garrote.
La agresión militar a Venezuela, el secuestro de un presidente en funciones, el bombardeo por primera vez en la historia en un país sudamericano, son acciones que configuran un salto en la Doctrina Monroe. Dicen que «ahora vamos a ir por Petro (presidente de Colombia), ahora vamos a ir por Claudia Sheinbaum, porque México está gobernado por los cárteles narco, y la próxima que va a caer es Cuba». Y dicen más; que se van a apropiar de Groenlandia sin importarle lo que diga Europa, lo que opine Dinamarca, «para nuestra seguridad nacional la tenemos que controlar y va a ser nuestra, por las buenas o por las malas. La compramos, como en su momento compramos Alaska, o la ocupamos por la fuerza, como le sacamos la mitad del territorio a México».
«Europa está en una situación muy complicada, lo que viene haciendo en los últimos años es resignar cualquier relevancia geopolítica y subordinarse absolutamente a Estados Unidos.»
–Hablando de Europa, ¿parecen más espectadores que protagonistas?
–Europa
está en una situación muy complicada, lo que viene haciendo en los
últimos años es resignar cualquier relevancia geopolítica y subordinarse
absolutamente a Estados Unidos. Esto tiene un costo enorme para el
Viejo Continente, creo que si se levantara de la tumba Charles de Gaulle
(expresidente de Francia) se revolcaría y volvería a morirse porque hoy
no tenemos ningún liderazgo en Europa que plantee, aunque sea, mantener
las formas de cierta autonomía estratégica. Trump está logrando imponer
a Europa todo lo que quiere, después de haber apoyado la política de
cambio de gobierno en el 2014 en Ucrania, haber empujado a un conflicto
entre Rusia y Ucrania, haberle bombardeado el gasoducto Nord Stream 2,
que le proveía de gas barato a Alemania por parte de Rusia; está
obligando a Europa a que adquiera hidrocarburos americanos a precios
muchísimo más caros, ahora le obligó a los países europeos a aumentar el
presupuesto militar al 5% del PIB, lo que va a generar un desastre
económico en muchos de esos territorios.

–¿Qué contrapeso pueden aportar China y Rusia?
–Antes
de morir, Henry Kissinger (exsecretario de Estado de EE.UU.) le dijo a
Trump «vos ahora tenés que entenderte con la Rusia de Putin porque
nuestro enemigo estratégico es China». En eso acuerdan todos en la clase
dominante norteamericana, con distintas estrategias: una fue la
estrategia globalista de Barack Obama, los megaacuerdos de libre
comercio para que China esté, si se quiere, dentro del campo
capitalista, pero con las reglas que impone Estados Unidos. Esto no lo
pudo hacer Trump en la primera presidencia porque tenía un Gobierno
mucho más heterogéneo y porque los sectores rusófilos de la clase
dominante norteamericana eran muy fuertes. Intenta ahora negociar con
Vladimir Putin (presidente ruso) para tratar de provocar una separación,
una fractura entre Rusia y China, pero tiene un problema: las sanciones
brutales de 2022 contra Rusia por parte de Estados Unidos. Europa y sus
aliados no solo no hicieron colapsar la economía rusa, sino que
empujaron todavía más a una alianza estratégica que tienen hoy Rusia y
China. Es más, el aumento de aranceles brutales contra la India, ahora
uno de los principales compradores de petróleo a Rusia, hicieron que la
India, que siempre tuvo conflictos con China y que tenía un juego
propio, se abroquele. Entonces, hace pocos meses, en la vigésima quinta
Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, que se hizo en
China, se reunieron justamente los líderes de Rusia, de la India, de
China, además de Turquía, Irán y otros países, y ratificaron la voluntad
inquebrantable de la alianza de estos países.
–Hay otro mundo detrás de lo que Occidente llama «el Mundo».
–Hay
una transición acelerada hacia un mundo más multipolar. Hay un proceso
de construcción de otro mundo, de relaciones políticas, económicas,
diplomáticas, financieras, monetarias, que no dependen del dólar, que no
dependen de los sistemas bancarios que controla Estados Unidos, e
incluso que pueda eventualmente superar las sanciones que ponga Estados
Unidos o los bloqueos comerciales como los que sufrió Rusia o como los
que le impuso a Venezuela en los últimos meses.
«Hay un proceso de construcción de otro mundo, de relaciones políticas, económicas, diplomáticas, financieras, monetarias, que no dependen del dólar.»
–¿Cuál es tu visión acerca del escenario en Latinoamérica?
–Obviamente
cuando hay una ofensiva tan fuerte y cuando hay incapacidad o
dificultad para una respuesta conjunta fuerte, como fue el «No al ALCA»
en 2005, se generan muchísimas dudas. Eso sí; si bien las condiciones
políticas hay que construirlas hoy, 20 años después del «No al ALCA» en
Mar del Plata, las condiciones a nivel global, estructurales, para que
América Latina tenga una política propia, una política de inserción
internacional más diversificada y deje de ser el patio trasero de
Estados Unidos y pase a ser un polo emergente en este nuevo mundo más
multipolar, son mucho mayores que hace 20 años. Además, no hay que
pasarse de rosca en pensar que porque tenemos a Milei, a Nayib Bukele
(presidente de El Salvador, a Daniel Noboa (presidente de Ecuador),
ahora ganó José Antonio Kast en Chile o Santiago Peña en Paraguay, la
ultraderecha gobierna todos los países de la región. Tres de las
economías más grandes, Brasil, México y Colombia, tienen Gobiernos de
izquierda, Gobiernos progresistas dentro del campo nacional popular y
hay otros, muchos otros Gobiernos. América Latina sigue siendo una
región en disputa. Los desafíos son enormes. Creo que si entre los
pueblos, los Gobiernos de la región, las organizaciones sociales y
políticas, no frenamos esta avanzada imperialista desembozada de Estados
Unidos con Trump, América Latina va a tener que resignarse a ser una
región cada vez más periférica, cada vez más desigual, un patio trasero
de Estados Unidos, sin ninguna relevancia geopolítica a nivel global y
con sociedades que expulsen cada vez más millones de personas que
tratarán de migrar hacia los grandes centros mundiales para escapar de
condiciones de vida cada vez más penosas.

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