Argentina ratificó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea: ¿qué hay detrás?
Con 69 votos a favor, 3 en contra y 3 abstenciones, el Senado argentino ratificó el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Fue el segundo país sudamericano en hacerlo, después de Uruguay.
A diferencia de otras leyes que se están debatiendo en el Congreso (reforma laboral, ley de glaciares, baja de la edad de punibilidad), esta decisión contó con un respaldo más homogéneo de los distintos bloques políticos.
Desde el oficialismo de Javier Milei, pasando por los aliados del PRO y la Unión Cívica Radical, hasta la amplia mayoría del peronismo. Un fenómeno que ya se pudo observar el pasado 12 de febrero cuando tuvo su media sanción en la Cámara de Diputados con 203 votos a favor, 42 en contra y cuatro abstenciones.
Argentina llega así al final de un extenso recorrido que compite por ser la negociación más larga del mundo, ya que comenzó formalmente en 1999. Su extensión en el tiempo se debe, entre otras cosas, a la cantidad de países involucrados y las tensiones que generó a ambos lados del Atlántico, que no han sido completamente saldadas y que podrían convertirse en trabas judiciales en el futuro.
La otra cara de la moneda es la industria sudamericana, incapaz de competir con las grandes compañías europeas
En el caso europeo, las reservas fueron planteadas por el sector productivo rural, cuyo principal defensor a nivel continental ha sido el gobierno de Francia. Estos temen la llegada masiva de las materias primas sudamericanas y cuestionaron los estándares de producción del Mercosur que consideran como “competencia desleal”.
Precisamente, esto último fue incorporado parcialmente a la última versión del acuerdo, firmado en Asunción, la capital de Paraguay, el pasado 17 de enero. Allí se estableció que la producción agropecuaria debe cumplir determinados requisitos y parámetros que impone la UE.
La otra cara de la moneda es la industria sudamericana, incapaz de competir con las grandes compañías europeas. Durante los años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), fue Argentina quién puso esta cuestión sobre la mesa, exigiendo protecciones para sus empresas y planteando que se trataba de una “línea roja”. Pero su sucesor, Mauricio Macri, dio por tierra con estos reclamos liberando el camino para el acuerdo.
Matar a la industria
De acuerdo a los datos oficiales, desde que Javier Milei llegó a la presidencia cerraron 21.938 empresas y se perdieron más de 290.000 puestos de trabajo en Argentina. La política económica del gobierno, con una apertura indiscriminada de importaciones, inflación sostenida y salarios en retroceso, generó un combo explosivo.
A pesar de lo que sostienen sus defensores, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea no hace más que profundizar este deterioro de la matriz productiva, empujando a una reprimarización de la economía.
“Hay sectores que van a ser afectados desde el primer día en que entre en vigencia este acuerdo”, advirtió en diálogo con Diario Red la doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, Luciana Ghiotto. La especialista puso como ejemplo al sector lácteo: “Tenés una cantidad de productos que van a poder entrar al país con arancel cero y te estás enfrentando a mega corporaciones del lado europeo que pueden saturar tu mercado”.
El director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, Jorge Giraudo, señalaba meses atrás que Argentina exporta el 50% de su producción a Brasil. Mercado que ahora tendrá que disputarse con las firmas europeas
Ghiotto, que investiga este acuerdo hace años y es profesora de Economía Política Internacional en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), recordó que “esto ya pasó en Colombia” cuando ese país firmó un acuerdo con el bloque europeo. “Gigantes de la industria láctea como Danone inundaron el mercado colombiano, lo cual generó una competencia muy fuerte para los pequeños agricultores y tamberos”, historizó.
Pero el impacto no solo se observará internamente, sino también en la relación con los países vecinos. El director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, Jorge Giraudo, señalaba meses atrás que Argentina exporta el 50% de su producción a Brasil. Mercado que ahora tendrá que disputarse con las firmas europeas.
Los impulsores del proyecto plantean que existen algunas protecciones y medidas que contemplan la situación de cada región. Por ejemplo, en el caso de la industria automotriz, la reducción de aranceles se dará progresivamente en un plazo de 15 años. Para Ghiotto esto no modifica sustancialmente el escenario de una industria que “hoy está fuertemente protegida con el arancel externo común que, a pesar de que se fue reduciendo los últimos años, todavía mantiene un rol importante en la en la protección del sector automotriz”.
“Es un acuerdo lesivo para la Argentina porque es absolutamente asimétrico”, coincidió el doctor en Historia, Leandro Morgenfeld. Las diferencias están a la vista: mientras la UE tiene un PBI de 19 billones de dólares, el Mercosur cuenta con un producto de aproximadamente 2,7 billones, de los cuales el 75% corresponde a un sólo país: Brasil. Esta desigualdad no la genera el acuerdo, pero no propone nada para compensarla.
El especialista enfatizó que “como los otros Tratados de Libre Comercio que se negociaron, es un acuerdo que implica mucho más que solamente una liberalización comercial y va a profundizar el proceso de desindustrialización en la Argentina”.
El peso económico de Brasil y su carácter de potencia regional le permitieron entablar el diálogo desde un lugar de mayor capacidad que sus socios sudamericanos
Brasil saca ventaja
Desde hace varios años que en el Mercosur, el principal dinamizador de las negociaciones es Brasil. Su peso económico y su carácter de potencia regional le permitieron entablar el diálogo desde un lugar de mayor capacidad que sus socios sudamericanos.
En los últimos años, obligó a rediscutir los puntos a los que se había arribado en 2019 cuando gobernaba el país Jair Bolsonaro. De la mano de Lula Da Silva logró modificar, por ejemplo, el capítulo que establecía que los Estados debían abrir sus compras públicas a empresas europeas. Brasilia garantizó la autonomía en esa área para poder privilegiar a compañías nacionales.
“Puso una cantidad de excepciones importantes para Brasil que lo deja en una posición diferente a la de Argentina”, analizó Ghiotto. Y agregó que al lograr estas excepciones pudo “moderar los impactos negativos del acuerdo”. Buenos Aires “no negoció”, sostuvo la investigadora y subrayó que Milei tuvo “una posición completamente pasiva al dejar que Brasil obtenga excepciones, pero no para todo el Mercosur, solo para ellos”.
El presidente argentino simplemente “mantuvo la posición que había planteado Macri: Argentina abre todo, Argentina no tiene restricciones, Argentina no pide nada en la negociación”, completó Ghiotto.
Para Morgenfeld “es un avance más en la política aperturista comercial general” del gobierno y recordó que hace algunas semanas se anunció también un acuerdo comercial con Estados Unidos. El autor del libro ‘Nuestra América frente a la Doctrina Monroe: 200 años de disputas’, señaló que el tratado con la Unión Europea “no entra en colisión con la política de subordinación estratégica a Washington”. “Va en línea con la política de aperturismo bobo que plantea el gobierno argentino”, disparó.
Bruselas entiende este acuerdo como una necesidad para sostener una relativa autonomía frente a otras potencias globales
La Unión Europea se demora
Los líderes políticos de Bruselas entienden este acuerdo como una necesidad para sostener una relativa autonomía frente a otras potencias globales y de las cuales depende considerablemente en materia energética (Rusia), de seguridad (Estados Unidos) y tecnología (China). No obstante, las diferencias internas del bloque han planteado algunas dudas sobre el devenir del tratado con el Mercosur.
Para intentar sortear estos inconvenientes se hizo una división del texto. Por un lado el Acuerdo de Asociación que incluye aspectos políticos y de cooperación; y por el otro el Acuerdo Interino de Comercio. Este último solo necesita la aprobación del Parlamento Europeo y no debe pasar por el Poder Legislativo de cada uno de los 27 Estados miembros.
Sin embargo, en una ajustada votación (334 a 324) el órgano legislativo del bloque decidió solicitar al Tribunal de Justicia de la UE que analice la compatibilidad de ambos textos con la legislación continental. El fallo, se estima, podría demorar entre 12 y 18 meses.
Mientras tanto, Argentina abre sus mercados, liquida su industria y espera.
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