martes, 8 de noviembre de 2016

"Antes de irse, Obama presiona para ratificar el TPP" (Morgenfeld, BAE)

 

Antes de irse, Obama presiona para ratificar el TPP

Ideado como el brazo económico de su estrategia de reposicionamiento en Asia y América Latina, para contener a China.


Leandro Morgenfeld
Especial para BAE Negocios


El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es un tratado de libre comercio multilateral firmado el 4 de febrero de este año por Estados Unidos, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, México, Perú y Chile. Para entrar en vigencia, debe ser ratificado por al menos 6 de los países signatarios, incluyendo a Estados Unidos y Japón. La semana pasada, fracasó el intento del gobierno japonés de un rápido trámite parlamentario, antes de las elecciones en Estados Unidos. Sólo el 38% de los japoneses aprueban el TPP y justamente en ese país es donde se produjeron más movilizaciones en su contra.
Luego de las elecciones del 8 de noviembre, Obama pretende que el TPP sea ratificado por el Congreso antes del recambio de enero. Para eso, despliega un fuerte lobby entre legisladores demócratas y republicanos, aunque el resultado es incierto. Cuando el congreso aprobó, en junio de 2015, el fast-track sobre el TPP –ahora sólo puede aprobarlo o rechazarlo a libro cerrado, sin introducir modificaciones-, lo hizo por un escaso margen de 10 votos en la Cámara de Representantes. En esa oportunidad, sólo 28 demócratas acompañaron la propuesta de Obama, y muchos de ellos están siendo ahora presionados para cambiar su voto. Entre los republicanos, 9 de los que votaron a favor del fast-track ahora manifestaron públicamente que no aprobarían el TPP. A esto hay que sumarle el pronunciamiento de los dos principales candidatos presidenciales.
Trump, intentando captar el voto de los trabajadores blancos, insistió recurrentemente, a lo largo de la campaña, en los efectos nefastos que tuvo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), que entró en vigencia en 1994, durante la presidente de Bill Clinton. Su prédica se apoya en un dato duro: Estados Unidos perdió 5 millones de empleos fabriles en los últimos 15 años, producto de la relocalización de empresas primero en México y luego en China. El peso de los votantes disconformes con la economía es clave en estados con fuerte presencia de la industria automotriz y siderúrgica (el rust belt) y algunos de ellos son swing states, o sea los que pueden definir las elecciones.
Dentro y fuera de Estados Unidos crecen las resistencias
como ocurrió hace más de una década con el ALCA

Por el lado demócrata, en las primarias Bernie Sanders fue la gran sorpresa y tuvo posiciones muy críticas frente al TPP, enfatizando cómo perjudicaría a los trabajadores y cómo limitaría las regulaciones medioambientales, dándole un poder desproporcionado a las grandes corporaciones. Su sorprendente performance electoral obligó a Hillary a modificar su posición respecto al TPP. Si como Secretaria de Estado, impulsó las negociaciones para firmar el TPP, en la campaña se vio obligada a señalar que escuchaba los temores de sindicatos, asociaciones de consumidores, pymes y ecologistas y señaló que no estaba de acuerdo con el TPP, tal como se había firmado. En agosto, para convencer a los escépticos, declaró: “Me opongo ahora, me voy a oponer tras las elecciones y también cuando sea presidente”. Claro que, en octubre, se filtraron sus discursos ante Wall Street, en los que reivindicaba tener una posición pública y otra privada, y aseguraba que promovería los tratados de libre comercio.
El posicionamiento público de Trump y Clinton, y el rechazo de la mayor parte de los electores al TPP, genera una presión a los congresistas de sus respectivos partidos. Y dificulta los objetivos de Obama. Michael Froman, representante comercial de Estados Unidos, volvió a mostrarse optimista el 1 de noviembre, tras reunirse con senadores y representantes de ambos partidos, aunque también advirtió los riesgos: “Estamos a un voto de cimentar nuestro liderazgo en la región o de entregar las llaves del castillo a China”. Sin embargo, esa suerte de chantaje no estaría funcionando entre legisladores que procuran ser reelectos este martes. Un ejemplo: a mediados de agosto, el senador republicano Pat Toomey, ex presidente del “Club para el Crecimiento” -bastión de la economía de libre mercado-, se pronunció en contra del TPP, para intentar ganarse los votos de la clase trabajadora de cara a la contienda electoral en la que busca su reelección en Pensilvania. Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, expresó a fin de agosto que el TPP no se sometería a votación este año. Y Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, insiste en que no avanzará.
Obama impulsó el TTP como el brazo económico de su estrategia de reposicionamiento en Asia y América Latina, para contener a China. El problema es que este enfoque geopolítico descuidó el frente interno. En consecuencia, el acuerdo corre el riesgo de no ser refrendado en el Congreso porque priorizó la política exterior y no lo suficientemente los beneficios económicos. Puede terminar en un rotundo fracaso para la política exterior de Washington. Muchos de sus gobiernos aliados ponen en duda su posible ratificación, en un contexto en el que crecen las críticas a la globalización neoliberal. En las próximas semanas, Obama buscará darle impulso internacional al TPP en la cumbre del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que se realizará en Lima del 17 al 19 de noviembre.
La situación se resolverá entre el 9 de noviembre y el 3 de enero, cuando quienes no consigan ser reelectos en sus bancas, deberán abandonarlas. Obama sabe que decenas de ellos, ya sin las consecuencias electorales de aprobar un tratado rechazado por las mayorías, se convertirán en lobistas, a cambio de un suculento salario. En ellos radica su esperanza. Son los que pueden vender su voto, sin consecuencias políticas. Y con interesantes beneficios materiales. Así funciona la democracia estadounidense, que más bien debería ser caracterizada como una plutocracia. Si gana Trump, la ratificación será mucho más difícil. Si lo hace Clinton, hay más chances de que avance el TPP, pero con un fuerte costo político interno: sería la primera promesa electoral no cumplida.
Mientras tanto, dentro y fuera de Estados Unidos crecen las resistencias. En distintos países del continente, como ocurrió hace más de una década con el ALCA, se están organizando iniciativas contra el TPP, como la Jornada Continental contra el neoliberalismo y por la democracia, que se realizó el viernes 4 de noviembre en distintas capitales latinoamericanas.

* Profesor UBA. Investigador Adjunto del
CONICET. Co-Coordinador del Grupo de
Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados
Unidos”. Autor de El ALCA: a quién le
interesa?; de Vecinos en conflicto. Argentina
y Estados Unidos en las conferencias
panamericanas; de Relaciones peligrosas.
Argentina y Estados Unidos y del blog www.
vecinosenconfl icto.blogspot.com

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