domingo, 9 de octubre de 2016

Trump y Clinton, en una increíble campaña a ver quién comete menos errores no forzados. Los últimos escándalos del candidato misógino y la candidata de Wall Street



UN AUDIO VULGAR Y MISOGINO DE TRUMP Y MAILS CON DISCURSOS DE HILLARY ANTE SUS FINANCISTAS

Más que campaña, guerra de filtraciones

El debate de esta noche llega en la peor semana del año para Trump, que comenzó el domingo pasado con la publicación de un fragmento de sus declaraciones impositivas en el que se evidencia que utilizó atajos legales para no pagar.

Por Nicolás Lantos (Página/12)
Desde Saint Louis, Missouri

La campaña electoral más caliente en la historia reciente de los Estados Unidos sigue escalando sus niveles de violencia. La filtración de un audio de 2005 en el que Donald Trump habla de manera despectiva y vulgar sobre su relación con las mujeres causó, a un mes de las elecciones, una oleada de repudios contra el candidato republicano: al menos una docena de figuras importantes de ese partido decidieron retirar públicamente el apoyo a su boleta y algunos referentes pidieron su renuncia. En respuesta, él aseguró que no piensa bajarse de la nominación, pidió disculpas por sus dichos y prometió revelar información perjudicial sobre su rival, Hillary Clinton, vinculada a las denuncias por abuso sexual contra su marido y ex presidente, Bill Clinton.
Casi en simultáneo, el sitio de filtraciones de documentos Wikileaks, cuyo fundador, Julian Assange, manifestó públicamente su enemistad con el actual gobierno demócrata y su posición contraria a la candidatura de la ex secretaria de Estado, reveló una serie de emails de uno de sus colaboradores más cercanos, en los que se publican, por primera vez, fragmentos de los discursos pagos que ella dio ante firmas de Wall Street, y que se había negado a divulgar. Esta noche, en esta ciudad, Clinton y Trump volverán a verse las caras en el marco del segundo debate presidencial, que en el contexto de los últimos días, promete un tono menos civilizado que el anterior.
El debate de esta noche llega en el final de la peor semana del año para el candidato republicano, que comenzó el domingo pasado con la publicación de un fragmento de sus declaraciones impositivas en el que se evidencia que utilizó atajos legales para evitar el pago de impuestos durante casi dos décadas y tuvo su punto álgido el viernes con la difusión del diálogo que tuvo hace diez años con el presentador radial Billy Bush (sobrino del ex presidente George W. Bush). El audio, difundido por en el que dice: “Cuando me gusta una mujer, yo la beso. Ni siquiera espero. Y cuando sos una estrella, ellas te dejan hacerlo. Podés hacer cualquier cosa. Agarrarlas por la concha. Cualquier cosa”.
Las repercusiones no tardaron en llegar: incluso su compañero de fórmula, el gobernador de Indiana, Mike Pence, dijo que se sentía “ofendido como marido y padre” y que no podía “defender” las opiniones de Trump, aunque agregó que estaba “agradecido” por las disculpas que, horas más tarde, ensayó el candidato presidencial. El influyente jefe republicano en la Cámara baja, Paul Ryan, uno de los que más resistió la candidatura del magnate en ese partido, canceló la primera aparición conjunta de ambos, planeada para ayer, y condenó las declaraciones. El jefe del Comité Nacional, Reince Priebus, también se manifestó en un tono similar.
Otros fueron incluso más allá y retiraron su apoyo a la candidatura de Trump, o directamente le pidieron que de un paso al costado y renuncie, algo que, tan cerca de la fecha de los comicios, podría causar un caos sin precedentes, ya que algunos estados ya imprimieron sus boletas y hasta comenzó el proceso de ‘early voting’, que permite que se deje registrado el voto antes del día de las elecciones. El ex candidato presidencial John McCain, uno de los dirigentes republicanos más respetados, anunció que no va a votar por el magnate. La senadora por Nevada Deb Fischer tuiteó desde su cuenta que “Los comentarios hechos por Trump fueron desagradables y totalmente inaceptables bajo ninguna circunstancia” y agregó que “sería sabio de su parte dar un paso al costado y dejar que Mike Pence sea el candidato del partido”. Fischer era, hasta ayer, una de las principales defensoras del magnate.
“Los medios y el establishment tienen muchas ganas de sacarme de la carrera. NUNCA VOY A BAJARME, NUNCA VOY A DECEPCIONAR A MIS SEGUIDORES”, tuiteó ayer por la tarde Trump, echando por tierra con los rumores. El viernes por la noche, había publicado un video pidiendo disculpas por los dichos. “Lo dije, estuve mal y pido disculpas”, comienza el mensaje que difundió. Luego de ese breve paso atrás, contraatacó: “Dije cosas tontas, pero hay una gran diferencia entre mis palabras y las acciones de otras personas. Bill Clinton abusó realmente de mujeres y Hillary acosó, atacó, avergonzó e intimidó a sus víctimas. Vamos a seguir discutiendo este asunto en los próximos días. Nos vemos en el debate del domingo”.
Mientras el ala política de su partido se distancia de su candidatura, el principal respaldo para él llegó ayer de la mano de los principales donantes de fondos para la campaña, que negaron que el audio difundido los vaya a hacer reconsiderar su apoyo. “Ni un poco. Son noticias viejas. Todos sabemos que Trump era así. Ya no lo es. ¿No somos una nación que se basa en la idea de redención y segundas chances”, dijo a la revista Político el empresario Doug Deason, que donó un millón de dólares a la campaña y colaboró para recaudar cuatro millones más. Representantes de otros grupos de influencia que han invertido en los esfuerzos proselitistas del candidato republicano también confirmaron que van a seguir haciéndolo.
El “pussygate”, como llamaron los medios en Estados Unidos a la difusión de los audios de Trump, terminó tapando lo que podría haber sido un revés importante para la campaña de su rival. Casi al mismo tiempo que se publicaban las declaraciones del magnate, Wikileaks subió a su sitio más de dos mil emails tomados de la casilla del jefe de la campaña demócrata, John Podesta, entre los que se destaca un intercambio de correos entre miembros de ese equipo donde discuten los fragmentos más polémicos de los discursos pagos que Clinton dio ante bancos y fondos de inversión entre 2012 y 2014, con el fin de evaluar el daño que podrían causar en caso de que se difundieran. Clintos, que recaudó más de 20 millones de dólares por dar esas charlas privadas, se negó durante toda la campaña a dar a conocer su contenido, que hasta el viernes se había mantenido en secreto.
Algunos de los fragmentos más comprometedores que se filtraron tienen que ver con posiciones de la candidata favorables al libre comercio y la apertura de fronteras, diferentes a las que adoptó durante la campaña para intentar atraer al sector más progresista del Partido Demócrata y a los votantes independientes que en la primaria fueron seducidos por el socialista demócrata Bernie Sanders. Clinton también queda mal parada en un discurso para Goldman Sachs en el que admite que está alejada de la clase media en la que se crió. Y en otro momento habla sobre la necesidad de ocultar ciertos aspectos de las discusiones que se tienen en política: “Hay que tener una posición privada y otra pública”, dice.
Desde el Partido Demócrata no confirmaron la autenticidad de los mensajes ni la desmintieron, y acusaron a Rusia de estar detrás de las filtraciones en un intento de influir en el resultado de la elección. “No estoy feliz con haber sido hackeado por los russos en su cruzada para entregarle la presidencia a Donald Trump. No tengo tiempo para fijarme cuáles de esos documentos son reales y cuales son falsos”, publicó Podesta en su cuenta de twitter. Desde Wikileaks aseguran que los documentos difundidos son solamente una pequeña fracción de más de cincuenta mil emails que planean publicar en las próximas semanas, antes de que los estadounidenses acudan a las urnas.
En este contexto, Clinton y Trump volverán a protagonizar hoy un debate presidencial. En la ciudad de Saint Louis, Missouri, ambos candidatos en esta ocasión no solamente contestarán preguntas de las moderadoras sino que también deberán afrontar el cuestionamiento de ciudadanos independientes que fueron seleccionados para interpelarlos. Si en aquel debate de Hofstra la duda era si Trump, que venía en ascenso y estaba en empate técnico, iba a mostrarse más “presidencial”, hoy, acorralado por los escándalos y lejos en las encuestas, se espera ver una versión del republicano más parecida a la que mostró en las primarias, atacando sin pudor a sus rivales en asuntos personales y políticos por igual. La demócrata, a esta altura clara favorita, intentará mantener el foco en Trump y salir indemne de los ataques. Faltan treinta días para los comicios y, mientras transcurre el otoño en el país, la temperatura de la campaña no para de aumentar. Esta noche podría llegar al punto de ebullición.

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