domingo, 20 de marzo de 2016

"Obama en Cuba y Argentina: de las intenciones a los hechos, hay mucho trecho"





Por Silvina Romano
CELAG - Telesur

Una parte importante de su estadía en Cuba será dedicada a fortalecer las estrategias de poder blando, que son las que a largo plazo aseguran el triunfo ideológico.

Este domingo Obama comenzará su histórico viaje hacia Cuba (hace casi un siglo que no viaja un presidente de EE.UU. a la isla) y el martes partirá hacia Argentina.

Desde el gobierno estadounidense se presenta este recorrido como el “legado” de Obama en materia de política exterior hacia América Latina, así como el cumplimiento de viejas promesas electorales (durante su campaña de 2008) de lograr un verdadero acercamiento a América Latina, una “Nueva Alianza” (haciendo referencia a la Alianza para el Progreso promovida por J.F. Kennedy).

La cadena CNN anuncia que “Obama continúa con la implementación de su visión para la región, anclada en la construcción de nuevas relaciones y en la renovación de viejos vínculos, así como la creación de alianzas entre los países, no solo por la geografía e historias compartidas, sino por los intereses y valores en común”[1].

El presidente viajará con su familia y acompañado por el secretario de Estado, John Kerry, el secretario de Agricultura, Tom Vilsack, la secretaria de Comercio, Penny Pritzker, la directora de la Administración para Pequeños Negocios, María Contreras Sweet,  legisladores federales de ambos partidos, empresarios y “líderes” cubano-estadunidenses[2].

De acuerdo con esta comitiva y la agenda planteada, parece que lo más importante –además del avance en las relaciones bilaterales– será acercarse a la “sociedad civil”, profundizar los lazos de los cubanos con los cubano-estadounidenses y promover el sector privado[3].

Con respecto a esto último, uno de los funcionarios estadounidenses aclara que “la apertura comercial entre [los] dos países tiene el potencial de ser verdaderamente un interés mutuo, en términos de proporcionar oportunidades, no solo para los empresarios estadounidenses, sino también para empoderar y mejorar las vidas de los cubanos”. Esta simetría en las negociaciones, no es más que una falsa promesa si se considera con seriedad el efecto que ha tenido en las economías de la región la liberalización del comercio con EE.UU.

Obama hablará sobre los Derechos Humanos en Cuba, pretendiendo como siempre que EE.UU. es el gendarme de estos Derechos, cuando su política de seguridad nacional e internacional tiende a mostrar lo contrario, aunque se hable poco de ello. Justamente con respecto a Cuba, basta con hacer alusión a las técnicas de interrogación (tortura) utilizadas por personal estadounidense en la cárcel de la base naval de Guantánamo[4].

Una parte importante de su estadía será dedicada a fortalecer las estrategias de poder blando, que son las que a largo plazo aseguran el triunfo ideológico. El presidente estadounidense asistirá a un partido de béisbol entre los Rays de Tampa Bay y una selección cubana en el Estadio Latinoamericano de La Habana, que inaugurará la posibilidad de que beisbolistas cubanos puedan jugar en la liga estadounidense. Esto en el marco del acercamiento cultural con la isla. Por su parte, la Primera Dama estadounidense llevará a cabo una reunión con estudiantes cubanas en el marco del programa de USAID  en conjunto con los Cuerpos de Paz, “Let Girls learn”[5], que como todas las iniciativas del gobierno y el sector privado estadounidense, se encarga de establecer los parámetros de desarrollo, democracia  y paz, según sus intereses.

Es precisamente en estos aspectos culturales (de poder blando)  en los que debemos estar atentos, pues siempre se articulan con prácticas económicas, políticas y de seguridad concretas. Además, es tal vez en la dimensión cultural en la que Cuba mantiene una diferencia, al haber recibido influencias, pero no haber sido penetrada por el consumo cultural y masivo del “American Way of Life” al nivel en que se ha expandido y arraigado en el resto del continente. Las grandes cadenas de medios de comunicación, con sus noticieros y programas de entretenimiento; la producción de Hollywood y los deportes; las tiendas comerciales y productos de empresas transnacionales estadounidenses, etc., son el medio más eficaz para la consolidación de la ideología neoliberal.

Con respecto a Argentina, Obama realiza su visita conforme con  el “cambio” en este país, aduciendo que Macri mira “hacia adelante”, permitiendo una “nueva era” en las relaciones con EEUU, no como Cristina Kirchner que tenía “una retórica que probablemente data de los años 60 y 70”[6]. Tal vez esto tenga que ver con que Macri no prepara discursos, se presenta desde una estética de tipo empresarial en la que dirigirse al pueblo desde “lo político” es una pérdida de tiempo.  No se necesitan políticos carismáticos sino técnicos eficientes. Por otra parte, las buenas intenciones de Obama (al lamentarse por lo sucedido durante las dictaduras militares) no son suficientes para ocultar las contradicciones con los hechos.  El presidente muestra preocupación por ese pasado y “honrará la memoria de las víctimas de la guerra sucia, y de aquellos que defendieron los derechos humanos durante ese período”[7]. Pero lo importante es que los funcionarios estadounidenses están “impresionados con Macri y su agenda de reforma (…) estamos entusiasmados de trabajar con el gobierno de Macri”[8].

Habría que advertirle tanto a Obama como a su equipo que esa despreciada “retórica de los ’60-’70” de Cristina Kirchner, tiene puntos en común con el hecho de que de su gobierno y el de Néstor Kirchner buscaron contribuir a la reconstrucción de la memoria y al respeto por los Derechos Humanos en el proceso ocurrido, precisamente, en ese período, cuando las Fuerzas Armadas y sectores de la sociedad civil implementaron el terrorismo de Estado. El sector privado y los gobiernos estadounidenses de turno estuvieron asociados a ese proceso destinado a “garantizar la seguridad nacional y continental”. Y también habría que recordarle que la denominada doctrina de seguridad nacional en el marco de la cual se “naturalizó” el terrorismo de Estado, no era solo un corpus de medidas represivas, encarcelamiento, torturas y desapariciones. También (y ante todo) contenía claros lineamientos económicos orientados a la liberalización de los mercados y el flujo de capitales. Pero para notar esto, hay que aproximarse a los Derechos Humanos desde la realidad material y no desde discursos vacíos. De este modo,  para honrar a las víctimas tendría que informarse sobre el hecho de que buena parte de las personas y grupos perseguidos buscaban una sociedad más justa, donde prevaleciera la solidaridad y la comunidad antes que los intereses individuales, ideales que, por cierto, fueron sembrados y germinaron al calor de la Revolución Cubana.

Lo curioso es que más allá de las buenas intenciones, Obama representa, sin necesidad de ocultarlo, los intereses que obstaculizan la emancipación de América Latina: el poder de las corporaciones, el mercado como eje de la política (la tecnificación/vaciamiento de la política), el consumo como principio y fin de las dinámicas sociales, la militarización, etc. Vale recordar que John F. Kennedy, demócrata carismático de quien Obama dice retomar el legado, apenas asumió la presidencia manifestó maravillosas intenciones con respecto a América Latina a través de la Alianza para el Progreso. En los hechos, llevó a cabo la invasión de Playa Girón y aprobó la militarización e implementación de la Doctrina de Seguridad Interna en América Latina. La historia nos obliga a estar atentos a la diferencia entre las intenciones y los hechos[9].

Ante lo dicho, coincidimos con las afirmaciones de los medios hegemónicos y el gobierno de EEUU de que Obama está cumpliendo con generar un mayor acercamiento a América Latina, pero con la premisa imperial siempre presente de crear una América Latina a imagen y semejanza de EEUU, que no cuestione ni se interponga a sus lineamientos para el hemisferio. Es por ello fundamental lo que suceda con aspectos culturales e ideológicos en Cuba y en Argentina, el nivel de conciencia de la población para distinguir entre las “intenciones” y los hechos.


[1] http://edition.cnn.com/2016/03/18/opinions/obama-cuba-argentina-visits-segal/

[2] http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/03/16/obama-a-cuba-y-argentina-3157.html              

[3] http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/03/16/obama-a-cuba-y-argentina-3157.html              

[4] http://www.celag.org/guantanamo-lo-que-ocultan-las-promesas-no-cumplidas-por-obama-por-silvina-romano/               

[5] http://letgirlslearn.peacecorps.gov/             

[6] http://www.lanacion.com.ar/1879843-obama-elogio-al-presidente-y-dijo-que-cristina-era-antinorteamericana   

[7] http://www.abc.com.py/internacionales/obama-pronunciara-historico-discurso-en-la-habana-1462522.html        

[8] http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/03/16/obama-a-cuba-y-argentina-3157.html              

[9] Romano, Silvina M. (2011) “Alianza para el Progreso cincuenta años después:          

La política exterior de Obama en acción” Espacio Crítico, n 15, Julio-diciembre, Colombia, pp. 100-123http://www.espaciocritico.com/sites/all/files/revista/recrt15/n15_a06.pdf

 Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:
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