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Milei y una propuesta de política exterior "altamente ideologizada" y "casi caricaturesca"
Especialistas consultados por Télam analizaron las posturas del candidato libertario como un revival "casi caricaturesco de un escenario de Guerra Fría que ya no existe", en un contexto de reconfiguración de la hegemonía global. De su posición de alineamiento automático con EEUU al congelamiento de los vínculos con los países que llama "comunistas".
En un contexto de reconfiguración de la hegemonía global, el candidato presidencial Javier
Milei promete una política exterior "altamente ideologizada" desde un
alineamiento automático con los Estados Unidos y el congelamiento de los
vínculos con países que juzga "comunistas" en un revival "casi
caricaturesco de un escenario de Guerra Fría que ya no existe".
Esta y otras conclusiones son parte del análisis que especialistas
consultados por Télam hicieron sobre la promesa del postulante de La
Libertad Avanza (LLA) de romper relaciones diplomáticas con Brasil y China -los dos principales socios comerciales de la Argentina- en caso de llegar a la Casa Rosada.
"Serán socios comerciales del sector privado. No hacemos pactos con
comunistas", dijo Milei sobre cómo serían, bajo un hipotético gobierno a
su cargo, las relaciones con China y Brasil, países con los cuales la
Argentina tiene desde hace años una asociación estratégica.
"En un contexto de transición hegemónica global, Milei está escogiendo un alineamiento con la potencia en declive, EE.UU, a partir de una mirada casi caricaturezca de un escenario de Guerra Fría que ya no existe"Mariana Vázquez
"Es absurdo no tener relaciones diplomáticas con países que tengan otra cosmovisión política eso no lo hace prácticamente ningún país en el mundo"Leandro Morgenfeld
"Brasil no solo es nuestros principal socio comercial, también es un aliado estratégico en la región, compartimos proyectos y esquemas de integración en multiplicidad de asuntos. Por otro lado, China es hoy una potencia global que ofrece oportunidades en materia de inversión y desarrollo de infraestructura que no está ofreciendo ninguna otro país"Alejandro Frenkel
Los especialistas consideraron
inviable la propuesta de MiIlei en torno a circunscribir a los límites
de sector privado argentino las relaciones comerciales con Brasil y
China.
"No es posible mantener la profundidad y el
volumen de los vínculos económico comerciales con esos países sin la
mediación de los Estados. La mayor parte de las importaciones y
exportaciones se dan un marco de acuerdos entre países, que establecen
normativas y regulaciones en cuestiones, administrativas, aduaneras y
fitosanitarias, entre otras, que no pueden será administradas por los
privados", analizó Frenkel.
Desde una perspectiva similar, Morgenfeld apuntó que "suponer
que las reacciones comerciales pueden ser solamente con el sector
privado es un desconocimiento absoluto de como funcionan las relaciones
económicas internacionales".
"Pensemos solamente que el
tratado del libre comercio que la Unión Europea está negociando con el
Mercosur tiene enormes posiciones proteccionistas en el tema agrícola
que afectan a la Argentina y a Brasil y que traban la confirmación de
ese acuerdo de libre comercio", ejemplificó.
Sobre el mismo punto, Vázquez señaló que "los principales desafíos del mundo de hoy requieren Estados presentes".
"Algunas de las mayores disputas del momento actual son regulatorias,
es decir, son disputas entre Estados que buscan reconfigurar las normas
internacionales en temas claves, con alto impacto económico y sobre el
desarrollo (cambio climático, ciberseguridad, inteligencia artificial,
5G, y otros)", precisó.
Bajo esa idea, evaluó que
"ningún país con un Estado ausente, que no planifique su desarrollo y su
política exterior con una visión estratégica de mediano y largo plazo,
es viable".
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Este volumen de la colección Temas, de CLACSO, en coedición con la editorial Batalla de Ideas, se propone pensar, desde Nuestra América, qué hacer con la doctrina que se yergue como uno de los obstáculos para las posibilidades de emancipación regional. El libro plantea un nuevo análisis de la doctrina Monroe, cómo nos afectó y nos afecta, y qué tenemos que hacer para terminar con dos siglos de sujeción a la prepotencia de Estados Unidos.
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América
Año 4 – Número #9 Estados Unidos: instrumentos de poder «blando» y «duro» en su política hacia América Latina y el Caribe
Junio 2023
Contenido
Presentación
Jaime Zuluaga Nieto
Luis René Fernández
Militarismo. El virus que Estados Unidos inocula al mundo
Loreta Tellería Escobar
Comando Sur y la «disuasión integrada». Tambores de guerra contra la Patria Grande
Juan Ramón Quintana Taborga
Una conveniente nebulosa. Estados Unidos y la asistencia en seguridad hacia América Latina y el Caribe
Tamara Lajtman
Aníbal García Fernández
Silvina Romano
NED: Intervencionismo en América Latina y el Caribe
Ary César Minella
El Entendimiento Bicentenario. La nueva estrategia de seguridad entre México y Estados Unidos
Yasmin Martínez Carreón
Las sanciones económicas como instrumento de poder en la política de Estados Unidos hacia Cuba
Raúl Rodríguez Rodríguez
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31 de mayo | Modalidad hibrida
Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) | La Habana, Cuba
09.00 a 10.30 horas Colombia
10.00 a 11.30 horas Cuba
11.00 a 12.30 horas Argentina
El Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana se complace en anunciar la IV Conferencia de Estudios sobre Estados Unidos y Procesos Hemisféricos “A 200 años de la Doctrina Monroe” que tendrá lugar como parte de la CONVENCIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA “Saber UH 2023”.
Participan
Leandro Morgenfeld (Argentina): Nuestra América frente a la doctrina Monroe: historia y actualidad
Claudio Katz (Argentina): Auge y ocaso de la Doctrina Monroe
Jaime Zuluaga Nieto (Colombia): De la Doctrina Monroe a las nuevas modalidades de intervención de los Estados Unidos
Modera
Raúl Rodríguez Rodríguez. CEHSEU-UH (Cuba)
Organizan
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU)
Más información y contacto: convención@rect.uh.cu
ACTIVIDAD ABIERTA Y GRATUTITA POR ZOOM CON INSCRIPCIÓN PREVIA ACÁ
🥊 1º asalto | Unidad vs. Desintegración: el proyecto político Seminario virtual - Bolívar vs. Monroe
Este jueves 01 de junio, se suben al ring contra el imperialismo:
🇻🇪 Guillermo Barreto y Carlos Ron del Instituto Simón Bolívar, para abordar los elementos históricos del proyecto político de unidad continental frente a la propuesta desintegradora del monroísmo, y
🇦🇷 Leandro Morgenfeld, Profesor regular de la UBA, investigador y autor del libro "Nuestra América frente a la doctrina Monroe. 200 años de disputas" para abordar cómo esas dos visiones de proyecto político han estado confrontadas hasta la actualidad.
⏱️ Transmisión en vivo por YouTube en español por el canal de ALBA Movimientos y en español por el canal de International Peoples' Assembly

El miércoles 19 de abril se realizó la presentación pública de nuestro primer documento, con una amplia participación de especialistas, docentes, estudiantes, diplomáticos, activistas y periodistas.
Es un lugar común, entre los sectores liberales tradicionales, plantear que cuando se promueven políticas exteriores autónomas Argentina se “aísla del mundo”. En el año 2015, por ejemplo, influyentes dirigentes políticos locales exigían un giro en la política exterior, que incluyera una mayor convergencia con Estados Unidos y Europa. Meses antes de las elecciones presidenciales que marcarían el ascenso al poder de la Alianza Cambiemos, referentes de la oposición al kirchnerismo plantearon públicamente cuáles eran los desafíos, en materia política exterior, que debía abordar quien sucediera a Cristina Fernández de Kirchner.
Los firmantes del primer documento del autodenominado Grupo Consenso planteaban que en el futuro sería necesario “insertar adecuadamente” a la Argentina en el mundo, que el país se transformara en un actor global “responsable”, partiendo de nuestra “identidad occidental” y defendiendo las “instituciones republicanas, la división de poderes, la libertad de expresión, los derechos humanos y las garantías individuales”. Llamaban a consolidar los valores de una “sociedad abierta, moderna y respetuosa del ordenamiento internacional”. En síntesis, había que volver a ser un país “normal” y “serio”. O sea, asumir la realidad de la condición periférica y evitar cuestionar el rol de gendarme global que hace décadas ejerce Estados Unidos, con Europa y Japón como socios.
Señalaban, también, la necesidad de establecer una adecuada convergencia entre el Mercosur atlántico y la Alianza del Pacífico, pero sin dar cuenta de que, precisamente, esta última -impulsada por México, Colombia, Perú y Chile, países que firmaron Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos- era una herramienta para intentar una restauración conservadora e imponer una agenda neoliberal.
Además, bajo la idea de fortalecer las tradicionales relaciones con Europa y Estados Unidos, pedían al futuro gobierno encarar una política exterior diferente a la kirchnerista, que precisamente se había caracterizado por estrechar acuerdos con los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-, sin dejar de lado históricas relaciones del país. En definitiva, demandaban una “apertura” del Mercosur, orientada a la Unión Europea y Estados Unidos, una idea sobre la cual las derechas latinoamericanas venían trabajando con fuerza en los últimos años.
Resaltaban como positiva la especialización en la producción de alimentos y energía, alentando un esquema reprimarizador y extractivista que genera exclusión y destruye el medio ambiente, permitiendo ganancias extraordinarias para un núcleo reducido de la clase dominante -y los grandes capitales externos con los que se asocia- y una escasa diversificación productiva. Retomando la agenda de Estados Unidos, señalaban que los principales enemigos a escala global eran el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado. No decían nada de cómo esas “amenazas” se utilizaron para dar sustento a invasiones militares unilaterales, violar el derecho internacional o instrumentar campañas de desestabilización de gobiernos adversarios de Washington.
Estos referentes, algunos de los cuales ocuparon luego cargos claves en la Administración Macri, promovían un acuerdo en materia de política exterior que parecía cercano al “Consenso de Washington” de los años noventa, cuando la política económica de buena parte de los países no centrales estaba fuertemente condicionada por los organismos multilaterales de crédito, al calor de una indiscutible hegemonía estadounidense a nivel mundial. Con cierta nostalgia de las relaciones carnales que primaron en aquella década, aunque utilizando un lenguaje aggiornado, apuntaban a una restauración conservadora en la política exterior argentina e impulsaban la vuelta a una inserción internacional dependiente. Esta orientación es la que se desplegó durante los cuatro años del gobierno de Cambiemos.
En las antípodas de esa perspectiva, preocupados por la falta de debates y estrategias sobre la inserción internacional y la política exterior argentina desde una perspectiva crítica, a mediados del año pasado se dio la convergencia de un conjunto de internacionalistas, historiadores, economistas, politólogos, sociólogos, diplomáticos y periodistas que nos dedicamos en el ámbito académico, docente, periodístico y militante al pensamiento estratégico y a analizar la inserción internacional y la política exterior argentina y latinoamericana. Confluimos colegas de distintas provincias: Alejandro Robba (UNM), Alejandro Simonoff (IDICHS/UNLP), Anabella Busso (UNR-CONICET), Carlos Raimundi (UNLA-UNQ), Franco Lucietto (IDEHESI/CONICET), Gabriel Merino (IDIHCS UNLP/CONICET), Julian Kan (UBA- IDEHESI/CONICET), Leandro Morgenfeld (UBA-IDEHESI/CONICET), Manuel Valenti (OCIPEX), Mara Espasande (UNLa), Marco Teruggi (Analista Internacional), María Cecilia Míguez (UBA-IDEHESI/CONICET), María Haro Sly (Universidad de Johns Hopkins), Mariana Vazquez (UBA-UNDAV-Observatorio del Sur Global) y Matías Caciabue (UNAHUR-UNDEF-CLAE). Luego de muchas reuniones y debates, elaboramos nuestro primer documento, que compartimos y discutimos con colegas de todo el país. El 21 de diciembre hicimos público el “Documento del Grupo de Reflexión y Proyección de la Política Exterior Argentina Integración y Soberanía”, con la adhesión de más de 130 colegas que lo habían leído y acordado previamente.
En la primera parte del documento se analiza el actual desorden global: “En la primera década del siglo XXI se hizo un lugar común decir que nos encontrábamos frente a un Cambio de Época. Con ello se quería transmitir que no era meramente una época de cambios, sino que se estaban desarrollando transformaciones estructurales que significaban una reconfiguración del orden mundial y regional existente (…) Más de una década después, el Cambio de Época se confirma”.
“Transitamos una crisis relativa de la hegemonía estadounidense-británica -con centro geopolítico en Occidente y centro geoeconómico en los países del G7- que está abriendo una etapa de profundas disputas, caos sistémico, guerra y transición hegemónica. Hay una situación de multipolaridad parcial creciente en la que, si bien se destacan Estados Unidos como antiguo hegemón de un lado y China como principal potencia emergente del otro, existen otros poderes -como Rusia, India, la Unión Europea, Japón, etc.-, y se impulsan procesos de regionalización y conformación de bloques en la búsqueda de ganar grados de relativa autonomía. Ello tiende hacia la configuración de un escenario complejo, bajo una dinámica relativamente multipolar, que no puede reducirse a la simplificación de una ‘nueva bipolaridad’”.

El documento del Grupo analiza “un conjunto de tendencias fundamentales en la presente transición de poder mundial”. La primera es “el declive relativo de Estados Unidos y Occidente, que contrasta con el ascenso relativo de China, Asia Pacífico e Índico (…) que pone en crisis una de las características fundamentales del sistema mundial en los últimos siglos: su occidentocentrismo”. La segunda es “la agudización de contradicciones estructurales que devienen antagónicas y dan lugar a crecientes conflictos”, donde “la contradicción principal que atraviesa al sistema mundial es entre los poderes en ascenso con centralidad en la masa continental de Eurasia (…) frente a los viejos poderes dominantes del Atlántico Norte, que buscan mantener el viejo orden”.
“En la presente transición de poder mundial y guerra, las periferias y los países emergentes se encuentran atravesados por la tensión entre el desarrollo nacional y regional o mayores niveles de periferialización, entre aumentar los niveles de autonomía relativa y capacidades para ejercer una soberanía efectiva o, por el contrario, profundizar las situaciones de dependencia, con el consecuente despojo de sus recursos naturales y el fortalecimiento de los mecanismos de transferencia de excedente”.
En la segunda parte del documento se discute el rol de “Nuestra América”, que “conserva importancia en varios ámbitos económicos y geopolíticos en un mundo cada vez más disputado. Para pensar políticas acordadas entre los países de la región es necesario primero rebatir el sentido común que la califica como un área geográfica intrascendente. Varios elementos ponderan su rol. Entre ellos, tiene recursos estratégicos; como mercado incluye a más de 650 millones de habitantes, que en promedio poseen ingresos medios en relación a los niveles de ingresos mundiales, y conserva un lugar destacado como espacio de radicación de inversiones estadounidenses, europeas y chinas, entre otras. Como decíamos, la importancia de la región se hace evidente cuando la misma es presentada como un campo de disputa entre los grandes poderes para incrementar su influencia”.
“Otra singularidad, propia de este siglo, es que se revirtió la primacía económica que ostentó Estados Unidos desde los años veinte del siglo pasado. Salvo México, cuya economía depende enormemente de su vecino del norte, en el resto de los países hoy China es el primer o segundo socio comercial, prestamista fundamental y uno de los principales inversores externos. Esto modifica el esquema tradicional de inserción económica internacional de la región (…) El problema a resolver es desde qué modelo de acumulación, con qué esquema de integración y bajo qué proyecto político-estratégico desarrollamos la región y nos insertamos con el mundo”.
El documento destaca una serie de temas claves como “el peso significativo de las deudas externas”. Otro refiere a la situación del Mercosur, que en la actualidad “se caracteriza por la fragmentación política y la desintegración económica, aunque todavía logró sobrevivir como bloque comercial y representa un destino clave para las exportaciones de mayor valor agregado”, y la “urgencia” en abordar los actuales problemas “con una mirada estratégica de largo plazo, para acortar sus brechas de desarrollo con otros países o regiones del mundo y ampliar su autonomía política”.
La tercera y última parte del documento se aboca específicamente a la situación nacional y de la región y plantea una serie de propuestas: “Necesitamos una política exterior inteligente, basada en nuestras necesidades e intereses nacionales, definidos por las mayorías populares” (…) Resulta necesario señalar la pertenencia de América Latina y de la Argentina como parte del Sur Global, para desde allí pensar el lugar de la región en el sistema mundial y la política exterior”.
“Las relaciones tanto con los poderes occidentales como con el mundo emergente deben realizarse a partir de códigos y estrategias propias, acorde con los intereses nacionales y regionales, incluyendo las demandas de las grandes mayorías populares, las perspectivas nacionales de desarrollo y el establecimiento de mayores niveles de autonomía relativa (…) Es importante confluir desde posiciones propias en espacios como el BRICS y otros similares que expresan problemáticas más cercanas al Sur Global y a cuestiones propias de los países ‘en desarrollo’, a la vez que impulsan agendas que procuran redefinir tanto la distribución del poder como la distribución de la riqueza a nivel mundial”.
El Grupo presenta varios temas centrales, como “tener una agenda clara sobre la profunda crisis ambiental mundial”, sin “caer en la falsa antinomia ambientalismo vs desarrollo”. También resalta la importancia de “retomar la construcción de instancias de coordinación/cooperación política e integración regional. Aún con sus limitaciones, las experiencias de la UNASUR, la CELAC, el ALBA-TCP y el Mercosur ampliado implican un acumulado sobre el que hay que avanzar para ampliar los márgenes de autonomía”. Esas instancias son a su vez importantes para “elaborar una estrategia conjunta para impulsar el multipolarismo en ámbitos multilaterales como la ONU, OEA, G20, OMC, etc.”.

La “integración regional”, se afirma, “debe ir más allá del ámbito declamativo”, señalando cuáles podrían ser los pasos concretos en el ámbito de lo productivo, monetario o de defensa. El documento desarrolla cada uno de los puntos propuestos para proyectar una política exterior nacional en tiempos de cambio de época, oportunidades, urgencias y desafíos. Finalmente, se resalta que “las islas Malvinas son argentinas y Latinoamericanas. Constituyen un rostro visible del colonialismo del siglo XXI y de la militarización del Atlántico Sur en tanto base británica y punto clave de la OTAN”.
La presentación pública del grupo y del documento se realizó el miércoles 19 de abril de 2023 en el salón San Martín de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF), el mismo en el que el presidente Juan Domingo Perón dio su discurso en 1953 sobre la propuesta del nuevo ABC (la asociación entre Argentina, Brasil y Chile para avanzar hacia la unidad continental). La jornada de debate, titulada “La Política Exterior Argentina en un mundo en transición”, empezó con un panel coordinado por Anabella Busso. Luego de las palabras de bienvenida del rector de la UNDEF, Jorge Battaglino, realizó un comentario amplio sobre el documento la investigadora Diana Tussie, una de las adherentes, tras lo cual presentamos las diversas partes del documento Gabriel Merino, Leandro Morgenfeld, Mariana Vazquez y Alejandro Simonoff.
A continuación, se inició el debate con los 75 presentes. Además de otros miembros del colectivo y firmantes, como Cecilia Míguez, Paula Giménez, Rubén Laufer y Sonia Winer, hablaron los embajadores Eduardo Zuain (desde Moscú) y Carlos Raimundi (desde Washington) y Santiago Villalba, Cónsul General en Nueva York, desde esa ciudad. Participaron también estudiantes y graduados del Instituto del Servicio Exterior de la Nación, docentes, investigadores y periodistas. Se recibieron, entre otros, los saludos de Atilio Boron y Telma Luzzani, ambos firmantes del documento, y de Bruno Rodríguez, en nombre del colectivo Jóvenes por el Clima: “Desde Jóvenes por el Clima mandamos un saludo a los compañeros del espacio Integración y Soberanía. Nos parece fundamental que el ambientalismo intervenga con una profunda consciencia nacional en la protección de los recursos naturales estratégicos de todos los argentinos”.
Al final de la actividad se planteó la necesidad de continuar los debates que se iniciaron en esta primera actividad pública. Se anunciaron unas futuras jornadas, en las que se buscará profundizar en el diagnóstico y propuestas de cada uno de los ejes planteados en el documento fundacional del grupo. Se espera entonces, para el mes de junio, consolidar y ampliar este espacio diverso, que recoge distintas perspectivas críticas de la inserción internacional, el pensamiento estratégico y la política exterior argentina, desarrolladas en centros de investigación de La Plata, Rosario, CABA, Córdoba y Buenos Aires, entre otros nodos.
Video presentación de "El legado de Trump en un mundo en crisis"
Por Leandro Morgenfeld, CLACSO TV, marzo 2023
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Publicado el 22 de diciembre de 2022, 15:01
Gacetilla de prensa
“Hace varios meses un grupo de colegas dedicados al campo de las Relaciones Internacionales decidimos conformar un grupo de reflexión sobre Política Exterior Argentina al que llamamos ‘Soberanía e Integración’. El objetivo que nos propusimos fue realizar un análisis tanto sobre el orden global como sobre la situación regional y su impacto sobre la política exterior”, reza la presentación del recién formado Grupo de Reflexión y Proyección de la Política Exterior Argentina Integración y Soberanía.
“Entendemos que esa línea de trabajo nos permite no sólo mantener actualizado nuestro conocimiento, sino también compartirlo con un espíritu prescriptivo en el que surgirán insumos académicos para la elaboración de políticas públicas”, continúa la carta de presentación que está acompañada de un primer documento que, “con antelación, fue compartido con todas y todas las colegas que los ratificaron con su firma”, suscribiendo al texto más de 100 personas. Cada una de esas personas realizó, a su vez, “comentarios y observaciones” que será sistematizados por el Grupo para “discutirlos en un encuentro planificado para marzo de 2023”.
Situación mundial
El documento trabajado por el Grupo, disponible en su versión completa aquí, propone abordar el mapa geopolítico a partir de tres dimensiones: la situación mundial; de “Nuestra América”; y, finalmente, “la Argentina en el mundo y la región”. La primera dimensión de análisis comienza bajo la afirmación que: “en la primera década del siglo XXI se hizo un lugar común decir que nos encontrábamos frente a un Cambio de Época. Con ello se quería transmitir que no era meramente una época de cambios, sino que se estaban desarrollando transformaciones estructurales que significaban una reconfiguración del orden mundial y regional existente (…) Más de una década después, el Cambio de Época se confirma”.
“Transitamos una crisis relativa de la hegemonía estadounidense-británica –con centro geopolítico en Occidente y centro geoeconómico en los países del G7– que está abriendo una etapa de profundas disputas, caos sistémico, guerra y transición hegemónica. Hay una situación de multipolaridad parcial creciente en la que, si bien se destacan Estados Unidos como antiguo hegemón de un lado y China como principal potencia emergente del otro, existen otros poderes –como Rusia, India, la Unión Europea, Japón, etc.-, y se impulsan procesos de regionalización y conformación de bloques en la búsqueda de ganar grados de relativa autonomía. Ello tiende hacia la configuración de un escenario complejo, bajo una dinámica relativamente multipolar, que no puede reducirse a la simplificación de una ‘nueva bipolaridad’”.
El documento del Grupo analiza “un conjunto de tendencias fundamentales en la presente transición de poder mundial”. La primera es “el declive relativo de Estados Unidos y Occidente, que contrasta con el ascenso relativo de China, Asia Pacífico e Índico (…) que pone en crisis una de las características fundamentales del sistema mundial en los últimos siglos: su occidentocentrismo”. La segunda es “la agudización de contradicciones estructurales que devienen antagónicas y dan lugar a crecientes conflictos”, donde “la contradicción principal que atraviesa al sistema mundial es entre los poderes en ascenso con centralidad en la masa continental de Eurasia (…) frente a los viejos poderes dominantes del Atlántico Norte, que buscan mantener el viejo orden”.
“En la presente transición de poder mundial y guerra, las periferias y los países emergentes se encuentran atravesados por la tensión entre el desarrollo nacional y regional o mayores niveles de periferialización, entre aumentar los niveles de autonomía relativa y capacidades para ejercer una soberanía efectiva o, por el contrario, profundizar las situaciones de dependencia, con el consecuente despojo de sus recursos naturales y el fortalecimiento de los mecanismos de transferencia de excedente”.
Nuestra América
El Grupo Integración y Soberanía analiza en un segundo lugar el rol de “Nuestra América”, que “conserva importancia en varios ámbitos económicos y geopolíticos en un mundo cada vez más disputado. Para pensar políticas acordadas entre los países de la región es necesario primero rebatir el sentido común que la califica como un área geográfica intrascendente. Varios elementos ponderan su rol. Entre ellos, tiene recursos estratégicos; como mercado incluye a más de 650 millones de habitantes, que en promedio poseen ingresos medios en relación a los niveles de ingresos mundiales, y conserva un lugar destacado como espacio de radicación de inversiones estadounidenses, europeas y chinas, entre otras. Como decíamos, la importancia de la región se hace evidente cuando la misma es presentada como un campo de disputa entre los grandes poderes para incrementar su influencia.”
“Otra singularidad, propia de este siglo, es que se revirtió la primacía económica que ostentó Estados Unidos desde los años veinte del siglo pasado. Salvo México, cuya economía depende enormemente de su vecino del norte, en el resto de los países hoy China es el primer o segundo socio comercial, prestamista fundamental y uno de los principales inversores externos. Esto modifica el esquema tradicional de inserción económica internacional de la región (…) El problema a resolver es desde qué modelo de acumulación, con qué esquema de integración y bajo qué proyecto político-estratégico desarrollamos la región y nos insertamos con el mundo.
El documento señala varios temas claves como “el peso significativo de las deudas externas”. Otro refiere a la situación del Mercosur, que en la actualidad “se caracteriza por la fragmentación política y la desintegración económica, aunque todavía logró sobrevivir como bloque comercial y representa un destino clave para las exportaciones de mayor valor agregado”, y la “urgencia” en abordar los actuales problemas “con una mirada estratégica de largo plazo, para acortar sus brechas de desarrollo con otros países o regiones del mundo y ampliar su autonomía política”.
Argentina en el mundo y la región
“Necesitamos una política exterior inteligente, basada en nuestras necesidades e intereses nacionales, definidos por las mayorías populares”, propone el Grupo Integración y Soberanía. “Resulta necesario señalar la pertenencia de América Latina y de la Argentina como parte del Sur Global, para desde allí pensar el lugar de la región en el sistema mundial y la política exterior”.
“Las relaciones tanto con los poderes occidentales como con el mundo emergente deben realizarse a partir de códigos y estrategias propias, acorde con los intereses nacionales y regionales, incluyendo las demandas de las grandes mayorías populares, las perspectivas nacionales de desarrollo y el establecimiento de mayores niveles de autonomía relativa (…) Es importante confluir desde posiciones propias en espacios como el BRICS y otros similares que expresan problemáticas más cercanas al Sur Global y a cuestiones propias de los países ‘en desarrollo’, a la vez que impulsan agendas que procuran redefinir tanto la distribución del poder como la distribución de la riqueza a nivel mundial”.
El Grupo presenta varios temas centrales, como “tener una agenda clara sobre la profunda crisis ambiental mundial”, sin “caer en la falsa antinomia ambientalismo vs desarrollo”. También resalta la importancia de “retomar la construcción de instancias de coordinación/cooperación política e integración regional. Aún con sus limitaciones, las experiencias de la UNASUR, la CELAC, el ALBA-TCP y el Mercosur ampliado implican un acumulado sobre el que hay que avanzar para ampliar los márgenes de autonomía”. Esas instancias son a su vez importantes para “elaborar una estrategia conjunta para impulsar el multipolarismo en ámbitos multilaterales como la ONU, OEA, G20, OMC, etc.”
La “integración regional”, afirma el Grupo, “debe ir más allá del ámbito declamativo”, señalando cuáles podrían pasos concretos en el ámbito de lo productivo, monetario o de defensa. El documento desarrolla cada uno de los puntos propuestos para proyectar una política exterior nacional en tiempos de cambio de época, oportunidades, urgencias y desafíos. Finalmente, se resalta que “las islas Malvinas son argentinas y Latinoamericanas. Constituyen un rostro visible del colonialismo del siglo XXI y de la militarización del Atlántico Sur en tanto base británica y punto clave de la OTAN”. Está previsto que en marzo tenga lugar un encuentro abierto organizado por el Grupo Integración y Soberanía para debatir sobre estas ideas propuestas.
- Leé acá el documento completo -
Este jueves 15 de diciembre de 2022 a lals 18hs en EUDEBA se presenta el manual en el que contribuí con un capítulo crítico sobre la política exterior durante el gobierno de Mauricio Macri.

A partir del reciente triunfo de Lula da Silva sobre Jair Bolsonaro en Brasil se abrió una ventana, quizás efímera, para retomar el camino hacia la construcción de la Patria Grande. Mientras las potencias occidentales enfrentan desafíos geopolíticos mayúsculos en un mundo en guerra, nuestra región tiene una oportunidad única, siendo la primera vez en la historia que Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile, las cinco economías más grandes de la región, están en manos gobiernos progresistas, nacional populares o de izquierda. ¿Llegó la hora de retomar la integración?
Hace tan sólo un quinquenio, con Donald Trump en la Casa Blanca y Enrique Peña Nieto, Michel Temer, Mauricio Macri, Sebastián Piñera e Iván Duque presidiendo los gobiernos de los países más grandes de América Latina, muchos analistas hablaban de la definitiva restauración conservadora. Sin embargo, las luchas sociales que estallaron desde 2018 más las resonantes derrotas electorales de los gobiernos neoliberales de derecha cambiaron, al menos parcialmente, el panorama político regional.
Trump no logró ser reelecto, ampliando todavía más las múltiples grietas internas que comprometen la posibilidad de Estados Unidos de sostener una hegemonía global cada vez más débil, a la vez que en México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile y Perú se impusieron Andrés Manuel López Obrador, Lula da Silva, Allberto Fernández, Gustavo Petro, Gabriel Boric y Pedro Castillo. Por su parte Cuba, Venezuela y Nicaragua, catalogados como la “troika del mal” por la administración Trump, resistieron la embestida imperial y ya no se encuentran aislados en el continente. Bolivia logró revertir el golpe contra Evo Morales de 2019 y el Movimiento al Socialismo (MAS) volvió al poder, con Luis Arce. En Honduras triunfó Xiomara Castro, la compañera de Mel Zelaya, quien había sido depuesto en 2009.
Salvo Paraguay, Uruguay y Ecuador, en América del Sur retrocedieron los gobiernos de derecha y ultraderecha. Esta segunda oleada de la “marea rosa”, sin embargo, es más débil y menos radical que la primera que permitió, entre otras cosas, la histórica derrota del proyecto estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Además enfrenta enormes desafíos, producto de la crisis económica que afecta actualmente al mundo entero, pero principalmente a Nuestra América, la región más desigual del mundo, si tomamos en cuenta el reparto de la riqueza, y con 200 millones de pobres (32,1%, de acuerdo a la última medición de la CEPAL). Según el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, es una etapa defensiva -“pasiva o descendente”-, en la que el nuevo progresismo llega a los gobiernos mediante “liderazgos administrativos” (Arce en vez de Evo, Alberto Fernández en vez de Néstor o Cristina) y “forma ya parte del sistema de partidos de gobierno”, mientras que enfrenta a opositores políticos “cada vez más escorados hacia la extrema derecha” (Antonio Kast, Jair Bolsonaro o Javier Milei).
De todas formas, más allá de que no estamos en la misma situación de hace dos décadas -el nuevo progresismo no llega luego de las luchas que sacudieron el continente hace 20 años, ni cuenta con un contexto económico externo favorable por el precio de las materias primas-, la vuelta al gobierno de fuerzas y/o líderes que protagonizaron la primera oleada, hace que en los próximos meses exista una oportunidad para retomar la senda integracionista de principios del siglo XXI. Para ello se necesita que Argentina y Brasil relancen el MERCOSUR, levantando la suspensión de Venezuela y terminando el proceso de incorporación de Bolivia como miembro pleno, que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) retome la iniciativa frente a la debilidad de Luis Almagro en la Organización de Estados Americanos (OEA) y que se reconstruya la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), tal como reclamaron hace pocos días ex presidentes y cancilleres de la región.
Como bien explicó recientemente Guillaume Long, ex canciller de Ecuador, “con una Guerra Fría que se aproxima a pasos agigantados entre EE.UU. y China, el sur global tiene que generar bloques regionales (…) Hay una buena coyuntura política a nivel regional para relanzar la UNASUR. Yo creo que Argentina y Brasil tienen que jugar un rol de liderazgo en esto y pueden hacerlo”.

Este organismo nació en 2008 y fue fundamental para frenar el intento de fracturar Bolivia unos meses después, condenar el golpe en Honduras en 2009, el levantamiento policial contra Rafael Correa en 2010, la destitución irregular de Fernando Lugo en 2012 o incluso para terciar en la crisis entre Colombia y Venezuela. La UNASUR permitió a la región tramitar sus conflictos fuera de la órbita de la OEA, con sede en Washington, y muchas veces tutelada por el Departamento de Estado de EE.UU., sobre todo desde que Almagro la conduce.
Desde 2018, cuando avanzaron los gobiernos de derecha en la región, siete países se retiraron de la UNASUR, denunciaron su tratado constitutivo, en algunos casos de forma inconstitucional, como los de Brasil y Argentina, ya que ni Bolsonaro ni Macri acudieron al Congreso. El primero lo hizo por decreto, mientras que el expresidente argentino apenas envió una nota a Ecuador, país depositario del tratado, planteando la salida del país.
En esta nueva coyuntura políticamente más favorable, una serie de ex presidentes, cancilleres, ministros e intelectuales, entre los que se destacan los ex mandatarios/as Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador), Eduardo Duhalde (Argentina), Ricardo Lagos (Chile), José “Pepe” Mujica (Uruguay), Ernesto Samper (Colombia) y Dilma Rousseff (Brasil), enviaron una carta a los doce jefes de Estado de los países que integraban la UNASUR, planteando la necesidad de recuperar “la mejor plataforma para reconstituir un espacio de integración”.
A este relanzamiento debería sumarse la revitalización del MERCOSUR, que debería, a partir del cambio de gobierno en Brasil el 1 de enero, salir del estancamiento, terminar el proceso para la incorporación de Bolivia como miembro pleno y levantar la suspensión política que impusieron los gobiernos derechistas a Venezuela. La convergencia entre estos dos bloques más la CELAC, que reúne a los 33 países de América Latina y el Caribe, permitiría volver a transitar el camino de la cooperación y coordinación políticas, y avanzar hacia la plena integración regional, con una agenda propia y en función de las necesidades y prioridades de nuestros pueblos.
Transitar ese camino no será nada fácil, ya que hay por delante una serie de desafíos. El primero es evitar las fuerzas centrífugas y la balcanización alentada desde fuera. La reciente elección del reemplazo de Claver Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es una clara muestra de cómo las desavenencias entre potenciales aliados nos debilitan. México y Argentina no coordinaron una estrategia común y terminó imponiéndose Ilan Goldfajn, un funcionario brasilero propuesto por Bolsonaro y avalado por EE.UU., lo cual generó resquemores en el vínculo entre López Obrador y Alberto Fernández, quien esta semana canceló su anunciado viaje a México.
El segundo desafío tiene que ver con la debilidad de esta segunda ola de la marea rosa. Las derechas habrán perdido elecciones -en realidad, casi todos los oficialismos perdieron desde 2018 en la región-, pero conservan una enorme capacidad de fuego y tienen contra las cuerdas a gobiernos que no se animan a encarar reformas de fondo, generando frustración incluso entre sus bases electorales y dando lugar a que ese desencanto sea canalizado, en muchos casos, por referentes de ultraderecha que se auto proclaman enemigos de las castas. El giro hacia el centro de Fernández, Boric o el propio Lula durante la campaña es preocupante en este sentido.
El tercer desafío es darle carnadura a los proyectos de cooperación políticas. Que permitan avanzar en iniciativas concretas: explotación conjunta de nuestros recursos naturales estratégicos (la OPEP del litio, junto a una empresa estatal latinoamericana para explotarlo), obras de infraestructura (gasoductos), una moneda común o mecanismos de intercambio comercial con monedas propias para reducir la dependencia del dólar, una investigación y una moratoria conjunta de la deuda externa (es decir, abandonar la rendición ante el FMI) o una política sanitaria soberana que permita la producción y distribución de vacunas propias, por poner algunos ejemplos. Esos proyectos mostrarían que la integración va más allá de la retórica y las buenas intenciones.
El cuarto desafío es, de una vez por todas, construir mecanismos institucionales permanentes para empezar a negociar conjuntamente, en el marco del Mercosur, la UNASUR y la CELAC, con actores como EE.UU., la Unión Europea o China. Sólo así se reducirían, al menos parcialmente, las asimetrías a la hora de vincularse con los grandes jugadores del tablero geopolítico global. Y se sentarían bases más sólidas para avanzar hacia la construcción de la Patria Grande, que no se desmoronen como un castillo de naipes, ante el eventual traspié electoral de las fuerzas integracionistas.
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América
Año 4 – Número #8 El papel de Estados Unidos y la OTAN en la
guerra de Ucrania. Intereses, geoestrategias y proyecciones
Noviembre 2022
Contenido
Presentación. El papel de Estados Unidos y la OTAN en la guerra en Ucrania: intereses, geoestrategias y proyecciones
Claudio Gallegos
Sonia Winer
Sobre causas justas, guerras injustas y construcción de paz
Adolfo Pérez Esquivel
La guerra en Ucrania. Disputa de intereses entre Occidente y Oriente
Jesús Eduardo González Ruiz
Karla Villalobos Cruz
La guerra en Ucrania. Impacto en América Latina
Aníbal García Fernández
Silvina Romano
Tamara Lajtman
Los objetivos norteamericanos en Ucrania
Claudio Katz
La invasión “silenciosa” de los Estados Unidos. El financiamiento de los think tanks en Ucrania
Ary Cesar Minella
Guerra sin fin. En la antesala de la desglobalización
Dídimo Castillo Fernández
El conflicto entre Rusia y Ucrania recrudece la crisis en la economía global
Gladys Cecilia Hernández Pedraza
El avance la OTAN para el domino de Eurasia y el conflicto en Ucrania
Gabriel E. Merino
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
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Año 4 – Número #8 El papel de Estados Unidos y la OTAN en la
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Noviembre 2022
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El avance la OTAN para el domino de Eurasia y el conflicto en Ucrania
Gabriel E. Merino
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Manual
de la política exterior argentina por Laporte, Juan Pablo. ISBN:
9789502332758 - Tema: Política - Editorial: EUDEBA - Esta obra nos
permite apreciar el curso seguido en la política exterior argentina, los
principales temas que han dominado su agenda en distintos contextos
históricos y, al mismo tiempo, las variables que han intervenido
e..Eudeba - Av Rivadavia 1573, Ciudad Autónoma ... www.eudeba.com.ar |
Roberto Russell (UTDT), José Paradiso (UBA-UNTREF), Melisa Deciancio (FLACSO-UDESA-CONICET), Juan Pablo Laporte (UBA), Elsa Llenderrozas (UBA), Julieta Zelicovich (UNR-CONICET), Mario Rapoport (UBA-ISEN), Francisco Corigliano (UTDT-FLACSO), Ricardo Vicente (UBA-CIHESRI-CONICET), Beatriz Figallo (IDEHESI-CONICET), Lucía Lacunza (UBA-CIHESRI), María Cecilia Miguez (UBA-CONICET), Florencia del Pino (UBA-IDEHESI-CONICET), Rubén Laufer (CIHESRI-UBA), Alejandro Simonoff (IRI-UNLP), Anabella Busso (UNR-CONICET-SAAP) Julián Kan (CIHESRI-UBA-UNQUI), Amilcar Salas Oroño (UBA-UNMDP), Leandro Morgenfeld (UBA-CONICET), Diana Tussie (FLACSO-CONICET), María Rocío Novello (UNR-CIPEI), Pablo Nemiña (UBA-FLACSO), Roberto Bouzas (UDESA), Leandro Sánchez (CERPI-IRI–UNLP), Sergio Eissa (UBA-UNSAM-FLACSO), Miguel de Luca (UBA-CONICET), Rafael Mariano Grossi (UCA), Juan Battaleme (CARI-UBA-UCEMA), Norbeto Consani (IRI-UNLP), Sonia Winer (UBA-IEALC-CONICET), Carlos Juárez Centeno (UNC-UBP), Alejandro Frenkel (UNSAM-CONICET), Luciana Gil (UBA-CONICET), Natalia Albarez Gómez (UNLAR-UNC), Ignacio Liendo (UNLAR), Luciana Micha (UBA), Daniel Filmus (UBA), Uriel Erlich (UBA-UNSAM-CONICET), Miryam Colacrai (UNR-CERIR-CONICET), Andrés Fontana (UBA), Juan Tokatlian (UTDT).