Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América Año 4 – Número #9 Estados Unidos: instrumentos de poder «blando» y «duro» en su política hacia América Latina y el Caribe
Junio 2023
Contenido
Presentación Jaime Zuluaga Nieto Luis René Fernández
Militarismo.El virus que Estados Unidos inocula al mundo Loreta Tellería Escobar
Comando Sur y la «disuasión integrada». Tambores de guerra contra la Patria Grande Juan Ramón Quintana Taborga
Una conveniente nebulosa.Estados Unidos y la asistencia en seguridad hacia América Latina y el Caribe Tamara Lajtman Aníbal García Fernández Silvina Romano
NED: Intervencionismo en América Latina y el Caribe Ary César Minella
El Entendimiento Bicentenario.La nueva estrategia de seguridad entre México y Estados Unidos Yasmin Martínez Carreón
Las sanciones económicas como instrumento de poder en la política de Estados Unidos hacia Cuba Raúl Rodríguez Rodríguez
Panel I. Estados Unidos en América Latina y el Caribe: 200 años de doctrina Monroe (Parte 1)
31 mayo 11hs de Argentina
31 de mayo | Modalidad hibrida
Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) | La Habana, Cuba 09.00 a 10.30 horas Colombia
10.00 a 11.30 horas Cuba
11.00 a 12.30 horas Argentina
El Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana se complace en anunciar la IV Conferencia de Estudios sobre Estados Unidos y Procesos Hemisféricos “A 200 años de la Doctrina Monroe” que tendrá lugar como parte de la CONVENCIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA “Saber UH 2023”.
Participan Leandro Morgenfeld (Argentina): Nuestra América frente a la doctrina Monroe: historia y actualidad Claudio Katz (Argentina): Auge y ocaso de la Doctrina Monroe Jaime Zuluaga Nieto (Colombia): De la Doctrina Monroe a las nuevas modalidades de intervención de los Estados Unidos
Modera Raúl Rodríguez Rodríguez. CEHSEU-UH (Cuba)
Organizan Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU)
🥊 1º asalto | Unidad vs. Desintegración: el proyecto político Seminario virtual - Bolívar vs. Monroe
Este jueves 01 de junio, se suben al ring contra el imperialismo: 🇻🇪 Guillermo Barreto y Carlos Ron del Instituto Simón Bolívar, para abordar los elementos históricos del proyecto político de unidad continental frente a la propuesta desintegradora del monroísmo, y 🇦🇷 Leandro Morgenfeld, Profesor regular de la UBA, investigador y autor del libro "Nuestra América frente a la doctrina Monroe. 200 años de disputas" para abordar cómo esas dos visiones de proyecto político han estado confrontadas hasta la actualidad.
En 2022 se conformó el colectivo
“Integración y Soberanía”. Nuestro objetivo es reflexionar sobre la
política exterior y la inserción internacional argentina, participar en
las discusiones de su orientación y plantear propuestas.
El miércoles 19 de abril se realizó la presentación pública de
nuestro primer documento, con una amplia participación de especialistas,
docentes, estudiantes, diplomáticos, activistas y periodistas.
El nacimiento del grupo
Es un lugar común, entre los sectores liberales tradicionales,
plantear que cuando se promueven políticas exteriores autónomas
Argentina se “aísla del mundo”. En el año 2015, por ejemplo, influyentes
dirigentes políticos locales exigían un giro en la política exterior,
que incluyera una mayor convergencia con Estados Unidos y Europa. Meses
antes de las elecciones presidenciales que marcarían el ascenso al poder
de la Alianza Cambiemos, referentes de la oposición al kirchnerismo
plantearon públicamente cuáles eran los desafíos, en materia política
exterior, que debía abordar quien sucediera a Cristina Fernández de
Kirchner.
Los firmantes del primer documento
del autodenominado Grupo Consenso planteaban que en el futuro sería
necesario “insertar adecuadamente” a la Argentina en el mundo, que el
país se transformara en un actor global “responsable”, partiendo de
nuestra “identidad occidental” y defendiendo las “instituciones
republicanas, la división de poderes, la libertad de expresión, los
derechos humanos y las garantías individuales”. Llamaban a consolidar
los valores de una “sociedad abierta, moderna y respetuosa del
ordenamiento internacional”. En síntesis, había que volver a ser un país
“normal” y “serio”. O sea, asumir la realidad de la condición
periférica y evitar cuestionar el rol de gendarme global que hace
décadas ejerce Estados Unidos, con Europa y Japón como socios.
Señalaban, también, la necesidad de establecer una adecuada
convergencia entre el Mercosur atlántico y la Alianza del Pacífico, pero
sin dar cuenta de que, precisamente, esta última -impulsada por México,
Colombia, Perú y Chile, países que firmaron Tratados de Libre Comercio
con Estados Unidos- era una herramienta para intentar una restauración
conservadora e imponer una agenda neoliberal.
Además, bajo la idea de fortalecer las tradicionales relaciones con
Europa y Estados Unidos, pedían al futuro gobierno encarar una política
exterior diferente a la kirchnerista, que precisamente se había
caracterizado por estrechar acuerdos con los BRICS -Brasil, Rusia,
India, China y Sudáfrica-, sin dejar de lado históricas relaciones del
país. En definitiva, demandaban una “apertura” del Mercosur, orientada a
la Unión Europea y Estados Unidos, una idea sobre la cual las derechas
latinoamericanas venían trabajando con fuerza en los últimos años.
Resaltaban como positiva la especialización en la producción de
alimentos y energía, alentando un esquema reprimarizador y extractivista
que genera exclusión y destruye el medio ambiente, permitiendo
ganancias extraordinarias para un núcleo reducido de la clase dominante
-y los grandes capitales externos con los que se asocia- y una escasa
diversificación productiva. Retomando la agenda de Estados Unidos,
señalaban que los principales enemigos a escala global eran el
terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado. No decían nada de
cómo esas “amenazas” se utilizaron para dar sustento a invasiones
militares unilaterales, violar el derecho internacional o instrumentar
campañas de desestabilización de gobiernos adversarios de Washington.
Estos referentes, algunos de los cuales ocuparon luego cargos claves
en la Administración Macri, promovían un acuerdo en materia de política
exterior que parecía cercano al “Consenso de Washington” de los años
noventa, cuando la política económica de buena parte de los países no
centrales estaba fuertemente condicionada por los organismos
multilaterales de crédito, al calor de una indiscutible hegemonía
estadounidense a nivel mundial. Con cierta nostalgia de las relaciones carnales que primaron en aquella década, aunque utilizando un lenguaje aggiornado,
apuntaban a una restauración conservadora en la política exterior
argentina e impulsaban la vuelta a una inserción internacional
dependiente. Esta orientación es la que se desplegó durante los cuatro
años del gobierno de Cambiemos.
En las antípodas de esa perspectiva, preocupados por la falta de
debates y estrategias sobre la inserción internacional y la política
exterior argentina desde una perspectiva crítica, a mediados del año
pasado se dio la convergencia de un conjunto de internacionalistas,
historiadores, economistas, politólogos, sociólogos, diplomáticos y
periodistas que nos dedicamos en el ámbito académico, docente,
periodístico y militante al pensamiento estratégico y a analizar la
inserción internacional y la política exterior argentina y
latinoamericana. Confluimos colegas de distintas provincias: Alejandro
Robba (UNM), Alejandro Simonoff (IDICHS/UNLP), Anabella Busso
(UNR-CONICET), Carlos Raimundi (UNLA-UNQ), Franco Lucietto
(IDEHESI/CONICET), Gabriel Merino (IDIHCS UNLP/CONICET), Julian Kan
(UBA- IDEHESI/CONICET), Leandro Morgenfeld (UBA-IDEHESI/CONICET), Manuel
Valenti (OCIPEX), Mara Espasande (UNLa), Marco Teruggi (Analista
Internacional), María Cecilia Míguez (UBA-IDEHESI/CONICET), María Haro
Sly (Universidad de Johns Hopkins), Mariana Vazquez
(UBA-UNDAV-Observatorio del Sur Global) y Matías Caciabue
(UNAHUR-UNDEF-CLAE). Luego de muchas reuniones y debates, elaboramos
nuestro primer documento, que compartimos y discutimos con colegas de
todo el país. El 21 de diciembre hicimos público el “Documento del Grupo de Reflexión y Proyección de la Política Exterior Argentina Integración y Soberanía”, con la adhesión de más de 130 colegas que lo habían leído y acordado previamente.
Situación mundial
En la primera parte del documento se analiza el actual desorden
global: “En la primera década del siglo XXI se hizo un lugar común decir
que nos encontrábamos frente a un Cambio de Época. Con ello se quería
transmitir que no era meramente una época de cambios, sino que se
estaban desarrollando transformaciones estructurales que significaban
una reconfiguración del orden mundial y regional existente (…) Más de
una década después, el Cambio de Época se confirma”.
“Transitamos una crisis relativa de la hegemonía
estadounidense-británica -con centro geopolítico en Occidente y centro
geoeconómico en los países del G7- que está abriendo una etapa de
profundas disputas, caos sistémico, guerra y transición hegemónica. Hay
una situación de multipolaridad parcial creciente en la que, si bien se
destacan Estados Unidos como antiguo hegemón de un lado y China como
principal potencia emergente del otro, existen otros poderes -como
Rusia, India, la Unión Europea, Japón, etc.-, y se impulsan procesos de
regionalización y conformación de bloques en la búsqueda de ganar grados
de relativa autonomía. Ello tiende hacia la configuración de un
escenario complejo, bajo una dinámica relativamente multipolar, que no
puede reducirse a la simplificación de una ‘nueva bipolaridad’”.
Foto: Igor Freitas Lima
El documento del Grupo analiza “un conjunto de tendencias
fundamentales en la presente transición de poder mundial”. La primera es
“el declive relativo de Estados Unidos y Occidente, que contrasta con
el ascenso relativo de China, Asia Pacífico e Índico (…) que pone en
crisis una de las características fundamentales del sistema mundial en
los últimos siglos: su occidentocentrismo”. La segunda es “la
agudización de contradicciones estructurales que devienen antagónicas y
dan lugar a crecientes conflictos”, donde “la contradicción principal
que atraviesa al sistema mundial es entre los poderes en ascenso con
centralidad en la masa continental de Eurasia (…) frente a los viejos
poderes dominantes del Atlántico Norte, que buscan mantener el viejo
orden”.
“En la presente transición de poder mundial y guerra, las periferias y
los países emergentes se encuentran atravesados por la tensión entre el
desarrollo nacional y regional o mayores niveles de periferialización,
entre aumentar los niveles de autonomía relativa y capacidades para
ejercer una soberanía efectiva o, por el contrario, profundizar las
situaciones de dependencia, con el consecuente despojo de sus recursos
naturales y el fortalecimiento de los mecanismos de transferencia de
excedente”.
Nuestra América
En la segunda parte del documento se discute el rol de “Nuestra
América”, que “conserva importancia en varios ámbitos económicos y
geopolíticos en un mundo cada vez más disputado. Para pensar políticas
acordadas entre los países de la región es necesario primero rebatir el
sentido común que la califica como un área geográfica intrascendente.
Varios elementos ponderan su rol. Entre ellos, tiene recursos
estratégicos; como mercado incluye a más de 650 millones de habitantes,
que en promedio poseen ingresos medios en relación a los niveles de
ingresos mundiales, y conserva un lugar destacado como espacio de
radicación de inversiones estadounidenses, europeas y chinas, entre
otras. Como decíamos, la importancia de la región se hace evidente
cuando la misma es presentada como un campo de disputa entre los grandes
poderes para incrementar su influencia”.
“Otra singularidad, propia de este siglo, es que se revirtió la
primacía económica que ostentó Estados Unidos desde los años veinte del
siglo pasado. Salvo México, cuya economía depende enormemente de su
vecino del norte, en el resto de los países hoy China es el primer o
segundo socio comercial, prestamista fundamental y uno de los
principales inversores externos. Esto modifica el esquema tradicional de
inserción económica internacional de la región (…) El problema a
resolver es desde qué modelo de acumulación, con qué esquema de
integración y bajo qué proyecto político-estratégico desarrollamos la
región y nos insertamos con el mundo”.
El documento destaca una serie de temas claves como “el peso
significativo de las deudas externas”. Otro refiere a la situación del
Mercosur, que en la actualidad “se caracteriza por la fragmentación
política y la desintegración económica, aunque todavía logró sobrevivir
como bloque comercial y representa un destino clave para las
exportaciones de mayor valor agregado”, y la “urgencia” en abordar los
actuales problemas “con una mirada estratégica de largo plazo, para
acortar sus brechas de desarrollo con otros países o regiones del mundo y
ampliar su autonomía política”.
Argentina en el mundo y la región
La tercera y última parte del documento se aboca específicamente a la
situación nacional y de la región y plantea una serie de propuestas:
“Necesitamos una política exterior inteligente, basada en nuestras
necesidades e intereses nacionales, definidos por las mayorías
populares” (…) Resulta necesario señalar la pertenencia de América
Latina y de la Argentina como parte del Sur Global, para desde allí
pensar el lugar de la región en el sistema mundial y la política
exterior”.
“Las relaciones tanto con los poderes occidentales como con el mundo
emergente deben realizarse a partir de códigos y estrategias propias,
acorde con los intereses nacionales y regionales, incluyendo las
demandas de las grandes mayorías populares, las perspectivas nacionales
de desarrollo y el establecimiento de mayores niveles de autonomía
relativa (…) Es importante confluir desde posiciones propias en espacios
como el BRICS y otros similares que expresan problemáticas más cercanas
al Sur Global y a cuestiones propias de los países ‘en desarrollo’, a
la vez que impulsan agendas que procuran redefinir tanto la distribución
del poder como la distribución de la riqueza a nivel mundial”.
El Grupo presenta varios temas centrales, como “tener una agenda
clara sobre la profunda crisis ambiental mundial”, sin “caer en la falsa
antinomia ambientalismo vs desarrollo”. También resalta la importancia
de “retomar la construcción de instancias de coordinación/cooperación
política e integración regional. Aún con sus limitaciones, las
experiencias de la UNASUR, la CELAC, el ALBA-TCP y el Mercosur ampliado
implican un acumulado sobre el que hay que avanzar para ampliar los
márgenes de autonomía”. Esas instancias son a su vez importantes para
“elaborar una estrategia conjunta para impulsar el multipolarismo en
ámbitos multilaterales como la ONU, OEA, G20, OMC, etc.”.
Foto: Igor Freitas Lima
La “integración regional”, se afirma, “debe ir más allá del ámbito
declamativo”, señalando cuáles podrían ser los pasos concretos en el
ámbito de lo productivo, monetario o de defensa. El documento desarrolla
cada uno de los puntos propuestos para proyectar una política exterior
nacional en tiempos de cambio de época, oportunidades, urgencias y
desafíos. Finalmente, se resalta que “las islas Malvinas son argentinas y
Latinoamericanas. Constituyen un rostro visible del colonialismo del
siglo XXI y de la militarización del Atlántico Sur en tanto base
británica y punto clave de la OTAN”.
Presentación pública
La presentación pública del grupo y del documento se realizó el
miércoles 19 de abril de 2023 en el salón San Martín de la Universidad
de la Defensa Nacional (UNDEF), el mismo en el que el presidente Juan
Domingo Perón dio su discurso en 1953 sobre la propuesta del nuevo ABC
(la asociación entre Argentina, Brasil y Chile para avanzar hacia la
unidad continental). La jornada de debate, titulada “La Política
Exterior Argentina en un mundo en transición”, empezó con un panel
coordinado por Anabella Busso. Luego de las palabras de bienvenida del
rector de la UNDEF, Jorge Battaglino, realizó un comentario amplio sobre
el documento la investigadora Diana Tussie, una de las adherentes, tras
lo cual presentamos las diversas partes del documento Gabriel Merino,
Leandro Morgenfeld, Mariana Vazquez y Alejandro Simonoff.
A continuación, se inició el debate con los 75 presentes. Además de
otros miembros del colectivo y firmantes, como Cecilia Míguez, Paula
Giménez, Rubén Laufer y Sonia Winer, hablaron los embajadores Eduardo
Zuain (desde Moscú) y Carlos Raimundi (desde Washington) y Santiago
Villalba, Cónsul General en Nueva York, desde esa ciudad. Participaron
también estudiantes y graduados del Instituto del Servicio Exterior de
la Nación, docentes, investigadores y periodistas. Se recibieron, entre
otros, los saludos de Atilio Boron y Telma Luzzani, ambos firmantes del
documento, y de Bruno Rodríguez, en nombre del colectivo Jóvenes por el
Clima: “Desde Jóvenes por el Clima mandamos un saludo a los compañeros
del espacio Integración y Soberanía. Nos parece fundamental que el
ambientalismo intervenga con una profunda consciencia nacional en la
protección de los recursos naturales estratégicos de todos los
argentinos”.
Al final de la actividad se planteó la necesidad de continuar los
debates que se iniciaron en esta primera actividad pública. Se
anunciaron unas futuras jornadas, en las que se buscará profundizar en
el diagnóstico y propuestas de cada uno de los ejes planteados en el
documento fundacional del grupo. Se espera entonces, para el mes de
junio, consolidar y ampliar este espacio diverso, que recoge distintas
perspectivas críticas de la inserción internacional, el pensamiento
estratégico y la política exterior argentina, desarrolladas en centros
de investigación de La Plata, Rosario, CABA, Córdoba y Buenos Aires,
entre otros nodos.
Leandro Morgenfeld es profesor regular de la UBA, Investigador
Independiente CONICET y co-coordinador del GT CLACSO Estudios sobre
Estados Unidos. También es compilador de El legado de Trump en un mundo
en crisis (SigloXXI, 2021) y dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com
Nuevos mapas Crisis y desafíos en un mundo multipolar
Oscar Ugarteche. Mariana Aparicio
Ramírez. Leandro Morgenfeld. Gabriel Esteban Merino. Claudia Marín
Suárez. Alexis Colmenares. Alicia Girón. Ariela Ruíz-Caro. Edith Venero
Ferro. Emith Núñez Pinto. Fábio Borges. Jaime Antonio Preciado Coronado.
Jorge Edgardo Amador. Lorena Herrera-Vinelli. Lourdes María Regueiro
Bello. Lucía León. Max Povse. Pablo Uc González. Roger Andrés Landa
Reyes. Santiago Espinosa Bejerano. Wagner Tadeu Iglecias. [Autores de
Capítulo] ....................................................................................
Colección Becas de Investigación.
ISBN 978-987-813-403-1
CLACSO.
Buenos Aires.
Febrero de 2023
*Disponible sólo en versión digital
En
el contexto de una sociedad internacional fragmentada, una dinámica
multipolar en conflicto y una crisis de pandemia y bélica, publicamos
este libro producido por investigadoras e investigadores de diversas
formaciones, experiencias y trayectorias, en el marco de la convocatoria
de investigación organizada por CLACSO "Los desafíos del
multilateralismo en un mundo multipolar y tiempos de crisis". En una
América Latina y el Caribe que es siempre territorio disputado en la
nueva dinámica del sistema mundial, los capítulos que lo conforman se
enfocaron en diversas dimensiones del multilateralismo tales como los
nuevos mapas del poder mundial, la desglobalización, el reordenamiento
de las alianzas y los impactos de la pandemia. Sus textos son un aporte
significativo para comprender y desentrañar las relaciones
multilaterales de América Latina y el Caribe con el resto de los países;
para construir, en este mundo complejo y de interdependencia,
relaciones más justas entre los países y las regiones.
“Hace varios meses
un grupo de colegas dedicados al campo de las Relaciones Internacionales
decidimos conformar un grupo de reflexión sobre Política Exterior
Argentina al que llamamos ‘Soberanía e Integración’. El objetivo que nos
propusimos fue realizar un análisis tanto sobre el orden global como
sobre la situación regional y su impacto sobre la política exterior”,
reza la presentación del recién formado Grupo de Reflexión y Proyección
de la Política Exterior Argentina Integración y Soberanía.
“Entendemos que esa línea de
trabajo nos permite no sólo mantener actualizado nuestro conocimiento,
sino también compartirlo con un espíritu prescriptivo en el que surgirán
insumos académicos para la elaboración de políticas públicas”, continúa
la carta de presentación que está acompañada de un primer documento
que, “con antelación, fue compartido con todas y todas las colegas que
los ratificaron con su firma”, suscribiendo al texto más de 100
personas. Cada una de esas personas realizó, a su vez, “comentarios y
observaciones” que será sistematizados por el Grupo para “discutirlos en
un encuentro planificado para marzo de 2023”.
Situación mundial
El documento trabajado por el
Grupo, disponible en su versión completa aquí, propone abordar el mapa
geopolítico a partir de tres dimensiones: la situación mundial; de
“Nuestra América”; y, finalmente, “la Argentina en el mundo y la
región”. La primera dimensión de análisis comienza bajo la afirmación
que: “en la primera década del siglo XXI se hizo un lugar común decir
que nos encontrábamos frente a un Cambio de Época. Con ello se quería
transmitir que no era meramente una época de cambios, sino que se
estaban desarrollando transformaciones estructurales que significaban
una reconfiguración del orden mundial y regional existente (…) Más de
una década después, el Cambio de Época se confirma”.
“Transitamos una crisis
relativa de la hegemonía estadounidense-británica –con centro
geopolítico en Occidente y centro geoeconómico en los países del G7– que
está abriendo una etapa de profundas disputas, caos sistémico, guerra y
transición hegemónica. Hay una situación de multipolaridad parcial
creciente en la que, si bien se destacan Estados Unidos como antiguo
hegemón de un lado y China como principal potencia emergente del otro,
existen otros poderes –como Rusia, India, la Unión Europea, Japón,
etc.-, y se impulsan procesos de regionalización y conformación de
bloques en la búsqueda de ganar grados de relativa autonomía. Ello
tiende hacia la configuración de un escenario complejo, bajo una
dinámica relativamente multipolar, que no puede reducirse a la
simplificación de una ‘nueva bipolaridad’”.
El documento del Grupo analiza
“un conjunto de tendencias fundamentales en la presente transición de
poder mundial”. La primera es “el declive relativo de Estados Unidos y
Occidente, que contrasta con el ascenso relativo de China, Asia Pacífico
e Índico (…) que pone en crisis una de las características
fundamentales del sistema mundial en los últimos siglos: su
occidentocentrismo”. La segunda es “la agudización de contradicciones
estructurales que devienen antagónicas y dan lugar a crecientes
conflictos”, donde “la contradicción principal que atraviesa al sistema
mundial es entre los poderes en ascenso con centralidad en la masa
continental de Eurasia (…) frente a los viejos poderes dominantes del
Atlántico Norte, que buscan mantener el viejo orden”.
“En la presente transición de
poder mundial y guerra, las periferias y los países emergentes se
encuentran atravesados por la tensión entre el desarrollo nacional y
regional o mayores niveles de periferialización, entre aumentar los
niveles de autonomía relativa y capacidades para ejercer una soberanía
efectiva o, por el contrario, profundizar las situaciones de
dependencia, con el consecuente despojo de sus recursos naturales y el
fortalecimiento de los mecanismos de transferencia de excedente”.
Nuestra América
El Grupo Integración y
Soberanía analiza en un segundo lugar el rol de “Nuestra América”, que
“conserva importancia en varios ámbitos económicos y geopolíticos en un
mundo cada vez más disputado. Para pensar políticas acordadas entre los
países de la región es necesario primero rebatir el sentido común que la
califica como un área geográfica intrascendente. Varios elementos
ponderan su rol. Entre ellos, tiene recursos estratégicos; como mercado
incluye a más de 650 millones de habitantes, que en promedio poseen
ingresos medios en relación a los niveles de ingresos mundiales, y
conserva un lugar destacado como espacio de radicación de inversiones
estadounidenses, europeas y chinas, entre otras. Como decíamos, la
importancia de la región se hace evidente cuando la misma es presentada
como un campo de disputa entre los grandes poderes para incrementar su
influencia.”
“Otra singularidad, propia de
este siglo, es que se revirtió la primacía económica que ostentó Estados
Unidos desde los años veinte del siglo pasado. Salvo México, cuya
economía depende enormemente de su vecino del norte, en el resto de los
países hoy China es el primer o segundo socio comercial, prestamista
fundamental y uno de los principales inversores externos. Esto modifica
el esquema tradicional de inserción económica internacional de la región
(…) El problema a resolver es desde qué modelo de acumulación, con qué
esquema de integración y bajo qué proyecto político-estratégico
desarrollamos la región y nos insertamos con el mundo.
El documento señala varios
temas claves como “el peso significativo de las deudas externas”. Otro
refiere a la situación del Mercosur, que en la actualidad “se
caracteriza por la fragmentación política y la desintegración económica,
aunque todavía logró sobrevivir como bloque comercial y representa un
destino clave para las exportaciones de mayor valor agregado”, y la
“urgencia” en abordar los actuales problemas “con una mirada estratégica
de largo plazo, para acortar sus brechas de desarrollo con otros países
o regiones del mundo y ampliar su autonomía política”.
Argentina en el mundo y la región
“Necesitamos una política
exterior inteligente, basada en nuestras necesidades e intereses
nacionales, definidos por las mayorías populares”, propone el Grupo
Integración y Soberanía. “Resulta necesario señalar la pertenencia de
América Latina y de la Argentina como parte del Sur Global, para desde
allí pensar el lugar de la región en el sistema mundial y la política
exterior”.
“Las relaciones tanto con los
poderes occidentales como con el mundo emergente deben realizarse a
partir de códigos y estrategias propias, acorde con los intereses
nacionales y regionales, incluyendo las demandas de las grandes mayorías
populares, las perspectivas nacionales de desarrollo y el
establecimiento de mayores niveles de autonomía relativa (…) Es
importante confluir desde posiciones propias en espacios como el BRICS y
otros similares que expresan problemáticas más cercanas al Sur Global y
a cuestiones propias de los países ‘en desarrollo’, a la vez que
impulsan agendas que procuran redefinir tanto la distribución del poder
como la distribución de la riqueza a nivel mundial”.
El Grupo presenta varios temas
centrales, como “tener una agenda clara sobre la profunda crisis
ambiental mundial”, sin “caer en la falsa antinomia ambientalismo vs
desarrollo”. También resalta la importancia de “retomar la construcción
de instancias de coordinación/cooperación política e integración
regional. Aún con sus limitaciones, las experiencias de la UNASUR, la
CELAC, el ALBA-TCP y el Mercosur ampliado implican un acumulado sobre el
que hay que avanzar para ampliar los márgenes de autonomía”. Esas
instancias son a su vez importantes para “elaborar una estrategia
conjunta para impulsar el multipolarismo en ámbitos multilaterales como
la ONU, OEA, G20, OMC, etc.”
La “integración regional”,
afirma el Grupo, “debe ir más allá del ámbito declamativo”, señalando
cuáles podrían pasos concretos en el ámbito de lo productivo, monetario o
de defensa. El documento desarrolla cada uno de los puntos propuestos
para proyectar una política exterior nacional en tiempos de cambio de
época, oportunidades, urgencias y desafíos. Finalmente, se resalta que
“las islas Malvinas son argentinas y Latinoamericanas. Constituyen un
rostro visible del colonialismo del siglo XXI y de la militarización del
Atlántico Sur en tanto base británica y punto clave de la OTAN”. Está
previsto que en marzo tenga lugar un encuentro abierto organizado por el
Grupo Integración y Soberanía para debatir sobre estas ideas
propuestas.
Este jueves 15 de diciembre de 2022 a lals 18hs en EUDEBA se presenta el manual en el que contribuí con un capítulo crítico sobre la política exterior durante el gobierno de Mauricio Macri.
Panel I: El gobierno de Joe Biden y la política hacia Cuba, perspectivas entre el 2022 y el 2024.
Moderador: Dr.C. Raúl Rodríguez (CEHSEU)
Ponencias:
1.- “Factores que influyen en las políticas de la Administración Biden y resultados probables”, Fulton Amstrong, American University.
2.- “¿Existe un camino hacia la normalización?”, William Leogrande, American University.
3.- “El camino hacia la recomposición de las relaciones Cuba – EEUU. Desafíos y oportunidades”, Msc. Rafael González (CEHSEU).
4.- “Cuba, Estados Unidos y un hemisferio occidental cambiado”, Phil Brenner, American University.
5.- “Relación gobierno-intelectuales y tratamiento del racismo en Cuba, impacto en la relación con EE.UU.”, Rolando Julio Rensoli Medina, Comisión Aponte.
6.- “La política de Biden hacia América Latina y su impacto en Cuba”, Leandro Morgenfeld, CLACSO (virtual).
El avance de los gobiernos
derechistas paralizó los procesos de coordinación política e integración
regional latinoamericanas. Sin embargo, las luchas y procesos
electorales de los últimos años devinieron en la llamada segunda ola de
la marea rosa.
A partir del reciente triunfo de Lula da Silva sobre Jair Bolsonaro
en Brasil se abrió una ventana, quizás efímera, para retomar el camino
hacia la construcción de la Patria Grande. Mientras las potencias
occidentales enfrentan desafíos geopolíticos mayúsculos en un mundo en
guerra, nuestra región tiene una oportunidad única, siendo la primera
vez en la historia que Brasil, México, Argentina, Colombia y Chile, las
cinco economías más grandes de la región, están en manos gobiernos
progresistas, nacional populares o de izquierda. ¿Llegó la hora de
retomar la integración?
***
Hace tan sólo un quinquenio, con Donald Trump en la Casa Blanca y
Enrique Peña Nieto, Michel Temer, Mauricio Macri, Sebastián Piñera e
Iván Duque presidiendo los gobiernos de los países más grandes de
América Latina, muchos analistas hablaban de la definitiva restauración
conservadora. Sin embargo, las luchas sociales que estallaron desde 2018
más las resonantes derrotas electorales de los gobiernos neoliberales
de derecha cambiaron, al menos parcialmente, el panorama político
regional.
Trump no logró ser reelecto, ampliando todavía más las múltiples
grietas internas que comprometen la posibilidad de Estados Unidos de
sostener una hegemonía global cada vez más débil, a la vez que en
México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile y Perú se impusieron Andrés
Manuel López Obrador, Lula da Silva, Allberto Fernández, Gustavo Petro,
Gabriel Boric y Pedro Castillo. Por su parte Cuba, Venezuela y
Nicaragua, catalogados como la “troika del mal” por la administración
Trump, resistieron la embestida imperial y ya no se encuentran aislados
en el continente. Bolivia logró revertir el golpe contra Evo Morales de
2019 y el Movimiento al Socialismo (MAS) volvió al poder, con Luis Arce.
En Honduras triunfó Xiomara Castro, la compañera de Mel Zelaya, quien
había sido depuesto en 2009.
Salvo Paraguay, Uruguay y Ecuador, en América del Sur retrocedieron
los gobiernos de derecha y ultraderecha. Esta segunda oleada de la
“marea rosa”, sin embargo, es más débil y menos radical que la primera
que permitió, entre otras cosas, la histórica derrota del proyecto
estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Además
enfrenta enormes desafíos, producto de la crisis económica que afecta
actualmente al mundo entero, pero principalmente a Nuestra América, la
región más desigual del mundo, si tomamos en cuenta el reparto de la
riqueza, y con 200 millones de pobres (32,1%, de acuerdo a la última
medición de la CEPAL). Según el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera,
es una etapa defensiva -“pasiva o descendente”-, en la que el nuevo
progresismo llega a los gobiernos mediante “liderazgos administrativos”
(Arce en vez de Evo, Alberto Fernández en vez de Néstor o Cristina) y
“forma ya parte del sistema de partidos de gobierno”, mientras que
enfrenta a opositores políticos “cada vez más escorados hacia la extrema
derecha” (Antonio Kast, Jair Bolsonaro o Javier Milei).
De todas formas, más allá de que no estamos en la misma situación de
hace dos décadas -el nuevo progresismo no llega luego de las luchas que
sacudieron el continente hace 20 años, ni cuenta con un contexto
económico externo favorable por el precio de las materias primas-, la
vuelta al gobierno de fuerzas y/o líderes que protagonizaron la primera
oleada, hace que en los próximos meses exista una oportunidad para
retomar la senda integracionista de principios del siglo XXI. Para ello
se necesita que Argentina y Brasil relancen el MERCOSUR, levantando la
suspensión de Venezuela y terminando el proceso de incorporación de
Bolivia como miembro pleno, que la Comunidad de Estados Latinoamericanos
y Caribeños (CELAC) retome la iniciativa frente a la debilidad de Luis
Almagro en la Organización de Estados Americanos (OEA) y que se
reconstruya la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), tal como
reclamaron hace pocos días ex presidentes y cancilleres de la región.
Como bien explicó recientemente Guillaume Long,
ex canciller de Ecuador, “con una Guerra Fría que se aproxima a pasos
agigantados entre EE.UU. y China, el sur global tiene que generar
bloques regionales (…) Hay una buena coyuntura política a nivel regional
para relanzar la UNASUR. Yo creo que Argentina y Brasil tienen que
jugar un rol de liderazgo en esto y pueden hacerlo”.
Este organismo nació en 2008 y fue fundamental para frenar el intento
de fracturar Bolivia unos meses después, condenar el golpe en Honduras
en 2009, el levantamiento policial contra Rafael Correa en 2010, la
destitución irregular de Fernando Lugo en 2012 o incluso para terciar en
la crisis entre Colombia y Venezuela. La UNASUR permitió a la región
tramitar sus conflictos fuera de la órbita de la OEA, con sede en
Washington, y muchas veces tutelada por el Departamento de Estado de
EE.UU., sobre todo desde que Almagro la conduce.
Desde 2018, cuando avanzaron los gobiernos de derecha en la región,
siete países se retiraron de la UNASUR, denunciaron su tratado
constitutivo, en algunos casos de forma inconstitucional, como los de
Brasil y Argentina, ya que ni Bolsonaro ni Macri acudieron al Congreso.
El primero lo hizo por decreto, mientras que el expresidente argentino
apenas envió una nota a Ecuador, país depositario del tratado,
planteando la salida del país.
En esta nueva coyuntura políticamente más favorable, una serie de ex
presidentes, cancilleres, ministros e intelectuales, entre los que se
destacan los ex mandatarios/as Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa
(Ecuador), Eduardo Duhalde (Argentina), Ricardo Lagos (Chile), José
“Pepe” Mujica (Uruguay), Ernesto Samper (Colombia) y Dilma Rousseff
(Brasil), enviaron una carta
a los doce jefes de Estado de los países que integraban la UNASUR,
planteando la necesidad de recuperar “la mejor plataforma para
reconstituir un espacio de integración”.
A este relanzamiento debería sumarse la revitalización del MERCOSUR,
que debería, a partir del cambio de gobierno en Brasil el 1 de enero,
salir del estancamiento, terminar el proceso para la incorporación de
Bolivia como miembro pleno y levantar la suspensión política que
impusieron los gobiernos derechistas a Venezuela. La convergencia entre
estos dos bloques más la CELAC, que reúne a los 33 países de América
Latina y el Caribe, permitiría volver a transitar el camino de la
cooperación y coordinación políticas, y avanzar hacia la plena
integración regional, con una agenda propia y en función de las
necesidades y prioridades de nuestros pueblos.
Los desafíos
Transitar ese camino no será nada fácil, ya que hay por delante una
serie de desafíos. El primero es evitar las fuerzas centrífugas y la
balcanización alentada desde fuera. La reciente elección del reemplazo
de Claver Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es una
clara muestra de cómo las desavenencias entre potenciales aliados nos
debilitan. México y Argentina no coordinaron una estrategia común y
terminó imponiéndose Ilan Goldfajn, un funcionario brasilero propuesto
por Bolsonaro y avalado por EE.UU., lo cual generó resquemores en el
vínculo entre López Obrador y Alberto Fernández, quien esta semana
canceló su anunciado viaje a México.
El segundo desafío tiene que ver con la debilidad de esta segunda ola
de la marea rosa. Las derechas habrán perdido elecciones -en realidad,
casi todos los oficialismos perdieron desde 2018 en la región-, pero
conservan una enorme capacidad de fuego y tienen contra las cuerdas a
gobiernos que no se animan a encarar reformas de fondo, generando
frustración incluso entre sus bases electorales y dando lugar a que ese
desencanto sea canalizado, en muchos casos, por referentes de
ultraderecha que se auto proclaman enemigos de las castas. El giro hacia
el centro de Fernández, Boric o el propio Lula durante la campaña es
preocupante en este sentido.
El tercer desafío es darle carnadura a los proyectos de cooperación
políticas. Que permitan avanzar en iniciativas concretas: explotación
conjunta de nuestros recursos naturales estratégicos (la OPEP del litio,
junto a una empresa estatal latinoamericana para explotarlo), obras de
infraestructura (gasoductos), una moneda común o mecanismos de
intercambio comercial con monedas propias para reducir la dependencia
del dólar, una investigación y una moratoria conjunta de la deuda
externa (es decir, abandonar la rendición ante el FMI) o una política
sanitaria soberana que permita la producción y distribución de vacunas
propias, por poner algunos ejemplos. Esos proyectos mostrarían que la
integración va más allá de la retórica y las buenas intenciones.
El cuarto desafío es, de una vez por todas, construir mecanismos
institucionales permanentes para empezar a negociar conjuntamente, en el
marco del Mercosur, la UNASUR y la CELAC, con actores como EE.UU., la
Unión Europea o China. Sólo así se reducirían, al menos parcialmente,
las asimetrías a la hora de vincularse con los grandes jugadores del
tablero geopolítico global. Y se sentarían bases más sólidas para
avanzar hacia la construcción de la Patria Grande, que no se desmoronen
como un castillo de naipes, ante el eventual traspié electoral de las
fuerzas integracionistas.
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América Año 4 – Número #8 El papel de Estados Unidos y la OTAN en la guerra de Ucrania. Intereses, geoestrategias y proyecciones
Noviembre 2022
Contenido
Presentación. El papel de Estados Unidos y la OTAN en la guerra en Ucrania: intereses, geoestrategias y proyecciones Claudio Gallegos Sonia Winer
Sobre causas justas, guerras injustas y construcción de paz Adolfo Pérez Esquivel
La guerra en Ucrania. Disputa de intereses entre Occidente y Oriente Jesús Eduardo González Ruiz Karla Villalobos Cruz
La guerra en Ucrania.Impacto en América Latina Aníbal García Fernández Silvina Romano Tamara Lajtman
Los objetivos norteamericanos en Ucrania Claudio Katz
La invasión “silenciosa” de los Estados Unidos.El financiamiento de los think tanks en Ucrania Ary Cesar Minella
Guerra sin fin. En la antesala de la desglobalización Dídimo Castillo Fernández
El conflicto entre Rusia y Ucrania recrudece la crisis en la economía global Gladys Cecilia Hernández Pedraza
El avance la OTAN para el domino de Eurasia y el conflicto en Ucrania Gabriel E. Merino
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América Año 4 – Número #8 El papel de Estados Unidos y la OTAN en la guerra de Ucrania. Intereses, geoestrategias y proyecciones
Noviembre 2022
Contenido
Presentación. El papel de Estados Unidos y la OTAN en la guerra en Ucrania: intereses, geoestrategias y proyecciones Claudio Gallegos Sonia Winer
Sobre causas justas, guerras injustas y construcción de paz Adolfo Pérez Esquivel
La guerra en Ucrania. Disputa de intereses entre Occidente y Oriente Jesús Eduardo González Ruiz Karla Villalobos Cruz
La guerra en Ucrania.Impacto en América Latina Aníbal García Fernández Silvina Romano Tamara Lajtman
Los objetivos norteamericanos en Ucrania Claudio Katz
La invasión “silenciosa” de los Estados Unidos.El financiamiento de los think tanks en Ucrania Ary Cesar Minella
Guerra sin fin. En la antesala de la desglobalización Dídimo Castillo Fernández
El conflicto entre Rusia y Ucrania recrudece la crisis en la economía global Gladys Cecilia Hernández Pedraza
El avance la OTAN para el domino de Eurasia y el conflicto en Ucrania Gabriel E. Merino
Acaba de salir la obra colectivaManual de la Política Exterior Argentina, compilada por Juan Pablo Laporte y publicada por EUDEBA. Será editada también en formato E- Book a la brevedad.
Estamos ultimando detalles para la presentación académica del Manual en la Carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires en las próximas semanas.
Manual
de la política exterior argentina por Laporte, Juan Pablo. ISBN:
9789502332758 - Tema: Política - Editorial: EUDEBA - Esta obra nos
permite apreciar el curso seguido en la política exterior argentina, los
principales temas que han dominado su agenda en distintos contextos
históricos y, al mismo tiempo, las variables que han intervenido
e..Eudeba - Av Rivadavia 1573, Ciudad Autónoma ...
www.eudeba.com.ar
Autores/as:
Roberto
Russell (UTDT), José Paradiso (UBA-UNTREF), Melisa Deciancio
(FLACSO-UDESA-CONICET), Juan Pablo Laporte (UBA), Elsa Llenderrozas
(UBA), Julieta Zelicovich (UNR-CONICET), Mario Rapoport (UBA-ISEN),
Francisco Corigliano (UTDT-FLACSO), Ricardo Vicente
(UBA-CIHESRI-CONICET),Beatriz
Figallo (IDEHESI-CONICET), Lucía Lacunza (UBA-CIHESRI), María Cecilia
Miguez (UBA-CONICET), Florencia del Pino (UBA-IDEHESI-CONICET), Rubén
Laufer (CIHESRI-UBA), Alejandro Simonoff (IRI-UNLP), Anabella Busso
(UNR-CONICET-SAAP) Julián Kan (CIHESRI-UBA-UNQUI), Amilcar Salas Oroño (UBA-UNMDP), Leandro
Morgenfeld (UBA-CONICET), Diana Tussie (FLACSO-CONICET), María Rocío
Novello (UNR-CIPEI), Pablo Nemiña (UBA-FLACSO), Roberto Bouzas (UDESA),
Leandro Sánchez (CERPI-IRI–UNLP), Sergio Eissa (UBA-UNSAM-FLACSO),
Miguel de Luca (UBA-CONICET), Rafael Mariano Grossi (UCA), Juan
Battaleme (CARI-UBA-UCEMA), Norbeto Consani (IRI-UNLP), Sonia Winer
(UBA-IEALC-CONICET), Carlos Juárez Centeno (UNC-UBP), Alejandro Frenkel
(UNSAM-CONICET), Luciana Gil (UBA-CONICET), Natalia Albarez
Gómez (UNLAR-UNC), Ignacio Liendo (UNLAR), Luciana Micha (UBA), Daniel
Filmus (UBA), Uriel Erlich (UBA-UNSAM-CONICET), Miryam Colacrai
(UNR-CERIR-CONICET), Andrés Fontana (UBA), Juan Tokatlian (UTDT).
El segundo martes de noviembre se
definirá la suerte del gobierno de Joe Biden. El partido demócrata
probablemente perderá el control de al menos una de las dos cámaras del
Congreso, dificultando al Poder Ejecutivo avanzar con sus promesas.
El próximo martes 8 de noviembre se renovarán los 435 representantes
de la cámara baja y 35 de los 100 senadores, además de 36 gobernadores
de los 50 estados y la mayoría de los parlamentos locales de EE.UU. Las
elecciones de medio término son una especie de referéndum sobre la
Administración en ejercicio (en este caso la de Joe Biden, quien asumió
en enero de 2021).
Hoy el oficialista Partido Demócrata cuenta con una ajustada mayoría
en la Cámara de Representantes (221 escaños, frente a 212 de los
republicanos y 2 vacantes), mientras que en el Senado están empatados en
50, pero el partido oficialista tiene una mayoría técnica, ya que la
vicepresidenta Kamala Harris tiene el atributo de desempatar las
votaciones. En más de un siglo y medio, en general el partido de
gobierno recibe un “castigo” en las midterm, con lo cual hay
amplias chances de que los demócratas pierdan el control de al menos una
de las dos cámaras. Los congresistas elegidos asumirán sus bancas el 3
de enero de 2023.
Grieta en casa, unidad hacia afuera
Los comicios llegan en un momento interno muy particular. Contra lo
que esperaban los optimistas, la pospandemia no dio lugar a un rápido
rebote económico, sino que EE.UU. terminó un primer semestre con
estancamiento, provocado entre otras cosas por las consecuencias de las
sanciones multilaterales contra Rusia, luego de su incursión militar en
febrero en Ucrania, que hizo disparar el precio del petróleo y los
alimentos. La potencia norteamericana sufre su peor inflación en cuatro
décadas, lo cual llevó a la Reserva Federal a aumentar varias veces la
tasa de interés, induciendo un enfriamiento de la economía que podría
ahondar la recesión de la primera mitad del año.
A eso se le suma una creciente polarización social e ideológica. Más
de un tercio de los votantes cree que hubo fraude en las elecciones
presidenciales de noviembre de 2020. La Corte Suprema volteó el fallo judicial
que hace casi medio siglo garantizaba el derecho al aborto a nivel
federal y los republicanos avanzan además en temas urticantes como la
educación religiosa en escuelas estatales, la reafirmación de la libre
tenencia de armas -bloqueando cualquier posible regulación, a pesar de
las reiteradas masacres-, los límites más severos a la inmigración y la
obstrucción a cualquier legislación que intente abordar la problemática
del cambio climático, favoreciendo así los negocios vinculados a las
energías fósiles.
Si bien crecen las fracturas económicas, sociales, políticas e
ideológicas, a medida que en distintos Estados se implementan políticas
cada vez más opuestas en materia de educación, aborto, justicia penal e
inmigración, hay un tópico en el que coinciden la mayoría de los
demócratas y los republicanos: la política exterior. Como afirma Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique,
“hay un ámbito en el que esta oposición amasada con odio apenas se
nota: la defensa del imperio. Enfrentarse a Rusia, contener a China,
apoyar a Israel y domesticar a la Unión Europea forman parte del
consenso de la clase política estadounidense. Prueba de ello es que no
se habla de estos temas”.
El partido que hoy controla la Casa Blanca y ambas cámaras del
Congreso no resolvió las fracturas que lo aquejan hace años. Biden
representa al establishment globalista y, si bien incorporó en su
programa de gobierno algunas demandas del ala izquierda, luego de haber
derrotado a Bernie Sanders en las primarias de hace dos años, no logró
avances significativos. Ni la postergada y prometida reforma migratoria,
que alivie la situación de millones de indocumentados, ni un programa
ambicioso de transición energética -la negativa de un senador demócrata
obstruyó durante meses su proyecto, y terminó licuándolo-, ni un aumento
del salario mínimo ni una política consistente para revertir las
penurias económicas provocadas por la pandemia y por la guerra en
Ucrania, que la Casa Blanca hace lo posible por prolongar, exigiendo una
improbable rendición incondicional de Vladimir Putin.
El actual presidente tiene un índice de aprobación muy bajo, apenas
arriba del 40% y, a sus 79 años, crecen las dudas sobre su estado de
salud, tras una serie de episodios públicos en que se mostró
desorientado o perdido, como cuando confundió la causa de muerte de su
hijo el pasado 13 de octubre. La izquierda, que logró avances
en cuanto a su representación parlamentaria hace dos años, se debate
entre permanecer subordinada en el partido demócrata o intentar la
quimera de construir una alternativa por fuera, que rompa el
bipartidismo, en un contexto en el que crecen las demandas de los
trabajadores, ampliando la sindicalización y protagonizando huelgas poco frecuentes.
En el Great Old Party (GOP), como se conoce al Republicano,
la expectativa es arrebatarle a los demócratas el control de la Cámara
de Representantes y, quizás también, la de Senadores. El dato
fundamental es que el ex presidente Donald Trump persiste como la figura
estelar, apoya a unos 200 aspirantes al Congreso y sigue perfilado como
el principal candidato para las presidenciales del 2024. Contra todo lo
imaginado, la toma del Capitolio no sólo no lo hizo desaparecer de la
escena política, sino que sigue controlando al partido. La ultraderecha
que se referenció en él avanza en el mundo entero y persiste con fuerza
en EE.UU.
Esta derechización del partido
que antaño supo dominar el clan Bush, se expresa en los más de 100
candidatos de extrema derecha postulados, una docena de los cuales
tienen conexiones directas con supremacistas blancos, milicianos y
extremistas antigubernamentales, como los Proud Boy. El actual
partido opositor pone el énfasis en la penosa situación económica, en el
impacto negativo de la inflación, especialmente en el aumento de los
combustibles, aunque también en una agenda regresiva en materia de
derechos de las minorías.
Incertidumbre electoral
En todo el mundo desde 2016, cuando se impuso el Brexit y
Trump dio el batacazo en las urnas, cada vez es más difícil confiar en
las encuestas para pronosticar resultados electorales. En el caso de
EE.UU., esto se intensifica ya que el voto no es obligatorio, se vota un
día laboral, coexisten múltiples formas de votación, y en esta elección
aumentarán los mecanismos de restricción de este derecho, con lo cual
un dato clave será cuánta gente efectivamente participe.
Hoy la aprobación de Biden sigue baja. La mayoría de los análisis
indican que es muy probable que los demócratas pierdan el control de la
Cámara de Representantes y solo puedan retener el actual ajustado
control de la de Senadores. Pero como hay 8 Estados donde los números de
las encuestas son muy parejos, podría mantenerse la situación actual de
dominio demócrata, lo cual permitiría a Biden avanzar con su agenda
legislativa y postularse a la reelección, pese a las crecientes dudas
por su avanzada edad -asumiría su segundo mandato con 82 años-, o bien,
darle a los republicanos el control de ambas cámaras, provocando un
bloqueo en el Congreso en los dos años que le quedan al gobierno.
En cuanto a las gobernaciones (hoy hay 27 republicanas y 23
demócratas), de las 36 que se renuevan irían 16 para los primeros, 15
para los segundos y 5 por definirse. Los resultados determinarán qué
figuras se potencian para reemplazar a Biden en caso de que no aspire a
la reelección, si Trump se ve fortalecido tras una buena performance de
los candidatos extremistas que apoyó, o bien surge alguien que pueda
enfrentarlo y capturar la nominación republicana, como, por ejemplo, los
gobernadores Ron DeSantis, ultraconservador de Florida, o Greg Abbot,
de Texas.
Democracia para ricos
Dos temas suelen ser soslayados a la hora de analizar las elecciones en Estados Unidos. El primero, la tendencia creciente a la plutocratización de la política,
desde que la Administración Bush desreguló el financiamiento de las
campañas. Para participar se requiere una maquinaria que mueve en cada
elección centenas de millones de dólares, lo cual excluye la posibilidad
de que emerjan alternativas al bipartidismo. Quien más recauda, más
chances tiene, con lo cual las corporaciones y los lobbies determinan
cada vez más la dinámica electoral.
El otro tema que suele pasarse por alto es el aumento de diversos
mecanismos para restringir el derecho al voto -en las elecciones de
medio término suelen votar entre 10% y 15% menos ciudadanos que en las
presidenciales-, lo cual se suma a un clima político cada vez más violento y agresivo, que resquebraja la imagen autoconstruida de EE.UU. como una democracia modelo en Occidente.
El reciente censo de 2020 permitió a los distintos Estados rediseñar sus distritos electorales, mediante el gerrymandering,
lo que usualmente es utilizado por los conservadores para manipular la
voluntad popular -con menos votos logran más representantes-, dificultar
la votación de los afrodescendientes, hispanos y mujeres -que tienden a
volcarse más por los demócratas- y a sobre representar a los electores
hombres, blancos, anglosajones. A eso se suman mecanismos de “supresión
del voto”, que afectan a las minorías -por ejemplo, impidiendo votar a
los millones que tienen algún antecedente penal, lo cual afecta
mayoritariamente a afrodescendientes y latinos-.
En EE.UU., cada voto no vale lo mismo. Conviene recordar, a modo de
ejemplo, que en 2016 Trump le ganó a Hillary Clinton en el Colegio
Electoral, pese a haber obtenido 3 millones de votos menos que ella.
Esta tendencia a distorsionar la voluntad popular se agrava elección
tras elección, horadando la legitimidad política del sistema político.
En síntesis, si bien la inflación, la recesión y su errático
liderazgo desplomaron la imagen de Biden, augurando hace meses un casi
inevitable revés electoral para los demócratas, sus chances parecieron
recuperarse tras la decisión de la Corte Suprema de revocar el fallo
“Roe vs Wade” de 1973, que sostenía que el aborto era un derecho
fundamental que debía ser protegido en todo el territorio federal, lo
cual puso ese tema en la campaña del partido oficialista.
Los republicanos, en tanto, precisan conquistar 5 bancas demócratas
para controlar la cámara baja. En el Senado, si bien actualmente hay un
empate, las elecciones más reñidas son en Estados que en 2020 ganó Biden
y en los que se impusieron en las primarias republicanas candidatos más
extremistas -con posturas antiaborto, por ejemplo-, con lo cual la Casa
Blanca confía en que puede retener el control de esa cámara. Pero el
resultado está abierto.
En contraste con China, donde Xi Jinping es ratificado en para un
tercer mandato, erigiéndose en el abanderado de la estabilidad, en
EE.UU. crece la fragmentación y la incertidumbre política. El fantasma
del trumpismo, a pesar de lo que auguraba la prensa liberal después del
intento de golpe de Estado en enero de 2021, sigue estremeciendo la
política estadounidense. El martes 8 de noviembre sabremos cuál será la
real dimensión de su fuerza, de cara a las próximas presidenciales. Como
en la distópica serie El Cuento de la Criada, las fracturas
son cada vez más profundas en los Estados Desunidos de América. La
creciente polarización, que se verá reflejada en estas elecciones,
seguirá profundizando el declive hegemónico estadounidense a nivel
global.
Leandro Morgenfeld es profesor regular de la UBA,
Investigador Independiente CONICET y co-coordinador del GT CLACSO
Estudios sobre Estados Unidos. También es compilador de El legado de
Trump en un mundo en crisis (SigloXXI, 2021) y dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com