miércoles, 27 de octubre de 2021
Nuevo libro! El legado de Trump en un mundo en crisis (Morgenfeld y Aparicio)
miércoles, 20 de octubre de 2021
Dos paneles y presentación del nuevo libro "El legado de Trump en un mundo en crisis": el GT EEUU en las Jornadas IEALC (27, 28 y 29 de octubre)
Acá se puede descargar el programa completo de las Jornadas
Panel: América Latina piensa en Estados Unidos. V Jornadas Internacionales de Estudios de América Latina y el Caribe: Escenario regional de ofensiva capitalista y rebeliones populares
27 octubre-5:30 pm - 7:00 pm
Miércoles 27 de octubre
16.30 a 18.00 horas Cuba
17.30 a 19.00 horas Argentina/Brasil
El Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos participa en las V Jornadas Internacionales de Estudios de América Latina y el Caribe: Escenario regional de ofensiva capitalista y rebeliones populares en el marco del eje 3 sobre Geopolítica.
Panelistas:
Jorge Hernández (Cuba)
Sonia Winer (Argentina)
Carlos Eduardo Martins (Brasil)
Yazmín Bárbara Vázquez Ortíz (Cuba)
Gladys Hernández (Cuba)
Modera: Leandro Morgenfeld (Argentina)
Organizan
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales (IEALC/UBA)
Auspicia
Grupo de Estudios sobre Política Exterior, Geopolítica y Defensa (PEGEODEF)
ACTIVIDAD ABIERTA Y GRATUITA POR ZOOM CON INSCRIPCIÓN PREVIA POR CORREO ELECTRÓNICO: mariano.delpopolo@gmail.com | soniawiner@gmail.com
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Conversatorio virtual: Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina de Trump a Biden. V Jornadas Internacionales de Estudios de América Latina y el Caribe: Escenario regional de ofensiva capitalista y rebeliones populares
28 octubre-4:00 pm - 6:00 pm
Jueves 28 de octubre
14.00 a 16.00 horas Colombia
15.00 a 17.00 horas Cuba
16.00 a 18.00 horas Argentina
El Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos participa en las V Jornadas Internacionales de Estudios de América Latina y el Caribe: Escenario regional de ofensiva capitalista y rebeliones populares en el marco del eje 3 sobre Geopolítica.
Panelistas:
Luis Suárez Salazar (Cuba)
Lil María Pichs Hernández (Cuba)
Jaime Zuluaga Nieto (Colombia)
Luis René Fernández Tabío (Cuba)
Raúl Rodríguez (Cuba)
Modera: Mariana Aparicio Ramírez (México)
Más información: http://iealc.sociales.uba.ar
Consultas: mariano.delpopolo@gmail.com | soniawiner@gmail.com
Organizan
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales (IEALC/UBA)
Auspicia
Grupo de Estudios sobre Política Exterior, Geopolítica y Defensa (PEGEODEF)
Inscripciones en el siguiente formulario
Viernes 29 de octubre
14.00 a 16.00 horas México
16.00 a 18.00 horas Argentina
El Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos participa en las V Jornadas Internacionales de Estudios de América Latina y el Caribe: Escenario regional de ofensiva capitalista y rebeliones populares en el marco del eje 3 sobre Geopolítica.
Presentación de los libros
El legado de Trump en un mundo en crisis (CLACSO/Siglo XXI, 2021)
Leandro Morgenfeld y Mariana Aparicio (coordinadores)
Trumperialismo. La guerra permanente contra América Latina (CELAG, 2020)
Silvina María Romano (coordinadora)
Presentan:
Leandro Morgenfeld (Argentina)
Mariana Aparicio (México)
Silvina María Romano (Argentina)
Comenta: Atilio Boron (Argentina)
Más información: http://iealc.sociales.uba.ar
Consultas: mariano.delpopolo@gmail.com | soniawiner@gmail.com
Organizan
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales (IEALC/UBA)
Auspicia
Grupo de Estudios sobre Política Exterior, Geopolítica y Defensa (PEGEODEF)
Inscripciones en el siguiente formulario
miércoles, 13 de octubre de 2021
Panel "Tensiones por la hegemonía mundial. China y EEUU ante la crisis"
viernes, 1 de octubre de 2021
Reseña de Breve historia del antipopulismo
Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur, octubre 2021
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Semán, Ernesto: Breve historia del antipopulismo. Los
intentos por domesticar a la Argentina plebeya, de 1810 a Macri, Buenos
Aires, SigloXXI, 2021. 278 páginas
Leandro Morgenfeld
El
libro se organiza en tres partes. La primera se ocupa de la prehistoria del
antipopulismo: la Revolución de Mayo, en la que el pueblo “compite en
excederse”; la etapa sarmientina de civilización y barbarie; y la irrupción de
las masas en la Argentina del Centenario. La segunda es la de la historia del
antipopulismo: la democracia de arrabal durante las presidencias radicales; los
matices de la década infame y los años del primer peronismo; los del aluvión
zoológico, en los que se procuró “inculcar en la gente de limitada cultura
aspiraciones irrealizables”; y los 18 años de proscripción del peronismo. La
tercera es la poshistoria: el antipopulismo democrático de Alfonsín; y la cruzada
final, la del macrismo, que implicó el primer triunfo democrático de la derecha
antipopulista. Finalmente, en la coda, Semán se permite sobre cómo se
reconfiguró el antipopulismo tras la derrota de Macri en 2019 y la crisis que
produjo la pandemia. Interpreta que el principal legado del gobierno de
Cambiemos fue la corroboración de que el triunfo era posible.
Semán
despliega cinco ideas: la Argentina está fundada sobre la invención de un mundo
plebeyo amenazante, del cual debemos defendernos; la prehistoria del fenómeno
es tan importante como su propia historia; como identidad política, el
antipopulismo tiene un carácter trasnacional; es fundamental el concepto de transición (la idea de que las masas
necesitan alguna forma de guía para evolucionar de fuerzas sociales a sujetos
políticos); el antipopulismo fue fundamentalmente el intento de producir un
ajuste cronológico de la Argentina y una adaptación de sus consensos básicos a
los cambios del mundo desde los años ochenta del siglo XX.
Como explicó Thomas
Frank en su historia del antipopulismo en Estados Unidos, esa corriente –que
allá encarnó Trump y acá Macri- no es nueva, sino que tiene un largo derrotero,
que es preciso estudiar para vislumbrar las rupturas y continuidades con el
fenómeno actual. El provocador ensayo de Semán explica por qué, en las últimas
décadas, terminó de imponerse una forma específica de antipopulistmo –liberal y
conservadora- por sobre las restantes. Para ello, nada mejor que recorrer la
forma en que las élites argentinas imaginaron qué lugar debían ocupar las masas
desde 1810.
miércoles, 29 de septiembre de 2021
Leandro Morgenfeld: “EEUU quiere mantener a la OEA para seguir con el vínculo injerencista en América Latina”
viernes, 10 de septiembre de 2021
"La caída de las Torres: el principio del fin del imperio americano". Por Leandro Morgenfeld (Télam)
Por Leandro Morgenfeld*
Télam, 11 de septiembre de 2021
El brutal impacto de los aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono, televisado en directo, produjo una conmoción en Estados Unidos y en todo el mundo. La cinematográfica caída de los emblemáticos rascacielos de New York provocó un shock inmediato. Se desmoronó la ilusión de Fukuyama del “fin de la historia”.
Ese trágico día se abrió la primera gran grieta del pretendido unipolarismo de la posguerra fría. Con el estupor y el dolor por las 3.000 víctimas fatales, George W. Bush encontró la excusa perfecta para imponer leyes draconianas, especialmente la Patriot Act, que permitieron espiar, vigilar y eventualmente torturar a ciudadanos estadounidenses y extranjeros. Amplió el poder del complejo militar-industrial, e impuso la doctrina de las “guerras preventivas”, justificadas en la difusa lucha contra el terrorismo. Los neoconservadores impulsaron el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, es decir reforzar el liderazgo y la supremacía militar y económica estadounidense.
Lo que siguió fueron las invasiones a Afganistán en octubre de ese año y, con pruebas fraguadas por la CIA, a Irak en 2003. Si bien diversos analistas se apuraron a imaginar que EE. UU. consolidaría así su auto-asignado rol de gendarme planetario, en realidad esa ofensiva fue el canto del cisne del imperio estadounidense. La crisis financiera global que estalló en 2008, el meteórico ascenso de China, la incapacidad de EE. UU. de dominar el polvorín que había instigado en Medio Oriente y África -en el que se destacan sus fracasos en Libia y Siria-, la irrupción de Donald Trump y la incapacidad estadounidense para impulsar una respuesta multilateral conjunta a la pandemia de la covid-19 no hicieron sino profundizar el desplome del orden mundial con epicentro en Washington.
Las recientes imágenes del último soldado estadounidense abandonando Kabul evocan la caída de Saigón en 1975 y el “síndrome de Vietnam”. Tras 20 años ocupando Afganistán, dos billones de dólares gastados y decenas de miles de víctimas, el fracaso estadounidense es rotundo. Los talibanes, derrocados en 2001, volvieron al poder inmediatamente. No hay forma más gráfica de mostrar el declive hegemónico de EE. UU. Por más que Joe Biden haya declarado que “América está de vuelta”, esa expresión de deseo se muestra tan poco realista como el slogan trumpista de “Hacer grande nuevamente a Estados Unidos” (Make America Great Again).
China está aventajando al saliente hegemón en materia económica, comercial y tecnológica. Todavía va por detrás en el terreno militar, pero EE. UU. se está transformando en un tigre de papel, que no puede ganar las guerras que empieza ni concretar la “construcción de naciones” que se propone. En estos días se recordarán y debatirán los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001 (11-S), las teorías conspirativas, las evidencias de los vínculos históricos de Osama Ben Laden con la CIA en los años ochenta o el apoyo estadounidense a la creación de grupos islamistas radicales para complicar a sus adversarios geopolíticos. También se discutirá sobre cómo la llamada “guerra contra el terror” fue la excusa para empoderar a la comunidad de inteligencia estadounidense (100.000 funcionarios distribuidos en 16 agencias) y aumentar año a año el presupuesto militar (778.000 millones de dólares), para beneficio de las grandes corporaciones que operan como la patria contratista estadounidense. O sobre cómo se violaron derechos humanos y libertades civiles en los últimos años con la excusa de la lucha contra el terrorismo, documentadas gracias a Julian Assange y Edward Snowden. O sobre las “nuevas amenazas” no estatales en el siglo XXI, incluidos los ciberataques o las armas bioquímicas.
Sobre lo que cada vez hay menos dudas y más consenso es que en los 20 años que sucedieron al 11-S se aceleró como nunca antes la decadencia del imperio americano.
(*) El autor es doctor en Historia, profesor regular UBA. Investigador independiente Conicet. Coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos” y del libro “El legado de Trump en un mundo en crisis”.
jueves, 2 de septiembre de 2021
Perspectiva política y electoral de Argentina
Orlando Pérez entrevista a Leandro Morgenfeld en "En Clave Política", Telesur, miércoles 1 de septiembre de 2021
lunes, 9 de agosto de 2021
Convocatoria! Recibimos en agosto resúmenes para nuestra mesa sobre RRII e integración regional en las próximas Jornadas Interescuelas de Historia
XVIII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia
Alejandro Simonoff, Julián Kan y Leandro Morgenfeld coordinan la Mesa 30 "Historia de las relaciones internacionales y de la integración regional de América Latina desde las independencias hasta la actualidad", en las Jornadas Interescuelas de Historia, a realizarse en Santiago del Estero en mayo de 2022.
Debajo está el link a la Circular IV con las condiciones para la presentación de resúmenes (vence el 30 de agosto de 2021) y ponencias (17 de diciembre de 2021).
Leer acá la IV Circular con las precisiones sobre la convocatoria
lunes, 2 de agosto de 2021
Reseña: Los condicionantes internos de la política exterior: Entramados de las relaciones internacionales y transnacionales

María Cecilia Míguez y Leandro Morgenfeld (Coordinadores)
Buenos Aires: Teseo Press. 2020. 438 páginas.
Por María Paula Mareco
Una de las áreas menos indagadas en los estudios sobre política exterior latinoamericana es aquella que vincula los factores domésticos con las relaciones internacionales. De hacerlo, se suele proponer una mirada institucionalista, centrándose en el Poder Ejecutivo y Cancillería, pero desconociendo la marcada -y compleja -incidencia de otras variables internas sobre la política exterior de los Estados. La obra de Míguez y Morgenfeld justamente busca ahondar en estas aguas poco exploradas. El libro se trata de una compilación, en el marco de dos proyectos de investigación dirigidos por los autores entre 2015 y 2020. Se busca en estas páginas, a través de una perspectiva histórica, explorar la intrincada combinación de factores que inciden sobre el diseño e implementación de una política exterior, y en consecuencia, de un patrón de inserción internacional. El tono de la obra es marcadamente latinoamericanista, propugnando una perspectiva en miras del desarrollo autónomo de nuestras naciones, y cuestionando la dependencia estructural que limita a la región. La primera sección da cuenta de los debates teóricos y propuestas metodológicas subyacentes al análisis de los condicionantes internos de la política exterior. Inaugura la sección un texto de María Cecilia Míguez, compiladora del libro y experta en Relaciones Internacionales e Historia Política Argentina.
Allí enumera, describe y también problematiza ciertas dimensiones nacionales con impacto en la política exterior de un Estado, lo cual realiza en función de la cualidad estructural de dependientes que subsiste para los países latinoamericanos. Como segundo capítulo encontramos el texto de Leandro Sánchez, quien se pregunta por la capacidad de agencia de los movimientos sociales en la política internacional. La noción de agencia introduce un elemento foráneo al mainstream de las Relaciones Internacionales, ya que suele ser una presunción analítica. Al preguntarse sobre la agencia y su relación con la estructura, el autor echa luz sobre fenómenos que permanecían ocultos en ese presupuesto. Las perspectivas teóricas y metodológicas plasmadas al inicio son puestas en funcionamiento en la segunda sección de esta obra, que compila artículos de diversa casuística. En el capítulo que inaugura esta sección, Roberto García y Martín Girona se acercan al fuerte impacto que tuvo la Revolución Cubana en la política exterior del Uruguay entre 1959 y 1964. La tardía ruptura del país con Cuba se entiende según los...- leer la reseña completa acá -
martes, 20 de julio de 2021
“Hace 60 años que EE.UU. tiene una política bipartidista de agresión a Cuba”
Entrevista a Leandro Morgenfeld en Notas. Por Santiago Mayor
“Hace 60 años que EE.UU. tiene una política bipartidista de agresión a Cuba”
El analista internacional Leandro Morgenfeld repasa en esta entrevista la política del presidente Joe Biden hacia América Latina donde busca hacer equilibrio entre los intereses del establishment y un discurso de defensa de la democracia y los Derechos Humanos.
Santiago Mayor @SantiMayor
Las últimas semanas América Latina se vio particularmente convulsionada. Desde el magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moïse, pasando por las protestas en Cuba, hasta el reconocimiento de Pedro Castillo como presidente de Perú luego de semanas de demoras e impugnaciones.
El historiador e investigador del Conicet, Leandro Morgenfeld, analiza como se ha movido el gobierno de EE.UU. ante este particular escenario atravesado por la pandemia y el crecimiento de la influencia de China en su histórica área de influencia.
En ese sentido asegura que estamos “en un proceso de transición hegemónica” que llega hasta nuestras latitudes. Particularmente en América del Sur donde China ya reemplazó a Washington “como principal socio comercial transformándose en un importante inversor y prestamista”.
– En la última semana Cuba fue noticia por las protestas contra el gobierno, pero también por las fake news difundidas por medios internacionales y pedidos de «intervención» de EE.UU. ¿Cuál ha sido la posición de la administración Biden respecto a la isla? ¿Ha cambiado algo respecto a Donald Trump?
– Lo primero que hay que señalar es que hace más de 60 años hay una política exterior bipartidista de agresión contra Cuba que tuvo distintas modalidades. Desde la invasión militar a Bahía de Cochinos en 1961; pasando por el bloqueo comercial financiero y económico que tiene más de seis décadas y se reforzó en los años ’90 (es decir en la post Guerra Fría); usar millones de dólares para intentar que distintos grupos contrarios a la revolución desestabilicen y provoquen un cambio de régimen. También hubo innumerables intentos de magnicidio contra Fidel Castro perpetrados y organizados por la CIA entre muchas otras formas de tratar de derrotar a la revolución.
Esto es una constante con distintas administraciones republicanas y demócratas. Lo que hay es una diferencia, si se quiere, en el balance de eso que no lograron hasta ahora y en cuál es la mejor estrategia para lograr ese objetivo.
Lo que ocurrió durante el segundo mandato de Barack Obama es que hubo sectores que planteaban que no se podía mantener el bloqueo. Desde 1992 viene siendo rechazado en Naciones Unidas por todos los países menos Israel y empresarios que quieren hacer negocios con Cuba ven como China, Brasil, Canadá, España, Venezuela, etc. comercian con la isla y EE.UU. no, cuándo hasta 1959 fue su área exclusiva de influencia. Por eso impulsaron una suerte de distensión bilateral.
No levantó el bloqueo -que requiere un consenso bipartidista en el Congreso- pero sí permitió los viajes que habían aumentado el turismo en la isla y se aflojaron una serie de cuestiones que permitieron el envío de remesas.
Sin embargo con Trump, para ganar a los sectores anticastristas de Florida, hubo una posición muy dura desde que asumió y volvió con la retórica de la Guerra Fría. No rompió relaciones diplomáticas pero sí dio marcha atrás con muchas medidas que había tomado Obama.
A esto se sumó la pandemia que hizo que cayera un 11% el PBI de Cuba y hubo un brutal descenso del turismo por lo mismo, generando escasez de dólares. Sumado a la imposibilidad de enviar remesas o la dificultad que se produjo por la profundización del bloqueo cerrando los más de 400 locales de Western Union que había en la isla, produjo una asfixia. Por ejemplo para la cuestión energética que fue uno de los disparadores de las protestas.
Biden si bien se esperaba que volviera a la política de Obama, desde que asumió en enero dijo que Cuba no era su prioridad. Mantuvo a la isla en la lista de países que patrocinan en el terrorismo a la cual había quitado Obama y Trump volvió a poner. Esto supone una serie de sanciones, incluso a empresas no norteamericanas, como parte del bloqueo ilegal y extraterritorial.
El jueves pasado también hizo declaraciones, corrido por los sectores ultraderechistas de EE.UU., que por ahora no va a haber ninguna vuelta atrás. El Departamento de Estado sigue inyectando millones de dólares para promover las protestas y todo esto marca un consenso bipartidista.
Aunque hay que decirlo, hay fracturas en el Partido Demócrata porque emergieron nuevos liderazgos que cuestionan esta política imperialista. Tanto los movimientos sociales como la izquierda del partido.
– La agenda mediática regional parece haber dejado rápidamente atrás el magnicidio del presidente de Haití, Jovenel Moïse, sin embargo se trata de un hecho muy grave y sin precedentes en años recientes. Ex militares colombianos, algunos entrenados por EE.UU., y dos haitiano-estadounidenses parecen ser los responsables ¿Es posible que una acción de estas características se llevará a cabo en el país sin conocimiento de Washington?
– Toda esta campaña internacional fomentada por los grandes medios de comunicación alineados con Washington mediante fake news y creando el hashtag #SOSCuba, orquestado en el marco de una guerra híbrida contra la isla permite distraer la atención del brutal magnicidio que se produjo contra Jovenel Moïse.
Se confirmó que hay norteamericanos y 26 ex militares colombianos implicados. El propio Pentágono reconoció que algunos de esos militares fueron entrenados en EE.UU.
Es decir que han dejado los dedos pegados en una nueva agresión contra Haití. Quizás el país que más sufrió los embates del imperialismo en los últimos 200 años. Vemos a la Colombia de Duque y Uribe, el país más penetrado desde el punto de vista militar por EE.UU., que sigue siendo su peón en América del Sur, muy vinculado a este magnicidio.

En vez de estar hablando todos los medios de América Latina de la brutalidad de esta situación; en vez de estar hablando de cómo el gobierno de Macri en Argentina, de Lenin Moreno en Ecuador y Bolsonaro en Brasil estuvieron implicados en el apoyo al gobierno golpista en Bolivia; se distrae la atención con el tema de Cuba y no ponemos el foco en esta situación gravísima que ocurrió en Haití.
Vemos como las derechas y sus medios de comunicación vuelven a arengar con el fantasma del comunismo para atacar en cada uno de los países a gobiernos que intentan incluso discursivamente una política igualitarista. O a aquellos que reivindican principios históricos como hicieron México y Argentina de no intervención y respeto al derecho soberano de cada pueblo a determinar que tipo de gobierno y sistema político eligen.
Claramente Cuba, como antes lo vimos con Venezuela o Nicaragua, se utiliza para instrumentar una avanzada ultraderechista alineada con Washington.
– Al margen de estos casos puntuales, la posición estadounidense frente a América Latina parece ser ambigua en algunos aspectos. Si bien mantienen la política de agresión a Venezuela no se han sumado (al menos explícitamente) al intento de arrebatarle el triunfo electoral a Pedro Castillo en Perú, un candidato sin duda menos afín a EE.UU. que Keiko Fujimori ¿Hay diferencias en la administración Biden respecto a América Latina?
– Creo que hay matices importantes entre la administración Biden y el gobierno anterior de Donald Trump. Biden pretende recuperar la alicaída imagen de EE.UU. en la región apelando al multilateralismo, a la diplomacia y no a esa perspectiva bilateral contra cualquier institución internacional y muy agresiva que tenía su antecesor. Todo el tiempo estaba reivindicando un discurso más propio de la Guerra Fría.
En ese sentido Biden hace un delicado equilibrio entre mantener los intereses estratégicos del establishment de EE.UU. (siguen buscando el cambio de régimen en Cuba y Venezuela), pero al mismo tiempo elabora una política exterior que dice defender los valores multilaterales, la democracia y los Derechos Humanos. En ese sentido le resulta muy difícil a un gobierno así alinearse con Keiko Fujimori en Perú y no reconocer, a pesar de que pusieron todas las trabas posibles, al presidente electo Pedro Castillo.
Hace equilibrio en un continente que muestra vigorosos procesos de protesta social y potencial cambio político como ocurrió en Perú y está ocurriendo en Chile, posiblemente ocurra el año que viene en Colombia y hace tres años ocurrió en México. Es decir cuatro países que integraban la Alianza del Pacífico, que tenían gobiernos neoliberales y alineados con EE.UU., estamos viendo como con distintos procesos se dan enormes movilizaciones y cambios políticos por arriba.
Por supuesto el gran interrogante es qué va a pasar en Brasil que tiene un gobierno como el de Bolsonaro totalmente alineado con Trump y que con Biden tiene sus diferencias. Como indican las encuestas hay serias posibilidades de la vuelta al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula.
Entonces eso abre fracturas al interior de la administración estadounidense y le pone algún coto a quienes plantean políticas más duras y abiertamente intervencionistas en la región. Cómo por ejemplo las que a través de su peón Luis Almagro llevaron adelante en Bolivia en 2019, apoyando al gobierno que surgió después de un golpe de Estado.
Ahí vemos una política de Trump abiertamente injerencista y golpista que apoyaron también algunos gobiernos derechistas de la región a instancias de la jugada que hizo la Organización de Estados Americanos (OEA) y por supuesto de EE.UU. Luis Almagro no hace nada sin la dirección política de Washington.
– En estos días circuló en las redes sociales un mapa que muestra la expansión de China como principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo, incluidos los de América Latina, en detrimento de EE.UU. ¿Qué supone esto para Washington? ¿La reciente donación de vacunas a la región se inscribe en un intento por contener el avance de Beijing?
– Si, estamos en un proceso de transición hegemónica. De declive de EE.UU. y ascenso de China. La gran duda es si vamos hacia una nueva hegemonía a nivel global, si vamos hacia un sistema de bipolaridad o un mundo mucho más multipolar. Pero sin duda en todos los órdenes -económico, comercial, financiero, político, militar- hay un creciente rebalanceo del poder.
Esto por supuesto preocupa mucho a EE.UU. que está intentando resistir en todo el mundo y sobre todo en su «patio trasero». Particularmente en América del Sur donde ya China lo reemplazó como principal socio comercial transformándose en un importante inversor y prestamista.
Entre todas esas disputas también está la de lo que se llama ‘Soft power’, el poder blando. Y eso, en el marco de una pandemia global, tiene que ver con las vacunas.

EE.UU. había quedado bastante rezagado en ese punto. China tuvo una política muy activa con el avance de sus vacunas y lo que está haciendo Washington ahora -que tiene bastante resuelto el tema de su vacunación- es utilizar el enorme poder económico que tiene para hacer diplomacia con esto.
Lo que se hablaba durante la presidencia de Obama como ‘Smart power’, una combinación de ‘hard power’ y ‘soft power’. Pero este último, que había sido dejado de lado por la administración Trump, hoy con Biden lo estamos viendo de nuevo.
Entonces esta donación de vacunas tiene un doble objetivo. Por un lado presionar al gobierno argentino para que modifique la ley existente y firme contratos jugosos con laboratorios norteamericanos. Esto es histórico: usar la donación como elemento de chantaje. Y al mismo tiempo mostrar que EE.UU. es solidario en el contexto de pandemia.
Argentina pasó a ser un país clave en el contexto de redireccionamiento de las fuerzas políticas en la región. Porque tiene, en algunos puntos de materia de política exterior, una posición interesante de autonomía (en otros muestra claroscuros). Por eso se busca que no avance con un discurso de mayor confrontación con EE.UU. y acercamiento hacia China.
Eso explica esta novedad de la donación de vacunas hacia distintos países de la región.
miércoles, 14 de julio de 2021
Declaración en apoyo y solidaridad con el pueblo cubano ante la reciente acción provocadora e injerencista contra la Revolución Cubana
Declaración en apoyo y solidaridad con el pueblo cubano ante la reciente acción provocadora e injerencista contra la Revolución Cubana
Durante más de 60 años, Cuba ha sido sometida a una guerra económica a partir un sistema de sanciones coercitivas unilaterales y extraterritoriales que no tiene paralelo en la historia moderna. Este Bloqueo económico ha tenido impactos devastadores para la población cubana en general y para el logro de los objetivos de desarrollo con equidad y justicia social planteados por el proceso revolucionario cubano desde sus inicios. A los efectos del bloqueo económico que se recrudeció a su expresión máxima durante la administración Trump y se asumido invariablemente por la actual administración, se suma el impacto económico de la pandemia de la Covid -19.
Se mantiene la permanente hostilidad e hipocresía de los gobiernos temporales de Estados Unidos, avalada por una permanente razón de Estado que deja claro que en realidad no persiguen en la Isla, como argumentan con su invariable lenguaje engañoso, una Revolución reformada, ni tienen una preocupación humanitaria por el bienestar del pueblo cubano, sino que aspiran a una Revolución arrodillada y derrotada y persisten en lograr el ansiado “cambio de régimen”.
En este contexto, la Revolución Cubana es objeto, una vez más, de acciones provocadoras –promovidas por instancias del gobierno de Estados Unidos y por los sectores contrarrevolucionarios de la emigración cubana que tradicionalmente operan como funcionales piezas en la vieja estrategia subversiva, renovada hoy con las plataformas que brindan las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información–, dirigidas a materializar estallidos sociales, manipulando la difícil situación que vive la Isla desde el punto de vista económico. Se intenta demostrar que en Cuba existe un “Estado Fallido”, profundizando el intento por dividir al pueblo cubano, en quebrar su unidad y propiciar su alejamiento del liderazgo revolucionario.
El Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos llama a las instituciones académicas y culturales, activistas y movimientos sociales, intelectuales y estudiantes comprometidos con la lucha que se libra desde el pensamiento crítico latinoamericano y mundial en el que se inserta su quehacer, a mantenerse alertas, oponerse, denunciar y desenmascarar por todos los medios a su alcance, la nueva escalada imperialista, que persiste en su propósito de derrocar al proceso cubano, desconociendo su legitimidad, difundiendo de modo cínico y perverso mentiras y calumnias, que pretenden desconocer y tergiversar la voluntad popular masiva, que bajo la guía del liderazgo histórico de la Revolución, continuada por la actual dirección del Estado cubano, persiste con firmeza en su empeño por defender su independencia, su soberanía y su proyecto socialista de emancipación, haciendo suyo el ideario martiano: “con todos y para el bien de todos”.
Nuestro Grupo de Trabajo se solidariza con el pueblo cubano y con su Revolución, y llama a denunciar la verdadera raíz de la reciente acción subversiva, respaldando la defensa legítima que hacen los patriotas cubanos, enfrentando con decisión las frustradas intentonas provocadoras, promovidas esencialmente por mercenarios, pagados por el imperialismo, que cumplen indicaciones de sus amos, con el concurso de elementos antisociales, logrando atraer a personas que sufren carencias, sin que ello constituya una oposición política significativa en términos cualitativos ni cuantitativos.
13 de Julio de 2021
Nuestra América
Grupo de Trabajo CLACSO
Estudios sobre Estados Unidos
Esta declaración expresa la posición del Grupo de Trabajo Estudios sobre Estados Unidos y no necesariamente la de los centros e instituciones que componen la red internacional de CLACSO, su Comité Directivo o su Secretaría Ejecutiva.
jueves, 1 de julio de 2021
lunes, 28 de junio de 2021
Video Conversatorio: Biden y la transición del poder hegemónico global
viernes, 18 de junio de 2021
Boletín #5 Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América
Boletín #5 Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América
Año 3 – Número #5 Los primeros 100 días del gobierno de Biden
Junio 2021
Índice
- Introducción
Yasmín Martínez Carreón
Sonia Winer - Biden, América Latina y las mutaciones geopolíticas
Leandro Morgenfeld - Las políticas del gobierno de Joe Biden hacia Nuestra América. Un análisis provisorio de sus primeros 100 días
Luis Suárez Salazar - La razón humanitaria en la política exterior de Biden hacia América Latina y el Caribe
Mariano Del Pópolo - Cuba-Estados Unidos 100 días después Biden no es Obama
Raúl Rodríguez Rodríguez - La puja por Afganistán y el declive relativo de Estados Unidos
Gabriel E. Merino - Los primeros 100 días del gobierno de Biden. Política científico-tecnológica-innovativa
Fabio Grobart Sunshine - Conversatorio virtual: America is back? Biden y la transición del poder hegemónico global
domingo, 6 de junio de 2021
miércoles, 19 de mayo de 2021
Salió Huellas de Estados Unidos 20!
Con gran satisfacción y luego de un enorme esfuerzo para publicar un nuevo número en las circunstancias que nos tocan vivir, anunciamos la salida del número 20 de nuestra Revista "Huellas de Estados Unidos: estudios, perspectivas y debates desde América Latina", en lo que marcan 10 años de publicación ininterrumpida.
Los invitamos a ingresar a nuestro sitio web para acceder a la publicación completa: http://www.huellasdeeua.com/index.html
Los invitamos también a sumarse a nuestra página de Facebook, donde podrán encontrar información tanto de la Revista como de diversas actividades, oportunidades de publicación
y otras novedades: https://www.facebook.com/huellasdeeua
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lunes, 3 de mayo de 2021
"Biden y la Argentina". Por Leandro Morgenfeld (abril 2021)
FES América Latina
Leandro Morgenfeld*
Introducción
El gobierno del Frente de Todos, encabezado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, anhelaba un triunfo de Joe Biden en las elecciones de noviembre pasado, aunque no lo haya manifestado públicamente para no repetir el error de su antecesor Mauricio Macri, quien había expresado su simpatía por Hillary Clinton en 2016. Fernández prefería al candidato demócrata por las mayores afinidades políticas e ideológicas, por los vínculos construidos a lo largo de años –como senador y vicepresidente, además de sus negocios familiares-, y por las diferencias que lo separaban de Donald Trump, quien mantuvo una fluidísima relación con la Administración de Juntos por el Cambio (2015-2019). El actual mandatario argentino, el primero de la región en felicitar públicamente al demócrata el 7 de noviembre, espera superar las diferencias que tuvo con el asesor Mauricio Claver-Carone –hoy presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a pesar de la oposición argentina a romper con la tradición de un latinoamericano al frente de ese organismo financiero regional- y especula que con Biden tendrá un diálogo más amplio y constructivo, incluyendo la compleja negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El 21 de enero le envió a su par estadounidense una carta deseándole los mejores augurios[1]. Hay expectativas, además, en destrabar el ingreso de las exportaciones de biodiesel –un negocio de 1200 millones de dólares-, bloqueadas por Trump desde 2017 como parte de su proteccionismo comercial (La Nación, 18/02/2021). Más allá de algunos cortocircuitos –por ejemplo, las críticas a la justicia[2] y a la corrupción argentinas en el primer informe del Departamento de Estado del nuevo gobierno estadounidense[3] o por las diferencias en torno a Venezuela, tras el retiro argentino del Grupo de Lima-, lo cierto es que Biden aspira a tener nuevos interlocutores en la región –Fernández podría reemplazar al internacionalmente repudiado Jair Bolsonaro, muy cercano a Trump- y recientemente invitó a su par argentino a participar en la cumbre sobre cambio climático que tendrá lugar el 22 y 23 de abril (Infobae, 26/03/2021). En el presente texto analizamos cuáles son las continuidades y las rupturas en el vínculo bilateral, qué desafíos enfrenta de cara al futuro y cuáles podrían ser los puntos de convergencia y de tensión, en función de las orientaciones de la Administración Biden en temas como política económica y comercial, recursos naturales, medioambiente, seguridad, derechos humanos y migración.
La
estrategia Biden hacia la Argentina
Uno de los objetivos del nuevo presidente
estadounidense es, a través del multilateralismo y de una combinación de hard y soft power –emulando el smart
power de Obama-, recuperar la influencia de su país en la región, horadada
por el rechazo que generaba Trump y por la creciente presencia económica e
influencia china y rusa[4].
En ese sentido, apelará a sus iniciativas medioambientales, en claro contraste
con su antecesor. Previsiblemente, ya no será el mandatario brasilero su
interlocutor privilegiado (negacionista del cambio climático, al igual que
Trump), sino que intentará articular con Alberto Fernández, pese a los desencuentros
bilaterales históricos y a la oposición de buena parte del establishment
estadounidense al peronismo en general y al kirchnerismo en particular. Parte
de esa estrategia se puso en marcha en las últimas semanas, cuando Biden invitó
a su par argentino a participar en la mencionada cumbre multilateral sobre el
clima que se desarrollará este mismo mes. En ese marco, el canciller Felipe
Solá mantuvo una conversación el viernes 2 de abril con el Secretario de Estado
Antony Blinken, en la que se planteó la posibilidad de que el mandatario
argentino visitara la Casa Blanca, ni bien la pandemia lo permitiera. En esa
conversación, que duró casi una hora, el jefe de la diplomacia argentina señaló
que su gobierno acompañaba los recientes anuncios de la Casa Blanca, en
relación al regreso de Estados Unidos al Acuerdo de País y a la convocatoria a
la Cumbre de Líderes sobre el Clima. Ya Alberto Fernández le había confirmado
días antes al ex Secretario de Estado John Kerry –encargado de esta acuciante
problemática- su participación en dicho cónclave, a la vez que ratificó la
volundad de “trabajar en forma conjunta para que la recuperación económica
pospandemia se pueda alinear con los compromisos climáticos a fin de promover
un desarrollo integral y sostenible. (…) Vemos con mucha confianza la llegada
de Biden al gobierno de los Estados Unidos. Esperábamos con ansiedad un cambio
y tenemos buenas expectativas”, informó en ese entonces Presidencia de la
Nación. Desde la Secretaría de Estado, en tanto, se señaló que, en diálogo con
Solá, Blinken “enfatizó que nuestra relación de beneficio mutuo está arraigada
en valores democráticos compartidos. Subrayó la importancia de trabajar juntos
para combatir la crisis climática y expresó su apoyo a la iniciativa de
Argentina de organizar una cumbre regional para unir a América Latina detrás de
una ambiciosa agenda climática. También subrayó el imperativo de la
participación diplomática regional para abordar las amenazas a la democracia,
los derechos humanos y la seguridad en nuestro hemisferio” (Infobae, 02/04/2021). En dicha reunión, además, se reafirmaron los
compromisos de cada uno de los dos gobiernos con las instituciones
multilaterales (con especial mención a la Organización Mundial de la Salud y su
mecanismo Covax para distribución de vacunas) y se mencionaron temas históricos
que comparten las agendas de ambos países como la lucha contra el narcotráfico,
contra la trata y el tráfico de armas, y también el fortalecimiento de las
instituciones republicanas.
Un
vínculo que se afianza con pasos concretos
El primer cambio concreto en el tono de la
relación entre los gobiernos de Estados Unidos y la Argentina fue la
comunicación entre Biden y Fernández, luego de las felicitaciones públicas por
parte del presidente argentino el 7 de noviembre, cuando todavía Trump seguía
sin reconocer el triunfo del candidato demócrata. El 30 de noviembre hablaron
telefónicamente durante 35 minutos. Según el comunicado de la Cancillería, el
mandatario argentino felicitó al presidente electo y destacó que su triunfo
significaba “una gran oportunidad de generar un mejor vínculo para que Estados
Unidos se reencuentre con América Latina”. Biden sostuvo que “el continente
tiene un gran potencial, con una democracia sólida, y tenemos una amplia agenda
para trabajar desde Canadá hasta la Argentina”. “Quiero tener una relación sólida
con el continente”. El argentino expresó sus expectativas con el cambio de
signo político en la Casa Blanca -“están culminando años difíciles para América
latina. Queríamos que las cosas cambien y vemos en Ud. una alternativa”- y se
mostró confiado en el futuro del vínculo bilateral: “con una relación sólida y
madura defendiendo la seguridad y las democracias en el continente, tengo la
seguridad de que vamos a hacer muchas cosas juntos”. También enfatizó su vínculo
con el Papa Francisco. Biden rescató que tiene valores compartidos con el Papa,
como el catolicismo, el cambio climático, la lucha contra la pobreza y los
refugiados. Le contó su experiencia junto a Francisco cuando, como “el católico
en el gabinete” de Obama, fue quien guió al sumo pontífice en su visita a
Estados Unidos y que el jefe de la iglesia fue de gran apoyo cuando sufrió la
pérdida de su hijo[5].
A pesar de las diferencias en torno a temas
concretos (Venezuela, críticas del Departamento de Estado a la falta de
independencia de la justicia y a la corrupción) y de la dura negociación que
están llevando adelante el gobierno argentino y el FMI, ambas administraciones
dieron señales de cooperación y buena voluntad. En la mencionada conversación
del 2 de abril entre Solá y Blinken se inició, además, una negociación para
destrabar la compra por parte del gobierno argentino de vacunas producidas en
Estados Unidos. La cooperación en el tema del cambio climático, mencionada más
arriba, es otro ejemplo concreto de la aproximación bilateral, en contraste con
lo que ocurre con entre Biden y Bolsonaro.
¿Qué
cambios se prevén a futuro? ¿En qué temas se percibe una continuidad con las
políticas de la administración previa?
Se espera una mayor cooperación en el ámbito
multilateral en temas vinculados con el medio ambiente, ciencia y tecnología,
ámbito en el que existen antecedentes positivos, como el trabajo conjunto en el
área aeroespacial. En relación con la actual pandemia, y producto de las
gestiones arriba mencionadas, el martes 6 de abril se conoció la decisión de la
Administración Biden de permitir que las vacunas de Oxford AstraZeneca con materia
prima elaborada en la Argentina se envasen en Estados Unidos, tras las
dificultades que surgieron para completar ese procedimiento en México, a raíz
de la falta de filtros producidos en los Estados Unidos. A partir de esta
noticia, se calcula que en abril llegarían unas 900.000 dosis a la Argentina,
lo cual es interpretado como un éxito de la buena sintonía entre ambos
gobiernos.
Por otra parte, se espera un gesto del Tesoro
estadounidense en la negociación con el FMI que lleva adelante el ministro
Martín Guzmán. Se discuten los plazos, condiciones de pago y exigencias de
medidas, teniendo en cuenta la responsabilidad que tuvo dicho organismo, y el
propio gobierno de Trump, en el préstamo récord de más de 50.000 millones de
dólares desde 2018. Como reconoció el año pasado el actual director del BID y
por entonces asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Mauricio Claver-Carone,
la Casa Blanca impulsó ese histórico préstamo a la Argentina para intentar
facilitar la reelección de Mauricio Macri y evitar así que el kirchnerismo
volviera al poder.
Debido a la catastrófica situación económica
que atraviesa la Argentina –tres años consecutivos de caída de su producto
bruto interno-, el gobierno del Frente de Todos plantea la necesidad de que la
Administración Biden interceda ante las autoridades del FMI para que el país
esté en condiciones de crecer y poder volver a pagar. El actual mandatario
recuerda siempre la frase del ex presidente Néstor Kircher –“los muertos no
pagan”-, cuando negoció con los acreedores externos la quita de la deuda
externa argentina. Por otra parte, hay expectativas en que se destraben las
exportaciones de biodiesel a Estados Unidos, que generaban un 25% de las ventas
argentinas a ese país, antes de las trabas que impuso Trump en el año 2017.
La
actitud del gobierno argentino frente a Estados Unidos y la región
El gobierno del Frente de Todos aspira a tener un buen vínculo con
Biden, con el que comparte ciertas afinidades políticas e ideológicas, en
contraste a lo que ocurría con Trump. Alberto Fernández espera ser uno de los interlocutores
del demócrata en el Cono Sur, lo cual ayudaría a avanzar en la compleja
negociación con el FMI. A pesar de las diferencias –Argentina se acaba de
retirar del Grupo de Lima, creado por gobiernos aliados a Washington-, en la
Casa Rosada leen la necesidad del Departamento de Estado de tejer una buena
relación bilateral. Tras la comunicación del viernes 2 de abril entre ambas
cancillerías y del anuncio de la llegada de vacunas, el miércoles 7 se concretó
la visita del jefe del Comando Sur, el almirante Craig. S. Faller, y se
ratificó la llegada, una semana más tarde, de Juan González, director del
Departamento del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la
Casa Blanca, quien se reunirá con el presidente Fernández (La Nación, 11/04/2021). Estos gestos ratifican la buena voluntad
bilateral y son señales positivas, de cara a una eventual visita del mandatario
argentino a Washington.
Alberto Fernández
encabeza un gobierno frentista, en el que conviven distintos espacios políticos,
en las que existen diferencias en la lectura geopolítica y en la orientación de
la política exterior. Recientemente hubo
cuestionamientos públicos al canciller Solá por su política hacia Venezuela, lo
cual llevó a la renuncia de Alicia Castro, quien había sido elegida para estar
al frente de la embajada argentina en Moscú. El Frente de Todos plantea la
necesidad de desplegar vínculos internacionales diversificados, en un mundo en
pleno proceso de transición hegemónica, y en el que ya no se está frente al
unilateralimo que caracterizó el inicio de la posguerra fría. Por el tema de la vacuna Sputnik V, los vínculos
con Rusia se solidificaron. En cuanto a China, el gobierno de Xi Jinping también
despliega una importante “diplomacia de vacunas”, avanza el intercambio
comercial bilateral –hoy el principal destino de las exportaciones argentinas-,
existe un swap de monedas por 18.500
millones de dólares y hay interés también en avanzar sobre la Hidrovía. Biden
quiere evitar la pérdida de poder relativo en la región y por lo tanto debe
tolerar los gestos autonómicos del gobierno argentino, que apuesta además a
relanzar las instituciones regionales (UNASUR, CELAC) e impulsa a diversos
líderes progresistas (Arce, Arauz, Lula, Mendoza), a través del Grupo de Puebla.
Los desafíos
de la relación Estados Unidos – Argentina de cara al futuro
Más allá de las asimetrías bilaterales y de
los contrapuntos y conflictos históricos de la relación, en particular los
recelos que se generaron en parte del establishment estadounidense tras el No
al ALCA en Mar del Plata en los inicios del kirchnerismo, ambos gobiernos
pretenden desplegar un vínculo armónico. Está el desafío de plantear una agenda
de trabajo positiva de temas en los que pueden colaborar: científicos, tecnológicos
y medioambientales y en tópicos vinculados a los derechos humanos, la promoción
de la paz y la democracia, aunque las concepciones sobre su contenido sean
muchas veces divergentes.
El gobierno argentino
comparte la prédica medioambiental de la Administración Biden y su apelación a
las instancias multilaterales para la resolución de los conflictos[6].
Tiene más afinidad con un discurso más tolerante frente a los inmigrantes y con
una retórica, a diferencia de la de Trump, que no ancla directamente en
paranoias propias de la guerra fría. Los países de América Latina, en tanto, podrán aprovechar la
circunstancia de que el gobierno estadounidense deberá abocarse mucho más a las
fracturas domésticas que a la proyección hegemónica global.
Lo cierto es que,
más allá de los cambios parciales en los instrumentos y en las tácticas que
desplegará la Administración Biden, como ocurre desde hace décadas, Estados
Unidos no cejará en su objetivo estratégico de intentar mantener a América
Latina como su patio trasero, es
decir como su zona de influencia, alejando por un lado a las potencias
extrahemisféricas (hoy especialmente China, como recordó el jefe del Comando
Sur, tras visitar la futura base de la Armada argentina en Tierra del Fuego),
pero también intentando frenar cualquier proyecto o iniciativa de integración
regional. Divide y reinarás seguirá siendo su política hacia la región, que
debe recuperar la iniciativa, aprovechar el contexto de creciente confrontación
geopolítica a nivel global y trazar una estrategia de coordinación y
cooperación políticas, en función de retomar un proyecto de integración
latinoamericana que permita ampliar los márgenes de autonomía. Como en otras
oportunidades de la historia reciente, el gobierno argentino sabe que tiene una
tarea estratégica en ese punto.
* Profesor
Regular UBA. Investigador Independiente del CONICET. Co-coordinador del Grupo
de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”. Autor de Bienvenido Mr.
President. De Roosevelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a
la Argentina (2018), Relaciones Peligrosas (2012) y Vecinos en conflicto (2011).
[1] “Alberto Fernández le
escribió una carta a Joe Biden: ‘Argentina se encuentra esperanzada en cimentar
una agenda de trabajo compartida’”, en Infobae,
Buenos Aires, 21/01/2021.
[2] Debusmann, B. 2021 “El
gobierno de Biden denunció que Argentina tiene un ‘sistema judicial ineficaz y
politizado’ que impide frenar la corrupción”, en LaPoliticaOnline, 30 de marzo.
[3] Mathus Ruiz, Rafael
2021 “EE.UU. advirtió sobre la corrupción en el país”, en La Nación, Buenos Aires, 1 de abril.
[4] Morgenfeld, Leandro
2021 “Biden y América Latina”, en El País
Digital, Buenos Aires, 10 de abril. Véase también Tokatlian, Juan Gabriel
2021 “Biden y sus claroscuros”, en Clarín,
Buenos Aires, 12 de marzo.
[5] Comunicado Cancillería
Argentina, 5 de diciembre de 2020. En: https://www.cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/alberto-fernandez-hablo-con-el-presidente-electo-de-los-estados-unidos-joe-biden
[6] Como bien señala Juan
G. Tokatlian, “En todo caso, será esencial que Estados Unidos no opte, como lo
han hecho gobiernos anteriores a Trump, por una especie de ‘multilateralismo a
la carta’ con el que solo se compromete si le conviene”, en El cohete a la luna, Buenos Aires, 6 de
diciembre de 2020.


















