jueves, 10 de septiembre de 2015

Asamblea General de la ONU aprobó hoy iniciativa argentina para limitar a los fondos buitres

NUEVA YORK

La Asamblea General de la ONU aprobó los principios para limitar las acciones de los buitres

Avaló esta tarde por 136 votos a favor la resolución que limita el accionar de los fondos buitre a través de nueve principiosque dan marco a un sistema legal global para los procesos de reestructuraciones de deuda soberanas.

Télam
Foto: Facebook Axel Kicillof
Foto: Facebook Axel Kicillof
La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó hoy con 136 votos positivos, 41 abstenciones y 6 en contra, la resolución que limita el accionar de los fondos buitre a través de una serie de nueve principios que dan marco a un sistema legal global para los procesos de reestructuraciones de deuda soberana.

La resolución fue tomada por mayoría simple de votos, tras una discusión que se extendió por espacio de seis meses y que fue impulsada inicialmente por Argentina y el G77 más China.

Una vez conocido el resultado positivo expuesto en dos grandes pantallas ubicadas a los costados del estrado central de la Asamblea General, comenzaron los aplausos generalizados y los saludos de los funcionarios que se acercaron a felicitar a la delegación argentina, encabezada por el canciller Héctor Timerman y el ministro de Economía, Axel Kicillof.

También estuvieron presentes en el gran salón de la ONU, la embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón; y la representante ante el organismo multilateral, María Cristina Perceval.
Momentos antes de llevarse adelante la votación que requería de una mayoría simple, el embajador de Sudáfrica, Kingsley Mamabolo, presidente actual del Grupo de los 77 más China, presentó el proyecto de resolución y felicitó a su par boliviano, Sacha Llorenti, por su “liderazgo y conducción” al frente del Comité Especial que elaboró el documento, así como a la oficina de la UNCTAD.

Los principios básicos sobre procesos de reestructuración de deuda “añaden una base y un resultado para futuros debates para esta cuestión”, afirmó Mamabolo pocos minutos antes de que los países concretaran la votación.

Los nueve principios que contiene la resolución son los de soberanía, buena fe, transparencia, imparcialidad, tratamiento equitativo, inmunidad soberana, legitimidad, sostenibilidad y reestructuración de la mayoría.

Invitación Mesa: "Historia de las Relaciones Internacionales, de la integración regional y la política exterior en América Latina"



En el marco de las Jornadas Interescuelas de Historia, el viernes 18 de septiembre, desde las 8.30 hs (Aula 206), vamos a llevar adelante la siguiente mesa:

Mesa Temática n°23: Historia de las Relaciones Internacionales, de la integración regional y la política exterior en América Latina

Coordinadores: Alejandro Simonoff, Leandro Morgenfeld y Julián Kan

Listado de ponencias y presentación de libros:

1)      Las relaciones internacionales y América Latina en el pensamiento de John William Cooke en un momento de cambio del escenario mundial y regional. Conceptos y legados (1945-1962)

Aguirre, Norberto Rubén (FCE-UBA / ADHILAC)

2)      Preferencias políticas en el campo de la integración regional (MERCOSUR) y políticas económicas. El caso del Frente Para la Victoria en Argentina (2003-2007)

Ramos, Hugo (FCH-UNL / CONICET)

3)      Revisando las relaciones carnales: lectura bibliográfica de la política exterior del gobierno de Carlos Menem (1989-1999)

Simonoff, Alejandro (IRI-UNLP)

4)      La integración iberoamericana: una reflexión histórica de cara al futuro

Lilli, Hugo (Instituto Ideario Artiguista)

5)      Argentina y Gran Bretaña a mediados de la década del 20. La visita del Príncipe de Gales en 1925, la necesidad británica y el pensamiento económico de las élites argentinas.

Maas, Cecilia Julia (UBA)

6)      “La soberanía nacional argentina en riesgo”. La construcción del enemigo externo e interno durante la Segunda Guerra Mundial. Una mirada desde dos diarios nacionalistas filo-fascistas.

Monacci Laura (UNLP)

7)      La posición de Robert McClintock, embajador de Estados Unidos, ante el derrocamiento de Frondizi en el contexto de la profundización de la guerra fría en América Latina tras la Revolución Cubana

Morgenfeld, Leandro (UBA / IDEHESI-CONICET)


8)      La política exterior argentina en la década del sesenta y la revisión del principio de no intervención
Míguez, María Cecilia (UBA / IDEHESI-CONICET)

9)      "Un conflicto inesperado: La controvertida cesión de la Puna de Atacama a la Argentina y sus implicancias"

Balma, Silvina (Instituto de Historia, UCA Rosario)

10)  La crisis de la producción azucarera en México tras la firma del NAFTA. El problema de las Cartas Paralelas y los cambios en la legislación interna, 1994-2008.

Basile Marchiana, Sofía y López Piva, Mauro (UNLu)

11)  Libre comercio cuestionado por empresarios. Las corporaciones agrarias de Argentina y Brasil ante las negociaciones por el ALCA

Kan, Julián (UBA / IDEHESI-CONICE / UNQ)


Presentación de libros:

·       José Briceño Ruiz y Alejandro Simonoff (editores): Integración y Cooperación regional en América Latina. Una relectura a partir de la teoría de la autonomía, Buenos Aires: Biblos, 2015.
Autores: Amado Luiz Cervo, Jose Flavio Sombra Saraiva, Tullo Vigevani, Haroldo Ramanzini Junior, Mario Rapoport, María Ceclia Miguez,  Raúl Bernal Meza,  Andrés Rivarola Puntigliano, Gilberto Aranda Bustamante, Cristian Ovando Santana.

·         Mario Rapoport (Director): Historia Oral de la política exterior argentina. Buenos Aires: Octubre, 2015.
Colaboradores: Miguel Angel de Marco (h), Julián Kan, María Cecilia Míguez, Leandro Morgenfeld, Graciela Sánchez Cimetti, Claudio Spiguel, Ricardo Vicente.


·         Julián Kan: La integración desde arriba. Los empresarios ante el MERCOSUR y el ALCA. Buenos Aires: CICCUS-Imago Mundi, 2015. 


- - Consultá acá el Programa Completo de las Jornadas


sábado, 5 de septiembre de 2015

Novedad editorial: "La integración desde arriba"


Recomendamos mucho este libro:

La integración desde arriba

Julián Kan










RESUMEN:

Los proyectos de integración regional ocupan un lugar distintivo en la historia reciente de la Argentina. Dos desempeñaron en forma diferente un destacado papel: el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Desde estas premisas, este libro está recorrido por algunos de los interrogantes que consideramos esenciales para comprender estos procesos: ¿cómo fueron las relaciones entre las corporaciones empresarias y los diversos alineamientos interempresariales con los gobiernos, ante los diferentes momentos de negociación y participación gubernamental en el MERCOSUR y el ALCA? ¿Hasta dónde la voz de los diferentes gobiernos en materia regional expresó los intereses de determinadas corporaciones empresarias en cada momento de la integración? ¿Qué incidencia tuvieron los empresarios en el cambio de política exterior y regional argentina de comienzos de los noventa? ¿Cuál fue el lugar y el alcance de la participación directa de las representaciones empresarias en instancias no gubernamentales del MERCOSUR y el ALCA? Estas opciones para la inserción regional argentina, ¿constituyeron conflictos al interior de la clase dominante? Teniendo en cuenta la importancia de los cambios a nivel regional en la década pasada, ¿cómo fue la relación entre empresarios y gobiernos en el manejo de la relación con Brasil y el MERCOSUR y en el rechazo argentino al ALCA?
El aporte esencial de La integración desde arriba es contribuir desde una perspectiva histórica a un tema abordado originariamente por otros ámbitos del conocimiento (derecho, relaciones internacionales, sociología histórica, entre otros). En diálogo con estas disciplinas, su objetivo principal es abordar el estudio de la relación entre clase dominante, gobiernos y proyectos de integración regional en la Argentina reciente.
- Acá podes descargar un adelanto del libro -

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Scioli, Macri y Massa, más cerca de Estados Unidos?

Más cerca de EE.UU. y Europa, pero sin negar a China y Rusia

LAS PROPUESTAS DE LOS CANDIDATOS: RELACIONES EXTERIORES.Macri y Massa están inquietos por el rumbo actual de la política exterior de Cristina Kirchner. Y dicen que intentarán revisar la situación si ganan. Daniel Scioli elogia a todos y no descarta ninguna alianza.

“¿Y por qué no con todos?”, suelen responder los referentes en política exterior de los tres principales candidatos a Presidente cuando Clarín los provoca con la pregunta de si “China y Rusia o Estados Unidos y Europa”.

La política exterior ocupa un lugar secundario en esta campaña. Pero el alineamiento de Cristina Kirchner a China y Rusia, con escasas o nulas condiciones, despierta inquietud en los equipos de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. Los tres buscarán revisar la situación y acercarse a Estados Unidos y Europa si llegan a ser gobierno.
 
En diálogo con los equipos de los candidatos, este diario encontró más coincidencias que diferencias. Así ya lo reflejaba hace meses un documento presentado en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales por el llamado Grupo de Consenso. “En ejercicio del multilateralismo” hay que trabajar “para fortalecer nuestras tradicionales relaciones con Europa y Estados Unidos”, firmaron referentes y diplomáticos de Cambiemos (macristas y radicales), del massismo y también del sciolismo. “Debemos privilegiar la integración regional y generar la mayor cantidad de alianzas con países del mundo”, plantearon.

En el sciolismo fueron más esquivos a definiciones concretas ante las consultas a este diario. Uno de sus referentes enumeró la lista de prioridades: “Brasil y la región, China, Rusia, India, Estados Unidos, Europa”. Entre quienes asesoran o están vinculados a los aspectos internacionales de Daniel Scioli están Rafael Folonier, Jorge Telerman, Gustavo Marangoni, Mario Blejer, Mariano Caucino, y hasta Karina Rabolini, quien hace unos meses tuvo su foto propia con el ex presidente Bill Clinton. Scioli quiere mantener alianzas con China y Rusia pero preparan para él charlas en las universidades de Harvard y Georgetown. Ni Néstor ni Cristina Kirchner hicieron visitas oficiales a la Casa Blanca, y tampoco tuvieron visita oficial aquí de un presidente de EE.UU.

“Una política exterior exitosa es aquella que contribuye al crecimiento y desarrollo del país. Argentina necesita terminar con la pobreza y la postergación de muchas regiones de nuestro país. Para ello es importante poder capitalizar las oportunidades comerciales y de inversión que nos ofrecen países como Rusia y China”, advierte Fulvio Pompeo, referente internacional de Macri, con quien trabajan Diego Guelar, Rogelio Pfirter y Marcelo Elizondo.
También el equipo de Ernesto Sanz hace aportes, por ejemplo con Jesús Rodríguez, y una fuerte presencia en la Cancillería. “Cuando decimos equilibrar los vínculos con el mundo, estamos diciendo justamente que tenemos que tener una diplomacia activa para mejorar las relaciones con aquellos países que se han visto deterioradas en los últimos años, como por ejemplo Estados Unidos o algunos países europeos”, señaló Pompeo. Después de una carta que le mandó al embajador chino criticando los acuerdos con Beijing, Macri hoy no suelta prenda de qué haría con la obra pública ni con las centrales nucleares que financiarán aquí rusos y chinos.

A Massa lo asesoran en todos estos temas, Sebastián Velesquen, los ex vicecancilleres Roberto García Moritán, Andrés Cisneros -a quien anda buscando el sciolismo-, y Martín Redrado. El grupo coincide en que el Mercosur es el primer lugar de Argentina, pero que, para construir más, primero hay que reconstruir a nivel interno.

“Con China estamos vinculados muy fuertemente para bien o para mal. Tenemos un gran déficit en el intercambio pero aun así es un mercado irremplazable para la soja”, señaló a este diario Maurico Claverí coordinador de Política Exterior en la consultora Abeceb. Continuó: “Argentina consigue el financiamiento en China que no logra el mercado internacional”.
Pero este escenario se ha complejizado con las turbulencias chinas, la devaluación del yuan, que ya impacta en las alicaídas reservas argentinas, y la baja de los precios de los commodities. “Ahora nos toca a nosotros dar un salto de calidad e incorporar valor agregado y conocimiento a nuestras producciones exportables”, coinciden sciolistas, macristas y maristas.

Ningún candidato arriesga ya posicionamiento alguno, pero se sabe que todos son conscientes de que la negociación con los fondos buitre también está en medio de la relación con Estados Unidos.

lunes, 31 de agosto de 2015

Revés para los buitres: no pueden embargar fondos del Banco Central





Infobae
El tribunal declaró la inmunidad de los activos del Banco Central y cuestionó a Thomas Griesa

"Nuestra decisión es que el Banco Central de la República Argentina puede invocar su propia inmunidad soberana en el pleito con bonistas que no quieren permitir a la Argentina que pueda honrar sus compromisos externos".

Del escrito de 43 páginas se desprende que la Corte de Apelaciones invita al Juez de Nueva York, Thomas Griesa, a que revea su fallo de trabar embargos sobre los pagos de deuda externa de la Argentina, porque considera que las cuentas del Banco Central de la República Argentina en los EEUU no podrán ser embargados.

De este modo la Corte de Apelaciones de NY revierte fallo de Griesa de 2013 y dice que BCRA no es alter ego del Estado.

Se trata sin duda de una medida esperada por el Gobierno argentino, en momentos en que se avecina un mega pago de deuda en dólares por la última cuota de amortización de capital e intereses del Boden 2015 por unos 6.300 millones de dólares.

El fallo de la Corte de Apelaciones aclara que a pesar de que el BCRA puede invocar su propia inmunidad soberana en esta demanda, no significa que la República pueda evitar tener que negociar con los acreedores, aunque reconoció "sospechar" que este "ser un previsible y desafortunado resultado de la decisión".

El fallo había sido buscado por tenedores de bonos incluyendo a NML Capital Ltd, que es una unidad de Elliott Management Corp de Paul Singer, y EM Ltd, controlado por el inversor Kenneth Dart, quienes pretendían ir tras los fondos que el BCRA tiene en jurisdicciones extranjeras, agrega un reporte de Reuters.

Pero un panel de tres integrantes del Segundo Circuito revirtió la medida, diciendo que el BCRA podía invocar su propia inmunidad soberana para evitar la responsabilidad y ordenó a Griesa que descarte el caso.

El juez de circuito Jose Cabranes escribió que el fallo de la corte no tiene la intención de permitir que Argentina "continúe eludiendo las deudas que tiene capacidad de pagar, aunque sospechamos que esto será un resultado predecible y desafortunado de nuestra decisión". Pero Cabranes dijo que el banco central tenía el derecho de invocar su propia inmunidad soberana como defensa.

Carmine Boccuzzi, un abogado de la Argentina, dijo estar "gratificado" por la decisión, que según dijo era la tercera en rechazar los esfuerzos de los tenedores de bonos de ir por los activos del banco central. Un representante de NML Capital se abstuvo de comentar. Representantes del BCRA y de EM Ltd no respondieron inmediatamente a pedidos para que hicieran comentarios.

El fallo se originó en un largo juicio que llevan adelante los acreedores que buscan el repago total de los bonos después del default de 100.000 millones de dólares que protagonizó el país en 2002. Esos acreedores no adhirieron a los canjes de deuda de Argentina de 2005 y 2010, que resultaron en que un 92 por ciento de su deuda incumplida fuera intercambiada y que se terminara pagando a los inversores menos de 30 centavos por cada dólar.


El país volvió a incumplir pagos en julio de 2014 después de que se rehusó a honrar pedidos para que pagara 1.330 millones de dólares más intereses a NML Capital Ltd y otros fondos de cobertura que habían acudido a las cortes por los títulos. Griesa ordenó a Argentina en junio que pagara 5.400 millones de dólares a más de 500 tenedores de deuda incumplida antes de que pudiera pagar a la mayoría de los acreedores.

viernes, 21 de agosto de 2015

Presento: "El Pana­mericanismo y la integración regional: de la Primera Conferencia de Washington (1889) a la última Cumbre de las Américas (Pa­namá, 2015)"



FLACSO Ecuador
Quito, 26 al 28 de agosto 2015

Invitación a panel: 
"Economía política y geopolítica en el análisis del regionalismo en América Latina y el Caribe"


Miércoles 26 de agosto, 17.30 hs

87 // EPID-4 - "Economía política y geopolítica en el análisis del regionalismo en América Latina y el Caribe" / Aula: 453

- Germán A.de la Reza (Universidad Autónoma Metropolitana) - La dimensión histórica de la integración en las Américas: una construcción teórica

- Jose Briceño Ruiz (Universidad de los Andes) / Andrés Riva­rola Puntigliano (Stockholm University) - History, acquis and resilience in the study of Latin American Regionalism

- Mario Torres (Stockholm University) - El acervo integracionista en América latina y el Caribe.

- Leandro Morgenfeld (Universidad de Buenos Aires) - El Pana­mericanismo y la integración regional: de la Primera Conferencia de Washington (1889) a la última Cumbre de las Américas (Pa­namá, 2015)

- Raúl Bernal-Meza (Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires - Universidad de Buenos Aires) La confrontación de paradigmas de regionalismo en las estrategias de inserción internacional de América Latina: los casos de Chile, Brasil y Venezuela

- Raphael Padula (Universidad Federal de Río de Janeiro) - A disputa de poder global. O papel do Brasil e os diferentes processos de integração na América Do Sul


- Accedé acá al Programa completo del Congreso



lunes, 17 de agosto de 2015

Presentación libro: "Colonialismo en el siglo XXI. La estrategia del imperio para mantener la ocupación de las Malvinas"






COLONIALISMO EN EL SIGLO XXI

La estrategia del imperio para mantener la ocupación de las Malvinas

La presentación del libro escrito por los diplomáticos Ana Pastorino, Maximiliano J. Alvarez y Gabriel H. Rosa tendrá lugar el jueves 20 de agosto de 2015 a las 17:30 hs. en el Auditorio del 5° piso del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) y contará con la presencia del Secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Daniel Filmus.

 La obra forma parte de la colección "Nuestras Malvinas" lanzada por la Secretaría de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas de la Cancillería y la Subsecretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación.


A diferencia de otras publicaciones sobre la temática abocadas a cuestiones históricas o jurídicas, el trabajo describe la estrategia británica para mantener la ocupación y el escenario actual de las islas. Por ejemplo, demuestra que de los 2840 habitantes de Malvinas sólo un 47% nacieron en las Islas, proviniendo la mayoría de los pobladores del Reino Unido y sus colonias, y que el Reino Unido gasta USD 80.900 anuales por cada habitante de las islas para mantener operativa la base militar de Monte Agradable.
El trabajo deja al desnudo el objetivo británico detrás del discurso de la libre determinación: mantener la ocupación colonial de territorios estratégicos a lo largo del mundo. Así la población es convertida en una variable que se ajusta a tal fin. Cuando ella resulta un obstáculo la expulsa, como ha ocurrido en la Isla Diego García (Chagos) y en la Isla Banaba; cuando la población quiere genuinamente autodeterminarse la somete, como sucede en Turcas y Caicos, y si no la edita y la controla para convertirla en una herramienta política como sucede en Malvinas.
Se analizan aspectos poco estudiados pero esenciales para entender la situación colonial de las Islas Malvinas: cómo el Reino Unido construye una población ad-hoc para poder perpetuarse en un territorio tan ajeno como estratégico, cuántos y quiénes viven allí, cuán importante es la base militar, la "constitución" y el poder de la Reina, la depredación de los recursos pesqueros argentinos con permiso británico y cuál es la relación entre la mayor empresa de las islas y el principal donante del Partido Conservador británico, entre otros temas.

"La renovada ofensiva de EEUU y los desafíos para Nuestra América" (Épocas)






Por Leandro Morgenfeld[1]



Nuestra América se encuentra en un momento de transición. Estados Unidos pretende aprovechar la crisis y parálisis del eje bolivariano para consolidar una restauración conservadora y fortalecer su hegemonía. Las renovadas derechas de la región intentan recuperar el poder político y restablecer la agenda neoliberal, alentando la balcanización latinoamericana y a la vez alejar la influencia de potencias extra-hemisféricas.

Cuidando el patio trasero

En los siglos XIX y XX, la política de Estados Unidos hacia sus vecinos del sur tuvo dos objetivos centrales: horadar la potencial asociación política e integración de Nuestra América, para evitar que se retomara el proyecto de Bolívar de construir una Patria Grande al sur del Río Bravo, y a la vez alejar la influencia de potencias extra-hemisféricas -primero fue España, luego Gran Bretaña, la Unión Soviética y China-, para consolidar un área de influencia lo más exclusiva posible.
A pesar de haber compartido el pasado colonial con el resto del continente, los gobiernos de Estados Unidos, a principios del siglo XIX, se mostraron renuentes a apoyar las independencias hispanoamericanas. Recién hacia 1823, luego de una década de cruentas revoluciones y guerras, se planteó la Doctrina Monroe: América para los (norte)americanos. La Casa Blanca no aceptaría nuevas intervenciones colonialistas por parte de las potencias europeas, e iniciaría un largo recorrido para consolidar su hegemonía, primero en el Caribe, considerado un mar interior, y luego en su extenso patio trasero, que en América del Sur todavía estaba en esa época bajo el dominio económico europeo[2].
Desde que se concretó la Primera Conferencia en Washington (1889-90), el panamericanismo fue la forma de Estados Unidos de buscar la consolidación de una hegemonía continental, a la vez que la estrategia para frenar los intentos de Venezuela y Colombia de retomar los congresos hispanoamericanos –había habido experiencias fallidas en las décadas de 1850 y 1860- y de España de constituir una Unión Iberoamericana[3]. Desde 1898, el intervencionismo militar pasó a ser la norma. Durante las primeras décadas del siglo XX los marines estadounidenses desembarcaron recurrentemente en Nuestra América. La resistencia a estas acciones obligaron a reformular la política interamericana de Estados Unidos. La Casa Blanca impulsó la política del buen vecino, que implicó reducir el intervencionismo directo, aunque no por ello dejó de desplegar otras formar de la dominación imperial.
Luego de la segunda guerra, Estados Unidos logró terminar de desplazar a las potencias europeas y erigirse como el poder hegemónico en América. Consiguió fortalecer el sistema interamericano, que se aprobara en 1947 el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y, un año más tarde, conformar la Organización de Estados Americanos (OEA). Esto lo logró con promesas de ayuda económica (los mandatarios regionales reclamaban una suerte de Plan Marshall para América Latina), cuya concreción se fue postergando hasta que la Revolución Cubana instaló la guerra fría en la retaguardia estadounidense –previamente, la Casa Blanca ya había utilizado la excusa del peligro rojo para apoyar el golpe contra Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954-. En los años sesenta, Estados Unidos desplegó hacia la región una política bifronte: el ambicioso programa de la Alianza para el Progreso (una promesa de ayuda por 20 mil millones de dólares)[4] y a la vez el clásico intervencionismo militar, que incluyó un variado menú: invasión a Bahía de Cochinos, terrorismo y desestabilización en Cuba, con intentos de magnicidios, apoyo a golpes de Estado (el encabezado por Castelo Branco en Brasil, en 1964, fue el más significativo) y desembarco de marines (Santo Domingo, 1965)[5]. LaDoctrina de Seguridad Nacional y las alianzas con militares golpistas fueron una constante en los años siguientes. Ya en la era Reagan, la Casa Blanca logró el apoyo de dictaduras latinoamericanas para la lucha contrainsurgente en Centroamérica. La caída del Muro de Berlín, la disolución de la Unión Soviética y el consecuente fin de la guerra fría provocaron un cambio en el vínculo con los demás países del continente. Reforzado el poder de Estados Unidos como gendarme planetario -aunque el mundo unipolar augurado por Francis Fukuyama fue una ilusión que se desvaneció rápidamente, Washington procuró la consolidación de su hegemonía hemisférica. El presidente George Bush lanzó, en 1990, la Iniciativa para las Américas. Tres años más tarde, su sucesor Bill Clinton concretaría este proyecto con la primera cumbre interamericana de Jefes de Estado.
En el marco del Consenso de Washington, Estados Unidos impulsaba el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que implicaba una ofensiva del capital sobre el trabajo y de los capitales más concentrados en Estados Unidos contra sus competidores de otras latitudes[6]. Para instrumentar ese proyecto hegemónico, la Casa Blanca propuso realizar reuniones presidenciales, las Cumbres de las Américas, incluyendo a los 34 países que constituían la Organización de los Estados Americanos (OEA) y dejando expresamente excluida a Cuba (apartada de esa institución en enero de 1962, con los votos de Estados Unidos y otros 13 países de la región).
El proyecto del ALCA avanzó sin demasiadas oposiciones en los primeros cónclaves, hasta que en 2001 emergió, por primera vez, una voz claramente disonante, la del presidente venezolano Hugo Chávez, quien cuestionó, casi en soledad, la iniciativa de Washington. Pocos meses antes se realizaba el primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, que se transformaría en un espacio vital de articulación en la lucha contra el ALCA. En los años siguientes fue cambiando la correlación de fuerzas en América Latina, a la vez que muchos países exportadores de bienes agropecuarios, en todo el mundo, exigían a Estados Unidos, la Unión Europea y Japón que la liberalización del comercio incluyera también a los productos agrícolas, que sufrían diferentes restricciones y protecciones no arancelarias por parte de las potencias. En la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de Cancún (2003) se paralizaron las negociaciones para liberalizar todavía más el comercio mundial. Y algo similar ocurrió con el ALCA, que fracasó en la célebre reunión de Mar del Plata dos años más tarde, cuando los cuatro países del Mercosur, junto a Venezuela, rechazaron la iniciativa. Ante la resistencia de múltiples sindicatos y movimientos sociales -a través del Foro Social Mundial, la Alianza Social Continental y las Contra-cumbres de los Pueblos-, que lograron articular una oposición popular al ALCA, y el rechazo de los gobiernos de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, Estados Unidos debió abandonar esa estrategia e impulsar Tratados de Libre Comercio bilaterales.
En esos años, avanzó la coordinación política, cooperación e integración latinoamericana: expansión económica y política del Mercosur, aparición de la Comunidad Sudamericana de Naciones, luego Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio entre los Pueblos (ALBA-TCP). En forma paralela, la OEA, escenario de las relaciones interamericanas dominado por Washington desde la posguerra, fue perdiendo influencia. Hasta debió revocar la expulsión de Cuba luego de que los países latinoamericanos presionaran a Obama en la Cumbre de las Américas de 2009. Pocos meses más tarde, hubo una reacción latinoamericana conjunta frente al golpe en Honduras. La UNASUR también actuó rápidamente ante el intento separatista en Bolivia y el levantamiento policial contra Rafael Correa en Ecuador. En febrero de 2010, además, se creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), una asociación continental que excluye a Estados Unidos y Canadá. Impulsada por el eje bolivariano y resistida por el Departamento de Estado, la CELAC podría convertirse en un instrumento inédito e histórico de coordinación latinoamericana por fuera del control de Washington. La cumbre inaugural se realizó en Caracas (diciembre 2011) y luego hubo reuniones presidenciales en Santiago de Chile (enero de 2013), La Habana (enero 2014) y San José de Costa Rica (enero 2015).

Los intentos de Obama de reconstituir las relaciones interamericanas

La V Cumbre de las Américas se realizó en Puerto España, Trinidad y Tobago, entre el 17 y el 19 de abril de 2009, apenas tres meses después de la asunción de Obama. En su intervención, el flamante mandatario estadounidense realizó un primer intento por afianzar los lazos interamericanos después del traspié de Bush en Mar del Plata y ahuyentar los temores derivados de las agresivas políticas militaristas de su antecesor. Señaló que pretendía relacionarse con la región en otros términos, estableciendo una alianza entre iguales.
La reunión realizada en Puerto España revistió una gran importancia, siendo la primera luego del rechazo al ALCA y con Obama como presidente. Todos los mandatarios buscaban la foto con el primer presidente estadounidense afro descendiente. Hasta Hugo Chávez tuvo su encuentro cara a cara, que aprovechó para regalarle un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, el célebre libro del uruguayo Eduardo Galeano. Aunque se preveían chispazos entre los países del ALBA y el nuevo ocupante de la Casa Blanca, la cumbre mostró un inusual escenario distendido con elogios cruzados  y un ambiente de cuidada fraternidad. Más allá de estos gestos, no hubo avances concretos y no se logró firmar una declaración final, entre otros motivos por diferencias en relación a la persistencia de la exclusión de Cuba, a las políticas sobre biocombustibles y a las acciones frente a la crisis económica mundial. La Casa Blanca logró inicialmente relajar las relaciones interamericanas, luego del revés recibido por Bush en Mar del Plata y planteó la importancia de la región para la política exterior de Washington. El gobierno de Raúl Castro obtuvo una gran solidaridad de muchos mandatarios en Trinidad y Tobago.
En los meses siguientes, las expectativas que había generado la asunción de Obama se transformaron rápidamente en decepción. La continuidad de la IV Flota del Comando Sur –reinstalada por Bush en 2008, luego de 50 años, para patrullar las aguas del Atlántico Sur–, la ratificación del bloqueo económico a Cuba, el mantenimiento de la cárcel de Guantánamo –a pesar de que Obama se comprometió a desmantelarla ni bien asumió–, la ausencia de progresos en cuestiones migratorias y la no ratificación -al menos durante varios meses- de tratados de libre comercio bilaterales ya firmados (por ejemplo con Colombia, que entró en vigencia recién hacia 2012), provocaron decepción en muchos gobiernos.
La VI Cumbre de las Américas se realizó en Cartagena, Colombia, los días 14 y 15 de abril de 2012. Para el gobierno estadounidense, la reunión de Cartagena era estratégica porque necesitaba relanzar las relaciones con América Latina. En los últimos años, los países del Sur fueron mostrando una creciente reticencia a aceptar los mandatos de Washington. Ya sea por su responsabilidad en la crisis financiera iniciada en 2008, la persistencia de las sanciones contra Cuba, las políticas duras contra los inmigrantes latinos (incluyendo el muro en la frontera con México), las restricciones al ingreso de las exportaciones latinoamericanas (vía subsidios y otros mecanismos paraarancelarios), o el histórico intervencionismo (actualizado tras el golpe de Honduras a mediados de 2009), persistía un generalizado sentimiento anti-yanqui que había alcanzado su auge durante la presidencia de George W. Bush, pero que no desaparecía.
¿Cuáles eran las necesidades geoestratégicas del Departamento de Estado para la reunión de Cartagena? Alentar la balcanización latinoamericana –ninguneando organismos como la CELAC y tratando de reposicionar a la OEA–; morigerar el avance chino, ruso, indio e iraní –el énfasis estaba puesto en los crecientes vínculos del por entonces presidente iraní Mahmud Ahmadinejad con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Ecuador[7]– y debilitar el eje bolivariano –la estrategia de la Casa Blanca incluía una aproximación a Brasil y Argentina para intentar contener la influencia de Chávez en la región–. Pero también existían necesidades económicas, potenciadas por la crisis estadounidense, que llevó el desempleo al 9%. Como señaló Obama en reiteradas oportunidades, un objetivo de su política exterior era exportarle más a América Latina, para ayudar a equilibrar la cada vez más deficitaria balanza comercial estadounidense.
Asimismo, por razones electorales, el líder demócrata necesitaba volver a enfocar su atención en el Sur: sus aspiraciones reeleccionistas lo obligaban a pelear por el voto latino. Sin embargo, el electorado de ese origen no es uniforme. Obama debió transitar, en consecuencia, un equilibrio poco coherente. Por un lado sobreactuaba las políticas duras hacia Cuba y Venezuela (para generar simpatías, por ejemplo, en el electorado anticastrista de Miami), por otro pretendía mostrarse en sintonía con los demás países de la región, que desplegaron una activa campaña en contra del bloqueo a Cuba y de su exclusión de las cumbres interamericanas. Como la población latina crece incesantemente en Estados Unidos, se transforma en un claro objetivo de demócratas y republicanos. Estos últimos, criticaban a Obama por haber descuidado la región, mostrarse demasiado blando con los Castro y Chávez, y haber permitido el avance del eje bolivariano. El Presidente tenía pocos éxitos para mostrar en su relación con la región, por eso era clave la Cumbre de Cartagena, que se realizó apenas seis meses antes de las elecciones presidenciales.
Del lado latinoamericano, la antesala de la cumbre mostró las contradicciones existentes entre los países de la región. Por un lado, se encontraban los gobiernos más afines a Washington (México, Honduras, Colombia, Chile y Costa Rica). Son los que más dependen de Estados Unidos. Sus gobiernos, con matices, despliegan políticas económicas neoliberales; quieren ampliar el comercio con Estados Unidos a través del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica e impulsan la Alianza del Pacífico, un engendro neoliberal aplaudido por Estados Unidos. Pero la sujeción a Washington es más sutil y matizada que hace una década. En las antípodas, se ubica el eje bolivariano impulsado por Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Los países del ALBA plantearon como impostergable la inclusión de Cuba y pugnaron, junto a aliados clave como Brasil y Argentina, para que en Cartagena se debatiese sobre el bloqueo estadounidense a la Isla, así como sobre la cuestión de las islas Malvinas, consideradas como un resabio colonial inaceptable en América Latina.
Un tercer grupo lo conformaban los países del Mercosur, con Brasil a la cabeza. Apuestan a la integración a través de la UNASUR, pero no confrontan abiertamente con Estados Unidos. Asumen una posición distinta a la de los dos primeros grupos. Los gobiernos de estos países tienen acuerdos y tensiones con Estados Unidos. No se sumaron a los países del ALBA en su reclamo explícito de incluir a Cuba en Cartagena, pero a la vez participaron en distintas instancias de integración regional con el gobierno de La Habana y se unieron, ya en Cartagena, al reclamo general para terminar con el aislamiento del régimen castrista. Su intervención en esta cumbre fue clave para dirimir el rumbo de la misma. Un dato fundamental es que ésta fue la primera Cumbre de las Américas que se realizó tras el establecimiento efectivo de la UNASUR y de la CELAC. Muchos países de la región, que no atravesaban las crisis económicas y políticas de Europa y Estados Unidos, pretendieron (y en parte lograron) que se manifestase en la reunión esta nueva correlación de fuerzas continental.
La cubanización previa a la Cumbre trastocó los planes de Estados Unidos y del país anfitrión, Colombia. Los países del ALBA plantearon al gobierno colombiano, el 7 de febrero,  que debía invitar a Cuba. Aunque el gobierno de La Habana viene sosteniendo desde 2009 que no volverá a la OEA, sí declaró que pretendía participar de las Cumbres de las Américas. El Departamento de Estado insistió en que Cuba debía realizar reformas democráticas antes de reincorporarse. Fundamentó la negativa a incluir a Cuba en una cláusula democrática aprobada en la III Cumbre, en 2001.
El eje bolivariano se anotó un triunfo de entrada. Al lograr cubanizar todos los debates previos a la cumbre, logró justo lo contrario de lo que Estados Unidos necesitaba: el bloqueo, la base en Guantánamo y la exclusión de la Isla del sistema interamericano son temas que necesariamente alejan a Washington de los países latinoamericanos.
¿Cuál fue el saldo de la Cumbre de de Cartagena? Fue la tercera consecutiva en la que no hubo consenso para firmar la declaración final. Fue el cónclave al que más jefes de estado faltaron (Correa, Chávez, Ortega y Martelly). Quedó claro que Washington ya no domina como antes: los tres temas principales de debate fueron planteados por los países latinoamericanos, a pesar de los deseos de la Casa Blanca. En dos temas prioritarios hubo consenso de 32 países: Cuba y Malvinas. Mientras los mandatarios latinoamericanos se pronunciaron por el fin del bloqueo y la exclusión de Cuba y por los reclamos argentinos de soberanía sobre las Islas, Estados Unidos y Canadá boicotearon la inclusión de estos tópicos en la declaración final. Se debatieron otros temas polémicos: lucha contra el narcotráfico (se planteó el fracaso de la guerra a las drogasimpulsada hace cuatro décadas por Washington), políticas migratorias (se criticaron las duras políticas estadounidenses para combatir la inmigración latina), proteccionismo (barreras arancelarias y no arancelarias, como las que Estados Unidos utiliza para limitar algunas exportaciones agropecuarias de los países latinoamericanos)[8].
En síntesis, los esfuerzos de la Administración Obama para revertir la decepción latinoamericana frente a sus políticas hacia la región resultaron infructuosos. Ni siquiera el presidente colombiano, aliado estratégico en América del Sur, respondió a las expectativas de la Casa Blanca: en su discurso de apertura, le enrostró a su par estadounidense que eran anacrónicos el bloqueo y exclusión de Cuba de estas reuniones. En Cartagena, en definitiva, se puso de manifiesto la relativa pérdida de influencia estadounidense, tanto desde el punto de vista económico como político.
Si en 2005 se dijo que Mar del Plata había sido la tumba del ALCA, hasta hace poco parecía que Cartagena iba a ser la tumba de las Cumbres de las Américas. Los países del ALBA ya habían dicho explícitamente en 2012 que si Cuba no era invitada, no volverían a participar en este tipo de encuentros. Argentina y Brasil también se habían expresado en un sentido similar. Sin embargo, el anuncio conjunto entre Obama y Castro, en diciembre de 2014, del inicio de un proceso de “normalización” de las relaciones bilaterales y la invitación que el gobierno panameño extendió al de la isla para participar en la Cumbre, cambiaron el escenario.
El miércoles 17 de diciembre de 2014, el presidente estadounidense anunció, en forma simultánea con su par Raúl Castro, el restablecimiento de las relaciones bilaterales. La explicación de este cambio en la política del Departamento de Estado no es unívoca sino que responde a la convergencia de una serie de factores, siendo el más importante el geopolítico[9].  Con esta audaz jugada, el gobierno de Washington pretende recuperar su histórica posición hegemónica en América Latina y el Caribe y eliminar lo que Cuba representaba: el mayor foco de resistencia anti-estadounidense en el continente, inspirador de múltiples movimientos revolucionarios y de liberación nacional.
Luego del fracaso que resultó para Washington la Cumbre de las Américas realizada en Cartagena, Obama pretendió recuperar la iniciativa en las relaciones interamericanas, detener el avance de potencias extra regionales (fundamentalmente China) y limitar las aspiraciones de Dilma Rousseff de transformarse en vocera de América del Sur -vía el MERCOSUR o la UNASUR. Por eso, la Alianza del Pacífico es fundamental para el reposicionamiento de Washington en la región. A través de la misma, se pretende atraer a los países disconformes del MERCOSUR, como Uruguay y Paraguay, y reintroducir políticas neoliberales que tanta resistencia popular generaron en las últimas dos décadas. El anuncio de la distensión con Cuba debe entenderse en ese contexto, ya que podría eliminar una de las principales causas de fricción con los países de la región. La Cumbre de Panamá, realizada el 10 y 11 de abril de 2015, fue un escenario interesante para medir hacia dónde van las relaciones interamericanas y cuál es el margen que mantienen los países bolivarianos para seguir impugnando la política de Estados Unidos en la región.
El hecho más destacado fue el encuentro entre Obama y Castro. Los grandes medios de comunicación y la derecha continental destacaron el supuesto triunfo diplomático de Estados Unidos, quien habría logrado desbaratar con esa audaz jugada los argumentos anti-imperialistas del eje bolivariano y la izquierda latinoamericana. La activa diplomacia del Departamento de Estado en las horas previas al inicio de la Cumbre logró desactivar los dos temas más ríspidos: prometió a Cuba la inminente revisión de su inclusión en la lista de supuestos patrocinadores del terrorismo –el 14 de abril Obama presentó ante el Congreso esa solicitud y el 20 de julio se concretó la apertura de embajadas en Washington y La Habana- y envió a Thomas Shannon a Caracas para iniciar conversaciones con el gobierno de Nicolás Maduro –tras las tensiones generadas a partir de la orden ejecutiva del 9 de marzo, en la cual declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional” estadounidense-. Obama visitó Jamaica antes de arribar a la Cumbre, y allí se reunió con los países de la Comunidad del Caribe (CARICOM), para intentar alejarlos de la influencia venezolana a través del ALBA y Petrocaribe. Estos analistas se ilusionan con el agotamiento de las experiencias “populistas” y auguran la ampliación de la Alianza del Pacífico. Destacan que Obama impuso su agenda a favor de la democracia y los derechos humanos -no se privó de reunirse con representantes de la “sociedad civil” cubana, o sea con reconocidos disidentes- y participó en reuniones con los grandes empresarios de la región, además de recibir  la felicitación de todos los mandatarios, quienes elogiaron su apertura hacia Cuba, lo contrario que había ocurrido en la Cumbre de Cartagena, tres años atrás. Logró neutralizar a Brasil -incluso se anunció la visita de Dilma Rousseff a Washington, que se concretó en junio, cerrándose así el incidente derivado del espionaje que se conoció en 2013- y sólo tuvo que soportar las “críticas anacrónicas” de los “populistas más recalcitrantes”, léase Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega, Cristina Kirchner y Nicolás Maduro (aunque este último hizo un llamamiento al diálogo y tuvo el sábado un encuentro bilateral con Obama). Sin embargo, ese balance expresa más los deseos de la derecha continental que la realidad.
Lo cierto es que en la Cumbre, una vez más, se expresaron las tensiones que atraviesan el sistema interamericano y la relativa pérdida de hegemonía de Estados Unidos en la región. El 3 de abril, apenas una semana antes de la Cumbre, la propia Subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, en una conferencia de prensa, debió admitir su “decepción” por el rechazo continental a la acción de su gobierno contra Venezuela. Fue la primera vez en la que participaron los 33 países de Nuestra América, incluida Cuba, lo cual forzó a Estados Unidos a reconocer el fracaso de sus agresivas políticas contra la isla y a negociar con el gobierno revolucionario. Este giro no respondió a la voluntad de Obama, sino a la lucha del pueblo cubano y a la solidaridad del resto del continente. La persistente demanda de la UNASUR, la CELAC y el ALBA cosechó sus frutos en Panamá. Estados Unidos debió ceder ante La Habana, que no apuró la apertura de las embajadas, y Raúl Castro mantuvo sus banderas en alto, solidarizándose con el gobierno de Venezuela. Obama no logró imponer una declaración final consensuada y los mandatarios reclamaron la derogación de la orden ejecutiva contra Venezuela. El presidente estadounidense no solamente fue criticado, como era previsible, por sus pares del eje bolivariano, sino también por la mandataria argentina.
Los movimientos sociales también tuvieron su protagonismo y participaron activamente de la Cumbre de los Pueblos, que defendió a Cuba y Venezuela, reclamó por la soberanía de las Malvinas, exigió la salida al mar de Bolivia, la independencia de Puerto Rico, el retiro de las bases militares de Estados Unidos esparcidas por toda la región, la indemnización a Panamá por la invasión de 1989 y criticó las políticas económicas neoliberales que siembran el hambre, la pobreza y el atraso en todo el continente.
La mayoría de las fuerzas populares y la izquierda latinoamericana, muchas de las cuales se expresaron en la Cumbre de los Pueblos que se realizó en Panamá, advierten esta nueva ofensiva de Estados Unidos, funcional al restablecimiento de la agenda neoliberal, resistida a través de amplias movilizaciones y levantamientos en los últimos 20 años. Entienden que es preciso seguir defendiendo la integración alternativa que plantea el eje bolivariano. El ALBA de los movimientos sociales, en ese sentido, puede ser una herramienta eficaz para coordinar a las fuerzas políticas populares que construyen desde una perspectiva latinoamericana, con una orientación anti-imperialista y, en algunos casos, socialista[10].

Conclusiones            

En la actualidad, Estados Unidos ya no puede mandar en su pretendido patio trasero como lo hizo a lo largo del siglo pasado. Fracasó en la creación de un área de libre comercio continental, en su mentada “guerra contra las drogas”, en su agresión contra Cuba y en los múltiples intentos por derrotar o debilitar al eje bolivariano. Esto obligó a Washington a redoblar sus esfuerzos en la región, adaptando las tácticas.
“La doctrina Monroe ha terminado”, sostuvo el Secretario de Estado John Kerry el 18 de noviembre de 2013, ante embajadores del continente en la sede de la OEA. Y Agregó: “La relación que buscamos… no es una declaración de EU de cuándo y cómo intervendrá en los asuntos de estados americanos, es sobre todos los estados viéndonos como iguales, compartiendo responsabilidad y cooperando en asuntos de seguridad”[11]. Fue un claro intento por retomar la iniciativa que ensayó Obama en la Cumbre de Trinidad y Tobago, y por morigerar los efectos negativos que tuvieron las recientes declaraciones de Kerry (el 17 de abril de 2013, ante el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, se refirió ofensivamente a la región como el patio trasero estadounidense) y el espionaje masivo de su gobierno contra líderes regionales (que llevó a varios mandatarios a participar en la Cumbre de Cochabamba para respaldar a Evo Morales y a Dilma Rousseff a cancelar su visita de Estado a Washington y a comprar aviones de guerra noruegos, en vez de los estadounidenses). Frente a una América Latina que avanza -aunque con dificultades- en la construcción de una integración alternativa y frente a la creciente presencia de China y otros actores extra hemisféricos -la Unión Europea relanzó en 2013 las conversaciones informales para establecer un TLC con el Mercosur-, Washington intenta reposicionarse en una región estratégica para su pretensión de mantener su hegemonía global.
Si bien la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba está provocando cambios en las relaciones interamericanas, esto no implica que vayan a desaparecer los reclamos de los países de Nuestra América. En la III Cumbre de la CELAC (Belén, Costa Rica, 28 y 29 de enero de 2015), Raúl Castro condicionó la normalización del vínculo con Estados Unidos al levantamiento del bloqueo: “El restablecimiento de relaciones diplomáticas es el inicio de un proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales pero ésta no será posible mientras exista el bloqueo”[12]. En ese encuentro, los Jefes de Estado de la CELAC se sumaron al reclamo y exigieron, una vez más, el fin del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba. Aún falta un largo camino para que el Congreso estadounidense termine con las sanciones económicas contra la isla, repudiadas por casi todos los países en las asambleas generales de la ONU.
El balance de las relaciones de Estados Unidos con América Latina y el Caribe, durante el primer mandato de Obama, había dado lugar a muchas frustraciones, en función de las expectativas que había generado en 2009, cuando prometió una nueva “alianza entre iguales” con sus vecinos del sur[13].
En sus primeros cuatro años al frente de la Casa Blanca, se produjo el golpe de Estado en Honduras (contra un presidente que integraba el ALBA), desestabilizaciones en Venezuela -aunque no lograron derrotar electoralmente a Chávez-, creciente militarización en la región, con nuevas bases[14], profundización de la fracasada lucha contra el narcotráfico, persistencia del bloqueo contra Cuba y de la cárcel ilegal en la Base de Guantánamo, continuidad de los mecanismos proteccionistas no arancelarios que afectan las exportaciones de bienes agropecuarios latinoamericanos, e intervención en los asuntos internos de los países de la región que plantean políticas distintas a las neoliberales impulsadas por los organismos financieros internacionales. La decepción de muchos gobiernos de la región se expresó en Cartagena. En esa Cumbre de las Américas, en los temas principales, Washington quedó en soledad, secundado apenas por Canadá.
En su segundo turno, la estrategia de Obama se centra en impulsar el afianzamiento de la Alianza del Pacífico, un resabio del ALCA en el que se impulsan políticas neoliberales, junto a los gobiernos de México, Colombia, Chile y Perú. Su objetivo es intentar debilitar el eje bolivariano. En ese mismo sentido, el Departamento de Estado espera que el restablecimiento de relaciones con Cuba disuelva una disuelva una de las políticas más antipáticas y criticadas en Nuestra América. La estrategia sigue siendo intentar debilitar los proyectos de integración (en torno al ALBA) y coordinación política (a través de la UNASUR y la CELAC) latinoamericanos y morigerar el avance económico chino, a través de la promoción del libre comercio de bienes y servicios (no así de productos agropecuarios) y el impulso a la radicación de capitales estadounidenses en la región, con mayores facilidades y menos regulación de los Estados. Además, como afirmó en 2012 el entonces secretario de Defensa León Panetta, uno de los objetivos estratégicos de su gobierno es mantener el liderazgo mundial y hemisférico de Estados Unidos. Para lograrlo, dada la necesaria restricción presupuestaria y la concentración de esfuerzos bélicos en Asia-Pacífico, el Pentágono tenía la función de elaborar “innovadoras y flexibles alianzas” con los países “amigos” o “aliados” del continente americano[15].
La nueva política hacia Cuba busca, en parte, restablecer la posición hegemónica de Estados Unidos en el continente americano, recomponiendo el vínculo político con los gobiernos de la región. Impulsar la transición hacia el capitalismo en Cuba, ya que no logró hacer colapsar al gobierno encabezado primero por Fidel y luego por Raúl Castro, sería un elemento simbólico para mostrar el triunfo del modelo estadounidense y el fracaso del proyecto revolucionario.
A lo largo de la historia, las políticas de Estados Unidos hacia el sur del continente, desde que abandonaron las invasiones abiertas con marines en pos de la buena vecindad, se nutrieron de dos componentes: zanahorias y garrotes. Promesas de ayuda financiera, concesiones comerciales, inversiones e intercambios académicos convivieron históricamente con amenazas, desestabilizaciones, sanciones económicas y apoyos a militares golpistas. Así, para conseguir aprobar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947, se prometió una suerte de Plan Marshall para América Latina. Para lograr los votos que permitieran expulsar a Cuba de la OEA, se lanzó la Alianza para el Progreso[16]. Luego del fracaso del endurecimiento de las sanciones económicas contra Cuba en la década de 1990, ahora Obama optó por la distensión y por promover el comercio, el turismo y la radicación de inversiones estadounidenses como un mecanismo para penetrar en la isla y forzar los cambios que Washington anhela hace más de medio siglo.
Como ocurrió a lo largo del siglo XX, hoy conviven los ofrecimientos -acuerdos de libre comercio, inversiones, asistencia financiera-, con las amenazas para quienes confronten con los intereses de Washington: red de bases militares de nuevo tipo, desestabilización de los gobiernos bolivarianos, espionaje contra presidentes latinoamericanos, presión a través de las grandes corporaciones de prensa, financiamiento a grupos opositores a través de ONGs, quita de beneficios comerciales. Estados Unidos necesita restablecer la legitimidad e influencia que supo tener la OEA en la posguerra, una institución que fue, la mayor parte de las veces, funcional a sus estrategia de dominio y ordenamiento regional[17].
Nuestra América enfrenta una renovada ofensiva estadounidense que pretende consolidar una restauración conservadora. Si bien ésta no es inexorable, ya que depende de la correlación de fuerzas políticas y sociales, es fundamental sostener y profundizar los procesos radicales, avanzando hacia una transformación económico-social que vaya más allá de la retórica posneoliberal. Ello requiere analizar críticamente no sólo el imperialismo estadounidense, sino también los acuerdos de libre comercio que se negocian con la Unión Europea y con China.
Los movimientos sociales y las fuerzas políticas populares de la región advierten, mayoritariamente, esta nueva ofensiva imperialista, que pretende aprovechar las debilidades del bloque bolivariano para reintroducir la agenda neoliberal. Retomar la integración desde abajo, aquella que hace casi una década logró derrotar el ALCA hace una década, parece uno de los caminos que están privilegiando para resistir este nuevo embate. En esa línea, es hora de avanzar hacia una integración autónoma, por fuera del mandato de Estados Unidos, y con una agenda propia, que permita revertir esta nueva ofensiva del capital sobre el trabajo.
La histórica estrategia de Estados Unidos de alentar la fragmentación latinoamericana, aún vigente, enfrenta serios desafíos. El ALBA, como proyecto de integración alternativa, y la UNASUR y la CELAC, como herramientas de coordinación y concertación política entre los países de Nuestra América, son una manifestación de la menguante hegemonía estadounidense. Superar la concepción del realismo periférico, renuente a confrontar con la principal potencia por los costos económicos que supuestamente acarrearía, es el desafío principal de las clases populares de los países de la región. Es hora de concebir otro tipo de integración, inspirada en los ideales bolivarianos, pero pensada como estrategia de real autonomía e independencia, en el camino hacia la construcción de otro orden económico-social a nivel mundial.


[1] Leandro Morgenfeld es Licenciado en Historia, Magíster en Historia Económica y de las Políticas Económicas y Doctor en Historia (UBA). Profesor en las facultades de Ciencias Económicas y Ciencias Sociales de la UBA. Investigador del CONICET con sede en el Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social (UBA).
[2] Suárez Salazar, Luis y García Lorenzo, Tania 2008 Las relaciones interamericanas: continuidades y cambios, Buenos Aires, CLACSO
[3] Morgenfeld, Leandro 2011 Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas (1880-1955), Buenos Aires, Ediciones Continente.
[4] Romano, Silvina María 2013 ¿América para los americanos? Integración regional, dependencia y militarización, Panamá, Ruth Casa Editorial.
[5] Rabe, Stephen G. 2012 The Killing Zone. The United States Wages Cold War in Latin America, New York, Oxford University Press.
[6] Morgenfeld, Leandro 2006 El ALCA: ¿a quién le interesa?, Buenos Aires, Ediciones Cooperativas.
[7] Klich, Ignacio 2010 “A pesar de Washington”, en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur (Buenos Aires) febrero.
[8] Morgenfeld, Leandro 2012 “América, de cumbre en cumbre”, en Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur (Buenos Aires) N. 155, abril, pp. 12-13.
[9] Desarrollamos ampliamente la explicación sobre las distintas causas del giro, sobre las primeras negociaciones, con sus idas y vueltas, y sobre los desafíos para Nuestra América, en Morgenfeld, Leandro 2014 “Estados Unidos-Cuba: un giro histórico que impacta sobre América Latina y el Caribe” en Crítica y Emancipación, de CLACSO (Buenos Aires) N. 12, pp. 103-146 .
[10] Ver Articulación Continental de Movimientos Sociales Hacia el ALBA en <http://www.albamovimientos.org>.
[11] CNN en español, 18 de noviembre de 2013.
[12] Discurso completo transcripto en <www.cubadebate.cu>, 28 de enero de 2015.
[13] Véanse, entre otros, la tercera parte de Castillo Fernández, Dídimo y Gandásegui (Hijo), Marco A. (coords.) 2012 Estados Unidos más allá de la crisis, México, Siglo XXI y CLACSO.
[14] Luzzani, Telma 2012 Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica, Buenos Aires, Debate.
[15] Panetta, Leon, 2012, La política de defensa para el Hemisferio Occidental, Washington, Department of Defense United States of America.
[16] Morgenfeld, Leandro 2014 “El jardín de atrás. La siempre conflictiva relación con América Latina” en El Explorador Estados Unidos de Le Monde Diplomatique (Buenos Aires) marzo, pp. 64-67.
[17] Para un análisis crítico del panamericanismo y de la OEA, véase Vázquez García, Humberto, 2001, De Chapultepec a la OEA: apogeo y crisis del panamericanismo, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.