"Hace 28 años que un presidente norteamericano no pierde su reelección. La economía le resulta bien. No tiene resistencia dentro del Partido Republicano. Trump es el favorito pero no puede decirse que esté todo dicho." "Del lado demócrata quedaron dos candidatos, Bernie Sanders y Joe Biden, el que más se parece a Hillary Clinton." "Sanders habla del norteamericano de a pie." "El desafío es que los hispanos y los jóvenes se registren y que después vayan a votar." "En Florida no solo pesan los cubanos sino los venezolanos." "Bernie Sanders cuestiona abiertamente el apoyo de los Estados Unidos " "Trump defiende más el nacionalismo económico que militar." "Busca supremacía a través de recuperar la primacía militar."
Este martes se vota en 13 estados que pueden marcar una tendencia para la interna demócrata, pero el sistema de elección puede perjudicar al senador por Vermont.
El senador estadounidense Bernie Sanders obtuvo la mayor cantidad de votos en tres de las cuatro elecciones primarias que tuvo la interna del Partido Demócrata: Iowa, New Hampshire y Nevada; y salió segundo en Carolina del Sur. De esta forma se perfila como el postulante mejor parado para finalmente competir en las elecciones presidenciales de noviembre contra Donald Trump.
Sin embargo este 3 de marzo será determinante. El “Súper Martes” se votará en simultáneo en 13 estados, entre ellos los más populosos y que más delegados reparten: California (415) y Texas (228). Se trata de una fecha que dejará en el camino a quienes vienen corriendo de atrás y definirá quiénes siguen hasta el final.
“Bernie Sanders venía hasta el año pasado tercero en las encuestas, detrás de Joe Biden y la senadora Elizabeth Warren”, recordó en diálogo con El Destape, el historiador y analista Leandro Morgenfeld. “A pesar de haber tenido un incidente cardíaco a fines de 2019 y todo el establishment del partido en contra, mostró en las primarias que se votaron hasta ahora que es el candidato más sólido y con más chances de ganar la interna”, añadió el autor del libro Relaciones peligrosas: Argentina y Estados Unidos.
En el caso de que Sanders mantenga la tendencia y obtenga un buen resultado este 3 de marzo, es probable que saque una diferencia muy difícil de revertir, aunque quizás no la suficiente para tener una mayoría incuestionable.
Al respecto Morgenfeld analizó que “Sanders tiene posibilidades reales de ganar en California y Texas, con lo cual tiene muy altas chances de ser el candidato electo en las primarias”. Si bien reconoció que “falta mucho”, destacó que entre los otros candidatos, “no surge una figura clara”. “Biden no termina de despegar, pero tampoco se cayó todavía y eso limita las chances del empresario Michael Bloomberg”.
“Warren, que es el sector más de centro-izquierda del partido y próximo a Sanders, tampoco ha hecho un buen desempeño. Pero sus votos eventualmente se pueden alinear con Bernie”, completó.
El movimiento para ganarle a Trump
La principal discusión de la interna del Partido Demócrata hace cuatro años y también este 2020 es cómo ganarle a Donald Trump. En 2016 se impuso el discurso y la mirada pragmática: había que apostar a una candidata moderada y cercana al establishment como Hillary Clinton.
Esa estrategia “no sirvió”, apuntó Morgenfeld. “Yo personalmente creo que Bernie Sanders es el que mayores posibilidades tiene de ganarle a Trump por varios motivos”, agregó.
"Creo que Bernie Sanders es el que mayores posibilidades tiene de ganarle a Trump por varios motivos"
Entre estos destacó que impulsa temas de agenda “de los que no habla el establishment” como por ejemplo “una salud universal para todos, la educación pública, la despenalización de la marihuana, la desigualdad, empoderar a los sindicatos”.
“Logró armar una coalición mucho más diversa y amplia que es lo que le permite empezar a ganar el voto afrodescendiente que es donde no le fue bien la otra vez. Tiene un fuerte apoyo del voto hispano, esto se demostró en Nevada. Tiene una enorme participación de los jóvenes que son los más renuentes a participar de la elección”, amplió el analista.
Esto último le permitiría sumar nuevos votantes y así ampliar la base de apoyo de los demócratas. Cabe destacar que las encuestas nacionales hoy ponen a Sanders como el candidato al que mejor le iría frente a frente en una elección contra Trump.
Sin embargo, por el particular método de selección del candidato, aunque el senador de Vermont gane las primarias demócratas podría perder en la Convención Nacional que se realizará entre el 13 y el 16 de julio.
Algunos delegados son más delegados que otros
Las elecciones primarias comenzaron el pasado 3 de febrero y finalizarán el 6 de junio. En ese lapso, los demócratas votarán en los 50 estados del país, en la capital Washington D.C. y en cinco territorios estadounidenses que, en la elección general, no eligen presidente. Se trata de Puerto Rico, Samoa Americana, Islas Marianas del Norte, Guam e Islas Vírgenes.
Durante esos comicios se asignarán 3979 delegados y delegadas que luego participarán de la Convención Nacional. Para ser formalizado candidato o candidata, se deben reunir 1990 votos en la primera votación. Es por eso que si alguien suma esa cantidad en las elecciones previas, se da por descontado que será elegido.
“Lo mejor que le puede pasar a América Latina y el mundo en cuanto a la política exterior norteamericana es que Bernie Sanders sea el próximo presidente”
Sin embargo, en caso de que nadie logre esa mayoría necesaria -tal como pronostica la reconocida web estadounidense de estadísticas FiveThirtyEight-, se realiza una segunda votación. Y allí se incorporan 775 nuevos votantes, los llamados “superdelegados”.
A diferencia del resto de los participantes de la Convención, estos últimos no son electos en las primarias. Se trata de funcionarios del partido y legisladores en funciones o ya retirados, entre otras figuras “destacadas”.
“A raíz de la elección de 2016, de lo controvertida que fue, hubo una serie de reformas en el sistema del partido que limita el poder de los superdelegados”, comentó Morgenfeld. Previamente, estaban presentes desde la primera votación. De hecho en la elección de 2016, “pese al voto popular, habían inclinado la balanza a favor de Hillary Clinton”, historizó.
La tendencia conservadora de estos representantes partidarios fue confirmada por un artículo del New York Times publicado la semana pasada. El diario estadounidense entrevistó 93 superdelegados y encontró “una abrumadora oposición a entregarle al señor Sanders la nominación si no llegaba a la mayoría de los delegados”.
Dos modelos en juego: ¿Qué esperar para América Latina?
Si Bernie Sanders logra imponerse en la interna, por primera vez en la historia habrá una elección en EE.UU. donde se discutan dos modelos profundamente diferentes.
Si bien Trump se presentó como un líder anti-establishment, se trata de un multimillonario que ha reducido drásticamente los impuestos a los más ricos y hay plagado su gabinete de representantes del sistema financiero. Por su parte, Sanders tiene una plataforma progresista, con algunos elementos de izquierda y un movimiento social detrás como no se veía hace décadas en ese país.
“En relación con la posible política exterior, es muy difícil de aventurar, pero Bernie Sanders es el único candidato que es muy crítico de las tradicionales posiciones imperialistas e injerencistas de EE.UU.”, recordó Morgenfeld aunque reconoció que “está muy tensionado”. “En EE.UU. alguien que se declara como socialista democrático es atacado inmediatamente por todos los medios de comunicación y los políticos del establishment”, dijo.
Más allá de esto ponderó que “sin dudas” si gana la elección “va a haber un cambio muy importante en la política exterior de EE.UU., mucho menos unilateralista que la que propone Trump, menos agresiva y menor presupuesto para el complejo militar-industrial”.
“Lo mejor que le puede pasar a América Latina y el mundo en cuanto a la política exterior norteamericana es que Bernie Sanders sea el próximo presidente”, concluyó.
El último ataque de Estados Unidos a
Irán ejemplifica una nueva forma de hacer la guerra en plena crisis del
orden mundial. Esta ofensiva de nueva generación tiene carácter político
militar e incorpora, como elemento novedoso, el desarrollo en todos los
frentes: económico, tecnológico financiero y comercial, informativo,
psicológico y virtual. Es el actual horizonte de la estrategia
norteamericana para producir cambios de regímenes contrarios a sus
intereses, y tiene como núcleo objetivo a la tríada del mal: China,
Rusia e Irán.
El mundo se conmocionó ante el asesinato del general iraní Qassem
Soleimani. La importancia de su figura y la posibilidad de una escalada
bélica frontal con una potencia media como Irán hicieron prender las
alarmas. Sin embargo, pocos se sorprendieron por el hecho de que las
fuerzas armadas norteamericanas asesinen al representante de un país al
que no se le había declarado la guerra, quien se encontraba en un estado
que se supone soberano como lo es Irak (aunque invadido/ocupado), al
cual no se le había pedido autorización para realizar dicho acto de
guerra. Incluso el asesinato fue reivindicado y hasta festejado por el
gobierno de Estados Unidos.
Este tipo de proceder no resulta novedoso. Entre 2009 y 2016,
el régimen estadounidense a cargo de Barack Obama mató, según cifras oficiales,
a cientos de civiles y a casi 2600 “combatientes” a través de aviones no
tripulados en países a los cuales no les había declarado la guerra: Pakistán, Yemen,
Libia, Somalia. A lo que debemos sumar los caídos en otras partes del mundo
como Afganistán, Irak, Siria. Ello no significó un repudio internacional de envergadura
ni el retiro del polémico Premio Nobel de la Paz entregado a Obama.
En plena crisis de hegemonía mundial y derrumbe del orden
internacional, se reconoce de facto una situación de conflicto
generalizado, que da lugar a la multiplicación de enfrentamientos
bélicos y al hecho de que Estados Unidos, la potencia en declive
hegemónico, esté en guerra desde 2001. Además, lo que queda claro a
partir de 2014 es que, de una u otra forma, y directa o indirectamente,
esta situación de conflicto generalizado involucra a las principales
potencias.
En realidad, nos encontramos inmersos
en una guerra mundial fragmentada e híbrida. Una guerra de nueva
generación, donde se combinan elementos de la guerra convencional (entre
estados con ejércitos regulares) y la guerra no convencional y/o
irregular. Esta guerra es político militar y se desarrolla en todos los
frentes: económico, tecnológico financiero y comercial; informativo,
psicológico y virtual.
La cuestión es cómo interpretamos esta situación. Por distintas
razones, la pregunta correcta quizá no sea si estamos a las puertas de
una tercera guerra mundial. Tampoco si estamos en una nueva guerra fría,
como se dijo a partir del estallido de la guerra civil en Ucrania y el
conflicto Rusia-OTAN (lo que se analiza en el libro ¿Nueva guerra fría o guerra mundial fragmentada?) aunque
los actuales enfrentamientos compartan rasgos de parentesco con aquella
y sean parte de un mismo proceso de desarrollo (y límite) de las formas
en que se dirime la trampa de Tucídides.
En realidad, nos encontramos inmersos en una guerra mundial
fragmentada e híbrida. Una guerra de nueva generación, donde se combinan
elementos de la guerra convencional (entre estados con ejércitos
regulares) y la guerra no convencional y/o irregular. Esta guerra es
político militar y se desarrolla en todos los frentes: económico,
tecnológico financiero y comercial; informativo, psicológico y
virtual. Por ello se habla de guerra comercial, guerra de información,
guerra psicológica, ciberguerra, guerra de monedas, guerras financieras,
guerra judicial (conocida como lawfare). Una característica
central es que la Guerra Híbrida (GH) es completamente difusa: se
desdibuja el límite entre lo militar y lo civil, entre el inicio y el
fin, entre lo público y lo privado. Y se observa que puede seguir
escalando, profundizando los enfrentamientos en todos los niveles, sin
que podamos descartar escenarios aún más trágicos.
Guerra mundial fragmentada
Este concepto surge de una reflexión que hace el Papa
Francisco en una entrevista para La
Vanguardia publicada en junio de 2014, que es tremendamente significativa
tanto por los conceptos que vierte como por quién los dice y desde qué lugar. Allí
afirma: “Descartamos toda una generación
por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para
sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios.
Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen
guerras zonales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y
con esto los balances de las economías idolátricas, las grandes economías
mundiales que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, obviamente
se sanean.”
Este párrafo encierra muchísimas ideas centrales de la actual
situación mundial. La primera cuestión a señalar es la afirmación de que ante
la imposibilidad de llevar adelante una guerra mundial (convencional), el
enfrentamiento se hace por zonas, por fragmentos de un conflicto. Esta
afirmación la realiza en junio de 2014 cuando cambia el momento de la
transición: a) se multiplican los conflictos bélicos en distintos países y
llegan por lo menos a ser una decena los que se encuentran en la llamada “zona de
inestabilidad” de Medio Oriente, Asia Central y zonas lindantes; b) recrudecen
los enfrentamientos entre las grandes potencias, con foco en Ucrania, Siria y
en el Mar de China, entre otros lugares; c) y crece exponencialmente la guerra
de información, la ciberguerra, la guerra económico-financiera, que van desde sanciones
hasta golpes financieros y otras acciones.
En otras palabras, a partir de este momento los enfrentamientos entre
los principales polos de poder pasan a ser directos (aunque no bélicos
de forma directa y abierta) y en territorios centrales. A la vez, en un
conjunto de escenarios secundarios se multiplican escaladas bélicas, y
en otros frentes, involucrando y enfrentando a las principales
potencias. Es el comienzo de la guerra mundial fragmentada, cuya forma
dominante es híbrida, es decir, mixturada.
A partir de este momento los
enfrentamientos entre los principales polos de poder pasan a ser
directos (aunque no bélicos de forma directa y abierta) y en territorios
centrales. A la vez, en un conjunto de escenarios secundarios se
multiplican escaladas bélicas y en otros frentes, involucrando y
enfrentando a las principales potencias. Es el comienzo de la guerra
mundial fragmentada, cuya forma dominante es híbrida, es decir,
mixturada.
La segunda idea central de ese párrafo del Papa es que la crisis
del sistema (“que ya no se aguanta” y descarta a “toda una generación”), la
cual es al mismo tiempo una crisis de hegemonía angloamericana (hoy puesta en
discusión como en 1914-1945), lleva a la guerra: “Un sistema que para
sobrevivir debe hacer la guerra, como siempre lo hicieron los grandes
imperios”. Como señala el economista y sociólogo italiano Giovanni
Arrighi, el moderno sistema mundial tuvo cuatro ciclos hegemónicos, que se
denominan a partir de las entidades políticas o del Estado que tuvo un papel
estratégico en la articulación del sistema: el ibérico-genovés, el holandés, el
británico y, por último, el estadounidense, consolidado a partir de 1945, y hoy
en crisis.
En la actualidad, no sólo nos
encontramos en una crisis de hegemonía sino, probablemente, entrando a un
período de caos sistémico, que nos remite a los períodos de guerras de 30 años
que median cada ciclo hegemónico, como sucedió en 1618-1648, 1792-1815, 1914-1945.
El problema del sistema moderno
es que no hay estado sucesor. La burguesía del estado en crisis no puede
articular en los términos clásicos con un estado ascendente. En el caso
de China, además de romper con la sucesión hegemónica al interior de occidente,
expresa una hibridación de modos de producción: entrelazadas con las relaciones
de producción capitalista que se despliegan en dicho territorio, coexisten la
propiedad colectiva de la tierra, la propiedad estatal de los medios de
producción estratégicos y gran parte de los trabajadores se encuentran
empleados en empresas comunitarias de pueblos y aldeas.
En este sentido, analizando el declive y sus consecuencias bélicas,
la guerra comercial tiene como trasfondo la pérdida de la primacía
productiva de Estados Unidos, la disputa por los monopolios tecnológicos
y la creciente “guerra” económica, en la cual se agudizan las luchas
entre capitales mediadas por los estados. El contexto de bajo
crecimiento en el Norte Global desde el estallido financiero y económico
de 2007-2008, profundiza esta situación y su perspectiva. Al haber bajo
crecimiento, la acumulación de los capitales particulares se da en
detrimento de los más retrasados y de los trabajadores, poniéndose en
juego mecanismos de “acumulación por desposesión” (metáfora del
capitalismo actual). A su vez, el proceso conocido como globalización
económica, por el cual el comercio mundial se expandió al doble del
Producto Interno Bruto y la inversión extranjera directa al triple
durante casi 30 años, se detuvo con la crisis que estalló en 2008,
poniéndose de manifiesto un límite estructural. Y desde entonces, la
economía mundial crece a base de una enorme burbuja de endeudamiento,
que exacerba el proceso de financiarización.
La guerra comercial tiene como
trasfondo la pérdida de la primacía productiva de Estados Unidos, la
disputa por los monopolios tecnológicos y la creciente “guerra”
económica, en la cual se agudizan las luchas entre capitales mediadas
por los estados.
La tercera idea central que podemos extraer del párrafo del Papa
Francisco es la conexión entre el sistema económico y sus problemas
estructurales, las necesidades imperiales y la industria armamentística: “Se
fabrican y se venden armas, y con esto los balances de las economías
idolátricas, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre a los
pies del ídolo del dinero, obviamente se sanean”. En este sentido, el Complejo Militar
Industrial (CMI) de las potencias y, en especial, de los Estados Unidos,
constituye el núcleo de su sistema de producción e innovación tecnológica. Con
un presupuesto militar de más de 600 mil millones de dólares (cifra muy
superior a toda la economía argentina), la gran potencia del norte global tiene
al CMI como un elemento central de su economía y alimenta a las corporaciones
privadas, desde donde practica el keynesianismo militar: déficit fiscales que
van a financiar dicho presupuesto, a lo que debemos añadir los presupuestos
específicos de las guerras llevadas adelante, más el presupuesto de pensiones y
el de la llamada Comunidad de Inteligencia con 16 agencias.
El keynesianismo militar es una política central desde 2001 y se
intensifica en los gobiernos republicanos, en los que predominan los
americanistas-nacionalistas en detrimento de lo que llamamos
globalistas, quienes hacen hincapié en otras tácticas y estrategias,
como golpes blandos, guerras de quinta generación y grandes acuerdos
multilaterales que dan lugar a una institucionalidad global configurada
bajo su visión. No resulta extraño que en el gobierno
americanista-nacionalista de Donald Trump, el actual Secretario de
Defensa sea Mark Esper, quien fuera vicepresidente de Raytheon, una de
las mayores compañías de defensa y el mayor fabricante de misiles
guiados del mundo (conocida por los misiles Patriot protagonistas de la
guerra del Golfo en 1991 y los misiles Tomahawk con los que Trump
bombardeó Siria). El antecesor de Esper como Secretario de Defensa fue
Patrick Shanahan, quien fuera directivo de Boeing, en donde estuvo nada
menos que 31 años.
Sobre la Guerra Híbrida y su objetivo último
Para el investigador ruso Andrew Korybko, según su libro
publicado en 2015 al calor del enfrentamiento en Ucrania, la Guerra Híbrida es
un nuevo método de guerra indirecta, que combina la táctica de las revoluciones
de colores (golpe suave) con las guerras no convencionales (golpe duro), en un
escenario multipolar y en donde los costos de la guerra convencional entre
potencias son muy grandes. Para
este autor, la Guerra Híbrida es el nuevo horizonte de la estrategia de Estados
Unidos para producir cambios de regímenes contrarios a sus intereses. Y aunque
se juegue en muchos casos en escenarios secundarios, apunta especialmente a tres
estados que constituyen los núcleos objetivos de Estados Unidos: China, Rusia e
Irán.
Según Zbigniew Brzezinski, el objetivo estratégico de Washington es
el control de Eurasia porque quien controla Eurasia controla el mundo. Y
uno de los centros territoriales de la disputa según su libro El gran tablero de ajedrez mundialpublicado
en 1997 serían los llamados Balcanes Euroasiáticos: Asia central
(Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán),
Afganistán, el Cáucaso, parte de Irán y parte de Turquía. Esta zona
nuclear se amplía en un área de inestabilidad que comprende a Medio
Oriente y parte del Norte de África.
Justamente es en dicha región en donde contamos desde 2001 un
sinnúmero de enfrentamientos armados bajo distintas formas, por
supuesto, desde antes también, pero a partir de ese año se agudiza el
conflicto. No resulta casual que, en paralelo a que Brzezinski publica
el libro que apunta sobre dicha “zona de inestabilidad” y señala a Asia
Central como un objetivo geopolítico, China y Rusia acuerden construir
una institución de seguridad conjunta llamada Organización para la
Cooperación de Shanghái (OCS), fundada finalmente en 2001, que incluyó a
Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Hoy la OCS es vista en
el occidente geopolítico como una OTAN paralela, a la cual se sumó la
India y Pakistán, tiene como miembros observadores a Irán, Bielorrusia,
Afganistán y Mongolia, y son socios de diálogo Turquía, Sri Lanka,
Armenia, Camboya y Nepal. Casi todos esos países comparten la gran
iniciativa estratégica china de la llamada Nueva Ruta de la Seda o Belt
and Road Initiative (BRI).
Para Andrew Korybko , la Guerra
Híbrida es el nuevo horizonte de la estrategia de Estados Unidos para
producir cambios de regímenes contrarios a sus intereses. Y aunque se
juegue en muchos casos en escenarios secundarios, apunta especialmente a
tres estados que constituyen los núcleos objetivos de Estados Unidos:
China, Rusia e Irán.
También recordemos que Brzezinski advertía ya desde 1997 que
una alianza entre China, Rusia e Irán sería catastrófica para los intereses
estadounidenses en Eurasia y, por lo tanto, para su primacía global, a pesar de
que China todavía no era lo que es hoy. Son probablemente estos los motivos que
llevaron a la administración Obama a acordar con Irán, profundizar el enfrentamiento
con Rusia y procurar rodear/contener al gigante asiático con el Tratado
Transpacífico (TPP) y el establecimiento de una alianza militar Indo-Pacífica,
entre otras cuestiones. Fue en ese contexto, especialmente cuando Japón firma
el TPP, que China lanza la llamada Nueva Ruta de la Seda o BRI.
Otro que se ha referido a la cuestión es Joseph Nye de la Universidad
de Harvard, quien observa que las guerras actuales son híbridas e
ilimitadas. En ellas los frentes se desdibujan y apuntan a la sociedad
del enemigo para penetrar profundamente en su territorio y destruir su
voluntad política (guerra de cuarta generación), desdibujándose el
frente militar de la retaguardia civil. Además, las tecnologías como los
aviones teledirigidos y las cibertácticas ofensivas permiten a los
soldados permanecer a la distancia de un continente de los blancos
civiles (guerra de quinta generación). Por otra parte, como ya
observamos, las fuerzas convencionales y no convencionales, los
combatientes y los civiles, la destrucción física y la manipulación
informativa pasan a estar entrelazados. En este sentido, el objetivo
último de las guerras son los “corazones y las mentes” de las personas,
como afirmaba el británico Gerard Templer que comandó la guerra contra
las fuerzas anticoloniales malayas, lo cual exalta la importancia de la
lucha en el campo periodístico-mediático, la guerra de información y
“psicológica”.
El objetivo último de las guerras son
los “corazones y las mentes” de las personas, como afirmaba el británico
Gerard Templer que comandó la guerra contra las fuerzas anticoloniales
malayas, lo cual exalta la importancia de la lucha en el campo
periodístico-mediático, la guerra de información y “psicológica”.
La paradoja es que mientras lo rusos acusan a Estados Unidos
de llevar adelante la Guerra Híbrida, señalando que es el único estado con capacidad
de hacerlo y observando como casos paradigmáticos lo acontecido en Libia, Siria
y, particularmente, en Ucrania, por otro lado, desde el vértice del polo de poder
angloamericano y sus aliados, acusan a Rusia de lo mismo y ponen como ejemplo,
justamente, el caso de Ucrania.
Asimismo, para completar el recorrido por algunas de las principales
voces de las potencias en pugna, desde China, en donde surgió hace dos
mil quinientos años el gran teórico de la estrategia indirecta (Sun
Tzu), los oficiales Qiao Liang y Wang Xiangsui, del Ejército Popular de
Liberación, se acercaron a algunas definiciones que observamos, pero
desde otro concepto: Guerra Irrestricta, como se titula su libro Unrestricted Warfare,
publicado en 1999. Allí observan que el principio central de las nuevas
guerras es que no hay reglas, en tanto comprenden todas las modalidades
de acción posibles, la utilización de todos los medios, con despliegues
en todos los frentes, la multiplicación y diversificación de medios “no
letales” y donde el ataque al adversario es de un modo sutil, lento
pero sistemático.
El principio central de las nuevas
guerras es que no hay reglas, en tanto comprenden todas las modalidades
de acción posibles, la utilización de todos los medios, con despliegues
en todos los frentes, la multiplicación y diversificación de medios “no
letales” y donde el ataque al adversario es de un modo sutil, lento pero
sistemático.
La táctica de la Guerra Híbrida puede reconocerse a lo largo de la
historia, sobre todo si la limitamos a la presencia de fuerzas
irregulares, como guerrillas. Sin embargo, lo que hoy pareciera surgir
es que deviene como forma dominante de una guerra mundial fragmentada,
la cual es expresión de una crisis de hegemonía, de una transición
histórico-espacial mundial y, por lo tanto, se despliegan y multiplican
los enfrentamientos por configuración del próximo “orden”, deviniendo en
una situación de “caos sistémico”. La Guerra Híbrida deviene en la
forma dominante del enfrentamiento en un mundo profundamente
interconectado e interdependiente, transnacionalizado, en donde no
resulta posible en el corto y mediano plazo el desacople de las
economías nacionales. Incluso, la actual revolución industrial en curso
no hace más que generar condiciones para profundizar la interconexión
mundial, la interdependencia y la densidad e intensidad de las
relaciones sociales de producción.
El asesinato de Qassem Soleimani
El asesinato del general iraní Soleimani está en estrecha
relación a la Guerra Híbrida que describimos. Estados Unidos no declaró formalmente una guerra pero es
un país con el que de hecho se está en guerra. Las propias sanciones
financieras y económicas contra Irán son un acto de guerra. En ese
sentido, pretender prohibirle las exportaciones de petróleo a Irán, un país que
su comercio exterior depende en su mayor parte de ese producto, es condenarlo a
una destrucción económica casi total.Imaginemos que a la Argentina se le
bloquee exportar soja y sus derivados, o a Chile el cobre. Por otro lado, el
asesinato de Soleimani no es un intento de operación encubierta, sino que es
completamente reivindicado.
Asimismo, Soleimani era la principal figura de la creciente
influencia iraní en Oriente Medio, donde chocaba y le generaba profundo
costos a Estados Unidos y sus aliados. Fue quien, entre otras
cuestiones, al frente del grupo de élite Quds de la Guardia
Revolucionaria, propinó en coordinación con Hezbolá y las milicias
chiítas en Siria e Irak la derrota del Estado Islámico, y donde quedó
desdibujado el papel de la alianza angloamericana y de la OTAN,
perdiendo influencia regional. Recordemos, además, que para derribar a
Bashar el-Assad, al principio Estados Unidos y aliados como Turquía
financiaron a distintos grupos que organizaron el Estado Islámico, como
denunció hasta el propio general estadounidense Michaer Flynn, ex
Consejero de Seguridad Nacional de Trump.
Estados Unidos no declaró formalmente
una guerra pero es un país con el que de hecho se está en guerra. Las
propias sanciones financieras y económicas contra Irán son un acto de
guerra.
Siria fue un típico escenario en el cual se propició un
movimiento civil pro-occidental y una política de cambio de régimen con
financiamiento, entrenamiento militar y armas a los insurgentes/terroristas
(según quién los denomine). La victoria parcial de la alianza de las fuerzas
sirias de Bashar al-Assad en alianza con Irán, Hezbolá y Rusia en Siria y
también en parte en Irak dio a Irán una enrome influencia en la franja que va
del Mediterráneo al Golfo Pérsico (Líbano, Siria, Irak e Irán). Influencia que
Estado Unidos, en alianza con Israel y Arabia Saudita, se dispuso a intentar
deshacer. Recordemos que antes de matar a Soleimani, las milicias chiítas
iraquíes, en respuesta a la muerte de 25 milicianos propiciada por ataques
estadounidenses, asediaron la embajada de Estados Unidos y casi la toman,
demostrando allí su poder. En este sentido, que el parlamento de Irak pida al
poder ejecutivo el retiro de las tropas estadounidenses en su país es todo un
indicador de la relación de fuerzas adversas para Occidente después de 16 años
de ocupación.
El enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán hay que entenderlo
como parte del conflicto mundial señalado. Trump no sigue sólo un objetivo
electoralista de cara a las elecciones de este año,hay en juego varias cosas
más.
En primer lugar, el enfrentamiento con Irán es un lineamiento
estratégico del gobierno nacionalista/americanista de Trump desde el
inicio de su mandato. Por ello la ruptura del acuerdo nuclear, que dejó
descolocadas a las otras potencias firmantes, en especial de Francia y
Alemania. De esta forma, rápidamente Trump buscó deshacer la
geoestrategia globalista de acordar con Irán para alejarla como potencia
regional de una alianza anti-hegemónica euroasiática con China y Rusia.
Ello marca una fractura en el núcleo del poder angloamericano, que se
evidencia en un sinnúmero de cuestiones, entre ellas el Brexit, muy
apoyado por el americanismo-nacionalismo.
Trump buscó deshacer la geoestrategia
globalista de acordar con Irán para alejarla como potencia regional de
una alianza anti-hegemónica euroasiática con China y Rusia. Ello marca
una fractura en el núcleo del poder angloamericano, que se evidencia en
un sinnúmero de cuestiones, entre ellas el Brexit, muy apoyado por el
americanismo-nacionalismo.
En segundo lugar, busca acercar posiciones con los
neoconservadores. Trump va a elecciones y necesita un frente interno sólido. Recordemos
que la expulsión en septiembre de 2019 de John Bolton del puesto de Consejero
de Seguridad Nacional se debió no sólo a su fracaso total en Venezuela en su
intento de “cambio de régimen” e instalación de Guaidó, sino también a su
insistencia en escalar bélicamente el enfrentamiento con Irán. Para los “neocon”,
el control del golfo Pérsico (por su ubicación geoestratégica y sus
hidrocarburos) es la llave para mantener/recuperar la supremacía
estadounidense. Y ello se logra con la supremacía militar y focalizarse en la
disputa en dicho terreno.
En tercer lugar, el americanismo estadounidense necesita fortalecer
su posición en la región luego del fracaso en Siria y de que Irak quede
bajo influencia iraní, a pesar de la ocupación angloamericana desde
2003. Además, busca fortalecer allí sus alianzas con el expansionismo
israelí neoconservador y la monarquía absoluta saudita. También debe
mencionarse que Teherán es una ciudad estratégica de la nueva Ruta de la
Seda o BRI impulsada por China. Además, hace dos meses y por primera
vez, Rusia, China e Irán habían realizado ejercicios militares conjuntos
en las tensas aguas del Golfo Pérsico. Por otra parte, Rusia recuperó
su influencia en dicha región y Turquía muestra juego propio, sin
alinearse automáticamente con Washington, Londres y París, con quienes
tiene fuertes diferencias en relación a los kurdos.
El impacto en América Latina
La reemergencia de China, el ascenso de Asia Pacífico, las alianzas con
Rusia, el creciente desarrollo de un espacio euroasiático y la insubordinación
antihegemónica impulsada por fuerzas del sur global constituyen expresiones que
configuran un nuevo mapa de poder mundial.
Lo que parece que se ha abierto desde mediados de 2013 y principios
de 2014, y con la elección de Trump y el referéndum pro Brexit en 2016,
es una situación de “caos sistémico”. Es decir, una dinámica no lineal,
con distintas bifurcaciones y crisis del conjunto de las mediciones. Un
conflicto permanente que no niega al conjunto de relaciones de
cooperación/interdependencia, sino que las reconduce y las abre hacia
distintos juegos posibles, rearticulándolas y/o poniéndolas en crisis.
Un momento de la transición histórica-espacial iniciada en 1999-2001 en
el que pareciéramos entrar en un escenario de guerra mundial fragmentada
e híbrida.
La reemergencia de China, el ascenso
de Asia Pacífico, las alianzas con Rusia, el creciente desarrollo de un
espacio euroasiático y la insubordinación antihegemónica impulsada por
fuerzas del sur global constituyen expresiones que configuran un nuevo
mapa de poder mundial.
Nuestra región no escapa a esta situación. Por el contrario,
está completamente envuelta y distintas manifestaciones de la guerra híbrida se
ven con total claridad. El golpe de estado en Bolivia es quizás la expresión
más clara en los últimos tiempos. Estas transiciones mundiales representan
grandes desafíos y América Latina es un escenario de disputa en aumento, pero
también, como sucedió en otros momentos históricos, estas transiciones
constituyen grandes oportunidades para los pueblos del Sur.
LA MALA VECINDAD: AMÉRICA LATINA Y LA NUEVA NARRATIVA DEL IMPERIO Jorge Hernández Martínez (CEHSEU-Cátedra Nuestra América y Estados Unidos-UH, Cuba)
ESTADOS UNIDOS Y LA LUCHA POR NUESTRA AMÉRICA Leandro Morgenfeld (UBA-CONICET, Argenitna)
LA DERECHA, ESTADOS UNIDOS Y EL IMPERIALISMO EN EL SIGLO XXI Yazmín B. Vázquez Ortiz (CEHSEU-Cátedra Nuestra América y Estados Unidos-UH, Cuba)
CENTROS DE INVESTIGACIÓN Y FORMULACIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS (THINK TANKS) Y LA INTERVENCIÓN DEL GOBIERNO Y LAS CORPORACIONES ESTADOUNIDENSES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE Ary Cesar Minella (UFSC, Brasil)
LAS EMBAJADAS Y LA INJERENCIA DE EE.UU EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE Silvina Romano (CONICET/IEALC-UBA, Argentina) Tamara Lajtman (UFRJ, Brasil y UNAM,México) Aníbal García Fernández (UNAM, México) Arantxa Tirado (UAB, Barcelona y UNAM, México)
EL MUNDO CONDENA EL GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA Declaración del Grupo de Trabajo sobre Estados Unidos de CLACSO