sábado, 4 de marzo de 2017

Trump acusa a Obama de haberlo espiado durante la campaña electoral: "Qué bajo cayó el presidente Obama al grabar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate"

Donald Trump acusa a Obama de grabar sus comunicaciones antes de las elecciones

El presidente de EE UU cree que el anterior Gobierno interceptó las llamadas de sus oficinas en Nueva York. Obama desmiente rotundamente las imputaciones

Donald Trump ha vuelto a encontrarse a sí mismo. Desde su dorada mansión de Palm Beach, decidió sacar la dinamita que lleva dentro y en una serie de incendiarios tuits acusó sin pruebas a su antecesor de haber interceptado sus comunicaciones en la campaña. "Qué bajo cayó el presidente Obama al grabar mis teléfonos durante el sagrado proceso electoral. Esto es Nixon/Watergate", escribió. La andanada llega en un momento en que el presidente de Estados Unidos vive cercado por el escándalo del espionaje ruso y necesita desesperadamente una válvula de escape. Obama, evitando el cuerpo a cuerpo, desmintió rotundamente las imputaciones.
Trump prefiere el ataque a la defensa. Ahí es donde se siente fuerte. Y no le importa mucho con qué golpear. Durante cinco años acusó a Obama de haber nacido fuera de territorio estadounidense. Dio igual que fuese mentira. La patraña le sirvió al entonces showman televisivo para situarse en el mapa político y dirigirse de tú a tú al presidente.
Con Hillary Clinton repitió la jugada y elevó el uso de su correo privado para asuntos oficiales a la categoría de gran escándalo nacional. El caso, al final, se diluyó sin responsabilidades penales. Pero Trump ganó las elecciones.
Ahora ha vuelto a sacar los espectros del armario y se los ha arrojado a la cara a Obama. En sus tuits, cita al macartismo y el Watergate. O lo que es lo mismo: la persecución inquisitorial de inocentes por su ideología y los abusos del poder contra rivales políticos.
En ese territorio se sitúa el presidente de Estados Unidos. Él es una víctima “de una caza de brujas”. Alguien que “acaba de descubrir” que en su campaña fue sometido a escuchas por Obama. “Tipo malo o enfermo”, le llama, al tiempo que abre la puerta a la conversión de sus imputaciones en un obús legal. “Un buen abogado podría construir un gran caso a partir del hecho de que el presidente Obama estaba interviniendo mis teléfonos en octubre, justo antes de las elecciones”, escribe en un tuit.
El ataque no tiene precedentes. Ni tampoco, de momento, pruebas. Pese a su gravedad, Trump no ha ofrecido datos que sostengan las acusaciones y el portavoz de Obama las ha desmentido con claridad: "Ni el presidente Obama ningún cargo de la Casa Blanca ordenó jamás vigilar a ningún ciudadano estadounidense. Cualquier sugerencia en otro sentido es sencillamente falsa”. Como ha ocurrido otras veces, la fuente del republicano puede ser cualquier información o comentario aparecido en sus medios preferidos. Ya le ocurrió hace dos semanas. En un mitin en Florida señaló a Suecia como una de las grandes víctimas europeas de los ataques terroristas. Sus palabras sembraron el desconcierto dentro y fuera del país escandinavo porque nada había ocurrido ahí. Luego se supo que todo respondió a un reportaje sensacionalista que Trump había visto la víspera en Fox News.
En este caso, se señala como posible origen de la explosión tuitera una información publicada en Breitbart, el portal extremista que dirigió su estratega jefe, Steve Bannon. En esa pieza, como en otras que circulan en los medios más montaraces de Washington, se sostiene que Obama empleó métodos propios de un “Estado policial” contra Trump durante las elecciones y que en el último mes se ha empleado a fondo para derribarle.
Sin sustento fáctico, estas acusaciones no pasan por el momento de ser más que teorías de la conspiración. Pero su impacto político es real y es imposible desligarlas del escándalo de espionaje ruso que cerca de la Casa Blanca. En las últimas semanas, las investigaciones periodísticas, nutridas por los servicios de inteligencia, han destapado las numerosas reuniones que los miembros del equipo de Trump mantuvieron con representantes el Kremlin durante la campaña electoral. Las citas carecerían de interés si no fuera por los ciberataques orquestados desde Moscú en esas mismas fechas. Esta ofensiva, según un informe oficial, iba destinada a “favorecer a Trump y desacreditar a su rival Hillary Clinton”. Para ello, el Kremlin recurrió al jaqueo de las cuentas de correo del Partido Demócrata y de su jefe de campaña, John Podesta. El material, supuestamente, fue filtrado luego a Wikileaks para su difusión.
La postura adoptada por Trump ante este escándalo no hizo sino disparar las alertas. Lejos de condenar los ataques, el candidato republicano ensalzó a Vladímir Putin y apeló a que siguiera saqueando los correos de los demócratas. Para muchos altos cargos del servicio de inteligencia, el candidato, con estas palabras, había franqueado el umbral de lo admisible al tender la mano a un país que estaba interfiriendo en el proceso electoral.
Personaje clave de esta trama es el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak. Diplomático de larga experiencia y sobre el que siempre ha pesado la sombra de ser un maestro de espías, se ha vuelto el centro de todas las detonaciones.
El consejero de Seguridad Nacional Michael Flynn, cayó a los 24 días de tomar posesión cuando se descubrió, gracias a una grabación secreta, que en diciembre llegó a negociar con Kislyak la respuesta rusa a las sanciones que Obama iba a imponer al Kremlin por sus ciberataques.
El turno le llegó luego al fiscal general, Jeff Sessions. Asesor de Trump durante la campaña, silenció ante el Senado su reunión con el embajador en el momento cumbre de la ofensiva rusa. Tras destapar The Washington Post su mentira, Sessions, jefe del FBI y del Departamento de Justicia, se vio forzado a inhibirse de todas las investigaciones abiertas sobre la campaña y la conexión rusa.
Aunque no se ha demostrado que el equipo de Trump tuviera participación en los cibertaques, la marejada amenaza con arrasar la Casa Blanca. El FBI, los servicios inteligencia, el Senado y la Cámara de Representantes han puesto en marcha sus propias investigaciones. Cada día surgen nuevas revelaciones. Y ningún muro parece lo suficientemente alto para contener la ola. Acorralado, el multimillonario no sólo ha visto su crédito erosionado, sino cómo la oposición demócrata resucitaba con el escándalo y las dudas surgían en su propio bando.
La respuesta de Trump ha sido, como casi todo en él, inesperada y brutal. De un solo gesto, ha pulverizado el pretendido tránsito hacia aguas más tranquilas que había emprendido tras el discurso el martes ante las Cámaras, y se ha situado de nuevo en su punto de partida. El de un político acostumbrado a la intimidación y la desmesura para atacar a sus rivales. Puro Trump.

Tras la detención de la argentina Daniela Vargas en EEUU, crece el temor de los "dreamers": casi 800.000 jóvenes que pueden ser deportados. Se intensifican las protestas y las resistencias contra el endurecimeinto de las políticas migratorias de Trump





Daniela Vargas, dreamer

 Daniela Vargas vive hace 15 años en EEUU

El arresto de la dreamer argentina desata el temor en los indocumentados

La situación de la joven cordobesa, que está cerca de ser deportada, aumentó la incertidumbre por el impacto de la política migratoria de Trump; hubo protestas en Mississippi
PARA LA NACION


WASHINGTON.- Tomás Pendola, un argentino de 25 años que enseña química en una escuela en Miami, dice que tuvo suerte: renovó su permiso temporario de residencia y trabajo antes de que Donald Trump jurara como presidente.
"Si tuviera que renovarlo ahora, tendría miedo de hacerlo", confiesa Pendola. "Con todo lo que sacó Trump para deportar gente, seas dreamer o no, tengas antecedentes criminales o no, ya no importa. Es una cacería, no importa nada", lamenta.

Trump, acompañado ayer por sus nietos Arabella y Joseph en la Casa Blanca
Trump, acompañado ayer por sus nietos Arabella y Joseph en la Casa Blanca.
Luego del giro draconiano que imprimió Trump en la política migratoria, nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrirá con ellos. El arresto de la argentina Daniela Vargas, una dreamer de 22 años detenida por agentes del Servicio de Inmigrantes y Aduanas (ICE, según sus siglas en inglés) tras una conferencia de prensa en la que defendió su caso, arraigó el miedo y la incertidumbre.

Durante años, los cerca de 750.000 jóvenes indocumentados conocidos como dreamers -palabra que surge de una ley para darles la ciudadanía, llamada Dream Act, que nunca logró pasar el Congreso- fueron casi intocables. Desafiantes, vestían remeras o sostenían banderas con la leyenda "Sin papeles, sin miedo, sin disculpas" en marchas, y eran estandartes del movimiento a favor de los derechos de los inmigrantes.

En 2012 tuvieron su gran victoria: Barack Obama los blindó con un decreto que implementó el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, según sus siglas en inglés), el primer alivio masivo otorgado a extranjeros desde la "amnistía" de Ronald Reagan, en 1986. Millones de jóvenes "salieron de las sombras".
Vargas había iniciado la renovación del permiso que obtuvo con DACA, pero no llegó a completarlo antes de ser arrestada. Ayer esperaba una decisión de ICE a un pedido de su abogada, Abigail Peterson, para frenar su deportación y permitir que pueda comparecer ante un juez.

Ayer hubo una manifestación en Jackson, Mississippi, para reclamar su liberación, y el grupo United We Dream, una organización de jóvenes indocumentados, planeaba organizar otras protestas en otros lugares del país. La cara de Vargas recorrió las cadenas de televisión, los diarios y sitios web norteamericanos.
"El caso de Daniela es el primero que tenemos con este nuevo panorama migratorio", dijo el cónsul de la Argentina en Houston, Gabriel Volpi, que ayer habló por teléfono con ella. El funcionario había tenido casos de argentinos con antecedentes penales o detenidos en la frontera, pero nunca un dreamer.
"Esto, lamentablemente, es como una lotería", describió. "Si caés con una policía que es demócrata, puede ser que te traten bien. Pero si caés en un condado alineado con la nueva política, automáticamente te pasan a la deportación", ahondó.
Trump cumplió con una promesa de campaña al ampliar por decreto el margen de ICE para arrestar y deportar indocumentados, una decisión que desató pánico e indignación en comunidades de inmigrantes, pero que fue celebrada por sus votantes.
La Casa Blanca no ha dado una directiva clara sobre los dreamers. Trump dijo que le resultaba "muy, muy difícil" deportarlos, y prometió encarar su situación con "corazón".
El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, insistió esta semana cuando le preguntaron por el caso de Vargas que la prioridad del gobierno federal no eran los jóvenes indocumentados, sino quienes tuvieran antecedentes penales. Pero Ryan dejó la puerta abierta a excepciones: "A veces, la gente cae en las grietas", fue la justificación que eligió.
Alejandra Saucedo, una argentina que vive en Florida y obtuvo su residencia después de 11 años como indocumentada, dijo que hay personas que están empezando a armar "un plan B y un plan C" por si son deportadas.
Saucedo, presidenta de la organización Dreamers' Moms, pone el caso de Daniela Vargas como un ejemplo de que, ahora, la prensa puede jugar en contra, y dice que se siente "desesperada" y "aterrorizada" por lo que pueda pasarle a personas que todavía no regularizaron su situación. "Hay que rezar..., con este hombre [por Trump] no se sabe qué pasará de acá a un minuto. No hay por dónde agarrarnos en este momento", describió.
Katie Sarreshteh, una abogada migratoria de Los Angeles, una de las ciudades con mayor cantidad de inmigrantes indocumentados del país, dijo que su oficina recibe ahora muchas más llamadas que antes. Estados Unidos, advirtió, quedó envuelto en un "pánico colectivo".
"Ahora mismo hay mucho en el aire. Si alguien como Daniela Vargas fue arrestada y está sujeta a deportación, no es una buena situación", indicó. "Eso confirma mi visión de que el programa DACA está en riesgo. Ver algo así me hace pensar que no se ve bien", agregó.
Algunos activistas están convencidos de que Trump quiere deportar a todos. Bill Chandler, director de la Alianza para los Derechos de los Inmigrantes de Mississippi, dijo que todo era "muy incierto" y que estaba "muy preocupado" por los dreamers. Trump, recordó, no se ha comprometido "de una forma u otra".
"La agenda de los blancos supremacistas es deshacerse de la mayor cantidad de gente de color como sea posible. Sobre todo en el Sur, eso es lo que fomenta la xenofobia", dijo.
Pendola tiene que acomodar sus días a veces para llevar al trabajo a su padre. "Se me vence mi permiso, ¿qué hago? Y mi papá no tiene papeles. Si a él lo deportan, yo me voy. Es como si me deportaran a mí. Antes manejaba al trabajo. Ahora ya no. Ya no se puede viajar, hay que tener más cuidado con todo. El miedo que se tiene haciendo cosas comunes -relata- antes no pasaba."

Un mensaje para las autoridades

Daniela Vargas se pregunta por qué la quieren deportar de EE.UU.

A través de su abogada, la dreamer argentina, que está detenida en Luisiana, compartió un mensaje para defender su estada en el país
"No entiendo por qué no me quieren aquí [en Estados Unidos]. Estoy haciendo lo mejor que puedo. Es decir, no es mi culpa haber sido traída aquí, no conozco nada más que estar aquí y no lo había reconocido hasta que estuve en una celda.
"Yo fui traída a este país. No elegí estar aquí. Y cuando fui traída tuve que aprender un país nuevo y dejar atrás el que conocía. Y apenas conocía a ese otro país.
"Siento fuertemente que pertenezco aquí y que debería tener la oportunidad de estar en este país, hacer algo bueno y trabajar en esta economía.
"Hay mucho que puedo hacer, como enseñar música. Soy una excelente trompetista, le pueden preguntar a mi madre. Soy excelente en matemáticas. Hablo español.
"Hay muchas cosas que puedo hacer por este país que no me están dejando hacer. Incluso intenté unirme a las fuerzas militares y no pude. Pero ese no es el punto, el punto es que haría cualquier cosa por este país."

viernes, 3 de marzo de 2017

2011- 3 de marzo - 2017

 
 
Hoy cumplimos 6 años!
 
Y nuestro blog se acaba de transformar en página: www.vecinosenconflicto.com
 
En los últimos 12 meses creció como nunca, con más de 370.000 visitas, multiplicando por 7 el promedio anual de 2011-2015.
 
Gracias a todos los lectores y a todos los que ayudan a difundir!
 
En los próximos días vamos a renovar todo el diseño.

jueves, 2 de marzo de 2017

"El convulsionado inicio de la era Trump" Por Leandro Morgenfeld







Por Leandro Morgenfeld

Cambio, publicación quincenal de la izquierda popular
Año 4, Número 56, pp. 8-9, 2 al 14 de marzo de 2017

Las primeras semanas del magnate en la Casa Blanca fueron tumultuosas ya que mantuvo y profundizó su estilo revulsivo, provocando todo tipo de polémicas en un Estados Unidos que expone como nunca antes las grietas que atraviesan a su sociedad.


En sus primeros días Trump hizo lo imposible para mostrarse como un presidente poderoso, dispuesto a ir contra todos (el establishment de Washington) y a cumplir rápidamente (vía “órdenes ejecutivas”, o sea decretos) sus promesas de campaña, incluso las más polémicas: fin del Obamacare, construcción inmediata del muro físico en la frontera con México, salida del Acuerdo Transpacífico (TPP), aceleración de las políticas de deportaciones de inmigrantes indocumentados (y suspensión de fondos federales a las “ciudades santuario” que decidieran protegerlos, como New York, Los Ángeles o Chicago). Al mismo tiempo formó un gabinete con su impronta, plagado de CEOs, militares, hombres propios (como Steve Bannon, líder de la Alt-Right y su más influyente consejero, y su yerno Jared Kushner) y también algunos representantes del Partido Republicano (Rence Priebus, su jefe de Gabinete).

Ese Trump aparentemente arrollador encontró en las últimas semanas límites a su poder. En parte, eso se debe a los múltiples conflictos que él mismo alentó y a su estrategia de exacerbar las contradicciones. En primer lugar, desde el momento mismo de su asunción se multiplicaron las marchas callejeras, que alcanzaron su punto más alto el 21 de enero, cuando millones de personas, especialmente mujeres, se movilizaron contra su misoginia. También fueron importantísimas las realizadas en los aeropuertos y ciudades de todo el país contra el decreto que suspendió el ingreso de refugiados y las visas a ciudadanos de siete países con mayoría musulmana. Justamente esa polémica iniciativa lo llevó a su primer gran enfrentamiento con la Justicia, que trabó esa iniciativa. Trump atacó primero a los jueces, pero finalmente desistió de apelar a la Corte Suprema. Profundizó en estos días el enfrentamiento con los principales medios periódicos y canales de noticias –su primera conferencia de prensa terminó en un escándalo- y no dudó en calificarlos como enemigos del pueblo americano. Además crece la oposición de los demócratas en el Congreso –la línea acuerdista debió ceder a los que, presionados por las bases, quieren una oposición dura contra el magnate- y se ahondó el enfrentamiento con los servicios de inteligencia, por el affaire Rusia.

La primera víctima fue nada menos que Michael Flynn, a cargo de la poderosa NSA. Tampoco pudo ratificar al secretario de Trabajo –debió cambiarlo- y sufrió para lograr el acuerdo del Senado para Betsy Devos, la secretaria de Educación –tras un empate 50-50, por primera vez en la historia se requirió el voto del vicepresidente Mike Pence para ratificar a un miembro del gabinete-.  

Esos múltiples frentes de conflicto interno, sumados a la extrema polarización, a las internas en su equipo y a su bajísimo índice de aprobación, obligan a pensar en la posibilidad de que avancen distintas iniciativas para forzar un impeachment, aun cuando este requeriría el apoyo de un sector del Partido Republicano, que por ahora parece encolumnado tras el presidente y con temor a ponerle límites, salvo en el caso de algunas figuras influyentes como la del senador John McCain. El apoyo lo encuentra en la base ultraconservadora –el viernes 24 de febrero compareció en la Conferencia de la Acción Política Conservadora, donde lo aclamaron a él y al polémico Bannon-, y en Wall Street, no sólo por el nombramiento de un ex Goldman Sachs al frente de la Secretaría del Tesoro, sino por las desregulaciones, las rebajas de impuestos a los más ricos y la reactivación del proyecto de construcción de los oleoductos de Keystone XL y Dakota Access, este último suspendido por Obama tras meses de lucha de ambientalistas y pueblos originarios.

¿Aislacionismo?

En el plano de la política exterior, también hubo novedades y múltiples escándalos por el (des)trato a los mandatarios de México y Australia. Contra lo que muchos auguraban, Trump ya mostró que no va a ser aislacionista: nombró a diversos militares en su gabinete y aumentó 9% el presupuesto militar (54 mil millones de dólares), reivindicó a las Fuerzas Armadas cada vez que pudo, atacó a China vía Twitter, bombardeó Yemen el 29 de enero, impulsa el expansionismo de los asentamientos ilegales en territorio palestino, recibió al ultraderechista Netanyahu, quien pone en duda la solución de los dos Estados, amenazó a Irán y agredió a Venezuela incluyendo al vicepresidente de Maduro en la lista de promotores del narcotráfico y recibiendo en la Casa Blanca a la esposa de Leopoldo López, incluso antes que a cualquier mandatario regional. Más que reducir el intervencionismo a escala global, Trump pretende reimponer el unilateralismo, en detrimento del multilateralismo y de una conducción imperial más colegiada. Como sus antecesores, sigue pregonando el excepcionalísimo y la idea de que los estadounidenses son un pueblo elegido, diferentes al resto.  

Promovió la distención con Rusia, para enfrentar a China. Menospreció a la Unión Europea y calificó a la OTAN como una alianza obsoleta, aunque luego el vice Pence, en gira europea, matizó estas consideraciones. Su lema, America First, significaría que no está más dispuesto a pagar los costes de ser el gendarme planetario. Si Europa y Japón quieren la “protección” militar estadounidense, argumenta Trump, que paguen por ello. Esto podría implicar una renegociación del vínculo con sus aliados.

América Latina fue blanco de ataques durante la campaña y lo sigue siendo ahora. Trump utiliza a los hispanos como chivo expiatorio y los humilla para acumular políticamente. México es el gran perjudicado, desde el punto de vista económico y político. La nueva Administración también intenta revertir la distensión con Cuba iniciada hace dos años por Obama. En los últimos días la presión fue contra el gobierno venezolano. Para atacar a los países no alineados, Trump busca subordinar a los gobiernos neoliberales que quedaron descolocados por su prédica proteccionista. Si Peña Nieto y Temer no pueden cumplir hoy cabalmente el rol de alfiles de Washington, los candidatos son Santos –ahora complicado por el escándalo de Odebrecht-, Kuczynski y Macri. El peruano fue recibido el viernes pasado en la Casa Blanca y Macri negoció y logró una escueta llamada telefónica de Trump unos días antes. Allí el argentino se mostró dispuesto a seguir al pie de la letra la agenda de Washington. No planteó ni solidaridad con México ni reclamó por la negativa al ingreso de limones al mercado estadounidense. La única preocupación del mandatario argentino era lograr que Trump lo reciba en Washington, cuestión que ocurriría entre abril y junio.  Como planteó Malcorra, quieren aprovechar las dificultades de México y Brasil para que Macri se transforme en el interlocutor regional de Trump.

Así, reeditando la postura subordinada de Menem, el líder del PRO es funcional a la estrategia de “divide y reinarás”, que históricamente impulsó Estados Unidos en América Latina. El problema es que Trump cuestiona los tratados de libre comercio que Macri sigue promoviendo. Y que, a diferencia de lo que ocurrió con Obama, el acercamiento a alguien que provoca tanto rechazo entre los latinoamericanos va a generarle un costo político no menor en un año electoral. 

Por Leandro Morgenfeld. Docente UBA e Investigador Adjunto del IDEHESI-CONICET. Co-Coordinador del GT CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”. Dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com
Esta nota fue enviada por el autor como colaboración para Cambio.

"Las llamadas de Trump". Por Marco A. Gandásegui




 

Las llamadas de Trump

Marco A. Gandásegui, hijo

Profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA

La semana pasada el presidente de EEUU, Donald Trump, llamó por teléfono a su contraparte panameña, Juan Carlos Varela. Varela informó que Trump lo había ‘felicitado por su gestión’, por lo ‘bien que va el país’ y que próximamente quisiera recibirlo en Washington.
Según otras fuentes, Trump también le habló a Varela sobre Venezuela. Las relaciones entre Panamá y Caracas son buenas. Todo indica, según quienes analizan la llamada, que el presidente de EEUU quiere alterar ese vínculo basado, sobre todo, en intereses comerciales. En el caso de las relaciones entre Panamá y EEUU, y con el resto de la región, en el trasfondo siempre aparece la analogía del ‘palo y la zanahoria’. EEUU puede ofrecer una ‘zanahoria’ a cambio de algún favor del país en cuestión. El favor puede ser en especie, en efectivo o, usualmente, la promesa de no usar el ‘palo’ en contra de los intereses del afectado.
Trump aún no ha planteado de manera explícita su política sobre la región latinoamericana. Sin embargo, su desprecio por los gobernantes mexicanos (y de paso el pueblo) lo expresó en su primer discurso de campaña en 2015 cuando anunció su decisión de construir una muralla. Aunque las oligarquías de toda la región latinoamericana consideran que tienen relaciones ‘especiales’ con EEUU, todas son percibidas con desdén por el ‘establishment’ norteamericano. Trump lo hace saber en forma explícita. Trump no habla sólo a nombre de él personalmente o a nombre de un sector extremo de la opinión pública, habla a nombre de la clase gobernante de ese país cuyos padres fundadores lo expresaron claramente hace casi 250 años.
Las llamadas de Trump a sus colegas en el mundo siguieron un patrón muy claro. Hay que referirse al artículo publicado por Néstor García para seguir la cronología. El patrón diseñado, probablemente, por sus asesores privilegiaron, en primer lugar, a los gobernantes de los países con raíces ‘anglo sajonas’: Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelandia. Seguido por Japón, el ‘honorable’ aliado de los países ‘anglo sajones’. En Africa y el medio oriente llamó a los gobernantes que están sentados sobre enormes yacimientos petroleros. Habría que agregar a India, Africa del Sur e Israel (su portaaviones en el oriente mediterráneo). En América latina, se dirigió a los países con políticas más cercanas a los intereses de EEUU. Pareciera que la intención es construir una muralla ‘política’ en torno a Venezuela. Panamá, Trinidad y Tobago, y Colombia constituyen los puntos más próximos a la patria bolivariana. También llamó al presidente de Argentina y se sentó en la Casa Blanca con el mandatario del Perú, ambos considerados como parte importante de la ‘retaguardia’ de una futura ofensiva contra Caracas.
Tuvo una conversación de una hora con el presidente ruso, Vladimir Putin, y otra más protocolar con el presidente de China.  Ha sido muy publicitada su aparente admiración por el mandatario ruso. Llamó al presidente de Francia y a la canciller de Alemania con los cuales intercambio saludos diplomáticos. También llamó los dirigentes europeos de España, Italia y Ucrania. Ignoró al resto de los miembros de la Comunidad Europea o de la OTAN.
En América latina no llamó a los gobernantes de México, Centro América, ni a países supuestamente aliados como Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay. Tampoco hizo esfuerzo alguno para construir un puente -  aunque simbólico - hacia los países del ALBA.
La dirección que asumirá la política exterior de Trump no se basa en sus llamadas telefónicas. Pueden reflejar una tendencia. El tiene sus inclinaciones, el poderoso ‘establishment’ norteamericano tiene otras. Trump quiere asegurar la ‘contencion’ de China, la ‘alianza’ con Rusia, destruir al Estado Islámico y ‘llevarse el petróleo de Irak’, así como cobrarle lo que considera viejas deudas a Europa.
En el caso de América latina, su política se refleja en su campaña contra México que continúa a pesar de que ya ocupó la Casa Blanca hace más de un mes. Quizás centre su atención en Venezuela, por los reservas petroleras que contiene su subsuelo. Ya acusó al vicepresidente de ese país de ser un narcotraficante, sin evidencias. (Fórmula muy utilizada por Washington para deslegitimar). Tiene a la OEA como herramienta para activar la ‘Carta por la Democracia’. Necesita el apoyo del presidente Varela y de los otros mandatarios de la región para dar primero, el golpe diplomático y, después, desplegar la fuerza militar si es necesaria.