domingo, 4 de agosto de 2013

Paraguay al margen del MERCOSUR

ABC. El diario paraguayo caricaturizó lo que juzgan una alianza en su contra.

 

Añá membuy Mercosur


El presidente electo Horacio Cartes rechazará el reingreso de su país al Mercosur luego de haber sido suspendida su membresía tras el golpe parlamentario contra Fernando Lugo. La corpo guaraní y la venta del “milagro paraguayo”.
La imagen vale más que mil editoriales. En la caricatura del diario ABC –la corpo paraguaya– las presidentas Cristina Fernández y Dilma Rousseff llevan una corona y el primer mandatario venezolano hace de titiritero de su par uruguayo, que está retratado como un típico muñeco de feria con mofletes sonrojados. Los cuatro están piqueteando las aguas del Río de la Plata y encima de ellos vuela un pajarito azul y boina roja con la cara de Hugo Chávez. En la viñeta no hay diálogo ni epígrafe, el único texto está incluido en una puerta de madera que encuadra a los supuestos cuatro jinetes del apocalipsis rioplatense: “Mercosur. No pasar”. Evidentemente, en la fantasía de la elite local, los países del bloque regional están reeditando la guerra, en este caso comercial, de la Triple Alianza contra el país mediterráneo.
En pocas palabras, la cronología de la tensión geopolítica entre los países de la Unión Aduanera de la cuenca del Plata y Paraguay es la siguiente: en Asunción gobernaba un cura tercermundista llamado Fernando Lugo que tenía buenas intenciones de cambiar la sociedad pero que contaba con muy poca fuerza política. Un día, el Congreso lo fusiló institucionalmente con un juicio político dantesco cuya carga de prueba incluyó los amores clandestinos de Lugo; y, en consecuencia, Argentina, Brasil y Uruguay decidieron cancelar la membresía mercosureana de Paraguay por “haber vulnerado la clausula democrática del organismo”. Luego, en la última Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, en Montevideo, la plana mayor del bloque regional invitó a Asunción a retornar a la asociación comercial cuando el presidente Horacio Cartes asuma el próximo 15 de agosto. Las Cancillerías de la región entendían que, como la victoria del magnate colorado Cartes había sido en elecciones limpias, ya nada impedía que Paraguay pudiera recuperar su status como socio vecinal. Pero, Cartes rechazó la oferta. Advirtió que jamás su nación será parte de “un bloque presidido por Venezuela”. Y recordó que el ingreso de Caracas al bloque aún no fue aprobado por el Parlamento local.
El encargado de contestarle al dueño del principal holding tabacalero guaraní fue el presidente uruguayo José Mujica. Desde La Habana, donde fue a visitar al líder cubano Fidel Castro por su cumpleaños, Mujica intentó poner paños fríos y prometió que “estoy dispuesto a firmarle a Paraguay que le regalo todas la presidencias que puedan tocarle a Uruguay al frente del Mercosur”. Luego, más pícaro que diplomático, el ex guerrillero tupamaro recordó que: “A Paraguay específicamente le conviene el Mercosur. A ningún país de los que lo integran le conviene tanto el grupo como a él, por su posición mediterránea. Paraguay tiene que salir por el Río Paraná y el Río de la Plata, y creo que su nuevo gobierno tiene mucho pragmatismo y mucha inteligencia para entender estas cosas”. Tras cartón, la replica estuvo a cargo de una editorial del matutino stroessnerista ABCmuchísimo más furibunda que la caricatura ya mencionada: “La frase ‘zurda tilinga’ identifica perfectamente a aquellos nostálgicos del marxismo-stalinista de los sesenta. Traicionado por el fanatismo hacia esa ideología perimida, el presidente uruguayo Mujica dio a entender que Paraguay debe prepararse a obedecer lo que manden ellos, los dueños del Río de la Plata, porque es mediterráneo y, si se porta mal, podrían clausurarle su salida al mar”.
Automáticamente, desde Buenos Aires, llegó la solidaridad de un matutino que comparte posiciones comunes con el Grupo ABC en la Sociedad Interamericana de Prensa. El último lunes, el diario La Nación publicó una histórica editorial titulada “Digna posición de Paraguay”. El matutino más probritánico del Cono Sur hizo memoria y redescubrió a la nación vecina como un país hermano y recordó que: “La suspensión de Paraguay debía durar hasta que el país hermano a criterio de sus pares regresara a la democracia. La verdad fue muy distinta. Liderados por la Argentina y Brasil, los miembros del Mercosur aprovecharon políticamente la oportunidad para permitir el ingreso a la Venezuela de Hugo Chávez, al que Paraguay, conforme era su derecho, se oponía tenazmente, argumentando que Venezuela había extraviado y deformado profundamente la democracia. Lo que ya entonces era evidente y lo sigue siendo, vista la dudosa legitimidad que ostenta Nicolás Maduro como mandatario de su país, al no haber cumplido con la amplia auditoría que, ante las serias dudas que dejara el reciente proceso electoral venezolano, fue pedida expresamente por Unasur”. Por último, el diario de los Saguier, que jamás otorgó un lugar importante en su agenda de noticias el proceso de integración regional, aconsejó al Palacio San Martín que “la circunstancia de que los mandatarios de la región hayan comprometido su asistencia a la asunción presidencial de Horacio Cartes brinda a nuestro país la oportunidad de dar un paso al costado y ofrecer a Paraguay la presidencia por el semestre que se iniciará, a partir del 1° de enero de 2014. Sería un cambio de actitud en la política externa de los últimos ocho años, inusualmente agresiva y hasta ríspida con nuestros vecinos y, además, una suerte de tardío desagravio por lo sucedido en 2012. Quizás de esa manera se tendería un puente para salir rápidamente de una situación incómoda que sigue sumando agravios a un país hermano que ciertamente no los merece en modo alguno”.
Ahora bien, ¿qué pasa con Paraguay? ¿Es víctima del subimperialismo brasileño y argentino? ¿Por qué razón Cartes es mimado por la prensa hegemónica regional? Miradas al Sur habló y trasladó estos interrogantes a una de las mayores especialistas en la geopolítica mercosureana, la profesora Diana Tussie. Directora del área de Relaciones Internacionales de Flacso Argentina, profesora del Instituto del Servicio Exterior de la Nación y autora del reciente libro Nación y región en América del Sur. Los actores nacionales y la economía política de la integración sudamericana, Tussie comenzó advirtiendo que “es importante remarcar que Paraguay será el país que más crecerá económicamente durante 2013 en Latinoamérica con una tasa al alza del 9%. Entonces, ese dato le da al empresariado guaraní mucha confianza en sus propias fuerzas. Claro, eso sí, la canasta exportadora tiene una clara matriz sojera. En Paraguay hay un boom de los agronegocios gracias a la expansión de la frontera agrícola ligado a los monocultivos. Pero, más allá de este claro perfil productivo primarizante, los datos sobre el crecimiento de la economía paraguaya son llamativos. Y eso de alguna manera redime al discurso nacionalista que advierte que Paraguay fue aplastado por sus vecinos en la Guerra de la Triple Alianza y en el litigio petrolero conocido como la Guerra del Chaco. En definitiva, hay un empoderamiento de los sectores empresarios paraguayos. Que eso no se traduzca en políticas sociales activas y en redistribución del ingreso es otra discusión. La elite local ya sueña con el milagro paraguayo”.
Pero, además, tras las acusaciones de Horacio Cartes contra los presidentes de Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela, Tussie se pregunta: “¿Qué quiere decir Paraguay con estar al margen del Mercosur? Porque, en definitiva, hay una integración de hecho del país mediterráneo con sus socios de la cuenca del Plata. En la Argentina, según el último censo, viven 560 mil paraguayos, casi el 10% de la población total del país. Los flujos migratorios de Asunción con los otros países vecinos también son muy fuertes. Otro dato más importante: el principal rubro exportador de Paraguay pasa por la energía que le vende a Brasil y a la Argentina. Si Cartes se fuga del bloque regional, ¿a quién le va a vender lo producido en las represas hidroeléctricas de de Itaipú y Yacyretá? Por si fuera poco, las inversiones brasileñas, sobre todo en el sector de las maquilas, son determinantes en el aparato productivo paraguayo. En definitiva, yo veo a futuro un Paraguay surfeando la política de integración. Horacio Cartes estará amenazando permanentemente con la fuga paraguaya del bloque regional para renegociar el vínculo comercial con los socios fuertes del Mercosur”.
Por otro lado, no sólo el boom sojero alienta a la oligarquía paraguaya la fantasía de desconectarse del Mercosur. La diplomacia norteamericana también opera, aconseja y muestra a Paraguay donde está la puerta de salida del bloque regional. Esta semana, el investigador paraguayo Bernardo Coronel advirtió a la prensa local que “el embajador James Thessin opera abiertamente a favor de la incorporación de Paraguay a la Alianza del Pacífico y, por añadidura, su salida del Mercosur. Hace unos días se reunió con el presidente de la cámara de diputados, Juan Ramírez, para tratar sobre el tema. El embajador, como es habitual, no dio detalles de la conversación, pero Ramírez destacó el interés yanqui por la incorporación paraguaya al bloque conformado por México, Colombia, Chile y Perú”. El dato de Bernardo Coronel encaja con otra denuncia efectuada semanas atrás por organismos de derechos humanos como el Serpaj Paraguay cuando alertaron sobre la inminente llegada de marines del Comando Sur norteamericano para realizar ejercicios militares conjuntos con el Ejército local. Libertad de comercio, plataforma militar conjunta, relaciones diplomáticas carnales. Luego de acumular buenos amigos sólo sobre la silueta del océano Pacífico de Sudamérica –Chile, Colombia, Perú–, Washington volvería a contar con un aliado en la geopolítica rioplatense cuando Cartes asuma su cargo y bravuconee contra el Mercosur. No es un hecho menor para una secretaria de Estado norteamericana que sólo acumula derrotas diplomáticas desde la llegada del lulismo, el chavismo y el kirchnerismo al poder de los países económicamente más fuertes de la región.
Por lo pronto, uno de los cuatro países firmantes del Tratado de Asunción, grado cero legal del organismo, está a punto de quedar parado, en términos de las relaciones económicas, en una especie de no lugar regional. Según el Cadep, un think tank paraguayo, la salida del Mercosur y su incorporación a la Alianza del Pacífico “tendría consecuencias desastrosas para Paraguay, cuya economía depende comercialmente en un 30% del bloque. En 1991, el Paraguay exportaba al Mercosur US$ 258 millones, pero en 2010 alcanzó US$ 1.337 millones, es decir un crecimiento promedio anual del 22%. Además, Paraguay es el principal beneficiario de los fondos estructurales solidarios del bloque, y hasta ahora ya tiene acumulado unos 680 millones de dólares a su favor, por ser el país con menor desarrollo. Proyectos estratégicos como la costanera norte y la planta de 500 KV, son financiados con esos fondos, por citar algunos”.
Este análisis conecta con un paper que, en su momento, el célebre asesor estrella de la política exterior brasileña Helio Jaguaribe realizó, por pedido del Palacio Itamaraty, para fomentar la Comunidad Sudamericana de Naciones –el prólogo de la actual Unasur–: “Entre los países sudamericanos, Chile tiene una opción dinamarquesa; es un país pequeño, con gente civilizada y una buena capacidad productiva. Exporta salmón, enlatados, cerezas, etcétera, a Estados Unidos y sería como un municipio norteamericano trasladado que conservará su idioma por algún tiempo y la gente la pasara bien. Ahora bien, ¿es concebible un destino dinamarqués para la Argentina o Brasil? Conforme aumenta la complejidad de los países observamos que no. Y al propio Chile le es dada la opción: puede que entre en el ALCA y ser una Dinamarca o puede entrar al Mercosur y ser una Suecia. Ser una Suecia significa tener condiciones de autonomía propia, no ser un simple municipio del mundo, pero sí un país dentro de un sistema protector”. La mirada de Jaguaribe tiene vigencia para Paraguay. A diferencia de la élite chilena, los sectores concentrados paraguayos no pueden exportar salmón y enlatados a los Estados Unidos pero, evidentemente, también desean, al igual que la burguesía rentista trasandina, ser un pequeño condado norteamericano; aunque, paradójicamente, su territorio esté ubicado en el corazón geográfico del Mercosur.

Reseña de Washington Rules. America's path to permanent war, de Andrew Bacevich





 Revista Contemporánea N. 3, 2012, 

Montevideo, Uruguay, pp. 308-310.




Bacevich, Andrew J.: Washington Rules. America's path to permanent war, New York, Metropolitan Books, 2011. 288 páginas.



Leandro Morgenfeld

En los últimos 50 años proliferaron las dictaduras en América Latina. Este ascenso autoritario y represivo estuvo muy vinculado a la instrumentación de la doctrina de seguridad nacional, impulsada por la Casa Blanca. El último libro de Andrew Bacevich, entre otras cuestiones, ayuda a desentrañar la lógica del intervencionismo estadounidense desde el inicio de la Guerra Fría. Las Reglas de Washington, un libro de la colección "El proyecto del imperio americano", logró una interesante repercusión en Estados Unidos, al punto que integró la influyente lista de best-seller del New York Times. Fue publicado en un momento crucial, en 2010, cuando se avizoraba que la agresiva política exterior estadounidense, potenciada durante las presidencias de Bush, se prologaba al inicio la gestión de Obama, pese a las promesas de cambio. Uno de los atractivos fundamentales de este libro, fuertemente crítico de la doctrina de la seguridad nacional que justificó las políticas intervencionistas de Estados Unidos desde la posguerra, es que Bacevich es un ex militar estadounidense. Ya en la introducción, el autor narra su tardía conciencia sobre los criticables fundamentos de la política exterior impulsada por el consenso de Washington. El infundado ataque de Bush a Irak en 2003 terminó de convencerlo de la necesidad de intervenir en el debate público. Esta obra, entonces, se propone trazar una genealogía de la lógica bipartidista que impuso y prolongó el auto-asignado rol de gendarme planetario que se atribuyen la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA.
            Bacevich fue oficial en el ejército estadounidense y como tal estuvo en servicio por muchos años en Alemania. Sin embargo, y según él narra dramáticamente en la introducción del libro, no fue hasta 1990, ya adulto, cuando conoció realmente la "otra" Alemania, la que se encontraba por detrás del muro. Y todas sus certezas, heredadas de lo que él llama las reglas o el consenso de Washington de la Guerra Fría, se disolvieron. Allí comenzó su (re)educación. Ese viaje hacia la ex República Democrática Alemana, que realizó con fines (auto) educativos junto a otros ex compañeros de armas, fue el inicio del largo camino que lo llevó a escribir éste y otros libros, como Los límites del poder o El Nuevo Militarismo Norteamericano. Narrando esta experiencia, que cambió radicalmente su visión de la política y las relaciones exteriores estadounidenses, este profesor de historia y relaciones internacionales de la Universidad de Boston, retirado del Ejército con el rango de coronel, nos introduce a la deconstrucción del consenso que Washington logró construir tras la segunda guerra. Diseccionar críticamente estas concepciones, abrazadas por el propio autor durante décadas, es la aventura que nos propone la lectura de Las reglas de Washington.
            El primer capítulo, "El advenimiento de la semi-guerra", analiza, empezando por el gobierno de Obama y luego retrocediendo hasta el de Einsenhower, la configuración de posguerra que determinó el estado de intervención y conflicto permanente impuesto por Washington. El segundo, "Ilusiones de flexibilidad y control", explica cómo entre 1961 y 1965 se legitimó el creciente poder de la CIA y el Pentágono para determinar las necesidades militares estratégicas de Estados Unidos. En el capítulo "El credo restaurado", Bacevich describe cómo se reconstituyó y relegitimó el intervencionismo militarista tras las resistencias que acompañaron el fracaso estadounidense en Vietnam. Esa guerra en Asia, que tanto minó las bases del consenso de Washington, requirió de una ardua tarea para encapsular las críticas, evitando que afectaran los fundamentos construidos en las dos décadas anteriores. En el cuarto, "Reconstituyendo la Trinidad", el autor justamente explica la superación del "síndrome de Vietnam", durante la era Reagan, pero también tras la Caída del Muro y el fin de la Guerra Fría, durante las Administraciones Clinton y Bush. En el quinto, "La falsa contra-inteligencia", señala las críticas a la guerra sin fin, puntualizando las contradicciones derivadas de las intervenciones en Afganistán e Irak. El último capítulo, "Cultivando nuestro propio jardín", permite a Bacevich sintetizar las críticas al consenso de Washington y sus indeseables consecuencias: gastos militares crecientes, que no hacen sino disparar la deuda pública a niveles inmanejables; víctimas entre las fuerzas armadas; ex veteranos con problemas físicos y psíquicos; perpetuación de una burocracia que actúa en secreto; distorsión de los intereses nacionales, en tanto el complejo militar-industrial absorbe recursos que son escasos; y desastre medioambiental, entre otros. La solución también aparece esbozada: Estados Unidos debe hacer regresar las tropas, o  al menos la mayor parte de ellas, resignando ese auto-asignado rol de gendarme planetario. 
            Lo más interesante del libro es que deconstruye el consenso estadounidense en torno a una política exterior mesiánica e intervencionista. Desmenuza y ataca los lugares comunes impuestos por el acuerdo bipartidista de demócratas y republicanos en las últimas seis décadas. Y lo hace nada menos que un militar retirado, es decir alguien que durante buena parte de su vida adulta actuó bajo el mandato de los intereses impuestos por el Pentágono, la CIA y la Casa Blanca. El libro pretende mostrar que un cambio desde dentro de la sociedad estadounidense es posible. Y el autor presenta su propia conversión individual, su toma de conciencia, como un ejemplo de lo que la educación puede lograr. En este sentido se propone, en concreto, discutir la idea de que Estados Unidos tiene el deber de liderar, salvar y transformar el mundo. Este credo es el que fundamenta la disposición del Pentágono a desarrollar una capacidad militar muy superior a la necesaria para garantizar la defensa nacional. Y ese credo se complementa con la sagrada trinidad, hegemónica en Washington: la convicción de que la paz internacional requiere de una presencia militar global por parte de Estados Unidos, que debe configurar sus fuerzas para la proyección de poder global, y para anticipar o contrarrestar las amenazas se requiere un intervencionismo global.
            Más allá de los aciertos y la gran utilidad de la obra en este particular momento histórico, la misma presenta algunas falencias. El principal problema del libro es que no analiza la política exterior intervencionista de Estados Unidos en relación al imperialismo y los intereses económicos que la determinan. Más allá de las críticas arriba descritas, Bacevich idealiza la inserción internacional estadounidense en la primera mitad del siglo XIX, soslayando la nefasta influencia de la ideología del destino manifiesto, la doctrina Monroe, el aniquilamiento de los pueblos originarios, la guerra contra México y tantas otras atrocidades realizadas en la fase de ascenso de la burguesía estadounidense. Además, reivindica diversos políticos o intelectuales -el diplomático Gerge Kennan, el senador J. William  Fulbright o el líder afroamericano Martin Luther King-, críticos del mainstream en Washington, pero que no avanzaron en una caracterización adecuada del rol de Estados Unidos luego de la segunda guerra.
            En síntesis, el libro tiene una potencia crítica muy significativa al interior de Estados Unidos, donde resquebrajar los lugares comunes que legitiman el intervencionismo impulsado por Washington parece una tarea ardua y compleja. Pero estas denuncias, para los países que históricamente sufrieron la avanzada imperialista, como los latinoamericanos, no parecen tan novedosas. Sí, quizás, para alertar contra quienes tienen esperanzas en el carácter menos intervencionista de los demócratas frente a los republicanos. Bacevich, como en su momento plantearon Howard Zinn y algunos otros, se preocupa para explicar que los lineamientos de la política exterior de Washington, más allá de los matices, se mantuvieron durante las administraciones demócratas y republicanas. Obama, por ejemplo, no produjo el cambio esperado luego de la nefasta política exterior de Bush. Sin embargo, la crítica del militarismo estadounidense debe ir más allá, en el sentido de entender la lógica profunda de los intereses materiales que lo determinan. ¿Por qué la gran burguesía del país del norte necesita sostener esa política? ¿En qué sentido la lucha por mercados y recursos estratégicos es central para entender el imperio del capital que conduce Washington? ¿Pueden efectivamente cambiar las reglas de Washington sin un cambio del sistema más amplio? Estos interrogantes, creemos, deben abordarse para profundizar las críticas planteadas por Bacevich.

El viaje de Cristina Fernández a New York: Argentina preside Consejo Seguridad ONU


CRISTINA FERNANDEZ VA A NUEVA YORK A HABLAR EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU

Para hacer oír la voz de la región

La Presidenta encabezará el martes el debate del Consejo. Propondrá impulsar la cooperación entre las Naciones Unidas y las organizaciones regionales para mantener la paz. Mañana se reunirá con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Por Victoria Ginzberg (Página/12)

La cooperación entre las Naciones Unidas y las organizaciones regionales y subregionales para el mantenimiento de la seguridad y la paz internacionales. Este es el tema que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner propondrá para el debate abierto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que encabezará el martes, mientras la Argentina ejerce la presidencia de ese importante órgano internacional. El evento implicará abrir las puertas del principal foro mundial sobre seguridad, conducido por las cinco potencias de la posguerra, a representantes de Unasur y Celac, que nunca participaron como tales en el Consejo y que son reflejo de un momento de gran integración en la región. A la vez, la presencia de 14 cancilleres y vicecancilleres de distintos países del mundo significará un reconocimiento a la Argentina y un respaldo en esta función diplomática.
La Argentina asumió el jueves la presidencia en el Consejo de Seguridad. Se trata de un cargo que rota todos los meses entre los miembros de ese organismo. La integración del Consejo está dada de la siguiente manera: cinco miembros permanentes, que tienen derecho a veto (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña), y diez miembros no permanentes. La Argentina fue electa el año pasado para ocupar una de esas bancas durante 2013 y 2014. Fue el único país propuesto por el bloque de América latina y el Caribe. Guatemala, que también es miembro, fue elegida un año antes para el período 2012-2013. Los otros países que actualmente forman parte del Consejo de Seguridad son Togo, Marruecos, Ruanda, Corea, Pakistán, Azerbaiján, Australia y Luxemburgo.
El año pasado, CFK también tuvo una presencia poco usual en la ONU; es decir, además de la habitual participación en la Asamblea General. En junio habló ante el Comité de Descolonización, donde la Argentina discute todos los años su reclamo por la soberanía de las islas Malvinas. En esa oportunidad, la Presidenta llevó como acompañantes a senadores y diputados de distintas fuerzas políticas para mostrar que las Malvinas son una cuestión de Estado. Esta vez, la comitiva local será reducida: el mensaje estará dado por los cancilleres de distintos países que participarán. Estarán, además de representantes de Unasur y Celac, los de la Liga de Países Arabes y la Unión Africana. “La cooperación entre los organismos regionales y subregionales figura en el capítulo VIII de la Carta de las Naciones Unidas y siempre se ha trabajado allí cooperando en la solución de conflictos en especial con la Unión Africana y la OEA. La presencia de Unasur y de Celac es muy auspiciosa, pues se trata de organismos nuevos que reflejan un momento de integración muy profundo e importante y que de algún modo se están ‘estrenando’ en el escenario del Consejo”, señaló a Página/12 un diplomático conocedor del organismo internacional. “Que acudan varios ministros y la Presidenta con un discurso unificado y a la vez con un mensaje pacífico y de reforzamiento del multitaleralismo y la cooperación para prevenir conflictos no puede ser subestimado”, agregó.
La Presidenta iniciará su actividad en Nueva York el lunes con un encuentro con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. La mayor expectativa está puesta en su intervención del martes. Allí abrirá el debate, en el que luego podrán participar todos los representantes de los países que hayan acudido al evento. Finalmente, las conclusiones se reflejarán en una resolución, que –el dato no es menor– será consensuada con todos los miembros del Consejo de Seguridad. Esto quiere decir que, por ejemplo, no habrá menciones a Malvinas, más allá de las alusiones que la Presidenta pueda o no hacer durante su intervención. La embajadora argentina ante la ONU, Marita Perceval, ya adelantó que el ámbito de discusión de este tema es el Comité de Descolonización, además de ser uno de los asuntos centrales que CFK plantea todos los años en la Asamblea General.
En la última cumbre del Mercosur, llevada a cabo el mes pasado en Uruguay, se trataron con especial énfasis el espionaje de Estados Unidos sobre países de la región y la retención del avión del presidente boliviano Evo Morales en el aeropuerto de Viena ante la sospecha de que transportaba al ex contratista de la Agencia Nacional de Seguridad Estadounidense Edward Snowden. “La prevención del crimen así como la represión a los delitos transnacionales, incluso el terrorismo, debe enmarcarse en el estado de derecho y la estricta observancia del derecho internacional”, señaló en esa oportunidad el documento del Mercosur. También se propuso solicitar ante la ONU “mecanismos de prevención y sanción” ante las acciones de espionaje y se mandató a la Argentina para que lleve el tema al Consejo de Seguridad. El 22 de julio pasado, Venezuela, que tiene la presidencia pro témpore del Mercosur, presentó las resoluciones de la Cumbre de Montevideo ante el Consejo de Seguridad. Y el lunes, el canciller Héctor Timerman y sus pares del Mercosur mantendrán una reunión con Ban Ki-moon para analizar este tema. Pero resta ver en qué términos podrá mencionarse durante el encuentro del martes. En general, las intervenciones estarán acotadas al tema convocante, que se refiere a las organizaciones regionales y el mantenimiento de la paz.
En la agenda oficial de Ban Ki-moon que aparece en la página de Naciones Unidas figura el encuentro con Timerman, junto a los también cancilleres Antonio Patriota (Brasil), Luis Almagro (Uruguay) y Elías Jaua Milano (Venezuela), para las 11.15 del lunes. Y el de la Presidenta para las cinco de la tarde. Es llamativo que, en el medio, el secretario general recibirá a los representantes de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. Durante la presidencia de la Argentina en el Consejo se realizará otro debate –ya sin la Presidenta– sobre la protección de civiles en conflictos armados. A la vez, durante todo el tiempo, el organismo se encuentra monitoreando especialmente la situación generada por la guerra civil en Siria y el conflicto de Medio Oriente.
Esta es la novena vez que la Argentina integra el Consejo de Seguridad y la decimoquinta que preside el cuerpo. La primera fue en 1948, cuando Estados Unidos cedió su lugar al frente del organismo por ser parte del conflicto que debía tratar, el bloqueo de la Unión Soviética a Berlín. La última vez que el país integró el organismo fue en 2005-2006, durante la presidencia de Néstor Kirchner.

"Estados Unidos y las elecciones argentinas"





Leandro Morgenfeld*
(Miradas al Sur)

El interés del Departamento de Estado por las elecciones locales tiene que ver con su estrategia de avanzar en América latina. Desde el inicio del segundo mandato de Obama, pero sobre todo desde la muerte de Hugo Chávez, la Casa Blanca despliega una serie de iniciativas para reubicarse como potencia indiscutida en la región, luego de una década de avance de la integración a través de distintos proyectos (ALBA, Unasur, Celac, Mercosur) y de la creciente presencia económica de China y otros países extra-hemisféricos.
Obama realizó una gira por Centroamérica, volvió a prometer el cierre de la cárcel de Guantánamo, el vicepresidente Biden viajó por varios países de la región, al igual que el nuevo Secretario de Estado John Kerry. Washington impulsa la Asociación Transpacífica y a la vez alienta la Alianza del Pacífico, un proyecto de integración de matriz neoliberal que nuclea a México, Colombia, Perú y Chile, pero que pretende expandirse a otros países, para contrarrestar la influencia del eje bolivariano. Busca también neutralizar a Brasil y para ello Obama recibirá en octubre a Dilma Rousseff, en una visita de Estado. Además de la estrategia comercial y financiera, Estados Unidos recupera influencia política –por eso observa con atención los procesos electorales– e incrementó su presencia militar, no sólo a partir de la reinstalación de la IV flota del Comando Sur, en 2008, sino también con una red de bases de nuevo tipo, esparcidas por todo el continente.
Sin embargo, el avance de Estados Unidos sobre su histórico patio trasero tuvo escollos. La retención de Evo Morales en Europa (impulsada por Washington para detener a Edward Snowden), más la publicación de documentos secretos que prueban cómo la Agencia Nacional de Seguridad espió a los gobiernos de Brasil, México, Colombia, Venezuela y Argentina, entre otros, revitalizaron las expresiones de repudio frente a las acciones imperiales. La Cumbre antiimperialista realizada esta semana en Cochabamba es una manifestación de este despertar de la resistencia continental.
Washington monitorea atentamente las elecciones en la región, esperando que se debiliten los gobiernos que más enfrentan sus políticas. Rafael Correa fue reelecto en Ecuador, pero critican su ley de regulación de la prensa. Nicolás Maduro ganó la elección contra Capriles, pero la Casa Blanca insistió con desconocer su triunfo. La retención de Evo Morales en Europa puede entenderse también como una advertencia.
En el caso de Argentina, la relación con Estados Unidos tuvo idas y vueltas en los últimos años. En 2011, se tensó por el incidente del avión militar estadounidense retenido en Ezeiza y al conocerse los 2.500 cables filtrados por WikiLeaks, que obligaron a la embajadora Vilma Martínez a bajar su perfil. Persisten las disputas con los fondos buitre que batallan para embargar bienes argentinos y las históricas diferencias comerciales (Argentina junto a Brasil y otros emergentes denuncian los subsidios agrícolas estadounidenses, mientras que Washington repudia las limitaciones a las importaciones establecidas por la Casa Rosada). El Memorándum de entendimiento con Irán también generó tensiones con Estados Unidos, que busca aislar al régimen de Teherán y justificar una acción armada. Lo mismo puede decirse respecto de la presencia de Cristina Kirchner en Cochabamba para acompañar a Evo Morales en la cumbre de emergencia de la Unasur.
Sin embargo, también hubo entendimientos entre ambos gobiernos. Argentina aprobó la Ley Antiterrorista exigida por Estados Unidos a través del GAFI, dio señales a la DEA tras el desplazamiento de Nilda Garré, logró un acuerdo con Chevron, permite a Monsanto ampliar sus actividades y busca el apoyo de la Casa Blanca en la puja judicial con los fondos buitre. La salida de Vilma Martínez y la probable llegada de Noah Mamet como nuevo embajador –un demócrata sin demasiados pergaminos en el ámbito diplomático, pero destacado recaudador de fondos para la reelección de Obama–, puede implicar la pretensión de reiniciar una relación no contaminada por el affaire WikiLeaks.
Es que la publicación de esos documentos mostró cabalmente que Estados Unidos sigue gozando de un poder inusitado. Su Embajada en Buenos Aires, más que un símbolo, es un poder real en el país. Esos cables confirmaron que se inmiscuye en los asuntos internos, opera a favor de las empresas estadounidenses y también presiona en pos de alentar la balcanización latinoamericana. Mientras tanto, muchos políticos argentinos, oficialistas y de la oposición, quedan en evidencia con un doble discurso. Defensores públicos de la soberanía nacional y de la integración latinoamericana, en realidad en privado morigeran sus posiciones. También muestran los documentos que la mayor parte de la población argentina sigue abonando el histórico sentimiento antiyanqui. Eso explica, en parte, la diferencia entre las posiciones públicas y las ofrecidas en los encuentros privados en la Embajada.
Electoralmente, mostrarse cercano a Estados Unidos sigue siendo piantavotos. Eso también explica ciertas sobreactuaciones en los años electorales. En 1946, el naciente líder justicialista revirtió la ofensiva del Departamento de Estado a través de la consigna “Braden o Perón”. Cristina Fernández, en 2011, profundizó un discurso confrontativo con Washington, que morigeró tras obtener la reelección. Este martes va a viajar a New York a una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU –que preside Argentina por este mes– y a desplegar un perfil de alto impacto, denunciando el espionaje masivo del gobierno estadounidense y el bloqueo al avión de Evo. Esto generará cierta irritación en Washington, pero simpatías internas.
El Departamento de Estado está expectante. En la estratégica provincia de Buenos Aires, el candidato que lidera las encuestas es Sergio Massa, aquel que calificó en noviembre de 2009, siendo jefe de Gabinete, a Néstor Kirchner como un psicópata, perverso y cobarde ante la embajadora Vilma Martínez. La Embajada cultiva buenas relaciones con el jefe de Gobierno porteño y con el gobernador de Buenos Aires, entre muchos otros. La diplomacia estadounidense siempre tiene huevos en (casi) todas las canastas. Esperará a ver el resultado de las elecciones para decidir cómo encarar una nueva etapa del vínculo bilateral y si ello implica un cambio en el mapa político regional.


*Docente UBA. Investigador del Conicet. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas
(Ed. Continente, 2011), de Relaciones peligrosas.
Argentina y Estados Unidos
(Capital Intelectual, 2012) y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com

viernes, 2 de agosto de 2013

Se espera un alto perfil en la intervención de Cristina Fernandez en New York el martes próximo

Cristina Kirchner hará una gran puesta en escena en el Consejo de Seguridad de la ONU el martes próximo , y promete romper con los antecedentes históricos de allí: no sólo estará en Nueva York para encabezar una sesión especial en ese espacio de las Naciones Unidas, en el que la Argentina tiene desde ayer la presidencia temporal por un mes. También convocó en el mismo lugar a varios bloques de países del mundo para elevar las denuncias de espionaje de Estados Unidos que alertó el ex espía de la CIA Edward Snowden y no se privará de mencionar la creciente militarización de Gran Bretaña en las islas Malvinas.
Por la dimensión que le quiere dar al encuentro y lo inusual del alcance que buscará imprimirle, todo parecería indicar que la presidenta Cristina Kirchner llevará la campaña electoral al Consejo de Seguridad de la ONU . Sobran motivos para prever este escenario: no hay antecedentes recientes de que un presidente encabece el Consejo de Seguridad y mucho menos que trate de instalar allí un debate acompañado de países ajenos a los miembros plenos o temporales del organismo.
Según confirmaron a LA NACION fuentes de la Cancillería y de varios países que estarán presentes en la ONU, la Argentina convocó a la Liga Árabe, a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a los miembros de la Unasur y al Mercosur para participar del debate que Cristina Kirchner quiere imponer en el Consejo de Seguridad.
En los últimos tres días, la Cancillería trabajó a pleno para ejercer una fuerte presión en las Naciones Unidas e instalar el debate de espionaje como parte de "un tema de seguridad internacional que afecta a los ciudadanos de todo el mundo", según dijeron varios diplomáticos consultados. Así, buscará un compromiso de cooperación internacional en materia de seguridad con la mayor parte de los bloques económicos del mundo.
Algo de esto adelantó el Palacio San Martín en una reunión reservada que hubo el jueves pasado con los embajadores de los países miembros permanentes y temporales del Consejo de Seguridad. Entre éstos había representantes de China, Francia, Rusia, Gran Bretaña, Estados Unidos y miembros no permanentes, como son Australia, Azerbaiján, Guatemala, Luxemburgo, Marruecos, Paquistán, Corea, Rwanda y Togo.
"La Argentina va a hacer una exposición sin precedente en el Consejo de Seguridad y adelantó que el lema que quiere llevar Cristina Kirchner es el rol de las organizaciones regionales para la paz y seguridad mundiales", dijo a LA NACION un diplomático extranjero que estuvo presente en el encuentro en la Cancillería. En este esquema es que Cristina Kirchner quiere abordar el caso Snowden por mandato del Mercosur y la Celac.
Claro que no resultará sencillo para Cristina Kirchner instalar un tema y ponerlo a debate en el Consejo de Seguridad de la ONU, ya que la agenda allí se fija con mucha anticipación y, además, se debe contar con la aprobación de por lo menos nueve miembros. Pero los allegados al canciller Héctor Timerman dijeron que a la Presidenta no le preocupa que se apruebe el tema que lleva al Consejo de Seguridad, sino que sólo buscará mostrar una declaración con su firma sobre la preocupación por el caso de espionaje. En la tribuna contará con sus aliados del Mercosur y la Celac que ya emitieron señales de preocupación por el caso de Snowden y prevén intervenir en la sesión especial. A su vez, la Argentina espera el apoyo de Rusia, ya que le dio asilo temporario al ex espía de la CIA, que estaba alojado hasta ahora en el aeropuerto de Moscú.
Se prevé un discurso encendido de Cristina Kirchner en la ONU contra Estados Unidos por el caso de espionaje y un pedido de explicaciones a Washington por la supuesta violación de la intimidad de los ciudadanos de varios países, tal como lo denunció Snowden. Pero todo podría quedar en la nada: es decir, en una simple puesta en escena y un discurso de alto voltaje político sin la aprobación de una resolución.
En la Cancillería también dijeron que la Presidenta elevará en la ONU las denuncias sobre la creciente presencia militar de Gran Bretaña en la zona del Atlántico Sur y planteará este tema como una "amenaza de seguridad" en la región.
Diplomáticos extranjeros coincidieron ante LA NACION en que trasladar la temática de Malvinas al Consejo de Seguridad de la ONU "no será pertinente, ya que no es el escenario adecuado". Así, el discurso presidencial sólo tendría utilidad electoral.

Advierten en EE.UU. por los lazos con Irán

WASHINGTON.- Legisladores norteamericanos situaron ayer a la Argentina entre los países que, junto con Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, "socavan" la prédica de los Estados Unidos en la región y "abren los brazos" al régimen iraní.Así lo expuso la legisladora republicana Ileana Ros Lehtinen, en una reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, en la que se evaluó la actividad de Irán en América latina, a 19 años del ataque a la AMIA. El encuentro repasó el informe del fiscal argentino Alberto Nisman y expresó, una vez más, signos de desconfianza hacia el gobierno de Cristina Kirchner por su acuerdo con Teherán.

Evo Morales participa hoy en el cierre de la Cumbre Antiimperialista

 

Presidente Evo Morales clausura este viernes Cumbre Antiimperialista

Telesur
Más de mil 200 delegados participantes y miles de cochabambinos se darán cita en la avenida Blanco Galindo para mostrar su respaldo a las determinaciones de la Cumbre Antiimperialista realizada en Bolivia.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, hará la clausura este viernes de la Cumbre Antiimperialista que sesionó durante los dos últimos días en el Hotel Cochabamba (centro).
La concentración convocada por el Pacto Social boliviano une a cinco organizaciones sociales del país, y rechazaron el bloqueo aéreo que sufrió el mandatario en Europa en el mes de julio.
Los participantes de la Cumbre se congregarán este viernes en la avenida Blanco Galindo, en la ciudad de Cochabamba, para mostrar su respaldo y escuchar al orador de la jornada, el jefe de Estado.
En las discusiones previas se aprobaron resoluciones por los miembros de seis mesas de trabajo, las cuales pasarán a formar parte de la resolución final de la Cumbre.
El documento final será presentado por los delegados de los movimientos y organizaciones sociales con la sistematización de esas resoluciones, de 10 a 15 puntos específicos como el respaldo de la demanda marítima boliviana, la salida de las bases militares de Colombia o la devolución de las Islas Malvinas a Argentina, entre otros.
El texto también señala que los países de la región deben hacer frente a las pretensiones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de promover el imperialismo. Por ello, la Cumbre Antiimperialista insistió en la necesidad de crear una Comisión regional que defina los puntos de defensa de los Derechos Humanos.
Los movimientos sociales hicieron un llamado a los Gobiernos de los países latinoamericanos a expulsar de sus territorios las bases militares de Estados Unidos, de modo de preservar su soberanía e independencia.
El centenar de organizaciones sociales, de 18 países, reunidas en el Hotel Cochabamba, también condenaron la posición de España, Francia, Portugal e Italia de impedir el sobrevuelo y operaciones del avión presidencial boliviano por sus respectivos territorios.
La Cumbre Antiimperialista inició el 31 de julio en la ciudad de Cochabamba (centro) y culmina este 02 de agosto con el objetivo de crear un instrumento político para la liberación latinoamericana.
En el encuentro participaron delegados de 15 países, más delegados de 36 organizaciones sociales de Bolivia, conjuntamente con representantes de los países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Organizaciones de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), entre otros.

jueves, 1 de agosto de 2013

Argentina en la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU

 
Será por un mes

Argentina asume la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU

Télam
La Argentina asume la Presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, posición que conservará durante un mes en su calidad de Miembro no Permanente.
"Argentina desempeñará la Presidencia teniendo presente la necesidad de fortalecer el órgano en un momento en que la comunidad internacional busca dar respuesta a varios desafíos que recientemente han cobrado muchas víctimas", señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado divulgado hoy.

Entre estos desafíos, la Cancillería mencionó "la necesidad de estabilizar y fortalecer a varios Estados que han enfrentado conflictos armados" ante el número creciente de refugiados.

Argentina fue elegida como Miembro no Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el período 2013-2014 con el apoyo unánime de los países de América latina y el Caribe y, como tal, ocupará una de las dos bancas que representan a la región.

La presidencia del Consejo, en tanto, tendrá una duración de un mes, en cumplimiento del mecanismo de rotación mensual por orden alfabético que rige para sus miembros en se órgano.

Como parte de este órgano de seguridad de la ONU y desde su posición de ejercer la presidencia, Argentina "seguirá promoviendo la acción multilateral, la no intervención en asuntos internos, la transparencia y la mayor democratización de las Naciones Unidas, con pleno respeto a los derechos humanos y al derecho humanitario con el convencimiento de que la paz duradera se construye sobre la base de la verdad, justicia y la igualdad así como el desarrollo socio-económico y la inclusión social", agregó el comunicado.

El Consejo de Seguridad es el órgano de las Naciones Unidas encargado de velar por la paz y seguridad internacional y, como tal, puede además considerar y tomar decisiones para promover arreglos pacíficos de controversias.

El Consejo es, además, el único órgano cuyas decisiones, en caso de amenazas a la paz o actos de agresión, son obligatorias para los Estados miembros, a diferencia de otras reparticiones de la ONU que únicamente pueden realizar recomendaciones a los gobiernos.

Una de las herramientas principales con las que cuenta el Consejo son las Operaciones de Mantenimiento de la Paz, que actúan con diferentes mandatos en países y zonas de conflicto.

Argentina participa actualmente con efectivos en Operaciones de Mantenimiento y Reconstrucción de la Paz en Haití, África, Europa y Medio Oriente.

El Consejo está compuesto por 15 Estados Miembros de las Naciones Unidas, de los cuales cinco de ellos tienen una membresía permanente: Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China y Francia.

Los restantes diez miembros no permanentes del Consejo son: Argentina, Guatemala, Togo, Marruecos, Rwanda, República de Corea, Pakistán, Azerbaiyán, Australia y Luxemburgo.

Estos diez miembros no permanentes son electos de cinco en cinco cada año y por un período de dos años como representantes regionales, conforme a una distribución geográfica equitativa: cinco Estados de Africa y Asia, uno de Europa Oriental, dos de América latina y dos de Europa Occidental y otros estados.

La presidencia del Consejo se rota mensualmente de manera alfabética, cada miembro del Consejo tiene un voto y las decisiones en general requieren del voto afirmativo de, al menos nueve miembros, aunque los cinco miembros permanentes cuentan con derecho a veto.

Espionaje EEUU: "El ojo del mundo: ¿qué fue el Proyecto Venona?"

Ethel y Julius Rosenberg, ejecutados en 1953 acusados de espionaje


El ojo del mundo: ¿qué fue el Proyecto Venona?

Por Mario Rapoport (Página/12)


El espionaje masivo puesto al descubierto por Edward Snowden no es una situación excepcional en la historia norteamericana. Mario Rapoport recuerda el caso del Proyecto Venona, basado en la concentración de los cablegramas que entraban y salían de Estados Unidos, tan secreto como el revelado por Snowden y que comenzó a mediados del siglo pasado.
 

El caso Snowden, ex contratista de la CIA que denunció la voluntad omnímoda de los Estados Unidos de ser el “ojo del mundo” y obtener información de donde sea, no debe confundirse con el de Wikileaks, que puso al descubierto lo que la diplomacia norteamericana piensa de gobiernos o funcionarios de otros países y de sus políticas y cómo actúa respecto de ellos. Este tipo de documentos forma parte de un procedimiento habitual de trasmisión de la información que proviene de embajadas y organismos internacionales de distinto tipo para la toma de decisiones de todos los gobiernos. El escándalo surgió porque los mismos, que están por lo general a disposición de los investigadores cada 25 o 30 años, tuvieron un alto impacto porque se refieren a episodios recientes y a dirigentes públicos en pleno ejercicio de sus funciones, algo parecido a lo que ocurrió hace años en Estados Unidos con los llamados papeles del Pentágono, que informaban sobre la participación militar de EE.UU. en Vietnam entre 1945 y 1967, dados a conocer en la prensa a partir de 1971 por Daniel Ellsberg, un funcionario de aquel organismo; o con el caso Watergate, que hundió al presidente Nixon en su afán de conocer los secretos políticos del Partido Demócrata, su adversario en las elecciones presidenciales.
Otra cosa ocurre con el impulso de la informática y de las comunicaciones, que tienen su origen en nuevas tecnologías creadas en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría y luego adaptadas comercialmente a partir de los años ’60 y ’70, lo que posibilitó el surgimiento de bases de información con dos tendencias contrapuestas bien nítidas. Por un lado, para los Estados Unidos y otras potencias, implicó la posibilidad de controlar la vida de cualquier ciudadano del mundo, empezando por los de sus propios países. Por otro, permitió crear redes sociales y de conocimiento independientes que dieron la posibilidad de difundir ideas distintas de las de los medios manejados por los grandes poderes internacionales, tanto en la gráfica, como en Internet. Era inevitable que “el ojo del mundo” procurara penetrar en ese torrente cada vez más caudaloso de información y tratara de introducirse en las fuentes que generan pensamientos o ideas disonantes o distintivas de las del imperio, incluyendo nombres y sectores políticos y económicos que afectasen sus intereses o su dominación a lo largo y ancho del globo. Ya no es una información propia de la acción diplomática, sino que constituye un acto de espionaje puro, como los de las agencias de Inteligencia. En este caso, antes de la Segunda Guerra Mundial, existía el FBI, una agencia nacional que cumplió también en ocasiones tareas de espionaje a nivel internacional, y durante el conflicto bélico se creó la OSS (Oficina de Asuntos Estratégicos), disuelta y reemplazada por Truman por la Agencia Central de Inteligencia, la bien conocida CIA. También fue creado en la posguerra el Consejo de Seguridad Nacional (NSC), ligado al presidente y que cobró cada vez mayor importancia en los circuitos de información.
Por otra parte, adelantándose a la aparición de Internet, los sistemas de conocer las comunicaciones de otros ya existían. A gran escala, la iniciativa más grande en este sentido emprendida por los norteamericanos fue el Proyecto Venona. La historia empezó durante la Segunda Guerra Mundial y sin hackers ni las posibilidades enormes de control que brinda la informática. El objetivo era entonces el de interceptar y conocer las comunicaciones existentes entre uno de sus principales aliados durante aquel conflicto, la ex Unión Soviética, con sus representantes diplomáticos, políticos o militares; agentes encubiertos; redes de espionaje; o, simplemente, ciudadanos influyentes en los Estados Unidos. Se contó, a su vez, con la colaboración del otro aliado, la también anglosajona madre patria británica. De ese modo se concentraron y descifraron los cablegramas y mensajes que circulaban entre Moscú y América del Norte en plena guerra, y que, potencialmente, podrían amenazar la seguridad del país del Norte. El proyecto se denominó Venona y no llegaron a conocerlo, o sólo tuvieron de él un conocimiento parcial, inclusive algunos presidentes norteamericanos. Tampoco se tenía la certeza de que serviría para algo porque, en un principio, no podía descifrarse el contenido de los mensajes. Eso llegaría pronto y algo casualmente por un error de la inteligencia soviética, y aun así prevaleció el secreto sobre el contenido de los mismos hasta la caída del bloque rival, en la década de 1990, cincuenta años más tarde de haberse programado.
Todo comenzó en 1939, cuando el gobierno de Washington tomó la iniciativa de recolectar copias de los cablegramas que entraban y salían de los Estados Unidos, aunque recién a partir de 1943, el coronel Clarke, jefe de una rama especial de la División de Inteligencia Militar del Departamento de Guerra, ordenó descifrar aquellos que correspondían a intercambios con Moscú. Los cables del Proyecto Venona indicarían, por ejemplo, que el ex subsecretario del Tesoro durante el gobierno de Roosevelt y fundador del FMI, Harry White, habría tenido contactos directos con los servicios de Inteligencia soviéticos, a quienes trasmitía o comentaba informaciones del gobierno o de sus actividades, aunque no resulta probado en ellos que hubiera pasado documentación alguna. El historiador oficial del FMI, James Boughton, señala en un artículo que si esos contactos existieron, tenían más que ver con propias responsabilidades oficiales o sociales en el contexto de la alianza norteamericano-soviética durante la guerra que con una actividad de espionaje.
Los cables Venona comprenden tres principales categorías: aquellos que contienen informes sobre las opiniones trasmitidas por espías norteamericanos, los informes de conversaciones entre funcionarios norteamericanos y rusos, y los que proveen sólo un contexto general o contienen información poco útil. ¿Eran esas conversaciones una forma de espionaje? ¿Eran meramente indiscreciones? ¿O eran un legítimo ejercicio de actividad profesional persiguiendo los objetivos de los EE.UU. a través de canales discretos? Según Boughton, “emerge una interpretación benigna de la evidencia cuando se examinan [...] los contactos frecuentes [de White y otros funcionarios] con oficiales soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial. El presidente Roosevelt estaba ansioso por desarrollar buenas relaciones de trabajo con Stalin [...] basadas en la importancia de la cooperación económica”. Por lo que descarta que fueran espías. Más importante que todo eso era la visión del internacionalismo rooseveltiano, que creía que el mantenimiento de la paz se hallaba estrechamente vinculado al fortalecimiento de la alianza norteamericano-soviética, lo que quizás habría evitado la llamada Guerra Fría. Por cierto, que esto no dependía sólo de Washington sino también de Moscú, cuyos servicios de espionaje externos e internos eran también relevantes, desde la Cheka al KGB, y en cuyo ejemplo se inspiró realmente Orwell para su novela 1984.
Otro caso notable fue el del espionaje atómico, que llevó a la ejecución, en junio de 1953, de los esposos Julius y Ethel Rosenberg. Las pruebas que llevaron a acusar a ambos no se basaban en el Proyecto Venona, que no era público y sólo lo conocían los servicios secretos, sino en delaciones del hermano de Ethel. Sin embargo, de esa manera pudo salvarse él mismo, aunque se declarara igualmente culpable, como sucede frecuentemente en la Justicia norteamericana. Con respecto a los Rosenberg, su participación en una red de espionaje atómico fue confirmada sólo en parte por los cables Venona que ya se habían descifrado. Estos prácticamente exculpaban a Ethel Rosenberg y hubieran podido librar de la ejecución a su esposo por su rol menor en el affaire. Además, aun pudiendo haber existido espionaje, en tiempos de guerra ambos países eran aliados, no enemigos, y tal castigo no habría debido aplicarse en este caso. Al mismo tiempo, esos mismos cables daban a conocer a los principales responsables de la fuga de información atómica, que sufrieron sólo penas de prisión, como el físico alemán Klaus Fuchs. De este modo, la recolección de la información y su posterior manipulación produjeron dos víctimas fatales.
Como antes el comunismo, ahora el terrorismo es la principal justificación de lo que el gobierno de Estados Unidos llama operaciones de vigilancia, aunque en realidad se trata de un programa de obtención de información masiva que comenzó con el “acta patriótica” después de la caída de las Torres Gemelas y permitió investigar e interrogar a cualquier ciudadano sin autorización judicial alguna, y siguió con el Programa Prism, que controla todo lo que circula en Internet. Ni el mismo Orwell se habría imaginado esta pesadilla ya vigente desde el secretísimo Proyecto Venona.