Alejandro Simonoff, Julián Kan y Leandro Morgenfeld coordinan la Mesa 30"Historia de las relaciones internacionales y de la integración regional de América Latina desde las independencias hasta la actualidad", en las Jornadas Interescuelas de Historia, a realizarse en Santiago del Estero en mayo de 2022.
Debajo está el link a la Circular IV con las condiciones para la presentación de resúmenes (vence el 30 de agosto de 2021) y ponencias (17 de diciembre de 2021).
María Cecilia Míguez y Leandro Morgenfeld (Coordinadores)
Buenos Aires: Teseo Press. 2020. 438 páginas.
Por María Paula Mareco
Una de las áreas menos indagadas en los estudios sobre política exterior latinoamericana es aquella que vincula los factores domésticos con las relaciones internacionales. De hacerlo, se suele proponer una mirada institucionalista, centrándose en el Poder Ejecutivo y Cancillería, pero desconociendo la marcada -y compleja -incidencia de otras variables internas sobre la política exterior de los Estados. La obra de Míguez y Morgenfeld justamente busca ahondar en estas aguas poco exploradas. El libro se trata de una compilación, en el marco de dos proyectos de investigación dirigidos por los autores entre 2015 y 2020. Se busca en estas páginas, a través de una perspectiva histórica, explorar la intrincada combinación de factores que inciden sobre el diseño e implementación de una política exterior, y en consecuencia, de un patrón de inserción internacional. El tono de la obra es marcadamente latinoamericanista, propugnando una perspectiva en miras del desarrollo autónomo de nuestras naciones, y cuestionando la dependencia estructural que limita a la región. La primera sección da cuenta de los debates teóricos y propuestas metodológicas subyacentes al análisis de los condicionantes internos de la política exterior. Inaugura la sección un texto de María Cecilia Míguez, compiladora del libro y experta en Relaciones Internacionales e Historia Política Argentina.
Allí enumera, describe y también problematiza ciertas dimensiones nacionales con impacto en la política exterior de un Estado, lo cual realiza en función de la cualidad estructural de dependientes que subsiste para los países latinoamericanos. Como segundo capítulo encontramos el texto de Leandro Sánchez, quien se pregunta por la capacidad de agencia de los movimientos sociales en la política internacional. La noción de agencia introduce un elemento foráneo al mainstream de las Relaciones Internacionales, ya que suele ser una presunción analítica. Al preguntarse sobre la agencia y su relación con la estructura, el autor echa luz sobre fenómenos que permanecían ocultos en ese presupuesto. Las perspectivas teóricas y metodológicas plasmadas al inicio son puestas en funcionamiento en la segunda sección de esta obra, que compila artículos de diversa casuística. En el capítulo que inaugura esta sección, Roberto García y Martín Girona se acercan al fuerte impacto que tuvo la Revolución Cubana en la política exterior del Uruguay entre 1959 y 1964. La tardía ruptura del país con Cuba se entiende según los...
El analista internacional Leandro Morgenfeld repasa en esta
entrevista la política del presidente Joe Biden hacia América Latina
donde busca hacer equilibrio entre los intereses del establishment y un
discurso de defensa de la democracia y los Derechos Humanos.
Manifestante ondea una bandera de Cuba frente a la Casa Blanca en Washington D.C.
Las últimas semanas América Latina se vio particularmente
convulsionada. Desde el magnicidio del presidente de Haití, Jovenel
Moïse, pasando por las protestas en Cuba, hasta el reconocimiento de
Pedro Castillo como presidente de Perú luego de semanas de demoras e
impugnaciones.
El historiador e investigador del Conicet, Leandro Morgenfeld,
analiza como se ha movido el gobierno de EE.UU. ante este particular
escenario atravesado por la pandemia y el crecimiento de la influencia
de China en su histórica área de influencia.
En ese sentido asegura que estamos “en un proceso de transición
hegemónica” que llega hasta nuestras latitudes. Particularmente en
América del Sur donde China ya reemplazó a Washington “como principal
socio comercial transformándose en un importante inversor y
prestamista”.
– En la última semana Cuba fue
noticia por las protestas contra el gobierno, pero también por las fake
news difundidas por medios internacionales y pedidos de «intervención»
de EE.UU. ¿Cuál ha sido la posición de la administración Biden respecto a
la isla? ¿Ha cambiado algo respecto a Donald Trump?
– Lo primero que hay que señalar es que hace más de 60 años hay una
política exterior bipartidista de agresión contra Cuba que tuvo
distintas modalidades. Desde la invasión militar a Bahía de Cochinos en
1961; pasando por el bloqueo comercial financiero y económico que tiene
más de seis décadas y se reforzó en los años ’90 (es decir en la post
Guerra Fría); usar millones de dólares para intentar que distintos
grupos contrarios a la revolución desestabilicen y provoquen un cambio
de régimen. También hubo innumerables intentos de magnicidio contra
Fidel Castro perpetrados y organizados por la CIA entre muchas otras
formas de tratar de derrotar a la revolución.
Esto es una constante con distintas administraciones republicanas y
demócratas. Lo que hay es una diferencia, si se quiere, en el balance de
eso que no lograron hasta ahora y en cuál es la mejor estrategia para
lograr ese objetivo.
Lo que ocurrió durante el segundo mandato de Barack Obama es que hubo
sectores que planteaban que no se podía mantener el bloqueo. Desde 1992
viene siendo rechazado en Naciones Unidas por todos los países menos
Israel y empresarios que quieren hacer negocios con Cuba ven como China,
Brasil, Canadá, España, Venezuela, etc. comercian con la isla y EE.UU.
no, cuándo hasta 1959 fue su área exclusiva de influencia. Por eso
impulsaron una suerte de distensión bilateral.
No levantó el bloqueo -que requiere un consenso bipartidista en el
Congreso- pero sí permitió los viajes que habían aumentado el turismo en
la isla y se aflojaron una serie de cuestiones que permitieron el envío
de remesas.
Sin embargo con Trump, para ganar a los sectores anticastristas de
Florida, hubo una posición muy dura desde que asumió y volvió con la
retórica de la Guerra Fría. No rompió relaciones diplomáticas pero sí
dio marcha atrás con muchas medidas que había tomado Obama.
A esto se sumó la pandemia que hizo que cayera un 11% el PBI de Cuba y
hubo un brutal descenso del turismo por lo mismo, generando escasez de
dólares. Sumado a la imposibilidad de enviar remesas o la dificultad que
se produjo por la profundización del bloqueo cerrando los más de 400
locales de Western Union que había en la isla, produjo una asfixia. Por
ejemplo para la cuestión energética que fue uno de los disparadores de
las protestas.
Biden si bien se esperaba que volviera a la política de Obama, desde
que asumió en enero dijo que Cuba no era su prioridad. Mantuvo a la isla
en la lista de países que patrocinan en el terrorismo a la cual había
quitado Obama y Trump volvió a poner. Esto supone una serie de
sanciones, incluso a empresas no norteamericanas, como parte del bloqueo
ilegal y extraterritorial.
El jueves pasado también hizo declaraciones, corrido por los sectores
ultraderechistas de EE.UU., que por ahora no va a haber ninguna vuelta
atrás. El Departamento de Estado sigue inyectando millones de dólares
para promover las protestas y todo esto marca un consenso bipartidista.
Aunque hay que decirlo, hay fracturas en el Partido Demócrata porque
emergieron nuevos liderazgos que cuestionan esta política imperialista.
Tanto los movimientos sociales como la izquierda del partido.
– La agenda mediática regional
parece haber dejado rápidamente atrás el magnicidio del presidente de
Haití, Jovenel Moïse, sin embargo se trata de un hecho muy grave y sin
precedentes en años recientes. Ex militares colombianos, algunos
entrenados por EE.UU., y dos haitiano-estadounidenses parecen ser los
responsables ¿Es posible que una acción de estas características se
llevará a cabo en el país sin conocimiento de Washington?
– Toda esta campaña internacional fomentada por los grandes medios de
comunicación alineados con Washington mediante fake news y creando el
hashtag #SOSCuba, orquestado en el marco de una guerra híbrida contra la
isla permite distraer la atención del brutal magnicidio que se produjo
contra Jovenel Moïse.
Se confirmó que hay norteamericanos y 26 ex militares colombianos
implicados. El propio Pentágono reconoció que algunos de esos militares
fueron entrenados en EE.UU.
Es decir que han dejado los dedos pegados en una nueva agresión
contra Haití. Quizás el país que más sufrió los embates del imperialismo
en los últimos 200 años. Vemos a la Colombia de Duque y Uribe, el país
más penetrado desde el punto de vista militar por EE.UU., que sigue
siendo su peón en América del Sur, muy vinculado a este magnicidio.
En vez de estar hablando todos los medios de América Latina de la
brutalidad de esta situación; en vez de estar hablando de cómo el
gobierno de Macri en Argentina, de Lenin Moreno en Ecuador y Bolsonaro
en Brasil estuvieron implicados en el apoyo al gobierno golpista en
Bolivia; se distrae la atención con el tema de Cuba y no ponemos el foco
en esta situación gravísima que ocurrió en Haití.
Vemos como las derechas y sus medios de comunicación vuelven a
arengar con el fantasma del comunismo para atacar en cada uno de los
países a gobiernos que intentan incluso discursivamente una política
igualitarista. O a aquellos que reivindican principios históricos como
hicieron México y Argentina de no intervención y respeto al derecho
soberano de cada pueblo a determinar que tipo de gobierno y sistema
político eligen.
Claramente Cuba, como antes lo vimos con Venezuela o Nicaragua, se
utiliza para instrumentar una avanzada ultraderechista alineada con
Washington.
– Al margen de estos casos
puntuales, la posición estadounidense frente a América Latina parece ser
ambigua en algunos aspectos. Si bien mantienen la política de agresión a
Venezuela no se han sumado (al menos explícitamente) al intento de
arrebatarle el triunfo electoral a Pedro Castillo en Perú, un candidato
sin duda menos afín a EE.UU. que Keiko Fujimori ¿Hay diferencias en la
administración Biden respecto a América Latina?
– Creo que hay matices importantes entre la administración Biden y el
gobierno anterior de Donald Trump. Biden pretende recuperar la alicaída
imagen de EE.UU. en la región apelando al multilateralismo, a la
diplomacia y no a esa perspectiva bilateral contra cualquier institución
internacional y muy agresiva que tenía su antecesor. Todo el tiempo
estaba reivindicando un discurso más propio de la Guerra Fría.
En ese sentido Biden hace un delicado equilibrio entre mantener los
intereses estratégicos del establishment de EE.UU. (siguen buscando el
cambio de régimen en Cuba y Venezuela), pero al mismo tiempo elabora una
política exterior que dice defender los valores multilaterales, la
democracia y los Derechos Humanos. En ese sentido le resulta muy difícil
a un gobierno así alinearse con Keiko Fujimori en Perú y no reconocer, a
pesar de que pusieron todas las trabas posibles, al presidente electo
Pedro Castillo.
Hace equilibrio en un continente que muestra vigorosos procesos de
protesta social y potencial cambio político como ocurrió en Perú y está
ocurriendo en Chile, posiblemente ocurra el año que viene en Colombia y
hace tres años ocurrió en México. Es decir cuatro países que integraban
la Alianza del Pacífico, que tenían gobiernos neoliberales y alineados
con EE.UU., estamos viendo como con distintos procesos se dan enormes
movilizaciones y cambios políticos por arriba.
Por supuesto el gran interrogante es qué va a pasar en Brasil que
tiene un gobierno como el de Bolsonaro totalmente alineado con Trump y
que con Biden tiene sus diferencias. Como indican las encuestas hay
serias posibilidades de la vuelta al gobierno del Partido de los
Trabajadores (PT) de Lula.
Entonces eso abre fracturas al interior de la administración
estadounidense y le pone algún coto a quienes plantean políticas más
duras y abiertamente intervencionistas en la región. Cómo por ejemplo
las que a través de su peón Luis Almagro llevaron adelante en Bolivia en
2019, apoyando al gobierno que surgió después de un golpe de Estado.
Ahí vemos una política de Trump abiertamente injerencista y golpista
que apoyaron también algunos gobiernos derechistas de la región a
instancias de la jugada que hizo la Organización de Estados Americanos
(OEA) y por supuesto de EE.UU. Luis Almagro no hace nada sin la
dirección política de Washington.
– En estos días circuló en las
redes sociales un mapa que muestra la expansión de China como principal
socio comercial de la mayoría de los países del mundo, incluidos los de
América Latina, en detrimento de EE.UU. ¿Qué supone esto para
Washington? ¿La reciente donación de vacunas a la región se inscribe en
un intento por contener el avance de Beijing?
– Si, estamos en un proceso de transición hegemónica. De declive de
EE.UU. y ascenso de China. La gran duda es si vamos hacia una nueva
hegemonía a nivel global, si vamos hacia un sistema de bipolaridad o un
mundo mucho más multipolar. Pero sin duda en todos los órdenes
-económico, comercial, financiero, político, militar- hay un creciente
rebalanceo del poder.
Esto por supuesto preocupa mucho a EE.UU. que está intentando
resistir en todo el mundo y sobre todo en su «patio trasero».
Particularmente en América del Sur donde ya China lo reemplazó como
principal socio comercial transformándose en un importante inversor y
prestamista.
Entre todas esas disputas también está la de lo que se llama ‘Soft
power’, el poder blando. Y eso, en el marco de una pandemia global,
tiene que ver con las vacunas.
Países con mayor vínculo comercial en 2000 y 2020
EE.UU. había quedado bastante rezagado en ese punto. China tuvo una
política muy activa con el avance de sus vacunas y lo que está haciendo
Washington ahora -que tiene bastante resuelto el tema de su vacunación-
es utilizar el enorme poder económico que tiene para hacer diplomacia
con esto.
Lo que se hablaba durante la presidencia de Obama como ‘Smart power’,
una combinación de ‘hard power’ y ‘soft power’. Pero este último, que
había sido dejado de lado por la administración Trump, hoy con Biden lo
estamos viendo de nuevo.
Entonces esta donación de vacunas tiene un doble objetivo. Por un
lado presionar al gobierno argentino para que modifique la ley existente
y firme contratos jugosos con laboratorios norteamericanos. Esto es
histórico: usar la donación como elemento de chantaje. Y al mismo tiempo
mostrar que EE.UU. es solidario en el contexto de pandemia.
Argentina pasó a ser un país clave en el contexto de
redireccionamiento de las fuerzas políticas en la región. Porque tiene,
en algunos puntos de materia de política exterior, una posición
interesante de autonomía (en otros muestra claroscuros). Por eso se
busca que no avance con un discurso de mayor confrontación con EE.UU. y
acercamiento hacia China.
Eso explica esta novedad de la donación de vacunas hacia distintos países de la región.
Durante más de 60 años, Cuba ha sido sometida a una
guerra económica a partir un sistema de sanciones coercitivas
unilaterales y extraterritoriales que no tiene paralelo en la historia
moderna. Este Bloqueo económico ha tenido impactos devastadores para la
población cubana en general y para el logro de los objetivos de
desarrollo con equidad y justicia social planteados por el proceso
revolucionario cubano desde sus inicios. A los efectos del bloqueo
económico que se recrudeció a su expresión máxima durante la
administración Trump y se asumido invariablemente por la actual
administración, se suma el impacto económico de la pandemia de la
Covid -19.
Se mantiene la permanente hostilidad e hipocresía
de los gobiernos temporales de Estados Unidos, avalada por una
permanente razón de Estado que deja claro que en realidad no persiguen
en la Isla, como argumentan con su invariable lenguaje engañoso, una
Revolución reformada, ni tienen una preocupación humanitaria por el
bienestar del pueblo cubano, sino que aspiran a una Revolución
arrodillada y derrotada y persisten en lograr el ansiado “cambio de
régimen”.
En este contexto, la Revolución Cubana es objeto,
una vez más, de acciones provocadoras –promovidas por instancias del
gobierno de Estados Unidos y por los sectores contrarrevolucionarios de
la emigración cubana que tradicionalmente operan como funcionales piezas
en la vieja estrategia subversiva, renovada hoy con las plataformas que
brindan las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información–,
dirigidas a materializar estallidos sociales, manipulando la difícil
situación que vive la Isla desde el punto de vista económico. Se intenta
demostrar que en Cuba existe un “Estado Fallido”, profundizando el
intento por dividir al pueblo cubano, en quebrar su unidad y propiciar
su alejamiento del liderazgo revolucionario.
El Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos llama
a las instituciones académicas y culturales, activistas y movimientos
sociales, intelectuales y estudiantes comprometidos con la lucha que se
libra desde el pensamiento crítico latinoamericano y mundial en el que
se inserta su quehacer, a mantenerse alertas, oponerse, denunciar y
desenmascarar por todos los medios a su alcance, la nueva escalada
imperialista, que persiste en su propósito de derrocar al proceso
cubano, desconociendo su legitimidad, difundiendo de modo cínico y
perverso mentiras y calumnias, que pretenden desconocer y tergiversar la
voluntad popular masiva, que bajo la guía del liderazgo histórico de la
Revolución, continuada por la actual dirección del Estado cubano,
persiste con firmeza en su empeño por defender su independencia, su
soberanía y su proyecto socialista de emancipación, haciendo suyo el
ideario martiano: “con todos y para el bien de todos”.
Nuestro Grupo de Trabajo se solidariza con el
pueblo cubano y con su Revolución, y llama a denunciar la verdadera raíz
de la reciente acción subversiva, respaldando la defensa legítima que
hacen los patriotas cubanos, enfrentando con decisión las frustradas
intentonas provocadoras, promovidas esencialmente por mercenarios,
pagados por el imperialismo, que cumplen indicaciones de sus amos, con
el concurso de elementos antisociales, logrando atraer a personas que
sufren carencias, sin que ello constituya una oposición política
significativa en términos cualitativos ni cuantitativos.
13 de Julio de 2021 Nuestra América Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Esta declaración expresa la posición del Grupo de Trabajo Estudios sobre Estados Unidos
y no necesariamente la de los centros e instituciones que componen la
red internacional de CLACSO, su Comité Directivo o su Secretaría
Ejecutiva.
America is back? Biden y la transición del poder hegemónico global
CLACSO TV, Viernes 25 de junio
Objetivo:
Reflexionar sobre las fracturas internas y la formulación de política exterior, principalmente hacia América Latina y el Caribe, durante los primeros 100 días de la administración de Joseph Biden. El presidente de Estados Unidos ha tomado decisiones que sugieren una mayor participación del Estado en los asuntos públicos (el primero desde Lyndon B. Johnson), en el marco de la crisis sanitaria y el acceso a vacunas, las crisis migratoria y económica, el objetivo es el regreso de Estados Unidos a la arena internacional. ¿Es posible o estamos ante la inminente transición del poder hegemónico global?
En el marco de este encuentro se presentará el quinto número del Boletín Estados Unidos: Miradas críticas desde Nuestra América: Los primeros 100 días del gobierno de Biden, elaborado por el Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Participan:
Yasmín Martínez Carreón (México)
Luis Suárez Salazar (Cuba)
Jaime Zuluaga Nieto (Colombia)
Raúl Rodríguez (Cuba)
Carlos Eduardo Martins (Brasil)
Comentan:
Leandro Morgenfeld (Argentina)
Gabriel Merino (Argentina)
Modera: Mariana Aparicio Ramírez (México)
Organizan:
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos, Universidad de La Habana
Programa de Pós-graduação em Economia Política Internacional, Universidade Federal do Rio de Janeiro
Grupo de investigación “Las cuatro estrategias de América Latina frente a la crisis de hegemonía estadounidense y la transición hacia un mundo multipolar” en el marco de la beca de CLACSO Los desafíos del multilateralismo en un mundo multipolar y tiempos de crisis
Con gran satisfacción
y luego de un enorme esfuerzo para publicar un nuevo número en las
circunstancias que nos tocan vivir, anunciamos la salida del número 20 de nuestra Revista
"Huellas de Estados Unidos: estudios, perspectivas y debates desde América Latina", en lo que marcan 10 años de publicación ininterrumpida.
Los invitamos también a sumarse a nuestra página de Facebook, donde podrán encontrar información tanto de la Revista como de diversas actividades, oportunidades de publicación
y otras novedades: https://www.facebook.com/huellasdeeua
El gobierno del Frente de Todos, encabezado por Alberto Fernández y
Cristina Kirchner, anhelaba un triunfo de Joe Biden en las elecciones de
noviembre pasado, aunque no lo haya manifestado públicamente para no repetir el
error de su antecesor Mauricio Macri, quien había expresado su simpatía por Hillary
Clinton en 2016. Fernández prefería al candidato demócrata por las mayores
afinidades políticas e ideológicas, por los vínculos construidos a lo largo de
años –como senador y vicepresidente, además de sus negocios familiares-, y por
las diferencias que lo separaban de Donald Trump, quien mantuvo una fluidísima
relación con la Administración de Juntos por el Cambio (2015-2019). El actual mandatario
argentino, el primero de la región en felicitar públicamente al demócrata el 7
de noviembre, espera superar las diferencias que tuvo con el asesor Mauricio
Claver-Carone –hoy presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a
pesar de la oposición argentina a romper con la tradición de un latinoamericano
al frente de ese organismo financiero regional- y especula que con Biden tendrá
un diálogo más amplio y constructivo, incluyendo la compleja negociación con el
Fondo Monetario Internacional (FMI). El 21 de enero le envió a su par
estadounidense una carta deseándole los mejores augurios[1].
Hay expectativas, además, en destrabar el ingreso de las exportaciones de
biodiesel –un negocio de 1200 millones de dólares-, bloqueadas por Trump desde
2017 como parte de su proteccionismo comercial (La Nación, 18/02/2021). Más allá de algunos cortocircuitos –por
ejemplo, las críticas a la justicia[2]
y a la corrupción argentinas en el primer informe del Departamento de Estado
del nuevo gobierno estadounidense[3]
o por las diferencias en torno a Venezuela, tras el retiro argentino del Grupo
de Lima-, lo cierto es que Biden aspira a tener nuevos interlocutores en la
región –Fernández podría reemplazar al internacionalmente repudiado Jair
Bolsonaro, muy cercano a Trump- y recientemente invitó a su par argentino a
participar en la cumbre sobre cambio climático que tendrá lugar el 22 y 23 de
abril (Infobae, 26/03/2021). En el
presente texto analizamos cuáles son las continuidades y las rupturas en el vínculo
bilateral, qué desafíos enfrenta de cara al futuro y cuáles podrían ser los
puntos de convergencia y de tensión, en función de las orientaciones de la
Administración Biden en temas como política económica y comercial, recursos
naturales, medioambiente, seguridad, derechos humanos y migración.
La
estrategia Biden hacia la Argentina
Uno de los objetivos del nuevo presidente
estadounidense es, a través del multilateralismo y de una combinación de hard y soft power –emulando el smart
power de Obama-, recuperar la influencia de su país en la región, horadada
por el rechazo que generaba Trump y por la creciente presencia económica e
influencia china y rusa[4].
En ese sentido, apelará a sus iniciativas medioambientales, en claro contraste
con su antecesor. Previsiblemente, ya no será el mandatario brasilero su
interlocutor privilegiado (negacionista del cambio climático, al igual que
Trump), sino que intentará articular con Alberto Fernández, pese a los desencuentros
bilaterales históricos y a la oposición de buena parte del establishment
estadounidense al peronismo en general y al kirchnerismo en particular. Parte
de esa estrategia se puso en marcha en las últimas semanas, cuando Biden invitó
a su par argentino a participar en la mencionada cumbre multilateral sobre el
clima que se desarrollará este mismo mes. En ese marco, el canciller Felipe
Solá mantuvo una conversación el viernes 2 de abril con el Secretario de Estado
Antony Blinken, en la que se planteó la posibilidad de que el mandatario
argentino visitara la Casa Blanca, ni bien la pandemia lo permitiera. En esa
conversación, que duró casi una hora, el jefe de la diplomacia argentina señaló
que su gobierno acompañaba los recientes anuncios de la Casa Blanca, en
relación al regreso de Estados Unidos al Acuerdo de País y a la convocatoria a
la Cumbre de Líderes sobre el Clima. Ya Alberto Fernández le había confirmado
días antes al ex Secretario de Estado John Kerry –encargado de esta acuciante
problemática- su participación en dicho cónclave, a la vez que ratificó la
volundad de “trabajar en forma conjunta para que la recuperación económica
pospandemia se pueda alinear con los compromisos climáticos a fin de promover
un desarrollo integral y sostenible. (…) Vemos con mucha confianza la llegada
de Biden al gobierno de los Estados Unidos. Esperábamos con ansiedad un cambio
y tenemos buenas expectativas”, informó en ese entonces Presidencia de la
Nación. Desde la Secretaría de Estado, en tanto, se señaló que, en diálogo con
Solá, Blinken “enfatizó que nuestra relación de beneficio mutuo está arraigada
en valores democráticos compartidos. Subrayó la importancia de trabajar juntos
para combatir la crisis climática y expresó su apoyo a la iniciativa de
Argentina de organizar una cumbre regional para unir a América Latina detrás de
una ambiciosa agenda climática. También subrayó el imperativo de la
participación diplomática regional para abordar las amenazas a la democracia,
los derechos humanos y la seguridad en nuestro hemisferio” (Infobae, 02/04/2021). En dicha reunión, además, se reafirmaron los
compromisos de cada uno de los dos gobiernos con las instituciones
multilaterales (con especial mención a la Organización Mundial de la Salud y su
mecanismo Covax para distribución de vacunas) y se mencionaron temas históricos
que comparten las agendas de ambos países como la lucha contra el narcotráfico,
contra la trata y el tráfico de armas, y también el fortalecimiento de las
instituciones republicanas.
Un
vínculo que se afianza con pasos concretos
El primer cambio concreto en el tono de la
relación entre los gobiernos de Estados Unidos y la Argentina fue la
comunicación entre Biden y Fernández, luego de las felicitaciones públicas por
parte del presidente argentino el 7 de noviembre, cuando todavía Trump seguía
sin reconocer el triunfo del candidato demócrata. El 30 de noviembre hablaron
telefónicamente durante 35 minutos. Según el comunicado de la Cancillería, el
mandatario argentino felicitó al presidente electo y destacó que su triunfo
significaba “una gran oportunidad de generar un mejor vínculo para que Estados
Unidos se reencuentre con América Latina”. Biden sostuvo que “el continente
tiene un gran potencial, con una democracia sólida, y tenemos una amplia agenda
para trabajar desde Canadá hasta la Argentina”. “Quiero tener una relación sólida
con el continente”. El argentino expresó sus expectativas con el cambio de
signo político en la Casa Blanca -“están culminando años difíciles para América
latina. Queríamos que las cosas cambien y vemos en Ud. una alternativa”- y se
mostró confiado en el futuro del vínculo bilateral: “con una relación sólida y
madura defendiendo la seguridad y las democracias en el continente, tengo la
seguridad de que vamos a hacer muchas cosas juntos”. También enfatizó su vínculo
con el Papa Francisco. Biden rescató que tiene valores compartidos con el Papa,
como el catolicismo, el cambio climático, la lucha contra la pobreza y los
refugiados. Le contó su experiencia junto a Francisco cuando, como “el católico
en el gabinete” de Obama, fue quien guió al sumo pontífice en su visita a
Estados Unidos y que el jefe de la iglesia fue de gran apoyo cuando sufrió la
pérdida de su hijo[5].
A pesar de las diferencias en torno a temas
concretos (Venezuela, críticas del Departamento de Estado a la falta de
independencia de la justicia y a la corrupción) y de la dura negociación que
están llevando adelante el gobierno argentino y el FMI, ambas administraciones
dieron señales de cooperación y buena voluntad. En la mencionada conversación
del 2 de abril entre Solá y Blinken se inició, además, una negociación para
destrabar la compra por parte del gobierno argentino de vacunas producidas en
Estados Unidos. La cooperación en el tema del cambio climático, mencionada más
arriba, es otro ejemplo concreto de la aproximación bilateral, en contraste con
lo que ocurre con entre Biden y Bolsonaro.
¿Qué
cambios se prevén a futuro? ¿En qué temas se percibe una continuidad con las
políticas de la administración previa?
Se espera una mayor cooperación en el ámbito
multilateral en temas vinculados con el medio ambiente, ciencia y tecnología,
ámbito en el que existen antecedentes positivos, como el trabajo conjunto en el
área aeroespacial. En relación con la actual pandemia, y producto de las
gestiones arriba mencionadas, el martes 6 de abril se conoció la decisión de la
Administración Biden de permitir que las vacunas de Oxford AstraZeneca con materia
prima elaborada en la Argentina se envasen en Estados Unidos, tras las
dificultades que surgieron para completar ese procedimiento en México, a raíz
de la falta de filtros producidos en los Estados Unidos. A partir de esta
noticia, se calcula que en abril llegarían unas 900.000 dosis a la Argentina,
lo cual es interpretado como un éxito de la buena sintonía entre ambos
gobiernos.
Por otra parte, se espera un gesto del Tesoro
estadounidense en la negociación con el FMI que lleva adelante el ministro
Martín Guzmán. Se discuten los plazos, condiciones de pago y exigencias de
medidas, teniendo en cuenta la responsabilidad que tuvo dicho organismo, y el
propio gobierno de Trump, en el préstamo récord de más de 50.000 millones de
dólares desde 2018. Como reconoció el año pasado el actual director del BID y
por entonces asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Mauricio Claver-Carone,
la Casa Blanca impulsó ese histórico préstamo a la Argentina para intentar
facilitar la reelección de Mauricio Macri y evitar así que el kirchnerismo
volviera al poder.
Debido a la catastrófica situación económica
que atraviesa la Argentina –tres años consecutivos de caída de su producto
bruto interno-, el gobierno del Frente de Todos plantea la necesidad de que la
Administración Biden interceda ante las autoridades del FMI para que el país
esté en condiciones de crecer y poder volver a pagar. El actual mandatario
recuerda siempre la frase del ex presidente Néstor Kircher –“los muertos no
pagan”-, cuando negoció con los acreedores externos la quita de la deuda
externa argentina. Por otra parte, hay expectativas en que se destraben las
exportaciones de biodiesel a Estados Unidos, que generaban un 25% de las ventas
argentinas a ese país, antes de las trabas que impuso Trump en el año 2017.
La
actitud del gobierno argentino frente a Estados Unidos y la región
El gobierno del Frente de Todos aspira a tener un buen vínculo con
Biden, con el que comparte ciertas afinidades políticas e ideológicas, en
contraste a lo que ocurría con Trump. Alberto Fernández espera ser uno de los interlocutores
del demócrata en el Cono Sur, lo cual ayudaría a avanzar en la compleja
negociación con el FMI. A pesar de las diferencias –Argentina se acaba de
retirar del Grupo de Lima, creado por gobiernos aliados a Washington-, en la
Casa Rosada leen la necesidad del Departamento de Estado de tejer una buena
relación bilateral. Tras la comunicación del viernes 2 de abril entre ambas
cancillerías y del anuncio de la llegada de vacunas, el miércoles 7 se concretó
la visita del jefe del Comando Sur, el almirante Craig. S. Faller, y se
ratificó la llegada, una semana más tarde, de Juan González, director del
Departamento del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la
Casa Blanca, quien se reunirá con el presidente Fernández (La Nación, 11/04/2021). Estos gestos ratifican la buena voluntad
bilateral y son señales positivas, de cara a una eventual visita del mandatario
argentino a Washington.
Alberto Fernández
encabeza un gobierno frentista, en el que conviven distintos espacios políticos,
en las que existen diferencias en la lectura geopolítica y en la orientación de
la política exterior.Recientemente hubo
cuestionamientos públicos al canciller Solá por su política hacia Venezuela, lo
cual llevó a la renuncia de Alicia Castro, quien había sido elegida para estar
al frente de la embajada argentina en Moscú. El Frente de Todos plantea la
necesidad de desplegar vínculos internacionales diversificados, en un mundo en
pleno proceso de transición hegemónica, y en el que ya no se está frente al
unilateralimo que caracterizó el inicio de la posguerra fría. Por el tema de la vacuna Sputnik V, los vínculos
con Rusia se solidificaron. En cuanto a China, el gobierno de Xi Jinping también
despliega una importante “diplomacia de vacunas”, avanza el intercambio
comercial bilateral –hoy el principal destino de las exportaciones argentinas-,
existe un swap de monedas por 18.500
millones de dólares y hay interés también en avanzar sobre la Hidrovía. Biden
quiere evitar la pérdida de poder relativo en la región y por lo tanto debe
tolerar los gestos autonómicos del gobierno argentino, que apuesta además a
relanzar las instituciones regionales (UNASUR, CELAC) e impulsa a diversos
líderes progresistas (Arce, Arauz, Lula, Mendoza), a través del Grupo de Puebla.
Los desafíos
de la relación Estados Unidos – Argentina de cara al futuro
Más allá de las asimetrías bilaterales y de
los contrapuntos y conflictos históricos de la relación, en particular los
recelos que se generaron en parte del establishment estadounidense tras el No
al ALCA en Mar del Plata en los inicios del kirchnerismo, ambos gobiernos
pretenden desplegar un vínculo armónico. Está el desafío de plantear una agenda
de trabajo positiva de temas en los que pueden colaborar: científicos, tecnológicos
y medioambientales y en tópicos vinculados a los derechos humanos, la promoción
de la paz y la democracia, aunque las concepciones sobre su contenido sean
muchas veces divergentes.
El gobierno argentino
comparte la prédica medioambiental de la Administración Biden y su apelación a
las instancias multilaterales para la resolución de los conflictos[6].
Tiene más afinidad con un discurso más tolerante frente a los inmigrantes y con
una retórica, a diferencia de la de Trump, que no ancla directamente en
paranoias propias de la guerra fría. Los países de América Latina, en tanto, podrán aprovechar la
circunstancia de que el gobierno estadounidense deberá abocarse mucho más a las
fracturas domésticas que a la proyección hegemónica global.
Lo cierto es que,
más allá de los cambios parciales en los instrumentos y en las tácticas que
desplegará la Administración Biden, como ocurre desde hace décadas, Estados
Unidos no cejará en su objetivo estratégico de intentar mantener a América
Latina como su patio trasero, es
decir como su zona de influencia, alejando por un lado a las potencias
extrahemisféricas (hoy especialmente China, como recordó el jefe del Comando
Sur, tras visitar la futura base de la Armada argentina en Tierra del Fuego),
pero también intentando frenar cualquier proyecto o iniciativa de integración
regional. Divide y reinarás seguirá siendo su política hacia la región, que
debe recuperar la iniciativa, aprovechar el contexto de creciente confrontación
geopolítica a nivel global y trazar una estrategia de coordinación y
cooperación políticas, en función de retomar un proyecto de integración
latinoamericana que permita ampliar los márgenes de autonomía. Como en otras
oportunidades de la historia reciente, el gobierno argentino sabe que tiene una
tarea estratégica en ese punto.
*Profesor
Regular UBA. Investigador Independiente del CONICET. Co-coordinador del Grupo
de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”. Autor de Bienvenido Mr.
President. De Roosevelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a
la Argentina (2018), Relaciones Peligrosas (2012) y Vecinos en conflicto (2011).
[1] “Alberto Fernández le
escribió una carta a Joe Biden: ‘Argentina se encuentra esperanzada en cimentar
una agenda de trabajo compartida’”, en Infobae,
Buenos Aires, 21/01/2021.
[2] Debusmann, B. 2021 “El
gobierno de Biden denunció que Argentina tiene un ‘sistema judicial ineficaz y
politizado’ que impide frenar la corrupción”, en LaPoliticaOnline, 30 de marzo.
[3] Mathus Ruiz, Rafael
2021 “EE.UU. advirtió sobre la corrupción en el país”, en La Nación, Buenos Aires, 1 de abril.
[4] Morgenfeld, Leandro
2021 “Biden y América Latina”, en El País
Digital, Buenos Aires, 10 de abril. Véase también Tokatlian, Juan Gabriel
2021 “Biden y sus claroscuros”, en Clarín,
Buenos Aires, 12 de marzo.
[6] Como bien señala Juan
G. Tokatlian, “En todo caso, será esencial que Estados Unidos no opte, como lo
han hecho gobiernos anteriores a Trump, por una especie de ‘multilateralismo a
la carta’ con el que solo se compromete si le conviene”, en El cohete a la luna, Buenos Aires, 6 de
diciembre de 2020.