En conmemoración de los cien años de la publicación de
El Imperialismo fase superior del capitalismo, de Lenin
Jueves 15 y viernes 16 de diciembre de 18 a 21.
Sala Jacobo Laks [3º P] Centro Cultural de la Cooperación - Av. Corrientes 1543
En estas jornadas nos proponemos
conmemorar los cien años de la publicación de “El Imperialismo fase
superior del capitalismo” de Lenín, debatiendo acerca de la importancia y
originalidad de las teorías formuladas en aquella obra y su múltiples
influencias en las diversas corrientes anti-imperialistas que agitaron
el planeta durante el siglo XX. En particular, analizaremos como se
pensó el fenómeno imperial/colonial en América Latina y África,
examinando los diálogos y las tensiones que existieron entre los
teóricos y los movimientos del Sur Global y la tradición leninista de
cuño más occidental. Asimismo, discutiremos acerca de la vigencia de
aquellas conceptualizaciones anti-imperialistas en el marco de la
emergencia de las mas recientes teorías poscoloniales y descoloniales.
Jueves 15/12
Tema General: La teoría leninista del imperialismo en la tradición marxista.
Panel 1: 18 a 19:30 / Expositores: Omar Acha (CONICET-UBA), Daniel Campione (UBA-CCC).
En
su estrategia de reforzar lazos con los Estados Unidos, el gobierno de
Mauricio Macri selló ayer un ambicioso acuerdo de cooperación entre las
Fuerzas Armadas de la Argentina y la Guardia Nacional norteamericana
para enfrentar situaciones de desastres naturales, controles en las
fronteras y la colaboración en misiones de paz.
El acuerdo fue
presentado en la embajada de EE.UU. en Buenos Aires a puertas cerradas
por el embajador argentino en Washington, Martín Lousteau, y su par
norteamericano, Noah Mamet.
El
convenio, entre la Guardia Nacional del estado de Georgia y las
Fuerzas Armadas argentinas, forma parte del State Partnership Program.
El ingreso a este programa es muy competitivo y sólo acceden dos o tres
países por año.
"La cooperación en el caso de la Argentina con los
Estados Unidos y por prioridad de nuestro país será para atender
desastres naturales, programas de aviación, colaboración en las
fronteras, en el cuidado del medio ambiente, en medicina militar, en una
red de educación a distancia y en misiones de paz", dijo Lousteau a LA
NACION.
La
Guardia Nacional de los Estados Unidos es una fuerza de reserva de más
de 460.000 integrantes. Dentro del Programa de Asociación de Estado,
otros países suscriben acuerdos con las Guardias Nacionales de los
distintos Estados. La Argentina fue seleccionada este año entre 16, a
través de un puntaje que tiene que ver con lazos históricos, matriz
productiva, economía y cooperación en ámbitos militares.
"El SPP
nos permite fortalecer los profundos lazos de confianza que ha creado la
Guardia Nacional con un grupo muy amplio de socios en el extranjero, en
todos los niveles de comandos de combate," dijo el general de la Fuerza
Aérea, Joseph L. Lengyel, jefe de la Oficina de la Guardia Nacional.
"Estoy seguro de que la Guardia Nacional de Georgia y la Argentina se
beneficiarán de la extraordinariamente rica variedad de competencias y
experiencia que cada uno aportará a esta colaboración", añadió.
En
un comunicado de la embajada norteamericana se destaca que inspirado en
las metas de política exterior del Departamento de Estado de los
Estados Unidos, el SPP es administrado por la Oficina de la Guardia
Nacional y apoya los objetivos de cooperación en materia de seguridad de
los comandantes de teatros de operaciones. El programa construye
exitosamente relaciones en todo el mundo desde hace más de 20 años. Con
la incorporación de Argentina, el SPP alcanzará la cifra total de 73
colaboraciones estatales.
Delcy
Rodríguez participará en la reunión de cancilleres de Mercosur, para
ejercer los derechos soberanos de Venezuela en ese bloque.
La ministra de
Relaciones Exteriores de Venezuela, Delcy Rodríguez, arribó a Argentina
para participar este miércoles 14 de diciembre en la reunión de
cancilleres del Mercado Común del Sur (Mercosur), a pesar de que fue
convocada ilegalmente por la cancillería de esa nación.
El embajador de Venezuela en Buenos Aires, Carlos Martínez Mendoza, recibió a la canciller.
A través de su
cuenta en la red social Twitter, la diplomática escribió: “Ni la
intolerancia burócrata ni modales dictatoriales de funcionarios del Plan
Cóndor impedirán que Venezuela ejerza sus derechos soberanos”.
En días pasados, Rodríguez destacó: “Venezuela, en defensa legítima
de sus derechos e intereses, así como de la institucionalidad
mercosuriana, participará de este encuentro. El 14 del corriente estaré
en Buenos Aires, llevando el mensaje de integración y unidad de
Venezuela a los hermanos pueblos del MERCOSUR”.
La canciller
venezolana viajará mañana jueves a Uruguay, para acudir a negociaciones
directas, que han sido impulsadas por Venezuela para la resolución de
controversias.
El pasado
lunes, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, conversó por
videoconferencia con su homólogo de Uruguay, Tabaré Vázquez, con quien
abordó temas correspondientes a la situación que enfrenta Venezuela
dentro del Mercosur.
El jefe de
Estado recordó que actualmente Venezuela es atacada por la Triple
Alianza, conformada por Argentina, Brasil y Paraguay, cuyos gobiernos
buscan expulsar a Caracas del bloque regional.
En este
sentido, señaló que ya se encuentra activado el Protocolo de Olivos,
para la resolución de controversias, al tiempo que no dudó en acotar que
se debe perseverar en la integración de Latinoamérica.
"Un golpe militar contra la presidenta argentina (María Estela Martínez de) Perón
puede ocurrir en cualquier momento. Solo las dudas de algunos oficiales
clave paralizan la decisión final. Los preparativos del golpe están
listos. Los buques y los integrantes de la Armada ya han sido
desplegados en puntos estratégicos a lo largo del país para controlar
posibles disturbios después de la toma de poder". El informe de la CIA
que recibió el presidente estadounidense Gerald Ford (1974-1977) el 5 de marzo de 1976 anticipaba el golpe de Estado que ocurriría en Argentina 19 días después, el 24 de marzo.
El
28 de de febrero, los agentes de inteligencia estadounidenses ya habían
informado al presidente que acababa de llegar a Washington un emisario
del Ejército argentino "con instrucciones para el agregado militar para
prepararlo para la toma de poder en Buenos Aires". El emisario
transmitió también directrices para responder a los medios
estadounidenses "sobre los eventos que tendrán lugar" en Argentina.
Estos textos forman parte de las más de 500 páginas de nuevos documentos
desclasificados por la administración de Barack Obama sobre la dictadura argentina.
"Esto agrega evidencia documental a una verdad histórica que
en la región se sabía: que Estados Unidos estuvo involucrado en el
golpe de (Augusto) Pinochet
en Chile y que al menos tenía conocimiento de quiebres institucionales
en los otros países de la región y no hizo nada para evitarlos", dice el
director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS),
Gastón Schiller. "No hay documentación que apunte a una participación
de los Estados Unidos del golpe, pero sí que el presidente tenía toda la
información y el poder se basa en la información", afirma por teléfono
Carlos Osorio, director del proyecto del Cono Sur del estadounidense National Security Archive (NSA).
El material entregado al Gobierno de Mauricio Macri, que está disponible online, prueba el seguimiento detallado de cada uno de los movimientos del Ejército argentino y de la Operación Cóndor,
el plan represivo que pusieron en marcha distintos regímenes militares
del Cono Sur para perseguir y asesinar a guerrilleros y opositores
políticos y sindicales fuera de sus fronteras.
Por primera vez salen a la luz evidencias de que que incluso
activistas de derechos humanos reconocidos internacionalmente formaron
parte de los objetivos de la represión regional. "El objetivo básico de
la misión de los equipos enviados al exterior por la Operación Cóndor
era liquidar a terroristas de primera línea. Los no-terroristas también
eran candidatos a ser asesinados. El político opositor uruguayo Wilson
Ferreira y algunos líderes de Amnistía Internacional fueron mencionados
como objetivos", destaca un informe del 9 de mayo de 1977. Según Estados
Unidos, los integrantes de estos operativos "recibieron un curso de
entrenamiento en Buenos Aires" y los países participantes contemplaron
enviar un equipo a Londres "disfrazados como hombres de negocios, para
supervisar actividades sospechosas en Europa".
Según la CIA, otro de los objetivos previstos contemplados
para la Operación Cóndor "era coleccionar material sobre la pertenencia,
localización y actividades políticas de grupos de derechos humanos para
identificar y exponer sus conexiones marxistas y socialistas". Los
militares buscaron datos similares sobre integrantes de la Iglesia
católica.
Uno de los documentos más estremecedores es el testimonio de
14 páginas de Alfredo Bravo, copresidente y miembro fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Argentina.
Bravo fue secuestrado por hombres vestidos de civil durante una clase
en septiembre de 1977 y subido a un coche sin matrícula hasta un centro
clandestino de detención en La Plata (60 kilómetros al sur de Buenos
Aires) donde fue torturado durante diez días. "Le aplicaron una picana
eléctrica en el pecho, en el cuello y en la cintura", describe el
informe dirigido al consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski.
"Bravo afirmó que cuando terminaron estaba 'tan lleno de electricidad'
que su mandíbula y su lengua estaban paralizadas". El activista
argentino fue también sistemáticamente golpeado, torturado con duchas de
agua helada e hirviendo y sometido al submarino, que consiste en sumergir al detenido en reiteradas ocasiones hasta dejarlo al borde del ahogamiento.
Se trata de la segunda tanda de documentos desclasificados por la administración Obama como parte del compromiso asumido por el presidente estadounidense cuando visitó Argentina el pasado marzo,
en medio de la conmemoración del 40 golpe de Estado "Creo que tenemos
la responsabilidad de afrontar el pasado con honestidad y
transparencia", dijo Obama.
BUENOS AIRES, 12 dic (Xinhua) -- Estados Unidos intenta retomar
el control de América Latina y el Caribe, luego de una década de
desafíos a su hegemonía, advirtió este lunes el historiador
argentino Leandro Morgenfeld.
En una entrevista con Xinhua, el doctor en Historia y profesor
de la Universidad de Buenos Aires ubicó ese intento en el inicio
del segundo mandato de Barack Obama, en 2013.
"Aprovechando la muerte de (el expresidente de Venezuela) Hugo
Chávez y el impacto económico negativo que produjo la caída en
precio y demanda de 'commodities' que exporta la región, Washington
buscó limar asperezas, por eso implementó la distensión con Cuba",
opinó.
A su juicio, Estados Unidos quiso "fomentar el avance de
Gobiernos neoliberales, impulsando a sus aliados en la Alianza del
Pacífico, atacando a los países bolivarianos e intentando
desestabilizar a los Gobiernos no alineados de Argentina y
Brasil".
"Con su tradicional sistema de premios y castigos, de zanahorias
y garrotes, impulsó el avance de la derecha en Argentina y Brasil e
intenta aislar y derrumbar al Gobierno venezolano", advirtió el
experto, coordinador del grupo de trabajo "Estudios sobre Estados
Unidos" del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
(Clacso).
En Argentina hace un año llegó al poder Mauricio Macri, quien ha
tomado medidas que Estados Unidos ha visto con buenos ojos, como la
eliminación de impuestos a los sectores concentrados, una
devaluación de la moneda local, el pago de una deuda millonaria a
fondos especulativos de inversión y el enfriamiento del vínculo con
Venezuela, que terminó el año suspendido del Mercado Común del Sur
(Mercosur).
También la llegada al poder en Brasil de otro conservador,
Michel Temer, tras la destitución de Dilma Rousseff, fue recibida
con agrado en Washington.
En ese contexto, Morgenfeld sostuvo que "la derrota de
Obama-(Hillary) Clinton y el triunfo de Donald Trump en noviembre
pasado implica una crisis para los Gobiernos de derecha aliados con
la Casa Blanca".
"Trump sostiene un discurso xenófobo y una línea dura contra
Cuba, y eso lo aleja de la región. Al mismo tiempo, rechazó el
Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en
inglés), lo cual era la gran apuesta de las burguesías
aperturistas", afirmó el experto.
En este sentido, apuntó que el repliegue económico que pregona
Trump ha descolocado a los mandatarios que habían apostado
explícitamente por Hillary.
"Está por verse cómo intervendrá Estados Unidos en América
Latina desde que asuma Trump y qué impacto va a tener en un
continente cuyos pueblos rechazan el injerencismo y la prepotencia
imperialista", concluyó Morgenfeld.
La región de América Latina y el Caribe representa una quinta
parte del comercio exterior de Estados Unidos, según indica el
documento United States Trade Developments 2014-2015 publicado por
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
De acuerdo con el estudio, en 2013 Asia representó el 28,8 por
ciento del comercio exterior de Estados Unidos, seguido por América
Latina y el Caribe (22 por ciento) y la Unión Europea (17 por
ciento).
En la última década alrededor de un tercio de la inversión
extranjera directa en América Latina y el Caribe procedió de
Estados Unidos, que continúa siendo el principal país inversor
extranjero en México (32 por ciento), Centroamérica (30 por ciento)
y Colombia (18 por ciento), según datos de 2014.
Conversamos con Víctor Hugo sobre el gabinete que
está armando Donald Trump, conformado por CEOs billonarios, ex-generales
de las Fuerzas Armadas y miembros del establishment republicano.
Mucho
se ha escrito respecto del primer aniversario de Mauricio Macri. Hemos
escuchado diferentes posturas vinculadas a la gestión política,
económica y social, pero poco se ha dicho sobre las relaciones
internacionales. Por eso, intentaremos abordar los puntos más relevantes
de la política internacional del gobierno de Cambiemos.La
primera declaración de principios del presidente y la Canciller, Susana
Malcorra, estuvo basada en dos puntos centrales: la inserción o
¨vuelta¨ al mundo y la desideologización de las relaciones
internacionales. Este apotegma general un tanto abstracto del gobierno
escondía una encendida crítica al distanciamiento de los 12 años de
kirchnerismo de los principales centros de poder con base en Estados
Unidos y la Unión Europea y la supuesta carencia de un terreno fértil
para la inversión extranjera. Reconfigurar esa relación fue el primer
objetivo de Mauricio Macri y, para tal fin se decidió acordar con los
Fondos Buitre que habían litigado contra la Argentina en el proceso de
reestructuración de deuda y las posteriores cancelaciones en 2005 y
2010. La vuelta al mundo prometida en realidad fue la vuelta al crédito
internacional, es decir, el retorno a un proceso de endeudamiento con
bancos extranjeros (especialmente de Estados Unidos y Gran Bretaña) que
en el año que se está yendo osciló entre los 60 mil y los 100 mil millones de dólares y para el año que viene se estipula en el presupuesto un nuevo endeudamiento de 35 mil millones de dólares.
Luego de garantizar ese acceso a los créditos internacionales y
devolverle al FMI la potestad de supervisar la economía, el gobierno de
Macri decidió plegarse de lleno a la estrategia del G7 de construir una
institucionalidad global basada en grandes acuerdos comerciales. Con
todos estos elementos, Macri supuso que las inversiones llegarían y la
economía crecería. Error. ¿Por qué? La victoria de Donald Trump, el
Brexit, la crisis estructural de la Unión Europea y el estancamiento de
Japón ponen en jaque esa institucionalidad global dejando al modelo
argentino expuesto a un contexto internacional desfavorable.
¿Plan B?
Es
una obviedad decir que la matriz del gobierno argentino está orientada
al libre comercio. Así lo manifestaron cuando criticaron al gobierno
anterior de ¨populista¨ o al proceso de integración como demasiado
cerrado. El problema es que el gobierno apuntó sus esfuerzos a ser el
aliado de un G7 que se viene achicando desde hace una década y que la
nueva fase de la crisis lo pone en una sintonía proteccionista que hará
más difícil la llegada de inversiones y más caro el endeudamiento con el
anunciado aumento de tasas de la Reserva Federal de los Estados Unidos.Frente
a esto, si Macri pretende libre comercio, no le quedará más alternativa
que un acuerdo con China, tal como lo están haciendo los denominados
regionalismos abiertos como Perú y Chile.El dilema de Macri fue
apostar al pacífico y al TTP sin prever que los fenómenos anteriormente
mencionados marcarían el eje del orden mundial que vivimos en la
actualidad. Sobre esta realidad, no solo se vislumbra la ausencia de un
plan alternativo sino la insistencia en continuar con la firma de
acuerdos cada vez más complicados como el que se pretenden firmar entre
el Mercosur y la Unión Europea. Los Tratados Bilaterales de Inversión
(TBI) pueden ser una salida elegante para seguir seduciendo al bloque
occidental y Japón. Bajo esa prioridad se encuadraron las reuniones de
Macri con el Primer Ministro japonés Shinzo Abe y el primer mandatario
de Canadá, Justin Trudeau. Tales acuerdos implican, en el caso
canadiense, importación de cerdos, afectando de manera contundentemente a
las economías regionales. Si se continúa en esa matriz de relaciones
bilaterales, las condiciones de desigualdad de los acuerdos serán
abismales.Las reuniones que a principio de año se realizaron con
Barack Obama, Angela Merkel, Francois Hollande y Matteo Renzi vuelve a
fojas cero a raíz de la victoria de Trump y el cambio en las condiciones
políticas y económicas propuestas por el presidente electo republicano,
la dimisión del premier italiano, la pérdida de poder de Hollande
previo al proceso electoral que se viene en Francia y la compleja
elección que se viene en Alemania. Con Trump y el Brexit encima,
Alemania avanza sobre una posición continentalista alejada del polo
anglosajón y, en términos domésticos, un discurso más duro con los
inmigrantes y el libre comercio que busca quitarle terreno a la ultra
derecha. El gobierno de Macri no tuvo en cuenta esto y ahora tiene que
recalcular.
Mercosur flexible
La
lectura del equipo de Mauricio Macri sobre el contexto regional estuvo
marcada por la idea de un Mercosur abierto y desideologizado. ¿Qué
significa esto? Que para Macri el proceso de integración regional y los
niveles de autonomía relativa alcanzados durante la década pasada
estuvieron atravesados por una rigidez que aisló a la región del ¨el
mundo¨ y la idea de Patria Grande o cierta retórica antiestadounidense
contaba con una carga ideológica que perjudicó las relaciones
internacionales. En esta linea el gobierno argentino tomó dos decisiones
centrales. La primera fue incorporarse como miembro observador de la
Alianza del Pacífico, y la segunda, ser parte de la estrategia que
terminó con la suspensión de Venezuela del Mercosur. La primera estaba
relacionada con lo que analizamos más arriba, la estrategia global de
Estados Unidos de crear una gran zona de libre comercio en el pacífico y
acorralar a China. Esta tenía (y tiene) a la Alianza del Pacífico como
cabeza de playa regional y está basado en acuerdos comerciales sin
aranceles internos ni restricciones, los cuales Macri vio como
prioritarios. Mientras tanto, el Mercosur vivió un año de fuertes
disputas a partir del cambio de relaciones de fuerza generadas por la
victoria de Macri en Argentina y la destitución de Dilma Rousseff en
Brasil. Este nuevo panorama tuvo en Argentina el principal foco de
resistencia al chavismo, conflicto que aún no se ha resuelto pero que
tiene al gobierno de Maduro con un pie afuera del bloque. ¿De qué le
sirve a Macri expulsar a Venezuela del Mercosur? Uno cree que para
impedir que el chavismo vote en contra de esa flexibilizaron que se
menciona antes, ni más ni menos, se trata de restringir los aranceles
internos y permitir que cada país pueda firmar TBI con otro país, es
decir, un Mercosur desintegrado, más pequeño en el que cada cual atienda
su juego. Macri asumirá la presidencia protémpore el 1 de enero y su
único objetivo es firmar un TLC con la Unión Europea. ¿Podrá?
Errores no forzados
Si
hay algo que desnudó este año de gobierno de Cambiemos es la
inexperiencia en cuestiones diplomáticas, especialmente en la figura del
propio presidente. Un ejemplo de esto fue el papelón protagonizado por
el mandatario argentino cuando aseguró a los medios de comunicación un
supuesto diálogo con la premier británica, Theresa May por el tema
Malvinas. Además de la liviandad con la que el Jefe de Estado encaró el
reclamo por la soberanía de las islas, hubo un punto de inflexión que
demostró la desprolijidad diplomática cuando el propio Macri dijo que su
par británica se sentaría a negociar con Argentina la soberanía de las
islas. Esto nunca pasó, May y la propia Canciller Malcorra desdijeron al
presidente.Este acontecimiento sumado a la carrera frustrada de
Malcorra por la Secretaría General de la ONU, las preferencias públicas
de Canciller por Hillary Clinton y el polémico acuerdo firmado con Qatar
basado en la transferencia de fondos públicos en cuentas offshore
pusieron a la política exterior argentina en el centro de las críticas.
Consideraciones finales
El
gobierno de Mauricio Macri tiene una política exterior anacrónica y
errática. Anacrónica porque es similar a la de la década de los 90 en
cuanto a las relaciones con los centros de poder y un nuevo proceso de
endeudamiento externo, pero con la enorme diferencia que en esos años el
Consenso de Washington estaba en apogeo y el mundo unipolar se
consolidaba con la caída de la URSS. Por el contrario el contexto actual
muestra una G7 en crisis. Ningunear a China y a las potencias
emergentes que expresan la mitad del PBI mundial es carecer de lectura
geopolítica.El contexto internacional reclama una estrategia
autónoma para abordar las relaciones globales. Subordinarse a las
estrategias globales de las potencias en pugna es resignar soberanía en
el devenir propio. El orden mundial no se caracteriza por una disputa
ideológica, no hay disputa entre capitalismo y socialismo, sino que lo
que se pone en crisis es la forma en que los procesos políticos se
incorporan a un sistema global.El andar errático del macrismo
desnudó falencias de análisis y prejuicios propios de un conservadurismo
del siglo pasado, una dependencia unilateral sin sentido a centros de
poder que están enfocados en su propia crisis estructural. El mundo nos
obligará a repensar los lineamientos para relacionarnos con el mundo, el
gobierno deberá tomar nota.
Érratica política exterior de Macri. Derrota de
sus aliados en Europa y EEUU. Inserción neoliberal a contramano con las
tendencias de los países centrales.
Como para todo el Gobierno, fue un año intenso para la canciller Susana Malcorra
. Pero en su caso no sólo pesaron las dificultades propias de la
primera etapa de la gestión, sino también los efectos de un mundo muy
cambiante, que obligó a hacer varias reevaluaciones.
La
ministra de Relaciones Exteriores tiene una mirada optimista sobre esas
transformaciones, que tuvieron en la elección de Donald Trump su
momento clave. En parte, porque descree "que Estados Unidos se cierre
comercialmente como se estima". Pero además, porque entiende que si eso
ocurriera, al mismo tiempo se abrirían nuevas oportunidades para la
Argentina. Dice que el objetivo para el segundo año de gestión será
diversificar la apuesta para fortalecer el vínculo con Asia y África.
-En el primer año se buscó normalizar la relación de la Argentina con el mundo. ¿Cuál es el objetivo a partir de ahora?
-Efectivamente,
el primer año se buscó instalar a la Argentina, y eso lo logramos. ¿Que
viene ahora? Primero, cubrir una gran parte del mundo que aún no
pudimos abordar. Yo, por ejemplo, no he ido a la India todavía. Y la
otra cosa es: tuvimos un primer año en el que fuimos egocéntricos en
nuestra agenda para instalar a la Argentina. Ahora debemos adaptar lo
que queremos a una realidad que se ha puesto muy compleja y que tuvo
novedades en los ultimos tiempos.
-¿El objetivo es que la Argentina tenga un rol global más estratégico o priorizar cuestiones más tangibles, como la comercial?
-Queremos
tangibilidad, no creemos que la Argentina esté en un punto en el cual
su inserción en el mundo pueda medirse sólo en terminos teóricos. Ahora,
la tangibilidad, que serían los aspectos comerciales, no se puede
lograr si no hay también una inserción política y estratégica, que se
divide en dos grandes temas. Uno, presencia en lugares que uno no
priorizaría tanto si sólo midiera las efectividades conducentes; y
segundo, redefinir nuestro mapa de presencia para estar en aquellos
mercados en los cuales creemos que podemos tener más impacto.
-¿Cuáles son esos mercados?
-Estamos
poniendo mucho énfasis en cerrar el acuerdo con la Unión Europea (UE),
debemos mantener un vínculo fuerte con los Estados Unidos y ver cómo nos
paramos frente a las señales que mande la nueva administración. Pero
cuando miramos qué puede tener impacto sobre nuestra balanza comercial,
más allá de China, hay una oportunidad muy grande en todo el sudeste
asiático y en África, que es un enorme demandante de materias primas,
que China ha dejado de consumir en un porcentaje importante.
-¿La llegada de Trump a la Casa Blanca puede cerrar puertas a la Argentina?
-Nuestra
balanza con los Estados Unidos no es enorme, es decir que si lo
pusiéramos en términos de riesgos, si hubiera un cierre absoluto de los
Estados Unidos, que yo no creo que vaya a ocurrir, hemos estado tan
lejos de Estados Unidos, que hoy por hoy no nos representaría un impacto
negativo tan grande. Lo que sí haría es representar una falta de
oportunidad, porque lo que nosotros vemos en los Estados Unidos es
oportunidad. Primero, yo no creo que los Estados Unidos se cierre
comercialmente al nivel que se está estimando; y segundo, creo que esa
oportunidad va a seguir existiendo. Dicho esto, lo que hagan los Estados
Unidos tiene impacto global. Entonces, por ejemplo, no vamos a ver en
el corto plazo un avance en el tratado de la UE y los Estados Unidos.
Eso es una oportunidad para nosotros para avanzar en el acuerdo entre
Mercosur y la UE a una velocidad mayor. Otro ejemplo: Estados Unidos ha
dicho claramente que la relación con Asia se va a ralentizar. Ahí
tenemos de nuevo toda la cuestion con la Alianza Pacífico, una
proyección a Japon, Corea del Sur, Singapur, que es una oportunidad.
-¿Hay que recomponer el vínculo con los Estados Unidos?
-No,
no hay nada que recomponer porque no hay nada que se haya roto. El
presidente electo Trump es un gran signo de pregunta para el mundo.
Tampoco ha definido quién será su secretario de Estado y éste será un
dato clave en ello. Nosotros estamos muy expectantes y manteniendo
contactos con todos. Lo que sí observamos es que el trato personal que
Macri tiene con Trump y el hecho de que se puedan llamar y decir "Hi
Mauricio, Hi Donald", allana muchísimo el camino en la diplomacia.
-Hay
una mirada de que los cambios globales son negativos para la Argentina,
y de que hay una tendencia del mundo a cerrarse cuando la Argentina
está con una política más aperturista.
-No sé si la conclusión
de que el mundo tiende a cerrarse es exacta, creo que hay partes del
mundo que están enviando señales de cerrazón. Nosotros tenemos la
convicción de que la salida de la Argentina al mundo es la única
alternativa, porque una Argentina cerrada dio los resultados que ya
sabemos. Lo que hay que hacer es una inserción inteligente. El que se
produzcan algunos cambios puede significar que las oportunidades sean de
alguna manera mayores o que se aceleren.
-¿Cómo va a seguir el
vínculo con Gran Bretaña, más allá de la reunión de Ginebra por la
identificación de los soldados caídos no identificados?
-La
hoja de ruta es nuestro comunicado conjunto. Allí incluimos una cantidad
de temas, en los que estamos trabajando. En los temas económicos hubo
un gran avance. Las empresas del Reino Unido están participando de
licitaciones en infraestructura, trabajamos mucho para mejorar nuestra
cooperación y desarrollo, y en temas culturales. Hay una gran cantidad
de temas en base al principio que definimos de trabajar en una agenda
que en un 80% sea propositiva, y que en un 20% gira en torno de una
cuestión compleja que son las Malvinas. Se va a hacer una reunión para
pasar inventario de esta hoja de ruta, que estimo que la vamos a poder
hacer si de Ginebra sale una decisión afirmada de que estamos en
condiciones de dar el mandato a la Cruz Roja para identificar a los
soldados no identificados. Ahí habrá una buena razón para juntarse y
repasar todo esto, incluyendo las cuestiones del Atlántico Sur. Es
evidente que una de las áreas donde hay mucho intereses del Reino Unido
es en la cuestión de los vuelos. Bueno, miraremos cuáles son las
propuestas. En la cuestión de aerotransportes estamos abriéndonos de una
manera muy significativa. Eso puede ser una forma de simplificar una
posible solución del tema vuelos, pero no hay nada concreto todavía.
-¿Qué hará la Argentina ante los planteos de la CIDH y de la ONU por Milagro Sala?
-Este
tema tiene complejidades muy grandes. Nosostros como gobierno somos los
custodios del cumplimiento de los compromisos adquiridos por la
Argentina en materia de derechos humanos. Somos los interlocutores de la
CIDH o del grupo de trabajo de ONU. Pero la Argentina es un país
federal y este tema está en la Justicia de Jujuy. Por ejemplo, cuando
nosotros vamos al Departamento de Estado a reclamar por un argentino que
está en espera de la pena de muerte (por el caso Víctor Saldaño) ellos
dicen que esta en el estado de Texas. No es el mismo caso, pero hay que
entender que aquí también hay una clara división de poderes. Nosotros no
podemos actuar en forma directa.Estamos tratando de proveer de
información al grupo de expertos de la ONU y a la CIDH porque es cierto
que este grupo tenía información atrasada respecto del caso Sala, era
información de marzo.
-¿Cuál será el objetivo de la Argentina durante la presidencia pro témpore del Mercosur que empieza la semana que viene?
-Uno
de los temas más importantes que tenemos en el Mercosur es la
negociación con la UE. Ésta será una de las prioridades y Venezuela
siempre fue ajena a esas negociaciones. No voy a negar que tener una
situación en donde se evalúa la cesación uno de los estados miembros
tiene su impacto. Lo que hay que asegurar es que los cuatro socios
fundadores del Mercosur avancemos en la agenda común. Sabemos que
debemos abroquelar más el Mercosur y simplificar la normativa. El
Mercosur estuvo en una línea muy política y creo que falta simplificar
medidas regulatorias.
-Usted llegó como una de las figuras cuando se conoció el gabinete, pero después recibió varias críticas. ¿La sorprendieron?
-No,
no me sorprendieron, la Argentina es de por sí un país con mucha
crítica. Lo que sí me sorprendió fueron las criticas sin sustento o
sobre premisas falsas, como cuando quisieron poner en duda mi moral
cuando fui candidata para Naciones Unidas. Eso me molestó muchisimo. La
verdad es que no le dediqué mucho tiempo a mi candidatura.
-¿Qué balance y autocrítica hace en su año de gestión?
-El
tema de la comunicación creo que nunca es suficiente. No hablo de
mejorar sólo la comunicación con los medios, sino con el Congreso, con
la sociedad civil, con el resto de los ministerios y con las provincias.
-¿Por qué dijo que está muy "burrocratizada" la Cancillería?
-Sí,
creo que hay que trabajar eso. Yo soy de empoderar. Dejo que la gente
vaya y haga, y banco eso. Si de diez decisiones siete están bien,
adelante. Esto está en el margen de error de cualquiera. El problema es
querer tomar la decisión perfecta y se toma una sola. Eso no lo banco y
eso es parte de lo que llamo "burrocracia".
Cuatro
meses después de la primera entrega, y cuando falta poco más de un mes
para dejarle el poder a Donald Trump, el gobierno de Barack Obama
cumplirá mañana con la promesa de continuidad en la divulgación de
documentos desclasificados relacionados con la última dictadura militar
en el país.
El homenaje conjunto que la Secretaría de Derechos
Humanos y la delegación norteamericana en el país harán a Patricia
Derian, la ex subsecretaria de Derechos Humanos durante la gestión de
Jimmy Carter, servirá de marco para la entrega de cerca de 1000
documentos desclasificados, un número similar a los cedidos por la
administración norteamericana en agosto, en coincidencia con la visita
del secretario de Estado John Kerry y su encuentro con el presidente
Mauricio Macri .
Barack Obama. Foto: Archivo "Estamos
muy contentos con este paso, que sigue aportando en la búsqueda de la
verdad y la justicia", afirmaron a LA NACION en la Secretaría de
Derechos Humanos, que encabeza Claudio Avruj. Poco trascendió acerca del
contenido de estos documentos, pero sí se sabe que abarcan desde la
segunda presidencia de Richard Nixon (1973 a 1975), Gerald Ford (1975 a
1977), Jimmy Carter (1977 a 1981) y Ronald Reagan (1981 a 1985). "Son
informes ministeriales. Contienen información de las áreas de
inteligencia y seguridad", afirmaron en el Gobierno.
A diferencia
de la primera entrega, que se circunscribió a la época que coincidió con
la dictadura en la Argentina, los documentos abarcarían el tercer
período de gobierno de Juan Perón (1973-74) e Isabel Perón (1974-76), y
permitirán ahondar en detalles hasta ahora desconocidos de una época
oscura del país, en la que la Triple A y los grupos guerrilleros
sembraban su estela de violencia. Leandro Despouy, actual representante
especial para los Derechos Humanos de la Cancillería, había anticipado
en aquella primera presentación, en la Casa Rosada, que los nuevos
documentos desclasificados abarcarían también esos años oscuros de la
Argentina, ocurridos bajo gobiernos democráticos.
Durante
sus tres visitas al país, Derian enfrentó a la dictadura militar
argentina por su política de derechos humanos, y recibió más de 5000
denuncias sobre personas detenidas-desaparecidas. El homenaje se
realizará mañana, a las 18, en el Archivo Nacional de la Memoria, que
funciona en la ex ESMA. Participarán el embajador de Estados Unidos,
Noah Mamet, y el periodista Robert Cox, ex editor del Buenos Aires
Herald, además de Avruj y Despouy. Estarán presentes funcionarios de la
Cancillería que encabeza Susana Malcorra, y de la Jefatura de Gabinete.
El
embajador Mamet y funcionarios norteamericanos entreguen los
documentos, que días después estarán disponibles para el público a
través de la web.
BUENOS AIRES, 9 dic (Xinhua) -- Las últimas victorias de los partidos
conservadores en América Latina han sido vistas con buenos ojos por
Estados Unidos, que, según apuntan algunos especialistas, ha tratado
este año de reposicionarse en la región para contrarrestar la influencia
de los movimientos de izquierda.
En marzo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, estuvo en
Buenos Aires, en la primera visita oficial de un mandatario de ese país a
Argentina desde 1997 y sólo tres meses después del triunfo del
conservador Mauricio Macri en las elecciones presidenciales. La sintonía
fue inmediata.
"El presidente Macri me ha impresionado favorablemente, porque se
movió rápido en torno a las reformas que prometió para crear un
crecimiento económico inclusivo y sostenido. Argentina está retomando su
papel de líder en la región y el resto del mundo. Podemos ser aliados
universales para compartir valores y nuestro compromiso por la
libertad", resaltó Obama.
El mandatario demócrata, que llegó a Argentina después de su
histórico viaje a Cuba, sostuvo entonces: "Buscamos relaciones óptimas
con el resto del hemisferio, pero vemos a Argentina como una de las
naciones más grandes. Tiene que ser un homólogo, un aliado para
nosotros".
Desde que llegó al poder, Macri ha tomado medidas como eliminar
impuestos a los sectores concentrados, devaluar la moneda local, pagar
una deuda millonaria a fondos especulativos de inversión y deshacer el
vínculo con Venezuela, que terminó el año suspendido del Mercado Común
del Sur (Mercosur).
En diálogo con Xinhua, el argentino Leandro Morgenfeld, doctor en
Historia y profesor de la Universidad de Buenos Aires, consideró que
Washington apostó este año a "reposicionarse en la región después de una
década de relativo relajamiento de su hegemonía".
"Procura debilitar a los países bolivarianos, apuesta a un
realineamiento del continente y busca debilitar iniciativas de
coordinación y cooperación política, como la Unasur (la Unión de
Naciones Suramericanas) y la CELAC (Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños), reposicionando a la OEA (Organización de
Estados Americanos)", subrayó.
También la llegada al poder en Brasil de otro conservador, Michel
Temer, tras la destitución de Dilma Rousseff, fue recibida con agrado en
Washington.
"Estados Unidos seguirá trabajando estrechamente con el presidente
Temer, porque Brasil es y seguirá siendo uno de los socios más estrechos
de Estados Unidos en la región", afirmó el vicepresidente Joe Biden en
septiembre apenas después de la destitución de Rousseff.
Para Morgenfeld, "es un paso más en la restauración conservadora y en
la ofensiva de Estados Unidos por reforzar su hegemonía regional, luego
de la derrota del proyecto del ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las
Américas) y del avance de procesos de coordinación e integración
política alternativa, como el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos
de América)".
"Quieren escarmentar a los países bolivarianos (ahora reforzarán los
ataques contra Venezuela) y derrotar a lo que llaman los 'populismos'.
Los pueblos de América deben unirse para luchar contra esta ofensiva y
avanzar con la integración por abajo, único camino para evitar que se
reimponga con fuerza la agenda neoliberal de la década de 1990".
Otros países cercanos a Estados Unidos, como Colombia y México,
mantuvieron su agenda con Washington, e incluso recibieron la visita del
secretario del Tesoro, Jacob Lew, quien también llegó a Brasil y a
Argentina, para "evaluar" las reformas económicas y la cooperación
bilateral.
En Perú, también se asistió al triunfo, en junio, de un candidato
conservador, Pedro Pablo Kuczynski, del partido Peruanos por el Kambio
(PKK), un economista con estudios en la Universidad de Oxford (Reino
Unido) y maestría en la Universidad de Princeton (Estados Unidos).
El jefe de Estado del país incaico desempeñó trabajos en diversos
consorcios internacionales, como Magma Copper, Toyota Motors
Corporation, CS First Boston y el Banco Mundial (BM).
Como parte de su extensa experiencia, ocupó en 2001 la cartera de
Economía durante la Presidencia de Alejandro Toledo (2001-2006). Fue
duramente criticado entonces por la oposición, debido a un acuerdo
suscrito con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para alcanzar las
metas del gobierno, por lo que finalmente renunció en 2002.
El año próximo, será Chile el que celebre elecciones presidenciales.
El derechista exjefe de Estado Sebastián Piñera (2010-2014) lidera la
intención de voto, seguido por el senador Alejandro Guillier y el
exmandatario Ricardo Lagos, de acuerdo con un sondeo divulgado en
noviembre.
La incertidumbre, ahora, la genera el triunfo, en noviembre, del
magnate Donald Trump en las elecciones presidenciales celebradas en
Estados Unidos.
El experto argentino Juan Manuel Karg, politólogo de la Universidad
de Buenos Aires, señaló a Xinhua que "hay una preocupación internacional
creciente sobre lo que podría hacer Trump como presidente" una vez que
asuma el cargo el 20 de enero.
"En Cuba creo que están más preocupados, porque hubo un avance
importante durante los últimos dos años en cuanto a la vinculación
diplomática. Es posible que eso esté puesto en juego, por lo que se
puede complejizar el tema", advirtió.
Dirigente siderúrgico es amenazado tras denunciar mentiras sobre los empleos salvados en Indiana.
“Me gustan las mujeres bellas en bikini comiendo hamburguesas. Creo que es algo muy americano”, declaró
Andrew Puzder, nominado para ocupar la Secretaría del Trabajo, en
defensa de la publicidad de sus restaurantes, reportó el New York Times. Al respecto existe un comercial hecho en la valla fronteriza con México (en la imagen)Foto tomada de YouTube
En imagen de archivo, el presidente electo de Estados Unidos, Donald
Trump, y Andrew Puzder, ejecutivo en jefe de una cadena de restaurantes
de comida rápida, designado ayer secretario del TrabajoFoto Ap
Chuck Jones, líder de la sección 1999 del sindicato siderúrgico,
recibió varias amenazas luego de acusar al magnate de mentir en cuanto a
los empleos de Carrier salvados en IndianaFoto Ap
Por David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
El populista y proclamado campeón de los trabajadores Donald Trump
seleccionó hoy a un enemigo de los derechos laborales como secretario
del Trabajo, mientras insultó a un líder sindical que ahora recibe
amenazas de muerte de seguidores del presidente electo. Por otro lado,
se revelan deseos de privatizar territorios indígenas para su
explotación mineral.
Andrew Puzder, ejecutivo en jefe de una cadena de restaurantes de
comida rápida y opositor a los incrementos al salario mínimo y las
protecciones laborales, será seleccionado para ocupar el puesto dedicado
a justo esos temas. Más aún, es opositor a la reforma de salud y otras
iniciativas del presidente Barack Obama.
Tiene fama de parecerse a Trump por ser un millonario que arremete contra los grandes intereses en sus pronunciamientos nacionalistas –criticó a empresas globalistas
por apoyar a Hillary Clinton– y también tiene una racha sexista
explícita. “Me gustan las mujeres bellas en bikini comiendo
hamburguesas. Creo que es algo muy americano”, declaró en defensa de la publicidad de sus restaurantes, con mujeres en poca ropa y haciendo señas sugerentes, reportó el New York Times. Al respecto existe un comercial hecho en la valla fronteriza con México.
Líderes sindicales y defensores de los trabajadores repudiaron el
nombramiento. Mary Kay Henry, presidenta del sindicato nacional de
trabajadores de servicio (SEIU), declaró que esto es una muestra del extremismo antilaboral de Trump, lo cual dañará a las familias trabajadoras, incluidas las que votaron por él. Eric Schneiderman, procurador general del estado de Nueva York, recordó que la empresa CKE de Puzder robó de manera repetida los salarios de sus trabajadores,
y declaró que ahora ha sido seleccionado para encabezar la misma
agencia –la secretaría del Trabajo– que descubrió este robo salarial en
sus restaurantes: es una decisión cruel y extraña de Trump.
Por otro lado –algo que seguramente surgiría en las audiencias de
ratificación en el Congreso–, Puzder fue acusado en 1989 de abuso físico
(patadas y otros golpes) por su ex esposa.
En otro flanco del mundo laboral, Trump envió, para variar vía tuit, un
par de mensajes en los que insulta a Chuck Jones, líder de la sección
1999 del sindicato siderúrgico, en los cuales declara que ha hecho un trabajo terrible representando a los trabajadores. Con razón las empresas huyen del país, y en otro afirma que si ese sindicato fuera bueno, habría mantenido esos empleos en Indiana. Trabajen más y den menos declaraciones. Reduzcan cuotas.
Todo esto porque Jones, quien representa a los trabajadores de la
planta de la empresa Carrier en Indianápolis, que Trump visitó la semana
pasada para declarar que había salvado unos mil empleos al evitar que
fueran trasladados a México, se atrevió a declarar que Trump había
mentido a los trabajadores.
Jones dice que Carrier aceptó preservar unos 800 empleos de
producción en Indiana, y que Trump estaba dándose crédito por salvar
unos 350 empleos que no estaban en la lista de los que serían
trasladados, mientras 550 sí perderán sus empleos, todo mientras la
empresa aceptó un paquete de créditos fiscales por 7 millones de dólares
del estado, reportó el Washington Post, el cual verificó los números con la empresa.
“No puedo tolerar… un presidente que engaña a trabajadores, que les
ofrece esperanza falsa. No estamos pidiendo más que empleos que permitan
que la gente apoye a sus familias. Estas plantas son redituables… pero
por la avaricia empresarial los líderes de la empresa están encarrilados
hacia lo más bajo, para buscar lugares donde pueden pagar lo mínimo. Es
un sistema que explota a todos”, escribió Jones en el Post.
Poco después de que Trump envió sus tuits el miércoles,
Jones ha recibido amenazas telefónicas preguntando qué tipo de coche
tiene, advirtiéndole que cuide a sus hijos, que venían por él y más.
Privatizar indígenas
Mientras tanto, asesores del presidente electo sobre
asuntos indígenas están proponiendo liberar recursos naturales en
tierras indígenas privatizando las reservaciones, reportó Reuters esta
semana. Las reservaciones indígenas representan sólo 2 por ciento de las
tierras de Estados Unidos, pero podrían contener una quinta parte de
los hidrocarburos y otros recursos naturales del país. La propuesta de
dos de los asesores es privatizar las reservaciones que ahora son
tierras públicas, pero bajo el mando de gobiernos soberanos indígenas.
Tom Goldtooth, jefe de la Red Indígena de Medio Ambiente, declaró que
“los líderes espirituales se oponen a la privatización de nuestras
tierras, lo que implica vender la naturaleza, el agua, el aire, todo lo
cual es sagrado para nosotros… La privatización ha sido la meta desde la
colonización, para despojar a las naciones nativas de su soberanía”.
Más reality
Por otro lado, el primer presidente que fue estrella de un reality show no dejará por completo ese mundo. La revista dedicada al sector de espectáculos Variety confirmó hoy que Trump, aun estando en la Casa Blanca, mantendrá su título de productor ejecutivo de Celebrity Apprentice, una versión de El Aprendiz, el
programa de televisión que lo hizo famoso en NBC. El programa estrenará
una nueva temporada en enero con otro actor/político como su nuevo
anfitrión (mientras el otro se prepara para asumir la presidencia):
Arnold Schwarzenegger, ex gobernador de California y ex estrella de
películas como The Terminator.
La
crisis que está viviendo hoy el bloque del Mercado Común del Sur
(Mercosur), es representativa de la crisis más general que vive el
regionalismo latinoamericano. Superada ya la etapa marcada por la
construcción de nuevos organismos regionales con proyección política
internacional (Celac, Alba, Petrocaribe, Alianza del Pacífico entre
otros) la inestabilidad política y especialmente la incertidumbre de los
grandes mercados financieros parecen orientar hoy los bloques
subregionales hacia la inactividad y el vaciamiento. Una suerte de
des-integración, que abre las puertas a nuevas formas de relación
económicas, comerciales y sociales que ponen en riesgo varios de los
derechos de los pueblos, y a la que el Mercosur no es ajeno.
Un Mercosur estancado
La suspensión de Venezuela del bloque, no es otra cosa que un
capítulo más en la reconversión permanente que el Mercosur vive desde su
nacimiento, al calor de los cambios políticos en el Cono Sur. Nacido
como un proyecto de integración económica por iniciativa estatal entre
Brasil y Argentina, se ha convertido a partir de 1991 en un organismo
para la cooperación empresiarial bajo los términos del Consenso de
Washington en los ’90. Y tras la crisis del modelo neoliberal, volvió a
resurgir bajo el impulso de gobiernos de tinte progresista, que
protagonizaron una breve “primavera del Mercosur”, más bien efímera. En
todas las etapas el problema fue siempre el mismo: la falta de un
proyecto a largo plazo de integración productiva, comercial, política y
social con una perspectiva consensuada. La iniciativa de Brasil, y, en
segundo término, de Argentina en los últimos años, tampoco logró superar
esos escollos estructurales. Mientras se lograba la inclusión de
Venezuela en el bloque, sus dos economías más grandes limitaban su
desarrollo con sus decisiones económicas -la vinculación preferencial
con China en detrimento de sus socios de la Cuenca del Plata- y
políticas -el hundimiento de la Nueva Estructura Financiera Sudamericana
a cambio del aumento de su representación global en el marco del G20-.
Las cumbres sociales del Mercosur, que se celebran cada seis meses (a
fines de Noviembre se volvió a llevar a cabo en Caracas) remarcan en
todos sus documentos conclusivos la falta de voluntad política al
interior del bloque para implementar los programas sociales, el Estatuto
de Ciudadanía y la Declaración Sociolaboral del Mercosur entre otras
deudas pendientes. Este tipo de dilaciones y fallas ponen en tela de
juicio las intenciones reales que los gobierno del Mercosur tienen para
con el bloque. Y lo sucedido en las últimas semanas confirman algunas
sospechas.
Venezuela quedó formalmente suspendida ¿y ahora qué? El 14 de
diciembre Argentina debería hacerse cargo de la presidencia pro-témpore,
luego de 6 meses institucionalmente inexplicables (en los que Caracas
asumió, como le correspondía, la presidencia del Mercosur pero fue
boicoteada sin justificación jurídica clara por los demás miembros) y
ante el recurso por parte del gobierno de Maduro al sistema de solución
de controversias previsto por el Tratado de Olivos. Y lo más grave de
todo, sin un rumbo claro, exeptuando la difícil negociación de un
Tratado de Libre Comercio a retomarse en marzo con la Unión Europea.
Hay que admitir, sin embargo, que para los países latinoamericanos el
2016 ha sido un año en el cual se fueron desdibujando las certezas en
sus relaciones con el mundo. Por motivos internos, a causa de los
cambios de gobierno en diferentes países de la región, pero sobre todo
por crisis exógenas. El prolongado estancamiento político español, la
debacle de los proyectos de gobierno en Francia e Italia, la
reconfiguración de la diplomacia británica tras el Brexit, la
diferenciación en la estrategia de expansión china y la victoria de
Donald Trump en los EEUU, privaron a los países de la región de sus
interlocutores privilegiados, y los obligan a repensar su inserción
económica y política en el mundo.
Las propuestas ante la crisis
Una situación tal puede representar una salvación o una condena para
organismos de integración regional como el Mercosur. Puede acercar a los
países miembros en búsqueda de mutuo amparo, como han deslizado los
cancilleres de Brasil, José Serra, y de Argentina, Susana Malcorra, tras
la victoria de Trump en EEUU. Pero también puede generar un “sálvese
quien pueda” generalizado. Un proceso similar se dio a mitad de los ’90
cuando se produjo la firma de varios TLC por parte de países
latinoamericanos con las grandes potencias mundiales y su ingreso a la
exclusivísima Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OCDE). Ese mismo rumbo parece ser el que sugiere hoy el
gobierno argentino, proclive a flexibilizar las reglas del Mercosur para
permitir la firma de sus países miembros de TLCs con EEUU y China, y ya
bajo observación de la OCDE para evaluar la adaptación de sus normas a
los estándares de tan selecto club de países ricos. Ante la falta de
decisiones en el bloque, Uruguay también comenzó a tejer sus relaciones
comerciales con China y Europa, mientras Paraguay profundiza sus
contactos con Corea del Sur. Brasil, potencia regional a la cabeza del
grupo, se encuentra sumergida en una crisis que abarca a todo su arco
político, con un gobierno golpista fuertemente debilitado y un margen de
maniobra mucho más limitado que en la última década, pero aún ligado a
la coordinación con las demás potencias regionales del BRICS.
Todos los países miembros, igualmente, siguen mirando con cierto
cariño hacia la Alianza del Pacífico, enlace natural para América Latina
con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus
siglas en inglés), un mega-acuerdo de libre comercio firmado ya por 12
países, incluyendo a Chile, México y Perú. Y de allí parece llegar la
tentación hacia un nuevo tipo de integración. Si bien el TPP se
encuentre hoy pendiente de un hilo, por la decisión de Trump de no
ratificar el acuerdo, su espíritu, sus cláusulas y sus formas serán a
toda vista el modelo de negociación de nuevos acuerdos regionales, al
igual que el TISA, o el TTIP. La novedad de estos tratados -considerados
ya “de nueva generación”- es que obligan a los países firmantes a
adecuar sus reglamentaciones futuras a los términos del tratado en
ámbitos que históricamente fueron monopolio estatal, como los servicios
públicos, transporte, investigación etc… Estos acuerdos son negociados a
espaldas de los parlamentos, y con el asesoramiento de grandes empresas
transnacionales que se favorecen con sus cláusulas. Los gobiernos de
Argentina, Brasil y Paraguay ven con buenos ojos este modelo de tratado,
para lo cual hoy el Mercosur es un impedimento burocrático y lento que
habría que flexibilizar, y por ello el sentido mismo del bloque está en
disputa.
La visión social y alternativa, encarnada por la Cumbre Social del
Mercosur y -en teoría- por los gobierno de Venezuela y Uruguay, quedó
aparentemente desbaratada con facilidad. Venezuela, que ingresó gracias a
la tozudez de Chavez, como parte de un proyecto mucho más grande de
transformación política latinoamericana, y por necesidad de recurrir al
amparo del gigante brasilero tras haberlo desafiado abiertamente a una
pulseada energética, nunca logró aportar claramente a la visión
estratégica del bloque. Uruguay, que jugó siempre “a dos puntas” en los
últimos años, mantiene hoy una postura de minoría moderada, avalando en
disidencia las decisiones del bloque dominante. Y la Cumbre Social nunca
tuvo gravitación real en una organización donde, como en todas las
demás iniciativas de integración regional, los intereses de los Estados
Nacionales siempre estuvieron por encima de cualquier intención
colectiva, y por lo tanto los gobierno no delegaron ningún tipo de poder
real a los actores de la sociedad civil.
El Mercosur sin embargo es tan difícil de reformar, como de romper. A
diferencia de otros organismos regionales, logró un largo acumulado de
reglamentaciones, acuerdos, tratados, que además de ser vinculantes para
los Estados miembros constituyen un piso de acuerdo. Débil, sin
actuación efectiva, pero aceptado activa o pasivamente por todos los
gobiernos miembros desde 1991 hasta la fecha. Desandar semejante camino
para volver a atomizar el Cono Sur sería una derrota política histórica
para toda la región.
La suspensión de Venezuela refuerza entonces el ánimo disciplinador
que algunos gobiernos asumieron en el marco del Mercosur, con objetivos
exclusivamente políticos en medio de la disputa por marcar el rumbo del
bloque. A esto se le suma la incertidumbre por el escenario externo, que
refuerza el estancamiento en un Mercosur que avanza por inercia, y
tampoco encuentra en otros organismos regionales un objetivo común, más
allá de consignas vacías e inefectivas. Será el primer semestre de 2017,
bajo la presidencia argentina, cuando se podrá empezar a vislumbrar
algún rumbo, por más que no parezca para nada alentador para las fuerzas
sociales de los países miembros.
NUEVA YORK.- Donald Trump
planea profundizar el perfil militar de su gabinete al elegir a un
general, el tercero que prevé sumar a su equipo, para preservar la
seguridad de Estados Unidos, custodiar las fronteras y desplegar su
política migratoria.
Trump
le ofrecerá a John F. Kelly, ex general del Cuerpo de Marines, el
Departamento de Seguridad Interior, el tercero entre los ministerios más
grandes del gobierno. Hasta enero, Kelly estuvo a cargo de las
operaciones en América latina. Otros dos ex generales ocuparán además
puestos clave de Defensa de la administración.
De aceptar el
cargo, Kelly será el tercer general retirado que trabajará en el
gobierno de Trump. Otros dos generales retirados, Michael Flynn y James
Mattis, ya han sido designados, respectivamente, asesor de seguridad
nacional y jefe del Pentágono. Además, David Petraeus, que lideró el
repliegue militar en Afganistán y dirigió de la CIA con Barack Obama, es
uno de los candidatos para convertirse en secretario de Estado.
El
nombramiento aumentó, además, la preocupación por un aumento de la
influencia militar en el gobierno norteamericano bajo el mando de Trump.
El
Departamento de Seguridad Interior, creado por el ex presidente George
W. Bush, es una de las áreas más calientes del gobierno federal. Nacido
de los escombros de las Torres Gemelas, es un mastodonte burocrático en
el que trabajan 240.000 empleados repartidos en 22 dependencias con una
sola misión: proteger al país de cualquier amenaza.
A
los 66 años, Kelly, comandante en Irak entre 2008 y 2009, padre de un
soldado muerto en Afganistán, ejecutará algunas de las propuestas más
duras de la campaña de Trump.
Su abanico de responsabilidades
incluirá la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, la custodia de
las fronteras, las costas y los aeropuertos, el manejo de las aduanas y
la seguridad de la familia presidencial.
Kelly será el hombre a
cargo de la inmigración: el Departamento de Seguridad Interior decide
qué extranjeros pueden entrar al país y a quiénes expulsa el gobierno
federal. Controlará la política de deportaciones de inmigrantes
indocumentados, el prometido muro con México y el "escrutinio extremo" a
los extranjeros que quieran visitar o inmigrar a Estados Unidos.
Kelly
tiene fama de "halcón". Trabajó en la administración de Obama, en Irak y
como asesor de dos jefes del Pentágono, Leon Panetta -quien respaldó su
designación- y Robert Gates.
Kelly conoce bien América latina.
Hasta enero último, fue el jefe del Comando Sur, y tuvo a su cargo las
operaciones militares en América del Sur y América Central que colaboran
en la lucha contra el narcotráfico.
Uno de los motivos por los
que Trump lo eligió es su obsesión con la frontera con México, en el sur
del país. Kelly ha dicho que la violencia en la región, el tráfico de
personas y drogas, y, a su juicio, la falta de seguridad en esa frontera
son una "amenaza existencial" para Estados Unidos.
Se opuso públicamente al cierre de la prisión de Guantánamo, en Cuba, símbolo de torturas.
"Entiende
perfectamente el papel fundamental que desempeña la seguridad
fronteriza para proteger el país de las amenazas del terrorismo, la
inmigración ilegal descontrolada y las drogas", lo elogió en un
comunicado Dan Stein, presidente de FAIR, una organización que promueve
una línea dura en inmigración.
Más nombramientos
El equipo
de transición de Trump anunció, ayer, otros tres nombramientos. Por
lejos, el que levantó más polvareda fue el de la persona propuesta para
liderar la Agencia de Protección Ambiental (EPA, según sus siglas en
inglés): Scott Pruitt, el procurador general de Oklahoma, un político
cercano a la industria petrolera que ha desplegado una batalla judicial
contra regulaciones para combatir el calentamiento global, impuestas por
la misma agencia que ahora Trump quiere que dirija.
La elección
de Pruitt destrozó las señales a favor del medio ambiente que había
ofrecido Trump en las últimas semanas y que habían marcado un giro
respecto de la campaña, cuando dijo que era el calentamiento global era
"un cuento chino".
Días atrás, en una entrevista con The New York
Times, el republicano había dicho que creía que existía "cierta
conexión" entre los humanos y el calentamiento global, y esta semana se
reunió con Al Gore, férreo activista de las políticas a favor del medio
ambiente.
Pero su decisión marca un regreso a foja cero: en contra
del amplio consenso científico, Pruitt ha dicho que la ciencia respecto
del deterioro ambiental del planeta está "irresuelta". Su designación
generó un rápido repudio en grupos ambientalistas y líderes demócratas
en el Congreso.
Críticas
"Poner a Scott Pruitt a cargo de
la EPA es como poner a un pirómano a apagar incendios", graficó Michael
Brune, director ejecutivo de Sierra Club, una organización dedicada a
proteger el medio ambiente.
"Es un negador del cambio climático
que ha trabajado estrechamente con la industria petrolera. Es triste y
peligroso", apuntó en Twitter el senador de Vermont y ex candidato
presidencial, Bernie Sanders, que puso la lucha contra el cambio
climático en el centro de su campaña.
La líder de los demócratas
en la Cámara baja del Congreso, Nancy Pelosi, difundió un comunicado con
un categórico repudio: "Por el aire que respiramos, el agua que bebemos
y el planeta que dejaremos a nuestros hijos, el jefe de la EPA no puede
ser un taquígrafo de los lobbistas de los contaminadores y las grandes
petroleras".
El presidente electo eligió también al gobernador de
Iowa, Terry Branstad, para ser embajador en China y llevar adelante una
de las relaciones bilaterales que auguran tensión. Ya Trump se preocupó
por crear el primer cortocircuito con Pekín al hablar por teléfono con
la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen.
El equipo del magnate
republicano también anunció la designación de otra mujer, Linda McMahon,
una empresaria que dirige una popular franquicia de lucha libre, WWE, y
que compitió dos veces por una banca en el Senado norteamericano por
Connecticut. Perdió las dos veces.
Trump, una de las celebridades
que integran el Salón de la Fama de luchadores de WWE, junto a
personalidades como Mike Tyson o Mr. T, entre otros, dijo que McMahon
"va a desencadenar el espíritu emprendedor en todo el país".
El triángulo militar
Trump se rodeó de tres hombres curtidos en las fuerzas armadas para la toma de decisiones clave en defensa y seguridad
John F. Kelly
Secretario de Seguridad Interior
Ex
general del cuerpo de marines, será nominado para conducir el
Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés); fue
creado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para que el
gobierno estuviera preparado para prevenir y responder a futuros ataques
Comandante
en Irak entre 2008 y 2009, Kelly ejecutará algunas de las propuestas
más duras de la campaña de Trump; su abanico de responsabilidades
incluirá la lucha contra el terrorismo y contra el narcotráfico
También
será el hombre a cargo de la inmigración: el DHS decide qué extranjeros
pueden entrar y quiénes deben ser expulsados; controlará la política de
deportaciones de indocumentados
Michael Flynn
Asesor de Seguridad Nacional
General
retirado de tres estrellas, será la mano derecha de Trump en seguridad;
hará de enlace con los departamentos relacionados con la política
exterior, militar y antiterrorista de la primera potencia mundial
Flynn
estuvo 33 años en el ejército, está registrado como votante del Partido
Demócrata y sirvió en el gobierno de Barack Obama como jefe de la
unidad de inteligencia del Pentágono
James Mattis
Secretario de Defensa
Mattis,
apodado "Perro Loco", es considerado un militar de mano dura; fue uno
de los primeros en poner el pie en Afganistán tras los atentados de 2001
y estuvo al mando de una de las divisiones que invadieron Irak en 2003
Entre
otros temas ríspidos tendrá un papel vital en las relaciones con Irán,
después de haberse opuesto abiertamente al acuerdo que forjó Obama para
limitar el programa nuclear de Teherán
Del
editor: ¿Cómo sigue? Militares y multimillonarios son la combinación
que por ahora parece estar eligiendo Trump para ejercer el poder.