jueves, 26 de marzo de 2015

EEUU ante la Cumbre de las Américas

La Cumbre anuncia una crisis de sistema


Por Marco A. Gandásegui (h)


La política exterior de un país es el reflejo de su política interna. En el caso de la VII Cumbre de las Américas, que se efectuará en la ciudad de Panamá, en apenas dos semanas, existe una tradición que se remonta dos siglos en que los países del hemisferio buscan crear un sistema político – sin mucho éxito - mediante acuerdos y alianzas internacionales. El Congreso Anfictiónico convocado por Bolívar en 1826 – precisamente en la capital panameña - tuvo como objetivo sellar la independencia de las nuevas repúblicas y bloquear el retorno de las potencias europeas.
La Cumbre de 2015 plantea la intención de los gobiernos latinoamericanos de consolidar un sistema que respete su soberanía y la autodeterminación de sus pueblos. La decisión de Cuba de participar en la Cumbre organizada por la Organización de Estados Americanos (OEA) le dio un impulso especial al encuentro. Todo indicaba que las relaciones entre la isla caribeña y EEUU entraban en una nueva fase. Por primera vez en 55 años los presidentes de los dos países se sentarían juntos en una mesa.
Sin embargo, EEUU decidió sacar una carta de la manga que puso en peligro el sistema que construyen los países de la región. Faltando poco para el cónclave, el presidente Barack Obama declaró que Venezuela representaba un peligro para su “seguridad interna y política exterior”. La agresividad de Obama contrastaba con su discurso pronunciado junto con el presidente cubano, Raúl Castro, subrayando que las diferencias entre los dos países no podían resolverse mediante la fuerza ni el engaño.
La ‘declaración de guerra’ de Washington contra el gobierno que preside Nicolás Maduro en Caracas, fue calificada como una intromisión burda por gobiernos y sectores sociales de toda la región. El anuncio de Obama se dio a conocer sólo unos días después  del frustrado golpe contra la revolución bolivariana montada en Colombia con apoyo de EEUU.
En la Casa Blanca se puso en marcha, hace más de 15 años, cuando aún vivía el presidente Hugo Chávez, una estrategia que buscaba un “cambio de régimen” mediante mecanismos no democráticos. A pesar de todos los esfuerzos, Washington no ha tenido éxito. A mediados de 2015, Venezuela celebrará elecciones donde las fuerzas polarizadas pondrán a prueba su apoyo popular.
La táctica utilizada por Washington contra Venezuela se parece mucho a la acción de desgaste que ese país aplicó contra Panamá hace 25 años antes de invadir militarmente al istmo. La actual ofensiva norteamericana incluye sabotaje económico, movilización de extremistas que utilizan tácticas terroristas y la división de las fuerzas armadas de la revolución bolivariana.
EEUU también llega a la Cumbre promoviendo una política divisionista. Mientras que los países más progresistas promueven ALBA, EEUU abanica la llamada Alianza del Pacífico. Washington también ha extendido su presencia militar en la región. Ha ocupado militarmente países como México y Colombia. Sus tropas se mueven con plena libertad en Honduras y Haití. Tiene bases militares en Chile, Perú y Paraguay. En el caso de Panamá, ha construido 12 bases aéreo-navales en las dos costas del país.
Hace pocos meses el discurso de Obama en torno a la nueva política hacia Cuba era considerada prometedora en la región. La Cumbre de Panamá no aceptará la impunidad norteamericana que caracterizó el siglo XX. En términos políticos y económicos ha perdido su hegemonía de antaño.
EEUU parece convencida que su única opción en América latina en el siglo XXI es imponer su fuerza militar. Para corregir ese rumbo equivocado, Obama tendría que llegar a la Cumbre con un discurso que promueva la convivencia, acompañada de acciones que apoyen su retórica. La vieja Alianza del Progreso es algo del pasado. En la actualidad, tendría que plantear una nueva política de intercambio comercial, de paz y de búsqueda de soluciones para los migrantes de la región que buscan empleo en EEUU.
En materia comercial, EEUU tiene que abandonar sus pretensiones de arrancar las riquezas a los países de la región, especialmente Venezuela. En materia de paz Washington debe declarar el hemisferio libre de militarismo. Tendría que desocupar las bases de Guantánamo, de Haití, Honduras y Colombia. Así mismo, retirar sus llamados ‘asesores’ militares de Panamá, Costa Rica, Chile y Perú. La Cumbre de Panamá anuncia una crisis de sistema que se reflejará en los cambios de la política exterior de EEUU hacia la región en un futuro no lejano.
26 de marzo de 2015.

Venezuela, Cuba y la Cumbre de las Américas




El presidente de Estados Unidos, Barak Obama, pareciera obstinarse en marchar ineluctablemente hacia un gran descalabro en la VII Cumbre de las Américas (CA), a celebrarse en Panamá los días 10 y 11 de abril de 2015.
Pese a la serena y prudente propuesta del presidente Nicolás Maduro, no obstante ser Venezuela la agraviada, para que Washington y Caracas resuelvan sus diferencias mediante el diálogo, hasta el momento no se aprecia ninguna señal de que la Casa Blanca este reconsiderando o se disponga a reconsiderar su agresiva, torpe e injerencista orden ejecutiva declarando a Venezuela como amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
Es tan evidente la metedura de pata yanqui en esta cuestión que hasta sectores de la oposición venezolana se han visto forzadas a tomar, aunque tímidamente, cierta distancia del decreto de Obama no obstante que sea su comandante en jefe, ya que han visto totalmente minimizada su presencia en la palestra política ante el repudio nacional contra la actitud estadunidense.
Y es que a Obama el tiro le ha salido por la culata pues lejos de intimidar al pueblo venezolano, ha incentivado su combativo antimperialismo y unidad con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en torno a su dirección político-militar. No fue en balde la dedicación incansable de Chávez durante años a la educación política de sus compatriotas y a hacer más profundas, revolucionarias y antimperialistas sus tradiciones patrióticas y latinoamericanistas, labor continuada por Maduro y el chavismo en dura lucha contra la maquinaria mediática internacional y sus clones locales de la oligarquía, que cuenta todavía con muchos recursos económicos, simbólicos y propagandísticos para deformar la realidad e instaurar falsas y venenosas matrices de opinión entre la población.
Pero, mucho más grave, la arrogancia imperial del decreto de Obama ha provocado gran indignación en América Latina y el Caribe donde no cesan las manifestaciones de apoyo a la soberanía de Venezuela y de repudio a Washington, no solo de Unasur y el Alba sino de los sectores populares y la juventud, como ha podido apreciarse con el posicionamiento reiterado en tuiter de trending topic mundial del numeral #ObamaDerogaElDecreto. Sin contar con el respaldo recibido por Caracas del Movimiento de Países No Alineados, el Parlamento Latinoamericano y el gobierno ruso que en boca del respetado canciller Sergei Lavrov condenó desde La Habana el intento de golpe en Venezuela al tiempo que exigía el levantamiento del bloqueo a Cuba. Mientras, la Unión Europea se ha mantenido distante del predicamento antivenezolano.
En ese clima de creciente repudio al decreto llegará Obama a la CA en Panamá. Dos días antes, el 8 de abril se habrá reunido con los líderes de los países del Caricom en Jamaica, donde es sabido que continuará sus acciones para destruir Petrocaribe en detrimento de los intereses de nuestros pueblos, y a favor de las transnacionales de la energía así como intentrá “doblar el brazo” –como él mismo ha confesado que practica- a los gobernantes de los Estados caribeños antes que lleguen a Panamá. Es sabido lo dependientes que son esos pequeños Estados de la ayuda exterior.
La conjura imperialista contra Venezuela continúa a todo trapo estimulada por el decreto de Obama y ahora es nada menos que el ex presidente del gobierno español Felipe González, promotor del neoliberalismo en nuestra región y viejo asociado del imperialismo quien anuncia que formará parte de la defensa de los cabecillas contrarrevolucionarios Leopoldo López y Antonio Ledezma.
En otro carril, Washington, que sigue afirmando que lo que ha cambiado hacia Cuba son sus herramientas pero su objetivo es el mismo –¿cuál va a ser sino el “cambio de régimen”?- proyecta acarrear a los llamados foros de la sociedad civil de la CA a los integrantes menos desprestigiados de su quinta columna mercenaria en la isla, para presentarlos como representantes de la sociedad civil cubana “independiente” frente a los “oficialistas”; o sea, las organizaciones obreras, campesinas, de escritores y artistas, de mujeres y otras que expresan la gran diversidad de la sociedad cubana y han sido pilares de la resistencia a la hostilidad estadunidense. Si no fueran enemigos de la Revolución uno sentiría pena por el ridículo que harán los supuestos “independientes” pues ninguno puede discutir un minuto frente a los “oficialistas”, sobrados de argumentos y razones. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

Cuba, entre EEUU, Europa y Rusia


EE.UU. levanta algunas sanciones a Cuba

Varias de las empresas tienen relación con la industria turística de la isla, como Caribbean Happy Lines o la agencia de viajes Guama. La medida es un nuevo paso en el restablecimiento de las relaciones bilaterales.
Página/12

El gobierno estadounidense eliminó ayer 45 compañías, individuos y embarcaciones de Cuba de una lista de sanciones a empresas y personas por su apoyo al terrorismo o al narcotráfico, como parte del proceso de restablecimiento de las relaciones bilaterales después de medio siglo.
El Departamento del Tesoro publicó en su página web un listado de entidades que sacó de la lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN, por sus siglas en inglés), elaborada por la Oficinade Control de Bienes Extranjeros (OFAC). En un escueto comunicado, la OFAC informó que fueron retirados de la lista de sanciones seis personas, 28 compañías y 11 embarcaciones navales, incluyendo navíos que operan con bandera chipriota. En casi la totalidad de los casos, se trata de empresas operadoras de turismo y empresas navieras con sede en Panamá.
La eliminación de estas sanciones no implica que se retire a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo que elabora el Departamento de Estado. Es un proceso independiente. Un paso que reclama el gobierno cubano es que se retire de la lista de países patrocinadores del terrorismo, pero eso aún no fue concretado por Washington. Los cubanos están presionando por ese paso en momentos en que los dos países negocian los términos para el restablecimiento de embajadas en las dos capitales.
Estados Unidos incluyó en marzo de 1982 a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, durante el gobierno del republicano Ronald Reagan. En la lista –en la que actualmente también están Irán, Sudán y Siria– están incluidos países que a juicio de Washington han ofrecido apoyo reiterado a actos de terrorismo internacional.
Como resultado del acuerdo entre Washington y La Habana para reiniciar relaciones diplomáticas, el presidente Barack Obama pidió en diciembre al secretario de Estado, John Kerry, que revise si Cuba debe ser o no sacada de la lista. El gobierno estadounidense todavía no ha tomado una decisión al respecto. Kerry tiene seis meses para presentar un informe y el presidente, por su parte, deberá informar al Congreso de su decisión. Si Washington decide eliminar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores de terrorismo, no sería el primer país en salir. Yemen del Sur, Irak, Libia y Corea del Norte ya no integran el listado elaborado por el Departamento de Estado.
Varias de las empresas retiradas de la lista tienen relación con la industria turística de Cuba, como Caribbean Happy Lines o la agencia de viajes Guama; o con actividades pesqueras o navales, como la Abastecedora Naval e Industrial o Pescados y Mariscos de Panamá o empresas navales como Taller de Reparaciones Navales y Abastecedora Naval. Más de 30 de los 45 individuos, entidades y barcos retirados de la lista estaban radicados en Panamá pese a proceder de Cuba, mientras que uno, la embarcación Alegría de Pío, está registrado en España, y otro, la empresa Travel Services, Inc., tiene una sede en Estados Unidos, concretamente en Hialeah (Florida).
La OFAC es una oficina del Departamento del Tesoro autorizada por el presidente de los Estados Unidos para administrar y reforzar los programas de sanciones del gobierno estadounidense.
Las sanciones recién retiradas impedían que individuos o entidades estadounidenses realizaran transacciones financieras con las personas y empresas afectadas, y congelaban cualquier activo que pudieran tener bajo jurisdicción estadounidense. Su eliminación de la lista forma parte de “una revisión interna de casos de designación (de individuos y entidades de Cuba para ser sancionados) que está en curso”, afirmó un portavoz del Tesoro, que pidió el anonimato. “Esto está en línea con la política hacia Cuba del presidente estadounidense, Barack Obama”, aseguró el portavoz.
Washington y La Habana anunciaron en diciembre pasado el inicio de un proceso de reaproximación para restablecer sus relaciones diplomáticas y eventualmente reabrir las respectivas embajadas. Como parte de este proceso, Washington ya flexibilizó diversas normas y restricciones a viajes personales e intercambio comercial con Cuba.


Visita del canciller ruso

El canciller de Rusia, Serguei Lavrov, realizó ayer una breve visita de trabajo a Cuba, durante la cual discutió con autoridades cubanas pasos comunes ante el embargo de Estados Unidos. “En el curso de la visita tenemos la intención de debatir cuestiones en el aspecto regional, de los asuntos internacionales y, en general, de acordar nuestros pasos sobre todo en torno del bloqueo (embargo estadounidense) que sigue hacia Cuba”, dijo Lavrov durante un encuentro con el vicepresidente cubano, Ricardo Cabrisas. Por su parte, Cabrisas destacó el apoyo de Lavrov a las relaciones bilaterales y a la exigencia del cese del bloqueo estadounidense contra la isla, vigente desde 1962. La agencia de noticias Prensa Latina destacó que el canciller ruso también se reunió con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, y que ambos constataron la voluntad de profundizar la cooperación bilateral y analizaron los preparativos para la XIII Comisión Mixta Intergubernamental, que se celebrará en abril en Rusia. La Cancillería de Moscú mostró el lunes en un comunicado su apoyo a las conversaciones entre Washington y La Habana, destacando que este tema estaría en la agenda de la visita de Lavrov.
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Cuba y la Unión Europea: “acuerdo antes de fin de año”

El bloque comunitario entregará a la isla 50 millones de euros hasta 2020, principalmente para la agricultura. “Hablamos de los derechos humanos que se deben respetar tanto en Cuba como en Europa”


Así lo anunció Mogherini en la rueda de prensa que ofreció al finalizar su primera visita oficial a Cuba, durante la cual se reunió con el presidente cubano, Raúl Castro, y otros representantes del Gobierno de la isla como el canciller Bruno Rodríguez.
“Acordamos dar velocidad al ritmo de las negociaciones que mantenemos y esperamos cerrar el marco de diálogo y el acuerdo para final de este año”, señaló la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que calificó de “muy positiva” su visita.
La italiana indicó que, el próximo 22 de abril, recibirá en Bruselas a una delegación cubana encabezada por el canciller Bruno Rodríguez; y añadió que se verán de nuevo con representantes de la isla en la próxima cumbre UE-CELAC, que se celebrará en junio en la capital comunitaria.
“Estuvimos de acuerdo en que está en el interés de Cuba y de la UE (..) que aprovechemos el momento político creado con estas visitas y que las rondas de negociación mantengan al menos la frecuencia de nuestros encuentros bilaterales”, explicó Mogherini.
Cuba y la UE iniciaron en abril de 2014 un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo de diálogo político y de cooperación y superar la “posición común”, que condiciona desde 1996 el diálogo con la isla a mejoras en la situación de los derechos humanos y libertades políticas.
La jefa de la diplomacia europea indicó que habló sobre derechos humanos con las autoridades cubanas, un tema que “forma parte del diálogo que la UE mantiene con todos sus socios” y habitual en sus contactos con la isla.
“Hablamos de los derechos humanos que se deben respetar tanto en Cuba como en Europa.Siempre me gusta recordar que no queremos dar lecciones, pero sí compartir nuestros estándares sobre derechos humanos, económicos y sociales”, subrayó.
La diplomática europea resaltó la voluntad de la UE de abordar estos temas sin “dobles raseros”o centrándose solamente en los retos de los derechos humanos de una parte.
Además, durante la visita de Mogherini, la UE y Cuba firmaron un acuerdo de cooperación por que el que el bloque comunitario entregará a la isla 50 millones de euros hasta 2020, principalmente para proyectos de agricultura.
AGENCIAS


martes, 24 de marzo de 2015

"Argentina y Estados Unidos, golpe a golpe (1966-1976)"


Comparto acá la introducción del artículo que me publicaron en el último número de la Revista SAAP (Sociedad Argentina de Análisis Político), Vol. 8, N. 2, noviembre 2014, pp. 521-554: 







Leandro Morgenfeld[1]

 

Introducción



La década que transcurrió entre el golpe liderado por Onganía y el que encabezó Videla determinó buena parte de la historia argentina posterior. En esos años cruciales, también la relación con Estados Unidos transcurrió por novedosos carriles. Entender las contradicciones del vínculo bilateral en ese período permitirá arrojar luz sobre las complejas relaciones con la Casa Blanca durante la última dictadura militar y tras la vuelta de la democracia. Los gobiernos de la autodenominada Revolución Argentina y los del retorno del peronismo plantearon una sinuosa relación con Washington, plagada de idas y vueltas, marchas y contramarchas. El rápido acercamiento de Onganía (1966-70) a Estados Unidos se vio opacado cuando su gobierno se negó a implementar las políticas de desarme y no proliferación nuclear, lo cual generó una serie de cortocircuitos y represalias. La relación bilateral se enfrió todavía más durante el gobierno de Alejandro Lanusse (1971-73), la crisis económica en el país del Norte y la llamada apertura hacia el Este[2]. Los tradicionales sectores agroexportadores locales alentaron la búsqueda de nuevos mercados, del otro lado de la cortina de hierro, con lo cual la Unión Soviética y sus satélites se transformaron en un apetecible destino para enviar los excedentes agrícolas. La vuelta del peronismo (1973-76) planteó una renovación de la Tercera Posición. Con Héctor Cámpora, se tensaron las relaciones con Washington aunque, tras su rápida salida del gobierno, hubo una relativa distensión, durante el interinato de Raúl Lastiri. Juan D. Perón, en su tercer mandato, intentó mejorar el vínculo con Estados Unidos, en línea con su pretensión de atraer capitales de ese país. La Casa Blanca, tras haber apoyado el golpe de Augusto Pinochet contra Salvador Allende colocar fecha, que generó rechazo en muchos países del continente, intentó recomponer las relaciones con América Latina. Richard Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger lanzaron un Nuevo Diálogo con la región Falta explicar en una nota en qué consistió el Nuevo Diálogo y sus limitaciones. Durante el gobierno de Isabel Perón, y en medio del marasmo económico que terminó en el Rodrigazo (junio de 1975), la relación bilateral fue contradictora. Se enviaron señales a Washington para mejorar el vínculo, a la vez que se anunciaron ciertas políticas nacionalistas -como la nacionalización de las bocas de expendio de combustibles- que afectaban importantes negocios estadounidenses. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la banca estadounidense retuvieron créditos destinados a Argentina que ya habían sido aprobados, hasta asfixiarla financieramente, previamente al anunciado golpe de Estado. El vínculo bilateral dio un giro desde marzo de 1976, cuando luego de la asunción de Jorge R. Videla, se conoció el nombramiento como ministro de economía de Alfredo Martínez de Hoz, con fluidos vínculos con David Rockefeller y la gran banca estadounidense. Videla proclamó rápidamente su alineamiento con Occidente y la lucha contra el comunismo, siguiendo la Doctrina de Seguridad Nacional[3]. Sin embargo, los vínculos económicos, políticos y militares con la Unión Soviética se incrementaron en ese período (y mucho más cuando Argentina rechazó el boicot estadounidense contra la Unión Soviética por la invasión a Afganistán), con lo cual los roces con la Casa Blanca estuvieron a la orden del día, fundamentalmente durante la Administración Carter (1977-81).
Entender las turbulencias en la relación bilateral durante el período 1966-76 es crucial para dilucidar el futuro de ese vínculo, que a su vez tuvo un gran impacto en todo el sistema interamericano. En el presente artículo, abordaremos, entre otros, los siguientes interrogantes: ¿Cómo se posicionaron los distintos sectores en Estados Unidos frente al golpe encabezado por Onganía? ¿Qué límites tuvo el inédito acercamiento bilateral ensayado por el líder de los azules? ¿Qué se discutió y negoció durante la visita de Nelson A. Rockefeller en 1969? ¿Qué implicaba la apertura hacia el Este para los intereses de Estados Unidos en Argentina y en el Cono Sur? ¿Cómo el gobierno de Nixon procesó la vuelta del peronismo al poder, en el contexto del Nuevo Diálogo? ¿Qué similitudes y diferencias tuvo la relación con Estados Unidos durante la vuelta de Perón respecto a la Tercera Posición enarbolada en los años 40 y 50? ¿Cómo se transformó el vínculo bilateral durante el mandato de Isabel Perón? ¿Qué posición tuvo Washington frente al golpe de Estado y en los meses siguientes?



- Se puede leer completo acá -


Fragmento sobre el golpe:

El golpe del 24 de marzo de 1976 produjo un giro en la relación con Estados Unidos. No hubo intervención directa de la CIA, como en el caso chileno, pero sí un apoyo político, económico y militar a la dictadura. El anuncio del plan de Martínez de Hoz, llevó a la Administración Ford a otorgar ayuda financiera a la Junta Militar encabezada por Videla. En los meses siguientes, fluyó también la asistencia militar. El ministro de economía, según la Casa Blanca, era una garantía para los intereses económicos estadounidenses en la región. Y el gobierno de facto, una garantía para el combate contra la subversión. Las fuerzas armadas, después del auge de luchas populares inaugurado por el Cordobazo y del traumático retorno del peronismo, daban seguridades a Kissinger de mantener al país en el rumbo occidental, cristiano y anticomunista. La Junta Militar parecía ser un resguardo para la seguridad nacional de Estados Unidos. Esto era música para los oídos de la administración republicana, a pesar de las voces en el Capitolio y en el propio Departamento de Estado que tempranamente cuestionaron la represión sistemática de los derechos humanos en Argentina. El gobierno encabezado por Videla, por su parte, quería evitar esas críticas y era consciente de que, siendo un año de elecciones presidenciales en Estados Unidos, se tornaba difícil para la Casa Blanca apoyar públicamente y sin matices a una junta militar responsable de una cruenta represión interna.
Dos días después del golpe se reunieron Kissinger y William D. Rogers, Subsecretario de Estado, y debatieron sobre Argentina y la postura que debía tomar la Casa Blanca frente al golpe. Mientras Rogers anticipaba que se derramaría mucha sangre y aconsejaba no apresurarse, Kissinger planteó que los golpistas requerían del estímulo estadounidense y no quería dar la idea de que serían hostigados por Washington. Estas dos posiciones resumían el debate dentro del Departamento de Estado...





[1] Docente UBA. Investigador del CONICET. Autor de Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las conferencias panamericanas (Ediciones Continente, 2011), de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos (Capital Intelectual, 2012) y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com 
[2] En los años sesenta y setenta, frente a la crisis de hegemonía estadounidense y a las políticas proteccionistas implementadas por la Comunidad Económica Europea, sectores terratenientes, financieros e industriales procuraron reafirmar las relaciones con la Unión Soviética y los países de Europa del Este, ampliando esos mercados para las exportaciones argentinas, más allá de las fronteras ideológicas. Esa apertura hacia el Este se profundizó desde la llegada al poder de Lanusse, en 1971 (Rapoport y Spiguel, 2005: 49).
[3] Como bien sintetiza el especialista Stephen Rabe, según la concepción de los sucesivos gobiernos estadounidenses de la posguerra, Los latinoamericanos necesitaban entender su lugar en el mundo. Ellos vivían en la esfera de influencia estadounidense. Su deber era apoyar a Estados Unidos en la lucha apocalíptica contra el comunismo internacional. Cualquier desvío de una nación latinoamericana de la perspectiva estadounidense sobre el apropiado orden mundial, amenazaba la seguridad del país del norte y el balance global de poder (Rabe, 2012: 35). De acuerdo a los funcionarios de Washington, en muchos casos sus pares latinoamericanos carecían de la suficiente madurez política para entender cómo funcionaba el mundo. Esto, en su visión, habilitaba al gobierno estadounidense a actuar para corregir el mal comportamiento de sus vecinos del sur. La Doctrina de Seguridad Nacional justificó, entonces, golpes de estado y sostener a tiranos y criminales en los gobiernos de las inmaduras repúblicas latinoamericanas.

Así analizan dos exponentes de la derecha - Cisneros y Oppenheimer- la inminente Cumbre de las Américas

Venezuela: Obama provoca decepciones en la región

Por Andrés Cisneros (Clarín) -ex vicecanciller de Menem-
La asombrosa declaración oficial norteamericana de que Venezuela se ha convertido en “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior”, aparece confirmando a la muy pobre política exterior de Obama para con esta parte del continente. Si se trataba de desacreditar al régimen chavista, había necesidad de afectar a Venezuela entera, como Estado, sin diferenciar entre ese respetable país y sus repudiables gobernantes?
Si siete o más funcionarios y ex funcionarios del régimen esconden dineros mal habidos en el sistema bancario norteamericano o son responsables de condenables tratativas con terroristas y narcotraficantes, ¿no era preferible denunciar pormenorizadamente a esos ladrones y a esos delitos para que quedaran en evidencia ante el mundo y, en especial, ante el resto de América Latina?
Hace rato que Obama está siendo vapuleado por su entera política exterior y, en lo que a nuestra región concierne, en estos momentos por acusaciones de blandura en el diálogo con el castrismo. No solo el Tea Party y la derecha republicana sino también algunos demócratas y moderados de ambos partidos han venido presionando para que se tomen medidas más duras que balanceen esa supuesta debilidad en el caso de Cuba. La invitación parlamentaria para que Netanyahu hablara en el Congreso sin invitación del Ejecutivo ni entrevista con el Presidente, solo pudo leerse como una fuerte censura del Legislativo a la manera en que se están conduciendo algunos asuntos exteriores. No importa si la razón la tuvo Obama o el Congreso, lo que importa es el desaire y la grave fisura que está delatando.
Es posible que, desde una visión norteamericana, sea a través de Venezuela que en América Latina están penetrando potencias extra continentales como Rusia, China y el temido Irán. Moscú instaló en Venezuela, dos fábricas de los famosos Kaláshnikov, arma favorita del terrorismo mundial; China se apresta a construir en Nicaragua un canal competidor del de Panamá y se ha revelado que Chávez habría intentado –no se sabe aún con qué éxito- que Argentina retomara la provisión de material nuclear a Teherán, iniciada años antes y cancelada por Argentina en 1992. Todo el mundo recuerda, además, que Chávez propuso formalmente el reconocimiento de las FARC como combatientes legalmente legítimos y el respeto internacional de la “soberanía” resultante sobre los vastos territorios que esos narcotraficantes criminales por ese entonces dominaban.
Se comprende que, para el ciudadano norteamericano promedio, esas acciones puedan considerarse atentatorias de la seguridad nacional de su país pero, de nuevo, no podía sancionarse solo al gobierno en lugar de castigar al país entero? Se trata del mismo error conceptual que llevó a Washington a mantener por cincuenta y cinco años el indefendible embargo sobre Cuba, afectando a sus pobladores, sin diferenciarlos del régimen castrista. El próximo once de abril dará comienzo en Panamá la séptima Cumbre de las Américas (¿hace falta recordar la de Mar del Plata?). Allí Obama tenía la oportunidad dorada de dirigirse a la entera América Latina para invitarnos a todos, quizá a través de la OEA, a participar o al menos monitorear las inminentes negociaciones, escalón por escalón, de su deshielo con Cuba, cosa que debió hacer desde el principio pero prefirieron, otra vez, ignorarnos. Se habría retirado de la reunión aplaudido y con un logro importante para la historia de su gobierno.
No lo hizo y, al castigar a Venezuela por culpas que son de su régimen, no del país como tal, refuerza los argumentos de sus enemigos populistas en la región y obliga a aquellos otros gobiernos que ya están hartos del chavismo, a acercarle un apoyo a Venezuela, aunque ello suponga renovarle el aire a Maduro. Cierre de lamentar para la política exterior de una presidencia que, en su momento, despertó tantas expectativas.

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Obama deja fuera de agenda a América del Sur


El anuncio de la Casa Blanca sobre la agenda del presidente Barack Obama para la Cumbre de las Américas el próximo 10 y 11 de abril en Panamá, en el que se indica que se reunirá con líderes del Caribe y América Central, plantea una gran pregunta: ¿Estados Unidos ha renunciado a América del Sur?
Según un comunicado oficial, Obama viajará a Jamaica el 8 de abril para reunirse con líderes de los 15 países de la Comunidad del Caribe (Cacricom) y tener una reunión bilateral con la primera ministra de Jamaica, Portia Simpson-Miller. De allí irá a Panamá para asistir a la Cumbre de las Américas, a la que por primera vez asistirá Cuba. En la cumbre, Obama se reunirá con los líderes de los ocho países del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y con el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela.
Pero ¿qué pasa con Brasil y otros países sudamericanos?, les pregunté a funcionarios de Estados Unidos en los últimos días. Hasta el momento, no está prevista ninguna reunión grupal ni bilateral con países de América del Sur, dicen los funcionarios de Washington. Agregan que lo más probable es que Obama se reúna informalmente con varios presidentes sudamericanos durante las sesiones cerradas de todos los jefes de Estado que participen en la cumbre.
En 2009, el presidente estadounidense se había reunido con los líderes de los 12 países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago. En la de Cartagena, en 2012, tuvo una reunión bilateral con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos.
Las relaciones de América del Sur con Estados Unidos se deterioraron seriamente en la última década. Brasil, Venezuela y otros países -envalentonados por sus exportaciones de materias primas a China- crearon sus propias organizaciones subregionales, como la Unasur, para excluir a Estados Unidos de las decisiones regionales.
La sede de la Unasur fue instalada en Ecuador y la entidad está presidida por el ex presidente de Colombia Ernesto Samper, cuya visa de entrada a Estados Unidos fue revocada en 1996 -y nunca restituida- tras acusaciones de que su campaña presidencial de 1994 había sido financiada por el cartel de Cali.
Pocos días atrás, las relaciones de Washington con América del Sur registraron un nuevo bajón después de que Obama emitió una orden ejecutiva para negar visas de entrada a Estados Unidos y aplicar sanciones financieras a siete funcionarios venezolanos acusados de violaciones de los derechos humanos. La Unasur inmediatamente denunció la medida como una "amenaza injerencista" de Washington.
Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de análisis político con sede en Washington, dice que el hecho de que no haya una reunión entre Obama y la Unasur en Panamá es "reconocimiento de la realidad". Y añade: "La realidad es que la influencia de Estados Unidos en América del Sur se ha convertido en marginal, y que si Estados Unidos tiene alguna influencia en la región es en América Central y el Caribe."
Al centrar su atención en América Central y el Caribe, Obama también podría estar tratando de llenar el vacío dejado por Venezuela en la cuenca del Caribe. Venezuela ya no puede mantener su apoyo a Petrocaribe, la institución que canaliza sus subsidios petroleros a esa región, agregó Shifter.
Los funcionarios estadounidenses rechazan la idea de que el gobierno de Obama haya renunciado a América del Sur y agregan que los países centroamericanos y caribeños enfrentan los peores problemas: energéticos y de violencia y drogas.
Mi opinión: Obama debería tender puentes con Brasil y otros países sudamericanos en la cumbre.

lunes, 23 de marzo de 2015

Boicotear la Cumbre de las Américas?




Compartimos un nuevo artículo sobre la inminente Cumbre de las Américas:



Por Atilio A. Boron 

Los cancilleres de la UNASUR debían haberse reunido en Montevideo hace poco más de una semana. Un áspero entredicho, ocasionado por una insólita declaración del vicepresidente uruguayo que puso en duda la afirmación del gobierno  bolivariano sobre la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela, dinamitó la reunión.  Alguien propuso que la misma debía posponerse hasta el 23 del corriente mes pero  el presidente Rafael Correa, consciente de la extrema gravedad de la amenaza que se cierne sobre Venezuela, enmendó tamaña insensatez y convocó a una reunión extraordinaria de cancilleres en la sede de la UNASUR, en Quito. Como resultado de esas deliberaciones la organización emitió dos comunicados: en uno compromete el apoyo de su Secretaría General para continuar el “más amplio diálogo político con todas las fuerzas democráticas venezolanas, con el pleno respeto al orden institucional, los derechos humanos y el estado de derecho” a la vez que manifiestan su apoyo a la celebración de las próximas elecciones parlamentarias. En el otro rechazan al Decreto Ejecutivo firmado por Obama el 9 de marzo por constituir “una amenaza injerencista a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados” a la vez que “solicita la derogación del citado Decreto Ejecutivo.”  

 Teniendo en cuenta la heterogeneidad del mapa sociopolítico sudamericano, con gobiernos de izquierda, progresistas y de derecha, ambas declaraciones constituyen casi un milagro, sobre todo la segunda. Pero queda un sabor amargo en la boca porque ante un Decreto Ejecutivo que en los casos de Libia, Siria, Ucrania, Irak, Irán, Costa de Marfil, Liberia, Somalía y Sudán del Sur precipitaron gravísimas agresiones militares no hubo consenso entre los jefes de estado de la UNASUR para convocar a una cumbre presidencial extraordinaria para emitir una declaración conjunta que, sin duda, habría resonado con mucha más fuerza en Washington. Sorprende el mutismo de algunos presidentes de la región: o no perciben la gravedad de la iniciativa de la Casa Blanca -una larvada “declaración de guerra” contra el gobierno bolivariano y el pueblo venezolano- o, peor aún, sí la perciben pero no parecen tener la voluntad política necesaria como para rechazar con contundencia este enésimo capítulo del intervencionismo norteamericano.
     ¿Qué hacer ahora? La UNASUR se expidió y solicitó la derogación del Decreto Ejecutivo? Es harto improbable que Obama preste oídos a esta petición.  El imperio no sólo es prepotente, también es soberbio.  Por lo tanto se abren dos senderos. Uno, si la Casa Blanca aceptara derogar su decreto. Esto descomprimiría la situación en Venezuela porque quien atiza el fuego de la sedición es más Washington que la débil y desprestigiada oposición vernácula, víctima de una fenomenal orfandad de ideas y cada vez más mimetizada con el modus operandi del paramilitarismo, lo que por cierto disgusta y mucho a los venezolanos, aún a quienes se oponen al gobierno. Pero el objetivo estratégico de Washington es precisamente perpetuar la crisis en Venezuela, para lograr el “cambio de régimen”, eufemismo por “golpe de estado”, blando o duro, poco importa. Por consiguiente, lo más probable será que Obama opte por el segundo camino y reafirme su postura inicial, antelo cual los gobiernos de la UNASUR, y por extensión de la CELAC, aunque sea como producto de su instinto de conservación, deberían responder elevando la apuesta anunciando que en tal caso desistirían de asistir a la próxima Cumbre de las Américas programada para tener lugar en Panamá entre el 8 y el 10 de Abril próximos. Sería un alarde de ingenuidad suponer que lo que hoy Estados Unidos está haciendo en Venezuela no lo repetiría con cualquier gobierno que sea percibido como poco dispuesto a inclinarse ante sus órdenes. De donde se desprende un serio desafío para los pueblos y los gobiernos de Nuestra América: ¿qué hacer si la previsible escalada que siempre han desatado decretos como el que firmara Obama se traduce en una agresión norteamericana antes de la cumbre? Por ejemplo, un embargo financiero que paralice la operación de PDVSA o perturbe el flujo del comercio exterior; un bloqueo de los puertos (como hicieron en la Nicaragua sandinista) o una “zona de exclusión aérea”, como en Libia; o una oleada de atentados terroristas como las que perpetraron en Cuba, Chile y Nicaragua. En cualquiera de estos dos escenarios, la amenaza o la agresión, ¿qué sentido tendría asistir a un diálogo bajo estas circunstancias?  ¿Quién se sienta a una mesa de negociaciones cuando uno de los actores apunta con un arma a la cabeza de otro?  La UNASUR y también la CELAC deberían enviar un claro mensaje a Washington afirmando que sin la derogación del decreto las condiciones mínimas para realizar una constructiva conferencia internacional están ausentes y que la cumbre de Panamá deberá suspenderse hasta nuevo aviso. Para Obama sería un serio revés ya que pondría en evidencia el repudio regional que suscita su política belicista y, tal vez, podría llegar a revisar su postura.
      No caben dudas de que la Casa Blanca programó cuidadosamente  sus dos movidas en el ajedrez geopolítico regional: la “apertura” en relación con Cuba y el endurecimiento de su trato a Venezuela, ambas efectuadas en vísperas de la cumbre. Sabe que la simultaneidad de ambas políticas, precisamente por su contradicción, puede crear profundas fisuras dentro de la UNASUR y la CELAC. Algunos serán seducidos por la “política cubana” de Obama y en ausencia de una agresión física contra Venezuela con anterioridad a la cita en Panamá serán propensos a creer, por enésima vez, en las rosadas promesas del imperio. Otros desconfiarán de sus intenciones, como ya lo han hecho saber Evo Morales y Rafael Correa. Es imposible –y temerario- olvidar que el objetivo que Washington busca sin pausa desde que Hugo Chávez lanzara su cruzada bolivariana ha sido mantener la fragmentación y balcanización de Latinoamérica y destruir la UNASUR y la CELAC. Divide et impera es un viejo adagio de los romanos cuya vigencia se ha encargado de recordar una y otra vez quien hoy es el mayor pensador del imperio, Zbigniew Brzezinski. Gracias al “huracán Chávez” América Latina y el Caribe dieron grandes pasos por la senda de la  integración y la unidad, provocando hace casi diez años la gran derrota el ALCA. Washington sabe que esos avances integracionistas son incompatibles con sus designios. Por eso trabaja activamente para implosionar la UNASUR y la CELAC. Hay que frustrar esos planes del imperio y mantener la unidad lograda con tanto esfuerzo, pero también es preciso impedir que con la tranquila realización de la cumbre, al desestimarse el grave peligro que se cierne sobre Venezuela, Obama consiga una “carta blanca” para después de ese cónclave, y con su foto rodeado de sonrientes presidentes de la región, la maquinaria de guerra de su país descargue toda su furia  contra la patria de Bolívar y Chávez.       
      
Algunos aducirán que dado que no parece haber consenso dentro de la UNASUR es mejor esperar. ¿Esperar qué cosa? ¿Que el imperio haga su próxima movida en el ajedrez geopolítico regional, que seguramente no será solamente verbal, luego de lo cual podría ver la luz un comunicado  post bellum lamentando los daños causados y las vidas perdidas a causa de la prepotencia imperial? ¿O es que creen que los “poderes reales” de Estados Unidos-no Obama, sino esos que nunca aparecen en la superficie, que nadie elige y que ante nadie rinden cuenta- que montaron este fatídico escenario bélico no han pensado ya las sucesivas movidas que harán en el tablero regional con el propósito de subordinar a toda la región a los dictados de un poder imperial consciente de haber iniciado su inexorable decadencia? En términos políticos la pasividad de la UNASUR, y también de la CELAC, significaría que Washington, gracias a los “caballos de Troya” que con su apoyo medran en estos organismos para neutralizar su accionar, se saldría con la suya, imponiendo gracias a la regla de la unanimidad y su capacidad de veto la indiferencia o el mutismo ante la más seria amenaza proferida por la Casa Blanca en contra de un país de América Latina y el Caribe en décadas. De ser así los “proxis” de Estados Unidos ocasionarían una parálisis que progresivamente conduciría a la inexorable defunción de ambas organizaciones. Si el silencio  cómplice fuese la opción triunfante los gobiernos que dicen ser solidarios con Venezuela se enfrentarían a dos alternativas: legitimar con su pasividad la embestida de la Casa Blanca o dar un paso al frente sin más demoras para no convalidar, con el pretexto de preservar la unidad de los gobiernos del área, la agresión norteamericana que, huelga decirlo, no es sólo contra el gobierno bolivariano. Nadie puede llamarse a engaño: el derrocamiento de Nicolás Maduro se inserta en un plan más general con el que Washington intentará rediseñar el mapa sociopolítico de América Latina y el Caribe. La agresión a Venezuela desencadenaría un “efecto dominó” que, más pronto que tarde, arrasaría con todos los gobiernos de izquierda y progresistas de la región. Argentina y sobre todo Brasil ya han estado probando algunas dosis de esta medicina.
     
Conclusión: habrá que examinar muy cuidadosamente todo lo que Washington haga y diga en los próximos días, y si una semana antes de la cumbre el decreto no ha sido derogado, la mejor opción para Nuestra América será abstenerse de acudir a esa cita. Vivimos tiempos muy peligrosos: basta con echar una mirada a Medio Oriente (Siria, Irak, el Estado Islámico) y Europa (la crisis ucraniana) o África (Nigeria, especialmente) para comprender que en su fase de declinación Estados Unidos no será detenido por ninguna consideración moral. La UNASUR y la CELAC no escapan a las trágicas determinaciones de la época y tendrán que armarse ideológica y políticamente para repudiar y rechazar los designios de la Casa Blanca. Como ocurre con todas las crisis, esta también hará lo que le es propio: iluminar con potentes luces la escena política regional y comprobar quienes son los gobiernos que de verdad apoyan al proceso bolivariano en Venezuela -y, por extensión, a las luchas emancipatorias de toda Nuestra América- y quienes lo hacen de la boca para afuera, es decir, mientras Washington no emita una orden en contrario. Los primeros salvarán su honor como patriotas latinoamericanos; los otros, por su indiferencia, silencio o cobardía, se hundirán para siempre en la deshonra. En pocos días sabremos quienes están en uno u otro lado.