DECLARACIÓN DE RESPALDO A LA
POSTERGACIÓN DE LA ELECCIÓN DE LA PRESIDENCIA DEL BANCO
INTERNAMERICANO DEL DESARROLLO (BID)
Los miembros de los Grupos de Trabajo de “Integración
regional y unidad latinoamericana”; “Seguridad social y sistemas de pensiones”;
“Salud internacional y soberanía sanitaria”; “China y el mapa del poder
mundial”; “Estudios sobre Estados Unidos” y “Crisis, respuestas y alternativas
en el Gran Caribe” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO, manifestamos
lo siguiente:
Rechazamos la postulación del
candidato propuesto por el presidente Donald Trump a la presidencia del Banco
Interamericano del Desarrollo (BID) porque se transgrede el principio consuetudinario
de que ésta sea ocupada por un candidato recomendado por los países de América
Latina y el Caribe, donde se desarrollan la mayor parte de los proyectos
financiados por el Banco. Tal compromiso y práctica se han mantenido en un
funcionamiento armónico durante seis décadas.
En ese sentido, coincidimos y respaldamos los
pronunciamientos realizados por miembros de la comunidad política y diplomática
de la región y de Europa, quienes han propuesto enfáticamente postergar la
elección para que éstas sean realizadas presencialmente durante la Asamblea
Anual del BID prevista para los días 17 al 21 de marzo de 2021 en la ciudad de
Barranquilla (Colombia), por considerar que las condiciones distan de ser
favorables para el debate reflexivo y profundo que esta decisión requiere.
Observamos con preocupación
que el candidato Mauricio Claver-Carone cuenta con el respaldo preanunciado de
Estados Unidos y otros países, pero dado que para que tenga lugar la votación se
requiere que la reunión alcance el quorum reglamentario, que depende no
solo de la participación de la mayoría absoluta de países, sino de que tengan al
menos el 75% del poder de voto de la institución.
Respaldamos la decisión de los
gobiernos de Argentina, Chile, Costa Rica y México de impedir la elección. Toda
vez que estas cuatro naciones tienen en conjunto el 22,2% de los votos, y que
se requiere apenas un 2,9% para superar el porcentaje de los votos que permita
validar esta posición. Instamos a los gobiernos que aún no se han pronunciado,
a impulsar la falta de quórum y lograr que se realice la votación en marzo de
2021.
Enfatizamos que las objeciones a la candidatura
de Claver-Carone trascienden su nacionalidad y se enfocan en su trayectoria y su
visión ideologizada de las relaciones interamericanas que muchos países no
comparten, como la agudización de sanciones, bloqueos y embargos a Cuba y la aplicación
de las mismas tácticas para enfrentar al gobierno venezolano liderado por
Nicolás Maduro, sin producir los cambios políticos esperados.
Sumado a que el Partido Demócrata lo considera “poco
calificado” para dirigir la institución, en un momento en el que se requiere ampliar
el capital del BID para apoyar a los gobiernos y sociedades latinoamericanas a
enfrentar los efectos económicos y sociales provocados por la pandemia del Covid-19.
Tenemos la convicción de que a pesar de las
amenazas del candidato norteamericano Claver-Carone de “enfrentar
profundamente” a los gobiernos que intenten bloquear su elección, los días 12 y
13 de septiembre, resulta fundamental mantener la presidencia del BID en manos
de un representante de nuestra región y rechazar la imposición de alineamiento con
cualesquiera de los poderes hegemónicos en pugna.
Este número del Boletín de la BCN propone reflexionar sobre
qué nuevos paradigmas políticos son posibles para repensar los procesos
políticos contemporáneos. En un momento tan particular que pone en
cuestión viejas certezas sobre el rol del Estado, la región, la
economía, la legitimidad, etc., redefinir las mismas, pensar una nueva
utopía democrática, pareciera ser una tarea imprescindible.
Originado
en el simposio “Repensando las relaciones entre Estados Unidos y América
Latina: debates historiográficos y actuales” (Centro de Estudios
Latinoamericanos de la Universidad de Cambridge, 2011) y en un panel del
Congreso de la Latin American Studies Association (LASA), realizado en
Washington DC dos años más tarde, el presente libro editado por Juan Pablo
Scarfi y Andrew R. Tillman tiene un objetivo ambicioso: recuperar la idea del
Hemisferio Occidental, que supo popularizar el historiador Arthur Whitaker en
los años cincuenta del siglo pasado, para los estudios de las relaciones
interamericanas.
En la introducción al volumen, los
editores se plantean, como propósito, una lectura más balanceada entre
hegemonía y cooperación y entre la diferencia y lo que tienen en común las
naciones al norte y al sur del Río Bravo, para solucionar lo que identifican
como un problema: la sobreestimación de Estados Unidos como responsable del
devenir del vínculo con el resto de sus vecinos del continente. Tal como se
plantea al principio del libro, la propuesta es desafiar las supuestas dos
grandes falacias “divisivas” de la historiografía estadounidense y
latinoamericana: la idea del choque de civilizaciones y la del excepcionalismo
estadounidense. Para lograrlo, proponen adoptar una perspectiva global y
transnacional (pág. 2). La apuesta: que la noción de Hemisferio Occidental, que
declinó en las últimas décadas hasta volverse irrelevante, vuelva al primer
plano de los debates académicos. Así, se lograrían conciliar las visiones que
enfatizan los aspectos hegemónicos estadounidenses con los otros que ponen en
foco en la cooperación interamericana. Claro que, cuando se procura la recuperación
de la idea de Hemisferio Occidental, no debe caerse en el error de limitarse al
análisis de una historia continental, sino que tiene que pensarse, argumentan
acertadamente Scarfi y Tillman en la introducción, dentro de una perspectiva
global.
La dimensión espacial o geográfica
de la idea del Western Hemisphere es
crucial, pero a la vez debe superar, señalan los editores, la propia manera en
la cual Estados Unidos separa a América Latina y el Caribe en distintas
regiones. También reclaman que la historiografía latinoamericana cumpla un rol
clave a la hora de reescribir la historia de las relaciones interamericanas, a
la vez que los aspectos culturales deben ocupar un lugar destacado, a pesar de
que tradicionalmente fueron relegados. Tras una revisión de cómo apareció la
idea y qué lugar ocupó en las décadas siguientes, el volumen se inscribe en la
tradición de otros autores que apelaron a una perspectiva trasnacional, pero
sin quizás explicar adecuadamente por qué sería fructífero recuperar el “concepto”
de Hemisferio Occidental.
Luego
de la introducción, el libro consta de tres partes, cada una de ellas con dos
textos. La primera parte se ocupa de cuestiones metodológicas y de los
fundamentos de la disciplina, entre las Relaciones Internacionales y la
Historia. El capítulo de Charles Jones propone que la noción de Hemisferio
Occidental se transforme en un “laboratorio” para entender las relaciones
tremendamente asimétricas y culturalmente disímiles entre los distintos países
del continente, abandonando los enfoques estadounidense-céntricos que priman en
la disciplina de las relaciones internacionales. Tanya Harmer, por su parte,
plantea la potencialidad de recuperar el concepto para construir una
perspectiva sobre las relaciones interamericanas cada vez menos centrada en
Estados Unidos, y que recupere la agencia de los distintos países y actores de
América Latina, que distan de ser meras marionetas de Washington. En esa línea,
recupera los trabajos recientes de diversos historiadores como Tom Long, Max
Paul Friedman y Alan Mc Pherson, solo por citar algunos de los académicos que
vienen trabajando en archivos diplomáticos de América Latina, tradicionalmente
soslayados.
En
la segunda parte, se analiza el vínculo entre panamericanismo y la idea del
Hemisferio Occidental. El capítulo de Mark J. Petersen se ocupa del caso
chileno, para mostrar cómo el primero, a pesar de ser una herramienta funcional
a la hegemonía estadounidense, también fue utilizada, en este caso por el país
trasandino, para contrarrestar dicha hegemonía y avanzar en la cooperación en
una serie de tópicos, como las políticas sanitarias, las políticas sociales o
los derechos de las mujeres (pág. 112). El texto de Ricardo Salvatore, por su
parte, se aboca a las distintas concepciones espaciales en la historia de las
relaciones interamericanas y a la interacción entre el hemisferio, la región y
la nación. Muestra la coexistencia de las visiones estadounidenses hegemónicas
hacia América Latina y el proyecto panamericano (pág. 160).
En
la tercera parte, abocada la cuestión legal, se tratan tópicos más específicos,
como las relaciones entre derechos humanos, derecho internacional americano y
sistema interamericano. El texto de Scarfi presenta una detallada investigación
del Instituto Americano de Derecho Internacional (AIIL, según su sigla en
inglés) y de cómo, a pesar de su breve existencia, influenció al movimiento
panamericano, hasta su declive. El trabajo de Par Engstrom, por su parte, se
ocupa de estudiar el sistema interamericano de derechos humanos, intentando
mostrar de qué forma se constituyó en una entidad de influencia política
supranacional, a pesar de ser frecuentemente criticado como una simple
extensión o herramienta de la política exterior estadounidense (pág. 233-234).
Pensar
en las Américas como una unidad puede parecer atractivo. Con unos 1.000
millones de personas, un tercio del PBI mundial (24% Estados Unidos, 7% América
Latina y el Caribe y 2% Canadá), el continente cuenta con el 45% del agua
renovable a nivel mundial, el 40% de las reservas de petróleo, enorme potencial
de energías renovables y un liderazgo mundial en la producción de alimentos.
Claro que esos agregados dicen poco sobre las heterogeneidades, las asimetrías
y la historia de dominación. Toda elección académica supone un fundamento
político. Estados Unidos apeló a la idea de Hemisferio Occidental para reforzar
el proyecto panamericano, en disputa con otros proyectos regionales. Lo hizo
también, más recientemente, para impulsar el ambicioso proyecto del Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA). Es una noción que justamente diluye
otras identidades, como la latinoamericana o la nuestramericana, intentando
reforzar la idea de lo común por sobre las diferencias entre los países al
norte y al sur del Río Bravo. Es funcional a la nueva estrategia de seguridad
nacional estadounidense, que reivindica la Doctrina Monroe frente a los nuevos
desafiantes: China y Rusia.
Y
esto no es una novedad de Trump o su ex Secretario de Estados Rex Tillerson. Ya
en noviembre de 2005, cuando en Mar del Plata defendió su proyecto estratégico
del ALCA, George Bush (hijo) sólo tomó la palabra para decir que la integración
de las Américas –lo que ellos llaman el Hemisferio Occidental- era clave para
poder hacer frente juntos a China. Las denominaciones, sabemos, no son
neutrales. Hemisferio Occidental, Latinoamérica, Hispanoamérica, Indoamérica,
Iberoamérica o Nuestra América suponen tradiciones y apelaciones diversas, con
connotaciones que es preciso no soslayar. Este libro, sin lugar a dudas, abre
un debate rico, no sólo en el ámbito académico, sino también político. Sería
promisorio seguir profundizando en el análisis de la dialéctica entre
cooperación y confrontación, en el concepto de hegemonía en las relaciones
interamericanas y en qué implicancias político-ideológicas, además de las
historiográficas, tendría en el siglo XXI la recuperación de la referencia al Western Hemisphere.
Estados Unidos compró casi toda la producción de remdesivir, uno de
los medicamentos más promisorios para tratar COVID-19, para los próximos
tres meses. Mientras Europa negocia con Gilead, la farmacéutica que lo
desarrolló, para asegurar la provisión en esa región, otros países
quedarán al margen de estos acuerdos. ¿Cómo se puede evitar que las
empresas impongan precios abusivos? ¿Qué herramientas tienen los países
para garantizar el acceso a la salud en una crisis sanitaria?
Por Vanina Lombardi __
Agencia TSS – La semana pasada se conoció el precio
que la farmacéutica Gilead Science determinó para el remdesivir, el que
hasta el momento parece ser el antiviral más promisorio para tratar a
personas con COVID-19. Según anunció la empresa, el precio será de 390 dólares cada dosis para los gobiernos de los países desarrollados. Casi en simultáneo –y a pesar de que ese valor sería casi 400 veces superior al costo de producción estimado por un estudio de la Universidad de Liverpool, de menos de un dólar la dosis–,
se conoció la decisión del gobierno estadounidense de comprar casi todo
el stock de ese medicamento por los próximos tres meses: unos 500.000
tratamientos (que equivalen a la compra del total de la producción de
dicha empresa para julio y el 90% de agosto y septiembre). Rápidamente,
la Unión Europea también se apuró para reservar su provisión. Así,
muchos países se han quedado sin posibilidad de acceder a este
tratamiento, al menos hasta octubre.
“Este nuevo intento de Estados Unidos, de acaparar el medicamento que
por ahora mostró cierta eficacia frente a COVID-19, tiene que ver con
la defensa de sus propios monopolios y con el sesgo unilateralista que
se acentuó con la administración Trump. En desdén de cualquier
multilateralismo, Trump decidió desfinanciar a la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y apostar a que alguna de sus empresas gane en esta carrera
mundial por conseguir la vacuna o medicamentos para tratar esta
enfermedad”, le dijo a TSS el historiador Leandro
Morgenfeld, especializado en la política exterior de Estados Unidos. Y
agregó: “En vez de pensar en una estrategia coordinada para enfrentar
una pandemia a nivel global, el gobierno estadounidense y las
corporaciones que defiende están haciendo negocios y tratando de
sostener el lema de ‘primero Estados Unidos’”.
Al respecto, el bioquímico Rubén Sajem, director del Centro de Profesionales Farmacéuticos Argentinos
(CeProFAr), consideró que estas situaciones de emergencia son
“oportunidades para que los gobiernos se planten frente a lo que está
pasando”, y cuestionó: “Estados Unidos puede comprar tantas dosis porque
tiene un problema gravísimo y porque tiene dinero, pero hay países que
no van a poder pagar esos precios. ¿Por qué tenemos que esperar la
beneficencia del laboratorio o que, gentilmente, si quieren o si les
sobra, nos los vendan un poco más barato?”.
Mientras tanto, en otras partes del mundo como en África, tienen la
posibilidad de acceder a versiones alternativas de esta droga y a
precios muy inferiores, ya que Gilead firmó un acuerdo de licencias voluntarias no exclusiva
con cinco empresas (cuatro de India y una de Paquistán), mediante el
cual las autoriza a fabricar versiones genéricas de esta droga, pero
solo pueden venderlas a una lista de 127 países entre los cuales no
figura ninguno de América del Sur (la Argentina incluida), lo que deja
de lado a 440 millones de habitantes en toda la región. Al respecto,
estimaciones del Instituto de Revisión Clínica y Económica (ICER) calculan que dos de los laboratorios de la India, Hetero Labs y Cipla, podrían comercializar una versión propia del remdesivir a menos de 80 dólares la dosis.
“El gobierno de la Argentina y los de todos los países del llamado
Sur Global tienen que plantear, ante a los organismos multilaterales,
que en esta pandemia es necesario coordinar acciones conjuntas y no
poner a los negocios por sobre la vida. En el orden de la salud, eso es
abogar porque los posibles medicamentos se compartan en forma genérica y
no como un negocio”, sugiere Morgenfeld. La
farmacéutica Gilead Science determinó que el remdesivir, el que hasta
el momento parece ser el antiviral más promisorio para tratar a personas
con COVID-19, tendrá un precio de 390 dólares cada dosis para los
gobiernos de los países desarrollados.Del fracaso a la esperanza
Elaborado por Gilead bajo la denominación comercial Veklury, el
remdesivir es un antirretroviral de amplio espectro que fue inicialmente
desarrollado para tratar el ébola, pero no tuvo éxito. Luego también se
ha probado en ensayos con animales para el tratamiento de otros
coronavirus, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y
el síndrome respiratorio agudo severo (SARS). De ahí la expectativa de
que su cualidades antivirales resultasen efectivas para tratar al nuevo
coronavirus SARS-Cov-2, lo que ha llevado a reactivar los ensayos
clínicos con esta sustancia, que fue incluida entre los cuatro
tratamientos potenciales del programa internacional Solidarity, impulsado por la OMS, en el que también participa la Argentina.
Durante el transcurso de los ensayos clínicos, el remdesivir logró ser aprobado para uso en emergencia por la Administración de Drogas y Alimentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés) y por las autoridades de Japón. También fue recomendado para su comercialización por la Agencia Europea del Medicamento
(EMA). “Es el único antiviral que por el momento ha demostrado cierta
efectividad, pero lo único cierto hasta ahora, a partir de los estudios
clínicos, es que mejora el tiempo de recuperación, de 15 a 11 días. Un
promedio de cuatro días menos de internación que justificarían el precio
del medicamento”, dijo Sajem, quien advirtió que el uso de esta droga
todavía está en observación experimental.
En paralelo, existen otras alternativas que se están empleando para
tratar a personas con COVID-19, algunas con buenos resultados, pero que
no son antivirales. Es el caso de la dexametasona, por ejemplo, que
tiene un efecto antiinflamatorio pero que no actúa sobre el virus en sí
mismo. “La dexametazona sí redujo la mortalidad en pacientes con
respirador, pero son medicamentos muy baratos, que fueron desarrollados
en la década del sesenta y que hoy se venden en la farmacia a 700 pesos,
por eso no generan tanto interés”, se lamenta Sajem, que también es
secretario general del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Ciudad de Buenos Aires (COFyBCF).
Entre varias terapias que están arrojando resultados esperanzadores
en el país (y no son pasibles de ser patentados), están el uso de suero
de personas recuperadas y el de un suero híperinmune, producto de una
articulación público-privada en la que participaron el Centro CRIP de la
Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y el laboratorio INMUNOVA, a partir del suero de caballos.
“¿Los grandes laboratorios que tenemos en la industria farmacéutica
argentina, o los laboratorios internacionales, por qué no están
produciendo algo económico y accesible para todos?”, se pregunta Sajem. Existen diversas alternativas en etapa de investigación para tratar a personas con COVID-19, algunas con buenos resultados.Salud y mercado
Aún sin haber sido aprobado para su uso en personas, Gilead Sciences
ya contaba con patentes aprobadas sobre el remdesivir en más de 70
países. Una patente es un derecho de propiedad intelectual, que en la
práctica implica que quien la posea puede excluir a otros de producir,
comercializar e importar el producto patentado, durante un mínimo de 20
años, en todos los países en los que esté vigente la patente. Estas
normas se rigen según el tratado sobre Aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (ADPIC), establecido por la Organización Mundial de Comercio (OMC) durante la Ronda de Uruguay (entre 1986 y 1994), al que la Argentina adhirió en 1994.
Se suele decir que las patentes son para incentivar las innovaciones y
que los altos precios responden a las inversiones en investigación y
desarrollo que hacen las empresas, pero hoy se sabe que muchas veces
tales investigaciones son financiadas desde el sector público. Para el
remdesivir, por ejemplo, según la organización civil estadounidense Public Citizen,
Gilead recibió al menos 70,5 millones de dólares provenientes de
impuestos, 6 millones de dólares por becas universitarias de los Institutos Nacionales de la Salud
(NIH, por su sigla en inglés) de Estados Unidos y otros 30 millones de
dólares provenientes de fondos públicos estatales de ese mismo país. Sin
embargo, las patentes con las que cuenta esta multinacional –que entre sus principales accionistas lista a BlackRock, uno de los acreedores de la deuda externa argentina– le extenderían ese derecho de exclusión hasta el año 2035 en algunos países.
“Gilead tiene antecedentes con el sofosbuvir, una droga capaz de
curar la hepatitis C, que pasó de venderla en la Argentina a 1000
dólares el comprimido, en 2014, a 63 dólares, en 2017”, recuerda Sajem y
se preocupa porque la presión de los pacientes y el público pueda
obligar a que Estados compre este medicamento, aún a precios abusivos.
“La mayoría de los datos que se conocen son provistos por la misma
empresa: nos dejamos llevar por anécdotas y por cosas que se dicen en
noticias y se contestan desde programas de televisión en los que no hay
un solo periodista científico, sino periodistas sin formación en estos
temas que opinan y terminan imponiendo ideas, que es necesario salir a
contrarrestar. ¿Quién fija el precio de este medicamento y cómo? ¿Quién
financió la investigación?”, cuestionó.
Para evitar abusos y monopolios, el mismo acuerdo de los ADPIC
incluye salvaguardas que los países pueden utilizar, especialmente en
situaciones de crisis o emergencias sanitarias como la actual. “Cuando
las patentes ya han sido otorgadas, los países pueden hacer uso de las
denominadas licencias obligatorias, para permitir la producción, la
comercialización y la importación de versiones genéricas más accesibles
del producto patentado, sin autorización del titular de la patente”,
explicó Lorena Di Giano, directora ejecutiva de Fundación GEP,
y advirtió que, en esos casos, la compañía detentora de la patente no
deja de obtener ganancias ya que puede permanecer en el mercado con su
producto y además cobrar regalías por la venta de las versiones
genéricas. “Necesitamos
adelantarnos y estar preparados para que, si realmente el remdesivir es
efectivo y lo necesitamos, podamos producirlo localmente o importarlo a
precios que no sean los monopólicos y extorsivos a los que lo vende
Gilead”, dijo Di Giano.
“Sin embargo, las salvaguardas más importantes son las que, a través
de una óptima administración del sistema de patentes, previenen el
otorgamiento de estos títulos cuando no se cumplen los requisitos de la
ley”, advierte Di Giano, que es abogada especializada en derechos de
propiedad intelectual, y explica que la implementación de las guías de
patentabilidad vigentes en la Argentina desde el año 2012, así como el
uso de oposiciones a las patentes (que es un mecanismo establecido por
el artículo 28 de la Ley de patentes 24.481, del año 1995) son “claves” para evitar barreras de acceso a medicamentos esenciales.
De hecho, eso es lo que permitió la disminución del precio del sofosbuvir en el país en 2017, por ejemplo, ya que el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) –la autoridad nacional que se ocupa de aprobar o rechazar solicitudes de patentes–
rechazó las solicitudes que impedían la producción genérica de ese
medicamento. Otro caso similar ocurrió en el año 2015, cuando se logró
el rechazo de una solicitud de ampliación de patente sobre la
combinación de los antirretrovirales lopinavir-ritonavir, que se
utilizan para tratar el VIH y que también se estaba probando para el
tratamiento de pacientes con COVID-19 (aunque no obtuvo resultados
exitosos para estos casos). “La oposición a patentes es la herramienta
legal más importante para evitar monopolios y sobreprecios, así como
para proteger los desarrollos locales, ya que una vez aprobada la
patente el proceso es más complejo y solo puede ser anulada
judicialmente”, dijo Di Giano, quien recordó que, desde que se
implementó este sistema de propiedad intelectual, la mayoría de las
solicitudes de patentes presentadas por las farmaceúticas
multinacionales no son merecedoras de tales títulos, puesto que se trata
de abusos que hacen del sistema de patentes “con el único objetivo de
extender y perpetuar sus monopolios sobre los medicamentos”.
Sobre el remdesivir, Gilead tiene al menos cinco solicitudes de
patentes presentadas en la Argentina. “Necesitamos adelantarnos y estar
preparados para que, si realmente el remdesivir es efectivo y lo
necesitamos, podamos producirlo localmente o importarlo a precios que no
sean los monopólicos y extorsivos a los que lo vende Gilead”, agregó Di
Giano. Desde Fundación GEP estudiaron esas solicitudes y generaron
evidencias que presentaron ante el INPI, en dos oposiciones de patentes,
en las que demuestran que que esta droga no es patentable en el país ya
que, por ejemplo, no cumplen con los requisitos de novedad ni de
actividad inventiva, ni de aplicación industrial; reivindican sales
farmacéuticas y composiciones que no son nuevas ni obvias e intentan
reivindicar combinaciones de principios activos ya conocidos.
“En algún momento, los países tienen que volver a la OMC y dar de
baja este sistema de patentes sobre medicamentos. No puede ser que la
salud esté incluida en un acuerdo comercial, que un medicamento sea una
mercancía y que el interés económico esté por encima del derecho humano
sobre la salud”, concluyó Di Giano.
En alianza con el Centro Internacional de Investigaciones "Otras Voces
en Educación" de CLACSO-Venezuela, la CEIP-Historica de Argentina, EL
Centro Internacional de Pensamiento Crítico RIUS de CLACSO-México y la
Universidad de Panamá, estamos impulsando una serie de seminarios en
Pensamiento Crítico, buscando alternativas en contra del Neoliberalismo
Educativo.
En esta oportunidad nos acompaño Chesa Boudin quien abogado, escritor y
profesor estadounidense especializado en el sistema de justicia penal
de Estados Unidos y la política latinoamericana. Desde el 8 de enero de
2020, se ha desempeñado como fiscal de distrito 29 de San Francisco.
Les recordamos que pueden conseguir toda la información de nuestros
seminarios de formación en pensamientos critico, en las redes sociales
de las organizaciones que hacen posible este espacio como lo son la
CEIPH de Argentina, CINPECER de México y Otras Voces en Educación de
Venezuela.
En nuestro portal web pueden encontrar informaciones relevantes sobre
los contextos educativos a nivel mundial, www.otrasvoceseneducacion.org.
Recuerden seguirnos, compartir y suscribirse para llegar a mas personas y
poder seguir construyendo este espacio de reflexión y debate, que es
tan necesario para la defensa de nuestra educación publica como derecho
humano fundamental para todas y todos.
Donald Trump ha ridiculizado el llamamiento del ex vicepresidente en la Administración Obama y principal postulante a la presidencia por el Partido Demócrata, Joe Biden, de no invitar a Moscú a la cumbre del G-7, tras una publicación de The New York Times de la supuesta existencia de contactos entre la inteligencia rusa y los talibanes.
"Rusia ridiculizó a lo grande a Biden y Obama cuando estos ostentaban el poder, que el anterior presidente quiso expulsar a Moscú del G-8. "¡EEUU era débil en todo y especialmente en relación a Rusia!", escribió el jefe de la Casa Blanca en Twitter.
A fines de mayo Trump invitó a Rusia, la India, Australia y Corea del Sur a la cumbre de setiembre del G7. En palabras del dignatario el sentido común requiere la presencia de Rusia.
El director general del Instituto de Problemas Regionales, Dmitri Zhuravliov, afirma que "Moscú fue excluida del G8, no porque se trate de Rusia, sino del propio sistema en el que únicamente se puede estar de acuerdo con EEUU o si no lo estás, entonces serás excluido".
El pasado viernes 26 de junio el diario The New York Times afirmó que la inteligencia militar rusa ofrecía una gratificación a los talibanes si atacaban a efectivos de EEUU en Afganistán. Pero no presentó prueba alguna.
El profesor argentino Leandro Morgenfeld cree que esta nueva controversia "tiene dos dimensiones de lectura: una geopolítica y otra electoral".
La primera está relacionada con la persistencia de la rusofobia en buena parte del establishment de Washington y, el interés de boicotear todo acercamiento entre Trump y Putin, señala el experto argentino.
"Además, esta situación comprueba que EEUU va perdiendo posiciones en Asia; emergen los BRICS, otros liderazgos. Lo que implica una incapacidad de EEUU para restablecer el paraíso perdido, la dominación de antaño, algo que rebota en el juego electoral", afirmó Morgenfeld.
En otras noticias, en las últimas 24 horas en Rusia se confirmaron 6.719 nuevos casos de coronavirus en 83 regiones del país, 2.123 (31,6%) de ellos asintomáticos, informó este 29 de junio el Centro nacional contra el coronavirus.
La mayor cantidad de nuevos contagios se detectaron en Moscú (782) y la provincia homónima (335).
Entrevista a Leandro Morgenfeld, historiador, docente e investigador argentino
Por Denise Godoy, de la redacción de NODAL
Este martes se publicó el tan esperado libro de John Bolton “La habitación donde sucedió: Una memoria de la Casa Blanca”, en el que el ex Consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump revela las estrategias del gobierno estadounidense para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. El texto da a conocer, entre otras cosas, las intervenciones de Colombia como principal aliado y el rol de la oposición venezolana con la autoproclamación de Juan Guaidó. En diálogo con Nodal, Leandro Morgenfeld, historiador, docente e investigador argentino, y especialista en las relaciones de EEUU con la región, reflexiona sobre las revelaciones de Bolton y las nuevas tácticas de Trump hacia América Latina.
¿Qué aportan las revelaciones del libro de Bolton o qué evidencian en relación a los planes de Trump contra Venezuela?
Bolton es un halcón histórico de los sectores más conservadores y más agresivos de la clase dominante norteamericana. Fue el Consejero de Seguridad Nacional hasta septiembre de 2019 y es parte de la coalición que apoya a Trump, pero del sector de la línea militarista que está en tensión con él. De hecho, cuando lo despidió, hace 9 meses, Trump lo acusó de haber querido llevarlo a varias guerras (“cuatro a la vez”), asegurando que él no quería. Además de su oposición a Irán y Afganistán, en el caso de América Latina, Bolton fue el artífice de la política de apoyo al autoproclamado Juan Guaidó y toda la política de desestabilización que tenía como objetivo derribar al gobierno constitucional de Nicolás Maduro. Este plan tuvo diversas etapas, desde el reconocimiento diplomático por parte de EEUU del opositor como “presidente encargado” en enero de 2019, y la presión a otros países siguieran esta irresponsable acción diplomática, pasando por la caravana con “ayuda humanitaria” de febrero y luego el intento de golpe de Estado más fuerte del 30 de abril de ese mismo año, sólo por destacar algunas de las acciones más espectaculares.
EEUU sigue con la estrategia de eliminar a Maduro, pero ya sin Bolton. La publicación de este libro revela la estrategia imperial en Venezuela y muestra cómo los distintos sectores de la Administración Trump urdieron el plan para poder consumar el golpe de Estado contra el gobierno soberano en Venezuela. Revela, por ejemplo, que durante las discusiones en torno a las alternativas para desplazar al gobierno bolivariano, Trump planteó la salida militar. Suponía que una invasión a Venezuela iba a tener una rápida resolución. Bolton, en contraste, pretende mostrarse como el estratega de una acción mucho más inteligente, es decir, no ir hacía un desembarco directo de marines norteamericanos, sino a una acción más solapada, que pudiera contar además con el apoyo con distintos gobiernos de la región.
Bolton planteaba que había que tener una estrategia, según su punto de vista, más inteligente de apoyarse en sectores disidentes de las FFAA venezolanas, en la oposición, en profundizar las sanciones económicas y en hacer llegar “ayuda humanitaria”, pero sin desembocar en una acción militar directa. Lo paradójico es que ambos, Trump y Bolton, se acusan de querer llevar a Estados Unidos a la guerra, a invadir otro país. Ante estas revelaciones, creo que la reacción de Trump del domingo 21 de junio, de plantear que estaría dispuesto a tener una reunión con Maduro (que generó un mini terremoto político), por un lado, está reconociendo el fracaso evidente de la estrategia de voltear al gobierno venezolano -ya que pasó un año y medio de la autoproclamación de Guaidó y él no gobierna en Venezuela-. Por otro lado, Trump intenta mostrar que tiene una iniciativa y así sacarle peso a esta afirmación de Bolton de que se buscaba una intervención militar directa. De todas formas, el lunes Trump tuvo que matizar su afirmación del día anterior, señalando que, en realidad, lo único para lo cual se reuniría con Maduro sería para discutir su salida pacífica. Claro que esta última afirmación busca no perder el apoyo electoral de la comunidad venezolana en Florida (claramente anti bolivariana), fundamental para sus aspiraciones reeleccionista. Pero, sin dudas, esta entrevista del domingo muestra las propias dudas que tenía Trump respecto al plan de Bolton de abrazarse a Guaidó e impulsar su reconocimiento internacional sin ninguna chance de que ejerciera el poder en Venezuela.
¿Qué rol juega el gobierno de Colombia en esta ofensiva estadounidense?
El libro de Bolton muestra cómo el gobierno de Colombia, sobre todo durante la actual gestión de Iván Duque, es directamente parte de la estrategia estadounidense de acoso contra Venezuela. Es interesante verlo en las propias palabras de Bolton, cómo se ponen sobre la mesa muchas cosas que ya se conocían y denunciaban, como la idea el utilizar a Colombia como un ariete de EEUU en la región. O cómo se potenciaron los distintos conflictos limítrofes en función de desestabilizar al gobierno venezolano. También muestra las distintas prevenciones de las FFAA colombianas respecto a la iniciativa de algunos halcones estadounidenses de ir a un conflicto militar abierto con Venezuela. El propio vicepresidente Mike Pence discutió este plan con varios presidentes latinoamericanos en sendas giras por la región. Justamente fueron incluso los gobiernos de derecha aliados con EEUU los que frenaron esta iniciativa de una acción militar abierta. Sin embargo, pese al fracaso y a la salida de Bolton del gobierno, EEUU, a través de mercenarios, de Colombia y de otros aliados sigue desplegando todo tipo de acciones: crecientes sanciones económicas –imperdonables en el contexto de la pandemia-, presiones diplomáticas, amenazas por parte del propio Secretario de Estado Mike Pompeo en las últimas semanas, movilización de fuerzas militares y distintas acciones de desestabilización utilizando a gobiernos aliados como lo es el colombiano.
En su reciente y controvertido libro de memorias, Bolton pretende librarse de las culpas del fracaso de sus planes de intervención en Venezuela. Por ejemplo, cuando en febrero de 2019 organizó un infructuoso intento de ingreso de “ayuda humanitaria”. Ahora acusa a la propia oposición venezolana y a los colombianos por no haberse movilizado lo suficiente y por no haber habilitado planes alternativos cuando los colectivos populares en Venezuela impidieron el ingreso de los cargamentos, caracterizándolos como parte del plan de una agresión imperial orquestada por EEUU. Es decir, el libro es un intento de justificación de su violenta estrategia injerencista en Venezuela y una lavada de manos por su evidente fracaso.
¿Cuál viene siendo la estrategia de Trump para América Latina en el contexto de las elecciones de noviembre y la crisis que vive EEUU por la pandemia y las protestas antirracistas?
Trump enfrenta una crisis sistémica EEUU. En primer lugar, sanitaria. A pesar de que pretende darla por superada, hay ahora un aumento de la curva de contagios en muchos estados (en 27 crecen los contagios diarios). En segundo lugar, una crisis económica. Se pronostica una brutal caída en este segundo trimestre. Las proyecciones para fin de año del FMI indican un derrumbe del PBI del 8% -la mayor caída desde la Segunda Guerra- y el empleo no se está recuperando como Trump imaginó hace un par de semanas. Es decir, tenemos una catástrofe económica que está complicando sus chances de reelección en noviembre. A esto se le suma la crisis social producto del desastre económico y de las desigualdades sociales previas, pero también de las protestas por el asesinato de George Floyd y el pésimo manejo que hizo Trump de esta situación. Creo que ahí se produjo un quiebre con un sector importante, incluso varios dirigentes del Partido Republicano lo criticaron públicamente. El ex Secretario de Defensa de Bush, Colin Powell, declaró que el 3 de noviembre iba a votar por Joe Biden. Hoy las encuestas muestran que Trump está en promedio 10 puntos abajo y perdiendo en algunos estados estratégicos. La escasísima asistencia al primer mitin de campaña, el sábado pasado, encendió las alarmas en el equipo de campaña de Trump.
En relación con el vínculo con nuestra región, creo que Trump carece de estrategia más allá de la reivindicación de la doctrina Monroe que supo hacer el ex Secretario de Estado Rex Tillerson en febrero de 2018. La agresión contra los hispanos y la estigmatización de los mexicanos puede tener una traducción electoral mayor a la de 2016, sobre todo en estados oscilantes. Lo que sí es clave, desde el punto de vista electoral para Trump, es el apoyo que tiene de las comunidades de exiliados venezolanos y cubanos en Florida. Por eso estas idas y vueltas, estas contradicciones en relación a la política hacia Venezuela pueden enajenarle ese apoyo en un estado clave como Florida, que es el swing state que va a definir el rumbo de las elecciones y que en 2016 lo ganó por poco más que el 1%. Las últimas encuestas indican que ahora podría estar entre los 5 y 6 puntos abajo de Biden.
Creo que Trump carece de una política hacia América Latina en este contexto de pandemia. Lo único que mostró es una profundización de las amenazas contra Venezuela en las últimas semanas y lo que está reconociendo con las declaraciones de esta semana es el fracaso de las maniobras para derrumbar a un gobierno constitucional y soberano. Reconoció en los hechos su frustración por el fracaso de la estrategia a la cual fue impulsado por halcones como John Bolton. Creo que esta idea de que podría eventualmente reunirse con Maduro tiene que ver con tratar de mostrar que él sí puede a través de su capacidad negociadora encontrar otra solución para Venezuela, que por otra parte se encamina a elecciones que ratificarían la legalidad de su sistema político. Pienso que es el momento más débil del autoproclamado Juan Guaidó y que Donald Trump, a quien el libro de Bolton pretende mostrar siempre como a alguien que actúa intempestivamente y en forma poco racional, tiene una estrategia y es realista. Sabe que, si fracasó en la idea de recuperar posiciones en el continente desplazando a Maduro por la fuerza, ahora debe exhibir otra estrategia. El problema que tiene, como se mostró en la declaración que hizo el domingo, es que esto generó las críticas de todos los sectores anti-bolivarianos y anti-cubanos en estados claves como Florida y por eso lo tuvo que matizar sus dichos iniciales, tuiteando el lunes que sólo se reuniría con Maduro para negociar su salida pacífica del poder. Esto último es un sinsentido y demuestra una fractura más al interior de la clase dominante estadounidense –no acuerdan una estrategia común-. Es, además, una exposición de este proceso de declinación hegemónica de EEUU y su incapacidad para establecer un liderazgo global en este momento de crisis sanitaria, económica y política en todo el mundo. Ya ni siquiera pueden ostentar el dominio en lo que despectivamente denominan su “patio trasero”. Al fin de cuentas, el gobierno de Venezuela se mantiene, con el apoyo de Rusia, China y Cuba, entre otros, y la negativa de México y Argentina a cualquier intervención militar en la región.
El analista en política internacional Leandro Morgenfeld describe la realidad que vive el país más poderoso del mundo
Leandro Morgenfeld describe la realidad que vive EEUU [Descargar]
Morgenfeld es profesor y licenciado en
Historia, especialista y magíster en Historia Económica y de las
Políticas Económicas, y doctor en Historia por la Universidad de Buenos
Aires. En 2013 culminó el Posdoctorado en Ciencias Sociales y Humanas
(FFyL-UBA). Se desempeña como docente de grado y/o posgrado en las
facultades de Ciencias Sociales, Filosofía y Letras y Ciencias
Económicas de la UBA. Es investigador adjunto del CONICET, radicado en
el Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e
Internacionales (IDEHESI). Participa en distintos grupos de
investigación, co-coordina el GT-CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”,
y actualmente dirige el Proyecto UBACyT 2018-2020: “Política exterior,
inserción económica internacional y movilización popular (1966-2016)”.
En 2011 publicó el libro Vecinos en conflicto. Argentina y Estados
Unidos en las conferencias panamericanas (1880-1955), y en 2012,
Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos. Escribió numerosos
capítulos de libro, artículos y reseñas bibliográficas, publicados en
revistas académicas de Argentina y el mundo. Participa regularmente
analizando las relaciones interamericanas en publicaciones periódicas,
radios y programas de televisión. Recibió en La Habana el Premio de
Ensayos Haydée Santamaría 2017, otorgado por la Casa de las Américas y
CLACSO.
Primer encuentro del #Foro2020VisionArg, un espacio de diálogo y debate organizado por el Fondo Nacional de las Artes (FNA), en colaboración con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
En este panel inaugural, el primero de tres, representantes de distintas disciplinas dialogan acerca de “El coronavirus, la globalización neoliberal y sus efectos en la Argentina”.
Moderan la conversación Analía Hounie e Ignacio Hernaiz.
Comparten el saludo de apertura la presidenta del FNA, Diana Saiegh; el director de la OEI-Argentina, Luis Scasso; y el ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer.
Expositores:
-Mario Rapoport, profesor emérito de la UBA y del ISEN, economista e historiador.
-Leandro Morgenfeld, doctor en Historia e investigador del Conicet.
-Beatriz Figallo, doctora en Historia e investigadora del Conicet, integra la Academia Nacional de la Historia.
-Noé Jitrik, novelista, poeta y ensayista.
-Telma Luzanni, licenciada en Letras, escritora y periodista.
-Adrián Cannellotto, licenciado en Filosofía y rector de la Universidad Pedagógica Nacional.
-Belén Bogado, master en Relaciones Internacionales y directora de Cooperación Internacional de la Cancillería Argentina.
-Pedro Brieger, sociólogo, periodista y director del portal NODAL.
El Covid-19 se ha transformado hoy en el centro de la información, pero el mundo no sólo se encuentra atravesado por esta pandemia, sino también por la crisis económica que se remonta a 2008 y que, en el caso argentino, se ve agravada por la deuda externa.
El Foro 2020 Visión Argentina propone un espacio de reflexión a través de conferencias, cursos y mesas redondas de las cuales participarán intelectuales argentinos y extranjeros, sobre temas centrales de la Economía, las Relaciones Internacionales, la Historia, la Política, la Cultura y el Arte, en el contexto de esta nueva realidad.
Idea y programación: Dr. Mario Rapoport. '
Martín Martinelli, del Observatorio Geohistórico de la Universidad Nacional de Luján, Argentina, y co-coordinador del Grupo Especial CLACSO/Revista Al Zeytun “Palestina y América Latina”, entrevista al investigador Leandro Morgenfeld, de la Universidad de Buenos Aires, del CONICET, Argentina, y co-coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”.