sábado, 11 de octubre de 2014

Conferencias Thomas Bender en Buenos Aires: El problema con el excepcionalismo americano

 






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Martes 14-10-2014, 18.30 horas, en el CARI
 
 
Sesión académica a cargo de Thomas Bender, Profesor de Historia de la Universidad de Nueva York
Organizada conjuntamente por el CARI y la Cátedra de Estados Unidos de la Universidad de San Andrés
 
Thomas Bender, Profesor de Historia de la Universidad de Nueva York. Realizó su carrera de grado en la Universidad de Santa Clara y obtuvo su doctorado en la Universidad de California (Davis). Ha sido profesor en la Universidad de Wisconsin (Green Bay). Ha publicado libros y artículos académicos sobre el lugar de Estados Unidos en la historia mundial, la historia social de los intelectuales en Estados Unidos, comunidad y cambio social en Estados Unidos y urbanismo y esfera pública.

jueves, 9 de octubre de 2014

"Estados Unidos y América Latina: los dilemas del siglo XXI"



 
segunda época - N. 17
octubre 2014









Leandro Morgenfeld*





En las últimas dos décadas, las Cumbres de las Américas fueron un termómetro de las relaciones interamericanas. Si en los años noventa la Casa Blanca pudo moldearlas según su interés, para desplegar el ambicioso proyecto del ALCA, las últimas tres cumbres (2005, 2009 y 2012) mostraron que Washington ya no puede comandar como antes. Fracasó en la creación de un área de libre comercio continental, en sus políticas de guerra contra las drogas, en su agresión contra Cuba y en los múltiples intentos por derrotar o debilitar al eje bolivariano. Esto obligó a Washington a redoblar sus esfuerzos en la región, adaptando las tácticas.
            “La doctrina Monroe ha terminado”, sostuvo el Secretario de Estado John Kerry el 18 de noviembre de 2013, ante embajadores del continente en la sede de la OEA. Y Agregó: “La relación que buscamos… no es una declaración de EU de cuándo y cómo intervendrá en los asuntos de estados americanos, es sobre todos los estados viéndonos como iguales, compartiendo responsabilidad y cooperando en asuntos de seguridad”[1]. Fue un claro intento por retomar la iniciativa que ensayó Obama en la Cumbre de Trinidad y Tobago, y por morigerar los efectos negativos que tuvieron las recientes declaraciones de Kerry (el 17 de abril de 2013, ante el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, se refirió ofensivamente a la región como el patio trasero estadounidense) y el espionaje masivo de su gobierno contra líderes regionales (que llevó a varios mandatarios a participar en la Cumbre de Cochabamba para respaldar a Evo Morales y a Dilma Rousseff a cancelar su visita de Estado a Washington y a comprar aviones de guerra noruegos, en vez de los estadounidenses). Frente a una América Latina que avanza -aunque con dificultades- en la construcción de una integración alternativa -en enero de 2014 se concretó la segunda cumbre presidencial de la CELAC, que trató incluso el tema de la independencia de Puerto Rico- y frente a la creciente presencia de China y otros actores extra hemisféricos -la Unión Europea relanzó en 2013 las conversaciones informales para establecer un TLC con el Mercosur-, Washington intenta reposicionarse en una región estratégica.
            El balance de las relaciones de Estados Unidos con América Latina, durante el primer mandato de Obama, deja mucho que desear. En diciembre de 2012, a poco de asumir su segundo mandato, Obama se refirió a las relaciones interamericanas. Lo hizo en el marco de un cuestionario planteado por grandes multimedios de la región (Grupo de Diarios América)[2]. Repasando su primer mandato, señaló que el vínculo con el resto del continente era más sólido que nunca y destacó lo que consideró sus progresos: más comercio e inversiones, firmeza en la lucha contra los carteles del narcotráfico y las bandas criminales, promoción de la energía limpia, mayor transparencia en el envío de remesas desde Estados Unidos por parte de los trabajadores latinos, nuevas alianzas continentales, impulso a la gobernabilidad democrática y promoción de los derechos humanos universales.
            En cuanto a las proyecciones para su segundo mandato, indicó que había que seguir profundizando el libre comercio y la radicación de inversiones, promover la competitividad en la economía global (a través de la Alianza Transpacífica) y el uso de energía limpia. Además, señaló que es necesario promover el turismo, incrementar los intercambios estudiantiles e intensificar el combate a la pobreza y la desigualdad. Sobre el tema seguridad, señaló que había que seguir trabajando en conjunto, tomando como ejemplos México y Colombia, para brindar mayor seguridad a los ciudadanos. Asimismo, prometió que impulsaría un acuerdo entre demócratas y republicanos para reformar el sistema de inmigración, dando mayor cobertura a los millones de “ilegales”. E insistió con erigirse en defensor de la libertad y el respeto a los derechos humanos en la región, en un tiro por elevación contra Castro, Chávez, Morales y Correa: “Tenemos que continuar defendiendo el derecho de los ciudadanos de expresarse libremente, de vivir en sociedades que tengan una prensa libre y legislaturas y sistemas judiciales sólidos e independientes, y de escoger a sus propios líderes mediante elecciones libres y justas”.
            Más allá de las expresiones de Obama, el balance de sus cuatro primeros años de gestión en relación con América Latina no puede ser más decepcionante para quienes esperaban un giro radical respecto a su antecesor, el guerrerista Bush. Durante los primeros cuatro años del primer presidente afroamericano, se produjo el golpe de Estado en Honduras (contra un presidente que integraba el ALBA), desestabilizaciones en Venezuela, que no lograron derrotar electoralmente a Chávez, creciente militarización en la región, con nuevas bases, profundización de la fracasada lucha contra el narcotráfico, persistencia del embargo contra Cuba y de la cárcel ilegal en la Base de Guantánamo, continuidad de los mecanismos proteccionistas no arancelarios que afectan las exportaciones de bienes agropecuarios latinoamericanos, e intervención en los asuntos internos de los países de la región que plantean políticas distintas a las neoliberales impulsadas por los organismos financieros internacionales. La decepción de la mayor parte de los gobiernos de la región se expresó en Cartagena. En la última Cumbre de las Américas, en los temas principales, Washington quedó en soledad, secundado apenas por Canadá.
            La estrategia de Obama será afianzar la Alianza del Pacífico, un resabio del ALCA en el que se impulsan políticas neoliberales, junto a los gobiernos de México, Colombia y Chile. El objetivo será intentar debilitar el eje bolivariano. En ese mismo sentido, no habrá que esperar demasiados cambios en relación a la política hacia Cuba. La estrategia será intentar debilitar los proyectos de integración latinoamericanos (en torno al ALBA, la UNASUR y la CELAC) y morigerar el avance económico chino, a través de la promoción del libre comercio de bienes y servicios (no así de productos agropecuarios) y el impulso a la radicación de capitales estadounidenses en la región, con mayores facilidades y menos regulación de los Estados.
            Tampoco hay voluntad de reconocer el fracaso en la lucha contra el narcotráfico impulsada por Washington desde los años setenta (el caso más drámatico es el de México, con 70.000 muertes violentas en los últimos seis años). Más aún, Obama puso como ejemplo al país azteca: “En cuanto a la seguridad, estamos comprometidos a fortalecer nuestra cooperación contra los carteles de drogas y las bandas criminales que nos amenazan a todos. Por eso estamos estableciendo una alianza con México para la Iniciativa de Mérida, así como con los países de América Central y el Caribe para colaborar entre todos para hacerle frente al tráfico de drogas y fortalecer el Estado de Derecho. También estamos colaborando con Colombia según ésta comparte su experiencia en combatir las amenazas a la seguridad con otros países en las Américas”[3]. ¿Por qué esta ceguera frente a datos contundentes? Porque la lucha contra el narcotráfico es la principal excusa para ampliar la intervención militar en los países de la región. Así, incluso con una retórica a favor del diálogo y la diplomacia, en los últimos cuatro años las bases militares de Estados Unidos en América Latina no hicieron sino incrementarse. Como señala Telma Luzzani, “la nueva estrategia para el siglo XXI -conocida ya como la 'doctrina Obama'-, cuya síntesis se dio a conocer el 3 de enero de 2012, advierte que para América latina se buscará 'mantener la presencia con formas innovadoras' a través de relaciones clave entre las FF.AA., 'ejercicios militares conjuntos, presencia de un número reducido de tropas en forma rotativa y asesoramiento en capacitación”[4]. Las siete bases militares en Colombia, el Centro de Operaciones y Almacenamiento en el Chaco, Argentina (que debió ser desmantelado ante las denuencias y críticas de organizaciones populares), y la base del Comando Sur en Concón, Chile, son parte de este entramado del intervencionismo del siglo XXI.
            Pese a las ilusiones de algunos, Obama no trajo cambios en la relación con América Latina. El consenso bipartidista en la política hacia el patio trasero se mantuvo intacto.  Desde el inicio de su segundo turno como presidente, Obama muestra claras señales del interés de la Casa Blanca por reposicionarse en la región[5]. A partir de la muerte de Chávez, en marzo de 2013, Washington intensificó su estrategia de recapturar un área que históricamente estuvo bajo su influencia, impulsando las relaciones comerciales y financieras con sus vecinos del sur (terreno en el que viene perdiendo posiciones frente al intercambio intra-regional y a la demanda de otros polos extra-continentales, como China). También busca retomar la iniciativa diplomática y debilitar todo lo posible a sus desafiantes regionales, especialmente el bloque de países del ALBA, con Venezuela a la cabeza. La desaparición del líder bolivariano y principal impulsor de la integración anti-estadounidense fue entendida por el gobierno estadounidense como una gran oportunidad.
            En los tres meses siguientes al fallecimiento de Chávez, se aceleraron los tiempos del complejo ajedrez regional. Washington movió vertiginosamente infinidad de piezas: gira de Obama por México y Costa Rica, nueva promesa del cierre de la cárcel de Guantánamo, visita estratégica del vicepresidente Biden (quien es un precandidato a presidente y quiere captar el crecientemente influyente voto latino) a Colombia, Trinidad y Tobago y Brasil, recepción de los mandatarios de Chile y Perú en la Casa Blanca, inminente visita de Kerry a Guatemala, invitación a Dilma Rousseff para una visita de Estado a Washington (única mandataria con ese privilegio), apoyo a la Alianza del Pacífico -los principales aliados de Washington impulsan esta integración, de matriz neoliberal y afín a la Asociación Transpacífica-, desestabilización en Venezuela a partir de no reconocer el triunfo electoral de Nicolás Maduro (aunque Kerry se reunió en la primera semana de junio con su par venezolano, lo cual implicó un giro luego de 3 años de ostracismo en las relaciones bilaterales), impulso al gobierno de Santos para proponer el ingreso de Colombia en la OTAN y recibir al líder opositor venezolano Capriles.
            En pocas semanas, la diplomacia de Washington actuó intensamente para intentar reordenar el patio trasero, luego de una década signada por las turbulencias que supusieron las rebeliones populares, el surgimiento de movimientos anti-imperialistas y la creación de instancias de integración que apuntan a recuperar como horizonte la autonomía, o al menos una inserción internacional de carácter multilateral. Desde el fin de la guerra fría, nunca habían los países latinoamericanos desafiado tan abiertamente la agenda de Washington. Para el Departamento de Estado, contrariado por este inédito desafío regional, ya es hora de volver a poner las cosas en su lugar”.
            Históricamente las políticas de Washington hacia el sur del continente, desde que abandonaron las invasiones abiertas con marines en pos de la buena vecindad, se nutrieron de dos componentes: zanahorias y garrotes. Promesas de ayuda financiera, concesiones comerciales, inversiones e intercambios académicos convivieron históricamente con amenazas, desestabilizaciones, sanciones económicas y apoyos a militares golpistas. Así, para conseguir aprobar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en 1947, se prometió una suerte de Plan Marshall para América Latina. Para lograr los votos que permitieran expulsar a Cuba de la OEA, se lanzó la Alianza para el Progreso.
            En esa línea, hoy conviven los ofrecimientos -acuerdos de libre comercio, inversiones, asistencia financiera-, que funcionan como espejitos de colores para los gobiernos neoliberales de la región, con las amenazas para quienes confronten con los intereses de Washington: red de bases militares de nuevo tipo, desestabilización de los gobiernos bolivarianos, espionaje contra presidentes latinoamericanos, presión a través de las grandes corporaciones de prensa, financiamiento a grupos opositores a través de ONGs, quita de beneficios comerciales.
            Los movimientos sociales y las fuerzas políticas populares de la región están advirtiendo esta nueva ofensiva imperialista, que aprovecha las debilidades del bloque bolivariano para reintroducir la agenda neoliberal. Retomar la integración desde abajo, aquella que hace casi una década logró derrotar el ALCA, parece uno de los caminos que están privilegiando para resistir este nuevo embate. En esa línea, es hora de restar importancia a las Cumbres de las Américas, planteadas originalmente por Washington para erigir el ALCA, y avanzar en cambio en la integración autónoma, fuera del mandato de Estados Unidos, y con una agenda propia, como se planteó en el ámbito de la CELAC en la cumbre de La Habana de enero de 2014.
            La histórica estrategia de fragmentar la unidad latinoamericana, aún vigente, enfrenta serios desafíos. El ALBA, la UNASUR y la CELAC son una manifestación de la menguante hegemonía estadounidense. Superar la concepción del realismo periférico, renuente a confrontar con la principal potencia por los costos económicos que supuestamente acarrearía, es el desafío principal de los países de la región. Es hora de concebir otro tipo de integración, inspirada en los ideales bolivarianos, pero pensada como estrategia de real autonomía e independencia, en el camino hacia la construcción de otro orden económico-social a nivel mundial. 



* Docente UBA. Investigador del IDEHESI-CONICET. Contacto: leandromorgenfeld@hotmail.com / vecinosenconflicto.blogspot.com
[1] CNN en español, 18 de noviembre de 2013. En <http://cnnespanol.cnn.com/2013/11/18/la-era-de-la-doctrina-monroe-ha-terminado-asegura-john-kerry/>
[2] La Nación 2012 (Buenos Aires), 23 de diciembre.
[3] Ibídem.
[4] Luzzani, Telma 2012 Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica (Buenos Aires: Debate). 
[5] Pese a que algunos insisten con la poca relevancia de América Latina para Washington, los datos demuestran que, tanto desde el punto económico como geopolítico, para Estados Unidos es fundamental mantenerse como la potencia hegemónica en la región: En síntesis, Estados Unidos no ha sido pasivo ni irrelevante en materia de relaciones interamericanas, ya sea en lo económico, en lo político, en lo asistencial y en lo militar. Nunca se “fue” de la región: está ahí. La doctrina Monroe perdió vigencia, pero eso no significa que Estados Unidos se haya retirado de América Latina Tokatlian, Juan Gabriel 2013 Bye bye Monroe, hello Troilo, El País (Madrid), 23 de noviembre. Para una crítica contundente a la idea de la irrelevancia de América Latina, véase Borón, Atilio 2014 “CELAC, cita en La Habana”, en Rebelión. En <http://www.rebelion.org/noticia.php?id=179971>.. Una visión más condescendiente con las palabras de Kerry sobre el fin de la doctrina Monroe puede encontrase en Armony, Ariel 2014 'La era de la doctrina Monroe ha terminado': El discurso que ignoramos en 2013, El País (Madrid), 11 de enero.

viernes, 3 de octubre de 2014

Huellas de Estados Unidos N 7


Salió el número 7 de la revista "Huellas de Estados Unidos"
  • PAG. 2-6: Editorial. "Sobre Gabriel Kolko" /Pablo A. Pozzi
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  • PAG. 7-23: "Gabriel Kolko: Una interpretación contemporánea de la Guerra de Vietnam" /Florencia Dadamo - Leandro Della Mora
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  • PAG. 24-26: "El fin de la guerra de Vietnam, hace 30 años. La lección de una derrota total de Estados Unidos." /Gabriel Kolko
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  • PAG. 27-32: "Usemos la cabeza. Receta para el peliaguado planeta de hoy." /Gabriel Kolko
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  • PAG. 33-55: "El caso de la “Comisión Dewey” y el derrotero de la intelectualidad estadounidense en los años treinta." /Darío Martini
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  • PAG. 56-67: "Paisaje de voces: Estrategias contradiscursivas en Peregrinos de Aztlán de Miguel Méndez." /Gabriel Matelo
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  • PAG. 68-92: "Crónica de un conflicto anunciado: la evolución de las relaciones EE.UU.-Rusia desde desaparición de la URSS a la crisis de Ucrania." /Leonardo Pataccini
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  • PAG. 93-108: "El embrollo ucraniano y la decadencia del imperio estadounidense." /Arno J. Mayer
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  • PAG. 109-112: "La Vejación de Méjico." /Roberto A. Ferrero
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  • PAG. 114-136: "Crisis económica, discriminación y permanencia: inmigrantes mexicanos en Chicago, 1929-1935." /Gerardo Necoechea Gracia
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  • PAG. 137-140: "El “mapa del odio”: Desde el KKK hasta los ‘separatistas negros’, dónde se encuentran los 939 grupos de derecha y neo-nazis en Estados Unidos." /Meghan Keneally
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  • PAG. 141-148: "Las víctimas de la supremacía blanca de Watts a Ferguson." /Valeria L. Carbone
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  • PAG. 149-168: ENTREVISTAS. "PRESENTACION FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES 2014." /Pedro Brieger, Pablo A. Pozzi, Fabio Nigra (Expositores), José Natanson (Moderador)
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  • PAG. 170-187: "América Latina en el sistema imperial según el cine infantil de Hollywood." /Marcela Croce
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  • PAG. 188-191: "César Chávez: Ayer, hoy y el poder los organizados." /Sonali Kolhatkar
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  • PAG. 192-195: Reseña Bibliográfica. "D.J. Mulloy, American Extremists. History, Politics and the Militia Movement; Nueva York, Routledge (2005)." /Ana Laura Bochicchio
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  • PAG. 196-200: Reseña Bibliográfica. "The Myth of American Decline. Politics, Economics, and a Half Century of False Prophecies." /Alejandro Calloni
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    jueves, 2 de octubre de 2014

    Respuesta del Departamento de Estado de EEUU al "Si me pasa algo, miren hacia el Norte"

    Estados Unidos dice que las acusaciones de Cristina Kirchner "no se pueden tomar en serio"

    A dos días de los dichos de la Presidenta contra la gestión de Barack Obama, desde el Departamento de Estado consideraron "inverosímiles" a las palabras de la mandataria, pero aseguraron que quieren "una relación fuerte" con la Argentina.

    Por   | LA NACION
    WASHINGTON.- "Las expresiones de la presidenta Cristina Kirchner del pasado 30 de septiembre son tan inverosímiles que no se pueden tomar en serio."
    Esa fue la reacción que voceros del gobierno de Barack Obama tuvieron ante LA NACION, cuando se les consultó sobre el mensaje que dirigió la presidenta el pasado martes, en que les dirigió serios reproches y acusaciones.
    En la misma línea, explicaron que la alerta de seguridad para viajeros norteamericanos que emitió la embajada en Buenos Aires y que la presidenta calificó como una "provocación", constituye un mensaje de "rutina", similar a los que produce en otras partes del mundo.
    En su extenso mensaje del martes por la noche, la presidenta habló de "provocación", "maniobras desestabilizadoras" e incluso, deslizó la posibilidad de que se estuviera gestando aquí un ataque contra su integridad personal.
    "Si me pasa algo, que nadie mire hacia Oriente, que mire hacia el Norte", dijo la presidenta, en medio de sus reproches a la administración de Obama.
    En la misma ocasión apuntó contra la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires por el alerta de seguridad para ciudadanos que visiten nuestro país.
    "Seguramente, el señor que redactó eso dijo «ahora la provoco y la hago enojar», dijo la presidenta, en alusión a Kevin Sullivan, el encargado de negocios y máximo responsable de esa delegación.
    En la misma bolsa metió al juez neoyorquino Thomas Griesa, el autor del fallo a favor de los fondos buitre que el gobierno desconoce. "No soy ingenua, todo esto no es casual. Es una provocación en la que no voy a caer", dijo.

    Reacción de los Estados Unidos

    Tras dos días silencio, voceros del Departamento de Estado, en diálogo con LA NACION, tuvieron breves comentarios sobre lo ocurrido y, en primer término, dejaron en claro la intención del gobierno norteamericano de tener "una relación fuerte" con la Argentina.
    Consideraron también que una Argentina próspera es beneficiosa para sus ciudadanos y para la comunidad internacional en general, como así también de los Estados Unidos.
    "Las declaraciones de la presidenta del pasado día 30 sobre el gobierno norteamericano son tan inverosímiles que no pueden tomarse seriamente", añadieron.
    Aseguraron, además que el mensaje de seguridad, que la presidenta calificó de "provocación", constituye una "alerta para ciudadanos norteamericanos", similar a otras tantas producidas en otros países del mundo.
     
     
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    CFK DENUNCIO UN INTENTO DE “VOLTEAR” AL GOBIERNO, RECHAZO EL DESACATO DICTADO POR GRIESA Y CRITICO A EE.UU.

    “Si me pasa algo, miren hacia el norte”

    En un duro discurso, la Presidenta afirmó que hay una “maniobra” de sectores concentrados para desestabilizar al Ejecutivo “con ayuda extranjera”. Consideró un “disparate” la resolución del juez de Nueva York y una “inmensa provocación” la actitud de la Embajada de EE.UU.

    Por Sebastian Abrevaya (Página/12)

    En un discurso con fuerte contenido político, la presidenta Cristina Fernández denunció ayer que “sectores concentrados” de la economía quieren “voltear al Gobierno con ayuda extranjera”. En ese marco, cuestionó en duros términos a Estados Unidos y rechazó la “disparatada” declaración de desacato realizada por el juez de Nueva York, Thomas Griesa, al que calificó como “senil”. En contraposición al anuncio del pago de 161 millones de dólares por el vencimiento de deuda externa, denunció un intento por “tirar abajo la reestructuración” llevada adelante con los canjes de 2005 y 2010. Durante la cadena nacional, en la que anunció la refinanciación de deudas provinciales y la creación de la Secretaría de Hábitat, también alertó sobre su integridad física: “Si me pasa algo, en serio lo digo, no miren hacia Oriente, miren hacia el norte”, remató CFK, en rechazo a la difusión mediática de un posible atentado por parte del grupo extremista Estado Islámico, que ella había mencionado en su visita al Vaticano y a las Naciones Unidas.
    Como en buena parte de los anuncios presidenciales, el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada estaba ayer colmado por gobernadores, funcionarios del gabinete nacional y dirigentes sociales y políticos. Sin embargo, tras participar la semana pasada de la Asamblea General de Naciones Unidas, la Presidenta dio ayer un mensaje con un tono mucho más duro que en otras ocasiones. Se refirió especialmente a la decisión de Griesa de aceptar el pedido de los fondos buitre y de declarar a la Argentina en “desacato”. “No me sorprendió la declaración ni que en veinte o treinta días más nos pongan sanciones económicas; tal vez decidan ponerme presa si vuelvo a Nueva York. Pero yo voy a ir igual cuando tenga que ir”, desafió CFK, que además hizo un análisis sobre el momento en el que se produjo la resolución judicial. “Yo no soy ingenua, pues todo esto no es casual, no puede pensarse que es un movimiento aislado de un juez senil de Nueva York: sería una ingenuidad, y yo no soy ni ingenua ni estúpida. Y los buitres se parecen también a las águilas, tienen el mismo perfil.” La referencia al águila, uno de los emblemas de Estados Unidos, no fue inocente. El gobierno de Barack Obama fue también blanco de los cuestionamientos de la primera mandataria.
    En su discurso, CFK se refirió a la audiencia convocada por Griesa el lunes pasado, en la que el magistrado consideró “ilegal” la Ley de Pago Soberano aprobada por el Congreso Nacional. “O no leyó la ley o realmente habla de cosas que no sabe”, consideró la Presidenta, que explicó que la norma contempla al 100 por ciento de los bonistas. Además, le recriminó al juez desconocer cómo se legisla en la Argentina por haber afirmado que la ley no salió del Congreso sino del Poder Ejecutivo. “Nunca se ha llegado tan lejos: es un disparate y siguen agregándose disparates”, insistió.
    Tras anunciar el pago de la segunda cuota del vencimiento de la deuda, que también involucró un desembolso correspondiente al porcentaje de los fondos buitre, la mandataria afirmó que “el problema no es el dinero de los holdouts”, sino que “quieren tirar abajo la reestructuración de la deuda soberana” para que la Argentina vuelva a deber “miles de millones de dólares”. “Si para eso tienen que arrasar con la soberanía, con el respeto a las normas internacionales, no tienen ningún problema, arrasan como arrasan por todo, en todo el mundo”, aseguró CFK, quien ironizó sobre la autorización judicial al Citibank, “por segunda única vez”, a pagarles a los acreedores. La Presidenta remarcó, una vez más, que la deuda no fue contraída por su gestión ni la de Néstor Kirchner, sino que se originó con la última dictadura militar y luego se profundizó en democracia.
    A diferencia de otras oportunidades, no sólo condenó la actitud de los fondos buitre y la del juez neoyorquino. Profundizó las críticas a la administración Obama, con la que la Argentina mantenía ya una tensa relación a raíz de este conflicto.
    Por un lado, cuestionó el “monitoreo” que, según un vocero del Departamento de Estado, se hace de la situación argentina y el supuesto respaldo a la prosperidad del país. “Si están tan interesados en una Argentina próspera, se hubieran acordado de la Argentina en 2001, cuando le soltaron la mano después de haber aplicado sus recetas y de que David Mulford vino a retirar toda la plata”, señaló e insistió: “Si les preocupa tanto la prosperidad, por qué no dejan que la Argentina pague su deuda. La prosperidad de los pueblos no puede quedar bajo el reconocimiento de la usura”.
    Por otro lado, también criticó una nota formal realizada por la embajada estadounidense “avisando que pasan cosas terribles en la Argentina”. “Plantean como si viviéramos en la peor época del Far West”, relató CFK y calificó la carta como “una inmensa provocación”. Según la Presidenta, ese texto podría tener como objetivo la expulsión del encargado de negocios, Kevin Sullivan (a cargo de la embajada), con quien el Gobierno ya tuvo un conflicto diplomático reciente por afirmar que la Argentina se encuentra en default. “No lo vamos a echar del país, a nadie”, dijo sin mencionarlo en ningún momento.
    Otro párrafo central del discurso fue para los actores locales: “Acá el problema es que nosotros queremos pagar y no nos dejan, la gente quiere comprar autos y no la dejan. El problema no es de la economía ni de la sociedad, está ubicado precisamente en algunos sectores concentrados de la economía que quieren voltear al Gobierno. Y hacerlo con ayuda extranjera además”. CFK habló específicamente de una “maniobra de pinzas”, realizada por sectores exportadores y sectores financieros. Respecto del agro, sostuvo que están “sentados sobre 27 millones de toneladas” de granos sin vender y que “por ineficiencia y hasta por idiotez” perdieron plata tras la caída de los precios de la soja. Ese sector, junto a la industria automotriz, y especialmente, los bancos que especulan con la compra de títulos, buscan generar una devaluación del peso. “¿Saben para qué? Para licuarles los Convenios Colectivos de Trabajo que ustedes lograron con el aumento de más del 30 por ciento”, denunció la Presidenta.
    Entre los bancos, la Presidenta apuntó a cuatro entidades: Patagonia, Supervielle, Macro, Itaú y Mariva, que a través de información privilegiada anticiparon medidas económicas e hicieron movimientos especulativos. Además, cuestionó a dos sociedades de bolsa que operan en el mercado del “contado con liqui” para obtener ganancias extraordinarias y manipular el precio del dólar ilegal.
    “Saben que soy la última barrera infranqueable para que vuelvan a endeudar al país o para que se caiga la reestructuración de la deuda o para que se haga cualquier cosa con los trabajadores”, sentenció la Presidenta, quien consideró que ante estas maniobras no se trata de problemas de la economía, sino de “tres o cuatro vivos que quieren lucrar con todos los argentinos”.
     

    "Las relaciones económicas entre Argentina y Estados Unidos durante la proscripción del peronismo"





    Jornadas Historia Económica, Rosario, 1, 2 y 3 de octubre de 2014

    Título de la ponencia:  
    "Las relaciones económicas entre Argentina y Estados Unidos durante la proscripción del peronismo"

    Autores: MORGENFELD, Leandro y REISENMAN, Brian Iván

    En esta ponencia, en base a la investigación que venimos desarrollando hace algunos años (que incluye el trabajo con documentos inéditos de archivos argentinos y estadounisenses), nos ocupamos de analizar la relación económica entre Argentina y Estados Unidos desde la caída de Perón hasta su retorno, 18 años más tarde. Nos centramos en los vínculos comerciales, la incidencia de las inversiones estadounidenses y las relaciones financieras. En esta etapa particular del capitalismo y de profundización de la industrialización sustitutiva en la Argentina, determinaremos cuáles fueron las etapas de la relación económica en el período 1955-73 y cuáles fueron las políticas económicas hacia Estados Unidos por parte de los distintos gobiernos argentinos.  Luego de una década de relaciones turbulentas entre Perón y Washington, los siguientes gobiernos plantearon la necesidad de solidificar el vínculo, atraer inversiones, conseguir préstamos y dar mejores condiciones al capital estadounidense para instalarse en el país. No obstante, en esos años hubo gestiones por parte los sucesivos gobiernos argentinos para contrarrestar el creciente desbalance comercial bilateral y también conflictos económicos puntuales, como fue la anulación de los contratos petroleros por parte de Illia, por mencionar sólo uno de los más resonantes. A lo largo de los 18 años que mediaron entre el golpe de 1955 y la vuelta del peronismo, la relación económica bilateral se profundizó como nunca antes en la historia, aunque este acercamiento fue el prólogo del distanciamiento relativo que implicó la llamada "apertura hacia el Este", instrumentada fundamentalmente en los años setenta. Entender los pormenores del vínculo económico entre Argentina y Estados Unidos en este período permitirá abordar en mejores condiciones algunos de los actuales puntos conflictivos de la relación bilateral.


    Mesa 1: Relaciones Económicas Internacionales
    Viernes 3 de octubre
    Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario
    Aula Ñ