domingo, 18 de octubre de 2026

Milei, de gala con la ultraderecha: 20 viajes a EEUU y la “reconquista del hemisferio”

 

Milei apuesta a Trump y la ultraderecha mientras Washington busca compromisos duraderos.

“No podemos ceder ni un milímetro en nuestra reconquista del hemisferio”, declaró Javier Milei el miércoles 14 de octubre por la noche, en el Andrew W. Mellon Auditorium de Washington, como invitado de honor de la Official Hispanic Heritage Gala. Dos días después del 12 de octubre, en una celebración de la “herencia hispana” organizada por La Derecha Diario, el portal fundado por el hoy convicto Fernando Cerimedo, el presidente argentino eligió la palabra “reconquista” para definir su proyecto regional. No fue un lapsus. Es una síntesis de su vocación neocolonial. Fue su vigésimo viaje a Estados Unidos desde que ganó las elecciones en noviembre de 2023: el número 19 desde que asumió la presidencia y el quinto en lo que va de 2026. Fueron 36 horas en Washington y, otra vez, sin la foto con Donald Trump, que estaba de campaña en Arizona y Montana. Pero Milei fue, precisamente, a hacer campaña por él. Y mientras estaba en Estados Unidos para congraciarse con la derecha estadounidense, en Buenos Aires una multitud de estudiantes, docentes y no docentes universitarios rodeaba el Congreso. ¿Qué revela este nuevo peregrinaje sobre el vínculo bilateral y sobre la creciente sumisión del gobierno libertario, a pocas semanas de la llegada a Buenos Aires del vicepresidente J. D. Vance?

Una gala con sello Cerimedo

El escenario no es un detalle menor. La gala, con entradas de entre 3.000 y 10.000 dólares y etiqueta de esmoquin, fue organizada por Latino Wall Street y La Derecha Diario. Ese portal fue creado en 2021 por Cerimedo, el consultor que manejó la estrategia digital de la campaña de Milei en 2023, que también trabajó para el bolsonarismo y que asesoró al presidente boliviano Rodrigo Paz. En noviembre de 2023, el Tribunal Superior Electoral de Brasil suspendió los perfiles de La Derecha Diario Brasil por difundir desinformación sobre el sistema electoral. Y desde agosto, Cerimedo está detenido en Bolivia, imputado por intento de feminicidio tras el ataque a balazos que sufrió su expareja, la abogada Nadia Beller, en Santa Cruz de la Sierra. La fiscalía de La Paz le abrió, además, una segunda causa por presunto enriquecimiento ilícito.

Milei atribuyó el escándalo a una operación del “castrochavismo”. Su socio, el español Javier Negre, intentó despegarse, pero la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum recordó que, según una investigación de Clarín, las acciones de Cerimedo en Madero Media Group, dueña de la marca, se vendieron tres días después de su detención. El miércoles fue Negre quien presentó a Milei y le entregó el reconocimiento “al liderazgo y al impacto global”, con una frase que vale como programa: “Qué bonito está quedando el mapa político en Hispanoamérica gracias a él”. Entre los asistentes estaban Matt y Mercedes Schlapp, de la CPAC, el congresista republicano Cory Mills y el canciller paraguayo Rubén Ramírez. Es la internacional ultraderechista en su versión hemisférica, y la investidura presidencial argentina, una vez más, al servicio de su legitimación.

“Sacar a patadas” a Lula

El discurso tuvo dos destinatarios. El primero, el electorado estadounidense. “Es importante, no solo para Estados Unidos, sino para Occidente entero, que el presidente Trump salga fortalecido en las elecciones de noviembre”, dijo Milei, y definió su vínculo con Washington como “una alianza histórica con el presidente Trump” para “ser un faro de libertad”. Agregó: “Nos alineamos con Israel y con los Estados Unidos para defender los valores judeocristianos que dieron vida a la civilización occidental”. Un presidente extranjero pidiendo el voto para el oficialismo estadounidense a tres semanas de unas elecciones que, como analizamos en Tektónikos la semana pasada, Trump convirtió en un plebiscito sobre su figura y que, según casi todas las encuestas, puede perder.

El segundo destinatario fue Brasil. Desde el escenario, Milei saludó y abrazó a Eduardo Bolsonaro, invitado de honor de la gala. Su presencia no es inocente: el exdiputado vive en Estados Unidos desde 2025, desde donde impulsó las sanciones de Trump contra su propio país para presionar en el juicio a su padre Jair. Por eso la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal lo condenó a cuatro años y dos meses de prisión por coacción; la condena quedó firme el 3 de octubre y la semana pasada el juez Alexandre de Moraes ordenó su detención y la cancelación de sus pasaportes. Con un prófugo de la justicia brasileña a su lado, Milei llamó a votar por Flávio Bolsonaro en el balotaje del 25 de octubre, afirmó que Jair Bolsonaro está “injusta y vengativamente encarcelado” y, saliéndose del texto, remató: “Vamos a sacar a patadas al dictador comunista”. Se refería a Lula da Silva, electo democráticamente tres veces y quien repetidas veces denunció el injerencismo de Trump en estos comicios.

No se trata de un exabrupto aislado. En julio, Milei viajó a San Pablo para participar de la convención que proclamó a Flávio, lo que llevó al gobierno de Lula a llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires; tras la primera vuelta del 4 de octubre, que Flávio ganó por 47,03% a 45,16%, volvió a publicar “LULA LADRÓN”. Es una injerencia abierta en el proceso electoral del principal socio comercial de la Argentina. Un presidente que predica la no intervención del Estado interviene sin pudor en las elecciones de otros Estados. Y no lo hace en función de un interés nacional definido, sino como operador de una facción política transnacional, hoy virtualmente comandada por el Secretario de Estado Marco Rubio. Milei no se alineó con Estados Unidos como Estado, sino con Trump y su red. Si el 25 de octubre gana Lula y el 3 de noviembre los demócratas recuperan el Congreso, la Argentina quedará más expuesta que nunca: peleada con su vecino y atada a un presidente estadounidense debilitado.

Petróleo, premios y “hacer grande a la Argentina nuevamente”

La agenda económica completó el cuadro. Antes de la gala, Milei se reunió con Harold Hamm, fundador de Continental Resources, pionero del fracking y aliado empresario de Trump, con intereses crecientes en Vaca Muerta: su empresa anunció la compra del 50% de Phoenix Global Resources, que opera en la cuenca neuquina. El jueves 15, en la sede de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la mayor organización empresarial del mundo, recibió el premio “Campeón global de la libre empresa” de manos de su presidenta, Suzanne Clark, que lo elogió como “un líder que defiende con valentía y orgullo la libre empresa”. El funcionario de mayor rango de la administración Trump anunciado para el acto, el secretario de Energía Chris Wright, otro empresario del fracking, finalmente no asistió. El contacto oficial de la gira se redujo a una reunión del canciller Pablo Quirno con Juan Pablo Segura, subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental. El objetivo de este vigésimo viaje de Milei a Estados Unidos era doble: respaldar la agenda geopolítica de Trump y vender el ajuste ante empresarios, inversores y banqueros con intereses en la Argentina.

El discurso, titulado “El caso argentino: el desafío del crecimiento económico tras décadas de populismo”, fue una pieza de campaña para 2027 pronunciada ante el capital estadounidense. “Vinimos a hacer grande a la Argentina nuevamente”, dijo, calcando el eslogan trumpista MAGA. Se jactó de un ajuste fiscal de 15 puntos del PBI, de que “en 30 meses estamos reparando los daños de 100 años” y de estar “logrando domar la inflación”, en la semana que se anunció oficialmente su rebote. Repitió que “la verdadera riqueza la generan los empresarios” y que “sin empresarios no hay nada”, prometió que “vamos a honrar nuestras deudas en todo momento” y pronosticó que el riesgo país del año próximo estará “por debajo de los 100 puntos”. Presentó al sector energético y minero, abierto por el DNU 70/2023, como proveedor del mundo en sociedad con Estados Unidos, y admitió sin rodeos quiénes pagan la cuenta: “La apertura va a beneficiar a 48 millones de personas y perjudicar al sector protegido”. Pidió, por último, confianza: “Tenemos confianza en que vamos a ratificar este rumbo el año que viene en las urnas”.

Los datos desmienten el relato. Ese mismo jueves, el riesgo país medido por JP Morgan trepó a 640 puntos básicos, su nivel más alto del mes. El FMI recortó su proyección de crecimiento para la Argentina en 2026 del 3,5% al 2,1%, y el propio vocero presidencial, Adrián Ravier, admitió que el último trimestre fue negativo. Según el INDEC, la inflación de septiembre fue del 1,9% mensual y acumula 23,6% en el año (33% interanual), con una desinflación que se frenó sin traducirse en una mejora de los ingresos. La “nueva Argentina” que Milei vende en Washington se parece poco a la que viven los argentinos.

Mientras tanto, en Buenos Aires

El contraste con lo que ocurría en las mismas horas frente al Congreso fue elocuente. Mientras Milei era premiado por la Cámara de Comercio estadounidense, la quinta Marcha Federal Universitaria reunió a miles de estudiantes, docentes y no docentes, acompañados por familias de personas con discapacidad, la CGT, las dos CTA, la UTEP, la UCR, la izquierda y las distintas vertientes del peronismo. Reclamaron que el gobierno cumpla la Ley de Financiamiento Universitario, que la justicia le ordenó aplicar nueve veces. El documento leído en el acto, firmado por el Consejo Interuniversitario Nacional, la FUA y las federaciones docentes y no docentes, sostuvo que “la universidad pública no es el problema de nuestro país”, denunció una “política de deserción forzada” y advirtió que el incumplimiento de la ley y la “voluntad de gobernar por decretos de necesidad y urgencia” ponen “en riesgo nuestra democracia y nuestro sistema republicano”. Los números lo explican: con una inflación acumulada de 344% desde el inicio de la gestión, los salarios docentes aumentaron 236,6%, y el presidente del CIN, Franco Bartolacci, afirmó que las transferencias al sistema universitario se redujeron a la mitad. Ese mismo día, el juez Martín Cormick fijó una multa diaria al jefe de Gabinete, Diego Santilli, por incumplir la cautelar que obliga a actualizar salarios y becas. Al final de la jornada hubo incidentes en Rivadavia y Callao, con gases lacrimógenos, camiones hidrantes y detenidos, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, eligió hablar de “los mismos violentos de siempre” antes que del reclamo.

Adentro del Congreso, la oposición intentó derogar el DNU 70/2023, la piedra fundamental del programa que el presidente exhibía en Washington, junto con la emergencia en discapacidad y una ley de alivio para las familias endeudadas. No lo logró: 121 diputados de Unión por la Patria, la izquierda, la Coalición Cívica y parte de Provincias Unidas y de Argentina Federal se sentaron en sus bancas, ocho menos de los 129 necesarios para el quórum. Las ausencias de legisladores que responden a gobernadores aliados, como los tucumanos de Independencia y parte de Provincias Unidas, salvaron al gobierno. El presidente de la Cámara, Martín Menem, celebró: “El país ya eligió un rumbo y no va a retroceder”. La escena resume el modelo: un decreto que en Washington se premia como ejemplo de “libre empresa” sobrevive en Buenos Aires gracias a las negociaciones con los gobernadores, mientras en la calle se reprime a quienes defienden la universidad pública.

Veinte viajes, una diplomacia de fotos

Los números del vínculo personal con Washington no tienen antecedentes. Según el relevamiento difundido por Perfil a fines de septiembre, Milei pasó 134 días en el exterior en sus primeros 1.020 días de gestión, y Estados Unidos fue, por lejos, su destino más frecuente. A la misma altura de su mandato, Mauricio Macri había visitado Estados Unidos siete veces. Milei ya lleva 19 como presidente, 20 si se cuenta el viaje que hizo recién electo, y volverá en diciembre para la cumbre de líderes del G-20. Buena parte de esos viajes no tuvieron agenda bilateral alguna: conferencias de la CPAC, premios de fundaciones conservadoras, galas, visitas a la tumba del Rebe de Lubavitch. Un grupo de diputados opositores presentó un pedido de informes sobre su costo, precisamente por el carácter privado y partidario de muchas de esas giras. Esta vez tampoco hubo reunión con el presidente estadounidense. El lunes 19, Milei ya estará volando a Madrid para reunirse con dirigentes de Vox y del Partido Popular, en la antesala de las elecciones anticipadas españolas.

Es la lógica de la diplomacia de fotos: la cercanía con Trump como capital simbólico para la acumulación política interna y como señal para los mercados. El problema es que esa foto tiene un costo, y lo paga el país.

La factura: lo que Washington cobra

El salvataje de 20.000 millones de dólares que el Tesoro estadounidense anunció en octubre de 2025, condicionado públicamente por Trump al resultado de las legislativas argentinas, tuvo su contraprestación. El 5 de febrero, el canciller Pablo Quirno firmó en Washington el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI). El gobierno lo presentó como un triunfo porque Estados Unidos eliminaría aranceles recíprocos sobre 1.675 productos argentinos, pero dejó en suspenso lo más sensible: los aranceles al acero y al aluminio. Las concesiones argentinas, en cambio, son estructurales: aceptar vehículos fabricados según las normas estadounidenses, reconocer a Estados Unidos como jurisdicción adecuada para la transferencia de datos personales y cooperar con Washington contra las “prácticas no orientadas al mercado” de terceros países. Traducido: China. Un análisis del texto advierte que el acuerdo compromete a la Argentina a acompañar las medidas unilaterales de Estados Unidos frente a otros países, mientras Washington se reserva el derecho de aplicar aranceles cuando lo decida. Es la cristalización jurídica del alineamiento.

Ocho meses después, el ARTI ni siquiera fue enviado al Congreso, y la Casa Rosada evalúa implementar parte del acuerdo por decretos y resoluciones, esquivando el debate parlamentario. Sin embargo, esta semana se anunció un protocolo adicional al acuerdo comercial de febrero, firmado por Quirno y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. Según Quirno, ese protocolo “permitirá la remisión del ARTI al Congreso Nacional para su aprobación”. El otro compromiso pendiente es la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), una vieja exigencia de los laboratorios estadounidenses, trabada en el Senado tras la reserva que Diputados incorporó a pedido de los laboratorios de capital nacional; el plazo comprometido con Washington vencía el 30 de abril. Las presiones no se disimulan: a fines de agosto pasó por Buenos Aires Jeff Goettman, representante comercial adjunto de Estados Unidos, para reclamar avances a Quirno y a Luis Caputo, y la número dos de la embajada estadounidense vinculó públicamente la ratificación del ARTI con la “confianza” de los inversores.

Como dijo sin eufemismos Scott Bessent hace un año, Milei estaba “comprometido con sacar a China” de la Argentina. A eso se suman la pertenencia al Escudo de las Américas, el ingreso de tropas estadounidenses sin autorización del Congreso, los entrenamientos de marines en Ushuaia y el proyecto de base naval en Tierra del Fuego. En septiembre, en plena turbulencia cambiaria, Caputo volvió a reunirse con Bessent para asegurar el respaldo del Tesoro de cara a 2027. Las reuniones con petroleros como Hamm y el premio de la Cámara de Comercio son la otra cara de esa moneda: Vaca Muerta, el litio y los minerales críticos ofrecidos como botín en la disputa con Beijing. Dependencia financiera, extractivismo y subordinación geopolítica forman un mismo paquete.

Vance, el cobrador

En ese contexto hay que leer la visita de J. D. Vance. Según confirmaron desde el gobierno, fue un pedido de Washington, en el marco de una gira regional, e incluirá una reunión con Milei en la Casa Rosada. Será la primera visita de un vicepresidente estadounidense desde la de Mike Pence a Macri en 2017, cuando el tema excluyente era el cerco a Venezuela. Llegará con el ARTI y el PCT todavía pendientes, en el mismo mes en que visitará el país el papa León XIV.

Vance no es un emisario cualquiera. Es el aspirante mejor posicionado para suceder a Trump, en una interna feroz con el secretario de Estado Marco Rubio, a quien se atribuye el diseño de la política hemisférica. Lo respaldan los magnates tecnológicos encabezados por Peter Thiel, y su nombre aparece asociado a la Rockbridge Network, el fondo que cofundó en 2019 y que desembarcó en Brasil, denunciado por el Partido de los Trabajadores por presunto financiamiento de la campaña bolsonarista. Su paso por Buenos Aires será también un acto de su propia construcción hacia 2028, en el país que la derecha global exhibe como su laboratorio.

El calendario es elocuente: Vance llegará después del balotaje brasileño y de las elecciones legislativas estadounidenses. Si los republicanos conservan el Congreso y Flávio Bolsonaro gana en Brasil, vendrá como emisario de una ofensiva triunfante, a consolidar el eje Washington-Brasilia-Buenos Aires contra China. Si pierden, vendrá a asegurar lo que queda de un aliado que, para Washington, se volvería todavía más valioso en un continente menos dócil. En cualquiera de los dos casos, el objetivo es el mismo: convertir el alineamiento personal de Milei en compromisos de Estado, difíciles de revertir gane quien gane en 2027.

Malvinas, la ficha de cambio

Hay un tema que revela como ningún otro los límites del alineamiento automático. A fines de agosto, Trump dijo que la postura de Estados Unidos sobre Malvinas era una de muchas que estaba revisando, y el gobierno lo celebró como una señal. Pero cuando la Argentina inició el 28 de septiembre un arbitraje contra el Reino Unido bajo la Convención del Mar para frenar el proyecto petrolero Sea Lion, el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, puso las cosas en su lugar: la Argentina es “un gran amigo”, pero existe una “relación especial” con el Reino Unido, y Washington buscaría “desescalar”. Ironía adicional: uno de los socios de Sea Lion es la petrolera israelí Navitas, mientras Milei proclama a Israel, junto con Estados Unidos, su principal aliado estratégico. Para Washington, Malvinas es una ficha de negociación, no una causa. La sumisión no compra soberanía; a lo sumo, compra promesas.

Patria o colonia, otra vez

La palabra elegida en Washington lo dice todo. La “reconquista del hemisferio” que Milei proclamó en una gala de la ultraderecha, rodeado de la red de Cerimedo y Negre, de la CPAC y de un Bolsonaro prófugo, es la versión libertaria del Corolario Trump de la Doctrina Monroe: un continente “pintado de azul”, alineado con Washington, sin China y con sus recursos estratégicos disponibles para los Hamm y los Wright. La Argentina funciona como su laboratorio: un país que entrega su política exterior, su autonomía regulatoria y sus recursos a cambio de respaldo financiero, premios y fotos. La diferencia con las “relaciones carnales” de los noventa es que entonces el alineamiento se hacía con el Estado norteamericano en su momento de mayor poder; hoy se hace con una facción, en un imperio en declive relativo y en plena fractura interna. Es una apuesta todo o nada a una sola carta.

Por eso las próximas semanas son decisivas. El 25 de octubre en Brasil y el 3 de noviembre en Estados Unidos (sumadas a las del 27 de octubre en Israel) se juega buena parte de la suerte de esa apuesta. Ochenta años después de Braden, incluso criticado en Washington por hacer campaña en Buenos Aires sin las usuales sutilezas diplomáticas, ahora no hay demasiados velos: es el propio presidente argentino el que viaja a Washington a hacer campaña en favor del Partido Republicano de Trump, y a pedir que saquen “a patadas” al presidente de Brasil. El dilema, como en el “Braden o Perón” de 1946, sigue siendo el mismo: Patria o Colonia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario