viernes, 25 de mayo de 2012

EEUU ante la Revolución de Mayo


 
Adelanto de mi próximo libro sobre las relaciones Argentina-EEUU:

Estados Unidos y las Provincias Unidas del Río de la Plata, 1810-1823

En un principio, la relación bilateral era esencialmente económica. En junio de 1810, la Casa Blanca envió a Joel Roberts Poinsett a Buenos Aires para fomentar el comercio con el Río de la Plata. Nunca antes Estados Unidos había nombrado un representante ante un gobierno no reconocido. En Buenos Aires, la Junta estaba en crisis, se iniciaba la guerra y Portugal avanzaba sobre la Banda Oriental. El gobierno porteño necesitaba armas y envió representantes a Londres, pero no consiguieron ni financiamiento ni pertrechos militares. Surgió, entonces, la alternativa de pedir ayuda a Washington.
En abril de 1811, Poinsett pasó oficialmente a ser cónsul general en las provincias de Buenos Aires, Chile y Perú. Tres años más tarde, el gobierno porteño nombró a Diego de Saavedra y Juan Pedro Aguirre como enviados a Estados Unidos. Si bien fueron bien recibidos en Washington por el entonces Secretario de Estado Monroe, quien accedió a que se les vendieran armas a buen precio, éste siempre aclaró que su gobierno se mantendría neutral en el conflicto de la Junta de Buenos Aires con España. La Casa Blanca estaba gustosa de hacer negocios vendiendo armas, pero no dispuesta a comprometerse con un gobierno anti-colonial cuya suerte era incierta. La guerra entre Estados Unidos y Gran Bretaña iniciada en 1812, más los intentos de reconquista española en el resto del continente, reforzaron la neutralidad del gobierno de Washington. Resultaron vanos, entonces, los pedidos de ayuda impulsados por las Provincias Unidas.
Poco después, cuando se avecinaba declaración de la independencia, el Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas envió a Martín Thompson a Estados Unidos, con una carta dirigida al presidente James Madison (1809-1817). Su misión, secreta, era afianzar las relaciones bilaterales, ofreciendo facilidades comerciales a Estados Unidos. Procuró comprar armas, contratar oficiales y, además, iniciar relaciones diplomáticas con México. Estuvo entre mayo y agosto en New York, pero no logró entrevistarse con el presidente estadounidense, y se dedicó, entonces, a conseguir armamentos sin autorización del gobierno de Washington. Esto provocó el disgusto de la Casa blanca y la decisión de Álvarez Thomas de hacerlo retornar a Buenos Aires. La independencia había sido declarada en Tucumán el 9 de julio de 1816, pero en el resto de América Latina las tropas realistas avanzaban velozmente, lo que llevó a Madison a no dar ninguna señal a favor del reconocimiento diplomático de las Provincias Unidas.(...)

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