lunes, 26 de marzo de 2018

Argentina Nuclear: la espalda a Brasil como gesto a Estados Unidos?

Sergio Solmesky dejó su cargo en la Abacc el 8 de enero.
Sergio Solmesky dejó su cargo en la Abacc el 8 de enero. 


El Gobierno dejó vacante su lugar en la secretaría de la Abacc que comparte con Brasil

Una silla vacía desata especulaciones

La Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares hace dos meses y medio que no tiene representante argentino. Estados Unidos aparece como un tercero en discordia.

El gobierno dejó vacante a comienzos de año su lugar en la secretaría ejecutiva de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (Abacc), un organismo bilateral que ha sido clave en el proceso de integración con Brasil. Sergio Solmesky fue desplazado el 8 de enero y todavía no se designó a un reemplazante. El oficial brasileño, Marco Marzo, quedó en soledad al frente de la secretaría, pero el sentido de ese espacio es que ambos países tengan un representante para que supervise las instalaciones nucleares de su socio regional. La lentitud del gobierno para designar un reemplazante genera suspicacias en el sector nuclear en un contexto en el que Argentina viene siendo presionada por Estados Unidos para que firme un Protocolo Adicional a los Acuerdos de Salvaguardias sellados con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el cual pone en riesgo un desarrollo nuclear independiente. Hasta ahora, Argentina resistió la firma de ese Protocolo en una acción coordinada con Brasil.
La Abacc se creó el 18 de julio de 1991 y fue la coronación de una larga negociación destinada a reducir la desconfianza entre los dos vecinos con desarrollo nuclear. Pese a la firma del Acuerdo de Cooperación para el Desarrollo y la Aplicación de los Usos Pacíficos de la Energía Nuclear, en mayo de 1980, los gobiernos militares de ambos países se desconfiaban mutuamente. Esa situación se agudizó aún más luego de que el 18 de noviembre de 1983 el entonces presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Carlos Castro Madero, sorprendiera al anunciar que la Argentina estaba en condiciones de producir uranio enriquecido, elemento esencial para fabricar armas nucleares.
Castro Madero enfatizó ese día que la tecnología de la planta rionegrina de Pilcaniyeu se destinaría a fines pacíficos, pero igual la novedad provocó temor entre propios y extraños. De hecho, el vicealmirante aseguró que Raúl Alfonsín, quien estaba por asumir la presidencia en veinte días, había sido puesto al tanto de la novedad, pero remarcó que no se lo había consultado sobre la oportunidad de realizar el anuncio.
Una vez en el poder, Alfonsín buscó fortalecer la relación con Brasil y el sector nuclear fue central en la negociación. Así fue como junto con la Declaración de Foz de Iguazú en noviembre de 1985, que sentó las bases para el Mercosur, se firmó un documento paralelo sobre política nuclear donde se acordó crear un grupo de trabajo mixto destinado a la promoción del desarrollo nuclear pacífico. El próximo paso llegó en julio de 1987 cuando Alfonsín invitó a su par brasileño, José Sarney, a visitar la planta de Pilcaniyeu. Al año siguiente Alfonsín visitó el Centro Experimental de Aramar, donde Brasil tiene su planta de enriquecimiento de uranio. Finalmente, el 18 de julio de 1991 el presidente Carlos Menem y Fernando Collor de Melo firmaron en Guadalajara otro acuerdo de cooperación nuclear con fines pacíficos que incluyó la creación de la Abacc.
La Abacc fue una instancia clave de la cooperación regional al dejar de lado la amenaza de que el país vecino pudiese desarrollar un arma nuclear a espaldas de su principal socio. Este organismo bilateral tiene una Comisión, con dos miembros de cada país que se reúnen tres veces por año para definir directivas políticas, y una secretaría, con un representante permanente de cada país, que las ejecuta. Por el lado argentino, la Comisión la integran el presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear, Néstor Masriera, y el titular de la Dirección de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales, Alejandro Guillermo Deimundo Escobal, un embajador de Haití con nula experiencia en el sector. Formalmente son ellos los que deben designar al secretario, aunque los que decidirán son el jefe de Gabinete, Marcos Peña, junto con Fulvio Pompeo, secretario de Asuntos Estratégicos. La demora para designar un secretario en la Abacc disparó las especulaciones. En el sector varios suponen que Argentina busca reforzar su alineamiento con Estados Unidos firmando el Protocolo Adicional a los Acuerdos de Salvaguardia de la OIEA y la alianza con Brasil es un obstáculo para cumplir ese objetivo.

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Esto escribía hace dos años Juan Gabriel Tokatlian sobre el tema....

En materia nuclear, estamos con Brasil

Juan Gabriel Tokatlian PARA LA NACION

8 de abril de 2016  

Este año se conmemoran dos hechos trascendentales para las relaciones entre la Argentina y Brasil y para la seguridad internacional. En julio de 1991, hace 25 años, ambos países sellaron el acuerdo de salvaguardias nucleares bilaterales (SCCC) que creó la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (Abacc) para su ejecución. En diciembre de ese año, los dos países, la Abacc y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) firmaron también un acuerdo para la aplicación de salvaguardias amplias. Este Acuerdo Cuatripartito (AC) cumple las exigencias del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP); cualquier protocolo adicional sería una enmienda.
La Abacc y el AC constituyen los pilares fundamentales sobre los cuales se apoya la decisión estratégica de la Argentina y Brasil para el uso de la energía nuclear con fines exclusivamente pacíficos. Desde su adopción, éste ha sido un ejemplo mundialmente reconocido en materia de no proliferación.
Lo cierto es que el país ha construido una doctrina nuclear basada en la transparencia. A diferencia de otras doctrinas que se basan en la ambigüedad, la Argentina, desde 1983, optó por ser transparente de acuerdo con el consenso vigente, que sostiene que a través de la política nuclear se garantiza el desarrollo nacional, la estabilidad regional y la seguridad internacional.
Para esto, la concertación con Brasil ha sido esencial. Principios e intereses se han conjugado para asegurar los compromisos alcanzados: primero, reforzar la democracia, afianzar el control civil en un área sensible y consolidar una región en paz. Segundo, preservar la simetría en una dimensión clave de la relación bilateral, superar la pugnacidad que por décadas robusteció el poder de las fuerzas armadas en ambos países y entorpeció la integración, asegurar que el vecino no desarrolle planes nucleares con fines militares, y tener una buena carta de presentación internacional como actor nuclear responsable. Los beneficios para los dos países, la región y todo el régimen global de no proliferación fueron y son palpables.
Después de la guerra a Irak en 1991 y a raíz del programa nuclear de Corea del Norte, la comunidad internacional buscó vigorizar las salvaguardias. Se concibió así un protocolo adicional que sería firmado por cada Estado con el OIEA. El modelo de protocolo data de 1997, fecha en la que el SCCC, la Abacc y el AC ya estaban en vigencia. Más de 140 Estados han firmado sendos protocolos, entre ellos los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, que, con variaciones respecto del modelo estándar, plantean un esquema no intrusivo en cuanto a la inspección de sus arsenales nucleares, que siguen intactos. El modelo convencional de estos protocolos tiene un alcance geográfico más amplio pero no es superior en sus exigencias al Acuerdo Cuatripartito.
Tres cuestiones son importante en el caso argentino. Primero, en cuanto a la seguridad de los materiales, y de acuerdo con el Nuclear Threat Initiative's Nuclear Materials Security Index, el país se ubica en el puesto 15 sobre Rusia, China, Israel, la India y Pakistán. Segundo, su credibilidad le ha permitido que el embajador Rafael Grossi presida hoy el denominado Grupo de Proveedores Nucleares, compuesto por 48 países. Y tercero, la capacidad de producción nacional se expresa en el hecho de que Invap ha vendido reactores nucleares de alta calidad y desempeño a Australia, Argelia, Egipto y Perú.
A pesar de estos logros, en diferentes momentos durante el último cuarto de siglo han surgido voces a favor de que la Argentina, de manera unilateral y sin Brasil, firme un protocolo adicional. Los argumentos han sido múltiples. En algunos predomina la convicción de que es lo correcto desde el ángulo de los principios. Hay, por otro lado, consideraciones oportunistas: acercarse a Washington, en algún contexto interno de necesidad, prometiendo la firma para lograr apoyo. En otros casos prevalece un sesgo antibrasileño: desconfianza hacia el vecino y sus hipotéticas intenciones non sanctas. También está la tesis económica según la cual habría más negocios en el campo nuclear si se firmara el protocolo.
La contraargumentación que propongo es precisa. Cualquier decisión debe ser razonable y pragmática: asumir dogmas o altruismos en la cuestión nuclear es ingenuo. A su vez, el oportunismo en política exterior ha sido y es nefasto pues genera un beneficio simbólico de corto plazo y un costo alto en el largo plazo. Si la Argentina firmase unilateralmente un protocolo adicional le facilitaría a Brasil poner fin al régimen bilateral de salvaguardias y avanzar en un eventual proyecto nuclear de naturaleza militar o negociar la firma de un protocolo de acuerdo con su objetivo estratégico: la promesa de que las potencias respalden su interés en un asiento permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Por último, la Argentina está limitada para exportar más reactores pues carece de una estructura financiera que permita extender líneas de crédito al comprador.
En breve, provocar el desmantelamiento de un mecanismo único en el mundo y que ha probado ser muy eficaz sería inaudito. Por suerte, antes de llegar a la reciente Cumbre de Seguridad Nuclear, el presidente Macri disipó dudas y reafirmó el valor de preservar el histórico compromiso con Brasil en la materia. Es deseable que en el año en que la Argentina y Brasil conmemoran su mutuo aporte a la paz bilateral, regional y mundial gracias a la Abacc y al AC, los dos países fortalezcan la confianza, la transparencia y el equilibrio en esta materia.

Director del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la UTDT

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