lunes, 12 de diciembre de 2016

"La política exterior de Macri, un año después". Por Augusto Taglioni

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La política exterior de Macri, un año después

Por Augusto Taglioni

Resumen del Sur


Mucho se ha escrito respecto del primer aniversario de Mauricio Macri. Hemos escuchado diferentes posturas vinculadas a la gestión política, económica y social, pero poco se ha dicho sobre las relaciones internacionales. Por eso, intentaremos abordar los puntos más relevantes de la política internacional del gobierno de Cambiemos.La primera declaración de principios del presidente y la Canciller, Susana Malcorra,  estuvo basada en dos puntos centrales: la inserción o ¨vuelta¨ al mundo y la desideologización de las relaciones internacionales. Este apotegma general un tanto abstracto del gobierno escondía una encendida crítica al distanciamiento de los 12 años de kirchnerismo de los principales centros de poder con base en Estados Unidos y la Unión Europea y la supuesta carencia de un terreno fértil para la inversión extranjera. Reconfigurar esa relación fue el primer objetivo de Mauricio Macri y, para tal fin se decidió acordar con los Fondos Buitre que habían litigado contra la Argentina en el proceso de reestructuración de deuda y las posteriores cancelaciones en 2005 y 2010. La vuelta al mundo prometida en realidad fue la vuelta al crédito internacional, es decir, el retorno a un proceso de endeudamiento con bancos extranjeros (especialmente de Estados Unidos y Gran Bretaña) que en el año que se está yendo osciló entre los 60 mil y los 100 mil millones de dólares y para el año que viene se estipula en el presupuesto un nuevo endeudamiento de 35 mil millones de dólares. Luego de garantizar ese acceso a los créditos internacionales y devolverle al FMI la potestad de supervisar la economía, el gobierno de Macri decidió plegarse de lleno a la estrategia del G7 de construir una institucionalidad global basada en grandes acuerdos comerciales. Con todos estos elementos, Macri supuso que las inversiones llegarían y la economía crecería. Error. ¿Por qué? La victoria de Donald Trump, el Brexit, la crisis estructural de la Unión Europea y el estancamiento de Japón ponen en jaque esa institucionalidad global dejando al modelo argentino expuesto a un contexto internacional desfavorable.  

¿Plan B?

 Es una obviedad decir que la matriz del gobierno argentino está orientada al libre comercio. Así lo manifestaron cuando criticaron al gobierno anterior de ¨populista¨ o al proceso de integración como demasiado cerrado. El problema es que el gobierno apuntó sus esfuerzos a ser el aliado de un G7 que se viene achicando desde hace una década y que la nueva fase de la crisis lo pone en una sintonía proteccionista que hará más difícil la llegada de inversiones y más caro el endeudamiento con el anunciado aumento de tasas de la Reserva Federal de los Estados Unidos.Frente a esto, si Macri pretende libre comercio, no le quedará más alternativa que un acuerdo con China, tal como lo están haciendo los denominados regionalismos abiertos como Perú y Chile.El dilema de Macri fue apostar al pacífico y al TTP sin prever que los fenómenos anteriormente mencionados marcarían el eje del orden mundial que vivimos en la actualidad. Sobre esta realidad, no solo se vislumbra la ausencia de un plan alternativo sino la insistencia en continuar con la firma de acuerdos cada vez más complicados como el que se pretenden firmar entre el Mercosur y la Unión Europea. Los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) pueden ser una salida elegante para seguir seduciendo al bloque occidental y Japón. Bajo esa prioridad se encuadraron las reuniones de Macri con el Primer Ministro japonés Shinzo Abe y el primer mandatario de Canadá, Justin Trudeau. Tales acuerdos implican, en el caso canadiense, importación de cerdos, afectando de manera contundentemente a las economías regionales. Si se continúa en esa matriz de relaciones bilaterales, las condiciones de desigualdad de los acuerdos serán abismales.Las reuniones que a principio de año se realizaron con Barack Obama, Angela Merkel, Francois Hollande y Matteo Renzi vuelve a fojas cero a raíz de la victoria de Trump y el cambio en las condiciones políticas y económicas propuestas por el presidente electo republicano, la dimisión del premier italiano, la pérdida de poder de Hollande previo al proceso electoral que se viene en Francia y la compleja elección que se viene en Alemania. Con Trump y el Brexit encima, Alemania avanza sobre una posición continentalista alejada del polo anglosajón y, en términos domésticos, un discurso más duro con los inmigrantes y el libre comercio que busca quitarle terreno a la ultra derecha. El gobierno de Macri no tuvo en cuenta esto y ahora tiene que recalcular.  

Mercosur flexible

 La lectura del equipo de Mauricio Macri sobre el contexto regional estuvo marcada por la idea de un Mercosur abierto y desideologizado. ¿Qué significa esto? Que para Macri el proceso de integración regional y los niveles de autonomía relativa alcanzados durante la década pasada estuvieron atravesados por una rigidez que aisló a la región del ¨el mundo¨ y la idea de Patria Grande o cierta retórica antiestadounidense contaba con una carga ideológica que perjudicó las relaciones internacionales. En esta linea el gobierno argentino tomó dos decisiones centrales. La primera fue incorporarse como miembro observador de la Alianza del Pacífico, y la segunda, ser parte de la estrategia que terminó con la suspensión de Venezuela del Mercosur. La primera estaba relacionada con lo que analizamos más arriba, la estrategia global de Estados Unidos de crear una gran zona de libre comercio en el pacífico y acorralar a China. Esta tenía (y tiene) a la Alianza del Pacífico como cabeza de playa regional y está basado en acuerdos comerciales sin aranceles internos ni restricciones, los cuales Macri vio como prioritarios. Mientras tanto, el Mercosur vivió un año de fuertes disputas a partir del cambio de relaciones de fuerza generadas por la victoria de Macri en Argentina y la destitución de Dilma Rousseff en Brasil. Este nuevo panorama tuvo en Argentina el principal foco de resistencia al chavismo, conflicto que aún no se ha resuelto pero que tiene al gobierno de Maduro con un pie afuera del bloque. ¿De qué le sirve a Macri expulsar a Venezuela del Mercosur? Uno cree que para impedir que el chavismo vote en contra de esa flexibilizaron que se menciona antes, ni más ni menos, se trata de restringir los aranceles internos y permitir que cada país pueda firmar TBI con otro país, es decir, un Mercosur desintegrado, más pequeño en el que cada cual atienda su juego. Macri  asumirá la presidencia protémpore el 1 de enero y su único objetivo es firmar un TLC con la Unión Europea. ¿Podrá?  

Errores no forzados

 Si hay algo que desnudó este año de gobierno de Cambiemos es la inexperiencia en cuestiones diplomáticas, especialmente en la figura del propio presidente. Un ejemplo de esto fue el papelón protagonizado por el mandatario argentino cuando aseguró a los medios de comunicación un supuesto diálogo con la premier británica, Theresa May por el tema Malvinas. Además de la liviandad con la que el Jefe de Estado encaró el reclamo por la soberanía de las islas, hubo un punto de inflexión que demostró la desprolijidad diplomática cuando el propio Macri dijo que su par británica se sentaría a negociar con Argentina la soberanía de las islas. Esto nunca pasó, May y la propia Canciller Malcorra desdijeron al presidente.Este acontecimiento sumado a la carrera frustrada de Malcorra por la Secretaría General de la ONU, las preferencias públicas de Canciller por Hillary Clinton y el polémico acuerdo firmado con Qatar basado en la transferencia de fondos públicos en cuentas offshore pusieron a la política exterior argentina en el centro de las críticas.  

Consideraciones finales

El gobierno de Mauricio Macri tiene una política exterior anacrónica y errática. Anacrónica porque es similar a la de la década de los 90 en cuanto a las relaciones con los centros de poder y un nuevo proceso de endeudamiento externo, pero con la enorme diferencia que en esos años el Consenso de Washington estaba en apogeo y el mundo unipolar se consolidaba con la caída de la URSS. Por el contrario el contexto actual muestra una G7 en crisis. Ningunear a China y a las potencias emergentes que expresan la mitad del PBI mundial es carecer de lectura geopolítica.El contexto internacional reclama una estrategia autónoma para abordar las relaciones globales. Subordinarse a las estrategias globales de las potencias en pugna es resignar soberanía en el devenir propio. El orden mundial no se caracteriza por una disputa ideológica, no hay disputa entre capitalismo y socialismo, sino que lo que se pone en crisis es la forma en que los procesos políticos se incorporan a un sistema global.El andar errático del macrismo desnudó falencias de análisis y prejuicios propios de un conservadurismo del siglo pasado, una dependencia unilateral sin sentido a centros de poder que están enfocados en su propia crisis estructural. El mundo nos obligará a repensar los lineamientos para relacionarnos con el mundo, el gobierno deberá tomar nota.

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