martes, 26 de abril de 2016

Brasil, una restauración clasista que afecta a toda América Latina

Una restauración clasista
LUIS WAINER Y GRETEL NÁJERA*
Cuadernos de Coyuntura
El golpe institucional en Brasil y su impacto en la región. El sistema de elección de congresistas y el arrastre de intereses privados. El voto por el SI: quiénes son los diputados que apoyaron el golpe y cuáles son los intereses que manejan. La pospolítica en tiempos de restauración conservadora.
Brazil Political CrisisPara analizar el proceso de impeachment que avanzó en la Cámara de Diputados el domingo 17 de abril, es preciso tener algunas nociones muy generales sobre el funcionamiento de la institucionalidad política brasilera, cosa que -a priori- no resulta sencillo. El impeachment o “impedimento” es la figura de juicio político constitucional que puede realizarse a un mandatario en ejercicio por lo que se conoce como “crímenes de responsabilidad”. Por ejemplo, en el caso de Collor de Melo, ese crimen se correspondía con un enredado esquema de corrupción, lo que condujo a la renuncia de Collor antes de su impedimento. En el caso de Dilma Rousseff, el proceso avanza bajo la acusación de pedalada fiscal, algo que generalmente muchos gobiernos realizan, en especial, en una situación de crisis como la que Brasil viene atravesando.
Para comprender este proceso, es necesario clarificar la metodología de elección de diputados y senadores en Brasil. A diferencia de otros países, donde se lo hace por medio de lo que se conoce como “lista sábana”, encabezada por unos pocos dirigentes reconocidos y completada por otros que no lo son tanto, en Brasil estos son elegidos de forma individual. Esto supone que el candidato es el que carga consigo una determinada cantidad de votos en forma personal. Cuando el diputado obtiene un número superior al necesario, los votos pasan al candidato siguiente en la lista, por lo que puede ocurrir que varios diputados no hayan sido votados por nadie y estén ocupando bancas. Este sistema abona más que otros a la falta de representación política y a la conducta partidaria general –atravesada por un sinfín de intereses privados- de un poder legislativo, investido de un modo específico de poder público.
Este sistema abona más que otros a la falta de representación política y a la conducta partidaria general –atravesada por un sinfín de intereses privados- de un poder legislativo, investido de un modo específico de poder público.
Brasil tiene aproximadamente 35 partidos políticos. Entre estos, históricamente, los más grandes compusieron alianzas con otros menores, a los efectos de hacerse del poder o consolidarlo. Es menester recordar que, en muchos casos, en esas alianzas se condensa el germen de futuras crisis o al menos fisuras. O, para ser más precisos, se procede a veces por el modo germinal y otras por los márgenes para administrar tales alianzas en situación de crisis económica. También sucede que las partes intervinientes construyen sus propias estructuras al calor de las tensiones políticas, siempre latentes ante estrategias que buscan construir unidades que en su interior son profundamente contradictorias.
Ejemplo de ello fue la última elección, en donde el PT precisó aliarse con el PMDB, fungiendo como vicepresidente a Michel Temer y dotando, en consecuencia, de un poder desmesurado a Eduardo Cunha -Diputado Federal por el Estado de Río de Janeiro y presidente de la Cámara de Diputados-, uno de los más rancios personajes políticos de Brasil -desaprobado al unísono por coxinhas y mortadelas. Cunha logró convertirse en el principal articulador de la agenda política de la oposición, vía acción parlamentaria. Sobre Cunha, basta decir que se encuentra envuelto en innumerables casos de corrupción, fraude, cuentas en el exterior, además de ser un incansable agitador contra los derechos de las minorías.
En esta misma línea, podemos describir alguna de las características del presidente del Senado, Renán Calheiros, también miembro del PMDB por el Estado de Alagoas, calificado por la publicación Último Segundo como uno de los 60 personajes más poderosos de Brasil, y quien fuera Ministro de Justicia durante el mandato de Fernando Cardozo. Hoy, dadas las alianzas que formaron parte de la llegada al poder de Dilma, preside el Senado. Si bien no posee el historial delictivo que Cunha ostenta, Calheiros está envuelto en varios casos de desvío de dinero y corrupción, que la prensa dio en llamar “renangate”.
protesto_abaixo_rede_globo-600x350Durante el día domingo, la Cámara de Diputados sesionó con trasmisión directa por la Red Globo de Televisión, uno de los principales actos en este golpe. Ni el propio Guy Debord –quien escribiera en 1967 La sociedad del Espectáculo-hubiera imaginado lo que las pantallas transmitieron. Esos discursos de los diputados brasileros condensaron con toda fuerza la dimensión ideológica del golpe: una sociedad profundamente clasista que en tiempos de crisis económica se manifiesta en expresiones de revanchismo social, después de 13 años de gobiernos del PT.
Esos discursos de los diputados brasileros condensaron con toda fuerza la dimensión ideológica del golpe: una sociedad profundamente clasista que en tiempos de crisis económica se manifiesta en expresiones de revanchismo social, después de 13 años de gobiernos del PT.
UN Climate ChangeNo podemos pasar por alto el hecho que desde hace tres años Brasil detuvo su crecimiento económico, al tiempo que se produjo un sustancial avance del desempleo, junto al descontento social en aumento –reforzado por las políticas económicas de ajuste del último año. Tampoco que,  tras las movilizaciones del 2013 se diera un cambio en la relación fuerzas de seguridad/sociedad civil: aquellas ya no sólo comenzarían a reprimir la periferia popular (circunstancia que paulatinamente, por su propia pulsión de revancha, las clases acomodadas celebran más) sino que desde entonces lo hacen sobre sectores medios movilizados. Se ha ido generando así una atmósfera que impide la proliferación de ideas de cambio social, en una sociedad como Brasil que más allá de los sustanciales avances en términos de integración social, no deja de ser el país más desigual de la región, económica, social y culturalmente. Esto al mismo tiempo que la derecha logra incorporar modelos de lucha de calles, bien propios de la tradición de izquierda.
Se ha ido generando así una atmósfera que impide la proliferación de ideas de cambio social, en una sociedad como Brasil que más allá de los sustanciales avances en términos de integración social, no deja de ser el país más desigual de la región, económica, social y culturalmente.
América Latina ha iniciado, desde sus propias crisis neoliberales, innumerables avances en términos de reparación social, más allá de –o con- los líderes que los han encarnado. Allí, frente a la crisis económicas como las que vive Brasil actualmente, se fracturan alianzas de notable fragilidad, al tiempo que afloran, en la medida que se inicia un proceso de regresión política y social, un conjunto de valores que remiten a un entramado ideológico más profundo, que tienen la capacidad de fracturar la inédita emergencia de enunciados posneoliberales, anti injerencistas o antiimperialistas, como sustento de las políticas de recuperación de las capacidades del Estado. Los discursos que se escucharon el pasado domingo tienen lugar en un momento de crisis del acervo ideológico del Partido de los Trabajadores como aglutinador de los múltiples eslabones que han compuesto a los gobiernos de Lula y Dilma.
Atender los símbolos que ofrece la reacción siempre es una invitación para comprender qué tipo de salidas pueden esperarse. Diputados enfundados en la bandera de Brasil -como capa restauradora de una civilidad añorada- en una exhibición de lo que muchos denominan como pospolítica en tiempos de restauración conservadora: una política que en su reedición importa atributos de la vida personal, colocando intereses que además de lo clasista buscan referir la vida pública a la privada: “por un futuro mejor para todos”, “por la felicidad del pueblo”, “por amor al país”, “Gloria a Dios”, por “los evangélicos”, “por mis padres y abuelos”, “por los sueños”, “por la juventud”, “por la recuperación económica”, “atendiendo a los pedidos de las redes sociales”, “por mi grupo de amigos”, “por la restauración”, “por los militares del 64 y el Tenientre Brilhante Ustra, pavor de Dilma”, “contra un gobierno que desde el comienzo intentó destruir la familia”, “por la Policía Militar”. Todos símbolos de una parte de la sociedad que vela por la recomposición de valores, podemos decir, pre-democráticos. Por todo eso se votó por el SI en Brasil.
Diputados enfundados en la bandera de Brasil -como capa restauradora de una civilidad añorada- en una exhibición de lo que muchos denominan como pospolítica en tiempos de restauración conservadora: una política que en su reedición importa atributos de la vida personal, colocando intereses que además de lo clasista buscan referir la vida pública a la privada.
Brazil Political CrisisComo sabemos, la post política no ofrece nada de post en cuanto a su programa. Muchos de quienes aducen dichos argumentos, eran parte del movimiento político que el PT conducía. Habrá que preguntarse por qué lo dejó de conducir. Una primera respuesta posible es que dejó de hacerlo cuando la derecha (encarnada en los principales grupos económicos, fundamentalmente la Federación de Industrias de San Pablo, el Poder Judicial y el complejo de medios comunicacionales) no quiso negociar más porque era imprescindible, no sólo recolonizar la vida institucional brasilera, sino además cerrar la grieta echando al PT de la escena política. Brasil sufrió un golpe, un enorme retroceso para toda la región.


*Luis Wainer. Sociólogo UBA. Coordinador del Área de Estudios Nuestroamericanos – Centro Cultural de la Cooperación  (AEN-CCC).
Gretel Nájera. Socióloga UBA. Maestrando en Cs. Humanas y Sociales (PCHS-UFABC, São Paulo)

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