domingo, 10 de noviembre de 2013

Wikileaks: "Misiles por cohetes", por Santiago O'Donnell. EEUU y las actividades aeroespaciales argentinas

 

Misiles por cohetes 

Por Santiago O´Donnell

Conrado Varotto (foto) no tendrá un nombre muy conocido, pero en términos políticos es una especie de Julio Grondona de la alta tecnología . O sea, el científico más poderoso e influyente de las últimas cuatro décadas. Nacido en Italia, criado en Argentina desde los nueve años, doctorado en física en el Instituto Balseiro de Bariloche, especializado en la universidad de Stanford en Silicon Vqalley, creó y dirigió entre 1976 y 1991 a la empresa estatal de alta tecnología llamada INVAP, especializada en desarrollo de energía nuclear y proyectos aeroespaciales. Desde 1994 es el director ejecutivo de la CONAE, la agencia que lleva adelante el programa espacial argentino.

En el 2006 Varotto quería construir un cohete. Un cohete que sirviera para poner en órbita los satélites argentinos que el INVAP y la CONAE venían desarrollando y construyendo desde la década del 90. Varotto estaba convencido de que el cohete sería un gran avance, tanto en términos económicos como de soberanía. Con cohete propio, Argentina podría poner en órbita sus satélites sin tener que alquilar cohetes extranjeros lanzados desde plataformas en el exterior. Esto es, sin depender de las prioridades, disponibilidades y precios de terceros países. Sólo diez países en el mundo podían hacer eso y Varotto quería que Argentina ingrese en tan selecto club.

El plan sonaba bien, pero Varotto tenía un problema. La tecnología que usa un cohete para transportar un satélite es prácticamente la misma que usa un cohete para transportar una bomba . O sea, en términos prácticos, un cohete satelital es casi lo mismo que un misil. Y Argentina le había prometido a Estados Unidos que no iba a construir más tecnología para misiles. Por lo tanto había prometido que no iba a desarrollar cohetes. La promesa argentina de no hacer cohetes “por un tiempo razonable” data de principios de la década del 90, durante las llamadas “relaciones carnales” del gobierno de Carlos Menem, poco antes de que Varotto se hiciera cargo de la CONAE.

Argentina venía de desmantelar el proyecto Cóndor, una colaboración con Irak y Egipto iniciada después de la guerra de las Malvinas para desarrollar un misil de largo alcance. A cambio del desmantelamiento Argentina había sido premiada con el título de “Aliado extra-OTAN”. Además, en lo que se refiere específicamente a los misiles, a partir del desmantelamiento del Cóndor, Argentina pudo acceder en 1993 a un selecto grupo de 34 países aliados a Estados Unidos que comparten membresía en el llamado MTCR, un tratado de no proliferación de misiiles balísticos. El MTCR impone limitaciones a la transferencia de tecnología misilística pero también funciona como una especie de certificado de buena conducta en la materia. En abril del 2011 la reunión anual del MTCR se hizo en Buenos Aires.

Sin embargo, Agentina sigue dependiendo de cohetes estadounidenses lanzados desde bases militares de ese país para poner sus satélites en órbita. El último, el satélite argentino Aquarius, fue lanzado en junio del 2011 en un cohete Delta II de la NASA desde la base Vanderburg en Santa Barbara, California. Al mismo tiempo la CONAE sigue trabajando en su cohete lanzasatélite, el Tronador II. Esta semana un primer prototipo de este cohete fue lanzados desde la base naval de Punta Indio, provincia de Buenos Aires. Pero la fabricación del cohete satelital argentino viene sufriendo sucesivas demoras y postergaciones y en los cáculos más optimistas todavía le faltan dos años más de desarrollo.

 Mientras tanto, desde por lo menos el 2009, militares argentinos trabajan abiertamente en la fabricación de un misil de largo alcance. El Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas para la Defensa, CITEDEF, desarrolló y lanzó en 2011 un cohete-misil, el Gradicom 2, que llega a los cien kilómetros de altura. Actualmente el CITEDEF, que depende del ministerio de Defensa, está desarrollando otro cohete, el Orbit, que triplicaría el alcance del Gradicom 2.

Según una serie de cables diplomáticos estadounidenses que van desde el 2006 al 2009, filtrados por la organización Wikileaks, los dos proyectos, el del cohete militar y el cohete satelital, entraron en conflicto y provocaron una pelea interna dentro del gabinete de Cristina Kirchner . Según muestran esos cables, tras un paciente trabajo de ablande por parte de Varotto y otros funcionarios argentinos, y después de superar algunos resquemores iniciales, Washington había aceptado permitir la fabricación del cohete satelital, a cambio de supervisar de cerca su desarrollo.

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