domingo, 8 de diciembre de 2013

"La política exterior de los últimos treinta años: de vaivenes, disputas y consensos"

La política exterior de los últimos treinta años: de vaivenes, disputas y consensos

Por María Cecilia Míguez 
Doctora en Ciencias Sociales 

 
Hace treinta años, los gobiernos constitucionales que vendrían heredaban las secuelas de una dictadura feroz, no solamente por el horror de los crímenes cometidos por el terrorismo de stado, sino también por la devastación de la estructura económica y una consecuente inserción internacional precarizada. La fraudulenta e ilegítima deuda externa, la destrucción de ramas enteras de la industria nacional, el establecimiento de mecanismos de valorización financiera que marcarían el comportamiento de algunos sectores económicos hasta el día de hoy, y la herida abierta de la Guerra de Malvinas, condicionaron el devenir de las relaciones internacionales. Realizar un balance nos lleva a analizar vaivenes, que requieren interpretarse en profundidad. A la crítica fácil de “no tuvimos política de Estado”, le caben varios señalamientos: 1) el Estado no es monolítico y expresa la disputa de intereses y fuerzas profundas, así como vínculos de largo, mediano y corto plazo con distintos actores del sistema internacionales; por lo tanto, ¿qué sería una política “de Estado”? Implicaría una hegemonía sostenida de algunas de las líneas y sectores que disputan el poder; 2) esa enorme disputa entre fuerzas políticas, económicas y sus vínculos internacionales es la que se refleja en lo que algunos interpretan como políticas erráticas; 3) no siempre la continuidad y el consenso expresan por sí solos algo positivo. Es decir, la hegemonía sostenida de determinado proyecto no es necesariamente un hecho auspiciante para las mayorías populares. Al hacer un breve repaso de aquellos puntos sobresalientes de la política exterior aparece una constante, y es que los sucesivos discursos dominantes instalaron desde la década de los ochenta la palabra reinserción para referirse a los desafíos de la política exterior Argentina, dándole un contenido distinto según la ocasión. Esa idea de reinserción fue caballo de batalla para justificar y promover determinadas asociaciones. Qué significa aislamiento, reinserción, etc., está más bien asociado a cuáles son las prioridades, quiénes son los aliados y socios en cada período histórico. Por ejemplo, la dictadura no aisló a la Argentina en todos los sentidos. En términos económicos profundizó su rol dependiente en el sistema mundial reprimarizando su economía, orientándola a la exportación de unos pocos productos primarios, endeudándola en forma escandalosa, y vinculándola estrechamente a las corrientes de flujos financieros y especulativos internacionales. Cuando Alfonsín asumió, referirse a la necesidad de reinsertar a la Argentina sirvió para buscar un nuevo rol político en el mundo, de vocación democrática, que mostró la voluntad de defender la solución pacífica de las controversias, acercarse a la región latinoamericana a través de políticas conjuntas y poner reparos a las exigencias económicas de los Estados Unidos a partir de las buenas relaciones con Europa y la URSS. Pero también fue útil para ocultar que el país había quedado mucho más atado y dependiente que antes del gobierno militar, y para desprestigiar el reclamo legítimo de las Islas Malvinas con una política de desmalvinización. Más allá de las primeras intenciones, la deuda no se revisó, no se cuestionó, aumentó, no hubo planes de reindustrialización, y ello llevó a que la política se ajustara a los requerimientos de las grandes potencias mundiales, derivando en parálisis productiva e hiperinflación. El menemismo, que acusó a su predecesor de no ajustarse lo suficiente a los nuevos vientos de cambio globalizantes, con su pregonada intención de insertar a la Argentina en el Primer Mundo, siguió los pasos de las transformaciones estructurales iniciadas con la dictadura, para dar forma acabada a un modelo neoliberal y aperturista, asociado a toda una nueva política exterior, que rompía tradiciones históricas de la Argentina. Y el gobierno envió tropas a la guerra del Golfo Pérsico y retiró al país del Movimiento de No Alineados y desactivó el misil Cóndor II y ratificó los Tratados de No Proliferación. Continuó con la política de desmalvinización y se subió a cuanto ejercicio militar propusieran los Estados Unidos en nombre de la lucha contra el narcotráfico. Impulsó un Mercosur que era pensado sólo como plataforma para el ALCA. Todas pruebas de amor carnal que nos traerían más miseria y deuda. La Alianza fue vergonzosa continuidad. Durante la década de los noventa hubo un consenso de fondo en temas centrales de la inserción internacional. Esa política “de Estado” que duró diez años, poco tuvo de bueno para el país y las amplias mayorías. Tal como demostraron los sucesos del 2001, ese consenso “por arriba”, sólo podía romperse “desde abajo”.
La presidencia de Néstor Kirchner tuvo lugar en un contexto caracterizado por el creciente debilitamiento de los Estados Unidos, los gobiernos de nuevo signo político en América latina, la mejora de los precios de las materias primas y la irrupción de la demanda china. La región cobró un nuevo protagonismo, el rechazo del ALCA demostró márgenes de autonomía respecto de los Estados Unidos y proliferaron políticas heterodoxas, en el marco del alejamiento del FMI y el canje de deuda. La cuestión Malvinas tuvo un giro discursivo importante, caracterizando la ocupación británica como “enclave colonial”. El gobierno de Cristina Kirchner tomó medidas que ratificaron la línea política anterior y avanzó en cuestiones económicas clave que hacen a la relación con los capitales internacionales: la restricción a determinados bienes importados, la nacionalización de las AFJP y de la mayoría del paquete accionario de YPF. Esto le generó la oposición de algunos de los sectores dominantes y gran parte de los partidos políticos, que nuevamente lanzaron su crítica con la acusación de “aislamiento”, y la necesidad de reinserción. Que ahora significa ni más ni menos que abandonar aquellas políticas que en los últimos diez años fueron respuesta a las demandas populares que habían venido de abajo. Y sirve para negar los rasgos de dependencia estructural que nuestro país todavía mantiene. Si los actuales cantos de sirena de los sectores dominantes y sus socios políticos que bregan por la necesidad de un nuevo consenso que reinserte a la Argentina en el mundo –como si realmente estuviera aislada– vienen de la mano de la devaluación, del Fondo Monetario Internacional, del ajuste y de la entrega de la soberanía nacional, más bien evitemos el consenso….

No hay comentarios:

Publicar un comentario