lunes, 26 de septiembre de 2016

El SÍ a la paz en Colombia: distintos análisis sobre este día histórico

 




Todo aquel – hombres y mujeres – que en Nuestra América ha dedicado su vida y sus esfuerzos a intentar poner fin a la secular injusticia, explotación, violencia y marginación a la que, generaciones tras generaciones, ha sido sometido el bravo pueblo nuestroamericano por una rancia oligarquía que ha logrado controlar a su entero beneficio el curso de nuestra historia, no puede sino apoyar con todas sus fuerzas la solución definitiva de uno de los conflictos de mayor duración y más graves consecuencias, como lo ha sido el que se ha mantenido entre los sucesivos Gobiernos de Colombia y los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP).Muchos han sido los intentos de lograr el cese de los enfrentamientos y sentar las bases para una paz duradera; intentos que han sido liderados tanto por la propia FARC-EP como por hombres y mujeres que desde una posición de compromiso con la justicia y de salvaguarda de los derechos humanos, han intentado sin éxito acercar a las partes. En esta oportunidad lo ha podido lograr un gran humanista y defensor a ultranza de la unidad de los pueblos de Nuestra América y de su conservación como zona de paz. Se trata del Comandante Hugo Chávez, quien se empeñó en hacer posible la paz en Colombia, como lo reconocen ambas partes, y cuyo ejemplo queda como compromiso de todos y de todas ahora que los Acuerdos de Paz discutidos por ambas partes en La Habana, llegan a su definitiva resolución y abren las puertas para que el pueblo colombiano se reencuentre consigo mismo en paz y con justicia.
Vale destacar que tanto para la conclusión del Acuerdo General, como para el desarrollo de las posteriores conversaciones en La Habana ha sido determinante el solidario papel jugado por el gobierno de la Cuba revolucionaria, quién acogió los diálogos casi desde el inicio, así como la disposición y colaboración de los gobiernos de la República Bolivariana de Venezuela, del Reino de Noruega y de la República de Chile; Cuba y Noruega actúan como garantes, mientras Venezuela y Chile son acompañantes.
La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH), en reafirmación de su compromiso con la defensa de la paz, la justicia, la solidaridad entre los pueblos y la verdad, atendió una invitación que le fuera formulada por el equipo negociador de la FARC-EP en los Diálogos de Paz en La Habana, para una reunión informativa sobre los avances logrados y sus expectativas en la consecución de la tan anhelada Paz en Colombia, que es también la Paz en Nuestra América.
En tal sentido, la REDH desea expresar su apreciación y compromiso con este Diálogo de Paz que debe ser hoy motivo de regocijo para todo el pueblo nuestroamericano, y en consecuencia:
  • Nos sumamos a dicho compromiso y expresamos nuestro deseo de trabajar con denuedo para que se afirmen las condiciones que aseguren la participación de toda la sociedad colombiana en la construcción de una paz mediada por una cultura de reconciliación, convivencia, tolerancia y no estigmatización, y que asegure el reencuentro, sin venganzas ni violencias, del pueblo que se fue a las armas con el pueblo que ha resistido en silencio una situación de opresión y de negación de sus más elementales derechos.
  • Abogamos porque el fin del conflicto y la implementación de las reformas surgidas del Acuerdo Final, constituyan la principal garantía de la no repetición de hechos semejantes, así como una vía expedita para asegurar que no surjan nuevas generaciones de víctimas.
  • Apoyamos todas las medidas que ambas partes han acordado para un reconocimiento mutuo verdadero y la voluntad de resarcir los daños producidos directa o indirectamente por un enfrentamiento que ha causado por más de 50 años víctimas inocentes, separación de las familias, migraciones internas, desplazamientos obligados, mutilaciones, violaciones, desapariciones, muertes y profundas heridas en el alma social.
  • Reconocemos como un gran aporte al fortalecimiento del sistema de Justicia y a la consolidación de la Paz, el acuerdo de establecer una Jurisdicción Especial para la Paz, que hará parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR); el cual permitirá que el Estado colombiano, acompañado de una sociedad en reconciliación, cumpla con el deber de investigar, esclarecer, perseguir, juzgar y sancionar las graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) que tuvieron lugar en el contexto y en razón del conflicto armado.
  • Confiamos en que la paz alcanzada permita un tratamiento justo y una plena garantía en la seguridad de la vida y los derechos humanos de todas y de todos los insurgentes que no incursos en los delitos de violación de los derechos humanos, decidan incorporarse plenamente a la vida política de la nación colombiana. Que no vuelva repetirse jamás la masacre cometida contra los integrantes de la Unión Patriótica que optaron honestamente por la incorporación pacífica a la sociedad de su tiempo.
  • Instamos a rechazar y condenar toda manifestación que vaya en contra de este anhelo de paz y a mantenernos vigilantes contra toda acción destinada a entorpecer o desviar los acuerdos alcanzados. En particular, exhortamos a que se tomen acciones contundentes que permitan desmontar las criminales estructuras paramilitares, organizadas y alentadas por la extrema derecha colombiana, que siguen funcionando, que controlan partes importantes del territorio colombiano y que se han extendido con graves consecuencias sobre los países vecinos de Colombia, como Venezuela y Ecuador, amenazando con ello la estabilidad de la región.
  • Reconocemos que la reconciliación que la sociedad colombiana y el mundo esperan no puede implicar impunidad en los crímenes cometidos por las partes, pero sí debe sellarse con una acción humanitaria como lo es la amnistía y el perdón para todos aquellos, hombres y mujeres, presos en cárceles del Estado como consecuencia del estado de guerra, así como el perdón para civiles acusados de complicidad sólo por el delito de haber apoyado lo que creían justo.
  • Esperamos que este proceso de paz en Colombia se complemente con la instalación de una mesa de negociaciones similar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que asegure de manera definitiva el cierre de una era de confrontación violenta y que abra para siempre una de diálogo, convivencia, confrontación pacífica de las divergencias y de participación plena de todas y todos los ciudadanos en la conducción de los asuntos públicos y en la justa distribución de las ingentes riquezas que caracterizan ese bello país.
  • Apoyamos la propuesta hecha por el Gobierno de Juan Manuel Santos de consultar mediante un plebiscito la opinión y el respaldo de la sociedad colombiana a los actuales Acuerdos de Paz, y esperamos que el contundente SI que resulte de dicha consulta sea la base para que se abra una nueva realidad política y social en Colombia a través de la posterior convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.
  • Llamamos a todos los intelectuales, artistas y movimientos sociales de Nuestra América y del mundo a acompañar de manera decidida este proceso de paz que vive el pueblo de Colombia, en la creencia de que el mismo habrá de contribuir a frenar al mismo tiempo las agresiones de potencias extranjeras sobre el territorio nuestroamericano y constituirá, al mismo tiempo que un ejemplo a seguir, un paso muy importante en la construcción de un mundo de paz con justicia.
En Nuestra América, a los 23 días del mes de septiembre de 2016
Adhesiones: [email protected]


FIRMANTES POR LA PAZ EN COLOMBIA
  1. Evo Morales. Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia
  2. Raúl Sendic, Vicepresidente de la República Oriental de Uruguay
  3. Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, Argentina
  4. Noam Chomsky, escritor, Estados Unidos
  5. Pablo González Casanova, sociólogo, México
  6. Roberto Fernández Retamar, Poeta, ensayista, presidente de la Casa de las Américas, Cuba.
  7. Alfonso Sastre, dramaturgo, País Vasco
  8. Fernando Lugo, ex –Presidente de la República de Paraguay.
  9. Miguel d'Escoto, Pdte. 63va sesión de la Asamblea General de la ONU, Nicaragua
  10. Martín Almada, Premio Nobel Alternativo, Paraguay.
  11. Danny Glover, actor de cine, Estados Unidos
  12. Miguel Barnet, Presidente Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba
  13. Silvio Rodríguez, trovador, Cuba.
  14. Enrique Dussel, filósofo, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, Argentina / México
  15. Franz Hinkelammert, economista, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, Costa Rica
  16. Itsván Mészáros, filósofo, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, Hungría /Reino Unido
  1. Ignacio Ramonet, periodista, fundador de ATTAC y promotor del FSM, Francia
  2. Gustavo Pereira, Poeta, crítico literario, Premio Nacional de Literatura, Venezuela
  3. Theotonio Dos Santos, sociólogo y economista, teórico de la Dependencia, Brasil
  4. Stella Calloni, periodista y escritora. Premio de periodismo José Martí, Argentina
  5. Frei Betto, escritor, teólogo de la liberación, luchador social, Brasil
  6. Joao Pedro Stedile, líder del Movimiento Sin Tierra (MST), Brasil
  7. Bernard Cassen, fundador de ATTAC y director de Le Monde Diplomatique, Francia
  8. François Houtart, sociólogo y teólogo, Bélgica
  9. Marta Harnecker, científica social, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, Chile.
  10. Jorge Veraza, filósofo, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, México
  11. Carlos Fernández Liria, Filósofo, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, España
  12. Héctor Díaz Polanco, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, Rep. Dominicana/México
  13. Los cinco héroes cubanos: Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Fernando González Llort, René González Sehwerert
  14. Ismael Clark, Cuba, Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba
  15. Juan Luis Martín Chávez, Presidente del Consejo Superior de Ciencias Sociales, Cuba
  16. Bernard Duterme, Director del CETRI, Bélgica
  17. Manuel Cabieses, Director Revista Punto Final, Chile
  18. Mónica Bruckman, socióloga, científica y experta en geopolítica de recursos naturales. Perú
  19. Michael Lebowitz, economista marxista ligado a procesos de cambio de A. Latina, Canadá
  20. Emir Sader, sociólogo y polítólogo, Brasil
  21. Pascual Serrano, periodista, fundador de Rebelion (web) y asesor de Telesur, España
  22. Javier Couso, Eurodiputado, España
  23. Camila Vallejo, líder estudiantil, Diputada al Congreso, Chile
  24. Eric Toussaint, porta-voz CADTM internacional, Bélgica
  25. Víctor Flores Olea, profesor, ensayista, analista internacional, diplomático, México.
  26. Ana Jaramillo, Rectora de la Universidad Nacional de Lanús, Argentina
  27. Freddy Ñáñez, Ministro del Poder Popular para la Cultura, Venezuela
  28. Farruco Sesto, arquitecto, Ex – Ministro de la Cultura y de la Vivienda, Venezuela
  29. Pedro Calzadilla, historiador, Ex – Ministro de la Cultura y de la Vivienda, Venezuela
  30. Fidel Barbarito, músico, Ex – Ministro de la Cultura, Venezuela.
  31. Juan Ramón Quintana, Ministro de Presidencia, Bolivia
  32. Reymi Ferreira, Ministro de Defensa, Bolivia
  33. Carlos Romero, Ministro de Gobierno, Bolivia
  34. Luis Arce, Ministro de Economía y Finanzas Públicas, Bolivia
  35. René Orellana, Ministro de Planificación del Desarrollo, Bolivia
  36. Verónica Ramos, Ministra de Desarrollo Productivo y Economía Plural, Bolivia
  37. Roberto Aguilar, Ministro de Educación, Bolivia
  38. Ariana Campero, Ministra de Salud, Bolivia
  39. César Navarro, Ministro de Minería y Metalurgia, Bolivia
  40. Hugo Siles, Ministro de Autonomías, Bolivia
  41. Alexandra Moreira, Ministra de Medio Ambiente y Agua, Bolivia
  42. Luis Alberto Sanchez, Ministro de Hidrocarburos y Energía, Bolivia
  43. Marko Machicao, Ministro de Culturas y Turismo, Bolivia
  44. Marianela Paco, Ministra de Comunicación, Bolivia
  45. Milton Claros, Ministro de Obras Públicas, Servicios y Vivienda, Bolivia
  46. Alfredo Rada, Viceministro de Coordinación con Movimientos Sociales, Bolivia
  47. José Alberto Gonzáles, Presidente de la Cámara de Senadores, Bolivia
  48. Gabriela Montaño, Presidenta de la Cámara de Diputados, Bolivia
  49. Héctor Arce, Procurador del Estado, Bolivia
  50. Carmen Bohórquez, historiadora y filósofa, Coordinadora General de la REDH, Venezuela
  51. Omar González, escritor y periodista cubano, Premio Casa de las Américas, Cuba
  52. Ariana López, editora del sitio web y del blog EDH, Cuba
  53. Nayar López. Politólogo, latinoamericanista, profesor UNAM. Coord. REDH México
  54. Angel Guerra, cronista y analista político, editor y articulista, Cuba / México
  55. Atilio Borón, politólogo, escritor, Premio Libertador al Pensamiento Crítico, Argentina
  56. Fernando Buen Abad, Director del Centro Sean Mac Bride, Lanús, Argentina / México
  57. Marilia Guimaraes, profesora, activista política, coordinadora REDH Brasil
  58. Alicia Jrapko, activista y líder del comité de solidaridad con Cuba, EEUU
  59. David Comissiong, fundador del Mov. Clement Payne, Barbados y coord. REDH-Caribe
  60. Juan Manuel Karg, periodista, analista político, investigador del CCC, Argentina;
  61. Roger Landa, maestrante en filosofía, equipo promotor cap. Juventud REDH, Venezuela
  62. Nora Cortiñas, defensora de los derechos humanos, Madres de Plaza de Mayo, Argentina
  63. Blanca Eeckout, periodista, coordinadora del Polo Patriótico, Venezuela;
  64. Hugo Moldiz, abogado, periodista, ex – ministro de gobierno, asesor presidencial, Bolivia.
  65. Katu Arkonada, escritor, politólogo, País Vasco
  66. Juan Carlos Monedero, politólogo, ensayista y político español, España;
  67. Hernando Calvo Ospina, Analista político, Colombia / Francia
  68. Fernando Rendón, poeta, periodista, director del Festival de Poesía de Medellín, Colombia;
  69. Antonio Elías, economista, presidente Soc. Lat. de Economía Política (SEPLA), Uruguay
  70. Eva Golinger, analista política, periodista, Estados Unidos
  71. James Early, antropólogo, Director de Est. Culturales, Smithonian Institute, Estados Unidos
  72. Augusto Zamora, profesor de derecho internacional, ex embajador de Nicaragua en España
  73. Irene León, comunicadora, socióloga y asesora política, Ecuador
  74. Carlos Molina Velásquez, filósofo, columnista, coordinador REDH en El Salvador
  75. Joel Suárez, Cordinador General Centro Memorial Martin Luther King, Cuba
  76. Fernando Martínez Heredia, filósofo y ensayista, Premio Nacional de Cs Sociales, Cuba.
  77. Vicente Feliú, trovador, Cuba.
  78. Javier Biardeau, sociólogo, analista político, Venezuela
  79. Mario Sanoja, antropólogo, escritor, Premio Nacional de Cultura, Venezuela
  80. Iraida Vargas, antropóloga, escritora, Premio Nacional de Cultura, Venezuela
  81. Jorge Sanjinés, director y guionista de cine, ganador del Premio Alba de las Letras, Bolivia.
  82. Gilberto Ríos Mungia, coordinador REDH, Honduras
  83. Luisa Vicioso, poetisa, escritora, República Dominicana
  84. Daniel Viglietti, Cantautor, Uruguay
  85. Michel Collon, escritor, periodista, fundador del colectivo Investig'Action, Bélgica
  86. Gilberto López y Rivas, Antropólogo, columnista de La Jornada, México
  87. Carlos Fazio, analista de asuntos geoestratégicos y políticos, Uruguay /.México
  88. John Saxe-Fernández, escritor, Dr. Estudios Latinoamericanos UNAM, Costa Rica/México
  89. Darío Salinas, sociólogo, coord. de postgrado en Cs. Sociales de la UIA, Chile / México
  90. Pablo Guadarrama, Filósofo, escritor, Cuba
  91. Ana Esther Ceceña, economista, experta en geopolítica, México
  92. Juan Paz y Miño, historiador, Cronista de la ciudad de Quito, Ecuador
  93. Horacio Cerrutti, filósofo, profesor de la UNAM, Argentina / México
  94. Adamos Katsantonis, compositor, poeta, escritor, Chipre.
  95. Cindy Sheehan, activista antibelicista, Estados Unidos
  96. Medea Benjamin, activista política y escritora, feminista y antibelicista, Estados Unidos
  97. George Ciccariello-Maher, escritor, prof. de Política y Estudios Globales, Estados Unidos
  98. Keith Ellis, escritor, crítico literario, Canadá/Jamaica
  99. Rati Saxena, poeta, directora del Festival Internacional de Poesía de Krytia, India.
  100. Ulrich Schreiber, director del Festival International de Literatura de Berlín, Alemania.
  101. Thomas Wohlfahrt, director del Festival Internacional de Poesía de Berlín, Alemania.
  102. Ekam Manuke, poeta, India.
  103. Ayo Ayoola Amale, poeta, activista por la paz, Ghana.
  104. Diego Montón, MNCI, Secretaría CLOC LVC, Argentina
  105. Gianni Vattimo, filósofo, escritor, Italia


El resto de adhesiones se pueden encontrar en:
http://www.humanidadenred.org.ve
http://cubaendefensadelahumanidad.blogspot.com

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Colombia: sí a la paz (1)


Durante esta semana, CONTRAPUNTOS, de Pablo Gentili, publicará diversas opiniones y aportes sobre el futuro de la paz en Colombia. El plebiscito del 2 de octubre marcará un momento decisivo en la construcción del necesario camino a la paz definitiva en un país que ha sufrido una guerra de más de medio siglo, con más de 5 millones de víctimas, 220 mil muertos, más de 25 mil desaparecidos y 30 mil secuestrados. Un horror que comienza a ser superado con el importantísimo acuerdo de paz logrado entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC. Nos sumamos así al esfuerzo colectivo y solidario de todos los que trabajan activamente, dentro y fuera de Colombia, para que el próximo 2 de octubre triunfe el SI A LA PAZ y podamos continuar soñando y construyendo un futuro de dignidad, justicia e igualdad.
"Lo que sorprende no es que se firme la paz, es que haya gente que vote por el no". Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial, 6 años secuestrada por las FARC.
"Podemos proclamar que termina la guerra con las armas y comienza el debate de las ideas. Confesamos que hemos concluido la más hermosa de todas las batallas: la de sentar las bases para la paz y la convivencia". Iván Márquez, jefe de la Delegación de Paz de las FARC.

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Colombia: sí a la paz (1)

Un SÍ al plebiscito es un SÍ a la paz - Eduardo Rueda
Por qué el SÍ este 2 de octubre - Carlos Mario Perea
El acuerdo de paz y los colombianos y colombianas en el exterior - Denis Rojas
El SÍ es una oportunidad única para construir una nueva escuela en Colombia - Nelson Ernesto López Jiménez 

Si_Paz_ColombiaColombia: movilización a favor del SI a la paz. Foto: Ivan Valencia (AFP)

Un SÍ al plebiscito es un SÍ a la paz

Eduardo Rueda, director del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia; coordinador del Grupo de Trabajo de Filosofía Política de CLACSO.

El próximo 2 de Octubre, los colombianos deberán decidir si aprueban o no el Acuerdo Final pactado entre el gobierno y las FARC, tras casi cuatro años de diálogos en La Habana. El Acuerdo Final establece las obligaciones suscritas por las partes para cesar el conflicto armado y se organiza en torno a seis puntos fundamentales: desarrollo rural integral, participación política, solución al problema de las drogas ilícitas, justicia hacia las víctimas del conflicto armado, cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, y mecanismo de implementación, verificación y refrendación de lo acordado.
El primer acuerdo establece, bajo la premisa de organizar el desarrollo local con enfoque territorial, la creación de un fondo de tierras para los campesinos sin tierra, obliga a la actualización del catastro rural y al uso de tierras según su vocación, define obligaciones para el cuidado de áreas de interés ambiental y dispone una serie de medidas para garantizar la históricamente pendiente inclusión social del campesinado (educación, salud, vías, saneamiento básico, riego, créditos, seguridad social y alimentaria, apoyo técnico y apoyo a la economía familiar).
El segundo punto establece la obligación de facilitar la creación de partidos, establece mecanismos que den mayor transparencia a las elecciones, asegura la representación, al menos transitoria, de regiones apartadas en el Congreso, determina la creación de un estatuto de oposición, fija garantías para el derecho de protesta, y define estrategias para el fortalecimiento de la participación local, el control ciudadano, los medios de comunicación comunitarios y la seguridad de los líderes sociales.
El tercer acuerdo establece la creación, con fuerte participación de las comunidades afectadas, de un programa integral de sustitución de cultivos y desarrollo alternativo, el desarrollo de acciones de combate del crimen organizado, las finanzas ilícitas y la corrupción asociada al narcotráfico, y el diseño e implementación de estrategias para abordar el problema del consumo con un enfoque de salud pública.
El cuarto punto establece una comisión de la verdad para el esclarecimiento de lo ocurrido durante el conflicto armado, crea la unidad de búsqueda e identificación de desaparecidos y víctimas en razón del conflicto, y establece medidas de reparación hacia las víctimas que incluyen actos de reconocimiento de responsabilidad por parte de los victimarios, restitución de tierras y reparación colectiva de comunidades afectadas, retorno de poblaciones desplazadas a sus lugares de origen y atención psicosocial de las víctimas. Define, además, la jurisdicción especial para la paz, que investigue y juzgue a los responsables de crímenes graves.
El quinto acuerdo fija las zonas de ubicación para las FARC, establece los mecanismos para la entrega de sus armas a una misión de ONU y determina una estrategia para la verificación internacional del cese al fuego y de hostilidades. El acuerdo dispone que las autoridades civiles continuarán en estas zonas en el ejercicio de sus funciones.
El último acuerdo establece una comisión de seguimiento y verificación del acuerdo final integrada por tres representantes del gobierno y tres de las FARC, define un mecanismo de verificación internacional que incluye una misión de ONU que confirme la reincorporación de las FARC a la vida civil, dispone el acompañamiento internacional de varios países y entidades, como la ONU, en la implementación de los acuerdos, y condiciona la implementación de todo lo acordado a la refrendación ciudadana.
En este contexto, votar por el “Sí” significa, entonces, apoyar el contenido y la implementación de estos 6 acuerdos. Votar por el “No” echa al traste cuatro años de esfuerzos entre las partes por encontrar los términos bajo los cuales cesar definitivamente la guerra. Echa al traste la enorme oportunidad de hacer justicia a las víctimas, de saldar la deuda social con tantas comunidades campesinas e indígenas marginadas y excluidas, de profundizar la participación ciudadana y robustecer los mecanismos de construcción de la voluntad democrática, y de asumir una agenda de desarrollo rural y de salud pública para enfrentar el problema de la producción y consumo de drogas. En fin, echa al traste la posibilidad de que los niños, las niñas y los jóvenes, y las generaciones venideras puedan construir poco a poco el único sueño legítimo: el de una justicia que nunca más produzca víctimas.

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Por qué el SÍ este 2 de octubre

Carlos Mario Perea, profesor de las Universidades Nacional de Colombia y Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá. Miembro del Consejo Nacional de Paz y de la Red de Universidades por la Paz

En muy contadas ocasiones un pueblo tiene la oportunidad de torcerle el curso a su destino. Para que esto ocurra ese pueblo ha tenido que atravesar las grandes aguas y, en medio de arduas contiendas, haber padecido indecibles sufrimientos.
Tal es el caso de Colombia, no sólo por haber portado el peso de la guerra más larga y degradada del continente, sino además por la triste condición de ser el rincón del planeta donde el narcotráfico descargó sus efectos más amargos y disolventes. Cuántas veces, durante el trayecto de las últimas tres décadas, nos hemos descubierto cerrando los ojos mientras nos invade la sobrecogedora sensación de ser los hijos de un país que sin remedio se condena al fracaso. Poco cuenta la orilla en donde la vida haya situado a cada quien; sea en este momento o en aquel otro, todos sin excepción pasamos por la aturdidora revelación de pertenecer a la nación cuyas coordenadas se desquiciaron.
Se le han pagado demasiados tributos a la muerte y la sangre: cuántas vidas malogradas, cuántos cuerpos mutilados, cuántas almas extraviadas, cuánto odio amasado…
En medio de esa larga agonía, no obstante, al fin parecen remontarse las grandes aguas de la guerra. Es eso, nada más y nada menos, lo que está en juego en el plebiscito de este próximo 2 de octubre. Ciertamente la victoria del “SI” no extirpará de raíz los más sentidos males nacionales. No se le pondrá coto final al conflicto bélico, para su infortunio Colombia enfrenta el drama de un nuevo ciclo de violencias alentado por viejos y nuevos agentes armados. Tampoco se erradicará de tajo el narcotráfico, las drogas ilícitas son uno de esos fenómenos globalizados cuya transformación depende de la voluntad conjunta del continente latinoamericano.
Con todo, pese a sus acotados alcances, el cierre de la confrontación con las FARC significa tanto como remontar las grandes aguas de la confrontación. Así es, supone desmovilizar el ejército que de lejos alcanzó el más impresionante despliegue por el territorio, en un momento presente en la mitad de la geografía. En realidad, lo que cuenta de más fondo, esa clausura significa poner término al consistente tejido histórico que ha urdido un cuerpo en armas cuyos primeros impulsos se remontan a los años 40 del siglo XX, como bien lo encarnó Manuel Marulanda Vélez, el guerrillero que emprendió su carrera como liberal de pura cepa para convertirse con los años en jefe de la causa insurgente.
Con la desmovilización de las FARC las aguas se aquietan, adormeciendo sus grandes turbulencias. Frente a la agonía de la nación que parecía condenada a la tristeza, la victoria del “SI” permite imaginar la posibilidad de un país que puede ser moldeado con manos dispuestas a entreverarse. La paz, su voz puesta en el corazón de la escena pública, ya ha resignificado cosas. Para comenzar, remozó el enmohecido sentido de lo ciudadano arrancando cientos de gentes al marasmo paralizante de la guerra. Entre una guerrilla abandonando sus consignas innegociables y una élite deponiendo sus intransigencias y privilegios, la paz movilizó una sociedad dispuesta, como nunca antes, a apostarle nuevas cartas al juego impredecible de la historia.
El 2 de octubre, el día de reclamar el sagrado derecho a vivir en paz, ese derecho tanto tiempo conculcado por las letales ponzoñas de la guerra.

Sólo en contadas ocasiones un pueblo tiene la oportunidad de torcerle el curso a su destino. Eso representa el “SI” del plebiscito, una voluntad que se reconoce a sí misma tras el trance de las grandes aguas y el sufrimiento, una voluntad de nación que se hace consciente del hecho que al fin, después de tan prolongado tiempo, llegó la hora de terciar el destino que nos viene por delante.
  
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El acuerdo de paz y los colombianos y colombianas en el exterior

Denis Rojas, socióloga colombiana, miembro del equipo de la Secretaría Ejecutiva de CLACSO.

La firma del "Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera" entre el gobierno colombiano presidido por Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejercito del Pueblo (FARC-EP), será puesto a refrendación por medio de un plebiscito nacional el próximo 2 de octubre.
La medida acordada en la mesa de diálogo de La Habana, ha sido considerada como mecanismo de legitimación de este proceso y así mismo, como una acción que no sólo involucra a los representantes o autoridades de cada uno de los sectores enfrentados, sino a la totalidad de la ciudadanía colombiana; es decir, busca que este sea un acuerdo entre la sociedad colombiana y las FARC-EP.
La participación en este proceso implica no solo a los ciudadanos y ciudadanas que habitan el territorio colombiano, sino también a todos aquellos que, por diversos motivos, nos encontramos fuera del país; más aún teniendo en cuenta que, según los datos de la OIM publicados en el Perfil Migratorio de Colombia de 2012, era el país latinoamericano con la mayor cantidad de ciudadanos viviendo de manera permanente en el exterior.
Colombia ha sido tradicionalmente un país de emigración. Desde la primera oleada migratoria en los años sesenta, los colombianos han emigrado a diferentes destinos por diversas razones, en gran medida por buscar mejores condiciones de vida y mayores oportunidades laborales. Los países de destino de los connacionales han sido, en primer lugar, la República Bolivariana de Venezuela y Estados Unidos, pero esto se ha venido modificando a lo largo de los años, como lo muestran algunos datos y estudios. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística, a partir del censo de 2005, calculó que el número de colombianos en el exterior es de 3.378.345. El Ministerio de Relaciones Exteriores (2012) estima que hay 4.700.000. (OIM, 2012)
La participación de colombianos y colombianas residentes en el exterior en el plebiscito del 2 de octubre no resulta un tema menor. El conflicto armado ha sido un factor significativo dentro del proceso migratorio, produciendo exilios ligados directamente a la violencia. También, debido a migraciones voluntarias como consecuencia de la limitación en el ejercicio de derechos fundamentales, lo que ha producido la salida de decenas de miles de colombianos y colombianas en la búsqueda de mejores condiciones económicas o como estrategia para acceder a mejores servicios educativos, entre otros.
La ACNUR señala que, en 2015, Colombia tenía 6.939.067 desplazados internos.

Sin embargo, cabe aclarar que estos datos puede estar subvalorados, ya que, debido a las condiciones propias de la migración tanto interna como externa, no todas las personas que sufren desplazamiento se encuentran registradas.
El exilio colombiano no ha logrado dimensionarse y visibilizarse por varios factores. Por un lado, porque las condiciones de salida obligan a mantener el anonimato, "diluyendo" a los exiliados entre la masa migrante como medida de protección o mecanismo de autopreservación. Por otro, porque en los países de llegada se dificulta el registro, ya que los trámites para la solicitud de la condición de refugio o asilo requieren la presentación de documentación procedente de Colombia que resulta imposible de tramitar para el migrante, o simplemente por desconocimiento de los marcos legales de protección internacional.
Hay un total desconocimiento de todas las fuerzas del país acerca de qué consiste el exilio, la diáspora y la migración. El Alto Comisionado de Naciones Unidas señalaba que hay más o menos 780 mil personas en situaciones similares al exilio, pero hay mucha gente que no está contabilizada porque han tenido que irse en silencio.(Fragmento del testimonio de José Gamboa disponible en el Proyecto Voces del Exilio del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia).
Si bien la migración externa han sido significativa en la historia del conflicto en Colombia, la consolidación de procesos organizativos de migrantes es reciente. La confluencia de diversas iniciativa institucionales, auto convocadas y partidarias ha crecido de cara a dos elementos fundamentales: la promulgación de la Ley 1448 de 2011 (Ley de víctimas y restitución de tierras) que abrió los canales legales para el reconocimiento de las víctimas y su reparación, pero cuya definición y operativa no consideró las condiciones de los exiliados; y, el proceso de diálogo con las FARC-EP y los espacios de discusión del punto 5 del Acuerdo, que contempló audiencias públicas con las víctimas a fin de debatir los puntos respecto a reconocimiento, verdad y reparación, ya que en los borradores de este punto no se había considerado los procesos de exilio y la reparación de las víctimas residentes en el exterior.
La ley 1448 dio creación al Centro Nacional de Memoria Histórica como espacio para la investigación, la recuperación de memoria y la reparación histórica de la verdad.

El Foro Internacional de Víctimas, es un proceso organizativo de los colombianos/as exiliados que logró su consolidación en el año 2014. Busca abordar el fenómeno del exilio desde una mirada integral de las violencias incubadas en Colombia, extendiendo el reconocimiento de víctima a quienes han debido abandonar el país a causa de la violencia de género, la miseria, la violencia política, las tragedias medioambientales, los conflictos étnicos o la homofobia. Así mismo, desde los espacios políticos partidarios, la representante a la Cámara por los Colombianos en el Exterior, Ana Paola Agudelo, del movimiento político “Mira”, ha llevado a cabo diversas acciones para articular la comunidad colombiana en el exterior con la aplicación de la Ley de Víctimas y de las medidas resultantes en los acuerdos de La Habana.
Finalmente, la alta migración de colombianos y colombianas, principalmente de aquellos que migran como opción para acceder a la educación superior, sea en el pregrado como en el cursado de maestrías o doctorados, ha dado como resultado el surgimiento de procesos organizativos autoconvocados que buscan dar visibilidad a la diáspora colombiana, apoyando desde el exterior todo intento de favorecer la construcción de la paz y de una sociedad más democrática.

En el caso particular de este proceso de paz y de cara al plebiscito del próximo 2 de octubre, se ha organizado la Agenda Internacional de Iniciativas Ciudadanas por la Paz, que convoca a más de 30 colectivos de diversa naturaleza, los cuales, alrededor del mundo, estarán realizando acciones de formación, discusión y difusión del acuerdo de paz.
El 2 de octubre cada colombiano y colombiana podrá expresar en las urnas su decisión consciente sobre el destino de Colombia.

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El SÍ es una oportunidad única para construir una nueva escuela en Colombia

Nelson Ernesto López Jiménez, presidente del Centro de Investigación en Calidad de la Educación, Colombia.

La escuela colombiana ha estado marcada, en buena medida, por las violencias, por el desconocimiento de los derechos humanos, por el no reconocimiento de la otredad y de la diferencia, por la competencia y la estandarización, por la exacerbación del éxito individual en detrimento de lo público, en un contexto donde impera “la ley del más fuerte”.
Votar por el SÍ es refrendar nuestra decisión de construir una Colombia en paz, con respeto a la diferencia, lo cual exige que la escuela sea transformada de manera estructural, promoviendo una resignificación de la identidad del docente, que lo rescate como intelectual autónomo, líder, promotor, capaz de producir ideas, generar sueños, invitar a desafíos. Se trata de convertir a la escuela en dinamizadora del cambio y de la transformación social que Colombia necesita.
Refrendar con un SÍ rotundo los acuerdos de La Habana, contribuirá a profundizar el compromiso social de la escuela con las problemáticas que habitan en el contexto local, regional y nacional. Una escuela que tendrá seguramente más preguntas que respuestas, pero que, mediante el diálogo, contribuirá activamente a construir la necesaria confianza, credibilidad, anhelo y deseo, por el cual, la paz, la equidad, la reconciliación, la reparación y no repetición, el respeto por el campo y la participación política, se convertirán en el horizonte de acción que guiará la construcción de nuestro futuro.
Proyectar el cambio sin transformar la actual realidad escolar, es pretender “tirarle piedras a la luna”. En nuestras manos esta que nuestras próximas generaciones reconozcan el esfuerzo por evitar esta guerra fratricida que, en las seis últimas décadas, ha llenado de sangre, rencor, odio, resentimiento, tristeza, amargura a cerca de ocho millones de colombianos y ha cubierto el territorio nacional con un manto de indiferencia, oprobio, olvido y desencanto.
No le neguemos a los hijos de nuestros hijos, la oportunidad de vivir en paz.

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