Argentina y Estados Unidos, las nuevas relaciones carnales. Entrevista a Leandro Morgenfeld.
Lunes 8 de abril de 2024, 23hs, por el Canal de Youtube de Pablo Borda
Argentina y Estados Unidos, las nuevas relaciones carnales. Entrevista a Leandro Morgenfeld.
Lunes 8 de abril de 2024, 23hs, por el Canal de Youtube de Pablo Borda
Entrevista a Leandro Morgenfeld (Investigador del Conicet e historiador) sobre la política internacional de Milei y las implicancias del anuncio de la construcción de una base militar conjunta con EEUU.
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Qué quiere en la Argentina Laura Richardson, la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos. China y Rusia, los grandes enemigos de Washington. La lectura del mundo que hace Milei.
“El Presidente no entiende que hay actualmente un proceso de transición geopolítica a nivel global. Que hoy el eje del mundo está en Asia- Pacífico. Con epicentro en China, pero no solamente allí”, dice el historiador y profesor de la UBA Leandro Morgenfeld para cuestionar el alineamiento del presidente Javier Milei con los Estados Unidos.
– La Jefa del Comando Sur de EE.UU. Laura Richardson llegó a la Argentina y se reunió con el Presidente y con buena parte del gabinete ¿Cuál es el motivo de la visita?
– En múltiples entrevistas dijo que tienen una confrontación con países extra hemisféricos. Es una actualización de la Doctrina Monroe. Dice que la región tiene recursos estratégicos: el petróleo, el gas, el litio, las tierras raras, el agua, etcétera. Y que esos recursos tienen que cuidarlos para ellos. La penetración del Comando Sur de Estados Unidos en todos los países de la región está siendo muy fuerte. Resistida en aquellos países que son gobernados por la izquierda, progresistas, nacional populares, donde le ponen límites. En cambio el gobierno argentino es muy funcional.
– ¿Su llegada a la Argentina debe ser leída como señal que se busca enviar a China?
– Más que una señal a China, es Estados Unidos avanzando todo lo posible y dificultando al máximo los vínculos de la región con China. Claramente su visita, al igual que lo hace al resto de los países de la región, tiene que ver con la confrontación con China. Ella trabaja sin descanso contra los dos enemigos estratégicos en la región que son China y Rusia. Y eso tiene múltiples dimensiones.
– ¿Y en el caso puntual de esta visita?
– Tiene que ver con tres cosas. Seguir presionando como lo hicieron en toda la historia, pero con el actual gobierno de Milei le es mucho más fácil, por la compra de equipamiento militar norteamericano, con entrenamiento de tropas argentinas. Es decir, acuerdos de asociación militar de distintos órdenes. De hecho, anunciaron esta semana que iba a venir porta aviones americano George Washington.
– ¿El segundo tema cuál es?
– Es el de la Base de Observación Meteorológica China. Donde ellos dicen que hay una base de observación que también puede ser de uso militar. Cosa que ya fue aclarado en el proyecto original durante el gobierno de Cristina Kirchner y luego en una adenda durante la gestión de Susana Malcorra en la Cancillería: lo militar está inhabilitado allí. Pero vienen presionando contra la presencia de esa base científica china en Neuquén.
– ¿Y la última?
– Tratar de impedir que se concrete la construcción de un puerto de aguas profundas en Tierra del Fuego por parte de China. El puerto más austral del mundo, en un lugar estratégico por la comunicación interoceánica. La otra es el canal de Panamá donde Estados Unidos históricamente tuvo presencia. Paradójicamente hoy Panamá tiene muchos acuerdos con China y ahí hay un cambio geopolítico
– El Atlántico Sur es muy importante para las potencias mundiales.
– Por eso es tan estratégico para Estados Unidos que, a través de su aliado y socio el Reino Unido, estén ampliando la presencia en nuestras Malvinas ocupadas. Incluso la presencia militar y la explotación de recursos pesqueros e hidrocarburíferos. Pero también en base a esa usurpación territorial de la Argentina avanzar en la demanda de la Antártida. Por eso quieren bloquear la presencia China en todos los órdenes.
– ¿Qué otros acuerdos con China buscan bloquear?
– También lo hicieron en los últimos años imposibilitando que se abriera la licitación el 5G y que pueda participar China, que tiene mayor desarrollo tecnológico. Esta presión económica, militar y política de Estados Unidos utiliza estos mecanismos para tratar de frenar el avance de China, que es una economía con mayor productividad, que tiene más para ofrecer en términos comerciales e incluso en términos de préstamos e inversiones.
– El Presidente hace público su fuerte alineamiento con los Estados Unidos e Israel. ¿A nivel geopolítico, qué implica esta situación?
– Hay un claro realineamiento de la política exterior con Estados Unidos. Es como una reedición de las relaciones carnales de los años noventa que tuvo Menem con Estados Unidos. Hoy están profundizadas y el presidente Milei y la canciller Mondino no leen los cambios en el contexto geopolítico a nivel global.
– ¿Por qué?
– Al principio de la pos Guerra Fría, Estados Unidos era claramente el hegemón. Incluso hay quienes hablan de un momento unipolar, que, si bien esto no era así, Estados Unidos tenía una hegemonía muy marcada en los noventas.
– ¿Y actualmente?
– Milei no entiende que hay actualmente un proceso de transición geopolítica a nivel global. Que hoy el eje del mundo está en Asia- Pacífico. Con epicentro en China, pero no solamente allí, porque están los BRICS, Rusia, India, Turquía, etc. Incluso Arabia Saudita que ingresó a ese selecto club del cual el presidente decidió salir. Milei está con una mirada más propia de la Guerra Fría, planteando una inserción internacional acrítica con EE.UU.
– ¿A dónde lleva esta situación?
– Lleva a entregar todo a cambio de nada. Entregarse a las corporaciones estadounidenss, alinearse con el Departamento de Estado en las votaciones en Naciones Unidas. Abandonar a la región dándole la espalda a organismo como la UNASUR, la CELAC o el propio MERCOSUR. A ellos se suma ceder en la reivindicación soberana en las Islas Malvinas, es decir, ceder frente al Reino Unido de la Gran Bretaña es hacerlo ante el eje Estados Unidos- Europa. Con lo cual perdemos condiciones en organismos regionales y multilaterales para reclamar por las Malvinas.
– ¿Cómo evaluás la salida de BRICS?
– Debilita la posición de la Argentina. Había ingresado al bloque por decisión de Lula a fines del año pasado. Nuestro país había sido invitado, junto a otros cinco países, a ingresar a BRICS, así como está en el G20. En un lugar donde están queriendo ingresar treinta países, Argentina fue invitada y se va dando un portazo. Además, con las declaraciones recurrentes contra los gobiernos de Brasil y de China, que son los 2 principales socios comerciales de la Argentina. Todo esto pone en riesgo la inserción económica internacional y se alinea con Estados Unidos para destruir a los gobiernos que no están alineados. Por eso se pelea con Petro de Colombia o con Andrés Manuel López Obrador de México. El gobierno de Milei es muy funcional a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
– ¿Está alineado con los Estados Unidos o con Trump?
– Claramente hay una afinidad con Trump. De hecho, lo manifestaron ambos explícitamente. Se fue a la Convención ultra conservadora, donde Trump era la estrella, a sacarse la foto con él y mostrar ese alineamiento. Como lo dijo en el reportaje con CNN, Milei está alineado con Estados Unidos. Por eso vemos el desfile de funcionarios del gobierno de Biden: la presencia de la Jefa del Comando Sur ahora, el Jefe de la CIA hace pocos días. Dentro de ese alineamiento con Estados Unidos hay una preferencia demasiado explicita con Trump, lo cual puede traer problemas.
– Pero Trump tiene un discurso muy diferente al que presenta Milei.
– Sí, es muy curioso. Frente al globalismo que expresa más Biden, Trump tiene un discurso de nacionalismo económico, de reindustrialización y de proteccionismo. Todo esto es lo contrario de lo que plantea Milei en la política interna de la Argentina. Pero en esta guerra contra los que ellos llaman ´el marxismo cultural´ si hay un alineamiento con las políticas de Trump y con los sectores de ultra derecha a nivel global.
– El gobierno habilitó la instalación del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU en la Hidrovía. ¿Qué implicancias traerá?
– Recordemos que las formas clásicas de intervención, incluso militar, de Estados Unidos en toda la región no son ya las de los primeros años del Siglo XX, donde desembarcaban con marines en una invasión militar clásica. Hoy los mecanismos de intervención son a través de ayudas humanitarias, de colaboración contra peligros de nuevo tipo como el terrorismo o el narcotráfico. Con las supuestas bases de ayuda humanitaria, las fuerzas armadas de Estados Unidos buscan nuevos mecanismos de intervención. Poner un pie en la Hidrovía, que es clave para el comercio del MERCOSUR, es un elemento muy estratégico para los intereses de Estados Unidos. Ceder soberanía aquí es algo muy preocupante y muy lesivo para la Argentina.
Síntomas de envejecimiento imperial
Por Leandro Morgenfeld (Tektónicos)
10 marzo 2024
Una democracia anacrónica ofrece en Estados Unidos una plutocracia en manos de ancianos.
Cada cuatro años, el mundo concentra su atención en las elecciones estadounidenses. Si bien al jefe de la Casa Blanca lo eligen los ciudadanos de ese país, tiene un rol determinante en la vida de buena parte de los habitantes del planeta. Este año el proceso electoral tiene varias singularidades, pero también regularidades que vale la pena destacar y que suelen ser soslayadas. El supermartes del 5 de marzo confirmó que en noviembre va a repetirse el enfrentamiento Biden-Trump que tuvo en vilo al mundo a fines de 2020, y que terminó con la toma del Capitolio y un intento de golpe de estado. Tras esa acción violenta sin antecedentes, Trump fue sometido a un nuevo impeachment, del que salió indemne. A diferencia de 2016 y 2020, este año las primarias transcurrieron sin demasiada competencia: Bernie Sanders ya no se presenta como el gran desafiante por izquierda y Trump destrozó a sus rivales internos más fácilmente que en 2016. El jueves 7 de marzo, en el discurso del estado de la Unión, el presidente atacó a Trump y defendió su gestión, dando inicio a la fase final de una contienda que se le presenta complicada. El 5 noviembre se elegirá al presidente más anciano de la historia (el republicano asumiría con 78 años, el actual presidente con 82), y esta situación es apenas un síntoma del anquilosamiento imperial, que no logra renovar a los líderes de los dos partidos del establishment, ambos con índices de rechazo elevadísimos. En este artículo repasamos las últimas novedades del proceso electoral, los ejes de discusión en la campaña y las perspectivas que se abren para nuestra región y nuestro país a partir de lo que ocurra en las urnas.
Lo que hay en juego
Luego del “supermartes” del 5 de marzo, en el que 15 estados fueron a las urnas, entramos en la fase final de las elecciones primarias estadounidenses. Cada cuatro años, la carrera por el control de la Casa Blanca acapara la atención mundial. El próximo 5 de noviembre, además de la compulsa principal, se renovará también la totalidad de la Cámara de Representantes (435 escaños, hoy con mayoría opositora: 222 republicanos y 212 demócratas), un tercio de los 100 senadores (hoy con mayoría demócrata) y se elegirán gobernadores y autoridades municipales. Al día de hoy todo indica que volverá a repetirse el duelo entre el expresidente Donald Trump y el actual mandatario Joe Biden. Estos comicios se realizan en medio de una crisis que pone de manifiesto el declive sistémico que afecta el dominio hegemónico estadounidense, que ya lleva unas dos décadas, pero que se aceleró durante la pandemia. La anterior elección presidencial, recordemos, terminó en un gran escándalo: Trump no reconoció la derrota, alegó fraude y terminó impulsando a sus seguidores a tomar el Capitolio, el 6 de enero de 2021 —cuando el Congreso debía certificar el triunfo de Biden—, lo cual provocó uno de los mayores escándalos políticos de la historia estadounidense —con un saldo de varios muertos, heridos y encarcelados, además de la ruptura con su vice Mike Pence— y le valió su segundo juicio político, que sin embargo terminó no prosperando por falta de apoyo en la Cámara de Senadores. Tres años más tarde, y a contramano de todo lo que se dijo por esos convulsionados días, Trump ratificó que controla el Grand Old Party (GOP), aplastó a sus rivales en la interna republicana y, hasta ahora, superó los escollos judiciales que parecía enfrentar su candidatura (está imputado por más de 90 delitos, en procesos penales en curso, pero el lunes pasado la Corte Suprema allanó el camino para que fuera candidato).
A diferencia de lo que ocurrió en 2016, cuando las encuestas vaticinaban su derrota frente a Hillary Clinton, hoy la mayoría de los analistas lo dan como favorito para enfrentar al octogenario Biden, quien cosecha índices de rechazo comparables a los de James Carter (uno de los pocos presidentes que fracasó en su aventura reeleccionista). Existen posibilidades de que el proceso de elección del jefe de la Casa Blanca vuelva a provocar un escándalo político-institucional como el mencionado de 2020 o como el del 2000 —cuando George W. Bush ganó por apenas 538 votos el estado de Florida, donde gobernaba su hermano Jeff, luego de semanas de controversias e impugnaciones judiciales y acusaciones de fraude electoral—, profundizando la crisis del liderazgo global que Estados Unidos padece desde el inicio de este siglo. Trump viene tensionando el sistema político estadounidense hace casi una década y todo indica que va a seguir haciéndolo. La fractura de las clases dominantes, a pesar de lo que muchos analistas auguraron, no se cerró con la asunción de Biden en 2021.
Mitos sobre la plutocracia estadounidense
Como en cada elección estadounidense, es bueno aclarar algunos equívocos arraigados en el sentido común. Si bien los principales medios de comunicación y los políticos y propagandistas del establishment de Occidente abonan la idea y la percepción general de que Estados Unidos es una democracia modelo, en realidad ese es uno de los grandes mitos forjados en el poderoso país del norte, para consumo externo y también para reforzar su dominio ideológico, cultural y político global.
En realidad, lo que se observa en Estados Unidos es más bien una democracia (burguesa) de baja intensidad, en la cual la participación política ciudadana está muy mediatizada. Se vota cada dos años, pero garantizando la alternancia prácticamente exclusiva entre los dos partidos del orden. En los procesos electorales hay una serie de mecanismos para que cambie algo —un demócrata o un republicano al mando de la Casa Blanca—, pero sin que nada se modifique estructuralmente. La presencia de legisladores de terceras fuerzas políticas es casi inexistente. Hace una década, por ejemplo, Bernie Sanders era el único senador independiente. Y, para dar batalla a nivel nacional, debió hacerlo al interior del Partido Demócrata, cuyo establishment lo boicoteó en las primarias de 2016 contra Hillary Clinton y en las de 2020 contra Biden.
Desde que George W. Bush desreguló los aportes electorales privados —y de las corporaciones y lobistas— quedó más en evidencia que lo que realmente existe es más una plutocracia que una democracia. En 2010 la Corte Suprema, con mayoría conservadora, falló a favor de la desregulación de estos lobistas. En 2016, por ejemplo, se registraron 2.368 SuperPACs (Comités de Acción Política) ante la Comisión Federal Electoral, grupos de lobistas que invirtieron más de 1.000 millones de dólares en esas campañas presidenciales. Si se suman los gastos de los aspirantes a las Cámaras de Representantes y de Senadores, las cifras se disparan. La carrera para controlar el Capitolio insumió 4.267 millones, de dólares. El gasto total estimado alcanzó la astronómica cifra de 7.000 millones de dólares hace ocho años. Y sigue creciendo desde entonces. La contracara, por cierto, son las campañas del senador Sanders de 2016 y 2020, con pequeños aportes, situación que también se replicó en las de otros aspirantes socialistas democráticos (DSA), quienes recaudaron importantes cifras con cientos de miles de aportes de menos de 20 dólares.
El sistema electoral estadounidense, además, es uno de los más anacrónicos, heredado del período esclavista: en cuatro oportunidades, no llegó a la Casa Blanca el candidato presidencial que más votos sacó, sino el que ganó en el colegio electoral, en el cual están sobrerepresentados algunos estados escasamente poblados. La última vez ocurrió en 2016: Trump ganó en colegio electoral (538 integrantes), a pesar de que obtuvo 2.800.000 votos menos que Hillary Clinton. Lo mismo ocurrió en 2000, cuando Bush le arrebató la elección a Al Gore, habiendo sacado menos votos que él a nivel nacional. Además, existen muchos mecanismos de supresión del voto. Esto quiere decir que a millones de personas —pobres, negros e hispanos, en su mayoría—, en cada elección, se les niega el derecho político más elemental: el derecho a votar (el informe de la ACLU, American Civil Liberties Union, “Block the Vote: Voter Suppression in 2020” muestra todos los mecanismos de supresión del voto, a quiénes afecta y por qué). La elección, además, se realiza en un día laborable (martes), el voto no es obligatorio y es necesario empadronarse para poder participar. En 2016, por ejemplo, de una población total de 325 millones de personas, había habilitados para votar 231 millones, pero sólo ejercieron ese derecho 137 millones. La participación fue de apenas el 55% de los votantes habilitados (en las presidenciales de Argentina, en 2019, la participación llegó al 81%). Trump, entonces, se convirtió en presidente con apenas el 27% de los votos del total de personas en condiciones de sufragar.
La plutocracia estadounidense, con su sistema electoral obsoleto y conservador, devino en una farsa democrática, que se manifiesta en la banalización-espectacularización de la política. Trump es un objeto más de consumo por parte de los grandes medios de comunicación —con menos recursos financieros que Hillary Clinton, hace ocho años, logró mayor cobertura mediática por el rating que generaba a través de los escándalos que protagonizó durante toda la campaña—, pero él no es una rara avis. O al menos no totalmente, como pretenden mostrarlo los medios de prensa liberales. Todo aquel que siguió la transmisión de las convenciones demócrata y republicana en 2020 puede percibir cómo la política estadounidense devino en un gran show, con un contenido diluido. Y los candidatos parecen envases vacíos, a merced de que los expertos en marketing los vendan lo mejor posible a sus potenciales clientes-consumidores-votantes. Si bien este fenómeno no global, en el caso de Estados Unidos, cuna de la telepolítica desde hace 1960, esta tendencia está llevada a su máxima expresión. Con el auge de las redes sociales y de las fake news, esta tendencia no hizo sino acelerarse.
Lo singular en estas elecciones
Lo que distingue el actual proceso de los dos últimos es que en esta oportunidad la competencia interna fue mucho menor que en las primarias anteriores. La paradoja es que esto ocurrió a pesar de que Biden tiene niveles de rechazo altísimos y de que Trump es indigerible para al menos la mitad de la población estadounidense, incluida la mayor parte de la fracción globalista de la clase dominante. Si bien falta la formalidad de ratificar ambas candidaturas en las respectivas convenciones partidarias (del 15 al 18 de julio será la Republicana en Milwakee, Wisconsin; del 19 al 22 de agosto tendrá lugar la demócrata, en Chicago, Illinois) ambos partidos ya tienen sus cabezas de fórmula.
En el campamento demócrata, sólo un declive en la frágil salud del presidente podría precipitar una “renuncia histórica” (hasta hace pocos días algunos se ilusionaron con los rumores sobre una hipotética candidatura de la popular Michelle Obama). Pero hoy esa posibilidad parece cada vez más lejana. Habrá que ver quién lo secunda en la fórmula, si nuevamente Kamala Harris, o si escucha esta vez a Bernie Sanders y se inclina por alguien más progresista, para marcar un contrapunto con Trump y energizar a una base demócrata que está bastante descontenta con su gobierno (recordemos que el voto no es obligatorio por lo cual el gran desafío del oficialismo es que quienes detestan a Trump concurran a las urnas).
Entre los republicanos, en tanto, la novedad de la semana fue el retiro de Nikki Haley, quien no pudo doblegar a los trumpistas, pero cosechó un porcentaje significativo en las primaras. En su discurso de renuncia del miércoles se negó a apoyar la candidatura de Trump, lo cual fue aprovechado por los estrategas de la campaña demócrata para llamar a sus votantes a acompañar a Biden. Trump todavía no anunció quién lo secundará en la fórmula, lo cual también es un dato clave ya que, de ser electo, terminaría su mandato con 82 años, un récord histórico para cualquier mandatario. Dada su pelea con su ex vice Mike Pence —quien también participó sin suerte en las primarias republicanas— se especula con que puede elegir una candidata mujer, que le sea absolutamente leal. Pueden ser las congresistas Elise Stefanik o Marjorie Taylor Greene, ambas ultraconservadoras, con el riesgo de espantar a los más moderados.
Lo singular, entonces, es que volverán a enfrentarse los mismos rivales que en 2020, que ambos ya fueron presidentes y que, cualquiera de los dos que asuma, se transformará en el presidente más añoso en llegar a la Casa Blanca. Trump deberá afrontar durante la campaña varios juicios penales en su contra (sería la primera vez que asuma un presidente condenado) y debe demostrar que su movimiento Make America Great Again (MAGA) no sólo le permite conquistar el partido republicano, sino también mejorar la performance electoral de los últimos seis años. Los demócratas, a pesar de tener las encuestas en contra, destacan que ganaron en las elecciones de 2018, 2020 y 2022. Los republicanos, en tanto, saben que la clave es llegar a los 270 votos en el colegio electoral, lo cual pueden concretar a pesar de perder el voto popular.
La izquierda y el progresismo, que supo tener un peso electoral muy significativo en la última década, esta vez no pudo expresarse en una precandidatura que le dé mayor visibilidad. Siguen los debates estratégicos entre quienes se inclinan por dar la pelea dentro del partido demócrata (Bernie Sanders llama a votar a Biden para derrotar la amenaza anti-derechos trumpista, a la vez que impulsa un giro en la política económica hacia una orientación más distribucionista) y quienes plantean la necesidad imperiosa de construir una alternativa por afuera, empalmando con las luchas de los sindicatos, las organizaciones sociales, los feminismos, los estudiantes, los afroamericanos, los latinos, los pueblos originarios y las organizaciones ambientalistas, quienes protagonizaron la resistencia a Trump desde 2017.
Temas en la agenda electoral
Entre los temas de campaña se destacan la crisis fronteriza (Trump insiste con culpar a los inmigrantes latinoamericanos por la falta de empleos y problemas de seguridad, mientras el gobernador de Texas militariza la frontera y amenaza incluso con una secesión), la economía (inflación, tenue recuperación post pandemia, estancamiento del salario mínimo, aumento de la pobreza e indigencia), la trampa en Ucrania (cada vez es más improbable un triunfo de Volodimir Zelenzky, mientras crece la oposición a seguir financiándolo) y el apoyo de Biden a la ofensiva israelí contra Gaza está generándole una creciente oposición en su propio partido, en particular entre los jóvenes (tuvo su expresión electoral en las primarias), e incluso entre un vasto movimiento de judíos progresistas, que denuncian las masacres y el genocidio contra la población palestina indefensa.
Biden, representante de la fracción globalista, despliega una fuerte defensa de la OTAN, mientras que Trump, el preferido de los sectores americanistas, nacionalistas y aislacionistas, asegura que si él hubiera permanecido en la Casa Blanca los conflictos militares en Ucrania y Medio Oriente no hubieran estallado.
Otro tema volverá a ser, sin lugar a dudas, la relación con China. El avance imparable del gigante oriental, punta de lanza del ascenso de Asia-Pacífico y del reordenamiento geopolítico global, en torno al grupo BRICS —ahora ampliado— y a distintas iniciativas de cooperación, como la Ruta de la Seda, acapara buena parte de los debates en Estados Unidos y el mundo entero. Hoy crece la percepción del declive relativo del poderío estadounidense y las discusiones entre los especialistas giran en torno a cómo se va a procesar esa transformación del escenario global. Tanto la estrategia de guerra comercial de Trump como la actual de una política neokeynesiana de Biden fracasaron en recuperar la competitividad productiva estadounidense y en frenar el imparable avance chino y asiático. Estados Unidos, salvo el músculo militar y la influencia político-diplomática, tiene poco para ofrecer. Desde el punto de vista comercial, financiero y de inversiones, incluso sus aliados de Occidente cada vez dependen más de Chica y Asia.
Un último tema será el político-ideológico-institucional. Trump continuará con su política de “demolición” de todo lo establecido —fue y es su estrategia para presentarse, sin serlo, como un outsider— y Biden intentará nuevamente, como en 2020, ofrecerse como un muro de contención para sostener las instituciones y para que no se avancen con derechos de las minorías. El tema del aborto va a ser central en la campaña. El vergonzoso giro de la Corte Suprema ultraconservadora, en junio de 2022, anuló el fallo del caso Roe vs. Wade, una resolución que en 1973 había legalizado el derecho al aborto en todo el país. Esto les permitió a los demócratas movilizar a sus bases y mejorar su suerte electoral en las últimas legislativas.
Proyecciones
Desde 2016, en Occidente cada vez se hace más difícil aventurar los resultados de los procesos electorales. Las encuestas suelen fallar mucho más que antes, la volatilidad es mayor y las capacidades predictivas son cada vez menores. Por eso hay que ser prudentes. Falta todavía mucho tiempo para noviembre.
Ese año casi todos planteaban que era imposible que Trump ganara las primarias, luego que eran casi nulas sus chances de derrotar a Hillary, finalmente que no iba a poder hacer lo que había prometido en la campaña. Tras su no reconocimiento de la derrota en 2020 y su impulso a la toma del Capitolio, una vez más el coro de analistas repitió hasta el cansancio que Trump estaba acabado. Otro tanto ocurrió cuando el año pasado proliferaron, en distintas cortes estadounidenses, pedidos de inhabilitación electoral. Sin embargo, el magnate probó, una vez más, que es más resistente de lo que se cree. Algo similar, en sentido, inverso, ocurrió en noviembre del 2022. Las encuestas pronosticaban una debacle demócrata y un avance ultraconservador y eso no ocurrió. El oficialismo conservó (y hasta amplió) su mayoría en la Cámara de Senadores y apenas está 10 votos abajo en la de Representantes. Se vaticinaba también que Biden no terminaría su mandato por su enflaquecida salud y hoy es el candidato oficial de los demócratas, que intentará la reelección.
Es cierto que las encuestas no lo favorecen, que los oficialismos están perdiendo en todo Occidente desde el inicio de la pandemia y que sus balbuceos y su frágil estado de salud siembras serias dudas —ya protagonizó varios furcios, lo cual acrecienta las dudas sobre su condición mental—, pero también puede repetir el camino que lo llevó a ganar en 2020, cuando era tan mal candidato como ahora —aunque, es cierto, era cuatro años más joven y no era presidente. El tono agresivo y punzante que exhibió este jueves en el discurso sobre el estado de la Unión, en el que criticó duramente a Trump y destacó sus logros económicos, intentó relanzar su campaña, revigorizar su alicaída figura y mostrarlo competitivo.
Epílogo: América Latina y Argentina ante las elecciones
Más allá de la alternancia entre demócratas y republicanos, los objetivos estratégicos de Estados Unidos hacia la región se mantienen desde hace dos siglos, cuando se planteó la doctrina Monroe: alejar a potencias extrahemisféricas, mantener el control del “patio trasero” y tratar de evitar que avance cualquier proyecto de coordinación política e integración latinoamericana. El llamado “gobierno permanente de las grandes corporaciones” y el complejo militar-industrial y de inteligencia y el equilibrio de pesos y contrapesos bloquea cualquier alternativa de cambio real, como la que podía haber expresado Bernie Sanders en 2016 y 2020, quien sí es muy crítico del injerencismo estadounidense. Ante cada cambio de los inquilinos de la Casa Blanca, hay más continuidades que las aparentes. Tener esto en claro es fundamental para no alimentar falsas expectativas. Ya Obama decepcionó a quienes creyeron en su promesa de 2009 de una nueva política “entre iguales” con los países de la región.
Más allá de esta aclaración, para la región no da igual Trump o Biden. Comparten objetivos, pero existen diferencias en las tácticas y las modalidades empleadas, en el uso de hard (Trump) o soft power (Biden), en apelar más al multilateralismo (Biden) o al bilateralismo (Trump) y en la retórica más o menos agresiva, por ejemplo, contra Cuba o Venezuela. Y También en las alianzas e impulso de líderes ultraderechistas.
En este sentido, la vuelta de Trump potenciaría todavía más a las ultraderechas, como ocurrió con Bolsonaro en Brasil en 2018. Si bien el ex presidente de Brasil hoy enfrenta la posibilidad de ser juzgado por el intento de golpe de enero de 2023, todavía conserva capacidad de movilización. Trump nuevamente en la Casa Blanca implicaría un espaldarazo político-ideológico para Milei, y reforzaría a Bukele, Kast y otros exponentes de las ultraderechas reaccionarias en la región y en el mundo. Marcaría, desde el punto de vista ideológico, una reofensiva contra cualquier política económico-social incluso tímidamente igualitarista, o contra los derechos sociales conquistados o por conquistar (sindicales, de las diversidades sexuales, del aborto legal, de las luchas de los pueblos originarios por las tierras o de los ambientalistas contra el extractivismo). Cuatro años más de Trump implicarían un corrimiento todavía mayor hacia a la derecha en Occidente, y en especial en América Latina. Es cierto que el magnate no promovió los mega acuerdos de libre comercio que impulsaban los globalistas ni impulsó guerras en el extranjero. Pero el avance de la internacional ultraderechista apañada por los trumpistas y sus émulos latinoamericanos implicarían un mayor peligro para la región. La derrota de Trump, entonces, debilitaría al gobierno de Milei y a todas las fuerzas y líderes, en cada país de la región, que se referencian en ellos.
Con respecto a Argentina, hoy el gobierno de los libertarios despliega una política de alineamiento acrítico incluso más profunda que las “relaciones carnales” que se cultivaron durante el menemismo. El seguidismo a Washington es total, aunque el gobierno sea demócrata. Pero Milei no oculta su favoritismo por Trump. Incluso viajó en febrero a participar de la Conferencia de Acción Política Conservadora, oportunidad en la que se sacó una foto con el expresidente republicano, quien le prodigó halagos. En el plano interno, entonces, la reelección de Biden o el triunfo de Trump van a impactar en forma distinta. Y este es otro motivo para seguir de cerca el proceso electoral estadounidense.
No encerramento de suas atividades anuais, o INCT-INEU promoveu, no dia 30 de novembro, o seminário internacional “Encruzilhada: América Latina frente à disputa hegemônica global", com pesquisadores brasileiros e estrangeiros que discutiram os impactos da disputa entre Estados Unidos e China para a América Latina. Acompanhe, no Diálogos INEU desta quinta-feira, a primeira mesa do evento “A América Latina frente aos 200 anos da Doutrina Monroe”, com moderação de Roberto Moll (UFF/Brasil) e participação dos professores Raúl Rodríguez (Universidad de La Habana/Cuba), Sean Purdy (USP/Brasil), Carolina Silva Pedroso (UNIFESP/Brasil) e Leandro Morgenfeld – (UBA/Argentina).
El Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), con el coauspicio del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), convoca a la XXI Edición de la Serie de Conversaciones “Cuba en la Política Exterior de Estados Unidos de América”, con el tema: “Evolución histórica de la cooperación bilateral oficial y no oficial entre Cuba y Estados Unidos. Su efecto para ambos países y respecto a terceros”.
El encuentro se realizará de forma presencial los días 6, 7 y 8 de diciembre de 2023 en el Teatro “Dr. C. Pelegrín Torras de la Luz”, del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, sito en Calzada No. 308 esquina H, Vedado, Plaza de la Revolución, La Habana, Cuba.
8:15 a 9:00 am Acreditación
9:00 am Inauguración del evento
9:45 am a 11:00 am Panel 1. Desarrollo de las relaciones Cuba-EE.UU. durante la Administración Biden y perspectivas para 2024.
Moderador: Ernesto Domínguez
11:00 am Coffee break
11:30 am a 14:00 Panel 2. Sectores interesados en relaciones con Cuba y su contraposición en el Congreso de EE.UU. Tratamiento del tema Cuba en Congreso. La Corte Suprema.
Moderador: Rafael Hernández
14:00 Box Lunch
9:00 a 11:00 Panel 3. Temas de Seguridad Nacional y en especial el migratorio durante la Administración Biden para Cuba y América Latina y su incidencia en las relaciones bilaterales. Cooperación en temas de seguridad nacional, migración, nacionalizaciones y temas legales con espacios de cooperación.
Moderador: José Ramón Cabañas
11:00 a 11:15 Coffee break
11:15 a 12:30 Panel 4. Balance de los intercambios recientes entre Cuba y Estados Unidos. Potencial para la comunicación en diversos sectores.
Moderadora: Olga Fernández (ACC)
12:30 a 14:00 Panel 5. Visión de los jóvenes para incentivar el mejoramiento de las relaciones entre Cuba y EE.UU.
Moderadora: Claudia Sánchez Savín
14:00 Box Lunch
15:00 Actividad colateral en Casa de las Américas: Presentación del libro de Susan Ekstein “Cuban Privilege. The Making of Inmigrant Inequality in America”.
9:30 a 11:00 Panel 6. Perspectivas para las elecciones generales de 2024. Tendencias de comportamiento de cubanos y otras minorías. Su impacto en la política hacia Cuba.
Moderador: María Ofelia Rodríguez Soriano
11:00 a 11:30 Coffee break
11:30 a 14:00 Panel 7. Influencia de procesos en América Latina y otras regiones para las relaciones bilaterales entre Cuba y EE.UU.
Moderador: Rogelio Sierra
14:00 Box lunch
Fin del evento.
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Leandro Morgenfeld. María Cecilia Míguez. [Compiladores/as]
Martín Ribadero. [Autor de Artículo]
María
Cecilia Míguez. Leandro Morgenfeld. Pedro Pablo Prada Quintero. Magda
Luisa Arias Rivera. Noemí L. Brenta. Julián Kan. Lucía Irene Lacunza.
Franco Agustín Lucietto. María Florencia Delpino. Roberto García
Ferreira. Salvador Scarpino. Jorge Núñez. Pável Alemán. Claudia Pantoja.
[Autores/as de Capítulo]
Este trabajo celebra los cincuenta años de amistad entre los pueblos de Argentina y Cuba, aporta al conocimiento de las relaciones internacionales argentinas y latinoamericanas y hace públicos y pone a disposición de lectores e investigadores interesados los documentos que constituyen un acervo fundamental para la tarea de historiadores, politólogos, economistas, sociólogos y analistas internacionales. Es también un aporte para comprender la necesidad imperiosa, en la actualidad, de terminar con el bloqueo estadounidense a Cuba, tal como reclaman cada año prácticamente la totalidad de los países que integran las Naciones Unidas.
De Carlos Oliva Campos (compilador)
América para los americanos» se convirtió en el argumento del entonces naciente imperio del Norte, para justificar su autodenominación como propietario del destino político y cultural de todo un continente. Adoptada por el presidente James Monroe, tal armación se legitimaría como una doctrina incuestionable. Para América Latina y el Caribe fue una sentencia de muerte, que frustró los sueños de libertad y autonomía después de conseguir su independencia de España. Quince ensayos recorren estos doscientos años de invasiones, injerencias y agresiones de Estados Unidos hacia las naciones del Sur de sus fronteras.
- Se puede descargar el libro acá -
Incluye el capítulo "La guerra de malvinas, la doctrina monroe
y la crisis del TIAR", por Leandro Morgenfeld
Kissinger fue clave en la relación del imperialismo estadounidense con las dictaduras militares en el Cono Sur. Documentos desclasificados siguen precisando su rol en la cruzada anticomunista de EEUU.
Si bien se ha escrito mucho sobre la relación entre la dictadura argentina y el gobierno estadounidense, la reciente desclasificación de nuevos cables diplomáticos permite entender mejor cuáles fueron las distintas líneas en disputa y cómo actuaron antes, durante y después del golpe. Hubo una gran primera desclasificación y entrega de documentos en 2002[2], tras la cual se sumaron la que prometió Obama cuando visitó la Argentina en marzo de 2016 (Nahón, 2016; Morgenfeld, 2018)[3] y, por último, las entregas realizadas por Trump, la última de las cuáles se produjo el 12 de abril de 2019, con más 43.000 fojas nuevas.
Como señala Marcos Lohlé, sobre las más de 59.000 fojas de documentos desclasificados desde 2002:
La Casa Blanca, tras haber apoyado el golpe de Augusto Pinochet contra Salvador Allende, que generó rechazo en muchos países del continente, intentó recomponer las relaciones con América Latina (Rabe, 2012). Nixon y Kissinger, quien en septiembre de 1973 fue nombrado secretario de Estado —aunque ya desde 1969 se desempeñaba en el estratégico cargo de consejero de Seguridad Nacional[4]—, lanzaron un Nuevo Diálogo con la región. Durante el gobierno de Isabel Perón, la relación bilateral fue contradictora. Desde la Casa Rosada se enviaron señales a Washington para mejorar el vínculo, a la vez que se anunciaron ciertas políticas nacionalistas que afectaban importantes negocios estadounidenses. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la banca estadounidense retuvieron créditos destinados a la Argentina que ya habían sido aprobados, hasta asfixiarla financieramente, en las semanas previas al anunciado golpe de Estado (Morgenfeld, 2012b).
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“If there are things that have to be done, you should do them quickly,” Henry Kissinger advised the Argentine regime. In the first three years of the dictatorship, thousands of labor, student, and community activists were killed or disappeared.
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Entrevista a Leandro Morgenfeld en "TUGO", por Gelatina, con Nicolás Guthmann, sobre el viaje de Milei a Estados Unidos y la edición de las relaciones carnales.
Empieza en el minuto 63 del programa.
Radio Nacional AM870, 27/11/2023
El Dr. en Historia especializado en historia de las políticas económicas, Leandro Morgenfeld, dialogó con Encuentro Nacional para analizar el posible rumbo económico de la argentina y su posicionamiento internacional tras la elección del nuevo presidente y su viaje a los Estados Unidos acompañado del embajador norteamericano y el principal financista de la campaña electoral, Gerardo Werthein.
Al respecto explicó que este acompañamiento se trata de un modelo netamente estadounidense en el qué la embajada en ese país suele ser ofrecida a los financistas de campaña y asimismo, explicó la presencia del posible ministro de economía Luis Caputo como una ratificación en el cargo.
En lo que respecta al posible rumbo de la relación entre ambos países, reflexionó sobre la clara identificación de Milei con las ideas de Donald Trump y Jair Bolsonaro, así como la necesidad de limar asperezas con Brasil y los Estados Unidos tras la promesa conferida por Trump de visitar la argentina siendo un claro opositor a su gobierno actual.
También abordó la posible reedición de los procesos de relaciones establecidos en la década del ’90 y el fracaso en lo económico y social, así como las consecuencias geopolíticas de un alineamiento estratégico que tuvieron como resultado los recordados ataques terroristas hacia nuestro país.

Encuentro Nacional, lunes a viernes de 17.00 a 19.00
Con Luisa Valmaggia, Jorge Halperín, Nora Lafón, Néstor Espósito, Eduardo Anguita, Silvia Bacher, Claudio Leveroni, Luciana Peker, Leticia Martínez, y Carla Ruíz.
Jueves 30 de noviembre 2023 | San Pablo, Brasil
09.00 a 17.00 horas
Praça da Sé, 108, 7o and (Auditório Unesp)
PROGRAMA
9h00 – 10h30 – Mesa Redonda 1: Latinoamérica ante los 200 años de la Doctrina Monroe
Coordina: Roberto Moll (UFF/Brasil)
Exponen
Raul Rodriguez (Universidad de La Habana/Cuba)
Sean Purdy (USP/Brasil)
Tom Long (University of Warwick/Reino Unido)
Leandro Ariel Morgenfeld (UBA/Argentina)
10h30 – 11h00 am – Pausa
11h00 – 12h30 – Mesa Redonda 2: Latinoamérica y la competencia entre Estados Unidos y China
Coordina: Sebastião Velasco e Cruz (UNICAMP/Brasil)
Expnen
Gonzalo S. Paz (Georgetown University/EE. UU)
Claudia Maya (UNAM – México)
Marcos Cordeiro Pires (UNESP/Brasil)
Shen Yi (Fudan BRICS CENTER/China) – online
12h30 – 14h00 – Almuerzo
Tarde 14h00 – 15h30 – Mesa Redonda 3: Las diferentes dimensiones del regionalismo Sudamericano frente a la competencia global
Coordina: Neusa Maria Bojikian (UNICAMP/Brasil)
Exponen
Karina L. P. Mariano (UNESP/Brasil)
Pedro da Silva Barros (IPEA/Brasil)
Jorge Heine (Boston University/EE. UU)
Bernabé Malacalza (Universidad Torcuato Di Tella/Argentina)
15h30 – 15h45 – Pausa
15h45 – 17h00 – Mesa Redonda 4: Las relaciones de defensa en el contexto Sudamericano
Coordina: Alexandre Fuccille (UNESP/Brasil)
Exponen
Héctor Luís Saint-Pierre (UNESP/Brasil)
Ana Amélia Penido Oliveira (UNICAMP/Brasil)
Lívia Peres Milani (San Tiago Dantas Graduate Program/Brasil)
17h00 – 18h30 – Mesa Redonda 5: Brasil, disputas hegemónicas y multilateralismo
Coordina: Tullo Vigevani (UNESP/Brasil)
Exponen
Flávia de Campos Mello (PUC-SP/Brasil)
Rafael Ioris (University of Denver/EE. UU)
Maria Regina Soares de Lima (IESP-UERJ/Brasil)
Más información: www.ineu.org.br
Participa
Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos
Transmisión en vivo en el CANAL de Youtube del INEU
Frente a la desazón de la militancia, es fundamental una rápida reacción. Con la urgencia que la crisis económica, social y política impone, más el riesgo de que la aplicación de la «doctrina del shock» en la Argentina propine una derrota histórica a sus fuerzas populares, urge entender qué pasó en las elecciones y qué escenario se abre.
El 19 de noviembre se concretó lo que hace meses parecía imposible. Javier Milei fue electo presidente, con el 55% de los votos, sumando 25 puntos respecto a las generales del 22 de octubre. El cimbronazo en las urnas provocó estupor, tristeza y desolación en el campo nacional-popular, el progresismo y las izquierdas. Pocas horas después, el presidente electo confirmó que no habría gradualismo y que el brutal ajuste se implementaría desde el primer día de gobierno. Frente a la desazón de la militancia, es fundamental una rápida reacción. Eso aconsejan los amigos brasileños, después de haber padecido a Jair Bolsonaro. Con la urgencia que la crisis económica, social y política impone, más el riesgo de que la aplicación de la «doctrina del shock» en la Argentina propine una derrota histórica a sus fuerzas populares, urge entender qué pasó en las elecciones y qué escenario se abre, cuando faltan pocos días para que asuma el nuevo gobierno. Si bien serán necesarios diagnósticos profundos, críticas y autocríticas, lo que sigue son 10 reflexiones rápidas para empezar a pensar cómo llegamos hasta acá, dónde estamos y hacia dónde vamos.
Los desafíos que tenemos por delante son enormes. El resultado de la contienda que se avecina puede ser duradero y nefasto, si Milei logra imprimir una derrota histórica a las clases populares, o apenas un capítulo transitorio de los intentos de la oligarquía para domesticar al indómito pueblo argentino. Milei puede terminar como Thatcher, si gana, o como Lasso, si pierde.
Mientras se escriben estas líneas se confirma que Patricia Bullrich estará otra vez al frente del Ministerio de Seguridad. Macri alentó el martes a las bases libertarias a que enfrenten en las calles a los manifestantes. La amenaza represiva frente a la previsible protesta social, sin embargo, puede ser un arma de doble filo para el nuevo gobierno. Recordemos la masacre en Puente Pueyrredón en junio 2002. El fracaso de la estrategia represiva del gobierno de Duhalde lo obligó a salir del poder y convocar a elecciones. El pueblo argentino tiene una larga tradición democrática y antirrepresiva. Hay mucha incertidumbre y todavía muchas dudas por lo que vendrá. Pero es urgente y necesario empezar cuando antes a (re)construir un movimiento democrático que una a los/as trabajadores, mujeres, jóvenes, disidencias sexogenéricas, ambientalistas, pueblos originarios, organismos de derechos humanos, artistas, docentes y estudiantes para defender los derechos en peligro y la soberanía de nuestro país. Como nos enseñaron las Madres de Plaza de Mayo, la única lucha que se pierde es la que se abandona. Esto recién empieza.
Docente de la Universidad de Buenos Aires, investigador del CONICET y co-coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”.