Mostrando entradas con la etiqueta ALBA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ALBA. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de abril de 2018

UNASUR: las derechas del sur al servicio de Estados Unidos. Declaración de ALBA Movimientos


(ALBA Movimientos) Unasur: las derechas del sur al servicio de USA



Unasur: las derechas del sur al servicio de USA

El reciente anuncio de las cancillerias de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú de suspender temporalmente su participación en la Unasur es un paso más de estos gobiernos neoliberales al servicio del imperio norteamericano.
Se trata, en la superficie, de una extorsión para imponer como secretario gral de la Unión de Naciones a un delegado del presidente argentino, el otrora progresista José Octavio Bordón, de quien se intenta que haga un “aporte” a la causa imperialista continental similar al que viene realizando desde la OEA otro ex progresista, Luis Almagro. En lo profundo, sin embargo, apunta a acelerar el objetivo central, mucho más ambicioso: la desactivación total de la UNASUR, uno de los nuevos organismos de integración surgidos en el siglo XXI. En el horizonte, además, apuntan a liquidar también la CELAC, único organismo en la historia que reúne a todos los países de América Latina y el Caribe y excluye a USA y a Canadá.
No casualmente, este nuevo avance imperial sucede apenas el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia asume la presidencia Protempore de la Unasur, con una agenda soberana para Nuestra América, que -como ya adelantó el canciller Fernando Huanacumi- incluye
una integración en materia de defensa “que permita consolidar a la región como una zona de paz, libre de armas nucleares y de corrupción masiva, rechazando la guerra, promoviendo el desarme, la resolución pacífica de los conflictos y la cultura de paz” y la promoción de la ciudadanía universal para respetar y promover los derechos de las personas migrantes, que en el caso de América somos un mismo pueblo, mestizo y diverso.
A esta visión soberana e integracionista que impulsan Bolivia y los demás países de ALBA-TCP se le opone la estrategia guerrerista de las derechas locales, subordinadas -como durante toda la historia- a las potencias imperiales, en este momento en particular a los Estados Unidos, cuya élite intenta volver a controlar lo que considera su patio trasero. Para este objetivo es el asedio político, mediático, económico y militar contra Venezuela y la ofensiva diplomática contra Unasur y CELAC.
En este contexto, los movimientos hacia el ALBA denunciamos que el intento de golpe contra Unasur no es para fortalecer la integración y la soberanía de nuestros pueblos, sino todo lo contrario: para contribuir a achicarlas. Acompañamos al gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia en el sentido de promover el diálogo entre todos los integrantes en función de reactivar un organismo necesario para los pueblos de Nuestra América, que requiere profundizar sus políticas para que América del Sur sea territorio de paz, de dignidad y de justicia social, que permita la construcción de un socialismo Nuestro Americano

Articulación continental de movimientos hacia el ALBA

lunes, 5 de marzo de 2018

Cumbre del ALBA en Venezuela con líderes de la región

Telesur
El evento, que se desarrolla este lunes en el Palacio Presidencial de Miraflores, también servirá para recordar el legado del comandante Hugo Chávez. 

En la XV Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP),  que se celebra este lunes en Caracas, los países del organismo exigirán respeto a la soberanía de Venezuela y a su sistema democrático ante recientes ataques.
En medio de las arremetidas, particularmente de Estados Unidos (EE.UU.), contra las elecciones presidenciales venezolanas del 20 de mayo, el ALBA-TCP respaldará el derecho de autodeterminación del pueblo venezolano.
En el Palacio Presidencial de Miraflores se reunirán las máximas autoridades del ALBA-TCP. El mandatario boliviano Evo Morales arribó a suelo venezolano en la madrugada de este lunes.

Asimismo, llegaron al país los presidente de Cuba, Raúl Castro; y de Nicaragua, Daniel Ortega.

También, hicieron acto de presencia en el país, el embajador Michael Oliver Powell, de San Cristóbal y Nieves; el secretario permanente de Relaciones Exteriores de Antigua y Barbuda, Anthony Liverpool; y la canciller de Surinam, Yldiz Pollack.

La instalación de la cumbre forma parte también de los eventos a realizarse por la conmemoración de los cinco años de la muerte del líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez.
Igualmente, se reflexionará sobre el intercambio desigual que tuvieron por mucho tiempo los países con riquezas naturales y que ven como una oportunidad la implementación de las criptomonedas, informó el embajador boliviano en Venezuela, Sebastián Michel, citado por la agencia Prensa Latina.

>> Venezuela acogerá próxima cumbre del ALBA-TCP

En paralelo, se desarrollará la Jornada Mundial de Solidaridad con Venezuela en el Teatro Teresa Carreño, donde más de 800 personas, entre movimientos sociales y colectivos de la región, debatirán sobre temas como la comunicación y los derechos sociales.

martes, 23 de mayo de 2017

"Integración regional, reconfiguración geopolítica y desarrollo económico". Charla con Mario Rapoport y Leandro Morgenfeld en el Centro Cultural de la Ciencia (miércoles 7 de junio, 18.30hs)




CICLO “LAS PALABRAS Y LAS COSAS (Y LAS CIENCIAS)”

“El NO al ALCA en 2005 marcó un punto de inflexión en las relaciones interamericanas, puso en crisis la histórica hegemonía de Estados Unidos y permitió avanzar en una inédita coordinación y cooperación política regional, iniciando el camino de la postergada integración latinoamericana. Una década más tarde, el nuevo contexto político y los cambios que supuso en Estados Unidos la llegada de Trump obligan a repensar los actuales desafíos para el desarrollo económico latinoamericano”.


El Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación tiene el agrado de invitarlos a las charla “Integración regional, reconfiguración geopolítica y desarrollo económico”,  a cargo de los historiadores  Mario Rapoport y Leandro Morgenfeld.

¿Cuándo?  El 7 de junio  a las 18:30 horas
¿Dónde?  En el Centro Cultural de la Ciencia, Godoy Cruz 2270, CABA

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Se agradece la difusión.


Teléfono: 4899-5000, interno 3699

lunes, 17 de abril de 2017

"¿En el camino hacia un nuevo ALCA?". Por Luciana Ghiotto

Por Luciana Ghiotto
ALAI   

   
Entre los días 5 y 7 de abril se realizó en Buenos Aires el Foro Económico Mundial, o Foro de Davos,  versión latinoamericana. Por “Davosito” en el Hotel Hilton pasaron 600 empresarios, 60 funcionarios y 3 jefes de Estado. No es la primera vez que el gobierno de Mauricio Macri convoca a una reunión de este tipo: en septiembre de 2015 se había desarrollado un foro similar en el Centro Cultural Kirchner, donde también los CEOs de grandes empresas transnacionales habían discutido sobre la “cuarta revolución tecnológica” y la inserción del país en las cadenas globales de valor.

El Foro de abril fue todavía un paso más allá, porque el gobierno argentino lo utilizó además como paraguas para varias reuniones bilaterales con representantes de países de la región. Uno de los encuentros que no pasó desapercibido fue entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. En especial, porque allí los representantes de ambos bloques acordaron intensificar los esfuerzos a favor del libre comercio en la región y armaron una “hoja de ruta” para avanzar en ese sentido. Las resoluciones adoptadas en esa reunión marcan el espíritu de época de la región en la era Trump. Veamos por qué.

Entre los años 2015 y 2016, lo determinante en la política comercial de la región era la existencia del proyecto del Tratado Transpacífico (TPP). Los países de la Alianza del Pacífico (sin Colombia) firmaron el tratado en febrero de 2016, y comenzaron el proceso de ratificación del mismo, intentando imponer el tratado, que generó numerosas oposiciones internas, como en el caso de Chile. En ese momento, los países del Mercosur, con una postura más “antiimperialista” se oponían a avanzar en la línea planteada por el TPP. A grandes rasgos, esto se debió a las posiciones de los miembros más grandes. En el caso del Brasil de Dima Rousseff, su apuesta principal fue hacia el fortalecimiento del espacio de los BRICS en su rol de global player, y a crear el escenario para el libre movimiento de sus propias empresas transnacionales, por ejemplo con la firma de Acuerdos de protección de (sus) inversiones con varios países del continente como Colombia, México y Chile. En el caso de Argentina, una política mercado-internista había determinado una posición más cauta frente a la apertura indiscriminada de importaciones (por ejemplo, mediante la implementación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación frente a ciertas importaciones chinas), así como marcó la instauración de “líneas rojas” en la negociación de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que hacia 2012 ya era fuertemente impulsado por Brasil.

Pero el final del año 2016 marcó un giro en la política coyuntural de los dos grandes del Mercosur. Por un lado, el cambio de gobierno en ambos países marcó la profundización en la apertura de sus economías, y un acercamiento notorio hacia la Alianza del Pacífico (AP). En su primer año de gobierno, Macri sumó a la Argentina como observadora de la AP y anunció que avanzaría en la firma de tratados comerciales bilaterales con el fin de poder sumar a la Argentina como miembro pleno del bloque. Por otro lado, la asunción de Trump generó un cimbronazo en el tablero de las alianzas regionales, forzando a México a mirar nuevamente hacia el sur tras anunciarse una posible renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le resulte perjudicial, y un posible cierre del mercado norteamericano para sus exportaciones. Tanto Temer como Macri señalaron sus intenciones de aprovechar al máximo este renovado interés de México en el sur. Además, este foco en el libre comercio se dio a la par que el Mercosur terminaba de echar a Venezuela del bloque, lo cual simplifica las negociaciones, sea para la “flexibilización” del Mercosur y que cada país firme tratados por separado, o sea para la firma conjunta de TLC.

El año 2017 arrancó con este nuevo escenario, y desde febrero todos los jugadores salieron a la cancha a pre-calentar para el partido. En una reunión en febrero entre Michel Temer (ya fortalecido por la escasa oposición organizada en el escenario interno) y Mauricio Macri se determinó la necesidad de que el Mercosur se abriera hacia el Pacífico. Otra reunión entre Macri y Michelle Bachelet llamó a la realización de la reunión ampliada de los bloques como respuesta a la política proteccionista de EEUU.

La reunión de abril entre la AP y Mercosur expresó el reordenamiento de los bloques, en un contexto de abierto giro aperturista y crisis de las alternativas de integración. Este contexto tiene su punto cúlmine en el acuerdo por avanzar en una gran área de libre comercio regional. La idea de los gobiernos ha sido la de crear un “Área de Libre Comercio de América Latina y el Caribe” (por su sigla, ALCALC), idea también apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)[1].

¿Se acuerdan del ALCA? Este proyecto, al igual que en los noventa, implica generar una región abierta al mundo. La historia parece repetirse. Pero claro, no hay una vuelta atrás, ya que existen muchos elementos nuevos desde el fracaso de ese proyecto. En primer lugar, porque este ALCA sui-generis sería un área que deja afuera a dos jugadores clave: por un lado a EEUU, por su política de revisión de los acuerdos comerciales y tendencia al proteccionismo en la era Trump. Este primer hecho ya tiene un peso en sí mismo, ya que recordemos que en el proyecto ALCA, las campañas nacionales y continentales se centraron en el rol de “imperialista” del proyecto, aun si este era sostenido por varios sectores de las burguesías regionales[2]. En cambio ahora, sin EEUU, este nuevo proyecto se muestra desnudo: como un modo de imposición del mercado mundial sobre los mercados locales. Es la ley del valor al desnudo aplicada en la región, forzando a los países a aumentar los niveles de productividad y competitividad para insertarse en las cadenas globales de valor[3]; en otras palabras, implica apuntar los cañones contra los sectores trabajadores y exigirles mayor producción a un menor costo (¿y por qué no, si así trabaja la clase obrera asiática?).

El segundo sector que deja de lado es a los países del ALBA, es decir, a los gobiernos “progresistas” (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba). El nuevo ALCA sui-generis termina de acorralar a los países andinos para que dejen de lado sus políticas mercado-internistas y redistributivas y se vuelquen al libre comercio, en una postura más pragmática para su inserción internacional. Este ya fue el caso de Ecuador al entrar en el Acuerdo de Asociación (similar a un TLC) con la Unión Europea, y no debería sorprender que próximamente Bolivia y Venezuela revisen sus posturas hacia organismos como la Organización Mundial de Comercio.

Por otro lado, lo que determina una nueva época para el libre comercio en la región es el fuerte rol de China y el vuelco hacia los países asiáticos, la “zona caliente” del planeta. Cuando se frenó el TPP, Perú y Chile salieron a explorar nuevos horizontes en Asia, incluso comenzando a negociar acuerdos con Rusia y su área de influencia. El ALCA sui-generis probablemente tenga como objetivo confluir en acuerdos con los países del Pacífico, en lugar de concentrarse en las potencias del norte. A esto se suma la existencia de numerosos TLC bilaterales ya existentes entre los países de la AP y de la cuenca Pacífico.

En definitiva, el Foro Económico Mundial versión latinoamericana ha sido un momento clave en la reorganización de alianzas en la región. Pero también deja a las organizaciones sociales una enseñanza: que el fin de un proyecto y su denominación, sea ALCA, o TPP o ALCALC, no implica el fin del proyecto de libre comercio[4]. Por el contrario, lo que estos veinte años de experiencia en la aplicación de tratados nos muestra es que hoy los TLC y las protecciones que otorgan a las grandes corporaciones globales son esenciales a la nueva estructuración productiva del capitalismo. Ayer peleamos contra el TPP; ante-ayer contra el ALCA; hoy contra el ALCALC. Pero mientras desde los sectores anticapitalistas y antiimperialistas no se exploren alternativas de integración profundas, los proyectos que sigan llegando tendrán renovadas siglas y bonitos nombres, pero no lograrán sacarnos de la encrucijada de la crisis civilizatoria del capitalismo.

- Luciana Ghiotto es investigadora del CONICET Argentina, sede Escuela de Política y Gobierno de la Universidad de San Martín. Es miembro de ATTAC Argentina, colaboradora de Transnational Institute (TNI) y miembro de la “Asamblea Argentina mejor sin TLC”.

 
[2] Sin embargo, diez años después del fracaso del ALCA, han surgido algunos análisis que sostienen, basados en declaraciones oficiales y periodísticas, que el ALCA era en realidad buscado por ciertos grupos económicos sudamericanos, y que empujaron el proceso de negociación incluso en contra de algunos sectores internos en los EEUU. Ver tesis doctoral de Rodrigo F. Pascual: https://www.academia.edu/25870863/LA_ARGENTINA_Y_EL_ALCA
[3] Ver artículo Rodrigo F. Pascual y Luciana Ghiotto: “Reconceptualizando lo político: Estado, mercado mundial, globalización y neoliberalismo”, 2010, Revista Argumentos (México); en:  https://www.academia.edu/11428054/Reconceptualizando_lo_pol%C3%ADtico_Es...
[4] Ver artículo Luciana Ghiotto y Evelin Heidel “Muerto el TPP, ¡viva la liberalización!” en Revista ALAI: http://www.alainet.org/es/articulo/182379

jueves, 3 de noviembre de 2016

"La derrota del ALCA fue una victoria histórica para los pueblos de Nuestra América" (adelanto libro)

La derrota del ALCA fue una victoria histórica para los pueblos de Nuestra América

 

La derrota del ALCA fue una victoria histórica para los pueblos de Nuestra América

 Por Leandro Morgenfeld

Notas.org.ar


Esta semana se publicó el libro El NO al ALCA diez años después. La Cumbre de Mar del Plata y la integración latinoamericana reciente, editado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, con prólogo de Jorge Taiana y textos de Julián Kan (además es el compilador), Luiz Alberto Moniz Bandeira, María Florencia Socoloff, Alberto Justo Soca, Lucila Agustina Rosso, Alfredo López Rita, Franco Agustín Lucietto y Leandro Morgenfeld. A continuación y como adelanto, les dejamos la introducción del capítulo escrito por este último, que analiza la geopolítica de la batalla de Mar del Plata.

***

En 2005 estaba prevista la entrada en vigencia del mayor proyecto estratégico de Estados Unidos para consolidar su hegemonía regional: el ALCA. Sin embargo, fue en Mar del Plata, sede de la IV Cumbre de las Américas, donde esa iniciativa fue enterrada para siempre.
El ALCA respondía a la necesidad de Estados Unidos de ejercer un dominio más acabado. Para lograr consolidar su amplio patio trasero, precisaba avanzar en el viejo proyecto de unión aduanera y, fundamentalmente, obturar cualquier proceso de integración alternativa como el Mercosur o el Pacto Andino. No es casual que el ALCA fuera lanzado en el marco del Consenso de Washington (1989) y cuando Brasil y Argentina, los gigantes del sur, estaban iniciando un proyecto de unión sudamericana. El ascenso de Hugo Chávez en Venezuela, su radicalización política y su insistencia en retomar el viejo proyecto de Bolívar, a partir de la propuesta de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), encendieron una luz de alarma en el gobierno estadounidense. Más aún cuando, en la XV Cumbre Iberoamericana (2005), se anunció la futura incorporación de Venezuela como miembro pleno del Mercosur. Como en los últimos dos siglos, la capacidad de Estados Unidos para establecer un dominio sobre América Latina dependía de que no se constituyera una integración regional independiente y autónoma de los mandatos de la potencia del norte. El ALCA hubiera sido un instrumento fundamental para abortar esa alternativa y para aislar a Venezuela y Cuba, consolidando la dependencia de los países latinoamericanos.
tapa-libro-no-al-alcaEste proyecto respondía también a la necesidad de Estados Unidos y sus capitales más concentrados de competir con los otros bloques económicos y/o políticos. Estados Unidos, con el ALCA, pretendía contrarrestar el proceso de conformación de bloques en Europa y Asia, estableciendo un área donde su hegemonía no se viera desafiada. Por su creciente déficit comercial y fiscal y por su excesivo endeudamiento, Estados Unidos necesitaba revertir ciertas tendencias económicas de los últimos años. Los sectores financieros, los grandes exportadores y las empresas estadounidenses más concentradas pretendían terminar de apropiarse de un área históricamente disputada con Europa, consolidando la supremacía del dólar y frenando el avance de nuevas potencias, como China, que venían posicionándose en la región.
El estancamiento en las negociaciones para establecer este tratado de libre comercio no se explica solamente a partir de las contradicciones entre diferentes grupos de interés al interior de cada uno de los países americanos y de la reticencia de Estados Unidos a recortar sus subsidios agropecuarios, sino también por la creciente oposición política en América Latina: cambio de signo de los gobiernos de distintos países latinoamericanos, sublevaciones populares, creciente movilización anti-ALCA (Foro Social Mundial, Alianza Social Continental, Cumbres de los Pueblos), y surgimiento de un proyecto de integración alternativa, en torno al ALBA, tomado como bandera por los movimientos sociales latinoamericanos. Cuando se estaban dificultando las negociaciones para liberalizar el comercio interamericano, Brasil impulsó la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), luego fue reemplazada por la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).
La derrota definitiva del ALCA se produjo en la IV Cumbre de las Américas, el 4 y 5 de noviembre de 2005. Allí se expresaron, en principio, dos bloques. Por un lado, los países que firmaron la propuesta de declaración apoyada por Estados Unidos, que planteaba avanzar para concretar este acuerdo de libre comercio. Por el otro, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, que se unieron para forzar una declaración final dividida (mientras que 29 países apoyaron la primera, 5 firmaron la segunda). Sin embargo, y pese al intento de diversos actores por presentar la postura de estos cinco países como un sólido bloque antiimperialista que defendía los intereses de las mayorías populares latinoamericanas, en realidad había diferencias entre las posturas de Venezuela y de los por entonces cuatro miembros plenos del Mercosur. Mientras que el país caribeño planteaba la necesidad de una abierta confrontación con Estados Unidos, tanto Brasil como Argentina, al igual que en la Organización Mundial del Comercio (OMC), pretendían en las negociaciones continentales presionar para que Estados Unidos (y a nivel global también Europa y Japón), disminuyeran los subsidios y protecciones a sus productores agropecuarios, logrando así una liberalización más radical del comercio internacional. Si se les exigía la apertura de sus mercados internos, planteaban los representantes brasileros y argentinos, era indispensable que hubiera una contraprestación: que se abrieran los mercados europeos y estadounidenses para las exportaciones -mayoritariamente primarias o agroindustriales- de estos países.
Después del traspié en Mar del Plata, Estados Unidos debió ajustar su estrategia y optó por avanzar con los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales, negociados en forma individual con los gobiernos afines. Quedó como tarea para un nuevo presidente, Obama, intentar reconstruir los lazos con la región. Pero América Latina pareció darse un nuevo objetivo: avanzar en la siempre postergada integración regional, por fuera del mandato y control de Washington.
Sin embargo, acechan hoy nuevos peligros. Avanza la Alianza del Pacífico y el Acuerdo Transpacífico (TPP), un resabio del ALCA impulsado por Estados Unidos y gobiernos aliados, con una impronta neoliberal. Por otra parte, la Unión Europea quiere arribar a un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, y encuentra interlocutores en Brasil, Argentina y Uruguay, poniendo en peligro la propia viabilidad del bloque del sur. Asimismo, China negocia acuerdos económicos bilaterales con los países de la región, profundizando un esquema extractivista, que históricamente, ahondó la dependencia regional.

Leandro Morgenfeld* – @leandromorgen

* Docente UBA. Investigador del CONICET. Co-Coordinador del Grupo de Trabajo CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”. Autor de El ALCA: a quién le interesa?, de Relaciones peligrosas. Argentina y Estados Unidos y del blog www.vecinosenconflicto.blogspot.com

miércoles, 2 de noviembre de 2016

No al ALCA: a 11 años, un libro sobre los tratados de libre comercio (Entrevista Radio Border)

morgenNo al ALCA: a 11 años, un libro sobre los tratados de libre comercio

El investigador del CONICET y docente de la UBA, Leandro Morgenfeld, explicó en diálogo con "Te lo iba a decir" (Radio Border), cómo las temáticas que abarca El No al ALCA diez años después se hace vigente en la actualidad.

Éste viernes se cumplen 11 años del histórico No al ALCA que protagonizaron los presidentes de ese momento de Argentina, Néstor Kirchner; de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva y de Venezuela, Hugo Chávez. A propósito de ésta emblemática fecha, varios investigadores y expertos en los tratados de libre comercio y en la economía estadounidense  publicaron ésta semana el libro El No al ALCA diez años después. La Cumbre de Mar del Plata y la integración latinoamericana reciente.
El escritor del cuarto capítulo, así como de los libros Vecinos en conflicto y Relaciones peligrosas. Argentina y Estados UnidosLeandro Morgenfeld, explicó en diálogo con RadioBorder que el libro abarca desde diferentes miradas el mega acuerdo que impulsaba Estados Unidos y que representaba beneficios para su economía en detrimento de la libertad de los estados de la región y de  los derechos de los trabajadores.
“La derrota del ALCA permitió consolidar una coordinación política y una integración latinoamericana en torno a otros instrumentos como la UNASUR, la CELAC o el ALBA”.
Si bien pasaron más de diez años desde la intentona del gigante del norte por establecer un tratado de libre comercio (TLC) con los países de la región, la temática tiene anclaje en la actualidad: “Tanto Estados Unidos como China y Europa están impulsando TLC en función de sus intereses. Algunos gobiernos de la región, como el de Mauricio Macri, son proclives a aceptar esa estrategia que van a traer consecuencias negativas para nuestros pueblos”, criticó.

 donaldhillary

El especialista también analizó el rol de Estados Unidos  en el retroceso de las corrientes progresistas en la región. Aunque aclaró que los gobiernos tuvieron sus propios errores y limitaciones: “La principal debilidad de los gobiernos de la llamada ‘década ganada’ surgió por haberse abrazado a ese súper ciclo de prosperidad de las commodities y profundizar el extractivismo sin avanzar en estructuras productivas”.

14907269_1446681622026531_1790105231884598392_nA una semana de las elecciones en Estados Unidos el investigador del CONICET recalcó que “gane quien gane no promete ninguna esperanza para Latinoamérica. Existen consensos bipartidistas en Estados Unidos con relación a la política internacional y no se van a modificar porque gane Donald Trump o Hillary Clinton. Por eso me refiero a que en ése país hay un gobierno permanente”, detalló aunque sí auguró un “terremoto político” si Trump logra dar el batacazo el próximo 8 de noviembre por las peleas que ha emprendido en las últimas semanas contra el establishment.
Con la participación de varios de los autores del libro y del escritor del prólogo- y entonces canciller organizador de la cumbre en Mar del Plata-, Jorge Taiana, se realizará en los próximos días  la presentación formal de ésta interesante publicación en la facultad de Filosofía y Letras de la UBA.


- escuchar el audio de la entrevista acá



miércoles, 28 de septiembre de 2016

“América Latina en disputa”. Tres días de debate en Sociales-UBA




JORNADAS EN CIENCIAS SOCIALES DE LA UBA

Con América latina en debate

Página/12

Bajo el título “América Latina en disputa” comenzarán a realizarse a partir de hoy a las 17 y hasta el viernes las jornadas de estudios organizadas por el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. La conferencia inaugural, en Santiago del Estero 1029 como todas las actividades, estará a cargo del politólogo español Juan Carlos Monedero, uno de los fundadores de Podemos.
“En el contexto actual, fortalecer los lazos construidos desde los pueblos de la región y crear nuevos vínculos de fraternidad nuestroamericana son objetivos más actuales que nunca”, dijo a Página/12 el decano de Sociales, Glenn Postolski.

- ver acá el PROGRAMA COMPLETO
 
La directora del IEALC, Mabel Thwaites Rey, informó que “se presentarán las ponencias de más de 400 académicos argentinos y de Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Paraguay, Uruguay, así como del norte de América y Europa”. Y consignó algunos de los temas: “las políticas comunicacionales y los medios, la cultura y el arte, la geopolítica regional y mundial, la pobreza, el mundo del trabajo, las desigualdades, los modelos de desarrollo y acumulación, el extractivismo, movimientos y luchas populares, pueblos originarios, cuestiones urbanas, la estructura agraria, la gobernabilidad neoliberal, el Estado y las políticas públicas, la integración regional, la defensa y los derechos humanos, los estudios de género y diversidad sexual, las migraciones, la relación entre Asia y América Latina y las pedagogías críticas”.
Mañana a las 9 debatirán sobre “Nuevas tendencias en la región en materia de regulación de la comunicación” Víctor Abramovich, Damián Loreti, Andrea Pochak, Mario Wainfeld y Luis Lozano. A las 14 habrá un panel llamado “América Latina, mejor sin TLC” con la participación, entre otros, de Christophe Aguitón, Ricardo Aronskind, Luciana Ghiotto, Leandro Morgenfeld, Diana Tussie y Juliana Peixoto Batista.
Otro panel, mañana a las 19, será sobre “Procesos de transformación y nuevos desafíos emancipatorios”. El viernes a las 17 será el turno de “Ofensiva neoconservadora y tentativas de relegitimación de la gobernabilidad neoliberal” y, a las 19, habrá un acto de solidaridad “con las resistencias populares latinoamericanas”.



Compartimos el programa definitivo de las
III Jornadas de Estudios de América Latina y el Caribe
28, 29 y 30 de septiembre de 2016
Facultad de Ciencias Sociales · Universidad de Buenos Aires
Santiago del Estero 1029, Ciudad de Buenos Aires

Los esperamos!

jueves, 22 de septiembre de 2016

Mesa especial Jornadas IEALC: "La geopolítica como cuestión de coyuntura" (miércoles 28/9, 11hs, FSOC-UBA)





PANELES TEMÁTICOS Y ACTIVIDADES ESPECIALES

Miércoles 28 de septiembre de 2016
Mesa especial · Aula HU 304 · 11 a 13hs 
Santiago del Estero 1029 (CABA)

La geopolítica como cuestión de coyuntura 


Panelistas 

Amilcar Salas Oroño · IEALC, UBA
Leandro Morgenfeld · CONICET, UBA
Juan Manuel Karg · IIGG, UBA
Luis Wainer · UNDAV, Centro Cultural de la Cooperación
Paula Klachko · UNDAV, UNPAZ
Martín Burgos · UBA, Centro Cultural de la Cooperación

Coordina · Maximiliano Ialli · UNDAV, Museo Malvinas




miércoles, 17 de agosto de 2016

La integración latinoamericana en tiempos del ‘Brexit’ (Comini y Bontempo)


Getty Images

 

La integración latinoamericana en tiempos del ‘Brexit’


 Por Nicolás Comini y Tomás Bontempo
Foreign Affairs Latinoamérica
Agosto 2016

Los cimbronazos del Brexit en el Reino Unido se hacen sentir a lo largo y ancho del mundo, poniendo sobre la mesa el debate acerca de la propia naturaleza y del sentido de la integración regional. El modelo que propuso y expandió Europa se encuentra acorralado por instituciones y burocracias impopulares tanto para las derechas radicales como para las izquierdas reformistas o revolucionarias. El histórico dilema entre seguir un camino propio sin atarse a otros o de insertarse en el sistema internacional a partir del ensamblaje con los vecinos genera la mayor polarización experimentada en el siglo XXI. En Latinoamérica, esta situación contribuye a agudizar la fractura entre los defensores del modelo de relacionamiento flexible, a la carta y concentrado en la variable comercial del estilo que propone la Alianza del Pacífico y entre los que consideran necesario fortalecer otros espacios de cooperación multidimensional, como lo son, por ejemplo, el Mercado Común del Sur (Mercosur) o la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Ante este panorama, el presente artículo argumenta que la proliferación de enfoques que insisten en la división del Atlántico y del Pacífico, así como en la necesidad de edificar puentes entre ambos espacios, contribuye a la erosión de las pulsaciones autonomistas en Latinoamérica. En tiempos en los que se viralizan los enfoques pesimistas y en donde el eje de atención tiende a situarse en la fragmentación y la desintegración, resulta fundamental comprender la importancia que para los países y sus pueblos adquiere la totalidad de la compleja arquitectura regional para evitar caer en reduccionismos respecto del funcionamiento —o superposición— de sus diferentes componentes, sean estos la Alianza del Pacífico, el Mercosur, la Unasur o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (comúnmente, el ALBA), la Comunidad Andina (CAN) o la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI). El todo importa más que sus partes y de eso se ocupa el presente análisis.

Océanos en pugna

Es sabido que parte de la estrategia internacional de Estados Unidos como potencia hegemónica radica en concretar acuerdos de liberalización comercial, tanto a nivel bilateral como regional. En el marco de estos últimos, hace solo algunos meses se firmó el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), catalogado por la agencia internacional EFE como el área de libre comercio más grande del mundo y que incluye a tres miembros de la Alianza del Pacífico: Chile, México y Perú. Además, se encuentra negociando la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) con la Unión Europea. Por supuesto que no todo es color de rosa. De hecho, ambos acuerdos han despertado fuertes oposiciones por sus negociaciones secretas —filtradas por Wikileaks—, que muestran el intento de instalar nuevas normas comerciales no solo en claro beneficio de la preeminencia comercial de Washington sino también de las empresas trasnacionales, todo ello en detrimento de la soberanía estatal, especialmente la de los países en desarrollo. Es decir, las iniciativas frustradas en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC) intentan ahora ser impulsadas en espacios de negociación más reducidos, aunque aún de grandes dimensiones.
¿Cómo impacta esto en la configuración regional? Comencemos por la discusión acerca de una América del Sur partida por la mitad. En primer lugar, debe destacarse que Estados Unidos nunca se desentendió de la región y fue avanzando, en diferentes momentos y a múltiples velocidades, en la firma de tratados de libre comercio bilaterales. Estos desembocaron más tarde en una suerte de proceso de integración entre los poseedores de los tratados de libre comercio, orientada hacia la región del sudeste asiático en donde muchos analistas de gran talla como fue el caso del historiador Eric Hobsbawm han afirmado que se está emplazando el nuevo eje de la economía mundial. Pero simultáneamente, también se planteó otro tipo de integración regional. Los socios del Mercosur con mayor capacidad de influencia —Argentina y Brasil— buscaron desde inicios de la primera década del siglo XXI reconstruir un bloque que funcionara como un reaseguro a su desarrollo autónomo en términos políticos, económicos y sociales. Y aunque el camino recorrido entre ellos no estuvo exento de divergencias y complicaciones, ambos terminaron apoyando la creación de la Unasur en 2008 y de la CELAC en 2010. Lo más interesante es que a estos bloques también adhirieron los países de la actual Alianza del Pacífico, que ya contaban con tratados de libre comercio firmados con Estados Unidos y otros tantos países. Nada de esto evitó que ambas instituciones cobraran vida, esencialmente porque muy a pesar de lo que pregonan las visiones cortoplacistas para que exista cooperación también debe haber conflicto.

AFP

¿Por qué, entonces, la región ahora necesita puentes entre dos grupos que ya existían cuando decidieron sumarse a la Unasur y luego convertir al Grupo de Río en la CELAC? Durante los últimos años, y en muchos casos producto de la sensibilidad de la coyuntura doméstica de los principales motores de la integración regional, la prensa, los políticos y los analistas market friendly, fueron empoderándose y radicalizando los diagnósticos de empantanamiento y anacronismo de bloques como el Mercosur, la Unasur, la CELAC, la CAN o el ALBA. Al igual que hacia fines de la década de 1990 con el Mercosur, muchos de ellos han logrado, parcialmente, instalar la idea de la muerte de estos esquemas. Asimismo, en contraposición han enaltecido el supuesto dinamismo comercial de la Alianza del Pacífico para presentarlo como bloque modelo. Las presiones no tardaron en estallar.
En Brasil, por ejemplo, se traspasaron límites impensados. La Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP) considera un lastre al Mercosur. Brasil, en sus propios términos, tiene que insertarse a la economía global de otra manera y salir del letargo en el que se encuentra inmerso. Con esta agenda y de la mano del gobierno de Michel Temer, José Serra asumió el manejo de Itamaraty. Como dato de color debe tenerse en cuenta que la FIESP es una de las principales promotoras del “Impeachment Já!” al gobierno de Dilma Rousseff y del lema “No voy a pagar el pato”, en relación a tener que pagar mayores impuestos.
De esta forma, durante los años precedentes y bajo la idea base de la liberalización en vez de la complementación, Brasil culpó reiteradamente a la Argentina —uno de los cinco destinos principales de las exportaciones brasileñas— cuya política de administración del comercio exterior permitió mantener los niveles de empleo de una estructura económica de pequeñas y medianas empresas industriales. Este no es un dato menor, sobre todo si se sitúa a nivel mundial, en un período signado por amplias dificultades de los Estados desarrollados en mantener sus propios niveles de empleo, fundamentalmente luego de la crisis financiera mundial. Sin embargo, vale la pena aclarar que esa política también conllevó la reducción de los canales de diálogo con sus vecinos, así como la agudización de una amplia gama de puntos de divergencia.
Así, la realidad de hoy parece mostrarnos la existencia de dos esquemas de inserción internacional antagónicos y éticamente diferenciados: uno bueno —la Alianza del Pacífico— y otro malo —el Mercosur y sus otros esquemas amigos—. Los puentes deben ser tendidos entre ellos porque si no la región se fragmenta y debilita. Nosotros diremos, en cambio, que es justamente esa perspectiva concentrada exclusivamente en la variable de inserción internacional —económica y comercial— la que mina los procesos autonomistas en la región, y divide y potencia el conflicto.

Error de cálculos

Abordemos, antes que nada, las premisas generales de fondo vigentes en el discurso de los forjadores de las líneas divisorias. En primer lugar, debe reconocerse que es precisamente en el impulso por parte de Estados Unidos —en medio de sus disputas con poderes emergentes como China— de relanzar un falso libre comercio, dados los enormes beneficios e incentivos para las grandes corporaciones, en donde radica una buena parte de la razón de ser de este cuadro de situación. Desde diferentes think tanks, tanto locales como extranjeros e internacionales, se plantea que el supuesto éxito de la integración radica en la adhesión a estos acuerdos con los países “civilizados”. Este discurso se complementa con la idea de que no sumarse a los mismos implicaría estar afuera del mundo y renunciar a los pocos beneficios que nos augura un sistema capitalista mundial administrado por los grandes poderes.
Esto, contradictoriamente, se da en un escenario en donde importantes sectores del electorado de Estados Unidos parecen inclinarse hacia el candidato republicano Donald Trump, en el cual el Reino Unido decide aislarse de la Unión Europea y en donde países como Austria, Hungría, Grecia, Polonia e incluso Alemania y Dinamarca avanzan sectores neofascistas, tanto en las manifestaciones populares como en la conformación de sus parlamentos. No hablemos de las estrategias de Estados Unidos en el Medio Oriente o de la política de seguridad implementada en sus guerras contra las drogas en África, Latinoamérica y el Sudeste Asiático. Paradójicamente y a pesar de todo ello, un trampolín vía Washington o Bruselas parecería ser considerada la única opción madura y seria de inserción en este mundo.

AFP

En segundo lugar, debe destacarse que esta postura parte de una visión del mundo construida desde una posición teórica determinada y que consecuentemente evidencia la subjetividad política de quien la emite. Por lo cual podemos destacar que el análisis de la forma de percepción y valoración del poder y de la estrategia mediante la cual el mismo es ejercido, genera que determinados sectores consideren a los países centrales como modelo de poder. Se interpreta así, que cualquier discrepancia con estos poderes conlleva una “pérdida de confianza del mundo” o, como mencionamos, en la falta de “relaciones serias y maduras”.
Estas visiones se arraigan en supuestos epistémicos que desembocan en la construcción de un proyecto de integración siempre dependiente de algo o de alguien. Asumen el incorrecto axioma de ubicarnos en la periferia y adoptan una visión descontextualizada de las relaciones de poder del capital, en lugar de concentrarse en la construcción de una política de poder autonómica. Intentan, además, instalar como una supuesta “normalidad” la idea de que Latinoamérica siempre debe mirar a algún lado. En este caso bajo la disyuntiva del Atlántico o del Pacífico.

Latinoamericanos

Ya hemos mencionado que la integración no significa homogeneidad ni armonía. Para que haya integración tiene que haber diálogo, contacto y negociación, y ellas implican tensión. También venimos sosteniendo que los discursos de océanos y puentes contribuyen a minar las dinámicas autonomistas. Haremos uso de este último apartado para esbozar cuatro últimas reflexiones al respecto que, esperamos, sean de cierta utilidad para el debate.
Primero, debe reconocerse que, al igual que los procesos de liberalización comercial o tratados de libre comercio, los grandes acuerdos a nivel mundial como el TPP y el TTIP pueden afectar el desarrollo de la región, además de reconfigurar el comercio mundial de forma sumamente desfavorable para la inserción internacional de la misma. Estos reproducen los históricos patrones de comercio desigual Norte-Sur, aportando aún más a la reprimarización económica de los países del sur mundial y erosionando la oportunidad de establecer políticas nacionales de desarrollo industrial y científico.
Segundo, es posible alegar que la adhesión individual al TPP representa una especie de remake —ya que están de moda— del realismo periférico o del granero del mundo. Esto no solo impone una hermenéutica de la integración mediante la mentalidad dicotómica Atlántico o Pacífico, sino que además nos aleja colectivamente del espacio al que pretendemos integrarnos. Esta visión prioriza el vínculo a dichos acuerdos y con actores externos a la región antes que la integración con nuestros propios vecinos, con quienes compartimos no solo una historia sino además un destino político común. El comercio con “el mundo” es muy importante, pero más lo sería para nosotros aumentar el comercio intrazona. Para ello es vital materializar acuerdos de integración física.

Stringer Reuters

Tercero, queda claro que cada Estado define su modelo de desarrollo puertas hacia adentro. En cada país existen actores con diferentes identidades, intereses y representaciones que les otorgan múltiples significados a los interrogantes de “por qué”, “para qué” y “cómo” integrar su país al mundo. De esta forma, sobre los párrafos anteriores remarcamos que el mérito de instancias como el Mercosur, la CAN, la Unasur o la CELAC ha sido integrarse desde sus respectivos modelos nacionales, de una forma más autónoma y simétrica, y no como meros apéndices de la económica mundial, tal como sucedió en el pasado bajo un modelo de regionalismo abierto al estilo del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). El intento de imponer al regionalismo abierto como hermenéutica única de la integración regional ha vuelto con fuerza y las tensiones entre el proyecto industrialista y el neoliberal continúan más vigentes que nunca.
Cuarto, la incorporación del pensamiento estratégico resulta elemental para conseguir una respuesta colectiva de la región a la dinámica que impone un mundo en transformación. La respuesta única y principal está en la integración. Aquí es donde el todo cobra mucha más relevancia que las partes. Mucho se ha discutido acerca de si existen o no superposiciones de funciones, actores y misiones entre los diferentes espacios de cooperación regional; de si éstos sirven o no para algo; de si efectivamente representan instrumentos de integración o no; o de si son producto de una incapacidad hereditaria de nuestros gobernantes de poder materializar en lo concreto a los acuerdos adoptados al nivel político. Hoy, sin embargo, el riesgo de retroceder hacia dinámicas que según la evidencia empírica e histórica ya nos han demostrado que solo perjudican a los más débiles y benefician a los más poderosos —tanto adentro como afuera de nuestra región— nos sitúa ante la necesidad de concentrarnos en lo más urgente: comunicar y explicar a nuestras sociedades la importancia de defender la integración con nuestros vecinos.
En ese marco, podría comenzarse por plantear que más allá de todas las críticas que podamos hacerle al Mercosur, a la CAN, a la Unasur, la CELAC, el ALBA o incluso a la Organización de Estados Americanos, no son simples representaciones de un caos institucional, sino que constituyen múltiples instancias a través de las cuales nuestros países pueden negociar sobre sus intereses y construir, a partir de allí, bienes comunes regionales. Cada uno tiene su funcionalidad, aunque esta pueda cobrar menor o mayor notoriedad según el momento. Capitalizar esa funcionalidad, más allá de las coyunturas y de la diversidad de Latinoamérica, resultará mucho más beneficioso que la estrategia de “cada uno por su cuenta” a lo británico, tanto para el desarrollo nacional autonómico como para el regional. A diferencia de Estados Unidos, es la integración la que los convierte en bioceánicos a nuestros países. La construcción de la unidad puede ser áspera y costosa, pero representa la principal salida para evitar caer en las mismas dinámicas autodestructivas que la región ya ha experimentado en otros tiempos.

NICOLAS COMINI es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y director de la maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador, Argentina. TOMÁS BONTEMPO es maestro en Integración Latinoamericana por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Argentina.