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martes, 15 de agosto de 2017

Llegó el vice de Trump a reunirse con Macri, para acordar cómo presionar a Venezuela

Mike Pence arribó a noche a Buenos Aires, acompa?ado de su esposa

LA NACION
        
Mauricio Macri recibirá hoy en Olivos al vicepresidente norteamericano, Mike Pence, con quien compartirá una reunión que girará sobre dos ejes centrales: la intención de la Casa Rosada de incrementar el comercio y las exportaciones a los Estados Unidos, por un lado, y la situación política y social de Venezuela.
El aliado de Donald Trump arribo anoche al país, en el marco de un fuerte operativo de seguridad. Acompañado por su mujer, Karen Pence, fue recibido en el aeropuerto de El Palomar por el canciller Jorge Faurie y la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich.
Pence llegó al país luego de reunirse en Colombia con el presidente Juan Manuel Santos, con quien tomó distancia de las afirmaciones de Trump en torno de la posibilidad de una intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela. "El presidente me ha enviado aquí para seguir buscando el apoyo de América latina y lograr la restauración pacífica de la democracia en Venezuela", dijo Pence.
Los temas centrales de la reunión serán: la intención de la Casa Rosada de incrementar el comercio y las exportaciones a los Estados Unidos, por un lado, y la situación política y social de Venezuela.
Esa declaración alivianará la agenda de Pence con Macri, que rechaza la posibilidad esgrimida por Trump. "Rechazamos cualquier injerencia militar de los Estados Unidos en nuestra región", fue la respuesta que el Gobierno motorizó a través del presidente provisional del Senado, Federico Pinedo.
La agenda económica entre Macri y Pence no parece más sencilla de desentrañar, dado el carácter fuertemente proteccionista que Trump prometió imprimirle a su gestión y, por el contrario, la necesidad de la Argentina de buscar mercados para sus productos, de modo de oxigenar la balanza comercial del país.
Mike Pence fue recibido por el Ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie
Mike Pence fue recibido por el Ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie.
A raíz de la visita de Pence, la Cámara Argentina de Comercio dio a conocer un informe en el que señala que los Estados Unidos son el tercer mayor socio comercial de la Argentina, detrás de Brasil y China, y que las exportaciones a ese país aumentaron en el primer semestre un 11,4 por ciento.
De todos modos, el informe señala que "el saldo comercial bilateral entre la Argentina y Estados Unidos fue deficitario para nuestro país", ya que "durante el primer semestre del año, la Argentina registró un déficit comercial de 1407 millones de dólares, reduciéndose en 0,8% respecto del déficit de los primeros seis meses de 2016".
En términos de exportaciones, Estados Unidos fue destino del 7,5% de las ventas nacionales al exterior, mientras que respecto a las importaciones fue origen del 11,4% de las compras argentinas, según el informe de la CAC, que difundió ayer DyN, agregando que los Estados Unidos son el principal origen de la inversión extranjera directa (IED) en la Argentina, con 19.800 millones de dólares, según la última información publicada por el Banco Central.
Macri y Pence se reunirán esta mañana en la residencia de Olivos, con la asistencia de Faurie y el encargado de negocios de la embajada de los Estados Unidos en nuestro país, Tom Cooney. Hacia el mediodía, ambos brindarán una conferencia de prensa.
También está prevista una reunión de Pence con su par local, Gabriela Michetti, y autoridades legislativas. Por la tarde, el vicepresidente norteamericano ofrecerá un discurso en el edificio de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
Además de Colombia y la Argentina, la gira de Pence incluye una visita a Chile y Panamá.

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Llegó Mike Pence al país y hoy se reunirá con Macri

La semana pasada, el vicepresidente de EEUU envió una misión para tratar los temas comerciales pendientes. Hoy se verá con Macri, Michetti y participará de una reunión con empresarios.
La Izquierda Diario
Martes 15 de agosto | 11:32
Mike Pence aterrizó anoche en la base militar de El Palomar, luego de su estadía en Colombia. La agenda del funcionario incluye reuniones con el presidente Mauricio Macri, la vicepresidenta Gabriela Michetti, y la comunidad empresarial.
Los temas a tratar están relacionados con acuerdos comerciales y discusiones políticas ligadas a la situación social de Venezuela.
A raíz de la visita de Pence, la Cámara Argentina de Comercio dio a conocer un informe en el que señala que los Estados Unidos son el tercer mayor socio comercial de la Argentina, detrás de Brasil y China. De todos modos, el informe señala que "el saldo comercial bilateral entre la Argentina y Estados Unidos fue deficitario para nuestro país”
En este sentido, la visita del vicepresidente norteamericano supone avanzar sobre acuerdos desfavorables para la mayoría trabajadora del país que se encuentra pagando el ajuste implementado en manos de Cambiemos y los gobernadores del PJ/FpV.
La semana pasada, Pence envío una misión con el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, que visitó Washington para renegociar los temas que urgen a ambos gobiernos. Buryaile se reunió con su par, el secretario de Agricultura, Sonny Perdue, para tener una fecha cierta para el ingreso de los limones y otros cítricos al mercado del norte. Hoy, se continuará con esta discusión.
El otro tema pendiente es el biodiesel argentino, acusado en Estados Unidos por dumping y subsidios injustos.
Otro aspecto no menor es la falta de embajadores en ambas sedes.
Ante la llegada del vice de Donald Trump, habrá un operativo especial en las calles y en los subtes de la Ciudad y parte del conurbano.
Luego de la reunión que mantendrán Pence y Macri en Olivos, se ofrecerá una declaración para que ambos comenten los resultados de la cita.
Al mediodía, el número dos de la Casa Blanca se trasladará a Casa de Gobierno, donde se verá con su par Gabriela Michetti, y por la tarde irá a la Bolsa de Comercio. Allí, compartirá un coctel con la comunidad empresarial y dar un discurso dirigido al Gobierno.
Tras pasar la noche en el país, Pence partirá mañana a Chile.



lunes, 17 de abril de 2017

"¿En el camino hacia un nuevo ALCA?". Por Luciana Ghiotto

Por Luciana Ghiotto
ALAI   

   
Entre los días 5 y 7 de abril se realizó en Buenos Aires el Foro Económico Mundial, o Foro de Davos,  versión latinoamericana. Por “Davosito” en el Hotel Hilton pasaron 600 empresarios, 60 funcionarios y 3 jefes de Estado. No es la primera vez que el gobierno de Mauricio Macri convoca a una reunión de este tipo: en septiembre de 2015 se había desarrollado un foro similar en el Centro Cultural Kirchner, donde también los CEOs de grandes empresas transnacionales habían discutido sobre la “cuarta revolución tecnológica” y la inserción del país en las cadenas globales de valor.

El Foro de abril fue todavía un paso más allá, porque el gobierno argentino lo utilizó además como paraguas para varias reuniones bilaterales con representantes de países de la región. Uno de los encuentros que no pasó desapercibido fue entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. En especial, porque allí los representantes de ambos bloques acordaron intensificar los esfuerzos a favor del libre comercio en la región y armaron una “hoja de ruta” para avanzar en ese sentido. Las resoluciones adoptadas en esa reunión marcan el espíritu de época de la región en la era Trump. Veamos por qué.

Entre los años 2015 y 2016, lo determinante en la política comercial de la región era la existencia del proyecto del Tratado Transpacífico (TPP). Los países de la Alianza del Pacífico (sin Colombia) firmaron el tratado en febrero de 2016, y comenzaron el proceso de ratificación del mismo, intentando imponer el tratado, que generó numerosas oposiciones internas, como en el caso de Chile. En ese momento, los países del Mercosur, con una postura más “antiimperialista” se oponían a avanzar en la línea planteada por el TPP. A grandes rasgos, esto se debió a las posiciones de los miembros más grandes. En el caso del Brasil de Dima Rousseff, su apuesta principal fue hacia el fortalecimiento del espacio de los BRICS en su rol de global player, y a crear el escenario para el libre movimiento de sus propias empresas transnacionales, por ejemplo con la firma de Acuerdos de protección de (sus) inversiones con varios países del continente como Colombia, México y Chile. En el caso de Argentina, una política mercado-internista había determinado una posición más cauta frente a la apertura indiscriminada de importaciones (por ejemplo, mediante la implementación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación frente a ciertas importaciones chinas), así como marcó la instauración de “líneas rojas” en la negociación de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que hacia 2012 ya era fuertemente impulsado por Brasil.

Pero el final del año 2016 marcó un giro en la política coyuntural de los dos grandes del Mercosur. Por un lado, el cambio de gobierno en ambos países marcó la profundización en la apertura de sus economías, y un acercamiento notorio hacia la Alianza del Pacífico (AP). En su primer año de gobierno, Macri sumó a la Argentina como observadora de la AP y anunció que avanzaría en la firma de tratados comerciales bilaterales con el fin de poder sumar a la Argentina como miembro pleno del bloque. Por otro lado, la asunción de Trump generó un cimbronazo en el tablero de las alianzas regionales, forzando a México a mirar nuevamente hacia el sur tras anunciarse una posible renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le resulte perjudicial, y un posible cierre del mercado norteamericano para sus exportaciones. Tanto Temer como Macri señalaron sus intenciones de aprovechar al máximo este renovado interés de México en el sur. Además, este foco en el libre comercio se dio a la par que el Mercosur terminaba de echar a Venezuela del bloque, lo cual simplifica las negociaciones, sea para la “flexibilización” del Mercosur y que cada país firme tratados por separado, o sea para la firma conjunta de TLC.

El año 2017 arrancó con este nuevo escenario, y desde febrero todos los jugadores salieron a la cancha a pre-calentar para el partido. En una reunión en febrero entre Michel Temer (ya fortalecido por la escasa oposición organizada en el escenario interno) y Mauricio Macri se determinó la necesidad de que el Mercosur se abriera hacia el Pacífico. Otra reunión entre Macri y Michelle Bachelet llamó a la realización de la reunión ampliada de los bloques como respuesta a la política proteccionista de EEUU.

La reunión de abril entre la AP y Mercosur expresó el reordenamiento de los bloques, en un contexto de abierto giro aperturista y crisis de las alternativas de integración. Este contexto tiene su punto cúlmine en el acuerdo por avanzar en una gran área de libre comercio regional. La idea de los gobiernos ha sido la de crear un “Área de Libre Comercio de América Latina y el Caribe” (por su sigla, ALCALC), idea también apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)[1].

¿Se acuerdan del ALCA? Este proyecto, al igual que en los noventa, implica generar una región abierta al mundo. La historia parece repetirse. Pero claro, no hay una vuelta atrás, ya que existen muchos elementos nuevos desde el fracaso de ese proyecto. En primer lugar, porque este ALCA sui-generis sería un área que deja afuera a dos jugadores clave: por un lado a EEUU, por su política de revisión de los acuerdos comerciales y tendencia al proteccionismo en la era Trump. Este primer hecho ya tiene un peso en sí mismo, ya que recordemos que en el proyecto ALCA, las campañas nacionales y continentales se centraron en el rol de “imperialista” del proyecto, aun si este era sostenido por varios sectores de las burguesías regionales[2]. En cambio ahora, sin EEUU, este nuevo proyecto se muestra desnudo: como un modo de imposición del mercado mundial sobre los mercados locales. Es la ley del valor al desnudo aplicada en la región, forzando a los países a aumentar los niveles de productividad y competitividad para insertarse en las cadenas globales de valor[3]; en otras palabras, implica apuntar los cañones contra los sectores trabajadores y exigirles mayor producción a un menor costo (¿y por qué no, si así trabaja la clase obrera asiática?).

El segundo sector que deja de lado es a los países del ALBA, es decir, a los gobiernos “progresistas” (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba). El nuevo ALCA sui-generis termina de acorralar a los países andinos para que dejen de lado sus políticas mercado-internistas y redistributivas y se vuelquen al libre comercio, en una postura más pragmática para su inserción internacional. Este ya fue el caso de Ecuador al entrar en el Acuerdo de Asociación (similar a un TLC) con la Unión Europea, y no debería sorprender que próximamente Bolivia y Venezuela revisen sus posturas hacia organismos como la Organización Mundial de Comercio.

Por otro lado, lo que determina una nueva época para el libre comercio en la región es el fuerte rol de China y el vuelco hacia los países asiáticos, la “zona caliente” del planeta. Cuando se frenó el TPP, Perú y Chile salieron a explorar nuevos horizontes en Asia, incluso comenzando a negociar acuerdos con Rusia y su área de influencia. El ALCA sui-generis probablemente tenga como objetivo confluir en acuerdos con los países del Pacífico, en lugar de concentrarse en las potencias del norte. A esto se suma la existencia de numerosos TLC bilaterales ya existentes entre los países de la AP y de la cuenca Pacífico.

En definitiva, el Foro Económico Mundial versión latinoamericana ha sido un momento clave en la reorganización de alianzas en la región. Pero también deja a las organizaciones sociales una enseñanza: que el fin de un proyecto y su denominación, sea ALCA, o TPP o ALCALC, no implica el fin del proyecto de libre comercio[4]. Por el contrario, lo que estos veinte años de experiencia en la aplicación de tratados nos muestra es que hoy los TLC y las protecciones que otorgan a las grandes corporaciones globales son esenciales a la nueva estructuración productiva del capitalismo. Ayer peleamos contra el TPP; ante-ayer contra el ALCA; hoy contra el ALCALC. Pero mientras desde los sectores anticapitalistas y antiimperialistas no se exploren alternativas de integración profundas, los proyectos que sigan llegando tendrán renovadas siglas y bonitos nombres, pero no lograrán sacarnos de la encrucijada de la crisis civilizatoria del capitalismo.

- Luciana Ghiotto es investigadora del CONICET Argentina, sede Escuela de Política y Gobierno de la Universidad de San Martín. Es miembro de ATTAC Argentina, colaboradora de Transnational Institute (TNI) y miembro de la “Asamblea Argentina mejor sin TLC”.

 
[2] Sin embargo, diez años después del fracaso del ALCA, han surgido algunos análisis que sostienen, basados en declaraciones oficiales y periodísticas, que el ALCA era en realidad buscado por ciertos grupos económicos sudamericanos, y que empujaron el proceso de negociación incluso en contra de algunos sectores internos en los EEUU. Ver tesis doctoral de Rodrigo F. Pascual: https://www.academia.edu/25870863/LA_ARGENTINA_Y_EL_ALCA
[3] Ver artículo Rodrigo F. Pascual y Luciana Ghiotto: “Reconceptualizando lo político: Estado, mercado mundial, globalización y neoliberalismo”, 2010, Revista Argumentos (México); en:  https://www.academia.edu/11428054/Reconceptualizando_lo_pol%C3%ADtico_Es...
[4] Ver artículo Luciana Ghiotto y Evelin Heidel “Muerto el TPP, ¡viva la liberalización!” en Revista ALAI: http://www.alainet.org/es/articulo/182379

lunes, 8 de agosto de 2016

Atrayendo al capital (extranjero): la obsesión de Macri, en la pluma de Carlos Pagni, el editorialista estrella de La Nación

La inauguración de los Juegos Olímpicos fue la excusa para que Mauricio Macri se reuniera con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y con Michel Temer, el presidente interino de Brasil. En 48 horas, el Presidente dialogó con representantes de los países más determinantes para la Argentina. La agenda abarcó desde la crisis venezolana hasta las nuevas turbulencias que sacuden a Temer, alcanzado desde el viernes por el escándalo de Petrobras. Como toda política exterior es política doméstica, Macri ordenó las conversaciones alrededor de su obsesión: la atracción de inversiones para acelerar el despegue de la economía. Por eso, las entrevistas son una ventana inmejorable para entender cómo está observando el proceso que lidera. Kerry, que pasó por Buenos Aires el jueves pasado, estuvo reunido con Macri en la Casa Rosada.
Además, estuvo con la canciller Susana Malcorra en el Palacio San Martín. Las conversaciones fueron absorbidas, sobre todo, por las finanzas. Al secretario de Estado se le explicó con detalle lo que espera la Argentina de Obama en ese frente. Lo más inmediato: que se intensifiquen los intercambios entre la Unidad de Información Financiera (UIF) y su homóloga, la Fincen (Financial Crimes Enforcement Network). El Gobierno espera que esa oficina presione a los argentinos que atesoran dinero no declarado bajo su jurisdicción para que también se plieguen al blanqueo. Sencillo: los Estados Unidos no están entre los países que intercambiarán datos sobre activos ocultos a partir de enero próximo. A Kerry el pedido le sonó conocido: Alfonso Prat-Gay se lo había formulado al secretario del Tesoro, Jack Lew, hace tres semanas, en China.
Las relaciones entre la UIF, que conduce Mariano Federici, y la Fincen se acaban de recomponer. El organismo que persigue el lavado de dinero en los Estados Unidos las había suspendido porque el antecesor de Federici, José Sbattella, utilizaba los datos que obtenía para la persecución política. Una práctica propia de ese "Estado policial" sobre el que alertó al país Cristina Kirchner.
Macri, y con mayor precisión Malcorra, insistieron ante Kerry en otras urgencias que también Prat-Gay trató con Lew. Por ejemplo, la expectativa de que Washington ayude a que el Club de París mejore la nota de la Argentina. El Club solventa costos de las empresas de países avanzados que invierten en mercados emergentes. Axel Kicillof le pagó, sin negociación, la deuda. Pero, aun cuando en abril se superó el default, no sirvió de nada. Entre otras cosas porque las cuentas nacionales siguieron sustrayéndose, por una decisión del kirchnerismo, a la auditoría del FMI.
La dificultad reaparece en las denominadas ECA, Export Credit Agencies, es decir, agencias que financian exportaciones en el marco de la OCDE. La recepción de inversión extranjera choca contra una paradoja: los países asignan a la Argentina una tasa de riesgo de alrededor del 7%, más alta que la del mercado financiero, que apenas supera el 5%. Puesto al revés: si el nivel de intereses que hoy fijan los países fuera realista, los bancos deberían estar cobrando más o menos 12%. Ninguna otra nación de la región presenta esa anomalía. El desbalance está demorando algunos proyectos. Por ejemplo, la central hidroeléctrica Chihuido, que debe realizar en Neuquén un consorcio liderado por Eduardo Eurnekian, con financiamiento ruso. La curiosidad es que la tasa fijada el año pasado desde Moscú, superior al 6%, era conveniente en relación con los riesgos que ofrecía el kirchnerismo. En cambio hoy, con un frente externo despejado, sería más barato pedir esos fondos al mercado.
Este contexto explica por qué es indispensable regularizar en septiembre la relación con el Fondo en los términos del artículo IV de su carta orgánica. La negativa, o la imposibilidad, de Kicillof para aceptar esa auditoría costó los US$ 4000 millones que debieron pagarse demás al Club de París. Son los sobreprecios de la mala praxis disfrazada de soberanía. La situación argentina ante esta asociación se definirá a comienzos de octubre, cuando la misión del FMI ya haya pasado por Buenos Aires.
Sería un error, de todos modos, pensar que Macri piensa al Fondo como lazarillo para el ordenamiento de la economía. Tanto él como Malcorra pidieron a Kerry que avale el ingreso de la Argentina a la OCDE, un club de países desarrollados del que, en América del Sur, sólo forma parte Chile. Malcorra y Prat-Gay solicitaron la incorporación en junio. El gobierno de los Estados Unidos es el más reticente a aceptar nuevos socios. Prefiere que la auditoría económica siga en la órbita del Fondo. Simple: allí su poder es equivalente a su tamaño y a su cuota; en la OCDE, en cambio, cada país vale un voto.
Cuando desembarque en Buenos Aires una misión del Fondo, el kirchnerismo denunciará una nueva traición a la patria. Sería un agravio para Rafael Correa y Evo Morales, que hace tiempo se encuadraron en el artículo IV. Sólo Venezuela quedó afuera. De ese país atribulado también se habló con Kerry. Macri y Malcorra corroboraron que Washington trata al régimen de Nicolás Maduro, a pesar de sus atrocidades, con prudencia. El secretario de Estado recomendó acompañar el diálogo entre el gobierno y la oposición, que hoy lidera José Luis Rodríguez Zapatero. Nada que sorprenda. Zapatero asumió esa tarea, que escandaliza al antichavista Felipe González, por pedido de Thomas Shannon, el diplomático al que Obama encargó monitorear la peripecia bolivariana. Por eso también Mariano Rajoy ofreció la embajada de su país para las conversaciones.
Los resultados han sido, hasta ahora, nulos. Pero hay dos factores que mantienen la cautela demócrata. Un descalabro venezolano tendría consecuencias nefastas para todo el norte de América del Sur. En especial para Colombia, en cuya pacificación los Estados Unidos están más que empeñado. Un indicio: Kerry dejó en Buenos Aires una donación simbólica para equipar a los militares que intervendrán en ese proceso en el marco de la ONU. Además, si en Caracas se desencadenara un estallido, Trump tendría otro argumento para castigar la política internacional de sus rivales.
Kerry, que es católico, confesó que simpatizaría con un mayor compromiso del Vaticano en las negociaciones venezolanas. Sobre todo porque el papa Francisco insinuó que le gustaría intervenir. El límite en este caso es Antonio Parolin, el cardenal secretario de Estado. Ex nuncio en Venezuela, Parolin no desea exponerse a que un fracaso condene a la Iglesia local a la persecución chavista. Con Kerry se coincidió en otra iniciativa: que la mediación sea acompañada por un grupo de países de la OEA. Es para sacarla de los límites de la Unasur, donde Maduro consigue algunas adhesiones. El tristísimo trance venezolano reapareció en Río de Janeiro. Macri dialogó con Temer sobre la crisis que se desató en el Mercosur por la presidencia rotativa. Brasil y la Argentina se niegan a que la ejerza Maduro. Paraguay va más allá: pretende expulsar a Venezuela por violar la cláusula democrática del Protocolo de Ushuaia. Temer y Macri acordaron lo que ya habían conversado sus ministros Malcorra y José Serra: que entre el viernes que viene y el próximo 23 se identifiquen los incumplimientos económicos que obligarían al chavismo a renunciar a la presidencia. Maduro tendría una coartada: echar la culpa a la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, que no aprobó algunos de esos requisitos.
Desde que el chavismo denunció el desplazamiento de Dilma Rousseff como un golpe, Brasil se ha propuesto que Venezuela no presida el Mercosur. Esa negativa es más urgente porque, en vez de fortalecerse, Temer se debilita. El viernes, cuando proclamó el inicio de los Juegos, se cuidó de que su imagen no apareciera en las pantallas. Sirvió de poco: apenas escuchó su voz, el estadio lo abucheó. Se ve que el pirotécnico estaba entrenado: ante el primer silbido, atronó con los fuegos artificiales. Igual es imposible ocultar el tamaño de la crisis. Kerry dejó el estadio antes de tiempo y se fue al aeropuerto sin estrechar la mano del presidente. Nada que sorprenda: mientras el Maracaná se electrizaba, salía a la calle la revista Veja con la cara de Temer en la tapa. El poderoso arrepentido Marcelo Odebrecht reveló que el reemplazante de Dilma también había recibido fondos de la corrupción para su campaña.
La nave brasileña navega sin rumbo. Pero Macri igual es optimista. A la economía de Brasil parece alcanzarle con que no repongan a Rousseff para normalizarse. El dólar, en vez de llegar a 5 reales, como muchos vaticinaban, bajó de 4 a 3,20. Quiere decir que las exportaciones argentinas ganaron un 20% de competitividad sin que, en rigor, suceda nada. El Presidente sigue al minuto los altibajos brasileños. Como le ilustró con números a Kerry, son una variable estratégica para la recuperación local.
El drama de Brasil sólo tiene un beneficio, simbólico, para la Argentina: la comparación. Macri puede ufanarse de ser el líder de un cambio consistente. Acaso quien mejor definió esa imagen fue Prat-Gay, hablando ante los ministros del G-7: "Macri representa lo contrario de lo que ustedes temen. El mundo está amenazado por el proteccionismo y el populismo. Y a Macri lo votaron para emancipar a la Argentina de esos males". Buen vendedor, Prat-Gay.
Con el canciller de Obama sólo un tema estuvo ausente: la aspiración de Malcorra a la Secretaría General de la ONU. Washington no quiere abrir la boca sobre una cuestión que tiene a Macri cada día más inquieto. Sobre todo desde que Fulvio Pompeo le anunció que en la última votación Malcorra había salido tercera. El Presidente dudaba de que su ministra llegara tan lejos. Ahora Malcorra es la única mujer detrás de dos europeos: el portugués Antonio Guterres y el serbio Vuc Jeremic. Si la disputa queda bloqueada en el viejo continente, tal vez por el factor ruso, el camino podría despejarse para ella. Hasta ahora no hubo vetos. Pero en septiembre habrá otra votación. La carrera se definiría en octubre, cuando Rusia presida el Consejo de Seguridad. Hoy llega a Buenos Aires Ban Ki-moon, antiguo jefe de la canciller. Estará en el CARI. ¿Tocará el tema? Si Malcorra triunfara, Macri elevaría muchísimo su perfil externo. Aun cuando quede en la encrucijada, para él, más fastidiosa: la de tener que cambiar su gabinete.