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lunes, 7 de octubre de 2019

Entrevista a Leandro Morgenfeld en Telesur sobre la relación con Estados Unidos


La política exterior de Macri y su subordinación a EE.UU.




En Profundidad
Telesur, 7 octubre 2019 

Mauricio Macri y Donald Trump en la reunión del G-20 en Argentina. Diciembre de 2018.


Desde su llegada al poder, Mauricio Macri impulsó una política de alineamiento a Estados Unidos con el objetivo de incrementar las exportaciones, obtener créditos a tasas bajas y recibir una lluvia de inversiones. Nada de eso sucedió.


Con el argumento de que Argentina estaba desconectada del mundo, desde su campaña presidencial en 2015, Mauricio Macri sostuvo que había que recuperar las alianzas tradicionales con Estados Unidos y las potencias europeas. Abandonó desde el inicio de su mandato la política que impulsaron los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que se caracterizó por la integración regional, las relaciones multipolares y la autonomía.



Macri logró en marzo de 2016 que Barack Obama visitara el país, después de 11 años de que ningún presidente de Estados Unidos lo hiciera tras el “No al Alca” y el repudio a George Bush en la ciudad de Mar del Plata en 2005. “Tuvo una muy buena relación durante el gobierno de Obama y apostaba a continuar esa relación con Hillary Clinton, insertar a la Argentina en los tratados de libre comercio que impulsaba en ese entonces Estados Unidos, pagarle a los fondos buitre como lo hizo en 2016, pero cuando ganó Donald Trump tuvo que rearmar otra relación”, explicó en diálogo con TeleSUR Leandro Morgenfeld, historiador, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Durante la campaña presidencial, en agosto de 2016, Macri explícitamente apoyó la candidatura de Clinton y aseguró que Donald Trump “levanta muros”. Pero después de la victoria del republicano, según el investigador, “Macri mantuvo el vínculo, trató de mostrarse como socio privilegiado de Estados Unidos en América del Sur y de hecho lo fue".

Macri insertó a Argentina en el Foro Económico de Davos, cuando el Presidente no participaba desde hacía la menos 13 años; ofreció a la Argentina como sede de la reunión ministerial anual de la Organización Mundial de Comercio, que fue la primera vez que se hizo en Suramérica; ofreció a la Argentina como sede de la reunión de jefes y jefas de gobierno del G-20 el año pasado; organizó el mini Davos en la Argentina; recibió a Trump. El único país de América Latina y el Caribe que visitó Trump en casi tres años de gobierno fue la Argentina. Es decir, alineó toda la política exterior con la de Estados Unidos, reeditando lo que fueron las relaciones carnales entre Estados Unidos y Argentina en los años 90 con Menem”.

Argentina le dio la espalda a la región. En enero de 2016, después de regresar de un viaje al Foro Económico de Davos, anunció que no viajaría a la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), aunque adujo problemas de salud. Durante ese año, junto a Michel Temer —que asumió la presidencia de Brasil después del impeachment a Dilma Rousseff— y el mandatario paraguayo, Horacio Cartés, impulsaron la expulsión de Venezuela del Mercosur. Desde su llegada a la Presidencia tampoco habilitó las partidas presupuestarias para los legisladores del Parlasur.

En 2019, Macri eliminó por decreto la elección de legisladores del Mercosur a pesar que temas tributarios, penales y electorales no se pueden modificar por esa vía sino que tienen que ser tratados en el Congreso de la Nación. En abril de 2019, después de 11 años, retiró a la Argentina de la UNASUR, organismo que intervino para repudiar el intento de golpe en Ecuador y durante el conflicto entre Colombia y Venezuela en 2010. En un comunicado, la Cancillería Argentina aseguró que la agenda tenía un “alto contenido ideológico”.

Morgenfeld señaló que al expulsar a Venezuela, Macri “hirió de muerte al Mercosur. Y ahora lo quiere transformar en una estructura más flexible, que implicaría romper la unión aduanera. Quiere eliminar la posibilidad que sólo se puedan firmar acuerdos de libre comercio o económicos si todos los países miembro están de acuerdo”.

“Hay un claro ninguneo de cualquier política latinoamericana, salvo que sea la que está alineada con Estados Unidos: el Grupo de Lima, la Alianza del Pacífico, la organización Prosur que acaban de lanzar Sebastián Piñera e Iván Duque y ahí si va el gobierno de Macri porque son las puntas de lanza contra Venezuela”, sostuvo Morgenfeld. Y agregó: “Hay un ninguneo prácticamente absoluto a cualquier perspectiva de integración autónoma latinoamericana”.

Macri también buscó un alineamiento con Estados Unidos en lo referente a Seguridad y Defensa. En octubre de 2016, en un documento del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo advirtió: “El gobierno nacional ha retomado la cooperación para la defensa con los Estados Unidos con el objetivo de “afianzar las relaciones” que se encontraban congeladas desde febrero de 2011, cuando la Argentina incautó material de inteligencia no declarado en un avión militar norteamericano. Desde el 10 de diciembre, al menos 35 funcionarios de alto nivel de ese país visitaron la Argentina, la mayor parte de ellos se reunió con sus pares del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad”. Funcionarios del gobierno también mantuvieron reuniones con la subsecretaria adjunta de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, Rebecca Chávez.

En junio de 2016 visitó el país el almirante Kurt W. Tidd, comandante del Comando Sur de ese país. “Tidd es un férreo impulsor de la intervención de los militares en la seguridad interna y su presencia revela la dimensión estratégica que posee a nivel regional el debilitamiento del principio de demarcación. En efecto, el Comando Sur es la agencia responsable de difundir en América Latina la doctrina de las “nuevas amenazas”. Aunque en Estados Unidos existen impedimentos legales a la participación de los militares en la seguridad interna, su política hacia la región propone lo contrario”, sostuvo el CELS. El Ministerio de Seguridad firmó diversos acuerdos con Estados Unidos.

En junio de este año, el jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, se reunió con el ministro Oscar Aguad y la cúpula de Defensa. Faller ofreció el envío de aviones y vehículos blindados de Estados Unidos para las Fuerzas Armadas, y planteó de la preocupación de Washington sobre la situación de Venezuela y el avance de China en la región.

Morgenfeld explicó: “Se produjo una creciente penetración de las fuerzas armadas, de los organismos de inteligencia de Estados Unidos en Argentina de múltiples formas. Utilizan la excusa del combate al terrorismo para apalancar, para apoyar los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, no solo atacar a Venezuela sino boicotear cualquier acuerdo multilateral negociado con Irán. En el orden de Seguridad y Defensa hay una clara sesión de soberanía por parte de Argentina y de alineamiento con Estados Unidos”.

El sometimiento a Estados Unidos no trajo réditos económicos para el país. “La política exterior de Macri nos iba a reinsertar en el mundo: iba a traer inversión extranjera, Argentina iba a poder tomar crédito a tasas bajas y, sobre todo, se iba a transformar en el supermercado del mundo, iba a ampliar las exportaciones. En las tres cosas, en los términos de los objetivos de Macri, la política fue un fracaso total. La lluvia de inversiones nunca llegó, más bien fue una enorme sequía; Argentina tuvo un acceso al crédito en términos de los intereses de los acreedores extranjeros. Gastamos unos 15.000 millones de dólares en pagarle todo lo que exigían los fondos buitres, desfinanciando a la Argentina. El gobierno de Macri se endeudó a lo loco a tasas muy altas hasta el momento en el que estalló la corrida de 2018, no tuvo más acceso al crédito privado y tuvo que recurrir al megasalvataje del FMI, el más grande de la historia de cualquier país del mundo por 57.000 millones de dólares. Es decir, se megaendeudó en 160.000 millones de dólares sin que eso se viera en obras de infraestructura, en crecimiento económico ni en ningún indicador económico social positivo”.

En lo que refiere al intercambio comercial, un informe editado por el Grupo de Trabajo Integración y Unidad Latinoamericana del Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO), Julián Kan señaló: “Si bien hubo un incremento de las exportaciones argentinas a Estados Unidos durante 2016, quizás como premio por el acercamiento, continuaron las disputas comerciales habituales, por ejemplo los limones. Con Trump se prohibió el ingreso de limones que un año después fue destrabado. No obstante, no tiene un impacto significativo para el comercio argentino ya que implica entre 30 y 50 millones de dólares. Por el contrario, sí hay incidencias en la exportación de Biodiesel que implican comercio por 1.200 millones de dólares y donde hubo trabas de parte Washington. También se lanzaron amenazas de aranceles en acero y aluminio, pero las negociaciones lograron frenarlo, a cambio de concesiones en importaciones de cerdo de Estados Unidos. Se logró la vuelta de la exportación de carnes argentinas pero ésta se venía ordenando desde hace años mediante un reclamo ganado en la OMC por el gobierno anterior”.



“El comercio exterior profundizó el déficit de la balanza comercial. La suba de las exportaciones (objetivo de la nueva etapa) entre 2016 y fines de 2018 fue escasa, si se tiene en cuenta la devaluación y la quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias. Hubo una suba de las importaciones (productos industriales, autopartes y vehículos, bienes de capital y combustible), producto de la baja de aranceles y la quita de licencias no automáticas. El déficit de la balanza comercial es notable. En todo el período 2016 tuvo algo de superávit, 2.124 millones de dólares, mientras que 2017 tuvo déficit de 8.471 millones de dólares y 2018 de 3.800 millones de dólares. Recién en septiembre de 2018 hubo superávit luego de 20 meses, producto de la devaluación de agosto que trajo una fuerte caída de las importaciones, no obstante la tendencia al déficit continúa. Los intercambios comerciales interanuales comparados entre 2017 y 2018 señalan la crisis del comercio exterior argentino: en septiembre un 13 por ciento inferior, en octubre un 9,5 por ciento inferior, en noviembre un 10 por ciento inferior, en diciembre un 7,5 por ciento inferior, manteniendo los principales destinos de las exportaciones se mantuvieron sin grandes alteraciones”, escribió Kan.

En definitiva, Argentina abandonó por completo la política de integración regional por una de alineamiento con Estados Unidos que sólo llevó a una pérdida de soberanía en distintos ámbitos sin ningún tipo de beneficio para el país.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Entrevista sobre las relaciones de Macri con Estados Unidos




Lalengua conversó con el diputado del Parlasur, Oscar Laborde, y con el historiador, Leandro Morgenfeld, sobre las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos en la era Macri
Por Sofía Solari 



“Estados Unidos jugó un rol clave para sostener al gobierno de Macri dado que permitió un giro a la derecha en la región”, opinó en conversación con Lalengua Leandro Morgenfeld, doctor en historia y autor de varias publicaciones, entre ellas su más reciente Bienvenido Mr. President: De Roosevelt a Trump: Las visitas de presidentes estadounidenses a la argentina. Para el académico, el triunfo de Mauricio Macri en 2015 alentó a la oposición en Venezuela, a los sectores golpistas en Brasil, que produjeron también la destitución parlamentaria de Dilma Rousseff en 2016, e hizo que Rafael Correa desistiera ir por un nuevo mandato y en su lugar eligiera a Lenín Moreno, quien finalmente cortó relación con el ex presidente ecuatoriano. Durante estos años Colombia también sufrió el coletazo derechista con el NO al referéndum de los acuerdos de Paz y la victoria de Iván Duque, como así también fracasó el plebiscito de Evo Morales en 2016.  A esto se le sumó la victoria de Sebastián Piñera en Chile.
El arribo de Macri a la Casa Rosada fue visto en Washington como una oportunidad para tener un aliado en América Latina que vaya poniendo a punto el patio trasero. Casi cuatro años después, luego de la brutal derrota el 11 de agosto en las PASO, todo indicaría que el líder de Juntos por el Cambio defraudó a su amigo Donald Trump. Según una reciente nota de Clarín, el mandatario de la Casa Blanca habría conversado con Macri después del anuncio del paquete de medidas económicas de la semana pasada. Pero en público, el presidente tuitero no le regaló ni 140 caracteres de aliento. “Macri era un triunfador y se ha transformado en fracasado”, dijo Mirtha en su cena del sábado por la noche. El único aliado que le quedaría a Estados Unidos a partir de octubre, sería el mesías Jair Bolsonaro, aunque ni la economía ni el electorado le auguran un buen camino. Una encuesta de Datafolha publicada este lunes arroja que el capitán jubilado cuenta con el rechazo del 38 por ciento del electorado y sólo lo aprueba el 29 por ciento. 
Macri empezó su gobierno con un fuerte apoyo del entonces presidente Barack Obama, que vino a la Argentina en marzo de 2016 cuando se cumplieron casi 11 años de última visita de un presidente de Estados Unidos. El viaje de Obama desató profundas críticas, sobre todo de las organizaciones de derechos humanos, porque estaba programado para el 24 de marzo. Como consecuencia de las movilizaciones populares, la Casa Blanca cambió el itinerario y el demócrata visitó Buenos Aires un día antes. Ocho meses después, pese a que puso sus fichas a Hillary Clinton, Macri retomó su buena relación con Trump, a quien conocía desde joven por negocios que ambas familias tenían en común. Además, fue el segundo presidente latinoamericano en ser recibido en abril de 2017 en la residencia presidencial de Washington por el nuevo presidente. 
Morgenfeld fue categórico al explicar que Macri asumió haciendo un diagnóstico errado que apuntaba a que Argentina estaba desconectada del mundo. Un argumento que sirvió para promover como necesaria una vuelta a las relaciones privilegiadas con el gobierno de Estados Unidos, pero también con las principales potencias europeas. “Ese es el mundo al que consideraban incluirse. La idea era que con una buena relación con esas potencias, con los organismos internacionales y con la firma de tratados de libre comercio, Argentina iba a transformarse en el supermercado del mundo. Es decir que íbamos a exportar más, a tener mejor acceso al crédito y que iba a llegar la lluvia de inversiones. Pero, por el contrario, ninguna de esas tres cosas se produjo”, explicó. 
El diputado del Parlasur, Oscar Laborde, coincidió con Morgenfeld en su diálogo con Lalengua, al sostener que durante los últimos tres años y nueves meses en la relación bilateral entre Estados Unidos y Argentina, Macri sólo consiguió exportar limones y un crédito stand by del FMI por 57 mil millones de dólares, que ni siquiera alcanzó para evitar el default de parte de la deuda pública. Todo esto, ¿para qué?, ¿por intereses comerciales?, se preguntó Laborde y respondió: “No, no es así. Estados Unidos nos vende seis mil millones de dólares y nosotros le vendemos tres mil millones. Argentina es, además, uno de los pocos países con el cual Washington tiene superávit. Y esto acaba peor porque encima nos han puesto un arancel a la exportación de biodiésel que nos impide que vendamos 1.200 millones de dólares. Sí, nos aceptaron las importaciones a Estados Unidos de limones por 50 millones, que es muy bueno para los productores tucumanos, pero está claro que la diferencia entre lo que dejamos de exportar y la posibilidad de exportar 50 millones en un negocio malo”, inconveniente para nosotros, pero estratégico para Estados Unidos. 
En esta línea, Laborde explicó que la vuelta al patio trasero hay que leerla a luz de la guerra comercial con China. En 2013 Estados Unidos decidió que Rusia no sería más su enemigo estratégico y en su lugar ubicó a la potencia oriental. Desde entonces, agregó Laborde, Estados Unidos aceleró el ataque contra las fuerzas populares en América Latina para contar con la región en una alianza política, comercial y hasta militar que lo ayude en su enfrentamiento con Beijing. “Disponer de la biodiversidad y del agua potable que hay en América es mucho. Y sobre todo disponer de la segunda reserva de petróleo del mundo, que está en Venezuela”, explicó el parlamentario. 
Para lograrlo, Trump tiró toda su artillería. Fue una voz clave en el Directorio del FMI – en donde tiene un enorme peso dado el tamaño de la economía estadounidense- para lograr que Argentina recibiera el préstamo más grande la historia y presionó en los últimos meses a aquellos países que no estaban de acuerdo para que el organismo siguiera desembolsando los pagos.  Además, envió a parte de su gabinete a Argentina, como fue el caso del ex secretario de Estado, Rex Tillerson, que vino en el marco de una visita por la región y en la que no perdió oportunidad de encontrarse con Macri y el canciller, Jorge Faurie, para aplaudir “el rumbo de la economía”, y conversar medidas para Venezuela. De la misma manera lo hizo Mike Pompeo en julio de este año, a quien Macri recibió para estrenar el decreto que declaró a Hezbollah como una organización terrorista. También pasó unos días por el país el jefe del Pentágono, James Mattis, con una agenda para fortalecer alianzas militares y restringir la influencia China. 
A pesar de estas muestras de apoyo, después de la derrota del oficialismo en las PASO, hubo varios días de silencio en Estados Unidos. Recién la última semana de agosto, en medio de la crisis financiera y mientras el equipo económico de ambas partes tenía reuniones con el FMI, un vocero del Departamento de Estado afirmó al diario La Nación: “Estados Unidos espera continuar nuestra sólida asociación con el pueblo argentino y su liderazgo electo, sea cual fuera el candidato que el pueblo argentino elija como su próximo presidente”. “Una declaración que da cuenta de cierta perspectiva realista que ven que es casi imposible que Macri sea reelecto y que por tanto tienen que construir un vínculo con el que probablemente sea el nuevo gobierno”, opinó Morgenfeld. Un indicio similar vino del vicepresidente de Brasil, el general Hamilton Mourao, en un discurso que ofreció frente a la Asociación Comercial de Río de Janeiro, el 30 de agosto: “Es obvio que nos gustará que el presidente Macri, quien tiene una relación muy buena con nuestro gobierno, venciese en la elección. Pero hay indicios muy fuertes de que la victoria será de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner”.
Como explicaron ambos expertos en política exterior, el alineamiento incondicional, “ideologizado”, en palabras de Laborde, no tiene ningún rédito para Argentina. En suma, el diputado del Parlasur señaló que hay muchos acuerdos comerciales que no están siendo fructíferos por impedimento de Washington. “Podríamos disponer de ayudas financieras, en particular en swap hay 19 mil millones de dólares esperando que no se han firmado porque Trump no quiere que tengamos acuerdos con China”, explicó. En el último tiempo, Estados Unidos perdió poder en Europa, su aliado Bolsonaro tuvo un ácido enfrentamiento con el presidente francés, Emmanuel Macron, por los incendios en el Amazonas y también está perdiendo la disputa de poder con China sobre Australia. América Latina todavía está ahí, pero la última elección local puso en discusión uno de los pocos apoyos incondicionales que le quedan para enfrentarse a la potencia oriental. 

sábado, 26 de enero de 2019

Macri, cada vez más sumiso frente a Trump



Por Luis Bruschtein (Página/12)

La alineación automática del gobierno argentino con Washington revela no sólo la ideologización de la política exterior argentina, sino su afán por mostrarse como el servidor más fiel de la potencia norteamericana. La afinidad ideológica y la idea simplista de que los gestos de obsecuencia puedan atraer inversiones guían (como argumentos expuestos en público) de manera elemental las relaciones exteriores. En un país sin canciller con vuelo propio, es el presidente Mauricio Macri, con su escaso conocimiento, el que expone a la Argentina con los posicionamientos más desprestigiados en la historia de la región.

Venezuela tiene la mayor reserva de petróleo de alta calidad del mundo. Estados Unidos es el principal comprador del petróleo venezolano y por lo tanto necesita un gobierno dócil en ese país. Desde que Hugo Chávez se convirtió en presidente de Venezuela, Estados Unidos ha impulsado conspiraciones destituyentes. El sistema no tiene nada de democrático en Arabia Saudita. Su gobierno es públicamente responsable de persecución a opositores, e incluso del secuestro, tortura y desaparición de disidentes como el periodista Jamal Khassoggi. Pero Estados Unidos protege al gobierno saudí porque es su aliado en Medio Oriente.

El gobierno de Macri fue uno de los primeros en correr a respaldar el intervencionismo de Washington. Si lo que busca es atraer inversiones o ablandar negociaciones, la experiencia demuestra que no es así. Dos ejemplos: Donald Trump cerró las importaciones de limones argentinos. Para Estados Unidos es menos que un vuelto. Pero para Argentina es la principal exportación de la provincia de Tucumán. Después de muchas vueltas y desplantes, el oficialismo exhibió como triunfo una desgracia: Estados Unidos aceptó los limones a cambio de que Argentina compre su carne de cerdo cuando nadie la quiere porque los cerdos tienen una enfermedad que arruina, encarece su producción y es muy contagiosa.

Segunda negociación “exitosa”: Estados Unidos aumentó los impuestos a la importación de acero y aluminio. En la volteada cayó Argentina. Otra vez mesa de negociación y al final el gobierno anunció como un triunfo que había logrado bajar los impuestos a esos productos argentinos. La contraprestación fue que le pusieron una cuota por la que Argentina tiene que reducir un diez por ciento las exportaciones de acero a los Estados Unidos y un 25 por ciento las de aluminio. Les interesaban tres pepinos los limones ni lo que pudieran recaudar con los impuestos. Lo que querían los campeones del libre mercado era vender su carne de cerdo y evitar la competencia en su mercado interno del acero y el aluminio importado.

La subordinación a la política exterior de Washington no obtuvo beneficios sino maltrato y humillación. No vinieron las inversiones prometidas y por el contrario, Trump presionó para desplazar a las inversiones rusas y chinas sin sustituirlas. A cambio, Estados Unidos facilitó el préstamo del FMI. En medio de los desplantes de Trump a Macri durante la reunión del G-20, el presidente argentino agradeció en forma patética esa gestión que condena a la pobreza a varias generaciones de argentinos.

El maltrato displicente y altanero de Trump en la reunión del G-20 hacia un Macri sumiso, lleno de gestos y actitudes serviciales, reflejó la relación que plantea un gobierno hegemonista con un país emergente.

Pero 2019 es un año electoral y el afán de protagonismo de Macri en el tema Venezuela demuestra que también trata de instalarlo como un tema de campaña para equiparar a Maduro con los gobiernos kirchneristas. Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey coincidieron con el oficialismo, como lo han hecho prácticamente desde la asunción de Macri, en sintonía con los radicales oficiales de Cambiemos. Pero el Frente para la Victoria, incluido el PJ, expresó en un comunicado su defensa del derecho a la autodeterminación de los pueblos y en contra del intervencionismo externo en Venezuela.

El tema con relación a Venezuela no es la democracia, sino un gobierno que no se alinea con Washington y que el país es un importante proveedor de petróleo. En Venezuela no hay una dictadura que tomó el poder por asalto. Hay un presidente que ganó elecciones y una Asamblea Constituyente que fue convocada y elegida según lo establecía la Constitución vigente. Estados Unidos dice que no es así. Es una afirmación discutible, y por tanto nadie puede hacer una descalificación absoluta que justifique un intento de golpe parlamentario como el que trató de hacer la oposición respaldada por la Casa Blanca.

Si no hay una dictadura, sino enfrentamientos entre oficialismo y oposición, rige el principio de la libre autodeterminación de los pueblos sin intervención extranjera. Ni siquiera corresponde la aplicación de la Carta Democrática de la OEA.

En cambio, quien nunca fue elegido para presidente es el opositor Juan Guaidó. Paradójicamente esa es la acusación que hace Estados Unidos al presidente venezolano, Nicolás Maduro, que fue votado en elecciones en las que un sector de la oposición no participó porque sabía que iba a perder.

Maduro reconoció su derrota cuando la oposición ganó las elecciones de diciembre de 2015 que le otorgaron el control de la Asamblea Legislativa. Tras el triunfo, la oposición convirtió al Parlamento en una presidencia paralela. Después de dos años de parálisis, Maduro convocó a la Asamblea Nacional Constituyente y la oposición lanzó manifestaciones callejeras muy violentas que terminaron con más de cien muertos de ambos bandos.

Hasta ese momento, la oposición creyó que podía volver a ganar las elecciones. En 2015, una gran cantidad de chavistas se abstuvo de votar disgustada por la crisis económica. Los dos años de enfrentamientos inoperantes entre el Parlamento y el Ejecutivo, más la violencia de las manifestaciones opositoras alejaron de la oposición a ese sector que fue convocado nuevamente por el oficialismo. La militancia chavista lo fue a buscar y llevó a votar a miles que se habían abstenido antes. En ese contexto, la oposición perdió las elecciones regionales y después las presidenciales. En todas esas situaciones, la oposición se dividió, hubo sectores que participaron y otros que no.

Las elecciones fueron limpias, con mayor o menor participación. No hay argumento institucional verdadero para esta ofensiva diplomática que en experiencias anteriores ha terminado en intervención directa.

La fuerte crisis económica que sufre Venezuela tampoco puede ser argumento para una intervención ni bloqueo. Es la consecuencia de un país monodependiente del petróleo. La diversificación de su economía hubiera sido carísima comparada con la renta petrolera, pero aún así necesaria. Ningún gobierno diversificó. Y cuando se desplomó el precio del petróleo, también lo hizo la economía de Venezuela.

Con la inflación más alta desde 1991, con la híper, y una caída récord de la economía, Argentina es lo más parecido a Venezuela, con la diferencia de que la crisis en Argentina no es estructural, como la de Venezuela, sino originada en la ineptitud del gobierno de Macri.

No hay unanimidad en el mundo ni en los organismos internacionales sobre Venezuela. En una OEA muy manejada por Washington y en especial por el ultraconservador vicepresidente Mike Pence, 16 países respaldaron la política de Washington, pero otros 18 no lo hicieron. En Europa, el tema levantó una fuerte polémica. Son más los países que reconocieron la presidencia de Maduro que los que acompañaron a Estados Unidos. Rusia y China advirtieron contra cualquier intervención militar.

En el plano internacional, estos votos se intercambian por otros votos en otros temas. Este mecanismo no funcionó porque en el mundo es evidente que la autoproclamación del opositor Guaidó no tiene efecto real en el interior de Venezuela y que nunca hubiera sido posible si no hubiera sido previamente planificada en Washington o Miami. Pence se reunió en la Casa Blanca con los representantes de los 16 gobiernos aliados la noche anterior a la votación en la OEA. Y después hizo un discurso que se transmitió por las cadenas mediáticas regionales para respaldar el intento de golpe parlamentario de Guaidó.

Maduro rompió relaciones con Estados Unidos, pero Donald Trump dijo que desconocía su autoridad y que el personal de la embajada permanecería en Venezuela. Fue el preludio de un conflicto militar. Maduro hubiera tenido que expulsar del país a los diplomáticos y Trump hubiera enviado tropas para protegerlos. Finalmente Trump aflojó, lo que significó un reconocimiento implícito de la autoridad de Maduro.

Estados Unidos espera una asonada militar o que se creen condiciones para una intervención externa. Las manifestaciones de la oposición y el chavismo fueron muy parejas el primer día. En la jornada siguiente los actos callejeros se escalonaron en distintos barrios y fueron más violentos. En ese contexto, las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial reconocieron al presidente Maduro.

Las tragedias de Irak, de Siria y de Libia están muy presentes en el mundo. Fueron invadidos con las mismas excusas que se agitan ahora contra Venezuela y las guerras internas provocadas se prolongaron hasta la actualidad. Ya suman cientos de miles de víctimas y miles de millones las pérdidas. El gobierno de Mauricio Macri quiere asociar a la Argentina a una catástrofe similar en la región y al mismo tiempo instalar la dramática crisis venezolana como un tema de campaña electoral para sacar el eje de su tremendo fracaso en la economía.

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Macri mandó un emisario a Estados Unidos por Venezuela

Un Pompeo argentino en Washington

Página/12

Un paso más en la alineación automática: el secretario de Asuntos Estratégicos de la Jefatura de Gabinete, Fulvio Pompeo, fue enviado por Macri a Washington para reunirse con autoridades norteamericanas y conocer de primera mano los planes que Trump tiene para Venezuela.




Fulvio Pompeo (izquierda) acompaña a Macri en sus viajes al exterior.


El secretario de Asuntos Estratégicos de la Jefatura de Gabinete, Fulvio Pompeo, fue enviado por el presidente Mauricio Macri a Washington para reunirse con autoridades norteamericanas y de la OEA en el marco de la situación suscitada en Venezuela.

El funcionario argentino, cuyo apellido es el mismo del secretario de Estado de Donald Trump, Mike Pompeo, hizo un viaje express para conocer de primera mano los planes de la administración republicana tras el reconocimiento como presidente de Juan Guaidó, el titular de la Asamblea Nacional.

El Pompeo de Macri no se reunió con el Pompeo de Trump, pero sí con el director principal de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional, Mauricio Claver-Carone, quien le adelantó que la Casa Blanca no descarta profundizar sanciones al gobierno de Nicolás Maduro. Washington analiza ampliar al petróleo y el oro y sólo serían válidas las transacciones acordadas con Guaidó. "Maduro es un estorbo hacia la democracia en Venezuela", había manifestado Claver-Carone hace unos días.

Tras su cita con el funcionario de Trump, Pompeo se reunió con el uruguayo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), otro crítico de Maduro. En ese encuentro también estuvieron presentes la embajadora argentina ante la OEA, Paula Bertol; el asesor de Asuntos Institucionales del organismo, Gustavo Cinosi; y el jefe de Asuntos Políticos de la Embajada en Estados Unidos, Gerardo Díaz Bartolomé.

"Me reuní con el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, la embajadora Paula Bertol y Gerardo Díaz Bartolomé para tratar los principales temas de la región y de cooperación de OEA y la Argentina", contó a través de Twitter.

Finalmente, la agenda de Pompeo se completó con diálogos con el secretario adjunto del Pentágono para Asuntos de Latinoamérica, Sergio de la Peña; y la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier.

Pomeo ratificó en todos sus encuentros que la postura del gobierno argentino: Maduro debe renunciar y un gobierno de transición deberá convocar a elecciones. La Argentina fue uno de los países de la región que reconoció al autoproclamado presidente Guaidó, junto a Estados Unidos. Uruguay y México, que consideran a Maduro como el presidente legítimo de Venezuela, motorizan vías de diálogo.

A nivel global, China y Rusia se manifestaron a favor del líder chavista. Hoy Estados Unidos convocó al Consejo de Seguridad por la crisis venezolana. Rusia trató de bloquear la sesión pero perdió la votación sobre el orden del día. Estados Unidos trata en estas horas que el organismo reconozca a Guaidó como presidente.

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Encargan a Elliott Abrams “restaurar la democracia”
Estados Unidos tiene un halcón para Venezuela



Abrams es un viejo conocido de América Latina por su rol en el escándalo Irán-Contras.

Página/12

Una de las figuras más controversiales de la política exterior norteamericana reapareció como elegido por Estados Unidos para intervenir en la situación de Venezuela. El secretario de Estado, Mike Pompeo, encargó a Elliott Abrams el rol de emisario para “restaurar la democracia” en la nación caribeña.

Al hacer el anuncio, Pompeo dijo que "hay muchas dimensiones sobre cómo podemos asistir a los venezolanos para lograr la democracia y vamos a ser responsables de liderar ese esfuerzo". Abrams definió la situación suscitada en Venezuela como "profunda, compleja y peligrosa".

Pompeo señaló que Abrams lo acompañará a Nueva York a la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU que solicitó Estados Unidos para discutir la crisis venezolana y tratar que el organismo reconozca como presidente a Juan Guaidó. “Después de eso, no podría decirles adónde (su misión) lo llevará. No me sorprendería que terminara viajando por la región", agregó el jefe de la diplomacia norteamericana.

Abrams fue vicesecretario de Estado para Derechos humanos y Asuntos Humanitarios de Ronald Reagan en 1981. Llegó a ese puesto luego que la primera opción de Reagan, el halcón Ernest Lefever, no superara el filtro del Senado. Era el cargo que había ostentado Patricia Derian en tiempos de Jimmy Carter, y con Abrams las dictaduras del Cono Sur volvieron a tener una buena relación con Washington. Chocó con organismos de derechos humanos, que lo acusaron de encubrir las atrocidades en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, país en el que Estados Unidos fogoneó a la contra antisandinista.

En 1986, cuando ya era Secretario de Asuntos Interamericanos, quedó involucrado en el escándalo Irán-Contras: la venta ilegal de armas a Teherán para financiar a la guerrilla de los contras, que desestabilizaba a los sandinistas en Nicaragua. En 1991 fue condenado por delitos menores en relación a la retención ilegal de información al Congreso mientras se investigaba el financiamiento secreto a los contras. Fue condenado a labores de trabajo comunitario y libertad condicional por dos años, pero gozó de la gracia del indulto presidencial en 1992.

Reapareció en 2001 cuando George W. Bush lo nombró Ayudante Especial del Presidente y Director para Democracia, Derechos humanos, y Operaciones Internacionales en el Consejo de Seguridad Nacional. Ese nombramiento generó críticas por sus antecedentes, pero no impidió que asesorara sobre Medio Oriente. Ahora vuelve a escena en un escenario caliente.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Hermetismo y seguridad extrema: Trump NO va a hablar con la prensa después de reunirse con Macri en la Casa Rosada







Máxima seguridad para Donald Trump en Argentina: no hablará con la prensa tras su reunión con Macri
Así lo confirmó el Gobierno en un comunicado. El encuentro será el viernes. Los presidentes firmarán un acuerdo para garantizar inversiones millonarias en energía.

Por NATASHA NIEBIESKIKWIAT (Clarín)

La visita que más ansiedad genera en el Gobierno y que más atrae a los periodistas se reconfirmó este lunes cuando los medios recibieron las coordenadas sobre la reunión bilateral de Donald Trump con Mauricio Macri. Tal como ya anticipado este diario, y el canciller Jorge Faurie informó, será el viernes 30 en la Casa Rosada. Pero la novedad es que no habrá declaraciones a la prensa, y menos aún posibilidad de hacer preguntas como sí ocurrió durante la visita de Barack Obama al país, en marzo de 2016.

​El Gobierno informó este lunes, destacando en parte con letras mayúsculas, que "NO habrá declaración a la prensa", y que "NO HABRÁ INSTANCIAS PARA EL PERIODISMO ORAL Y ESCRITO". De hecho, se espera que la reunión presidencial se produzca a las 7 de la mañana, muy temprano.

Trump llegará entre la noche del jueves 29 y la madrugada del 30, con su mujer, Melania, para participar de la cumbre de líderes del G20 de viernes y sábado próximos. Posiblemente con ellos venga Ivanka, la hija del presidente estadounidense. Y serán de la partida también los secretarios Steven Mnuchin (Tesoro) y Mike Pompeo (Departamento de Estado/canciller).



Los presidentes Mauricio Macri y Donald Trump, en un encuentro internacional.

Aunque van Macri y Trump van a hablar a agenda abierta,Clarín supo que habrá una firma de documentos durante la visita. ​ Una fuente de Presidencia contó que hay a la firmaun memorándum de entendimiento por una suerte de "garantía" por 20.000 millones de dólares para que las empresas estadounidenses inviertan en energías convencionales y alternativas argentinas. Macri tiene en primera fila el yacimiento de Vaca Muerta para ofrecer a los inversores, pero no solamente. Y también, como anticipó en exclusiva Clarín, la agencia estadounidense OPIC va a disponer de un crédito para empresas pymes, y empresas mayores, que quieran invertir en la Argentina. Habrá más acuerdos de seguridad, y otro de educación.

Por razones de seguridad, en la Rosada no se permitirán ni vehículos particulares ni móviles televisivos, y lo único que se verá para la prensa será el habitual saludo oficial en el Salón Blanco, adonde entrarán camarógrafos y fotógrafos que se habían acreditado. Eso durará exactamente dos minutos. Después, se elegirán algunos para un pull de trabajo que podría ser "invitado" a tomar una imagen de la reunión de trabajo Macri-Trump.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Último momento: Desplante a Macri? Trump acorta su visita a la Argentina




Donald Trump acorta su participación en la Cumbre del G20 y es probable que viaje a la asunción de López Obrador

Por Román Lejtman (Infobae)

(Enviado especial a Washington DC) Si no cambia de planes sobre la marcha, Donald Trump llegará el 29 de noviembre a Buenos Aires para formalizar su visita oficial a Mauricio Macri y deliberar en la Cumbre del G20, y el 1° de diciembre a la madrugada volaría hacia el Distrito Federal para participar de la jura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente de México.


Macri aguarda a Trump para un encuentro a solas en Olivos y el líder chino Xi Jinping para una histórica reunión bilateral, pero el presidente de los Estados Unidos siempre modifica su agenda política y hay pocas certezas sobre la actividad oficial que desplegará en la Argentina.


Desde hace días que en Washington se escucha la posibilidad de un viaje relámpago de Trump al DF para participar de la jura de López Obrador. Como la asunción es el 1° de diciembre, Trump debería abandonar las deliberaciones del G20 y cancelar su conclave con Xi Jinping, que enfrenta las posiciones proteccionistas del presidente americano.

La Casa Rosada aún desconoce oficialmente que la Casa Blanca prevé una "visita corta" de Trump y ya ha modificado varias veces su agenda protocolar. Macri creía que Trump llegaba el 29 de noviembre a la tarde, y se aprestaba a concertar una reunión bilateral antes de una cena distendida en la quinta de Olivos. Sin embargo, la agenda extraoficial enviada ayer desde DC asegura que el presidente americano aterriza el 29 a la noche y parte supuestamente al DF en la madrugada del 1° de diciembre.


Si Trump llega el 29 a la noche, no habría cena en Olivos y la cumbre entre Macri y el presidente de los Estados Unidos ocurrirá durante las deliberaciones del G20. El Presidente argentino quiere agradecer en persona a Trump por su apoyo durante la crisis financiera y la negociación con el Fondo Monetario Internacional y tiene intenciones de conversar acerca de la compleja situación política en Venezuela. Macri insistirá respecto a que la Argentina sólo respalda un transición pacífica y democrática en ese país de América Latina y que la elección de Jair Bolsonaro no puede quebrar un statu quo que se apoya en la diplomacia y la cooperación internacional.


Si finalmente Trump cumple con la última agenda oficial que se remitió desde el Departamento de Estado a la Cancillería argentina, las deliberaciones más importantes del G20 ocurrirán en la jornada del 30 de noviembre. Con el presidente de los Estados Unidos abandonando la Argentina en la madrugada del 1°diciembre, ya no tendría sentido continuar la discusión cuando el líder más disruptivo del sistema internacional decidió privilegiar su propia agenda al temario de la cumbre del G20.

Trump no valora a los organismos multilaterales, sostiene que hay que regresar a la época del proteccionismo y está librando una guerra comercial con China que puso en jaque al actual orden global. En este contexto, no sorprende que haya decidido acortar sus horas en Buenos Aires para participar en el G20. Ya lo había hecho durante la cumbre del G7, adonde se trenzó en una ácida discusión política con el premier canadiense Justin Trudeau.


El equipo de transición presidencial de AMLO no descarta que Trump participe de la ceremonia de asunción. Pero se maneja con cautela, ante la ausencia de una confirmación oficial de la Casa Blanca. En idéntica situación se encuentra el protocolo de la Casa Rosada. Macri sabe que Trump aterriza el 29 de noviembre y que debería decolar el 1 de diciembre, tras su reunión histórica con Xi, destinada a negociar una salida diplomática a la guerra comercial que enfrenta a los Estados Unidos con China.

No debería sorprender que Trump cancele su último día en la cumbre del G20. El presidente relativiza la diplomacia multilateral y solo protege sus intereses en política doméstica. Trump ya piensa en su relección y el G20 le aporta muy poco para su ambición de quedarse hasta el 2024 en la Casa Blanca.

lunes, 29 de octubre de 2018

Trump, Bolsonaro y Macri. Un trío explosivo

La agenda internacional de Bolsonaro pondrá en jaque a la estrategia geopolítica de Macri

El presidente electo del Brasil ya no quiere implosionar al Mercosur, pero tampoco aceptará que su hoja de ruta se adecue al ritmo de la cancillería argentina
Jair Bolsonaro, nuevo presidente de Brasil (AFP)
Jair Bolsonaro, nuevo presidente de Brasil (AFP)
Mauricio Macri construyó prestigio político global y liderazgo regional por su discurso antagónico al populismo, su crítica diplomática al régimen de Nicolás Maduro, su proyecto económico de apertura al mundo, la profunda crisis de Brasil y su relación personal con Donald Trump. Con estas herramientas de poderoso peso geopolítico, el presidente argentino obtuvo dos créditos del Fondo Monetario Internacional (FMI), una relación privilegiada con la Casa Blanca, la organización de la Cumbre del G20 y de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y lideró la ofensiva institucional contra Maduro y las negociaciones para lograr un acuerdo bilateral entre el Mercosur y la Unión Europea (UE).
Pero esa agenda a la medida de Macri será puesta en jaque por Jair Bolsonaro, el presidente electo del Brasil que buscará recuperar la influencia regional del país más importante del Cono Sur. Bolsonaro apuesta a reconstruir la economía brasileña y compartir –en principio- el liderazgo de Macri en el Mercosur, que estaba beneficiado por la debilidad política e institucional de Michel Temer. El presidente electo del Brasil ya no quiere implosionar al Mercosur, pero tampoco aceptará que su hoja de ruta se adecue al ritmo de la cancillería argentina.
Durante las negociaciones con la Unión Europea, que otra vez están en un complejo laberinto técnico, Macri diseñaba la estrategia política en Buenos Aires y Temer la convalidaba en Brasilia. Había mucha presión de la línea técnica de Itamaraty para ajustar las constantes ofertas que llegaban desde Bruselas, en defensa de su producción local y de los intereses económicos que se concentran en San Pablo. Sin embargo, al margen de esa puja por lo propio, Brasil siempre aceptó que Macri fijara la estrategia política de negociación.
Bolsonaro ganó las elecciones con un discurso cuasi imperial, que planteó la necesidad de rescatar la influencia internacional de Brasil. En este contexto, el sucesor de Temer recuperará los espacios perdidos y disputará con Macri cómo se debe negociar con la Unión Europea, que prefiere la mirada ideológica del presidente argentino que la perspectiva nacionalista de Bolsonaro. Macri y Temer desean cerrar un acuerdo político con la UE antes que concluya la cumbre del G20 en Buenos Aires, un objetivo diplomático de difícil factura ante la reticencia de Bruselas y el temor de una reacción en contrario del presidente electo brasileño.
El liderazgo regional de Macri también se observa en la posición que defiende el Grupo Lima sobre la crisis social y política de Venezuela. Este importante bloque regional sostiene que la crisis de Venezuela solo se debe resolver a través de elecciones libres y una corta transición democrática sin impunidad para Maduro y su gobierno acusado de narcotráfico, lavado de dinero y corrupción estatal. Trump acepta a regañadientes esta posición diplomática y ya ha tanteado a ciertos militares venezolanos para desplegar una eventual invasión que termine por la fuerza con el régimen de Maduro.
Bolsonaro aún no fijó posición pública respecto al Grupo Lima y su hoja de ruta frente al gobierno de Maduro, pero ha señalado que "los venezolanos están muriendo de hambre debido a un gobierno tiránico vinculado con la dictadura cubana". Esta línea argumental repite la de Trump, que busca distintas alternativas –no solo la democrática—para terminar con Maduro como presidente de Venezuela.
Donald Trump (REUTERS/Carlo Allegri)
Donald Trump (REUTERS/Carlo Allegri)
Brasil y Estados Unidos tienen históricos acuerdos regionales y fuertes diferencias geopolíticas. China integra el BRICS junto a Brasil, y avanza en la región traccionada por sus fondos frescos a tasas ultralivianas. Trump intenta frenar la ofensiva china y siempre chocó con la resistencia de Brasil, que buscaba un balance de poder en el Cono Sur y empujar –a través del BRICS– una agenda multilateral con alcance global.
Bolsonaro coincide con Trump y pondrá en tensión a los BRICS, que perdió su influencia y su peso específico. Macri fue a la última cumbre de los BRICS para buscar un punto de coincidencias con el Mercosur, que sufrirá la tensión causada por un presidente del Brasil que está buscando su lugar en el mundo. Hay en ciernes un efecto dominó, con final abierto.
La ambición de poder local, regional y global de Bolsonaro complicará la agenda internacional de Macri, que se apalancaba sobre sus éxitos en la arena mundial y la debilidad institucional de Brasil. El presidente argentino ahora se encuentra ante un complejo desafío de estado: preservar sus propios espacios de poder en el Mercosur, en el mundo y con Trump, y a su vez coordinar acciones con el presidente Bolsonaro, que sueña con un imperio apoyado por un ejército nacionalista, un establishment económico liberal y la iglesia evangélica.
No será una tarea fácil para Macri, que busca su reelección presidencial. Una debilidad coyuntural del presidente argentino que Bolsonaro aprovechará al máximo cuando empiece a frecuentar a los líderes mundiales. El presidente brasileño es militar y paracaidista. Está acostumbrado a caer parado en todos lados.

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Elecciones en Brasil

Donald Trump quiere una estrecha cooperación con Jair Bolsonaro en comercio y defensa

Donald Trump señala a los medios, durante un acto electoral en Charlotte, Carolina del Norte./ AP

"Muy buena conversación", así calificó Donald Trump este lunes el diálogo que mantuvo la noche anterior con el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, al que llamó para felicitarlo por su victoria en la segunda y definitiva vuelta de los comicios presidenciales.
Trump, con quien es comparado Bolsonaro por su discurso nacionalista y su populismo, aseguró en Twitter que ambos acordaron trabajar "estrechamente" en materia de comercio y defensa.
"Tuve una muy buena conversación con el nuevo presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, quien ganó la carrera con un margen sustancial", escribió Trump en la red social este lunes por la mañana.
"¡Acordamos que Brasil y Estados Unidos trabajarán estrechamente en comercio, defensa y todo lo demás! Excelente conversación telefónica, ¡lo felicité!", añadió el mandatario.


Fue Bolsonaro la noche electoral el primero en informar de la llamada de Trump, que calificó de "contacto bastante amigable".
Después, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, confirmó la conversación a través de un comunicado en Washington. "Ambos expresaron el fuerte compromiso de trabajar lado a lado para mejorar la vida de los pueblos de Estados Unidos y Brasil y como líderes regionales de las Américas", manifestó.
La elección de Bolsonaro en Brasil abre una nueva era de las relaciones del gigante sudamericano con el país del norte.
El ultraderechista Bolsonaro se impuso el domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente al izquierdista Fernando Haddad con más del 55 por ciento de los votos. Asumirá la presidencia el próximo 1° de enero, 19 días antes de que Trump cumpla dos años en la Casa Blanca.

EE.UU., un socio más cercano

Estados Unidos será "un socio más cercano a Brasil durante el gobierno" de Bolsonaro, aseguró Steve Bannon, ex asesor de Donald Trump, que dio la bienvenida al brasileño al club de dirigentes nacionalistas y conservadores llegados al poder en los últimos años.
En una entrevista publicada este lunes por el diario Folha de Sao Paulo, Bannon aseguró que "Estados Unidos será un socio más cercano a Brasil durante el gobierno de Bolsonaro, porque en una parte del mundo donde hay socialismo radical y caos en Venezuela, y crisis económica, con el FMI mandando en Argentina, Bolsonaro representa el camino del capitalismo esclarecido y será un líder populista nacionalista".
El ex estratega de comunicación de Trump también resaltó los parecidos entre el mandatario estadounidense y el recién electo líder brasileño, tanto de fondo como de forma.
Según Bannon, hay "muchas semejanzas" entre Trump, Bolsonaro y otros líderes "populistas y nacionalistas" de derecha, como Viktor Orban, primer ministro húngaro; Matteo Salvini, ministro de Interior de Italia; o Nigel Farage, líder pro Brexit en Reino Unido.
"Veo tres puntos en común entre esos líderes: en situaciones muy confusas, consiguen identificar cuáles son los principales problemas y articular soluciones. Por ser auténticos, consiguen conectarse con la masa, particularmente con la clase trabajadora y la clase media, de manera muy visceral. Y, en tercer lugar, tienen carisma", enumeró.
En cuanto a Trump y Bolsonaro, destacó que ambos emplean la estrategia de hacer "declaraciones provocativas para llamar la atención" y "conseguir ser escuchados en medio del barullo". "Ambos son especialistas en conectarse con las masas", dijo.
Fuente: AFP y EFE
 
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lunes, 22 de octubre de 2018

Miércoles 24: movilización contra el presupuesto de Macri y el FMI


LLAMAMOS A MOVILIZAR EL 24 DE OCTUBRE CONTRA EL PRESUPUESTO MACRI-FMI


¡Basta de Ajuste, Deuda y Saqueo! ¡Fuera G20-FMI!
El ajuste decidido por el gobierno de Macri y respaldado por el FMI, el G20 y los grandes especuladores, cobra cada día más víctimas. Aumenta el hambre, la pobreza, la explotación y la depredación, al ritmo de los recortes y despidos, el tarifazo, la inflación y el derrumbe de la infraestructura social educativa, sanitaria, previsional y cultural. Para revertir estas políticas tenemos que apoyar y trabajar por la unidad de las luchas de todo nuestro pueblo; construir una repuesta unitaria que abarque la mayor amplitud y organización popular de nuestro país.
El gobierno de Macri busca a través de los gobernadores y un importante sector de la oposición política, el “consenso” político y social necesario para aprobar en la próxima sanción del Presupuesto 2019 y las reformas laboral y previsional, un plan de gobierno que ajuste nuestra economía, en especial al pueblo trabajador y empobrecido, a las exigencias del Fondo y del G20. Al servicio de imponer esta política, aumenta la capacidad represiva y busca crear enemigos internos para sembrar el miedo.
Ante esta situación se multiplican a diario las luchas que enfrentan los conflictos sociales y laborales, logrando un punto muy alto en el paro general del 24 y 25 de setiembre pasado.  Por lo que el gobierno, junto a las corporaciones mediáticas, busca desviar la atención popular del brutal ajuste en curso. Intenta, además, diluir sus responsabilidades en la crisis actual culpando a otros, sin señalar que este gobierno ha aumentado gravemente la vulnerabilidad del país a las presiones del capital financiero con sus políticas de hiper-endeudamiento y liberalización comercial y financiera.
¡YA BASTA! Llamamos a las y los trabajadores, al pueblo argentino todo y sus organizaciones, a movilizarse el 24 de octubre contra el proyecto Macri-FMI de Presupuesto 2019, por el fin del acuerdo con el FMI y el no pago de la Deuda fraudulenta.
Gremios y centrales como ATE, Bancarios, CTA, CTA-A, CTERA, CICOP, entre otros, convocan además a parar frente al proyecto de presupuesto. Llamamos al pueblo trabajador, a sus centrales sindicales, organizaciones sociales, de las mujeres y defensores de los derechos de género, de los pueblos originarios, a la juventud, al campesinado, a unirnos en un plan de lucha de medidas crecientes de paros, movilizaciones y distintas acciones hasta derrotar este saqueo.
Hay que impedir que se apruebe un presupuesto que recorta más de 500.000 millones de pesos del gasto público social, mientras duplica el pago de intereses sobre una deuda fraudulenta y aumenta lo destinado a la represión. Es lo que exige el FMI para favorecer a las grandes corporaciones transnacionales del G20 en obtener superganancias. En este mismo contexto, reclamamos la libertad de Daniel Ruiz, preso del G20, y el cese en la criminalización de la protesta social.
Los pueblos y la naturaleza somos los únicos acreedores. Tenemos derechos a empleos, salarios y una jubilación dignos, al control sobre nuestros cuerpos, territorios y bienes comunes, a servicios esenciales como el agua, la energía, el transporte, la educación, la salud, a un ambiente sano, a la información, la ciencia y la cultura. Es obligación prioritaria del gobierno garantizar estos derechos y nuestra soberanía, no el afán de lucro de una pequeña minoría. El problema no somos el pueblo empobrecido sino los ricos insaciables.
Llamamos a unirnos en rechazo a estas recetas de miseria y de muerte que son las mismas que impulsan el G20. Este grupo de países que busca en la presidencia de Mauricio Macri, y la venida a Buenos Aires de sus líderes como Trump, Merkel y XI Li Ping, y los organismos como el FMI, el Banco Mundial, el BID y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, acuerdos para profundizar la dependencia. Su único norte es el dominio de los monopolios transnacionales, la explotación de los pueblos y sus bienes comunes, la especulación financiera y la deuda, el extractivismo, la mercantilización y la privatización de todo. Por eso llamamos a movilizarnos masiva y unitariamente el 30 de noviembre, contra la presencia del G20 -FMI.
Otros caminos son urgentes y posibles. Lo sabemos por la multiplicación de las resistencias de la clase trabajadora y los pueblos oprimidos del mundo, contra los grandes capitales locales e imperialistas y contra los gobiernos que aplican sus planes.  Unámonos en un rechazo común a las políticas hambreadoras, depredadoras y coloniales del FMI y el G20 en asociación con los poderes locales, y al pago de una Deuda que los pueblos no debemos porque nunca nos benefició. ¡No al Ajuste Macri-FMI en el Presupuesto 2019! ¡No al pago de la Deuda fraudulenta! ¡Fuera G20-FMI! ¡Unidos y unidas venceremos!
-Buenos Aires, 22 de octubre de 2018
CONFLUENCIA FUERA G20-FMI
logo confluencia final

martes, 2 de octubre de 2018

"Macri, Trump, Lagarde y el retorno a las relaciones carnales"





Por Leandro Morgenfeld*
BAE

El Gobierno espera utilizar el G20 como vidriera de “reinserción en el mundo”

La historia del vínculo entre Argentina y Estados Unidos muestra algunas constantes tensiones. Salvando períodos particulares (presidencias de Guido, Onganía, Menem, De la Rúa y Macri) en general la relación entre Buenos Aires y Washington fue distante o conflictiva. Sin embargo, excepto en algunas circunstancias históricas acotadas (momentos de los gobiernos de Yrigoyen, Perón, Illia, Alfonsín o los Kirchner, por ejemplo), la oposición a Estados Unidos no se vinculaba a políticas autonomistas, nacionalistas ni mucho menos anti-imperialistas, sino más bien con una alianza (subordinada) entre las clases dirigentes locales y distintas potencias extra-continentales.

La principal constante de la relación entre Washington y Buenos Aires es la competencia por la colocación de la producción primaria. Uno de los factores económicos clave para entender los conflictos con Estados Unidos tiene que ver con las dificultades de las exportaciones de bienes agropecuarios argentinos para ingresar en el mercado estadounidense, primero por barreras aduaneras y luego por distintas formas de proteccionismo no arancelario (subsidios, barreras fito-sanitarias o disposiciones vinculadas con la seguridad nacional). Infructuosamente, la diplomacia argentina realizó múltiples gestiones para destrabar las exportaciones hacia el país del norte, resistidas por el bloque agrícola estadounidense, con inmensa capacidad de lobby tanto en el Congreso como en la Casa Blanca. Las lanas a fines del siglo XIX, las carnes desde los años veinte o los cítricos, el biodiesel, el acero y el aluminio, en la actualidad, enfrentaron el particular proteccionismo estadounidense.

El Departamento de Estado, por su parte, utilizó las expectativas de los exportadores argentinos, y de otros países del continente, para evitar que los gobiernos del sur desarrollaran una política de confrontación, autonomía y/o de mayor independencia frente a la potencia del norte. En la década del treinta, en la de sesenta o incluso en los últimos veinte años, esta cuestión operó como un factor disciplinador que morigeró los planteos más anti-estadounidenses en la región. Una constante de los distintos gobiernos argentinos, incluso de aquellos que esbozaban una retórica nacionalista y que enfatizaban la necesidad de desplegar una política exterior más autónoma, fue soslayar las posturas antiimperialistas, a las que se suele tildar, despectivamente, de aislacionistas. Así, en general, fueron abandonadas las confrontaciones con la potencia del norte, en función de las negociaciones y las expectativas de colocar mayores exportaciones en ese codiciado mercado, conseguir insumos estratégicos, comprar equipamiento militar o bien facilitar la llegada de inversiones y generar confianza en el sistema financiero, para poder tomar deuda.

En los noventa, tras el fin de la guerra fría, primaron las relaciones carnales, con una inédita subordinación a Washington, que se frenó a principios del siglo XXI, fundamentalmente luego del histórico "No al ALCA" en la Cumbre de Mar del Plata de 2005.

Luego de múltiples tensiones durante los gobiernos kirchneristas, cuando asumió Macri puso en marcha una política exterior orientada a lo que llamó "volver al mundo", para ampliar las exportaciones, atraer inversiones y facilitar el crédito internacional. Como parte de su estrategia de alineamiento con Estados Unidos y las potencias europeas, propuso a la Argentina como sede de la XI Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en diciembre de 2017 y también de la Cumbre Presidencial del G20. El 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2018, Trump, Xi Jinping, Merkel, Macron, Putin y los demás líderes de ese selecto grupo se reunirán en Buenos Aires en un contexto internacional, regional y local complejo e incierto. La crisis de la Cumbre Presidencial del G7 realizada en junio en Canadá, más el recalentamiento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las tensiones en Medio Oriente por el unilateral reconocimiento estadounidense de Jerusalén como la capital de Israel, el estancamiento de la OMC, la emergencia de nuevos liderazgos como en el López Obrador en México, la impredecible situación política en Brasil y el impacto negativo de la crisis económica y social en la Argentina, con el consecuente creciente deterioro de la imagen del gobierno de Macri, auguran un escenario potencialmente explosivo, totalmente distinto al que vislumbró cuando propuso a la Argentina como sede de la primera cumbre presidencial del G20 en América del Sur, imaginando que sería la vidriera perfecta para proyectarse como un nuevo líder regional.

El reciente viaje de Macri a New York, donde participó en un agasajo con Donald Trump e invitó a los argentinos a "enamorarnos" de Christine Lagarde, es un explicitación del nuevo vínculo subordinado con Washington, con notables paralelismos al que supieron cultivar Menem y Di Tella en los años noventa, cuando la Argentina era el alumno dilecto del Fondo y un aliado clave de Estados Unidos en el Cono Sur.

Más allá de las intenciones de la Casa Rosada, que espera en dos meses utilizar la Cumbre del G20 como vidriera para mostrar la "reinserción de la Argentina al mundo", en paralelo ya se está organizando una gran movilización en Buenos Aires para repudiar a Trump y al FMI y para mostrarle a Macri que el pueblo argentino no está dispuesto a volver nunca más a las relaciones carnales con Estados Unidos.

* Profesor UBA. Investigador Adjunto del CONICET. Autor de Bienvenido Mr. President. De Roosevelt a Trump: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina (Ed. Octubre, 2018), co-editor de Estados Unidos contra el mundo. Trump y la nueva geopolítica (CLACSO, 2018) y del sitio www.vecinosenconflicto.com