Este número del Boletín de la BCN propone reflexionar sobre
qué nuevos paradigmas políticos son posibles para repensar los procesos
políticos contemporáneos. En un momento tan particular que pone en
cuestión viejas certezas sobre el rol del Estado, la región, la
economía, la legitimidad, etc., redefinir las mismas, pensar una nueva
utopía democrática, pareciera ser una tarea imprescindible.
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lunes, 3 de agosto de 2020
"Los desafíos en la relación entre Argentina y Estados Unidos". Por Leandro Morgenfeld
miércoles, 15 de abril de 2020
Las resistencias a las “relaciones carnales” con Estados Unidos (1990-2015)
Las resistencias a las “relaciones carnales” con Estados Unidos (1990-2015)
Leandro Morgenfeld
Revista e-l@atina
Vol. 18, Núm. 71 (2020), pp. 1-19, ABRIL-JUNIO
Resumen
Desde que asumió, en 1989, Menem planteó un giro en el vínculo
con Estados Unidos, priorizando las “relaciones carnales”, denominación
que se popularizó a partir de una frase del canciller Guido Di Tella.
Si bien logró un cierto consenso en esa política exterior más alineada
con Washington, la misma tuvo sus detractores internos. En este artículo
se analizan las resistencias a esa orientación en tres momentos claves:
las expresiones de rechazo a las visitas de Bush (1990) y Clinton
(1997) y las movilizaciones contra la invasión a Irak (2003) y las
acciones contra Bush Jr. y el ALCA (2005). En ese período de 15 años, en
el que se produjo el inicio, auge y declive de ese estrecho
alineamiento con la principal potencia, fueron importantes las
expresiones de resistencia, que en general se soslayan o minimizan en
los estudios de la historia de la política exterior argentina.
- leé el artículo completo acá -
jueves, 7 de noviembre de 2019
Las rebeliones populares en Nuestra América
Entrevista de Ramón Indart a Leandro Morgenfeld, en Radio con Vos, 3 de noviembre de 2019
Escuchá acá: http://vocacionxperiodismo.com.ar/2019/11/que-es-el-grupo-de-puebla-y-el-grupo-de-lima/
lunes, 7 de octubre de 2019
Entrevista a Leandro Morgenfeld en Telesur sobre la relación con Estados Unidos
La política exterior de Macri y su subordinación a EE.UU.
En Profundidad
Telesur, 7 octubre 2019
Mauricio Macri y Donald Trump en la reunión del G-20 en Argentina. Diciembre de 2018.
Desde su llegada al poder, Mauricio Macri impulsó una política de alineamiento a Estados Unidos con el objetivo de incrementar las exportaciones, obtener créditos a tasas bajas y recibir una lluvia de inversiones. Nada de eso sucedió.
Con el argumento de que Argentina estaba desconectada del mundo, desde su campaña presidencial en 2015, Mauricio Macri sostuvo que había que recuperar las alianzas tradicionales con Estados Unidos y las potencias europeas. Abandonó desde el inicio de su mandato la política que impulsaron los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que se caracterizó por la integración regional, las relaciones multipolares y la autonomía.
Macri logró en marzo de 2016 que Barack Obama visitara el país, después de 11 años de que ningún presidente de Estados Unidos lo hiciera tras el “No al Alca” y el repudio a George Bush en la ciudad de Mar del Plata en 2005. “Tuvo una muy buena relación durante el gobierno de Obama y apostaba a continuar esa relación con Hillary Clinton, insertar a la Argentina en los tratados de libre comercio que impulsaba en ese entonces Estados Unidos, pagarle a los fondos buitre como lo hizo en 2016, pero cuando ganó Donald Trump tuvo que rearmar otra relación”, explicó en diálogo con TeleSUR Leandro Morgenfeld, historiador, investigador del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Durante la campaña presidencial, en agosto de 2016, Macri explícitamente apoyó la candidatura de Clinton y aseguró que Donald Trump “levanta muros”. Pero después de la victoria del republicano, según el investigador, “Macri mantuvo el vínculo, trató de mostrarse como socio privilegiado de Estados Unidos en América del Sur y de hecho lo fue".
Macri insertó a Argentina en el Foro Económico de Davos, cuando el Presidente no participaba desde hacía la menos 13 años; ofreció a la Argentina como sede de la reunión ministerial anual de la Organización Mundial de Comercio, que fue la primera vez que se hizo en Suramérica; ofreció a la Argentina como sede de la reunión de jefes y jefas de gobierno del G-20 el año pasado; organizó el mini Davos en la Argentina; recibió a Trump. El único país de América Latina y el Caribe que visitó Trump en casi tres años de gobierno fue la Argentina. Es decir, alineó toda la política exterior con la de Estados Unidos, reeditando lo que fueron las relaciones carnales entre Estados Unidos y Argentina en los años 90 con Menem”.
Argentina le dio la espalda a la región. En enero de 2016, después de regresar de un viaje al Foro Económico de Davos, anunció que no viajaría a la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), aunque adujo problemas de salud. Durante ese año, junto a Michel Temer —que asumió la presidencia de Brasil después del impeachment a Dilma Rousseff— y el mandatario paraguayo, Horacio Cartés, impulsaron la expulsión de Venezuela del Mercosur. Desde su llegada a la Presidencia tampoco habilitó las partidas presupuestarias para los legisladores del Parlasur.
En 2019, Macri eliminó por decreto la elección de legisladores del Mercosur a pesar que temas tributarios, penales y electorales no se pueden modificar por esa vía sino que tienen que ser tratados en el Congreso de la Nación. En abril de 2019, después de 11 años, retiró a la Argentina de la UNASUR, organismo que intervino para repudiar el intento de golpe en Ecuador y durante el conflicto entre Colombia y Venezuela en 2010. En un comunicado, la Cancillería Argentina aseguró que la agenda tenía un “alto contenido ideológico”.
Morgenfeld señaló que al expulsar a Venezuela, Macri “hirió de muerte al Mercosur. Y ahora lo quiere transformar en una estructura más flexible, que implicaría romper la unión aduanera. Quiere eliminar la posibilidad que sólo se puedan firmar acuerdos de libre comercio o económicos si todos los países miembro están de acuerdo”.
“Hay un claro ninguneo de cualquier política latinoamericana, salvo que sea la que está alineada con Estados Unidos: el Grupo de Lima, la Alianza del Pacífico, la organización Prosur que acaban de lanzar Sebastián Piñera e Iván Duque y ahí si va el gobierno de Macri porque son las puntas de lanza contra Venezuela”, sostuvo Morgenfeld. Y agregó: “Hay un ninguneo prácticamente absoluto a cualquier perspectiva de integración autónoma latinoamericana”.
Macri también buscó un alineamiento con Estados Unidos en lo referente a Seguridad y Defensa. En octubre de 2016, en un documento del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el organismo advirtió: “El gobierno nacional ha retomado la cooperación para la defensa con los Estados Unidos con el objetivo de “afianzar las relaciones” que se encontraban congeladas desde febrero de 2011, cuando la Argentina incautó material de inteligencia no declarado en un avión militar norteamericano. Desde el 10 de diciembre, al menos 35 funcionarios de alto nivel de ese país visitaron la Argentina, la mayor parte de ellos se reunió con sus pares del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Seguridad”. Funcionarios del gobierno también mantuvieron reuniones con la subsecretaria adjunta de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental, Rebecca Chávez.
En junio de 2016 visitó el país el almirante Kurt W. Tidd, comandante del Comando Sur de ese país. “Tidd es un férreo impulsor de la intervención de los militares en la seguridad interna y su presencia revela la dimensión estratégica que posee a nivel regional el debilitamiento del principio de demarcación. En efecto, el Comando Sur es la agencia responsable de difundir en América Latina la doctrina de las “nuevas amenazas”. Aunque en Estados Unidos existen impedimentos legales a la participación de los militares en la seguridad interna, su política hacia la región propone lo contrario”, sostuvo el CELS. El Ministerio de Seguridad firmó diversos acuerdos con Estados Unidos.
En junio de este año, el jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, se reunió con el ministro Oscar Aguad y la cúpula de Defensa. Faller ofreció el envío de aviones y vehículos blindados de Estados Unidos para las Fuerzas Armadas, y planteó de la preocupación de Washington sobre la situación de Venezuela y el avance de China en la región.
Morgenfeld explicó: “Se produjo una creciente penetración de las fuerzas armadas, de los organismos de inteligencia de Estados Unidos en Argentina de múltiples formas. Utilizan la excusa del combate al terrorismo para apalancar, para apoyar los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, no solo atacar a Venezuela sino boicotear cualquier acuerdo multilateral negociado con Irán. En el orden de Seguridad y Defensa hay una clara sesión de soberanía por parte de Argentina y de alineamiento con Estados Unidos”.
El sometimiento a Estados Unidos no trajo réditos económicos para el país. “La política exterior de Macri nos iba a reinsertar en el mundo: iba a traer inversión extranjera, Argentina iba a poder tomar crédito a tasas bajas y, sobre todo, se iba a transformar en el supermercado del mundo, iba a ampliar las exportaciones. En las tres cosas, en los términos de los objetivos de Macri, la política fue un fracaso total. La lluvia de inversiones nunca llegó, más bien fue una enorme sequía; Argentina tuvo un acceso al crédito en términos de los intereses de los acreedores extranjeros. Gastamos unos 15.000 millones de dólares en pagarle todo lo que exigían los fondos buitres, desfinanciando a la Argentina. El gobierno de Macri se endeudó a lo loco a tasas muy altas hasta el momento en el que estalló la corrida de 2018, no tuvo más acceso al crédito privado y tuvo que recurrir al megasalvataje del FMI, el más grande de la historia de cualquier país del mundo por 57.000 millones de dólares. Es decir, se megaendeudó en 160.000 millones de dólares sin que eso se viera en obras de infraestructura, en crecimiento económico ni en ningún indicador económico social positivo”.
En lo que refiere al intercambio comercial, un informe editado por el Grupo de Trabajo Integración y Unidad Latinoamericana del Consejo Latinoamericano en Ciencias Sociales (CLACSO), Julián Kan señaló: “Si bien hubo un incremento de las exportaciones argentinas a Estados Unidos durante 2016, quizás como premio por el acercamiento, continuaron las disputas comerciales habituales, por ejemplo los limones. Con Trump se prohibió el ingreso de limones que un año después fue destrabado. No obstante, no tiene un impacto significativo para el comercio argentino ya que implica entre 30 y 50 millones de dólares. Por el contrario, sí hay incidencias en la exportación de Biodiesel que implican comercio por 1.200 millones de dólares y donde hubo trabas de parte Washington. También se lanzaron amenazas de aranceles en acero y aluminio, pero las negociaciones lograron frenarlo, a cambio de concesiones en importaciones de cerdo de Estados Unidos. Se logró la vuelta de la exportación de carnes argentinas pero ésta se venía ordenando desde hace años mediante un reclamo ganado en la OMC por el gobierno anterior”.
“El comercio exterior profundizó el déficit de la balanza comercial. La suba de las exportaciones (objetivo de la nueva etapa) entre 2016 y fines de 2018 fue escasa, si se tiene en cuenta la devaluación y la quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias. Hubo una suba de las importaciones (productos industriales, autopartes y vehículos, bienes de capital y combustible), producto de la baja de aranceles y la quita de licencias no automáticas. El déficit de la balanza comercial es notable. En todo el período 2016 tuvo algo de superávit, 2.124 millones de dólares, mientras que 2017 tuvo déficit de 8.471 millones de dólares y 2018 de 3.800 millones de dólares. Recién en septiembre de 2018 hubo superávit luego de 20 meses, producto de la devaluación de agosto que trajo una fuerte caída de las importaciones, no obstante la tendencia al déficit continúa. Los intercambios comerciales interanuales comparados entre 2017 y 2018 señalan la crisis del comercio exterior argentino: en septiembre un 13 por ciento inferior, en octubre un 9,5 por ciento inferior, en noviembre un 10 por ciento inferior, en diciembre un 7,5 por ciento inferior, manteniendo los principales destinos de las exportaciones se mantuvieron sin grandes alteraciones”, escribió Kan.
En definitiva, Argentina abandonó por completo la política de integración regional por una de alineamiento con Estados Unidos que sólo llevó a una pérdida de soberanía en distintos ámbitos sin ningún tipo de beneficio para el país.
lunes, 23 de septiembre de 2019
La despedida de una política exterior fallida
Opinión
La despedida de una política exterior fallida
La despedida de una política exterior fallida
Por Leandro Morgenfeld (Página/12)

Mauricio Macri viaja a New York para participar en la Asamblea General de la ONU y mantener algunas reuniones bilaterales de alto impacto, con Donald Trump y Xi Jinping, con un triple objetivo: fortalecerse para disipar los fantasmas de entrega anticipada de la presidencia, aceitar las negociaciones con el FMI ante las reticencias a aprobar el desembolso de 5.400 millones de dólares y lograr algo de oxígeno político, de cara a las cada vez más complicadas elecciones de octubre. Sin embargo, la táctica de intentar compensar los magros resultados económicos internos con el supuesto liderazgo internacional de Macri ya no surtirá el efecto de antaño.
En su gira de tres días, Macri procurará alejarse de los sinsabores políticos, económicos y sociales que cada día le depara la Argentina, y mostrarse como un líder mundial, que busca inversiones y se reúne con mandatarios que lo elogian. La foto con Trump sería su mayor logro.
La política exterior de Cambiemos, contra todo lo que pretendió mostrar el marketing de la Casa Rosada con la remanida consigna de “volvimos al mundo”, evidencia una serie de fracasos, incluso en sus objetivos explícitos. Macri no logró aumentar las exportaciones (no nos transformamos en el “supermercado del mundo”) ni atraer capitales que no fueran meramente especulativos (la “lluvia de inversiones” fue más bien una larga sequía). Tras pagar lo que demandaban fondos buitres en 2016, hubo una escalada de endeudamiento, hasta que la corrida de 2018 obligó a recurrir al Fondo, que otorgó el mayor préstamo de toda de historia. Fue el primer presidente en defaultear su propia deuda. Teniendo en cuenta los vencimientos de los próximos cuatro años y las serias dificultades para renegociarla, tras los más de 180 mil millones tomados en los últimos tres años, el futuro argentino parece bastante negro.
Macri fue además funcional a la estrategia política de la Casa Blanca de fragmentar lo más posible a la región, ninguneando a la Celac –nunca participó en sus cumbres de mandatarios-, destruyendo la Unasur –Argentina se retiró cuando Bolivia asumió la presidencia pro témpore- y transformando al Mercosur en una mera plataforma para la apertura comercial –cuyo máximo “logro”, el recientemente anunciado Acuerdo con la Unión Europea, tampoco prosperará, luego del voto negativo de esta semana en el parlamento austríaco-.
Macri avaló la política de Trump de asediar a Venezuela –votó la semana pasada activar el TIAR contra Caracas-, reforzó iniciativas alineadas con Washington –como el Grupo de Lima o la Prosur- y fue funcional al reposicionamiento de la OEA como el foro privilegiado, en detrimento de las instancias latinoamericanas.
En las Naciones Unidas, Argentina profundizó el alineamiento con Estados Unidos. En 2016, el gobierno de Macri coincidió el 52% de las votaciones con el de Obama, similar a Chile y a Brasil (56%). Ya en 2017, cuando Jorge Faurie reemplazó a Susana Malcorra en cancillería, el 59% de las veces se alineó con Trump, a diferencia de Santiago y Brasilia, que cayeron al 44%. Más alineados con Washington que nuestros vecinos.
A pesar de sus deseos, la aparición de Macri en la vidriera de la ONU –tercera vez que asiste, ya en 2017 lo reemplazó la vice Gabriela Michetti- y las fotos junto a líderes mundiales no le granjearán apoyo interno. Incluso puede recibir críticas, tras el rechazo de la ONU, la semana pasada, a la reforma migratoria que Macri impulsó por decreto en enero de 2017, señalando que “no cumple con los requisitos básicos de la Convención de Ginebra”.
Leer más Comenzó la Cumbre para el cambio Climático en la ONU | Entre los líderes mundiales no estará presente Donald Trump
Macri no va a plantear la necesidad una salida pacífica a la crisis venezolana, que respete los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos, sino que se alineará con Estados Unidos en la reunión de cancilleres de países del TIAR que se reunirá en New York, funcional a la estrategia de asfixiar a Caracas, boicoteando las negociaciones entre el chavismo y parte de la oposición. Tampoco denunciará el desastre ambiental en el Amazonas, para proteger a su socio Bolsonaro, ni la crisis humanitaria que sufren los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, acosados por Trump. Insistirá con endurecer las sanciones contra Irán, en línea con los halcones de Washington.
En síntesis, volverá al libreto ya desplegado en sus anteriores intervenciones en las Asambleas de 2016 y 2018, aunque ya en el mundo lo perciban como un mandatario saliente, que apenas está tratando de sobrevivir políticamente para completar su mandato.
* UBA-Conicet.

Mauricio Macri viaja a New York para participar en la Asamblea General de la ONU y mantener algunas reuniones bilaterales de alto impacto, con Donald Trump y Xi Jinping, con un triple objetivo: fortalecerse para disipar los fantasmas de entrega anticipada de la presidencia, aceitar las negociaciones con el FMI ante las reticencias a aprobar el desembolso de 5.400 millones de dólares y lograr algo de oxígeno político, de cara a las cada vez más complicadas elecciones de octubre. Sin embargo, la táctica de intentar compensar los magros resultados económicos internos con el supuesto liderazgo internacional de Macri ya no surtirá el efecto de antaño.
En su gira de tres días, Macri procurará alejarse de los sinsabores políticos, económicos y sociales que cada día le depara la Argentina, y mostrarse como un líder mundial, que busca inversiones y se reúne con mandatarios que lo elogian. La foto con Trump sería su mayor logro.
La política exterior de Cambiemos, contra todo lo que pretendió mostrar el marketing de la Casa Rosada con la remanida consigna de “volvimos al mundo”, evidencia una serie de fracasos, incluso en sus objetivos explícitos. Macri no logró aumentar las exportaciones (no nos transformamos en el “supermercado del mundo”) ni atraer capitales que no fueran meramente especulativos (la “lluvia de inversiones” fue más bien una larga sequía). Tras pagar lo que demandaban fondos buitres en 2016, hubo una escalada de endeudamiento, hasta que la corrida de 2018 obligó a recurrir al Fondo, que otorgó el mayor préstamo de toda de historia. Fue el primer presidente en defaultear su propia deuda. Teniendo en cuenta los vencimientos de los próximos cuatro años y las serias dificultades para renegociarla, tras los más de 180 mil millones tomados en los últimos tres años, el futuro argentino parece bastante negro.
Macri fue además funcional a la estrategia política de la Casa Blanca de fragmentar lo más posible a la región, ninguneando a la Celac –nunca participó en sus cumbres de mandatarios-, destruyendo la Unasur –Argentina se retiró cuando Bolivia asumió la presidencia pro témpore- y transformando al Mercosur en una mera plataforma para la apertura comercial –cuyo máximo “logro”, el recientemente anunciado Acuerdo con la Unión Europea, tampoco prosperará, luego del voto negativo de esta semana en el parlamento austríaco-.
Macri avaló la política de Trump de asediar a Venezuela –votó la semana pasada activar el TIAR contra Caracas-, reforzó iniciativas alineadas con Washington –como el Grupo de Lima o la Prosur- y fue funcional al reposicionamiento de la OEA como el foro privilegiado, en detrimento de las instancias latinoamericanas.
En las Naciones Unidas, Argentina profundizó el alineamiento con Estados Unidos. En 2016, el gobierno de Macri coincidió el 52% de las votaciones con el de Obama, similar a Chile y a Brasil (56%). Ya en 2017, cuando Jorge Faurie reemplazó a Susana Malcorra en cancillería, el 59% de las veces se alineó con Trump, a diferencia de Santiago y Brasilia, que cayeron al 44%. Más alineados con Washington que nuestros vecinos.
A pesar de sus deseos, la aparición de Macri en la vidriera de la ONU –tercera vez que asiste, ya en 2017 lo reemplazó la vice Gabriela Michetti- y las fotos junto a líderes mundiales no le granjearán apoyo interno. Incluso puede recibir críticas, tras el rechazo de la ONU, la semana pasada, a la reforma migratoria que Macri impulsó por decreto en enero de 2017, señalando que “no cumple con los requisitos básicos de la Convención de Ginebra”.
Leer más Comenzó la Cumbre para el cambio Climático en la ONU | Entre los líderes mundiales no estará presente Donald Trump
Macri no va a plantear la necesidad una salida pacífica a la crisis venezolana, que respete los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos, sino que se alineará con Estados Unidos en la reunión de cancilleres de países del TIAR que se reunirá en New York, funcional a la estrategia de asfixiar a Caracas, boicoteando las negociaciones entre el chavismo y parte de la oposición. Tampoco denunciará el desastre ambiental en el Amazonas, para proteger a su socio Bolsonaro, ni la crisis humanitaria que sufren los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, acosados por Trump. Insistirá con endurecer las sanciones contra Irán, en línea con los halcones de Washington.
En síntesis, volverá al libreto ya desplegado en sus anteriores intervenciones en las Asambleas de 2016 y 2018, aunque ya en el mundo lo perciban como un mandatario saliente, que apenas está tratando de sobrevivir políticamente para completar su mandato.
* UBA-Conicet.
lunes, 9 de septiembre de 2019
Entrevista sobre el vínculo con el FMI
El Fondo Monetario Internacional, una víctima impensada de la crisis argentina
El organismo quedó en el centro de la polémica por el préstamo al Gobierno de Macri por US$57.100 millones. Es el 61% de sus acreencias actuales
Por Javier Slucki (BAE)

"El FMI permitió las mismas equivocaciones que llevaron a la crisis del 2001, lo cual hace que me preocupe mucho acerca de Christine Lagarde en el Banco CentralEuropeo'> Banco Central Europeo". El autor de esta cita es el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, uno de los economistas más prestigiosos del mundo más allá de su reconocida ideología heterodoxa.
Krugman se encargó de instalar así una cuestión frecuentemente pasada por alto. Sabemos todo lo que perdió la Argentina de Macri con el FMI, pero ¿cuánto perdió elFMI con la Argentina de Macri?
"Se jugó todo y perdió todo", resume a BAE Negocios Miguel Ángel Boggiano, profesor en Finanzas de la Universidad de San Andrés. "El Fondo está en un estado de ebullición interna muy grave donde creo que hay una gran discusión acerca de si deben hacer este desembolso de los 5400 millones de dólares o no", agrega.
Juan Gabriel Tokatlian, experto en Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, va incluso más allá: "El ejemplo de la Argentina ha puesto de relieve, más que un costo de reputación, una crisis de legitimidad del FMI", afirma.
La situación del Fondo se ve agravada porque el préstamo que desembolsó para la Argentina en junio de 2018 (luego renegociado en septiembre de ese año) es el mayor otorgado a un solo país en toda la historia del organismo, por un total de 57.100 millones de dólares y correspondiente al 61% de sus acreencias actuales. "Muchos técnicos del FMI cuestionaron en silencio ese monto, lo mismo que algunos gobiernos europeos", añade Tokatlian.
Para Leandro Morgenfeld, historiador experto en Relaciones Internacionales, esta enorme cifra llevó a que "ahora el Fondo esté financieramente comprometido por la deuda que tiene con Argentina", por lo que al propio organismo "le va a convenir no asfixiar ni empujar al default" al país.
Pero el enorme monto prestado no es el único dolor de cabeza para la entidad supranacional. A eso, debe añadírsele que, tal como afirmó Alberto Fernández tras su reunión con la última misión enviada por el organismo a fin de agosto pasado, buena parte de esta cifra terminó siendo usada para financiar la fuga de capitales, algo que el propio estatuto del FMI prohíbe.
Más todavía cuando esto fue explicitado a inicios de mayo pasado a través de la autorización del Fondo a que el Banco Central vendiese hasta 250 millones de dólares por día para contener la disparada de la divisa, en momentos en que su suba demostraba ser inversamente proporcional a la imagen positiva de Macri.
Eduardo Hecker, ex presidente de la CNV y del Banco Ciudad y -según reportes- recientemente sumado al equipo de economistas asesores de Alberto Fernández, coincide en que el Fondo "no queda bien parado" a raíz del caso argentino, lo que para él se debe a que "el diagnóstico del organismo es siempre el mismo: medidas de ajuste fiscal más o menos clásicas" que no logran "comprender el problema inflacionario, visto como si fuera meramente un tema monetario".
El economista concuerda en que "la Argentina tomó una deuda gigantesca que está dando lugar a la fuga de dólares", en un proceso que describe como "un poco perverso" porque "todo el país se endeuda para financiar la fuga de algunos" y porque "en esas divisas fugadas estaban las bases para sostener un crecimiento".
En este contexto, Hecker arriesga: "No creo que se haga el desembolso de la cuota de 5400 millones de dólares en septiembre" porque el Fondo "está esperando a octubre" para "tener en claro con quién va a negociar después" de las elecciones. "El FMI no va a negociar ninguna reestructuración con el actual gobierno porque no tiene capacidad de establecer un plan económico", explica.
De cualquier manera, ha sido tal la mala praxis del organismo, que Morgenfeld plantea que el gobierno que asuma el 10 de diciembre podrá usar las propias debilidades del Fondo en su contra y renegociar el plan y sus vencimientos desde una posición de mayor fortaleza. "Hay tres elementos que puede utilizar el próximo gobierno" como estrategias políticas de renegociación: "El desprestigio de las políticas de austeridad, el hecho de que el FMI esté comprometido financieramente por la deuda argentina y el que haya un incumplimiento de sus mismos estatutos", desarrolla.
Ahora bien, si de algo pueden vanagloriarse los técnicos del Fondo es de haber hecho naufragar aquella famosa máxima de Marx, ya que, en el caso argentino, la historia se repitió dos veces como tragedia (y en menos de veinte años): para Morgenfeld, ahora sucedió algo análogo "a lo que pasó con el default del 2001: el fracaso de Argentina, que pasó de alumno perfecto a símbolo de fracaso de las políticas del FMI".
Y eso incluso cuando, como afirma Boggiano, "el FMI con el que convivió Macri fue mucho más laxo que el FMI histórico de Anne Krueger con el que tuvimos que lidiar". "Fue uno de los préstamos más flexibles de la historia porque había plata hasta para planes sociales", coincide el economista y consultor Roberto Cachanosky.
Entonces, ¿por qué el FMI se comprometió tanto con Argentina a sabiendas de que un mal resultado -por decir lo menos- era previsible? "Fue la imposición política de Estados Unidos la que llevó a la aprobación y a los desembolsos sucesivos que, en la medida que no se cumplían los principios del propio Fondo, fueron horadando su credibilidad", considera Tokatlian.
Todo apoyo es político
"Lo que operó muy fuerte es Estados Unidos por la vía de apoyar la reelección de Macri, y eso forzó la decisión del Fondo, que apoyó con un número de financiamiento extraordinario", agrega Hecker.
En la misma línea, Boggiano marca que si el préstamo "no tenía el visto bueno de Trump no había manera [de que se concretase], porque nos prestaron 111 veces la cuota" que provee Argentina regularmente como miembro del organismo, "cuando lo máximo que se presta es cuatro veces la cuota".
Para Morgenfeld, experto en relación bilateral entre Argentina y Estados Unidos, el préstamo del Fondo al país expone las diferencias entre Washington y Europa. "Cuando el Gobierno negoció flexibilidad para usar los dólares del FMI para financiar la fuga, había distintos gobiernos europeos que en las reuniones plantearon sus críticas", considera el investigador. Pero agrega que fue la presión del país de Donald Trump, "mandamás del Fondo" al ser su mayor aportante y el que tiene mayor número de votos, la que permitió seguir adelante con el plan.
Y remarca que el apoyo del presidente norteamericano a Macri se hizo explícito a través de llamados, viajes de ministros a Buenos Aires, respaldo del Capitolio, bancos y organismos de Wall Street. "Una interferencia tan abierta de Estados Unidos en un proceso electoral argentino no se vio nunca salvo en 1945" con el caso del embajador Spruille Braden, resume Morgenfeld.
Tokatlian no duda en considerar que la explicación se encuentra en que directamente "Washington parece inclinado a debilitar al FMI". Y resume: "El resultado es deplorable: Argentina profundizó su recesión, el Fondo quedó atrapado entre una tecnocracia poco sensible a las realidades de la economía real y Estados Unidos no pudo asegurar la reelección de un presidente de su preferencia".
¿Producirá todo esto un cambio significativo en el organismo de crédito? "Lo dudo", arriesga Tokatlian. Morgenfeld cree que el FMI "hará un mea culpa, como ya hizo en el pasado, pero seguirá predicando lo mismo: reforma laboral, previsional, etc."
Para Cachanosky, de cualquier manera, el Fondo no va a desaparecer ahora "si no lo hizo con la crisis del sudeste asiático a fines de los noventa, cuando se quedó casi sin plata". Aunque da su opinión personal sin tapujos: "El FMI debería desaparecer porque es una institución detestable".
viernes, 6 de septiembre de 2019
Entrevista sobre las relaciones de Macri con Estados Unidos
Lalengua conversó con el diputado del Parlasur, Oscar Laborde, y con el historiador, Leandro Morgenfeld, sobre las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos en la era Macri
Por Sofía Solari
“Estados Unidos jugó un rol clave para sostener al gobierno de Macri dado que permitió un giro a la derecha en la región”, opinó en conversación con Lalengua Leandro Morgenfeld, doctor en historia y autor de varias publicaciones, entre ellas su más reciente Bienvenido Mr. President: De Roosevelt a Trump: Las visitas de presidentes estadounidenses a la argentina. Para el académico, el triunfo de Mauricio Macri en 2015 alentó a la oposición en Venezuela, a los sectores golpistas en Brasil, que produjeron también la destitución parlamentaria de Dilma Rousseff en 2016, e hizo que Rafael Correa desistiera ir por un nuevo mandato y en su lugar eligiera a Lenín Moreno, quien finalmente cortó relación con el ex presidente ecuatoriano. Durante estos años Colombia también sufrió el coletazo derechista con el NO al referéndum de los acuerdos de Paz y la victoria de Iván Duque, como así también fracasó el plebiscito de Evo Morales en 2016. A esto se le sumó la victoria de Sebastián Piñera en Chile.
El arribo de Macri a la Casa Rosada fue visto en Washington como una oportunidad para tener un aliado en América Latina que vaya poniendo a punto el patio trasero. Casi cuatro años después, luego de la brutal derrota el 11 de agosto en las PASO, todo indicaría que el líder de Juntos por el Cambio defraudó a su amigo Donald Trump. Según una reciente nota de Clarín, el mandatario de la Casa Blanca habría conversado con Macri después del anuncio del paquete de medidas económicas de la semana pasada. Pero en público, el presidente tuitero no le regaló ni 140 caracteres de aliento. “Macri era un triunfador y se ha transformado en fracasado”, dijo Mirtha en su cena del sábado por la noche. El único aliado que le quedaría a Estados Unidos a partir de octubre, sería el mesías Jair Bolsonaro, aunque ni la economía ni el electorado le auguran un buen camino. Una encuesta de Datafolha publicada este lunes arroja que el capitán jubilado cuenta con el rechazo del 38 por ciento del electorado y sólo lo aprueba el 29 por ciento.
Macri empezó su gobierno con un fuerte apoyo del entonces presidente Barack Obama, que vino a la Argentina en marzo de 2016 cuando se cumplieron casi 11 años de última visita de un presidente de Estados Unidos. El viaje de Obama desató profundas críticas, sobre todo de las organizaciones de derechos humanos, porque estaba programado para el 24 de marzo. Como consecuencia de las movilizaciones populares, la Casa Blanca cambió el itinerario y el demócrata visitó Buenos Aires un día antes. Ocho meses después, pese a que puso sus fichas a Hillary Clinton, Macri retomó su buena relación con Trump, a quien conocía desde joven por negocios que ambas familias tenían en común. Además, fue el segundo presidente latinoamericano en ser recibido en abril de 2017 en la residencia presidencial de Washington por el nuevo presidente.
Morgenfeld fue categórico al explicar que Macri asumió haciendo un diagnóstico errado que apuntaba a que Argentina estaba desconectada del mundo. Un argumento que sirvió para promover como necesaria una vuelta a las relaciones privilegiadas con el gobierno de Estados Unidos, pero también con las principales potencias europeas. “Ese es el mundo al que consideraban incluirse. La idea era que con una buena relación con esas potencias, con los organismos internacionales y con la firma de tratados de libre comercio, Argentina iba a transformarse en el supermercado del mundo. Es decir que íbamos a exportar más, a tener mejor acceso al crédito y que iba a llegar la lluvia de inversiones. Pero, por el contrario, ninguna de esas tres cosas se produjo”, explicó.
El diputado del Parlasur, Oscar Laborde, coincidió con Morgenfeld en su diálogo con Lalengua, al sostener que durante los últimos tres años y nueves meses en la relación bilateral entre Estados Unidos y Argentina, Macri sólo consiguió exportar limones y un crédito stand by del FMI por 57 mil millones de dólares, que ni siquiera alcanzó para evitar el default de parte de la deuda pública. Todo esto, ¿para qué?, ¿por intereses comerciales?, se preguntó Laborde y respondió: “No, no es así. Estados Unidos nos vende seis mil millones de dólares y nosotros le vendemos tres mil millones. Argentina es, además, uno de los pocos países con el cual Washington tiene superávit. Y esto acaba peor porque encima nos han puesto un arancel a la exportación de biodiésel que nos impide que vendamos 1.200 millones de dólares. Sí, nos aceptaron las importaciones a Estados Unidos de limones por 50 millones, que es muy bueno para los productores tucumanos, pero está claro que la diferencia entre lo que dejamos de exportar y la posibilidad de exportar 50 millones en un negocio malo”, inconveniente para nosotros, pero estratégico para Estados Unidos.
En esta línea, Laborde explicó que la vuelta al patio trasero hay que leerla a luz de la guerra comercial con China. En 2013 Estados Unidos decidió que Rusia no sería más su enemigo estratégico y en su lugar ubicó a la potencia oriental. Desde entonces, agregó Laborde, Estados Unidos aceleró el ataque contra las fuerzas populares en América Latina para contar con la región en una alianza política, comercial y hasta militar que lo ayude en su enfrentamiento con Beijing. “Disponer de la biodiversidad y del agua potable que hay en América es mucho. Y sobre todo disponer de la segunda reserva de petróleo del mundo, que está en Venezuela”, explicó el parlamentario.
Para lograrlo, Trump tiró toda su artillería. Fue una voz clave en el Directorio del FMI – en donde tiene un enorme peso dado el tamaño de la economía estadounidense- para lograr que Argentina recibiera el préstamo más grande la historia y presionó en los últimos meses a aquellos países que no estaban de acuerdo para que el organismo siguiera desembolsando los pagos. Además, envió a parte de su gabinete a Argentina, como fue el caso del ex secretario de Estado, Rex Tillerson, que vino en el marco de una visita por la región y en la que no perdió oportunidad de encontrarse con Macri y el canciller, Jorge Faurie, para aplaudir “el rumbo de la economía”, y conversar medidas para Venezuela. De la misma manera lo hizo Mike Pompeo en julio de este año, a quien Macri recibió para estrenar el decreto que declaró a Hezbollah como una organización terrorista. También pasó unos días por el país el jefe del Pentágono, James Mattis, con una agenda para fortalecer alianzas militares y restringir la influencia China.
A pesar de estas muestras de apoyo, después de la derrota del oficialismo en las PASO, hubo varios días de silencio en Estados Unidos. Recién la última semana de agosto, en medio de la crisis financiera y mientras el equipo económico de ambas partes tenía reuniones con el FMI, un vocero del Departamento de Estado afirmó al diario La Nación: “Estados Unidos espera continuar nuestra sólida asociación con el pueblo argentino y su liderazgo electo, sea cual fuera el candidato que el pueblo argentino elija como su próximo presidente”. “Una declaración que da cuenta de cierta perspectiva realista que ven que es casi imposible que Macri sea reelecto y que por tanto tienen que construir un vínculo con el que probablemente sea el nuevo gobierno”, opinó Morgenfeld. Un indicio similar vino del vicepresidente de Brasil, el general Hamilton Mourao, en un discurso que ofreció frente a la Asociación Comercial de Río de Janeiro, el 30 de agosto: “Es obvio que nos gustará que el presidente Macri, quien tiene una relación muy buena con nuestro gobierno, venciese en la elección. Pero hay indicios muy fuertes de que la victoria será de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner”.
Como explicaron ambos expertos en política exterior, el alineamiento incondicional, “ideologizado”, en palabras de Laborde, no tiene ningún rédito para Argentina. En suma, el diputado del Parlasur señaló que hay muchos acuerdos comerciales que no están siendo fructíferos por impedimento de Washington. “Podríamos disponer de ayudas financieras, en particular en swap hay 19 mil millones de dólares esperando que no se han firmado porque Trump no quiere que tengamos acuerdos con China”, explicó. En el último tiempo, Estados Unidos perdió poder en Europa, su aliado Bolsonaro tuvo un ácido enfrentamiento con el presidente francés, Emmanuel Macron, por los incendios en el Amazonas y también está perdiendo la disputa de poder con China sobre Australia. América Latina todavía está ahí, pero la última elección local puso en discusión uno de los pocos apoyos incondicionales que le quedan para enfrentarse a la potencia oriental.
sábado, 20 de julio de 2019
Macri y la peligrosa vuelta a las relaciones carnales
Macri, a un paso de la irresponsabilidad
Los intereses del candidato Mauricio Macri no coinciden con los intereses nacionales. Cómo el oficialismo se corre del ámbito de las Naciones Unidas para hacer propias las prioridades de Estados Unidos.
Por Martín Granovsky (Página/12)
Mauricio Macri y su canciller Jorge Faurie intentan un nuevo objetivo: estampar entre los votantes que la lucha argentina contra el terrorismo empezó un viernes 19 de julio de 2019 en Buenos Aires. De aquí a las PASO del 11 de agosto y las elecciones del 27 de octubre debería quedar clara, según el Gobierno, la imagen de una cumbre con representantes de otros países americanos y el liderazgo del jefe de la diplomacia norteamericana y ex jefe de la CIA Mike Pompeo.
Detrás de ese intento quedan dos hechos que el tiempo quizás juzgue como irresponsables.
El primer hecho, haber priorizado el enfoque “hemisférico” ante un hecho como el terrorismo. El adjetivo no es inocuo. Los Estados Unidos llaman al continente americano “hemisferio occidental”. Sería su propio hemisferio. El sitio lógico para el despliegue de su destino manifiesto, en línea con la anexión de territorio mexicano en el siglo XIX y el desembarco en varios países de América central en las primeras décadas del siglo XX.
El segundo hecho, haberse corrido del ámbito de la Organización de las Naciones Unidas en favor de hacer propias las prioridades de Washington.
El tema más importante no es en sí mismo Hezbolah, la organización política o político-militar libanesa que, dicho sea de paso, no encontró cobijo durante el ciclo kirchnerista o petista en los dos países más importantes de Sudamérica, la Argentina y Brasil.
La cuestión crucial, en cambio, es el cálculo de ventajas y desventajas de meter de cabeza a la Argentina en el conflicto de Medio Oriente cuando el país desde el regreso de la democracia ya había construido un consenso. La Argentina nunca dudó en el derecho a la existencia del Estado de Israel, país con el que Juan Perón inauguró relaciones, y la mayoría de los argentinos y sus partidos acordaron que también los palestinos tenían derecho a su Estado soberano. Por sobre ambos puntos de consenso sobrevolaba otro, más importante aún, que es la búsqueda de paz en Medio Oriente.
Tampoco la relación de la Argentina con Irán es la cuestión de fondo. Sí es un tema de fondo el alineamiento automático de la Argentina con la Casa Blanca. Las nuevas relaciones carnales se plasman mientras los Estados Unidos e Israel, cada uno a su modo porque el primero quiere la reducción del poder iraní y el segundo su pulverización, juegan sus fichas en el tablero de los grandes: el tablero estratégico militar.
De ahora en adelante, ¿cada movida estadounidense será buena para la Argentina? Y si, como lo muestra el caso de los vínculos entre los Estados Unidos y Corea del Norte, el resultado final termina siendo un nuevo status de convivencia entre Washington y Teherán, ¿quién resarcirá a la Argentina por haberse comportado como un Estado hemisférico y por haber perdido, cosa que nadie debería descartar, una diversificación de relaciones políticas con el Mercosur, con Europa, con China, con la India y con Rusia?
Está clara la ventaja de Macri. Mientras le sea útil a Washington, Donald Trump seguirá financiando su campaña electoral a través del Fondo Monetario Internacional. Pero en términos del interés nacional no hay ventajas ni siquiera económicas. A Vaca Muerta los capitales extranjeros, en primer lugar los norteamericanos, ingresaron en el odiado período populista. Y de Alpargatas los capitales extranjeros, en este caso brasileños, huyen en el amado capítulo liberal.
Los Estados tienen objetivos a largo plazo y anotan los cambios. Moscú preguntó primero qué quiso decir Miguel Angel Pichetto cuando definió a Rusia y China como “países complejos” junto con Irán y Venezuela. No hubo respuesta. Después le preguntó a la Cancillería si el gobierno argentino desmentiría las declaraciones de la líder cambiemita Elisa Carrió sobre un supuesto complot de CFK con los rusos en Cuba para que hombres de Vladimir Putin hackearan el sistema electoral. Tampoco hubo respuesta y entonces María Zajárova, la vocera de la Cancillería rusa, hizo una respuesta pública. Llamó a no creer en los “trucos políticos” y dijo que “jugar al carta rusa ya se convirtió en una herramienta política”. Agregó Zajárova: “Las relaciones entre nuestros países son a largo plazo y no coyunturales. Se distinguen por una continuidad que demuestra claramente que el desarrollo de vínculos buenos y constructivos beneficia a las principales fuerzas políticas y a los segmentos más amplios de la sociedad argentina”.
Naturalmente nadie en su sano juicio cambiaría el alineamiento automático de Macri con los Estados Unidos por otro con cualquier país del país del mundo, incluyendo a Estados complejos y no complejos. La inversa de lo que hizo Macri no es un antinorteamericanismo tonto sino la sensatez sin búsqueda de un protagonismo que a la Argentina no le cuadra por su talla.
La historia no tiene por qué repetirse pero algo muestra. El atentado a la embajada de Israel sucedió en 1992, durante otras relaciones carnales. El Presidente era Carlos Saúl Menem. El atentado a la AMIA fue en 1994. El Presidente era Carlos Saúl Menem. El Gobierno que no investigó o investigó mal, y por ello varios de sus funcionarios acaban de ser condenados por encubrimiento, fue el de Carlos Saúl Menem. Ese gobierno era el destino de las simpatías de Macri y el que tenía a Faurie como un diplomático de carrera, ya de rango alto, siempre entusiasmado con los supuestos beneficios del alineamiento automático. En política internacional la magia es éso: pura ilusión. O ilusionismo.
Los intereses del candidato Mauricio Macri no coinciden con los intereses nacionales. Cómo el oficialismo se corre del ámbito de las Naciones Unidas para hacer propias las prioridades de Estados Unidos.
Por Martín Granovsky (Página/12)
Mauricio Macri y su canciller Jorge Faurie intentan un nuevo objetivo: estampar entre los votantes que la lucha argentina contra el terrorismo empezó un viernes 19 de julio de 2019 en Buenos Aires. De aquí a las PASO del 11 de agosto y las elecciones del 27 de octubre debería quedar clara, según el Gobierno, la imagen de una cumbre con representantes de otros países americanos y el liderazgo del jefe de la diplomacia norteamericana y ex jefe de la CIA Mike Pompeo.
Detrás de ese intento quedan dos hechos que el tiempo quizás juzgue como irresponsables.
El primer hecho, haber priorizado el enfoque “hemisférico” ante un hecho como el terrorismo. El adjetivo no es inocuo. Los Estados Unidos llaman al continente americano “hemisferio occidental”. Sería su propio hemisferio. El sitio lógico para el despliegue de su destino manifiesto, en línea con la anexión de territorio mexicano en el siglo XIX y el desembarco en varios países de América central en las primeras décadas del siglo XX.
El segundo hecho, haberse corrido del ámbito de la Organización de las Naciones Unidas en favor de hacer propias las prioridades de Washington.
El tema más importante no es en sí mismo Hezbolah, la organización política o político-militar libanesa que, dicho sea de paso, no encontró cobijo durante el ciclo kirchnerista o petista en los dos países más importantes de Sudamérica, la Argentina y Brasil.
La cuestión crucial, en cambio, es el cálculo de ventajas y desventajas de meter de cabeza a la Argentina en el conflicto de Medio Oriente cuando el país desde el regreso de la democracia ya había construido un consenso. La Argentina nunca dudó en el derecho a la existencia del Estado de Israel, país con el que Juan Perón inauguró relaciones, y la mayoría de los argentinos y sus partidos acordaron que también los palestinos tenían derecho a su Estado soberano. Por sobre ambos puntos de consenso sobrevolaba otro, más importante aún, que es la búsqueda de paz en Medio Oriente.
Tampoco la relación de la Argentina con Irán es la cuestión de fondo. Sí es un tema de fondo el alineamiento automático de la Argentina con la Casa Blanca. Las nuevas relaciones carnales se plasman mientras los Estados Unidos e Israel, cada uno a su modo porque el primero quiere la reducción del poder iraní y el segundo su pulverización, juegan sus fichas en el tablero de los grandes: el tablero estratégico militar.
De ahora en adelante, ¿cada movida estadounidense será buena para la Argentina? Y si, como lo muestra el caso de los vínculos entre los Estados Unidos y Corea del Norte, el resultado final termina siendo un nuevo status de convivencia entre Washington y Teherán, ¿quién resarcirá a la Argentina por haberse comportado como un Estado hemisférico y por haber perdido, cosa que nadie debería descartar, una diversificación de relaciones políticas con el Mercosur, con Europa, con China, con la India y con Rusia?
Está clara la ventaja de Macri. Mientras le sea útil a Washington, Donald Trump seguirá financiando su campaña electoral a través del Fondo Monetario Internacional. Pero en términos del interés nacional no hay ventajas ni siquiera económicas. A Vaca Muerta los capitales extranjeros, en primer lugar los norteamericanos, ingresaron en el odiado período populista. Y de Alpargatas los capitales extranjeros, en este caso brasileños, huyen en el amado capítulo liberal.
Los Estados tienen objetivos a largo plazo y anotan los cambios. Moscú preguntó primero qué quiso decir Miguel Angel Pichetto cuando definió a Rusia y China como “países complejos” junto con Irán y Venezuela. No hubo respuesta. Después le preguntó a la Cancillería si el gobierno argentino desmentiría las declaraciones de la líder cambiemita Elisa Carrió sobre un supuesto complot de CFK con los rusos en Cuba para que hombres de Vladimir Putin hackearan el sistema electoral. Tampoco hubo respuesta y entonces María Zajárova, la vocera de la Cancillería rusa, hizo una respuesta pública. Llamó a no creer en los “trucos políticos” y dijo que “jugar al carta rusa ya se convirtió en una herramienta política”. Agregó Zajárova: “Las relaciones entre nuestros países son a largo plazo y no coyunturales. Se distinguen por una continuidad que demuestra claramente que el desarrollo de vínculos buenos y constructivos beneficia a las principales fuerzas políticas y a los segmentos más amplios de la sociedad argentina”.
Naturalmente nadie en su sano juicio cambiaría el alineamiento automático de Macri con los Estados Unidos por otro con cualquier país del país del mundo, incluyendo a Estados complejos y no complejos. La inversa de lo que hizo Macri no es un antinorteamericanismo tonto sino la sensatez sin búsqueda de un protagonismo que a la Argentina no le cuadra por su talla.
La historia no tiene por qué repetirse pero algo muestra. El atentado a la embajada de Israel sucedió en 1992, durante otras relaciones carnales. El Presidente era Carlos Saúl Menem. El atentado a la AMIA fue en 1994. El Presidente era Carlos Saúl Menem. El Gobierno que no investigó o investigó mal, y por ello varios de sus funcionarios acaban de ser condenados por encubrimiento, fue el de Carlos Saúl Menem. Ese gobierno era el destino de las simpatías de Macri y el que tenía a Faurie como un diplomático de carrera, ya de rango alto, siempre entusiasmado con los supuestos beneficios del alineamiento automático. En política internacional la magia es éso: pura ilusión. O ilusionismo.
jueves, 18 de julio de 2019
Macri profundiza la subordinación a Trump. Sigue la impunidad en la Causa AMIA, utilizada por Estados Unidos según sus intereses geopolíticos
Macri le regala un decreto al amigo americano
Declarar a Hezbollah como una organización terrorista expone al país y lo integra a una breve lista de subordinados a Estados Unidos, Israel e Inglaterra.
Por Raúl Kollmann (Página/12)
El presidente Mauricio Macri dió otro paso en su alineamiento internacional con Estados Unidos, Israel e Inglaterra con la firma de un decreto que permitirá declarar a la organización libanesa Hezbollah como organización terrorista. La sobreactuación de relaciones carnales con Washington y Jerusalén se produce justito con la llegada del secretario de Estado norteamericano, el "halcón" Mike Pompeo , y cuando se cumplen 25 años del atentado contra la AMIA . En concreto, Macri firmó un decreto por el cual se establece el Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), lo que hará que la Casa Rosada, a corto plazo, inscriba a Hezbollah en ese registro, saliéndose del listado que dicta Naciones Unidas y en el que no figura Hezbollah. Más allá del registro mismo, la movida posiciona a Argentina claramente en un bando en el conflicto de Medio Oriente , en lugar de conservar un lugar neutral y de impulso de la paz en esa región.
Decreto
La creación del RePET tiene como único objetivo aceptar dócilmente las presiones norteamericanas para poner en la mira a Irán. El camino es sencillo: el aparato político--judicial de Comodoro Py acusó a Hezbollah de tener responsabilidad en los dos atentados de Buenos Aires, el de la Embajada de Israel y el de la AMIA; se armó una novela de que el ataque contra la mutual judía fue resuelto en una reunión del gobierno iraní en la ciudad de Mashad en 1993 y se aduce que la mano de obra provino del entorno del agregado cultural de Irán en Buenos Aires, Mohsen Rabbani.
Esa imputación se basó muchísimo en informes de inteligencia de la CIA, del Mossad y de la propia SIDE que, esencialmente, copió los informes de sus pares norteamericanos e israelíes. La realidad es que nunca hubo pruebas demasiado contundentes y el punto neurálgico es que los supuestos protagonistas del atentado se comunicaban con teléfonos en El Líbano usados por Hezbollah. Esta última información es la que aportaban los servicios extranjeros ya que está claro que la SIDE no tenía capacidad ni presencia para establecer a quién correspondían los teléfonos.
Hezbollah siempre negó su participación en los ataques y en sus declaraciones o entrevistas sostuvieron que no realizan acciones fuera de Medio Oriente.
Agujeros
La acusación contra Irán y Hezbollah arrancó en la misma semana del atentado contra la AMIA. Hay documentación que evidencia que hubo un acuerdo entre el gobierno de Israel y el gobierno de Carlos Menem para que se hiciera, de manera coordinada, una única acusación sobre los autores del ataque: se puso la responsabilidad en Irán y Hezbollah. El problema grave de cualquier pista fue que nunca se supo nada sobre los puntos fundamentales del atentado:
*De dónde salieron los explosivos
*Quién se llevó la camioneta que armó con partes robadas el armador de autos truchos, Carlos Telleldín.
*Nunca se supo dónde estuvo la camioneta y dónde se armó el artefacto explosivo
*Si los autores fueron extranjeros, nunca se pudo detectar cómo entraron al país, con qué identidades.
*Si hubo un suicida, sigue sin saberse quién fue y cómo llegó a la Argentina.
Semejante agujero negro en la investigación es un obstáculo insalvable para anudar la relación con los autores intelectuales. Es imposible saber quién estuvo detrás si no está clara cuál fue la mano de obra del atentado.
Juicio I
La investigación original, con la acusación a Hezbollah e Irán, estuvo a cargo del juez Juan José Galeano. Toda su pesquisa se cayó a pedazos durante el juicio fundamental que se hizo en Comodoro Py y que estuvo a cargo del Tribunal Oral Federal 3.
Después de cuatro años, el fallo fue lapidario y la última frase resumió todo: "la investigación fue un armado al servicio de políticos inescrupulosos".
De manera que ese proceso arrasó con toda la investigación previa y no resulta creíble que Galeano fue un fraude respecto de la conexión local y un juez preciso e intachable en la conexión internacional. El derrumbe fue tan grande que Interpol levantó todas las órdenes de captura internacionales. La debacle tuvo repercusión también a raíz de la detención, en Londres, de quien fuera embajador de Irán en la Argentina en la época del atentado, Hadi Soleimanpour. El diplomático fue apresado en 2003 y el juez Galeano envió un informe de 400 páginas al magistrado que intervino en Londres. Finalmente Soleimanpour fue liberado, absuelto y se le pagó una indemnización de 20.000 libras esterlinas. El juez británico consideró que no se presentaron pruebas sólidas.
Tras una visita del presidente Bill Clinton a Buenos Aires, su esposa Hillary se comprometió a enviar una delegación del FBI para que revise la causa. La misión estuvo durante un mes en Buenos Aires y concluyó que había que revisar la llamada "pista siria", en especial la posible participación de un ciudadano argentino de origen sirio--libanés, Alberto Kanoore Edul. El informe, de unas 20 páginas, recomendó re-direccionar la investigación. Es decir que ni el FBI estaba convencido de la llamada "pista iraní".
Juicio II
A raíz de una denuncia de la agrupación Memoria Activa, y después de muchos años de batalla, se llegó a un segundo juicio, esta vez sobre los desvíos y las manipulaciones de la causa AMIA. Uno de los puntos que se trató fueron las maniobras para tapar esa llamada "pista siria", y como se sabe hubo condenas a los protagonistas.
De manera que transcurridos 25 años del atentado, el fracaso de la investigación deja en una especie de limbo, tanto la conexión local como la conexión internacional. No hay condena firme contra nadie. Tampoco hay condena firme en el caso de la Embajada de Israel, cuya investigación fue aún peor.
Sobreactuación
Con semejante panorama en el expediente judicial, parece obvio que la creación del RePET y la declaración de Hezbollah como organización terrorista son sobreactuaciones políticas cuyo objetivo es, principalmente, exhibir el alineamiento con la Casa Blanca. No son pocos los que afirme que es un gesto a cambio de los 55 mil millones de dólares que el FMI envía a la Argentina, gracias a la influencia y la presión de Washington.
Desde el punto de vista internacional, las Naciones Unidas tiene un listado acotado en el que figuran como terroristas organizaciones vinculadas a Al Qaeda y a los talibanes. La Union Europea distingue entre el brazo militar de Hezbollah, que la UE considera organización terrorista, y el partido Hezbollah, que no figura en esa lista.
La inmensa mayoría de los países, esto incluye todo Asia, todo Africa y casi toda America Latina, no tiene a Hezbollah en ningún listado, ni al partido ni al brazo militar. Para los países árabes, las acciones armadas de Hezbollah son parte del derecho de resistencia ante lo que consideran invasión israelí a su territorio y por lo tanto sostienen que tiene derecho a acciones armadas dentro de ese territorio.
La Argentina se suma ahora a Estados Unidos, Israel, el Reino Unido, Canadá, La Liga Arabe, Japón y los Emiratos, declarando que no hay distinción entre partido y brazo armado y que todo Hezbollah debe ser considerada una organización terrorista.
Neutralidad
El punto clave del decreto y la inclusión de Hezbollah es que se rompe la neutralidad argentina en el conflicto de Medio Oriente. La Casa Rosada pone al país de un lado en ese conflicto y abandona la política pacifista tradicional. Además, en los últimos tiempos hubo conatos de bombardeos de Estados Unidos a Irán y una política más que agresiva, que Donald Trump puso en marcha rompiendo el pacto de limitación nuclear que firmó Irán con Rusia, China, el Reino Unido, Francia y Alemania. O sea la Argentina se puso del lado de la postura guerrerista.
Algunos sostienen que semejante paso expone a la Argentina a represalias de grupos fundamentalistas, en tiempos en que todo el continente vive un clima muy distinto al europeo, por ejemplo, con continuos ataques de pequeños grupos fundamentalistas. Habrá que ver qué sucede en los próximos tiempos. No es un tema menor, además, que se haya tomado una decisión de tal envergadura en el plano de las relaciones exteriores sin la menor consulta al Congreso.
Es muy posible que la Casa Rosada haya evaluado que no tendría acompañamiento en semejante aventura.
Por Raúl Kollmann (Página/12)
El presidente Mauricio Macri dió otro paso en su alineamiento internacional con Estados Unidos, Israel e Inglaterra con la firma de un decreto que permitirá declarar a la organización libanesa Hezbollah como organización terrorista. La sobreactuación de relaciones carnales con Washington y Jerusalén se produce justito con la llegada del secretario de Estado norteamericano, el "halcón" Mike Pompeo , y cuando se cumplen 25 años del atentado contra la AMIA . En concreto, Macri firmó un decreto por el cual se establece el Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), lo que hará que la Casa Rosada, a corto plazo, inscriba a Hezbollah en ese registro, saliéndose del listado que dicta Naciones Unidas y en el que no figura Hezbollah. Más allá del registro mismo, la movida posiciona a Argentina claramente en un bando en el conflicto de Medio Oriente , en lugar de conservar un lugar neutral y de impulso de la paz en esa región.
Decreto
La creación del RePET tiene como único objetivo aceptar dócilmente las presiones norteamericanas para poner en la mira a Irán. El camino es sencillo: el aparato político--judicial de Comodoro Py acusó a Hezbollah de tener responsabilidad en los dos atentados de Buenos Aires, el de la Embajada de Israel y el de la AMIA; se armó una novela de que el ataque contra la mutual judía fue resuelto en una reunión del gobierno iraní en la ciudad de Mashad en 1993 y se aduce que la mano de obra provino del entorno del agregado cultural de Irán en Buenos Aires, Mohsen Rabbani.
Esa imputación se basó muchísimo en informes de inteligencia de la CIA, del Mossad y de la propia SIDE que, esencialmente, copió los informes de sus pares norteamericanos e israelíes. La realidad es que nunca hubo pruebas demasiado contundentes y el punto neurálgico es que los supuestos protagonistas del atentado se comunicaban con teléfonos en El Líbano usados por Hezbollah. Esta última información es la que aportaban los servicios extranjeros ya que está claro que la SIDE no tenía capacidad ni presencia para establecer a quién correspondían los teléfonos.
Hezbollah siempre negó su participación en los ataques y en sus declaraciones o entrevistas sostuvieron que no realizan acciones fuera de Medio Oriente.
Agujeros
La acusación contra Irán y Hezbollah arrancó en la misma semana del atentado contra la AMIA. Hay documentación que evidencia que hubo un acuerdo entre el gobierno de Israel y el gobierno de Carlos Menem para que se hiciera, de manera coordinada, una única acusación sobre los autores del ataque: se puso la responsabilidad en Irán y Hezbollah. El problema grave de cualquier pista fue que nunca se supo nada sobre los puntos fundamentales del atentado:
*De dónde salieron los explosivos
*Quién se llevó la camioneta que armó con partes robadas el armador de autos truchos, Carlos Telleldín.
*Nunca se supo dónde estuvo la camioneta y dónde se armó el artefacto explosivo
*Si los autores fueron extranjeros, nunca se pudo detectar cómo entraron al país, con qué identidades.
*Si hubo un suicida, sigue sin saberse quién fue y cómo llegó a la Argentina.
Semejante agujero negro en la investigación es un obstáculo insalvable para anudar la relación con los autores intelectuales. Es imposible saber quién estuvo detrás si no está clara cuál fue la mano de obra del atentado.
Juicio I
La investigación original, con la acusación a Hezbollah e Irán, estuvo a cargo del juez Juan José Galeano. Toda su pesquisa se cayó a pedazos durante el juicio fundamental que se hizo en Comodoro Py y que estuvo a cargo del Tribunal Oral Federal 3.
Después de cuatro años, el fallo fue lapidario y la última frase resumió todo: "la investigación fue un armado al servicio de políticos inescrupulosos".
De manera que ese proceso arrasó con toda la investigación previa y no resulta creíble que Galeano fue un fraude respecto de la conexión local y un juez preciso e intachable en la conexión internacional. El derrumbe fue tan grande que Interpol levantó todas las órdenes de captura internacionales. La debacle tuvo repercusión también a raíz de la detención, en Londres, de quien fuera embajador de Irán en la Argentina en la época del atentado, Hadi Soleimanpour. El diplomático fue apresado en 2003 y el juez Galeano envió un informe de 400 páginas al magistrado que intervino en Londres. Finalmente Soleimanpour fue liberado, absuelto y se le pagó una indemnización de 20.000 libras esterlinas. El juez británico consideró que no se presentaron pruebas sólidas.
Tras una visita del presidente Bill Clinton a Buenos Aires, su esposa Hillary se comprometió a enviar una delegación del FBI para que revise la causa. La misión estuvo durante un mes en Buenos Aires y concluyó que había que revisar la llamada "pista siria", en especial la posible participación de un ciudadano argentino de origen sirio--libanés, Alberto Kanoore Edul. El informe, de unas 20 páginas, recomendó re-direccionar la investigación. Es decir que ni el FBI estaba convencido de la llamada "pista iraní".
Juicio II
A raíz de una denuncia de la agrupación Memoria Activa, y después de muchos años de batalla, se llegó a un segundo juicio, esta vez sobre los desvíos y las manipulaciones de la causa AMIA. Uno de los puntos que se trató fueron las maniobras para tapar esa llamada "pista siria", y como se sabe hubo condenas a los protagonistas.
De manera que transcurridos 25 años del atentado, el fracaso de la investigación deja en una especie de limbo, tanto la conexión local como la conexión internacional. No hay condena firme contra nadie. Tampoco hay condena firme en el caso de la Embajada de Israel, cuya investigación fue aún peor.
Sobreactuación
Con semejante panorama en el expediente judicial, parece obvio que la creación del RePET y la declaración de Hezbollah como organización terrorista son sobreactuaciones políticas cuyo objetivo es, principalmente, exhibir el alineamiento con la Casa Blanca. No son pocos los que afirme que es un gesto a cambio de los 55 mil millones de dólares que el FMI envía a la Argentina, gracias a la influencia y la presión de Washington.
Desde el punto de vista internacional, las Naciones Unidas tiene un listado acotado en el que figuran como terroristas organizaciones vinculadas a Al Qaeda y a los talibanes. La Union Europea distingue entre el brazo militar de Hezbollah, que la UE considera organización terrorista, y el partido Hezbollah, que no figura en esa lista.
La inmensa mayoría de los países, esto incluye todo Asia, todo Africa y casi toda America Latina, no tiene a Hezbollah en ningún listado, ni al partido ni al brazo militar. Para los países árabes, las acciones armadas de Hezbollah son parte del derecho de resistencia ante lo que consideran invasión israelí a su territorio y por lo tanto sostienen que tiene derecho a acciones armadas dentro de ese territorio.
La Argentina se suma ahora a Estados Unidos, Israel, el Reino Unido, Canadá, La Liga Arabe, Japón y los Emiratos, declarando que no hay distinción entre partido y brazo armado y que todo Hezbollah debe ser considerada una organización terrorista.
Neutralidad
El punto clave del decreto y la inclusión de Hezbollah es que se rompe la neutralidad argentina en el conflicto de Medio Oriente. La Casa Rosada pone al país de un lado en ese conflicto y abandona la política pacifista tradicional. Además, en los últimos tiempos hubo conatos de bombardeos de Estados Unidos a Irán y una política más que agresiva, que Donald Trump puso en marcha rompiendo el pacto de limitación nuclear que firmó Irán con Rusia, China, el Reino Unido, Francia y Alemania. O sea la Argentina se puso del lado de la postura guerrerista.
Algunos sostienen que semejante paso expone a la Argentina a represalias de grupos fundamentalistas, en tiempos en que todo el continente vive un clima muy distinto al europeo, por ejemplo, con continuos ataques de pequeños grupos fundamentalistas. Habrá que ver qué sucede en los próximos tiempos. No es un tema menor, además, que se haya tomado una decisión de tal envergadura en el plano de las relaciones exteriores sin la menor consulta al Congreso.
Es muy posible que la Casa Rosada haya evaluado que no tendría acompañamiento en semejante aventura.
viernes, 5 de julio de 2019
Macri desentierra el ALCA
Otra jugada electoral: propuesta de libre comercio con Estados Unidos
En
medio del enojo norteamericano por el intento de arreglo con la Unión
Europea, de la crisis y de los indigentes muertos por el frío el
Gobierno saca otro conejo de la galera.
Quedará en la historia: el 4 de julio de 2019 un presidente argentino propuso firmar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. La oferta se produjo justo a 243 años de la independencia norteamericana, declarada el 4 de julio de 1776, pero extrañamente recién después de haber anunciado la intención de firmar un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea: una burla a Washington. Los historiadores recordarán que cuando Mauricio Macri hizo el anuncio estaba en plena campaña por su reelección y que un asesor ecuatoriano le recomendaba sacar de la galera un conejo por día para compensar noticias como la caída de la producción automotriz o los cinco muertos de frío en condiciones de indigencia.
El Gobierno propuso la formación de un ALCA, un área de libre comercio de las Américas, sin que esta vez se lo pidieran los Estados Unidos. Es un sí al ALCA voluntario y no arrancado por ningún poder extranjero más allá de los lazos ideológicos y personales entre Macri y su equipo económico con las finanzas internacionales. El 18 Macri podrá calibrar el impacto de su anuncio cuando llegue a Buenos Aires Mike Pompeo, el ex director de la Agencia Central de Inteligencia y actual secretario de Estado (canciller) de los Estados Unidos.
El Presidente buscó asombrar a los argentinos justo ante las pymes reunidas en la Came, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa.
Así fue su presentación completa de la noticia: “Se nos acaba de abrir una oportunidad histórica con la Unión Europea que nos abre un mercado de 500 millones de consumidores, y es mentira que ese acuerdo va a dañar el mercado argentino ”. Y agregó: “En un par de meses vamos a ir la EFTA, la Asociación Europea de Libre Comercio, antes de fin de año esperamos acordar con Canadá, en 2020 Corea y el canciller dijo que también estamos hablando con Brasil para un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos”.
A Trump no le gustó
Página/12 pudo establecer de fuentes diplomáticas confiables que la diplomacia norteamericana recibió con disgusto el aviso argentino de que había firmado un supuesto acuerdo con la Unión Europea. La explicación Made in USA no es ideológica sino surgida de los propios intereses y de la actual relación. Para la administración de Donald Trump América Latina debe ser conquistada por las empresas norteamericanas antes que por las europeas. Pero además la propia Europa está en cuestionamiento. La Casa Blanca quiere recuperar algo del Plan Marshall, el programa de recuperación de Europa que comenzó con 12 mil millones de dólares aportados por los Estados Unidos entre 1948 y 1952. Buscaba contener el avance comunista y crear un mercado para los bienes norteamericanos.
El Gobierno argentino priorizó un gesto hacia Europa en medio de la campaña electoral antes que un gesto hacia los Estados Unidos. La prueba es que un día antes del anuncio de Macri, el 3 de julio, el canciller Jorge Faurie dijo al programa “Terapia de noticias” que un arreglo con los Estados Unidos “complementaría enormemente lo que acabamos de hacer con la Unión Europea”.
En verdad, lo que acabamos de hacer todavía es un misterio. No solo falta conocer la letra chica de la carta de intención con Europa sino la letra grande. Un paneo de este diario entre dirigentes empresarios, industriales y gremios de todos los sectores y tamaños permitió concluir que no hubo consulta alguna durante las negociaciones con la Unión Europea, mecanismos que sí tuvieron en cuenta todos los gobiernos de Europa. Tampoco fueron consultados sobre un eventual arreglo con los Estados Unidos.
ALCA no
En 2005 la Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, los cuatro países que entonces eran miembros del Mercosur, sumaron a Venezuela y los cinco juntos en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata lograron ponerle bolilla negra a la formación de un ALCA, un acuerdo de libre comercio de las Américas. El sistema de las cumbres es que solo puede haber acuerdos por consenso y no por voto. Por eso la bolilla negra fue tan potente incluso frente a la presencia física de los Estados Unidos en las negociaciones a través del mismísimo presidente George Bush hijo.
Un mito en boga, corriente entre partidarios de un ALCA y también entre quienes no querían su formación, refiere que no hubo área de libre comercio de todo el continente por la presión del acto en el estadio mundialista que condujo el entonces presidente venezolano Hugo Chávez y en el que hablaron figuras tan variadas como Diego Maradona y Evo Morales, que todavía era candidato a la presidencia de Bolivia .
En rigor Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Lula, el paraguayo Nicanor Duarte Frutos y el uruguayo Tabaré Vázquez ya habían tomado antes la decisión de que tratarían de impedir la formación de un ALCA. Kirchner había dado instrucciones que llevó a cabo el vicecanciller económico, Alfredo Chiaradía, un diplomático de carrera de gran experiencia y prestigio, y Lula había contado con la ayuda de otro diplomático, Ademar Bajadian. El negociador brasileño acuñó una frase que hoy sería impugnada desde la perspectiva de género pero que describía la posición de su país: “El ALCA es como una bailarina de cabaret que te deslumbra a media luz. A la mañana, con la luz del sol, te das cuenta de que no era tan linda y que quizás tampoco era una bailarina”.
Kirchner trabajó con quien era su vicecanciller, Jorge Taiana, como coordinador de la Cumbre de las Américas , y parte de las negociaciones con los presidentes corrieron por cuenta de su jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
El acto en el estadio mundialista fue la exteriorización popular del rechazo a un ALCA, pero la discusión de fondo transcurrió el 4 y el 5 de noviembre a puertas cerradas y sobre la base del concepto de Bajadian. Lula, Kirchner, Chávez, Vázquez y Duarte Frutos le dijeron a Bush que no estaban en contra de un acuerdo en términos genéricos sino de un acuerdo que podría significar la invasión del mercado sudamericano no solo por los productos estadounidenses sino por las industrias de servicios, las grandes constructoras y los propietarios de las patentes de invención. La Argentina y Brasil, además, eran y son competencia de los Estados Unidos en los negocios agrícolas. Los tres son los mayores productores de soja del mundo.Geor
George Bush
En un momento de la reunión Bush puso cara asombrada y preguntó: “¿No se dan cuenta de que si no firmamos este acuerdo nos van a ganar China y la India?”
Para los cinco presidentes que lideraron la oposición a un ALCA fue la confirmación de que un eventual acuerdo sería una movida geopolítica y estratégico-militar y no solamente un ensayo comercial. Sin romper con los Estados Unidos, a punto tal que desde Mar del Plata Bush viajó a Brasilia en visita oficial, la apuesta del Mercosur era la diversificación de relaciones y mercados, conservando la relación con Washington pero incorporando con mayor fuerza en el radar a China y la India.
Brasil y la Argentina comenzaron su integración en 1985 bajo los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney e impulsaron la formación del Mercosur en 1991 bajo los ultraliberales Carlos Menem y Fernando Collor de Mello. Aun en etapas distintas el Mercosur avanzaría en el establecimiento de un arancel externo común, se movería hacia la ampliación del grupo para contar con Bolivia, Chile y Venezuela y con Lula y Kirchner funcionaría como un núcleo de política exterior que pudiera tener una voz escuchada en un mundo que ambos presidentes querían multipolar.
Al margen de la búsqueda de la diversificación de las relaciones exteriores las cancillerías de Brasil y la Argentina encargaron estudios de dinámica alternativa. Así llaman los economistas en su jerga a las simulaciones de qué ocurriría si se abren mercados con los distintos sectores productivos. Uno de los efectos perjudiciales sería la virtual disolución del Mercosur, que devendría abstracto en medio de una asociación de libre comercio a nivel continental. Para la Argentina significaría la pérdida de Brasil como el principal comprador mundial de sus productos industriales.
Un estudio de la Cancillería elaborado en 2002 bajo la presidencia de Eduardo Duhalde, cuando todavía la Argentina analizaba y no había establecido una posición negativa, señalaba entre las “amenazas” de un ALCA el alto nivel de daño sobre las exportaciones a Brasil por la futura competencia de productos norteamericanos. La Argentina podría perder el 31 por ciento de sus ventas a Brasil en sectores como el automotriz y el de autopartes, el de maquinaria en general y sus partes y manufacturas de fundición, hierro o acero. Las dos firmas de aquel estudio del Centro de Economía Internacional no pertenecen a dos populistas. Firmaban el vicecanciller económico Martín Redrado y el director del CEI, Hernán Lacunza, el mismo que hoy es el ministro de Economía de María Eugenia Vidal.
El gobierno de Mauricio Macri no puso en circulación ningún estudio con el mismo nivel de detalle como para conocer en profundidad ventajas y desventajas de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.
jueves, 4 de julio de 2019
Relaciones carnales: el canciller Faurie admite que negocia un nuevo ALCA con Estados Unidos
Jorge Faurie: "Estamos analizando una negociación de libre comercio con Estados Unidos"
El canciller
Jorge Faurie
estuvo en
Terapia de noticias
y allí habló sobre el
acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea
y sostuvo que hay en el horizonte una posibilidad de avanzar en un
pacto de libre comercio también con Estados Unidos: "Creo que esto
complementaría lo que acabamos de hacer con la Unión Europea. Estamos
analizando la posibilidad de hacer esta negociación". Sumado a esto,
contó que, además de la asociación con China, ya están trabajando con
Canadá, Corea y Singapur para sumar estos bastiones. "Son todos
platillos a los que pueden llegar los productos argentinos, y esto es
trabajo".
Sobre el pacto firmado con la Unión Europea, aclaró que
"ningún sector está condenado a desaparecer" porque esta medida "no es
el fin de la industria nacional". Así, detalló: "Nosotros armamos un
esquema de reducción arancelaria que amortigua, enormemente, para el
lado del
Mercosur
el proceso de adaptación. El grueso de los productos que van a llegar de la
Unión Europea
empiezan a llegar a partir del año 7 al 15. Por lo que hay un tiempo más que suficiente de adaptación".Faurie estimó que el pacto entrará en vigencia en 2021 y que las ventajas arancelarias que están programadas para los productos del Mercosur permitirán que estos compitan más rápidamente dentro del mercado europeo. "Nuestros productos entrarán antes que los europeos", resumió. Y explicó que, para crecer en competitividad e insertarse en el mundo, el Gobierno intenta remediar las deficiencias estructurales que acechan al país y reducir el gasto, pero subrayó que esto depende de una tarea conjunta entre el Estado y el sector empresarial.
Según dijo, este pacto permitirá que el país se ordene en sus reformas estructurales, y proyectó: "La energía es uno de nuestros valores más importantes de exportación. Para muchos productores europeos, con la energía barata que vamos a tener con el desarrollo de Vaca Muerta, vamos a ser un lugar atractivo para invertir".
Entonces, en diálogo con LN+ , celebró que en la reunión que tuvo Mauricio Macri con empresarios para hablar acerca del acuerdo "las voces fueron todas positivas" y aclaró que nadie "se desayunó" esta negociación porque es una política de Estado que se viene trabajando hace 20 años. En relación a esto, atribuyó a la "contienda electoral" al hecho de que algunos opositores, como Alberto Fernández , no quieran reconocer cómo esta medida favorecerá al país, y dijo es importante pensar a futuro. "El pueblo argentino no es sonso y sabe los beneficios que esto le puede traer".
El emotivo mensaje que le envió a Macri
Además, contó cómo vivió el momento en que se confirmó que se había cerrado el pacto de libre comercio, y recordó: "Había equipos negociadores de todos los países en un gran hall, y les dije: 'Habemus bebé'. Todos se alegraron, hubo un gran aplauso y mucha emoción porque realmente mucha gente de varios ministerios y equipos técnicos comprometieron mucho, mucho esfuerzo, y porque sabíamos lo positivo que esto era para los argentinos".El canciller se refirió al mensaje de audio que le envió a Mauricio Macri por WhatsApp. Según narró, cuando se confirmó el acuerdo era muy tarde en Japón y dudaron de si comunicárselo o no al Presidente de inmediato, pero finalmente decidieron despertarlo. "Sabíamos que él tenía un compromiso muy personal con que esto saliera positivamente. Entonces dijimos: 'Va a haber que despertarlo'. Por eso, le grabé el mensaje, con emoción propia mía porque estuve desde el principio en la tarea del Mercosur".
El rol de Macri en el pacto de libre comercio
Tal como destacó Faurie, el acuerdo refleja el modelo de lo que querían lograr cuando empezaron a trabajar con el modelo del Mercosur. Así, sobre el rol de Macri dijo que fue vital por su empatía al lidiar con los líderes internacionales, y enfatizó: "En estos tres años y medio, lo siguió permanentemente. En muchos de los ítems arancelarios que tuvimos trabas, él se metió llamando a los presidentes".Principalmente, el ministro de Relaciones Exteriores y Culto resaltó cuan clave fue Macri para persuadir a Brasil a que se sume al pacto. Para él, tras la intervención del argentino, se aceleró la negociación por cómo Brasil comenzó a involucrarse. "Macri acercó a [Jair] Bolsonaro con [Emmanuel] Macron ", sintetizó al hablar de cómo contribuyó a que se derriben algunos prejuicios que había en torno al presidente brasileño y a su política ambiental.
domingo, 5 de mayo de 2019
El abrazo del oso? El apoyo de Trump y el FMI a Macri no registra antecedentes. Opinan Zaiat y Tokatlian
SIN RESERVAS
El BCRA registra 71 mil millones de dólares de reservas, pero la cifra realmente disponible apenas sobrepasa los 17 mil millones. Aunque el Gobierno cruje, Trump juega fuerte para que Macri llegue a octubre. Fueron los Estados Unidos los que obligaron al FMI a permitir que el Banco Central vendiera dólares en cantidad.
Por Alfredo Zaiat (Página/12)

El FMI censura a los países que ocultan información económica o difunden estadísticas no confiables, como lo hizo con Argentina durante varios años durante el ciclo político kirchnerista. Ahora avala que el Banco Central esconda los motivos de la variación diaria de las reservas internacionales, para de esa forma disimular la liquidación de dólares para financiar la fuga de capitales. Este doble estándar estaría reflejando que sus observaciones con pretensión técnica y pulcritud institucional son eminentemente políticas. El FMI ha dejado expuesto en forma explícita en su estatuto que los dólares que presta a los países no pueden ser utilizados para atender la demanda especulativa de divisas. En una decisión desconcertante, autorizó al Banco Central de Guido Sandleris a rifar en el mercado los dólares que fueron entregados inicialmente para garantizar el pago de intereses y capital de la deuda. Desampara a los dueños de títulos públicos, que no es otra cosa que agigantar el fantasma del default, persiguiendo un objetivo difícil de alcanzar: frenar la corrida dolarizadora en los meses previos a la elección de presidente 2020-2023. Con ambas medidas desesperadas, el Fondo Monetario Internacional, o sea los Estados Unidos, no sólo es el principal financista de la campaña electoral del oficialismo. Se ha convertido también en el más fuerte soporte político del macrismo en momentos en que la alianza Cambiemos se está descomponiendo sin pausa, con radicales en fuga, con Elisa Carrió espantando al electorado y con líneas internas del PRO que desean que Mauricio Macri se decida a dar un paso al costado para preservar algún margen de competitividad en las elecciones.
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Vencimientos cercanos | Un bunker con dudas
El FMI salió otra vez al rescate de un Macri acorralado por el dólar y al borde del abismo. Es una decisión política que no tuvo en su momento con el gobierno de Raúl Alfonsín (1989) ni con el de Fernando de la Rúa (2001), a los cuales les soltó la mano precipitando crisis de proporciones. Con la flexibilización de la regla para vender dólares del Banco Central, se consolida el partido político FMI Macri para competir en la próxima elección presidencial.
Liquidación
La directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, despidió al anterior presidente del Banco Central, Luis Caputo, luego de que liquidara unos 13.500 millones de dólares de las reservas sin autorización –del FMI–. Esa crisis provocó la caída del primer acuerdo con Argentina, que luego fue reflotado en otro que definió una zona de no intervención cambiaria y la veda a utilizar los dólares del préstamo de más de 57 mil millones para atender la inestabilidad del mercado cambiario. Esa política ahora fue tirada al cesto, sumándose a la serie de fracasos que viene acumulando el Banco Central desde la dupla Federico Sturzenegger-Lucas Llach, pasando por Luis Caputo-Gustavo Cañonero y ahora Guido Sandleris-Verónica Rappoport. Puede ser que a algunos de ellos sólo les quede la red social Twitter para alimentar la ironía y autoestima, porque la sucesión de fiascos en la administración de la política monetaria y cambiaria en estos años de macrismo ha sido impactante.
Con el exclusivo objetivo de llegar a las elecciones PASO con el tipo de cambio relativamente bajo control, para después alcanzar la primera vuelta en octubre sin desborde cambiario e inflacionario, el Banco Central informó que volverá a dilapidar dólares para satisfacer la demanda de billetes verdes. Como informó David Cufré en este diario, Sturzenegger entregó al mercado unos 12 mil millones de dólares y Caputo, los mencionados 13.500 millones; o sea, 25.500 millones de dólares en pocos meses sin poder domar la paridad cambiaria. Sandleris pretende ocultar cuántos liquidará, al discontinuar una información que proporcionaba el BC desde hace más de 25 años, pero será un dato que finalmente se conocerá. En el registro contable del BCRA figura unos 71.000 millones de dólares de reservas, pero las realmente disponibles son poco más de 17.000 millones. Sandleris podrá sumarse entonces al podio histórico de los titulares del Central que vaciaron con fanatismo ortodoxo la caja de las reservas a favor de las fieras dolarizadoras.
Cuando anunciaron el primero y segundo acuerdo, el Gobierno y el FMI apostaron a que con el solo hecho de presentarlo iba a modificar las expectativas del mercado de capitales internacional y permitiría a la economía macrista retomar con la droga del endeudamiento emitiendo títulos públicos. No funcionó esa jugada. Por el contrario, ya sea por ineptitud en la gestión diaria del macrismo o por la pérdida de confianza en un gobierno que se publicitó como el que venía a cambiar la historia y lo único que terminó entregando fue desesperación por la crisis autoinfligida, el riesgo país empezó a subir y no detuvo su marcha hasta alcanzar el máximo de los 1000 puntos.
Para distraídos o mal informados de la historia financiera de las últimas décadas, estar abrazados al FMI no es un sello de calidad ni de confianza para los inversores. Una economía que está atada a una línea de crédito del FMI revela que está quebrada y ese rescate financiero está en función de evitar una inminente cesación de pagos, aunque sin alejar el peligro.
Con la decisión de desatar las manos del Banco Central para que pueda intervenir sin límites en el mercado cambiario, el gobierno y el FMI-Estados Unidos han repetido esa misma estrategia. Hacer una jugada inesperada, resistida por la tecnoburocracia del Fondo, de habilitar la liquidación de dólares con la expectativa de modificar la tendencia del mercado. Esperan que el anuncio desaliente la corriente dolarizadora y la especulación acerca de que habrá una fuerte devaluación. La promesa es que habrá ventas de dólares en cantidad con la misión de mantener bajo control la paridad cambiaria, ofreciendo a los bancos a la vez la tentación de una tasa de interés en pesos de las Leliq de 74 por ciento anual con renovación cada siete días, lo que implica una tasa efectiva del 105 por ciento anual con capitalización en cada vencimiento. La invitación oficial es a subirse a una bicicleta financiera infernal.
Geopolítica
Los técnicos del FMI quedaron nuevamente desairados porque no estaban de acuerdo con permitir que el Banco Central de Macri volviera a dilapidar reservas. Por concepción ideológica, son partidarios del tipo de cambio libre, y por normas institucionales del propio estatuto del Fondo, no podrían avalar la venta de los dólares de un crédito stand by para atender la fuga de capitales. Un reciente informe de la consultora de Emmanuel Alvarez Agis recuperó el texto de esa regla de funcionamiento en el estatuto del FMI. El Artículo VI Transferencias de Capital. l. Sección 1: Uso de los Recursos Generales del Fondo para Transferencias de Capital. Inciso (a), dice: “Ningún país miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital, y el Fondo podrá pedir al país miembro que adopte medidas de control para evitar que los recursos generales del Fondo se destinen a tal fin. Si después de haber sido requerido a ese efecto el país miembro no aplicara las medidas de control pertinentes, el Fondo podrá declararlo inhabilitado para utilizar los recursos generales del Fondo”.
La luz verde brindada por el FMI para el despilfarro de sus dólares es una interesante lección para la secta de economistas que vive abrazada al dogma de la ortodoxia. Las medidas económicas que el Fondo promueve y las decisiones que toma son fundamentalmente políticas, donde las cuestiones técnicas quedan desplazadas. Con el caso argentino, desde que salió al rescate a mediados del año pasado, esto ha quedado expuesto en toda su dimensión. Lo que también ha quedado en evidencia es la voz dominante de Estados Unidos en esta institución. Hasta hace un par de años, esa hegemonía se trataba de disimular; hoy se ha vuelto desfachatada.
Como se sabe, Estados Unidos ejerce el poder de veto en el organismo debido a que reúne el 16,74 por ciento por ciento del derecho a voto, y las decisiones más relevantes se deben tomar con la aprobación del 85 por ciento de los votos. No existe entonces decisión trascendente que no tenga el aval de Estados Unidos. Cuando se cae la máscara de la neutralidad técnica, aparece el rostro del FMI como una pieza relevante en el ordenamiento de la cuestión geopolítica de Estados Unidos. En estos mismos días del brusco giro dado por el Fondo a partir del pedido agobiado del Banco Central para poder rifar dólares para enfrentar la corrida cambiaria, Estados Unidos alentó el golpe de Estado en Venezuela. Y fue el gobierno de Macri el primero que salió a apoyar esa intervención. Este intercambio es muy transparente: dólares a cambio de la más absoluta subordinación a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
La relación de América latina con el FMI fue cambiando a lo largo de su historia. Hoy, como nunca antes, forma parte en forma abierta de la estrategia política, económica y militar de Estados Unidos. El respaldo financiero a Macri resulta desproporcionado teniendo en cuenta que es un gobierno que ha demostrado una y otra vez la incapacidad para administrar la coyuntura económica, en especial la cuestión cambiaria. La insistencia de Trump de rescatar a la economía macrista, con el anhelo de impedir el regreso del populismo al poder, puede igualmente frustrarse, del mismo modo que, por ahora, le sucede con su acoso intervencionista en Venezuela. La mediocridad de los aliados (Macri/Guaidó) no ayuda a Estados Unidos a conseguir resultados en esas misiones.
Corrida
La tecnoburocracia del Fondo Monetario ya tiene la excusa para justificar otro fiasco en el vínculo con Argentina. En la previsible autocrítica, más adelante señalará que hubo presiones políticas de Estados Unidos para modificar en varias ocasiones, en menos de un año, los principales lineamientos monetarios y cambiarios del acuerdo. Esos cambios fueron para rescatar una y otra vez a Macri del borde del abismo. El FMI se lavará las manos de otra experiencia frustrada, pero no lo exculpará de ser corresponsable de la debacle.
Como la cantidad de dólares es restringida, en un contexto de corrida cambiaria permanente y clausura del acceso al mercado voluntario de crédito, los billetes verdes del Fondo que se utilizarán para sostener el tipo de cambio se restarán de los asignados a cancelar intereses y capital de la deuda. Pueden ser insuficientes igual para atender la tendencia dolarizadora en los meses previos a las elecciones. Con CFK candidata o sin serlo, la corrida al dólar se concretará porque este comportamiento es el habitual en ese tipo de instancias políticas. La campaña de confusión deliberada que comanda el jefe de gabinete, Marcos Peña, con su red de periodistas y medios que repiten su libreto, atemoriza con un descontrol cambiario si crecen las posibilidades del regreso del populismo a la Casa Rosada. ¿Qué pasó en el mercado cambiario desde abril del año pasado sin estar CFK jugando en el terreno electoral? Igual hubo una demanda creciente de dólares. No es otra cosa que la debacle de la economía macrista el disparador de la corrida cambiaria.
El Banco Central dejó trascender que, si se produce un fuerte aumento de la demanda de dólares, las ventas oficiales serán tan contundentes que secarán de pesos la plaza impidiendo de esa manera la aceleración de la corrida. Este cándido análisis omite considerar como antecedentes las características de las corridas en meses electorales, y en especial subestima el peligro latente del traspaso a dólares de plazos fijos en pesos y el incremento de la velocidad de circulación del dinero (caída de la demanda de dinero) en momentos de pánico financiero.
Default
El programa financiero de este año era bastante ajustado, dependiendo su cierre en cuál sería el monto de renovación de las Letras del Tesoro en dólares. Hasta el mes pasado, ese plan se pudo desarrollar en forma holgada, pero empezaron a aparecer interrogantes acerca de la sustentabilidad de la deuda en el 2020. Esas dudas dispararon el riesgo país arriba de los 1000 puntos, con un leve respiro en la turbulenta plaza cambiaria en la última semana que permitió un retroceso de 50 a 70 puntos. Se está consolidando de ese modo el temor a un default o a un escenario aún más complejo de lo que se esperaba para el programa financiero del año próximo. Al desviar dólares para pagar deuda hacia el mercado cambiario, con el objetivo electoral de que no se dispare la paridad, se debilita el sensible frente de la deuda.
Pese a la insistente campaña encarada por la red de propaganda pública y privada del oficialismo de atemorizar con un probable default en un eventual tercer mandato de CFK, la cesación de pagos o reestructuración de los pagos de intereses y capital están siendo convocadas por el gobierno de Macri aliado con el FMI. Son ellos, en un acto desesperado por la pérdida de adhesión social al líder del PRO y a la marca electoral Cambiemos, que decidieron utilizar dólares destinados a cancelar deuda para financiar la fuga de capitales.
La frazada verde es corta. Si se intenta cubrir la demanda del mercado cambiario se destapa la capacidad de pago de la deuda, y viceversa. El Gobierno y el FMI han decidido abrigar en estos meses a las fieras dolarizadoras y descuidar a los acreedores de títulos públicos. El escenario de un futuro default entonces lo está dejando preparado la economía macrista; no la posibilidad del regreso a la Casa Rosada de un gobierno que el establishment denomina despectivamente populista.
El contexto global y regional de la elección en argentina
El BCRA registra 71 mil millones de dólares de reservas, pero la cifra realmente disponible apenas sobrepasa los 17 mil millones. Aunque el Gobierno cruje, Trump juega fuerte para que Macri llegue a octubre. Fueron los Estados Unidos los que obligaron al FMI a permitir que el Banco Central vendiera dólares en cantidad.
Por Alfredo Zaiat (Página/12)

El FMI censura a los países que ocultan información económica o difunden estadísticas no confiables, como lo hizo con Argentina durante varios años durante el ciclo político kirchnerista. Ahora avala que el Banco Central esconda los motivos de la variación diaria de las reservas internacionales, para de esa forma disimular la liquidación de dólares para financiar la fuga de capitales. Este doble estándar estaría reflejando que sus observaciones con pretensión técnica y pulcritud institucional son eminentemente políticas. El FMI ha dejado expuesto en forma explícita en su estatuto que los dólares que presta a los países no pueden ser utilizados para atender la demanda especulativa de divisas. En una decisión desconcertante, autorizó al Banco Central de Guido Sandleris a rifar en el mercado los dólares que fueron entregados inicialmente para garantizar el pago de intereses y capital de la deuda. Desampara a los dueños de títulos públicos, que no es otra cosa que agigantar el fantasma del default, persiguiendo un objetivo difícil de alcanzar: frenar la corrida dolarizadora en los meses previos a la elección de presidente 2020-2023. Con ambas medidas desesperadas, el Fondo Monetario Internacional, o sea los Estados Unidos, no sólo es el principal financista de la campaña electoral del oficialismo. Se ha convertido también en el más fuerte soporte político del macrismo en momentos en que la alianza Cambiemos se está descomponiendo sin pausa, con radicales en fuga, con Elisa Carrió espantando al electorado y con líneas internas del PRO que desean que Mauricio Macri se decida a dar un paso al costado para preservar algún margen de competitividad en las elecciones.
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Vencimientos cercanos | Un bunker con dudas
El FMI salió otra vez al rescate de un Macri acorralado por el dólar y al borde del abismo. Es una decisión política que no tuvo en su momento con el gobierno de Raúl Alfonsín (1989) ni con el de Fernando de la Rúa (2001), a los cuales les soltó la mano precipitando crisis de proporciones. Con la flexibilización de la regla para vender dólares del Banco Central, se consolida el partido político FMI Macri para competir en la próxima elección presidencial.
Liquidación
La directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, despidió al anterior presidente del Banco Central, Luis Caputo, luego de que liquidara unos 13.500 millones de dólares de las reservas sin autorización –del FMI–. Esa crisis provocó la caída del primer acuerdo con Argentina, que luego fue reflotado en otro que definió una zona de no intervención cambiaria y la veda a utilizar los dólares del préstamo de más de 57 mil millones para atender la inestabilidad del mercado cambiario. Esa política ahora fue tirada al cesto, sumándose a la serie de fracasos que viene acumulando el Banco Central desde la dupla Federico Sturzenegger-Lucas Llach, pasando por Luis Caputo-Gustavo Cañonero y ahora Guido Sandleris-Verónica Rappoport. Puede ser que a algunos de ellos sólo les quede la red social Twitter para alimentar la ironía y autoestima, porque la sucesión de fiascos en la administración de la política monetaria y cambiaria en estos años de macrismo ha sido impactante.
Con el exclusivo objetivo de llegar a las elecciones PASO con el tipo de cambio relativamente bajo control, para después alcanzar la primera vuelta en octubre sin desborde cambiario e inflacionario, el Banco Central informó que volverá a dilapidar dólares para satisfacer la demanda de billetes verdes. Como informó David Cufré en este diario, Sturzenegger entregó al mercado unos 12 mil millones de dólares y Caputo, los mencionados 13.500 millones; o sea, 25.500 millones de dólares en pocos meses sin poder domar la paridad cambiaria. Sandleris pretende ocultar cuántos liquidará, al discontinuar una información que proporcionaba el BC desde hace más de 25 años, pero será un dato que finalmente se conocerá. En el registro contable del BCRA figura unos 71.000 millones de dólares de reservas, pero las realmente disponibles son poco más de 17.000 millones. Sandleris podrá sumarse entonces al podio histórico de los titulares del Central que vaciaron con fanatismo ortodoxo la caja de las reservas a favor de las fieras dolarizadoras.
Cuando anunciaron el primero y segundo acuerdo, el Gobierno y el FMI apostaron a que con el solo hecho de presentarlo iba a modificar las expectativas del mercado de capitales internacional y permitiría a la economía macrista retomar con la droga del endeudamiento emitiendo títulos públicos. No funcionó esa jugada. Por el contrario, ya sea por ineptitud en la gestión diaria del macrismo o por la pérdida de confianza en un gobierno que se publicitó como el que venía a cambiar la historia y lo único que terminó entregando fue desesperación por la crisis autoinfligida, el riesgo país empezó a subir y no detuvo su marcha hasta alcanzar el máximo de los 1000 puntos.
Para distraídos o mal informados de la historia financiera de las últimas décadas, estar abrazados al FMI no es un sello de calidad ni de confianza para los inversores. Una economía que está atada a una línea de crédito del FMI revela que está quebrada y ese rescate financiero está en función de evitar una inminente cesación de pagos, aunque sin alejar el peligro.
Con la decisión de desatar las manos del Banco Central para que pueda intervenir sin límites en el mercado cambiario, el gobierno y el FMI-Estados Unidos han repetido esa misma estrategia. Hacer una jugada inesperada, resistida por la tecnoburocracia del Fondo, de habilitar la liquidación de dólares con la expectativa de modificar la tendencia del mercado. Esperan que el anuncio desaliente la corriente dolarizadora y la especulación acerca de que habrá una fuerte devaluación. La promesa es que habrá ventas de dólares en cantidad con la misión de mantener bajo control la paridad cambiaria, ofreciendo a los bancos a la vez la tentación de una tasa de interés en pesos de las Leliq de 74 por ciento anual con renovación cada siete días, lo que implica una tasa efectiva del 105 por ciento anual con capitalización en cada vencimiento. La invitación oficial es a subirse a una bicicleta financiera infernal.
Geopolítica
Los técnicos del FMI quedaron nuevamente desairados porque no estaban de acuerdo con permitir que el Banco Central de Macri volviera a dilapidar reservas. Por concepción ideológica, son partidarios del tipo de cambio libre, y por normas institucionales del propio estatuto del Fondo, no podrían avalar la venta de los dólares de un crédito stand by para atender la fuga de capitales. Un reciente informe de la consultora de Emmanuel Alvarez Agis recuperó el texto de esa regla de funcionamiento en el estatuto del FMI. El Artículo VI Transferencias de Capital. l. Sección 1: Uso de los Recursos Generales del Fondo para Transferencias de Capital. Inciso (a), dice: “Ningún país miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital, y el Fondo podrá pedir al país miembro que adopte medidas de control para evitar que los recursos generales del Fondo se destinen a tal fin. Si después de haber sido requerido a ese efecto el país miembro no aplicara las medidas de control pertinentes, el Fondo podrá declararlo inhabilitado para utilizar los recursos generales del Fondo”.
La luz verde brindada por el FMI para el despilfarro de sus dólares es una interesante lección para la secta de economistas que vive abrazada al dogma de la ortodoxia. Las medidas económicas que el Fondo promueve y las decisiones que toma son fundamentalmente políticas, donde las cuestiones técnicas quedan desplazadas. Con el caso argentino, desde que salió al rescate a mediados del año pasado, esto ha quedado expuesto en toda su dimensión. Lo que también ha quedado en evidencia es la voz dominante de Estados Unidos en esta institución. Hasta hace un par de años, esa hegemonía se trataba de disimular; hoy se ha vuelto desfachatada.
Como se sabe, Estados Unidos ejerce el poder de veto en el organismo debido a que reúne el 16,74 por ciento por ciento del derecho a voto, y las decisiones más relevantes se deben tomar con la aprobación del 85 por ciento de los votos. No existe entonces decisión trascendente que no tenga el aval de Estados Unidos. Cuando se cae la máscara de la neutralidad técnica, aparece el rostro del FMI como una pieza relevante en el ordenamiento de la cuestión geopolítica de Estados Unidos. En estos mismos días del brusco giro dado por el Fondo a partir del pedido agobiado del Banco Central para poder rifar dólares para enfrentar la corrida cambiaria, Estados Unidos alentó el golpe de Estado en Venezuela. Y fue el gobierno de Macri el primero que salió a apoyar esa intervención. Este intercambio es muy transparente: dólares a cambio de la más absoluta subordinación a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
La relación de América latina con el FMI fue cambiando a lo largo de su historia. Hoy, como nunca antes, forma parte en forma abierta de la estrategia política, económica y militar de Estados Unidos. El respaldo financiero a Macri resulta desproporcionado teniendo en cuenta que es un gobierno que ha demostrado una y otra vez la incapacidad para administrar la coyuntura económica, en especial la cuestión cambiaria. La insistencia de Trump de rescatar a la economía macrista, con el anhelo de impedir el regreso del populismo al poder, puede igualmente frustrarse, del mismo modo que, por ahora, le sucede con su acoso intervencionista en Venezuela. La mediocridad de los aliados (Macri/Guaidó) no ayuda a Estados Unidos a conseguir resultados en esas misiones.
Corrida
La tecnoburocracia del Fondo Monetario ya tiene la excusa para justificar otro fiasco en el vínculo con Argentina. En la previsible autocrítica, más adelante señalará que hubo presiones políticas de Estados Unidos para modificar en varias ocasiones, en menos de un año, los principales lineamientos monetarios y cambiarios del acuerdo. Esos cambios fueron para rescatar una y otra vez a Macri del borde del abismo. El FMI se lavará las manos de otra experiencia frustrada, pero no lo exculpará de ser corresponsable de la debacle.
Como la cantidad de dólares es restringida, en un contexto de corrida cambiaria permanente y clausura del acceso al mercado voluntario de crédito, los billetes verdes del Fondo que se utilizarán para sostener el tipo de cambio se restarán de los asignados a cancelar intereses y capital de la deuda. Pueden ser insuficientes igual para atender la tendencia dolarizadora en los meses previos a las elecciones. Con CFK candidata o sin serlo, la corrida al dólar se concretará porque este comportamiento es el habitual en ese tipo de instancias políticas. La campaña de confusión deliberada que comanda el jefe de gabinete, Marcos Peña, con su red de periodistas y medios que repiten su libreto, atemoriza con un descontrol cambiario si crecen las posibilidades del regreso del populismo a la Casa Rosada. ¿Qué pasó en el mercado cambiario desde abril del año pasado sin estar CFK jugando en el terreno electoral? Igual hubo una demanda creciente de dólares. No es otra cosa que la debacle de la economía macrista el disparador de la corrida cambiaria.
El Banco Central dejó trascender que, si se produce un fuerte aumento de la demanda de dólares, las ventas oficiales serán tan contundentes que secarán de pesos la plaza impidiendo de esa manera la aceleración de la corrida. Este cándido análisis omite considerar como antecedentes las características de las corridas en meses electorales, y en especial subestima el peligro latente del traspaso a dólares de plazos fijos en pesos y el incremento de la velocidad de circulación del dinero (caída de la demanda de dinero) en momentos de pánico financiero.
Default
El programa financiero de este año era bastante ajustado, dependiendo su cierre en cuál sería el monto de renovación de las Letras del Tesoro en dólares. Hasta el mes pasado, ese plan se pudo desarrollar en forma holgada, pero empezaron a aparecer interrogantes acerca de la sustentabilidad de la deuda en el 2020. Esas dudas dispararon el riesgo país arriba de los 1000 puntos, con un leve respiro en la turbulenta plaza cambiaria en la última semana que permitió un retroceso de 50 a 70 puntos. Se está consolidando de ese modo el temor a un default o a un escenario aún más complejo de lo que se esperaba para el programa financiero del año próximo. Al desviar dólares para pagar deuda hacia el mercado cambiario, con el objetivo electoral de que no se dispare la paridad, se debilita el sensible frente de la deuda.
Pese a la insistente campaña encarada por la red de propaganda pública y privada del oficialismo de atemorizar con un probable default en un eventual tercer mandato de CFK, la cesación de pagos o reestructuración de los pagos de intereses y capital están siendo convocadas por el gobierno de Macri aliado con el FMI. Son ellos, en un acto desesperado por la pérdida de adhesión social al líder del PRO y a la marca electoral Cambiemos, que decidieron utilizar dólares destinados a cancelar deuda para financiar la fuga de capitales.
La frazada verde es corta. Si se intenta cubrir la demanda del mercado cambiario se destapa la capacidad de pago de la deuda, y viceversa. El Gobierno y el FMI han decidido abrigar en estos meses a las fieras dolarizadoras y descuidar a los acreedores de títulos públicos. El escenario de un futuro default entonces lo está dejando preparado la economía macrista; no la posibilidad del regreso a la Casa Rosada de un gobierno que el establishment denomina despectivamente populista.
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El contexto global y regional de la elección en argentina
Breve compendio de los condicionamientos geopolíticos en los que se celebran los comicios que definirán el futuro de la Argentina. Y un dato clave: desde el advenimiento de la democracia en 1983, ningún presidente contó con tanto apoyo político en Estados Unidos para ser reelecto como Mauricio Macri.
POR: JUAN GABRIEL TOKATLIAN (Revista Crisis)
03 DE MAYO DE 2019

La elección presidencial de octubre de este año en Argentina –en el mismo mes tendrán lugar las elecciones en Bolivia y Uruguay– se inscribe en un contexto complejo y cambiante en los planos global y regional. Dicho contexto opera, a mi entender, como un telón de fondo que puede tener impacto circunstancial –no una incidencia decisiva– en la campaña que se inicia a partir de junio. Vayamos por partes, de modo sucinto y destacando ciertos aspectos (se entiende que podrían incluirse otros elementos de análisis y aquí se ensaya una versión abreviada de un argumento que exige más detalle y mejor precisión).
américa latina ha perdido gravitación en el mundo y parece hoy abocada a divergir cada vez más. lo primero conduce a la debilidad y lo segundo a la desintegración: ambas tendencias combinadas agudizan la dependencia.
elementos geopolíticos
No es una novedad que en lo global asistimos a un proceso significativo de redistribución de poder, influencia y prestigio de Occidente a Oriente; lo que sí constituye algo distintivo es la fase singular en que se encuentra hoy la relación entre Washington y Beijing. Durante la administración del presidente Barack Obama el vínculo entre los dos países combinaba colaboración y competencia en dosis relativamente equilibradas, bajo el principio de contener el ascenso chino. Con la llegada al gobierno de Donald Trump el vínculo bilateral ingresó en una fase de mayor fricción. Ahora la Casa Blanca no parece conformarse con limitar la expansión china sino que aspira a revertir su gravitación, tanto en el área vecina como en su proyección internacional. Al mismo tiempo, la relación entre Estados Unidos y Rusia se deteriora en materia nuclear y se exacerba en diferentes escenarios como Irak, Libia, Siria, Ucrania y Venezuela.
La expresión continental del viraje en el eje Washington-Beijing se epitomiza con dos discursos elocuentes. En 2013 y en el marco de la OEA, el entonces secretario de Estado, John Kerry proclamó el fin de la Doctrina Monroe. En 2018, en una alocución en la Universidad de Texas justo antes de un periplo por América Latina, el entonces secretario de Estado Rex Tillerson destacó la importancia de la Doctrina Monroe con el acento puesto en frenar el avance de China en la región que implicaba, en sus palabras, una forma de “dependencia de largo plazo” para Latinoamérica. En realidad, y antes del renacimiento de la Doctrina Monroe como guía de las relaciones interamericanas, la Theater Strategy 2017-2027 del Comando Sur anunciaba que una de las prioridades militares de Estados Unidos en América Latina y el Caribe era responder a los “actores estatales externos malignos” como China y Rusia. Esa visión de las amenazas de origen estatal que se deben enfrentar la ratificó el actual comandante del Comando Sur, el Almirante Craig Faller, en una audiencia ante el Congreso en febrero de 2019.
La creciente contienda chino-estadounidense y la renovada tensión ruso-estadounidense se irá manifestando con más fuerza en la región y se ahondará en los años por venir. Washington, Beijing y Moscú se comportarán de manera cada vez más asertiva frente a aliados, socios y oponentes y ello se sentirá en América Latina. Cabe recordar que el 90% de la inversión china en Latinoamérica se concentra en Brasil, Venezuela, Argentina y Ecuador, y que la Argentina es el único país en que China ha establecido una estación satelital como parte de la red de espacio profundo que Beijing ha desarrollado en su propio territorio.
globalizar la desesperanza
Ahora bien, el tablero mundial toma en cuenta no solo los convencionales actores estatales, sino también a los actores no gubernamentales, desde grandes corporaciones multinacionales y calificadoras de riesgo estadounidenses hasta ONG y grupos criminales. En ese marco, una globalización cada vez más asimétrica ha dominado la política internacional en las últimas décadas. La diferencia esencial es que si hasta los noventa la globalización se percibía como sinónimo de prosperidad por varios de sus logros y muchas de sus promesas, en el siglo XXI –y con más fuerza en el último lustro– la globalización se relaciona con la inseguridad por el desempleo, la desindustrialización y la fragmentación.
En el corazón de ese descontento está el auge de la desigualdad confirmada por numerosos informes y estudios. No debe sorprender entonces el incremento de las protestas sociales urbi et orbi, así como el aumento de la polarización interna en países del centro y de la periferia. No se trata de un malestar subjetivo, sino que hay razones objetivas para la crispación y el antagonismo. La Gran Recesión iniciada en 2008 ha dejado secuelas evidentes y las pugnas comerciales y tecnológicas se agudizan mucho más desde el inicio del gobierno de Trump. En el plano regional hay diversos fenómenos, algunos estructurales y otros coyunturales, que alimentan la inestabilidad y la conflictividad. América Latina ha perdido gravitación en el mundo y parece hoy abocada a divergir cada vez más. Lo primero conduce a la debilidad y lo segundo a la desintegración: ambas tendencias combinadas agudizan la dependencia.
Varios indicadores económicos, sociales, militares, diplomáticos y científicos dan cuenta de esa caída. Por ejemplo, cuando en 1945 se creó la Organización de Naciones Unidas, el peso del voto regional era significativo: de los 51 miembros iniciales 20 eran de América Latina; en la actualidad hay 193 países en la ONU y la dispersión del voto de la región le resta aún más influencia a Latinoamérica como bloque. Datos de la CEPAL revelan que la participación latinoamericana en el total de exportaciones mundiales fue del 12% en 1955 mientras en 2016 cayó al 6%. De acuerdo con la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, en 2006 la solicitud de nuevas patentes proveniente de América Latina era del 3% (las de Asia eran el 49,7%), pero en 2016 bajamos a 2% (al tiempo que Asia aumentó a 64.6%). Global Firepower ha confeccionado un índice de poder militar: en 2006 Brasil, México y Argentina ocupaban, respectivamente, las posiciones 8, 19 y 33; en 2018 Brasil está en el puesto 14, México en el 32 y Argentina en el 37. En el ranking sobre “poder blando” elaborado entre la University of Southern California y la consultora Portland, Brasil se ubicó en el lugar 23 en 2015, en el 24 en 2016 y en el 29 en 2017.
A su turno, las iniciativas de integración de diversa índole están en franco retroceso. Una mezcla de estancamiento, desaliento y fragilidad atraviesa a todas las iniciativas regionales, ya sean políticas como económicas. Durante la “marea rosada” de los gobiernos de centro-izquierda el espíritu a favor de más asociación chocó con las limitaciones de cada proyecto interno. La crisis financiera que estalló en 2008 mostró cómo las opciones nacionales y aisladas prevalecieron sobre las alternativas subregionales y mancomunadas. Dinámicas exógenas como el auge de China reforzaron la primarización de las economías y los incentivos para buscar atajos particulares, aun si los discursos de unidad fueron la nota predominante desde comienzos del siglo XXI. Ahora, con el “reflujo neoliberal” de los gobiernos de derecha, ante una administración en Washington que está dispuesta a recuperar su primacía de manera pendenciera, y en medio del apogeo de la financiarización, se verifica el desinterés por acciones colectivas (salvo aquellas de corte ideológico) y la preferencia por salidas unilaterales (en desmedro del lánguido multilateralismo existente). El debilitamiento y desintegración conducen a una doble dependencia externa, sea de un poder declinante como Estados Unidos como del poder ascendente chino, justo cuando ambos se disponen a elevar su competencia en Latinoamérica.
asistimos a un caso infrecuente en la historia contemporánea de las relaciones bilaterales: ya no es el “braden o perón” agitado desde buenos aires sino una suerte de “macri o el abismo” articulado tácita y pre-electoralmente desde washington dc.
alta política
Paralelamente, y por tercera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la región es parte de lo que se denomina la “alta política”. Esto quiere decir que está envuelta en una dinámica que la ubica en un lugar de mucha visibilidad para las grandes potencias. En efecto, la crisis de los misiles en Cuba de 1962 y la guerra de las Malvinas fueron hitos de la “alta política”; algo que hoy se refleja en el caso de Venezuela. Son situaciones en las que se manifiestan factores que empujan a los poderosos a involucrarse y fenómenos que atraen su intervención. Cualquiera sea la evolución y el desenlace de lo que acontece en Venezuela –donde se cruzan, entre otros, los intereses de Estados Unidos, China y Rusia– ese país se ha vuelto un tema electoral doméstico en buena parte de América Latina. Sudamérica no parece estable.
En el área sobresalen momentos de hegemonía transitorios y débiles. Los proyectos socio-políticos y económicos de corte moderadamente reformistas que operaron bajo las reglas del sistema no pudieron afianzarse en los años cincuenta y principios de los sesenta. Los intentos autoritarios de finales de los años setenta hasta principios de los ochenta tampoco pudieron prosperar. El modelo neoliberal de los noventa no parecía extenderse más allá de esa década. Con el comienzo del siglo XXI el proyecto progresista no pudo superar los tres lustros. Hoy observamos el resurgimiento del proyecto neoliberal que se asienta en sociedades fragmentadas y polarizadas, con fuerte dominio financiero y estructuras productivas muy primarizadas. No estamos ante una hegemonía robusta. Probablemente veamos retroceder sus componentes consensuales y avanzar en dispositivos coercitivos; lo cual tenderá a generar más inestabilidad y conflictividad en un contexto global crecientemente incierto y pugnaz. En síntesis, asistimos a proyectos hegemónicos limitados que no parecen consolidarse porque no pueden ser plenamente aceptados por las mayorías sociales. Por lo tanto, los procesos electorales reflejan esa tensión y la contienda presidencial argentina no escapará a dicha regla.
braden vuelve
Ahora bien, en la campaña electoral argentina es relevante destacar un dato clave: la relación entre Washington y Buenos Aires. A mi entender, desde el advenimiento de la democracia en 1983 y la reforma constitucional de 1994, ningún presidente había contado con tanto apoyo político en Estados Unidos para ser reelecto como Mauricio Macri. Si uno mira específicamente a Washington DC –sin desconocer el peso de Wall Street–, en las relaciones entre Estados Unidos y la Argentina es posible identificar un cuadrilátero de respaldos indudables: las declaraciones sobre el país del poder ejecutivo (desde la Casa Blanca y los Departamentos de Estado, Defensa y Tesoro); las resoluciones (cinco entre 2017 y 2018) provenientes del Congreso y la creación del llamado Congressional Argentina Caucus; las acciones y los pronunciamientos de los bancos multilaterales (especialmente el Fondo Monetario Internacional); y los eventos, invitados y comentarios de varios think-tanks (entre ellos el Argentina Project del Wilson Center, el Argentina-US Strategic Forum del Center for Strategic & International Studies, el Atlantic Council, el American Enterprise Institute, el Council on Foreign Relations, la Heritage Foundation y la Foundation for the Defense of Democracias).
Lo anterior está facilitado por la presencia de un enfoque ideológico compartido entre actores domésticos influyentes en torno al gobierno argentino y aquellos localizados en Washington DC, poseedores de múltiples atributos de poder, al tiempo que un conjunto acotado de personas en Estados Unidos viabilizan y visibilizan un puente entre el mundo de la consultoría, el lobby, las finanzas, los negocios y las políticas gubernamentales a favor de intereses convergentes en los dos países. Ello revela algo notable en el caso argentino y el de otros países de América Latina: el avance de los sectores de derecha en el continente y la ausencia de voces progresistas creíbles y con capacidad de incidencia en Washington.
La preferencia es obvia a favor del statu quo a pesar de los graves resultados sociales y económicos del cuatrienio macrista: muchos agentes estatales y no estatales han invertido –y no solo recursos materiales– allá y acá para preservarlo. Asistimos a un caso infrecuente en la historia contemporánea de las relaciones bilaterales: ya no es el “Braden o Perón” agitado desde Buenos Aires sino una suerte de “Macri o el abismo” articulado tácita y pre-electoralmente desde Washington DC. Habrá que ver si eso funciona a los fines de Cambiemos o se convierte en un boomerang político. En todo caso, es inusitada la intensidad del soporte de fuerzas influyentes en la capital estadounidense.
Argentina votará en octubre principalmente en función de la agenda interna, aunque temas como Venezuela y el Fondo Monetario Internacional serán mencionados en la contienda. Después de diciembre, sin embargo, los argentinos notarán (nuevamente) que el mundo y la región ha mutado mucho: en 2020 ya no será posible, sea quien sea la persona que ocupe la Casa Rosada, repetir el diagnóstico ingenuo sobre los asuntos internacionales que se tuvo en 2015.
03 DE MAYO DE 2019

La elección presidencial de octubre de este año en Argentina –en el mismo mes tendrán lugar las elecciones en Bolivia y Uruguay– se inscribe en un contexto complejo y cambiante en los planos global y regional. Dicho contexto opera, a mi entender, como un telón de fondo que puede tener impacto circunstancial –no una incidencia decisiva– en la campaña que se inicia a partir de junio. Vayamos por partes, de modo sucinto y destacando ciertos aspectos (se entiende que podrían incluirse otros elementos de análisis y aquí se ensaya una versión abreviada de un argumento que exige más detalle y mejor precisión).
américa latina ha perdido gravitación en el mundo y parece hoy abocada a divergir cada vez más. lo primero conduce a la debilidad y lo segundo a la desintegración: ambas tendencias combinadas agudizan la dependencia.
elementos geopolíticos
No es una novedad que en lo global asistimos a un proceso significativo de redistribución de poder, influencia y prestigio de Occidente a Oriente; lo que sí constituye algo distintivo es la fase singular en que se encuentra hoy la relación entre Washington y Beijing. Durante la administración del presidente Barack Obama el vínculo entre los dos países combinaba colaboración y competencia en dosis relativamente equilibradas, bajo el principio de contener el ascenso chino. Con la llegada al gobierno de Donald Trump el vínculo bilateral ingresó en una fase de mayor fricción. Ahora la Casa Blanca no parece conformarse con limitar la expansión china sino que aspira a revertir su gravitación, tanto en el área vecina como en su proyección internacional. Al mismo tiempo, la relación entre Estados Unidos y Rusia se deteriora en materia nuclear y se exacerba en diferentes escenarios como Irak, Libia, Siria, Ucrania y Venezuela.
La expresión continental del viraje en el eje Washington-Beijing se epitomiza con dos discursos elocuentes. En 2013 y en el marco de la OEA, el entonces secretario de Estado, John Kerry proclamó el fin de la Doctrina Monroe. En 2018, en una alocución en la Universidad de Texas justo antes de un periplo por América Latina, el entonces secretario de Estado Rex Tillerson destacó la importancia de la Doctrina Monroe con el acento puesto en frenar el avance de China en la región que implicaba, en sus palabras, una forma de “dependencia de largo plazo” para Latinoamérica. En realidad, y antes del renacimiento de la Doctrina Monroe como guía de las relaciones interamericanas, la Theater Strategy 2017-2027 del Comando Sur anunciaba que una de las prioridades militares de Estados Unidos en América Latina y el Caribe era responder a los “actores estatales externos malignos” como China y Rusia. Esa visión de las amenazas de origen estatal que se deben enfrentar la ratificó el actual comandante del Comando Sur, el Almirante Craig Faller, en una audiencia ante el Congreso en febrero de 2019.
La creciente contienda chino-estadounidense y la renovada tensión ruso-estadounidense se irá manifestando con más fuerza en la región y se ahondará en los años por venir. Washington, Beijing y Moscú se comportarán de manera cada vez más asertiva frente a aliados, socios y oponentes y ello se sentirá en América Latina. Cabe recordar que el 90% de la inversión china en Latinoamérica se concentra en Brasil, Venezuela, Argentina y Ecuador, y que la Argentina es el único país en que China ha establecido una estación satelital como parte de la red de espacio profundo que Beijing ha desarrollado en su propio territorio.
globalizar la desesperanza
Ahora bien, el tablero mundial toma en cuenta no solo los convencionales actores estatales, sino también a los actores no gubernamentales, desde grandes corporaciones multinacionales y calificadoras de riesgo estadounidenses hasta ONG y grupos criminales. En ese marco, una globalización cada vez más asimétrica ha dominado la política internacional en las últimas décadas. La diferencia esencial es que si hasta los noventa la globalización se percibía como sinónimo de prosperidad por varios de sus logros y muchas de sus promesas, en el siglo XXI –y con más fuerza en el último lustro– la globalización se relaciona con la inseguridad por el desempleo, la desindustrialización y la fragmentación.
En el corazón de ese descontento está el auge de la desigualdad confirmada por numerosos informes y estudios. No debe sorprender entonces el incremento de las protestas sociales urbi et orbi, así como el aumento de la polarización interna en países del centro y de la periferia. No se trata de un malestar subjetivo, sino que hay razones objetivas para la crispación y el antagonismo. La Gran Recesión iniciada en 2008 ha dejado secuelas evidentes y las pugnas comerciales y tecnológicas se agudizan mucho más desde el inicio del gobierno de Trump. En el plano regional hay diversos fenómenos, algunos estructurales y otros coyunturales, que alimentan la inestabilidad y la conflictividad. América Latina ha perdido gravitación en el mundo y parece hoy abocada a divergir cada vez más. Lo primero conduce a la debilidad y lo segundo a la desintegración: ambas tendencias combinadas agudizan la dependencia.
Varios indicadores económicos, sociales, militares, diplomáticos y científicos dan cuenta de esa caída. Por ejemplo, cuando en 1945 se creó la Organización de Naciones Unidas, el peso del voto regional era significativo: de los 51 miembros iniciales 20 eran de América Latina; en la actualidad hay 193 países en la ONU y la dispersión del voto de la región le resta aún más influencia a Latinoamérica como bloque. Datos de la CEPAL revelan que la participación latinoamericana en el total de exportaciones mundiales fue del 12% en 1955 mientras en 2016 cayó al 6%. De acuerdo con la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, en 2006 la solicitud de nuevas patentes proveniente de América Latina era del 3% (las de Asia eran el 49,7%), pero en 2016 bajamos a 2% (al tiempo que Asia aumentó a 64.6%). Global Firepower ha confeccionado un índice de poder militar: en 2006 Brasil, México y Argentina ocupaban, respectivamente, las posiciones 8, 19 y 33; en 2018 Brasil está en el puesto 14, México en el 32 y Argentina en el 37. En el ranking sobre “poder blando” elaborado entre la University of Southern California y la consultora Portland, Brasil se ubicó en el lugar 23 en 2015, en el 24 en 2016 y en el 29 en 2017.
A su turno, las iniciativas de integración de diversa índole están en franco retroceso. Una mezcla de estancamiento, desaliento y fragilidad atraviesa a todas las iniciativas regionales, ya sean políticas como económicas. Durante la “marea rosada” de los gobiernos de centro-izquierda el espíritu a favor de más asociación chocó con las limitaciones de cada proyecto interno. La crisis financiera que estalló en 2008 mostró cómo las opciones nacionales y aisladas prevalecieron sobre las alternativas subregionales y mancomunadas. Dinámicas exógenas como el auge de China reforzaron la primarización de las economías y los incentivos para buscar atajos particulares, aun si los discursos de unidad fueron la nota predominante desde comienzos del siglo XXI. Ahora, con el “reflujo neoliberal” de los gobiernos de derecha, ante una administración en Washington que está dispuesta a recuperar su primacía de manera pendenciera, y en medio del apogeo de la financiarización, se verifica el desinterés por acciones colectivas (salvo aquellas de corte ideológico) y la preferencia por salidas unilaterales (en desmedro del lánguido multilateralismo existente). El debilitamiento y desintegración conducen a una doble dependencia externa, sea de un poder declinante como Estados Unidos como del poder ascendente chino, justo cuando ambos se disponen a elevar su competencia en Latinoamérica.
asistimos a un caso infrecuente en la historia contemporánea de las relaciones bilaterales: ya no es el “braden o perón” agitado desde buenos aires sino una suerte de “macri o el abismo” articulado tácita y pre-electoralmente desde washington dc.
alta política
Paralelamente, y por tercera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la región es parte de lo que se denomina la “alta política”. Esto quiere decir que está envuelta en una dinámica que la ubica en un lugar de mucha visibilidad para las grandes potencias. En efecto, la crisis de los misiles en Cuba de 1962 y la guerra de las Malvinas fueron hitos de la “alta política”; algo que hoy se refleja en el caso de Venezuela. Son situaciones en las que se manifiestan factores que empujan a los poderosos a involucrarse y fenómenos que atraen su intervención. Cualquiera sea la evolución y el desenlace de lo que acontece en Venezuela –donde se cruzan, entre otros, los intereses de Estados Unidos, China y Rusia– ese país se ha vuelto un tema electoral doméstico en buena parte de América Latina. Sudamérica no parece estable.
En el área sobresalen momentos de hegemonía transitorios y débiles. Los proyectos socio-políticos y económicos de corte moderadamente reformistas que operaron bajo las reglas del sistema no pudieron afianzarse en los años cincuenta y principios de los sesenta. Los intentos autoritarios de finales de los años setenta hasta principios de los ochenta tampoco pudieron prosperar. El modelo neoliberal de los noventa no parecía extenderse más allá de esa década. Con el comienzo del siglo XXI el proyecto progresista no pudo superar los tres lustros. Hoy observamos el resurgimiento del proyecto neoliberal que se asienta en sociedades fragmentadas y polarizadas, con fuerte dominio financiero y estructuras productivas muy primarizadas. No estamos ante una hegemonía robusta. Probablemente veamos retroceder sus componentes consensuales y avanzar en dispositivos coercitivos; lo cual tenderá a generar más inestabilidad y conflictividad en un contexto global crecientemente incierto y pugnaz. En síntesis, asistimos a proyectos hegemónicos limitados que no parecen consolidarse porque no pueden ser plenamente aceptados por las mayorías sociales. Por lo tanto, los procesos electorales reflejan esa tensión y la contienda presidencial argentina no escapará a dicha regla.
braden vuelve
Ahora bien, en la campaña electoral argentina es relevante destacar un dato clave: la relación entre Washington y Buenos Aires. A mi entender, desde el advenimiento de la democracia en 1983 y la reforma constitucional de 1994, ningún presidente había contado con tanto apoyo político en Estados Unidos para ser reelecto como Mauricio Macri. Si uno mira específicamente a Washington DC –sin desconocer el peso de Wall Street–, en las relaciones entre Estados Unidos y la Argentina es posible identificar un cuadrilátero de respaldos indudables: las declaraciones sobre el país del poder ejecutivo (desde la Casa Blanca y los Departamentos de Estado, Defensa y Tesoro); las resoluciones (cinco entre 2017 y 2018) provenientes del Congreso y la creación del llamado Congressional Argentina Caucus; las acciones y los pronunciamientos de los bancos multilaterales (especialmente el Fondo Monetario Internacional); y los eventos, invitados y comentarios de varios think-tanks (entre ellos el Argentina Project del Wilson Center, el Argentina-US Strategic Forum del Center for Strategic & International Studies, el Atlantic Council, el American Enterprise Institute, el Council on Foreign Relations, la Heritage Foundation y la Foundation for the Defense of Democracias).
Lo anterior está facilitado por la presencia de un enfoque ideológico compartido entre actores domésticos influyentes en torno al gobierno argentino y aquellos localizados en Washington DC, poseedores de múltiples atributos de poder, al tiempo que un conjunto acotado de personas en Estados Unidos viabilizan y visibilizan un puente entre el mundo de la consultoría, el lobby, las finanzas, los negocios y las políticas gubernamentales a favor de intereses convergentes en los dos países. Ello revela algo notable en el caso argentino y el de otros países de América Latina: el avance de los sectores de derecha en el continente y la ausencia de voces progresistas creíbles y con capacidad de incidencia en Washington.
La preferencia es obvia a favor del statu quo a pesar de los graves resultados sociales y económicos del cuatrienio macrista: muchos agentes estatales y no estatales han invertido –y no solo recursos materiales– allá y acá para preservarlo. Asistimos a un caso infrecuente en la historia contemporánea de las relaciones bilaterales: ya no es el “Braden o Perón” agitado desde Buenos Aires sino una suerte de “Macri o el abismo” articulado tácita y pre-electoralmente desde Washington DC. Habrá que ver si eso funciona a los fines de Cambiemos o se convierte en un boomerang político. En todo caso, es inusitada la intensidad del soporte de fuerzas influyentes en la capital estadounidense.
Argentina votará en octubre principalmente en función de la agenda interna, aunque temas como Venezuela y el Fondo Monetario Internacional serán mencionados en la contienda. Después de diciembre, sin embargo, los argentinos notarán (nuevamente) que el mundo y la región ha mutado mucho: en 2020 ya no será posible, sea quien sea la persona que ocupe la Casa Rosada, repetir el diagnóstico ingenuo sobre los asuntos internacionales que se tuvo en 2015.
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