Con Alberto Fernández y Felipe Solá, la Argentina recuperó participación y protagonismo en la CELAC, que hizo cumbre ayer en México. Es la mesa de coordinación regional que sobrevivió a la ofensiva neoliberal alineada con los EE.UU. que se llevó puesta a la Unasur y rediseñó el Mercosur. Argentina y México buscan que la región recupere autonomía en temas sensibles como el golpe en Bolivia o la necesidad de diálogo en Venezuela.
Argentina en tiempos de Mauricio Macri desestimó participar en las reuniones de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), un foro interamericano que agrupa a los 33 países de la región y que excluye la participación de los Estados Unidos y Canadá. Ayer en México todo cambió.
La CELAC nació, precisamente, para tratar de hilar una voz propia en el concierto regional y global, construir una mesa de articulación propia para todas las Américas: la del Norte, la Central, la del Caribe, y la del Sur; fue la manera entonces que encontró la diplomacia latinoamericana de tener un mapa común, ese que es imposible diseñar en el otro espacio que cruza de norte a sur a Nuestra América, pero donde siempre se ha impuesto la voluntad de Estados Unidos y su socio geopolítico Canadá: la Organización de Estados Americanos (OEA).
Argentina, con la presidencia de Alberto Fernández y su Canciller Felipe Solá como representante en la cubre, retomó ayer el protagonismo perdido en el proceso de integración regional en la cumbre de la CELAC, justamente mostrando una mayor autonomía respecto de los intereses de los EE.UU. y en cercanía clara con México.
Lo hizo en un momento delicado, tanto a nivel zonal como mundial. La administración de Donald Trump intenta romper los finos equilibrios alcanzados por la comunidad internacional en esos dos tableros y busca que los países del sur acompañen su agenda injerencista agresiva en temas como el apoyo de Estados Unidos a la coalición golpista boliviana, el intento estadounidense de imponer a otro presidente ilegítimo, en una suerte de eco del putsch boliviano, en Venezuela coronando a Juan Guaidó en el Palacio Miraflores, además de conseguir aplausos y condescendencia regional a la incursión militar acontecida en Irak contra la máxima autoridad militar iraní.
En todos esos temas el Palacio San Martín expuso una mirada propia y autónoma en la capital mexicana: reiteró que no reconocerá a ningún presidente boliviano hasta que no haya elecciones libres, propuso diálogo y no injerencia para superar la crisis institucional venezolana.
Y sobre lo sucedido en Medio Oriente, Solá subrayó que: “hacemos un llamado a la comunidad internacional para que todos asumamos posiciones constructivas y reclama a las organizaciones multilaterales que asuman las responsabilidades que se les han confiado, en particular en materia de paz y seguridad internacional”.
Los temas en agenda
Más allá de los temas excepcionales mencionados, la cita de ayer de la CELAC tuvo su propio temario de debates, previamente acordado entre todos los jefes de política exterior. Felipe Solá y sus pares dialogaron y buscaron presupuestos comunes en: Cooperación aeroespacial y aeronáutica. Gestión integral de riesgos de desastres naturales; Foros de Ciencia y Tecnología para la sociedad; Encuentro de rectores universitarios; Compras consolidadas en común; Monitoreo de virus y bacterias por resistencia a antibióticos; Transparencia y lucha contra la corrupción; Foro Ministerial CELAC – China; Concertación política regional e intervenciones conjuntas en los foros multilaterales; Economía azul/Gestión sustentable de los recursos oceánicos. Diplomacia turística. En paralelo el ex gobernador bonaerense tuvo encuentros bilaterales con sus homólogos de México, Panamá, Cuba, Ecuador, Perú y Surinam.
Nuestras Voces habló con dos especialistas, la analista internacional Telma Luzzani y el investigador Leandro Morgenfeld, para poner en perspectiva la participación argentina en una cita regional que implica, en principio, cerrar lo que fue el ciclo macrista de alineación con los Estados Unidos.
En principio, la periodista Telma Luzzani, autora de dos libros recomendables en el campo del análisis internacional “Todo lo que necesitas saber sobre la Guerra Fría” y “Territorios Vigilados”, advierte a Nuestras Voces que: “la participación argentina en la cumbre de la CELAC me parece decisiva. Ya el hecho de que la cita sea en México tiene un simbolismo autónomo en el sentido de indicar a las potencias que una parte del subcontinente está dispuesta a recuperar valores políticos esenciales como autonomía y soberanía. El protagonismo argentino en CELAC además cobra valor porque dicho organismo sintetiza la unidad de los países del sur y su capacidad de eludir el histórico tutelaje de Estados Unidos o Canadá. Por último, la CELAC tiene el valor de haber sobrevivido como foro regional a una feroz ofensiva geopolítica regional de Trump que logró desarticular un bloque común como la UNASUR con la complicidad de ciertos gobiernos como el de Mauricio Macri”
Por otro lado Luzzani remarca que: “La voz argentina además resuena en la CELAC porque la mayoría de los gobiernos latinoamericanos aún son de corte conservador, en un arco que va de la ultraderecha, como sucede en Brasil o Bolivia, a la derecha. Pero, por otra parte, posiciones autónomas e integracionistas como la argentina cobran sentido en un momento en que el equilibrio del poder mundial está en extrema tensión por culpa de los Estados Unidos. Trump explicitó que ordenó el asesinato de un alto mando militar iraní, lo que implica violar el derecho internacional. En ese marco que nosotros como región insistamos y subrayemos que somos una zona de paz, una zona sin armas nucleares, una zona que reivindica la autodeterminación y la no injerencia externa, es fundamental y estratégico”.
Leandro Morgenfeld, uno de los coordinadores en el centro de estudios CLACSO del grupo de trabajo “Estudios sobre Estados Unidos” y creador del blog de análisis latinoamericano “Vecinos en Conflicto”, comenta a Nuestras Voces que: “La CELAC tiene una importancia estratégica en un momento donde la OEA está jugando un papel muy vergonzoso en la región, Luis Almagro como Secretario General solo se dedica a hostigar al gobierno constitucional de Venezuela o en convalidar el golpe de Estado que se produjo en Bolivia. Es decir la OEA fue partícipe en las dos grandes ofensivas de los EE.UU. contra los gobiernos que no están alineados con sus políticas hemisféricas. Por eso recuperar a la CELAC, que es una suerte de OEA sin los Estados Unidos ni Canadá, y que por lo tanto reúne a los 33 países de América Latina y del Caribe, es fundamental para lograr mayores niveles de autonomía y también para coordinar acciones políticas, económicas y estratégicas en un momento del mundo donde hay sumas tensiones entre Estados Unidos y las potencias emergentes como es visible en Medio Oriente”.
A su vez Morgenfeld opina que: “Es evidente que tanto el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, como presidente pro tempore de la CELAC, y el gobierno de Alberto Fernández están planteando a la CELAC como la plataforma privilegiada de articulación regional. Es decir el gobierno argentino desestimó intentar reconstruir la UNASUR tras el vaciamiento del organismo promulgado por los gobiernos de derecha de la región, una ofensiva de la que Macri fue partícipe, y por el contrario jerarquiza a la CELAC como ámbito de referencia común para los países del sur. De hecho en la cumbre se van a discutir las candidaturas existentes para conducir el próximo período institucional de la OEA. En ese sentido Almagro pretende ir por la reelección, mientras que Argentina y otros países apoyan a la ex Canciller ecuatoriana Fernanda Espinosa para contar con una representante autónoma de Washington en ese organismo. Repito, en un contexto regional y mundial delicado, Argentina y México están apoyándose en la CELAC para pensar y articular una política exterior en clave latinoamericana”.
[conteúdo exclusivo Continente Online] Nas últimas semanas, nossa América vem atravessando uma onda de rebeliões populares e de instabilidade política, econômica e social. Às crises no Peru, Haiti e Equador, somaram-se o levante no Chile e os protestos da direita boliviana que não aceitou o triunfo eleitoral de Evo Morales, fato que levou, no dia 10 de novembro, a um golpe de Estado cívico-policial-militar que chocou toda a região. Poucos dias antes das eleições na Argentina, Bolsonaro ameaçou excluir seu principal sócio no Mercosul se Alberto Fernández vencesse o pleito, como terminou de fato acontecendo no dia 27 de outubro. No Brasil, o partido político que levou o ex-militar ao poder sofre uma profunda crise interna, enquanto cresce a incerteza política após a libertação de Lula. O continente sul-americano está convulsionado.
O fracasso das políticas neoliberais promovidas pelo Fundo Monetário Internacional (FMI), a fragilidade dos governos de direita e o protagonismo do povo, que recupera a memória histórica das rebeliões populares que mudaram o mapa político há 20 anos, mostram que a hegemonia neoconservadora não era robusta. É preciso olhar mais para as ruas e os movimentos populares, e não tanto para a “alta política” (ou não somente para ela), a fim de entender a correlação de forças.
Nesse contexto, a derrota de Macri – que mergulhou a Argentina em uma profunda crise econômica e social –, e a chegada de Fernández à Casa Rosada podem implicar em um reequilíbrio político no âmbito regional. Já como presidente eleito, ele escolheu o México para sua primeira excursão internacional e, na segunda-feira 4 de novembro, foi recebido por Andrés Manuel López Obrador, junto a quem promove um eixo progressista em torno do Grupo de Puebla
Grupo formado por líderes, movimentos políticos e ativistas de oposição à ascensão da direita e extrema direita na América Latina.
. Que impacto terá na América Latina a surpreendente virada política que acaba de ocorrer na Argentina? Como a região vai processar a crescente ingerência dos militares e a volta dos golpes de estado, como o que acaba de acontecer na Bolívia?
O GOLPISMO DO SÉCULO XXIA imagem de Jeanine Áñez, uma presidente autoproclamada por um congresso sem quórum, recebendo os atributos presidenciais por parte dos militares que derrocaram o mandatário constitucional, é clara: o que ocorreu na Bolívia foi um golpe. Um golpe classista, racista, patriarcal e colonial que não só destituiu Evo Morales, mas desestabiliza e põe em perigo toda a América Latina.
Mais do que nos determos em questões institucionais, legais, e numa conjuntura que muda o tempo todo, num processo ainda não encerrado – cresce a resistência popular –, devemos tentar entender o que há por trás. Estamos num momento crucial do processo de transição hegemônica, com um declínio norte-americano, mas sem que se vislumbre ainda, com claridade, como será a nova ordem global. A América Latina e o Caribe, no atual cenário de disputa geopolítica, geoeconômica e geoestratégica entre Estados Unidos, China, União Europeia e Rússia, compõem uma região fundamental para a pretensão norte-americana de seguir conservando sua primazia.
Por que Donald Trump, como admitiu no comunicado da Casa Branca da segunda-feira 11 de novembro, estava tão interessado na derrocada do governo boliviano? Nunca vão perdoar Evo pela nacionalização dos hidrocarbonetos, por sua contribuição na construção de uma integração regional alternativa, por sua mobilização, junto a Hugo Chávez, contra a Área de Livre Comércio das Américas (Alca) em Mar del Plata, em novembro de 2005, por ser o primeiro presidente de origem camponesa e sindical, e por ter expulso da Bolívia o DEA
Drug Enforcement Administration (departamento norte-americano para o controle/combate das drogas).
, a CIA, a USAID
Agência dos Estados Unidos para o Desenvolvimento Internacional
e até o embaixador de Estados Unidos, quando interferiu em assuntos internos.
Evo estava certo quando denunciou que os EUA estavam por trás de sua derrubada. O agora ex-conselheiro de Segurança Nacional, John Bolton, reivindicou há seis meses a Doutrina Monroe
Doutrina Monroe: conjunto de princípios elaborado pelo então presidente dos EUA James Monroe (1817-1825), como afirmação da máxima “América para os americanos”. Reafirmava a independência norte-americana em relação ao colonialismo europeu e a não intervenção nos assuntos internos dos países americanos.
, quando endossou a tentativa de golpe de Juan Guaidó na Venezuela. Em dezembro do ano passado, sugeriu a existência de uma troika da tirania integrada pelos governos bolivarianos. Para Washington, é estratégico derrotar Evo, sufocar a revolução cubana através do bloqueio, promover uma guerra civil na Venezuela e recorrer a Daniel Ortega na Nicarágua. Conseguiram que seus aliados tirassem o PT do poder no Brasil. Agora tentarão avançar para desmantelar o novo eixo progressista Argentina-México e destronar qualquer um que questione a proeminência política, econômica, militar, cultural, diplomática e ideológica em seu quintal.
O CONTEXTO ARGENTINONa terça 12 de novembro, Alberto Fernández respondeu com palavras duras ao governo dos Estados Unidos, que horas antes havia aplaudido a ação dos militares que “sugeriram” a renúncia de Evo Morales: “Não estou de acordo com o que o Departamento de Estado dos Estados Unidos disse. Aqui não há exército vitorioso e não é verdade que a democracia tenha sido garantida. Pelo contrário, ela foi atacada. Em minha opinião, os Estados Unidos retrocederam décadas e voltaram ao pior dos anos de 1970, quando apoiaram intervenções militares contra governos eleitos democraticamente”. O presidente eleito da Argentina planeja uma política exterior diametralmente oposta à de Mauricio Macri, o qual está prestes a abandonar a Casa Rosada.
Macri é o primeiro presidente argentino a tentar e não conseguir sua reeleição. No dia 27 de outubro, perdeu no primeiro turno, em meio a uma profunda recessão econômica – em 2018, o Produto Interno Bruto argentino caiu 3,5% (e este ano cairá pelo menos mais três pontos), a pobreza terminará em 40% e a inflação em 60%, além de aumentar o desemprego, a miséria, a queda do consumo e da atividade industrial). Contudo, o triunfo de Alberto Fernández não somente expõe a catástrofe econômica e social causada pelo acordo com o FMI – por 57 milhões de dólares, o mais alto da história –, mas também os péssimos resultados obtidos pela forma com que se estabeleceu a inserção internacional da Argentina.
O presidente eleito na última eleição argentina, Alberto Fernández, posa ao lado das ativistas pró-aborto. Foto: Esteban Collazo/Alberto Fernandez Press Office/AFP
A política exterior da Alianza Cambiemos (coalização política de direita criada em 2015 e renomeada este ano de Juntos por el Cambio) – contra tudo o que o marketing da Casa Rosada buscava mostrar com o slogan reeditado “Voltamos ao mundo” – evidencia uma série de fracassos, mesmo em seus objetivos explícitos. Macri não conseguiu aumentar as exportações (não nos transformamos no “supermercado do mundo”) nem atrair capitais que não fossem meramente especulativos (a “chuva de investimentos” foi, na verdade, um longo período de seca). Após pagar o que demandavam os “fundos abutres” em 2016, houve uma escalada de endividamento, até que a corrida de 2018 obrigou a recorrer ao FMI, que outorgou o maior empréstimo de toda a história. Foi o primeiro presidente a provocar o default de sua própria dívida. Levando em conta os vencimentos dos próximos quatro anos e as sérias dificuldades para renegociar, após os mais de 180 bilhões de dólares tomados em empréstimo nos últimos três anos, o futuro argentino parece bastante obscuro. Hoje, a dívida pública ascende a quase 95% do PIB.
Macri, além disso, serviu à estratégia política da Casa Branca de fragmentar o máximo possível a região, seja ignorando a Comunidade de Estados Latino-Americanos e Caribenhos (Celac) – nunca participou em suas cúpulas de líderes, seja destruindo a Unasur (União de Nações Sul-Americanas) – a Argentina se retirou quando a Bolívia assumiu a presidência temporariamente, ou ainda transformando o Mercosul numa mera plataforma para a abertura comercial – cuja “conquista” máxima, o recém-anunciado acordo com a União Europeia, tampouco prosperará, após o veto recente no parlamento austríaco.
Macri endossou a política de Trump de perseguição à Venezuela – votou a favor de ativar o Tratado Interamericano de Assistência Recíproca (Tiar) contra Caracas; reforçou iniciativas alinhadas com Washington – como o Grupo de Lima
Grupo criado em 2017 com o objetivo de se opor ao governo de Nicolás Maduro, na Venezuela.
ou o Prosur
Fórum para o Progresso e Desenvolvimento da América do Sul; proposta “sem ideologias” e “mais ágil” do presidente do Chile Sebastián Piñera para substituir a Unasur.
; e foi útil ao reposicionamento da Organização dos Estados Americanos (OEA) como foro privilegiado, em detrimento das instâncias latino-americanas. Agora, negou-se a qualificar o que ocorreu na Bolívia como golpe de Estado, apesar das fortes críticas de quase todos os matizes políticos da Argentina, inclusive da União Cívica Radical (UCR), o centenário partido que é, aliás, seu sócio principal na Cambiemos.
Nas Nações Unidas, a Argentina aprofundou o alinhamento com os Estados Unidos. Em 2016, o governo de Macri coincidiu em 52% das votações com o de Obama, de forma similar ao Chile e ao Brasil (56%). Já em 2017, quando o chanceler Jorge Faurie substituiu Susana Malcorra, em 59% das vezes se alinhou a Trump, diferentemente de Santiago e Brasília, que caíram a 44%. Mais alinhados com Washington do que nossos vizinhos.
Sem brilho também foi sua última participação na Assembleia Geral das Nações Unidas, em setembro passado. Mesmo antes de viajar, já recebeu críticas, após a rejeição da ONU à reforma migratória que Macri promoveu por decreto em janeiro de 2017, afirmando que “não cumpre com os requisitos básicos da Convenção de Genebra”.
Em seu último discurso em Nova York, Macri não sugeriu a necessidade de uma saída pacífica para a crise venezuelana, que respeitasse os princípios de não-intervenção e de autodeterminação dos povos. Pelo contrário, alinhou-se aos Estados Unidos na reunião de chanceleres de países do Tiar, ao compartilhar a estratégia de asfixiar Caracas boicotando as negociações entre o chavismo e parte da oposição. Tampouco denunciou o desastre ambiental na Amazônia, para proteger seu sócio Bolsonaro, nem a crise humanitária que sofrem os imigrantes latino-americanos nos Estados Unidos, acossados por Trump. Insistiu em endurecer os ataques contra o Irã, em linha com os falcões de Washington.
ESTRATÉGIAS NORTE-AMERICANASO avanço das direitas na região, que se aprofundou após o triunfo eleitoral de Mauricio Macri em 2015, serviu ao objetivo dos Estados Unidos de derrotar qualquer projeto alternativo de coordenação e cooperação política fora do comando de Washington.
A Unasur serviu, em 2008, para frear a secessão promovida pela camada rica da população que se levantou contra Evo Morales na Bolívia, e, em 2010, para evitar que uma rebelião policial terminasse com o governo de Correa no Equador. Serviu ainda para encontrar uma solução pacífica ao conflito entre Colômbia e Venezuela. Em outras palavras: a Unasur atuou para dirimir os conflitos regionais sem a onipresença dos Estados Unidos através da OEA, cuja sede, não por coincidência, se encontra em Washington, a poucos metros da Casa Branca.
A gravidade da destruição desse organismo, decidida em 2018, quando a Bolívia assumiu a presidência pro tempore, é compreensível finalmente a partir dos acontecimentos que chocaram a região nestas semanas. Nossa América atravessa uma onda de rebeliões populares e de instabilidade política, econômica e social. Washington foi hábil: operou junto a seus aliados locais para paralisar a Celac e dinamitar a Unasur; promoveu, através de seus aliados-vassalos, a Aliança do Pacífico, durante o governo Obama; fez o mesmo com o Grupo de Lima para fustigar a Venezuela (do qual Alberto Fernández prometeu sair, apesar das pressões contínuas dos enviados do Departamento de Estado); e, finalmente, fomentou o Prosur, lançado por Piñera este ano e cujo futuro, após estas semanas, é claramente sombrio.
Por trás dessas iniciativas, o objetivo dos Estados Unidos é reposicionar a OEA, qualificada nos anos de 1960, por Fidel e por Che Guevara, como um “ministério de colônias” dos Estados Unidos. Seu atual secretário-geral, Luis Almagro, ocupa-se de atacar a Venezuela há anos. Recentemente, a pedido do governo dos Estados Unidos e de seus aliados, convocou uma reunião, não para repudiar o golpe cívico-policial-militar na Bolívia, mas para acusar Evo de ser responsável por um “autogolpe”. Nunca o cinismo ficou tão exposto.
A América Latina enfrenta grandes perigos na atualidade, no momento em que o declínio relativo dos EUA se traduz, paradoxalmente, como disse Evo Morales, “numa maior agressividade imperial”, com alguns elementos novos. No lugar das invasões militares diretas, como as que sofreram o Afeganistão e o Iraque em 2002 e 2003, os casos da Síria e Ucrânia mostram o funcionamento de novas estratégias e táticas, como as denominadas “guerras híbridas”.
Através de grupos paramilitares, guerra psicológica, corporações midiáticas, processos judiciais, pressões diplomáticas, penetrando nas forças de segurança e de defesa, manipulando organizações e movimentos sociais mediante uma rede de ONGs bem-financiadas, com golpes de mercado ou manipulando os processos eleitorais, os Estados Unidos seguem perseguindo os objetivos do século XX: controlar os territórios e suas populações para se apropriar de seus recursos e de seus mercados.
GRUPO DE PUEBLAO triunfo de Fernández, na Argentina, deu impulso ao Grupo de Puebla, que reuniu, em julho, mais de 30 líderes regionais com a ideia de promover uma série de agendas progressistas que tenham a ver com os problemas de distribuição de renda, o respeito à soberania de cada país e a resolução pacífica dos conflitos. Nos dias 8, 9 e 10 de novembro, realizou-se o segundo encontro desse grupo em Buenos Aires, que passou rapidamente de festejar a libertação de Lula a condenar o golpe na Bolívia. Na quarta, 13, Evo e Álvaro García Linera, asilados no México, anunciaram sua incorporação a este foro, no qual também participam outros ex-mandatários derrocados ou perseguidos, como Dilma, Lula, Correa ou Lugo.
Em um momento de ofensiva dos Estados Unidos, é importante que se estabeleça uma voz autônoma na região, que se recuperem princípios básicos no sistema interamericano, como o de não intervenção nos assuntos internos dos países, de solução pacífica das diferenças e de autodeterminação dos povos. A América Latina deve seguir sendo uma “zona de paz”.
Neste cenário, o Grupo de Puebla deve exercer um papel fundamental. Fernández falou nas horas posteriores ao golpe com os presidentes do México, do Peru e do Paraguai para negociar o asilo político de Evo Morales e evitar um magnicídio. Do México, Evo declarou: “O golpe de Estado foi uma conspiração política e econômica dos EUA. Condenamos à decisão de Trump de reconhecer o governo de fato, e autoproclamado pela direita com a cumplicidade da polícia e forças armadas”. Também afirmou que a OEA “não está a serviço dos povos latino-americanos, está a serviço do império norte-americano. Dever-se-ia mudar o nome e colocar Organização de Estados do Norte, e não da América.”
Vendo o papel de Luis Almagro na OEA – argumentou que Evo havia realizado um “autogolpe” – entende-se por que os aliados de Trump trabalharam para destruir a Unasur, que outrora permitiu que se resolvesse pacificamente, sem a onipresença norte-americana, conflitos na Bolívia, no Equador, na Venezuela e na Colômbia, que atualmente também enfrenta sua crise. Macri, Temer, Duque (Colômbia), Piñera e Lenin Moreno (Equador) foram cúmplices desse dano irreparável, ao se retirar da Unasur em 2018 e, agora, ao se negar a condenar o golpe cívico-policial-militar na Bolívia.
O continente está convulsionado e em disputa. Os Estados Unidos pretendem sustentar seu domínio, inclusive por meio de golpes. Os povos resistem. A integração latino-americana autônoma é mais necessária do que nunca. Uma grande incógnita é como se processará a relação entre Argentina e Brasil, levando em conta a péssima relação entre Bolsonaro e Fernández. O primeiro se envolveu na campanha eleitoral da Argentina, apoiando Macri e pedindo que não votassem no kirchnerismo. O agora eleito presidente argentino visitou Lula na prisão e participou da campanha internacional pela sua libertação. O presidente brasileiro não irá à posse de Fernández no dia 10 de dezembro, quando se espera a presença de Lula. Além de serem sócios comerciais estratégicos, é importante acompanhar de perto a evolução do vínculo Brasília-Buenos Aires. Enquanto isso, o futuro presidente da Argentina tenta recuperar uma perspectiva de coordenação e integração política latino-americana, abandonada por Brasília desde a concreção do golpe parlamentar contra Dilma Rousseff, há três anos.
----------------------------------------------------------------------------------- Extra: Vá além lendo entrevista com o autor deste artigo AQUI. -----------------------------------------------------------------------------------
LEANDRO MORGENFELD é doutor em História na Argentina. Professor da Universidade de Buenos Aires (UBA). Investigador do Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) e cocoordenador do GT Clacso Estudos sobre os Estados Unidos. Autor de Bienvenido Mr. President – De Trump a Roosevelt: las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina (Buenos Aires: Ed. Octubre). Dirige el sitio www.vecinosenconflicto.com.
EDUARDO CESAR MAIA, crítico literário, mestre em Filosofia, doutor em Teoria da Literatura e professor da UFPE.
Entrevista con el historiador Leandro Morgenfeld (Docente UBA) sobre la interrupción del gobierno constitucional que encabezaba Evo Morales. Entrevistado: Leandro Morgenfeld Entrevistador en piso: Marcos Clavellino Producción: Rosario Sandoval y Martín Madroñal
Donald Trump jugó en la elección argentina en forma abierta y
descarada, contra todo uso y costumbre. Su intento por mantener el
control del “patio trasero” fracasó ya que los vientos políticos
regionales parecen estar cambiando.
Leandro Morgenfeld (Notas)
La derecha regional, subordinada acríticamente a Donald Trump, hace
tres años que insiste con el fin de la “marea rosa”, con el giro
político conservador definitivo de la región, luego del ciclo abierto
por las rebeliones populares de principios de siglo y el NO al ALCA en
Mar del Plata, que había habilitado una coordinación y cooperación
política e integración regional inéditas en Nuestra América.
Sin embargo, esta lectura era sesgada, parcial, incompleta. Como dijo
recientemente el analista internacional Juan Gabriel Tokatlian, a pesar
del apoyo de Trump, los sectores más conservadores no lograron
consolidar una “hegemonía robusta” en América Latina.
Es cierto que el triunfo electoral de Mauricio Macri, en noviembre de
2015, fue el inicio de un vuelco a la derecha. Pocos días después la
oposición antichavista lograba un triunfo inusual en las elecciones
legislativas en Venezuela, en febrero de 2016 Evo Morales perdía el
referéndum para habilitar su reelección en Bolivia, Rafael Correa
anunciaba que no iría por un nuevo mandato en Ecuador, se iniciaba el
golpe parlamentario contra Dilma Rousseff en Brasil y ganaba
sorpresivamente el “No” en el plebiscito sobre los acuerdos de paz con
las FARC en Colombia.
Pero ese diagnóstico ignoraba otros procesos con resultados
contrarios. Los halcones de Washington no lograron en Venezuela
consolidar un golpe de Estado ni una intervención militar al mando del
Pentágono y la CIA; en Colombia, si bien el uribista Iván Duque ganó las
elecciones el año pasado, la novedad fue que Gustavo Petro logró un
resultado inédito en el ballotage, con una opción de centroizquierda que
superó el 40% y que lo deja bien posicionado para el futuro; y en
México, Andrés Manuel López Obrador quebró décadas de hegemonía del PRI y
el PAN en una elección histórica que modificó la correlación de fuerzas
regional.
Claro que la llegada al poder de Jair Bolsonaro implica una regresión
brutal en Brasil y una subordinación a EE.UU. que casi no registra
antecedentes históricos. Pero ese resultado electoral sólo fue posible
porque el ilegítimo Michel Temer y el partido judicial, acaudillado por
el juez Sergio Moro, encarcelaron y proscribieron escandalosamente al
principal candidato, Lula, que encabezaba todas las encuestas. Su
gobierno enfrenta el descrédito internacional, interminables tensiones
internas y una situación económica crítica, que horada la base de apoyo
que supo cosechar hace solo algunos meses.
Como dijo Álvaro
García Linera en noviembre pasado, en el Foro Mundial del Pensamiento
Crítico de CLACSO, “tenemos un neoliberalismo fallido de corto aliento y
un mundo incierto. Se ha agotado el combustible neoliberal, este es un
neoliberalismo zombie”
Por eso la elección argentina era clave. Trump jugó en favor de la reelección de Macri en forma abierta y descarada, contra todo uso y costumbre.
A través del FMI, habilitó 57 mil millones de dólares para financiar
una artificial estabilidad financiera con el objetivo de darle oxígeno a
la Casa Rosada hasta octubre. En EE.UU. el poder Ejecutivo, el
Congreso, Wall Street, los principales think tanks y las
corporaciones periodísticas apoyaron explícitamente al candidato de
Juntos por el Cambio, como no se veía desde 1946, cuando el embajador
Braden disparó toda su artillería para intentar evitar el triunfo de
Juan Domingo Perón. La Casa Blanca hasta convenció a Bolsonaro de que
viajara en julio a Buenos Aires para inmiscuirse en la elección de la
Argentina. Un papelón diplomático que traerá consecuencias. El
secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, visitó la Argentina hace
menos de un mes, para ratificar este respaldo, con la excusa de una
cumbre antiterrorista.
Sin embargo, en estas elecciones quedó demostrado que con el apoyo
del establishment financiero y político internacional no alcanza. La
palmada en la espalda de los jefes de las potencias occidentales y de
los burócratas del Fondo son indigeribles para un pueblo indómito como
el argentino.
El caballito de batalla de Macri, “volvimos al mundo”, terminó siendo impotente frente al desplome económico y la catástrofe social.
Casi un boomerang. Reforzó la correcta percepción de que Macri gobierna
para el FMI, para los grandes bancos y los socios locales de las
grandes corporaciones trasnacionales.
Su última jugada fue apostar por los tratados de libre comercio, como
el alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea, desventajoso en todo
sentido y ahora de improbable ratificación parlamentaria. En el país
donde más se batalló para derrotar al ALCA, suponer que un acuerdo de
este tipo podía rendirle frutos electorales muestra una vez más su
miopía política.
El sorprendente
resultado electoral en las elecciones del 11 de agosto abre una
oportunidad histórica para recuperar la iniciativa regional de las
fuerzas populares y democráticas: para lograr la libertad de Lula y el
fin del autoritarismo en Brasil, para buscar una salida pacífica y
negociada en Venezuela -pese al boicot de Trump-, para reclamar el fin
del bloqueo a Cuba y para recuperar la UNASUR y la CELAC
Es que así como en 2015 el triunfo de Macri empoderó a las derechas
regionales y puso en terapia intensiva a los organismos regionales como
la UNASUR y la CELAC, su debacle electoral del domingo va a potenciar
las posibilidades de una victoria en octubre de Evo Morales en Bolivia y
del Frente Amplio en Uruguay.
Los vientos políticos parecen estar cambiando nuevamente. Como dijo
Álvaro García Linera en noviembre pasado, en el Foro Mundial del
Pensamiento Crítico de CLACSO, “tenemos un neoliberalismo fallido de
corto aliento y un mundo incierto. Se ha agotado el combustible
neoliberal, este es un neoliberalismo zombie”.
Trump intenta reimponer la “doctrina Monroe” para retener el control
de su “patio trasero” en un contexto de declinación hegemónica y ascenso
de China. Macri venía siendo funcional a la histórica estrategia de
EE.UU. de fragmentar a los países de la región para dominarlos más
fácilmente: divide y reinarás.
El ahora derrotado presidente argentino apoyó la política
estadounidense de restaurar el poder de la decadente Organización de
Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, denunciada hace más de
medio siglo por el Che Guevara como el “ministerio de colonias” de la
Casa Blanca. El domingo a la noche, esa posición claudicante entró en
crisis en Argentina.
El sorprendente resultado electoral en las elecciones del 11 de
agosto abre una oportunidad histórica para recuperar la iniciativa
regional de las fuerzas populares y democráticas: para lograr la
libertad de Lula y el fin del autoritarismo en Brasil, para buscar una
salida pacífica y negociada en Venezuela -pese al boicot de Trump-, para
reclamar el fin del bloqueo a Cuba y para recuperar la UNASUR y la
CELAC. Empezó otro capítulo en la histórica busqueda latinoamericana de
construir la patria grande.
Coordinación:
Leandro Morgenfeld y Marco A. Gandásegui, hijo (Grupo de Trabajo CLACSO
Estudios sobre Estados Unidos, y Universidad de Buenos Aires, Argentina y
Universidad de Panamá)
Inicio: 19/08/2019 | Inscripción: 04/02/2019 al 16/08/2019 Carga horaria: (12 semanas) 48 horas de trabajo con profesor y 120 horas de dedicación total.
El proceso de transición hegemónica, declinación estadounidense y
ascenso de China plantea una serie de interrogantes geopolíticos,
geoestratégicos y geoeconómicos. Este seminario se estructurará en torno
a la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan a América latina y el Caribe los
cambios que se están generando en el sistema-mundo capitalista en el
cual está inserta la región desde hace medio milenio? La disputa entre
distintos polos de poder por América Latina y el Caribe condiciona a los
Estados, los gobiernos, las democracias y los recientes procesos de
coordinación y cooperación política e integración regional. La
Administración Trump reivindica la Doctrina Monroe y se dispone a
recuperar el terreno perdido en lo que despectivamente denominan su
“patio trasero”, intentando morigerar la creciente presencia china y
rusa y debilitar a organismos regionales como la UNASUR, la CELAC o el
ALBA. ¿Cuáles son, para los Estados, los gobiernos y las democracias,
los actuales desafíos para desplegar una inserción internacional y una
política exterior latinoamericana más autónomas y menos alineadas con
Washington?
Santiago de Chile será la sede del encuentro inaugural de la entidad de coordinación regional impulsada por el mandatario anfitrión, Sebastián Piñera y el presidente de Colombia, Iván Duque.
Los presidentes de Chile, Sebastián Piñera, y Colombia, Iván Duque, en Santiago, 21 de marzo de 2019
El Foro para el Progreso y el Desarrollo de América Latina (Prosur) realiza su primera cumbre este viernes en Santiago, capital de Chile. Este nuevo espacio de integración de los Estados de la región es impulsado principalmente por el mandatario anfitrión, Sebastián Piñera, y su par colombiano, Iván Duque.
Cuando este último anunció el pasado 14 de enero que estaba impulsando la conformación de esta nueva organización, explicó que uno de sus objetivos era reemplazar a la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). En ese sentido, el presidente de Colombia sostuvo que la nueva entidad "más que una organización burocrática o al servicio de un gobierno particular, será un organismo de coordinación suramericana".
En la misma sintonía, la ministra vocera del Gobierno de Chile, Cecilia Pérez, declaró a Tele13 que Unasur "hace 5 años que no se junta" y terminó siendo "un foro lleno de burocracia, sin ningún tipo de acuerdo". En cambio, ahora, se propone "algo distinto, que potenciará a América del Sur con distintas ideologías" y "se los ha convidado a todos a participar". De hecho, explicó que entre 9 y 10 países confirmaron asistencia ya sea con sus presidentes o cancilleres.
Hace + de 5 años q los Pdtes de Am del Sur no nos reunimos.Unasur fracasó por exceso de ideologismo y burocracia. Prosur es un Foro,sin ideología ni burocracia, para q todos los Paises Democráticos de Am del Sur podamos dialogar, coordinarnos,colaborar y hacer escuchar ntra voz
Sin embargo, a mediados de febrero, Piñera sostuvo que el Gobierno de Venezuela encabezado por Nicolás Madurono estaba invitado a formar parte de Prosur. Según su mirada, esto se debe a que "no cumple" con los requisitos: "La vigencia plena de la democracia y del estado de derecho, y respeto pleno a las libertades y derechos humanos".
En esa sintonía, si bien se había anunciado que el diputado opositor y autoproclamado presidente venezolano, Juan Guaidó, asistiría a la cumbre, finalmente desistió y en su lugar lo hará su esposa, Fabiana Rosales.
Así lo comunicó el canciller chileno, Roberto Ampuero, en diálogo con Radio Cooperativa, aunque sin dar detalles de por qué tomó esa decisión. No obstante, aclaró: "Cuando hablemos de Venezuela, hay que ponerse del lado o del dictador o de los demócratas", dejando asentado que Chile respalda a estos últimos. Unasur paralizada
En abril del año pasado, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú, seis de los 12 países que conforman la Unasur, enviaron una carta a Bolivia, país que ostentaba la presidencia pro témpore del bloque, para supuestamente pedir la reactivación del organismo, debido a su "parálisis". Vista de las oficinas de Unasur en San Benito, Bolivia, 12 de septiembre de 2018. / Freddy Zarco
Esos países señalaron que, mientras no se reactivaran las actividades, no participarán de las distintas instanciasdel organismo. Cuatro meses después y una vez que Duque asumió el poder en Colombia, ese Estado anunció directamente su salida del bloque regional.
Aunado a ello, el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, informó en julio de 2018 el traslado de la sede de Unasur construida al occidente de Quito, donde ahora funcionará una universidad indígena. Además, apenas unos días atrás, anunció su retiro definitivo de la organización. Críticas chilenas a la cumbre
Más allá de la apuesta de los jefes de Estado de Chile y Colombia, los cuestionamientos a Prosur han llegado desde diversos espacios, incluso desde el país anfitrión. El expresidente chileno Ricardo Lagos declaró a Radio Duna que "no puede haber una entidad latinoamericana que sea ideológica, eso no está en el orden de las cosas".
"Otra cosa es que haya una coincidencia en un momento dado porque en eso consiste la democracia", explicó, y dijo que puede suceder que América del Sur "esté más a la izquierda o más a la derecha por sus presidentes". Sin embargo, insistió en que no le parece "lo mejor para Chile el Prosur". Vista de la Santiago de Chile. / Jose Luis Stephens / EyeEm / Gettyimages.ru
El periodista José Robredo analizó en diálogo con este medio que "el presidente Piñera se ha empeñado en fortalecer su liderazgo en la región aprovechando la oleada neoliberal que afecta a Latinoamérica y con ello busca dejar atrás el ostracismo regional de su primer gobierno".
Al mismo tiempo, apuntó que "la agenda internacional ha sido una herramienta para desviar la atención de una gestión mediocre, que ha tenido malos resultados económicos, que propone una agenda antiderechos y cuyo eslogan de campaña 'tiempos mejores' está muy lejos de cumplirse"."La agenda internacional de Piñera ha sido una herramienta para desviar la atención de una gestión mediocre, que ha tenido malos resultados económicos, que propone una agenda antiderechos y cuyo eslogan de campaña 'tiempos mejores' está muy lejos de cumplirse"José Robredo, periodista chileno
Robredo también destacó que en paralelo a la cumbre se llevarán a cabo "una serie de actividades de manifestación contra este encuentro". Además, parlamentarios de la oposición, "encabezados por el Frente Amplio chileno", declararon persona no grata al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que llegó al país un día antes. Al servicio del norte
Cuando Duque anunció que se daría nacimiento a este nuevo organismo no tuvo problemas en aclarar que Prosur coordinará acciones conjuntas para que "termine" el gobierno de Maduro en Venezuela, al cual calificó como una "dictadura".
Tomando en cuenta esto, el analista internacional Leandro Morgenfeld sostuvo que esta nueva organización "claramente tiene que ver con la estrategia estadounidense de dividir para dominar a los países de la región". "Este nuevo engendro que quieren poner en marcha" es una coordinación de "los Gobiernos de ultraderecha para atacar a lo que era el eje bolivariano y cada una de las opciones políticas que los desafían", agregó en comunicación telefónica. Los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y Chile, Sebastián Piñera, en Brasilia, 1 de enero de 2019 / Marcos Correa / Reuters
Al respecto, llamó a "no confundirse" ya que este foro "más bien habría que caracterizarlo como 'Pronorte' porque no tiene nada que ver con fomentar una integración regional para tener mayor autonomía y negociar con las potencias extrarregionales con mayor fuerza".
Por el contrario, según el experto, "tiene que ver con empoderar a esos sectores y Gobiernos de ultraderecha que compiten semana a semana para ver quién se subordina más a las órdenes y los intereses de Washington". "Prosur tiene que ver con empoderar a esos sectores y Gobiernos de ultraderecha que compiten semana a semana para ver quien se subordina más a las órdenes y los intereses de Washington"Leandro Morgenfeld, investigador y analista internacional
Cabe recordar que algunos países han rechazado sumarse a esta iniciativa. Es el caso de Bolivia, Venezuela y también Uruguay que, si bien asistirá, lo hará en calidad de observador.
En rueda de prensa el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, dijo que hay que evitar "cometer errores que se cometieron anteriormente". En ese sentido, consideró que si el problema de Unasur fue que tuvo "una determinada ideología política", generar otro proceso de integración "también con una finalidad ideológica política es cometer el mismo error anterior".
Continuando esa línea de análisis, Robredo dijo que "a pesar de que en palabras de Piñera no es un bloque 'ideológico' viene a cumplir con la agenda regional de los sectores conservadores, de extrema derecha y vinculados al Gobierno de de Donald Trump".
"Piñera, Duque, Bolsonaro y Mauricio Macri encabezan la oleada neoliberal que afecta al continente y que cuenta con la resistencia del movimiento social, las organizaciones de izquierda y las mayorías sociales", subrayó.
Finalmente, Morgenfeld explicó que Prosur no solamente busca "consolidarse para cristalizar la ofensiva conservadora en la región", sino también "debilitar a Cuba, Venezuela, Bolivia y México", que está teniendo una posición "mucho más soberana en términos de política exterior y no injerencia en los asuntos internos de otros países".