lunes, 22 de diciembre de 2025

El declive de Estados Unidos y la agresividad de Trump contra Nuestra América

 

Bajo la actual administración republicana, Washington intenta tomar medidas que le permitan recuperar su hegemonía global. Sin embargo, estas iniciativas parecen acelerar un proceso que marcha en el sentido inverso.

Por Leandro Morgenfeld – UBA-CONICET

Revista De frente al futuro, diciembre 2025 

En este segundo mandato iniciado en enero pasado, Donald Trump tiene más poder político que en el primero porque ganó con el voto popular –que había perdido en 2016–; doblegó al Partido Republicano depurando a la mayoría de quienes lo resistían; controla ambas cámaras del Congreso y dispone de una Corte Suprema ultraconservadora, gracias a los tres magistrados que nominó en su presidencia anterior. 

Sin embargo, en la actualidad, Trump gobierna un Estados Unidos más débil, que va siendo relegado, sobre todo desde el punto de vista económico, pero también tecnológico, político y monetario, por China, Rusia y otros miembros del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ahora ampliado a BRICS+, con la incorporación de cinco nuevos países) y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), fundada en 2001. Analizamos en este artículo si la ofensiva unilateral de Trump está logrando ralentizar, frenar o revertir la transición geopolítica mundial o bien, por el contrario, la acelera aún más.

Estados Unidos, hasta ahora la principal potencia económica y militar, aunque en un proceso de acelerado declive geopolítico, enfrenta en los últimos años una serie de crisis interconectadas que fueron debilitando su estructura económica y social. Desde el aumento de la pobreza y la indigencia hasta la epidemia de opioides, pasando por el colapso del sistema de salud pública y el masivo endeudamiento estudiantil, el país vive una etapa de creciente desigualdad y descontento social, el sustrato que explica la polarización política e ideológico-cultural. Trump es un emergente de esa frustración y descontento y, paradójicamente, puede acentuar todos los problemas que atraviesa el tejido social estadounidense, que muestra indicadores más propios de un país en desarrollo que de una potencia. El aumento de la violencia política hace que cada vez más analistas caractericen la situación como una pre-guerra civil.

El anuncio de una nueva escalada en la guerra comercial por parte de la administración Trump, a principios de abril, que provocó una conmoción en los mercados globales, no debe entenderse como un hecho aislado, sino como un episodio más dentro de un proceso de larga data: la aceleración de la transición hegemónica global, de un mundo unipolar hacia otro cada vez más multipolar. Este fenómeno, que analizamos a fondo junto a Gabriel Merino en nuestro libro Nuestra América, Estados Unidos y China, se ha intensificado a lo largo de las últimas dos décadas y ha devenido en lo que podríamos caracterizar como una Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada.

Ante la evidente crisis del orden internacional surgido en la posguerra fría, y frente a un presente marcado por un caos sistémico que recuerda, en algunos aspectos, al período 1914-1945, es necesario repensar los desafíos de Nuestra América no como si la región fuera un mero objeto de disputa entre grandes potencias, sino como un actor con capacidad propia de decisión. Lejos de adoptar los marcos analíticos del Norte Global, desde nuestra perspectiva, urge considerarla como un actor con agencia, que debe forjar su propia perspectiva estratégica en este escenario convulso. 

Nuestro propósito es contribuir al desarrollo de un pensamiento geopolítico y estratégico autónomo desde el Sur Global, crítico con las narrativas hegemónicas —como la antinomia “democracias vs. autocracies” promovida por el Occidente geopolítico— que suelen reproducir dependencias intelectuales incluso desde sectores progresistas. Desde nuestra mirada, esta transición puede interpretarse, en cambio, como un proceso contestatario de democratización real del sistema mundial, una puja por redistribuir el poder y la riqueza concentrados durante siglos en una minoría. Para el Sur Global y para Nuestra América en particular, este escenario presenta riesgos enormes, pero también constituye una oportunidad histórica sin precedentes para redefinir su lugar en el mundo.

Trump 2 y sus iniciativas para frenar el declive

Desde su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, Donald Trump buscó relanzar la promesa de “hacer grande otra vez a Estados Unidos” con una agenda de políticas internas y externas que, en su lógica, permitirían revertir la pérdida de influencia global de Washington. Sin embargo, esa agenda, que combina nacionalismo económico, proteccionismo, desdén por el multilateralismo y presión directa sobre aliados y competidores, lejos de consolidar la posición estadounidense en el sistema internacional, está contribuyendo a acelerar su declive relativo.

En el terreno multilateral, uno de los primeros gestos del gobierno de Trump fue anunciar la revisión de todos los compromisos internacionales de Estados Unidos. Se suspendieron aportes a diversos organismos, incluidos los de Naciones Unidas, con el argumento de que el país no debía seguir financiando estructuras burocráticas que limitaban su autonomía. En el caso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el retiro de fondos se produjo en las primeras semanas de gobierno, retomando una iniciativa ya ensayada en el primer mandato. 

Trump sostuvo que el sistema multilateral estaba “capturado” por intereses contrarios a los estadounidenses, lo cual justificaba un repliegue hacia fórmulas bilaterales, más manejables desde la óptica de la Casa Blanca. Este desdén por el multilateralismo impactó también en la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la que la administración dejó prácticamente paralizada, bloqueando la designación de jueces en su órgano de apelaciones e imponiendo condiciones unilaterales a sus socios comerciales.

El frente económico-comercial fue quizás el más emblemático del nuevo giro. Trump desplegó un programa de incremento de aranceles a productos industriales y agrícolas, bajo la consigna de defender a los trabajadores estadounidenses. La eliminación de la exención aduanera para envíos de bajo valor afectó directamente al comercio electrónico internacional, encareciendo miles de productos de consumo masivo. Al mismo tiempo, la Casa Blanca impulsó una política activa de subsidios a sectores considerados estratégicos, como la industria del acero, la automotriz y la producción de energía fósil. Se retomaron además viejos reclamos contra países considerados “injustos” en materia de comercio, entre ellos Alemania, Japón, México y, de manera más evidente, China.

La confrontación con Beijing adquirió un carácter central. El gobierno prohibió la exportación de semiconductores avanzados, impuso restricciones a la venta de equipos de telecomunicaciones y limitó el acceso de empresas chinas a insumos y tecnologías críticas. Se amplió la lista de compañías bloqueadas, lo que afectó no solo a gigantes tecnológicos, sino también a firmas del sector energético y financiero. Washington presentó estas medidas como un modo de evitar que China acceda a tecnologías que podrían tener un uso militar, pero en realidad constituyen parte de una guerra comercial y tecnológica más amplia. Beijing respondió con represalias arancelarias sobre productos agroindustriales y con políticas de sustitución tecnológica, acelerando el proceso de desvinculación de las cadenas de suministro globales.

En paralelo, Trump intensificó la presión sobre sus aliados. A los países europeos de la OTAN les exigió incrementos inmediatos en sus presupuestos de defensa (del 2 al 5%), bajo la amenaza explícita de reducir el compromiso militar estadounidense en el continente. En Japón y Corea del Sur planteó demandas similares, condicionando la continuidad de bases militares y la venta de equipamiento avanzado a concesiones económicas. Esta estrategia, que pretendía fortalecer el poder de negociación de Estados Unidos, generó tensiones diplomáticas crecientes y alimentó, especialmente en Europa, la búsqueda de mayor autonomía frente a un socio que se muestra cada vez menos confiable.

En el plano energético, la administración promovió una expansión de la producción doméstica de petróleo y gas, flexibilizando regulaciones ambientales y autorizando perforaciones en áreas antes restringidas. Estas medidas fueron acompañadas por presiones hacia socios comerciales para que importaran energía estadounidense, en detrimento de otros proveedores. Al mismo tiempo, se cuestionaron acuerdos internacionales de lucha contra el cambio climático, reforzando la imagen de un Estados Unidos replegado sobre sus propios intereses, incluso a costa de socavar compromisos globales.

En materia migratoria, se reactivaron políticas de control fronterizo severo. Se ampliaron las deportaciones, se endurecieron las condiciones para otorgar visados y se implementaron medidas restrictivas contra estudiantes y trabajadores extranjeros, bajo la consigna de “proteger los empleos estadounidenses”. Estas decisiones deterioraron aún más la relación con México y con diversos países latinoamericanos, al tiempo que generaron resistencias internas por su impacto en sectores que dependen de mano de obra migrante. También generaron críticas de organismos de derechos humanos por el aumento del control social y la persecución contra activistas demócratas y de izquierda. 

La administración republicana también avanzó en el uso expansivo de la legislación vinculada a la seguridad nacional para intervenir en la economía. Bajo este paraguas, se bloquearon inversiones extranjeras en áreas consideradas estratégicas, se sancionó a empresas por sus vínculos con países “adversarios” y se justificaron medidas de emergencia que tuvieron efectos comerciales de gran alcance. Esta fusión entre seguridad y economía reflejó una visión del mundo en la que todo desafío económico es leído como amenaza existencial.

Las consecuencias de estas políticas no tardaron en manifestarse. Varios socios tradicionales respondieron con medidas de represalia: aranceles dirigidos contra sectores agrícolas estadounidenses, investigaciones anti-dumping sobre manufacturas y restricciones a la inversión de compañías norteamericanas en el extranjero. La Unión Europea, además, comenzó a discutir con mayor fuerza la necesidad de reducir su dependencia de Estados Unidos tanto en materia de defensa como en tecnología, aunque por ahora persiste su subordinación a Washington. En América Latina, la combinación de presiones comerciales y migratorias alimentó un clima de desconfianza hacia Washington, mientras potencias como China y Rusia aprovecharon para afianzar sus vínculos en la región.

En el plano interno, las empresas estadounidenses también acusaron el golpe. Numerosas multinacionales congelaron inversiones debido a la incertidumbre generada por la política arancelaria y la volatilidad regulatoria. Sectores como el tecnológico y el automotriz sufrieron aumentos de costos por la ruptura de cadenas de suministro, lo que derivó en despidos y en una pérdida de competitividad frente a competidores extranjeros. Aunque el gobierno exhibió algunos indicadores de repunte en sectores puntuales —sobre todo en industrias altamente subsidiadas—, el saldo general fue un aumento de la inestabilidad económica y de la percepción de que Estados Unidos se estaba aislando del resto del mundo.

La paradoja es clara: el conjunto de políticas que buscaban reposicionar a Estados Unidos como potencia indiscutida en el escenario internacional están, en los hechos, acelerando la pérdida de hegemonía. 

La paradoja es clara: el conjunto de políticas que buscaban reposicionar a Estados Unidos como potencia indiscutida en el escenario internacional están, en los hechos, acelerando la pérdida de hegemonía.

El unilateralismo, el proteccionismo extremo y la instrumentalización de la seguridad como justificación para sanciones y represalias han dañado los vínculos con socios históricos, incentivado la consolidación de alianzas alternativas y debilitado los marcos multilaterales que sostenían el liderazgo estadounidense desde mediados del siglo XX. En lugar de frenar el declive relativo, el segundo mandato de Trump lo está precipitando, generando un escenario global más fragmentado e incierto, en el que la capacidad de Washington para imponer reglas y coordinar consensos se ve cada vez más erosionada. Puede obtener algunas victorias en el corto plazo (concesiones en materia comercial, compra de hidrocarburos y armamento, compromiso de inversiones en suelo estadounidense), con su estrategia extorsiva y transaccional, pero son pírricas, en tanto horadan el liderazgo que supo ostentar Estados Unidos en los primeros años de la posguerra fría. 

Trump y Nuestra América

La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe atraviesa una transformación al inicio de la segunda presidencia de Trump. El declive relativo de la potencia norteamericana, visible en su pérdida de capacidad de liderazgo mundial, su crisis interna multidimensional y el ascenso de nuevos polos de poder, ha modificado profundamente las dinámicas geopolíticas hemisféricas. América Latina, históricamente tratada como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos -su patio trasero-, se ha convertido en un espacio donde se expresa con claridad la transición de un orden global que va dejando atrás la hegemonía estadounidense de la posguerra fría y avanza hacia una configuración multipolar. 

En este contexto, la agresividad del trumpismo emerge como una reacción defensiva frente a la erosión del dominio estadounidense. El retorno de Donald Trump al centro de la escena política (Make America Great Again) representa la voluntad de recuperar una supremacía que ya no puede sostenerse sin el uso creciente de la presión, la amenaza o la injerencia directa.

La agresividad del trumpismo emerge como una reacción defensiva frente a la erosión del dominio estadounidense.

El declive relativo de Estados Unidos no implica su desaparición como potencia, pero sí evidencia que ya no ocupa el lugar incuestionado que ostentó durante la segunda mitad del siglo XX. Su poder económico sigue siendo determinante, pero enfrenta una pérdida sostenida de competitividad frente a China, que se ha convertido en el principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo y de Nuestra América. Al mismo tiempo, la fragmentación interna, la polarización política, la crisis del modelo económico neoliberal y el desgaste de sus instituciones reducen su capacidad para proyectar estabilidad y consenso a escala internacional (la crisis del globalismo y de los supuestos valores que promovía, como la defensa de la democracia y los derechos humanos y las instituciones del multilateralismo dominando por el Occidente Geopolítica). Esta combinación de crisis externa e interna explica que, en lugar de adaptarse a un mundo cambiante, sectores importantes de la clase estadounidense respondan con nostalgia imperial y políticas agresivas, buscando imponer por la fuerza lo que ya no pueden asegurar solo con influencia. Trump plantea sus pretensiones imperiales casi sin eufemismos.

El jefe de la Casa Blanca encarna esta nueva fase. Su discurso presenta a Estados Unidos como una nación que debe defenderse de enemigos externos y de potencias emergentes que, según su narrativa, se aprovechan de la debilidad heredada de gobiernos anteriores. En esa construcción, América Latina y el Caribe ocupa un lugar estratégico: es presentada como un territorio en disputa donde Washington debe reafirmar su autoridad. Esto se traduce en una política exterior que mezcla sanciones, amenazas militares, operaciones diplomáticas encubiertas, condicionamientos económicos y una retórica basada en la deslegitimación de gobiernos que buscan diversificar alianzas o ejercer políticas soberanas que no se ajustan a los intereses de Estados Unidos. Es lo que algunos llaman la Doctrina Donroe, y yo prefiero destacar como el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, en la que se destaca el Secretario de Estado Marco Rubio. 

La disputa geopolítica con China es un factor central para entender la política exterior trumpista y su creciente injerencismo en Nuestra América. Washington percibe que la expansión económica del gigante asiático en la región no solo erosiona su influencia, sino que amenaza la arquitectura del poder mundial que Estados Unidos edificó durante décadas. China no ofrece la clásica intervención política ni exige alineamiento ideológico; propone inversiones, créditos, transferencia tecnológica y cooperación económica. Para países latinoamericanos sometidos históricamente a la lógica de la dependencia -y a los golpes de estados, intervenciones militares y políticas de cambio de régimen-, esta alternativa resulta atractiva. Ante esta situación, la administración Trump intensificó la presión sobre gobiernos aliados para que limitaran sus vínculos con Beijing, especialmente en áreas como infraestructura estratégica, telecomunicaciones y energía. La advertencia era clara: quien fortaleciera su asociación con China corría el riesgo de enfrentar represalias económicas o políticas. La Argentina gobernada por Javier Milei es un claro ejemplo de esto.

Sin embargo, esta estrategia choca con una realidad: el peso económico chino es hoy estructural en la región. Muchos gobiernos latinoamericanos, incluso conservadores, han comprendido que su crecimiento y desarrollo dependen en gran medida de la relación con Beijing. Le pasó a Bolsonaro en Brasil, durante la primera presidencia del líder republicano. Las amenazas de Trump y su equipo no alcanzan para revertir un proceso que expresa una transformación global más profunda. Estados Unidos solo puede intentar frenar este avance mediante acciones de bloqueo, desestabilización o guerra comercial abierta, pero ya no tiene capacidad para imponer obediencia automática. Con Trump y Marco Rubio hay más garrotes que zanahorias. 

El trumpismo tampoco concibe la relación con América Latina desde una perspectiva de cooperación igualitaria. Su visión recupera el enfoque de la Guerra Fría, donde la región es pensada como una plataforma de seguridad, extracción de recursos y control político. En esa lógica, cualquier intento de mayor soberanía económica o integración autónoma se interpreta como una amenaza. Por eso, gobiernos progresistas o incluso administraciones moderadas que buscan ampliar su margen de acción han sido objeto de campañas de presión, asfixia económica o intentos de aislamiento internacional. La política estadounidense, en lugar de adaptarse al nuevo contexto, intenta restaurar el viejo orden hemisférico apelando a mecanismos cada vez más agresivos.

La política regional de Trump tuvo además una dimensión comunicacional orientada a la sociedad estadounidense. América Latina fue utilizada como ejemplo para alimentar el discurso nacionalista y antiinmigrante. Los fenómenos sociales que impactan en la región –como los flujos migratorios o las crisis políticas– fueron presentados como amenazas para la seguridad nacional. Este enfoque refuerza la narrativa de que cualquier transformación política en Sudamérica debe ser controlada o desactivada para evitar el efecto contagio. El mensaje implícito es que la estabilidad regional solo es posible bajo la tutela de Washington. La excusa del combate al narcotráfico y el terrorismo, una vez más, es usada como excusa para intentar legitimar la vuelta a las agresiones militares del siglo XX. Nicolás Maduro, en Venezuela, y Gustavo Petro, en Colombia, son hoy el principal blanco de esta ofensiva. 

Sin embargo, aunque parezca contraintuitivo, la agresividad del trumpismo es también expresión de debilidad. Estados Unidos ya no puede sostener un liderazgo internacional sobre la base del consenso. Su credibilidad global está deteriorada, su política exterior ha perdido continuidad y su autoridad moral se ha erosionado frente a la opinión pública mundial. Trump dinamita todas las instituciones del orden multilateral que Estados Unidos viene construyendo hace décadas. 

Estados Unidos ya no puede sostener un liderazgo internacional sobre la base del consenso. Su credibilidad global está deteriorada, su política exterior ha perdido continuidad y su autoridad moral se ha erosionado frente a la opinión pública mundial.

En América Latina, esta pérdida de legitimidad se traduce en gobiernos y movimientos sociales que cuestionan abiertamente el rol histórico de Estados Unidos en la región y plantean la necesidad de construir modelos alternativos de inserción internacional.

La región enfrenta, sin embargo, desafíos complejos. El fin del ciclo de hegemonía estadounidense no garantiza automáticamente un proyecto de integración soberana o desarrollo autónomo. Existen tensiones internas, diferencias políticas, inestabilidades económicas y disputa entre modelos de país. Washington intenta aprovechar esas fracturas para reinsertarse mediante acuerdos bilaterales, políticas de seguridad y alianzas con elites locales que comparten la visión de subordinación histórica. Al mismo tiempo, China y otros actores no están exentos de intereses propios y sus proyectos también pueden profundizar la dependencia si no se los integra dentro de una estrategia latinoamericana de largo plazo.

Por eso, el desafío de Nuestra América consiste en construir un camino propio. Una estrategia latinoamericana. Ello implica fortalecer espacios de integración regional, recuperar la planificación del desarrollo, diversificar alianzas sin subordinación y apostar por una economía más industrial, inclusiva y tecnológicamente avanzada. La transición geopolítica en curso abre oportunidades inéditas, pero también exige claridad estratégica. Sin una intervención activa y consciente de las sociedades y gobiernos latinoamericanos, la región corre el riesgo de quedar atrapada entre la confrontación de potencias sin capacidad de orientar su propio destino. Hace 20 años, en la Cuarta Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, le dijimos NO al ALCA, el proyecto neoimperial que pretendía imponer Bush de Alaska a Tierra del Fuego. Ese rechazo permitió avanzar con una inédita coordinación y cooperación políticas e integración regional. Se crearon al ALBA-TCP, la Comunidad Sudamericana de Nacional, la UNASUR y la CELAC. Hoy en día hay mejores condiciones estructurales que hace dos décadas para retomar ese camino en post de la siempre postergada construcción de la Patria Grande. Pero hay que recrear las condiciones políticas. 

El regreso de Trump al escenario político evidencia que Estados Unidos continuará oscilando entre proyectos enfrentados porque la clase dominante estadounidense sigue fragmentada entre globalistas y americanistas-nacionalistas. Unos apuestan por sostener el liderazgo mundial mediante alianzas, cooperación limitada y diplomacia. Otros proponen recuperar el dominio perdido mediante coerción y supremacismo. La incertidumbre estadounidense se proyecta hacia la región, que debe prepararse para convivir con una potencia que ya no actúa desde la seguridad de la victoria, sino desde el temor al declive, con una agresividad e injerencismo desembozados que parecían cosas del pasado.

En síntesis, la agresividad de Trump en América Latina es el síntoma visible de una transición histórica. Estados Unidos sigue siendo una potencia militar, tecnológica y financiera de enorme peso, pero enfrenta límites crecientes que ya no puede ignorar. América Latina, por su parte, atraviesa el desafío de transformar el fin de una hegemonía en oportunidad para una inserción soberana en el mundo. El futuro no está escrito: dependerá de la disputa política, la capacidad de articulación regional y la determinación de los pueblos latinoamericanos para construir un proyecto propio y acorde con los desafíos del siglo XXI. 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

jueves, 27 de noviembre de 2025

Diálogo temático Reconfiguraciones geopolíticas y multilateralismo: perspectivas desde el Sur global (CLACSO)

 


Diálogo Horizontes del Pensamiento Crítico y Transformador


Jueves 4 de diciembre | Modalidad virtual

15.00 hs México
17.00 hs Bolivia
18.00 hs Argentina/Brasil/Uruguay/Paraguay

CLACSO: Presentación de sus ejes estratégicos 2025-2028

Palabras de apertura:
Pablo Vommaro (Director Ejecutivo de CLACSO)

Moderan:
Nora Goren (CLACSO/UNPAZ)                
Gloria Amézquita Puntiel (CLACSO)

 

Diálogo temático Reconfiguraciones geopolíticas y multilateralismo: perspectivas desde el Sur global

Dialogan:
Álvaro García Linera (UMSA – Bolivia), Fernando Buen Abad (UICOM – México / REDH), Mónica Bruckmann (UFRJ – Brasil), Gerardo Caetano (UDELAR – Uruguay), Maribel Aponte (UPR – Puerto Rico), Leticia Calderón Chelis (Inst.Mora – México), Gabriel Merino (UNLP / CONICET – Argentina), Daniela Perrotta (UNA / UBA-CONICET

Coordinan:
Darío Salinas (Univ. Iberoamericana/México/REDH)                    
Leandro Morgenfeld (UBA / CONICET – Argentina)

Participan los Grupos de Trabajo CLACSO China y el mapa del poder mundial; Crisis, respuestas y alternativas en el Gran Caribe; ¿Qué trabajo para qué futuro?; Geopolítica, integración regional y sistema mundial; Estudios sobre Estados Unidos, y Propuestas para la integración regional

Organiza: CLACSO 

 Inscripción previa en el siguiente formulario

 

 

jueves, 20 de noviembre de 2025

¡Batalla de Ideas cumple 10 años!

 


 

¡Batalla de Ideas cumple 10 años!

Durante una década, hemos trabajado con amor y compromiso para promover la circulación de obras y debates críticos, feministas y populares en América Latina y el Caribe.

Acompañanos a celebrar 👇🏽

●CONVERSATORIO:
"La Batalla de Ideas y la cultura en una América Latina en disputa" 📚

•Claudio Katz: Economista, escritor, profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador del CONICET.
•Leandro Morgenfeld: Historiador, escritor, investigador del CONICET 
•Paula Diaz: Distribuidora Herramientas, distribución de editoriales independientes.
•Florencia Abregu: Periodista, integrante de Alba Movimientos.
Modera: 
•Daniela Ruggeri: Equipo de arte del Instituto Tricontinental, maquetadora y creadora del arte de tapa de Batalla de Ideas. 

●Música en vivo 🎶 
A cargo de: 
Mariano Martines (Canciones con Alma)
JP Luca (400 Mood)

●Sorteos para los presentes 🎁 
Y más!!

Te esperamos este sábado 22 en Esquina América Chacabuco 110, Caba

martes, 18 de noviembre de 2025

Las consecuencias para Argentina del acuerdo con Estados Unidos.


 

Las consecuencias para Argentina del acuerdo con Estados Unidos.

Entrevista a Leandro Morgenfeld en Canal Abierto, 18 de noviembre de 2025
 
 

Redacción Canal Abierto | En un mundo que vuelve a tener dos hegemones en disputa, el acuerdo con Estados Unidos nos alinea en un lado del mundo, con consecuencias inciertas. Para conversar sobre las implicancias para Argentina, y el panorama internacional hablamos con Leandro Morgenfeld, historiador y autor de «Nuestra América, Estados Unidos y China».

Sobre el principio de acuerdo marco

📍 “El gobierno argentino lo quiere vender como un acuerdo, como una negociación, pero esto es más bien una imposición. Es un pacto casi neocolonial, si lo podemos llamar pacto. Más bien fue que al canciller Quirno, le dijeron, `firme acá´. Y, para el que no sigue estos temas, hay muchas cuestiones técnicas, mucha opacidad”.

📍 “En realidad, es un marco acuerdo de una cosa que todavía no se firmó. Además, según nuestra Constitución, en varios de los puntos debe pasar por el Congreso. Esto es importante decirlo, porque  lo quieren mostrar como un hecho consumado, pero no lo es”.

Alineamiento internacional

📍 “Hace 2 años, Argentina era un participante activo, junto con México y Brasil, en el G20. En la cumbre de Johannesburgo, también había logrado ser incorporado en el BRICS+ a partir de una gestión que había hecho Lula y otros gobiernos. Iba a ser el segundo país latinoamericano en ese club, que hoy es geopolíticamente y desde el punto de vista de su PBI y a la par del poder adquisitivo, más importante que el G7, por ejemplo. Argentina es parte del Mercosur, que en los últimos años había habido un proceso de ampliación de la CELAC”.

📍“Milei le da la espalda a todo eso y anuncia Estados Unidos, sólo en inglés, es un dato simbólico, pero importante también, este acuerdo marco ¿junto a quiénes? A El Salvador, Guatemala y Ecuador. Esa es la liga en la que está jugando ahora Argentina. Muy lejos de América Latina”.

“Son países que están con gobiernos, tres por lo menos de ellos con gobiernos sí de ultra derecha alineados con el gobierno de Estados Unidos que son muy reacios a todos los mecanismos de cooperación y coordinación política a nivel latinoamericano. Además son tres países tomados por el narco y que no tienen ninguna capacidad industrial comparable con la Argentina. Bueno, ahí nos lleva a Argentina, que es parte del G20, como decíamos, y es la tercera economía de América Latina y el Caribe”.

La venganza por el No

📍“El anuncio se da justo una semana después de que celebramos los 20 años del NO AL ALCA. Esto simbólicamente también es muy importante. Estados Unidos todavía no se recupera de ese golpe. El NO AL ALCA fue muy importante, fue una construcción de la resistencia de ese proyecto imperial de Estados Unidos que hicimos por abajo y por arriba y que duró muchísimos años”.

“El canciller Quirno, al día siguiente de que anunciaron este entendimiento, en una entrevista se refirió al NO AL ALCA y como `esta traición´. Dijo que lo que le hicimos a Bush para él es una traición que no se le hace ni al peor enemigo. O sea, el propio canciller argentino estaba diciendo que este acto de sumisión neocolonial que está haciendo el gobierno de Milei, es una suerte de compensación por lo que fue el NO AL ALCA”.

 

El contexto internacional

📍“Trump se muestra como un Estados Unidos todopoderoso que va a disciplinar a todo el mundo y que va a disciplinar a América Latina. Hoy estamos en un proceso de transición hegemónica a nivel mundial donde lo que hay es una aceleración del declive relativo de Estados Unidos. Trump es una expresión de eso, de hecho él lo asumió el 20 enero de este año y dijo, `Voy a ponerle fin a ese declive´”.

📍“Lo que tenemos en todo, incluso en el enfrentamiento que tiene con China, con Rusia y otros actores, es que Trump no está logrando imponer sus objetivos. Lo que sí está haciendo es rescostándose muy violentamente sobre el hemisferio occidental, o sea, América Latina y el Caribe, lo que ellos defectivamente llaman el patio trasero. Eso es lo que está en juego, pero tenemos un mundo mucho más multipolarxz”.

“ Hace 20 años le dijimos no al ALCA, construimos las condiciones políticas por abajo y por arriba para enfrentarlo, pero Estados Unidos era mucho más fuerte que lo que es ahora. Hoy hay mejores condiciones estructurales a nivel global para frenar este proceso de ofensiva de Estados Unidos, que es muy virulento en nuestra América y poder ser uno más de esos polos emergentes que hay a nivel global en un mundo más multipolar”.

Estados Unidos, asuntos internos

📍“Trump se vende hacia fuera y hacia dentro como un tipo omnipotente, casi como un monarca. Tiene mucho más poder interno que el que tenía hace 8 años cuando inició su primera presidencia, porque ahora controla la Corte Suprema, controla el partido, controla ambas cámaras, se cargó a los principales directivos de los medios de comunicación que eran críticos, es un tipo que acumula un poder. Sin embargo, desde que empezó esta segunda presidencia, las protestas son enormes”.

📍“Bernie Sanders y Alejandro Cacio Cortés, el sector de los socialistas democráticos, que dan la pelea dentro del Partido Demócrata, pero son un sector específico, vienen haciendo durante todo el año alguno de los actos más grandes de toda la historia. Algunos mucho más fuertes incluso que los de las dos candidaturas de Bernie Sanders”.

📍“Hubo tres grandes movilizaciones, las últimas dos con la consigna no kings, no queremos reyes. La última hace pocas semanas, varios millones de personas en 2700 ciudades. El alcalde de Chicago ante 300.000 personas, dijo, `Tenemos que ir una huelga general contra el gobierno de Trump´. Y hace dos semanas ganó Mamdani, que es el candidato de este sector de los socialistas democráticos, nada menos que la ciudad de Nueva York, la más rica, la más poblada y donde surgió el Trumpismo. Arrasó entre los jóvenes y arrasó entre todas las minorías a pesar de tener el establishment de ambos partidos en contra”.

📍“El tipo que arrasó en las elecciones va a asumir el primero de enero con una agenda y una política de propuestas que no son como el  teorema de Baglini en Argentina, en la que decía esto y después va esmerilando las propuestas para hacerme de centro. El tipo mantiene lo que dijo en la campaña. Está hablando de los problemas de la gente. Es un musulmán que nació en África y va a gobernar la ciudad más rica de Estados Unidos”.

Mira la entrevista completa en Agenda propia, un programa producido por Canal Abierto que aborda la coyuntura disputando el sentido de la agenda.

sábado, 15 de noviembre de 2025

martes, 11 de noviembre de 2025

Leandro Morgenfeld en NODAL TV sobre el triunfo de Zohran Mamdani y la policrisis en Estados Unidos


 

Entrevista a Leandro Morgenfeld en NODAL TV sobre el triunfo de Zohran Mamdani, la policrisis en Estados Unidos y su impacto en América Latina y el Caribe. 11 de noviembre de 2025

domingo, 9 de noviembre de 2025

jueves, 6 de noviembre de 2025

"Hace 20 años, el ‘NO al ALCA’ fue un hito. Ese ‘no’ permitió muchos otros ‘sí’"", dijo Morgenfeld

 



miércoles, 5 de noviembre de 2025

LEANDRO MORGENFELD: “ES UNA ELECCIÓN HISTÓRICA”

 

LEANDRO MORGENFELD: “ES UNA ELECCIÓN HISTÓRICA”
INTERNACIONALES

LEANDRO MORGENFELD: “ES UNA ELECCIÓN HISTÓRICA”

Por MARGARITA TORRES / Radio Provincia AM1270, 5 de November, 2025
El historiador e investigador del CONICET habló de la victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York.

En diálogo con El Repaso, por Radio Provincia, dijo que “es una elección histórica, la participación más alta desde 1969. Es un hombre muy joven, que viene de los socialistas democráticos de América como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez".

Además, el hecho cobra otra significación por haberse impuesto “en la ciudad más rica de Estados Unidos, de donde surgió Trump” y porque “arrasó entre los jóvenes. En elecciones no obligatorias logró que 100 mil voluntarios hicieran una campaña austera que ganó en primera vuelta”.

El entrevistado afirmó que el nuevo alcalde eligió “hablar de lo que le importa a la gente: el costo de vida, de los alquileres, lo caro que es el transporte público, las madres que no tienen donde dejar a sus hijos y propone guarderías hasta los 3 años”.

Para ello, “propone un sistema de supermercados públicos que abarate el costo de los alimentos en la ciudad más rica” de Estados Unidos. “Después se verá qué es lo que puede hacer, le faltan varias semanas para asumir, pero tiene un proyecto de cobrar un impuesto para que ganen más de UDS 1 millón anuales y otro para las grandes corporaciones” que le permitirían financiar sus iniciativas.

Escuchá la entrevista:

Entrevista a Morgenfeld en Radio 10 sobre el histórico triunfo de Zohran Mamdani en NY, la derrota de Trump y el impacto en EEUU y la Argentina


 

Leandro Morgenfeld | Historiador. Profesor de la UBA. Investigador CONICET #NSD

Entrevista en "No se desesperen", Radio10, 5 de noviembre de 2025 

 

martes, 4 de noviembre de 2025

Convocatoria! Mesa 64 Interescuelas: "Historia de las relaciones internacionales, de la integración regional y de la política exterior en América Latina, desde las independencias hasta la actualidad"

 


 

ORGANIZA: DEPARTAMENTO DE HISTORIA – FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS – UNIVERSIDAD NACIONAL DE RÍO CUARTO
CRONOGRAMA y MESAS APROBADAS


El Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto invita apresentar resúmenes para las mesas de las XX Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia que serealizarán en la ciudad de Río Cuarto, entre el 23 y el 26 de septiembre de 2026.
 

- CRONOGRAMA DE FECHAS
 

1. PRESENTACIÓN DE RESÚMENES
Desde el 1 de noviembre de 2025 al 9 de febrero de 2026.
 

2. ACEPTACIÓN DE LOS RESÚMENES POR PARTE DE LOS
COORDINADORES DE MESA(y comunicación a los interesados y a la Comisión Organizadora de la aceptación o rechazo de los resúmenes por parte de los coordinadores).
Hasta el 2 de marzo de 2026.

 

MESA 64

Historia de las relaciones internacionales, de la integración regional y de la política exterior en América Latina, desde las independencias hasta la actualidad
 

 Coordinadores:

Julián Kan (IDEHESI - CONICET / UNSAM / UBA)
Leandro Morgenfeld (CONICET – UBA)
Alejandro Simonoff (UNLP)

Enviar los resúmenes a:
kanjulian76@yahoo.com.ar leandromorgenfeld@hotmail.com asimonoff2010@gmail.com

lunes, 27 de octubre de 2025

Historia y actualidad de las relaciones EEUU-Argentina. Entrevista a Leandro Morgenfeld en "Ningún cuento", viBraTV


Leandro Morgenfeld: Historiador, investigador del Conicet y especialista en la relación entre Argentina y Estados Unidos, Meet Científico, "Ningún cuento", viBraTV


domingo, 26 de octubre de 2025

Argentina vota con un Milei abrazado a la Casa Blanca: “Peor es depender de China”

 

Argentina vota con un Milei abrazado a la Casa Blanca: “Peor es depender de China”

El inédito rescate financiero de EE UU irrumpe, a las puertas de los comicios legislativos, en una sociedad hastiada de las crisis económicas.

Javier Lorca, El País de España, 26/10/2025

 



 

 

 


"Que Trump diga a quién hay que votar es humillante para nuestra soberanía"

 

“Que Trump diga a quién hay que votar es humillante para nuestra soberanía” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
 

"Que Trump diga a quién hay que votar es humillante para nuestra soberanía"

“La intervención de Estados Unidos supera ampliamente lo de Braden”, advirtió el investigador del Conicet. A 20 años del histórico encuentro de Mar del Plata rescató el “no al ALCA”. Dijo que si Trump invade Venezuela “va a convertir una región de paz en un caos”.

Mauricio Rojas

Va con firma, 26/10/2025

El historiador e investigador del Conicet Leandro Morgenfeld, advirtió sobre la creciente injerencia de Estados Unidos en la política argentina y consideró que “que Trump diga a quién deben votar los argentinos es humillante para nuestra soberanía nacional”. Agregó que este nivel de intervención “supera con creces lo de Braden en 1945 y 1946, cuando intentó evitar que Perón gane las elecciones”.

Contó que se preparan actividades en Mar del Plata para el 4 y 5 de noviembre, al cumplirse 20 años del No al ALCA, un hecho que, aseguró, “marcó un hito en la historia de América Latina y fue un ejercicio de soberanía”.

De la política exterior de Javier Milei, Morgenfeld señaló que era la “más desastrosa desde la vuelta de la democracia hace 42 años”, y que estaba “alineada como nunca antes con Estados Unidos, ni siquiera en la etapa de las relaciones carnales”. Analizó lo que debería hacer en materia exterior un futuro gobierno post Milei.

Dijo que “China esta semana se acaba de convertir en el primer destino de las exportaciones de la Argentina”, y que Milei “no puede reemplazar las exportaciones que tiene la Argentina a China con exportaciones a Estados Unidos”.

El doctor e investigador del Conicet, también se refirió a la posible invasión militar de Estados Unidos a Venezuela. Dijo que si eso ocurre van a convertir una región de paz en un caos, y consideró importante que las organizaciones se expresen en contra de una posible invasión. Además, analizó las elecciones presidenciales que se van a realizar en Chile en noviembre, según las encuestas en segunda vuelta puede ganar la ultra derecha.

- Este año se cumplen 20 años del “No al ALCA” en Mar del Plata. ¿Se está organizando algún acto o actividad conmemorativa?

- Si se están analizando distintas actividades, hay una que se está organizando en Mar del Plata el 4 y 5 de noviembre, que están convocando varias organizaciones. Todavía no están definidos los oradores, pero el martes 4 van a haber varias mesas de debate y el miércoles 5 de noviembre un acto político.

- ¿Qué queda hoy de aquel rechazo y de la política latinoamericana soberana que encabezó Hugo Chávez en 2005 con el “¿ALCA, al carajo?”

- Bueno, yo creo que el rechazo, el no al ALCA en Mar del Plata, marcó un hito, marcó un hito en la historia de América Latina, en los vínculos con Estados Unidos, fue un ejercicio de soberanía, cinco países, entre ellos los tres de mayor PBI de Sudamérica en ese momento, que eran Brasil, Argentina y Venezuela, junto con Paraguay y con Uruguay le dijeron no al ALCA, pero sobre todo fue una construcción por abajo muy importante en los cinco foros sociales mundiales que se hicieron entre el 2001 y el 2005, la Alianza Social Continental, la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur y muchos otros grupos que construyeron, se hizo una consulta contra el ALCA en la Argentina y otros países, fue un proceso muy importante que luego permitió avanzar en la coordinación y la cooperación política latinoamericana en la integración regional. Se crearon el ALBA, la Comunidad Sudamericana de Naciones, después la Unasur y la CELAC, así que ese no al proyecto hegemónico de Estados Unidos permitió una inédita coordinación política a nivel regional.

- ¿Cómo evalúa la política exterior del gobierno de Javier Milei?

- Bueno, la política exterior de Milei sin duda es la política exterior más desastrosa, sí, desde la vuelta de la democracia hace 42 años, de hecho, acaba de renunciar hace menos de 24 horas el canciller Gerardo Werthein. Milei va a tener en menos de dos años tres cancilleres cuando nombre al próximo (la entrevista con Va Con Firma se hizo el miércoles 22), nunca ocurrió con ningún gobierno de la vuelta de la democracia que en cuatro años hayan tenido tres cancilleres, Milei en menos de dos años es el tercer canciller que va a tener. Ellos la venden como una política exitosa, pero es una diplomacia subordinada, sí, a las necesidades de Milei de sacarse fotos, de potenciar su figura, de conseguir sostenimiento externo frente a una política de ajuste brutal a nivel interno. Una política exterior que dinamitó todas las tradiciones de la Argentina, dinamitó las posiciones en materia de defensa del multilateralismo, de defensa del principio de no injerencia en asuntos interiores de otro país, alineada como nunca antes de Estados Unidos, ni siquiera en la etapa de las relaciones carnales, peleándose con los principales gobiernos, los principales socios comerciales como Brasil o como China, sacando a Argentina del grupo BRICS que teníamos que entrar el primero de enero del 2024 y es el grupo más dinámico de la economía y de la política a nivel global y Argentina da un portazo a ese grupo al cual más de 20 o 30 países están esperando para ingresar en todos los órdenes político económico ideológico militar alineándose con Estados Unidos, votando en Naciones Unidas con Estados Unidos e Israel, avalando al gobierno de Netanyahu condenado por genocida en todo el mundo, es decir, una política exterior que no redunda en nada salvo en apoyo para Milei y para el sector financiero y para el rescate o los múltiples rescates financieros que consiguió por parte del gobierno de Trump.

- ¿Qué lectura hace sobre la creciente injerencia de Estados Unidos en la Argentina y qué consecuencias puede tener?

- Es una política abierta y explícitamente injerencista de Estados Unidos que supera con creces lo de Braden en 1945 y 1946, cuando intentó evitar que Perón gane las elecciones en febrero del 46, porque ahora ya no es solamente el embajador de Estados Unidos, en este caso Peter Lamelas que acaba de asumir y que tuvo, cuando tuvo su conferencia, su entrevista de ratificación en el Senado de Estados Unidos, declaraciones absolutamente injerencistas en relación con la política interna de la Argentina, que el secretario del Tesoro Scott Bessent sí abiertamente esté actuando como si fuera el ministro de Economía de la Argentina y hace un mes que cada dos días tuitea algo sobre la Argentina, que el propio Trump diga que la ayuda está supeditada, que el 26 de octubre voten a La Libertad Avanza, es decir, que un presidente de otro país, en este caso de Estados Unidos, el país más poderoso de América, diga a quién tienen que votar los argentinos, es un acto humillante para nuestra soberanía nacional, es un injerencismo desembozado, es decir, a cielo abierto, explícito, como nunca se produjo en la historia argentina.

- ¿Qué relevancia tiene hoy la relación comercial con China para la economía argentina?

- Es muy importante, China esta semana se acaba de convertir en el primer destino de las exportaciones de la Argentina, superando a Brasil, es decir, ¿qué está haciendo Milei? Está peleándose con el país que es el principal destino de las exportaciones. El segundo es Brasil, con quien también se pelea Milei porque tiene una política absolutamente confrontativa con el gobierno de Lula, a tal punto que nunca hizo una visita de Estado a Brasil, cosa que todos los presidentes, incluido Menem, tenían como primera visita de Estado, fue a un acto con Bolsonaro contra Lula y después fue apenas a dos cumbres en Brasil, pero con gestos muy contrarios con el gobierno de Lula, es decir, una política de hostigamientos a China, incluso al principio de coqueteo con Taiwan, un subordinarse a Estados Unidos, cuando Scott Bessent dice explícitamente en múltiples entrevistas que el compromiso de Milei para conseguir este rescate es sacar a China de la Argentina, canceló la compra de aviones chinos que ya estaba comprometida con el gobierno anterior y terminó comprando aviones de origen estadounidense, canceló el financiamiento chino para Atucha 3, la cuarta central nuclear de la Argentina.Bueno, Scott Bessent pidió en abril cuando vino que iba a haber ayuda a la Argentina a cambio de que desarmen el swap de monedas con China, es decir, frenar, se frenó la participación china en licitaciones claves y estratégicas, es decir, la subordinación a Estados Unidos tiene como contracara pelearse con el principal destino de las exportaciones de la Argentina que hoy es China.

- Si el gobierno argentino cumple con el pedido de Estados Unidos de romper vínculos con China, ¿qué impacto económico y geopolítico podría generar?

- Bueno, tiene un problema Milei con eso, como también lo tuvieron Bolsonaro y otros gobiernos, Bolsonaro estaba muy alineado con Trump 1, sin embargo, China es un socio económico fundamental de Brasil y las clases dominantes en Brasil le pusieron un límite a esas fricciones con China, a tal punto que nunca se fue el grupo BRICS Brasil, viajó Bolsonaro a China, fue sede de una cumbre presidencial del grupo BRICS en Brasil. Bueno, esta es la diferencia con Milei, que la subordinación es total y absoluta a Estados Unidos profundizando la dependencia.El problema es que no puede reemplazar las exportaciones que tiene la Argentina a China con exportaciones a Estados Unidos porque el sector agropecuario es muy poderoso en Estados Unidos y compite con el argentino a tal punto que es parte de la base electoral de Trump y están siendo hoy muy críticos con el perjuicio que ellos perciben en relación a esta profundización del vínculo con la Argentina. Fueron los sojeros hace unas semanas cuando criticaron muy duramente a Scott Besen porque el rebajar a retenciones cero a las exportaciones de las soja hizo que China le compre a la Argentina y no a Estados Unidos y ahora lo están haciendo con la promesa de Trump de esta semana de comprar carne argentina que compite con la carne de los productores norteamericanos.

- ¿Qué implicancias tuvo para la Argentina la decisión de abandonar el bloque de los BRICS?

- Bueno, implicancias muy graves de abandonar el grupo BRICS, abandonar la construcción de un orden más multipolar, que es a lo que está apuntando el grupo BRICS.Se está peleando con todo el mundo emergente, con esta estrategia que había diseñado Lula de, junto con la Argentina, tener una posición de América Latina en este grupo emergente y en otros de América del Sur, en todas las discusiones sobre un multilateralismo que tiene que reflejar este mundo más multipolar. La gran pregunta o incógnita es si un futuro gobierno, después del gobierno de Milei puede volver a negociar el ingreso al grupo BRICS y desde ahí tener una mayor autonomía estratégica.

- Frente al escenario actual, ¿qué debería hacer un futuro gobierno distinto al de Milei en materia de política exterior e integración regional?

- Creo que un futuro gobierno primero tendría que recomponer los vínculos con los países de América Latina y el Caribe y en particular sin duda con Brasil, pero bueno, volver a tener una política como supimos tener de coordinación política con el gobierno de México, de Brasil, de Uruguay, de Colombia y otros gobiernos de la región. En segundo lugar, volver a tener el lugar que supo construir la Argentina en términos de la participación en organismos multilaterales, es decir, el multilateralismo es uno de los espacios que tienen países como la Argentina para confrontar o para tener una posición de más fuerza frente a las potencias a nivel global. En tercer lugar, tener una estrategia regional y nacional de diversificar las relaciones internacionales y creo que sería muy importante que vuelva a tejer las negociaciones para que Argentina se incorpore al grupo de los BRICS-MAS, que hoy en día ya tienen a 10, 11 países y que es un grupo que le permitiría en un continente donde Estados Unidos con Trump tiene una presión cada vez más fuerte, tener mayor margen de maniobra y más autonomía.

- ¿Ves posible una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela? ¿Qué efectos tendría en la región?

- La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela es algo con lo que se viene coqueteando hace muchos años, es algo con lo que incluso en la primera administración de Trump, John Bolton, el consejero de Seguridad Nacional y otros han tratado de impulsar un ataque militar directo.Ya tenemos entre cinco y siete embarcaciones civiles que fueron hundidas por Estados Unidos en las últimas semanas en el Caribe. Esto es gravísimo porque ahí se aprobó la semana pasada posibles acciones encubiertas de la CIA para provocar una caída del gobierno de Venezuela y si se concreta una intervención militar, que cada vez es más probable en Venezuela, transformaríamos una región de paz en una suerte de desastre, como ocurrió con la intervención militar de Estados Unidos en otros lugares del mundo. Con lo cual es muy importante para evitar esto, que en la región se pronuncian todas las organizaciones políticas, sociales, todos los gobiernos para frenar esta intervención militar, como en algún sentido lograron hacerlo en el 2019, que los principales gobiernos de la región le dijeron a Estados Unidos que no iban a avalar una acción militar en Venezuela. A tal punto esto produce fracturas en Estados Unidos que la semana pasada renunció sorpresivamente Halsey, el jefe del Comando Sur, que había asumido hace unos meses y que debía estar tres años en el cargo, renunció y según se publicó en el New York Times, esta renuncia tenía que ver con diferencias con la administración Trump en torno a esta acción militar que se está llevando adelante en Venezuela.

- ¿Cómo analiza el panorama político en Chile? ¿Cree posible un triunfo de José Antonio Kast y un giro hacia la ultraderecha similar al de Milei?

- Chile va a ser el próximo país donde hay elecciones, si bien a la coalición gobernante, que lleva como candidata a una dirigente del Partido Comunista, le puede ir bien en la primera vuelta, todo indica en las encuestas que en la segunda vuelta va a ganar alguno de los candidatos derechistas o ultra derechistas, o sea que se va a producir un giro hacia la derecha en Chile. Si bien está por verse cómo primero le va a Milei el 26 de octubre y cómo eso también impacta en Chile y en el resto del continente, sin duda la apuesta de Estados Unidos es que se produzca en las elecciones próximas, tanto en Chile como las del año que viene en Brasil y en Colombia, un giro hacia la derecha y tener gobiernos más subordinados. Bueno, hay que ver qué pasa primero en la Argentina con estas elecciones y luego en la primera vuelta de Chile, y después eventualmente qué pasa en el balotaje, porque la situación política es muy dinámica, es muy difícil prever lo que va a pasar, de hecho ocurrió en Bolivia que el balotaje finalmente no lo ganó Quiroga, sino que lo ganó Paz, un candidato que propone o proponía una transición después de 20 años de gobiernos del MAS en forma menos drástica o más suave, si se quiere, que la que proponía el otro candidato.

sábado, 25 de octubre de 2025

LEANDRO MORGENFELD - LA RELACIÓN ENTRE AMÉRICA LATINA, EEUU Y CHINA - DÍALOGO INTERNACIONAL - AM530


 LEANDRO MORGENFELD - LA RELACIÓN ENTRE AMÉRICA LATINA, EEUU Y CHINA - DÍALOGO INTERNACIONAL - AM530, 25/10/2025

 

 

EE.UU. no se conforma sólo con Milei: el mapa de los aliados y posibles aliados de Trump en la región

 

EE.UU. no se conforma sólo con Milei: el mapa de los aliados y posibles aliados de Trump en la región

EE.UU. no se conforma sólo con Milei: el mapa de los aliados y posibles aliados de Trump en la región

Cuando Trump se reunió con Milei en la Casa Blanca, el secretario de Estado Marco Rubio destacó que están "haciendo más socios en los últimos meses" en la región. ¿A qué países se refirió? ¿EE.UU. está ganando realmente socios en la región?

25 de octubre, 2025 | 10.11

Por Leticia Martínez (El Destape)

En medio de la disputa con China, desde el gobierno de Donald Trump hacen cada vez más explícita su interés en tener aliados en Latinoamérica y el Caribe. El propio mandatario afirmó que han conseguido “más socios” regionales en los últimos meses y que trabajan para reforzar sus aliados, mientras que a la par endurece su postura con administraciones consideradas contrarias como pueden ser los casos de Venezuela o Colombia. Desde la gestión republicana afirman que una decena de Estados responden a sus políticas, lo que lleva a hacer un mapeo regional para saber si es tal el apoyo latinoamericano y caribeño.

“¿Podrías decir algunas palabras sobre Sudamérica y lo bien que lo estamos haciendo ahora?”, le consultó Trump a su secretario de Estado, Marco Rubio, quien se encontraba sentado al lado suyo en el encuentro que mantuvieron con el presidente argentino, Javier Milei, la semana pasada. “Hay 10 países como Argentina que están entre los que se han alineado con Estados Unidos en materia de relaciones internacionales. Argentina también está con nosotros y uno de los asuntos más prometedores es la elección de Bolivia, desde hace 20 años hostiles a Estados Unidos”, respondió el canciller de origen cubana, y el presidente norteamericano asiente y agregó: “Sí, estamos haciendo más socios en los últimos meses”. 

En reiteradas ocasiones se ha analizado el lugar que Estados Unidos le asignó a lo que suelen denominar como su “patio trasero”, desde su injerencia en las dictaduras militares en el marco de la Guerra Fría, a lo que algunos consideran un abandono de la región durante su "guerra contra el terrorismo" enfocada en Medio Oriente después del 11S en 2001. La actual disputa de la administración norteamericana con China, conlleva nuevamente a ese debate y el lugar que ocupa Latinoamérica y el Caribe en una gestión que no oculta su interés por generar aliados y evitar que los países de la región fortalezcan sus lazos con el gigante asiático.

Un mapeo

“Si uno mira los principales países de la región, tienen gobiernos no alineados con Estados Unidos como es el caso de México, Brasil, Colombia, y Chile. Si tomamos los cinco países principales de la región según su PBI, excepto la Argentina de Milei, los otros cuatro grandes de la región están con gobiernos no alineados”, explicó a El Destape el historiador, coordinador del grupo Clacso Estudios sobre Estados Unidos y es autor junto con Gabriel Merino del libro Nuestra América, Estados Unidos y China de Batalla de Ideas, Leandro Morgenfeld, sobre los gobiernos de Claudia Sheinbaum, Luiz Inácio Lula da Silva, Gustavo Petro y Gabriel Boric, considerados de la izquierda progresista que tienen aceitados vínculos entre las administraciones.

Morgenfeld no duda en sumar a lista de alineados con Estados Unidos, además de Argentina, a los gobiernos de Paraguay de Santiago Peña, de Ecuador de Daniel Noboa -que el próximo 16 de noviembre llevará adelante un referéndum para que voten si están a favor con volver a tener bases militares extranjeras en su país-, de El Salvador de Nayib Bukele y de Panamá, José Raúl Mulino Quintero, quien quizás fue uno de los que más quedó en el centro en la disputa por en Canal de Panamá, y la intención de Trump de evitar la llegada con más fuerza de las empresas chinas.

Un caso más difícil de situar en este momento es Perú, donde recientemente el Congreso destituyó a la mandataria Dina Boluarte, que había asumido como vicepresidenta de Pedro Castillo, con una postura de izquierda con críticas a la injerencia extranjera pero que después discursivamente cambió su postura. Sin embargo, a la par también se mostraron pragmáticos al avanzar con proyectos como la construcción del Puerto de Chancay con capitales chinos, considerado uno de las obras de infraestructura más relevantes para reducir la cantidad de días de envío de productos de Sudamérica a Asia. Ahora en el poder se encuentra José Jerí, aunque con muchas dudas sobre su futuro ya que continúan las protestas y pedidos de que “se vayan todos”.

En cuanto a los países considerados enemigos de la potencia, la administración endureció su postura con respecto a Venezuela donde además de enviar buques de guerra a sus costas y asesinar ya a más de 30 personas a las que acusa de ser narcotraficantes que llevan las drogas en lanchas, se generaron varios rumores sobre la posibilidad de avanzar con otra medida. No se descarta una intervención directa para derrocar a Nicolás Maduro, a quien la gran mayoría de la comunidad internacional considera un dictador por no haber respetado la votación del 28 de julio, pero que a su vez sería fuertemente cuestionado por intervencionismo.

A esta situación se sumó también la fuerte pelea con el mandatario colombiano, Gustavo Petro, luego que se conociera que algunas de las personas que atacaron en las supuestas narcolanchas tenían nacionalidad colombiana. A lo cual Trump no solo acusó al mandatario colombiano de no hacer nada para combatir el narco, sino que también lanzó una amenaza: “Ellos lo están haciendo muy mal en Colombia, ellos hacen cocaína, tienen fábricas de cocaína, ellos cultivan drogas muy malas que llegan a las costas de Estados Unidos, generalmente a través de México. Mejor que tenga cuidado porque tomaremos acciones en contra de él y su país”.

¿Los nuevos aliados?

Rubio hizo referencia al interés que tenían por las elecciones en Bolivia, que ya sucedieron y fue electo Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano. Si bien posiblemente el candidato más cercano hubiera sido Jorge “Tuto” Quiroga, el ahora electo presidente sostuvo que ya se comunicó con la administración y que entre sus primeras medidas va a restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, rotas desde el 2009 cuando Evo Morales expulsó al entonces embajador al acusarlo de intervencionismo y desde el norte tomaron la misma medida. 

"La reapertura de las relaciones con Estados Unidos nos facilita resolver los problemas de forma inmediata", afirmó Paz Pereira, quien asumirá como Presidente el próximo 8 de noviembre, en medio de una fuerte crisis económica por falta de divisas, escasez de combustible e inflación, en un país que se había caracterizado por tener el índice de precios entre los más bajos en los últimos años. Sin embargo, tras la feroz pelea entre el mandatario actual, Luis Arce, Morales y quien también fue candidato, Andrónico Rodríguez, la fuerza del Movimiento al Socialismo (MAS) que gobernó en las últimas décadas fue fraccionada a la elección y no tendrá prácticamente representación en la Asamblea.

Rubio se mostraba interesado en la votación ya que suponía el hecho de terminar con los gobiernos de Morales y Arce que fueron grandes aliados de Venezuela, Cuba y Nicaragua en la región, que fueron siempre los grandes enemigos que marcó Rubio, hijo de cubanos que se fueron de la isla y se instalaron en Florida, como gran parte de la comunidad latina, con una postura fuertemente anti castrista. Es en ese marco, que desde la administración estadounidense, que más allá de las incertidumbres que puede generar la figura más centrista de Paz Pereira, lo contabilizan como un país, a priori, que se vuelve más cercano al norte.

Otro dato que suma Morgenfeld es también el interés de Estados Unidos en las elecciones que vienen: “La gran apuesta son tres países donde hay elecciones en los próximos meses. Apuestan a una derrota de la coalición gobernante en Chile, que gire nuevamente hacia la derecha y el año que viene en Colombia, donde Petro fue sumado a los narcogobiernos, como lo de Maduro como narcoestado y justificar una intervención militar. El otro país es Brasil, donde también jugó muy fuerte con la Corte, con los aranceles, porque osaron juzgar a Bolsonaro”.

China y el Caribe

“Hay una gran expansión del interés chino en el Caribe que si bien todavía no se compara con el de Estados Unidos, en lugares como Trinidad y Tobago, Barbados, las Bahamas, Panamá, el interés ha crecido y se ha dado en un contexto de vacío de poder por la cancelación de mucha asistencia de Estados Unidos”, explicó a este medio el profesor Conferenciante de Política de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, José Molinelli González, sobre lo que considera el cierre de programas que en sus palabras, afirma que era el “andamiaje de USA de organizaciones de desarrollo que era lo que principalmente utilizaba para condicionar el apoyo de estos países”.

En ese marco, Molinelli González pone como ejemplo el caso de Jamaica: “Esta isla prefiere negociar con China que les da un acceso más rápido a fuentes de financiamiento, que no son tan reguladas como las de Estados Unidos y les permite a las élite política cumplir con sus promesas de campaña de empleo y de desarrollo de infraestructura sin muchas de las condicionalidades que Estados Unidos exigía. Ahora vemos el desarrollo de zonas portuarias y zonas económicas de industria china en el área” y agrega: “la discusión es en cuanto al interés que tiene que ver con mitigar la influencia económica y política de China”, sostiene el especialista puertorriqueño, quien además suma a Costa Rica como país que también se suma a los aliados del norte. 

Además de la discusión que se da entre quienes sostienen que la administración republicana mira a la región en cuanto al avance de China, Morgenfeld suma un dato o interés más en ese sentido: “Marco Rubio, que es el primer secretario de Estado de origen latino, tiene como objetivo desde hace muchos años, desde que era senador por la Florida, que Estados Unidos se posicione como la potencia indiscutida en la región y frenar lo que se conoce como la segunda oleada de gobiernos progresista que empezó en el 2018”. Lo cual lleva a reflexionar que más allá del interés por el cual lo haga, China, ideológico o comercial, está clara la apuesta de Trump a buscar aliados regionales, que podría sumar grandes países con las citas electorales que se vienen.

jueves, 23 de octubre de 2025

Trump, Bessent, Lamelas y la deriva neocolonial de la Argentina de Milei

 


Como Braden o Perón en 1946, el próximo 26 de octubre Argentina elige Patria o Colonia. El salvataje de Bessent a Caputo, las injerencistas declaraciones del nuevo embajador Peter Lamelas y la humillante recepción de Trump a Milei en el Salón Oval de la Casa Blanca mostraron cómo los intereses geopolíticos y económicos de la Casa Blanca transformaron a la Argentina en un peón de los intereses de Estados Unidos en América Latina. ¿Qué hay en juego para nuestro país y para toda la región detrás de esta jugada del presidente estadounidense y qué puede pasar en las elecciones de medio término?

La foto de Javier Milei con Donald Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca, el 14 de octubre, fue más que un gesto diplomático: simbolizó el retorno explícito de la subordinación argentina a la política exterior de Estados Unidos. La visita —el viaje número 13 de Milei al país del norte desde que es presidente y la primera visita oficial—, coincidió con el anuncio de un swap de 20.000 millones de dólares que se firmó el lunes 20 de octubre sin que se conozcan todavía los detalles. Washington lo habilitó a través de un complejo entramado financiero encabezado por el secretario del Tesoro Scott Bessent y gestionado por el ministro Luis Caputo. La operación no solo buscó estabilizar momentáneamente la economía argentina, que desde hace semanas sufre una crisis financiera y una presión diaria para devaluar el peso, sino condicionar políticamente las elecciones legislativas del 26 de octubre.

La maniobra tiene un trasfondo geopolítico claro. En su segundo mandato, iniciado hace apenas nueve meses, Trump intenta recomponer la hegemonía estadounidense en el Hemisferio Occidental bajo una versión aggiornada de la Doctrina Monroe que, bajo el comando de Trump y el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional Marco Rubio, implica mucho más garrote que zanahoria: más amenazas, coerción y ofrecimientos económicos. La Argentina libertaria de Milei se ofrece como laboratorio de esa restauración conservadora y neocolonial: un país dispuesto a sacrificar su soberanía económica, tecnológica, militar, política y diplomática a cambio de una efímera ilusión de respaldo financiero. Como en otras épocas, aunque en forma mucho más profunda y explícita, la injerencia externa se disfraza de “ayuda” para encubrir un nuevo ciclo de dependencia.

El retorno de la tutela estadounidense

El salvataje de Bessent recuerda los episodios más crudos de la historia de la deuda argentina. Los más recientes, el blindaje de 40.000 millones de dólares del FMI a De la Rúa y los más de 50.000 millones de dólares (finalmente llegaron algo menos porque el siguiente gobierno canceló el último tramo) que el Fondo acordó para Macri para que lograra la reelección. No es casual que Trump, en plena campaña interna y buscando proyectar su influencia global, haya condicionado la continuidad de la asistencia a los resultados electorales: “Si gana, seguimos con él; si pierde, nos vamos”, dijo en la conferencia de prensa en la Casa Blanca, junto a Milei, el 14 de octubre. Esa lógica de tutela reproduce la misma subordinación que caracterizó a muchos gobiernos argentinos durante las últimas décadas, cuando la amenaza de cortar los créditos del FMI funcionaba como instrumento disciplinador.

Como advertimos en otros trabajos, la relación entre Estados Unidos y América Latina combina varias dimensiones: financiera, política, militar y simbólica. Cada una de ellas refuerza la posición periférica de la región dentro del sistema mundial. En el plano financiero, los swaps y líneas de crédito funcionan como mecanismos de control; en el plano militar, la instalación de bases, la venta de armamento y los programas de “cooperación” entre fuerzas armadas y organismos de inteligencia aseguran presencia territorial; y en el plano político y simbólico, el alineamiento discursivo —el lenguaje del “mundo libre” y la “lucha contra el comunismo” o, ahora, contra el “populismo”— legitima el tutelaje imperial.

Milei no es ajeno a esta lógica. Su política exterior y económica busca recomponer la alianza estratégica con Washington, incluso a costa de romper los vínculos con socios comerciales clave como China y Brasil. En nombre de una cruzada ideológica contra el “socialismo del siglo XXI”, el gobierno libertario ha desarticulado los avances en materia de integración regional y ha renunciado a una inserción multipolar que podría fortalecer la autonomía latinoamericana. La sumisión a Estados Unidos, el voto alineado con Trump en Naciones Unidas es incluso muy superior al del período de las llamadas relaciones carnales, durante el menemismo, y con un sistema internacional donde Estados Unidos tiene mucho menos poder. Estamos en una etapa de declive hegemónico relativo de Estados Unidos y transición hacia un mundo más multipolar.

La geopolítica del dólar y el cerco a China

Como señaló recientemente Juan Gabriel Tokatlian, la estrategia estadounidense hacia la región combina la doctrina NUPIMBY (“Not Up in My Backyard”) con un objetivo más amplio de contención de China. América Latina no debe ser vista —desde la perspectiva de Washington— como un actor global, sino como una zona de influencia reservada, un “patio trasero” que no puede quedar bajo la órbita de Beijing. En este marco, Argentina adquiere un valor geoestratégico singular: acceso al Atlántico Sur y a la Antártida, reservas de litio, gas, uranio y alimentos, y una ubicación privilegiada en la disputa por las rutas tecnológicas del futuro.

El gobierno de Milei se alinea plenamente con esa lógica. La suspensión de los acuerdos con China, la salida del país del grupo BRICS (al que debía ingresar en enero de 2024) y la revisión de los proyectos de infraestructura financiados por Beijing no responden a criterios económicos racionales, sino a un mandato geopolítico. El rescate de Bessent y la promesa de apoyo de Trump son la contracara de ese alineamiento. Como en los años del Plan Brady, la deuda se convierte nuevamente en un instrumento de subordinación estructural: un crédito condicionado al disciplinamiento político y al aislamiento de la Argentina respecto de sus aliados regionales y extrarregionales. Milei le da la espalda a América Latina y a los BRICS, y ataca a los gobiernos no alineados con Washington, a la vez que respalda al genocida Netanyahu, como Trump.

Bessent, Lamelas y el nuevo tutelaje financiero

La figura de Bessent revela la lógica del negocio: capitales especulativos que obtienen garantías soberanas a cambio de liquidez inmediata. La conexión entre el mundo financiero global y la elite local rentista —que representa Caputo— encuentra en Milei un vehículo perfecto para legitimar el saqueo. En lugar de un modelo productivo o una estrategia de desarrollo, el actual gobierno ofrece a los mercados la privatización de los recursos estratégicos, la liberalización total del flujo de capitales y la promesa de que “no habrá restricciones” para la inversión extranjera de origen estadounidense.

Este modelo no es nuevo. En los años noventa, bajo el paraguas del Consenso de Washington, la Argentina fue presentada como “alumno ejemplar” del neoliberalismo regional. Aquella ilusión de modernización terminó en colapso. Hoy, la motosierra libertaria reproduce esa misma receta, pero en condiciones aún más precarias: sin moneda propia estable, con un Estado desmantelado y con una sociedad agotada por la inflación y la pobreza. La dependencia externa se refuerza ahora con un discurso de “libertad” que enmascara la entrega. El cuarto experimento neoliberal (Martínez de Hoz con Videla, Cavallo con Menem y Caputo-Sturzzeneger con Macri) encarnado por Milei parece estar entrando en crisis más rápidamente de lo esperado.

De Braden o Perón a Bessent o Patria

La coyuntura actual recuerda inevitablemente al dilema histórico de 1946. En aquel entonces, la embajada estadounidense, encabezada por Spruille Braden, intervino abiertamente en la política argentina para intentar impedir la consolidación de un proyecto nacional-popular. La respuesta fue contundente: el pueblo votó por la soberanía, sintetizada en la consigna “Braden o Perón”. Casi ochenta años después, la historia parece repetirse: hoy la disyuntiva, como señalan los candidatos Jorge Taiana e Itai Hagman, podría formularse como “Bessent o Patria”.

El próximo 26 de octubre, los argentinos no solo votarán legisladores: decidirán si el país continúa su deriva neocolonial o si retoma el camino de la independencia económica y política. La elección no se limita a una contienda interna; expresa un momento de definición para toda América Latina. Si Milei consolida su proyecto, el mensaje para la región será claro: el alineamiento irrestricto con Washington vuelve a ser condición para la supervivencia política. Sería un mensaje fuerte para las cruciales elecciones que se avecinan en Chile, Colombia y Brasil. Si, por el contrario, se produce un freno electoral a Milei, se abrirá la posibilidad de reconstruir un espacio regional soberano y multipolar. Argentina es hoy el epicentro de un experimento. Por eso el rescate de Bessent se transformó, también, en un tema de debate político acalorado en Estados Unidos, que entra en su cuarta semana de “cierre de gobierno”. El sábado 18 de octubre, con la consigna “No queremos un rey”, se multiplicaron las manifestaciones en 2700 ciudades en rechazo al estilo de liderazgo de Donald Trump.

El abrazo de oso

Como advirtió Hugo Alconada Mon, “abrazar al oso no es recomendable, y si el oso es impredecible —como suele serlo—, menos todavía”. La metáfora describe con precisión la escena del encuentro entre Trump y Milei. El libertario buscaba un salvavidas y terminó recibiendo un “abrazo de oso”: una ayuda condicionada, cargada de riesgos y dependiente del humor del presidente estadounidense. Según reconstruye el periodista, incluso los colaboradores de Milei admiten que el gesto de Washington fue más una trampa que un apoyo, un “vaso de cicuta” que desató una tormenta financiera en Buenos Aires.

Alconada Mon también recuerda que el secretario del Tesoro no solo ratificó el apoyo al gobierno argentino, sino que lo supeditó a la expulsión de China del territorio nacional: “Milei tiene el compromiso de sacar a China de la Argentina”, declaró. La frase provocó una reacción inmediata en Beijing y dejó en evidencia el verdadero sentido del “rescate”: no se trataba de estabilizar la economía argentina, sino de reposicionarla dentro de la estrategia global de contención del gigante asiático. Tan grande es la crisis interna en el gobierno libertario que el martes 21 de octubre el canciller Gerardo Werthein presentó su renuncia. Ni llegó al domingo 26 de octubre, cuando se espera una recomposición del gabinete.

La Patria como horizonte

La comparación histórica surge de manera inevitable. Ochenta años después de la campaña de Braden contra Perón, Trump, Bessent y Lamelas vuelven a encarnar el papel del poder extranjero que intenta moldear el rumbo político argentino. El 26 de octubre no solo se vota por una lista legislativa: se elige entre un futuro de soberanía o una dependencia tutelada por intereses ajenos. La historia argentina, y en particular la del complejo vínculo entre Estados Unidos y la Argentina, enseña que cada ciclo de dependencia encuentra también su reverso emancipador. Frente al tutelaje financiero y político, que hoy expresa como nunca el gobierno de Milei, emergen resistencias sociales, sindicales e intelectuales que reafirman la necesidad de construir una patria grande. El desafío actual consiste en traducir ese impulso en una estrategia común frente a la nueva ofensiva imperial. La transición geopolítica mundial abre márgenes de maniobra: el ascenso del Sur Global, la cooperación Sur-Sur, los nuevos bloques de integración. Pero aprovecharlos requiere un proyecto nacional capaz de pensar la autonomía más allá de los dictados de Washington o de los mercados. El dilema, como en 1946, sigue siendo el mismo: Patria o Colonia.