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viernes, 5 de octubre de 2018
viernes, 9 de marzo de 2018
Se firmó el nuevo Acuerdo TransPacífico, sin Estados Unidos (TPP11). El mayor tratado de libre comercio de la historia deberá ser ratificado ahora por los parlamentos de los signatarios
TPP-11 nace con una guerra comercial a punto de estallar
El pacto firmado este jueves sufrió ajustes luego de que EU se retiró de las negociaciones con la llegada de Trump. Ahora, el mandatario afina un plan para decretar nuevas medidas proteccionistas.
Forbes México (Reuters).- Un grupo de
once naciones de la región Asia-Pacífico firmaron en Chile este jueves
un histórico tratado para reducir sus barreras comerciales, justo cuando
la mayor economía del mundo, Estados Unidos, se alista para anunciar
fuertes aranceles a las importaciones de acero y aluminio.
En una ceremonia realizada en la capital chilena, los miembros de algunas de las economías de más rápido crecimiento de esa zona suscribieron el Acuerdo Global y Progresivo para la Asociación Transpacífico (CPTPP, por su sigla en inglés, o TPP-11), uno de los principales surgidos en los últimos 20 años.
“Estamos orgullosos de concluir este proceso, enviando un fuerte mensaje a la comunidad internacional de que la apertura de mercados, la integración económica y la cooperación internacional son las mejores herramientas para crear oportunidades económicas y prosperidad”, dijo la saliente presidenta de Chile, Michelle Bachelet.
“Además de ser una fuerte señal en contra de las presiones proteccionistas, es en favor de un mundo abierto al comercio, sin sanciones unilaterales y sin la amenaza de guerras comerciales”, dijo a su vez el canciller chileno, Heraldo Muñoz, a periodistas.
Muchos países han mostrado interés por sumarse al acuerdo una vez que entre en vigencia, afirmó.
El CPTPP, que incluye a Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Japón, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, establece mecanismos para eliminar aranceles sobre productos industriales y agrícolas en una zona con un intercambio comercial que supera los 3.84 billones de dólares.
El pacto sufrió ajustes luego de que Estados Unidos se retiró de las negociaciones con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Ahora, el mandatario afina un plan para decretar nuevas medidas proteccionistas.
Lee también: Trump está dispuesto a negociar el regreso de EU al TPP: Mnuchin
“Estamos orgullosos (…) de mostrar al mundo que el comercio progresivo es la forma de avanzar”, destacó por su parte el canciller francés, Francois-Phillippe Champagne.
El pacto, que no ahonda en temas controvertidos como propiedad intelectual, reafirma los principales ejes acordados hace un año por el bloque pero que sufrió ajustes luego de que Estados Unidos se retiró de las negociaciones con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
Según cálculos del área económica de la cancillería chilena, el CPTPP abarca un mercado de 498 millones de personas, con un Producto Interno Bruto per cápita de 28,090 dólares y representa el 13% de la economía global.
EU prepara medidas
La firma ocurre justo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alista un plan para decretar fuertes aranceles a las importaciones de acero y aluminio.
Canadá y México, quienes están en proceso de renegociación con Washington del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), rechazaron vincular las medidas al acuerdo comercial entre las tres naciones.
Según cálculos del área económica de la cancillería chilena, el CPTPP abarca un mercado de 498 millones de personas, con un Producto Interno Bruto per cápita de 28.090 dólares, y representa un 13 por ciento de la economía global.
Junto con preservar la esencia del TPP original, el acuerdo negociado incorpora medidas para resguardar los balances entre los países, especialmente en materia de propiedad intelectual en sectores como, por ejemplo, farmacéutico y derechos de autor. El pacto también considera la protección del medioambiente y abre la puerta a nuevos socios.
Pese a su oposición original, Trump dijo en enero que Washington podría considerar la suscripción del acuerdo. Australia también mencionó hace unas semanas que está abierta a la idea de que Reino Unido se sume al bloque después de que abandone la Unión Europea.
El CPTPP entraría probablemente en vigor a fines de este año o en la primera mitad del 2019, una vez que se hayan cumplido ciertos trámites legales en los países asociados.
En una ceremonia realizada en la capital chilena, los miembros de algunas de las economías de más rápido crecimiento de esa zona suscribieron el Acuerdo Global y Progresivo para la Asociación Transpacífico (CPTPP, por su sigla en inglés, o TPP-11), uno de los principales surgidos en los últimos 20 años.
“Estamos orgullosos de concluir este proceso, enviando un fuerte mensaje a la comunidad internacional de que la apertura de mercados, la integración económica y la cooperación internacional son las mejores herramientas para crear oportunidades económicas y prosperidad”, dijo la saliente presidenta de Chile, Michelle Bachelet.
“Además de ser una fuerte señal en contra de las presiones proteccionistas, es en favor de un mundo abierto al comercio, sin sanciones unilaterales y sin la amenaza de guerras comerciales”, dijo a su vez el canciller chileno, Heraldo Muñoz, a periodistas.
Muchos países han mostrado interés por sumarse al acuerdo una vez que entre en vigencia, afirmó.
El CPTPP, que incluye a Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Japón, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, establece mecanismos para eliminar aranceles sobre productos industriales y agrícolas en una zona con un intercambio comercial que supera los 3.84 billones de dólares.
El pacto sufrió ajustes luego de que Estados Unidos se retiró de las negociaciones con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Ahora, el mandatario afina un plan para decretar nuevas medidas proteccionistas.
Lee también: Trump está dispuesto a negociar el regreso de EU al TPP: Mnuchin
“Estamos orgullosos (…) de mostrar al mundo que el comercio progresivo es la forma de avanzar”, destacó por su parte el canciller francés, Francois-Phillippe Champagne.
El pacto, que no ahonda en temas controvertidos como propiedad intelectual, reafirma los principales ejes acordados hace un año por el bloque pero que sufrió ajustes luego de que Estados Unidos se retiró de las negociaciones con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
Según cálculos del área económica de la cancillería chilena, el CPTPP abarca un mercado de 498 millones de personas, con un Producto Interno Bruto per cápita de 28,090 dólares y representa el 13% de la economía global.
EU prepara medidas
La firma ocurre justo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alista un plan para decretar fuertes aranceles a las importaciones de acero y aluminio.
Canadá y México, quienes están en proceso de renegociación con Washington del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), rechazaron vincular las medidas al acuerdo comercial entre las tres naciones.
Según cálculos del área económica de la cancillería chilena, el CPTPP abarca un mercado de 498 millones de personas, con un Producto Interno Bruto per cápita de 28.090 dólares, y representa un 13 por ciento de la economía global.
Junto con preservar la esencia del TPP original, el acuerdo negociado incorpora medidas para resguardar los balances entre los países, especialmente en materia de propiedad intelectual en sectores como, por ejemplo, farmacéutico y derechos de autor. El pacto también considera la protección del medioambiente y abre la puerta a nuevos socios.
Pese a su oposición original, Trump dijo en enero que Washington podría considerar la suscripción del acuerdo. Australia también mencionó hace unas semanas que está abierta a la idea de que Reino Unido se sume al bloque después de que abandone la Unión Europea.
El CPTPP entraría probablemente en vigor a fines de este año o en la primera mitad del 2019, una vez que se hayan cumplido ciertos trámites legales en los países asociados.
martes, 23 de mayo de 2017
"Integración regional, reconfiguración geopolítica y desarrollo económico". Charla con Mario Rapoport y Leandro Morgenfeld en el Centro Cultural de la Ciencia (miércoles 7 de junio, 18.30hs)
CICLO “LAS PALABRAS Y LAS COSAS (Y LAS CIENCIAS)”
“El NO al ALCA en 2005 marcó un
punto de inflexión en las relaciones interamericanas, puso en crisis la
histórica hegemonía de Estados Unidos y permitió avanzar en una inédita
coordinación y cooperación política regional, iniciando el camino de la
postergada integración latinoamericana. Una década más tarde, el nuevo contexto
político y los cambios que supuso en Estados Unidos la llegada de Trump obligan
a repensar los actuales desafíos para el desarrollo económico latinoamericano”.
El Programa Nacional de
Popularización de la Ciencia y la Innovación tiene el agrado de invitarlos a
las charla “Integración regional,
reconfiguración geopolítica y desarrollo económico”, a cargo de los historiadores Mario
Rapoport y Leandro Morgenfeld.
¿Cuándo? El 7 de
junio a las 18:30 horas
¿Dónde? En el
Centro Cultural de la Ciencia, Godoy Cruz 2270, CABA
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Se agradece la difusión.
Teléfono: 4899-5000,
interno 3699
lunes, 17 de abril de 2017
"¿En el camino hacia un nuevo ALCA?". Por Luciana Ghiotto
Por Luciana Ghiotto
ALAI
Entre los días 5 y 7 de abril se realizó en Buenos Aires el Foro Económico Mundial, o Foro de Davos,
versión latinoamericana. Por “Davosito” en el Hotel Hilton pasaron 600
empresarios, 60 funcionarios y 3 jefes de Estado. No es la primera vez
que el gobierno de Mauricio Macri convoca a una reunión de este tipo: en
septiembre de 2015 se había desarrollado un foro similar en el Centro
Cultural Kirchner, donde también los CEOs de grandes empresas
transnacionales habían discutido sobre la “cuarta revolución
tecnológica” y la inserción del país en las cadenas globales de valor.
El Foro de abril fue todavía un paso más allá, porque el gobierno argentino lo utilizó además como paraguas para varias reuniones bilaterales con representantes de países de la región. Uno de los encuentros que no pasó desapercibido fue entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. En especial, porque allí los representantes de ambos bloques acordaron intensificar los esfuerzos a favor del libre comercio en la región y armaron una “hoja de ruta” para avanzar en ese sentido. Las resoluciones adoptadas en esa reunión marcan el espíritu de época de la región en la era Trump. Veamos por qué.
Entre los años 2015 y 2016, lo determinante en la política comercial de la región era la existencia del proyecto del Tratado Transpacífico (TPP). Los países de la Alianza del Pacífico (sin Colombia) firmaron el tratado en febrero de 2016, y comenzaron el proceso de ratificación del mismo, intentando imponer el tratado, que generó numerosas oposiciones internas, como en el caso de Chile. En ese momento, los países del Mercosur, con una postura más “antiimperialista” se oponían a avanzar en la línea planteada por el TPP. A grandes rasgos, esto se debió a las posiciones de los miembros más grandes. En el caso del Brasil de Dima Rousseff, su apuesta principal fue hacia el fortalecimiento del espacio de los BRICS en su rol de global player, y a crear el escenario para el libre movimiento de sus propias empresas transnacionales, por ejemplo con la firma de Acuerdos de protección de (sus) inversiones con varios países del continente como Colombia, México y Chile. En el caso de Argentina, una política mercado-internista había determinado una posición más cauta frente a la apertura indiscriminada de importaciones (por ejemplo, mediante la implementación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación frente a ciertas importaciones chinas), así como marcó la instauración de “líneas rojas” en la negociación de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que hacia 2012 ya era fuertemente impulsado por Brasil.
Pero el final del año 2016 marcó un giro en la política coyuntural de los dos grandes del Mercosur. Por un lado, el cambio de gobierno en ambos países marcó la profundización en la apertura de sus economías, y un acercamiento notorio hacia la Alianza del Pacífico (AP). En su primer año de gobierno, Macri sumó a la Argentina como observadora de la AP y anunció que avanzaría en la firma de tratados comerciales bilaterales con el fin de poder sumar a la Argentina como miembro pleno del bloque. Por otro lado, la asunción de Trump generó un cimbronazo en el tablero de las alianzas regionales, forzando a México a mirar nuevamente hacia el sur tras anunciarse una posible renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le resulte perjudicial, y un posible cierre del mercado norteamericano para sus exportaciones. Tanto Temer como Macri señalaron sus intenciones de aprovechar al máximo este renovado interés de México en el sur. Además, este foco en el libre comercio se dio a la par que el Mercosur terminaba de echar a Venezuela del bloque, lo cual simplifica las negociaciones, sea para la “flexibilización” del Mercosur y que cada país firme tratados por separado, o sea para la firma conjunta de TLC.
El año 2017 arrancó con este nuevo escenario, y desde febrero todos los jugadores salieron a la cancha a pre-calentar para el partido. En una reunión en febrero entre Michel Temer (ya fortalecido por la escasa oposición organizada en el escenario interno) y Mauricio Macri se determinó la necesidad de que el Mercosur se abriera hacia el Pacífico. Otra reunión entre Macri y Michelle Bachelet llamó a la realización de la reunión ampliada de los bloques como respuesta a la política proteccionista de EEUU.
La reunión de abril entre la AP y Mercosur expresó el reordenamiento de los bloques, en un contexto de abierto giro aperturista y crisis de las alternativas de integración. Este contexto tiene su punto cúlmine en el acuerdo por avanzar en una gran área de libre comercio regional. La idea de los gobiernos ha sido la de crear un “Área de Libre Comercio de América Latina y el Caribe” (por su sigla, ALCALC), idea también apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)[1].
¿Se acuerdan del ALCA? Este proyecto, al igual que en los noventa, implica generar una región abierta al mundo. La historia parece repetirse. Pero claro, no hay una vuelta atrás, ya que existen muchos elementos nuevos desde el fracaso de ese proyecto. En primer lugar, porque este ALCA sui-generis sería un área que deja afuera a dos jugadores clave: por un lado a EEUU, por su política de revisión de los acuerdos comerciales y tendencia al proteccionismo en la era Trump. Este primer hecho ya tiene un peso en sí mismo, ya que recordemos que en el proyecto ALCA, las campañas nacionales y continentales se centraron en el rol de “imperialista” del proyecto, aun si este era sostenido por varios sectores de las burguesías regionales[2]. En cambio ahora, sin EEUU, este nuevo proyecto se muestra desnudo: como un modo de imposición del mercado mundial sobre los mercados locales. Es la ley del valor al desnudo aplicada en la región, forzando a los países a aumentar los niveles de productividad y competitividad para insertarse en las cadenas globales de valor[3]; en otras palabras, implica apuntar los cañones contra los sectores trabajadores y exigirles mayor producción a un menor costo (¿y por qué no, si así trabaja la clase obrera asiática?).
El segundo sector que deja de lado es a los países del ALBA, es decir, a los gobiernos “progresistas” (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba). El nuevo ALCA sui-generis termina de acorralar a los países andinos para que dejen de lado sus políticas mercado-internistas y redistributivas y se vuelquen al libre comercio, en una postura más pragmática para su inserción internacional. Este ya fue el caso de Ecuador al entrar en el Acuerdo de Asociación (similar a un TLC) con la Unión Europea, y no debería sorprender que próximamente Bolivia y Venezuela revisen sus posturas hacia organismos como la Organización Mundial de Comercio.
Por otro lado, lo que determina una nueva época para el libre comercio en la región es el fuerte rol de China y el vuelco hacia los países asiáticos, la “zona caliente” del planeta. Cuando se frenó el TPP, Perú y Chile salieron a explorar nuevos horizontes en Asia, incluso comenzando a negociar acuerdos con Rusia y su área de influencia. El ALCA sui-generis probablemente tenga como objetivo confluir en acuerdos con los países del Pacífico, en lugar de concentrarse en las potencias del norte. A esto se suma la existencia de numerosos TLC bilaterales ya existentes entre los países de la AP y de la cuenca Pacífico.
En definitiva, el Foro Económico Mundial versión latinoamericana ha sido un momento clave en la reorganización de alianzas en la región. Pero también deja a las organizaciones sociales una enseñanza: que el fin de un proyecto y su denominación, sea ALCA, o TPP o ALCALC, no implica el fin del proyecto de libre comercio[4]. Por el contrario, lo que estos veinte años de experiencia en la aplicación de tratados nos muestra es que hoy los TLC y las protecciones que otorgan a las grandes corporaciones globales son esenciales a la nueva estructuración productiva del capitalismo. Ayer peleamos contra el TPP; ante-ayer contra el ALCA; hoy contra el ALCALC. Pero mientras desde los sectores anticapitalistas y antiimperialistas no se exploren alternativas de integración profundas, los proyectos que sigan llegando tendrán renovadas siglas y bonitos nombres, pero no lograrán sacarnos de la encrucijada de la crisis civilizatoria del capitalismo.
- Luciana Ghiotto es investigadora del CONICET Argentina, sede Escuela de Política y Gobierno de la Universidad de San Martín. Es miembro de ATTAC Argentina, colaboradora de Transnational Institute (TNI) y miembro de la “Asamblea Argentina mejor sin TLC”.
El Foro de abril fue todavía un paso más allá, porque el gobierno argentino lo utilizó además como paraguas para varias reuniones bilaterales con representantes de países de la región. Uno de los encuentros que no pasó desapercibido fue entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. En especial, porque allí los representantes de ambos bloques acordaron intensificar los esfuerzos a favor del libre comercio en la región y armaron una “hoja de ruta” para avanzar en ese sentido. Las resoluciones adoptadas en esa reunión marcan el espíritu de época de la región en la era Trump. Veamos por qué.
Entre los años 2015 y 2016, lo determinante en la política comercial de la región era la existencia del proyecto del Tratado Transpacífico (TPP). Los países de la Alianza del Pacífico (sin Colombia) firmaron el tratado en febrero de 2016, y comenzaron el proceso de ratificación del mismo, intentando imponer el tratado, que generó numerosas oposiciones internas, como en el caso de Chile. En ese momento, los países del Mercosur, con una postura más “antiimperialista” se oponían a avanzar en la línea planteada por el TPP. A grandes rasgos, esto se debió a las posiciones de los miembros más grandes. En el caso del Brasil de Dima Rousseff, su apuesta principal fue hacia el fortalecimiento del espacio de los BRICS en su rol de global player, y a crear el escenario para el libre movimiento de sus propias empresas transnacionales, por ejemplo con la firma de Acuerdos de protección de (sus) inversiones con varios países del continente como Colombia, México y Chile. En el caso de Argentina, una política mercado-internista había determinado una posición más cauta frente a la apertura indiscriminada de importaciones (por ejemplo, mediante la implementación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación frente a ciertas importaciones chinas), así como marcó la instauración de “líneas rojas” en la negociación de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que hacia 2012 ya era fuertemente impulsado por Brasil.
Pero el final del año 2016 marcó un giro en la política coyuntural de los dos grandes del Mercosur. Por un lado, el cambio de gobierno en ambos países marcó la profundización en la apertura de sus economías, y un acercamiento notorio hacia la Alianza del Pacífico (AP). En su primer año de gobierno, Macri sumó a la Argentina como observadora de la AP y anunció que avanzaría en la firma de tratados comerciales bilaterales con el fin de poder sumar a la Argentina como miembro pleno del bloque. Por otro lado, la asunción de Trump generó un cimbronazo en el tablero de las alianzas regionales, forzando a México a mirar nuevamente hacia el sur tras anunciarse una posible renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le resulte perjudicial, y un posible cierre del mercado norteamericano para sus exportaciones. Tanto Temer como Macri señalaron sus intenciones de aprovechar al máximo este renovado interés de México en el sur. Además, este foco en el libre comercio se dio a la par que el Mercosur terminaba de echar a Venezuela del bloque, lo cual simplifica las negociaciones, sea para la “flexibilización” del Mercosur y que cada país firme tratados por separado, o sea para la firma conjunta de TLC.
El año 2017 arrancó con este nuevo escenario, y desde febrero todos los jugadores salieron a la cancha a pre-calentar para el partido. En una reunión en febrero entre Michel Temer (ya fortalecido por la escasa oposición organizada en el escenario interno) y Mauricio Macri se determinó la necesidad de que el Mercosur se abriera hacia el Pacífico. Otra reunión entre Macri y Michelle Bachelet llamó a la realización de la reunión ampliada de los bloques como respuesta a la política proteccionista de EEUU.
La reunión de abril entre la AP y Mercosur expresó el reordenamiento de los bloques, en un contexto de abierto giro aperturista y crisis de las alternativas de integración. Este contexto tiene su punto cúlmine en el acuerdo por avanzar en una gran área de libre comercio regional. La idea de los gobiernos ha sido la de crear un “Área de Libre Comercio de América Latina y el Caribe” (por su sigla, ALCALC), idea también apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)[1].
¿Se acuerdan del ALCA? Este proyecto, al igual que en los noventa, implica generar una región abierta al mundo. La historia parece repetirse. Pero claro, no hay una vuelta atrás, ya que existen muchos elementos nuevos desde el fracaso de ese proyecto. En primer lugar, porque este ALCA sui-generis sería un área que deja afuera a dos jugadores clave: por un lado a EEUU, por su política de revisión de los acuerdos comerciales y tendencia al proteccionismo en la era Trump. Este primer hecho ya tiene un peso en sí mismo, ya que recordemos que en el proyecto ALCA, las campañas nacionales y continentales se centraron en el rol de “imperialista” del proyecto, aun si este era sostenido por varios sectores de las burguesías regionales[2]. En cambio ahora, sin EEUU, este nuevo proyecto se muestra desnudo: como un modo de imposición del mercado mundial sobre los mercados locales. Es la ley del valor al desnudo aplicada en la región, forzando a los países a aumentar los niveles de productividad y competitividad para insertarse en las cadenas globales de valor[3]; en otras palabras, implica apuntar los cañones contra los sectores trabajadores y exigirles mayor producción a un menor costo (¿y por qué no, si así trabaja la clase obrera asiática?).
El segundo sector que deja de lado es a los países del ALBA, es decir, a los gobiernos “progresistas” (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba). El nuevo ALCA sui-generis termina de acorralar a los países andinos para que dejen de lado sus políticas mercado-internistas y redistributivas y se vuelquen al libre comercio, en una postura más pragmática para su inserción internacional. Este ya fue el caso de Ecuador al entrar en el Acuerdo de Asociación (similar a un TLC) con la Unión Europea, y no debería sorprender que próximamente Bolivia y Venezuela revisen sus posturas hacia organismos como la Organización Mundial de Comercio.
Por otro lado, lo que determina una nueva época para el libre comercio en la región es el fuerte rol de China y el vuelco hacia los países asiáticos, la “zona caliente” del planeta. Cuando se frenó el TPP, Perú y Chile salieron a explorar nuevos horizontes en Asia, incluso comenzando a negociar acuerdos con Rusia y su área de influencia. El ALCA sui-generis probablemente tenga como objetivo confluir en acuerdos con los países del Pacífico, en lugar de concentrarse en las potencias del norte. A esto se suma la existencia de numerosos TLC bilaterales ya existentes entre los países de la AP y de la cuenca Pacífico.
En definitiva, el Foro Económico Mundial versión latinoamericana ha sido un momento clave en la reorganización de alianzas en la región. Pero también deja a las organizaciones sociales una enseñanza: que el fin de un proyecto y su denominación, sea ALCA, o TPP o ALCALC, no implica el fin del proyecto de libre comercio[4]. Por el contrario, lo que estos veinte años de experiencia en la aplicación de tratados nos muestra es que hoy los TLC y las protecciones que otorgan a las grandes corporaciones globales son esenciales a la nueva estructuración productiva del capitalismo. Ayer peleamos contra el TPP; ante-ayer contra el ALCA; hoy contra el ALCALC. Pero mientras desde los sectores anticapitalistas y antiimperialistas no se exploren alternativas de integración profundas, los proyectos que sigan llegando tendrán renovadas siglas y bonitos nombres, pero no lograrán sacarnos de la encrucijada de la crisis civilizatoria del capitalismo.
- Luciana Ghiotto es investigadora del CONICET Argentina, sede Escuela de Política y Gobierno de la Universidad de San Martín. Es miembro de ATTAC Argentina, colaboradora de Transnational Institute (TNI) y miembro de la “Asamblea Argentina mejor sin TLC”.
[2]
Sin embargo, diez años después del fracaso del ALCA, han surgido
algunos análisis que sostienen, basados en declaraciones oficiales y
periodísticas, que el ALCA era en realidad buscado por ciertos grupos
económicos sudamericanos, y que empujaron el proceso de negociación
incluso en contra de algunos sectores internos en los EEUU. Ver tesis
doctoral de Rodrigo F. Pascual: https://www.academia.edu/25870863/LA_ARGENTINA_Y_EL_ALCA
[3]
Ver artículo Rodrigo F. Pascual y Luciana Ghiotto: “Reconceptualizando
lo político: Estado, mercado mundial, globalización y neoliberalismo”,
2010, Revista Argumentos (México); en: https://www.academia.edu/11428054/Reconceptualizando_lo_pol%C3%ADtico_Es...
[4] Ver artículo Luciana Ghiotto y Evelin Heidel “Muerto el TPP, ¡viva la liberalización!” en Revista ALAI: http://www.alainet.org/es/articulo/182379
martes, 14 de febrero de 2017
Por qué la Alianza del Pacífico podría hundir al Mercosur. Entrevista Morgenfeld Yahoo Noticias
Daniela M. – Buenos Aires, Argentina
El
presidente de Argentina, Mauricio Macri, llegó al poder con un puñado
de promesas. Entre ellas, la de “volver a ser parte del mundo”. Sucede
que desde su visión de Gobierno, la gestión que lo precedió, el
kirchnerismo, se centró en “políticas populistas” hacia el interior del
país, en lugar de mirar cómo integrarse con sus vecinos y, claro, con el
“mundo”. Por esto, el mandatario impulsa una serie de medidas para
trabajar sobre la Alianza del Pacífico, el bloque regional que conforman
Chile, Perú, Colombia y México. Pero, ¿cómo podría afectar esta
estrategia al Mercosur, el bloque que ya reúne más de 13 millones de
kilómetros cuadrados, 275 millones de habitantes y un PIB equivalente a
más de 4 billones de dólares?
“En
días en que el planeta vive segregación, xenofobia y proteccionismo,
Chile y la Argentina han iniciado un camino de colaboración. Hemos
conversado sobre los avances, entre otros ámbitos, sobre los desastres
naturales”, aseguró Michelle Bachelet, presidenta de Chile, frente a
Macri en un acto por la conmemoración del bicentenario de la “Batalla de
Chacabuco”. Macri, por su parte, se mostró entusiasmado por la foto con
su par chilena:
La
relación entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur viene dando que
hablar desde hace ya unos meses. El norte que guía a ambos países
parecería ser el libre comercio: “Ambos países no están de acuerdo con
las señales de proteccionismo que vienen de distintos lugares. Lo que se
ha acordado es oponer al proteccionismo la apertura, más integración,
poner en valor nuestras exportaciones”, explicó Heraldo Muñoz, ministro
de Relaciones Exteriores de Chile.
Y
la voluntad explícita de Macri no tardó en hacerse notar. En una
declaración conjunta, acordaron “en su calidad de Presidentes Pro
Témpore de Mercosur y de la Alianza del Pacífico, promover la
realización, en el corto plazo, de un encuentro de Ministros y Ministras
de Relaciones Exteriores de los países que integran ambos bloques”.
De
hecho, en la declaración se señala la intención de “alcanzar un acuerdo
de liberalización comercial ambicioso frente a las tendencias
proteccionistas observadas a nivel internacional que se contradicen con
el esfuerzo para alcanzar el crecimiento sostenible y el desarrollo
inclusivo”. Desde junio del año pasado,
Pero
el acuerdo no se da sólo en términos de facilidades comerciales, sino
que podría tener algunas consecuencias para el bloque regional de
América Latina.
La estrategia: hacer y deshacer
Las
prioridades de las relaciones internacionales de Mauricio Macri como
presidente fueron claras: abrirse al librecomercio a través de tratados y
organismos internacionales. A los pocos meses de asumir, el
expresidente norteamericano Barack Obama ya estaba en la Argentina de
visita. Se trataba de una fuerte señal, luego de que los gobiernos
kirchneristas cerrarán el diálogo con los Estados Unidos. A partir de
este encuentro bilateral, en el cual el Presidente argentino llamó a
recomponer el vínculo diplomático, las señales entre el partido que
gobierna la Argentina y los países alineados con la política
norteamericana fueron en consonancia.
Para
entender la Alianza del Pacífico hay que tener en cuenta el mapa
regional. “Surgió en 2011, bajo el impulso del entonces presidente Alan
García, como un foro regional integrado por Perú, Colombia, Chile y
México –más de 200 millones de habitantes, un tercio del PBI de América
Latina-, ideado para contrarrestar la creciente influencia bolivariana, a
través del ALBA. En ese entonces, los gobiernos de Argentina y Brasil
cultivaban estrechas relaciones con sus pares del ALBA. En su manifiesto
inaugural, la ‘Declaración de Lima’, los socios fundadores señalaban
que pretendían ‘avanzar progresivamente hacia el objetivo de alcanzar la
libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas’”, explica
Leandro Morgenfeld, Doctor en Historia (UBA-Conicet), docente y
especialista en Estados Unidos. Según el analista internacional, Estados
Unidos impulsó este foro para intentar reposicionarse en la región,
contrarrestar el avance chino e impulsar a través de la misma su
proyecto más ambicioso, el Acuerdo Transpacífico (TPP). “Ambas
iniciativas, la Alianza del Pacífico y el TPP eran complementarias y
funcionales a los intereses de la Casa Blanca en América Latina.
Washington pretendía que los países con los cuáles ya tiene Tratados de
Libre Comercio bilaterales (Colombia, Chile, Perú) se unieran e
impulsarán el TPP”, explica a Yahoo Noticias.
La
política de Estados Unidos suele ser negociar con cada país por
separado, no con el conjunto. Con lo cual, la alianza de los gobiernos
le resultó siempre un tipo de incomodidad para su política
internacional. La intención de Mauricio Macri parece ser, así, dar
marcha atrás en las políticas que el kirchnerismo le aplicó a la
diplomacia latinoamericana, más cercana a gobiernos inclinados hacia la
centroizquierda. Fue el kirchnerismo, de hecho, quien rechazaba el
acercamiento al bloque del Pacífico por cuestiones políticas, al
relacionar directamente las políticas de estos países con el gobierno de
los Estados Unidos.
Pero
los tiempos cambiaron con Macri, sobre todo con el gran gesto de la
visita de Barack Obama apenas asumió el presidente Argentino.
Por
esto, las intenciones de Macri apuntan a desandar el camino recorrido
por el kirchnerismo. “Desde que asumió Macri tomó la agenda de Estados
Unidos e intentó sumarme a los TLC que se negociaban. A contramano de lo
que está pasando en Estados Unidos y en Europa, insiste en la apertura
económica e impulsa el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la convergencia
con las economías menos industrializadas y más abiertas que integran la
Alianza del Pacífico. Así, a mitad de año formalizó el ingreso de la
Argentina como observador e intenta remolcar al resto de la región hacia
el modelo chileno o peruano, resistido en países como Brasil o la
Argentina, con entramados productivos más complejos”, explica
Morgenfeld.
Según el historiador, lo que Macri quiere hacer es consolidarse como socio fundamental de Estados Unidos.
Pero
esto podría ser un problema si se lo mira en el contexto internacional,
es decir, si se piensa el lugar hacia el cual están apuntando las
políticas de los países alrededor del mundo. “El problema que tienen los
gobiernos neoliberales, que apostaron a los TLC y a la atracción de
inversiones estadounidenses es que el Brexit y el triunfo de Trump
modificaron el escenario internacional. Estos gobiernos se quedaron,
desde el punto de vista ideológico y discursivo, sin el modelo a
imitar”, aporta Morgenfeld.
El Mercosur, entre los números y la Alianza del Pacífico
La
Alianza del Pacífico fue creada en 2011, en sus bases se encuentra el
librecomercio (aspecto que separó a los Kirchner durante tantos años y
que hoy lo acerca a Macri). Engloba un PBI per cápita promedio de US$
16.759. Esto representa la mitad del comercio de América latina con un
dato no menor: atrae el 41% de la inversión extranjera.
El
Mercosur reúne un total de 295 millones de personas entre Brasil,
Paraguay, Uruguay, Argentina y Venezuela. La Alianza del Pacífico suma
217 millones entre Chile, Perú, Colombia y México. El mercosur reúne un
PBI per cápita de 17.370, apenas un poco más que la Alianza del
Pacífico. En cuanto a la importancia que ocupan en relación a las
exportaciones, el Mercosur se ubica en el cuarto lugar de los bloques
económicos mundiales en cuanto a volúmen. La Alianza del Pacífico
exporta cerca de US$ 455.000 millones.
¿Cómo
se relacionarían ambos bloques comerciales? “En la actualidad, el
Mercosur sufre un doble embate. Hoy en día predominan los gobiernos
neoliberales. Cartes en Paraguay, luego del golpe parlamentario contra
Lugo, Temer en Brasil, después del golpe parlamentario contra Dilma (cuyo
canciller, José Serra, es un histórico opositor al Mercosur) y Macri en Argentina.
Los tres resolvieron suspender a Venezuela, para aislarla
diplomáticamente y forzar la caída de Maduro. Al mismo tiempo, se
plantea la “flexibilización” del Mercosur, permitiendo a cualquier país
que firme un TLC con un país extra zona, lo cual prácticamente lo
sentenciaría a desaparecer”, piensa Morgenfeld.
“Además,
Macri impulsa un TLC con la UE, que sería tan pernicioso como el ALCA y
una convergencia con la ALPA. Dada la parálisis en muchas iniciativas
de infraestructura, institucionales y monetarias, el Mercosur importaba
fundamentalmente como bloque político. El proceso de cambio que vivió en
el último año lo está terminando de poner en crisis”, sentencia.
Está
claro, así, que la estrategia es distinta respecto del kirchnerismo.
“La gestión anterior no lo integraba, porque privilegiaba otra
estrategia de integración regional. La ALPA siempre tuvo una aceitada
relación con Estados Unidos y promovía una agenda contraria al eje
bolivariano. Macri, en cambio, toma a Colombia, Perú o Chile como
modelos para la Argentina, por eso promovió los vínculos con cada uno de
esos países y con el bloque en general. Es una opción
político-ideológica”, cierra Morgenfeld.
Restará
ver si la opción político-ideológica llevará a la Argentina por el
camino del crecimiento o si, una vez más, el endeudamiento terminará por
aplastarla en un futuro.
lunes, 13 de febrero de 2017
A contramano del mundo, Macri y Bachelet insisten con el libre comercio y procuran una convergencia neoliberal del Mercosur y la Alianza del Pacífico
Macri y Bachelet acordaron impulsar una convergencia Mercosur-Alianza del Pacífico
Página/12
El presidente
Mauricio Macri y su par chilena Michelle Bachelet defendieron la
apertura de las economías regionales y apuntaron a alcanzar un acuerdo
de "liberalización comercial ambicioso
En
su breve visita a Chile, el presidente Mauricio Macri y su par chilena
Michelle Bachelet defendieron la apertura de las economías regionales y
revalidaron las negociaciones iniciadas "para alcanzar un acuerdo de
liberalización comercial ambicioso" frente a "las tendencias
proteccionistas observadas a nivel internacional", que según ambos
mandatarios, "se contradicen con el esfuerzo para alcanzar el
crecimiento sostenible y el desarrollo inclusivo".
En ese sentido y en calidad de presidentes pro-tempore del Mercosur y la Alianza del Pacífico, adelantaron que promoverán "la realización, en el corto plazo, de un encuentro de Ministros y Ministras de Relaciones Exteriores de los países que integran ambos bloques".
Macri, quien desde el jueves permaneció en San Martín de Los Andes por el festejo de su cumpleaños, cruzó ayer a Chile para conmemorar los 200 años de la Batalla de Chacabuco, y llevó a la mandataria la chilena la decisión de avanzar en un amplio acuerdo regional para liberar el comercio, algo que desde el gobierno nacional se encargaron de señalar fue acordado con el presidente sustituto Michele Temer durante la visita oficial de la semana pasada.
La Alianza del Pacífico —integrada por Chile, Colombia, Perú y México— surgió en 2011 como la alternativa defensora del libre comercio frente al surgimiento de la Unasur, la Celac y el fortalecimiento del Mercosur. Tres de los países que la integran también forman parte de la Alianza Transpacífico, creada por Estados Unidos para reunir a las economías asiáticas frente al crecimiento de China, que fue puesta en crisis tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump.
En ese contexto, Macri y Bachelet destacaron la intención de fortalecer "las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales tanto en el ámbito bilateral como con los países de América Latina, impulsando la convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico". La semana pasada, la canciller Susana Malcorra señaló repetidas veces que frente a la política proteccionista de Trump la política del gobierno sería "buscar oportunidades en otros mercados".
En la declaración firmada anoche en la localidad de Colina, los mandatarios también reiteraron también la voluntad de "profundizar la construcción de una asociación estratégica en materia antártica" y llama a "la reanudación de las negociaciones sobre la disputa de soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes".
En ese sentido y en calidad de presidentes pro-tempore del Mercosur y la Alianza del Pacífico, adelantaron que promoverán "la realización, en el corto plazo, de un encuentro de Ministros y Ministras de Relaciones Exteriores de los países que integran ambos bloques".
Macri, quien desde el jueves permaneció en San Martín de Los Andes por el festejo de su cumpleaños, cruzó ayer a Chile para conmemorar los 200 años de la Batalla de Chacabuco, y llevó a la mandataria la chilena la decisión de avanzar en un amplio acuerdo regional para liberar el comercio, algo que desde el gobierno nacional se encargaron de señalar fue acordado con el presidente sustituto Michele Temer durante la visita oficial de la semana pasada.
La Alianza del Pacífico —integrada por Chile, Colombia, Perú y México— surgió en 2011 como la alternativa defensora del libre comercio frente al surgimiento de la Unasur, la Celac y el fortalecimiento del Mercosur. Tres de los países que la integran también forman parte de la Alianza Transpacífico, creada por Estados Unidos para reunir a las economías asiáticas frente al crecimiento de China, que fue puesta en crisis tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump.
En ese contexto, Macri y Bachelet destacaron la intención de fortalecer "las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales tanto en el ámbito bilateral como con los países de América Latina, impulsando la convergencia entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico". La semana pasada, la canciller Susana Malcorra señaló repetidas veces que frente a la política proteccionista de Trump la política del gobierno sería "buscar oportunidades en otros mercados".
En la declaración firmada anoche en la localidad de Colina, los mandatarios también reiteraron también la voluntad de "profundizar la construcción de una asociación estratégica en materia antártica" y llama a "la reanudación de las negociaciones sobre la disputa de soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes".
lunes, 12 de diciembre de 2016
viernes, 9 de diciembre de 2016
"La crisis del Mercosur y del regionalismo latinoamericano". Por Federico Larsen
La crisis del Mercosur y del regionalismo latinoamericano
Por Federico Larsen
Nodal
La crisis que está viviendo hoy el bloque del Mercado Común del Sur (Mercosur), es representativa de la crisis más general que vive el regionalismo latinoamericano. Superada ya la etapa marcada por la construcción de nuevos organismos regionales con proyección política internacional (Celac, Alba, Petrocaribe, Alianza del Pacífico entre otros) la inestabilidad política y especialmente la incertidumbre de los grandes mercados financieros parecen orientar hoy los bloques subregionales hacia la inactividad y el vaciamiento. Una suerte de des-integración, que abre las puertas a nuevas formas de relación económicas, comerciales y sociales que ponen en riesgo varios de los derechos de los pueblos, y a la que el Mercosur no es ajeno.Un Mercosur estancado
La suspensión de Venezuela del bloque, no es otra cosa que un capítulo más en la reconversión permanente que el Mercosur vive desde su nacimiento, al calor de los cambios políticos en el Cono Sur. Nacido como un proyecto de integración económica por iniciativa estatal entre Brasil y Argentina, se ha convertido a partir de 1991 en un organismo para la cooperación empresiarial bajo los términos del Consenso de Washington en los ’90. Y tras la crisis del modelo neoliberal, volvió a resurgir bajo el impulso de gobiernos de tinte progresista, que protagonizaron una breve “primavera del Mercosur”, más bien efímera. En todas las etapas el problema fue siempre el mismo: la falta de un proyecto a largo plazo de integración productiva, comercial, política y social con una perspectiva consensuada. La iniciativa de Brasil, y, en segundo término, de Argentina en los últimos años, tampoco logró superar esos escollos estructurales. Mientras se lograba la inclusión de Venezuela en el bloque, sus dos economías más grandes limitaban su desarrollo con sus decisiones económicas -la vinculación preferencial con China en detrimento de sus socios de la Cuenca del Plata- y políticas -el hundimiento de la Nueva Estructura Financiera Sudamericana a cambio del aumento de su representación global en el marco del G20-.
Las cumbres sociales del Mercosur, que se celebran cada seis meses (a fines de Noviembre se volvió a llevar a cabo en Caracas) remarcan en todos sus documentos conclusivos la falta de voluntad política al interior del bloque para implementar los programas sociales, el Estatuto de Ciudadanía y la Declaración Sociolaboral del Mercosur entre otras deudas pendientes. Este tipo de dilaciones y fallas ponen en tela de juicio las intenciones reales que los gobierno del Mercosur tienen para con el bloque. Y lo sucedido en las últimas semanas confirman algunas sospechas.
Venezuela quedó formalmente suspendida ¿y ahora qué? El 14 de diciembre Argentina debería hacerse cargo de la presidencia pro-témpore, luego de 6 meses institucionalmente inexplicables (en los que Caracas asumió, como le correspondía, la presidencia del Mercosur pero fue boicoteada sin justificación jurídica clara por los demás miembros) y ante el recurso por parte del gobierno de Maduro al sistema de solución de controversias previsto por el Tratado de Olivos. Y lo más grave de todo, sin un rumbo claro, exeptuando la difícil negociación de un Tratado de Libre Comercio a retomarse en marzo con la Unión Europea.
Hay que admitir, sin embargo, que para los países latinoamericanos el 2016 ha sido un año en el cual se fueron desdibujando las certezas en sus relaciones con el mundo. Por motivos internos, a causa de los cambios de gobierno en diferentes países de la región, pero sobre todo por crisis exógenas. El prolongado estancamiento político español, la debacle de los proyectos de gobierno en Francia e Italia, la reconfiguración de la diplomacia británica tras el Brexit, la diferenciación en la estrategia de expansión china y la victoria de Donald Trump en los EEUU, privaron a los países de la región de sus interlocutores privilegiados, y los obligan a repensar su inserción económica y política en el mundo.
Las propuestas ante la crisis
Una situación tal puede representar una salvación o una condena para organismos de integración regional como el Mercosur. Puede acercar a los países miembros en búsqueda de mutuo amparo, como han deslizado los cancilleres de Brasil, José Serra, y de Argentina, Susana Malcorra, tras la victoria de Trump en EEUU. Pero también puede generar un “sálvese quien pueda” generalizado. Un proceso similar se dio a mitad de los ’90 cuando se produjo la firma de varios TLC por parte de países latinoamericanos con las grandes potencias mundiales y su ingreso a la exclusivísima Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Ese mismo rumbo parece ser el que sugiere hoy el gobierno argentino, proclive a flexibilizar las reglas del Mercosur para permitir la firma de sus países miembros de TLCs con EEUU y China, y ya bajo observación de la OCDE para evaluar la adaptación de sus normas a los estándares de tan selecto club de países ricos. Ante la falta de decisiones en el bloque, Uruguay también comenzó a tejer sus relaciones comerciales con China y Europa, mientras Paraguay profundiza sus contactos con Corea del Sur. Brasil, potencia regional a la cabeza del grupo, se encuentra sumergida en una crisis que abarca a todo su arco político, con un gobierno golpista fuertemente debilitado y un margen de maniobra mucho más limitado que en la última década, pero aún ligado a la coordinación con las demás potencias regionales del BRICS.
Todos los países miembros, igualmente, siguen mirando con cierto cariño hacia la Alianza del Pacífico, enlace natural para América Latina con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un mega-acuerdo de libre comercio firmado ya por 12 países, incluyendo a Chile, México y Perú. Y de allí parece llegar la tentación hacia un nuevo tipo de integración. Si bien el TPP se encuentre hoy pendiente de un hilo, por la decisión de Trump de no ratificar el acuerdo, su espíritu, sus cláusulas y sus formas serán a toda vista el modelo de negociación de nuevos acuerdos regionales, al igual que el TISA, o el TTIP. La novedad de estos tratados -considerados ya “de nueva generación”- es que obligan a los países firmantes a adecuar sus reglamentaciones futuras a los términos del tratado en ámbitos que históricamente fueron monopolio estatal, como los servicios públicos, transporte, investigación etc… Estos acuerdos son negociados a espaldas de los parlamentos, y con el asesoramiento de grandes empresas transnacionales que se favorecen con sus cláusulas. Los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay ven con buenos ojos este modelo de tratado, para lo cual hoy el Mercosur es un impedimento burocrático y lento que habría que flexibilizar, y por ello el sentido mismo del bloque está en disputa.
La visión social y alternativa, encarnada por la Cumbre Social del Mercosur y -en teoría- por los gobierno de Venezuela y Uruguay, quedó aparentemente desbaratada con facilidad. Venezuela, que ingresó gracias a la tozudez de Chavez, como parte de un proyecto mucho más grande de transformación política latinoamericana, y por necesidad de recurrir al amparo del gigante brasilero tras haberlo desafiado abiertamente a una pulseada energética, nunca logró aportar claramente a la visión estratégica del bloque. Uruguay, que jugó siempre “a dos puntas” en los últimos años, mantiene hoy una postura de minoría moderada, avalando en disidencia las decisiones del bloque dominante. Y la Cumbre Social nunca tuvo gravitación real en una organización donde, como en todas las demás iniciativas de integración regional, los intereses de los Estados Nacionales siempre estuvieron por encima de cualquier intención colectiva, y por lo tanto los gobierno no delegaron ningún tipo de poder real a los actores de la sociedad civil.
El Mercosur sin embargo es tan difícil de reformar, como de romper. A diferencia de otros organismos regionales, logró un largo acumulado de reglamentaciones, acuerdos, tratados, que además de ser vinculantes para los Estados miembros constituyen un piso de acuerdo. Débil, sin actuación efectiva, pero aceptado activa o pasivamente por todos los gobiernos miembros desde 1991 hasta la fecha. Desandar semejante camino para volver a atomizar el Cono Sur sería una derrota política histórica para toda la región.
La suspensión de Venezuela refuerza entonces el ánimo disciplinador que algunos gobiernos asumieron en el marco del Mercosur, con objetivos exclusivamente políticos en medio de la disputa por marcar el rumbo del bloque. A esto se le suma la incertidumbre por el escenario externo, que refuerza el estancamiento en un Mercosur que avanza por inercia, y tampoco encuentra en otros organismos regionales un objetivo común, más allá de consignas vacías e inefectivas. Será el primer semestre de 2017, bajo la presidencia argentina, cuando se podrá empezar a vislumbrar algún rumbo, por más que no parezca para nada alentador para las fuerzas sociales de los países miembros.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
Leandro Morgenfeld: "En EEUU van hacia un escenario de mayor tensión racial". La caída del TPP y el fracaso de la estrategia de inserción internacional de Macri

Leandro Morgenfeld: "En EEUU van hacia un escenario de mayor tensión racial"
November 23, 2016 08:06
Columna de Política Internacional, de Leandro
Morgenfeld En TE QUIERO / Fede Pais, Sofía Caram, Pancho Muñoz y Valmiro
Mainetti. Lunes a Viernes, de 6 a 9, por AM750. FB: Te quiero AM750 //
TW: Tequieroalas10
- escuchar el audio de la columna acá -
lunes, 21 de noviembre de 2016
"¿Viva Trump, muerto el TPP?" (Luciana Ghiotto y Evelin Heidel)
¿Viva Trump, muerto el TPP?
Por Luciana Ghiotto y Evelin Heidel*
Notas.org.ar
La victoria de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos pone en duda el camino que seguirá el Tratado Transpacífico (TPP). Dos de sus principales promesas de campaña fueron “revisar el NAFTA” y “rechazar el TPP”, que le atrajeron un caudal de votos muy importantes. Pero, ¿está realmente muerto el proyecto detrás de este acuerdo de libre comercio?
Algunos análisis apresurados del recientemente electo Donald Trump ya han dado por muerto al Tratado Transpacífico (TPP). Sin embargo, la situación requiere un análisis más complejo. Aunque su campaña fue una sucesión de expresiones de racismo y xenofobia mezclada con un alto nivel de groserías y actos fallidos, lo cierto es que no se sabe de qué forma reaccionará una vez que sea investido con la faja presidencial de la primera potencia mundial.
Uno de los ejes fundamentales de la campaña de Trump fue la crítica acérrima a los Tratados de Libre Comercio (TLC) que firmó Estados Unidos en los últimos veinte años, con foco especialmente sobre el firmado con México y Canadá en 1994 (NAFTA, por su sigla en inglés). Trump caracterizó a los TLC como los causantes de la pérdida de empleos en el país. De acuerdo con datos oficiales de Washington, entre 1997 y 2013, EE.UU. perdió 5,4 millones de empleos manufactureros, a la vez que cerraron cerca de 82 mil fábricas.
En efecto, producto del aval jurídico que los TLC otorgan a las inversiones en el exterior, en los últimos treinta años las empresas norteamericanas relocalizaron su producción hacia el sudeste asiático y China. De este modo, evitaron los costos de los “altos” salarios norteamericanos. El desempleo creciente en EE.UU., no resuelto por las políticas librecambistas de los gobiernos demócratas, fue uno de los factores explicativos de la victoria de Trump.
Entonces, ganó Trump, ¿murió el TPP? Las señales indican la necesidad de manejarse con mayor cautela y, sobre todo, tener en cuenta que un tratado comercial es mucho más que su letra.
Un primer punto para la reflexión se basa en la experiencia acumulada. Cuando fracasó el ALCA hace once años, se frenó un proyecto de liberalización comercial que incluía a 34 países del continente. Rápidamente proliferaron diversos mini-ALCAs bilaterales de EE.UU. con países como Chile, Perú, Colombia, y varios centroamericanos y caribeños (el acuerdo conocido como DR-CAFTA). Mientras tanto, proyectos de liberalización similares proliferaron con la Unión Europea, China, Corea del Sur, Japón y Singapur, entre otros. El fracaso de un acuerdo en particular no implica su deceso como proyecto para garantizar la acumulación capitalista.
En segundo lugar, el TPP garantizaba un avance sustancial de los derechos de las corporaciones. Otorga mayores derechos de propiedad a las grandes farmacéuticas, a las empresas de servicios informáticos de Silicon Valley y abre los mercados para empresas tradicionalmente gestionadas con monopolios estatales, como el handling aeroportuario o los servicios de correo postales. Las grandes empresas de estos sectores son un eje fundamental del conglomerado industrial norteamericano. Aún cuando muchas de ellas fabriquen sus productos en el exterior, son quienes tienen un interés estratégico en que el TPP se firme. Son, en última instancia, los conglomerados industriales a los que Trump también deberá responder.
Sin Japón y sin EE.UU. no hay TPP. Técnicamente las disposiciones legales del tratado sostienen que debe ser ratificado por al menos seis miembros que sumen el 85% del Producto Bruto Interno del bloque para entrar en vigor. Esto abre dos escenarios.
El primero sería que frente a la no ratificación en Washington., el resto (o al menos varios) de los países ratifiquen el acuerdo y generen presión hacia el interior de EE.UU., para destrabar allí su aprobación o al menos forzar una renegociación que les permita mantener una posición comercial privilegiada con la potencia del norte, lo cual marcaría un escenario novedoso en las negociaciones comerciales.
Un segundo escenario estaría marcado por una profundización del bilateralismo, pero esta vez no desde el Norte hacia el Sur, sino Sur-Sur, cruzando el Pacífico, tal como fue inicialmente pensado el Tratado hasta la incorporación de Estados Unidos (Brunei, Chile, Singapur y Nueva Zelanda). Esto convertiría a la Alianza del Pacífico en una plataforma de negociaciones con los países del Foro de Cooperación Asia-Pacífico o la Unión Económica Euroasiática. Sin EE.UU., la firma de acuerdos seguiría, con el formato TPP, pero orientando su brújula hacia el centro neurálgico de las cadenas de valor globales.
Esto apunta directamente a uno de los aspectos más importantes de este tratado: el TPP logró consolidarse como el nuevo modelo de tratado comercial. En parte, porque algunas de sus cláusulas ya fueron aceptadas previamente en otros tratados (por ejemplo, muchas de las previsiones sobre propiedad intelectual ya estaban presentes en el TLC Estados Unidos – Chile). Así como la Organización Mundial de Comercio (OMC) en la década de los ‘90 fijó la agenda de liberalización, el TPP es el borrador principal de cualquier estrategia comercial del futuro.
Por último, el abandono de este proyecto no implica que la potencia no avance con otros tratados que se encuentran actualmente en negociación, como el Acuerdo en comercio de servicios (TISA, por sus siglas en inglés). ¿Qué diferencia al TISA del TPP tras la elección de Trump? El republicano puso el dedo sobre la pérdida de empleos manufactureros en el territorio norteamericano, pero si las empresas de servicios de la misma bandera acaparan mercados en el exterior, en su competencia con las europeas, eso beneficia a EE.UU. en términos de acceso a mercados y de recaudación impositiva. Esto implica que Washington puede mandar al freezer al TPP, pero continuar con su agenda de liberalización comercial.
Hasta que Trump no asuma, todos los análisis (incluido este) pueden ser considerados futurología. Pero hay algo seguro: el proyecto de liberalización comercial excede desde hace por lo menos dos décadas a las decisiones soberanas de los Estados y de sus respectivos representantes. La presión corporativa para convertir al mundo en una enorme factoría global y garantizarse ganancias superlativas en cualquier circunstancia es la esencia que sustancia y mueve las letras del TPP. Ese proyecto está lejos de estar muerto y Trump está lejos de ser uno de sus principales combatientes. La batalla contra el TPP no terminó, sólo cambió de forma.
@LulaVillaElisa y @scannopolis
*Integrantes de la Asamblea Argentina Mejor sin TLC
domingo, 20 de noviembre de 2016
Morgenfeld: "Trump y América latina", en el programa "Televisión Pública Noticias Internacional"
Leandro Morgenfeld entrevistado sobre "Donald Trump y América latina", en el programa "Televisión Pública Noticias Internacional", con Hinde Pomeraniec, Jorge Elías, José Natanson, Raúl Dellatorre y Natasha Niebieskikwiat; por el canal "TV Pública" - 19/11/2016
viernes, 18 de noviembre de 2016
"LOS DESAFÍOS DE AMÉRICA LATINA TRAS EL TERREMOTO TRUMP" (Morgenfeld, Megafón)
| Leandro Morgenfeld |
| MEGAFÓN Nº 10/5 - Noviembre 2016 |
El
inesperado triunfo de Trump provocó un terremoto al interior de Estados
Unidos y también en el mundo entero. En Nuestra América crece la
incertidumbre. Mientras la mayoría de los analistas elucubran sobre
cómo será su política hacia la región, en este artículo nos enfocaremos
en cuáles son los desafíos, para los pueblos y gobiernos
latinoamericanos, a partir del arribo a la Casa Blanca del magnate
misógino y racista.
Con Trump
la región se verá afectada fuertemente por una serie de iniciativas:
endurecimiento de la política migratoria, límites al envío de remesas,
deportaciones masivas (el presidente electo prometió expulsar
inmediatamente hasta 3 millones de indocumentados con antecedentes
penales), revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(NAFTA), freno a la política de distensión con Cuba. Al mismo tiempo,
se estima que, si aplica un aumento de las tarifas aduaneras, se
dificultará el acceso al mercado estadounidense, central para algunos
países de la región (el 19% de las importaciones estadounidenses son
latinoamericanas, mayormente de México). Hay incertidumbre sobre qué
pasará con el incipiente diálogo político en Venezuela y cómo se
posicionará la Casa Blanca frente al nuevo acuerdo de paz entre Santos y
las FARC. Los cambios ya empezaron: Obama no insistirá con la
ratificación parlamentaria del Acuerdo Transpacífico (TPP). Ese mega
tratado de libre comercio, una suerte de reedición del ALCA para
contener el avance chino, había sido firmado por tres países de la
región –México, Perú y Chile- y se preveía que podían sumarse Colombia y
Argentina. La mayoría lo da por muerto, dado que fue uno de los
permanentes blancos de ataque de Trump durante toda la campaña.
Más allá de las especulaciones sobre si cumplirá o no lo que prometió, lo que está claro es que el nuevo presidente no abandonará las dos estrategias estadounidenses desde la enunciación de la Doctrina Monroe (1823): alejar a las potencias extra hemisféricas de lo que consideran su exclusiva área de influencia (el despectivamente llamado patio trasero) y fomentar la fragmentación latinoamericana para evitar que proliferen organismos en los que no interviene Estados Unidos, como la UNASUR, la CELAC o el ALBA. O sea, podrán cambiar las tácticas, pero Trump va a intentar mantener la hegemonía estadounidense en el continente americano. Ahora bien, su triunfo plantea cambios geopolíticos, económicos, militares e ideológicos a escala global. Ante este novedoso (y profundamente inestable) escenario internacional, se presentan diversos desafíos para los pueblos y gobiernos de Nuestra América. En primer lugar, con un líder como Trump, crecerán las protestas y grietas internas (movimientos como Black Lives Matter, Not My President o las iniciativas de universidades y ciudades que invocan el sanctuary status, para resistir las deportaciones de indocumentados) y se dificultará la proyección de Estados Unidos como “faro” o guía de las democracias de Occidente. Esta crisis de legitimidad del sistema político estadounidense es una oportunidad excepcional para China, Rusia y la India para avanzar en la construcción de un mundo más multipolar. América Latina debería abandonar la orientación subordinada a Washington, que vienen desplegando presidentes derechistas como Peña Nieto, Temer o Macri, y diversificar los vínculos externos, en función del resurgimiento de otros polos de poder mundial. La única forma de hacerlo en forma no dependiente es recuperando la coordinación y cooperación política en torno a organismos latinoamericanos y avanzando hacia una integración alternativa. Las guerras de monedas y comerciales que se avizoran, a partir del repliegue neoproteccionista que prometió Trump en la campaña, obligan a pensar estrategias económicas que potencien los mercados internos y regionales, a contramano de las lógicas de libre mercado que impulsa la Alianza del Pacífico. O sea, el “modelo” aperturista de Perú y Chile, que tanto alabaron gobiernos neoliberales como el de Macri, deberá ser abandonado. El encarecimiento del crédito externo, a partir de una esperable suba de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, obliga a los países latinoamericanos a abandonar las políticas de endeudamiento externo y desplegar estrategias que reviertan la desigualdad y dependencia que se profundizaron a partir de la aplicación acrítica de la globalización neoliberal que impusieron desde los centros del capital trasnacional. Como ya no vendrán las inversiones extranjeras que añoran los gobiernos neoliberales, es contraproducente otorgar concesiones para “seducir” a los mercados. Es esperable que el racismo de Trump y su menosprecio por los hispanos incremente el rechazo al gobierno de Estados Unidos. Las derechas vernáculas, que históricamente atacaron a los procesos populares de la región, denigrándolos frente a la democracia modelo estadounidense, hoy están desorientadas: el arcaico sistema electoral permitió que gane un candidato que sacó 600.000 votos menos que su rival. Apenas votó el 56% del padrón. A Trump, en consecuencia, lo eligió sólo el 25% de los 231 millones de estadounidenses que podían sufragar (y un porcentaje menor, si sumamos a los indocumentados que carecen de derechos electorales). La legitimidad del nuevo gobierno está desafiada por miles de manifestantes que se lanzaron a las calles apenas horas después de conocerse el resultado de los comicios. En la vereda de enfrente, los supremacistas blancos están eufóricos: el Ku Klux Klan va a marchar el 3 de diciembre en Carolina del Norte para celebrar el triunfo de Trump. Se avizoran fuertes conflictos sociales, en un contexto de agudización de las tensiones raciales. Ante el descrédito que genera el showman neoyorkino, Nuestra América debe avanzar con una agenda propia: oponerse a los Tratados de Libre Comercio contrarios a los intereses de las mayorías populares, evitar la injerencia de las potencias en los asuntos internos de los países de la región -luego de varios procesos destituyentes y golpes de nuevo tipo (Honduras, Paraguay, Brasil), rechazar la militarización y exigir el retiro de las bases estadounidenses, avanzar con el proceso de paz en Colombia, reclamar el fin del bloqueo a Cuba, evitar un golpe en Venezuela, bregar por un sistema internacional más multipolar y democrático, construir instituciones financieras regionales (como el malogrado Banco del Sur) y retomar la senda de la integración alternativa con un horizonte poscapitalista. En definitiva, descartar las estrategias aperturistas y subordinadas a Estados Unidos que impulsan los gobiernos neoliberales. El fracaso de las socialdemocracias europeas y del Partido Demócrata en Estados Unidos (con un discurso ligeramente más progresista, asumieron las políticas de ajuste neoliberal, permitiéndole a movimientos xenófobos y racistas canalizar a su favor el descontento y hartazgo social) tiene que ser una lección para las fuerzas progresistas, populares y de izquierda de Nuestra América. O se avanza con una crítica radical y se construyen alternativas, o la impugnación a la globalización neoliberal será aprovechada por los líderes neofascistas. El mundo está en un momento de inflexión. Nuestra América aparece como desplazada en la agenda de la política exterior de Trump. Qué mejor que aprovechar esta circunstancia para potenciar una vía alternativa, que cuestione la creciente desigualdad y dependencia que produce el capitalismo y avance hacia una integración fuera de la órbita y el control de Estados Unidos. @leandromorgen |
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