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jueves, 27 de junio de 2019

Geopolítica del siglo XXI: América Latina en disputa




Seminarios virtuales

Geopolítica del siglo XXI: América Latina en disputa


Seminario 1946

Cátedra: CLACSO


Coordinación: Leandro Morgenfeld y Marco A. Gandásegui, hijo (Grupo de Trabajo CLACSO Estudios sobre Estados Unidos, y Universidad de Buenos Aires, Argentina y Universidad de Panamá)


Inicio: 19/08/2019 | Inscripción: 04/02/2019 al 16/08/2019

Carga horaria: (12 semanas) 48 horas de trabajo con profesor y 120 horas de dedicación total.


INFORMES E INSCRIPCIÓN ACÁ

Presentación del curso:

El proceso de transición hegemónica, declinación estadounidense y ascenso de China plantea una serie de interrogantes geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos. Este seminario se estructurará en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo afectan a América latina y el Caribe los cambios que se están generando en el sistema-mundo capitalista en el cual está inserta la región desde hace medio milenio? La disputa entre distintos polos de poder por América Latina y el Caribe condiciona a los Estados, los gobiernos, las democracias y los recientes procesos de coordinación y cooperación política e integración regional. La Administración Trump reivindica la Doctrina Monroe y se dispone a recuperar el terreno perdido en lo que despectivamente denominan su “patio trasero”, intentando morigerar la creciente presencia china y rusa y debilitar a organismos regionales como la UNASUR, la CELAC o el ALBA. ¿Cuáles son, para los Estados, los gobiernos y las democracias, los actuales desafíos para desplegar una inserción internacional y una política exterior latinoamericana más autónomas y menos alineadas con Washington?


viernes, 31 de mayo de 2019

"Argentina, la integración latinoamericana y los vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea". Instituto Iberoamericano, 6 de junio, 17hs

Coloquio de investigación 

Instituto Iberoamericano de Berlín


El Departamento de Investigación del IAI organiza regularmente un Coloquio de Investigación para fomentar el diálogo y la vinculación con otras instituciones académicas del país y del exterior, y para fortalecer el intercambio científico más allá de las fronteras disciplinarias. El coloquio ofrece un marco para la presentación de los proyectos de investigadores visitantes y miembros del Instituto, para el intercambio de ideas y la discusión de cuestiones teóricas y metodológicas. El coloquio se lleva a cabo generalmente en forma quincenal, los días jueves a las 17.00 hs. en la sala de reuniones del IAI. La mayoría de las presentaciones son en español, algunas se hacen también en inglés o portugués. Todos los interesados que deseen asistir son bienvenidos.

Fechas y temas de las próximas reuniones del coloquio:

Jueves, 6 de junio 2019, 17.00 horas:

  • Joyce Contreras Villalobos (FONDECYT/Universidad de Chile): De ángel del hogar a intelectual feminista: reflexiones desde y sobre la mujer en el ensayo de escritoras chilenas (1870-1940)
  • Leandro Morgenfeld (Universidad de Buenos Aires / CONICET): Argentina, la integración latinoamericana y los vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea


domingo, 29 de abril de 2018

Los riesgos del acuerdo Mercosur-Unión Europea


Los riesgos del acuerdo Mercosur-Unión Europea

Ordenamiento y disciplinamiento

Un eventual acuerdo con la UE implicaría restricciones a las políticas de promoción de actividades productivas. Serviría además para contener presiones sectoriales.

El acuerdo comercial en curso con la Unión Europea involucra la virtual totalidad del comercio exterior argentino, implicando su gradual y completa liberalización. Las quejas mayores en el plano empresario han surgido de algunas asociaciones donde prevalecen empresas pequeñas y medianas, que han hecho hincapié en el impacto sobre el empleo; de igual forma se han manifestado entidades sindicales. Las grandes empresas industriales y de servicios no se han pronunciado en contra, y la propia Unión Industrial Argentina ha tenido un posicionamiento poco visible.
¿Cuál es el impacto esperable del acuerdo? Un reciente estudio crítico de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo advirtió que habría 186.000 puestos de trabajo en riesgo (informe ODEP). Pero ese número, en realidad, no representa un monto muy significativo sobre el total de población ocupada de la Argentina, que se puede estimar en cerca de 20 millones. El acuerdo afectaría a menos del 1 por ciento de los puestos de trabajo. Aun dentro del sector industrial, el impacto estaría en el orden del 10 por ciento del empleo. Si el acuerdo por otro lado viabilizara un incremento de la actividad económica (la esperada “lluvia de inversiones”), estos empleos perdidos se verían compensados por una mayor demanda de fuerza de trabajo.
Sin embargo, el argumento del impacto sobre el empleo ha sido el dominante, en los (escasos) debates sobre este tema, junto con la controversia acerca de cuál será la apertura que en definitiva posibilitará la Unión Europea a las importaciones agrícolas.
Esto ha desviado la atención acerca de lo que realmente está en juego. Para empezar, el acuerdo va mucho más allá de la cuestión del comercio. Establece la igualdad de trato a las empresas extranjeras con relación a las nacionales; liberaliza el acceso a la prestación de los servicios, entre ellos el servicio de transporte por agua; fortalece mecanismos de propiedad intelectual; asegura trato nacional a empresas extranjeras en contrataciones públicas; flexibiliza normas de origen, permitiendo la entrada de productos elaborados en países con bajos salarios (por ejemplo, Vietnam) como si fueran de origen en países signatarios del acuerdo (por ejemplo, Italia).
De hecho, como ya señalara el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, los acuerdos de integración tienen en realidad esos propósitos, porque en la medida en que prevalezca la adhesión a las normas de la Organización Mundial de Comercio, el escenario esperable para el comercio internacional de bienes es, de todas maneras, de liberalización.
Lo cierto es que este acuerdo –cuyos detalles se conocen por vía informal, y por lo que trasciende desde el lado europeo– se traducirá en fuertes restricciones a las posibilidades de políticas de promoción de actividades productivas, en particular en el sector industrial, además de afectar vía competencia externa a numerosos sectores. Un subsidio o una medida de promoción, por ejemplo, podrá ser impugnado por ser distorsionante de los flujos comerciales.
Por otro lado, la Unión Europea, en el caso de los países con un menor nivel de desarrollo, destina cuantiosos fondos para inversión, dirigidos principalmente a infraestructura; se trata de los denominados Fondos de Convergencia. Este fue el caso, por ejemplo, de España, Portugal y Grecia. Cuando ingresaron a la Unión Europea, en la década de 1980, su producto per cápita era cerca de un 40 por ciento menor al de Francia, Italia y Alemania en conjunto. De allí que recibieran abundante financiamiento. Esto contribuyó al gran desarrollo de trenes de alta velocidad en España, por ejemplo.
La actual diferencia en el producto per cápita entre Brasil, Argentina y Uruguay con relación a Francia, Alemania e Italia, en conjunto, es de más de 60 por ciento; la asimetría es mucho mayor. Sin embargo, no hay previsto ningún mecanismo compensatorio, análogo a los Fondos de Convergencia.
¿Por qué el gobierno de un país decide avanzar en un acuerdo de complementación con un bloque económico de mucho mayor nivel de desarrollo y peso geopolítico, virtualmente sin redes de protección, más allá de acordar un plazo de transición, frente a asimetrías visibles y lacerantes? ¿Por qué un gobierno atenta incluso en contra de intereses empresarios, que se supone que son parte de su soporte?
La única explicación que encontramos es que estos acuerdos tienen un propósito político interno: constituirse en una herrramienta de ordenamiento y disciplinamiento. Lo que probablemente espera este gobierno es que el argumento del acuerdo con la Unión Europea permita contener presiones por políticas sectoriales, e incluso por los niveles salariales. Habrá restricciones a subsidios sectoriales, como así también la permanente amenaza de la competencia externa a la hora de negociar salarios. Esto puede explicar que desde las empresas grandes no se vea con malos ojos esta decisión.
Pero esto muestra a las claras que las elites dirigentes argentinas no tienen proyecto para el colectivo social; todo pasa por la contención de presiones sectoriales.
Nos es casualidad entonces que en estos días, mientras avanza el acuerdo con la Unión Europea, la empresa estatal INVAP, uno de los pocos y auténticos logros en materia tecnológica de la Argentina, enfrenta restricciones que motivan el retraso en el pago de los sueldos, lo que permite avizorar un futuro poco venturoso. Acordamos con la Unión Europea, pero dejamos caer INVAP.
Una evidencia más de una dirigencia no solo gubernamental con una asombrosa cortedad de miras. Mal podremos esperar un proyecto sostenible e inclusivo de desarrollo en este contexto, máxime a la sombra del acuerdo con la Unión Europea.

* Universidad de Buenos Aires-IIE-Cespa.

domingo, 11 de marzo de 2018

Entrevista Acuerdo Unión Europea–Mercosur: “El tratado es escandaloso”

 
 
Entrevista: Acuerdo Unión Europea–Mercosur
“El tratado es escandaloso”
“Lo que queremos, los cuatro países miembros del Mercosur, es liquidar este tema lo más pronto posible, porque hace 19 años que estamos con esto y si esta vez perdemos el tren ya no lo agarramos más”. La declaración del canciller paraguayo, Eladio Loizaga, a cargo de la presidencia pro tempore del Mercosur, sintetizó en gran medida los deseos y las realidades que experimentan los gobiernos de centroderecha que la región, con un nuevo fracaso en las negociaciones por un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, luego de que la última reunión, celebrada entre el pasado 21 y 23 de febrero en Asunción, volvieran a finalizar sin siquiera un acuerdo marco o declaración de principios.
Estas negociaciones se remonta a 1999, cuando en pleno auge de gobiernos neoliberales en Sudamérica se comenzó a buscar vías de acuerdos entre estos dos bloques, pero la llegada de diversos gobiernos progresistas en nuestra región estancaron las negociaciones entre 2004 y 2012. Las nuevas negociaciones se retomaron en 2016.
Cash consultó a Luciana Ghiotto, politóloga del Conicet y miembro de la ONG Attac-Argentina, quien desde hace años se dedica a estudiar los tratados comerciales de la región. “El tratado es escandaloso, al igual que el Tratado del Pacífico Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), plantea un prolongamiento en las patentes de medicamentos, sobre modificaciones biológicas, tipos de semillas, es decir que surgen también cuestiones no vinculadas a los tradicionales aranceles o cuotas de mercado para carne y biocombustible, pues se tocan los temas de propiedad intelectual, indicaciones geográficas y reglas de origen, es decir mucho más que los habituales problemas por la no apertura del mercado, todo lo cual puede tener un impacto muy profundo en nuestra región. Pero Macri está desesperado por cerrar un acuerdo, no solo por el Mercosur mismo, sino para exhibir una imagen de país comprometido con el libre mercado, y es por eso también que busca insertar a la Argentina en cualquier tratado de libre comercio, sea con México, Canadá, o incluso con países europeos que están por fuera de la UE. Pero tal como sucede en Brasil, las fuerzas sociales están deteniendo su iniciativa”.

El gobierno no se ha caracterizado por hacerse eco de las demandas sociales. ¿Por qué en este caso sería diferente?

–El punto es que acá no se trata solo de la CGT, las CTA, o los movimientos sociales, que ya manifestaron su rechazo, sino que también la UIA se manifestó contra el acuerdo.

¿Y del lado europeo?

–Existe una división, ya que de un lado se encuentran 16 de los 28 países miembros que buscan cerrar un acuerdo en los términos que se discuten actualmente, ya que a partir de la administración Trump discutiendo a todos los organismos multilaterales de comercio, ellos quieren quedar junto a China y el Mercosur con el liderazgo del libre comercio. Pero los otros 12 ya dijeron que no van a competir en ciertos sectores primarios, especialmente en los temas de carne y bioetanol.

¿Qué países lideran estas dos posturas europeas? 

–Los proclives al acuerdo están encabezados por Alemania, que no es fuerte en la producción agroalimentaria. Por eso cuando Macri le pidió a Merkel que destrabe las negociaciones, Merkel le dijo que con quien tenía que hablar era con Macron, ya que ella lo firmaba como está, porque las trasnacionales alemanes salen muy beneficiadas. Aquí también está España, que quiere firmar por sus intereses en los servicios bancarios, e Italia, que evidentemente en sus estudios de impacto habrá visto que el acuerdo no crearía perjuicios severos para su sector primario. Pero los países que están en la línea de Francia, como Irlanda, Polonia, Estonia, Lituania y Letonia, cuidan mucho su sector primario, ya que a diferencia de Macri se preocupan por el impacto que puede tener en sus sociedades.

Funcionarios latinoamericanos y europeos señalaron que igualmente veían factible un acuerdo en las próximas semanas.

–Ellos quieren firmar algo, aunque sea para la foto, para dar una señal. Pero aunque se firme un acuerdo, para entrar en vigencia el mismo tiene que tener ratificación parlamentaria de los cuatro países, así que confiamos en la movilización de la sociedad civil

martes, 6 de marzo de 2018

Por qué el TLC Mercosur-Unión Europea profundizaría el déficit comercial y reprimarizaría todavía más la economía





Por Julio René Sotelo

Página/12

El Tratado de Libre Comercio (TLC) Mercosur- Unión Europea, viene siendo pospuesto desde el año 1995, pero desde el año pasado parecería que urge sellar acuerdos inmediatamente, aun a costa de establecer condiciones que no beneficiarán a la región.

A partir del Foro económico mundial de Davos, realizado en enero de este año, las negociaciones entre ambos bloques reanudaron frenéticamente su curso. Macri presionó fuertemente, aunque sin éxito, para acordar durante la Presidencia pro tempore de Argentina el año pasado. En febrero los encuentros, ya bajo la presidencia de Paraguay, continuaron acercando posiciones.

Para el Mercosur, negociación secreta. Para la UE,  participativa.

Las discusiones y acuerdos se han estado realizando de forma secreta sin consultas, ni información. No se tuvo en cuenta a la sociedad civil, al Parlamento del Mercosur, ni tampoco al de sus respectivos Países, donde están los representantes elegidos a través del voto popular quienes deben aprobar o rechazar el TLC.

Tampoco se publicó información oficial durante enero en el sitio web del Mercosur. La información que se conoce surgió de 19 textos confidenciales que fueron filtrados y dados a conocer por el economista Jorge Marchini, en los cuáles se incluyen capítulos referidos a la posibilidad de que las empresas europeas participen de las licitaciones públicas en los países del Mercosur, a la propiedad intelectual que favorece el patentamiento de semillas y medicamentos, al comercio digital, entre otros.

Todo lo contrario ocurre en la UE, donde el Parlamento Europeo está al tanto de todas las negociaciones, como también los Parlamentos de los países integrantes de ese Bloque. Pero lo que es aún más importante, los distintos sectores que participan significativamente de la Economía Regional, son consultados y realizan permanentes lobbies en defensa de sus intereses. El ejemplo más fuerte es la participacióndel sector agrícola de Francia que tiene un perfil fuertemente subsidiado por el Estado y que podría verse afectado con la irrupción de carne y otros productos del Mercosur.

Pedidos y acuerdos

Con respecto a la carne el pedido que el bloque sudamericano realizó inicialmente, basado en el consumo Europeo anual, fue para exportar 400 mil toneladas anuales, recibiendo la contraoferta, en el año 2004, de 100.000 por lo que el Bloque Mercosur definió suspender las negociaciones. Al retomarlas, en la era Macri, el ofrecimiento inicial fue de 70.000 toneladas, pero finalmente consiguieron negociar 99.000 toneladas anuales a dividir en partes iguales entre Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina. Es decir un monto inferior a la oferta por la que cual el Mercosur suspendió las negociaciones catorce años atrás.

Otro de los puntos del acuerdo fue aceptar exportar 600.000 toneladas de etanol, una cantidad ínfima en relación a la magnitud de la producción del continente. Y más aun teniendo en cuenta el cierre de las fronteras por parte de EEUU para nuestro biodiesel.

Qué exportamos e importamos a la UE

El observar los datos, permite dar cuenta que en la oferta exportable del Mercosur hacia la Unión Europea, predominan las categorías de bienes con poco o ningún valor agregado, mientras quela demanda del Mercosur es principalmente de bienes con un elevado grado de industrialización, y por tanto, con altos niveles de valor agregado. Este modelo propio de la economía-mundo capitalista nos devuelve al esquema del centro y la periferia, que condena a los países periféricos a la dependencia económica.

Comercio argentino con la UE

El último informe del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto sobre el comercio bilateral entre Argentina y la Unión Europea, publicado el primer trimestre del 2017 que toma como referencia los años 2016-2017, dice que si bien el comercio bilateral entre nuestro país y la UE aumentó un 2,76%, el déficit en la balanza comercial incrementó un 328%  lo que equivale a U$S 723 millones. Esto se debe a que las exportaciones argentinas bajaron un 9,75%, mientras que las importaciones europeas aumentaron un 14%.

Condiciones de la negociación

Europa sin dudas obtendrá grandes beneficios por la expansión de sus empresas, debido a la apertura en áreas de servicio y más aún si llega a concretarse la novedosa posibilidad de que puedan acceder a las compras públicas en nuestro continente. Otro de los puntos tiene que ver con el capítulo de propiedad intelectual que favorecería profundamente a la industria farmacéutica del viejo continente, al extender la protección monopólica de sus patentes medicinales, que resguarda la propiedad intelectual y restringe el desarrollo de genéricos en nuestros países limitando el acceso de estos productos locales al sistema de salud regional. Lo mismo sucede con el pliego de negociación acerca de las semillas, donde se plantea que “cada parte protegerá los derechos sobre obtenciones vegetales” lo que equivale a la imposición de las Leyes de Monsanto y a la criminalización del intercambio y la libre circulación de nuestras semillas.

El TLC implica una desgravación del comercio del 90%, ya que habrá protecciones especiales que quedarán fuera del acuerdo. El cálculo estimado es alrededor de 80.000 millones de euros. El objetivo es llegar de manera gradual a un arancel cero, con una duración de  entre 0 a 15 años, dependiendo el grado de sensibilidad del sector que se trate.

Bajar los impuestos a la importación de una economía industrializada y poderosa como es la europea, implica la imposibilidad de competir para el Mercosur, que se encuentra en una posición de fuerte asimetría respecto a la producción de las mercancías foráneas que coparán el mercado local, así como también el aumento de la concentración desigual de la riqueza.

Voces de alerta de los industriales y trabajadores

Aun cuando sea casi demasiado tarde, las centrales industriales de los cuatro países miembros del Mercosur, emitieron un durísimo documento contra la firma del TLC. Según publica el sitio Nodal en su edición del 26/02/18 (…) “En una inédita posición unitaria, las centrales industriales de cuatro países miembros del Mercosur elevaron ante los negociadores del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, una dura declaración en la que exigen “transparencia” en las tratativas, plazos y condiciones para que los sectores afectados negativamente por el acuerdo puedan transformarse y continuar activos en el nuevo escenario, y un acuerdo equilibrado reconociendo las diferencias en el nivel de desarrollo entre las partes”.

El sector de los trabajadores por medio de las  Confederaciones Sindicales de América Latina y Europa, los sindicatos del Mercosur y la Unión Europea, expresaron su rechazo al acuerdo de libre comercio que negocian los gobiernos de los bloques regionales. "No aceptaremos el acuerdo en las actuales condiciones ya que se perfila como un tratado que perjudica a los países de menor desarrollo relativo a ambos lados del Atlántico en su industria nacional, en la promoción de la producción y del trabajo decente", advierte el comunicado que lleva la firma de Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur y la Confederación Europea de Sindicatos

Incluso dentro de la UE existen sectores seriamente preocupados por las consecuencias que tendrá para América Latina la apertura indiscriminada de sus fronteras, ante una economía mucho má sdesarrollada como la europea. Así en declaraciones realizadas al  Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE),el  eurodiputado Helmut Scholz, coordinador de la bancada de Izquierda Unitaria (GUE/NGL) para los asuntos de comercio internacional afirmó que  “…la firma de un tratado de liberalización comercial entre el Mercosur y la Unión Europea  servirá para ahondar desequilibrios…”

CONCLUSIÓN:

¿Cuáles serían las consecuencias del TLC?

El Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (ODEP-UMET) estima que, de concretarse el Tratado de libre comercio Mercosur- UE la consecuencia en Argentina sería poner en riesgo 186.000 empleos industriales. Los principales afectados serían metalmecánica (48.000 empleos), sensibles (calzado, textil, marroquinería, muebles (47.000), autopartes (32.500), química (19.000) y automotor (9500).

La firma del TLC Implica un retroceso inmenso para la construcción de un bloque regional con independencia económica y soberanía política. El Mercosur está aceptando volver siglos atrás. Los acuerdos conocidos hasta ahora,  desplazan la construcción de un bloque con códigos y reglas propios.

Para nosotros sería retomar la idea de la Argentina granero del mundo en la que sobramos 20 millones de habitantes. Es producir la reprimarización de nuestro sistema productivo, aniquilando todo atisbo de industria nacional. Decisiones políticas nada extrañas para un Presidente que, en mayo del 2017 declaraba en China que argentina debía serel "supermercado del mundo". Nos queda la esperanzade que para que el acuerdo entre en vigencia, luego de que suscriban los Poderes Ejecutivos, debe necesariamente ser aprobado por los Congresos de los Estados Parte (CN Art. 75, inc.22).  Espero que la discusión que allí se dé, esté exenta de eufemismos y disciplina partidaria y sólo se piense en el Interés Superior de la Patria.

Julio René Sotelo es parlamentario del Mercosur del bloque del FpV-PJ por la provincia del Chaco.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Video: las 12 razones para oponerse al Acuerdo UE-Mercosur



El Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur que pretenden aprobar de manera urgente representa una inmensa amenaza a nuestros derechos conquistados, a nuestras soberanías y economías y a la posibilidad de una integración regional con justicia socioeconómica y ambiental. Compartimos aquí 12 razones por las que nos oponemos al Acuerdo, vinculadas a nuestra producción de alimentos, nuestra Soberanía Alimentaria y Nacional y nuestros bienes comunes.
Alianza Biodiversidad

domingo, 25 de febrero de 2018

"Dura declaración sobre el tratado UE-Mercosur. La industria de los cuatro países contra el acuerdo"

 
Dura declaración sobre el tratado UE-Mercosur
La industria de los cuatro países contra el acuerdo
En una inusual manifestación unitaria, las centrales industriales de los cuatro países miembro del Mercosur elevaron ante las autoridades negociadoras del acuerdo con la Unión Europea, que deliberan en Asunción, una dura declaración en la que exigen “transparencia” en las negociaciones, plazos y condiciones para que los sectores afectados negativamente por el tratado de libre comercio “puedan transformarse y continuar activos en el nuevo escenario”, y un acuerdo equilibrado “reconociendo las diferencias en el nivel de desarrollo entre las partes”. Reclaman, además, la inclusión de una “cláusula de desarrollo industrial” y la preservación de diversos instrumentos de protección a la producción y el empleo “fundamentales para el funcionamiento actual y futuro del Mercosur”. La nómina de instrumentos que enumera el documento va, en muchos casos, abiertamente en contra de las concesiones que se habrían hecho ante las autoridades europeas para apurar un acuerdo. La reacción de las entidades industriales (por la Argentina suscribe la UIA, y por Brasil la CNI, las dos centrales que redactaron la declaración) es el resultado de “un análisis del estado actual de las negociaciones” del cual se concluyó, según detallaron fuentes confiables a PáginaI12, que la propuesta de la Unión Europea de octubre de 2017 –que el Mercosur aceptó salvo en el capítulo referido a las exportaciones de carnes al Viejo Continente– “es mucho peor a la del año 2004 que se rechazó; la actual es un certificado de defunción para muchos sectores industriales”.    
La declaración que la Unión Industrial Argentina y la Confederación Nacional de la Industria de Brasil (con la firma de sus presidentes, Miguel Acevedo y Robson Braga de Andrade) compartieron con sus pares de la Unión Industrial Paraguaya y la Cámara de Industrias del Uruguay, pone el acento justamente sobre puntos en los que, se sostiene, los negociadores del Mercosur fueron cediendo en 2016 y 2017. En contraposición a lo que ya estaría acordado, las dirigencias empresarias de los cuatro países reclaman:
  • Extensión del período de desgravación de las canastas de bienes, ampliación satisfactoria de cuotas de importación por parte de la Unión Europea para bienes agroindustriales y la remoción de tarifas intracuotas para tales bienes, como parte de un “trato especial y diferenciado” a favor de la parte firmante menos desarrollada;
  • Eliminación de subsidios europeos a la producción de bienes agrícolas;
  • Aplicación de reglas y mecanismos de certificación de origen que impidan la triangulación;
  • Mantenimiento de límites al acceso al mercado de compras y contrataciones públicas como herramienta de desarrollo industrial nacional;
  • Rechazo a la extensión de las patentes y a la protección de los datos de prueba.
Además, el documento empresario hace una mención particular al requerimiento de una “cláusula de desarrollo industrial”, lo que significaría, de ser atendido el reclamo, un cambio sustancial en el encuadre del acuerdo. Dadas las asimetrías en el desarrollo de la Unión Europea y el alcanzado por los países del Mercosur, la inclusión de una cláusula de desarrollo industrial faculta a la región en desventaja (Mercosur) a proteger una nueva industria naciente u otra que acceda a un salto tecnológico importante, por ejemplo, sin estar restringida por un tratado de libre comercio que congele el desarrollo relativo de ambas partes al momento del acuerdo.
Dicho de otro modo: el tratado Mercosur-Unión Europea, en los términos en los que negocian los actuales gobiernos (el de Cambiemos, con Horacio Reyser a la cabeza), es firmar el destino de reprimarización de la economía argentina, por caso, ya que cede todas las ventajas en el intercambio comercial a la más poderosa industria europea, a cambio de un grado mínimo de participación de los productos agroganaderos propios en el mercado europeo. La inclusión de una cláusula de desarrollo industrial supondría, al menos, no aceptar esa situación como permanente.  
El planteo de las cuatro entidades industriales del Mercosur a los negociadores regionales les exige que reconozcan, explícitamente, la asimetría del tratado y que, como consecuencia de éste, habrá grandes perdedores de este lado del Atlántico, en especial entre los sectores industriales. Así planteadas las cosas, demanda que “se establezcan plazos y condiciones para que los sectores afectados negativamente puedan transformarse y continuar activos en el nuevo escenario”.
 Prácticamente desde 2016 hasta las actuales negociaciones en Asunción, la disputa entablada por los representantes del Mercosur se redujo a obtener una ampliación del cupo de exportaciones de carne a Europa, de las 70 mil toneladas ofrecidas en octubre pasado por la comisaria de Comercio de la Comisión Europea, Cecilia Malmstrom, a un escalón más alto de 99 mil toneladas. La intención de los gobiernos de Argentina y Brasil era presentar como el “gran éxito” ese resultado y a partir de ahí justificar la firma del tratado. Si no se logró fue porque la mencionada funcionaria europea no logró convencer a los gobiernos de Francia, Irlanda, Polonia, Bélgica y otros de las bondades de un tratado comercial absolutamente favorable a Europa, a cambio de una concesión poco significativa en el comercio de carnes (como se explicó en el Panorama Económico en la edición de ayer). Esos países desconocieron la propuesta que la UE presentó en octubre (70 mil toneladas) y, por supuesto, rechazan una ampliación de la cuota.
 El documento de la UIA y de sus pares de Brasil, Paraguay y Uruguay pone el punto de discusión en otro lugar, mucho más cerca de los intereses y la defensa de la producción y el empleo argentino. Por si fuera poco, cuestiona implícitamente la falta de transparencia en estas negociaciones de parte de los gobiernos de la región. Quizás el planteo llegue demasiado tarde, pero en las actuales condiciones, los gobiernos del Mercosur, en particular los de Argentina y Brasil, solamente podrían avanzar hacia la firma del tratado asumiendo que lo hacen dándole la espalda a sus respectivos sectores industriales.

viernes, 23 de febrero de 2018

El Mercosur y la Unión Europea negocian contrarreloj para anunciar el acuerdo la semana que viene. Pese al apuro de Macri, persisten las resistencias

Mercosur y UE negocian contrarreloj para anunciar acuerdo la próxima semana

 

Mercosur y UE negocian contrarreloj para anunciar acuerdo la próxima semana

La misión argentina se mostró optimista, pero pidió a sus socios y a la contraparte "visión estratégica" y "decisión política". En Europa reaparecen focos de resistencia


En el mismo sitio en el que hace 27 años se alumbró el Mercosur podría suceder en pocos días más un hito trascendental para la unión aduanera que componen la Argentina, Brasil, Uruguay y el Paraguay.

En la cuna del Tratado de Asunción se llevan a cabo por estas horas las últimas negociaciones tendientes a anunciar un acuerdo de asociación estratégica con la Unión Europea, con implicancias sustanciales, y que generan incógnitas.
El miércoles, las delegaciones del Mercosur y de la Unión Europea abrieron formalmente la ronda con la que esperan cerrar los temas pendientes y así anunciar el arribo a un "acuerdo político", que luego pasará a revisión legal y de allí al debate en los parlamentos respectivos.
El secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería y jefe de la delegación argentina, Horacio Reyser, subrayó en la apertura que esta ronda ocurre "para concluir el acuerdo" y demandó a sus socios y a la contraparte europea "visión estratégica", "decisión política" y "coraje" para sellar un tratado que, desde su perspectiva, debe ser "ambicioso y equilibrado".
Ayer, desde Madrid, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, reforzó esa posición al consideró "vital" la conclusión y observar que "por primera vez en 22 años (n. de r.: desde que se lanzó la discusión) se negocia en serio para cerrar el acuerdo".
La jefa negociadora europea, Sandra Gallina, también aclaró que su equipo viajó hasta Asunción "con el espíritu de acabar" la discusión y opinó que "la distancia no es mucha", aunque puede volverse gigante si acaso no se pone "imaginación" para cerrar la brecha. La italiana también dijo que, pese a las "muchas dificultades", hay "mucho, mucho apoyo desde diferentes capitales" del viejo continente.
Los temas pendientes, tal como presentó El Cronista, hacen al comercio de bienes, donde sudamericanos y europeos pujan por reajustar los volúmenes de las cuotas de algunos productos, entre ellos la carne, el etanol, el azúcar y el arroz. En términos industriales, Europa puja por introducir la mayor cantidad de autopartes y vehículos ensamblados con aranceles reducidos, y para ello quiere rebajar el tiempo de espera que le demandó el Mercosur para adaptar al sector.
Otros dos capítulos todavía tienen diferencias: reglas de origen y propiedad intelectual. En el primer caso, la discusión pasa por determinar con qué nivel de integración un producto puede considerarse originario de ambos bloques, y no una mera importación triangulada. En propiedad intelectual, el bloque sudamericano ya marcó que cambiará su legislación referida al resguardo de patentes. Y en paralelo, se discute acerca del ingreso de productos que chocan con las denominaciones de origen vigentes en Europa.
Mientras en el hemisferio sur avanzan las discusiones, en el norte del globo afloran señales de preocupación. El miércoles, los granjeros franceses condujeron un "tractorazo" por algunos centros urbanos y bloquearon rutas en rechazo al aumento de las importaciones mercosurianas. El presidente galo, Emmanuel Macron, debió salir a asegurarles que no permitirá el ingreso de "carne con hormonas" ni la "reducción de estándares ambientales, sociales ni sanitarios". Aunque apoyó el acuerdo y dijo que los problemas locales del sector agrícola no se deben al Mercosur.
El tratado supondrá que la Argentina pasara de tener acuerdos comerciales con el 30% del PBI mundial, un salto cualitativo respecto al 8% actual. Sin embargo, los sectores industriales ven con suma preocupación las consecuencias que pueden registrarse.

lunes, 19 de febrero de 2018

"12 razones por las que decimos NO al Acuerdo de Libre Comercio MERCOSUR – Unión Europea"

 
12 razones por las que decimos
NO al Acuerdo de Libre Comercio MERCOSUR – Unión Europea
Nuestra agricultura, nuestros bienes naturales y nuestra alimentación en riesgo inminente
1- Porque el Acuerdo ha sido negociado en forma secreta y sin consultar a la sociedad civil, los parlamentos y las organizaciones populares de los sectores que se verían afectados en nuestros países. Los únicos documentos que se han hecho públicos, que no son los definitivos y no dan cuenta de la historia de la negociación (y por ende del proceso de concesiones mutuas en su transcurso) surgieron de filtraciones, entre ellas las que difundió Greenpeace Holanda como Mercosur Leaks (http://bilaterals.org/?-eu-ftas-&lang=es).
2- Porque el Acuerdo busca beneficiar a las grandes empresas del norte y las elites agroexportadoras del Mercosur, y se lo disfraza como un “Acuerdo de Asociación” mientras la agenda en negociación entre ambos bloques incorpora los elementos más nocivos de la agenda del libre comercio, que es cada vez menos libre y trata de asuntos cada vez más amplios que los típicamente comerciales, afectando seriamente la capacidad y el margen de maniobra de los gobiernos en materia de políticas públicas para el bienestar general.
3- Las elites del Mercosur buscan con este Acuerdo fortalecer la exportación basada en la ganadería industrial y la soja. De firmarse el Acuerdo profundizará los problemas que el agronegocio ya está produciendo en la región: deforestación, expulsión de campesinos, contaminación por agrotóxicos, destrucción de las economías regionales, pérdida de Soberanía Alimentaria y creciente vulnerabilidad alimentaria. Los campesinos y campesinas y pequeños productores familiares son quienes producen la mayor parte de los alimentos en la región. El modelo impuesto por el Acuerdo impulsa el control territorial por parte del agronegocio y profundizará la violencia, criminalización y persecución que hoy sufren las comunidades campesinas en toda la región.
4- Porque nuestras semillas serán criminalizadas y privatizadas y estará prohibido su intercambio y su libre circulación. Esto ocurrirá porque en materia de Propiedad Intelectual se está negociando en todos los aspectos relativos a su regulación. En el ámbito de las semillas el texto filtrado dice “cada Parte protegerá los derechos sobre obtenciones vegetales, de conformidad con el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales adoptado en París el 2 de diciembre de 1961, revisado por última vez en Ginebra el 19 de marzo de 1991 (ACTA UPOV 1991)”. Esto significa la imposición de las Leyes Monsanto en todos nuestros países.
5- En el mismo capítulo de Propiedad Intelectual se impone la adopción del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (Tratado PCT) que promueve la facilitación del patentamiento a escala global. Esto puede significar la imposición de la posibilidad de patentes sobre la vida, cuestión que en la actualidad es rechazada por las legislaciones nacionales en el Mercosur. Asimismo, el capítulo en negociación impone nuevas restricciones a la utilización de datos de prueba en la industria farmacéutica, lo que podría repercutir en restricciones a la producción de medicamentos genéricos cercenando el derecho de acceso a la salud e imponiendo fuertes cargas a los presupuestos nacionales en materia de salud pública a partir de un encarecimiento de los fármacos disponibles.
6- Las empresas nacionales se verán desplazadas ya que el capítulo de servicios permite que las inversiones extranjeras de empresas que establezcan sus filiales en el país de la contraparte queden sujetas al tratamiento preferencial que ofrece el Acuerdo. Esto significará un retroceso pues la postura inicial de MERCOSUR era no negociar en materia de inversiones.
7- El acuerdo restringe seriamente la soberanía de nuestros países para definir programas y políticas de mayor importancia, tales como la adopción de medidas contra el cambio climático, por la seguridad y soberanía alimentaria y por el derecho de los pueblos originarios a la consulta previa e informada. Responde a una clara vocación de profundización del modelo primario exportador, la cada vez mayor adopción de compromisos que limitan la implementación de políticas a favor de la diversificación de la matriz de producción, políticas soberanas de ciencia, innovación e investigación, promoción industrial y promoción de emprendimientos alternativos y sustentables.
8- Las empresas europeas podrían acceder a las licitaciones públicas realizadas por entidades gubernamentales de la más amplia circunscripción territorial. Esto se debe a que en materia de Compras del Estado las exigencias de la Unión Europea significan en los hechos la imposición de las condiciones del Acuerdo Plurilateral de Contratación Pública de la OMC que no ha sido firmado, y por lo tanto no obliga, a ninguno de los países miembros de MERCOSUR.
9- Mientras que se declaran objetivos de promoción de la incorporación de las PYMES a las cadenas transnacionales de valor, el encuadre de la relación birregional en los estrictos esquemas del libre mercado vuelve poco creíble las ya de por sí débiles afirmaciones de carácter desarrollista. La renuncia a las compras públicas como herramientas de promoción del desarrollo productivo en sectores ¨de industria naciente¨ o de la economía social y solidaria es una señal muy negativa para las PYMES y representa una clara contradicción con los objetivos de promoción a estas unidades productivas que se proclaman.
10- Las medidas sanitarias y fitosanitarias seguirán siendo usadas por la UE para impedir el acceso de productos agropecuarios del Mercosur a su mercado, más que como herramienta legítima de protección de la salud de su población, ya que esto es lo que tradicionalmente ha hecho. Las intensas discusiones en torno al capítulo de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, reflejadas en la versión filtrada de junio de 2017 e intensificadas según fuentes en Bruselas, nos sugieren que la UE seguirá profundizando esta tendencia.
11- El capítulo sobre Empresas del Estado que ha sido incorporado por la UE a la mesa de negociación hará que los Estados se comprometen a que sus empresas funcionen bajo estrictas consideraciones comerciales, se limita la capacidad de que éstas incidan en la promoción de sectores de la producción, se menosprecia la función pública a favor del interés general que también debe expresar el Estado a través de sus empresas. Se trata de una materia que se ha venido reiterando en diversos acuerdos de libre comercio de la UE, con algunos aspectos comunes en su contenido.
12- La incorporación de un capítulo sobre comercio electrónico introduce otro frente de asimetrías en la relación birregional. La obligación de asegurar el libre flujo de datos, la protección de los códigos fuente y la permanencia de reglamentaciones nacionales lo más laxas posible para la operación de las transnacionales, son elementos estratégicos de este capítulo. Se busca congelar las condiciones de preeminencia de las grandes empresas del Norte y profundizar su capacidad de concentrar riqueza. La fijación de estos estándares no hace más que profundizar el oligopolio transnacional en la economía digital y deja poco margen para la construcción de políticas que presenten alternativas a una inserción periférica de las economías de la región en el marco de la Revolución 4.0.
Finalmente remarcamos que este acuerdo será un paso hacia un Tratado de Libre Comercio aún mas amplio que con nuevos capítulos implicará nuevas amenazas hacia nuestros pueblos.
Estos son las 12 principales motivos por los que consideramos que no puede ser aprobado el Acuerdo de Libre Comercio MERCOSUR – Unión Europea
Documento producido por la Alianza Biodiversidad integrada por
• Acción por la Biodiversidad, Argentina
• REDES – Amigos de la Tierra, Uruguay
• Grupo Semillas, Colombia
• Acción Ecológica- Ecuador
• Anamuri, Chile, por la Campaña Mundial de la Semilla de Vía Campesina América
Latina
• BASE-IS, Paraguay
• COA, Colectivo por la Autonomía, México
• CLOC-Via Campesina
• Red de Coordinación en Biodiversidad, Costa Rica,
• Centro Ecológico, Brasil
• ETC Group, México
• GRAIN, Argentina y Chile