El texto a continuación es el prólogo de Leandro Morgenfeld al nuevo libro de Claudio Katz, La crisis del sistema imperial (libro digital, Jacobin, 2023).
Este libro de Claudio Katz retoma y
actualiza sus investigaciones sobre el imperialismo, en un contexto de
aumento del desorden global y escalada de tensiones, incluso militares,
entre Estados Unidos, China y Rusia. Dialoga con un trabajo suyo
anterior, Bajo el imperio del capital
(Ediciones Luxemburg, 2011), obra fundamental en la que analiza cómo
opera el imperialismo en el siglo XXI, pero que se remonta a los
orígenes del fenómeno clásico, aquel analizado por Lenin, Kautsky,
Luxemburgo, Hilferding y Hobson. En aquella obra, Katz retomaba a esos
autores, los hacía discutir, los diseccionaba y discernía qué seguía
sirviendo y qué no de cada uno de ellos. Ya en aquel trabajo, como
también en La teoría de la dependencia 50 años después
(Batalla de ideas, 2018), la preocupación de este reconocido economista
argentino no se centraba en saldar el histórico debate sobre el
imperialismo, sino en, desde una perspectiva marxista, dilucidar hasta
qué punto y en qué sentido es válido hablar en la actualidad de este
concepto. Esa forma de abordar los problemas, retomando sin dogmatismos
debates centrales en las ciencias sociales y en el marxismo en
particular, se despliega en La crisis del sistema imperial. A diferencia de lo que ocurría hace poco más de una década, cuando el concepto de imperialismo parecía todavía marginal, hoy en día, a caballo de la guerra fría
que Estados Unidos promueve contra Rusia y China, está presente en
buena parte de las discusiones sobre geopolítica, aunque suele ser
omitido todavía por muchos de los analistas internacionales. Asistimos,
entonces, a un saludable renacimiento de los debates sobre el
imperialismo. Su sola mención, resalta el autor, explicita que los
poderes dominantes ejercen su primacía por medio de la fuerza.
Sin alusiones a la situación particular de Nuestra América, que son abordadas en otra obra de Katz de inminente publicación, Las encrucijadas de América Latina. Derecha, progresismo e izquierda en el siglo XXI (Batalla de ideas, 2023), este libro editado por Jacobin se
compone de una serie de artículos publicados entre 2021 y 2023, que van
siguiendo la compleja coyuntura global, a la vez que actualizando
debates teóricos y polemizando con distintos exponentes de la izquierda y
otras versiones.
La obra está dividida en 22 capítulos, que componen seis secciones. En la primera se define el sistema imperial,
que rige desde la segunda posguerra, y al que, insiste Katz, hay que
distinguir de su precedente clásico. El mismo tiene una dimensión
económica –confisca recursos de la periferia-, otra política –combate la
insurgencia popular- y otra geopolítica –muestra las rivalidades entre
las distintas potencias-. Los escenarios de confrontaciones bélicas
interimperialistas que sacudieron la primera mitad del siglo XX no se
repitieron en los últimos 75 años. De todas formas, más allá de que no
se haya disparado la temida tercera guerra mundial –y de que, para Katz,
hay diversas circunstancias que atenuarían esa posibilidad, al menos en
el futuro inmediato-, sí hay elementos de continuidad resaltados por
autor: el elemento coercitivo sigue siendo central. La, hasta ahora,
ausencia de confrontaciones bélicas frontales entre las potencias no
significó una disminución de los gastos militares, sino todo lo
contrario. Hay múltiples confrontaciones bélicas, que para analistas
como Gabriel Merino son parte de una guerra mundial híbrida y
fragmentada. Y tampoco se puede descartar completamente, a futuro, la
posibilidad de una confrontación bélica de escala global.
En la segunda sección del libro (capítulos
2, 3 y 4), Katz analiza uno de los temas más debatidos en la
actualidad: el declive estadounidense. Se estudia en esta parte la
recuperación imperial fallida de Estados Unidos –habiendo fracasado las
distintas estrategias impulsadas por Trump y Biden, aumentan las
fracturas internas en ese país-, la discusión entre ocaso, supremacía o
trasnacionalización y la indefinición imperial contemporánea. El autor
es prudente a la hora de hacer pronósticos, entre otros motivos porque
destaca acertadamente que no hay caminos prefijados ni tendencias
inmutables, sino que las resoluciones de las contradicciones dialécticas
tienen que ver con cambiantes correlaciones de fuerzas y,
especialmente, con la lucha social. Katz analiza los aciertos y errores
de las teorías de la sucesión hegemónica (China reemplazaría a Estados
Unidos, como antes éste reemplazó al Reino Unido) y del imperio global,
mostrando las significativas diferencias entre el actual sistema
imperial comandado por Estados Unidos y su antecedente británico. A la
hora de entender cómo funciona el sistema, se analizan los casos del alterimperialismo del Reino Unido y Francia, así como las variantes de coimperialismo que encarnan Australia, Canadá o Israel.
En la tercera parte del libro Katz empieza
a exponer un mapeo, bastante pormenorizado, de las potencias que se
encuentran orbitando por fuera del sistema imperial. Los cinco capítulos
de esa sección están dedicados al estudio de China: la rivalidad con
Estados Unidos (señalando que no es una puja entre iguales), la
situación singular del gigante asiático (no es una potencia imperial
como Estados Unidos, pero tampoco parte del Sur Global),
las disyuntivas entre el desacople y la integración a través de la Ruta
de la Seda, el debate sobre el carácter del sistema económico-social y
político imperante en China (restauración capitalista inconclusa con un
régimen político singular) y los proyectos en disputa al interior del
principal desafiante del sistema imperial. Recurriendo al concepto de desarrollo desigual y combinado,
Katz critica las miradas indulgentes sobre el gigante asiático (descree
de la posibilidad de que impulse una “mundialización inclusiva”) y pone
la lupa en los desequilibrios que ya muestra como economía desarrollada
y como un acreedor muy significativo, fundamentalmente de países
latinoamericanos y africanos. Esto sin olvidar, claro está, las
características particulares de China, con un capitalismo muy avanzado,
pero que no domina toda la economía, con una inserción internacional
singular (expansión productiva, pero con prudencia geopolítica), y con
la ausencia de neoliberalismo y financiarización, que permitió un
desarrollo acelerado en las últimas décadas, sobre la base de las
transformaciones logradas luego de la revolución de 1949.
Los cuatro capítulos de la siguiente
sección están dedicados al otro protagonista excluyente de las actuales
tensiones en el escenario global: Rusia. Katz, a diferencia de muchos
otros analistas, prefiere caracterizarla como un imperio no hegemónico en gestación.
Discute el legado de Lenin, las continuidades, reconstituciones y
rupturas desde la caída de la Unión Soviética y rebate los argumentos de
quienes, atendiendo exclusivamente cuestiones geopolíticas, tienen una
mirada benévola sobre el gobierno de Moscú. Rusia padece visibles
debilidades económicas y una inserción internacional semiperiférica,
basada básicamente en la exportación de bienes primarios (aunque también
armamento). Sin embargo, esta debilidad económica contrasta con su muy
activa intervención geopolítica externa, que incluye incursiones
militares. El actual accionar de Rusia, bajo el comando de Putin,
difiere tanto de la acción imperial zarista como de la expansión
soviética, que nunca fue imperialista. Más allá de la confrontación con
el sistema imperial encabezado por Estados Unidos y la OTAN, el actual
gobierno de Moscú, destaca el autor, está totalmente alejado del
universo progresista, con políticas que promueven los intereses de la
oligarquía, equilibran las tensiones entre chauvinistas y liberales y
atacan a las expresiones de izquierda.
La quinta parte está dedicada
íntegramente, en sus cuatro capítulos, a analizar la región que fue un
polvorín en las últimas décadas: Medio Oriente. Rescatando la categoría
de subimperialismo, se analizan los casos de Turquía, Irán y Arabia Saudita. También se analiza la acción coimperial
de Israel. La tragedia que padece esta región del planeta no se debe a
cuestiones religiosas o culturales, como pretende el aparato de
comunicación estadounidense, sino a los intentos de esa potencia de
recuperar la primacía. Las acciones del Pentágono, explica Katz, son
para controlar el petróleo, doblegar rebeliones y disuadir a los
rivales. Sin embargo, los resultados fueron negativos para Washington en
las últimas incursiones en Afganistán, Irak, Libia y Siria. La
creciente presencia económica de China en la región está alterando las
alianzas que supo construir Estados Unidos en las décadas precedentes.
En la sexta sección se abordan las
consecuencias políticas de los conflictos que atraviesa todo el sistema
imperial. Las derrotas de Estados Unidos en el Gran Oriente Medio, sin
embargo, no implican necesariamente victorias populares. Los ejemplos de
Afganistán, Irak, Libia o Siria ofrecen muestras claras de este planteo
que evita los maniqueísmos. Katz propone al antiimperialismo como la
principal brújula para posicionarse desde la izquierda ante los
conflictos. Es fundamental, argumenta, analizar cómo gravita el
protagonismo de las luchas populares a la hora de confrontar con el
sistema imperial. Ni absolutizar los alineamientos geopolíticos, ni caer
en neutralismos. Los capítulos 20 y 21 están dedicados a la guerra en
Ucrania, deslindando responsabilidades, planteando el análisis conjunto
de factores geopolíticos y de lucha de clases y autodeterminación de los
pueblos, y a la vez proponiendo cuáles podrían ser posicionamientos
adecuados para las izquierdas. Katz critica la invasión rusa (que
desconoce el derecho del pueblo ucraniano a la autodeterminación
nacional), destacando a la vez que fue causada por el accionar
imperialista de la OTAN y la política de ataques a la población rusa en
el este de Ucrania. Desde este posicionamiento, se auspician los
llamados internacionales a reiniciar urgentes negociaciones que detengan
la tragedia humanitaria provocada por la guerra.
En el último capítulo Katz responde a los
críticos de sus tesis, en particular a quienes defienden, desde una
mirada economicista y dogmática, analizar la coyuntura actual como si
fuera equivalente a la descrita por Lenin hace más de un siglo. El
escenario actual, concluye, no puede comprenderse como si fuera similar
al precedente, cuando se dio la contraposición entre imperialismos y
semicolonias.
Este libro es parte de la vasta obra de
Katz, que aborda los debates más importantes de la actualidad, desde una
perspectiva marxista, pero sin desatender los aportes de otras
corrientes de pensamiento. En la últimas dos décadas, este integrante
del EDI -Economistas de Izquierda- publicó libros sobre el fututo del
socialismo, la izquierda en América Latina, las disyuntivas entre el
ALCA, el MERCOSUR y el ALBA, la actualidad teórica de la economía
marxista, el imperialismo y la teoría de la dependencia, entre otros. El
autor realiza, siempre, exhaustivos estados de la cuestión, que
permiten orientarse incluso a quienes no sean especialistas en las
problemáticas abordadas. Ese es uno de sus grandes aciertos, que se
repite también en este libro. En cada tema, Katz organiza y presenta las
distintas corrientes y posiciones, procurando no distorsionarlas,
incluso cuando no coincide en absoluto con ellas. Este abordaje, lejos
de los dogmatismos habituales, permite al lector reconstruir sistemas de
problemas, conocer los debates más actuales e incluso arribar a
síntesis que no sean las del autor. Además, gracias a su larga
experiencia como docente y como periodista, presenta en forma sencilla y
didáctica temas y problemáticas que suelen aparecer como lejanos e
incomprensibles para el lector no especializado.
El tema específico de esta obra, la crisis
del sistema imperial, reviste un gran interés para dilucidar hacia
dónde se dirige el capitalismo y el actual (des)orden mundial. ¿Hay una
mutación en ciernes hacia un sistema multipolar? ¿La decadencia del
imperio americano es tan amplia como se estima? ¿El siglo XXI es el de
la hegemonía china? ¿Es Rusia una potencia imperial? ¿Qué pasa con los
subimperialismos? ¿Existe el Sur Global? ¿Qué rol juegan Europa,
Turquía, Irán, Irak, Arabia Saudita, Israel, Canadá o Australia? ¿Puede
haber otra guerra mundial como las del siglo pasado? ¿Qué carácter
tienen los conflictos armados de los últimos años? ¿Cómo se van a
procesar las tendencias y confrontaciones entre las principales
potencias?
Si bien en cada tema Katz explicita su
propia síntesis, en muchos casos no propone una respuesta contundente a
los interrogantes planteados. Quizás sea más fructífero, a veces,
explicar las contradicciones y las tensiones latentes. El autor es cauto
frente a los pronósticos y advierte contra las visiones encerradas en
la mera coyuntura y contra quienes pronostican permanentemente, a veces
sin fundamentos sólidos, qué tendencia va a imponerse sobre las otras.
Ya en su anterior obra sobre la temática, Bajo el imperio del capital,
Katz se alejaba tanto de las visiones ortodoxas que plantean la
continuidad de los esquemas leninistas, casi sin modificaciones, como de
las tesis globalistas que descartan sin más el problema del
imperialismo. Ni uno ni otro enfoque, sostenía, permiten comprender las
contradicciones de la actualidad. No estamos en un contexto como el que
describió Lenin, pero tampoco en un mundo en el que los Estados
nacionales estén prácticamente disueltos. El capital empuja hacia la
mundialización, pero las mediaciones estatales siguen vigentes.
Discutiendo a y con los fundadores del marxismo-leninismo, Katz no tenía
problemas en desechar hipótesis o análisis que juzga incorrectos. Puede
parecer obvio, pero la superación de un enfoque dogmático es un punto
de vista fundamental para mantener viva y útil la tradición de
pensamiento crítico en la que el autor se inscribe.
Katz no asume una posición taxativa en
muchos de los debates que plantea. No tiene ni una visión leninista ni
anti o pos-leninista. A Katz no le interesan los encasillamientos ni los
slogans,
sino poner la lupa en las tensiones, en las contradicciones
dialécticas. Es alguien a quien le importa más ver las diferencias
tendencias operando -jerarquizadamente- que arriesgar cuál se puede
imponer sobre otra. Y eso es, en parte, porque la dinámica de la lucha
social, para él un factor clave en el análisis, no es fácilmente
predecible, por no decir imposible. El sistema imperial, en crisis, no
caerá por su propio peso, sino que su suerte dependerá de las luchas
sociales.
Este libro es clave para entender la actual crisis mundial. Katz sostiene que el imperialismo contemporáneo (el sistema imperial)
es claramente distinto de su antecedente clásico, en la esfera bélica
(no hay actualmente guerras inter imperialistas), económica (creciente
mundialización del capital) y política (gestión colectiva conjunta,
liderada por Estados Unidos). Hay que destacar estos cambios, que hacen
que las contradicciones de la opresión imperial del siglo XXI no sean
las mismas que las de los albores del siglo pasado. Los enfoques
leninistas ortodoxos no registran estos cambios, mientras que los
globalistas exageran las mutaciones, descartando en la actualidad la
noción de imperialismo, en cualquiera de sus acepciones. Para Katz,
existe una tendencia a la integración de las clases burguesas, aunque
está lejos de haberse consumado la constitución de una clase dominante
global sin anclajes locales y sin mediación de los Estados nacionales.
Las nuevas organizaciones multinacionales (OTAN, ONU, OMC, FMI, G8, G20)
absorben atribuciones que en el pasado eran exclusivas de los Estados
nacionales, pero no los sustituyen. La organización militar, por
ejemplo, ya no es atributo exclusivo de cada Estado, sino que existe una
gestión mundial coordinada y jerarquizada, en la que Estados Unidos
ejerce un liderazgo singular.
Las crecientes tensiones entre Estados
Unidos, China y Rusia obligan a precisar la caracterización de la época.
Los análisis geopolíticos no deben soslayar, como orientación
fundamental para las clases populares y las izquierdas, que el foco debe
estar siempre en el apoyo a las luchas antiimperialistas. Esta obra de
Katz, entonces, puede leerse como un mapa para entender el desorden
global, desde la perspectiva que quienes quieren derrotar al sistema
imperial.