martes, 12 de junio de 2018

"La histórica cumbre entre los mandatarios de EE.UU. y Norcorea. Donald Trump y Kim Jong-un, de las bravuconadas a los abrazos". Por Julián Varsavsky

Kim Jong-un y Donald Trump se saludaron y sonrieron ante las cámaras previo a la reunión a solas.
 Kim Jong-un y Donald Trump se saludaron y sonrieron ante las cámaras previo a la reunión a solas.
La histórica cumbre entre los mandatarios de EE.UU. y Norcorea
Donald Trump y Kim Jong-un, de las bravuconadas a los abrazos
El presidente norteamericano y su par norcoreano se acercaron a un primer acuerdo que busca enfriar ese empate bélico siempre latente que fue la Guerra de Corea. Un análisis de lo que sucedería a largo plazo en el tablero geopolítico mundial.
Cuando el presidente Richard Nixon tuvo en 1972 su cordial encuentro con Mao Tse Tung en Beijing –líderes de países que se enfrentaron en la Guerra de Corea donde EE.UU evaluó usar la bomba nuclear–, el perjudicado fue el gobierno de Taiwán: China y EE.UU restablecieron lazos diplomáticos y la isla perdió su status de país –aunque no de aliado– para los norteamericanos: la China dividida en dos fue entonces una sola para EE.UU, mientras Mao movía así una ficha paralela y “proimperialista” en su disputa con la URSS. Cuatro décadas más tarde, el Gigante Rojo pasó a ser el principal tenedor de bonos del tesoro norteamericano y casi el salvador de su “adversario” durante la crisis económica mundial de 2008.
Al retirarse EE.UU de Vietnam en 1975 totalmente humillado, la división norte-sur de este país fue saldada por la guerra, no restando mucho por negociar. Bill Clinton restableció las relaciones sin mucho intercambio en la mesa de negociación, apenas veinte años después: hoy Vietnam es una sola y EE.UU es el principal cliente de las exportaciones vietnamitas.
Nada de esto había sido posible hasta ahora en la relación EE.UU-Corea del Norte, por una confluencia de fatídicos factores. A diferencia de Vietnam, la península coreana quedó dividida en dos mitades resultado de un empate. Cada polo llevó su modelo a extremos pocas veces vistos, apartándose incluso de la norma mundial. Corea del Norte devino en un pseudocomunismo de rasgos monárquicos ajenos a la teoría marxista, al tiempo que en el sur se instalaba un hipercapitalismo dictatorial –con fuerte presencia estatal en la dirección de la economía– que se radicalizó en su exigencia de eficacia y superexplotación, al punto que sus habitantes inmersos en la “sociedad del cansancio” y el “panóptico digital” –conceptos del filósofo surcoreano Byung-Chul-han–, terminaron elevando la tasa de suicidios a la más alta del mundo desarrollado: en los últimos cinco años 70.000 surcoreanos se quitaron la vida, en gran medida por estrés y soledad digital. Estos dos modelos son inconciliables hasta hoy.
¿Por qué EE.UU no tuvo con Corea del Norte el mismo pragmatismo que en China y Vietnam? El pequeño mercado norcoreano asfixiado desde afuera y sin commodities, nunca resultó tentador para la que es, todavía, la economía más grande de la tierra. Por lo tanto han seguido primando los reclamos de “democracia” y “derechos humanos”.
El otro factor que impidió hasta ahora un acuerdo de paz duradero ha sido la existencia de un régimen paranoico en un sentido estalinista en Corea del Norte. Las tres generaciones de presidentes Kim estructuraron su análisis del mundo con la lógica de lo que Byung-Chul-han caracteriza como la “sociedad inmunológica” típica de tiempos de Guerra Fría –a un lado y al otro de la Cortina de Hierro–, en la cual todo cuerpo extraño llegado desde el exterior debía ser neutralizado por el sistema defensivo en una reacción “anti-viral”. Por esto Corea del Norte se encerró sobre sí misma de manera absoluta, como lo hicieron China entre los siglos XV y XIX y Japón desde 1639 a 1853, en los tres casos por miedo a una colonización extranjera. Este sentimiento de desconfianza total conspiraba contra cualquier entendimiento con ese enemigo real que era EE.UU, el cual había reducido a cenizas cada ciudad norcoreana con bombardeos.
Lo único factible de negociar –la reunificación– era inaceptable para cada bando, en la medida en que alguna de sus dos cabezas políticas tuviese que ceder un poder imposible de compartir. Al no haber términos de intercambio, Corea del Norte y del Sur quedaron técnicamente en guerra y EE.UU también. Por esto la situación devino en ese limbo insólito, un capítulo anacrónico de la Guerra Fría. Curiosamente, lo que permitió destrabarlo fue su recalentamiento adrede: Corea del Norte se nuclearizó.
La dinastía Kim adquirió algo valioso para colocar sobre la mesa: a cambio de la desnuclearización, pidieron un pacto real y creíble de no agresión ni invasión, y el aflojamiento de las sanciones económicas. Todo esto, sin embargo, se puso en entredicho de manera intempestiva hace un mes, cuando Kim dio por cancelada su reunión con Trump. John Bolton -Consejero de Seguridad Nacional- había dicho la única palabra que no debía ni siquiera insinuar: “Libia”. Se refirió al modelo de negociación que hubo entre ese país y Occidente, resultando en la desnuclearización libia a cambio de su salida del “eje del mal”. Claro que esto devino en el asesinato de Khadafi a manos de un ejército con apoyo extranjero. El presidente de Corea del Norte, naturalmente, se sintió engañado.
El acuerdo que se venía negociando por detrás de la escena pública, necesariamente debía tener como uno de sus ejes que se le garantizara a Kim seguir en el poder, única garantía de no terminar como Muamar Khadafi o Saddam Hussein. La cumbre internacional había quedado en veremos durante tres semanas, hasta que Kim Yong-Chol –ex jefe del espionaje norcoreano– viajó a Washington con un sobre enorme, conteniendo una carta para Trump. Allí se habría reafirmado el compromiso de desnuclearizar y seguramente exigieron lo de siempre, pero de manera más creíble: garantías.
El presidente de EE.UU respondió con inusuales buenos modales: “Ellos quieren la desnuclearización; creemos que es importante. Y cometeríamos un gran error si no lo lográramos. Creo que tendremos una relación y comenzará el 12 de junio”. Y en un tweet agregó que, en apenas un minuto, se daría cuenta de si Kim miente.
Corea del Norte, para se creíble, tendrá que desmantelar el gran complejo nuclear de Nyongbyon con su reactor soviético, algo verificable incluso desde un satélite. En cambio, las plantas de enriquecimiento de uranio son más pequeñas y trasladables a alguno de los 10.000 túneles que surcan el subsuelo norcoreano. Con siete kilos de plutonio ocupando el mismo volumen que una pelota de softball, habría materia prima para una bomba atómica (o en una botella de un litro de uranio enriquecido). Inevitablemente, un acuerdo de este tipo necesita entonces de una cuota alta de confianza. Trump también exige la eliminación de los misiles intercontinentales ICBM que, en teoría, alcanzarían los EE.UU.
Donald Trump gana con este acuerdo la posibilidad de mostrarse más pacifista –hay quienes pretenden candidatearlo a Premio Nobel de la Paz–, al mismo tiempo en que acaba de romper el pacto antinuclear con un país por cierto petrolero como Irán, y restablece un enemigo histórico para sus peleas por Twitter.
  En el centro de la triada del conflicto intercontinental con base coreana confluyen dos sentimientos compartidos por todos: el deseo de evitar una guerra nuclear y un aura de suspicacia mutua. No parece vislumbrarse en el futuro la aparición de un McDonald’s junto a la Plaza Kim Il-Sung en Pyongyang, la señal previa de una posible reunificación. Los carriles por donde podría fluir el acuerdo seguramente irán en otro sentido.
Los acuerdos de la reunión en la isla-resort de Singapur no darán los resultados –al menos a mediano plazo– que tuvieron los acercamientos de EE.UU con China y Vietnam. El cambio podría ser que las dos caras del bifronte coreano que se dan la espalda, se den vuelta y comiencen a mirarse. Corea del Norte ya tiene un moderno centro de esquí y está terminando un mega resort de playa en forma de pirámide con un lago artificial, donde en algún momento podrían comenzar a llegar millones de turistas surcoreanos. En la ciudad china de Dandong –fronteriza con Norcorea– algunos sueñan con una carretera comercial que conecte China con Seúl en pocas horas, en la que Pyongyang sea una mera parada de reabastecimiento.
  Así como la ciudad de Zhezhen fue el primer experimento capitalista de la China comunista con empresarios taiwaneses, las corporaciones surcoreanas quisieran reproducir en todo Corea del Norte –sin reunificación– el modelo del complejo industrial intercoreano Kaesong que se instaló hace unos años del lado norte de la frontera, donde los sureños ponían el capital y los comunistas el trabajo, hasta que la escalada conflictiva de 2013 lo arruinó todo: allí el salario mínimo era de US$ 169 mientras que en Corea del Sur es de US$ 1470.
Hoy, resultado remoto del encuentro Nixon-Mao, China y EE.UU son competidores geopolíticos y económicos, pero también fuertes socios comerciales más allá de esa disparidad en la balanza a favor de China que molesta a Trump, interesado en traer de vuelta a casa las fábricas norteamericanas exportadas en busca de mano de obra barata. Pero grandes firmas como Apple dependen de la flexibilización laboral extrema con que somete Foxconn –firma taiwanesa ensambladora con plantas en China– a más de un millón de obreros chinos: China le hace el “trabajo sucio” a Apple sin dejar la firma de nadie, y esto le sirve al país para multiplicar su PBI. Este mismo negocio –que acerca las condiciones laborales a una idea de esclavitud moderna– podría cerrarle muy bien a firmas coreanas como Samsung, Hyundai y LG hipotéticamente instaladas en Corea del Norte, allí donde no existe derecho a reclamo alguno, hay un estado de vigilancia total y por lo tanto una mano de obra sumisa, condiciones necesarias para el desarrollo del modelo tigreasiático.
Julián Varsavsky: Coautor con Daniel Wizenberg del libro Corea, dos caras extremas de una misma nación.

lunes, 11 de junio de 2018

"FMI más aval del G7 para inducir la regresividad en Argentina y la región". Por Julio Gambina

No al FMIFMI más aval del G7 para inducir la regresividad en Argentina y la región

 
Mauricio Macri en Canadá recibió el aval del FMI y sus principales accionistas, los integrantes del G7: EEUU, Canadá, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Japón. Invitado en su calidad de coordinador del G20, el Presidente de la Argentina participó de la Cumbre de los países capitalistas desarrollados del sábado 9/6. Sin la decisión de estos países resulta impensable el acuerdo financiero entre el gobierno argentino y el organismo internacional.
El préstamo es muy superior a la relación por tenencias de Derechos Especiales de Giro (DEG) de la Argentina, lo que evidencia la voluntad política de la hegemonía capitalista mundial por sostener el rumbo del gobierno local y su papel en la región y en el mundo. El préstamo “stand by” asciende a 50.000 millones de dólares por tres años; a los que debe sumarse préstamos de otros organismos internacionales: a) del BID por 2.500 millones de dólares; b) del Banco Mundial por 1.750 millones de dólares y c) de la CAF por 1.400 millones de dólares. Suman en total 55.650 millones de dólares de nuevo endeudamiento público de la Argentina.[1] Son montos que deben adicionarse a los 232.952 millones de dólares de deuda externa registrados a diciembre del 2017 y a los 320.953 millones de dólares de deuda pública, también a fines del 2017.
De este modo, la DEUDA EXTERNA asciende ahora con estos datos a 288.602 millones de dólares, con un crecimiento del 24%. Del monto total de Deuda Externa correspondían al sector gobierno unos 142.375 millones de dólares, que ahora ascienden a 198.025 millones de dólares, con un incremento de 39%. La DEUDA PÚBLICA registra ahora un total de 376.585 millones de dólares, que si hacia fines del 2017 representaba un 57,1% del PBI, ahora puede estimarse en un crecimiento en 10 puntos, algo así como el 67% del PBI.
Los datos en sí mismo expresan la gravedad de la hipoteca a que se compromete la Argentina, lo que representará una carga dolorosa sobre el conjunto de la sociedad, especialmente los sectores de menos ingresos.

¿Por qué tamaño apoyo financiero y político del poder mundial?

Asistimos a un momento de reordenamiento del orden mundial y vale como anécdota el final de la Cumbre del G7 en Quebec, con un Donald Trump desairando el cónclave con críticas al anfitrión, el titular del gobierno de Canadá, con acusaciones de falsedad y rechazando la suscripción del documento final.
Tuiteó el Presidente de EEUU: “El primer ministro Justin Trudeau de Canadá ha actuado de forma mansa durante las reuniones del G-7 sólo para poder dar una rueda de prensa después de que yo me fuera, en la que poder decir que los aranceles de Estados Unidos son insultantes y que “no dejará que le manejen”. Deshonesto y débil. Nuestros aranceles son una respuesta a sus impuestos del 270% en los lácteos”[2]
No hay acuerdo mundial sobre cómo superar los problemas actuales del orden global y la potencia hegemónica gobernada por Trump desarma toda la racionalidad de la mundialización construida por cinco décadas. EEUU reclama volver a discutir el orden mundial y para eso retoma concepciones proteccionistas y reposicionarse como principal beneficiario del capitalismo en tiempos de la transnacionalización. Claro que Europa no acepta mansamente un papel subordinado, como tampoco el asignado al vecino Canadá. Ni hablar de China, que no integra el G7, pero que sus políticas intervienen en la nueva geopolítica del sistema mundial, más aún con sus renovadas y crecientes relaciones con Rusia y otros países, las que afectan la estrategia imperialista.
En ese marco se destaca el rumbo asumido por Nuestramérica durante los tres primeros lustros del Siglo XXI. El territorio que fuera el ensayo de las políticas neoliberales en los primeros años de la década del setenta del siglo pasado, se constituyó en el laboratorio de crítica e intentos de cambios de esa estrategia desde el inicio del presente siglo.
Solo a modo de ejemplo consignemos la perdida de funciones de la OEA, quien no hace mucho solicitaba el reingreso de Cuba luego de la expulsión de comienzos de los sesenta y que ahora, el organismo dependiente de la política exterior estadounidense promueve con variadas complicidades en la región la expulsión de Venezuela.
Fue un golpe para la estrategia de la transnacionalización de la economía, la liberalización y libre movimiento de capitales, mercancías y servicios, la nueva concepción de integración alternativa propuesta desde la región y que pretendía coronarse con la CELAC. El aislamiento de EEUU en la región no podía permitirse y mucho menos la disputa global a manos de China o de un poder compartido con los socios europeos, mucho menos si algunos empezaban a proclamar el objetivo socialista. La voz de mando apuntaba entonces a retrotraer la situación al auge de las políticas de apertura y subordinación sustentadas en los años 90, los del Consenso de Washington.
Ese es el marco para los golpes blandos en la región, sea Honduras, Paraguay o Brasil, como las “guarimbas” en Venezuela que pretenden instalarse contra cualquier intento de confrontar con la lógica capitalista dominante.
Por eso la importancia de la Argentina, que por primera vez en su historia constitucional un gobierno con programa explícito de derecha asume por el voto de su población. En el imaginario del poder mundial, sea el FMI o el G7 (aun con sus diferencias) Macri expresa la posibilidad de restaurar un rumbo amigable a las inversiones y las necesidades del gran capital, y no solo para la Argentina.
No es un dato menor que Buenos Aires haya sido sede de la 11° Ministerial de la OMC en noviembre del 2017 y reciba la cumbre del G20 en noviembre y diciembre próximos, en el marco de la coordinación del ámbito durante el 2018.
Hay discusión sobre el orden mundial y Nuestramérica ofreció una perspectiva de cambio social que motivó a otras experiencias similares en otras latitudes, en Europa o el Norte de África.
Ese proceso de cambio político se mantiene abierto no solo en expresiones gubernamentales, sino en la memoria viva de los movimientos populares en la región. Es una realidad que convoca a las clases dominantes a desplegar una enorme iniciativa y con fondos suficientes para revertir ese clima de época crítico al neoliberalismo y/o al capitalismo para recuperar la ofensiva capitalista cuestionada.
No exageramos si decimos que el papel de la OEA y del FMI, organizaciones deslegitimadas y con pérdida de funciones en los últimos tiempos, renuevan su papel para subordinar a Nuestramérica en la lógica de acumulación capitalista, aún en tiempos de turbulencias y desorden en la disputa por la hegemonía.
El gobierno argentino incorpora lo propio en este programa, que suena muy bien en las expectativas de los capitales dominantes, caso de las reformas estructurales en materia laboral y previsional.
La ganancia gran empresaria exige bajar costos de producción y entre ellos el gasto social que suponen las jubilaciones y pensiones en momentos de crecimiento de la posibilidad de vida. El envejecimiento de la sociedad es un problema para los inversores capitalistas, ya que la longevidad compite con la apropiación del excedente económico. Ni hablar de los derechos laborales que resienten las mejoras de ganancias, móvil esencial del régimen del capital.

La letra chica del “stand by”

La información ofrecida es sobre metas globales y aún falta conocer el impacto concreto del ajuste comprometido a cambio del préstamo a desembolsar, que por ahora serán solo 15.000 millones de dólares. El resto se desembolsará en la medida que sea necesario, dice el Ministro de Finanzas”[3] y que se cumplan los acuerdos para bajar el déficit fiscal y la inflación, según sostiene el acuerdo firmado con el FMI.
Por lo pronto, en las metas se establece un recorte del déficit fiscal por 20.000 millones de dólares entre 2018 y 2021. Podemos imaginar que el achique afectará al gasto social, sea en presupuesto asignada a salarios y empleos en el Estado, tal como se deduce de las medidas en curso, sean el congelamiento de la planta de personal o la política de “retiros voluntarios”. No debería sorprender que educación o salud sufran reducciones o congelamientos, tal como sugiere la política presupuestaria hacia las universidades públicas o al sistema educativo en general. En el mismo sentido puede pensarse en restricciones a la salud pública.
El Ministro de Finanzas anticipa que este respaldo servirá para resolver las necesidades de financiamiento más allá de la gestión y en efecto, en 18 meses termina el gobierno Macri y el acuerdo es por 36 meses, comprometiendo a la futura gestión, que podrá ser o no del mismo signo y sesgo político.
Se pretende utilizar unos 20.000 millones de dólares para cancelar parte del stock de LEBAC que registra en su cuenta el BCRA. Si el stock es de unos 46.000 millones de dólares, el gobierno pretende morigerar el efecto de esa bomba reduciéndola a un poco menos de la mitad. Para eso, ofrecerá nuevos instrumentos y activos financieros para inducir un canje de tenencias de deuda en pesos a corto plazo por vencimientos más largos en títulos que serán muy atractivos para esos inversores especulativos.
Resulta grave la consideración de todos los temas, ya que la hipoteca en dólares hace imprevisible nuestro futuro cercano y de mediano plazo. El dólar cerró la semana en 26 pesos por unidad de dólar y nadie puede prever su evolución, con impacto en el conjunto de los precios de la economía. La inflación continuará siendo una incógnita y un modo de redistribución regresiva del ingreso en la Argentina.
Las metas de inflación del 2018 saltaron por el aire. Ya no son del 10% o del 15% tal como se corrigieron y el anuncio remite a 17% en el 2019. Ver para creer podríamos decir, ya que no existen fundamentos que avalen la seriedad de los nuevos pronósticos, mientras el dólar sube, como los combustibles o las tarifas, los alimentos y todo aquello que hace a la calidad de vida de la población.

Contentos y amargados como el tango “Cambalache”

El poder está conforme y avala, los grandes empresarios también y se explica con subas en la Bolsa y mayores valorizaciones de las empresas cotizantes en las Bolsas. Los especuladores reciben noticias de nuevos y renovados instrumentos para apostar con sus colocaciones. Los acreedores cobran e incluso diversifican sus carteras. Los que pueden trasladan a precios y suman ganancias en sus balances, con posibilidad de remitir utilidades al exterior si fuera ello necesario, o incluso fugar capitales ahora que las reservas internacionales serán reconstituidas y acrecentadas con préstamo de organismos internacionales.
En lo ideológico programático, los principales comunicadores y operadores afines al sistema y al gobierno, o a la oposición que disputa el gobierno de una política similar, explican que no había otro camino y menos mal que se actuó con rapidez. Al mismo tiempo, desestiman la crítica porque no imaginan la viabilidad de una política alternativa.
Los perjudicados son la mayoría de la población, sea por el AJUSTE fiscal que como señalamos afectará al gasto social, como por las REFORMAS ESTRUCTURALES que se anuncian, especialmente las reformas laborales y previsionales.
En la estrategia oficial se incluye la contención o represión del conflicto social y para eso, al mismo tiempo que anunciaba el acuerdo con el FMI convocaba a la CGT para sacarla del paro general. La CGT hablaba de convocar a Paro y que solo restaba definir la fecha, sobre todo luego del veto a la legislación que establecía límites al tarifazo. Con las negociaciones entre gobierno y la cúpula sindical de la CGT la medida de fuerza fue postergada.
La realidad de protesta social y el descontento está más allá de lo que expresa la dirección del sindicalismo tradicional y por eso desde las CTAs emergió la convocatoria al Paro General para el jueves 14/06, con movilización. Es una medida convergente con las suscitadas por otras organizaciones sindicales, entre ellos el Sindicato de Camioneros o la Corriente Federal que lideran los bancarios.
Están echadas las cartas y las iniciativas políticas confrontan. Por un lado la coherencia, aun con contradicciones y matices del poder local y mundial, “los beneficiarios”; y por otro, en el campo de “los perjudicados”, con mucha fragmentación, la dinámica de descontento y protesta que busca canales de articulación para constituirse en opción y disputar poder.
Claro que hace falta mucha argumentación para la socialización de caminos alternativos a los del poder. No se trata de recuperar programas que imaginan reformas en el marco capitalista, que es como es y no como algunos imaginan que podría ser.
El imaginario por el anticapitalismo se nutre de la subjetividad consciente, pero también de experiencias que en el presente anticipan el futuro de organización de la sociedad más allá de la búsqueda de la ganancia y en una perspectiva de satisfacción de necesidades sociales.

Buenos Aires, 10 de junio de 2018

[1] Información obtenida del Ministerio de Finanzas de la República Argentina. En: https://www.argentina.gob.ar/finanzas (consultado el 10/06/2018
[2] Trump rompe el 'acuerdo de mínimos’ del G7 e insulta a Trudeau. Redacción ElHuffPost del 10/06/2018. En: https://www.huffingtonpost.es/2018/06/10/trump-rompe-el-acuerdo-de-minimos-del-g7-e-insulta-a-trudeau_a_23455206/ (consultado el 10/06/2018)
[3] Finanzas explicó el acuerdo con el FMI al mercado local e internacional. En: https://www.argentina.gob.ar/noticias/finanzas-explico-el-acuerdo-con-el-fmi-al-mercado-local-e-internacional-0 (publicado el 8/6 y consultado el 10/6/2018)

El trompazo de Trump al mundo


EE.UU. llama traidor al premier de Canadá y “socialista” al comunicado final


El presidente de EE.UU., Donald Trump, estrechando la mano del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, el sábado, durante la cumbre (Evan Vucci / AP)
Difícilmente Valéry Giscard D’Estaign podía imaginarse, cuando creó las reuniones de las siete mayores potencias democráticas del mundo, en plena crisis petrolera, que su 44.º edición terminaría con el representante de Estados Unidos dando un portazo y fulminando con un tuit la firma que horas antes había estampado en el comunicado final, pero es así como acabó la reunión del G-7 en Canadá.
Furioso porque los demás líderes ofrecieran una versión del acto distinta de la suya, Donald Trump se retractó de los acuerdos firmados, calificó de “deshonesto y débil” al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, por sus declaraciones a la prensa y anunció aranceles para los vehículos de importación.

La oficina de Macron critica la “incoherencia e inconsistencia” estadounidense

“Hay un lugar en el infierno para cualquier líder extranjero que hace diplomacia con mala fe con el presidente Donald J. Trump y luego le da una puñalada en la espalda en cuanto se va por la puerta”, declaró ayer el consejero de la Casa Blanca sobre Comercio, Peter Navarro. Trump, adujo, “le había hecho un favor” al ir a Quebec a pesar de tener “cosas mejores que hacer” y firmando “ese comunicado socialista” que el G-7 logró pactar a duras penas. “Este es uno de los mayores errores de cálculo de un líder de Canadá en la historia moderna”, aseveró Navarro en la televisión Fox News. También Larry Kudlow, asesor económico de Trump, acusó en la CNN a Trudeau de “traición” y dijo que el presidente no podía permitir que le debilitaran ante la cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong Un.
Los líderes europeos demostraron este G-7 que también ellos saben usar las redes sociales, si bien de forma más sutil que Trump. La delegación alemana ganó la batalla de la comunicación con la difusión el sábado de una foto en que se ve al presidente sentado con cara de pocos amigos y rodeado por el resto de los miembros del G-7 mientras Angela Merkel le interpela. El portavoz Steffen Seibert, autor del tuit, subrayó ayer que “Alemania man­tie­ne su adhesión al comunicado acordado”. Pero más duro fue el ministro de Exteriores, Heiko Maas, al decir que “una cantidad extraordinaria de confianza puede quedar rápidamente destruida con un tuit. Por eso es tan importante que Europa se mantenga unida y defienda sus intereses aún más agresivamente”. Sin ir al detalle, un portavoz de la primera ministra británica, Theresa May, dijo a Efe que “seguimos comprometidos con el acuerdo recogido en el comunicado”.

“Es importante que Europa defienda sus intereses aún más agresivamente”

El mensaje de aislamiento de Trump en la escena internacional estaba claro. Los asesores de la Casa Blanca distribuyeron sus propias fotos, menos dramáticas que la del portavoz de Merkel, mientras el Elíseo publicaba su versión de las discusiones con el líder francés en primera línea. Macron supo del tuit de Trump justo cuando abordaba su avión de regreso. Su oficina criticó la “incoherencia e inconsistencia” de la actitud estadounidense.
Fue Emmanuel Macron quien llevó la voz cantante en las discusiones sobre comercio el viernes. “Estaba pactado así, se había preparado muy bien y mantuvo una auténtica discusión con Trump, con ejemplos concretos” sobre cosas que este ha dicho y no son ciertas o carecen de lógica económica, explicaron a este diario fuentes diplomáticas europeas desde Quebec. “En un formato así no puedes ignorar sin más los argumentos, y diría que Trump quedó algo desestabilizado”, aseguraron las fuentes. “Nuestras discusiones han permitido restablecer la verdad sobre los intercambios comerciales entre Europa y EE.UU.”, tuiteó victorioso Macron el sábado.
Ese día, tras un duro tira y afloja, EE.UU. firmó el comunicado final del G-7, un texto que rechaza el proteccionismo y aboga por resolver las disputas comerciales por vías legales. Unas horas después, Trump se desmarcó del documento aunque ya estaba firmado. Antes de abandonar la cumbre había hecho una lectura exultante de sus discusiones con los otros líderes del G-7 que se desmoronó cuando estos dieron su propia versión de los hechos y expresaron sus opiniones.
Trump tiene una curiosa concepción de la diplomacia que mezcla las relaciones personales con la política. Su enfado con Trudeau se debe en parte a que este negó que Canadá esté a punto de firmar una revisión del Tratado de Libre Comercio de las Américas que expire a los cinco años, como había dicho Trump. O a que discrepara, como Macron, de que las importaciones de acero y aluminio de Canadá y la UE sean una “amenaza para la seguridad de EE.UU.”, el supuesto al que se ha acogido para aprobar los aranceles sin consultar al Congreso.
Más allá de los roces personales, que Europa, Canadá y México vayan a responder a EE.UU. subiendo los aranceles a algunos de sus productos irrita mucho a Trump. “Siempre decían que eso no iba a ocurrir”, recordó ayer el presentador de la Fox a Peter Navarro.

jueves, 7 de junio de 2018

Invitación Taller: "G20 en Argentina: Futuro del Trabajo y La Ciudad del Futuro" (martes 12/6)

Lxs invitamos a nuestro próximo taller formativo el martes 12/6 a las 18.00 en Pichincha 674 sobre "G20 en Argentina: Futuro del Trabajo y Urban 20: La Ciudad del Futuro"

En esta oportunidad nos preguntaremos:¿Qué y quiénes son los G20?¿Qué debaten y qué consecuencias tienen para los pueblos?¿Que son los grupos de afinidad que supuestamente representan a la sociedad civil?¿Cómo se prepara el gobierno argentino para los días de la cumbre...y cómo nosotrxs?
Convocan: Asamblea Argentina Mejor sin TLC, CTEP Capital, Movimiento Popular la Dignidad, Observatorio por el Derecho a la Ciudad, Movimiento Emancipador

miércoles, 6 de junio de 2018

Lo que hay detrás del partido de la Selección en Jerusalem. Jorge Elbaum: “Macri se siente cómodo con Netanyahu y Trump y no con Evo Morales y Maduro. En lugar de alinearse con quienes quieren la unidad de Latinoamérica, prefiere alinearse con los sectores más belicistas del mundo”



Jorge Elbaum: “La decisión de Macri de comprarle armas a Israel supone un pacto geopolítico”

La suspensión del partido entre Argentina e Israel dejó al descubierto una trama de alineamientos geopolíticos que incluyen el negocio de la compra de armas y software de espionaje, como así también el posible traslado de la embajada argentina a Jerusalén.
Este martes se informó la suspensión del partido que el sábado 9 de junio jugarían las selecciones de Argentina e Israel como parte de la preparación para el Mundial de Fútbol que se desarrollará en Rusia. El encuentro, que originalmente se iba a realizar en la ciudad israelí de Haifa, había sido trasladado a Jerusalén, que es parte del territorio en disputa con el Estado de Palestina. La decisión de jugar el partido en la Ciudad Santa iba en línea con la medida que tomó el presidente norteamericano, Donald Trump, al trasladar la embajada de su país a Jerusalén y reconocer esa ciudad como la capital de Israel –medida que va contra lo que manda el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas–.
La política exterior del gobierno de Mauricio Macri se ha basado en un alineamiento total con las posturas de Estados Unidos, el Reino Unido e Israel. Este nuevo posicionamiento geopolítico de Argentina también ha implicado que el gobierno de cambiemos haya puesto gran parte del armado de su seguridad en manos de Israel, sus servicios de inteligencia y el negocio de la compra de armas.
Contexto dialogó con Jorge Elbaum, periodista, sociólogo y presidente del Llamamiento Argentino Judío, quien explicó la alineación geopolítica en la que el gobierno de Macri ha decidido poner a Argentina.
– Usted denunció que el precio que Argentina pagó las lanchas que le compró recientemente a Israel para seguridad es realmente excesivo.
– Las lanchas que se han comprado tienen sobreprecio indudable y es probable que también lo tenga el software para seguridad interior que se ha adquirido y del que no hay información. A futuro habrá que ver quién se quedó con ese sobreprecio.
Elbaum: “Macri se siente cómodo con Netanyahu y Trump y no con Evo Morales y Maduro. En lugar de alinearse con quienes quieren la unidad de Latinoamérica, prefiere alinearse con los sectores más belicistas del mundo”.
– ¿Por qué Argentina compra este tipo de material a Israel, un gobierno que, como usted ha señalado, siempre ha votado contra el reclamo argentino por la soberanía de Malvinas?
– En este tema también entra en juego el aspecto geopolítico. Uno no le compra armas a cualquiera, sino a aquel con el que uno pretende tener un nivel de confianza estratégicá. La decisión de Macri de comprarle armas a Israel supone un pacto geopolítico. Macri se siente cómodo con Netanyahu y Trump y no con Evo Morales y Maduro. En lugar de alinearse con quienes quieren la unidad de Latinoamérica, prefiere alinearse con los sectores más belicistas del mundo.
– Parece extraño pensar que un partido de fútbol, como el que iban a jugar la selección de Argentina y la de Israel, sea parte de ese alineamiento.
– El partido original se iba a jugar en Haifa, pero después se cambió a Jerusalén, que es una ciudad que ha sido anexada contra el derecho internacional. Jerusalén iba a ser capital de dos países, pero Israel pretende que sea únicamente suya, que sea indivisible. En ese marco, Estados Unidos ha contribuido a la provocación contra los palestinos al disponer que su embajada esté en Jerusalén.
– Algunos señalan que Argentina podría seguir los pasos de Guatemala y Paraguay al alinearse a la postura de Estados Unidos y trasladar, también, su embajada a Jerusalén. ¿Usted cree que esto es posible?
– Lamentablemente, es lo que puede esperarse de Macri y de su alineamiento internacional con los sectores más reaccionarios.

lunes, 4 de junio de 2018

"Argentina cortejando a Washington" y "Sobre la doctrina de inseguridad nacional" (Tokatlian)

Los presidentes de Argentina y Estados Unidos, Mauricio Macri y Donald Trump, estrechan sus manos en julio de 2017, durante la reunión del G20 en Hamburgo, Alemania (AFP).

Argentina cortejando a Washington

Por Juan Gabriel Tokatlian (Clarín)

Llama la atención el silencio de la Cancillería argentina frente a acciones polémicas de parte de Estados Unidos, como el abandono del acuerdo nuclear con Irán o el lanzamiento de la "madre de todas las bombas" en Afganistán. ¿Se evita irritar a la Casa Blanca?

La administración de Cambiemos ha desplegado una política de acercamiento a Estados Unidos que transitó dos etapas: una primera, bajo la gestión de la canciller Susana Malcorra, con señales nítidas de aproximación, cautelosa y sin sobreactuación y una segunda, desde mediados de 2017, que he llamado unilateralismo periférico concesivo; es decir, hacer concesiones al poderoso para salvaguardar los intereses propios. Si la primera etapa tuvo tintes pragmáticos, la actual es más ideológica.
Un modo de analizar la política exterior de un gobierno consiste en evaluar sus votaciones y pronunciamientos y revisar los datos y acciones.
Por ejemplo, anualmente el Departamento de Estado publica un informe sobre votaciones en la ONU señalando las coincidencias de los países con Washington, tanto en términos del total de resoluciones como de las que Estados Unidos considera las más importantes.
Jorge Faurie, Argentina's foreign affairs minister, listens during a press conference at the G20 Summit in Buenos Aires, Argentina, on Monday, May 21, 2018. The G20 Meeting of Foreign Affairs Ministers is the third ministerial meeting of the G20 Argentina summit, bring together foreign ministers to discuss and debate issues on the international agenda. Photographer: Erica Canepa/Bloomberg
El ministro argentino de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie (Erica Canepa/Bloomberg).
En 2016 (gobierno Obama), Argentina coincidió con Estados Unidos en 52,6% de las votaciones, igual que Chile; Uruguay en 52,1% y Brasil en 56,5%. En 2017 (gobierno Trump), la Argentina coincidió con Estados Unidos en 59%, Uruguay en 47% y Brasil y Chile en 44%.
Una fuente adicional para ponderar las relaciones bilaterales es examinar los comunicados de la Cancillería. En el último año, el Ministerio se manifestó enfáticamente y deploró el gravísimo deterioro en Venezuela, las pruebas misilísticas y nucleares de Corea del Norte, los atentados terroristas en Estados Unidos, Europa, Asia y África, la tragedia humanitaria en Siria y el uso de armas químicas.
Sin embargo, salvo por una comunicación que lamenta el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París y otra que se preocupa por la construcción del muro con México, no hubo desaprobación o crítica al abandono unilateral del compromiso del P5 + 1 con Irán, al lanzamiento de la “madre de todas las bombas” en Afganistán, al traslado de su embajada a Jerusalén en medio de exacerbadas tensiones en Medio Oriente, a la reversión del proceso de normalización con Cuba, a Arabia Saudita -receptor de un masivo suministro de armas de Estados Unidos-, que ha aplicado una política brutal en Yemen; al mayor debilitamiento de la ONU impulsado por Washington y a la detención del programa de refugio para menores centroamericanos, entre otros.
La intención parece ser no irritar a Estados Unidos, a pesar de que muchas de sus acciones riñen con el derecho internacional, la estabilidad mundial y los vínculos interamericanos.
La Argentina continúa con serias dificultades de acceso al mercado estadounidense. En el primer trimestre de 2017 el déficit comercial del país fue de US$ 1.113 millones y para el mismo período en 2018 fue de US$ 1.064: prácticamente ninguna variación.
El Ejecutivo conoció el año pasado la dureza de Washington, que aumentó los aranceles para el biodiesel, y debió aceptar que en 2018 se le aplicaran cuotas a la venta de acero y aluminio: 180.000 toneladas para el acero (en 2017 la Argentina le exportó a Estados Unidos 200.000 toneladas) y 180.000 toneladas para el aluminio (en 2017 las exportaciones llegaron a 260.000 toneladas).
El Ministerio de Seguridad procuró la presencia de más funcionarios de la DEA y aumentó la colaboración con el FBI en lo que hace al desarrollo de “centros de fusión de inteligencia”.
La mayor y estrecha colaboración bilateral no impidió que en el informe del Departamento de Estado de 2018 en materia anti-narcóticos se subrayaran las deficiencias de la Justicia, en el campo del control del lavado de activos y en el uso de jurisdicciones off-shore para actividades criminales.
Al parecer el nuevo embajador estadounidense, Edward Prado, está interesado en “fortalecer la confianza de la gente” en la justicia argentina; algo poco usual que convendrá seguir en detalle.
Edward Prado, embajador de Estados Unidos en la Argentina, y fanático de Manu Ginóbili.
Edward Prado, embajador de Estados Unidos en la Argentina.
En el ámbito militar ha habido un intento de mejorar los lazos. En marzo de 2018 el Comandante de la Cuarta Flota (creada en 1942, disuelta en 1950 y restablecida en 2008), Sean Buck, visitó Puerto Belgrano, en el marco de lo que se conoce como Maritime Staff Talks y en el que, de acuerdo con el comunicado del Comando Sur, se trató el “respaldo a la estrategia naval global de Estados Unidos”.
Sin embargo, y como señalaron Benjamin Gedan y Kathy Lui en una nota reciente del Argentine Project del Wilson Center, ubicado en Washington, “por el momento, la Argentina carece de las capacidades para proteger sus fronteras y mucho menos resumir su contribución a la seguridad global”.
La eventual intensa relación militar no subsana los severos problemas internos que enfrenta el país en el terreno de su política de defensa y respecto a las fuerzas armadas.
Habrá que ver qué sucede con las relaciones argentino-estadounidenses después del acuerdo con el FMI: sería disfuncional para la Argentina hacer concesiones políticas en temas estratégicos. La debilidad coyuntural no debería conducir a cesiones de impacto estructural negativo para los intereses nacionales.

* Juan Gabriel Tokatlian es profesor plenario Universidad Torcuato Di Tella

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Sobre la doctrina de inseguridad nacional

El presidente Mauricio Macri afirmó en el Día del Ejército: “Necesitamos Fuerzas Armadas que dediquen mayores esfuerzos en colaboración con otras áreas del Estado, brindando apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y desafíos actuales”. Su aserción parece preanunciar un eventual decreto en el que se explicitaría la decisión política de comenzar a desmantelar el consenso sociopolítico existente desde la recuperación de la democracia respecto a la estricta separación entre defensa y seguridad interior. El pronunciamiento del mandatario generará posiblemente reacciones de diverso tipo.
En este caso me quiero concentrar en la expresión “amenazas y desafíos actuales”. ¿A qué parece apuntar ello? ¿En qué matriz interpretativa se puede inscribir esa referencia? ¿Qué vínculo podría tener dicha expresión en el contexto de las relaciones interamericanas? A mi modo ver, la respuesta a dichos interrogantes exige detenerse, inicialmente, en Estados Unidos y la llamada grand strategy como punto de partida y su evolución en el tiempo. Washington la ha ido modificando y actualizando. Lo anterior conduce a reconocer el macro nivel global y la especificidad continental en los que se ha ido expresando la “gran estrategia” estadounidense.
Durante la Guerra Fría Washington desplegó, en el terreno inter-estatal, la estrategia de la contención. En aquel período era fundamental frenar la expansión de la Unión Soviética y, de ser factible, revertir tanto su proyección de poder en la periferia (en clave de época, el Tercer Mundo) como la afirmación de su área de influencia (esto es, Europa oriental). En el campo no estatal y, en particular, en las naciones periféricas y de modo directo o indirecto, Washington recurrió a la contra-insurgencia: una modalidad de confrontación destinada a socavar la legitimidad del oponente armado (por ejemplo, los grupos guerrilleros y los movimientos de liberación nacional), interrumpir el acceso a recursos para impedirles librar su lucha, debilitar las oportunidades políticas del adversario y lograr adhesión social (por ejemplo, en áreas rurales y centros urbanos).
La principal doctrina militar que primó fue la disuasión; esto es, dejarle en claro a la URSS que los costos de atacar a Europa occidental y de usar armas nucleares contra Estados Unidos y sus aliados serían exorbitantes pues la respuesta de Washington sería aniquiladora. La dinámica de la “destrucción mutua asegurada” subyacía a una doctrina que tenía su espejo en el mismo tipo de mensaje que Moscú le enviaba a Estados Unidos.
La estrategia y la doctrina señaladas eran acompañadas en el terreno diplomático por el establecimiento de firmes alianzas político-militares. La Organización del Tratado del Atlántico Norte, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y el Tratado Anzus (Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos), entre otros compromisos, fueron, bajo la premisa de la bipolaridad, los acuerdos que aseguraban el mantenimiento de las zonas de influencia de Washington y su proyección internacional de poder.
Ahora bien, en el ámbito latinoamericano la grand strategy estadounidense remitía a una doctrina subalterna. La eventual y definitiva confrontación Este-Oeste tenía unos protagonistas principales (Estados Unidos y Europa occidental por un lado, y la Unión Soviética y Europa oriental, por el otro), mientras que las fuerzas armadas de Latinoamérica no eran contempladas como un actor decisivo en el hipotético combate directo contra la URSS. El papel de los militares latinoamericanos era, en términos de la gran estrategia de Washington, prioritariamente doméstico: luchar y doblegar al “enemigo interno” –el “comunismo” local– que era concebido como la extensión en la región del expansionismo soviético. En ese marco, la contra-insurgencia era, en lo doméstico, la estrategia principal de las fuerzas armadas. Para ello se contaba con el respaldo de Estados Unidos y, si fuere del caso, con su participación. Lo anterior se inscribía en una doctrina subalterna: la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN).
En la inmediata Posguerra Fría se mantuvo, respecto de la estrategia, la contención tanto frente a un potencial resurgimiento de Rusia como ante el emergente poder de China. Persistió la disuasión como doctrina en relación a contra-partes estatales, mientras se recurrió a respuestas misilísticas contra actores no estatales en respuesta a actos terroristas contra intereses estadounidenses en el extranjero. No hubo cambios diplomáticos en cuanto al sistema de alianzas: Washington tuvo un comportamiento internacional en el que combinó multilateralismo episódico y unilateralismo recurrente.
En cuanto a la lógica subalterna se produjo, después del colapso soviético y del desmoronamiento del comunismo en Europa oriental, la configuración-en especial desde Estados Unidos –del denominado fenómeno de las “nuevas amenazas” (narcotráfico, terrorismo, crimen organizado, etc.)–. Se entiende que las mismas constituyen, en palabras de Marcelo Saín, “el conjunto de riesgos y situaciones conflictivas no tradicionales, esto es; no generadas por los conflictos interestatales derivados de diferendos limítrofes-territoriales o de competencia por el dominio estratégico”.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos fueron de enorme trascendencia e impacto y dieron paso a una redefinición de su grand strategy. En ese sentido, la nueva estrategia se orientó hacia la primacía; es decir, Washington no estaba (ni está) dispuesto a tolerar, ni en el campo militar ni el político, a ningún competidor internacional de igual talla (peer competitor), fuese este un viejo rival (Rusia) o un nuevo oponente (China). No se trataba de un asunto de (buena o mala) voluntad o de ideología (conservadora o liberal), sino de un empuje derivado, en buena medida, de la elocuente disparidad de poder existente en el sistema mundial. La estrategia de primacía suponía (y supone) que los intereses vitales estadounidense no estarían suficientemente protegidos con un esquema multilateral de reglas y acuerdos. En cuanto a los actores no estatales, a la proverbial contra-insurgencia anteriormente mencionada se sumó el contra-terrorismo que se caracteriza por atacar militarmente a un oponente que se considera criminal y letal (por lo tanto, no sujeto a reconocimiento político) y por desplegar acciones coercitivas de distinto tipo sobre determinados grupos terroristas (preferentemente islámicos), sus eventuales aliados estatales, sus redes de sostén material y sus refugios.
En cuanto a la doctrina, la disuasión continuó siendo la columna vertebral en materia militar. En el apogeo de lo que se presumía como una condición unipolar perdurable Washington estaba encaminado hacia una política de preponderancia incuestionable. Una novedad posterior a los atentados de septiembre de 2001 fue la incorporación de la doctrina de la “guerra preventiva”. La misma apunta a mostrar que Estados Unidos se arroga el poder de usar su poderío bélico contra un país, independientemente de que este se disponga a atacar de manera inminente a Estados Unidos y sin tener en cuenta la evidencia cierta para legitimar, al menos parcialmente, el recurso al instrumento militar en las relaciones internacionales.
Asimismo, las alianzas sólidas del pasado se superponen en unos casos, y se sustituyen en otros, en tanto instrumentos diplomáticos de respaldo y compromiso político-militar, por coaliciones ad hoc (las llamadas coalitions of the willing), lo que supone que sólo Washington fija la misión y luego establece la coalición para llevarlas a efecto (como ha ocurrido en Irak o contra el Estado islámico).
Finalmente, la lógica subalterna que se ha ido consolidando en gran parte de América Latina en el marco de una redefinición de la grand strategy estadounidense ha sido la de las aludidas “nuevas amenazas”. Las mismas son múltiples, entrelazadas y letales. Esa proliferación de peligros entrecruzados se nutre de la ausencia y/o captura parcial del Estado y, en consecuencia, requiere de un rol activo de las fuerzas armadas para hacerle frente, borrando así las diferencias entre seguridad interna y defensa externa. Eso remite a lo que llamo una Doctrina de Inseguridad Nacional en sustitución de la vieja DSN: los enemigos actuales son un entramado de actores interconectados que operan domésticamente como parte de una oscura acechanza global y, por lo tanto, se necesita de los militares y su poder de fuego para neutralizarlos y eliminarlos. Complementariamente, y a nivel internacional, se trataría de involucrar a los militares ya no en las tradicionales misiones de paz de la ONU sino en acciones anti-terroristas en las nuevas operaciones desplegadas por Naciones Unidas en algunos países de África, por ejemplo.
El llamado del presidente Macri a que los militares se vinculen a la lucha contra las “amenazas y desafíos actuales” se puede localizar en la dinámica de las “nuevas amenazas” que, a su turno, se inscriben en los cambios ocurridos en las relaciones interamericanas. Con ello no solo se afectaría un activo de la Argentina democrática en América Latina –esto es, la separación entre defensa y seguridad interior–, sino que se obstruiría la urgente necesidad de un debate nacional sobre qué política de defensa y qué fuerzas armadas necesita hoy el país. Una gran mayoría de los que creemos en el valor y utilidad de aquella separación venimos planteando que tal debate es impostergable y que debe hacerse con argumentos serios, francos y frontales. Pero la postura en la materia del gobierno de Cambiemos nos conduciría a menos deliberación en torno a la defensa y más debilitamiento de las fuerzas armadas.

* Profesor plenario de la Universidad Di Tella.

Macri, de Obama a Trump: persisten las dificultades bilaterales


Macri, de Obama a Trump: persisten las dificultades bilaterales.
Exposición de Leandro Morgenfeld en la presentación de Voces en el Fénix 67
Facultad de Ciencias Económicas, UBA, abril de 2018

martes, 29 de mayo de 2018

Revista Épocas debate Venezuela: jueves 31/5, 18.30hs en Sociales-UBA



Épocas debate Venezuela. 
Fernando Hugo Azcurra, Paula Klachko y Martín Ogando, este jueves 31/5 a las 18:30 hs en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Aula SG300 (Santiago del Estero 1029, CABA)
Entrada libre y gratuita.






viernes, 25 de mayo de 2018

Taller: "Seguridad y Estado de Derecho: Una perspectiva comparada entre Cuba y América Latina" (WOLA, Barcelona 2018)





Seguridad y Estado de Derecho:
Una perspectiva comparada entre Cuba y América Latina

27 de mayo de 2018
Hotel SB Diagonal Zero
Plaza Llevant, s/n · 08019 Barcelona

Introducción:

Por cinco años consecutivos, WOLA ha promovido el diálogo entre académicos y expertos de Cuba, América Latina y Estados Unidos en temas de seguridad a través de la realización de talleres. Los temas abordados incluyen, diferentes visiones sobre amenazas y desafíos a la seguridad hemisférica, estrategias de seguridad regional, prácticas desde varias subregiones del hemisferio, crimen organizado transnacional, y amenazas de seguridad no tradicionales.

En la medida que Cuba se está integrando con más frecuencia en sistemas regionales de seguridad, es importante incluir la visión de expertos cubanos en redes profesionales y conferencias de seguridad. En este sentido, los objetivos de este taller son 1) fomentar el debate de visiones comparadas de Cuba, Estados Unidos y América Latina, 2) despertar interés en redes latinoamericanas y estadounidense sobre mejores prácticas y retos de Cuba en temas de seguridad y 3) estimular la cooperación en marcos regionales y multilaterales.

9:00-9:15                      Bienvenida, introducción y agradecimientos
                                           Geoff Thale, WOLA
Marguerite Jiménez, WOLA

9:15-10:15                   Panel 1: Estado de derecho, corrupción e instituciones

                                         Frente los desafios de crimen transnacional y otras temas de seguridad, hemos visto formulas de cooperacion y de discrepancias en temas de seguridad.  Unos de las temas que se han visibilizado mas son  los interrelacionados temas de corrupción y de estado de derecho,  y hay mucha discusión de debilidad institucional, fortalecimiento institucional, penetración criminal de instituciones del estado como la policía y medidas de prevención, el intercambio de buenas prácticas, etc.  ¿Cuáles son algunas de las respuestas nacionales y regionales para el fortalecimiento de la lucha contra la corrupción en materia de prevención, cooperación y aplicación de la ley?

                                           Introducción
Geoff Thale, WOLA

Cooperación entre Cuba y Estados Unidos
Santiago Espinosa Bejerano, Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI)

Estado de derecho en México y Centro América
Juan Pablo Soriano, Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)

Colombia (TBD)
Jaime Zuluaga

Comentarios sobre perspectivas caribeñas
Tania Garcia

Discusión y comentarios

10:20-11:20                Panel 2: La política de la Administración Trump en temas de seguridad en relación con América Latina

                                         ¿Cómo ha cambiado la política, cómo los cambios han impactado los temas de seguridad y de cooperación en seguridad? Hay un nuevo nivel de cooperación entre Cuba y Estados Unidos en temas de seguridad el cual, hasta el momento, se ha mantenido bajo la Administración Trump. ¿Podría la cooperación en temas de seguridad entre Cuba y Estados Unidos cambiar la política de la administración Trump hacia Cuba?  Como ha impactado la llegada de la Administración Trump en temas de seguridad y cooperación en otros casos?

                                         Introducción
Noel Martinez,  Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) (TBD)

Argentina
Leandro Morgenfeld, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)

Cuba-Estados Unidos
Soraya Castro, Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI)

Centroamérica y México
Marlon Carrranza, Universidad de Leipzig

TBD
Aranxta Tirado, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Discusión y comentarios

11:25-12:25                Panel 3: Respuestas regionales ante las amenazas comunes de seguridad

                                         Los temas de seguridad tienen componentes bilaterales y multilaterales, en un tiempo en que las relaciones bilaterales de los EE.UU. con muchos países de América Latina se han complicado y/o deteriorado bajo la Administración Trump, y en que los varios instituciones regionales y subregionales (OEA, CELAC, etc) enfrentan cuestionamiento. ¿Existen respuestas o estrategias regionales para enfrentar dichos retos?
                                       
                                         Introducción

Luis Suarez

Perspectiva europea
Ana Ayuso, Centre d'Estudis i Documentació Internacionals a Barcelona (CIDOB)

TBD
Gabriel Merino, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Discusión y comentarios

12:25-1:40                 Conclusiones y seguimientos al taller

viernes, 18 de mayo de 2018

Sigue el idilio vía Twitter. Macri: "Gracias mi amigo presidente Donald Trump, por tu apoyo y muestras de afecto"

 
Macri agradeció el espaldarazo del gobierno estadounidense al plan de ajuste
 
“Gracias mi amigo, presidente Donald Trump"

Página/12
El presidente Mauricio Macri escribió en Twitter un capítulo más de su idilio con el titular de la Casa Blanca, Donald Trump, luego de que este le expresara por esa red social su apoyo al nuevo programa de ajuste y acuerdo con el FMI. “Gracias mi amigo” respondió el mandatario argentino a ese gesto de respaldo que él interpretó como “una muestra de afecto a la Argentina”.
Ayer, Trump publicó a través de su cuenta personal un mensaje de felicitaciones a Macri, aludiendo a una charla telefónica que habían mantenido el lunes: “Está haciendo un buen trabajo para la Argentina. Apoyo su visión para transformar la economía”.
El tuit fue leído como un respaldo más que contundente, sobre todo porque fue hecho el mismo día en que el FMI también mostró su ansiedad por firmar a la brevedad un acuerdo con el gobierno argentino, bajo la condición del mentado “equilibrio fiscal” que se traducirá en un ajuste que recaerá sobre la clase trabajadora.
“Gracias mi amigo, presidente Donald Trump, por tu apoyo y muestras de afecto a la Argentina. Lo valoramos mucho!”, fue la devolución de Macri al espaldarazo del gobierno estadounidense, en momentos que el equipo económico diseña el programa de reformas que presentará a la titular del Fondo, Christine Lagarde, para obtener un crédito stand-by que le abrirá a ese organismo las puertas de la sala de control de la economía argentina.

¡Ni FMI, Ni G20! Rechazamos la Reunión de lxs Cancilleres del G20 en Buenos Aires

          

¡Ni FMI, Ni G20!

Rechazamos la Reunión de lxs Cancilleres del G20 en Buenos Aires

El domingo 20 y lunes 21 de Mayo, se reunirán lxs Cancilleres de los 20 países geopolíticamente más importantes, en Buenos Aires, como parte del proceso del G20, durante el corriente año. Desde la Asamblea Argentina Mejor sin TLC rechazamos este encuentro de quienes son responsables de provocar la profunda crisis sistémica que aún sufrimos y, sus consecuencias desastrosas para las mayorías populares.
Cancilleres de gobiernos que, actualmente, estan llevando adelante y apoyando, directa o indirectamente, guerras en Siria, Yemen y contra el pueblo palestino. Cancilleres de los países que con Estados Unidos , la UE y el Grupo de los 12 a la cabeza, tratan de desestabilizar al proceso bolivariano y declarar ilegítimas la elecciones del próximo 20 de Mayo, en Venezuela. Son, también, lxs Cancilleres de gobiernos que han apoyado el golpe destituyente de Michel Temer y el injusto encarcelamiento de Lula da Silva.
Son lxs cancilleres de los gobiernos europeos que se llenan la boca en defensa de los Derechos Humanos y los valores occidentales mientras que, frente a sus fronteras marítimas se ahogan miles de migrantes que intentan escapar de conflictos sangrientos, hambre y pobreza, como consecuencia de las políticas (neo-)coloniales de la Unión Europea.
Son lxs cancilleres de los 20 países más poderosos que apoyan las políticas neoliberales del gobierno de Mauricio Macri y celebran su vuelta al Fondo Monetario Internacional como demostración de lealtad a este sistema ante el cual, según ellos, no hay alternativa.
Son lxs cancilleres de esos gobiernos que luego, cuando en la Argentina el hambre, la pobreza lleguen a afectar a la mayoría de la población y el desempleo sea endémico, cuando el desmantelamiento de los servicios esenciales (salud, educación, seguridad social, etc) llegue a límite insospechados, cuando se profundice, aún más, el despojo de buena parte del patrimonio nacional y nuestros bienes comunes mirarán para otro lado, pretendiendo no tener nada que ver con tanta miseria. Aunque, nosotrxs sí sabemos que ésta ha sido y es la política del FMI, en los hechos, desde su creación en 1944.
Denunciamos, por lo tanto, el carácter, profundamente, antidemocrático de ambas instituciones, FMI y G20, que sólo están al servicio de las grandes potencias y sus corporaciones transnacionales, del capital financiero especulativo que optimiza sus ganancias a partir del Sistema de la Deuda perpetua. Que se valen de la militarización y persecución de militantes sociales y ambientales para avanzar sobre los bienes naturales y la profundización de un modelo de desarrollo extractivista. Instituciones, que somos conscientes, nunca estuvieron ni estarán en función del “buen vivir” de los pueblos.
Es por esto y, por muchas razones más, que desde la Asamblea Argentina Mejor sin TLC decimos ¡basta ya con este sistema que excluye, explota, destruye, criminaliza, levanta muros y mata! ¡Y, que quiénes lo defienden regresen a sus países!

                                                        ¡FUERA G20!

                                                         ¡FUERA FMI!



Asamblea "Argentina mejor sin TLC"
Twitter: @mejorsintlc