martes, 6 de enero de 2026

Leandro Morgenfeld: "Trump está impulsando un proceso de demolición del orden mundial": las claves del quiebre global tras la captura de Maduro

 


"Trump está impulsando un proceso de demolición del orden mundial": las claves del quiebre global tras la captura de Maduro
 

Por Marcos Príncipi, C5N, 6 de enero de 2026

El historiador, profesor de la UBA e investigador del Conicet Leandro Morgenfeld analizó el impacto global del operativo estadounidense en Venezuela, el avance del unilateralismo de Trump, la crisis del derecho internacional y las consecuencias para América Latina y la Argentina en un mundo en transición.


La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, mediante un operativo militar sin declaración de guerra ni aval del Congreso norteamericano, que incluyó un fuerte bombardeo en Caracas y provocó la muerte de más de 80 personas, aceleró una crisis que ya atravesaba al sistema internacional. Para Leandro Morgenfeld, historiador, profesor de la UBA e investigador del Conicet, el hecho no puede leerse como un episodio aislado, sino como un salto cualitativo en el proceso de demolición del orden global construido tras la Segunda Guerra Mundial.

Según explica, en su segundo mandato Donald Trump profundiza una política exterior basada en el unilateralismo, el desconocimiento de los organismos multilaterales y la primacía del poder militar como herramienta para frenar el declive relativo de Estados Unidos frente al ascenso de China y un mundo cada vez más multipolar. En ese marco, Venezuela vuelve a ocupar un lugar central por su peso energético, su experiencia política autónoma y su articulación con otros polos de poder global.

En diálogo con C5N, Morgenfeld, autor de libros como "Bienvenido Mr. President: de Roosevelt a Trump, las visitas de presidentes estadounidenses a la Argentina" y coordinador de "Nuestra América, Estados Unidos y China", analizó las reacciones internacionales, las tensiones internas en Estados Unidos, el impacto regional del conflicto y los riesgos que enfrenta la Argentina con un alineamiento automático con Washington.
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Periodista- ¿La captura de Nicolás Maduro marca un punto de quiebre en el orden internacional vigente?

Morgenfeld - El orden internacional está en crisis. En su segundo mandato, Trump impulsa un proceso de demolición del sistema multilateral: se retiró de organismos de Naciones Unidas, les quitó financiamiento, hostiga y deslegitima instituciones internacionales y abandonó la Organización Mundial del Comercio. Todo forma parte de una estrategia que busca reemplazar el multilateralismo por una unipolaridad unilateral, donde Estados Unidos negocia bilateralmente según su conveniencia.

En ese contexto, secuestrar a un presidente en funciones mediante el bombardeo de la capital de otro país, sin declaración de guerra y sin autorización del Congreso, representa un punto de inflexión. Es un paso más en la crisis del orden mundial y, al mismo tiempo, pone en jaque a Estados Unidos, porque erosiona su legitimidad y su propio liderazgo global.

P- ¿Cuáles son los rasgos centrales del nuevo orden que se está configurando?

M- Estamos atravesando una transición. Tras la Guerra Fría, Estados Unidos ejerció una hegemonía unipolar junto a aliados subordinados como la Unión Europea y Japón. En el siglo XXI, y sobre todo en los últimos años, se observa un declive relativo de Estados Unidos y un desplazamiento del eje del poder hacia el Pacífico, con China como actor central.

Washington intenta frenar o ralentizar esa transición hacia un mundo multipolar. Perdió peso económico, comercial, financiero, monetario y tecnológico, pero mantiene una clara primacía militar, y la está utilizando como herramienta principal. Por eso apela al unilateralismo: el sistema multilateral ya no le resulta funcional.

Aunque Trump se presenta como el “presidente de la paz”, en su segundo mandato ya bombardeó siete países. Su política exterior, conducida por Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth, combina el mayor presupuesto militar de la historia con una estrategia de “más palos y menos zanahorias”, especialmente en América Latina. El secuestro de Maduro y el bombardeo de Caracas, precedidos por ataques a embarcaciones y buques petroleros, constituyen un salto cualitativo en ese proceso.

P- ¿Cómo reaccionó la comunidad internacional ante el operativo?

M- Hubo un repudio mayoritario, aunque con distintos niveles de intensidad. Las condenas más fuertes provinieron de Rusia y China, pero también de países latinoamericanos como Colombia, México, Brasil, Chile y Uruguay, y de España en Europa.

En contraste, los gobiernos de ultraderecha evitaron condenar esta violación flagrante de la soberanía venezolana y del principio de no intervención, pilares del sistema interamericano y del derecho internacional, consagrados en el artículo 2 de la Carta de la ONU. A mediano plazo, este tipo de acciones puede tener efectos muy adversos para Estados Unidos, porque socava su legitimidad global. Esto no lo dice solo el mundo: lo sostiene buena parte de la oposición dentro de Estados Unidos.

P- ¿Puede leerse esta acción como una maniobra de Trump para recomponer liderazgo interno?

M- Trump intenta mostrarse como el mejor presidente de la historia, pero enfrenta un escenario interno muy adverso. En su primer año de gobierno registra los índices de aprobación más bajos desde 2017. Tiene problemas económicos, con inflación impulsada en parte por la guerra comercial lanzada en abril de 2025, y sufrió derrotas electorales significativas.

Perdió la alcaldía de Nueva York, la ciudad más grande y rica del país, y el Partido Republicano cayó en Miami, Virginia, Nueva Jersey y otros distritos. Esta tendencia podría llevarlo a perder las elecciones de medio término en 2026 y el control del Congreso. Además, hubo protestas masivas durante todo el año pasado, incluyendo una movilización histórica con siete millones de personas en más de 3.000 ciudades.

Trump necesita equilibrar a su base: por un lado, el sector duro encabezado por Marco Rubio en Florida, profundamente hostil al chavismo y a los gobiernos no alineados; por otro, sectores que rechazan las intervenciones militares. Aunque niega estar en guerra, bombardear un país y detener a su presidente implica una guerra de facto, sin autorización del Congreso, lo que ya le generó múltiples cuestionamientos legales y políticos.

P- ¿Por qué Venezuela vuelve a ser un escenario clave para Estados Unidos?

M- Durante gran parte del siglo XX, empresas estadounidenses controlaron el petróleo venezolano, clave para el abastecimiento energético de Estados Unidos. Eso cambió con la llegada de Hugo Chávez hace más de 25 años. Si bien compañías como Chevron siguieron operando, el chavismo cuestionó la idea de América Latina como “patio trasero”.

Venezuela fue central en el rechazo al ALCA en 2005 y en proyectos de integración autónoma como el ALBA y la CELAC, un espacio regional sin Estados Unidos ni Canadá. Además, fortaleció vínculos con potencias emergentes como China, Rusia e Irán. Por eso, más allá del petróleo, derrotar al chavismo es una prioridad estratégica para Washington desde hace años, algo que hasta ahora no había logrado.

P- ¿Qué peso tiene el petróleo venezolano en la disputa global por los recursos?

M- Venezuela posee las mayores reservas de petróleo convencional del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita. La mayoría de los conflictos militares del siglo XX y XXI están ligados al control de recursos estratégicos, en particular los hidrocarburos.

Hoy gran parte del petróleo venezolano se dirige a países considerados adversarios por Estados Unidos, como China e Irán. Washington busca que sus empresas vuelvan a controlar ese flujo energético, lo que explica el renovado interés estratégico sobre Venezuela.

P- ¿Estamos ante una reedición explícita de la Doctrina Monroe?

M- Absolutamente. Estados Unidos reivindica de forma explícita la Doctrina Monroe. En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el 4 de diciembre hablan del “corolario Trump” de esa doctrina, una versión abiertamente injerencista y paternalista.

Es la versión más radical de toda la historia: plantean quedarse con Groenlandia, convertir a Canadá en el estado 51, rebautizar el Golfo de México y desconocer luchas históricas como la soberanía panameña sobre su canal. Cualquier gobierno no alineado, como Venezuela o Colombia, queda bajo amenaza de políticas de cambio de régimen.

P- ¿Qué escenario se abre para América Latina?

M- Es temprano para definirlo. Si Trump logra transformar a Venezuela en una neocolonia e influir en procesos electorales clave, la región quedará más fragmentada, subordinada y periférica, con más desigualdad y pobreza.

Pero si esta acción genera una reacción de gobiernos, partidos y movimientos sociales que rechacen el rol de patio trasero y apuesten a una estrategia común en un mundo multipolar, América Latina podría recuperar márgenes de autonomía, como ocurrió a comienzos del siglo XXI.

P- ¿Hasta dónde están dispuestos a involucrarse Rusia y China?

No habrá una intervención militar. China no actúa de ese modo y Rusia tiene otras prioridades, como Ucrania. Sí repudiaron con fuerza la acción estadounidense y mantienen vínculos económicos y de cooperación con Venezuela.

Habrá que observar cómo se reconfigura la correlación de fuerzas dentro de Venezuela y qué reacciones se producen en los próximos meses para evaluar el alcance real de esa relación.

P- ¿Qué implica este escenario para la Argentina con un gobierno alineado con Trump?

M- La posición del gobierno argentino va a quedar en la historia como una de las más vergonzosas de la diplomacia nacional. Rompe con una larguísima tradición de neutralidad y de defensa del principio de no intervención, desde la Doctrina Drago hasta la Doctrina Calvo.

El alineamiento acrítico con Trump deja a la Argentina subordinada y aislada, votando en soledad en Naciones Unidas y perdiendo apoyos históricos, incluso para la causa Malvinas. Es un camino de entrega de soberanía, recursos y capacidades estratégicas. Si no se revierte, la Argentina corre el riesgo de convertirse en un actor periférico y menor, incluso dentro de su propia región.


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