jueves, 23 de marzo de 2017

TrumPolis, en el prestigioso sitio del IADE-Realidad Económica

Cecilia Nahón, Leandro Morgenfeld
 
IADE- Realidad Económica 

Bienvenidos al Episodio 2 de TrumPolis, un Podcast para entender el mundo actual, el gobierno de Donald Trump y sus implicancias para América Latina. Con Cecilia Nahón, desde Estados Unidos y Leandro Morgenfeld, desde Argentina.

¿En qué se diferencian las políticas migratorias de Trump y Obama? ¿Por qué crece la xenofobia en Estados Unidos y en el mundo? ¿Cómo afectan estos fenómenos las relaciones sociales al interior de Estados Unidos? ¿Qué se puede esperar en el vínculo con América Latina?
En este nuevo episodio de TrumPolis buscamos entender estas problemáticas con la ayuda de entrevistados de lujo: Eric Hershberg (Director del Centro de Estudios Latinoamericanos, American University, Estados Unidos); Valeria Carbone (Investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Secretaria de Redacción de la Revista “Huellas de Estados Unidos”, Argentina) y Casandra Castorena (Investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México y Co-coordinadora del Grupo de Trabajo de CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”). Al final, un Bonus Track: una reflexión político-filosófica sobre el vínculo entre xenofobia, democracia y capitalismo de Ana Paula Penchaszadeh (Investigadora del CONICET/UBA, Argentina).

- Leandro Morgenfeld, es historiador, investigador del CONICET y Co-coordinador del Grupo de Trabajo de CLACSO “Estudios sobre Estados Unidos”.
- Cecilia Nahón, es economista, profesora de American University y ex Embajadora de Argentina en Estados Unidos (2013-2015).



Ahora el lobby agrícola de EEUU presiona a Trump para que limite la compra de biodiesel argentino. Se prorroga además al menos hasta mayo el veto al ingreso de limones

El lobby agrícola de EE.UU. busca que Trump frene las importaciones del biodiesel desde la Argentina

 

El lobby agrícola de EE.UU. busca que Trump frene las importaciones del biodiesel desde la Argentina


Alentados por el discurso proteccionista del flamante gobierno de Donald Trump, productores del Oeste Medio de Estados Unidos presionan a la Casa Blanca para que quite un subsidio que favorece la importación de biodiesel argentino que ronda los 1.200 millones de dólares anuales.
“Peleamos por políticas domésticas que apoyen la producción interna de combustible”, dijo a Clarín Anne Steckel, vicepresidenta de asuntos federales del National Biodiesel Board.
Por una ley de 2007, en Estados Unidos casi todos los vehículos están obligados a usar nafta o diésel rebajados un 10% con combustibles renovables, generalmente hecho de maíz o de aceite de soja, para disminuir el nivel de contaminación ambiental. En el interior estadounidense se produce la mayoría de los cultivos destinados a los aditivos, pero la Argentina ha triplicado las importaciones de biodiesel en los últimos tres años hasta llegar a una cifra de 1.200 millones de dólares en 2016.
Esto sucede porque producir diésel a base de petróleo es más barato que el biodiesel a base de soja, por lo que el gobierno de Barack Obama creó un crédito fiscal de 1 dólar por galón para los que mezclan el combustible y eso abrió el mercado para la importación argentina.
“El biodiesel argentino es muy competitivo. Somos el tercer productor mundial de soja y primer exportador mundial de aceite de soja”, dijeron a Clarín fuentes de la embajada argentina en Washington. “Por eso las empresas que hacen la mezcla prefieren el biodiesel argentino”, señalan y explican que hoy el 28% de todo el biodiesel utilizado en Estados Unidos viene desde nuestro país.
Los productores estadounidenses han visto frenado su potencial en el sector y acusan tener un tercio de su capacidad paralizada. Para que las plantas vuelvan a funcionar a pleno, legisladores como el senador Chuck Grassley de Iowa y productores como Renewable Energy Group Inc. están reclamando al gobierno de Trump a que limite los incentivos de importación.
El reclamo no es nuevo sino que viene desde hace al menos tres años, señalan las fuentes a Clarín. Pero en el marco de la política de “Estados Unidos primero” y “Compre y produzca en Estados Unidos”, que pregona el presidente Trump, los productores ven una mejor perspectiva para sus presiones. En concreto, buscan que el crédito fiscal de 1 dólar por galón se lo lleven los productores y no los que mezclan el combustible, que prefieren el biodiesel desde el exterior.
“No hay ninguna razón para que el biodiesel importado coseche el beneficio de un incentivo fiscal de Estados Unidos cuando tantos gobiernos extranjeros subsidian fuertemente sus propias industrias de biodiesel”, dijo el senador Grassley a la agencia Bloomberg. “Espero que la administración Trump apoye estas reformas”, agregó. Joe Gershen, presidente de Encore BioRenewables apuntó que “si Trump lo hiciera, podría ser un triunfo inmediato para él y también para el sector de biodiesel de Estados Unidos. Steckel, del National Biodiesel Board, dijo a Clarín que “es importante asegurar que el producto sea negociado de manera justa y equitativa”.
Si Trump diera luz verde a los reclamos de los productores, podría significar un golpe para la Argentina, que cubre el 63% de las importaciones estadounidenses del biodiesel (el resto viene de Canadá, de Malasia y otros países). Fuentes que siguen el tema en Washington dijeron a Clarín que quitar el subsidio para apoyar a un sector muy particular como los productores de biodiesel podría traer un dolor de cabeza para Trump. Es probable que se eleve el precio general del diésel, utilizado en el transporte público, maquinarias agrícolas e industriales, camiones y otros vehículos de trabajo. Esto impactaría en los precios y en la población en general. Pero todo es posible con un gobierno impredecible como el del magnate.

miércoles, 22 de marzo de 2017

"Trump, el último de los republicanos". Por Jorge Argüello





Por Jorge Argüello
 

“El extremismo en nombre de la libertad no es un defecto. La moderación en busca de la justicia no es una virtud”
Senador Barry Goldwater

*Artículo publicado en la Revista Noticias, el 18 de marzo de 2017

El mundo lleva restregándose los ojos desde la noche del 8 de noviembre de 2016 en que el excéntrico Donald J. Trump, un millonario sin experiencia política ni pública alguna, conquistó la Casa Blanca con un ajustado triunfo en el Colegio Electoral, aun obteniendo 2,8 millones de votos populares menos que su rival demócrata, Hillary Clinton.
Sin embargo, este sorprendente “outsider”, el Presidente de mayor edad que haya gobernado Estados Unidos, debe ser visto también como el último fruto, casi natural, de la larga evolución ideológica que experimentó el Partido Republicano en su obsesión por reimponer un idílico “orden conservador”.
Todo empezó en los años sesenta, con la refundación de un pensamiento conservador originario, caracterizado por la defensa a ultranza del liberalismo económico, de un Estado reducido al mínimo posible en todos los aspectos y de un orden social bajo supremacía de la mayoría blanca.
Ese replanteo del histórico discurso republicano, hasta ahí más moderado y de estrategia bipartidista con los demócratas atrajo, en primer lugar, a muchos sectores ideológicamente reaccionarios. Sin embargo, cautivó también sectores medios atemorizados, en ese entonces, por la fuerte agitación social que interrumpía la tranquila prosperidad de posguerra, en particular con las luchas por los derechos civiles de la minoría afroamericana.
Esa reacción, inaugurada por el joven dirigente Barry Goldwater, el candidato presidencial republicano derrotado en 1964 por Lyndon B. Johnson, alteró radicalmente el mapa electoral norteamericano. Vastos sectores de la comunidad afroamericana y de trabajadores, que hasta ahí dividían las preferencias, se volcaron hacia el Partido Demócrata. La misma dinámica hizo que el Partido Republicano reconquistara bastiones políticos más conservadores del sur y del centro del país.
La idea central de Goldwater, que anidó en las bases conservadoras de los años sesenta y se impuso al establishment republicano, fue la de recuperar el espíritu del “american way of life”: forjar cada uno su propia suerte en la vida sin pedirle nada al Estado; practicar un estricto respeto por la autoridad; hacer de la familia el pilar de toda la sociedad y de Dios, el origen y final de todas las cosas. La religión comenzó a jugar un papel creciente y expreso en la política, aunque lo que dominaba ese programa era el libreto económico.
Los republicanos ajustaron así su plataforma reduciéndola a un puñado de principios en el que la máxima libertad económica frente a la intervención estatal -hasta allí decisiva para sostener la red de protección social creada por el New Deal y para crear una próspera sociedad de consumo- fue elevada a lo más alto de los altares conservadores.

De Reagan al Tea Party

Esos principios fueron aplicados recién por Ronald Reagan (1981-89), y reeditados en mayor o menor medida por las de George Bush padre e hijo en los 90 y en los 2000. Sus políticas desregulatorias y condescendientes con los más ricos, que tampoco el demócrata Bill Clinton desterró, explicarían en gran medida la terrible crisis financiera que se desencadenó en 2007.
Reagan inauguró la era de los nuevos conservadores en el poder, los neocon, decidido a impedir en nombre del “hombre común” tan idealizado entre las bases conservadoras, que una “elite de intelectuales, desde una capital distante, pueda planear nuestras vidas mejor de lo que podemos hacerlo por nuestra cuenta”. Trump diría: “Hay que limpiar el pantano de Washington”.
Durante ocho años, la reaganomics benefició a los más ricos con una amplia reducción impositiva. También combatió y doblegó a los sindicatos. Pero, aun así decepcionó a los ultraconservadores con medidas como el endeudamiento del Estado y la amnistía a inmigrantes indocumentados.
Su vice y sucesor, George H. W. Bush, volvió a cargar las baterías del ala más dura del partido, con recetas neoliberales. A tal punto caló el mensaje en el electorado que el demócrata Clinton le impidió la reelección a Bush padre sólo para terminar proclamando en su discurso sobre el Estado de la Unión, de 1996: “La era del Estado grande ha terminado”.
Los noventa trajeron otra vuelta de tuerca del discurso republicano, en la figura del congresista ultraconservador, Newt Gingrich, líder de una primera era de confrontación sin tregua con los demócratas, fuera para bloquear el presupuesto federal o un primer intento de reforma sanitaria. En esta nueva etapa de su refundación, la nueva tradición política del Partido Republicano sería oponerse a cualquier iniciativa demócrata.
Agotado el clintonismo, llegó George Bush hijo, quien ofreció a los ultras posiciones antiabortistas, liberalizar la portación de armas y, como siempre, recortar impuestos. Pronto los decepcionó incursionando en algunos acuerdos con los demócratas sobre educación e inmigración. Pero los atentados del 11 de septiembre enterraron la agenda nacional –salvo en seguridad- y absorbieron miles de millones en la guerra contra el terror.
Las elecciones de 2008, que hicieron presidente a Barack Obama, ahondaron la radicalización ideológica y estratégica republicana. Lejos de persuadirlos de reconsiderar su intransigencia de principios para salir de la peor crisis desde 1930, la situación sólo potenció su resentimiento. “Lo más importante ahora es que Obama no pase de un mandato”, anunció sin rubor el líder en el Senado, Mitch McConnell .
Así, resistieron el paquete de estímulo con el que Obama logró reanimar la economía. No lograron frenarlo en el Congreso pero sintieron que merecía una cruzada contra el cobro de impuestos, como la “rebelión del té”, o Tea Party, de 1773, precedente de la Independencia de 1776.
Enfurecidos por la posibilidad de que los deudores hipotecarios recibieran subsidios, los voceros ultraconservadores llamaron a organizar una rebelión que emulara aquél viejo Tea Party. El ala dura se dio un nombre idílico.
El nuevo movimiento se alimentaba de pretensiones retrógradas: recuperar la economía previa a los años treinta y volver a la sociedad con sus patrones culturales tal como era antes de los cincuenta. Todo eso, condimentado con burdas sospechas sobre la identidad de Obama, los llevaría a Trump.
Ese Partido Republicano se dio una agenda corta: resistir ciegamente a que el Estado interviniera más en la crisis y resistir reforma de salud (Obamacare). Eso, aun cuando la Administración Obama deportaba inmigrantes (hasta 400 mil por año) y extendía los letales bombardeos con drones en el extranjero.
Ya reelegido, el persistente bloqueo obligó a Obama a gobernar casi por decreto (executive orders). Los republicanos le negaron financiamiento a la reforma sanitaria y provocaron en 2013 el cierre temporal del gobierno federal. El líder de esa ofensiva fue el senador Ted Cruz, el primer candidato del ala dura hasta que irrumpió Trump.

La hora de los ultras

El ánimo reaccionario de una parte del electorado estadounidense refleja la ansiedad, la frustración, la bronca y la confusión por su paraíso perdido. Trump cabalgó más diestramente que su rival Cruz sobre una coalición espontánea de atemorizados ante un futuro incierto y globalizado.
Ahora bien, ante el mismo contexto, el discurso político de los demócratas fue otro. Es cierto que el candidato autodefinido “socialista” Bernie Sanders atacó a su rival Hillary Clinton con argumentos “anti establishment” como los de Trump, como cuando objetó sus viejas relaciones con Wall Street.
Pero Sanders y el ala más demócrata y más progresista hicieron una lectura totalmente opuesta frente a problemas como el desempleo, los acuerdos comerciales o los inmigrantes indocumentados. Sanders invitó a iniciar una Revolución Política colectiva, que oxigenara la democracia representativa. Una vez convertida en candidata, Hillary hizo propia esa agenda progresista.
Trump, vendedor nato sin pasado militante, ofreció refundar el “sistema” con una revolución ejecutiva que hiciera realidad de una vez los principios conservadores de orden social y libertad económica postergados por el “establishment” de Washington, en especial los jerarcas republicanos.
Síganme, volveremos a hacer grande este país”: sin más inmigrantes, ni impuestos, ni regulaciones ni prensa crítica ni estrategias multilaterales que rindan dinero a Estados Unidos. En ese sentido, el “populista” Trump no vino a torcer el rumbo ideológico republicano, sino a profundizarlo y ampliarlo.
El estilo caótico, personalista e imprevisible del Presidente no disimula su esencia ideológica reaccionaria. La gran influencia que adquirió en la nueva Administración el estratega nacionalista Steve Bannon, un portavoz mediático extremista que dirigió el final de la campaña proselitista de Trump y se convirtió en el nuevo hombre fuerte de la Casa Blanca, no deja lugar a dudas sobre la ideología detrás de los personajes.
En Estados Unidos, el “populismo” se alimenta hace tiempo no sólo de la angustia económica, sino del miedo al progreso de las minorías étnicas, y sobre todo la creencia de que son sinónimos. Por eso el Tea Party se afianzó durante los años de reactivación con Obama: dolía más su ascendencia africana que las contemplaciones que podía tener con Wall Street.
Desde la Gran Depresión, el Partido Republicano, autodefinido como la fuerza política de los valores tradicionales y de la ley y el orden, atrajo casi naturalmente a un vasto sector social ganado por tendencias autoritarias, sin importar cuán golpeado resultó económicamente por el profundo cambio de matriz productiva que perjudicó al Estados Unidos más encerrado y rural.
En cambio, desde los años sesenta, el discurso demócrata favoreció –más o menos radicalmente, pero sin renuncias- el cambio social que provocaron la modernización, las corrientes migratorias y la creciente apertura el mundo, en especial después de la Guerra Fría. Era previsible, así, que las tendencias autoritarias se instalaran más cómodamente entre los republicanos.
El impacto de la inmigración y la última gran crisis económica, que en esta última década afectaron más que otras el antiguo status quo de los trabajadores blancos, activaron esa inclinación autoritaria y, como ha ocurrido en otras sociedades igual de desarrolladas, como las europeas, los llevaron a buscar un liderazgo fuerte que restableciera el orden en un mundo en el que muchos empezaban a sentirse marginados.

¿APRENDIZ O MAESTRO?

En el proceso de radicalización del Partido Republicano, la fase superior llegó en la campaña de 2016: de tanto tensar la cuerda, la relación de sus líderes tradicionales con las bases más radicalizadas se terminó cortando.
Trump se filtró con la velocidad de un rayo por esa enorme grieta, empujado por nuevos profetas conservadores, académicos e ideólogos mediáticos de la “alt-right”, la derecha alternativa, una versión ultra y enojada de la coalición liberal-cristiana de los neocon. Estos predicadores empalidecieron la toma de posiciones de la mayor parte de la prensa tradicional, que las semanas previas a la elección pidieron a sus lectores el voto por Hillary Clinton.
Que el segundo candidato más votado en las primarias republicanas, el senador ultra ortodoxo Ted Cruz, haya desafiado también a la cúpula partidaria y atacado a la “elite de Washington”, prueba que el derrotero de Trump se limitó a seguir un surco de descontento interno que ya estaba marcado en esa mitad del electorado. El liderazgo unificador y optimista de Reagan invitando a los republicanos a conquistar el futuro era cosa del pasado: ahora reinaban la bronca, el resentimiento y un agrio y primitivo impulso de restauración.
Trump desplegó toda su intolerancia hacia “los otros” (Hillary Clinton, China, los mexicanos, la prensa). En esa estrategia incluyó el nativismo, grato a los blancos de clase media que se atribuyen la fundación de la nación. Desde 1964, los republicanos ganaron la mayoría del voto blanco (6 de cada 10), pero ningún candidato había hecho de esa condición étnica un valor político tan potente.
A la vez, para dar respuesta a esa bronca de su electorado, no dudó en saltar los propios límites doctrinarios republicanos. El millonario sometió sus promesas a una negociación abierta con sus votantes, por ejemplo con su relativismo moral frente a los influyentes sectores cristianos en los que se había apoyado un fanático religioso como Cruz.
Trump no negoció posiciones, sino ideas básicas de los conservadores modernos, como una economía capitalista y abierta, la noción secular de que Estados Unidos es la potencia responsable de mantener la seguridad y la paz en el planeta, y la seguridad de que, aun caído el Muro de Berlín, Rusia jamás podrá ser motivo de aprecio, menos bajo la guía de Vladimir Putin. Ese pack ideológico quedó sometido a una heterodoxia que le permitió al millonario, fuera y dentro de la Casa Blanca, contradecirse todo el tiempo.
Además, el “trumpismo” le imprimió a las alforjas ideológicas de Gingrich, del Tea Party y de nuevos halcones republicanos como el líder del Senado, Paul Ryan, un nuevo estilo de hacer política, intolerante y prepotente. En este sentido, también Trump se limitó a cosechar lo que otros sembraron: entre 1995 y 2015, entre los republicanos que se decían “muy conservadores” casi se duplicaron (del 19% al 33%).
Las bases conservadoras, decepcionadas durante toda la Administración Obama por los resultados de la estrategia puramente ideológica y obstruccionista de sus líderes republicanos, encontraron en la demagogia y el discurso autoritario de Trump una vía de acceso más directa para su viejo anhelo de reconfigurar la sociedad estadounidense a su medida.
Una vez asegurada su nominación, Trump expresó con descaro: “Soy conservador, pero a esta altura, ¿a quién le importa?”. Y luego apostó a replicar su lógica de personaje de la farándula, largamente ensayada en su reality show televisivo The Apprentice (El Aprendiz): cautivar a un público heterogéneo, ideológicamente poco estructurado, capaz de seguir a una figura más que a un partido y de ser definido por sus enemigos, fuesen inmigrantes o musulmanes, más que por sus afinidades.

QUIÉN USARÁ A QUIÉN

La Administración Trump tensó la cuerda desde su primer minuto. Cuando el Presidente, frente al Capitolio, proclamó el 20 de enero al asumir “el poder es de ustedes, el pueblo”, el Partido Republicano, en especial sus gobernadores y líderes del Congreso, comprobó el órdago que le echaba un líder sin más ataduras aparentes que su propio ego.
El viejo aparato puede tolerar a Trump mientras impone su agenda partidaria (inmigración, impuestos, desregulación financiera, aborto, medio ambiente, liquidar el Obamacare y asegurar una Corte Suprema conservadora). Si se sale de control, tiene el recurso muy extremo de someterlo a “impeachment” por incapacidad. El vicepresidente Mike Pence sería el recambio.
Pero también Trump y su entorno pueden anticiparse, consolidar la identidad heterodoxa del “trumpismo” -xenofobia, nacionalismo económico y demonización de la prensa crítica- y, si hace falta, fracturar el partido para alumbrar una nueva fuerza extremista que rompa el bipartidismo, como ocurre ya en países de Europa.
La “guerra” intestina del asesor Bannon con el secretario general del partido y ahora jefe de Gabinete, Rience Priebus, fue el primer indicio de esa pugna de fondo. El primer decreto anti inmigración, invalidado por la Justicia, cargó con todos los defectos de haber sido redactado por el entorno personal de Trump sin consultar a los numerosos y sofisticados abogados del Estado.
Ese fue el primer traspié del bando de Bannon, mientras Priebus se aseguraba con el establishment partidario un contundente consenso para el juez candidato a reemplazar al fallecido Antonin Scalia y a completar los nueve miembros de una Corte Suprema de mayoría conservadora.
Las idas y venidas en las relaciones con Rusia, en medio de graves denuncias sobre intercambio de información de Moscú con la campaña de Trump, describen también ese errático vaivén inicial que caracteriza este inicio de la nueva administración. Mientras el vice Pence viajaba a Europa a reivindicar el papel norteamericano en la OTAN, Trump insistía con su cantinela “patriota” y aislacionista: “No soy el Presidente del planeta, sino de Estados Unidos”.
Ambas opciones implican un alto riesgo de crisis institucional y fracturas expuestas: un auténtico des-orden conservador de alcances históricos.
Las graves falencias que ya demostró Trump como Presidente, firmando decretos legalmente inconsistentes y desconociendo las mínimas formas de un líder para los estándares estadounidenses, alimentaron caracterizaciones sobre su “incapacidad” y especulaciones sobre cuánto tardará en llegar un pedido de “impeachment” desde el Congreso.
Sin embargo, Trump, quien encuadra a la prensa como “partido opositor”, quien la identificó como enemigo y hasta le prohibió el ingreso a la Casa Blanca, no es comparable con el Richard Nixon que cayó por el Watergate. El ensayista George Packer escribió desde la revista New Yorker: “Si Trump fuera más racional y más capacitado, tendría realmente la capacidad de destruir nuestra democracia”.
Frente a ese consuelo, el trumpismo sube la apuesta: “Si creen que les van a devolver el país sin luchar, están equivocados”, azuzó Bannon a los seguidores de Trump reunidos en la emblemática Conferencia de la Acción Política Conservadora en febrero pasado. Días antes, el influyente senador y ex candidato presidencial republicano John McCain había repudiado los ataques a la prensa: “Así es como empiezan los dictadores”, avisó.
Quitando las formas que lo retratan como poco confiable e incontrolable, Trump satisfizo en el inicio de su administración las demandas compartidas por todo el arco conservador del Congreso y su establishment republicano, aunque su forma de perseguirlas haya sido torpe y lindante con lo ilegal.
En este “des-orden conservador”, por ahora, ambos bandos se necesitan. Sólo por ahora.

Jorge Argüello
Autor de “Historia Urgente de Estados Unidos” (2016)
Presidente Fundación Embajada Abierta

lunes, 20 de marzo de 2017

Un análisis crítico sobre el acuerdo de libre comercio Mercosur-Unión Europea que impulsa Macri. Por Cecilia Nahón


 Logo Cecilia Nahón con @VHMok sobre los peligros de un acuerdo de libre comercio MERCOSUR-UE
El gobierno de Macri está apretando el acelerador para firmar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, pero sin exigir que el acuerdo otorgue al MERCOSUR el necesario "trato especial y diferenciado" que requiere por ser un bloque de menor desarrollo relativo.

 - escuchá el audio acá
 

Un análisis crítico sobre el acuerdo de libre comercio Mercosur-Unión Europea que impulsa Macri
 

La Canciller Malcorra lo dijo con todas las letras: “Queremos ver la forma de alcanzar lo antes posible un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea”. La ansiedad no es buena consejera, y menos en las negociaciones económicas internacionales, en donde se juega el presente y el futuro productivo y de empleo de millones de argentinos. Un mal acuerdo de libre comercio MERCOSUR-UE sería el tiro de gracia para buena parte de la industria nacional y las economías regionales, profundizando la reprimarización productiva y comercial en marcha en nuestra economía, un objetivo ya inocultable del gobierno de Mauricio Macri.
Todo acuerdo de libre comercio tiene ganadores y perdedores, y por cómo están planteadas las negociaciones en la actualidad, los potenciales ganadores estarían todos del otro lado del Atlántico: en la Unión Europea. La evidencia muestra que dicho acuerdo podría servir si fuera un acuerdo balanceado, equilibrado, que reconozca explícitamente las asimetrías existentes entre ambos bloques en cuanto a desarrollo relativo y productividad. El PIB per cápita de la UE es tres veces y media el PIB per cápita del MERCOSUR, con lo cual para paliar estas diferencias de punto de partida el acuerdo debería incorporar cláusulas de trato “especial y diferenciado” para nuestro bloque. A su vez, un acuerdo con Europa tendría eventualmente atractivos si habilitara el acceso sin restricciones de la producción agropecuaria y agroindustrial argentina al voluminoso mercado comunitario. Sin embargo, luego de largos años de negociaciones, estas condiciones no han sido otorgadas por la UE. Al contrario, Europa ha sido muy poco receptiva a las demandas del MERCOSUR, pero sí ha buscado imponer a capa y espada sus intereses ofensivos en acceso a mercados, propiedad intelectual, normas técnicas y sanitarias, compras públicas y salvaguardias agrícolas. Peor aún, en el “intercambio de ofertas” realizado entre ambos bloques en mayo de 2016, la UE directamente excluyó del acceso a su mercado las carnes, el etanol y el biodiesel provenientes del MERCOSUR.
Entre el 20 y el 24 marzo tendrá lugar la XXVII ronda de negociaciones birregionales en la Cancillería argentina. El serio riesgo que corremos hoy es que, con tal de avanzar, el gobierno nacional “flexibilice” sus condiciones y líneas rojas diluyendo la defensa del interés nacional. Y ya lo está haciendo. Por caso, en ninguna de sus muchas declaraciones públicas la Canciller Malcorra se ha referido a la centralidad del “trato especial y diferenciado”, convalidando en los hechos la posición europea.
Más allá de los vínculos históricos y culturales con Europa, en términos productivos, y luego de 22 años (¡veintidós años!) desde el primer lanzamiento de las negociaciones, es evidente que ambos bloques tienen intereses ofensivos y defensivos contrapuestos, con altos niveles de protección precisamente en aquellos sectores en los que la otra parte es muy competitiva. Dada esta realidad, a menos que la UE sorprenda flexibilizando significativamente sus posiciones, la única forma de sellar un acuerdo este año sería repitiendo la modalidad negociadora del Presidente Macri con los fondos buitres: la capitulación. El costo sería, acá también, demasiado alto.

domingo, 19 de marzo de 2017

Entrevista a Boron sobre Trump y la decadencia del imperio americano



Entrevista a Atilio Boron, emitida el viernes 17 de marzo de 2017

Argentina y Estados Unidos, un análisis para guardar: Enrique Arceo, Nilda Garré, Felipe Solá, Jorge Taiana y Juan Tokatlian debaten en Página/12

 
 
 
Argentina y Estados Unidos, un análisis para guardar: Enrique Arceo, Nilda Garré, Felipe Solá, Jorge Taiana y Juan Tokatlian debaten en Página/12
 
Como éramos pocos, llegó Trump
 
Por Horacio Verbitsky (Página/12)

Un debate entre cinco intelectuales y políticos destacados sobre la llegada de Trump y sus consecuencias para el mundo, la región y la Argentina, con sus riesgos y oportunidades.


HV: ¿Cómo condiciona a la Argentina la presidencia de Trump?
 
Jorge Taiana (sociólogo, ex canciller y ex secretario general de la CIDH, vicepresidente del Parlasur): Demuestra que esta globalización conducida por la financiarización produce numerosas víctimas también en los países desarrollados. En la región veníamos hace ya una década y media señalando sus efectos negativos, y nos tildaban de atrasados. Ahora el cambio lo plantean los inventores de la globalización, el Reino Unido y Estados Unidos. Tiene que ver con el tránsito de un mundo unipolar a un mundo multipolar en lo económico, un poco en lo político y algo en lo militar. El comienzo de Trump me hace acordar al de Reagan, que apareció como reacción frente a Carter, el hombre tranquilo posterior a la derrota en Vietnam, el presidente débil por excelencia.

HV: Pero Obama no fue un presidente débil como Carter.

Taiana: En la visión de Trump sí. Obama es el ejemplo del liberalismo progresista, de la multiculturalidad. La fuerte reacción que produjo lo hace parecer más débil de lo que fue. Se va de dos guerras, hace un acuerdo razonable con Irán que la derecha norteamericana no acepta. También muestra las limitaciones del sistema político norteamericano que se presentaba como un ejemplo de democracia, de equilibrio. Resulta que no, que es capaz de tener a flor de piel definiciones políticas xenófobas, que parecían estar fuera de la escena. Los ocho años de Obama terminan con un saldo muy relativo en cuanto a la cuestión del racismo, con las muertes de negros en las calles por la policía y con esa doctrina oficial según la cual basta que la autoridad piense que está amenazada su seguridad para que su defensa sea considerada legítima.
Felipe Solá (ingeniero agrónomo, ex ministro de Agricultura y ex gobernador de Buenos Aires, diputado nacional): Nosotros tratamos de analizar un fenómeno tan fuerte como el de Trump preguntándonos cuál es nuestro futuro comercial, pese a que no es tan relevante para las exportaciones argentinas ¿Pero cuál es nuestro futuro en términos de la hora política, que se transforma a veces en la hora cultural? Trump va a tener gravísimos problemas para gobernar, porque esa mayoría silenciosa del interior que lo ha votado no tiene una gran capacidad de movilización y de tumulto que trascienda fuera de Estados Unidos como sí la tienen los que están en contra de Trump. No podrá imponer ese tono beligerante de intolerancia absoluta que sobreactúa. Estados Unidos ha sido jeffersoniano en el discurso (liberal y de brazos abiertos, que ha impulsado a Estados Unidos a llevar la Justicia a todo el mundo), y hamiltoniano en lo económico, cerrado y proteccionista. Obama fue un aperturista, un liberal, y al mismo tiempo un hamiltoniano en la economía. Hizo un enorme esfuerzo inicial para que la derecha lo soportara y por la inercia de ese esfuerzo llegó un momento en que no podía parar con un tipo de acciones para agradar a la derecha que lo limitaban a él y a su programa.

HV: Suponés que puede pasar lo mismo con Trump pero a la inversa? Sería la preeminencia del sistema sobre…

Solá: Sobre el hombre, sí. Pero no se cae sólo la globalización. Antes se caen la Unión Soviética y el mundo bipolar. La globalización surge en los ‘80, sostenida militarmente por la unidad entre Reagan y Margaret Thatcher, que sustenta el Consenso de Washington y produjo guerras que se reflejan en el fenómeno de las migraciones. La globalización entra en crisis porque cambió la gente, acá hay un triunfo cultural. Lo mismo hay que evaluar en nuestro país. Los europeos están hartos de que les vendan institucionalidad, corrección política, apertura y no venga nada a su favor. No es que se acabó un periodo sino que la gente se cansa y la pregunta es ¿qué hay que hacer para que la gente vuelva?
Nilda Garré (abogada, ex ministra de Defensa y de Seguridad, diputada nacional): La aparición de Trump, si bien posterior al Brexit, obedece a temas internos de Estados Unidos. La globalización que nació hace tres décadas dejó un tendal de perjudicados, excluidos, gente que se quedó sin ese horizonte optimista de movilidad social que era el gran mérito del sistema americano. Esa gente vive con miedo por las cosas que todavía tiene, como su trabajo. Se ha destruido el 30 por ciento del empleo industrial en Estados Unidos y estas son las consecuencias. Es como en la época de la dictadura y veíamos en Avellaneda los galpones cerrados, con los vidrios rotos, telarañas. El país industrial de Roosevelt, ese Estados Unidos profundo, blanco, no ha muerto pero ha sufrido un embate fuerte, en beneficio del aparato financiero.

HV: Así como Felipe hablaba de los discursos jeffersoniano y hamiltoniano, aquí hay dos Trump. El que denuncia la financierización, la destrucción de la industria y del empleo y el que le entrega la conducción económica a Wall Street y quita toda las regulaciones impuestas por la crisis del 2008. 

Garré: Los poderes económicos en Estados Unidos son cada vez más concentrados y poderosos. Trump es un antihéroe, un antimodelo, la negación de lo que sería un estadista. Es un guarango que dice cosas provocadoras, hasta medio demenciales. Defiende la tortura, tiene un discurso racista, discriminador, contra todos, los inmigrantes, los negros, los musulmanes. Es un misógino tremendo, contra cualquier cosa progresista, contra el aborto. Ese antimodelo gana porque busca representar a los sectores que se han sentido abandonados y no se sentían representados por Washington y el establishment, el poder financiero. Este personaje tan racista, atípico, toca algunos puntos sensibles cuando dice “compren estadounidense”  y apela al que vivía al lado de la fábrica de automotores que por esta forma de la producción mundial se deshace, cada pieza se hace donde salga más barato por el menor costo laboral, como en el resto de la industria. Eso es empleo norteamericano perdido. Lo único que queda intacto son las fábricas que producen armamentos.

HV: ¿Ese nacionalismo productivista será algo más que un discurso inicial o Trump intentará terminar con la deslocalización de las industrias e irá de cabeza al juicio político?

Enrique Arceo (Abogado por la UBA y Doctor en Economía del Desarrollo por la Universidad de París, ex presidente del Banco Nación): Apple golpeó duramente a Trump diciendo que ni locos van a traer trabajo a Estados Unidos porque eso aumentaría sus costos. Y Goldman Sachs señala que las empresas van a repatriar capitales cuando baje la tasa impositiva aplicable, conforme lo prometido por Trump, pero que el 50% del capital repatriado se utilizaría en la recompra de sus propias acciones. En el último año y medio las 500 empresas más grandes compraron acciones propias por un equivalente al 123% de sus ganancias, o sea que se endeudaron para distribuir beneficios a sus accionistas, no para invertir. Este es el poder del capital financiero. En todos los Estados la política está subordinada al bloque de poder, con algunos matices que son alarmantes. El proyecto de Trump no tiene posibilidades de plasmarse. La gente cambió. En términos globales estamos ante una insurrección de la política contra la economía, una reacción plebeya contra los efectos de la globalización. Los movimientos plebeyos no son populares, no tienen un enemigo de clase, sino un tercero. Por ejemplo, los inmigrantes. Se pensó que se podía globalizar el mundo abriendo las economías, movilizando el capital pero manteniendo inmóvil la mano de obra. Esto es un disparate. Entre 2000 y 2015 pasaron a los países centrales 57 millones de personas. Esta es una amenaza objetiva al ingreso per cápita. Ante esto surge la defensa fascista: militarizar las fronteras y la política, perseguir a los inmigrantes. Esta contradicción de la globalización es una fortaleza del proyecto Trump. Va a tratar de nacionalizar, de recuperar puestos de trabajo, algunos va a lograr, van a volver actividades automatizadas que generarán poco empleo. La inversión en infraestructura no alcanza para dinamizar la economía de Estados Unidos. Y bajo el dominio del capital financiero ya aprendimos que aumenta su participación en los beneficios. La política de Trump será bajar los impuestos a los ingresos, aumentar las tasas a la importación, lo que a su vez baja los salarios y esto compensarlo con aumento del empleo. Cuando aumenta el ingreso, la inversión no crece en la misma proporción porque el capital financiero distribuye a los inversionistas, que juegan a nivel global. Los think tanks de derecha crearon desde los años ‘70 una red de pensamiento y de difusión que ahora da sus resultados. En este sentido Trump no es reversible. La reacción fue por fuera del sistema y por extrema derecha. Los demócratas van a tener que desplazarse a la izquierda.

HV: Se insinúa el surgimiento de un Tea Party demócrata.

Arceo: Exacto. Lo único que prometía el liberalismo era crecimiento y fracasó, década tras década la tasa de crecimiento de la economía mundial descendió, golpeó a los de menores ingresos, por el comercio pero además por el temor de las inmigraciones. Este es un coctel explosivo y hasta ahora sólo con una respuesta en lo económico extremadamente de derecha: bajar del 35% al 20 los impuestos a los ingresos.
Solá: Se parece un poco a Reagan.
Arceo: Sí. Infraestructura, gasto militar y cuotas a la importación de automóviles japoneses; ahora Trump con infraestructura, gasto militar y tarifa a las importaciones del 20%, con supresión de impuestos a las exportaciones.  
Solá: Liquidar el gasto social.
Arceo: El dice que va a mantener los servicios sociales, porque en algo tiene que responder a su base, que le pone un límite. Algo más de crecimiento va a haber. Esta es la complejidad que tiene todo proyecto de derecha. Incluso a los nazis era difícil ubicarlos en muchos aspectos. Por ahora el capital se opone parcialmente a algunas cosas, pero los mercados financieros están exultantes y en los hechos nadie cree que Trump pueda obligar a Apple a invertir en los Estados Unidos. Además la inmigración crea un estado de fortaleza sitiada, nos vienen a ocupar. Estancamiento económico, caída del volumen de comercio desde diciembre del 2014 y encima China como prueba de que estamos haciendo las cosas mal, nos estamos quedando atrás y nos van a dominar. Esto genera paranoia que es un poderoso caldo de cultivo. Con Trump se inicia una nueva fase en que va haber todavía más trabas al comercio internacional, lo cual a su vez va a golpear a la periferia. Algunos economistas calculan que por cada empleo perdido o ganado por Estados Unidos crecen o bajan cuatro en la periferia. El impacto de este cambio de política es gigantesco.
Juan Gabriel Tokatlian (Sociólogo, con una Maestría y un Ph.D. en Relaciones Internacionales de The Johns Hopkins University de Washington. Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Di Tella): Remarcaría tres cuestiones más contextuales que específicas a Trump. Primero, los largos procesos de transición de poder e influencia en el mundo. Esta particular elección coincide con el aceleramiento de una transición global de Occidente hacia Oriente, que tiene muchos efectos económicos, políticos, militares y ha hecho que en los últimos años Estados Unidos pase a ser un perdedor en el escenario internacional. Para la sociedad hubo un ayer en el que se vivía mejor. Esto que parece anecdótico en la vida cotidiana de las personas se refleja en este largo y complejo y contradictorio y dialéctico proceso de transición de poder. Estados Unidos es menos hegemónico, menos preponderante, no puede ejercer supremacía con facilidad como lo hacía antes. Y esto genera situaciones de profunda tensión. ¿China es un competidor o un oponente, una amenaza o un socio, vamos al G2 o nos preparamos para combatir contra los chinos? Dentro de Estados Unidos hay tres transiciones domésticas importantes. Una, la transición social o económica, se ha achicado la clase media, muchos ciudadanos perdieron empleo u oportunidades y la tasa de mortalidad creció más en la clase media que en las clases bajas. A eso hay que sumar la transición demográfico-étnica. Crecen las poblaciones afroamericana, hispana, asiática, y ese melting pot que antes estaba dominado, cohesionado por una elite blanca se encuentra con situaciones más complejas, como esta paradoja: creció la igualdad de género y en las condiciones de vida de muchos sectores afroamericanos, pero la desigualdad total en el país se amplió. Otra tercera transición es que al perderse el sentido de la religiosidad  los cristianos hoy son un porcentaje mucho menor que en el pasado. Trump apareció en el momento específico, articulando todos los aspectos de esta gran transición de poder, global y en el interior de los Estados Unidos. Su agenda en parte es doméstica: frente al estancamiento, el problema son los tratados de libre comercio mal firmados, los mexicanos, la droga, y entonces hay que hacer algo en las fronteras. Pero en parte global, con la violencia y el terrorismo. Entonces la culpa es de los refugiados, los migrantes y los otros que llegan al país sin control. Ésta fue la elección más nacional que tuvo Estados Unidos, en medio de la globalización. Los temas internacionales no le interesaron a nadie, la agenda fue doméstica. El ABC de un internacionalista es que hay países revisionistas que están inconformes (China, Rusia quieren patear las reglas del juego) y otros que son irracionales porque tienen líderes impredecibles, como Corea del Norte o Irán, nunca una bomba en manos de ellos porque pueden hacer explotar todo. La paradoja es que Estados Unidos se ha vuelto un país revisionista, quiere revisar el orden liberal con un líder cuasi irracional, impredecible. La obsolescencia de esta jerga y de estas categorías que miran el mundo desde Estados Unidos abre una gran oportunidad para empezar a verlo desde América Latina y desde América del Sur en particular.

HV: Pasemos a América del Sur y a la Argentina en relación con Trump.

Taiana: Antes se suponía que el ascenso social era algo que sucedía en tu estructura social. Estudiabas, conseguías un trabajo, te esforzabas. Ahora para millones de personas la migración es el canal de ascenso social. Y eso va a seguir, no tiene arreglo. El proceso por el cual sólo las costas de Estados Unidos eran demócratas, multiculturales, progresistas y liberales mientras el resto del país se iba transformando en republicano, e iban ganando los fundamentalistas cristianos, los republicanos más racistas, se dio a lo largo de muchos años, configuró un país con mucha contradicción interna, y no debería sorprendernos tanto que en algún momento tuviera una expresión política.

HV: Lo que viene ahora sería que los rojos republicanos ocupen también las costas y los azules demócratas se caigan al mar.

Taiana (risas): El progresismo y la social democracia han sido los grandes cómplices de la derecha en la globalización. Y eso es lo que ha destruido la izquierda democrática y ha llevado a que la opción sea la derecha. En Europa está clarísimo. En América Latina nos salvamos porque salimos antes y criticamos eso. Trump dice que va a expulsar a no sé cuantas personas. Pero ¿cuántas expulsaron Obama y nuestros amigos progresistas? Dos millones, 250 mil por año y los mandó a Centroamérica donde inventaron las maras.

HV: Vos decís que nos salvamos, pero estuvimos a punto de caer con el alzamiento carapintada, la emergencia de esa derecha revolucionaria que encarnaban Rico y Seineldin, y la penetración de esa ideología en sectores muy importantes del peronismo. Eso se evitó porque en el peronismo Cafiero y Ubaldini le pusieron límites.

Solá: Pese a los alzamientos de Rico y Seineldín y la intervención de una izquierda semiarmada como reacción a eso, nunca fueron populares. La prueba es que en diciembre del 90 el partido militar se muere. El peligro existió pero el pueblo estaba en otra cosa. Sólo penetraron en algunos civiluchos conocidos que venían del nacionalismo y algunos peronistas que cuando veían a un tipo con dos granadas colgando, se volvían locos. Pero nunca un trabajador, calor popular. Ni Seineldin que era un animal pero carismático, ni Rico que era el más inteligente pero muy antipático.
Arceo: Hay que distinguir el estado norteamericano del capital transnacional. El capital se quería transnacionalizar y el Estado norteamericano apostó a esa transnacionalización. Hicieron una operación compleja, con la Organización Mundial de Comercio prohibieron las políticas industriales. El razonamiento era que los países deben acomodarse a su dotación relativa de factores. Por lo tanto, con el cambio lento en la División Internacional del Trabajo no preveían que afectara a sus trabajadores calificados. El capital hizo un gran negocio pero el estado apostó mal, perdió, porque estaba China, porque estaba Corea y utilizaron el Estado para violar sistemáticamente la dotación relativa de factores. Hoy Estados Unidos está bloqueando la compra por una empresa china de una empresa alemana de chips por temor a perder la pelea por la supremacía en lo electrónico.

HV: Por la tecnología militar que eso implica.

Arceo: El aumento del gasto militar supone progreso tecnológico. Esta puede ser la variable Trump. Triunfó el capital transnacional y perdió Estados Unidos como Estado, como Gobierno.
HV: Pero el conflicto entre el Estado y el capital se va a agudizar.
Arceo: Ahora el Estado quiere imponerse al capital y eso es complicado.
Tokatlian: La clave de la campaña fue confundir que el mensaje de Trump era contra el establecimiento. No, era contra el establecimiento político, contra Washington, pero jamás contra el estamento militar y mucho menos contra Wall Street. Ahora tiene que resolver esas contradicciones desde Washington y es un proceso muy complejo con dinámicas propias de los Estados Unidos pero también las reacciones de otros actores pasan a ser importantes, porque Estados Unidos ya no puede hacer lo que quiere.
Arceo: Todavía no se enfrentó con China y no sabemos si se va a enfrentar o no.

HV: El secretario de Estado advirtió a China que no le permitiría utilizar las islas artificiales que construyó en el mar del sur de China.

Taiana: Y los chinos le contestaron que se prepare para una guerra larga. El mundo es más riesgoso, porque es probable que Trump busque una medición de fuerzas para restablecer la importancia de Estados Unidos. Parecía muy orientado a tener una confrontación, por lo menos comercial o política, con China en una cierta alianza con Rusia. Es decir al revés del ‘72, cuando Nixon y Kissinger se acercan a China contra la Unión Soviética. Pero lo que le ha pasado con Flynn, que duró menos de un mes como asesor de Seguridad Nacional, es una clara reacción del lobby antiruso de Estados Unidos, sectores militares y económicos, que le han volteado uno de sus colaboradores de máxima confianza porque el tipo no es enemigo de los rusos. Creo que para posicionarse en el mundo Trump va a hacer una demostración de fuerza, buscar a alguien a quien imponerle su voluntad. Eso es peligroso porque si se equivoca de candidato nos va a meter a todos en un gran lío.
Arceo: Después de un análisis del 1.500 a hoy, Giovanni Arrighi decía que cuando hay una transición en la hegemonía se abren 30 años de guerra. Es lo que estamos viviendo.

HV: ¿Podemos pasar a cómo nos afecta a nosotros? El discurso de Trump insiste en el terrorismo, el narcotráfico, la inmigración. Son los temas que desde principios de siglo el Comando Sur plantea como las nuevas amenazas y trata de transferir como doctrina a la región. En materia de Seguridad, Macrì tiene personal de una sobresaliente ignorancia y de una indisimulable propensión hacia los negocios y la adquisición de parafernalia represiva, que viene asociada con su doctrina de empleo. Existe la presión para la securitización de las Fuerzas Armadas, que no parecen las más entusiastas. Y una tendencia simultánea hacia la militarización de la fuerzas de seguridad. El acuerdo firmado con la Guardia Nacional de Georgia señala esa dirección. Dada la historia argentina y con un gobierno que tiende a criminalizar la protesta, que por ahora tiene la bala de goma rápida y que en cualquier momento también puede tener la bala de plomo rápida, este es un tema central para la democracia argentina.

Taiana: Un mundo cambiante es un mundo con tensiones, y un mundo con tensiones es un mundo con fricciones y enfrentamientos. El primer desafío es la participación argentina en algunas de esas iniciativas con que Trump intentará realzar a Estados Unidos, cosa que ya se venía hablando con Obama. Es bien distinto participar en las tradicionales operaciones de mantenimiento de la paz que en otras de imposición de la paz. Algunos de los casos de los que se habla Mali, República Centroafricana, son ideas malísimas para la participación argentina porque no están siendo exitosas. El segundo punto es que se va acelerar el ya largo proceso de merma de poder del Departamento de Estado sobre América Latina a favor del Departamento de Defensa y el Comando Sur. Y tercero la convergencia entre las funciones de las fuerzas militares y las fuerzas de seguridad, que es meter a las fuerzas armadas en Seguridad y a las fuerzas de seguridad en tareas cuasi militares. Esa convergencia es la Guardia Nacional.

HV: Los remanentes de guerra son vendidos a las policías y a la Guardia Nacional que los emplean en la represión interna. Entran en las casas tirando granadas de estruendo y luces destellantes y matan a cualquiera buscando a un pequeño dealer. Si se lo hacen a sí mismos, ¿por qué no nos lo van a hacer a nosotros?

Tokatlian: Hasta ahora, se destacan cuatro temas: terrorismo y de ahí la prohibición de viajes; migraciones, con el muro a México; comercio, con el rechazo al Tratado Transpacífico, y drogas, con el memorándum sobre la capacidad de lucha contra el crimen organizado. La Argentina no está en ninguno de esos temas, no tendríamos por qué tener dificultades con Estados Unidos. En la agenda política, si hay algún problema, más que la demanda de Estados Unidos es la sobreactuación argentina. De cara a las elecciones legislativas y particularmente en la Provincia de Buenos Aires recuperan importancia la seguridad y el narcotráfico. Nuestra agenda doméstica, no es tanto el producto de una demanda de Washington o de Trump, sino de sectores argentinos que quieren levantar la mano y decir estamos primeros en la fila.
Solá: Es así, el problema está aquí. Pero ellos están en oferta permanente de bienes y servicios vinculados a la seguridad, igual que Israel.
Taiana: La Argentina no es de los países más mencionados en ninguno de estos temas. No somos prioridad para ellos
Garré: Pero en Seguridad y Defensa los norteamericanos tienen una política. Y acá hay una enorme vocación para insertarse en esa política. El peligro sería que a los norteamericanos les interesara instalar alguna base del Comando Sur, aunque hay mucha resistencia (ya hablan de la triple frontera como un lugar posible) y en mandar tropas argentinas a algunos lugares, para que los contingentes tengan cierta pluralidad.
Taiana: Hay que mantener la ley que requiere acuerdo parlamentario para la salida y entrada de tropas, y no permitir que abran o falseen ese candado. Esa ley fue una conquista importante y le da al parlamento un poder de control. En el caso de las tropas extranjeras, mantener la inmunidad de función y no la inmunidad total. No admiten que vaya en cana ni siquiera el borracho que se violó a la piba, aunque no tenga nada que ver con la función. Si no les das inmunidad total, ellos no vienen y esa es una fortaleza que tiene el Congreso.
Solá: Estamos ante una frontera móvil, lo que querés hacer vos y lo que quieren hacer ellos. No creo que el gobierno de Macrì tenga la fuerza suficiente como para que ellos puedan obtener un objetivo de máxima, como una base.
Garré: Yo tampoco.
Solá: Pero de a poquito, del lado de la Bullrich, de la AFI, sobre todo en la cuestión de comunicaciones, equipos para espiarte, pueden ir avanzando, sin que te des cuenta salvo denuncias aisladas. Eso sí es posible.
Garré: Y también adoctrinamiento, llevarse militares e integrantes de fuerzas de seguridad a entrenarse allí y mandar…

HV: La Facultad de Defensa Nacional junto con la Red Argentino Americana para el Liderazgo (Real), ya está haciendo cursos y maestrías de Defensa Nacional pagados por el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa William Perry. Eso está ocurriendo ahora mismo. 

Tokatlian: El único tema global que podría incidir en la relación con Estados Unidos es Irán. Hasta 2013, la cuestión se circunscribía al atentado de la AMIA. Pero ahora el atentado forma un triangulo con el memorándum de entendimiento que se firmó en 2013 y con la muerte de Nisman en 2015. Si el tema de Irán se caldea,  y estamos en un año electoral, va a exigir una definición de la Argentina. Y allí hay que argumentar sobre los intereses nacionales del largo plazo en juego y no sólo los intereses gubernamentales de corto plazo.

HV: El tema clave es Nisman. Lo fue desde que presentó un informe de 500 fojas, no sobre el atentado a la AMIA, sino sobre las presuntas células dormidas de Irán en Latinoamérica. Esto fue utilizado para acosar a Obama cuando estaba por firmar el acuerdo nuclear con Irán, que Trump ahora propone revisar. Ese informe proviene del contacto de la inteligencia argentina con la inteligencia de Estados Unidos e Israel, guiado por los mismos sectores de ultraderecha de esos países que invitaron al premier Netanyahu a pronunciar un discurso rabioso contra Obama en el Congreso de Estados Unidos. Nisman era la célula dormida con la cual trabajan ellos dentro de la Argentina. Estados Unidos e Israel van a tratar de que este tema sea clave en la relación, con la Argentina como denunciante internacional de Irán. Creo que en este año electoral se va a activar, con Macri fogoneando la investigación sobre la disparatada denuncia de Nisman.

Tokatlian: Aquel acuerdo que se firmó no era el óptimo para Occidente pero era un gran acuerdo, muy razonable.
Taiana: Los rusos les proveen lo que ellos necesitan. Acaban de mandar a Teherán una parte del uranio enriquecido que era parte del acuerdo

HV: ¿Qué cosas podemos esperar en la Argentina? Desde el punto de vista comercial a nadie le preocupa demasiado.

Arceo: No vamos a ser afectados en forma directa sino por la caída de la economía mundial. Se acaba una fase. La dependencia de Brasil es el doble de la nuestra, por lo tanto si hay una política proteccionista o un aumento de tasas, va a golpear a Brasil y de rebote a nosotros. Si la política de Estados Unidos es proteccionista, China tiene que bajar fuertemente su tasa de crecimiento sobre todo en una coyuntura en la que no puede aumentar muchísimo el crédito interno porque ya está sobre expandido. Desde el ‘70 el modo de acumulación mundial se estructura a partir del déficit norteamericano. Ahora Estados Unidos pretende bajar su déficit y esto es plantear un modo de acumulación mundial totalmente distinto, cerrar una fase de la globalización y empezar otra, en la que el eje será golpear a China. Esto rebotará sobre toda la periferia. Trump está pensando una operación similar a la de Reagan con Japón en 1985. Reagan atrajo capitales a lo loco a través de una alta tasa de interés; se revaluó el dólar y las exportaciones cayeron. Y esto termina en 1985 con el Acuerdo Plaza para revaluar el yen, es decir, devaluar al dólar. Ahora Trump y los republicanos dicen que la manipulación monetaria y comercial de China es intolerable y apuntan a obligar a China (y no sólo a China) a abrir más la economía y revaluar su moneda. Esto puede complicar brutalmente la economía mundial.

HV: El déficit norteamericano está equilibrado por los bonos del Tesoro que compra China. ¿Ese sería el equilibrio que tendería a romperse ahora?

Arceo: Trump dice que busca “un equilibrio en el mundo de las mercancías”  con México, con China y después va a decir con Alemania, que son las tres fuertes. Esto supone tasas altas, reformulación de tratados para aumentar el grado de integración nacional, en el caso del Nafta; la nomenclatura de origen de las mercancías, para que las exportaciones mexicanas no puedan incluir tantos componentes de Asia; renegociación con los países que iban a estar en el tratado Transpacífico centrada en las normas de origen. Con todo esto tratan de limitar el componente chino.
Taiana: Que los mexicanos no armen y les enchufen, que no sean maquila de afuera del acuerdo…
Solá: Vamos a salir de aquí partidarios de Trump…
Arceo: No. Desde la periferia, desde la Argentina, industrializarnos es necesario. Aquí ésta es una política de izquierda, porque el capital y las transnacionales no lo van a hacer. Pero la política de extrema derecha de Trump es absolutamente incompatible con los que estamos aquí, porque eso no lo va hacer la derecha, sino que hay que hacerlo contra la derecha. El modelo de Macri y el de buena parte de América Latina está basado en la expansión del comercio mundial, que está paralizado desde 2015 y la lógica de Trump lleva a que esta caída se acentúe. Una economía norteamericana más cerrada y otras economías que se van a tener que cerrar para defenderse, es el fin del modelo latinoamericano y asiático, basados en las exportaciones. Por desgracia, tenemos gobiernos de derecha en una coyuntura que exige modificaciones estructurales qué sólo pueden plantear los sectores populares.
Taiana: Hasta la crisis de 2008 el comercio internacional crecía el doble que el producto bruto mundial, desde entonces crece igual o menos. El crecimiento vía exportaciones, que es la esencia del modelo neoliberal, se acabó. Pero además se acabó China como motor. Su último plan quinquenal ya dice que hay que apostar al mercado interno, desarrollar la base productiva antes de estimular la demanda, para no tener mucha inflación. Con menos de 7 por ciento de crecimiento anual no pueden incorporar paulatinamente una masa de 200 millones de personas sobrantes en la agricultura, y ya están en 6 y pico. Lo que no se sabe es cuánto más puede bajar China sin conflictos.
Arceo: Eso era cierto con una industrialización pesada como la que llevaba China, cuando sus exportaciones tenían solo 40% de componentes nacionales. Ahora tienen el 60%. Si van a expandir el consumo tienen que expandir ramas mucho más intensivas en mano de obra. Con lo cual a lo mejor necesitan un crecimiento menor al 6 por ciento, con ramas más intensivas en mano de obra. Vamos a un cambio también en el modelo chino, las industrias de competencia tecnológica quedarán más aisladas y las industrias pesadas que ya están sobredimensionadas van a tener un freno. Ellos dicen que en 15 años agregarán 500 millones del campo a la ciudad y con eso crearán al mercado interno.
Solá: Son peronistas.
Arceo: Sí, al estilo que se creó en Alemania: salís del campo, los llevás a la ciudad, esto crea mercado, peronismo puro. Aunque en China no ves obreros, en quince días podés tener una torre de 40 pisos, con paneles, detrás de eso hay mucho trabajo. A un gran especialista le preguntaron en el Financial Times: ¿se derrumba China? “Con la propiedad de los bancos y del 50 por ciento de la industria hay que esforzarse mucho para tener un problema de política económica inmanejable”.

Guadalupe Lombardo
Tokatlian, Verbitsky, Arceo (de espaldas), Taiana, Solá y Garré.
HV: El gobierno argentino tiene una expectativa ilusoria sobre la inversión extranjera directa. Por varios años tendremos una cuenta capital negativa, que se financia con endeudamiento o con ajuste brutal. Han ido por el lado del endeudamiento, que les resultó fácil porque gracias a “la pesada herencia” tenían una relación deuda/producto ideal, como pocos lugares del mundo. Esto les permitió pagar todo lo que les pedían y emitir muchísima deuda a una tasa de interés moderada, aunque fuera la más alta de la región. Pero cada año la cuenta de intereses aumenta, las renovaciones son más caras, comienzan a pesar sobre el presupuesto y en algún momento van a empezar a decir que no. 

Arceo: Si el modelo exportador se cae, un modelo sustentado en el endeudamiento pero sin motor de crecimiento está condenado al fracaso.
Tokatlian: La agenda de Trump es un problema para una democracia que requiere mayor consolidación. Su desinterés por la democracia, por los derechos humanos, por el medioambiente, son cuestiones muy delicadas por su impacto para la región. No hay que poner a Estados Unidos como portaestandarte de la democracia y los derechos humanos, que ni lo fue ni lo va a ser…

HV: Pero como mal ejemplo es peligroso.

Tokatlian: Muy peligroso, porque ese mal ejemplo sí tiene un impacto. “Déjense de joder, con el medio ambiente, hay que hacer minería a lo que de, no importa el efecto sobre el medio ambiente; aprobá la ley tal y meté a los militares, porque algo hay que hacer con la violencia, etc, etc.” Estas señales de desatención de Washington, también deberían computarse por sus efectos potenciales en América Latina.
Garré: Además habría una intervención más fuerte en Venezuela. Y van a hacer todo lo posible para complicarle la vida a Correa en su última etapa y a Morales. Van a empezar a debilitar a esos dos países, más la gran incógnita de qué pasa con Cuba: ¿van a retroceder sobre lo que se avanzó, van a boicotear lo que se logró? Y Brasil que también tiene un escenario muy incierto, ¿cómo van a operar en ese escenario?
Taiana: No es menor para las perspectivas de la región lo que ocurra en el proceso electoral de Ecuador. Toda la ola de que vuelve la derecha es porque ganaron en la Argentina y porque hicieron un golpe en Brasil, no es muy elegante. No es lo mismo si Alianza País gana y se reafirma el proceso de Revolución Ciudadana o si es derrotada con la teoría de que hay que cambiar porque si no vamos para Venezuela, el mismo esquema que se usó acá.
Tokatlian: Y hasta ahora ni Trump ni su secretario de defensa, ni de Estado han dicho enfáticamente que están comprometidos como estuvo la administración de Obama con el proceso de paz en Colombia.

HV: Más bien le están apuntando a Santos con lo de Odebrecht. 

Garré: No sé si manejan eso

HV: Creo que sí, aunque es previo a Trump forma parte de una misma reacción contra la competencia de una gran constructora del sur que les disputa mercados.
Taiana: Las multinacionales latinas tuvieron un auge y dentro de ellas las brasileñas, Petrobras, Odebrecht, Camargo Correa, Vale de Rio Doce, Embraer, cinco o seis muy fuertes. Los chicos de Odebrecht tenían 170 mil empleados y obras en todos lados, en Asia, en Medio Oriente, en África, el puerto de Mariel en Cuba, que representa 900 millones de dólares.

HV: El golpe contra Dilma y la investigación sobre Odebrecht forman parte del mismo cuadro. Esta política de sanción a la corrupción, Estados Unidos ya la usó hace 40 años contra la competencia europea con la famosa ley de prácticas corruptas en el exterior, de 1977. 

Tokatlian: Dicho sea de paso está a la firma de Trump un cambio en el artículo que los afecta a ellos, para permitirles pagar sobornos sin declararlo en algunos rubros, como energía y minería.
Arceo: Es parte del embobamiento que tiene el sector energético con Trump.
Taiana: Un fenómeno parecido se está dando nada menos que en Corea. Se han cargado a la presidenta y encarcelaron al nieto y presidente de Samsung, que es como un sinónimo de Corea.

HV: En ese episodio de Corea ¿no ves la mano del capital transnacional norteamericano?

Taiana: Es un interrogante. No entiendo bien la relación entre esa jugada y el acercamiento entre la presidente Park Geun-hye y el presidente chino Xí Jinping y el memorándum firmado con Japón. Esto también tiene que ver con el mar. Los chinos hicieron su plan quinquenal poco después de la visita de Park a China cuando asumió Xi Jinping. Es una relación compleja porque es obvio que los chinos tienen su relación con Corea del Norte y los dos habían coincidido en que se había acabado esta época de crecer hacia afuera y que había que crecer hacia adentro.
Arceo: El hecho de que los millonarios y los políticos no tengan contención en cuanto a la corrupción puede generar hechos políticos y no sólo en Corea. En Estados Unidos lo de Ivanka es increíble, y lo de la mujer de Trump que se queja porque le sacan la posibilidad de hacer negocios. Lo mismo puede pasar con Macrì. La derecha tiene esas cosas...
Solá: Esto nunca se vio, es como Tachito Somoza o Radamés Trujillo.
Arceo: Que la oportunidad de la mujer del presidente sea aprovechar el marketing del cargo es de una Republiqueta de tercera. Me parece que lo va pagar.

sábado, 18 de marzo de 2017

"Integración regional. Una mirada crítica"





I N T E G R A C I Ó N 
R E G I O N A L

L O S  D I L E M A S
H E CTO R CO N S TA N T
J U LIA N  KA N
CA RLO S  M A RTIN S
A RIE L N A V A RRO

D O S S I E R : L A S  R E S I S T E N C I A S
J A IM E  PRE CIA D O
W A G N E R IG LE CIA S
CO N S U E LO  S ILV A  Y  CLA U D IO  LA RA
FLA V IA  LE S S A Y LILIA MAGALHAES

L O S  D E S A F Í O S
A LE XIS  S A LU D J IA N
FA BIO  BA RBO S A
A RIE L N O Y O LA
M A RIS A  D U A RTE
G IS S E LLE  G O N ZA LE Z