miércoles, 31 de mayo de 2017

¿Se va antes de tiempo Trump?

¿Donald ‘El Breve’?

La sombra del ‘impeachment’ acecha a Trump y vuelve a emerger la figura del vicepresidente Mike Pence. Políticos y analistas exploran también otras vías para deshacerse del presidente de EE.UU.
 

<p>Donald Trump durante la conmemoración del 136 aniversario de la <em>Coast Guard Academy</em>. Connecticut, mayo de 2017. </p>

Donald Trump durante la conmemoración del 136 aniversario de la Coast Guard Academy. Connecticut, mayo de 2017.
 

Nueva York | 24 de Mayo de 2017

-----------------------------------------------------------------------------------------------------
Donald Trump, maestro propagador de ondas expansivas, se lo ha buscado. Al esperpento que rodeó el cese del director del FBI, James Comey, le han seguido la previsible cascada de filtraciones comprometedoras y el anuncio de que el propio Comey –también aficionado a la fanfarria mediática– comparecerá públicamente ante el Congreso en las próximas semanas. Hasta el correveidile asistente del ministro de Justicia, señalado en primer término por la Casa Blanca como artífice del despido de Comey, quiso resarcir su maltrecha reputación de independencia política al nombrar la semana pasada a un fiscal especial para la investigación de la posible connivencia entre la campaña electoral de Trump y agentes rusos, la misma que investigaba Comey hasta su despido. “Respeto la decisión”, declaró entre dientes Trump, antes de autoproclamarse víctima de una “caza de brujas sin precedentes”. Y con eso se subió al avión presidencial para su primer viaje en misión diplomática, que consistirá en cerrar la venta millonaria de un arsenal de armas para que Arabia Saudí siga aniquilando yemeníes y reiterar el apoyo al apartheid del Israel de Netanyahu. (“Los muros funcionan… ¡Pregúntenselo a Israel!”).
Trump deja en casa una tormenta perfecta, que ha situado la eventualidad del juicio político en el alero: varios congresistas republicanos han especulado en público sobre la posibilidad de juzgar a Trump por “obstrucción a la justicia”, la misma supuesta ofensa que llevó al impeachment a Bill Clinton y forzó la dimisión de Richard Nixon antes de ser juzgado por las escuchas ilegales del Watergate. El senador y excandidato presidencial John McCain, némesis de Trump en el partido, no dudó en comparar el escándalo que se llevó por delante a Nixon con la crisis que desborda ahora a Trump: “Esta película ya la hemos visto”, señaló, sibilino y circunspecto, en una cena del Instituto Nacional Republicano, convenientemente cubierta por el periódico local del Estado de McCain. “Esto alcanza el tamaño y la escala del Watergate”.
Dada la supermayoría conservadora en ambas cámaras, harían falta una veintena de deserciones republicanas en la Cámara de Representantes para que un hipotético juicio político se admitiera a trámite
Surgen pues las primeras fisuras en las filas republicanas. Para llegar al impeachment, sin embargo, estas tendrían que alcanzar el tamaño de falla tectónica. Dada la supermayoría conservadora en ambas cámaras, harían falta una veintena de deserciones republicanas en la Cámara de Representantes para que un hipotético juicio político se admitiera a trámite y pasara al Senado. Una vez en este, serían necesarios dos tercios de los votos para declarar culpable al presidente y destituirlo. Se trata, por tanto, de un proceso político, y el que se active o no responderá al cálculo electoral de los republicanos. Con las elecciones legislativas de mitad de mandato a año y medio vista, solo la perspectiva de un cataclismo electoral podría llevar a un número suficiente de republicanos a sacrificar a Trump para salvar su propia reelección. Pero algo se está moviendo, y algunos pronostican ya un “baño de sangre” republicano: el influyente bloguero conservador Erick Erickson reclamaba en pleno escándalo a los republicanos que dejen de defender “como actos reflejo” a Trump de las “heridas que se autoinflige. Estando Mike Pence en la rampa de despegue, no le necesitan”. 
Con sus hechuras de Robocop y su porte de monaguillo, Pence es la baza del movimiento conservador. Su nominación como vicepresidente supuso una concesión al ala más radical del partido, que sospechaba de Trump cuando este lanzó su candidatura. Donde Trump era un farandulero casado tres veces, sin experiencia política y que hablaba –gobernar es otra cosa– de proteger las pensiones y el acceso sanitario, Pence aparecía como el alumno aventajado del reaganismo, versión Tea Party: con una década de experiencia en el Congreso a sus espaldas y cuatro años como gobernador de Indiana, presenta un pedigrí inmaculado para la derecha, y terrorífico para la izquierda.
“Soy cristiano, conservador y republicano; por ese orden”. Así se ha definido Pence siempre que ha tenido la ocasión. Su historial como legislador en Washington y al frente del gobierno de Indiana no deja lugar a dudas. Campeón de la austeridad fiscal y los recortes sociales, el vicepresidente se ha opuesto con fervor al matrimonio gay y a las leyes contra la discriminación de género. Ha defendido la dureza extrema en la “lucha contra el crimen”, que en Estados Unidos sirve de subterfugio para la encarcelación masiva de negros y otras minorías. A Pence le gusta ponerse el disfraz de último mohicano de la reacción: ha sido punta de lanza de la criminalización del consumo de drogas, incluida la marihuana, en un periodo en el que la mayoría del país avanzaba hacia la despenalización o la legalización. Su ley antiaborto en Indiana prohibía los abortos por anomalía genética, y obligaba a las mujeres que abortasen –voluntaria o involuntariamente– a pagar por el entierro o cremación de los restos del feto. Cuando el Tribunal Supremo ratificó la reforma sanitaria de Obama, Pence comparó el fallo con los atentados del 11-S.
Ante la proliferación de polémicas, escándalos y filtraciones, cunde el desánimo entre los republicanos, que ven obstruida la agenda de reformas que esperaban aprobar con la mayoría legislativa de que gozan. Tras un primer fracaso estrepitoso, lograron aprobar en la Cámara de Representantes la contrarreforma sanitaria que tumba la ley de Obama, pero el camino de la ley al Senado se ha visto entorpecido por el affaire Comey. Lo mismo sucede con la reforma fiscal, o la renegociación del acuerdo comercial con Canadá y México, que tampoco han avanzado apenas. La idea del equipo de Trump de atraer apoyos demócratas para un plan de renovación de infraestructuras parece ahora una quimera. 
El tumulto y la inacción política han hecho saltar las alarmas en la sala de máquinas más ilustre de la derecha estadounidense: el despacho del consultor Karl Rove. Artífice de las mayorías de George W. Bush en los 2000, Rove es el estratega que mejor conoce el ecosistema republicano, y su capacidad de imponer su proyecto político. El miércoles publicaba un artículo en el Wall Street Journal en el que ponía a Trump sobre aviso: los republicanos le apoyaron para que aprobase un paquete de medidas. “Si Trump no reconoce que es la causa del descontrol, se arriesga a desgastar aún más sus índices de aprobación, que rondan el 40%. Esto purgará su poder, dificultará su capacidad de imponer su agenda, y le convertirá en un presidente sin futuro político mucho antes de lo previsto”. 
al alimentar la discusión legalista y técnica de un impeachment para el que no tienen votos suficientes, los demócratas corren el riesgo de hacer dejación de la oposición política
La proliferación de escándalos en torno a la presidencia de Trump está ahogando el espacio para la política, reduciéndola a un juego de intrigas cortesanas. Pero las fuerzas progresistas se equivocarían si creen que solo pueden beneficiarse de la deriva caótica de las últimas semanas. La vorágine ha empantanado –sí– las posibilidades de avance de los republicanos en su agenda inmediata. Pero hay otra cara de esa misma moneda: al alimentar la discusión legalista y técnica de la posibilidad de un impeachment para el que no tienen votos suficientes, los demócratas corren el riesgo de hacer dejación de la oposición política y el planteamiento de alternativas más allá del rechazo a Trump. Un claro ejemplo fue la oportunidad perdida en torno a la sanidad. Cuando los republicanos fracasaron en su primer intento de derogar la ley de Obama, algunos, como Bernie Sanders, se apresuraron a mover ficha para presentar propuestas de sanidad universal. La propuesta republicana hubiera dejado a 24 millones de personas sin asistencia sanitaria. La de Sanders ampliaría la cobertura hasta los 28 millones que no la tienen bajo el plan de Obama. El aparato del partido se apresuró a enfriar el plan, y varios de sus líderes dejaron claro que no había gustado la “osadía” de Sanders. Pocas semanas después, los republicanos lograban aprobar en la Cámara de Representantes otra versión de su contrarreforma sanitaria.
Ceder la iniciativa política no es el único riesgo de esta estrategia. El énfasis casi absoluto en Trump y sus problemas de liderazgo y legitimidad ofrece a los republicanos otro salvavidas: Mike Pence.
La nominación de Pence para la vicepresidencia fue el aval con el que Trump compró el voto de la derecha republicana. ¿Se lo terminarán cobrando? La posibilidad no resulta inverosímil, sobre todo si sigue avanzando la lógica del desgaste de Trump a la marca republicana propulsada por voces como la de Erickson o Rove. La vía del impeachment no es la única que se plantean para deshacerse de Trump. Algunos, como Erickson, alientan a Trump a que dimita, para limitar los daños al partido. Otros abogan por recurrir al artículo 25 de la Constitución, que permite defenestrar al presidente por “incapacidad”. Las tres opciones tienen un denominador común: ungirían a Pence como presidente. Para los republicanos, ese escenario tendría la virtud de salvar los muebles y eliminar los roces innecesarios del estilo de gobierno de Trump.
Pence es, al fin y al cabo, uno de los suyos, conocedor del funcionamiento de las diferentes corrientes ideológicas en el partido y lo suficientemente disciplinado como para evitar abrir crisis constantes a golpe de tuit. Su figura tiene más de consenso interno que la de Trump, que hizo una opa hostil al partido y ganó. Con Pence, sueñan algunos, podría engrasarse la maquinaria de la mayoría legislativa, y aplicar las ansiadas reformas a golpe de rodillo parlamentario. 
No ser Trump es un proyecto político insuficiente, poco atractivo, e irresponsable. A los demócratas ya les salió mal en campaña. Le sirve en bandeja al presidente la escapatoria del victimismo, y a su partido la de liquidar a Trump dejando intacto su proyecto político. Con un presidente tocado y un partido republicano dividido e incapaz de hacer valer sus mayorías, toca hacer oposición política.

Por qué el TLC Mercosur-Unión Europea puede provocar un enorme perjuicio en el comercio exterior argentino: pérdida de exportaciones a Brasil, mayores importaciones de la UE

 
 
Trump, el libre comercio y Mercosur-UE
 
El reconocido economista Dani Rodrik ha presentado una nueva caracterización de largo plazo sobre las causas últimas de la emergencia del gobierno “antiglobalizador y populista” de Donald Trump, basada en consideraciones vinculadas a los resultados del libre comercio y la distribución del ingreso. De acuerdo con su hipótesis, el libre comercio y la globalización siempre generan beneficios económicos (mayores posibilidades de consumo) a los países participantes. No obstante, esta teoría reconoce que al interior de esos países, que en términos agregados se benefician, determinadas personas pueden verse particularmente perjudicadas. Ahí es cuando debe aparecer “la política” (la mano visible del Estado) para recompensar a los perdedores, a partir de la apropiación y transferencia de parte de los beneficios de los ganadores de la globalización. De ese modo, todos ganarían con el libre comercio y se evitaría el descontento popular hacia la globalización y el libre comercio y, por ende, la aparición de gobiernos populistas.
Justamente esto sería lo que habría pasado en los Estados Unidos en los últimos 35 años. La desarticulación de las instituciones del “Estado de bienestar” habría impedido la compensación de los trabajadores en el marco de un escenario general de beneficios económicos vinculados a la globalización. En conclusión, de modo de evitar la profundización del populismo, Estados Unidos estaría requiriendo un “New Deal para la globalización” que reparta entre toda la población los beneficios del libre comercio.
Cuando se observa este mismo fenómeno desde la periferia, la situación difiere profundamente. El análisis de Rodrik quizá aplique para el caso de aquellos países que se aseguran beneficios agregados del libre comercio y la globalización, ¿pero qué hay de aquellos países que, en términos agregados, no obtienen ganancias sino pérdidas de la liberalización comercial? Veamos el caso del tratado de libre comercio que está siendo negociado entre el Mercosur y la Unión Europea. 
De acuerdo a un estudio de impacto realizado por la Cancillería argentina, las exportaciones argentinas a la UE se incrementarán en unos 1400 millones de dólares anuales, incluyendo al principal producto con oportunidades (la carne bovina) con potenciales exportaciones por 1190 millones de dólares. Sin embargo, como la UE ha retirado de la negociación la posibilidad de liberalizar el comercio de carnes, el incremento real de exportaciones a la UE se limita a unos 210 millones de dólares anuales. Asimismo, como el acuerdo implica que las empresas europeas accedan al mercado brasileño en las mismas condiciones que las empresas argentinas, nuestras exportaciones a Brasil serán sustituidas por ventas europeas por unos 1450 millones de dólares anuales. En síntesis, como resultado del acuerdo nuestras exportaciones se reducirían en unos 1240 millones de dólares. Y si a ello le sumamos las importaciones adicionales que llegarían de la UE por más de 3000 millones, el resultado es claro y contundente: lejos de generar beneficios agregados a la economía argentina, el acuerdo con la UE dejará un resultado profundamente negativo en términos comerciales.
Ello no quita que con el acuerdo algunos sectores en particular salgan beneficiados, puntualmente aquellos productores de alimentos que logren una efectiva apertura del mercado europeo como resultado de la negociación. Sin embargo, las ganancias de los beneficiados estarían bastante por debajo de las pérdidas de los perjudicados: los sectores productores de manufacturas de origen industrial, en particular las PyMEs y los trabajadores. En esta situación, la tesis de Rodrik cae por su propio peso: lo único que quedará para repartir serán las pérdidas, y nunca los beneficios del libre comercio.

* Docente investigador Universidad Nacional de Quilmes y asesor de CTA de los Trabajadores.
 

martes, 30 de mayo de 2017

Encuentro Nacional preparatorio de la Semana de Acción contra la OMC: 24 de junio, Sociales-UBA



SPOT Radial para el Encuentro Nacional Preparatorio el 24/6! Lxs esperamos! https://soundcloud.com/user-46147071/spot-mejorsintlc

Este año la Organización Mundial de Comercio (OMC) va a realizar su XI° Conferencia Ministerial en Argentina, del 11 al 14 de diciembre. Es la primera vez que esta organización se reúne en Sudamérica y no es casual. La OMC es promotora del neoliberalismo y vocera de las empresas transnacionales. No cabe duda, que la gran mayoría de los gobiernos de la región la recibirán de brazos abiertos. Para este evento, vendrán a Buenos Aires los ministros de economía y comercio de los 164 países miembro con el objetivo de avanzar en las agendas de liberalización comercial como agricultura, bienes industriales, servicios, propiedad intelectual, comercio electrónico, compras públicas e inversiones, temas claves que afectan al desarrollo de toda la región.

Desde hace veinte años la OMC representa un modelo económico que promueve el individualismo por sobre la solidaridad, la maximización de los beneficios por sobre la cooperación, las ganancias empresariales por sobre el empleo, los salarios dignos y la integridad del medio ambiente. Aunque la OMC pretende contribuir al desarrollo, su proyecto lleva en realidad a la miseria para la gran mayoría del pueblo, mientras que los poderosos del mundo siguen concentrando cada vez más riqueza en pocas manos. Además, el gobierno de Mauricio Macri es un fiel representante de esta ideología y hará todo lo posible para que se avance en las diferentes agendas de liberalización y apertura. El objetivo del gobierno es mostrar que el país está “inserto en el mundo” y que es capaz de respetar la seguridad jurídica que exigen las empresas. En ese sentido, la recepción de la Reunión Ministerial de la OMC sirve al objetivo del gobierno de mostrarse confiable a las inversiones extranjeras y abierto para la liberalización en las diferentes agendas de negociación.

Es fundamental que expresemos nuestro profundo rechazo a esta institución. Tenemos que darle una “mal-venida” a las delegaciones de representantes de un modelo económico que tanta pobreza y destrucción está generando a nivel mundial. Con el objetivo de planificar la Semana de Acción en Diciembre y dibujar una hoja de ruta de actividades hasta la llegada de la OMC, desde la Asamblea Argentina Mejor sin TLC invitamos a todas las organizaciones y movimientos, agrupaciones, partidos y articulaciones de todas las provincias al Encuentro Nacional de Planificación contra la OMC en Argentina, que tendrá lugar el sábado 24 de Junio a partir de las 9.30 en el Aula HU 402 de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) en Santiago del Estero 1029, CABA.

Agenda tentativa del Encuentro
9.30-10.00 - Acreditación de organizaciones y participantes
10.00-12.00 - Introducción - ¿A qué viene la OMC a Argentina y por qué es importante que nos organicemos colectivamente?
12.15-13.30 - Debate en grupos sobre distintas propuestas de organización de la Semana.
13.30-14.30 - Almuerzo
14.30 -16.00 - Presentación de conclusiones de los grupos y Plenario de discusión
16.00-17.00 - Cierre y propuesta de Declaración final

Entrada libre y gratuita

 
 


lunes, 29 de mayo de 2017

Renunció Malcorra: qué dejó la canciller que diagramó la política exterior de Cambiemos. Opina Leandro Morgenfeld

Renunció Malcorra: qué dejó la canciller que diagramó la política exterior de Cambiemos

Renunció Malcorra: qué dejó la canciller que diagramó la política exterior de Cambiemos

Notas  
 
Este lunes Susana Malcorra anunció en una conferencia de prensa junto al jefe de Gabinete Marcos Peña que daría un paso al costado del Ministerio de Relaciones Exteriores. ¿Qué deja su gestión?
La canciller cumplió un ciclo como principal responsable de llevar adelante las relaciones internacionales de la Argentina. Anunció este lunes que se radicará desde el 12 de junio en España junto a su familia, que su alejamiento es por meras cuestiones personales, y que continuará asesorando al gobierno.
“El norte de la gestión de Malcorra fue y sigue siendo alinear a la Argentina con las agendes y demandas de Estados Unidos y los países de Europa Occidental”, afirmó a Notas el investigador y analista internacional Leandro Morgenfeld. Y agregó: “Se abandonó toda orientación que privilegie la integración latinoamericana -Macri desconoce organismos como la UNASUR y la CELAC y en los hechos aportó al debilitamiento del Mercosur- y lo único que se busca es el aval de los gobiernos del G7 y de los organismos financieros internacionales”.
Se trata de la tan mentada “vuelta al mundo” que, “además de hacernos perder soberanía y alentar la fragmentación y debilidad regionales, no consiguió aquello que supuestamente pretendía: ampliar las exportaciones y traer inversiones”, aseguró. “Argentina sigue con la economía estancada, más inflación, más déficit y un endeudamiento externo que se disparó peligrosamente”, completó Morgenfeld.
Para el investigador del CONICET, esta política exterior “funcional a una inserción internacional aperturista y subordinada, sólo permitió hacer negocios a unos pocos”. Y se trata de una orientación “ya ensayada en otros momentos de nuestra historia, como en los años noventa”, que trae como resultado “una mayor dependencia”.
Malcorra se radicará en España, donde vive su familia. Morgenfeld recordó que la canciller hace muchos años vivía fuera del país y sólo retornó cuando fue nombrada al frente del Ministerio. Consultado sobre cómo influirá su continuidad como asesora al residir en ese país, sostuvo que “Macri cultiva, y seguirá cultivando, una estrecha relación con Mariano Rajoy, como lo hizo con José María Aznar y con toda la derecha española”. Esa relación, añadió “tiene que ver con afinidades político-ideológicas -ambos gobiernos son hostiles con Venezuela y con todas las fuerzas populares y de izquierda en América Latina- y económicas”. Pero además, el grupo Macri “siempre ofició como puente de la avanzada de los capitales europeos durante las privatizaciones en los años noventa”.
En relación a si esto influirá en la negociación del tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, el autor de Vecinos en Conflicto y Relaciones Peligrosas, planteó que este más bien se encuentra trabajo por “la debacle del gobierno de Temer” en Brasil y por “las resistencias en Francia y otros país a incluir los bienes agrícolas en las negociaciones”.
La gestión de Malcorra marcó un antes y un después en la política exterior argentina. Pero más allá de la reorientación general de las relaciones internacionales, también “acumuló muchos fracasos”. Entre ellos, la aspiración a presidir las Naciones Unidas que era uno de los principales objetivos de la canciller. Pero también se puede incluir en ese listado “el ninguneo del gobierno argentino a todas las petiticiones internacionales por la libertad de Milagro Sala”. “Ella siempre dejó entrever que era un tema que siempre les planteaban los gobiernos extranjeros y que debía ser resuelto, cosa que Macri no hizo”, indicó el analista.
Además, analizó que “el apoyo explícito a Hillary Clinton, el aval al golpe parlamentario contra Dilma en Brasil, la suspensión de Venezuela del Mercosur -debilitándolo aún más- y la apuesta por un acuerdo de libre comercio Unión Europea-Mercosur en un momento poco propicio por las resistencias que genera en el viejo continente, hablan de una dificultad para entender el contexto mundial”. Sumó también como incógnita cómo afectará el escándalo de Odebrecht a la gestión de Cambiemos.
Por último, Morgenfeld se refirió al nombramiento del sucesor de Malcorra: el hasta ahora embajador en Francia, Jorge Faurie. Se trata de un funcionario de carrera que ofició como jefe de protocolo durante la presidencia de Carlos Menem, fue diez años embajador en Portugal y vicecanciller de Carlos Ruckauf, durante la presidencia de Eduardo Duhalde.
“Todo cambio de nombres, y más el de un funcionario que encabeza la Cancillería, trae consecuencias en la política exterior”, concluyó, aunque sostuvo que aún era prematuro arriesgar detalles sobre cómo se desarrollarán las relaciones internacionales argentinas en adelante y qué elementos distintivos tendrá la política del nuevo canciller.

Malcorra abandona la Cancillería. La reemplaza Jorge Faurie, el actual embajador en Francia

 
Susana Malcorra será reemplazada por Jorge Faurie
 
Ni en la ONU ni en Cancillería
 
Página/12 
 
En plena campaña electoral, pocas horas antes de que la justicia brasileña levante el secreto de las declaraciones de los ejecutivos de Odebrecht, que reconocieron haber pagado 35 millones de dólares de coimas en el país, y con la embajada en Estados Unidos todavía vacante, el presidente Mauricio Macri anunció el reemplazo de la actual canciller, quien adujo "cuestiones personales" para trasladarse a Madrid en calidad de Ministra Consejera.
 

Luego de un año y medio en el cargo, la actual canciller aclaró, en la conferencia de prensa posterior al anuncio, que la inserción de la Argentina en el concierto internacional en el siglo XXI depende de "el elemento mundo", dando a entender que su faena se había enfrentado con dificultades no previstas, a pesar de reivindicar que "hoy el país está sentado en la mesa de todos los organismos internacionales de decisión".
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, aprovechó la ocasión para arremeter una vez más contra la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, a quien acusó de haber tenido "una actitud pasiva" en el caso Odebrecht, por "sus vinculaciones políticas con el kirchnerismo", dando por sentado que las revelaciones de los arrepentidos brasileños comprometerán a algunos funcionarios de la administración anterior, desconociendo que el socio de la constructora brasileña en la obra de soterramiento del ferrocarril Sarmiento es la empresa  IECSA, hasta hace muy poco en manos del primo presidencial, Angelo Calcaterra.
Malcorra, por su parte, quien será reemplazada el 12 de junio próximo por el actual embajador en Francia, Jorge Faurie, adelantó que hasta esa fecha mantendrá la agenda prevista con antelación, y supeditó futuros cambios en la Cancillería a su sucesor, a quien definió como "integrante de mi equipo". Ella se trasladará a la capital de España, donde reside su familia, con el rango de Ministra consejera, cargo desde el cual asesorará al primer mandatario en temas como la relación de la Argentina con la Organización Mundial de Comercio (OMC).
El cambio de destino de Malcorra y, sobre todo, las razones que esgrimió a la hora de justificar su renuncia ante los medios de comunicación, llaman la atención teniendo en cuenta que hasta hace poco menos de un año se postulaba, con el visto bueno del Presidente, para la secretaria general de las Naciones Unidas, por un período de cinco años, pulseada que ganó el portugués António Guterres, quien asumió la titularidad el organismo internacional el 13 de octubre pasado.            
El sucesor de Malcorra conoce desde hace muchos años el Palacio San Martín, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, ya que fue vicecanciller durante la gestión de Carlos Ruckauf, quien lo reemplazó en agosto de 2002 a raíz del escándalo de las cuentas en Suiza del ex presidente Carlos Menem. De acuerdo con una nota publicada por el diario Clarín el 16 de agosto de 2002, Jorge Faurie, quien había sido director de Ceremonial de la Provincia de Buenos Aires, estando en la Cancillería, le había renovado el pasaporte diplomático a su amigo, socio y secretario de Menem, Ramón Hernández. "Ese tipo de pasaportes permite pasar las aduanas sin control en los aeropuertos del mundo, y Hernández no lo devolvió", subrayaba Clarín en aquella oportunidad.
"El número dos de Carlos Ruckauf -continuaba el matutino- todavía hoy es socio en Costes S.R.L., de Hernández, quien tiene domicilio legal en el Alvear Palace Hotel". El propósito de la sociedad no era otro que instalar un restaurante mexicano en el paquetísimo salón Tattersall del hipódromo de Palermo.

------------------------------------------------


Susana Malcorra deja la Cancillería y la reemplaza el embajador en Francia, Jorge Faurie

La Nación
Lo anunció el Presidente; dijo que fue por "temas personales"; seguirá en funciones como asesora; la reemplazará el actual embajador argentino en París
Malcorra, Macri y Peña, al hacer el anuncio
Malcorra, Macri y Peña, al hacer el anuncio. Foto: Presidencia
La canciller Susana Malcorra dejará su puesto "por temas personales", según anunció hoy el presidente Mauricio Macri en una conferencia de prensa de la que participaron la diplomática y el jefe de Gabinete, Marcos Peña. La reemplazará el embajador argentino en Francia, Jorge Faurie.
"Quiero agradecer al Presidente. Tengo que mantener el equilibrio. Es un momento complejo, porque tomo una decisión que tiene tensiones entre el orgullo de representar a la Argentina y mis responsabilidades familiares. Hace muchos años que con mi familia, que vive en Madrid, estamos separados y los años acumulan la distancia", dijo Malcorra, visiblemente conmovida, durante la conferencia de prensa en la Casa Rosada.
"Lo primero que me dijo el Presidente es que encontremos una fórmula de este equipo que armamos y aseguremos un fortalecimiento hacia adelante", continuó. "Me pidió que forme un consejo asesor para pensar qué hacer hacia adelante. Me ha dicho que hay cuestiones específicas en las que me quiere participando, como la OMC, que tiene muy poco tiempo de rodaje. Terminaremos de armar todo esto el 12 de junio, cuando será la jura de Faurie. Mientras tanto, mantengo mi agenda. Viajo a Washington la semana que viene", siguió.
"Felicitaciones a Jorge Faurie, que asume la máxima responsabilidad en Cancillería. Esto que me ha tocado hacer en este año y medio ha sido la máxima responsabilidad de tener que representar a la Argentina y a los argentinos en el mundo. Este es un rol realmente increíble y estoy convencido de que lo he hecho poniendo el interés de la argentina como prioridad", agregó.
"Hemos hecho mucho y trabajado mucho. Estamos sentados a la mesa en todos los procesos de decisión. Ahora Jorge agarrará el batón y seguirá al frente de la Cancillería".
Peña agregó: "Lideramos una etapa de confianza de la Argentina con el mundo. Susana va a seguir siendo asesora con rango de ministro del Presidente desde su residencia en España. Va a ser una tarea de juntar a las mejores mentes. En su lugar va a ir Jorge Faurie, actual embajador argentino en París".

Charla-debate: "China en Argentina y América latina: cooperación sur-sur o nuevo imperialismo?"



Decrecimiento y postextractivismo:
Debates hacia el Buen Vivir

En la actualidad varios debates critican, planteando interesantes alternativas, las tendencias económicas, culturales y sociopolíticas dominantes. Entre estos, hay dos perspectivas que aún no han sintetizado entre sí: el debate europeo del decrecimiento y la discusión latinoamericana del postextractivismo.

Desde este punto de partida, la Fundación Rosa Luxemburgo organizó un conjunto de actividades que contarán con la presencia de dos reconocidos intelectuales críticos: Ulrich Brand (Alemania) y Alberto Acosta (Ecuador). El martes 6 de junio a las 15.00 se realizará un debate en la Comisión de Ambiente del Congreso de la Nación, con el nombre “China en Argentina y América Latina: ¿Cooperación sur-sur o nuevo imperialismo?. Ese mismo día, a las 18.00 la cita será en el Hotel BAUEN, donde se abrirá el diálogo en el panel “Crisis socioecológica: debates, enfoques y alternativas” en el marco de la publicación del libro “Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y Postextractivismo”. Por último, el miércoles 7 de junio se llevará adelante el taller sobre “Postextractivismo y Buen Vivir: alternativas posibles”.

Quedan invitadas e invitados a estas jornadas que abren un camino de posibilidades hacia el Buen Vivir o "Sumak Kawsai", en kichwa, como punto de partida para pensar la salida del laberinto capitalista.

La publicación de un libro es siempre un buen motivo para generar diálogos y debates. Por eso la Fundación Rosa Luxemburgo y la editorial Tinta Limón convocan al intercambio con los autores. Desde Alemania, Ulrich Brand y desde Ecuador, Alberto Acosta trazan puentes entre Europa y América Latina a propósito de la "Crisis socioecológica: debates, enfoques y alternativas”.

Sobre el libro, Maristella Svampa, socióloga e investigadora del CONICET, quien será de la partida, dijo en el prólogo: “Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y Postextractivismo está lejos de ser un libro que plantee una crítica lineal a la Modernidad hegemónica o propicie nuevos dogmatismos; antes bien, nos conmina a pensar en la incomodidad, adentrándonos en las ambivalencias y la complejidad que nos proponen los dilemas aparentemente irresolubles de la sociedad actual”.

jueves, 25 de mayo de 2017

Charla: "El golpe de 1964 en Brasil y la ofensiva imperialista regional"



Ciclo de Charlas: Dos siglos de imperialismo estadounidense en Nuestra América
 
Décimo Encuentro: El golpe de 1964 en Brasil y la ofensiva imperialista regional
 
 

 
Viernes 26 de mayo– 19:00
Sala Meyer Dubrovbsky [3º P]
Expositor: Julio Fornelli (Investigador Depto. de Historia CCC)
 
El golpe militar de 1964 constituyó una fuerte ofensiva del imperialismo norteamericano que mediante operaciones directas y encubiertas se propuso cohartar la posibilidad de que un acuerdo entre fuerzas populares y de izquierda, llevaran a Brasil a una profundización de políticas transformadoras. No solo se abortó un proceso de cambio sino se sentaron las bases de una contraofensiva regional.
 
Ciclo de Charlas: Dos siglos de imperialismo estadounidense en Nuestra América
América Latina vive una restauración neo conservadora que amenaza las conquistas alcanzadas en la última década de gobiernos progresistas. Este presente tiene una larga historia trazada por la constante injerencia imperial en Nuestra América. En este ciclo nos proponemos abordar este tema analizando nuestro presente, a la luz de aquella trágica historia.
 
Organiza: Departamento de Historia del CCC.

miércoles, 24 de mayo de 2017

"Trump: militares primero". Por Juan Gabriel Tokatlian



Trump: militares primero
Por Juan Gabriel Tokatlian

Clarín

La consigna electoral que contribuyó a llevarlo a la Casa Blanca y que caracterizó la gestión de los primeros cien días del presidente Donald Trump requiere ser precisada. El lema “Estados Unidos primero” ha sido, en realidad y hasta el momento, “Militares primero”. Sus anuncios de reforma impositiva, sus órdenes ejecutivas en el área económica y financiera y sus promesas de acción unilateral en el campo comercial no necesariamente aseguran el robustecimiento de la base industrial y productiva del país ni la reducción de la desigualdad material, las brechas sociales y las grietas culturales.
Lo que sí es evidente es que desde enero de 2017 el énfasis en el músculo militar por sobre el tacto diplomático, énfasis que ya era evidente desde el fin de la Guerra Fría y más aún después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, se ha acentuado. Trump ha desplegado su propia versión de la estrategia de primacía; estrategia que se basa en que Washington no tolera que surja y avance un poder de igual talla. Bush hijo la instrumentó con vehemencia, Obama procuró en algo calibrarla y Trump la llevó al límite al optar por la prepotencia. Varios indicios apuntan en esa dirección.
Primero, la presencia de militares es notoria en el gabinete. Están al frente en las Secretarias de Defensa (Mattis) y de Seguridad Nacional (Kelly) y en el Consejo de Seguridad Nacional (McMaster). Personas vinculadas a la industria de la defensa ocupan cargos relevantes: entre otros, Wilson (ligada a empresas subsidiarias de Lockheed y con inversiones en compañías como Rayheon y Honeywell) en la secretaría de la Fuerza Aérea en el Departamento de Defensa, Cassidy (encargado del mercadeo de productos militares de Boeing) y Rath Hoffman (consultor del Grupo Chartoff) en el Departamento de Seguridad Nacional, y Catanzaro (cabildante de Boeing y Halliburton) en el Consejo Económico Nacional. A ellos se suman los inclinados a la “mano dura” adentro y afuera del país, tales como Sessions (Justicia) y Pompeo (CIA).
Segundo, la administración decidió incrementar el presupuesto de defensa en US$ 54.000 millones (aproximadamente, el presupuesto anual de defensa respectivo de la India y de Francia) para 2018 por sobre el de este año que es de casi US$ 600.000 millones. Esto se acompaña de recortes en rubros como educación, salud, protección ambiental y asistencia internacional.
Tercero, el aumento del negocio de las armas ha sido elocuente: de acuerdo con el Forum for Arms Trade, en sus primeros cien días de gobierno, Barack Obama notificó, para ser autorizado, la venta de armamento por US$ 713 millones. En ese mismo período la administración Trump hizo lo propio por US$ 6.000 millones. No al azar en marzo de 2017, la agencia de calificación de riesgos Moody’s publicó un informe señalando un “mejor clima de mercado” para la industria militar después de una caída en los contratos para la defensa entre 2012-15. Cuarto, el nuevo gobierno continuó y propagó el uso de la fuerza con instrumentos más potentes y con amenazas más inquietantes. En efecto, solo en 2016 la administración Obama lanzó 26.171 bombas según una reciente publicación del Council on Foreign Relations. A su vez, y de acuerdo con dicho trabajo, la administración Trump aumentó en más de 400% los ataques con drones.
A su turno, elevó el involucramiento estadounidense en Yemen, expandió las operaciones militares en África (en Somalia, especialmente), lanzó 59 misiles Tomahawks en Siria, arrojó la llamada “madre de todas las bombas” no nuclear (MOAB en su sigla en inglés) sobre Afganistán y contempla un operativo militar fulminante contra Corea del Norte. Cabe destacar que el incremento en el uso de armamento más letal no parece tener un sentido estratégico y solo pareciera exhibir la voluntad de mostrarse más ofensivo en conflictos en los que Estados Unidos sigue sin poder mostrar alguna victoria decisiva.
Y quinto, un telón de fondo político, burocrático y corporativo subyace al lugar central del belicismo en el inicio del gobierno republicano: en campaña, antes de la asunción y en los primeros días Donald Trump parecía tener unos objetivos relativamente acotados. El terrorismo parecía su foco principal. Con el correr del tiempo, por presiones de diferentes actores civiles y militares y, en parte, debido a demandas de aliados cercanos, el universo de asechanzas creció y con ello, una vez más, la confusión de creer que el poderío de las armas puede garantizar triunfos políticos que pueden ser capitalizables a nivel doméstico. Así se decidió escalar la “guerra contra el terrorismo”, amenazar a Irán y Corea del Norte, reubicar a Rusia como un gran enemigo de Occidente, reflotar tácitamente la idea de producir “cambios de régimen”, reforzar algunas alianzas en Medio Oriente que ya han probado ser poco funcionales a la estabilidad en el área, rodear cada vez a China en clave geopolítica, e insinuar la disposición a cruzar un umbral en términos del uso de armas de destrucción masiva.
Por eso lo que ha puesto en evidencia Donald Trump, con su estilo personal que combina atrevimiento e ignorancia, es que el núcleo de su política a favor de un Estados Unidos resurgente es “Militares primero”.


Juan Gabriel Tokatlian es profesor plenario de la Universidad Di Tella

Cínico. Trump le expresa al Papa su compromiso por la Paz, a la vez que instrumenta en EEUU un fuerte recorte de gastos sociales y un aumento del presupuesto militar

 

El Papa recibe con frialdad a Trump

El Pontífice, con gesto muy serio, ha recordado al presidente de EE UU durante la entrega de regalos cuestiones como la necesidad de paz y la importancia del medio ambiente.

El País

A las 8.31 de la mañana, después de meses de declaraciones cruzadas y alusiones veladas el uno sobre el otro, el presidente de EE UU, Donald Trump, y el papa Francisco se han reunido en el Vaticano. El mandatario estadounidense ha llegado acompañado de una comitiva formada, entre otros, por su esposa, Melania, su hija, Ivanka, y el esposo de esta, Jared Kushner. No se esperaba gran sintonía, ambos se encuentran en las antípodas ideológicas. La cara del Pontífice, siempre tan transparente, ha sido de extrema seriedad. Al final de la reunión, donde la ecología y la paz han estado muy presentes a través de lo regalos que se han intercambiado, el ambiente ha sido algo más relajado. "No olvidaré su mensaje", le ha prometido Trump en su despedida.
Francisco le había recibido minutos antes con un “encantado de conocerle” y excusándose por no hablar correctamente inglés. A las 8.35 se han sentado en la mesa de la biblioteca privada y ha comenzado una reunión a puerta cerrada que ha durado 27 minutos con la ayuda de un intérprete: el Papa, todo el tiempo en español, y Trump, en inglés. Había cierta tensión. Discrepan en prácticamente todas las grandes líneas de gestión emprendidas por el nuevo Gobierno estadounidense: medio ambiente, inmigración, venta de armas, derivas del neoliberalismo... Y no ha sido un encuentro largo, especialmente si se compara con los más de 50 minutos que Francisco dedicó al predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, con quién mantenía una gran sintonía. “Es un gran honor para mí”, ha dicho Trump. El Pontífice no ha respondido y la puerta se ha cerrado.

No ha trascendido el contenido de la conversación, pero dada la gran distancia de pensamiento que existe entre ambos —el Papa, entre otras cosas, cuestionó la fe de Trump cuando anunció que construiría un muro entre EE UU y México— y teniendo en cuenta el reciente atentado de Mánchester, se supone que habrán intentado tender puentes a través de la idea de la paz y de la lucha contra el terrorismo. De hecho, entre los regalos que el Papa ha ofrecido a Trump al término del encuentro, un momento que suele utilizar para subrayar cuestiones tratadas, se encuentra el mensaje que lanzó el último día de las Jornadas Mundiales para la Paz y un medallón con una rama de olivo grabada. “Es una medalla de un artista romano. Es el olivo, símbolo de la paz”, le ha dicho el Papa al término de la reunión. Segundos después, ha insistido: “Se lo doy para que sea instrumento de la paz”. A lo que Trump ha contestado: “Necesitamos paz”.
Además, el Pontífice le ha hecho entrega de los documentos que ha elaborado durante su papado. La exhortación apostólica, Amoris Laetiia, el texto Evangelii Gaudium, y su poderosa encíclica sobre la ecología, Laudato Si. “Sobre la cura de nuestra casa común, el medioambiente”, ha subrayado Francisco. “Lo leeré”, le ha respondido Trump, que ha regalado al Pontífice una caja negra cerrada con libros de Martin Luther King en su interior. “Es un regalo para usted, libros de Martin Luther King, pienso que le gustará… espero que sí”, ha señalado.
El final de la reunión, cuando ambos mandatarios se han visto con el resto de la comitiva, ha sido mucho más distendido. El encuentro había comenzado con caras serias —como la que el Papa dedicó al presidente de Argentina, Mauricio Macri— y un Trump algo incómodo en los segundos finales de espera para ser recibido. Pero la entrada de Ivanka en la sala y, especialmente la de la esposa del presidente de EE UU, Melania Trump, ha aligerado la conversación y el humor. Ella, eslovena de influencia católica (no está bautizada), que vivió un tiempo en Milán y habla algo de italiano, ha sido clave para ese distendimiento y ha pedido al Papa que le bendijese un rosario. Además, ha bromeado con el Pontífice sobre lo que come Trump: "¿Qué le da de comer? ¿Putizza?", ha preguntado Francisco, en referencia a un dulce esloveno que le encanta y que pide siempre que encuentra a alguien de dicha nacionalidad.
Durante su breve visita al Vaticano, el presidente estadounidense también se ha reunido con el número dos de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, y con el secretario para las Relaciones con los Estados, una suerte de ministro de Relaciones Exteriores, monseñor Paul Gallagher. Esa reunión, en cambio, ha durado otros 50 minutos, más de lo habitual. Un dato que invita a pensar que se ha proundizado y llegado al detelle técnico de cuestiones tratadas con anteriormente con el Papa.
En el comunicado oficial del Vaticano, de forma absolutamente genérica, se han reseñado algunos de los asuntos abordados. "Se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes. Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas".


------------------------------

Trump ataca los programas sociales y propone recortar 3,2 billones en una década

El proyecto de presupuesto recorta las ayudas a los desfavorecidos, aumenta la partida militar y destina 1.400 millones al muro con México

El País
El presidente Donald Trump en Israel.
El presidente Donald Trump en Israel. AP
Nunca se vio con tanta claridad el verdadero rostro de Donald Trump. Bajo la promesa de restaurar el sueño americano, su Administración presenta este martes su gran proyecto de presupuesto. Un plan de 4,09 billones de dólares (3,6 billones de euros) para 2018, que solo permite el aumento de las partidas destinadas a defensa y seguridad nacional, incluyendo el muro con México, pero que propone recortes de tal magnitud (3,6 billones de dólares, 3,2 billones de euros, en una década) que dejarán los programas sociales y sanitarios para los más desfavorecidos al borde de la asfixia.
Bautizado con el ampuloso nombre de Nuevo Fundamento de la Grandeza Americana, el presupuesto exhibe tanto esa ambición torrencial que caracteriza al presidente de Estados Unidos como sus prejuicios. Los inmigrantes sin papeles, los desfavorecidos y sus hijos, la población subsidiada y hasta los discapacitados pasan por la guillotina contable. Ya no se trata solo del recorte del Obamacare, la reforma que amplió el seguro médico a 20 millones de estadounidenses, sino de la caída de los grandes programas que han logrado dar estabilidad a una sociedad con más de 40 millones de pobres.
“Hasta ahora se pensaba solo en quienes recibían dinero. Eso se ha terminado. Hemos dado un giro y elaborado unos presupuestos poniéndonos en los zapatos de quienes pagan ese dinero, en el contribuyente. La compasión ya no se mide por el número de subsidiados o el dinero gastado, sino por aquellos que vuelvan a trabajar”, glosó el director de la Oficina Presupuestaria, Mick Mulvaney.
Las magnitudes presupuestarias son astronómicas. En 10 años Trump y sus asesores prometen que su proyecto reducirá el gasto en 3,6 billones de dólares, liquidará por completo el déficit (ahora situado en 600.000 millones) y rebajará la deuda publica del 76% del PIB al 59%. Todo ello bajo un constante aumento de los ingresos, que pasarían en ese decenio áureo de 3,65 billones a 5,72 billones.
Para lograrlo, el presidente y sus economistas confían en un crecimiento sostenido del PIB. Una imparable subida que el año próximo sería del 4,4% (la mayor de este siglo) y que en 2027 alcanzaría un aumento del 55% respecto a 2018. Esta es la piedra angular de su proyecto y, a su vez, su punto más débil.
Trump hace descansar esta formidable expansión en su reforma fiscal. El plan, del que solo se han facilitado pinceladas de trazo grueso, propone la rebaja de la carga impositiva para los más ricos (del 39% al 35%), facilitar la repatriación de capital, simplificar el IRPF de siete a tres tramos y sobre todo, reducir el impuesto de sociedades del 35% al 15%. En paralelo, propone movilizar 200.000 millones de dinero público para incentivar la inversión en infraestructuras.
Pese a que este diseño implica una caída fuerte en la recaudación (dos billones en 10 años, según Tax Foundation), el presidente y sus consejeros confían ciegamente en que la rebaja impositiva detonará un crecimiento tan poderoso que compensará las arcas públicas y elevará la economía americana a su máxima potencia. Es la curva de Laffer. La teoría que, desde su enunciado en 1974, ha extasiado a los liberales de todas las galaxias pero que nunca ha superado la barrera crítica, y que, en el caso de la actual economía estadounidense, con un crecimiento medio en los últimos 10 años del 1,3%, parece muy alejada de cualquier meta realista.



A las dudas sobre la sostenibilidad del presupuesto se añade su polémica configuración ideológica. En consonancia con las promesas electorales, Trump apuesta por la seguridad. La partida militar aumenta un 10% (54.000 millones) y permite sumar 56.400 soldados al servicio activo, así como adquirir 84 aviones de combate y 8 naves de guerra. También se refuerzan las fronteras con 2.600 millones para tecnología y nuevas infraestructuras. Entre ellas, el denostado muro con México al que se destinan 1.600 millones (1.423 millones de euros).
Frente a este fortalecimiento de la seguridad, la guadaña cae con fuerza entre los más débiles. Trump propone una reducción de 616.000 millones en 10 años de los fondos destinados a la cobertura sanitaria para los pobres (Medicaid). También plantea un recorte de 193.000 millones en el mismo periodo para el Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria. No es un golpe al azar. Bajo este nombre burocrático se parapeta la entrega de cartillas alimentarias para los desfavorecidos. Una iniciativa a la que en 2016 se acogieron 46 millones de personas, un 15% de la población.
El hacha golpea asimismo a los créditos a estudiantes (143.000 millones), las ayudas a discapacitados (72.000 millones) y a familias necesitadas (21.000 millones) y al sistema de apoyos por hijo menor (40.000 millones), del que además se excluye a todos los inmigrantes sin papeles y a aquellas personas que no estén autorizadas a trabajar en Estados Unidos. “Este presupuesto lucha por reemplazar la dependencia por la dignidad del trabajo", se justifica el documento.
El ataque a la médula de los programas sociales marcará el pulso de la contienda parlamentaria. El presupuesto muestra al Trump más descarnado y feroz. Aquel que cumple no solo su promesa de desmontar el legado de Barack Obama, sino que da pábulo al sueño conservador de asfixiar el incipiente Estado del bienestar americano. Esta radicalización, ejemplificada en el rechazo a subvencionar entidades que faciliten el aborto, le asegura al presidente el apoyo de los halcones de su partido. Pero tiene un efecto negativo.
En noviembre del año que viene se renueva toda la Cámara de Representantes y 34 de los 100 escaños del Senado. Ante el miedo a perder cabe la posibilidad de que los congresistas republicanos se dividan y que, como ya ocurrió con el primer proyecto de reforma sanitaria, Trump no logre mayoría. Para atraerse el voto moderado, el presidente ha insistido en que el proyecto no altera las pensiones ni la cobertura sanitaria para los mayores. Pero los recortes son de tal calibre que es difícil para los más centristas aceptar estas cuentas. Y, desde luego, ofrece a la oposición un blanco fácil. La batalla del presupuesto no ha hecho sino empezar.


martes, 23 de mayo de 2017

"Integración regional, reconfiguración geopolítica y desarrollo económico". Charla con Mario Rapoport y Leandro Morgenfeld en el Centro Cultural de la Ciencia (miércoles 7 de junio, 18.30hs)




CICLO “LAS PALABRAS Y LAS COSAS (Y LAS CIENCIAS)”

“El NO al ALCA en 2005 marcó un punto de inflexión en las relaciones interamericanas, puso en crisis la histórica hegemonía de Estados Unidos y permitió avanzar en una inédita coordinación y cooperación política regional, iniciando el camino de la postergada integración latinoamericana. Una década más tarde, el nuevo contexto político y los cambios que supuso en Estados Unidos la llegada de Trump obligan a repensar los actuales desafíos para el desarrollo económico latinoamericano”.


El Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación tiene el agrado de invitarlos a las charla “Integración regional, reconfiguración geopolítica y desarrollo económico”,  a cargo de los historiadores  Mario Rapoport y Leandro Morgenfeld.

¿Cuándo?  El 7 de junio  a las 18:30 horas
¿Dónde?  En el Centro Cultural de la Ciencia, Godoy Cruz 2270, CABA

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

Se agradece la difusión.


Teléfono: 4899-5000, interno 3699